lunes, 31 de diciembre de 2007

Resumen Abismal del 2007 Cinematográfico

TOP TEN 2007
10. EL LIBRO NEGRO (ZWARTBOEK), de Paul Verhoeven.
La vuelta de Verhoeven al cine holandés, veinte años después, con un filme de una fuerza inexpugnable, rodado con una conseguida atmósfera clásica y sin una excesiva y artera preponderancia visual, saltándose a la torera cualquier tipo de conformidad moral establecida. Verhoeven enarbola así las miserias de la guerra, de las traiciones y el espionaje con el cine bélico, que bebe de una historia de espionaje en un drama asfixiante, donde las víctimas llegan a un punto en que son incapaces de separar la victoria y la venganza.
‘El libro negro’ es la necesaria rotación de un director incombustible que vuelve con ímpetu al cine crítico e histórico, que no ha olvidado ironizar sobre los extremismos políticos que representan la invariable insensatez de los gobiernos a lo largo de la Historia.
9. THE FOUNTAIN, de Darren Aronofsky.
‘The Fountain’ está creada milimétricamente como un poema visual que formula una arriesgada invitación al arte cinematográfico que roza poco menos que lo ‘kamikaze’, abandonando los preceptos de la narrativa convencional (y lineal). En consecuencia, se deja llevar por la creencia de un juego de intensa reacción emocional, presentando diversas teorías astronómicas sobre el cosmos, esbozando teodiceas místicas sobre una metafísica puramente panteísta basada en el amor, en el telurismo, en la tanatofobia, en el renacimiento…
Una película en la que conviven el drama, la ciencia ficción, la metafísica o la religión, elementos yuxtapuestos en una voluntad de juego temporal, donde las percepciones son expuestas de una forma casi hipnótica. De esa forma, instaurado en el cine fantástico, Aronofsky, traslada su historia de amor a tres esferas, representando el pasado, presente y futuro como una especia de muerte, vida y purgatorio. Con viajes por las diversas épocas a través de una nebulosa esférica como transporte cósmico, simbolizando el futuro como un mundo etéreo y espiritual.
8. INLAND EMPIRE, de David Lynch.
La imaginería de Lynch juega un papel fundamental en ‘Inland Empire’, reflejo de sus obsesiones más extremas, de su compleja psicología llevado a un terreno de inextricable tejido argumental, en un experimento que evoluciona en la digresión artística planteada por uno de los más importantes cineastas contemporáneos. Un apasionante y contradictorio viaje introspectivo a la enferma mente del genio, al frenético talento llevado por el inconsciente en un periplo que desafía al espectador, al cine en todas sus concepciones e incluso a sí mismo. Rico en estética simbolista, en creación subconsciente, en surrealismo fragmentado, en misterio y anomalías amparadas en actrices, prostitutas y conejos.
Indescifrable cine alucinógeno que tiene más de inabordable excelencia pictórica que de un puzzle sinsentido, donde prepondera la catarsis personal llevada al extremo, al exorcismo de sus fantasías, de sus rarezas, abriendo la puerta a universos paralelos y oníricos. ‘Inland Empire’ es una cinta kamikaze, una hipnótica pesadilla que escapa a cualquier etiqueta o categoría, donde no hay espacio para la convencionalidad, sólo para un vendaval de imaginación sin límites.
7. LA CIENCIA DEL SUEÑO (La Science des rêves), de Michel Gondry.
‘La ciencia del sueño’ es un juego de metalenguajes, en su fragmentación de elementos temáticos, de realidad y ficción, de guiños oníricos que suplantan el terreno material para convertirse en entelequia y, a la vez, fundir la vida en el idealismo, en la farsa ensoñadora en la que vive constantemente el personaje de Gael García Bernal, Stéphane, presentando un mundo indescifrable e incoherente a modo de puzzle de situaciones contrapuestas, contextualizadas en un escenario percibido como collage de ilusiones volubles en la vida real, pero imperturbables como indestructible utopía.
‘La Science des rêves’ es un apasionante viaje a un cosmos inmaterial e imaginativo elaborado con hermosos viajes astrales, donde la televisión, el futuro, el cartón y la imaginería se muestran como una proyección de la conciencia fuera del cuerpo físico, aludiendo a los sueños como forma de vida, como vía escapista a la realidad que deja en la memoria el entrañable periplo de un pequeño personaje hacia el mundo adulto.
6. APOCALYPTO, de Mel Gibson.
El verdadero espíritu de un filme como ‘Apocalypto’ se sitúa en la libertad a la hora de adoptar un material histórico que ningún otro cineasta estaría dispuesto a tratar dentro de una industria adulterada desde sus erróneos preceptos con los que se define el ‘cine de autor’. Gibson, como director, tiene un extraño prurito por las grandes producciones, por emprender colosales rodajes que dan rienda suelta a sus excesos, bien sean argumentales o presupuestarios. Su empeño en centrarse en una civilización misteriosa y salvaje como la de los Maya y ambientarla como un ‘thriller’ trepidante, cuya intensidad aumenta progresivamente, fruto de la imaginería y de la pura emoción, aportan a Gibson una marginalidad casi homérica dentro del cine comercial actual.
‘Apocalypto’ es una fábula visceral, de abrupta provocación y dolorosa belleza que aboga por el desagradable (pero poético) impresionismo de una acción que ofrece, de forma clara y explícita, la crueldad y falta de moral que imperaba en tiempos de relevo de civilizaciones, cuando la feroz decadencia humana se alimentaba de una y era sustituía por otra. Donde todo final es asimismo un nuevo comienzo no por ello mejor.
5. PLANET TERROR, de Robert Rodriguez.
La gamberra ‘Planet Terror’ parte de dos elementos primigenios sin separarse nunca de ellos: el humor y el divertimento sin cuartel. Por eso, en ésa hilaridad y violencia gratuita es donde encuentra su condición de entretenimiento de primer nivel. Robert Rodríguez sabe maniobrar con las miserias de su particular mezcla de géneros, reconvirtiéndolas en un indomable y desmesurado exceso que termina sacando a la luz la vena más iconoclasta de un filme que ha alcanzado la instantánea definición “de culto” desde el momento que se estrenó. Por si fuera poco, Rodriguez sabe subjetivizar el furibundo terremoto de delirio descontrolado para dejar la impronta épica de una galería de personajes movidos por pretéritos romances, disertaciones sobre una salsa barbacoa, infidelidades y temores maritales, viejas rencillas, inconsecuente adicción por la destrucción y ese cliché necesario en el homenaje filmico que recurre a la supervivencia egoísta de todos ellos.
‘Planet Terror’ es un producto tan habilidoso como emocionante, que confiere a su particular irracionalidad una forma de vida donde el ‘splatter’ de ímpetu pretendidamente irreverente aprovecha el ‘exploit’ y todos los clichés del género para fomentarlos y desquiciarlos.
4. RATATOUILLE, de Brad Bird.
Después del sinsabor de ‘Cars’, la factoría Pixar ha vuelto a dejar claro que el desafío de superación no tiene límites. ‘Ratatouille’ es la demostración de que estamos ante una imponderable institución nacida para la creación de sueños animados que representan el auténtico delirio tecnológico y digital, sin perder el evidente gusto por lo clásico o la épica de los cuentos tradicionales con la actualización de cánones que gustan a los adultos y a los niños por igual. Pixar, sabe mostrar la realidad jugando al mismo tiempo con la animación y la aventura, sin perder un ápice en su ponderación satírica y crítica.
Una pieza de reposada cocedura, que no sólo propone la gastronómica pugna entre la cocina de siempre y la ‘haute cuisine’, sino que aporta elementos de discusión social y política impensables en el cine de animación, utilizándolos con gran inteligencia, en paralelismo con la ingenuidad de sus conceptos, para detallar la capacidad de sugestión de cada maniobra argumental o visual dentro del filme. Una película que hay que degustar lentamente, sin perder el sabor del buen cine que alberga esta delicia, donde prevalece su mensaje de sutil moralina, sin aditivos ni falsas coartadas, siendo capaz de complacer y conmover, al mismo tiempo, a adultos y pequeños.
3. DEATH PROOF, de Quentin Tarantino.
‘Death Proof’ es la caprichosa exhibición por parte de Tarantino de su vena más ‘trash’, moviéndose a través de actos delimitados y ritos cinéfilos que definen su propia condición de autor posmoderno en la que utiliza los elementos que dan vida al simple argumento como excusa (aquí, homenaje a las ‘movie car chase’, que concretan su esencia en las persecuciones de coches “vintage” de cierto auge en varios filmes clásicos de los años 70). Tarantino utiliza este filme para maniobrar con los interludios del ‘slasher’, los coches, los diálogos, las persecuciones, la violencia y las chicas como un pretexto de orquestación suntuosa en torno a su ejercicio más onanista, fetichista y autocomplaciente, de profuso acopio cuantitativo en su constante renovación de los géneros a los que se acerca.
‘Death Proof’ es una película de rupturas, porque salda el ímpetu autoreferencial de Tarantino con su cine, donde la cinética cinematográfica y la narrativa alcanzan cotas de histrionismo siempre propuestas, pero nunca muy evidentes, porque el gamberrismo egoísta y gozoso del director sigue en todo momento la inflexiva estría moral del cineasta Russ Meyer, cuyo espíritu subyace en toda la esencia de esta película. La consigna bien podría ser algo así como “los excesos se pagan”, pero dando a entender que, a pesar del castigo, se disfruta de verdad, como este prodigio cinematográfico.
2. PROMESAS DEL ESTE, de David Cronenberg.
Cronenberg demuestra por enésima vez que sabe construir de forma admirable su narrativa personal, con un manejo de la puesta en escena, desde una visión donde no importa tanto la apariencia de lo establecido, sino el testimonio gradual del azoramiento que engendra lo más recóndito del ser humano, con un metodismo enérgico y de tensión subyugante. ‘Promesas del Este’ es una tragedia donde cada acto truculento, cada movimiento de sus personajes, por muy sorpresivo que éste sea, se muestra como algo ordinario en un cosmos de insensibilidad normalizada, sin enfatizar en sus imágenes más espeluznantes para que el interés del espectador no se despegue ni un sólo segundo de la pantalla apuntalado.
El inabordable y transgresor cineasta es capaz de reflejar la consciencia del mundanal caos más allá de alteraciones parasíticas, obsesiones sexuales o cine fantástico de reincidente condición, porque sigue pervirtiendo la abyección psicológica que gira en torno a la identidad constituida a partir del ámbito claustrofóbico de ese otro ‘yo’ localizado en la interioridad subjetiva, como la del personaje interpretado magníficamente por Viggo Mortensesn y su dominante relación con la mafia, con cada tatuaje que simboliza cada herida que ha ido curtiendo a un personaje sin entrañas.
1. ZODIAC, de David Fincher.
Con trazos de docudrama y una sistemática criminalista obsesiva y abrumante, ‘Zodiac’ bordea los límites de lo real para dejar a un lado la observación del asesino y centrarse en otra variedad de trastorno, la que provoca aquellas causas comunes de una asfixiante investigación policial, del metódico análisis de dos agentes y dos periodistas inmersos en un caso en el que un sociópata aterrorizó a varios condados de California con una serie de asesinatos, utilizando para ello peculiares criptogramas dirigidos a la prensa. ‘Zodiac’ es la demostración evolutiva de que Fincher radiografía como pocos, sin moralismos, enmudeciendo cualquier sermón final, una sociedad, bien sea la actual o la pretérita, que camina imparable hacia su autodestrucción.
Estamos pues ante un trabajo quirúrgico, que aborda con mirada microscópica a sus personajes, sacando al exterior sus pesadillas interiores, de los que se pueden extraer una analogía establecida entre las coacciones y el miedo del pueblo ante un asesino con la del paulatino desarrollo social implantado en las vidas de los americanos que vivieron aquellos turbios días. ‘Zodiac’ se ha convertido, con el paso de los meses, en la gran obra maestra de este 2007.
DIRECTOR 2007
David Fincher ('Zodiac').
La personalidad de Fincher, bien sea en la hoy en día debilitada ‘The Game’, en la enardecida y magistral ‘Fight Club’ o en la menos apreciada pero interesante ‘Panic Room’, ha ido fomentando aquel espíritu analista acerca de los miedos inherentes al hombre. Ha conseguido despojar a su cine de excusas y coartadas propias de los géneros que ha abordado, haciéndose muy difícil cualquier consideración sobre sus oscuros valores sin prescindir de una incuestionable y particular sordidez.
Fincher ha vuelto a dejar claro con ‘Zodiac’ su condición de director con cualidades que exceden, con preeminencia aplastante, lo que se viene elogiando en el cine actual (entre los que él mismo podría incluirse), para ofrecer otra obra de esas en las que el cine se ratifica en su condición de arte con su última demostración de suficiencia en la brillantez propia de un genio para narrar su historia con la misma precisión que unos archivos policiales. Lo más reconfortante de todo, es que este mismo año Fincher tiene pendiente de estreno otra de sus rarezas ‘The Curious Case of Benjamin Button’ en su nueva colaboración con Brad Pitt.
ACTRIZ 2007
Cate Blanchett ('Babel', 'El buen Alemán', 'Diario de un escándalo' y 'Elisabeth. La edad de Oro').
Por encima de una actriz con un año prolífico como ha sido Angelina Jolie, la actriz de este 2007 es Cate Blanchett, con esa especial combinación de talento, belleza e inteligencia que hacen de sus trabajadas interpretaciones auténticas explotaciones de ese metodismo natural con el que compone sus personajes. Este año ‘Babel’, ‘Diario de un escándalo’, ‘El buen alemán’ y ‘Elisabeth. La edad de Oro’ dejan claro la versatilidad de una mujer con la estela de sofisticación y grandeza de las más importantes estrellas del cine clásico, capaz de transmutarse para cualquier papel, como dejará ver en ‘I’m not there’, de Todd Hayne, donde da vida a, nada menos, que Bob Dylan, papel que le valió la Copa Volpi mejor interpretación y que la pone en el punto de mira para ganar su segundo Oscar, después de haberlo logrado con ‘El Aviador’, de Martin Scorsese. Blanchett, poco a poco, está apuntalando su condición de actriz todoterreno y una presencia de calidad asegurada. Una de las mejores intérpretes del momento.
ACTOR 2007
Will Smith ('En busca de la felicidad' y 'Soy Leyenda').
Podría haber sido Sea LaBeouf, la joven gran promesa de este año 2007 que verá, en mayo del año que viene, la consolidación de un talento lleno de futuro con la cuarta parte de ‘Indiana Jones’. Pero lo cierto es que este año pertenece a Will Smith. El cantante de ‘hip-hop’ que llegó desde la televisión haciendo películas comerciales ha demostrado, una vez que es capaz de resultar creíble y dar una lección de interpretación en ‘En busca de la felicidad’, con un personaje concebido desde la coherencia, moldeado con sutileza, sin grandes demostraciones ni alardes interpretativos, pero que esconde una composición verdaderamente compleja en su transmisión de emociones, de dudas y de temores con una naturaleza dotada de una fuerza y una aptitud irreprochable. Algo que se ha repetido en ‘Soy Leyenda’, donde es capaz de llevar el peso de un filme donde su presencia parece ser lo único necesario para mantener el interés. Su carisma y su empatía con el público son dos armas que le están convirtiendo en uno de los reclamos más importantes del cine contemporáneo.
PELÍCULAS DESTACADAS
- ‘Rocky Balboa’, de Sylvester Stallone (Leer Crítica).
- ‘The Prestige’, de Chris Nolan (Leer Crítica).
- ‘Election 2’, de Johnnie To.
- ‘Idiocracia’, de Mike Judge.
- ‘Juegos Secretos’, de Todd Field
- ‘Fast food nation’, de Richard Linklater.
- ‘Mr. Brooks’, de Bruce A. Evans (Leer Crítica).
- ‘El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford’, de Andrew Dominik.
- ‘Harsh times: Vidas al límite’, de David Ayer.
- ‘Delirious’, de Tom DiCillo.
- ‘Bobby’, de Emilio Estevez.
- ‘Diario de un escándalo’, de Richard Eyre (Leer Crítica).
- ‘Los Simpson: La película’, de David Silverman (Leer Crítica).
- ‘Memorias de Queens’, de Dito Montiel.
- ‘El ultimátum de Bourne’, de Paul Greengrass (Leer Crítica).
- ‘El buen pastor’, de Robert De Niro (Leer Crítica).
- ‘28 semanas después’, de Juan Carlos Fresnadillo (Leer Crítica).
- ‘Wolf Creek’, de Greg McLean.
- ‘Stardust’, de Matthew Vaughn.
- ‘Adiós pequeña adiós (Gone baby gone)’, de Ben Affleck.
- ‘Michael Clayton’, de Tony Gilroy (Leer Crítica).
- ‘Arma fatal’, de Edgar Wright.
- ‘Deseo, peligro (Lust, Caution)’, de Ang Lee (Leer Crítica).
PELÍCULAS ESPAÑOLAS
- ‘Bosque de Sombras (The Backwoods)’, de Koldo Serra (Leer Crítica).
- ‘Concursante’, de Rodrigo Cortés (Leer Crítica).
- ‘Los abandonados’, de Nacho Cerdá.
- ‘La soledad’, de Javier Rosales.
- ‘Ladrones’, de Jaime Marqués (Leer Crítica).
- ‘[REC]’, de Paco Plaza y Jaume Balagueró (Leer Crítica).
PEORES PELÍCULAS
- ‘Caótica Ana’, de Julio Medem (Leer Crítica).
- ‘María Antonieta’, de Sofia Coppola (Leer Crítica).
- ‘Teresa: El cuerpo de Cristo’, de Ray Loriga.
- ‘Edmond’, de Stuart Gordon (Leer Crítica).
- ‘El Número 23’, de Joel Schumacher (Leer Crítica).
- ‘Ghost Rider: El Motorista Fantasma’, de Mark Steven Johnson.
- ‘La cosecha’, de Stephen Hopkins (Leer Crítica).
- ‘Spider-Man 3’, de Sam Raimi (Leer Crítica).
- ‘Keane’, de Lodge Kerrigan.
- ‘El último justo’, de Manuel Carballo.
FUTURAS CULT MOVIES
- ‘Supersalidos (Superbad)’, de Greg Mottola (Leer Crítica).
- ‘The Host’, de Bong Joon-Ho (Leer Crítica).
- ‘Tideland’, de Terry Gilliam.
- ‘Shortbus’, de John Cameron Mitchell.
- ‘Ases calientes (Smokin' Aces)’, de Joe Carnahan.
- ‘No digas nada’, de Felipe J. Luna.
- ‘Black snake moan’, de Craig Brewer.
- ‘Disturbia’, de DJ Caruso (Leer Crítica).
Veremos que nos ofrece un 2008 en el que todos tenemos las miras puestas en esa ‘Indiana Jones and The Kingdom of the Cristal Skull’, de un Steven Spielberg que recobra a su personaje franquicia más emblemático.
FELIZ AÑO NUEVO, amigos del Abismo.

jueves, 27 de diciembre de 2007

Review 'Deseo, peligro (Lust, Caution)', de Ang Lee

Efluvio del mejor cine clásico
Pese a lo excesivo de su metraje, Ang Lee sabe acomodar a su particular estilo y disección psicológica de los personajes una historia de sacrificio e intereses.
Desde hace tiempo, uno de los cineastas más privilegiados dentro del amplio catálogo internacional es Ang Lee, un cineasta superdotado visualmente que no ha dudado a lo largo de su excelente filmografía en personalizar con su huella inconfundible de maestría aquéllos géneros que ha abordado, desde un prisma de cuidado riesgo y ambición, con piezas de sobresaliente empaque; ‘Comer, beber, amar’, ‘La tormenta de hielo’, ‘Cabalga con el diablo’, ‘Tigre y Dragón’ o ‘Brokeback Mountain’, filmes que muestran su inacabable versatilidad, asentada en la artesanía de los clásicos, sabiendo contener las determinaciones de las ficciones genéricas doblegándolas al texto que se adaptaba. Lee es uno de esos cineastas polifacéticos que sabe conjugar adaptación y mutación, según convenga, para trascender, si es menester, a la propia naturaleza del proyecto e impregnar a la narración su portentoso estilo.
Para ‘Deseo, peligro’, Lee lleva a imagen el guión de James Schamus y Hui-Ling Wang que adapta novela de Zhang Ailing sobre un grupo de idealistas estudiantes universitarios durante la II Guerra Mundial, durante la ocupación de China por parte del ejército japonés, cuya única forma de levantar la voz contra la injusticia es la representación teatral en contra de la situación. Los jóvenes deciden llevar su protesta a un nivel superior, trabajando para la resistencia china con el claro objetivo de asesinar a Mr. Yee, un impío ministro colaboracionista del Japón invasor. El señuelo es Wong Chia Chi, que perderá su inocencia y su humanidad al convertirse en la amante del alto cargo para poder llevar a cabo la cruenta venganza de los rebeldes en un proceso donde la naturaleza animal confundirá a víctima y al verdugo, intrincando sus roles en una historia de sacrificio, pasión, humillación e intereses.
En esta dramática intriga, crónica trágica de un momento histórico puntual que sobrevuela sin molestar dentro de la acción, pero que es vital para ofrecer ese éter de pesimismo que mantiene la historia, Ang Lee se sirve de nuevo del análisis psicológico, casi quirúrgico, de los personajes, con una observación y meticulosidad reposada en su habitual estilo, capaz de socavar los más recónditos sentimientos, confrontándolos, casi siempre, con una sociedad que parece no entender muy bien los deseos e inquietudes de la fauna humana mostrada por Lee a lo largo de su filmografía. La tortuosa relación de la bestia, Mr. Yee, y la bella, Wong Chia Chi, abrirá el suplicio de una relación donde la sumisión desafiada por parte de ambos colisionará en una pugna ideológica y emocional, donde la soledad avoca a la gravedad sensible de un interior escudado en la más pura displicencia sentimental por parte de él y el falso sometimiento por parte de ella.
‘Deseo, peligro’, es un depurado ejercicio de carácter con marcada rubrica clasicista, que no olvida la suntuosidad formal y la envidiable puesta en escena distintiva en los rasgos artísticos de Lee, que vuelve a dar preeminencia al aspecto psicológico de sus personajes por encima de lo estético, dejando paso a lo íntimo. Aquí, las energías que impulsan a ambos protagonistas se ofrecen como binomios de dureza extrema; el placer unido al dolor y la pasión a la que conlleva el sufrimiento, las incompatibilidades del deseo de estos dos polos divergentes, confundidos en su rol de víctima y verdugo que terminan atrayéndose y, en cierto, modo aceptándose y entendiéndose.
Lee, como en otras ocasiones, sigue ejerciendo de observador minimalista ante personajes que resultan en todo instante reales y cercanos, pervertidos por la inseguridad y la frustración, que esconden secretos y deseos, que sufren y ocultan sus miedos de diversos modos. Son los elementos utilizados en el lento y sigiloso itinerario sentimental de una mujer consumida por la ambigüedad moral, la de una persona prostituida a diversas escalas; la personal, la ideológica y la sexual, provocada por la necesidad de amar, pero con la desventura del tropiezo del hombre equivocado, de la tortura de ese sentimiento entregado.
La clave del filme, además de las emocionantes interpretaciones de su pareja protagonista Tony Leung y la debutante Tang Wei, se esconde tras la calma con la que los acontecimientos se van desarrollando, no sin cierta frialdad en la mirada que persigue a esta frágil mujer endurecida por la violenta pérdida de la inocencia y lo oscuro de su cometido político que se subsana en la armonía y el dimanismo visual en sus precisos movimientos de cámara, en las partidas de ‘mahjong’, pasatiempo al que la protagonista no sabe jugar y donde pierde parte de su dinero. La esencia fundamental se ubica en la dureza de unos encuentros sexuales de explicitud casi pornográfica que, más allá de su visualización sin censura, ahondan en la brusquedad de un hombre desconfiado que va mitigando sus suspicacias en las frontera de la sospecha a medida que la espía va seduciéndole y ganando su corazón y que, a su vez, hacen de ella una mantis religiosa deshumanizada por el sufrimiento y la repulsiva pasión que siente por él. Una entidad dramática que tiene su apogeo en una secuencia de alto voltaje sexual, donde Wong Chia Chi mira una pistola con la que matar a Mr. Yee, y él, bajando la guardia, decide confiar en la espía con los ojos tapados por la almohada. Finalmente, ambos deciden seguir follando, para despojarse así de sus metas e ideologías y disfrutar de un momento de paz interior, de copulación catártica.
Sin embargo, a pesar de que ‘Deseo, peligro’ sea una tragedia erótica que esconde uno de los ‘thrillers’ políticos y sentimentales más destacados del último lustro, Ang Lee se recrea demasiado en ciertos pasajes introspectivos de Wong Chia Chi, en su parsimonioso trayecto hacia su fatalista reencuentro con el pasado, en su misión inacabada, que terminar por lastrar, en cierta forma, la brillantez conceptual del filme. A la película de Lee le sobra metraje. Y esa falta de síntesis hace que este monumental melodrama histórico con ecos de cine ‘noir’ menoscaba la esplendida magnificencia que atesora una de las obras más destacadas de este final de año.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007

1st Annual AINT IT COOL AWARDS

Como cada año, el Gordo de Navidad también ofrece su selección de lo mejor de este 2007 cinematográfico. Esta vez con ganadores según secciones. Genuino Harry Knowles.

martes, 25 de diciembre de 2007

Un post clásico de Navidad

La Navidad desde un punto de vista aparentemente divergente
‘¡Qué bello es vivir!’ y ‘Plácido’ son las dos películas navideñas más representativas de dos mundos tan disímiles como el americano y el español.
En unas fechas como las que vivimos estos días, es inevitable tratar el cine navideño. A lo largo de la historia del Séptimo Arte se han desarrollado cierto tipo de películas ambientadas en Navidad; unas, de predisposición hacia los buenos sentimientos, otras, de tristeza o cinismo, según convenga. Todas ellas acondicionadas a un contexto visual en el que no faltan las guirnaldas, lucecitas, el árbol, Papá Noel, la Nochebuena, la ilusión y la familia. Elementos utilizados para diversos fines argumentales en cualquiera de los géneros que ofrece la cinematografía.
Impregnados por una globalización norteamericana que impone iconos y prescribe conductas y directrices en cualquier campo, en los últimos años se ha puesto de moda acudir como representación fílmica navideña a la gran película de Frank Capra ‘¡Qué bello es vivir!’, inspirada en un cuento de Philip van Doren, cinta que los norteamericanos (y más de medio mundo) revisita anualmente para asistir a un recorrido por la vida de un buen hombre, altruista sin límites, llamado George Bailey. Si bien es cierto que Capra dio al cine las más preciosas y amables proclamaciones de buenos propósitos, con trabajos de una hondura y emoción que, más allá de cualquier crítica sobre su posible repleción edulcorante, representan cine irrepetible, también lo es la necesidad de reivindicar la película española navideña más importante de todos los tiempos, esa obra maestra del cine ‘azconaiano’ como es ‘Plácido’, admirable celuloide que, con el paso de los años, está empezando a encontrar su importancia en un zócalo genérico navideño donde las producciones americanas parecen querer decir que esto de la Navidad es cosa de yanquis.
‘¡Qué bello es vivir!’ acopia en su metraje unos valores humanos y espirituales donde la amistad, el amor, la generosidad y la solidaridad empapan un cine de corte fantástico, fabulesco y moral. La situación de Estados Unidos durante la época hace pensar que el mensaje subvertido de la historia de los Bailey era una excusa para lanzar una crítica al ‘New Deal’ de Roosevelt, ya que tras el aparente simplismo con que está contada esta tierna historia, podemos apreciar la oscuridad fantástica de un Capra que transcribe sus verdaderas intenciones bajo el más puro cuento de Dickens para hablar entre líneas de una filosofía individualista, de un hombre cuya generosidad ha convertido su vida individual en un fracaso.
Por su parte, Luis García Berlanga, apoyado en un prodigioso guión de Rafael Azcona, apuesta por una historia adherida a la realidad de una etapa donde la hipocresía es el arma caritativa que diferencia los estratos sociales del momento. Berlanga purga aquí cualquier atisbo de trasfondo amable, conciliador, que había caracterizado su cine hasta el momento para dedicarse, desde esta joya de nuestro cine, a recrear (en palabras de Román Gubert) “un sainete con cianuro”. En ‘Plácido’ no hay espacio para la bondad, ni para camuflar los buenos sentimientos en una oda a la misericordia navideña. Todo es una proclamación de la falsedad de estas fechas. La represiva sociedad clasista de la época está reflejada en un entorno cotidiano y localista, que tuvo por título ‘Siente un pobre en su mesa’. Una campaña real que sirve para abrir los ojos a un microcosmos social que obliga a los ricos a tener un acto de buena fe con los más desfavorecidos. El ejercicio de caridad, a diferencia de en ‘¡Qué bello es vivir!’ está forzado, como acto exigido de cara a la galería, un vendaval de apariencia que arrastra al pobre Plácido, un pobre hombre al que utilizan con su recién adquirido motocarro que paga no sin esfuerzo letra a letra.
En ambas películas está muy arraigada una ambivalencia capciosa. Capra defendía unas ideas y aportaba sus argumentos para demostrar sus tesis políticas y Berlanga ofreció en su mejor etapa una hábil manera de camuflarse con ficticios sainetes costumbristas en los que se podía apreciar una subversiva crítica a la sociedad del momento. Ambos realizadores confluyen en el prototipo de obras inofensivas y amables, pero en el fondo suponen sendos ejercicios de funambulista para hablar de otros problemas sociales más importantes.
En esa combinación de intereses es donde se ensamblan las personalidades de George Bailey y Plácido, dos personalidades parejas que sirven de beneficio para la comunidad que les rodea, ya que ambos representan a antihéroes anónimos e historias de progresión de sacrificio en pos de los demás. A pesar de ello, la película de Capra se antoja como una ilusión alegórica, utópica, irreal, excesivamente moralizada para un ‘happy end’ que en ‘Plácido’ consiste en irse a casa con la familia a comer lo que bien se pueda. Si Capra sofistica su pueblo, su doble juego de pasado y presente alternativo en el que el conformismo natural de la comunidad, tampoco varía mucho la vida de un George Bailey que hubiera nacido en Bedford Falls o en el siniestro Pottersville, Berlanga borda un tono coral de la narración donde no falta la ironía, la mala hostia, la presencia de la muerte y su preferencia por las clases medias.
La abismal diferencia entre ambas visiones de la Navidad está en que mientras en ‘¡Qué bello es vivir!’ utiliza la festividad como entorno de comprensión y expiación de los errores, ‘Plácido’ la delimita, con su rechazo a lo fantástico y ornamental, a una realidad fiel y rigurosa confinada a la incomunicabilidad aterradora del español medio de los 60. Un aspecto que concuerda con la segunda parte de la cinta de Capra, convertida en una aparatosa pesadilla de corte expresionista y de impacto humano. Compostura que, en manos de Berlanga no puede por menos que convertirse en una comedia negra llena de cínico sarcasmo.
Dos películas que nada tienen que ver entre sí, pero que merecen un visionado en estas fechas como comprobación de todas las aristas posibles del periodo navideño.

lunes, 24 de diciembre de 2007

La genial perversidad de Rob Sheridan

El prolífico artista Rob Sheridan nos cede con su ingenio y talento el wallpaper navideño definitivo extraido del fascinante universo bloguero ‘SketchBlog’.
Desde Los Ángeles, Sheridan es un director de arte que reformula con su inquietante perversidad todas las disciplinas que acomete, en unos contextos que giran en torno a obsesiones como la deformación cotidiana en una sangrienta surrealidad, donde no faltan abominables monstruos, viscosidad, clasicismo y ciencia ficción fusionada con robots gigantes. Como él mismo cuenta en su página personal ‘SketchBlog’ “surgió como un ejercicio de disciplina creadora, una tentativa para fomentar un crecimiento personal en torno a nuevas imágenes e ideas”.
Conocido por ser el eterno diseñador del grupo Nine Inch Niles, artista videográfico y excelente fotógrado, Sheridan es un creador de lucidez y percepción sorprendente que merece unos minutos para descubrir su fascinante obra creativa.

sábado, 22 de diciembre de 2007

06.381, el Gordo de Navidad 2007

Esta mañana, con cierta anticipación, concretamente a las 10:47, cayó el Premio Gordo del Sortero extraordinario de Navidad de la Lotería Nacional en el número 06.381, dotado con tres millones por serie, vendido en Alicante, Asturias, Almería Bilbao, Teruel, Toledo, A Coruña, Madrid y cómo no, en Sort. Es el comienzo de la Navidad, del despilfarre alegre y de todo lo que el anterior post conlleva. En Antena 3 Ramoncín hacía el ridículo con una más que acostumbrada Massiel en la retransmisión del evento. Dicen las malas lenguas que el ex Rey del Pollo Frito (antes de que llegaran los restaurantes de comida rápida Kentucky Fried Chicken) estaba allí porque el año que viene solicita que cada vez que se cante un número, una pequeña proporción de los premios vaya a parar a la SGAE, como derechos de autor de los niños, que son los que cantan.
Bromas aparte… Bueno, no… Aparte, este evento sigue dejando la sempiterna imagen vista una y otra vez; gente eufórica recién tocada por la varita de la suerte que espera, inconsecuentemente, no volver a trabajar el resto de su vida, algunos aseguran que se irán de viaje, o que invertirán en la futura compra de un coche o una casa, otros no saben qué decir, muchos más insisten en la frase insignia cuando toca y que ha utilizado tantas veces el actor Nacho Vidal: “tapar agujeros”, los hay que descorchan botellas y las agitan felices estropeándole el acicalado de peluquería a la señora de al lado. Los demás, miran con cierto recelo. Desde casa, suena esa frase en la cabeza de todo el mundo “ni una puta perra”. El año pasado, en este Abismo, se revelaba que la posibilidad de ser premiado con uno de estos décimos es de una entre 84.999. Dicha hipótesis deja patente la probabilidad de ser uno de esos venturosos que descorchen un cava, champán o espumoso (seamos políticamente correctos) en una ostentación de éxtasis irrepetible. Podemos hacerlo, como síntoma de entusiasmo etílico o porque es el último día que se trabaja antes de vacaciones. Pero no es lo mismo.
También es el instante ‘warholiano’ de los niños del Gordo, que afinan su voz y entonan con orgullo el número agraciado con el máximo premio. Este año, le ha tocado a Álvaro Guerrero, encargado de corear el número y Raúl Barrak, que ha cantado la cifra millonaria. Las cadenas de televisión, sabiendo que es un día con el trabajo hecho (de conexiones y reiteración temática anual), hacen repetir consecutivamente el rosario lotero a los chavales. Sin olvidar, como cada año, que al salón de sorteos de Loterías y Apuestas del Estado, asisten esos míticos ‘freakies’ dispuestos a ser el más chabacano del año.
Cuando acabe el día, las tablas con los números premiados quedarán expuestas siete días al público, para esperar otro nuevo año a repartir su suerte, la misma que se niega a la generalidad popular y que deja la satisfacción a unos pocos recompensados con este día que, oficialmente, abre las Fiestas Navideñas. Felicidades a los que hayan visto cómo su décimo se ha llevado algo. Si no saben qué hacer con tanto dinero, nunca es tarde para ejercer de productor cinematográfico de un cortometraje de éxito aseguro. Pónganse en contacto en el mail de abajo del todo.
Queda inaugurada, por tanto, la Navidad 2007. De nuevo, y con afecto cordial, FELIZ NAVIDAD a todos.

Ya está aquí, como cada año, la Navidad

Frases como “cada vez llega más pronto”, “la Navidad es un invento de las grandes superficies”, “odio estas putas fechas”, “papá... ¿compramos un jamón?” y “estoy deseando que pasen las fiestas de una vez” forman parte de una tradición inquebrantable, un trance anual que todos tenemos que pasar, queramos o no, entre finales de noviembre (aunque dentro de poco arrancarán en septiembre) y el día de Reyes en enero, más o menos.
La Navidad se caracteriza por ser un acontecimiento que sirve de excusa para todo; para salir de fiesta, para emborracharse, para tirarle los trastos a la compañera de trabajo, para proponerse sin éxito ser mejor persona, para cenar en familia, para aburrirse, para sonreír sin ganas y, sobre todo, para comer y beber de todo sin control. Durante varios días de fiesta, alternamos toda clase de opulentas cenas y comidas con compañeros de, con amigos y familiares, Nochebuena con Navidad, Nochevieja con Año Nuevo, comida de la empresa, cena de antiguos compañeros, habituales cogorzas semanales... Fiestas arraigadas a las guirnaldas, al muérdago, a las luces de colores, a los belenes, a un pequeño pino talado violentamente para goce efímero de la vista, a la predisposición de los buenos sentimientos convertidos a la mínima de cambio en encendida mala hostia. Eso es la Navidad.
No pretendo desnaturalizar este estético y hermoso periodo, ni arremeter contra una serie de ritos sacralizados que han perdido la batalla contra el gasto comercial sin control. Por supuesto, no voy a adoctrinar sobre nada de ello. Para eso está esa canción tan desmadradamente cierta de los Soziedad Alkoholica referente a esta cuestión. No voy a caer en el error de posicionarme en una actitud desmitificadora que enuncie una imprecisión disfrazada de individualismo, de puro egoísmo, del “no me gusta la Navidad porque es una mierda”. Es más, a mí siempre me ha gustado preconizar estas fiestas, aunque sea por la estética y visualidad, por la citada preferencia a la algarabía, por las ridículas cestas con embutido del barato, el champán sin marca y el turrón del duro, por los Niños de San Ildefonso cantando la pedrea y el gordo hoy, día 22; por ver ‘Plácido’ y ‘Qué bello es vivir’ en una sola sesión, por reencontrarme con gente a la que sólo veo en estas fechas, por las cenas familiares y amiguetiles, por el frío intenso de una preciosa ciudad iluminada al amparo de un gigantesco árbol... Parece que celebrar la Navidad se ha convertido en una actividad infamada y apática. Pero no creo que sea así. Si lo es, debo ser de los pocos gilipollas a los que les gusta la Navidad por cuestiones arraigadas al verdadero espíritu de estas fechas. En otras palabras: los que no saben tomar parte del rito se confortan atacándolo. Como todo en este mundo.
Pero cuando hay que celebrarlas, abrir regalos y apreciar el ambientecillo resplandoroso de las calles iluminada salir de fiesta hasta altas horas, todos se apuntan. Todo el mundo sale, se emborracha e intenta pasarlo bien. El concepto de Navidad está más allá de la parafernalia consumista. Y es que la confusión atávica ante el inexorable ciclo vital, del invierno y del verano (con las vacaciones familiares –la otra gran diatriba del español moderno-), ha creado celebraciones de solsticios para todos los gustos. Lo divertido de todo es ser cínico, socarrón y disfrutar de todo con divertimento. La Navidad es la época ideal para reírse con más fuerza de aquellos a los que no le gustan. Algo así, como el mensaje de esa más que interesante película de Terry Zwigoff que es 'Bad Santa', donde un Santa Claus borracho, pendenciero, ladrón e hijoputa encuentra el espíritu de las Pascuas en un niño 'loser' gordo y medio imbécil cuyo máximo deseo es tener un estúpido elefante violeta como regalo de Navidad. O a una joven ninfómana que disfruta del sexo navideño si Santa lleva el gorro de la borla roja por un complejo infantil. La Navidad es cojonuda, amigos. Y quien diga lo contrario es que no sabe disfrutar de las cosas buenas de la vida.
Próximamente, volveré a recordar algún especial ya aparecido en el Abismo en anteriores Pascuas. Porque, desde diversas perspectivas, otra de las cosas que atraen en estos días es vaguear un poco y disfrutar más de esas cosas que ahora saben mejor en esta tradición universal y ancestral.
Yo, por mi parte, he desempolvado el flash navideño de la cabecera para ‘Un Mundo desde el Abismo’ decorando este espacio para la ocasión, dándole así una absurda pero vistosa pátina navideña. Incluso he colgado una ridícula instantánea de ese ‘otro yo’ que escribe en la red con un simpático gorrito de Papá Noél, o Santa Claus, o Kris Kringle, o San Nicolás… Da lo mismo.
Otra cuestión a debatir sería si las efigies mágicas de nuestra Navidad española han dejado dilapidarse por imágenes anglosajonas, los Reyes Magos dilapidados por Santa Claus. Sólo me queda decir: FELIZ NAVIDAD a todos y a ser tan felices como podáis. Por lo menos, en estas fechas… tan ‘señaladas’.

jueves, 20 de diciembre de 2007

Review 'Mr. Brooks (Mr. Brooks)', de Bruce A. Evans

La perfección del ‘psycho-killer’
‘Mr. Brooks’ recrea con precisión un viaje al enfrentamiento maniqueo de la conciencia, del deseo y el acto, en un personaje antológico al que da vida un inesperadamente acertado Kevin Costner.O
“La normalidad, a veces, puede ser monstruosa”. Es una de las célebres frases de Robert Louis Stevenson que reflejó en su portentoso libro ‘Dr. Jeckyll & Mr. Hyde’, obra con la que esta ‘Mr. Brooks’ comparte sus pilares primigenios. La película de Bruce A. Evans habla de la dualidad propia de la naturaleza humana, de la misma esencia con la que el clásico literato escocés abordó la lucha interior entre la razón y los instintos, entre la conciencia y el inconsciente, en un entorno obsesivo y físico, que está asociado a la faceta más oscura del ser humano. Kevin Costner da vida a un triunfador empresario y filántropo reconocido que, tras su amable rostro y su feliz vida como intachable hombre de negocios y ejemplar marido fiel y amante, esconde a un asesino en serie motivado por un tenebroso ‘yo’ llamado Mr- Marshall (su Hyde particular), impulsor de conductas criminales que ha logrado con sus múltiples asesinatos un arte perfeccionado, llevando a cabo una metodología impecable.
Earl Brooks es un hombre adicto al crimen, que no niega sus disfunciones patológicas, pero que se arrepiente en una (simulada) cruzada interior con los instintos perturbados que determinan y condicionan sus relaciones familiares y su vida social. Representa una concepción mucho más precisa del ‘psychokiller’ de lo que el espectador está acostumbrado a ver en el cine contemporáneo, en exceso enviciado por la vileza de célebres precedentes que han marcado las actitudes modélicas del asesino en serie cinematográfico.
El personaje de Costner es un monstruo real, peligroso, que esconde su verdadera personalidad detrás de una máscara social que le ampara y le protege, conviviendo en la hipocresía de una sociedad que premia como ‘hombre del año’ a un homicida que roza en su proceder la perfección. El asesino, tal y como lo conocemos en nuestros días, ha despertado en el hombre moderno una pasión en la que han convergido tanto la ficción, alimentando con sus iconos mitos de la gran pantalla, como la realidad, con unos sucesos cada vez más inexplicables que asolan nuestra sociedad.
A modo de tragedia clásica, puramente ‘shakespeareiana’, ‘Mr. Brooks’ afronta sin complejos, y desde un principio, su riesgo por definir la visualización del ‘Doppelgänge’, que representa el lado oscuro del ‘yo’ transmutado en un ser misterioso y tenebroso ser, corporeizado sólo en la imaginación enfermiza de un hombre falsamente torturado que irá escalando en la evolución psicológica de uno de los más fascinantes roles de los últimos tiempos.
Es un fascinante viaje al enfrentamiento maniqueo de la conciencia, del deseo y el acto, de los impulsos que concretan las acciones de un calculador hombre sin escrúpulos que, paradójicamente, empatiza rápidamente con el público, dada la dulzura y afabilidad que siempre ha transmitido el rostro de un Kevin Costner que realiza aquí la mejor interpretación de su carrera desde ‘Bailando con lobos’.
En el interior de esta tortuosa fábula de perversidad cruel y brillante se incluyen sinuosos giros argumentales, absorbiendo la esencia de algunas subtramas asimétricas, para hilvanarlas de tal manera que se confabulen con la constante depravación con la que se va desplegando el lógico diseño argumental confeccionado por Evans y Raynold Gideon a modo de culebrón concéntrico, pero que no es más que un sardónico guiño para tratar otro tipo de padecimientos sociales, de adicciones que no escapan a la afilada crítica subversiva del filme; como ese ‘vouyerismo’ de un fotógrafo que quiere comprender qué se siente al matar y los efectos psicológicos que produce de esa droga a la que Mr. Brooks es adicto. Puede parecer un giro extraño y poco incongruente dentro de la narración. Sin embargo, la aparición de este chantajista interpretado por el cómico Dane Cook, víctima también de sus propios instintos, es la reivindicación patológica de esa enfermedad morbosa que se ha instalado definitivamente en nuestro entorno cotidiano.
En la otra cara de la moneda, la implacable agente de policía que lo persigue en una recuperación de la mejor Demi Moore que se recuerde, que simboliza amén del representante moral de la ley, la rebeldía impuesta a una vida marcada por el autoritarismo paterno, fracasando en sus relaciones íntimas e incapaz de atrapar al asesino que se esconde tras el rostro del señor Brooks. El perseguidor y el perseguido son dos roles contrapuestos, que no responden al raciocinio moral de un ‘thriller’; mientras uno triunfa en sus vertientes (los negocios y su oscura adicción al asesinato), el otro es una persona frustrada a la hora de mantener la calma en su vida, también falseada debido a los mareantes números de su cuenta corriente por miedo a traicionar sus principios.
‘Mr. Brooks’ camina en el filo génerico del ‘thriller’ psicológico y el drama de personajes, y logra evitar cualquier tipo de enjuiciamiento moral hacia un personaje principal construido desde la aceptación de la maldad como elemento convencional, dentro de una historia brillante que merece el elogio de las películas destinadas a no pasar desapercibidas.
Un hipnótico y adictivo periplo a la mente de un frío ‘psychokiller’ donde no falta la violencia consecuente con la historia, algún que otro desliz de ambición narrativa (el miedo del padre que ha infectado el instinto criminal a su hija) o una anticuada banda sonora a cargo de Ramin Djawadi que puede llegar a saturar, descontextuando en ocasiones la acción. Pero lo cierto es que Evans sabe equilibrar su función, reposado en un matiz aséptico e innovador, de cuidado modernismo y estilización visual, que es incomprensiblemente quebrada con la fusión de estilos que desfilan en momentos puntuales del filme; como un tiroteo de relantíes bajo las notas de una música estridente o algún efectismo que está a punto de romper su digresión entre la voluntad psicológica y la acción mecánica del filme. A pesar de ello y de que podría haber sido mucho más controvertida en sus planteamientos y definición, ‘Mr. Brooks’, sin mucho alarde y gran virtuosismo, es una de las pequeñas sorpresas más reconfortantes y sorprendentes del año.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007

lunes, 17 de diciembre de 2007

Palabra de R2

R2-D2, el droide astromecánico al que ha interpretado durante estas tres décadas Kenny Baker a lo largo de los seis episodios de la saga galáctica de George Lucas, es uno de los personajes con más reclamo del emporio espacial ‘Star Wars’.
Apareció junto a su inseparable compañero C3-PO, en aquella imborrable imagen en el planeta Tatooine, tras recibir una importante misión por parte de la Princesa Leia Organa, que colocó en su memoria los planos de la Estrella de la Muerte antes de ser comprados por Luke Skywalker y su tío Owen Lars.
R2-D2 tenía una peculiar manera de expresarse, a través de señales sonoras y pitidos muy reconocibles dentro de las características privativas de la fauna ‘starwarsiana’. Así, este robot cabezón, terco e perspicaz, replicaba al siempre rezongón y parlanchín 3PO, a Luke, a Han Solo y a todo aquel que se cruzara con él.
¿Qué es lo que decía en realidad? Gracias al R2-D2 TRANSLATOR podremos revelar aquellas frases, proponer las nuestras propias y conocer de cerca la locución mecánica y robóticade este inmortal autómata galáctico.
Otra de esas entrañables ofrendas que saciará el ávido fervor de los fanáticos de ‘Star Wars’.

viernes, 14 de diciembre de 2007

Nochevieja Universitaria

Salamanca se ha convertido en el corazón mundial de la fiesta, de la algarabía, de la nocturnidad, del pecado, de la holganza estudiantil, del poderoso caos etílico… Sólo así se puede explicar que anoche más de 30.000 jóvenes inundaran las calles salmantinas para festejar lo que se ha dado en llamar la ‘Nochevieja Universitaria’, excusa navideña convertida en una tradición inexcusable, que consiste adelantando las campanadas del próximo día 31 para sustituir las tradicionales uvas por gominolas, por chupitos de whisky, por tragos de champán o pelotazos de litronas furtivas.
La jubilosa dipsomanía y la turbación alcohólica de grado superior se dan cita así entre los más jóvenes de la ciudad. Unos universitarios en plena fase de revelación (como yo hace muchos años), a punto de descubrir que la verdadera sabiduría académica, donde realmente uno aprende cómo funciona la vida, está en las cafeterías de las facultades y en los bares más recónditos de la ciudad.
Reunidos masivamente en la espectacular Plaza Mayor, entre el hedor destilado de ebria exultación, los estudiantes esperan impacientes las doce campanadas que darán inicio a una de las noches más multitudinarias y largas del año. Este 2007 incluso se han cortado calles para albergar la llegada de diferentes autocares venidos de otras provincias que un año más han participado en esta verbena colectiva. Está claro; hay unidad desprejuiciada siempre que haya fiesta y bullicio, jolgorio y posibilidad de pillar cacho. Después de las campanadas, la fiesta se traslada a los más diversos establecimientos que hacen el agosto con esta desquiciada madrugada donde todo es posible.

Globos de Oro

Películas como ‘American Gangster’, de Ridley Scott, ‘Atonement’, de Joe Wright, ‘Eastern Promises’, de David Cronenberg, ‘The Great Debaters’, de Denzel Washington, ‘Michael Clayton’, de Tony Gilroy, ‘There will be blood’, de Paul Thomas Anderson, ‘No country for old men’, de Joel Coen, ‘Sweeny Tood’, de Tim Burton, ‘Across the Universe’, de Julie Taymor, ‘Charlie Wilson’s War’, de Mike Nichols, ‘Juno’, de Jason Reitman… o nombres como George Clooney, Daniel Day-Lewis, James McAvoy, Viggo Mortensen, Johnny Depp, Ryan Gosling, Tom Hanks, John C. Reilly, Casey Affleck, Javier Bardem, Philip Seymour Hoffman, John Travolta, Tom Wilkinson, Cate Blanchett, Julie Christie, Jodie Foster, Angelina Jolie, Keira Knightley, Ellen Page, Marion Cotillard, Tilda Swinton, Julia Roberts ya están nominados a los Globos de Oro que se celebrarán el próximo 18 de enero.
Ya sabemos por dónde van a ir los tiros en las próximas candidaturas de los Oscar.
Además, Steven Spielberg recibirá el premio honorífico Cecil B. DeMille “por su extraordinaria contribución en el área de entretenimiento”. Y eso, es quedarse muy corto.

jueves, 13 de diciembre de 2007

Review 'Bee Movie (Bee movie)', de Simon J. Smith y Steve Hickner

Enésimo desacierto de Dreamworks
Pese a algún que otro atractivo, el proyecto personal de Jerry Seinfeld es un autocomplaciente filme, falto de inventiva, al que le sobra parte de su cargante moralina ecológica.
‘Bee Movie’ podría haberse convertido en una de las películas de estas próximas Navidades. Sobre el papel, tenía un doble interés; por una parte, es otra tentativa de la factoría Dreamworks que, exceptuando el éxito de ‘Shrek’, sigue sin ofrecer grandes logros dentro de la animación digital (‘Hormigaz’, ‘Chicken Run’, ‘Espantatiburones’ o ‘Madagascar’ como ejemplos más claros). Por otro, su máximo impulsor, productor y guionista no es otro que el incomparable Jerry Seinfeld, uno de los mejores cómicos americanos, demiurgos del ‘stand up comedy’ y rostro popular gracias a una de las más célebres ‘sitcoms’ de la Historia Catódica.
Con esto, la cinta de animación dirigida por Simon J. Smith y Steve Hickner, debería, al menos, haber ambicionado el cambio hacia un humor inteligente y la parodia que se esperaba de los objetivos de Seinfeld. Pero no es así. ‘Bee Movie’ cae en seguida en los tópicos y materias ordinarias del cine animado, en el remedo fácil e indulgente, con ínfulas de agradar tanto a los más pequeños como a los mayores con esas gotas de crítica adulta tras las infantilizadas grafías de sus caracteres, pero sin ningún tipo de distinción e interés.
Se aquí narra la historia de Barry B. Benson (con voz del propio Seinfeld –en la versión española doblada con inesperado acierto por Arturo Valls-), que después de acabar sus estudios choca con la confusión vital de la juventud desorientada al negarse a formar parte de la absurda colectividad que disfruta con el automatismo laboral y la rutina de la colmena. Partiendo de este prometedor arranque, en el que hay cierto efluvio fantástico de distopía social con el fondo existencial de ‘El Graduado’, de Mike Nichols, la abeja emprenderá una aventura por las calles de Nueva York, donde además de conocer a una hermosa joven (y establecer una extraña relación de amistad con ella), descubrirá que los humanos están robando para su beneficio la miel que tanto esfuerzo le significa a su comunidad.
A partir de ese momento, ‘Bee Movie’ comienza a hacer aguas en todo su desarrollo, con mejunje genérico donde todo es legítimo; cine de reflexión social, comedia de ‘gags’, cine judicial, de denuncia, de acción, comedia romántica de enredo, de catástrofes… lo que termina por concederle cierto aire de desaguisado fallido e inconsecuente.
En exceso surrealista, sin mucho sentido a la hora de ‘normalizar’ la relación entre animales y humanos, desperdicia un puñado de buenas ideas que se van diluyendo en los recovecos de un guión insustancial, con algunos golpes divertidos, pero que no van más allá del mero anécdota que la aportación autoparódica de Ray Liotta o Sting. Su fugaz sátira política contra las grandes corporaciones (a Enron, por ejemplo) y su lucro gracias al trabajo de la explotación laboral o la homogeneidad paralela entre la sociedad humana y la colmena de abejas de aquéllos que buscan una oportunidad en el mundo quedan difuminadas con el invariable mensaje medioambiental de una película con abusiva moralina ecológica, escueta y simplista, de criticable ingenuidad a la hora de abordar sus planteamientos.
Consigue, sin mucho acierto, alguna sonrisa amable y el vacuo artificio técnico de alguna de sus secuencias (como en la persecución del camión de ‘Honey Farms’ o la excelente presentación inicial de la colmena), pero ‘Bee Movie’ no deja de cumplir con todos los reiterativos tópicos de las películas de animación, sin hacer tampoco alarde de ápice de suntuosidad tecnológica y tampoco encontrando cualquier atisbo de equilibro interno.
La jugada de Spielberg y Seinfeld carece de humor inspirado y, pese al éxito que está cosechando en taquilla y breves pinceladas de fantasía ecológica, supone uno de los trabajos más autocomplacientes y menos cuidados de DreamWorks Animation. Y, vista la filmografía de este departamento, describir así ‘Bee Movie’, es lo peor que se puede decir de esta anodina película de animación.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007