jueves, 9 de agosto de 2007

Review 'The Simpsons'

Épica ‘simpsoniana’
Matt Groening y su equipo, liderado por David Silverman, han conseguido superar con creces las expectativas puestas en la difícil traslación de esta mítica serie de la televisión a la gran pantalla.
Cuando, en 1989, James L. Brooks, puso en marcha ‘Los Simpson’, serie creada por Matt Groening, la idea era muy simple: una familia que representara, mediante el humor, la desvergüenza y la originalidad, al modelo de clase media americana. Homer, Marge, Bart, Lisa y Maggie constituyeron lo que ninguna serie con personajes de carne y hueso se había atrevido a retratar hasta la fecha: la antítesis del prototipo de esta institución tan idealizada y de tono moralista en los años 80 (‘Enredos de familia’, ‘Los problemas crecen’, ‘Valerie’, ‘Padres forzosos’, ‘Cosas de casa’…), esgrimiendo un componente de ácida crítica a la sociedad y a la edulcorada cultura estadounidense. Todo ello, salpicado de unos diálogos explícitamente vulgares y corrosivos, acompañados de un cinismo y sarcasmo que se han ido disipando con el paso de los años, pero que siguen siendo las señas de identidad de la iconográfica serie.
El carácter subversivo de ‘Los Simpson’ se ha ido preponderando a lo largo de 400 episodios, exhibiendo todos los defectos velados durante tantos años en la pequeña pantalla. Sin embargo, es cierto que la irreverencia y profundidad de los personajes no es la misma, domesticados en exceso y más preocupados en autoparodiarse más que hurgar en las heridas de la sociedad y burlarse de las altas esferas. La película, en ése sentido, es un compendio de todo esto, de lo bueno y lo malo, pues posee el cinismo en su primera parte y va perdiendo la mala hostia según avanza la acción, cuando más melindroso y familiar se torna el argumento. Por eso, hay que preguntarse si era necesaria una adaptación de la familia de cromatismo ambarino al cine. La respuesta, a la vista del producto final, es más que afirmativa.
‘Los Simpson. La película’ comienza cuando Homer, como George Clooney, adopta como nueva mascota a un cerdo que va a desencadenar un desastre que sumirá a Springfield en un verdadero caos que separará a los Simpson y pondrá en contra a toda la furibunda ciudadanía en busca de venganza por las medidas que el Gobierno de Estados Unidos y la Agencia de Protección Medioambiental han adoptado para solucionar el problema: aislarlos del mundo con una cúpula indestructible. Una medida política que puede parecer extrema o ficticia, pero que no sería del todo grotesca viniendo de las últimas legislaturas de Estados Unidos y, por extensión, en el resto del mundo. En este contexto, la película entra de lleno en la diatriba política, sugiriendo que, llegado el caso, la autoridad estatal es capaz de lavarse las manos y olvidarse de los problemas reales que asolan a las naciones; con un tema muy actual de fondo como es la depauperación del medio ambiente. Pero pronto se descubre el verdadero argumento, la clave del filme, que no es otra que la defragmentación familiar, la pérdida de confianza, la amenaza de un pueblo encolerizado por la irresponsable acción de Homer y la consecuente redención final con tintes épicos. Son elementos narrativos que han formando parte de algunos de los capítulos que ya han visitado los guionistas de ‘Los Simpson’ a través de todas sus temporadas televisivas; la ineptitud de Homer que provoca la catástrofe, la progresiva desunión de su familia, su propósito de buena fe y la heroica acción que, bajo la irresponsabilidad o la aparición de una revelación, devolverá la normalidad a su relación familiar y al pequeño pueblo de Springfield.
La película está estructurada como un episodio de televisión y esto, dada la calidad de algunos célebres capítulos de las aventuras de la familia amarilla, hace que la película se desluzca en ocasiones y acentúe la evocación de muchos pasajes televisivos. Pero lo que hay que agradecer a David Silverman y sus guionistas es la disposición a ese gaudeamus intrascendente, de simple distracción y gratificante premura con la que se sucede el metraje, sin vacíos ni tiempos muertos. Aunque, el medido equilibrio que se ha buscado entre todos los factores comunes a la serie hace que ‘Los Simpson’ hace que se pierdan elementos reconocibles en la serie televisiva, sabiendo, en cualquier caso, compensarlos para que el resultado final no decepcione a sus seguidores, que no pierde en ningún instante la identificación con la serie. Ejemplo de algunas carencias, es el excesivo protagonismo de Homer sobre los demás personajes y secundarios de la serie, que apenas tienen voz en el largometraje y que, sin embargo, son los que han convertido, con sus pequeños matices en la reconocible idiosincrasia que han hecho de esta serie una de las más interesantes y reconocidas de todos los tiempos. Y eso, se nota en el filme, dejando una extraña sensación de vacío. Pero es comprensible dadas las exigencias que requería las traslación catódica al celuloide.
A cambio, ‘Los Simpson. La película’ se beneficia de la calidad de la propuesta, utilizando las más depuradas y novedosas técnicas para que el filme aporte ese toque de sofisticación que ha ido haciendo evolucionar la serie, pero nunca que ha llegado a esta perfección técnica mostrada en la gran pantalla. El filme de Silverman, Groening y su ‘troupe’ funciona como intachable ‘blockbuster’ veraniego, que no se desvirtúa como espectáculo visual ante cualquier antagonista comercial de este estío cinematográfico, pero al que se le podría criticar el exceso de concienciación social y cierta sensación de melifluidad en su mensaje. Algo, que no es ajeno a la serie. ‘Los Simpson’ ha conseguido, con creces, superar el reto de trasladar sus aventuras de la pequeña pantalla al cine. Una hazaña totalmente plausible si tenemos en cuenta que animación digital parece haber desplazado a este tipo de animación clásica.
Mientras que la sociedad y el mundo evolucionan hacia no sé sabe muy bien dónde, Homer seguirá simbolizando, desde su sofá, con una cerveza Duff de la mano y el mando a distancia en la otra, al hombre moderno, con sus defectos y apetitos hiperbolizados. Homer es, en último término, un glorificado e identificable personaje global que fusiona culturas por su inocente sencillez que posee el lado humano defectuoso que todos tenemos.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007