jueves, 17 de mayo de 2007

Review (con retraso): 'Spider-Man 3'

Esto no es ‘Spider-Man’
Sam Raimi enflaquece los logros de las anteriores entregas ofreciendo un filme debilitado por su consecuente insustancialidad propugnada en la constante estulticia de todos sus elementos.
Teniendo en cuenta la expectación que había generado el que es considerado “filme más caro de la historia hasta el momento”, ‘Spider-Man 3’, precedida por dos antecedentes que, a diferencia del ciclón de adaptaciones de Marvel (a excepción de la saga ‘X-Men’), lograron cierta solidaridad de criterios a su favor, lo mínimo que se esperaba de esta tercera aventura del arácnido era la consolidación del mismo nivel y calidad de sus predecesoras. Pero no ha sido así. Ni mucho menos. Una película que comienza proponiendo un poco más de lo mismo: Peter Parker es feliz junto a Mary Jane, comprometido con su trabajo al servicio de la armonía y la paz en Nueva York, siendo el mismo don nadie que esconde bajo su anodina personalidad el héroe que cuenta con una gran aceptación pública. Sin embargo, a M.J. no parece irle tan bien en su sueño de ser actriz y Parker parece más preocupado en sí mismo que en la tristeza de su amor eterno. Es el embrión dramático con el que arrancan las preocupaciones y deseos de sus protagonistas, de sus miedos y angustias.
Pero, por supuesto, en esta tercera entrega, el compromiso con la acción y el espectáculo debían patentizarse en el enfrenamiento con antiguos y nuevos enemigos del superhéroe arácnido, en los que también (faltaría más) existen diatribas existenciales para todos; Sandman es malvado por amor a su pequeña hijita enferma, Harry Osborn no olvida su desagravio fraternal contra Spider-Man y Eddie Brock es humillado por Parker con su consiguiente resentimiento. La confluencia del melodrama, el espectáculo de acción sustentado en los efectos generados por ordenador, cierto toque de comedia humorística y un abrumador convencionalismo eran de esperar en la nueva travesía humana del personaje creado Stan Lee y corporeizado por Steve Ditko. Pero no hasta los extremos de caricatura y ridiculización que exhibe este sonrojante tercer episodio cinematográfico de Spider-Man.
A medio camino entre el serial adolescente, comedia sin gracia, empalagosa moralina de obsceno simplismo y un redundante despliegue de efectos desperdiciados e infructuosos en secuencias de acción reiterativas, ‘Spider-Man 3’ es una desfachatez, una tomadura de pelo en toda regla sustentada en la constante estulticia de sus diálogos, en su desarrollo narrativo, en la afrenta con la que un Sam Raimi, irreconocible, perdido en su propia complacencia, ha tratado al héroe, llenando de opulencia barata su otrora innovador cine. Destaca así, por encima de sus inapreciables virtudes, un desprecio sin parangón hacia personajes como Gwen Stacy o Eddie Brock/Venom, lacerados como personajes en roles gratuitos y descuidados. Es bochornoso, por ejemplo, el ridículo al que llega el triángulo amoroso formado por Peter Parker, Mary Jane y Harry Osborn, la exhibición caricaturesca de Parker cuando descubre el poderoso influjo del traje simbionte o ese improbable final en el que lo único que falta es que Spider-Man se dé un abrazo fraternal con Sandman/Flint Marko en una secuencia que bordea lo lacrimógenamente grotesco.
La sensación en todo momento es la del absurdo, la del incomprensible mejunje que, por si fuera poco, juega a engarzar un discurso moral de lo más melindroso: “Debemos elegir lo que hacemos porque uno es responsable de sus actos”. Con todo esto, a nadie le importa su subvertida y facciosa crítica moral contra el poder y la fama, motivos suficientes para enturbiar una naturaleza heroica que infecta esa simbionte alienígena que la sociedad conoce como la normalizada ambición por el éxito y la celebridad. Tampoco la ambigüedad del héroe, ni sus problemas por contener el entusiasmo social por su figura, desatendiendo la relación que motiva sus actos. Un filme corrompido por la ínfulas de chocarrero espectáculo sin pulso, sin gracia, y lo que es peor, por la inconsecuencia para con sus elementos cardinales y con sus personajes. Da pena apreciar el declive con el que se mueve Peter Parker/Spider-Man, muy depauperado si lo equiparamos a las anteriores cintas, las cuales, sin entrar a valorar sus bondades o defectos, mantenían una coherencia perdida aquí por lo desatinado de una adaptación infame y poco menos que injuriosa.
Se echa de menos, por tanto, la mano de David Koepp, Michael Chabon, Alfred Gough o Alvin Sargent, guionistas de las dos películas precedentes que, en mayor o menor acierto, hicieron lo posible por no perder el sustento del espíritu épico y realista de entretenimiento que destilaban las páginas del cómic marveliano, con la aparente insignificancia de las acciones, el reflejo exacto de la personalidad de Parker o los diálogos ‘teenagers’ que determinaron las aventuras del joven superhéroe, acoplándolo de un modo intertextual a la historia de Spider-Man.
En palabras agrestes y ofensivas, tanto como la actitud de Raimi en esta olvidable tercera parte, ‘Spider-Man 3’ es “una puta mierda”, reproduciendo el comentario de un conocido aficionado a los cómics salmantino que salió, como parte de la platea, decepcionado e indignado con lo visto en la pantalla.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007