miércoles, 30 de mayo de 2007

Review 'Zodiac'

Quirúrgica y obsesiva demostración de talento
‘Zodiac’ es un riguroso trabajo que aborda con mirada microscópica a unos personajes llevados al extremo. Fincher prefiere acercarse a la obsesiva afectación de todos los implicados en el caso antes que decantarse por el ‘thriller’ de suspense.
Para David Fincher, ‘Se7en’ supuso la consecución de un éxito en varios aspectos; no sólo en la espléndida acogida que tuvo por parte de crítica y público, sino que, además, significó el afianzamiento de un estilo propio, sustentado en su portentosa y muy personal capacidad fílmica a medio camino entre la fascinación visual modernista, la narrativa clásica y el vibrante ejercicio de metodismo que logró modernizar las costumbres del cine negro y reinventar el ‘thriller’ psicológico, máxime cuando Jonathan Demme parecía haber establecido las bases renovadoras del género unos años antes con ‘El silencio de los corderos’.
Fincher concedió con ‘Se7ven’ una película impecable, donde la tensión visual y narrativa, de forma implícita, formulaban una subyacente reflexión de fondo en la que el desasosiego de una sociedad infectada por el miedo, cruel y umbría, tenebrosa y obsesiva, se enfrentada a la amenaza más cruel al que puede enfrentarse la sociedad: el propio ser humano. La personalidad de Fincher, desde entonces, bien sea en la hoy en día debilitada ‘The Game’, en la enardecida y magistral ‘Fight Club’ o en la menos apreciada pero interesante ‘Panic Room’, ha seguido fomentando aquel espíritu analista acerca de los miedos inherentes al hombre. Un director que ha conseguido despojar a su cine de excusas y coartadas propias de los géneros que ha abordado, haciéndose muy difícil cualquier consideración sobre sus oscuros valores sin prescindir de una incuestionable y particular sordidez.
El nuevo filme del cineasta ofrece una visión paralela a ‘Se7en’, sugiriendo de nuevo el mal como atracción por lo desconocido inscrito en la percepción de la cotidianidad y el sosiego pervertido, de nuevo, por el temor y los fantasmas exteriores. Con trazos de docudrama y una sistemática criminalista obsesiva y abrumante, ‘Zodiac’ bordea los límites de lo real para dejar a un lado la observación del asesino y centrarse en otra variedad de trastorno, la que provoca aquellas causas comunes de una asfixiante investigación policial, del metódico análisis de dos agentes y dos periodistas (magníficos Jake Gyllenhaal, Robert Downey Jr., Anthony Edwards y, sobre todo, Mark Ruffalo) inmersos en un caso en el que un sociópata aterrorizó a varios condados de California con una serie de asesinatos (sólo 5 de ellos confirmados, a pesar de que la leyenda hable de 37 homicidios), utilizando para ello peculiares criptogramas dirigidos a la prensa. Un hecho que le convirtió en uno de los asesinos en serie más mediáticos y populares de la historia negra de los Estados Unidos.
Es el tortuoso recorrido que Fincher propone, plasmando en imágenes el riguroso y detallista guión de un James Vanderbilt que basa su libreto en los libros de Robert Graysmith (protagonista real de los sucesos), un vehemente itinerario a la precisa reconstrucción de unos hechos forjados en imágenes con una absoluta y creíble aproximación a lo aconteció, a la épica de la investigación, al sinuoso viaje interior que experimentan los personajes.
Es ahí, en ése punto, en la obsesiva afectación de todos los implicados en el caso, donde inciden Fincher y Vanderbilt, antes que decantarse por el thriller de suspense. Como antítesis de ‘Se7en’, aquí la aureola sobrehumana y espiritual del asesino van mermando su interés, difundiendo su figura y enferma personalidad, en beneficio de la obstinación de aquellos que quieren encontrar la verdadera identidad de Zodiac, en una evolución investigativa que va diluyendo la verdad con la impenetrabilidad de un caso que se corrompe con la aparición de imitadores, de pistas falsas, de varias personas que, debido al alcance del acontecimiento, van asumiendo la misma identidad del célebre asesino. El misterioso Zodiac es llevado a los altares del ‘mainstream’ por culpa de los ‘mass media’, pues estamos ante el primer ‘psychokiller’ generado por la profusión mediática, un cazador humano con debilidad por el estrellato efímero, de contundente afán de reconocimiento y protagonismo. Pero para ello, Fincher, lejos de seguir los preceptos de la mecánica obsesiva que nutre cualquier guía genérica, licua todo protagonismo individual en la indeterminada burguesía de lo institucional.
Fincher compone de esta forma una categórica obra sobre profesionales que desempeñan su cometido hasta el límite, para plantear, más allá de su observación obsesiva de los personajes sobre los acontecimientos, que terminan por propagarse a los diversos registros expresivos del filme, una reflexión sobre la justicia que estipula la insolvencia de un régimen judicial negligente. ‘Zodiac’ es la demostración evolutiva de que Fincher radiografía como pocos, sin moralismos, enmudeciendo cualquier sermón final, una sociedad, bien sea la actual o la pretérita, que camina imparable hacia su autodestrucción. Estamos pues ante un trabajo quirúrgico, que aborda con mirada microscópica a sus personajes, sacando al exterior sus pesadillas interiores, de los que se pueden extraer una analogía establecida entre las coacciones y el miedo del pueblo ante Zodiac con la del paulatino desarrollo social implantado en las vidas de los americanos que vivieron aquellos turbios días.
David Fincher desarrolla una investigación lineal, dentro de una narración fragmentada, con saltos elípticos de fechas que simbolizan a la perfección las secuelas que va dejando en los protagonistas un caso irresoluble, sin requerir en exceso a los códigos habituales del ‘thriller’ actual. Es importante subrayar el cuidado con el que se emplea la materia con la que está confeccionando y asume la larga duración de la película, para evidenciar de este modo el paso de las dos décadas que pasan factura en los personajes y en la veracidad que va apuntando, paulatinamente, a uno u otro sospechoso. ‘Zodiac’ podría dividirse en dos partes; la cinta policial y periodística que persigue al asesino pertinazmente, hasta agotar las posibilidades y el ánimo de muchos involucrados que abandonaron el caso debido a la falta de coordinación de cuatro jurisdicciones policiales distintas supeditadas a la presunción de inocencia y una segunda parte, en la que se disecciona la obstinación enfermiza de un personaje por descifrar el misterio cuando ya carece de cualquier preeminencia mediática y popular. Ejecutando cada segmento con una precisa definición expositiva de detalles sobre los asesinatos, sobre sus derivaciones y sobre una figura a la que nunca vemos el rostro. Un enigma que, pese a tener posibles sospechosos, no encontró rostro para el criminal.
‘Zodiac’ funciona a varios niveles; como ‘thriller’ policiaco, como investigación periodistica con ecos del cine de género de los 70 y como retrato dramático de un hombre abocado a ceder ante la vulnerabilidad humana. Y todo gracias a una prodigiosa labor de dirección de un Fincher en estado de gracia, renunciando a cualquier atisbo de postmodernismo (ése que tanto se le reprochó en ‘Se7en’ o ‘Fight Club’), adaptando las situaciones y diálogos al realismo que evidencia la propensión a los planos estáticos, ajustándose a la contención estética y el vigor del montaje y sin apelar en ningún momento a la profusión de digresiones narrativas. Aquí no hay espacio para esos largos planos-secuencia digitalizados, ni para el ‘photogrammetry’. Fincher es consciente de ello y abandona su acostumbrada devoción por los cánones del ‘videoclip’ para demostrar una sujeción al clasicismo que ensalzan su perfecta definición de un objetivo visual que va en función de la acción argumentada.
Fincher es consecuente con la historia y sabe dotarla de la austeridad y sobriedad que atribuyeron gente como J. Pakula, Siegel, Friedkin o Lumet, entre otros; la narrativa se sustenta en la importancia del contexto social y en la veracidad de los espacios, el estilo visual, el tratamiento del entorno y la acción dentro de él, como un personaje más, que implica consideraciones que importan más que el ‘thriller’. Con esa recuperación de una época definida de forma tan escrupulosa y fiel, lo macabro subyace por debajo de la cotidianidad para descubrir, con perturbadora intensidad, el deterioro urbano, la crisis social, el miedo amenazante que va destruyendo la inocencia de los personajes, meros símbolos del creciente pesimismo cultural de la época de pesimismo tras la guerra de Vietnam, el origen del periodismo de masas, el final del sueño ‘hippie’ y los asesinatos de Charles Manson y, precisamente, la repercusión popular que tuvo Zodiac en la nación.
Un ejemplar trabajo que cuenta, curiosamente, con la excelente partitura de David Shire, compositor, entre otras, de ‘La conversación’, de Coppola, y ‘Todos los hombres del presidente’, de Alan J. Pakula, películas con las que ‘Zodiac’ tiene tanto en común. Fincher ha vuelto a dejar claro su condición de director con cualidades que exceden, con preeminencia aplastante, lo que se viene elogiando en el cine actual (entre los que él mismo podría incluirse), para ofrecer una obra de esas en las que el cine se ratifica en su condición de arte con esta demostración de suficiencia en la brillantez propia de un genio para narrar su historia con la misma precisión que unos archivos policiales. Una película, desde hoy, convertida en un clásico del cine moderno.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007