lunes, 12 de febrero de 2007

Apunte cinematográfico: 'Zwartboek (El libro Negro)'

Desde hace mucho tiempo se hablaba del regreso detrás de las cámaras de Paul Verhoeven tras su dilatado paso por el cine norteamericano, donde ha vivido los éxitos y sinsabores del cine comercial, de culto y de serie B. Su último filme ‘Zwartboek (El libro negro)’, es la testimonial repatriación de un cineasta definido como provocador, visceral, exhibicionista visual, idólatra de la violencia sangrienta y excesivo hasta la médula.
El cineasta holandés, con una carrera salpicada por el énfasis de la alteración genérica, siempre dispuesto a diversificar su estilo en películas inclasificables, por muy exitosas que hayan sido, vuelve con ‘El libro negro’ a sus orígenes, al trabajo con el guionista Gerald Soeteman (con el que firmó algunos de sus mejores trabajos; ‘Delicias turcas’, ‘Eric, oficial de la guerra’ o ‘Los señores del acero’), a la reciedumbre de un autor acostumbrado a retratar una sociedad polarizada, en un entorno histórico o actual, donde las clases sufren una mutación que corrompe la jerarquía social en tortuosos viajes teñidos de sangre y mugre.
La vuelta de Verhoeven al cine holandés, veinte años después, se centra en las tácticas de la Resistencia holandesa para neutralizar el avance de las tropas de Hitler, cuando los judíos eran traicionados y asesinados en el parque de Biesbosch. Para ello, ubica la narración en la sinuosa vida de una indómita mujer que se mueve por adulterados sentimientos de supervivencia y venganza. Se trata de un filme de una fuerza inexpugnable, rodado con una conseguida atmósfera clásica y sin una excesiva y artera preponderancia visual, saltándose a la torera cualquier tipo de conformidad moral establecida.
Verhoeven enarbola así las miserias de la guerra, de las traiciones y el espionaje con el cine bélico, que bebe de una historia de espionaje en un drama asfixiante, donde las víctimas llegan a un punto en que son incapaces de separar la victoria y la venganza. ‘El libro negro’ es la necesaria rotación de un director incombustible que vuelve con ímpetu al cine crítico e histórico, que no ha olvidado ironizar sobre los extremismos políticos que representan la invariable insensatez de los gobiernos a lo largo de la Historia.