jueves, 5 de julio de 2007

Review 'Ladrones'

Miradas rodabas
El debut de Jaime Marqués, pese a lo poco original de la trama, apuesta por el riesgo visual y apoya todo el peso del filme en la fisicidad y miradas de dos jóvenes actores que ofrecen su mejor talento.
‘Ladrones’, primera y reconocida película del debutante Jaime Marqués (Premio Especial del Jurado en el Festival de Cine Español de Málaga), tiene una cualidad que la hacen destacar por encima de las propuestas de cine español que suelen aparecer cada semana en nuestras salas, la misma que han fomentado esta temporada cineastas neófitos como Koldo Serra con ‘Bosque de Sombras’ o Rodrigo Cortés con ‘Concursante’. No es un filme que se acoja a lo acomodaticio, sabiendo eludir el facilismo para exponer con coherencia una fábula que, sin ser un alarde de originalidad, ni mucho menos, sí es coherente con el planteamiento estético que da entidad a esa historia vista en innumerables ocasiones; la del taciturno chico que vive al margen de la ley que enamora y se enamora de la niña de familia bien con ganas de aventuras y peligro.
Juan José Ballesta da vida a un joven recién salido del orfanato que está solo en este mundo, al que su madre le enseñó el oficio de carterista y abandonó cuando más la necesitaba. En el momento en que se propone encauzar su vida con un tímido intento de integrarse en la sociedad, conoce a una chica (María Valverde) acomodada en el bienestar de una familia pudiente con una atracción hacia el robo a pequeña escala. Un mundo que el chico conoce muy bien. Reiterando lo expuesto, no hay atisbo de novedad en esta propuesta narrada como relato aleccionador y vital de cierta inocencia a la hora de desplegar sus elementos narrativos y argumentales. De hecho, incurre en muchos de sus tramos (por no decir en toda la película) en cierta superficialidad con respecto a su exposición del elegante y pesimista cuento de carteristas, de maestro y alumna, hurtos, amores y búsquedas emocionales.
Pero Marqués sabe potenciar esa simpleza con la naturalidad con la acontecen los hechos, en un guión que denota inteligencia y templanza, sabiendo reforzar las complejas virtudes de la miscelánea de ‘thriller’, drama de búsqueda y tragedia amorosa. De ahí que los mundos opuestos en que se mueven los protagonistas, los implacables obstáculos sociales que les separan y el peligro, por necesidad y por entretenimiento, que les une, son saldados con brillantez sin caer en ningún momento en un contexto sensiblero, aunque sí exista algún problema de desatino inverosímil; como el interrogatorio, su encuentro sexual o ese forzado final circunscrito a la simetría circunferencial.
Con gran perspicacia, el cineasta focaliza todo el interés en estos dos personajes perdidos inmersos en una relación que sirva como evasión de una realidad que no les satisface y encuentran una efímera compresión y empatía en un mundo que se les ha vuelto pequeño. Tópica, pero especial historia de amor imposible, la historia no abandona un taciturno pesimismo, que desencadenará en el dramático final metafórico de la exoneración de aquellos recuerdos que hay que olvidar, situando al espectador en un presente sin futuro.
‘Ladrones’ destaca además por su estudiada estética, que vira hacia el manierismo visual de la elaborada fotografía de David Azcano, beneficiándose con profusión de algunos de los recursos expresivos cinematográficos sin comedimientos en la alteración de la fotografía, con diversos filtros de luz, imagen ralentizada, montaje impulsivo… Afín a la esteticista prominencia del mundo publicitario y del ‘videoclip’, Marqués confía así su apuesta visual en el riesgo. Y pese a que ello reste naturalismo a la propuesta, sale favorecido con esta construcción lumínica, alejada de lo que estamos acostumbrados a calificar como muy “actual” o rompedora.
‘Ladrones’ es una película preciosista, sí, pero consciente de que el recurso visual está al servicio de esos primeros planos cimentados en el expresivo juego de alegorías visuales y silencios, de miradas compartidas, donde la palabra apenas importa. La concisión y la sobriedad juegan un papel importante cuando la cámara se fija en los rostros de los personajes, que van componiendo sus roles a través de la expresión, de los gestos y miradas que dicen mucho más que sus frases. La fuerza del filme, en último término, se nutre de la complicidad de sus actores protagonistas, del ‘feeling’ corporal que transmiten, de esas miradas cómplices que encubren más que un delito, una seducción bilateral de sugestión recíproca y que encuentra el equilibrio de una gran dirección de dos actores irregulares que ofrecen su mejor cara como Ballesta y Valverde.
No es una película redonda, pero habrá que estar muy atento a las próximas propuestas de Marqués, que ha demostrado con esta fantástica y muy recomendable película una evidente preocupación no sólo por la narración de historias que no aburran (como viene siendo habitual dentro de nuestra cinematografía reciente) sino por la forma de expresar con un estilo preciso, aprovechando la retórica justa, sabiendo cuales son los objetivos y teniendo claro lo que se quiere.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007