lunes, 5 de noviembre de 2007

Review 'Promesas del este (Eastern Promises)', de David Cronenberg

La subcultura de la violencia
El último filme de Cronenberg es otra demostración de talento que pone de manifiesto su pericia a la hora de mostrar la consciencia del mundanal caos, más allá de alteraciones parasíticas, obsesiones sexuales o cine fantástico.
El cine de David Cronenberg se ha asentado, desde sus comienzos, en una particular concepción psíquica y aberrante de todos los elementos que desfilan por la pantalla. El realizador canadiense ha procurado, a lo largo de su intachable bagaje cinematográfico, indagar acerca de los miedos y pensamientos del hombre contemporáneo, a veces, inmerso en un mundo enfermizo que se ha materializado en monstruos físicos e imaginarios de todo tipo, para descubrir en su desenlace, que sus personajes son la larva supurosa de sus propias turbaciones, el desencadenante de la epopeya humana casi siempre violenta que ha fraguado su filmografía.
Si en ‘Una historia de violencia’, su penúltima y rotunda obra, Cronenberg narraba con todo lujo de detalles la gradual metamorfosis a la que conlleva la conducta violenta escondida en la normalidad, sin desatender la difusión de elementos cardinales y reconocibles dentro del corpus de su obra, en esta magnífica ‘Promesas del Este’, el genio de la enfermedad cinematográfica adapta a imagen el libreto de Steve Knight sobre la introducción accidental de una traumatizada e inocente comadrona que se inmiscuye sin querer en el sórdido mundo de prostíbulos, traiciones y asesinatos de la mafia rusa surgida del frío postsoviético.
A través del diario de una adolescente rusa que muere en el paritorio dando a luz a un bebé sin mucho futuro, la peligrosa hermandad Vory V Zakone se revelará como un submundo de violencia y hostilidad, donde Nikolai, el chofer de una de las familias de la mafia rusa, será el único elemento de intercesión en un escenario tan salvaje como es el irreconocible Londres mostrado por Cronenberg, de una frialdad incontenible, donde se propaga el entramado mafioso y sus inclementes códigos de honor, infidelidades familiares y felonías varias.
Cronenberg demuestra por enésima vez que sabe construir de forma admirable su narrativa personal, con un abrumante manejo de la puesta en escena, desde una visión donde no importa tanto la apariencia de lo establecido, sino el testimonio gradual del azoramiento que engendra lo más recóndito del ser humano, con un metodismo enérgico y de tensión subyugante. ‘Promesas del Este’ es una drama donde cada acto truculento, cada movimiento de sus personajes, por muy sorpresivo que éste sea, se muestra como algo ordinario en un cosmos de insensibilidad normalizada, sin enfatizar en sus imágenes más espeluznantes para que el interés del espectador no se despegue ni un sólo segundo de la pantalla apuntalado a la butaca.
Lo que importa aquí es el sobresaliente valor estético del retrato. Para ello, el cineasta cuenta con la magnitud de unos personajes igual de complejos que ambiguos, que van marcando la historia con su proceder psicológico y sentimental, con sutileza y miradas, con los actos violentos y reflexivos mostrados con la habitual agresividad visceral del autor, consolidando así ese orbe gris y claustrofóbico en una fábula de desafecto, muerte y nacimiento.
Más cercano al cine ‘noir’ que al ‘thriller’ o al modernizado cine negro de nuevo cuño, Cronenberg consigue no perderse a sí mismo ni a su submundo de perturbadora violencia, gracias a la citada ambigüedad con la que va tejiendo cada una de las líneas narrativas o cada imagen, reinventando el camino de la realidad radical que recorre cada rol, en su búsqueda de la degradación moral y psíquica de la familia, como lo hizo en ‘Una historia de violencia’, pero ésta vez radiografiando a una estirpe mafiosa presentada con coherencia en el desarrollo de la sociedad y su pasado, con las convicciones que conllevan, de nuevo, a la insondable fisiología de la brutalidad inherente al ser humano y sus diferentes representaciones, al carcoma que absorbe por completo y cambia para siempre a aquel que tiene que vivir con ello a diario (como el personaje de Nikolai), y que son descritas, como no podía ser de otro modo en Cronenberg, sin rehusar a su explicitud. Un acercamiento que recuerda, por su representación visual, a la grafía genérica del autor, a esa concisión ejemplar de la que Cronenberg nunca se ha apartado.
Perverso cuento de Navidad contado como tragedia griega actual, ‘Promesas del Este’ es la autentificación del genio de un talento inabordable y transgresor, capaz de reflejar la consciencia del mundanal caos más allá de alteraciones parasíticas, obsesiones sexuales o cine fantástico de reincidente condición que remite a la denominada ‘Nueva Carne’, porque sigue pervirtiendo la abyección psicológica que gira en torno a la identidad constituida a partir del ámbito claustrofóbico de ese otro ‘yo’ localizado en la interioridad subjetiva, como la de Nikolai y su dominante relación con la mafia, con cada tatuaje que simboliza cada herida que ha ido curtiendo a un personaje sin entrañas. Un papel interpretado por el excepcional Viggo Mortensen, que se interioriza en las relaciones de poder casi místicas hasta alcanzar un universo de depredación y chantaje, en un absorbente espacio londinense sin entidad identificable del que es imposible salir y que remite a la corrupción humana.
Un filme que encadena el frío estertor de la muerte con las relaciones humanas de carencias afectivas, de indignidad familiar y de supervivencia, como ostenta esa brutal escena del baño turco de dolor y desnudez. ‘Promesas del Este’ es otra historia de violencia, de ambientes malsanos, de sordidez, que incluso se permite la concesión a un ‘happy end’ que puede descolocar por lo dulcificado del mismo, frente a la dureza con la que ha ido desarrollándose una película tan salvaje como sinuosa, en la que los espacios de anarquía moral dinamita la misericordia, pero con un pequeño recoveco para el nacimiento a la esperanza. No todo está perdido y hay espacio para redimir el mal, en todas sus concepciones. Cronenberg ha creado una de sus mejores películas. Y en una filmografía salpicada de obras maestras, esta afirmación deja claro ante qué tipo de cine nos encontramos.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007