miércoles, 15 de noviembre de 2006

'Edmond': Insufrible telefilme

Ayer, por casualidades de la vida, me topé para mi desagracia con el telefilme ‘Edmond’, la sorpresiva unión de Stuart Gordon (cineasta de culto de filmes como ‘Re-Animator’), ejerciendo de director y el desequilibrante (y a veces genial) David Mamet como guionista. ‘Edmond’ es un coñazo de película; estrambótica, desquiciada, irracional y exasperante. Así, de entrada. Se supone que explora la sociopatía de un hombre que acaba de dejar a su mujer (en un arranque que es lo más destacado de esta inclasificable cinta) y que, siguiendo con libertad y licencias de todo tipo el modelo de Stevenson de la dualidad humana y la ambivalente moralidad de la psique, pervierte su actitud reservada y rácana de clase media a la de un ‘pyschokiller’ en potencia capaz de aniquilar a quien se le ponga por delante. Escueta síntesis que evidencia una insipida historia que no logra transmitir nada en absoluto.
William H. Macy da vida a Edmond Burke, un intérprete que simboliza a la perfección ese hombre tímido, cobarde, retraído y perdedor que no ha conseguido nada en la vida. De hecho, Macy interpreta el mismo rol que ya ha marcado su carrera como en ‘Magnolia’, ‘Fargo’, ‘The Cooler’…). Su personaje, sombrío y suspicaz, es aficionado a los oráculos proféticos que, cansado de su vida, deja a su mujer para lanzarse a la lujuria de una noche loca.
El filme arranca como una comedia negra donde este fulano, que es además tacaño y mezquino, pretende pagar una ínfima cantidad de dinero por follarse a alguna que otra prostituta (personificadas en los conocidos rostros de Denise Richards, Mena Suvari, Debi Mazar y la asiática Ling Bai), Sin mucha fortuna, se topa con un proxeneta negro que le otorga una inhibición en forma de asesinato, de liberación anímica y mística extendida a un encuentro sexual con una camarera interpretada por Julia Stiles, a la que, en otro ataque de alucinación sociopática, rebana el cuello sin ningún pudor. A partir de ahí, el filme de Gordon se convierte en un catálogo de estupideces que va forjando el aburrimiento al que somete al espectador, para acabar con la redención catártica dentro de prisión de un personaje abyecto y superficial.
Cinta de bajo presupuesto, telefilme sin enjundia, sin entidad ni interés, explora sin mucho acierto las motivaciones de un hombre a punto de detonar su furia violentamente, con trasfondo de racismo moral y físico, acerca de la castración que provoca la monotonía y de lo retrógrado del conservadurismo y la hipocresía, pero sin llegar a un argumento lo suficientemente consistente como para que el espectador se crea en algún instante lo que se está viendo en pantalla.
La laxa ontología, barata y execrable, servida por Mamet en este filme, convierte a ‘Edmond’ en un subproducto infame, sin contextos ni sentido, donde nada funciona y todo es objetable. Una reunión de colegueo cinematográfico entre Mamet y Gordon donde no podía faltar la mujer del primero, Rebecca Pidgeon, o el actor Joe Mantegna ni el actor fetiche del segundo, Jeffrey Combs.
Lo mejor, que dura 82 minutos.
Avisados quedáis.