viernes, 16 de febrero de 2007

Review 'The Backwoods (Bosque de Sombras)'

Incomunicación y violencia rural
‘The Backwoods’ es un impecable fresco a modo de intencional e ilustrativo ‘western’ de tintes crepusculares que supone una lección de cómo la incomunicación genera una incontrolable violencia.
AVISO: Esta crítica contiene información que desentraña momentos muy importantes dentro del filme. Así que se recomienda leer después de ver la película (por supuesto, en cine).
De todos es sabido que el cine español no anda muy sobrado de talentos ni de títulos lo suficientemente interesantes que hagan paliar la posición rácana y a veces esperpéntica en la que muchas veces la cinematografía patria incurre con películas de sonrojante mediocridad. Por eso, cuando aparecen películas como ‘The Backwoods (Bosque de Sombras)’, debut en la realización del premiado cortometrajista Koldo Serra, la esperanza de futuro parece reverdecer su sentido, aportando un ilusionante albor de calidad dentro del fétido túnel en que se ha convertido el cine español que tiene una generación de sabia nueva destinada a recolocarlo en un posición mucha más digna que en la que se encuentra sumida.
Y es que ‘The backwoods’ expele un talento reconocible y admirable por parte de su joven cineasta, que ha demostrado con esta primera muestra de su trabajo en el largometraje que sabe narrar historias de una forma convincente, con arrojo y riesgo, con una aguda capacidad técnica que va mucho más allá del gusto o no por esta historia ubicada en un caluroso verano de 1978, donde un matrimonio sumido en una crisis conyugal se adentra, buscando un respiro vacacional junto a una pareja amiga, en la espesura de un bosque donde tropezarán con la descortesía de los que allí habitan, encontrando un brutal enfrentamiento al descubrir el terrible secreto que éstos ocultan.
En esta opera prima es ineludible hacer mención de películas a las que Serra ha acudido conscientemente para sustraer la materia prima con la tejer su particular historia; ‘Perros de paja’, de Peckinpah, ‘Deliverance’, de Boorman, el cine de Sergio Leone, ‘La Caza’, de Saura, ‘Furtivos’, de Borau o el entorno paisajístico de ‘La fuga de Segovia’, de Uribe o ‘Tasio’, de Armendáriz. La historia de ‘The Backwoods’, en este caso, es una fábula universal, vista en otras muchas ocasiones, pero desde una nueva perspectiva; la de un diestro autor que aborda su historia sin miedo, sabiendo de lo complejo de la aventura, invitando al espectador a sumergirse sin preámbulos en esta fatídica historia sobre incomprensión e incomunicación, donde la alienación interna va deshumanizando a los personajes, encerrados en una ergástula metafórica como es el espacio abierto y natural de un bosque, un lugar que pone en cautividad sentimientos, secretos, odios y envidias.
Serra deja claro que sabe jugar sus cartas, crear ese ambiente opresivo llevado a la alta montaña. Ya en su inicio planeta esa diatriba matrimonial donde las miradas atraviesan, donde el rencor y el recuerdo de un hecho terrible destruyen el afecto. Serra encadena rápidamente su historia con una táctica que consiste en que los roles protagonistas rompan cualquier empatía con el espectador, guardándose la adjudicación del respeto y la afinidad para más adelante, cuando se descubra que no hay ni buenos ni malos, sino pobres diablos a los que el cansancio y el resentimiento ha hecho mella. Un cansancio asumido por todos sus personajes; en una relación acabada, en un secreto que esconder, en una derrota aceptada, en una muerte anunciada…
‘The Backwoods’ se empapa así del sentido del ‘western’ crepuscular, habitado por hombres sin tierra, familias adulteradas o defectos malsanos ocultos y menospreciados que se contraponen con esa vuelta a los ancestros de Paul, en este caso, al arcano lugar de origen donde uno se siente (y es) extranjero. Una historia de desterrados, de gente solitaria avocada al desarraigo. Personajes, en definitiva, hundidos antes de vivir su historia, como en las grandes tragedias clásicas. En ese orbe malsano, se encuentra la clave del filme, imperando constantemente en su discurso la confrontación de culturas, la eterna dicotomía entre los extranjeros llegados de la ciudad y las costumbres de los agrestes provincianos de campo, del progreso enfrentado a la tradición, que encuentra aquí una visceral expresión de choque, que lleva, consecuentemente, a aflorar de forma implacable la verdadera naturaleza del ser humano, destructiva y violenta, vengativa y sórdida.
La violencia, tan importante en las citadas películas de las que Koldo Serra ha tomado su trasfondo, emerge aquí en su extraña circunstancia de adulteración de la paz paisajística por una hostilidad latente que va ‘in crescendo’ hacia el clímax final, hacia un duelo bajo la lluvia que ha arrastrado víctimas de los errores humanos, de la misma manera en que Gordon M. Williams iba acrecentando el odio insostenible e imparcial de la trama en la novela ‘The Siege of Trencher’s Farm’, aludiendo a la popular frase hispánica en boca de Paco “pagan justos por pecadores”. Las acciones y mentiras obsesivas terminan por deformar la realidad, cristalizando la violencia generada por la venganza, el placer de autosuperación o el simple instinto de superviviencia. Todo ello en un contexto viciado por la ausencia de ley, que invita a reflexionar sobre el comportamiento moral y ético del ser humano.
Para Serra prima más el concepto de la derrota causada por la incomunicación y el fracaso que las propias motivaciones que llevan a los personajes a actuar de la manera en que lo hacen. Simplemente son perdedores frustrados, seres carcomidos por el miedo y la cobardía, por la poquedad moral con la que actúan, gentes que representan óbito de las relaciones humanas. ‘The Backwoods’ es, ante todo, un ‘western’ que bebe de las convenciones y recursos narrativos del género, desmitificando sus códigos a través de su atmósfera rural, de sus cánones temporales, de ese trasfondo de la España Profunda que sigue inmutable en el tiempo. Unas convenciones que confluyen en una mirada innovadora y firme, que sabe ensamblar todos sus elementos con una consistencia que supera, con mucho, el mero ejercicio de sincretismo especulativo. Un drama fronterizo e inaccesible, donde, a la hora de trazar sus retratos, Koldo Serra no ahorra los rasgos menos favorables de los personajes, bien sean principales como, sobre todo, secundarios. Lo que confiere a la acción esa condición de insalubre realidad contaminada por los defectos humanos.
A pesar de los lógicos errores de una ‘opera prima’, aquí apenas imperceptibles dada la perfecta orquestación de imágenes que exhiben el innegable talento narrativo de su autor, esta primera película representa un redaño de creación libre, que lleva consigo un sentimiento constante de escepticismo por lo narrado, enfriando hasta lo gélido los instantes de suspense (el momento de encuentro de Nerea, el intento de violación de Lechón a Lucy, la rendición de Paul ente la fría mirada de Paco, arrodillándose para ser ejecutado o el duelo final de miradas bajo la amenaza de una escopeta apuntando sendas cabezas de los rivales…), siguiendo siempre una digresión entre la creciente intensidad y la lenta progresión que desemboca en la tortuosa incursión hacia la alteridad violenta de un filme sobresaliente.
A pesar de presentarse como un ‘thriller’ y ser, en su fondo, un ‘western’, ‘The Backwoods’ conlleva en su celuloide una actitud voluntariamente lenta, a veces sofocante, cuya densidad es utilizada como metáfora de ese bosque palpitante, donde la violencia se sentirá mucho más intensamente por la calma que va incrementando la sensación de soledad y ahogo de los bosques. Con un tono seco, sobrio y con un tipo de ritmo (a veces desigual), el montaje utilizado por Serra prescinde de una función demostrativa dentro de la acción, porque para él lo importante, dentro del gran oficio demostrado por el joven autor, es conferir a la historia el ritmo necesario, tenue y apagado, que va parejo a la más que notable utilización del sonido, que aporta a ‘The Backwoods’ uno de sus más destacados logros dentro del conjunto de un filme en el que no hay que olvidar la lección fotográfica que vuelve a dar un inspirado Unax Mendía.
Por supuesto, no hay que olvidar la virtuosa destreza con la que Koldo Serra ha mimado la interpretación de los actores dentro de su presentación en el mundo del largo, pues absolutamente todo el ‘casting’ está estupendo; desde las sendas clases magistrales que dan Lluís Homar (hay que incidir en lo impresionante del actor catalán) y el resolutivo Gary Oldman, la frialdad antipática de la dulce Virginie Ledoyen, pasando por la corrección de Paddy Considine y Aitana Sánchez-Gijón hasta llegar a los secundarios que, gracias a lo granado de un guión con algún que otro contrapeso, importan tanto o más que los propios protagonistas. Por eso Jon Ariño, Kandido Uranga, Andrés Gertrudix, Yaiza Esteve, Álex Angulo y el entrañable cameo de Patxi Bisquert resultan inolvidables una vez vista esta película que supone otra muestra de que el riesgo, bien jugado, puede saldarse con una victoria.
‘The Backwoods’ es un impecable fresco a modo de intencional e ilustrativo ‘western’ de tintes crepusculares que supone una lección de violencia, rencores y cobardía, de quebradizas relaciones afectivas y de explosiva introspección al lado oscuro del ser humano. Un tortuoso y hábil periplo hacia el concepto de la derrota causada por la negación y el arrepentimiento, donde las miradas o los gestos son tan destructivas como las armas que provocan la muerte.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007