jueves, 4 de octubre de 2007

Review 'Disturbia'

Sugestiva y entretenida miscelánea
J.D. Caruso opera con eficacia en una historia que sabe formular una sugerente mezcla de géneros donde prepondera el cine juvenil, la acción y el ‘thriller’
Ya desde su comienzo, ‘Disturbia’ es una agradable sorpresa, una película que, sin desistir de las imposiciones del cine adolescente, opera dentro un argumento con cierto interés que arranca con la explicitud de la muerte de su padre, que transforman a Kale en un misántropo contestatario y violento hasta el punto de que un Tribunal decreta su arresto domiciliario con una pulsera GPS en el tobillo. La inapetencia y el hastío sólo parecen paliarse con un hobbie: espiar a la vecindad, donde encuentra a una hermosa adolescente de la que se enamora. Además, en ése juego de fisgoneo juvenil, uno de sus vecinos parece encajar con la descripción de un asesino en serie.
Si Alfred Hitchcock tomó el guión de John Michael Hayes, adaptando el relato corto de Cornel Woodrich, para recrear su obsesión vouyerística para contribuir así con una ofrenda al mismo espectador, también mirón coercitivo del juego del genio británico como diversión intencional de vigilia vecinal en la que la cotidianidad, los problemas de pareja o el aislamiento de una comunidad se fusionaban con la sospecha criminal, en ‘Disturbia’, J.D. Caruso y sus guionistas Christopher B. Landon y Carl Ellsworth, reactualizan los preceptos ‘hitchcockianos’ para reformular lo que empieza siendo un drama adolescente de rebeldía y frustración, llevándolo a un entorno de comedia ‘teenager’ con ensimismamiento juvenil por una diosa femenina (Sarah Roemer) hasta emerger el ‘thriller’ del que bebe, donde la curiosidad indiscreta, la acción y la tensión generan las diversas categorías de admisión sobre la entrometida suspicacia del supuesto vecino asesino que juegan el papel fundamental de una película que aboga por el simple pasatiempo antes que por la grave afectación genérica.
Por supuesto, en el camino queda el catálogo de personalidades de los vecinos colindantes a este sospechoso, dejando unos breves matices sobre los que se pasa de puntillas, porque lo que aquí interesa realmente no es darle profundidad a la trama, sino aportar la diligencia adecuada para que todo se desarrolle con la energía suficiente; desde que el único objetivo de la morbosa contemplación sea la sugerente vecina, que acaba intimando con el joven protagonista, la gratuidad de muchas de las secuencias de tensión, hasta llegar a la facilidad con la que llegan a conclusión de que su vecino es, en realidad, un temible sociópata y solventa ‘Disturbia’ como una película de terror adolescente al uso, sin salirse del itinerario genérico determinado por el mercado hollywoodiense, en un progresivo e inteligente cambio de registros que evolucionan de la comedia y el juego inconsciente de los jóvenes a la mórbida obsesión por el peligro y la acción.
Cierto es que existe un propósito emocional en el vínculo de los personajes con el mundo que les rodea, en la incomunicación que ha creado en ellos la modernidad tecnológica (no faltan móviles de última generación, X-Box Live!, iTunes, portátiles Mac…), haciendo de ellos curiosos observadores de los problemas ajenos. ‘Disturbia’ es al cine actual lo que a la comida un menú ‘fast food’ ligero, que no aturde ni incomoda, realzando sus logros en la poca pretensión que hay en sus designios o aspiraciones basadas en un público adolescente y juvenil con ganas de pasar un buen rato.
J.D. Caruso se ciñe a los cánones típicos de la miscelánea que reproduce; algunas gotas de drama juvenil contrarrestado con comedia de corte ‘teenager’, rítmico ‘thriller’ y acción bien definida que, en su último tramo, va perdiendo fuerza con su importuna reincidencia en los errores del terror posmoderno, descompensando el equilibrio sobre el que se sustenta esta animada muestra de obra con ánimo de eventual filme ‘mainstream’ para todas las edades. Funcional, en ocasiones derivativa, trivial, pero con adictiva tensión, ‘Disturbia’ es una muestra de compostura con el cine juvenil, con los géneros que aborda, donde la actualización y la contemporaneidad con la que esgrime sus elementos morales y sociales la alejan del fácil término ‘remake’ falsificado que se le ha impuesto, puesto que el filme de Caruso no aspira a reflexionar sobre el ‘vouyerismo’ como defensa de la propia personalidad como lo hizo Hitchcock, sino que sabe medir sus límites en esa introversión al mundo juvenil, alejado de la realidad e inmerso en el ‘know-how’ tecnológico.
Si a eso, se incorpora la conseguida disposición hacia los ambientes cotidianos transformados en claustrófibicos, la agilidad y la tensión necesaria para explorar ese personaje magníficamente interpretado por un carismático Shia LaBeouf, anegado en una accidental situación que se mete de lleno en una trama que le supera, tenemos una película mucho más entretenida que perturbadora, que no concede tregua al aburrimiento, que no es tramposa ni aspira a deslumbrar a nadie, sin sorpresas de última hora o muchas más ínfulas más que las de hacer pasar 90 minutos de complaciente cine juvenil.