viernes, 17 de agosto de 2007

Review 'Planet Terror'

Excepcional y autoparódico exceso
Robert Rodriguez ha creado un filme de culto basado en la ofrenda, el absurdo y la ironía 'splatter' en un plausible ejercicio de escapsimo tan brillante como enloquecido.
‘Grindhouse’ era, en principio, la última gamberrada de terror dirigida por Robert Rodriguez y Quentin Tarantino estrenada el pasado 6 de abril en Estados Unidos. La jugada era simple; el filme se dividía en dos partes tituladas ‘Planet Terror’ y ‘Death Proof’, dirigidas por Rodriguez y Tarantino, respectivamente. Esta nueva aventura cinematográfica de dos de los más irreverentes y geniales cineastas de Hollywood no era más que un manifiesto homenaje a las películas de la década de los 70's, pertenecientes al género denominado ‘grindhouse’, que viene a rescatar aquellas películas de serie Z que basaban su éxito en el terror, el ‘splatter’, los vehículos o las chicas ligeras de ropa y que casi siempre se proyectaban en sesiones dobles y en pésimas condiciones, caracterizando un subgénero cinematográfico olvidado y olvidable, pero que, gracias al énfasis de ambos por resucitar viejos modelos fílmicos, llega a España y al resto de Europa con la controvertida disección del curioso díptico.
El estreno en Europa de ‘Grindhouse’, por tanto, se produce fragmentado en sus dos piezas, destrozando así con la lógica del producto y con su frase comercial más sugerente: “Two great movies for the price of one”. Algo alarmante, que ni los millones de fans de los directores de ‘Abierto hasta el Amanecer’ ni el espectador con un poco de consideración por el cine de culto llega a entender. La razón expuesta por sus productores es bien sencilla; en el estreno americano, estos ‘bad boys’ de la industria fueron víctimas de su propio baño de sangre en la taquilla norteamericana para ver cómo este extraño y original proyecto fracasaba estrepitosamente.
‘Planet Terror’ es la primera pieza que se estrena desunida del ‘Death Proof’ de Tarantino, perdiendo así varios de los ‘spots’ y trailers proyectados entre ambas. No obstante, esta primera película servida por Rodríguez comienza con un fake tráiler de ‘Machete’, un avance de una película que no existe (aunque se asegura que se rodará para el mercado de DVD como indicio de la actitud disoluta por rodar del director de 'El mariachi'). La introducción parte con los sugerentes créditos sobreimpresionados sobre el cuerpo de una curvilínea Rose McGowan que se monta un fabuloso numerito de baile de ‘night club’ evocando, indefectiblemente, a la Santanico Pandemonium de ‘Abierto hasta el amanecer’, personaje al que dio vida Salma Hayek. Tras una prosaica presentación de esta chica de barra americana, Cherry Darling, y advertir su insatisfecha labor profesional, la historia pone inmediatamente las cartas sobre la mesa cuando irrumpen unos soldados americanos en negociaciones con un científico mercenario para el intercambio del antídoto contra un gas químico que les mantiene vivos pero que, sarcásticamente, empieza a levantar a los muertos de sus tumbas.
A partir de ése momento, la cosa se descontrola; Bruce Willis da rienda suelta a su ironía más ruda en su papel del cínico Teniente Ludoon, el televisivo Naveen Andrews se regocija con su cazarecompensas que colecciona los testículos de sus enemigos en una bolsa de plástico para que, a partir de entonces, las historias se entremezclen y los sucesos y motivaciones de los personajes alcanzan niveles de refocilante absurdo. ‘Planet Terror’ se manifiesta desde su primer minuto como una gamberrada, un ejercicio de escapismo irreverente, a priori mostrenca y alejada de las convencionalidades modernas, con un plausible tono autoparódico que llega hasta el paroxismo del despropósito sin complejos, que Rodriguez utiliza honestamente en su brillante composición de violencia, ironía, humor, zombies y perversidad bizarra.
Un filme en el que lo primigenio es el humor y el divertimento sin cuartel. Por eso, en ésa hilaridad y violencia gratuita es donde encuentra su condición de entretenimiento de primer nivel. Rodríguez sabe maniobrar con las miserias de su particular mezcla de géneros, reconvirtiéndolas en un indomable y desmesurado exceso que termina sacando a la luz la vena más iconoclasta de un filme que ha alcanzado la instantánea definición “de culto” desde el momento que se estrenó. Por si fuera poco, el cineasta de raíces mexicanas sabe subjetivizar el furibundo terremoto de delirio descontrolado para dejar la impronta épica de una galería de personajes movidos por pretéritos romances, disertaciones sobre una salsa barbacoa, infidelidades y temores maritales, viejas rencillas, inconsecuente adicción por la destrucción y ese cliché necesario en el homenaje filmico que recurre a la supervivencia egoísta de todos ellos.
Pensada por y para el homenaje, ‘Planet Terror’ se define por su paranoica naturaleza de genialidad inagotable, capaz de descargar los impulsos cinéfagos de un director nacido para filmar como es Rodríguez, que sabe priorizar el entretenimiento enclavado en la truculencia y macabro sarcasmo (la protagonista con una ametralladora incrustada en su pierna recién amputada, los ‘gags’ a costa del torpe ayudante del sheriff del condado interpretado por Tom Savini, la desgraciada acción en la que una madre deja una pistola a un niño que, al instante, se vuela la tapa de los sesos accidentalemente…) con una brutal coherencia con el material que maneja, sin perder de vista la honestidad y el romanticismo nostálgico que estructura la película.
Acerca al puro nervio fílmico, dejando cualquier formalismo estético para obras de mayor envergadura comercial como ‘Sin City’, y abogando en todo momento por la imagen en movimiento, por el nervio arquetípico de la serie B, Rodríguez provoca con inspiración y picardía al espectador, buscando en todo momento la complicidad de éste, reconvertido en ‘gorehound’ sin escrúpulos, para embestir con furia y corrosivo humor contra la sintaxis y lenguaje cinematográfico del cine de género, en un explosivo cóctel de referencias infraculturales que van desde el género al que ofrenda, el ‘grindhouse’ de serie Z, las ‘double features’ con sangre, erotismo light y terror salpicado de vísceras hasta la memoria que despierta el clasicismo de referentes genéricos como George A. Romero, Wes Craven, John Carpenter o la vena italiana de Luccio Fulci, Bruno Mattei o Humberto Lenzi.
Para ello, Rodríguez no duda en utilizar todos los vicios e imperfecciones estéticas con el objetivo de mitificar su obra con la utilización de una fotografía quemada, con continuos ‘scratches’ de negativo, desenfoques, saturación de colores, sonido alterado, bozos que ensucian la imagen en un intencionado efecto de mala calidad… y esa delirante secuencia de sexo cercenada por una supuesta pérdida de una bobina que devuelve a la historia muy avanzada narrativamente, con la historia patas arriba sin ninguna explicación. Un golpe de efecto que aporta al conjunto otro dispositivo de diversión más, de vandalismo fílmico en conjunción con sus demás plétoras licenciosas.
‘Planet Terror’ es un producto tan habilidoso como emocionant,e que confiere a su particular irracionalidad una forma de vida donde el ‘splatter’ de ímpetu pretendidamente irreverente aprovecha el ‘exploit’ y todos los clichés del género para fomentarlos y desquiciarlos. Así, en una lograda atmósfera enrarecida y deudora de los clásicos de los 70, Rodríguez no duda en asentarse en la gratuidad de muchos de sus elementos; como la delirante persecución del héroe en una minimoto mientras masacra zombies o la sutil profundización en el recurrente sueño de la bailarina de la pierna amputada que quiere dedicarse al ‘stand up comedy’. Incluso no se priva de conseguir la repugnancia del público mostrando esa polla ‘tarantiniana’ descomponiéndose o una horda de zombies segmentados por las aspas de un helicóptero que concluye con un demencial ‘happy end’ de venenosa misticidad que afianza todos los propósitos extremos y enloquecidos de un filme creado para el divertimento sin límites.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007