jueves, 31 de diciembre de 2009

Resumen Abismal del 2009 Cinematográfico

TOP TEN 2009
10. ‘El curioso caso de Benjamin Button (The Curious Case of Benjamin Button)’, de David Fincher.
‘El curioso caso de Benjamin Button’ gira en torno a una curiosa reflexión sobre el paso del tiempo, sobre la vejez y la juventud, las segundas oportunidades o el amor y la muerte, articulada en un mismo camino de cierto pesimismo. David Fincher y Eric Roth llevan el filme hacia unos cuestionamientos en los que se delibera sobre los códigos morales de la inexorabilidad del tiempo, ya sea hacia delante o en sentido contrario. ‘El curioso caso de Benjamin Button’ juega en un mundo irreal que se nutre de un personaje que tiene una forma distinta avanzar hacia el futuro, sugiriendo un radical ejemplo de heterogeneidad en las personas, la misma que hace a la gente especial. Se plantea con ello una fábula que concierne a la superación de barreras, a las ganas de vivir, incluso cuando la muerte rodea al insólito personaje en todo momento.
La película es una abrumadora muestra de riqueza compositiva, de virtuosismo deslumbrante, de miscelánea de realidad y ficción que evidencia el conocimiento de las posibilidades del medio cinematográfico por parte de este autor. Puede que sea su filme más academicista, más cómodo y más rectilíneo en cuanto a narración, pero resplandece como una obra consciente de su grandeza y sutil en su ejecución.
9. ‘Río helado (Frozen river)’, de Courtney Hunt.
Los parajes helados de esta gran obra regresan a esa alegoría de la aridez humana dentro de la América profunda en otra muestra magistral de desolación más absoluta a través de una cruda historia de contrabando de inmigrantes de Canadá a Estados Unidos, ubicada en el río Saint Lawrence, que une y enfrenta a dos mujeres y madres desesperadas. Un drama de perdición humana y pesimismo, de una solidez y una dureza aplastantes. La desolación y la violencia que rodea a los personajes, su miseria humana, se van acogiendo a los parámetros del ‘thriller’ en un guión de sólidos cimientos, donde la oratoria se desbarata ante las miradas y los silencios, ante la transición lógica de los acontecimientos.
Courtney Hunt crea con ‘Frozen River’ una pieza de artesanía independiente, donde el oficio (a pesar de tratarse de una ópera prima) y su carácter autoral está despojado de etiquetas o falsas ambiciones. Es un retrato de aquellos desheredados que, lejos de cumplir cualquier sueño, aspiran a sobrevivir en un mundo de sufrimiento y desconfianza. Dos personajes que evolucionan hacia el entendimiento, hacia la comprensión mutua y hacia una amistad forjada por compartir los golpes de la vida. Sin duda alguna, lo mejor del filme de Hunt es esa actriz de rostro ajado llamada Melissa Leo, que ofrece una memorable lección interpretativa en el equilibrio de dureza y fragilidad de un personaje irrepetible.
8. ‘Celda 211’, de Daniel Monzón.
Siendo, de lejos, la mejor película española de este 2009, ‘Celda 211’ recrea con impulso y vehemencia la esencia del ‘thriller’, que se nutre de la acción por todos sus costados, sin renunciar a su compromiso con la historia y el género en ningún momento. Su violencia expositiva se manifiesta desde su primer fotograma, con gran crudeza, despojada de cualquier tipo de efectismo a lo largo de su desarrollo. Una violencia que no es purgada con comedimientos estéticos, que supura un realismo que obliga al espectador a una disposición aceptada ante la crudeza de sus imágenes.
En ‘Celda 211’ la acción se superpone al verbo, los personajes están medidos, perfectamente definidos en intenciones y templanza, equilibrados en su retrato a la hora de llevarlos al límite, con diálogos excepcionales que dejan espacio al humor y al drama, sin perder de vista su continuidad de película de acción. La propuesta de Daniel Monzón golpea con fuerza en la retina del espectador, sobrecogiendo y conmoviendo sin aparente dificultad. Y lo que es mejor, lo hace solidificando un ‘thriller’ como la copa de un pino. ‘Celda 211’ reivindica con notables argumentos la valía no sólo de un director que ha logrado su mejor y más aplaudida película, sino el testimonio tangible de una nueva vía de escape al ostracismo temático del cine español.
7. ‘La duda (Doubt)’, de John Patrick Shanley.
‘La duda’ no es un filme de denuncia que aproveche la coyuntura para sacar a la luz los abusos e hipocresía de la Iglesia Católica ante un tema tan espinoso y polémico como es la probada pederastia de clérigos estadounidenses a lo largo de los últimos años. Tampoco es un panegírico en contra de la pederastia clerical. A John Patrick Shanley le interesa profundizar, con apasionante cauce dialéctico, en la naturaleza misma de la verdad, en los prejuicios que la desbaratan por medio de la desconfianza y la sospecha. La realidad, dentro del filme, está subvertida por la manipulación y por la tergiversación. El espectador, dentro del juego de ambigüedad brutal, donde el contexto y la situación se encubren en la duda, es fundamental a la hora de entender los condicionamientos como escritor de Shanley, puesto que exige un posicionamiento del público en un desafiante juego psicológico de misterio y secretos, reales o ficticios, que acaba igual que empieza, sin una respuesta clara a todos los interrogantes que se han ido planteando a lo largo de la historia.
Dotada de un magnetismo y un ritmo sustentado en los diálogos de sus personajes, la elegancia e inteligencia con la que está narrada esta formidable obra se nutre de imágenes simbólicas y teatralidad congénita a la historia, sabiendo utilizarlos más allá de los límites de esos pocos escenarios reducidos donde se desarrolla la acción. Shanley sabe sacar partido a este contexto opresivo, alejándose de los recursos telefílmicos con una planificación medida y sutil, huyendo de los tópicos visuales en los que podía haber caído con gran facilidad.
6. ‘Man on Wire (Man on Wire)’, de James Marsh.
La hazaña de Philippe Petit es de por sí una historia tan fascinante, increíble, temeraria, extravagante e inverosímil que James Marsh convierte con facilidad esta aventura en un documental de prodigioso talento, no sólo por el contagioso entusiasmo del equilibrista que probó sus propios límites al cruzar varias veces las Torres Gemelas caminando sobre un cable a casi 500 metros de altura, sino por la narración con el director va hilvanando la fábula real de Petit. El cineasta controla el ritmo del documental con un dominio descriptivo absolutamente fascinante, dinamizando la trama con cadencia frenética, haciendo crecer la intensidad como si de un ‘thriller’ se tratara. ‘Man on wire’ combina una dramatización creadas para el documental con recreaciones de los hechos y documentos gráficos reales, así como los testimonios de los protagonistas sobre la elaboración del plan y posterior perpetración que consumarían un delito artístico sin precedentes y sus estados de ánimo circunscritos exclusivamente al momento en los que tuvieron lugar.
‘Man on wire’ es la crónica de la constancia de un hombre apoyado en su fe ciega y en una voluntad imperturbable que obtuvo un triunfo inigualable del instinto sobre la materia. Un documental que trata sobre un instante, sobre unos minutos que cambiaron las vidas de este grupo de personas de una forma profunda, casi mística, en contraposición a la entidad de quijotesca fantasía y locura de aquella demostración de valentía.
5. ‘Revolutionary Road (Revolutionary Road)’, de Sam Mendes.
La película de Sam Mendes se centra en la terrible fatalidad de dos seres sumidos en la discordancia, en los sueños no cumplidos, cuando el presente ha terminado por aniquilar los deseos del pasado y todo es distinto a como uno lo había imaginado. El mismo desengaño que subyace bajo la aparente normalidad y la placidez de la rutina que esconde un agotamiento del idealismo juvenil, el mismo que caracteriza la infelicidad, la insatisfacción de ser uno más entre tantos otros que simbolizan una amalgama de vulgar uniformidad. ‘Revolutionary Road’ expone con madurez y solvencia todas estas complicaciones y sufrimientos con una contundencia fuera de toda lógica, sabiendo construir un sólido e inquebrantable retrato de la incertidumbre existencial que queda anulada por la estabilidad económica, por el estatus social adquirido.
‘Revolutionary Road’ es una película monumental, demoledora y sombría, sincera y dolorosa que aporta una visión a ése vacío histórico sobre tantos y tantos hombres y mujeres que han renunciado a la búsqueda de aquello para lo que han nacido, entregando su vida a la comodidad que infecta a la ilusión con el aislamiento, la incomunicación y la falta de plenitud. En último término, almas abocadas al infortunio, ya sea por la inseguridad y el egoísmo que se sustrae del bienestar como de la resignación con que se asume el naufragio de una revolución no consumada.
4. ‘Up (Up)’, de Pete Docter y Bob Peterson.
Siguiendo su particular plasmación de la artesanía cinematográfica, ‘Up’ incide en la idea primigenia de John Lasseter y sus acólitos, que no es otra que la de llevar el entretenimiento hasta nuevos límites inexplorados. La progresión del relato, como en todas las cintas de Pixar, bordean lo tópico, es cierto, pero también lo es que evitan caer en el exhibicionismo dentro del drama, la acción o la aventura con una astucia envidiable. Sólo así una película de fondo adulto, que explora la aceptación y superación de la pérdida de un ser querido y la necesidad de renunciar a los recuerdos y los sueños truncados de una vida para poder seguir adelante, puede oscilar hacia la aventura sin complejos, volando más allá de los límites de la imaginación, para que Carl, acompañado por un niño repipi e inocente, pueda hacer realidad sus fantasías infantiles en otra de esas bienquistas historias de superación y empeño que albergan instantes de verdadera fuerza nostálgica.
‘Up’ juega a trascender el mundo de la animación exhibiendo una esencia cinematográficamente incorruptible. Y aunque haya algunas películas de la factoría Pixar que puedan estar por encima o por debajo de los preceptos cualitativos de esta nueva aventura en 3D, se equipara a sus antecedentes con la concesión de un virtuosismo épico entronizado en la acción del viaje a un mundo ajeno lleno de peligros y sorpresas. Inteligente y cordial, pero sobre todo conmovedora, la cinta de Pixar vuelve a consolidarse en otro pequeño milagro capaz de proseguir con su genuina exquisitez con una narrativa donde lo técnico y estético se funden al amparo de personajes inolvidables.
3. ‘Malditos Bastardos (Inglourious Basterds)’, de Quentin Tarantino.
Quentin Tarantino reformula las bases de un género tan complejo como es el cine bélico en otro sublime testimonio de reinvención a partir de materiales envejecidos que, en esta ocasión, se ubica muy por debajo de la necesidad de atribuir un modelo hermenéutico donde el poder mediador de la imagen y, sobre todo, de la palabra en el proceso de construcción de sentido fílmico es más importante que nunca. Queda constancia con ello de que, para Tarantino, el cine continúa siendo una práctica de liberación creativa llevada al extremo, pero a su vez, el cine ha tomado una apostura más severa y trascendente.
‘Malditos Bastardos’ es la película más abstracta e intertextual del frenético orbe fílmico de Tarantino. Como viene siendo habitual dentro de sus películas, el diálogo es la base que orquesta todos los demás recursos. La conversación entre sus personajes, el cara a cara, es el elemento centralizador de las acciones, el poder discursivo a modo de largas disquisiciones verbales inscriben la importancia de la progresión argumental y de la tensión del momento. La digresión, el énfasis verborreico, es el encargado de esconder los verdaderos propósitos que se llevan a cabo en el devenir del relato, la inflexión necesaria para que la trama vaya avanzando en esa estupenda estructuración literaria de cinco capítulos, donde los personajes amplifican su categoría a medida que se magnifica el diálogo.
2. ‘Donde viven los monstruos (Where The Wild Things Are)’, de Spike Jonze.
Para su tercera película, Spike Jonze ha dejado la estela de Charlie Kaufman para contar con la coescritura de Dave Eggers en transformación cinematográfica de las escasas líneas de texto que contiene el libro original ‘Where the wild thing are’, de Maurice Sendak. Con él, Jonze corrobora que sabe conjugar su innegable rebeldía narrativa con una profundidad deslumbrante en la lectura de imágenes, consolidadas en una comunión de cine deslumbrante y magia imaginativa con el lenguaje verbal y el pictórico del libro original. Siguiendo con ciertas libertades que no traicionan a su referencia literaria, ‘Donde viven los monstruos’ es s una apuesta que se puede apreciar como excesivamente arriesgada en la carrera de un Spike Jonze que no deja de ir a contracorriente. Se trata de un relato demasiado adulto para niños que se muestra, por su grafía y personajes, en algo un tanto infantil para los adultos. Pero lo cierto es que esta película sobre la infancia plantea, por primera vez en mucho tiempo, un cine infantil inteligente y radicalmente inconmensurable.
La película se encauza hacia una profundización dentro de la personalidad y el poder del niño y los monstruos en una atmósfera infiel a la catalogación y al tópico, heterogénea en paisajes y situaciones. Se presenta como una oscura fantasía disfrazada de cuento acerca de los miedos infantiles inscritos en un universo tan surrealista como auténtico, que Jonze determina con suma coherencia y verticalidad a la hora de trazar la narración de ese simbolismo de los fantasmas de la infancia, como el resquemor, la soledad, los celos o el abandono. Y el cineasta lo hace con naturalidad, sin sensiblería, con una madurez fulminante.
1. ‘Déjame entrar (Låt den rätte coma)’, de Tomas Alfredson.
En su exploración acerca de los miedos infantiles, del lapso de la infancia a la adolescencia que esconde a su vez el despertar erótico, ‘Déjame entrar’ puntea el drama sin salirse en ningún momento del formulismo folclórico del mito del vampiro, sin perder su romanticismo, sordidez, desesperanza melancólica y, sobre todo, su violencia implícita y exteriorizada. ‘Déjame entrar’ es un filme de espesos paisajes morales, donde el costumbrismo y la naturalidad congenian a la hora de plasmar el contraste de los dispositivos oníricos y realistas. El tratamiento fílmico propone el placer estético de un discurso cimentado en la fuerza de un vocabulario cinematográfico que es capaz de expresar tantas cosas delimitado al ahorro verbal. Los planos milimétricos poseen un tonelaje de sublimación melancólica que termina por conseguir un ambiente enfermizo, que no descubre la gran modestia de su producción, en parte, porque sus secuencias de efectos especiales están reducidas a la lógica coherencia de su ficción, sin recurrir a ningún tipo de efectismo sorprendente.
Tomas Alfredson es capaz de crear mediante imágenes la tristeza que parece rodear a sus protagonistas, conjugando belleza y oscura tribulación en su consecución de una atmósfera que favorece la aquietada intensidad a la película. El cineasta sueco define sus designios creativos en la delicadeza con la que la cámara se acerca a los niños y se aleja en las secuencias más escabrosas del filme, adicionando con la oposición de luces y sombras la tragedia desgarradora con la violenta ternura emocional del relato de Lindqvist. Y lo hace apuntalando su estilo visual y narrativo en la excelente fotografía de Hoyte Van Hoytema y en las tristes notas de Johan Soderqvist. Pero lo que más llama la atención es la humildad que destila el drama, la imperturbable frialdad que rodea la pasión con la que se desarrolla el filme y, sobre todo, que el mínimo presupuesto con el que se ha rodado sublima aún más la grandeza de una película destinada a ser recordada por vivificar el género y ser exponente de arte y genialidad más allá de las cifras y ambiciones comerciales.
ACTOR 2009
Mickey Rourke (‘El luchador’).
Randy “The Ram” Robinson le ha dado a Mickey Rourke la oportunidad de demostrarle a Hollywood lo magnífico actor que es y ha sido siempre. Mucho se ha habló de su resurrección como actor, de su olvido, de su inactividad. Desde su debut, en 1980, no ha pasado ni un solo año sin que Rourke, dejando a un lado su vida sediciosa, sus combates pugilísticos y su deformación a causa del botox, haya participado en alguna que otra película. Nunca se fue, pero es cierto que este papel en ‘El luchador’, es su renacimiento como intérprete, su mejor y más aplaudida interpretación.
Si hay algo que destaca en el filme de Darren Aronofsky es Rourke, capaz de aportar la humanidad y la excelsa dimensión dramática que la historia requiere. En ‘El luchador’, Rourke desnuda su alma y vive a través de un personaje con el que le une cierta afinidad personal y profesional. Se muestra capaz de darlo todo con la cercanía de aquello que se narra, con esa caída de un mito que, aunque sea por un breve lapso de tiempo, reivindica su grandeza como actor mucho más allá de la rudeza con la que este monstruo actoral compone cada movimiento. Una actuación de probidad envidiable, de un calado dramático y contenido como pocas veces puede verse en una pantalla. Rourke exprime las aristas emocionales del gradullón para llenarlo de vida, de rebeldía ante la adversidad, de naturaleza humana a la hora de afrontar su desafío ante las segundas oportunidades. El inolvidable protagonista de ‘El corazón del ángel’ y ‘Manhattan Sur’ contagia su triste humanidad con una tierna mirada escondida bajo una presencia contundente.
ACTRIZ 2009
Kate Winslet (‘Revolutionary Road’, ‘El lector’).
Kate Winslet ha sido, fuera de toda duda, la actriz de este 2009. Sus papeles en ‘Revolutionary Road’, de Sam Mendes y ‘El Lector’, de Stephen Daldry han dejado claro que la actriz, además de saber exprimir lo mejor de sus personajes, es una de las actrices más capaces y mejor dotadas para la interpretación dentro del actual Hollywood. En ‘El lector’, papel por el que ganó el Oscar en la pasada edición, explora con contundencia la cercanía de un rol muy complejo, el de una mujer que consintió que casi tres centenares de judíos murieran bajo el fuego porque era posible actuar de otro modo, ya que hubiera supuesto un caos insostenible, simbolizando la ingenuidad e ignorancia del pueblo alemán también sometido durante el nazismo. Lo hace con una maestría desarmante, definiendo su interpretación en la sutileza, en una mirada dotada con una expresividad y una fuerza extraordinaria.
Winslet es una modélica actriz que asume sus papeles con la coherencia y el esfuerzo de la interiorización, del estudio del personaje hasta las últimas consecuencias. Sólo así es posible su mejor aportación interpretativa del año, que no es la reconocida con el Oscar, si no su April Wheeler, esa mujer que se entrega a su marido con una ilusión que augura esplendor, que sueña con una ensoñadora ruptura de la rutina para explorar las verdaderas metas vitales, pero que quedará sometida a la esclavitud de su hogar y de sus hijos. Winslet compone un personaje entregado al fracaso y al malogro de una inquietud perdida con una contundencia asombrosa y un talento descomunal. 2009 ha sido su año y es justo reconocerlo. Se lo ha ganado.
DIRECTOR 2009
Quentin Tarantino (‘Malditos Bastardos’).
La vuelta de Tarantino siempre es un acontecimiento. Y su cine sigue sin defraudar. Con ‘Malditos Bastardos’, el director continúa ejerciendo de portentoso prestidigitador que se divierte y hace divertir a su público, sin perder su vena más cínica, con un conocimiento absoluto del medio capaz de combinar fórmulas aparentemente incompatibles, cuya autoindulgencia quede fraguada en un inagotable sentido de la manumisión muy controvertida.
El cineasta de Knoxville ha sabido reformular las bases de un género tan complejo como es el cine bélico, pero, al contrario de lo que se pueda pensar, deja de lado su pastiche referencial y evoca sólo la flagrancia espiritual de cineastas como Samuel Fuller, Lewis Milestone, William A. Wellman, Robert Aldrich, Andrew Marton, Mark Sandrich o Brian G. Hutton. El reciclaje autoral, por tanto, queda mucho más diluido, a pesar un intencional testimonio ‘exploit’ que tiene su origen en los ‘macaroni combat’ generado a raíz de influencias como Ignazio Dolce, Alberto De Martino, Umberto Lenzi, Antonio Margheriti, Gianfranco Parolini, pero sobre todo el filme ‘Aquel maldito tren blindado’, de Enzo G. Castellari que ofrenda en su título americano ‘Inglorious Basterds’.
PELÍCULAS DESTACADAS
- ‘Resacón en Las Vegas (The Hangover)’, de Todd Phillips. (Leer crítica).
- ‘Moon (Moon)’, de Duncan Jones.
- ‘The Visitor (The Visitor)’, de Tom McCarthy. (Leer crítica).
- Vals con Bashir (Waltz with Bashir), de Ari Folman.
- ‘Caminando (Still walking)’, de Hirokazu Kore-eda.
- ‘El luchador (The Wrestler), de Darren Aronofsky. (Leer crítica).
- ‘Gran Torino (Gran Torino)’, de Clint Eastwood. (Leer crítica).
- ‘La clase (Entre les murs)’, de Laurent Cantet.
- ‘El lector (The Reader)’, de Stephen Daldry. (Leer crítica).
- ‘El desafío: Frost contra Nixon (Frost/Nixon)’, de Ron Howard.
- ‘Distrito 9 (District 9)’, de Neill Blomkamp. (Leer crítica).
- ‘El secreto de sus ojos’, de Juan José Campanella.
- ‘(500) Días juntos ((500) Days of Summer), de Marc Webb.
- ‘The International (The International)’, de Tom Tykwer.
- ‘Arrástrame al Infierno (Drag Me To Hell)’, de Sam Raimi.
- ‘Ponyo en el acantilado (Gake no ue no Ponyo)’, de Hayao Miyazaki.
- ‘Brüno (Brüno)’, de Larry Charles. (Leer crítica).
- ‘Star Trek (2009)’, de J.J. Abrams. (Leer crítica).
CINE ESPAÑOL
- ‘La vergüenza’, de David Planell. (Leer crítica).
- ‘El truco del manco’, de Santiago A. Zannou.
- ‘Un buen hombre’, de Juan Martínez Moreno.
- ‘Pagafantas’, de Borja Cobeaga. (Leer crítica).
- ‘V.O.S.’, de Cesc Gay.
- ‘Agallas’, de Samuel Martín Mateos y Andrés Luque.
- [•REC]², de Jaume Balagueró y Paco Plaza.
PEORES PELÍCULAS
- ‘¿Hacemos una porno? (Zack and Miri make a porno)’, de Kevin Smith. (Leer crítica).
- ‘The Spirit (The Spirit)’, de Frank Miller.
- ‘La lista (Deception)’, de por Marcel Langenegger. (Leer crítica).
- ‘Cleaner (Cleaner)’, de Renny Harlin.
- ‘Map of the Sounds of Tokio (Los mapas de los sonidos de Tokio)’, de Isabel Coixet. (Leer crítica).
- ‘Mi nombre es Harvey Milk (Milk)’, de Gus Van Sant. (Leer crítica).
FUTURAS 'CULT MOVIES'
- ‘El hijo de Rambow (Son of Rambow)’, de Garth Jennings.
- ‘Nick & Norah: Una noche de música y amor (Nick and Norah’s Infinite Playlist)’, de Peter Sollett.
- ‘Paranoid Park (Paranoid Park)’, de Gus Van Sant.
- ‘Control (Control)’, de Anton Corbijn.
- ‘Anticristo (AntiChrist)’, de Lars Von Trier.
- ‘Adventureland (Adventureland)’, de Greg Mottola.
- ‘Bienvenidos a Zombieland (Zombieland)’, de Ruben Fleischer.
No ha sido un mal año cinematográfico este 2009 que nos deja. El cine español, en continuo cuestionamiento y bajo esa etiqueta de falsa “crisis” ha demostrado por medio de su diversidad de títulos que puede competir en taquilla con las grandes producciones hollywoodienses. La década se despide con un buen puñado de películas y deja la esperanza, como cada año, que el siguiente nos traiga una buena cosecha de buen cine.
A título personal, tampoco ha sido mi año. 2009 deja una estela de incertidumbre de cara a 2010. Y eso siempre acojona. Muchas son las incógnitas que deben despejarse en los primeros meses para saber si el desarrollo podrá deparar un año productivo y próvido en sus diversos frentes. Ya os iréis enterando. Eso sí, lo que es seguro es que ‘Un Mundo desde el Abismo’ seguirá su aventura con un bagaje de un largo quinquenio ofreciendo llenar vuestros algún que otro momento de ocio, atendiendo a una apuesta por el divertimento común que encuentra su objetivo en la congregación de contenidos dispares, buscando siempre la calidad, pero por encima de cualquier objetivo, pretendiendo amenizar al que se pase por estas líneas habitualmente. Y así seguirá siendo.
Simplemente os deseo que este Año Nuevo sea el año que definitivamente cambie nuestras vidas para bien. Como siempre, os deseo mucha felicidad y, sobre todo, mucho cine para todos.
Muchas gracias a todos los que seguís el Abismo.
Yo por mi parte, como decía el antológico personaje R.J. MacReady, el piloto del puesto fronterizo número 31 al final de la película ‘La Cosa’, de John Carpenter, “esperaré... aquí, un rato... a ver que ocurre”.
FELIZ 2010 a todos.
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