viernes, 22 de mayo de 2009

Review 'Star Trek (Star Trek)'

El renacer de un clásico
J.J. Abrams recupera la clásica ‘space opera’ despojándola de cualquier cripticismo y actualizando su esencia para la difícil comunión entre los ‘trekkies’ de siempre y los nuevos espectadores.
Cuando en 1966, Gene Roddenberry creó aquella ‘space opera’ televisiva titulada ‘Star Trek’, nadie podía presagiar que, pese a su poca repercusión inicial, se iba a convertir en un clásico de culto dentro del género de la Ciencia Ficción. Además de crear una multitudinaria caterva de ‘fans’ conocidos como ‘trekkies’, el concepto ‘Star Trek’ ha visto, a lo largo de todos estos años, seis series de televisión y diez largometrajes, además de haber pasado a la cinefilia como un mito incuestionable dentro del género y de la cultura popular. El director J.J. Abrams, considerado como el ‘Rey Midas’ de la televisión actual con pelotazos revolucionarios como ‘Alias’ o ‘Fringe’, pero sobre todo ‘Perdidos’, narra el regreso a los orígenes y nueva etapa para la historia situándose en la génesis de la saga, haciendo así una relectura totalmente novedosa que tiene como objetivo relanzar el interés de una franquicia que parecía agotada en la serie B.
Abrams reestructura así su filme con los primeros encuentros de la tripulación del Enterprise y las complicadas relaciones iniciales entre sus personajes más carismáticos, el capitán James Tiberius Kirk y el comandante vulcaniano Spock. Supone con ello el regreso a los orígenes y nueva vuelta de tuerca perfectamente estudiada consignada para la comunión tanto de aquéllos habituales seguidores de esta flota que parece que va en pijama como los que se acerquen por primera vez a las aventuras espaciales del Enterprise. Es decir, que no hace falta ser un ‘trekkie’ de toda la vida para introducirse y disfrutar el extrovertido universo que propone, totalmente actualizado, el imaginario visual de este ambicioso director.
Esta nueva ‘Star Trek’ es una precuela, pero también un ‘remake’, que procura en todo momento dotar de emoción, sorpresa y frescura su línea argumental y que, aunque no llegue a ser todo lo sorpresiva que se pudiera esperar de un tipo como Abrams, sí hay que reconocerle el mérito con el que ha resucitado la saga del ostracismo de la serie B para lustrar el recuerdo de los fanáticos, desde el respeto y el alejamiento con el que asume esta superproducción de primer rango. A ‘Star Trek’ no le falta ningún elemento del ‘space opera’; una trama llamativa situada en un entorno espacial y futurista, un punto dramático y de enfrentamiento entre sus héroes protagonistas, grandes escenas de acción y un villano cruel y torturado. Hay muchos recursos por los que la película se gana al público desde los primeros compases de su trágico inicio, con un arranque antológico de expiación espacial que deja un impecable prólogo con ese arcaicismo retrofuturista de la infancia de Kirk conduciendo un coche clásico en un enrarecido espacio ultramoderno en paralelo a la condición de semihumano con emociones e ira del pequeño Spock.
La primordial partida con la que juega este aparatoso ‘revival’ es que ha sabido despojarse de cualquier tono críptico que pueda alejar al neófito del primer contacto con la saga, acercando el producto al ‘mainstream’, con el acatamiento del espíritu de la serie original y, por si fuera poco, comprometido en un enfoque distanciado que se resume en dos palabras: tradición y modernidad. En ése sentido, esta nueva versión no se deja carcomer en exceso por la nostalgia, ni por el continuo homenaje, siguiendo sus propios pasos para narrar una historia desde un punto de vista de reinvención del serial desde su origen.
Abrams es muy listo y dota durante al filme de una genialidad e ilusión visual que está muy por encima de cualquier hallazgo o novedad formal, de un estilo reconocible, utilizando todo lo convencional para ofrecer un espectáculo de cine escapista, sin ningún tipo de condicionamiento o coacción a los clásicos o la tradición del subgénero. ‘Star Trek’ está ideada, única y exclusivamente, dentro de los parámetros del mero juego de artificio que se le puede pedir a un producto comercial de estas dimensiones. La utilización de los recursos formularios ya exhibidos en sus series o del sentido del espectáculo por encima de otros objetivos, hacen de este nuevo inicio de saga un ejemplo de diversión inteligente, que esquiva con talento la inercia de la simplicidad. Estamos ante un engranaje de precisión estudiada, que se beneficia del equilibrio entre el drama, la acción y unas gotas sutil humor. También en la justa proporción con la que los mecanismos narrativos y visuales van en función de la sorpresa, de la alucinación del espectador.
Es por ello que sus esquemáticos personajes, contra toda lógica, se escabullan con cierta facilidad de la linealidad de exposición con un cómputo de diversidad entre emociones, traumas, iras o ambiciones que sirven para la rápida identificación con el público. ‘Star Trek’ propone un juego de contrapesos entre los dispositivos genéricos, contribuyendo a crear una fuerte carga de adrenalina en sus momentos álgidos de acción sin freno, pero a la vez sumando calma y sosiego en sus instantes íntimos (el encuentro de Spok con su madre o la contención emocional de éste frente a Nyota Uhura), puntuado todo, eso sí, con la imprescindible música del genial Michael Giacchino.
Aunque no todo es definitorio dentro de la renovación del clásico de la ciencia ficción. Si bien es justo reconocer su armonía y dinamismo en las dos horas que dura el filme, también lo es que una cinta de aspiraciones tan ambiciosas caiga muchas veces en el desacierto que desequilibra estos elementos ya comentados; como el tratamiento de un villano totalmente descafeinado como ése Nero que interpreta Eric Bana, así como los caprichos y vaivenes que producen los giros del guión de Roberto Orci y Alex Kurtzman al plantear todo tipo de paradojas temporales y advenimientos estelares típicos de la saga que no desvirtúan el conjunto, pero sí restan exactitud a toda la maquinaria de cuidada minuciosidad.
Es incomprensible cómo en el instante en que aparece Leonard Nimoy, el gran actor clásico de la saga primigenia, el filme sigue sus derroteros de montaña rusa, sin embargo, sin que se perciba a simple vista, empiece a perder esa fascinación que ha ido logrando a lo largo del filme. En parte, por la caprichosa identificación de ciertos pasajes de calado ‘starwarsianos’ (a todo el mundo le llegará la visión del mundo helado de Holh –monstruo incluido- o antes la esencia académica de ‘Starship troopers’). No obstante, sus grandes dosis de acción, saturadas de diligencia y emoción compensan cualquier menoscabo. Las andanzas juveniles y viajes iniciáticos de Kirk, inmortalizado por William Shatner, ahora en la piel del guaperas resultón Chris Pine y de Spock, en la excelente recreación de Zachary Quinto tienen un futuro asegurado bordo del Enterprise, la legendaria nave espacial cuya tripulación tiene por misión explorar el Universo desconocido y llegar a donde ningún hombre ha llegado jamás.
‘Star Trek’ es un juguete de puro y renovado espectáculo ‘sci-fi’ a medio camino entre la concordia con el legado ‘trekkie’ y la desmitificación que imponen los avances tecnológicos del cine actual. Un entretenimiento desinhibido, que reformula con acierto el revisionismo reverencial con la búsqueda consecuente del ‘blockbuster’ que es la nueva aventura cinematográfica del genio televisivo Abrams, con lo bueno y malo que ello conlleva.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2009
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