lunes, 10 de agosto de 2009

'Up (Up)', de Pete Docter y Bob Peterson

Otro pequeño milagro
La nueva experiencia de Pixar sigue los preceptos estéticos, narrativos y tecnológicos de sus precedentes en una conmovedora aventura que mezcla drama y aventuras para hace comulgar realidad y fantasía.
La cognición con la que la factoría Pixar acomete cada nuevo proyecto se desglosa en dos habilidades bien reconocibles; primera, la correspondiente a la superación técnica, que bordea un nivel gráfico de excelsitud tecnológica (en esta ocasión acoplando a su tecnología la revolución del 3D). Y segunda, y más importante, la impecable trayectoria de la factoría creada por John Lasseter, el detallismo progresivo con el que conforman sus historias, ésas fábulas que obedecen a los designios del corazón más allá de los formulismos o sorpresas que puedan deparar. Después de diez películas, que han ido invariablemente en honesta progresión, ‘Up’ es el nuevo testimonio que encumbra la competitividad de la productora a la hora de espolear la fascinación del espectador, llegando a la ternura y universalidad de sus conceptos narrativos y argumentales por medio de la inteligencia y la sensibilidad.
Por ello, ‘Up’ responde otra vez a las expectativas en una obra que no adultera las reglas básicas que se han ido estableciendo desde ‘Toy Story’, su primera obra maestra. La cinta de Pete Docter y Bob Peterson no defrauda en ése sentido. Estamos así ante una película familiar, cimentada en el cuidado de cada fotograma, de su historia dialéctica, que se muestra al público como una delicia visual donde es tan importante que prevalezca el mensaje de tenue moralina y ejercer como amplio divertimento tanto para los niños como para los adultos.
Siguiendo su particular plasmación de la artesanía cinematográfica, ‘Up’ incide en la idea primigenia de Lasseter y sus acólitos, que no es otra que la de llevar el entretenimiento hasta nuevos límites inexplorados. La historia que se narra es, desde luego, una de las más atípicas de Pixar, un filme insólito y arriesgado desde su propia concepción. Que la pareja protagonista esté formada por un entrañable viejo cascarrabias y un niño ‘boy scout’ algo obeso simbolizan el compromiso con la historia y la libertad con la que se instituyen los proyectos dentro de esta factoría de sueños animadas. Se trata, en el fondo, de una extraña ‘buddie movie’ que devuelve a esos antihéroes cotidianos que lleva utilizando Pixar desde su rotunda irrupción en el género de animación digital. Carl Fredricksen, es un viejo que ha crecido desde su infancia enamorado de su mujer Ellie, con la que comparte un espíritu aventurero confinado a una vida apacible con un sueño común; viajar a las Cataratas Paraíso (que se asemeja al Salto del Ángel, ubicado en el Parque Nacional Canaima, en el estado Bolívar, Venezuela) y emular las hazañas de su ídolo de niñez, Charles Muntz, un popular héroe que viaja en zeppelín hacia tierras incógnitas. Pero cuando está a punto de hacer su sueño realidad, ya es demasiado tarde. Sumido en la soledad de un mundo que evoluciona, que le enfrenta a la modernidad y no entiende de recuerdos y sentimientos, Carl decide volar hacia Sudamerica en su propia casa, arrastrada por los aires por millones de globos, sin saber que, el destino le hará compartir su periplo con Russell, un chaval de ocho años que acude a su casa en busca de una insignia de ‘boy scout’ a la ayuda de los mayores.
La gran secuencia de ‘Up’ (y probablemente una de las mejores de la factoría Pixar y, con convicción, del cine moderno) deviene en una admirable y prodigiosa elipsis que repasa, en unos pocos minutos, una vida de amor y vivencias, de adversidades y sueños comunes que perfilan con asombrosa sencillez las vidas de Carl y Ellie, sin ningún tipo de diálogo ni afectación en su dramático final. Una solemne lección de sobriedad narrativa llena de pasión y melancolía que desprende el romanticismo necesario y cimienta, con pasmosa facilidad, el fundamento de autenticidad que establece de inmediato un vínculo emocional entre el espectador y el mejor personaje de Pixar hasta la fecha. A través de la música del siempre gratificante Michael Giacchino, la fábula cambia de colorido, de derroteros y de género cuando la casa despliega su enorme y colorista motor aerostático de globos, en otro simbolismo de albedrío y fragilidad que personifican al personaje desde ese momento.
Con el público entregado, el filme no tiene muy difícil el reto de llevar sus elementos fantásticos al extremo, de jugar con imposibilidades de guión específicas; como la de que una casa sea elevada por millones de globos, que aparezca un enorme pájaro “gamusino” de plumaje ‘naif’ y aspecto imposible, que haya perros que hablen gracias a un sistema codificador de voz canina o que el ídolo reconvertido en villano debido a su obsesión por el singular ave no haya logrado capturarle durante toda una vida y nuestros héroes sean lo primero que encuentran a su llegada a Sudamérica. Se pasa de este modo a un estrato de acción y aventuras, de cierto convencionalismo, sin perder de vista los conceptos del género.
Hasta ese instante, la cinta de Doctor y Peterson ha logrado comulgar realidad y fantasía, llevándolas a unos términos de magia y poesía visual que, en esta ocasión, se sitúan ligeramente por detrás de las personalidades de sus personajes. Es curioso, no obstante, que Pixar, asumida su supremacía dentro del género manteniéndose fiel a su compromiso con la calidad, haya adoptado el futuro del cine en 3D para ponerlo al servicio de la historia y no al revés. De esta suerte, la empresa pionera dentro del mundo de la animación digital ha utilizado la técnica estereoscópica para destacar algunas secuencias de acción o potenciar visualmente ciertos instantes, pero nunca con abrumando y mareando al espectador con golpes de efecto.
‘Up’ se cierne más a la vena del cine humanista de la productora absorbida por Disney que al simple espectáculo. El retoque moral de los personajes, en el que tanto tiene que ver el guionista Tom McCarthy (director de ‘Station Agent’ y ‘The Visitor’) y la gnosis guionística de sus directores, originan el efecto de combinación de sentimientos y valores que dan como consecuencia una envidiable armonía sus elementos. El desarrollo del relato, como en todas las cintas de Pixar, bordean lo tópico, es cierto, pero también lo es que evitan caer en el exhibicionismo dentro del drama, la acción o la aventura con una astucia envidiable. Sólo así una película de fondo adulto, que explora la aceptación y superación de la pérdida de un ser querido y la necesidad de renunciar a los recuerdos y los sueños truncados de una vida para poder seguir adelante, puede oscilar hacia la aventura sin complejos, volando más allá de los límites de la imaginación, para que Carl, acompañado por un niño repipi e inocente, pueda hacer realidad sus fantasías infantiles en otra de esas bienquistas historias de superación y empeño que albergan instantes de verdadera fuerza nostálgica.
‘Up’ además compone un discurso de esperanza y vida, cuando el cuaderno de bitácora de Ellie, que debía haberse llenado de aventuras y viajes, depara una sorpresa aleccionadora fundamentada en esos pequeños momentos de aburrimiento que son más importantes que las grandes aventuras, como los que Russell recuerda junto a su padre contando los coches rojos y azules mientras comían helado. Retazos de vida que son los que se echan de menos, los que conforman una verdadera aventura. La misma que Carl ha mantenido en su vida en común con Ellie. Es primordial equiparar la esencia de la imagen heroica extraída de ‘El Mundo Perdido’, de Conan Doyle, desnudando con gran facilidad la idolatría para revelar a la gente que uno muchas veces admira en auténticos enemigos como el hecho de valorar el discurso, su mensaje emotivo sobre la condición humana en la relación paternofilial de Carl y Russell que llena sus respectivos vacíos.
‘Up’ juega a trascender el mundo de la animación exhibiendo una esencia cinematográficamente incorruptible. Y aunque haya algunas películas de la factoría Pixar que puedan estar por encima o por debajo de los preceptos cualitativos de esta nueva aventura en 3D, se equipara a sus antecedentes con la concesión de un virtuosismo épico entronizado en la acción del viaje a un mundo ajeno lleno de peligros y sorpresas. Inteligente y cordial, pero sobre todo conmovedora, la nueva cinta de Pixar vuelve a consolidarse en otro pequeño milagro capaz de proseguir con su genuina exquisitez con una narrativa donde lo técnico y estético se funden al amparo de personajes inolvidables.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2009
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