jueves, 3 de septiembre de 2009

Review 'Resacón en Las Vegas (The Hangover)'

Disección de una noche loca
Convertida en una de las comedias más taquilleras de los últimos tiempos, la cinta de Todd Phillips es una descacharrante película que, en esencia, tiene más de cine negro que un seguimiento con los convencionalismos propios del género.
La denominada ‘Nueva Comedia America’ está de moda. O eso es lo que parece gracias a varios de sus estandartes vinculados a una renovación de la tradición de la comedia hollywoodiense. Con Judd Apatow a la cabeza, seguido por referentes dentro del género actual como Ben Stiller, Jared Hess, Adam McKay, Jon Hurwitz y Hayden Schlossberg, los hermanos Paul y Chris Weitz, Greg Mottola… entre otros, recrean los estilemas clásicos y convencionales del género tamizándolos con cierta purga formal, con la intención de proponer un enfoque sardónico sobre los inicios del mundo adulto contemporáneo, en una clara resistencia a abandonar la adolescencia y con una carente falta de madurez. La universalidad de la diversión y la empatía con todo tipo de situaciones identificables llevadas al extremo, con cierto tono de reflexión moral sobre los actos, suelen ser los elementos que hacen que estas comedias que aciertan al ensamblar los mecanismos del género al servicio de historias con incuestionables planteamientos.
Uno de sus más destacados representantes es Todd Phillips, un autor y especialista de género que ha ido forjándose una reputación con una evolución sin altibajos, que va desde ‘Road Trip (Viaje de pirados)’ hasta ‘Escuela de pringaos’, pasando por títulos más o menos simpáticos como ‘Aquellas juergas universitarias’ o la gamberra adaptación de la televisiva ‘Starsky y Hutch’. Pero la consolidación del que puede ser el autor menos pretencioso de esta generación de cineastas adscritos a la mencionada ‘Nueva Comedia Americana’ le ha llegado en forma de rotundo éxito. Su última película ‘Resacón en Las Vegas (‘The Hangover’ –‘La Resaca’ en su título original-)’ se ha convertido en el ‘sleeper’ del verano, llegando a ser la comedia más taquillera de la historia del cine en los Estados Unidos con la temida calificación “R” para adultos y superando los 260 millones de dólares. Todo un logro para una comedia de estas características.
La sinopsis de esta estupenda comedia puede llevar a los recelos: Cuatro amigos deciden celebrar la despedida de soltero de uno de ellos en Las Vegas con la intención de pasar una de esas noches de excesos donde darlo todo. Este tipo de argumento es uno de los temas más tradicionales cuando se quiere hacer de la comedia una plétora de burdas situaciones que hagan referencia a un tipo de humor que exalte la masculinidad, que busque la complicidad del espectador menos exigente cuando se trata de celebrar la identidad hombruna con ‘gags’ que apelen al desenfreno de la testosterona.
Sin embargo, el gamberrismo soterrado de ‘Resacón en Las Vegas’ no va por esos derroteros. Tras un fugaz brindis en el ático del lujoso hotel Caesars Palace, despiertan con una monumental y amnésica resaca para descubrir la habitación destrozada, con un tigre de Bengala en el baño, un bebé en un armario, una gallina correteando por la habitación, un diente de menos y lo peor de todo, que el novio ha desaparecido.
La gran virtud del filme, lo que hace que estemos ante una comedia con actitud de trascender y aportar algo de originalidad al género es la magistral elipsis que olvida la noche de desenfreno y se centra como objetivo primordial en la reconstrucción de una velada loquísima, sin ningún tipo de recuerdo, en la recapitulación sobre los movimientos nocturnos que desembocaron en la pérdida de un amigo y la inconsecuente retahíla de situaciones que se motivan su búsqueda. No importa tanto el qué ha sucedido, sino el cuando, el dónde y el cómo. Lo maravilloso del guión firmado por Stuart Beattie, David Elliot y Paul Lovett es que el dispositivo argumental se estructura de una forma lineal, encadenando nuevas piezas que van construyendo el puzzle del desmadre, sin tener que recurrir a los típicos ‘flash-backs’.
De este modo, se permite al espectador compartir ese absurdo ensayo de hipótesis sobre el paradero del cuarto integrante de este viaje de pirados a la esencia más rigurosa y característica de una ciudad de neones, juego, vicio y pecado como Las Vegas. En ese sentido, ‘Resacón en Las Vegas’ tiene más de película de cine negro (en lo que concierne a las pesquisas por conocer lo que ha sucedido en la noche de cogorza inmensa) que con los convencionalismos propios del género. Phillips sabe jugar a la perfección sus cartas y lleva al público por los cauces de un itinerario de locura extrema, encadenando un ritmo de acción formidable, amén de los giros constantes que se van dando en las pesquisas de estos tres amigos en busca de la verdad, plagando el relato de un tono absurdo que crece en contexto y propósitos, realzando la parodia con violencia (física y situacional) y surrealismo a raudales, abordando sus referencias cinematográficas sin ningún pudor, sin esquivar sus designios cómicos.
De ahí que funcionen tan bien sus episódicos tramos; ésa visita al hospital con el impagable Dr. Walsh, la posterior visita a una capilla llamada ‘Best Little Wedding’ en un coche de policía robado, el cameo antológico de un Mike Tyson enamorado de la música de Phil Collins, el chino amanerado que salta del maletero del Mercedes Benz 280 Cabriolet que resulta ser un capo mafioso asiático, alguna escena de brutalidad policial con armas Taser de descargas eléctricas… Todo sazonado con chistes sobre anillos y el Holocausto, recreaciones de ‘Rain Man’, de Barry Levinson, en los suntuosos casinos o el portentoso comentario acerca de la excesiva sensibilidad yanqui después del 11-S.
Todd Philips ha sabido aportar equilibrio a la comedia, que no se basa en los golpes de efecto del ‘gag’, sino que se preocupa por enlazar su parte gamberra, moderando la tentación de caer en la vulgaridad, con la ambición emocional que poco tiene que ver con la corrección política. ‘Resacón en Las Vegas’ enreda la madeja de los malentendidos, de la demencia provocada por la pérdida de memoria debido a ésa especie de droga escopolamina, provocando todo tipo de confusiones y acontecimientos inesperados que marcarán la pauta de esta divertida comedia en la que, por extraño que parezca, hay escasez de elementos machistas y vulgares.
El desmadre queda para la imaginación, retratada en unos créditos antológicos a modo de ‘Slideshow’ final con instantáneas donde la locura y la dipsomanía evidencian explícitamente todo aquello que Phillips ha ahorrado en la narración. Al director parece importarle más la diversión y la comedia en estado puro que los austeros entresijos de la amistad, su significado y la aceptación de la madurez que tanto tiene que ver con las comedias ‘post-adolescentes’ que últimamente sazonan el género con alguna idea brillante llevada a cabo desastrosamente, fundamentalmente en la figura de Judd Apatow.
Muy lejos de la comedia romántica y ñoña, esta descomunal lección de comedia, no esconde dobles intenciones, ni lecciones morales que hagan avanzar a un estamento adulto a sus protagonistas. Sin reflexionar acerca de ningún tipo de comportamiento social o actual, ni de intenciones que pretendan unir lo chocarrero y lo sentimental, Todd Phillips evade la presuntuosidad de algunas nuevas comedias que aspiran a ser “inteligentes”, sin tener que recurrir a ciertos planteamientos que se van apagando en su ensimismamiento por ir trascendiendo con cierta distinción. Aquí sólo hay un objetivo: una intención abrasiva e inmoderada por llegar a la diversión en estado puro.
‘Resacón en Las Vegas’ es una carrera contrarreloj de desmadres y sorpresas, que recubre su contenido con irreverencia, utilizando lo tópico y lo original con el fondo caótico del ‘Afterhours’, de Scorsese, para encontrar otro de sus muchos atributos positivos en la química e interacción de sus tres pilares interpretativos, Bradley Cooper, Zach Galifianakis y Ed Helm, así como todos y cada uno de los secundarios que tienen especial relevancia en una película que dignifica el género y la convierte no sólo en la comedia más agradecida y deslumbrante de este largo verano, sino en una de las obras cumbres de la comedia contemporánea. Un ejemplo a modo de espejo en el que el género actual debería mirarse.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2009
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