viernes, 10 de julio de 2009

Review 'Pagafantas (Pagafantas)'

Divertido juego de espejos
El debut de Cobeaga es una comedia que asume los estereotipos del género pero que sabe desvincularse de la autoindulgencia del mismo para servir una de las mejores comedia de 2009.
Borja Cobeaga es uno de esos talentos innatos dentro de los nuevos directores de cine español. En su caso, su carrera ha ido ligada a la comedia, un género tan español como injustamente desatendido en términos de calidad y respeto. Su trabajo como guionista de programas televisivos como ‘Vaya semanita’, ‘Territorio Champiñón’ o ‘Splunge’ y su labor como director en el orbe cortometrajístico con destacados proyectos como ‘La primera vez’ y ‘Éramos pocos’ hacían prever que el primer largometraje firmado por Cobeeaga iba a ser una comedia. Y así ha sido. ‘Pagafantas’ se ajusta desde su inicio a las convenciones del género, sin embargo, se percibe una separación en su perspectiva de la juventud o de su enfoque de los veinteañeros tardíos, tomando como referencia el estereotipo social que se aleja de esa chabacana fauna juvenil que vive por y para la fiesta, el sexo, la noche y las copas.
La historia se centra en Txema, un tipo algo pusilánime, con complejos, recién separado de su novia y que ha tenido que volver al hogar familiar para dormir en el sofá cama del salón. Su vida cambia cuando encuentra a Claudia, el ideal de chica inaccesible de la que cae perdidamente enamorado. Pero ésta sólo le ve como su mejor amigo, sin posibilidad real por un amor que es no correspondido más allá de la amistad que no se materializa en algo más. Es la crónica de un fracaso que representa, con gran acierto y bastante mala hostia, a muchas generaciones que vienen cometiendo los mismos errores en el convulso mundo de las relaciones sociales y seductivas.
‘Pagafantas’ vendría a ser un juego de espejos en el que el espectador puede sentirse reflejado porque, a buen seguro, ha vivido una experiencia similar a la de este patético personaje. En ése sentido, Cobeaga juega con el sarcasmo, la crueldad y la ternura a la hora de hilvanar diálogos y ‘gags’, de empatizar el desarrollo cómico con un humor que llega a ser cruel con su protagonista, utilizado como un juguete del destino, como una pieza en la que cebarse para levantar la risa del personal. Así Txema es sometido a todo tipo de humillaciones donde queda en ridículo y expone su mediocridad hasta llegar al absurdo, atrapado en una dramática historia de amistad interesada que inclina la balanza unilateralmente hacia el provecho de una sola persona, en este caso esa ninfa con acento porteño y sonrisa hechicera.
Pero no es el único juego de espejos. Cobeaga y su coguionista, Diego San José, cotejan la vida de Txema y su relación con Claudia en un cruce generacional adaptado a ese tío Jaime que da consejos existenciales pero que se niega a despojarse del pasado y que recela de los nuevos tiempos, evitando modernizar su arcaica tienda de fotos y representando al genuino “pagafantas” reciclado en adulto que nunca se ha atrevido a confesar el amor por Gloria, la madre de Txema. ‘Pagafantas’ se convierte en el testimonio de lo doloroso y vejatorio que puede llegar a ser lo inalcanzable, aquello que más hace sufrir, pero también sobre los incentivos que proponen algo vivacidad a la siempre triste cotidianidad y rutina.
Una cinta llena de verdad que parte de la materia que granjea la comedia juvenil absorbida por dos frentes; primero por el apego a un contexto cercano, reconocible por el gran público, el de ése chico que ha vuelto a su casa materna por frustración y desengaño, a ése amigo coherente que vive con los pies en el suelo o ese trabajo aburrido que cercena cualquier esperanza de cambio. Por otro, ésa increíble mujer inalcanzable y utópica, un jefe identificado con la tristeza de un ‘loser’ total y, sobre todo, en muchas de las secuencias excéntricas y ‘gags’ visuales que se alejan de la probabilidad, conjeturando con una ficción puesta en contra del protagonista y que se aferra tanto al surrelismo (la señora Begoña y sus encuentros en los siniestros pasillos o la boda en el barco) como a la realidad adulterada.
Para Cobeaga no hay límites para lograr la complicidad con el público mediante un humor simple y directo. Muy difícil de conseguir. ‘Pagafantas’ posee un esquema narrativo sin grandes hallazgos, que se mueve con soltura entre la previsibilidad y el entusiasmo de sus instantes más cómicos en los que destaca un absoluto dominio de los diálogos y una medida elocuente con la que se va diversificando la acción. Pero si por algo es destacable la notabilidad de esta estupenda ‘opera prima’ es por la aceleración del ‘tempo’ cómico del que hace gala la película, que funciona de una forma vertiginosa, casi sin tiempo para asumir la fulminante capacidad del realizador para la comedia.
Cobeaga es capaz de transformar todo el bagaje proveniente de la cultura televisiva y solidificar los beneficios de ésta (aunque también haya espacio para mínimos menoscabos provenientes de la misma) dentro de producto cinematográfico intachable. El director vasco es en todo momento consciente de las limitaciones de su guión y su filme, de su carencia de riesgo que aquí no hubiera tenido mucho sentido, pues responde más a la humildad sin pretensiones que a un transformador ejercicio de comedia al uso. Pero no por ello pierde el temor a experimentar, por ejemplo, con la enloquecida secuencia de acción y persecución por las calles de Bilbao, como a mostrar un apego por los localismos musicales (de Enrique Bumbury a José Luis Rodríguez “El Puma”) o a la afición muy ligada a su director por los ‘karaokes’ que no podían faltar en su presentación como largometrajista. En ‘Pagafantas’ todo está medido al detalle en todos y cada uno de los apartados que se ajustan a los objetivos finales del filme, sin renunciar a los planteamientos del género, ni reformulándolos, pero sí sabiendo esquivar con gran acierto toda la autoindulgencia que constriñe las comedias románticas contemporáneas, ejemplificada en un siempre omnipresente y equívoco ‘happy end’ que, en este caso, brilla por su ausencia.
Por otra parte, en el universo de la comedia es imprescindible la función de los intérpretes. Y aquí hay hallazgos de adjetivos ponderativos. Sobre todo, en la naturalidad de ése cómico en estado puro que es Gorka Otxoa, que confiere a su personaje un equilibrio ajustado entre lo entrañable y lo patético, engrandecido por la escasa tensión sexual que desprende con su ‘partenaire’, la hermosa Sabrina Garciarena, una fuerza de la naturaleza que materializa el concepto de una mujer de ensueño. Pero también en la inocencia cómplice que transfiere Julián López o la experiencia y talento de dos clásicos como son Kiti Manver y el recuperado Oscar Ladoire, así como ésa mirada mesiánica de una siempre eficaz María Asquerino o las breves pero enérgicas apariciones de la más que prometedora Bárbara Santa-Cruz y los cómicos Mauro Muñiz y Ernesto Sevilla.
En definitiva, ‘Pagafantas’ no es una obra maestra. Ni busca serlo. Es sólo (qué fácil es escribirlo) una película rabiosamente entretenida y deleitable. O lo que es lo mismo, una película muy destacable dentro del panorama cinematográfico patrio (para aquéllos que lo critican indiscriminadamente) que explota perfectamente sus virtudes con una coherencia fuera de lo común y la convierten no sólo en una gran oportunidad de pasar unas risas en una tarde calurosa, sino también en la comedia de este verano y, posiblemente, en la comedia del año 2009. Ni más ni menos.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2009
PRÓXIMA REVIEW:'¿Hacemos una porno?', de Kevin Smith.

PD: Las fotos son cortesía del gran David Herranz. Muchas gracias compañero.