martes, 19 de enero de 2010

Lo mejor de una década que se fue (I)

2000

- ‘Magnolia (Magnolia)’, de Paul Thomas Anderson.
‘Magnolia’ es una obra que extiende su grafía hacia la poesía cinematográfica, una bella fábula que expone la soledad como enfermedad que afecta a varias vidas cruzadas entre personas que se necesitan, se odian, se mueren y viven con la necesidad de amar. La cinta de Anderson es, dentro del aislamiento emocional de sus personajes, como una purga incidental de aquello por lo que el ser humano se pregunta, que teme y necesita, donde es tan importante la providencia que responde siempre a un destino marcado por los hechos.
- ‘Wonderland (Wonderland)’, de Michael Winterbottom.
Bajo una abrumante magnificencia y sencillez, Winterbottom compone uno de los más bellos manifiestos a la poesía de la vida, al sufrimiento y al ser humano del cine contemporáneo. Una hermosa obra maestra que camina entre la perfección y la excelencia con una historia inolvidable que perdurará en el corazón del espectador.
- ‘Toy Story 2 (Toy Story 2)’, de John Lasseter.
Fundamentada en un guión de sólida estructura narrativa, la fuerza deslumbrante y el tono épico de ‘Toy Story 2’ la sitúan en un nivel muy difícil de superar, como una especie de vademécum del cine clásico, de cine inalcanzable, que tiene aquí su contigüidad más brillante y cautivante en su magnificencia técnica.
- ‘Al límite ((Bringing out the dead)’, de Martín Scorsese.
El cineasta ítaloamericano persiste en su empeño de indagar en las más profundas aristas de la soledad y la necesidad de afecto como una dilación del discurso psicológico sobre la locura que Paul Schrader efectuó con la lapidaria ‘Taxi Driver’. ‘Al límite’ es una obra maestra holista de ambientes urbanos y siniestros.
- ‘Miss Julie (Miss Julie)’, de Mike Figgis.
Obra difícil y sinuosa, la adaptación de Strindberg está llena de simbolismos con los que se pretende encontrar en las imágenes de la relación tempestuosa y en el desamor la vida profunda del alma. Una armónica y desgarradora cinta en la que sobresalen Peter Mulan y Saffron Burrows.
- ‘El Sexto Sentido (The sixth sense)’, de M. Night Shyamalan.
Inscrita dentro del ‘fantastique’, el filme de Shyamalan inquiere de forma angustiante en el fatalismo de la muerte, el amor, la soledad, la incomunicación y el miedo en sus diversas formas y ámbitos. Su magnificencia deviene de una innovación surgida de la simplicidad con la que el director cuenta su inolvidable fábula.
- ‘La Comunidad’, de Álex de la Iglesia.
Con una Carmen Maura que se sale de la lógica artística, De la Iglesia encuentra en este oscuro sortilegio el terreno idóneo para desplegar todo su arsenal y estruendoso potencial visual. Un insondable análisis de la codicia, de la envidia y el egoísmo, seccionando de forma solemne cada parte que forma el vecindario.
- ‘Las confesiones del doctor Sachs (La maladie de Sachs)’, de Michel Deville.
El largometraje de Deville es un fresco realista que sirve como espléndido retrato de gentes, un film vivo y emocionante donde el dolor, las alegrías y la emoción traspasan la pantalla en uno de los mejores filmes del cine francés contemporáneo. Una obra excelente, de sencillez insólita. Inolvidable.
- ‘Las normas de la casa de la sidra (The Cider House Rules)’, de Lasse Hallström.
Hallström plasma en imagen la solemne adaptación del dramaturgo John Irving en un majestuoso poema a la libertad del hombre, trasgrediendo las fronteras de la hipocresía moral y dando a su mensaje una bella glosa de sinceridad compuesta por una implacable apología a favor de la tolerancia.
- ‘Jóvenes Prodigiosos (Wonder boys)’, de Curtis Hanson.
Curtis Hanson vuelve al cine con esta magnífica comedia negra centrada en la necesidad de cambios vitales, en el fracaso y en la frustración, basándose en un prodigioso guión de Steve Kloves que tiene como gran baza a un magnífico Michael Douglas. Una insólita excelencia en la comedia americana moderna.
Y también…
- ‘Cómo ser John Malkovich (Being John Malkovich)’, de Spike Jonze, ‘Alta fidelidad (High fidelity)’, de Stephen Frears, ‘Cero en conducta (Detroit Rock City)’, de Adam Rifkin, ‘Election (Election)’, de Alexander Payne, ‘Ghost dog, el camino del samurai (Ghost Dog)’, de Jim Jarmusch, ‘Héroes fuera de órbita (Galaxy quest)’, de Dean Parisot, ‘La zona oscura (The war zone)’, de Tim Roth, ‘Lo que la verdad esconde (What lies beneath)’, de Robert Zemeckis, ‘Man on the moon (Mano on the moon)’, de Milos Forman, ‘Nacional 7 (Natioanle 7)’, de Jean-Pierre Sinapi, ‘Oh, brother! (O brother, where art thou?), de Joel Coen, ‘Pantaleon y las visitadoras’, de Francisco Lombardi, ‘Plata quemada’, de Marcelo Piñeyro, ‘Sleepy Hollow (Sleepy Hollow’, de Tim Burton, ‘Snatch: Cerdos y diamantes (Snatch)’, de Guy Ritchie, ‘The Ring (Ringu)’, de Hideo Nakata.

2001

- ‘Réquiem for a Dream (Réquiem for a dream)’, de Darren Aronofsky.
Configurada como una de las experiencias subjetivas más inquietantes y brutales de la historia del cine moderno, esta brutal cinta desgrana con furia y crudeza, bajo su enardecida estética que encuentra su grandiosidad en la justificación, una portentosa introspección acerca de la adicción que acaba por devastar todos los sueños.
- ‘Tigre y Dragón (Wo hu cang long)’, de Ang Lee.
Provista de una infalible épica llena de alquimia y espectáculo, la grandísima obra maestra de Ang Lee pondera su belleza con una historia que comprende, en su impecable estructura fraccionada, una grandiosa y bella fantasía de aventuras que sublima con su excelsitud el romanticismo legendario y el cine de artes marciales.
- ‘El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo (The Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring)’, de Peter Jackson.
A la altura de las expectativas fundadas, la primera cinta de la trilogía basada en el clásico literario de Tolkien se transforma en manos de un imponderable Peter Jackson, en una obra de arte llena de épica, magia y aventura. Llena de oscuridad estética y argumental ‘La comunidad del anillo’ es una legendaria odisea cinematográfica.
- ‘Deseando amar (Fa yeung nin wa /In the mood for love)’, de Won Kar-Wai.
Hermosa y solemne historia de amor imposible, la obra de Kar-Wai se enaltece con una soberbia composición centrada en su música, sus miradas y un deseo que consiguen, mediante una hermosa sencillez y calma, componer una ambigua alegoría al infortunio sentimental, que alcanza con su belleza un indescriptible éxtasis emocional.
- ‘La pianista (La pianiste)’, de Michael Haneke.
Rotunda obra de dimensiones analíticas difíciles de asimilar, Haneke desborda el paroxismo de la enfermedad mental para proponer dudas que nadie hasta el momento se había atrevido ni siquiera a imaginar en fotogramas. Iracunda y llena de rabia, ‘La pianista’ indaga en unos calados de la psique humana que da pánico sólo conjeturar.
- ‘Memento (Memento)’, de Christopher Nolan.
Inaudita profundización en la fragmentación y desglose del guión, la gran condición que hace inmensa la perspectiva narrativa de Nolan es una experimentación llena de puntos de giros retroactivos. La entidad y la habilidad de este excelente filme consisten en transgredir las bases del ‘thriller’ y ofrecer una lección de compleja construcción.
- ‘Código desconocido (Code inconnu: Récit incomplet de divers voyages)’, de Michael Haneke.
La patógena y diseccionadora mirada de Haneke ofrece una disertación sobre la realidad y la incomunicación humana conformada por un solemne ejercicio de experimentación. Un círculo sin resolución que lanza preguntas sin respuesta sobre la crisis vital, el racismo, la intolerancia y la soledad de seres que viven al límite.
- ‘Recursos humanos (Ressources humaines)’, de Laurent Cantet.
Con el debate de la jornada laboral de 35 horas semanales de fondo, Cantet acerca la realidad de una fábrica en dos frentes; la de un joven abogado que colabora con la junta directiva en la reestructuración del personal y el padre, un empleado que ha dedicado su vida al trabajo y su familia. Alejado de sensacionalismos y efectos planfetarios, el filme lleva más allá de la teoría ese relevo generacional y las incompatibilidades que impulsan dentro del orden laboral la filiación social.
- ‘Amores perros’, de Alejandro González Iñárritu.
Basando su efecto en un estilo colérico y diligente que percibe su paráfrasis visual en el desaliento y la violencia, el fondo destructivo y agónico de esta insondable obra remueve los pilares que sustentan la fragilidad de unas vidas impregnadas en un pesimismo encontrado en el trágico accidente automovilístico que les une.
- ‘Traffic (Traffic)’, de Steven Soderbergh.
Bajo un escapismo de toda ley fílmica impuesta las grandes superproducciones, Soderbergh justifica la libertad de un cine en estado puro, de simetría perfecta, para mantener un sorpresivo pulso en las subfábulas que apuntalan esta insólita denuncia hacia el vértice rentable del emporio narcótico en la frontera de México y USA.
Y también…
- ‘Ameliè (Ameliè)’, de Jean-Pierre Jeunet, ‘Bajo la arena’, de Francois Ozon, ‘Brother’, de Takeshi Kitano, ‘Colega ¿dónde está mi coche’ (Dude, where's my car?)’, de Danny Leiner, ‘Chopper (Chopper), de Andrew Dominik, ‘Casi famosos (Almost famous)’, de Cameron Crowe, ‘El juramento (The Pledge)’, de Sean Penn, ‘El protegido (Unbreakable)’, de M. Night Shyamalan, ‘En construcción’, de José Luis Guerin, ‘Fantasmas de Marte (Ghosts of Mars)’, de John Carpenter, ‘La bicicleta de Pekín (Shiqi sui de dan che)’, de Wang Xiaoshuai, ‘Las aceras de Nueva York (Sidewalks of New York)’, de Edward Burns, ‘La zona gris (The grey zone’)’, de Tim Blake Nelson, ‘Naúfrago (Cast away)’, de Robert Zemeckis, ‘Pau y su hermano’, de Marc Recha, ‘Quills (Quills)’, de Philip Kaufman, ‘Shrek (Shrek)’, de Andrew Adamson y Vicky Jonson, ‘La mugre y la furia (The filth and the fury)’, de Julien Temple, ‘Training day (Training day)’, de Antoine Fuqua, ‘Very important perros (Best in show)’, de Christopher Guest, ‘Y tu mamá, también’, de Alfonso Cuarón.

2002

- ‘Donnie darko (Donnie Darko)’, de Richard Kelly.
El debut de Kelly se muestra como una proposición desidealizada en el que la distopía melancólica de los 80 se observa en momentos mágicos de recuerdos comunes, donde se indaga en del destino, en el tiempo y el espacio, imbuyéndose en las decisiones que pueden cambiar el rumbo de muchas vidas, de los pequeños momentos de reflexión que permutan el porvenir. Es, en su fondo, una metáfora sobre una adolescencia sin futuro, en el que la confusión juvenil se manifiesta en la actitud provocadora de Donnie, la reencarnación del héroe atormentado que recuerda al Holden Caulfield de J.D. Salinger en su desequilibrio y su postura de rechazo a la superficialidad de las cosas.
- ‘El Señor de los Anillos: Las dos torres (The Lord of the Rings: The Two Towers), de Peter Jackson.
El director neozelandés Peter Jackson consumó con la continuación de la saga ‘tolkiena’ los recursos del cine de aventuras perdidos en la memoria, con una suntuosidad y un conocimiento del medio y del entretenimiento fascinante. La fragmentación de la comunidad del Anillo impone una diversificación de miradas que no atienden más que a un ritmo frenético, a una imposición de los géneros que salpican la segunda parte de un milagro, de ese ejemplar espectáculo más grande que la vida misma.
- ‘Monster's ball (Monster’s ball), de Marc Forster.
Drama racial en el que los protagonistas son presentados como animales heridos, personas que soportan el desconsuelo de un carácter problemático y una vida rodeada de miseria que acaban encontrando el desahogo en el amor instintivo, ‘Monster’s ball’ encuentra su grandeza en la profundización sentimental, que busca siempre una sinceridad atroz y sin lugar para el idealismo. El film de Forster supone una progresión interior, una resurrección sentimental narrada virtuosamente donde cada mirada, cada pequeño gesto, sin caer jamás en el exceso, dejan poder observar como pocas veces en una gran pantalla la amargura y el pesar.
- ‘Mullholand drive (Mullholand drive)’, de David Lynch.
El surreal y atmosférico universo de David Lynch tiene aquí una de sus cotas más apasionantes. Descoponiendo la estructura narrativa por todos sus flancos, Lynch juega con el espectador proponiendo una invitación de ilusionismo, de lógica onírica donde nada es lo que parece, un rompecabezas que invita a descubrir el complejo significado final de una obra de imaginería y simbolismos con la mano de un genio de estos juegos laberínticos. Una cinta sobre los sueños que circulan entre el materialismo e ilusiones engañosas, de los temores que acaban en la realidad y comienzan en el espejo de una mente enferma. Pura locura de uno de los talentos más capaces del cine norteamericano contemporáneo.
- ‘Irreversible (Irréversible)’, de Gaspar Noè.
Nacida para ser polémica y controvertible, esta película de Noè se presenta como ejercicio de ruptura narrativa, de provocación sin límites. No estamos ante lo que se cuenta, sino cómo se cuenta. No estamos hablando de fabulación o discurso. Noè acomete esta obra de una forma radical para contar algo que aproxima a un evento desde sus consecuencias últimas hasta llegar al origen de todo. De la muerte a la vida. De la destrucción a la concepción.
- ‘Spider (Spider)’, de David Cronenberg.
El sombrío mundo de la esquizofrenia, de la sensación de irrealidad, de vivencia en mundo paralelo y de la condición de mero espectador ante la representación teatral del mundo es el punto de partida de la tormentosa ‘Spider’. Un perturbador puzzle de fantasmas en el que pervive un fondo existencial lleno de dudas que adoptan un protagonismo definido por la debilidad mental, donde la la turbiedad y la metáfora materna de la araña y sus huevos se vincula a un problema de identidad, donde el miedo y la locura confunden pasado y presente.
- ‘El viaje de Chihiro (Sen to Chihiro no kamikakushi), de Hayao Miyazaki.
Una de las obras más reconocidas de Miyazaki, es un ostentoso derroche de imaginación, que alude a la imaginación y la fábula dentro de un cromatismo y cuidado exquisito. Lejos de las autoritarias novedades en el cine de animación, Miyazaki antepone la utilización del lenguaje cinematográfico o la creatividad y el talento a la sugestión técnica, que es puesta al servicio de una historia que reinventa la fantasía a cada plano, con una poética al alcance de los genios.
- ‘Los Tenenbaums. Una familia de genios (The royal Tenenbaums), de Wes Anderson.
Despreciativa con cualquier síntoma de afectuosidad sobre la fauna que compone esta excéntrica familia, Anderson apuntala su actitud contracorriente con una obra estrafalaria, llena de hallazgos, que pervierte su arrítmico retrato tragicómico en una magna demostración de talento. Los Tenembaums envician los cimientos de la familia tradicional para mostrar que en la disfuncionalidad también hay resquicios para el acercamiento y la concordia. Una película referencial.
- ‘Cosas que diría con sólo mirarla (Things You Can Tell Just by Looking at Her)’, de Rodrigo García.
Una hermosa cinta coral de sentimientos que cuenta cinco historias sobre la providencia y la escasez emocional de siete mujeres que sufren y ríen, lloran y escuchan, viven y mueren. Con desbordante naturalidad, ternura y primor García compone un intensivo fresco social buceando en la complejidad femenina, en el universo de la mujer moderna, en sus inquietudes y temores, acercándose a la realidad de un modo sinuoso, pero a la vez límpido, sin pudor. Un penetrante recorrido a través del alma femenina que indaga en la mujer de un modo preciso y puntillista, pero a su vez apasionado y sincero, escarbando en los problemas de sus roles protagonistas con una delicadeza discreta, sin dejarse llevar por el dramatismo que emanan sus amargas vidas.
- ‘El caso Bourne (The Bourne identity)’, de Doug Liman.
La genealogía del cine de espionaje centra, con sus tópicos y arquetipos, la sustancia de Bourne, uno de los posteriores iconos del cine de la década ’00. Liman compuso una fría y atonal propuesta de género, donde la acción no tiene límite y los excesos están moderados por la europeización de su espíritu nostálgico. Así, mediante referencias narrativas y visuales, el primer acercamiento a Bourne es el más academicista de su saga, sabiendo jugar con la acción en dosis de cuidados movimientos a la hora de acaparar una acción que recuerda a grandes títulos del pasado.
Y también…
- ‘8 mujeres (8 femmes)’, de Francois Ozon, ‘Agua tibia bajo un puente rojo (Akai hashi no shita no nurui mizu), de Shohei Imamura, ‘Aro Tolbukhin en la mente del asesino’, de Agustí Villaronga, ‘Audition (Odishon)’, de Takashi Miike, ‘Battle royale (Battle royale), de Kinji Fukasaku, ‘Don’s plum’, de R.D. Robb y John Schindler, ‘El empleo del tiempo (L'emploi du temps)’, de Laurent Cantet, ‘El pianista (The pianist)’, de Roman Polanski, ‘El segundo nombre (Second name)’, de Paco Plaza, ‘En la habitación (In the bedroom), de Todd Field, ‘Ghost World (Ghost World)’, de Terry Zwigoff, ‘Happy times (Xingfu shiguang)’, de Zhang Yimou, ‘Los espigadores y la espigadora (Les glaneurs et la glaneuse)’, de Agnès Varda, ‘Los lunes al sol’, de Fernando León de Aranoa, ‘The Tenenbaums (The royal Tenenbaums), de Wes Anderson, ‘Minority report (Minority report)’, de Steven Spielberg, ‘Millenium mambo (Qianxi manbo)’, de Hou Hsiao Hsien, ‘Monstruos S.A. (Monsters, Inc.)’, de Pete Docter, ‘Session 9 (Session 9)’, de Brad Anderson, ‘The believer (The believer)’, de Henry Bean, ‘Waking life (Waking life)’, de Richard Linklater, ‘Zoolander (Zoolander)’, de Ben Stiller.

2003

- ‘Adaptation: El ladrón de orquídeas (Adaptation)’, de Spike Jonze.
Con una extraordinaria estructura en la que se aluden aspectos pocas veces tratados en un argumento, Kaufman y Jonze proponen de confusos ejes temáticos, los cuales franquean las múltiples tramas que traza el enloquecido juego de realidad/ficción, pero simplificado en la idea de que la adaptación no sólo expone su sentido en la traslación de una novela a un guión de cine, sino que va más allá al tratar la teoría de Darwin sobre la evolución de las especies mediante su adaptación a las condiciones del medio ambiente, del proceso de ajuste a la vida que cada uno le toca vivir.
- ‘El Señor de los Anillos: El retorno del Rey (The Lord of the Rings: The Return of the King)’, de Peter Jackson.
El colofón de la adaptación de la obra de Tolkien recalca la grandeza de esta obra que acaparó el reconocimiento final correspondiente a la consecución común. Los personajes de los filmes de Jackson respiran con idiosincrasia propia en un final de recorrido que no escatima en épica, espectáculo y romanticismo. La última entrega traspasó la pantalla para llegar directamente al espectador con una disposición lírica y técnica que han servido como modelo para el cambio tecnológico del futuro. Una obra maestra.
- 'Buscando a Nemo (Finding Nemo)’, de Andrew Stanton y Lee Unkrich.
El perfeccionamiento de las técnicas digitales en el género de la animación son para Pixar una excusa para fomentar el beneficio del arte, de una compleja consolidación de obras inalcanzables que bordean el milagro. ‘Buscando a Nemo’ es otro golpe de efecto a ese fenómeno de generosidad con la grandeza de auténticas joyas del cine, donde cada criatura marina tiene luz y vida propia dentro de una aventura que, hasta el momento, supone uno de los pináculos más inolvidables de la factoría de John Lasseter. Y eso, sabiendo que cada año apuntalan una obra maestra, es decir mucho.
- ‘Gangs of New York (Gangs of New York)’, de Martin Scorsese.
Scorsese expone así un inflexible análisis histórico sobre una sociedad norteamericana que esconde su debilidad moral en la actitud paranoica y agresiva hacia los inmigrantes forjadores de la nación que hicieron de Estados Unidos la tierra de las oportunidades y el progreso que hoy todos conocemos. Con esta fastuosa película de tintes arqueológicos y antropológicos, el maestro presentó una antológica visión sobre el nacimiento de Nueva York, fundada en la sangre y la violencia, en la ira y la ambición.
-‘Embriagado de amor (Punch-Drunk Love)’, de Paul Thomas Anderson.
Extravagante comedia donde las haya, ‘Punch Drunk Love’ se aleja de cualquier patrón y estilismo genérico. Con ella, Anderson aborda la comedia como un nuevo reto en el que su visión conceptual se alejara de lo visto hasta el momento, creando como es habitual en él un universo propio, genuino y mágico. Un logro que consigue con esta deliciosa y extraña cinta inclasificable. Oscura, obsesiva y agresiva, es una fábula moderna, absurda y genial de un director de perspectiva diáfana, preponderante de irreconocibles modelos que se apartan de lo ordinario, de lo obvio, deteniéndose en los sentimientos, en las miradas, en los gestos...
- ‘La última noche (25th tour)’, de Spike Lee.
Sin duda alguna, la mejor película de Lee de la década, desgrana los sentimientos, los miedos y las emociones de unos personajes que simbolizan, con sus obsesiones y circunstancias, el difuso aturdimiento que supusieron los atentados del 11-S sobre la orbe neoyorquina y sobre el mundo. La realidad sin demagogia, una trama que desemboca en un doble final y la interpretación de un reparto en estado de gracia confabulan los elementos de un filme desgarrador, que expone las múltiples capacidades de Lee como cineasta.
- ‘Dogville (Dogville)’, de Lars Von Trier.
Es difícil no evocar la figura de Grace, esa figura inocente que, en su huída de unos gangsters despierta la naturaleza individualista y abusiva de una comunidad representativa de la Ameríca profunda delimitada a un escenario desnudando donde, a través de la naturaleza teatral, se va narrando una historia minimalista sobre la conveniencia, la deleznable condición humana que pasa a ser el lobo cuando es atosigada por el pesimismo, el miedo y la misoginia. Von Trier se aventura en territories morales ambiguos con una riqueza de discurso apabullante, donde la puesta en escena excluye los artificios para recrear la mejor y más experimental y abstracta cinta de este polémico director de ínfulas ambiciosas.
- ‘Mystic River (Mystic River)’, de Clint Eastwood.
Sombría y pesimista, ‘Mystic River’ desarrolla líneas laberínticas en las cuales los personajes dan paso a sus tres complejos caracteres marcados por la soledad silenciosa, el ansía de venganza y la locura pretérita, respectivamente, actualizada por un hecho inconfesable que no es más que la coartada moral para confirmar una anhelada búsqueda de la propia identidad. Una película de sólido temple, de elegante factura, categórica en su lóbrega proposición dramática lanzada con la clásica mirada de un director que sigue perpetuando una línea sombría ante sus personajes y ambientes.
- ‘Las horas (The hours)’, de Stephen Daldry.
Ficción y realidad, pasado y presente, y vida y muerte se entrecruzan en una película que aborda el difícil cosmos femenino desde una complejidad realmente prodigiosa. La gran virtud de la obra del cineasta reside en la magnífica estructura narrativa, llevada de un modo impecable en el paralelismo de las tres vidas y las tres épocas, haciendo que cada historia transcurra en un solo día donde la analogía entre la literatura de Michael Cunningham y el celuloide de Daldry se diluye en una perfecta simbiosis artística. Las horas’ es una sensible y difícil cinta que ahonda en la infelicidad, en los misterios del sexo, del deber y del amor, elementos de un ensamblaje de delicado arte sobre el precio del amor y sus devastadoras consecuencias.
- ‘Bowling for Columbine (Bowling for Columbine)’, de Michael Moore.
Michael Moore revolucionó el género documental con este trabajo que no es más que un reflexión acerca de la garantía vital amparada tras un arsenal armamentístico, aportando desconcertantes datos sobre la historia bélica de los Estados Unidos y su iniquidad ante los miles de muertos en las guerras que este poderoso país ha forjado directa o indirectamente. O, simplemente, un ensayo crítico acerca de las causas de la violencia que carcome la conciencia pública yanqui, del germen de la estupidez americana que lleva a un presidente genocida a persuadir a presidentes con graves carencias de personalidad a una absurda guerra sin sentido.
Y también…
- ‘Mi vida sin mí (My life without me)’, de Isabel Coixet, ‘A propósito de Schmidt (About Schmidt)’, de Alexander Payne, ‘28 días después (28 days later)’, de Danny Boyle, ‘Bienvenidos a Belleville (Belleville rendez-vous)’, de Sylvain Chomet, ‘Domingo sangriento (Bloody Sunday)’, de Paul Greengrass, ‘Ciudad de Dios (Cidade de Deus)’, de Fernando Meirelles, ‘Chicago (Chicago)’, de Rob Marshall, ‘El buen ladrón (The good thief)’, de Neil Jordan, ‘Elephant (Elephant)’, de Gus Van Sant, ‘El regalo de Silvia’, de Dionisio Pérez Galindo, ‘En América (In America), de Jim Sheridan, ‘Femme Fatale (Femme fatale)’, de Brian De Palma, ‘La casa de los 1.000 cadáveres (House of 1000 corpses), de Rob Zombie, ‘Las hermanas de la Magdalena (The Magdalene sisters)’, de Peter Mullan, ‘Las invasions bárbaras (Les invasions barbares), de Denys Arcand, ‘Los impostores (Matchstick men)’, de Ridley Scott, ‘Love actually (Love actually)’, de Richard Curtis, ‘Master and commander (Master and commander: the far side of the world), de Peter Weir, ‘The Good girl (The good girl)’, de Miguel Arteta.

2004

- ‘Lost in translation (Lost in Translation)’, de Sofía Coppola.
La segunda película como directora de Sofia Coppola supone una generosa obra sobre las amistades no duraderas pero imborrables. Es tan extraordinaria debido a las reflexiones vertidas en esta prodigiosa película en torno a la soledad, la decadencia y el paso del tiempo en un viaje a la vida de dos personajes imposible de olvidar e interpretados por Bill Murray Y Scarlet Johansson. Coppola libera sus creaciones en una terminante y reconocible verdad, diáfana y sugestiva, que manifiesta en su fondo y forma un sincero alegato al romanticismo, al amor y las inquietudes de unos roles que viven por sí solos y que se necesitan para poder comprender un periplo de dudas existenciales, de crisis iniciáticas o maduras, ambas adultas, equiparables en sus preguntas sobre la vida y la felicidad.
- ‘Kill Bill: Vol. 1 y 2 (Kill Bill: Vol. 1 & 2)’, de Quentin Tarantino.
Tarantino ha realizado con su cuarta película la proeza de aleccionar sobre la dirección, la absorción de referencias y la composición de un salvaje chute de adrenalina. Cine libre en estado puro, un preciso y contundente cocktel de referencias temáticas sobre las que el cineasta es un experto conocedor. Los clásicos de serie B, los dogmas populares, las cintas orientales y sus expresiones genéricas más estandarizadas (como el ‘wuxia pian’, los filmes de yakuzas, el ‘anime’) o el ‘western’ (en sus versiones clásicas y ‘spaghetti’) desfilan en un imposible combinado genérico donde la fuerza del impacto y las analogías temáticas no sólo evocan simplemente el exceso y los aspectos más determinantes del cine de género, sino que esconden tras su apariencia un impresionante espíritu de rebelión subversiva que le confiere una intensidad emocional y un poder de fascinación infinitos.
- ‘¡Olvídate de mí! (Eternal sunshine of the spotless mind)', de Michel Gondry.
Charlie Kaufman y Michel Gondry componen una magistral y compleja fábula romántica que tiene en el juego de tiempos su mayor virtud narrativa. Su gran probidad reside en que, en su intención no está la originalidad sino el propósito de contar una historia que muestra la verdadera naturaleza del amor, concibiendo su destino e inevitabilidad, su sentido de la injusticia y la predestinación. Es ‘Eternal Sunshine…’ una película de muchas lecturas que apela a continuidad espontánea a medida que la historia profundiza en su complejidad. Y es que nunca fue tan cierto que el sentido de una película está en los ojos del que mira, del que siente de una manera u otra lo que está viendo. Una película dedicada al eterno brillo de las mentes inmaculadas (las que evoca el título original), aquéllas que entenderán que no se puede esquivar el amor, aunque no se recuerde ni siquiera de quién se está enamorado o por qué se quiere estarlo.
- ‘2046 (2046)’, de Wong Kar-Wai.
Wong Kar-Wai aborda una compleja historia sobre el amor no correspondido, sobre la memoria y el recuerdo, donde su dolor se produce en un futuro que retrocede al pasado. La multiplicidad de sentimientos, de juego con los tiempos y de pretendida confusión por parte del cineasta hacen de esta película una pieza excepcional, colmada de una especial belleza de indomable y lírica elocuencia, en búsqueda constante de una perfecta puesta en escena, donde los planos ralentizados, la hermosa fotografía y la adecuada utilización dramática de la música juegan un papel fundamental para su discurso reflexivo y substancialmente onírico. Lírica obra de talla excepcional, prodigio de composición musical de la imagen, su gran capacidad de hipnotismo convierten a esta joya en un filme de sensaciones.
- ‘Antes del atardecer (Before the sunset)’, de Richard Linklater.
Nueve años después de ‘Antes del amanecer’, Richard Linklater retoma su mejor película para continuar una de las historias más bellas y románticas de la historia del cine contemporáneo. La libertad y la inspiración confluyen en un necesario estilo de acercamiento a la pareja, donde el fluir temporal que añora un tiempo no vivido, llena su vacío con diálogos, reflexiones y sueños que cubren la ausencia de ambos en sus respectivas vidas. Una preciosa oda al amor que consta de un engranaje conceptual detallado en la delicadeza de sus frases, de sus réplicas, de sus silencios, de lo latente que empieza en las percepciones abstractas avanzando hacia las respuestas que tanto los personajes como el espectador quieren conocer.
-‘Amanecer de los muertos (Dawn of the Dead)’, de Zack Snyder.
El debutante Zack Snyder recupera la pureza más genérica del ‘gore’ en un ‘remake’ que supera, con mucho, al original de George A. Romero. Una plétora de habilidades en la que predomina un intuitivo sentido visual que consigue con su perfecta planificación aprovechar al máximo el impacto de las múltiples escenas de acción a unos niveles de estética y violencia pocas veces apreciables del género. La gran virtud que convierte esta versión en una ‘rara avis’ dentro del cine de terror actual es su alto componente.
- ‘Ser y tener (Être et avoir)’, de Nicolas Philibert.
Es ‘Ser y tener’ una galería de pequeños fragmentos de vida, narrada de forma magistral por una mirada que se sitúa con bastante distancia para resultar cercano, paradoja ésta que le permite a Philibert explorar y contemplar al profesor y a los niños desde un prisma realista y a su vez nada complaciente. Un recorrido por la importancia de enseñar, inquiriendo en la esencia del fenómeno educativo, una oda al acto de amor que es iniciar al más pequeño en el proceso de aprender y crecer.
- ‘Secretary (Secretary)’, de Steven Shainberg.
En ‘Secretary’, lo que para muchos resulta desagradable e intolerable, señal de hipocresía e intransigencia, es en realidad una muestra de belleza sensible en estado puro de dos personas que edifican, poco a poco, una personal y casi perfecta felicidad. Una cinta que reflexiona acerca de lo fácil que resulta que el placer y el dolor del castigo sexual y la zozobra amorosa se confundan, máxime cuando dos personas establecen una relación laboral cimentada en la práctica y la aceptación del poder. Los juegos de faltas y correctivos, de humillaciones y escarmientos son representados con absoluta taumaturgia por James Spader y Maggie Gyllenhaal.
- ‘Los Increíbles (The Incredibles)’, de Brad Bird.
Brad Bird consigue para la Pixar su mejor filme hasta el momento basando su potencial en una perfección técnica absoluta y en el épico homenaje al cómic de los 50, invocando también a una reflexión sobre la anormalidad, la heterogeneidad a la conlleva ser un héroe y el rechazo que casi siempre la sociedad tiene ante esto. Pixar que arriesga con sutilidad e ingenio en un cine mucho más adulto, en un cine donde los protagonistas adquieren una perfección absoluta, no sólo a nivel técnico (extraordinaria, teniendo en cuenta sus atributos no demasiado naturalistas de la realidad) sino a nivel narrativo. Suntuosa obra de arte y artesanía, una fiesta de cine de animación clásico, Bird demuestra su devoción por el clasicismo de los años 50 y la estética retrofuturista, apostando en todo momento con un toque ‘pulp’ sesentero, donde no falta en ‘pop art’ estético y el ‘High Tech’ con un sincero homenaje a la serie de ‘James Bond’.
- ‘La joven de la Perla (Girl With a Pearl Earring)’, de Peter Webber.
El debutante Peter Webber, prestigioso documentalista, lleva a imagen el libro de Tracy Chevalier para develar el misterio que se esconde detrás este cuadro de Vermeer. La grandeza del filme proviene, sin embargo del fotógrafo Eduardo Serra, que sigue los postulados artísticos de Steen, Potter o los hermanos Van Ostade, obsequia al espectador con una película de frágil sensibilidad, donde la puesta en escena simboliza un universo pictórico de tonalidades y perspectivas sobre el fondo, hacia planos medios y más allá en la distancia, llenos de efectos de luz reflejados con sutileza, delicadeza y pureza de color. Un cosmos de arte y luz que el cineasta aprovecha para contar la historia a través de un mundo en que las cosas no se dicen pero se captan, como extraídas de la atmósfera doméstica evocadora del estilo genérico de Pietr de Hooch, otro maestro de la época.
Y además...
.- ‘Fahrenheit 9/11 (Fahrenheit 9/11)’, de Michael Moore, ‘El chico que conquistó Hollywood (The kid stays in the picture)’, de Brett Morgen y Nanette Burstein, ‘Dos colgaos muy fumaos (Harold & Kumar Go to White Castle), de Danny Leiner, ‘Alta tensión (Haute tension)’, de Alexandre Aja, ‘Bad Santa (Bad Santa)’, de Terry Zwigoff, ‘Big Fish (Big Fish)’, de Tim Burton, ‘Capturing the Friedmans (Capturing the Friedmans)’, de Andrew Jarecki, ‘Coffee and cigarettes (Coffee and cigarettes)’, de Jim Jarmusch, ‘Collateral (Collateral)’, de Michael Mann, ‘Confesiones de una mente peligrosa (Confessions of dangerous mind), de George Clooney, ‘Como una imagen (Comme une image)’, de Agnès Jaoui, ‘Contra la pared (Gegen die wand)’, de Fatih Akin, ‘El día de mañana (The day after tomorrow)’, de Roland Emmerich, ‘El maquinista (The machinist), de Brad Anderson, ‘El mito de Bourne (The Bourne supremacy), de Paul Greengrass, ‘Escuela de Rock (The school of rock), de Richard Linklater, ‘El bosque (The village)’, de M. Knight Shyamalan, ‘Héctor’, de Gracia Querejeta, ‘Hellboy (Hellboy)’, de Guillermo del Toro, ‘Los chicos del coro (Les choristes)’, de Christophe Barratier, ‘Peter Pan: la gran aventura (Peter Pan), de P.J. Hogan, ‘Vías cruzadas (The station agent)’, de Thomas McCarthy, ‘Zombies party (Shaun of the dead)’, de Edgar Wright, ‘Whisky’, Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll, 'Sky captain y el mundo de mañana (Sky captain and the World of tomorrow), de Kerry Conran.