lunes, 27 de diciembre de 2004

Review 2046

Romántica ficción temporal
Wong Kar-Wai aborda una compleja historia sobre el amor no correspondido, sobre la memoria y el recuerdo, donde su dolor se produce en un futuro que retrocede al pasado.
En el cine moderno, pocos directores como Wong Kar-Wai han sabido imprimir a sus películas un signo estético, poético y narrativo tan personal y reconocible como este genio de nuestro tiempo. Pese a sus reconocidas influencias europeas (encabezadas por Antonioni), el cine de Kar-Wai dota a sus películas de unas características que se reconocen en su exclusividad plástica y en un ritmo pausado que se conjugan a la perfección con una personal apacibilidad encontrada en el Hong Kong de los años 60 y su estética, en los entornos cerrados y en la música latina, inundando con ellos un nostálgico estilo esteticista cuya preponderancia se enfoca hacia una temática de corte similar: el amor imposible, la soledad, la nostalgia y la necesidad vital de amar. Como un territorio inexplorado, un lugar común de recuerdos pasados y añorados, un presente extraño y doloroso y un futuro agónico y afligido que tiene por destino volver al pasado, retrotrayendo los duros recuerdos de un amor imposible de olvidar. Así podría definirse un filme a priori tan complejo como ‘2046’.
El personaje Chow Mo Wan (interpretado por Tony Leung) es el mismo de la hermosa y solemne historia de amor imposible ‘In the mood for love’, recuerda, además del gran amor de su vida (interpretado en pequeños ‘flashbcks’ por Maggie Chueng), un amor pretérito del que sigue enamorado, a una balarina que es uno de los personajes finales de ‘Days of being wild’, cinta que finalizada con el señor Chow, jugando a las cartas cayendo en las redes de la sensual chica y a otra que le recuerda a la primera. En ‘2046’ confluyen demasiadas referencias anteriores que pueden llegar a dificultar el entendimiento del cruce de tiempos y romances que se desarrollan en ella, pero que acaban sucumbiendo a la belleza de la deconstrucción sentimental de un hombre al que, a lo largo de las dos últimas cintas de Kar Wai, hemos ido conociendo y delimitando ante él las desdichas emocionales y existenciales que vive en un periodo cercado por el tiempo (un lapso de seis años entre 1963 y 1969) en esferas geográficamente habituales, en contornos elípticos y direcciones discontinuas en la historia de un hombre solitario y abandonado, carente de motivaciones sentimentales.
El tren del futuro que avanza hacia 2046 no es más que un sortilegio imaginativo de todo lo que sucede en el pasado (en un retroceso temporal), como acepción de la vida que avanza que permite el regreso al pasado para lamentar amores perdidos y nunca consumados. Un espacio temporal imaginativo en el que Chow Mo Wan encuentra en su memoria el vehículo y el trayecto ideal para poder volver a revivir sus amores más distantes, pero a la vez tan cercanos en su memoria. Un espacio donde la realidad se transfiere a la mujeres a las que amó, no ama y desea pero no le corresponden. ‘2046’ es una quimera de un futuro en el que éste recupera lo doloroso de todas ellas en una novela con androides que representan a estas mujeres y un triste viaje hacia su recuerdo utópico.
Al fin y al cabo, Kar Wai vuelve a hablar de una amplia su visión sobre un tema tan clásico como es el amor no correspondido. Las diferentes relaciones de Chow Mo Wan con mujeres son historias en las que una de las dos partes de la relación tiene un interés pasional que el otro no comparte. Así, el protagonista se enamora de una mujer que no le quiere (Faye Gong), se deja querer por una mujer que está enamorada de él pero a la que no quiere (extraordinaria Zhang Ziyi) y evoca el recuerdo de una persona (Gong Li) que a su vez le recuerda a otra con la que vivió una historia apasionada y de la que tuvo que separarse (Maggie Cheung).
En este inagotable laberinto de ficciones, realidades, sueños y espejos sentimentales que se reinventan a sí mismos, el director hongkonés vuelve a mostrar su soberbia capacidad de composición concentrada en su música, la importancia de las miradas y el deseo interior conseguido mediante una hermosa sencillez y calma, ataviada en una ambigua alegoría al infortunio sentimental que alcanza con su belleza un indescriptible éxtasis emocional.
‘2046’ está empapada de pesimismo. El que destilan las paredes de la habitación 2047, lugar donde Chow no deja de revisitar su contigua, la 2046, aquel lugar donde se alojó su amor frustrado y el año en el que transita el tren de su novela futurista, el año al que todos sus pasajeros se encaminan con el anhelo de recuperar su memoria perdida, pues se decía que allí nada cambiaría. Pero nadie sabía si eso era cierto, pues ningún pasajero había sido capaz de volver de allí excepto uno, el propio Chow, que eligió volver. Él quería cambiar, sin saber que es incapaz de amar como las mujeres a las que ha ido dejando en el pasado. Wong Kar-wai, al igual que hizo Alain Resnais en ‘El año pasado en Marienbad’, reconduce la historia hasta su visión subjetiva, en un entorno personal, donde el entendimiento por parte del espectador importa menos que la completa efusión de sensaciones y ritmo visual que ofrece la película en su enredado y nunca comprendido itinerario romántico.
‘2046’ es una película que si bien resulta algo compleja, es debido a que su tema central se centra más en la memoria y el recuerdo que en el momento que se vive en tiempo presente. La multiplicidad de sentimientos, de juego con los tiempos y de pretendida confusión por parte del cineasta hacen de esta película una pieza excepcional, colmada de una especial belleza de indomable y lírica elocuencia, en búsqueda constante de una perfecta puesta en escena, donde los planos ralentizados, la hermosa fotografía y la adecuada utilización dramática de la música juegan un papel fundamental para su discurso reflexivo y substancialmente onírico.
Lírica obra de talla excepcional, prodigio de composición musical de la imagen, su gran capacidad de hipnotismo convierten a esta joya en un filme de sensaciones que se permite utilizar una miscelánea retrofuturista (del cine clásico oriental, pasando por el ‘kistch’ hasta llegar a una perfecta mezcla entre la arquitectura de ‘Metrópolis’ y de los cómics de François Schuiten y Benoit Peeters), combinando una serie de destellos argumentales, estrofas visuales y repeticiones redundantes de situaciones que no hacen sino convocar las sensaciones de melancolía, pasión, soledad, infelicidad y tristeza por la que pasan sus personajes en cada momento. ‘2046’ es, en definitiva, un placer contemplativo, la culminación de un minucioso trabajo que va en progreso, de un estilo y variantes estética y narrativa innovadoras e incomparables.
Miguel Á. Refoyo © 2004