martes, 8 de febrero de 2005

Memento: Otnemem

Recuerdos perdidos
Christopher Nolan logró con su segundo filme transgredir las bases del ‘thriller’ y ofrecer una cinta marcada por una sublime e inesperada narración retroactiva.
La memoria siempre ha sido un recurso infalible en el ‘thriller’, y su distorsión o pérdida un elemento alterador de una realidad que se vuelve agresiva ante el ser humano que la padezca. Elemento genuino y revisitado para géneros fílmicos enigmáticos e indescifrables. Jugando con este fundamento, el segundo filme de Christopher Nolan, ‘Memento’, indagó, de forma excepcional, en la dificultad que entrañan las diversas formas de inteligencia que tienden a dar la inalcanzable estructura personal que engloba la memoria y su ámbito más tenebroso.
La historia de este ‘thriller’ perturbador y original descompone la vida de Leonard Selby, un hombre que, sin poder recordar lo que ha hecho en sólo un cuarto de hora, vive para vengar la salvaje muerte de su esposa recordando su propósito mediante tatuajes y fotografías instantáneas. Como un verdadero puzzle de situaciones contrapuestas, jugando arriesgadamente en el filo, la que fue una de las sorpresas de 2001 enalteció su imprescindible visión con una capacidad de sorpresa inquietante, pocas veces vista en el cine moderno. Con una planificación argumental y narrativa de compleja construcción y portentoso efecto formal, Nolan subviertió los designios del género entrelazando los indicios descriptivos de su magnífico guión hacia atrás.
Por tanto, la entidad, la habilidad y la sorpresa de este excelente filme consistieron en detallar el final en su prodigioso prólogo para, mediante ‘flash-backs’ de corta duración (ajustada al tiempo que puede retener los recuerdos el protagonista), desvelar su extraño e inquietante ‘epílogo-comienzo’ de todo lo que el desconcertado espectador ha visto. Inaudita profundización en la fragmentación y desglose del guión, la gran condición que hace inmensa la perspectiva narrativa de Nolan es una experimentación llena de puntos de giros retroactivos (y a su vez progresivos), de una acción minada con un ingenio inquieto y amenazante, dejando el carácter y el pensamiento alterados por la efímera muestra real de lo que pasa por la vida del amnésico investigador. Yendo hacia atrás y hacia delante en alteraciones temporales de una limpieza abrumante.
‘Memento’ se construye bajo unos personajes ambiguos y enigmáticos, que son utilizados por Nolan para desvelar, de forma nihilista e inhumana, una reflexión sobre los oscuros dominios de la mente, inspirados, a pesar de la amnesia, por el egoísmo, la venganza, la violencia y la condición más lóbrega del ser humano. La estética enrarecida por una atmósfera y un ‘tempo’ narrativo inhabitual son utilizados para desarrollar la memoria perdida a través de los ojos de un espectador obligado a hacerse preguntas, a recolocar las piezas de este rompecabezas interactivo. ‘Memento’ es un ejercicio de estilo convertido en una expiación final de la culpa efímera de un personaje imborrable que Guy Pierce se encarga de hacer todavía más atractivo.
El juego de Nolan fue, en definitiva, una asombrosa conjunción de virtudes como nueva perspectiva del misterio que abarcan los sueños, los recuerdos, los deseos y una realidad transformada en onírica, circunscrita a una enfermedad que desvanece el pasado en unos minutos. De ahí que el protagonista utilice su cuerpo como libreta para apuntar aquello que es imprescindible. Para conseguir recordar su particular venganza, su objetivo vital a consumar. Como si su memoria viniera a ser una Polaroid con proceso invertido que tiene como fin un principio inesperado, para desenterrar que lo que Nolan ha contado ha sido un proceso circular que no tiene fin.
‘Memento’ fue, como conclusión (o presentación), una honesta y plausible experimentación genérica que da como resultado un ‘thriller’ innovador y revolucionario, en el que se propuso una nueva vuelta de tuerca a la modernidad argumental, basada en que el público se pregunte lo mismo que el personaje principal, para buscar el efecto, porque la causa se sabe desde el comienzo. Desde el final. Una imprescindible película que marcó desde su estreno, con su presencia, una de las grandes películas de culto de la década.
Y este 'spoiler' visual, clave de todo.