martes, 9 de noviembre de 2004

Irreversible, de Noè

Ayer le volví a echar un vistazo a ‘Irreversible', la polémica película del controvertido Gaspar Noè, que dividió a todo el que la vio. O entusiasma o se desprecia. No hay término medio. Una cinta como ejercicio de ruptura narrativa que es, por esta pequeña característica, simplemente sublime. No estamos ante lo que se cuenta, sino cómo se cuenta. No estamos hablando de fabulación o discurso. Noè acomete esta obra de una forma radical para contar algo que aproxima a un evento desde sus consecuencias últimas hasta llegar al origen de todo. De la muerte a la vida. De la destrucción a la concepción.
A mí ‘Irreversible’ me gustó porque impone un inmenso riesgo a la hora de abordar una historia. Ya no sólo por el contenido de ésta, sino por la necesidad de ruptura con las formas, con la necesidad de demostrar al espectador que la violencia no es un juego, que es real. El extintor y su constante impacto contra la cara del violador es el síntoma de que hemos llegado a una desensibilización atroz. Uno no se cree que no pueda apartar los ojos del rostro en cada impacto o en la crudeza de una violación, incluso creerse el discurso fácil de la justificación del agresor, despojado de toda duda.
Hay un detalle brutal en esta secuencia que demuestra mucho de lo que quiere decir Noè. Cuando Monica Belucci está siendo salvajemente vejada, un hombre entra en el túnel del metro y ve la acción. En vez de hacer algo, socorrer a la chica, intentarlo. Algo. No. Se va. Sin más. Bien, nosotros somos ese hombre, desde el otro lado del túnel.
"Un túnel que se rompe en dos"...
En fin, amigos, que exhibicionista o no, ‘Irreversible’ es una joya de culto del cine francés que provocó en mí un impacto mental mucho más profundo que la mayoría de las películas europeas que he visto en los últimos tiempos y que me hizo pensar en cosas que nadie antes me había podido sacar.
¿El tiempo lo destruye todo? Tal vez.