viernes, 22 de abril de 2005

'Traffic', un gran Soderbergh

La libertad de un cine en estado puro
En su portentosa capacidad de ‘cineasta total’, Steven Soderbergh magnificó su labor con una arriesgada obra centrada en el narcotráfico.
Steven Soderbergh ha demostrado, a lo largo de una irregular pero intachable trayectoria, que es uno de los cineastas más interesantes del cine actual hollywoodiense. ‘Traffic’ es, hasta el momento, su última genialidad. Una cinta que vino a testimoniar un estado de gracia que abrumó con la fuerza de una dirección y talento inauditos en su proclive generación. En ‘Traffic’ Soderbergh recuperó su inextinguible pulso narrativo para, bordeando en todo momento la genialidad, imponer algunos de los mejores momentos del cine actual y atribuir con su visión un ritmo y estética que revelaron un verdadero sentido de independencia que traspasó cada plano de esta magnífica y acabada obra, la mejor de su fructuoso cineasta.
El director de ‘Sexo, mentiras y cintas de vídeo’ constató su labor de gran creador de imágenes confiriendo al filme una dirección antológica, mayestática, fusionando dos estilos para narrar esta historia de narcotráfico, como metáfora de los dos mundos opuestos y subsidiarios, consiguiendo para los Estados Unidos una tonalidad gélida y azulada y para México un color sepia y ocre que delimitara dos universos unidos por la droga, hermanados por el tráfico y los cárteles. ‘Traffic’ se centra en el poderoso imperio del contrabando, exponiendo un apabullante y cercano análisis desde un punto de vista diversificado en cuatro historias entrecruzadas, inscritas en una intención objetiva y descriptiva, en el que el objetivo no es tanto buscar el lado oscuro y triste de la droga y su comercio, sino la génesis, la maquinaria, el desarrollo y las consecuencias de un mercado en continuo ascenso e imparable auge. Soderbergh mantiene el pulso de las subfábulas apuntalando una denuncia insólita hacia el vértice rentable del emporio narcótico, actitud que aprovecha para llevar al espectador a un viaje a través de una realidad paralela, sin necesidad de recurrir a ningún tipo de efectismo, para promulgar la autenticidad existente en una frontera de México y Estados Unidos veteada de cocaína y del futuro imperturbable de ésta.
Soderbergh recurrió al escapismo de toda ley fílmica impuesta por el sistema de las ‘majors’ para extraer de su postura la libertad de un cine en estado puro, de simetría perfecta y pulso frenético, de constante acción narrativa. Valiente y decidida, la cámara nerviosa del cineasta antepuso su autonomía para componer una brutal sinfonía de poderosas imágenes, de genuino cine de autor. Asombroso es el reparto que dio vida a los personajes de esta gran obra encabezados por Michael Douglas, Catherine Zeta-Jones, Don Cheadle o Luis Guzmán, que hicieron de su aportación uno de los inagotables apéndices que complementaron una de las grandes cintas de 2001. Mención aparte recibe el trabajo de un Benicio del Toro inmenso, profundo y multidimensional en el papel de policía mexicano comprometido con sus raíces y la lucha contra los narcos, dos causas contrapuestas en los cárteles aztecas. De espíritu transgresor y pulcritud cinematográfica ‘Traffic’ fue, a todas luces, el reencuentro con uno de los genios del cine contemporáneo. Fue la reconciliación con el visionario que ganó la Palma de Oro con sólo 25 años.