martes, 7 de diciembre de 2004

Review THE INCREDIBLES

Un prodigio digital y narrativo
Brad Bird consigue para la Pixar su mejor filme hasta el momento basando su potencial en una perfección técnica absoluta y en el épico homenaje al cómic de los 50.
Con cinco largometrajes (las dos ‘Toy Story’, ‘Bichos’, ‘Monstruos S. A.’ y ‘Buscando a Nemo’) John Lasseter ha podido erigir una productora capaz de volar sin una Disney que ha vivido estos años como sanguijuela de Pixar, quedando como una incógnita el futuro de la casa del tío Walt. ‘Los Increíbles’ y la próxima ‘Cars’, son las dos últimas producciones compartidas por ambas compañías. Todo es debido a la supremacía que Pixar ejerce en el mundo de una animación que aboga por la tridimensionalidad de lo digital que ha impugnado, como marcan lo tiempos, a la animación clásica del 2-D. Pero no sólo los avances técnicos de un género revolucionado con la progresiva tecnología digital es el centro del éxito de una productora de éxito como la Pixar. Al igual que la que fue ambición del genial marionetista Jim Henson (el creador de ‘Los teleñecos’), John Lasseter ha creado a su alrededor un estilo de cine y de animación familiar que, sin perder una soterrado mensaje de sutil moralina, sin aditivos ni falsas coartadas, es capaz de contentar y conmover, al mismo tiempo, a adultos y pequeños. Y es ahí donde reside el potencial comercial de esta fábrica de sueños.
Para su nueva y esperada película, Pixar se ha dejado contagiar por la fiebre de superhéroes que arrasa Hollywood. Pero como no podía ser de otro modo, no ha fusilado ningún cómic, sino que ha tratado de llevar el género a su terreno, donde buena parte de su eficacia reside en su propio carácter desmitificador, especialidad en la cual no se concibe el espectáculo sin dotarlo de un admirable estilo y exquisitez técnica. Sin perder ni una brizna de su esperado humor e imaginación, ‘Los increíbles’ vuelve a ser una demostración de preponderancia, continuación progresiva de la evolución de la animación por ordenador. ‘Los Increíbles’ cuenta las aventuras de Bob Parr (Mr. Increíble) y Helen Parr (Elastic Girl), otrora superhéroes que tuvieron que dejar de ejercer de salvadores del mundo para adoptar identidades civiles y llevar una vida normal, rutinaria y familiar, con tres maravillosos hijos (Violet, Dash y Jack-Jack). Cuando Parr recibe un misterioso comunicado al que acude llevado por su vocación heroica, introduce sin querer a sus familia en una nueva aventura dentro de una isla perdida para cumplir con la misión que tanto echaban de menos: salvar al mundo de un perverso villano.
Brad Bird, responsable del clásico maldito de la animación ‘El Gigante de Hierro’ (y de varios episodios de ‘Los Simpsons’) ha tenido libertad total para llevar a cabo esta prodigiosa cinta de animación. Desde su fantástico prólogo de clarividente presentación de los personajes, donde los héroes son retirados por el Gobierno de su actividad debido a las crecientes demandas de daños materiales y psíquicos que causan sus acciones heroicas, Bird no intenta reproducir o clonar actores de carne y hueso, sino que cuida con detallismo cada aspecto de la animación caricaturizada en los cuerpos y personalidades, dotándolas de credibilidad y de una vena clásica, convirtiéndolos así con sus acciones y diálogos en personajes que trascienden su prosapia arquetípica gracias a sutiles matices que los hacen profundamente humanos. Como si una ‘krytonita’ particular de Parr fuera dada por la propia sociedad en forma de vida aburrida, que le ha castigado por hacer el bien (que cada uno saque su subversiva conclusión social), se presentan personajes obligados a vivir dentro de los estrechos límites del ‘american way of life’, unos márgenes en los que, más allá de su condición de superhéroes caídos en desgracia, tienen que enfrentarse a problemas perfectamente reconocibles por todo tipo de públicos. Una lúcida y mordaz llamada contra la mediocridad de la vida en los suburbios rutinarios, no exenta de cinismo, donde subyace la lectura humanista de la película.
Como en casi todos los cómics y exploración reconocida en películas como ‘Spiderman’, recientemente en ‘Hellboy’ y en la saga de ‘X-Men’, ‘Los increíbles’ también invoca a una reflexión sobre la anormalidad, la heterogeneidad a la conlleva ser un héroe y el rechazo que casi siempre la sociedad tiene ante esto. En todos los casos, esa diferencia debe ocultarse, ya que indefectiblemente no son bien vistos por una sociedad que desprecia a los héroes, obligándolos a una vida de cotidianidad mediocre. En el mejor cómic de todos los tiempos, ‘Watchmen’, de Alan Moore, se situaba ‘Under the hood’, pequeña historia donde Hollis Mason es un antiguo superhéroe que en su retiro monta un taller de reparación de vehículos. Algo reconocible en ‘Los increibles’, que supone la primera película de Pixar que arriesga con sutilidad e ingenio en un cine mucho más adulto, en un cine donde los protagonistas adquieren una perfección absoluta, no sólo a nivel técnico (extraordinaria, teniendo en cuenta sus atributos no demasiado naturalistas de la realidad) sino a nivel narrativo.
Y es que, imperan el pasado, sus problemas presentes, sus sentimientos de frustración, de pesar por una vida gris. Algo que permite al espectador entender en todo momento el modo en que se enfrentan a sus problemas y responden ante ellos. Bird ha creado una joya de la progresión, donde el ritmo endiablado de la aventura deja espacios para la reflexión y el humor, para dejar su tono y estilo exacto, confeccionando una historia de rigurosa exactitud, donde la fuerza de sus diálogos y de la trama imponen la entrega total del director y su equipo de animadores a una historia que atrapa desde el primer momento y no suelta a un público rendido a las vicisitudes de lo que quiso ser ‘Spy Kids’, de Robert Rodriguez y no pudo, pero que Bird logra con creces en una línea narrativa colosal e hiperbólica.
El ingenio se hace patente en la sutilidad con la que se expone la metaforización de los superpoderes llevados a la normalidad, representados en la ruda tosquedad de un padre con buen fondo, en una madre inteligente y flexible con los problemas de casa, en la timidez enfermiza de su hija mayor, la hiperactividad de un travieso hijo pequeño y la incógnita de un bebé de pocos meses. O en esa presentación totalmente culminante del malvado de la función que quiere convertirse en un superhéroe admirado por el público, acomplejado por el rechazo que sufrió por Mr. Increíble en su niñez, en la divertida sumisión a la que está sujeto Frozone (el inseparable amigo de aventuras) por su mujer en una secuencia maravillosa en la que el superhéroe negro no encuentra su traje tras muchos años y Edna, émulo del ‘Q’ de Ian Fleming, en un ‘gag’ sobre las capas que evocan el infortunio de Isadora Duncan y su bufanda.
Todo ello con ese citado sedimento de madurez en sus conceptos al introducir elementos de riesgo como antes no había probado Pixar; el sometimiento al que conlleva la pérdida de libertad, la posibilidad de la infidelidad que la esposa que llega a intuir que su marido la pueda estar engañando con otra, pero por encima de todo, del uso de la violencia, de la tortura, de la maldad sin concesión a la burla, de malvados esbirros sin nombre ni rostros que mueren en explosiones, sin que a nadie parezca importarle mucho, logrando asimismo un pretendido afecto y admiración con que se trata a la familia, concebida como algo indestructible, con un mensaje explícito: el ‘dumasiano’ “uno para todos y todos para uno”, sin perder su humor cómplice, familiar, pero en ningún caso ingenuo.
‘Los increíbles’ es, además, una suntuosa obra de arte y artesanía, una fiesta de cine de animación clásico, donde Bird demuestra su devoción por el clasicismo de los años 50 y la estética retrofuturista (que evoca al Metropolis de ‘Superman’), apostando en todo momento con un toque ‘pulp’ sesentero, donde no falta en ‘pop art’ estético y el ‘High Tech’ que hace recordar a Steranko y su ‘Nick Fuira’ con la utilización de alta tecnología y ‘gadgets’, lugar común para enfurecidos robots asesinos y aparatos con las más insospechadas utilidades. Componentes que se subrayan en un sincero homenaje a la serie de ‘James Bond’ (aunque también de ‘Flint’ o ‘Matt Helm’) más tradicional, de sus aventuras circunscritas a parajes que van desde el refugio volcánico del malo, los centros de operaciones, salones y salas metalizadas de torturas, los corredores con naves deslizantes o la selva exótica y tropical. Ambiente en el que no podía faltar una banda sonora compuesta por Michael Giacchino y Tim Simonec en claro homenaje a aquellas composiciones que hicieron célebres Henry Mancini y John Barry.
Pero si por algo destaca ‘Los Increíbles’, además de esa capacidad de contar su historia, es por la revolucionaria perfección de sus imágenes, por el inigualable modelado de los personajes, por un diseño de producción con una calidad de la imagen sintética totalmente ilusoria que ha desplegado la desbordante creatividad de los integrantes del equipo capitaneado por Brad Bird. En este sentido, asistimos a un completo catálogo de las técnicas de animación más recientes y complejas, creando para la ocasión nuevos programas elaborados exclusivamente para ‘Los increíbles’; como el ‘Goo’, el ‘Atmos’, el ‘Subsurface scattering’, que permiten apreciar con mayor definición y realismo los músculos faciales y corporales, la piel y sus texturas y, principalmente, los efectos de un filme de aventuras introduciendo realistas explosiones, fuego, secuencias marinas o subacuáticas. Una joya de imágenes, una de las experiencias audiovisuales más perfeccionistas que se recuerden en los fastos de la animación.
Dentro de este delirio tecnológico y digital, el evidente gusto por lo clásico, la épica del cómic y las miserias cotidianas de la vida en familia, ‘Los Increíbles’ es, posiblemente, el mejor filme animados de los últimos tiempos, debido a que, como en todo lo que hace Pixar, sabe mostrar la realidad jugando al mismo tiempo con la animación y la aventura, sin perder un ápice en su ponderación satírica, por muy fantástica que sea la trama. Esta es la primera vez que la Pixar sólo usa personajes humanos en una historia y también es la más larga realizada por ordenador, y eso no resta para expresar, abiertamente, que estamos una de las grandes obras del cine de entretenimiento del cine actual.
Miguel Á. Refoyo © 2004