viernes, mayo 27, 2005
Una espléndida impronta del mejor ‘gore’.
El, hasta ahora, debutante Zack Snyder recuperó, hace menos de un año, la pureza más genérica del ‘gore’ en un ‘remake’ superando al original de George A. Romero.
Cuando en 1969 George A. Romero se sirvió de las obras literarias ‘Soy leyenda’, de Richard Matheson y de la desconocidísima obra de culto de Sidney Salkow y Ubaldo Ragona ‘The last man on Earth’ para crear la obra maestra ‘La noche de los muertos vivientes’, nadie podía imaginar que aquella cinta se convertiría en una de las películas más influyentes del cine contemporáneo. Y más teniendo en cuenta que originó un género tan difícil como postergado: el ‘gore’, el terror sangriento, el 'splatter’ basado en los efectos de casquería y en el exceso de vísceras. Su planteamiento estético y formal, supuso la destrucción de los expirantes cánones del cine de terror de la época. Una obra maestra que trocó las estructuras vigentes del terror y le dio una nueva perspectiva a este sublime subgénero, haciendo que el propio arte no volviera a ser el mismo jamás. Romero afianzó su propia leyenda cerrando una irregular pero sugestiva trilogía al ofrecer dos películas más como ‘Zombie’ y ‘El día de los muertos’ (a la espera de 'Land of Dead').
Cuando el ‘splatter’ actual se había diezmado a producciones de terror ‘teenager’, compuestas por una laxa propensión al esteticismo del nuevo ‘body count gore’ resucitado por Wes Craven y Kevin Williamson en sus sagas ‘Scream’ y ‘Sé lo que hicisteis el último verano’, por el reajuste ‘soft’ de fórmulas funcionales como en las recientes ‘Jeepers Creepers’, ‘Km. 666’, ‘La casa de los 1.000 cadáveres’, la revisitación del cine de zombies de Danny Boyle en la excelente ‘28 días después’ (con la que ‘Amanecer de los muertos’ comparte unos zombies que corren, son ágiles y atacan con gran ferocidad) y el ‘remake’ de ‘La Matanza de Texas’, se permitió descubrir un evento casi imposible de encontrar en el Séptimo Arte: que uno de estos ‘remakes’ supere con creces la versión original. La segunda parte de la trilogía de Romero ‘Zombie’ es el fundamento sobre el que se basa esta nueva versión titulada ‘Amanecer de los muertos’ que, mucho más allá de la simple clonación, ofrece una de las mejores muestras de cine ‘gore’ de los últimos años, superando a su predecesora y acopiando las mejores virtudes de la primera cinta de la saga de los zombies, fusionándola con la apuesta del mejor cine de acción y terror que se pueda esperar en una película como esta.
Zack Snyder realizó un excelente y prometedor debut que narra cómo una inexplicable plaga ha diezmado la población del planeta, convirtiendo a los muertos en zombies que buscan carne y sangre humana para sobrevivir. En Wisconsin, un grupo de supervivientes compuesto por una enfermera, un estoico policía, un vendedor de equipos electrónicos y un chico duro de la calle con su embarazada esposa busca refugio en una fortaleza típica del final del siglo XX, un centro comercial abandonado donde deberán aprender no sólo a protegerse de las hordas de zombies sino también a coexistir como el último reducto de la humanidad.
Partiendo de esta premisa, dos cosas tiene en común este ‘Amanecer de los muertos’ con la original; la invasión de zombies y la presencia de un gran centro comercial como un alcázar de refugio de los protagonistas, que sigue metaforizando el consumismo y el centro de recreo vacuo e intrascendente de la sociedad moderna. Por lo demás, esta nueva versión del clásico de Romero promueve una situación totalmente infrecuente en el cine comercial de Hollywood. Y ahí basa sus mejores virtudes, en su etiqueta de cinta comercial atípica, como ofrenda al mejor cine ‘gore’, sin excusas ni engaños, brindando una diletante película de género donde el suspense, el terror en estado puro y una abundante dosis de violencia en la que no se escamita la profusión de mutilaciones, vísceras y mucha hemoglobina realizada con un potente estilo visual y sobresaliente capacidad narrativa. La eficacia que convierte esta versión en una ‘rara avis’ dentro del cine de terror actual es su alto componente radical, disoluto y respetuoso con los dispositivos genéricos ricos en lecturas y camuflados en la sangre fácil y la acción de infrenable ritmo que arranca con uno de los más feroces y enérgicos prólogos vistos en muchos años y que concluye con uno de esos epílogos que dejan al espectador anclado en la butaca.
Bajo esa aparente inocuidad, Snyder dignifica su propuesta con una nueva visión del discurso del cine de ‘muertos vivientes’. Si las antecesoras se centraban en una sociedad descompuesta representada en la alienación y deshumanización de un grupo de personas que, bajo presión (las tribus amenazantes), se contagiaban de odio entre ellos convirtiéndolos en su propia amenaza, en esta más que estupenda ‘Amancer de los muertos’ la amenaza real está fuera, como un simbolismo del miedo y terror actual norteamericano. Por eso, no es extraño que las primeras imágenes que ofrece en formato televisivo sean musulmanes rezando o las guerras que asolan nuestra conciencia colectiva. Los protagonistas de esta nueva visión de ‘Zombie’ son héroes que intentan sobrevivir, manteniéndose unidos ante el peligro exterior.
Los tiempos han cambiado y por eso la probidad de esta nueva ‘cult movie’ reside en haber sabido subvertir el género a su propio estilo, dejando que la ilusoria película vital y optimista que se desarrolla no pueda tener un final más inesperado, apocalíptico y descorazonador como el que tiene. Además, la autocrítica sigue siendo la mejor herramienta de este tipo de cine, sabiendo reflejar en todo momento la estupidez yanqui, significada en el egoísta encargado de seguridad que acaba dando su vida por el grupo, en la amante de los animales que pone en peligro a sus compañeros por un estúpido perrito o en la obsesión familiar del cabeza de una nueva familia interracial. Pero si por algo destaca este aspecto cínico de la sociedad de masas es la malévola secuencia en la que, bajo las notas del ‘Down With The Sickness’ de Richard Cheese, se sustituye la felicidad por todo aquello que encuentra el grupo en el centro comercial (sexo, amor, comida, diversión, diálogo y un humorístico e inhumano juego de tiro al blanco) que ejemplifica el vacío de la actual cultura moderna. El centro comercial se convierte así en el máximo representante de la decadencia capitalista. Por ello, no deja de ser irónico que los zombies se encaminen en masa hacia este recinto por “un instinto, ya que este lugar era muy importante en sus vidas”, como dice uno de los protagonistas.
El guionista James Gunn apuesta por inventar más personajes que en la original, algo que dificulta el desarrollo de cada uno de los protagonistas. Y esto, que podría verse como un error que impide esa transformación de los roles, se transforma aquí en acierto al ceñirse exclusivamente a la acción sin pausa, a la frenética cadencia de las situaciones que se encadenan en un ambiente claustrofóbico donde la desesperación y la locura son paliadas con unos personajes que siempre toman decisiones con sentido común. Algo inusual en el cine de terror. Aquí no hay bondad, ni maldad. Hay miedo. Un elemento clave para entender ‘Amanecer de los muertos’. La infección de los zombies no es la deshumanización, sino el pánico que ahonda en nuestras conciencias en esta época de desconfianza y maldad, de guerras y de desatención por parte de Gobiernos infieles y autocráticos que reinan el mundo. Para ello, basta destacar el momento en que se aleja el helicóptero de las fuerzas armadas cuando ven a los desolados protagonistas en lo alto de la azotea del centro comercial. Dejándolos solos y al amparo de su suerte.
Por todo lo demás, ‘Amanecer de los muertos’ es una plétora de habilidades en la que predomina un intuitivo sentido visual que consigue con su perfecta planificación aprovechar al máximo el impacto de las múltiples escenas de acción a unos niveles de estética y violencia pocas veces apreciables en un género que ha resucitado con este ‘remake’ no exento de momentos de humor bastante cínicos y divertidos. Así, se pueden contemplar escenas de vísceras y destrucción de zombies con lujo de detalle y con una gama cromática en la sangre que cambia gradualmente con el avance de la película (roja y fluida para la primera fase, seca y marrón para la segunda, negra y aceitosa para su final).
La capacidad de Snyder como cineasta hace que su debut tras las cámaras sea celebrado como todo un hallazgo que retoma, homenajea y hasta supera aquellas monstruosas producciones de hace décadas. Incluso permitiéndose divertimentos referenciales como los cameos de Ken Foree, Scott H. Reiniger y Tom Savini (quienes aparecieron en la primera versión de la película rodada en 1978) o utilizar de forma astuta el nombre de la actriz original Gaylen Ross como nombre de una tienda. La acertada elección de actores (donde hay que subrayar a la estupendísima Sarah Polley), el impresionante y detallado uso de unos efectos especiales espectaculares, el equilibrio formal y la brillante puesta en escena están soberbiamente ensambladas para componer una sinfonía de sangre y vísceras convertidas en una de las películas mas interesantes del año. Y no sólo para el más exquisito ‘gore-hound’.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 20:30 |


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