viernes, 30 de diciembre de 2005

Villancicos subversivos y violentos

Cierto es que estas fiestas suponen una vetusta antítesis entre los que piensan que esto de la Navidad es una emotiva liturgia subrayada en la estética celebración de la Pascua, de la Parusía y, por otra parte, los que con su diatriba incriminan a esta época con su reprobación hacia la impúdica comercialidad de unos días dedicados al mezquino gasto y al exceso en todos los terrenos. Es el reiterativo antagonismo ideológico de todas las Navidades.
La violencia, como tal, aún siendo un inconfundible elemento congénito a la naturaleza humana, procura apartarse en estos días de paz y amor que, aunque hipócritamente, suele funcionar. Un ominoso concepto postergado juiciosamente en un mundo enloquecido y cada vez más violento que descubre, por casualidad, alegorías violentas en forma de villancicos subversivos. Como si, de repente, la campana sobre campana cayera desde la ventana desnucando al niño en la cuna y a todos los que aparecen en el villancico, como si el remiendo que se echa y se quita se hiciera con aguja hipodérmica e hilo médico en plan película ‘gore’ o los peces salieran del río y en vez de beber y beber por ver a Dios nacido fueran pirañas caníbales con ansias de devorar carne humana del Belén.
Si hace poco tiempo todos confesamos percibir ‘Flexiputas’ en vez de ‘Flexicuotas’ y patentizamos nuestro entendimiento, ahora llega el ‘Violent Christmas Carol’, o españolizando ‘El Psyco-Villancico’. Resulta que el célebre e inocente ‘Canta, ríe y bebe’ se ha radicalizado con una malignidad final bastante evidente, en este caso audible, ubicada en la frase final de la popular melodía navideña.
Salvajismo sañudo al alcance de todos los niños.
Escuchadlo y juzgad, porque hay que reconocer que es divertidísimo.

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