martes, enero 31, 2006

Habemus nominaciones para los Oscar

El presidente de la Academia de Cine de Hollywood, Sid Ganis, y la actriz de culto Mira Sorvino (una de las musas de este espacio abismal) han hablado:
‘Brokeback mountain’ (en cuya crítica me encontraba enfrascado cuando he recibido esta noticia), la reformulación romántica del ‘western’ de Ang Lee, es la gran favorita de la próxima 78ª edición de los Premios de las Artes y las Ciencias de la Academia de Hollywood, ya que optará a ocho Oscar (mejor película, director, actor protagonista, actor y actriz de reparto, guión adaptado, música y fotografía). Algo que todos preveíamos.
Las demás películas que optarán a mejor película son ‘Crash’ (6 nominaciones –película, director, montaje, actor secundario, guión original y camción-), ‘Munich’ (5 –película, director, guión adaptado, montaje y banda sonora), ‘Buenas noches y buena suerte’ (6 –película, director, actor, fotografía, guión original y dirección artística-) y ‘Capote’ (5 –película, director, actor, actriz secundaria y guión adaptado-).
Otras cintas que acumulan varias menciones han sido ‘Walk in the line’ (actor, actriz, vestuario, montaje y mezcla de sonido), ‘Memorias de una Geisha’ (Dirección artística, fotografía, vestuario, banda sonora y mezcla de sonido) y ‘Orgullo y prejuicio’ (con la primera nominación para Keira Knightley como mejor actriz, dirección artística, vestuario y banda sonora).
En las candidaturas técnicas la disputa se dará entre ‘Las crónicas de Narnia’ que ha acaparado cuatro categorías (sonido, mezcla de sonido, maquillaje y efectos visuales), ‘King Kong’ (Dirección de arte, sonido, mezcla de sonido y efectos visuales) y ‘La guerra de los mundos’ (mezcla de sonido, sonido y efectos visuales). Contra todo pronóstico, ‘Star Wars. Episodio III: La venganza de los Sith’, sólo podrá ganar el Oscar al mejor maquillaje .
George Clooney será el protagonista de la gala, ya que ha sido nominado como mejor director y guionista por ‘Buenas noches y buena suerte’ y mejor actor de reparto por ‘Syriana’, en la que suena como claro favorito.
Otro apartado que despierta curiosidad este año se centra en quién se llevará la preciada estatuilla es la de Mejor largometraje de animación (en un año sin Pixar): ‘Howl's moving castle’, de Hayao Miyazaki, ‘La novia cadáver’, de Tim Burton y ‘Wallace & Gromit in the curse of the were-rabbit’, de Nick Park y Steve Box.
Como curiosidad, John Williams, otra vez, está nominado a la mejor partitura original por dos películas distintas (‘Memorias de una geisha’ y ‘Munich’). Destacan, por último, las dos de ‘Una historia de violencia’, de David Cronenberg (actor secundario –William Hurt- y el guión adaptado), que merecía mucho más.
El día 5 de marzo, saldremos de dudas.
Mientras, podemos ir haciendo cábalas y apuestas con la lista completa de las nominaciones.

lunes, enero 30, 2006

Más de lo mismo en los XX Premios Goya

La celebración de las dos primeras décadas de los Premios de la Academia, los Goya, era un tema recurrente que parecía ideal para inhumar el precedente ridículo y la parquedad de aptitud que se ha porfiado a lo largo de los últimos años (en realidad todos) en una gala habitualmente caracterizada por el estrambótico ridículo que suele hacer el cine español cuando se trata de laurearse a sí mismo, en un círculo donde nadie parece darse cuenta de lo mal que va la cinematografía española en cuanto a calidad y cifras.
Mercedes Sampietro, presidente de la Academia de las Ciencia y la Artes españolas soltó un discurso en el que, de forma crédula e infeliz, quiso hacer creer lo bien que va el cine español que, según el Ministerio, ha aumentado la cuota de mercado 3,5 puntos más que el año anterior. Parece ser que, dentro de la propia Academia y en el mundillo, nadie parece darse cuenta del bajo nivel que predomina en las películas nacionales. Por supuesto, no había que olvidarse de recurrentes temas como la venta de DVD’s, la aparición de nuevos canales (como Cuatroº -que todos sabemos que se hinchan a emitir cine…-) y, sobre todo, dos cuestiones vitales que son la excusa perfecta para echar balones fuera y no asumir la culpa de los deberes mal hechos; la piratería (que esta vez no fue el paupérrimo asunto victimista que el pasado año –afortunadamente-) y esa frase misteriosa e inculpadora “profesionales que desde su tribuna pública afirman orgullosos que no ven cine español y lo critican”. Una afirmación que fue rematada con inmodestia al certificar, adulterando la realidad, que este año 2005 al cine español hay que ponerle “¡buena nota!”.
Sí señora. Sigamos haciendo el paupérrimo cine que hacemos que nos va muy bien. Que los que critican, no tienen ni puta idea. Vamos a seguir así que lo estamos haciendo maravillosamente. Nos merecemos muchas palmaditas y, por supuesto, la culpa de cualquier problema es de los demás, no de nosotros. Deleznable elocuencia sin fondo, amiga Sampietro.
A lo que vamos. La gala de ayer fue la menos mala de los últimos años. Una buena labor de dirección de arte y decorado dispuso el esplendor necesario para que, al menos, todo luciera con algo de ‘glamour’. Una cualidad que brilló por su ausencia. Empezando por el horroroso y ridículo vestido de ese esperpento político que es la ministra Carmen Calvo hasta llegar al vestido ‘menina’ de Concha Velasco que, se dio cuenta a tiempo de que una de las consecuencias de la edad no es tener que anunciar Indasec, sino esos bochornosos pliegues de carne fláccida debajo de las axilas cuando se pretende lucir un vestido de noche con escote.
Y sí, amigos. La pareja encargada de presentar la gala fueron Antonio Resines y Concha Velasco. Qué pareja de dos, que diría algún trasnochado provinciano. Se limitaron a hacer su papel como ocasionales presentadores, siguiendo la consigna de una velada dirigida por el letárgico talento del espectáculo que siempre ha tenido Fernando Méndez-Leite, que abandonó su suerte a un guión improvisado tan artificioso como incomprensible; que si la chorba de este último, Fiorella Fantoyano, aparece detallando recuerdos de la Academia como si estuviera en un brindis de reunión de empresa, que si Resines se mete en plan gracioso con José Luis Cuerda y éste le devuelve la jugada, Elsa Pataki alude a las escaleras procurando parecer cómica o Santiago Segura evidenciando que es el único que sabe manejar este tipo de temeridades con su divertida verborrea (mítica la frase "En vez de darme de baja de la Academia o irme a Hollywood, aquí estoy, con solidaridad, la actitud necesaria para levantar el cine español y, si se me permite decir, ¡a España y sus naciones!"). Un caos de guión que certifica algo que parece evidente desde hace tiempo: en España, o no hay buenos guionistas o a los buenos no se les da la oportunidad de arreglar el percal.
La gala fue interminable, de lento devenir y ritmo pausado. Pero sin incomodar en exceso. En gran medida por la sensacional labor de los montadores de los vídeos que, constantemente (casi todos protagonizados por Fernando Fernán Gómez) recuperaban fragmentos de tiempos pasados que fueron, lógicamente, mejores que los de este apático momento actual. Eso sí, cuando llegaba la hora de finiquitarlos, los escindían con un tijeretazo que devolvía a la cruda realidad de los Goya. Como esa insoportable cortinilla musical de trompetas cómicas que introdujeron entre secuencias en los ‘clips’ de los nominados a los premios. Otro absurdo lance de la noche fue la risible inventiva a la hora de engarzar la presentación de las extemporáneas parejas que anunciaron a los ganadores (José Sacristán y Verónica Sánchez, Verónica Forqué (a la que presentaron como Rosa María Sardá –eso es concordia de guión-) y Juan Luis Galiardo, José Coronado, Pepe Sancho y Leticia Dolera o José Luis Cuerda y Bárbara Lennie…). Todos apareciendo tras una pantalla donde instantes antes se había proyectado una secuencia suya, recurso alusivo a ‘La rosa púrpura del Cairo’, de un Woody Allen, que sin saber que iba a ganar el Goya por ‘Match Point’ agradeció en un vídeo grabado el premio y envió a su hermana a recogerlo. Como en los Oscar, en los Goya nadie sabe quién va a ser el afortunado.
La divinísima Ana Fernández reivindicando que ‘El cielo gira’ no estaba nominada, Jorge Perugorría haciendo promoción del rodaje de su nueva película, Óscar Jaenada dándoselas de estrella con las gafas de sol puestas en medio de la gala, Pedro Masó limpiándose los ojos, las comisuras de los labios y la nariz con su pañuelo, el espantoso vestido de una enmudecida Leticia Dolera o la extraña elegancia de un refinado (de actitud y de peso) Álex de la Iglesia destacaron dentro de una función tan superficial como olvidable.
En el apartado de los premios: una paradoja brutal. Hace tres años, Pedro Almodóvar y su hermano Agustín abandonaron la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, alegando su desacuerdo con el sistema vigente de votaciones de los Goya. Esto, parece ser, no es óbice para bajarse los pantalones si uno sabe que va a ganar los premios más importantes de la noche. ‘La vida secretas de las palabras’ fue considerada la mejor película española (con actores extranjeros e intenciones americanas) del año. Agustín se frotaba las manos por esa ración extra de público y dinero, cayéndose al suelo (literalmente) cuando Isabel Coixet subió dos veces a por sendos Goyas como mejor guión y mejor director o su posterior recogida del premio a la mejor película. La buena de Isabel hizo el amago del ridículo que protagonizó hace dos años, pero simplemente se limitó a hacer sólo el ridículo verbal al que nos tiene acostumbrados. ‘Princesas’ se llevó los tres augurados (incluidos los de Micaela Nerváez y Candela Peña), Óscar Jaenada recibió el Goya al mejor actor por ‘Camarón’ (pero que nadie olvide de qué formas ha demostrado su discutible talento en ‘XXL’ o ‘Somne’), Carmelo Gómez el de mejor secundario por ‘El método’ y la gran Elvira Mínguez se llevó a casa el más que merecido galardón por ‘Tapas’, de José Corbacho y Juan Cruz, que también lograron el referente a la mejor dirección nobel. ‘Obaba’, de Montxo Armendáriz, con 10 candidaturas, sólo alcanzó el de mejor sonido y resultó la gran perdedora de estos XX Goya.
Total, que más de lo mismo, pero sin hacerlo tan mal como en ediciones anteriores. Lo que no quita el hecho de que no hubiera ninguna actuación musical, ni ‘gags’, ni gracia ni despertara algo de interés dejen a esta celebración como un letárgico trámite de autocomplacencia que sirvió, con sus vídeos conmemorativos de las ganadoras y nominadas del pasado, para exhibir que el cine español era mejor antes que ahora. Fragmentos de películas que, dado el triste momento al que ha llegado nuestro cine, parecen inalcanzables; ‘El viaje a ninguna parte’, ‘El bosque animado’, ‘Los peores años de nuestra vida’, ‘¡Ay, Carmela!’, ‘Amantes’, ‘Belle Epoque’, ‘Nadie hablará de nosotras…’, ‘Días contados’, ‘Mujeres al borde…’, ‘La buena estrella’
LO MEJOR: Antonio Banderas, que está siempre donde tiene que estar.
LO PEOR: Uno de los productores de ‘La vida secreta de las palabras’ que dio la lamentable puntilla a una noche moderada en cuanto a lo esperado al mendigarle a la ministra atención a modo de sustentáculo económico y político para con el cine español, llegando a demandar “excepción cultural” falseando la realidad asegurando que la gente del cine patrio no está ahí para forrarse. Como si alguien pudiera creerlo.

domingo, enero 29, 2006

sábado, enero 28, 2006

Nuevo Año Chino 4.704

¡Feliz Año Nuevo Chino!
Estamos de celebración. Mañana se festeja en la segunda Luna Nueva después del 21 de diciembre. Mañana da comienzo el año del Perro de Fuego. El símbolo antiguo para el signo Perro era una mano sosteniendo un arma, porque el perro defiende indómitamente su espacio y tiene un gran sentido de la territorialidad. Muros que se erigen inabordables, invasiones, guerras civiles, gobiernos nacionalistas... Así que no debemos esperar que el año del Perro sea precisamente pacífico. En el último año del Perro de Fuego, el mundo salía de la II Guerra Mundial y a pesar de eso, emergieron nuevos conflictos, como la Guerra de Vietnam.
Cuentan las leyendas que, antaño, los patrones ofrecían a sus empleados una comida llamada ‘wei ya’. Otra tradición folclórica es la reunión del ‘twan-yuan fan’, una cena previa a la noche del Año Nuevo (es decir, hoy), donde la familia se reúne para disfrutar de la cena en una mesa con forma circular en la que puede faltar el ‘yu’, pescado simboliza la abundancia cocina de la vieja Catay.
Para el feng shui el tiempo y el espacio no son dimensiones separadas, sino que se rigen por los mismos principios básicos. El calendario chino, por ejemplo, está construido sobre la base de la Teoría de los Cinco Elementos. Por lo tanto, los cambios en el tiempo son tan importantes como los cambios en el espacio: ingresar a un nuevo año es, en cierto modo, comparable a una mudanza o a una remodelación: es comenzar una nueva etapa.
El Perro ignora las exquisiteces, requiere de dureza y de perseverancia, es esencialmente imparcial y justiciero. Los límites se establecerán donde correspondan y si estalla el conflicto será simplemente porque hay un desequilibrio que compensar. En ese sentido el Perro nos recuerda a la ley del Karma: causa y efecto.
Una excusa perfecta para darle un poco al saque.

viernes, enero 27, 2006

250 años

¿Si Wolfgang Amadeus Mozart viviera en la actualidad compondría bandas sonoras para cine?
Hay pocas palabras que escribir y muchas notas que escuchar una y otra vez.
El gran genio es hoy el nombre del día.

No habrá 'Toy Story 3'

Después de que la Disney adquiriera el pasado martes la Pixar Animation Studios en un acuerdo de 7.400 millones de dólares que le da control a los creativos animadores de Pixar sobre el más famoso estudio de dibujos animados del mundo, el universo de la animación se relamió ante el beneficioso duplo que tan buenos resultados habían dado hasta entonces. El acuerdo ha dejado al presidente ejecutivo de Pixar, Steve Jobs, como uno de los mayores accionistas de Disney.
La primera y bendita decisión de John Lasseter, ahora con potestad total sobre los proyectos animados, ha sido cancelar la tercera parte de ‘Toy Story’ que se llevaba preparando un par de años Disney y que iba a traicionar tanto al espíritu de las originales como al equipo que las creó.
Una buena noticia ¿no?

jueves, enero 26, 2006

Review 'Crash'

Debut de grandilocuente (in)trascendencia
Paul Haggis consigue con su debut un desigual producto discursivo y trascendentalizado sobre los conflictos raciales, étnicos y sociales de una gran ciudad.
En la ciudad de Los Angeles todo el mundo está crispado. El sentimiento que causa este enfado colectivo es la impotencia, el racismo soterrado que convive con la hipocresía, los prejuicios, la discriminación y las apariencias. Son los elementos básicos que definen la primera película como director del aclamado guionista Paul Haggis, que debuta en la dirección con una historia de vidas cruzadas en la que varios personajes vinculados en torno a un drama social y coral donde las relaciones conllevan por efecto del miedo y la desconfianza que conduce una atroz deshumanización, al aislamiento y a la obstinación, ejerciendo una fuerza motriz en la ordenación de un destino que parece querer entroncarles por medio de imprevistos encuentros.
En este complejo ejercicio de dramaturgia se sitúa la fábula urbana de Haggis, armonizada por diversos personajes a los que les une y les separa la diferencia de clases, confluyendo en accidentales encontronazos que sirven de excusa perfecta para ocultar sus miedos y dejar salir al exterior el odio y la violencia transmutado en el racismo orientado hacia todas las direcciones. En su cáustica visión de la ciudad, en medio de una composición de problemas étnicos y sociales nadie es lo que aparente ser, el guionista de 'Million Dolar Baby' se deja caer en el sensacionalismo, recurriendo en todo momento a un tono efectista, trazando un recorrido por la confusa e intensa geografía humana que nos muestra. ‘Crash’ padece de una grandilocuente trascendencia, a veces muy forzada, puesto que nada de lo ocurre en pantalla sucede de un modo ocasional, sino que encuentra su justificación diegética en el azar impuesto por el director y guionista para que sus personajes se encuentren o desencuentren. En ésa actitud de ambiciosa construcción, Haggis confía su historia a la autocomplacencia artificiosa de un modelo tipológico que, aunque funcione, aquí parece acartonado, lo que resulta condescendiente en su manipulación, cuando la historia necesita ser mucho más agresiva de lo que aparenta. ‘Crash’, de este modo, se diluye en varias direcciones en su caleidoscópica mirada a un puzzle de enfrenamientos raciales que reverberan en la agresividad en forma de contacto humano.
Haggis persiste en demostrar, no sin cierta presunción, que toda la sociedad (diversificada en distintos estratos sociales, religiosos, raciales e ideológicos) es víctima del racismo y culpable de sembrarlo. De ritmo lento y solemne, esta ‘opera prima’ es una deliberada praxis de discurso ambivalente desde un punto de vista ético y moral, que procura que no haya ni buenos ni malos y evita caer en los extremos, como impugnación a cualquier verdad absoluta. Pero todo lo acontecido es insuficiente. Según el director, la realidad es interpretada sobre la base de una valoración dicotómica bastante confusa, utilizada para exponer un orbe descontrolado, en crisis, de subrayada locura e intolerancia, que espera, sin embargo, ser devuelto a la realidad, para bien o para mal, con personajes conscientes de sus errores que abren los ojos a la cruda realidad que les rodea.
La pérdida de valores de un director televisivo (Terence Dashon Howard) que se deja pisar por mantener su posición social, la de un agente de homicidios (espléndido Don Cheadle) que traiciona sus principios por proteger a su hermano, un exasperante iraní (Shaun tour) que está a punto de matar por un sentimiento de indefensión, la acomodada mujer de un político (Sandra Bullock) aterrada por las minorías, un veterano policía sobón y amargado (Matt Dillon) que encuentra la heroicidad salvando una vida o su joven compañero idealista (Ryan Phillipe) que acaba cometiendo un delito atroz llevado por la desconfianza, son los ejes sobre los que se mueve una desequilibrada historia que obstruye sus propósitos de realismo pretendiendo que el fantasma del 11-S se perciba como telón de fondo. Pequeños vicios que convierten este pretencioso experimento en un producto perecedero sobre temas sociales visto infinidad de veces y resueltos con mejor suerte que este ‘Crash’, una película de colisiones, sin duda alguna. Pero con el espectador, en este caso (subjetivo, todo sea dicho).
En ese fondo moral donde todos los personajes parecen desconocer las razas ajenas, donde los aparentemente despreciables personajes sin escrúpulos encuentran la catarsis en una heróica acción y los más débiles e incorruptibles cometen imperdonables errores es donde ‘Crash’ demuestra su tendencia maniquea hacia un discurso victimista en un mundo lleno de aprensiones y despotismos injustificables que, sin embargo, alberga la esperanza de los milagros personificados en la entrañable historia de corte fantástico del cerrajero (Michael Pena) y su pequeña hija, la única que aún mantiene la inocencia en un mundo lleno de injusticias. Si encima, la intención de Haggis por hacer que Los Ángeles se anteponga a sus personajes, a las relaciones que les une y les distancia, se diluye por el afán de formular esa divergente identidad de caracteres que determina la narración, muy interesado en que la humanidad de sus personajes se construya en todo momento a través de una visión intuida como universal, tenemos una película tan artera como efímera. Y no sólo eso, sino que Haggis se permite cerrar el círculo con un ridículo resuello final de ceremonial contemplativo y purgante, como emulando a Paul Thomas Anderson en su magistral ‘Magnolia’, simbolizado, sustituyendo las ranas por una hermosa y nívea estampa de una ciudad que respira temporalmente de sus errores bajo un manto de nieve.
Miguel Á. Refoyo © 2006

miércoles, enero 25, 2006

Ha muerto Chris Penn

1962-2006
Nos hemos levantando esta mañana con una noticia, por lo menos, impactante. Y bastante triste. El actor Chris Penn, hermano pequeño de Sean Penn, ha sido hallado muerto en su apartamento cerca de la playa de Santa Mónica. Según el teniente Frank Fabrega, responsable del caso: “el cuerpo no presentaba signos de violencia”. Chris Penn tenía 43 años.
Todos le recordaremos, además por sus trabajos en 'Short cuts', ‘Amor a quemarropa’, ‘To Wong Foo Thanks for Everything, Julie Newmar’, ‘El Funeral’, 'Rush Hour', 'Mulholland Falls' y su voz como Eddie Pulaski en el juego 'Grand Theft Auto: San Andreas', por dar vida al inolvidable Eddie “El amable” (Nice Guy Eddie Cabot) de ‘Reservoir Dogs’, del que extraigo un fragmento de diálogo como homenaje.
Te echaremos de menos, Chris.
EDDIE EL AMABLE
Al venir he oído 'The Night The Light Went Out In Georgia'. No la había escuchado desde que fue un éxito. En su momento debí escucharla un trillón de veces. Y ha sido hoy cuando me he enterado de que la chica que canta es la misma que dispara a Andy.
SR. MARRÓN
¿Quieres decir que no sabías que disparaba ella?
EDDIE EL AMABLE
Creía que era el putón de su mujer.
SR. RUBIO
Lo dicen al final de la canción.
EDDIE EL AMABLE
Sí, ya lo sé, gilipollas, acabo de oírlo. A eso es a lo que me refiero.
SR. NARANJA
Aquí el único gilipollas eres tú, que no te sabes la letra de la canción.

martes, enero 24, 2006

Dan Brown y Cannes

'The Da Vinci Code', dirigida por Ron Howard abrirá el 59º Festival Internacional de Cine de Cannes el 17 de mayo de 2006.
Tom Hanks, Audrey Tatou, Jean Reno, Sir Ian Mckellen y Alfred Molina acudirán vestidos de gala al evento cinematográfico.
Que Dios nos pille confesados.

lunes, enero 23, 2006

La Isla de los Secretos

Después de reconciliarme con ‘Lost’, tras su penosa emisión en TVE (pasando sin avisar su emisión de los domingos por la tarde a los jueves en ‘primer time’ o descolocando un par de capítulos porque sí) y un imperdonable olvido que me dejó apeado de tan adictiva serie, ayer, con nocturnidad y desconcierto, terminé de ver su primera temporada ¿La primera? Si yo ya he visto la mitad de la segunda, os diréis muchos de vosotros. Lances del destino, supongo. Un término tan procedente a esta extraordinaria pero imperfecta serie.
Vale, he tardado mucho. Demasiado, diría yo. Pero hago efectivo el noble proverbio que más vale tarde que nunca.
No hace falta empezar diciendo que las ajetreadas vidas de catorce de los 48 supervivientes del vuelo 815 de Oceanic con rumbo a Los Angeles desde Sydney en una isla perdida en medio de la nada ha resultado un fenómeno televisivo sin precedentes. Sería hacer hincapié en lo enfático. Ya inmersa en su segunda temporada (que ansío ver por las muchas dudas inconclusas esbozadas en esta primera tanda), ‘Lost', al menos sus primeros 25 capítulos, en mi humilde opinión, se adivina como un producto prestidigitador, espléndido y sobrenatural donde los haya, pero en el fondo bastante astuto y embaucador con sus planteamientos y su lento desarrollo, minado de atractivos orientaciones misteriosas, disimuladas tras un enorme ‘mcguffin’ de fondo que resulta ser una artimañaza perfecta para alargar la angustia sobre qué es lo qué pasa exactamente con la isla de los secretos. Así como el inexplorado contexto juega con los náufragos, la serie (en este caso, los guionistas) juega a su gusto con el espectador.
Lo cierto es que, más allá de los ardides y del hermetismo inexplicable y fragmentario de algunas situaciones y tramas que se dan a lo largo de la serie, en ‘Lost’ impera una calidad formal y argumental que está por encima de sus defectos. A pesar de que los misterios en torno a la razón de la supervivencia, filosófica, existencial o paranormal, de que se solapen incertidumbres o se imprecisen personajes, la atracción por la serie creada por J.J. Abrams es total gracias al prodigioso manejo de la efectiva combinación de drama, acción, suspense y misterio. Toda una lección de intriga emocional, de engatusamiento televisivo. Aunque a veces los pasados en ‘flashbacks’ de los personajes sean reiterativos y se atisbe cierta medianía en las lagunas de las motivaciones previas al vuelo de cada uno de los náufragos, el ritmo narrativo de estos hombres y mujeres absorbidos por la isla es impecable. Personajes que, en un entorno de extravagancia paranormal, se enfrentan a sus temores y sus pretensiones, se redimen o malogran su oportunidad según focalicen sus reacciones y acciones. No hay que mirar más allá.
O tal vez sí.
El último capítulo (divido en tres), titulado ‘Éxodo’, es el ejemplo más paradigmático de lo que ha sido toda la primera temporada. Veamos. A lo largo de los episodios precedentes, jugaron con ciertos factores paranormales; lo “especial” que es Walt, la combinación de los protervos números 4,8,15,16,23 y 42 (que, según cuentan son reincidentes en distintos segmentos de la serie), la anatemización de Harley y su suerte millonaria, el sueño profético de Locke y el descubrimiento de la escotilla (que una noche hasta centellea), la apocalíptica advertencia de Rosseau y su temor por “los otros” o la misteriosa aparición del galeón ‘Roca Negra’ abre una abismal veda a muchas dudas sobre las ya expuestas (como que todos podrían estar muertos, que están en otra dimensión, en otro planeta, que están en el limbo o que han viajado en el tiempo, por poner algún ejemplo) en el transcurso de la serie. Preparan al espectador para un final apoteósico, de perentorias explicaciones a alguna de las repuestas planteadas. Todo se dispone para que así sea. Los ‘flashbacks’ personales se definen a momentos antes de coger el avión que marcará un destino común, mientras en la isla, se fragua un inquietante desenlace. Pero éste no llega. No se cierra ninguna vía. Es más, se inician otras nuevas. Una estrategia de aglomeración congestiva que diversifica con vítrea complejidad sus posibilidades hasta el infinito
El final está encubierto en un clandestino señuelo para que el espectador siga enganchado a la segunda temporada. Todo está dispuesto en función a la entusiasta búsqueda de respuestas que no llegan. El espectador ha dejado 25 capítulos de espera inquiriendo sobre las causas del naufragio y revelaciones de los misterios que encierra la isla, pero aún así nada es revelado. Todo siguen siendo dudas. La aparición de “los otros” y el secuestro de Walt (algo que ya ha pasado con Claire), el acojone de Hurley por el descubrimiento de los esotéricos números (previa visualización de éstos en su evocación del accidentado recorrido a la puerta 23, las 42 revoluciones del coche averiado, las 15 millas a las que desciende el cuentakilómteros o el equipo de volley femenino que los luce al completo-) y, sobre todo, ese travelling que desciende hacia la nada con los rostros de Jack y Locke observando el túnel provocan una sensación de incertidumbre que termina por resultar demasiado adulterada, afectada por la provocada necesidad de saber más. Algo loable en efectividad, pero también debilitado por la inacción del total.
Si nos paramos a pensar ¿Qué es lo que ha pasado en la Isla? Que un grupo de náufragos sobreviven atemorizados por un supuesto monstruo antediluviano (que se explica como un ‘sistema de seguridad’ autodefensivo de la Isla), que una loca que lleva 16 años viviendo allí intenta secuestrar al hijo no nato de una de ellas junto a un personaje al que matan sin saber de donde procede y que un paralítico que camina descubierto como un fiera en la supervivencia y su pupilo (que muere debido a su único instante de flaqueza) encuentran una misteriosa escotilla que hay que abrir como sea.
Sé que ya hay mucha gente enganchada a la segunda temporada. Esperaré unos días y decidiré si cometo un delito denunciado por Santiago Segura y la SGAE o espero a que TVE la malestrene para ir desvelando unas incógnitas que se me antojan irresolubles.
Me intriga la aclaración de esa paraplejia de Locke y el subrepticio enigma que le vincula a la Isla, qué significa el improcedente tatuaje de Jack y qué hay de su divorcio/viudedad de la mujer a la que salvó, quiero saber más cosas obre Sawyer (mi personaje favorito dentro de la serie), dónde aprendió Sun a hablar inglés (y por qué), de dónde le vienen a Walt los poderes y por qué Michael sabe, de repente, construir un barco. Pero, sobre todo, por qué Jack siempre tiene el pelo corto, las chicas van tan bien pintadas y Hurley no ha perdido ni un solo gramo desde el naufragio. Unido, por supuesto, a ver qué pasa con la puñetera escotilla y los números malditos.
Vale, la explicación de Locke sería que todo responde al destino que marca la isla. Así que pronto os comentaré qué tal me va con la segunda temporada.
Esperaré a ver qué pasa con Desmond y esos experimentos.

Increíble-ble-ble

Wilton Norman "Wilt" Chamberlain anotó con los Warriors de Filadelfia el 2 de marzo de 1962 la histórica marca de 100 puntos contra los Knicks de Nueva York.
La pasada madrugada, Kobe Bryant (Lakers) le endosó 81 puntos a los Raptors, la segunda mejor anotación en un partido de la NBA.
Una proeza que, sin lugar a dudas, es, desde ya, un hecho deportivo histórico.

domingo, enero 22, 2006

Domingo reflexivo

“...mientras dormimos aquí, estamos despiertos en otro lado y así cada hombre acaba siendo dos hombres”.
(Borges, 1941: 24)

sábado, enero 21, 2006

"Flo", gran fichaje de 'La Sexta'

La Sexta iniciará en marzo su emisión en otro conato de convidar a la audiencia a una cadena con flamantes contenidos catódicos y por la lucha del ‘share’ que amplia sus antagonistas en un desafío televisivo como nunca antes se había visto. Una televisión generalista y digital que abogará, según dicen, por la ficción, esa mefítica ficción española que no logra captar el mínimo interés y que se consume con extenuante apatía por el televidente acostumbrado al crepúsculo de ocio.
Cuatroº ya ha demostrado que los principios de una nueva cadena son difíciles, que el teleespectador no es tonto y que si no ofreces un ente de calidad te acabas dando de bruces en la procelosa indiferencia. Algo, que le ha sucedido a muchos de los programas de la nueva cadena.
Tendremos que esperar. Y en ese tránsito de expectativa, las noticias de La Sexta empiezan a germinar curiosidad alentadora; que si primero Wyoming (con la lección aprendida en el desastre una azotea) con un novedoso formato ajustado a su innegable carisma de presentador… Y ahora, Florentino Fernández, que augura un programa que recuperará el sarcástico y nostálgico espíritu de aquel mito televisivo que fue ‘El Informal’.
En cualquier caso, no hay que olvidar que una nueva cadena generalista, a estas alturas, responde más a una estrategia para que unos pocos se forren que a una verdadera intención por crear una televisión digna con identidad propia.
Veremos qué nos depara el futuro en el sinuoso orbe de la caja tonta.

jueves, enero 19, 2006

Mystic River, imperfección perfecta

Los fantasmas del pasado y la venganza del presente
Eastwood compuso una sólida intriga policial que indaga en la más cruel y oscura naturaleza del ser humano y en la violencia de la sociedad americana actual.
Tras la más que fallida ‘Deuda de sangre’ y antes que la magna obra ‘Million Dolar Baby’, Clint Eastwood volvió por sus fueros confirmando de nuevo su talento como director con la estupenda ‘Mystic River’, una trágica película que planeaba sobre la violencia como infección creada por la sociedad para su propia autodestrucción. Un tema en el que Eastwood ha sido uno de los iconos contemporáneos, primero idealizándola dentro de la pantalla como actor (‘Harry, el sucio’) y luego demoliéndola fuera de ella como director (‘El jineta pálido’ y, sobre todo, ‘Sin perdón’). Basada en la novela homónima de Dennis Lehane y adaptada al cine por Brian Helgeland, ‘Mystic River’ presentó un complejo lienzo de historias cruzadas a lo largo de un cuarto de siglo en un pequeño distrito de Boston, donde tres niños viven un trauma que marcará sus vidas para siempre con la cruel vejación de uno de ellos por parte de un hombre que dice ser policía. Un segundo encuentro en circunstancias igualmente aterradoras cierra el círculo entre los tres hombres en la actualidad. Tres vértices de un triángulo de prototipos de ciudadanos recluidos en el barrio periférico donde transcurren sus vidas.
Sombría y pesimista, ‘Mystic River’ desarrolla líneas laberínticas en las cuales los personajes dan paso a sus tres complejos caracteres marcados por la soledad silenciosa, el ansía de venganza y la locura pretérita, respectivamente, actualizada por un hecho inconfesable que no es más que la coartada moral para confirmar una anhelada búsqueda de la propia identidad. Con una estremecedora imagen periódica de la baldosa en la que dos de los chicos escribieron su nombre y donde el tercero no pudo escribirlo entero, metáfora de una vida incompleta, la intención ética del filme exhibe una inteligente disertación sobre la naturaleza humana, áspera y melancólica, que abre el insondable fondo más grisáceo del comportamiento humano, donde las secuelas del abuso infantil y las consecuencias del crimen no simplemente exponen personajes a un lado u otro del bien y el mal, sino a seres humanos combatiendo contra su propios fantasmas.
El interés de ‘Mystic River’ por tanto no reside en saber quién ha cometido el asesinato que lleva a sus personajes a un tortuoso destino, un ‘whodunit’ policial que en su desenlace puede ser lo más deficiente del relato (por su resolución), sino que reposa en la profunda y seria reflexión sobre las consecuencias que desencadena el hecho originario, el homicidio de la hija de uno de los tres amigos, en el entorno que rodea a la familia, en el barrio donde se ha perpetrado el crimen, alcanzando el macabro estigma a aquellos que intentan superar sus miedos y trastornos viéndose todos en una espiral de pesadillesca venganza y aire de violencia imparable.
Un oscuro pasado restaurador de las pesadillas infantiles trasladadas al presente en diversas y escabrosas formas que sirven de parábola para urdir una siniestra visión de la hipocresía y de procacidad provocadas en el actual Estados Unidos por la violencia bajo una intriga. En realidad, desapasionado y cruel análisis psicológico y social del terror violento y sus efectos sobre la paranoica sociedad ‘yanqui’ del presente. Un grito de mordacidad y pesimismo, de opacidad moral que es esta réplica al espejismo político de Bush con la presencia dos rostros militantes en la lucha contra la estupidez americana como son Sean Penn y Tim Robbins (ambos ganadores del Oscar), que realizaron dos de las interpretaciones más loables y intensas de sus respectivas filmografías. Dos creaciones de magnitud interpretativa llevadas hasta cotas de insuperable maestría, a las que se unieron unos magníficos Kevin Bacon y Lawrence Fishburne. Pero sobre todo, los secundarios personajes femeninos, Marcia Gay Harden y Laura Linney esposas, cómplices y traidoras, que toman una imperiosa fuerza narrativa, fundamental para el discurso radiográfico social en la parte final de la película. Con este relato de agobiante turbiedad moral, Eastwood consiguió con ‘Mystic River’ volver a demostrar su virtuosismo en una dirección de tintes clásicos, retomando la densidad violenta desgranadora de la verdadera y oscura condición humana de ‘Sin perdón’ e influenciado de nuevo por ‘El incidente Ox-Bow’, de William A. Wellman para realizar, de paso, uno de los mejores trabajos de toda su filmografía.
Una película de sólido temple, de elegante factura, categórica en su lóbrega proposición dramática lanzada con la clásica mirada de un director que sigue perpetuando una línea sombría ante sus personajes y ambientes. Un recurso que hizo que ‘Mystic River’ encontrara en su extensión un aire enrarecido de inmoralidad, maldad y recovecos internos en los que el destino teñido de sangre acaba por contagiar a todos los miembros de una comunidad que fecunda la violencia para sufrirla posteriormente. El veterano actor y cineasta creó así un obsesivo tono pausado y a veces voluntariamente arrítmico que acabó por otorgar a la cinta un equilibrio lento y sostenido, proporcionado en su investigación policial y en su profundización emocional a través de largos diálogos que dieron como consecuencia una oscurísima deliberación sobre la amistad, la fatalidad y la imposibilidad de las personas por evitar la tragedia. Uno de los trabajos fílmicos más sobresalientes de la carrera de Clint Eastwood, que viene a ser lo mismo que decir que es una de las mejores películas de los últimos años.

Los papeles salen de Salamanca

P s y e á. Y o t n n.
L i e t e o a l s n r c r o s u s p s.

Ultimátum

Harrison Ford ha ofrecido un contundente ultimátum a George Lucas y Steven Spielberg.
Ford ha dejado claro que o bien la cuarta parte de ‘Indiana Jones’ se rueda en los próximos dos años o no participará en el proyecto, con lo cual el espectador quedará huérfano de las esperadas y nuevas aventuras del célebre arqueólogo, ya que sin él, como es lógico, la película no tendría sentido.
El actor, de 63 años, siente que el tiempo se le echa encima para interpretar a un hombre de acción como Indy y Spielberg, por su parte, sigue insistiendo que la película se rodará este año o, como muy tarde, en 2007.
La canción de siempre.

miércoles, enero 18, 2006

Vuelve el 'Chino Kudeiro'

Las mañanas de los sábados y domingos tienen un nuevo aliciente en Cuatroº, cadena que algo tiene que hacer si no quiere seguir ofreciendo ínfima calidad en su debilitada parrilla.
A partir del sábado, 28 de enero, Cuatro ofrecerá durante los fines de semana los cien episodios del mitológico 'Humor amarillo', con el legendario Takeshi "Beat" Kitano al frente.
El espacio se emitirá a las 14:20h, antes del informativo de fin de semana que presenta Miguel Ángel Oliver.
Viruete ya escribió hace tiempo sobre el concurso de los simpáticos asiáticos a prueba de golpes, por lo que lo único que me queda es referiros a aquel especial creado por uno de los ‘bloggers’ más carismáticos de la red.
Sólo espero que el ‘show’ mantenga su doblaje original de los no menos míticos Juan Herrera y Miguel Ángel Coll.

Review 'Jarhead'

Ambigua y trivial visión castrense
Sam Mendes realiza un desequilibrado producto esteticista sobre las consecuencias de la Guerra en una reflexión trivializada e imprecisa en sus propósitos discursivos.
Cuando uno termina de ver ‘Jarhead’ se pregunta dónde han quedado aquéllas imágenes marcadas en la memoria colectiva de la soldado Lynndie England arrastrando a un iraquí desnudo y maniatado en la prisión maldita de Abu Gharib o a aquellos entusiastas marines que confesaban en ‘Fahrenheit 9/11’, de Michael Moore, cómo se inspiraban con la canción ‘Burn, motherfucker, burn’, del grupo Bloodhound Gang, a la hora de salir a matar iraquíes en Afganistán. Por supuesto, no era de recibo crear una película norteamericana que reflejara con todo lujo de detalles cómo muchos de los marines yanquis cometen en las guerras reiterados actos atroces y violaciones del derecho internacional, ya sea hace quince años atrás como en el actual Golfo. Como bien se estipula en el final de la cinta de Sam Mendes "Todas las guerras son diferentes. Todas las guerras son iguales". Pero hay algo dentro de esta nueva muestra de adoctrinamiento mental y físico que pretende, sin conseguirlo, reflejar la deshumanización de los muchachos metidos en el ejército americano que estimula el recuerdo de estos dos ejemplos reales en cuestiones castrenses de un orbe tan manido como la dureza extrema de la formación marcial de los marines.
‘Jarhead’ es la nueva tentativa de un director denominado como controvertido para polemizar sutilmente sobre aspectos de una nación y su ejército bajo una disposición crítica, como ya hiciera en la sobrevalorada ‘American Beauty’, pero sin posicionarse lo suficiente como para resultar sarcástico, situándose en la frontera de la ambigüedad y enturbiando el mensaje que subyace en la historia antibélica que no llega a cuajar en ningún momento, pero que tampoco decepciona. Para ello, Mendes aporta a su nuevo filme un barniz humanista y bastante indulgente con la historia de Anthony Swofford, un soldado que publicó en 2003 un libro de memorias en el que narraba cómo miles de soldados ni siquiera tuvieron que disparar sus rifles en la Primera Guerra del Golfo porque la batalla se libró desde el aire en un conflicto de intereses (fundamentalmente, el oleoducto que atraviesa el mar Caspio) que se inició con la invasión de Kuwait por parte de Sadam Hussein. ‘Jarhead’ es así una tragicomedia subjetiva de un soldado que descubre el infierno de la educación militar, de esa disciplina que obliga a eliminar de forma estricta la individualidad y la inhibición para matar, cristalizado en único deseo y pilar de su personalidad táctica y la propagación de una escrupulosa ética de trabajo en equipo.
Mendes orienta su visión hacia esos muchachos procurando dejar a un lado la devoción del patriotismo, huyendo del campo de batalla para insertarse en las vidas de unos chavales autodenominados ‘cabezabotes’ (los ‘jarheads’ del título original), entre los que se incluyen jóvenes cultos y preparados que “se perdieron de camino a la universidad”. Máquinas de matar creadas al amparo de la humillación y la anarquía mental en pos de una sola idea: la Guerra implora la necesidad de matar, del enfrentamiento humano que encubre la negligencia de aquellos que las provocan. En este contexto, el director británico (y por extensión el guionista William Broyles Jr.) acometen el libro de Swofford como simple coyuntura para llegar a la conclusión básica del género bélico moderno, que renuncia a ideologías y concluye con un axiomático aforismo: la guerra no es más que un enorme desierto, en el que ni si quiera hay sitio para el enemigo. Es ahí, en esa guerra sin batalla, donde ‘Jarhead’ funciona en cuanto a intención narrativa, como revisión del sentido político y moral del antibelicismo actual, de hombres perdidos en espacios recónditos, esperando ejecutar órdenes confusas, allí donde el espectador alcanza un efímero y aceptable vínculo de sinapsis.
Pero hay algo que no funciona, a pesar de ir en contra de la glorificación del heroísmo yanqui o de no posicionarse en un discurso militarista o antimilitarista, tal vez derivado de una examinada frialdad del discurso fílmico o de esa intensa voluntad narrativa. Nada resulta épico. Todo lo contrario, las acciones bélicas son de lo más triste; instrucción extrema, ejercicios de adiestramiento empírico y una constante promesa de operaciones belicosas que nunca llega a conformarse, todo producto de cierta complacencia que transita por lugares comunes visitados cientos de veces, de una reincidencia en el elemental dibujo tipológico del género. A ello se une el esperado exceso esteticista del autor, la reincidente demostración de apabullante estilo y megalomanía academicista, evitando el clasicismo de su empalagoso anterior filme para exponer conscientemente sus aspiraciones visuales, que le sitúan por encima de un guión que, por momentos, se desliza hacia la prédica, alargando la sombra de Mendes (en comunión con el director de fotografía Roger Deakins) y estableciendo su figura por encima de cada plano, produciendo, como es rutina en él, un exceso de pretenciosidad estética debilitada, además, por la redundante partitura de un Thomas Newman que no ha vuelto a innovar desde ‘American Beauty’.
Sam Mendes pretende apuntar a algunos clásicos del género como Sam Fuller, Nicholas Ray, Raoul Walsh o William A. Wellman, e incluso, consciente de su capricho, hacer homenajes de forma explicita (ya sea con fragmentos Coppola y Cimino) o virtuales transcripciones de los grandes filmes bélicos de Kubrick o Stone. A Mendes, por tanto, le hubiera gustado que ‘Jarhead’ describiera en sus parámetros una configuración de representación colectiva de marines muy distintos entre sí que son aleccionados existencialmente en un mundo enloquecedor que contiene sargentos de hierro, vida militar rutinaria, desengaños sentimentales fraguados en la distancia y una locura paulatina a la que es imposible escapar. Soldados, en definitiva, atrapados entre la muerte, el aislamiento y la jerarquía de una guerra, como todas, carente de sentido. Pero esa forzada y aparente mirada neutral y en exceso ridiculizada con un humor que a veces funciona y otra no, se precipita en una inesperada trivialidad convertida con el paso del metraje en ambigüedad.
Entre el humor, la locura bélica y la disciplina del adiestramiento, el resultado de ‘Jarhead’ es una muestra desequilibrada muestra de lo mejor y lo peor de un Sam Mendes que se erige como un efectivo dominador de la puesta en escena y un preceptor de conceptos teóricos de desiguales consecuencias en torno, esta vez, a la figura de unos soldados (entre los que destaca especialmente la interpretación secundaria de Jamie Foxx) inmersos en una guerra real e interna que termina con una implícita deliberación sobre las experiencias de estos marines y la cruda realidad de un presente aturdido por un recuerdo imposible de borrar. La locura, en suma, de ese “semper fidelis” que rige el lema marcial norteamericano reflejado en su epílogo por un desequilibrado veterano que les muestra, en su heroica vuelta a casa, las secuelas de una experiencia imborrable. Como bien dice Swofford al final del filme “seguimos en el desierto”, que patentiza los mismos errores que ellos cometieron hace tres lustros se siguen perpetuando hoy en día en la inconclusa guerra del Golfo.
Miguel Á. Refoyo © 2006

martes, enero 17, 2006

Una historia de terror

Fue que le tocaran una teta y mirad cómo se ha puesto.
Parece una hermana de los 'Fat Boys'.

'Brokeback Mountain' triunfadora en la 63ª edición de los Globos de Oro

La semana pasada asistí al pase de prensa de ‘Brokeback mountain’, esa esperada y comentada historia de amor entre dos ‘cowboys’, narrada con contundencia, precisión y realismo por Ang Lee. La de un romance seco, austero, que describe sin complejos y de un modo instintivo, la homosexualidad de dos hombres que no autoasumen su condición, circunscritos en una época que no transigía este tipo de idilios. Una cinta que ofrece con inclemencia masculina un torrente de imágenes y sentimientos, de amor y dolor. Una obra magna que ya verá ampliado su espacio con una crítica que aparecerá en días sucesivos en este Abismo.
‘Brokeback Montain’ es, sin embargo, una película que se antoja demasiado arriesgada como para ser un éxito en Hollywood y, sobre todo, es impensable que pudiera arrasar en los Oscar. Pues tales afirmaciones no son más que pura mendacidad, ya que esta madrugada la hermosa película de Ang Lee se ha hecho con cuatro Globos de Oro de los siete premios a que aspiraba, entre ellos el de mejor película y mejor director (además de mejor guión adaptado y mejor canción –del argentino Gustavo Santaolalla-). Un logro ni sorprendente ni mucho menos inmerecido. ‘Walk the Line’, el biopic de Johnny Cash dirigido por James Mangold ha sido la ganadora a mejor comedia o musical, llevándose también el de mejor actriz secundaria para Reese Whiterspoon y mejor actor de la citada categoría para la composición de Joaquin Phoenix.
En el apartado interpretativo, Philip Seymour Hoffman se alzó, como se esperaba, con el dorado galardón por su recreación de ‘Capote’ y Felicity Huffman se consolidó como una de las actrices norteamericanas del momento con su ‘Transamerica’. También Rachel Weisz se llevó el de mejor secundaria por 'El jardinero fiel'. ‘Good Night, and Good Luck’, la cinta dirigida por George Clooney se fue con las manos vacías. Al igual que ‘Match Point’. Sin embargo, Clooney vio reconocido su trabajo como actor secundario en ‘Syriana’, de Stephen Gaghan. Por último, John Williams volvió a componer la mejor partitura, según el criterio de la prensa extranjera, con su portentoso trabajo para ‘Memorias de una Geisha’ y la mejor película de habla no inglesa fue la palestina ‘Paradise Now’, que le ganó la partida a la francesa ‘Feliz Navidad’ y a la mítica ‘Kung-fu Hustle’, de Stephen Chow.
Los Globos de Oro televisivos estuvieron repartidos, pero no hubo sopresas; ‘Lost’ y ‘Mujeres desesperadas’ se alzaron con los premios a mejor serie dramática y comedia respectivamente.
Habrá que ver si la Academia también reconoce el hallazgo del año, la ruda e inolvidable historia amor y adulterio de Jack Twist y Ennis del Mar que está conquistando a todo aquel que la ve.
De momento, ya es la favorita para los Oscar del día 5 de marzo.

lunes, enero 16, 2006

Tales from the tree

Escupitajo, gapo, esputo, gallo, pollo, gargajo, felipete, flema, salivazo…

Fincher llevará al cine 'Torso'

A la espera de ‘Zodiac’ (del que podemos ver un 'teaser-poster'), uno de los títulos más suspirados del año, el ínclito David Fincher tiene un nuevo proyecto en cartera. Uno de los guionistas de moda, Ehren Kruger, está adaptando el ‘cómic-book’ ‘Torso’, de Brian Michael Bendis (también ilustrador) y Marc Andreyko. Y no se trata de un simple rumor, ya que desde el Hollywood Reporter se asegura que Bill Mechanic, Don Murphy, Todd McFarlane y Terry Fitzgerald serán los encargados de producir el film.
El cómic está basado en hechos reales que forman parte de la ‘leyenda negra’ de Cleveland, a mediados de los años 30, donde tras acabar con Al Capone, Elliot Ness, junto a los detectives Myrlo y Simon, deberá resolver una serie de macabros asesinatos llevados a cabo por el que puede considerarse como el primer asesino en serie de los Estados Unidos "El asesino del Torso". La metodología seguida por éste es de lo más sanguinaria y cruel, ya que los cadáveres aparecían con la cabeza seccionada y sin manos ni pies, con lo que su posterior identificación era prácticamente imposible.
Tanto para los seguidores de Fincher como para los aficionados al buen cómic documental, es una gran noticia que promete un gran relato en clave de ‘thriller’ de la crónica negra americana.
Esperemos que se materialice.

domingo, enero 15, 2006

Adiós a Shelley Winters

1920-2006
Era una de las más grandes, una de esas actrices sempiternas y auténticas de la Época Dorada de Hollywood que marcó con su presencia cada título en el que estuvo presente. Una de esas escasas intérpretes que, sin poseer el ‘glamour’ de las estrellas, encarnó como nadie a entrañables personajes sumidos en la mediocridad, incapaces de dominar su destino y constantemente empujados al drama y la tragedia. Siempre con credibilidad, con arraigo a la vieja escuela interpretativa, reportando una feroz contundencia a la gran pantalla, perceptible en el sacrificio vital de unos personajes acentuados por su dulce rostro, Winters acabaría encasillándose en papeles de excesivas madres y de plañideras maduras que ella interpretó con un vivaz sentido del patetismo.
‘Doble vida’, de George Cukor, ‘Una vida marcada’, de Robert Siodmak, ‘The Great Gatsby’, de Elliot Nugent, ‘Winchester 73’, de Anthony Mann, ‘Yo amé a un asesino’, de John Berry, ‘Un lugar en el sol’, de George Stevens, ‘La torre de los ambiciosos’, de Robert Wise, ‘Lolita’, de Stanley Kubrick, ‘La noche del cazador’, de Charles Laughton, ‘Confidencias de mujer’, de Cukor, ‘Un retazo de azul’, de Guy Green o ‘El diario de Anna Frank’, de Stevens, ‘Alfie’, de Lewis Gilbert, ‘Harper, investigador privado’, de Jack Smight, ‘Mamá sangrienta’, de Roger Corman y ‘La aventura del Poseidón’, de Ronald Neame fueron sus películas más destacadas.
D.E.P.

sábado, enero 14, 2006

Mañana, cita con el cortometraje en Madrid

Daniel Romero, el creador de la blog ‘Un día de furia’ y gran amigo, estrena mañana domingo su último cortometraje ‘Una puerta cerrada’ (del que podemos ver en el videopost el ‘teaser-trailer’ -siento la calidad del vídeo, pero se mejor aquí-), el nuevo ejercicio de suspense de este chavalón determinado, al menos en su anterior y loable corto ‘Inacabado’, a un género tan complejo como es el ‘thriller’ de suspense. A pesar de los pequeños defectos de juventud e ingenuidad y compendiado en intenciones al servicio del siempre limitado formato de vídeo, Romero (también conocido como “Lebo” –por su filiación a la película de los Coen ‘El Gran Lebowski’-) deja claro poco a poco que, más allá de sus temas o sus mensajes, domina una fascinante estructura narrativa donde prepondera su estupenda realización basada en la capacidad de relatar por medio de sus cuidadas imágenes, de su implicación en el impecable ritmo del montaje. No obstante, la carrera de este cortometraje sigue triunfal por el diligente mundo de los festivales cortometrajísticos, obteniendo en el camino el premio a la mejor dirección con en el festival La claqueta de Arroyomolinos.
‘Una puerta cerrada’, es el siguiente escalón en una progresiva evolución que denota que estamos ante un gran autor en ciernes, en un creador con inquietudes fílmicas heterogéneas, puntualizadas en el ansía de cambio de temática a la que estamos acostumbrados a ver. La cita para ver este nuevo trabajo de Romero (codirigido por Raúl “Slater” Garán) tendrá lugar mañana domingo 15 de Enero a las 22:00 horas, en el local El Plaza, situado en la Calle Martín de los Heros, junto a Metro Plaza España, en Madrid. No tenéis excusa para los que viváis en la capital. La entrada es gratuita y estáis todos invitados.
El argumento:
SeCReX es una empresa que se dedica a comerciar con los secretos de las personas. La discreción, la garantía de sus servicios y la rigurosidad de sus métodos les diferencia de la competencia. Cuando Manuel Alterio acude a sus instalaciones con una falsa identidad y un secreto guardado con llave en una habitación de su memoria, conoce el significado de las palabras Factor Cero.
Suena bien ¿eh?
Pues ya sabéis lo que tenéis que hacer para disfrutar de una tarde con uno de los representantes más constantes y prometedores del cortometraje en vídeo del basto panorama ibérico.

viernes, enero 13, 2006

jueves, enero 12, 2006

Altman recibirá el Oscar Honorífico

Durante la 74ª edición de los Oscar, hace ya cuatro años, tuvo lugar una de las imágenes más destacadas de estos premios ataviados de un fingido alcance y jerarquía dentro del mundo del cine. Se trataba Robert Altman y David Lynch, dos clásicos del celuloide, ambos nominados por ‘Godsford Park’ y ‘Mulholland Drive’, respectivamente, dos películas impecables, dos grandes trabajos que fueron, obviamente, ninguneados en una ceremonia marcada por la deferencia en los premios con la comunidad afroamericana (Halle Berry, por ‘Monster’s Ball’, Denzel Washington, por ‘Trainning Day’ y el honorífico para Sydney Poitier), los homenajes que la Academia dedicó al 11-S y a la ciudad de Nueva York (incluso Woody Allen hizo un señalado y puntual acto de presencia) y por la consecución de la inmerecida gloria de una película tan mediocre como ‘Una mente maravillosa’, de Ron Howard improcedente ganador del Oscar al mejor director.
La imagen no tiene desperdicio, ya que los dos veteranos directores aplauden entre abrazos y risas los premios de Howard, ajenos a la iniquidad del momento, sabedores del funcionamiento de una industria de oropel que conceptúa su cine alejándolo de la calidad, donde procede más vacuidad de este asexuado galardón que la verdadera esencia del cine. Disfrutando con ironía y humor del instante de infamia cinematográfica que se produjo aquella noche. Lynch parecía decirle a Altman “¡Qué te había dicho!”, mientras el por entonces septuagenario director de ‘M.A.S.H.’ y ‘Nashville’ parecía asombrarse con gracia ante el destinatario del Oscar. Una vez más, la postiza hipocresía de estos galardones había sido la gran protagonista de la velada.
Hoy, nos hemos enterado de que Robert Altman, al igual que muchos otros ilustres olvidados, va a ser tardíamente condecorado con un anecdótico Oscar honorífico a este viejo zorro del Séptimo Arte, a un hombre que ha sido nominado cinco veces al Oscar como director y dos más como productor a lo largo de una prolífica carrera que no ha necesitado (como casi ninguno de los grandes) de esta recompensa para consagrarse como uno de los más sobresalientes realizadores del cine contemporáneo.
Altman posee una de las más singulares e interesantes carreras de la cinematografía norteamericana alcanzando tal fluidez en su ejemplar estilo que llegó a olvidar el origen escénico de sus primeras obras. Siempre fiel a su forma de ver el cine y la vida, sin olvidar nunca la sátira, procurando en todo momento no evitar la obviedad de sus preceptos sardónicos y críticos, Altman ha sabido jugar con la tradición cultural de un país para alterar intencionalmente sobre los géneros tradicionales. Así el ‘western’ (‘Los vividores’, ‘Buffalo Billy los indios’), el cine bélico (la magnífica ‘M.A.S.H’), policiaco (‘El largo adiós’), ciencia-ficción (‘Quinteto’), musical (‘Nashville’), el drama coral (‘Short Cuts’) o el género de suspense (‘Godsford Park’) patentizan que estamos ante un cineasta contracorriente. Siempre desde un prisma donde no cabe lugar al romanticismo, pero sí una estela de transitorio lirismo, mordaz sátira y variado realismo. Altman a pesar sus desiguales resultados en algunas películas fallidas ostentan una inventiva, pluralidad y exuberancia de las que pocos directores pueden alardear. 86 películas como director, 39 como productor y 37 guiones son, de momento, el resultado de tan fecunda filmografía.
Y continúa, ya que el veterano cineasta, a sus 80 años, se encuentra actualmente filmando ‘Paint’, en la que vuelve a hacer otra de sus sarcásticas críticas, esta vez retratando un submundo social tan especial como lo es el del comercio del arte. Como ya hizo con la industria hollywoodiense en ‘The Player’ o con el mundo de la moda en ‘Pret-a-porter’. En ‘Paint’ el centro de la pulla es, evidentemente, una galería de arte neoyorquina poblada con sus típicos personajes.

El nuevo rostro de la Bestia profética

La 20th Century Fox ha lanzando la primera imagen del nuevo Damien que protagoniza el innecesario ‘remake’ de ‘La Profecía’ que dirige John Moore. Al inquietante chaval que ostenta en su cerviz el número de la Bestia lo interpreta en su reajuste moderno el actor infantil Seamus Davey-Fitzpatrick.
Nada que ver con la acojonante presencia del Damien original recreado con contundencia por el infante de mirada sobrecogedora Harvey Stephens. Sea como fuere, ‘La Profecía’ dirigida por Richard Donner quedará en nuestra memoria como un paradigma ejemplificador de un cine de terror satánico clásico, tan sobrio como intenso, donde el mundo apocalíptico se establece dentro una figura alejada de la propia esencia maligna, la de un angelical niño que alberga el odio y la violencia sobrenatural destinada a aniquilar el mundo.
Es imposible olvidar la diabólica partitura que compuso Jerry Goldsmith (sólo recordar los acordes y el coro de 'Ave Satani' se erizan los pelillos del cuerpo) para una historia reposada que acentúa su suspense hasta el límite, consolidado por la gran labor de un inspirado Donner en la traslación de la trama de David Seltzer.

SMP (XII): Cambio de imagen

Y a todo esto, Kodak va... y cambia de logotipo.
Simple curiosidad.

miércoles, enero 11, 2006

Premios Anuales AVN. Los galardones más calientes del año

Cada año por esta fechas (e imprescindible noticia en el Abismo) se han entregado en Las Vegas los premios anuales AVN, que vienen a ser algo así como los Oscar del porno, como los Grammies del género guarro, el balón de oro del entorno sicalíptico entronizado en la ‘creme de la creme’ de la triple X. Un acontecimiento que, para los amantes al envilecido onanismo (entre los que me incluyo), no puede pasar desapercibido.
La gran triunfadora de la velada fue ‘The New Devil in Miss Jones’, dirigida por Paul Thomas y producida por Vivid Entertainment Group (compañía para la cual escribí hace años varias sinopsis, así como reportajes y noticias para la distribución de sus filmes), repitiendo su estrellato como reina del porno actual, la rutilante Jenna Jameson, que ganó los premios de ‘Crossover Star of the Year’, así como el galardón a la mejor campaña promocional con su página y productora Club Jenna y fue inscrita en el ‘Hall of Fame’ del AVN como una de las grandes reinas de la historia de la pornografía americana. Como mejor actriz de cine, Savanna Samson fue la triunfal felatriz del año, que empieza a despuntar como ‘hot babe’ de primera en la industria por ‘The New Devil in Miss Jones’. Como actor, el mítico Randy Spears se hizo con el premio al mejor actor del año con ‘Eternity’, de Wicked Pictures. Un ‘pichabrava’ clásico donde los haya.
También acudieron a recoger sus laureles, Manuel Ferrara, como nueva estrella masculina del año (que se llevó además la mejor escena de sexo anal -todo un maromo este Ferrara-) junto a la europea más cachonda y descarada de los últimos tiempos, Katsumi, que es la auténtica reina del porno fuera de las fronteras yanquis. Cabe destacar el reconocimiento de una estrella ‘pornostar’ en ciernes a seguir, la dinámica y pelirroja Audrey Hollander, todo un hallazgo dentro del mundillo. Así como el premio AVN a la mejor nueva ‘starlette’ del año, que recayó en Mckenzie Lee, la secuaz y protegida de la Jameson.
Una lista de premios inmensa que sabe premiar minuciosamente lo mejor y más destacado de este género tan poco reconocido pero que tantos beneficios aporta en un mercado en expansión sin límite. Y es que este tipo de espectáculo visual para adultos rodado principalmente en San Fernando Valley en el sur de California (donde se desarrollan las películas de Paul Thomas Anderson), acumuló el pasado año ventas que ascendieron aproximadamente a los 12.000 millones de dólares, de acuerdo con las estadísticas compiladas por AVN. Comparado, por ejemplo, con los fúlgidos 8.9000 millones que recaudan las películas convencionales de Hollywood, nos da una muestra de cómo está el actual mercado del porno.