miércoles, febrero 28, 2007

Betis - Sevilla: Los riesgos del fanatismo

A veces la única solución para que el fanatismo extremo, la barbaridad incongruente, el borreguismo que predomina inexplicablemente en muchos campos de fútbol españoles acabara de una vez sería sancionar con el cierre de un estadio una temporada entera. Así los bastardos que ensucian un deporte como el fútbol con su actitud se lo pensarían de nuevo a la hora de cometer estos actos de salvajismo. Así, de esta manera, los que rodean a esos pocos malnacidos tomarían medidas ante una acción similar a la de hoy en el partido de Copa del Rey entre el Betis y el Sevilla para no perder el privilegio de disfrutar el espectáculo del balompié.
Donde predomina el apasionamiento intransigente y anida el odio intolerante la única opción es cortar por lo sano.
La lástima es que se quedará en una mínima o nula inhabilitación y una imperceptible sanción económica.
Y no es suficiente.

lunes, febrero 26, 2007

79ª Edición de los Oscar

Una edición con sabor muy agridulce
Cuando uno se posiciona subjetivamente ante este tipo de eventos suele llevarse desengaños bastante considerables.
Los Oscar, como espectáculo, no dejan de ser una pantomima de oropel y apariencia que persiste en su esquema preconcebido y vacuo, representando la parte más frívola e intrascendente del ‘showbussines’ hollywoodiense. Una parte más de la envoltura que tiene la industria cinematográfica norteamericana de cara al mundo. Pero lo cierto es que, dejándose llevar por el lado más pueril del Séptimo Arte, estos premios, 79 años después, siguen siendo una referencia, eso sí, de perecedero glamour y fugaz espectáculo, tan arraigado a la Hoguera de las Vanidades que siempre ha sido y será Hollywood.
Sin embargo, cuando uno tiene las ilusiones de la velada puestas en que alguien, por la razón que sea, tenga la opción de lograr una asexuada estatuilla y no se cristaliza en una realidad, siente un desánimo y desconsuelo comparable al provisorio dolor que provoca la derrota de un equipo deportivo para un seguidor enardecido por esos colores. Algo así se ha podido percibir cuando Cate Blanchett y Clive Owen abrieron el sobre que contenía el premio a la Mejor Película de Habla No Inglesa. “¿Han dicho Germany? ¿Alemania? ¿Cómo cojones…? ¿Qué es esto? ¿Una puta broma?”. Vale, bien… vamos a ver… ‘La Vida de los Otros’, de Florian Henckel Von Donnesmarck, es una magnífica película. Nadie lo va a poner en duda. Pero ello no es suficiente para que este momento robado sea injusto y desacertado.
Poco importaba ya que ‘El Laberinto del Fauno’ hubiera dado la campanada llevándose tres premios (dirección artística, maquillaje y mejor fotografía –a la postre los premios finales-) casi de forma consecutiva. Que Guillermo del Toro no subiera a por su merecida estatuilla era algo que demuestra que en los cuentos de magia, en las fábulas, aunque sean reales o ficticias, como en su película, el final no siempre es feliz. El cineasta mexicano, buen perdedor, entrañable, de sonrisa incorruptible y de humanidad inabarcable se había quedado, de repente, como Martin Scorsese en otras galas, sin su merecido Oscar. Con la sensación de que habrá más ocasiones, pero sabiendo lo difícil que es estar tan cerca. Si a eso, añadimos que la cara de decepción venía fundamentada por la frustración de conocer que ni Borja Cobeaga ni Javier Fesser habían subido a por el galardón de mejor cortometraje, la sensación de subfondo muy agridulce ya se había adueñado de estos Oscar.
En esta 79ª edición ha brillado un nombre propio, un hombre al que la equidad histórica le ha brindado la oportunidad de reír y retribuir a su equipo y familia empuñando un Oscar: Martin Scorsese, POR FIN (en mayúsculas), ha visto recompensada su trayectoria (más que puntualizado el premio por ‘The Departed’) recogiendo la dorada efigie como distinción al Mejor Director de la mano de tres de esos amigos que, junto a él, cambiaron el rumbo del Cine allá por los años 70. El momento mágico y mítico, antológico e irrepetible, ese instante ‘Kodak’ dentro del teatro que lleva su nombre, ha sido, es y será ver a Francis Ford Coppola, Steven Spielberg y George Lucas (que se ha permitido un ‘gag’ sobre su condición de no ganador eterno) otorgándole el Oscar a Scorsese. Un imborrable regalo a la memoria cinéfila, a la Historia de unos premios que, olvidando a ilustres maestros del Cine, ha lavado su iniquidad contemporánea, sirviéndole la oportunidad a Marty de agradecer un Oscar como cineasta. “¿En serio que habéis leído bien la tarjeta?” ironizó ante una platea en pie aplaudiendo al pequeño gran cineasta, uno de los más trascendentales del cine moderno. ‘The Departed’ había ganado hasta entonces el de Mejor Guión Adaptado (William Monahan) y Mejor Montaje (Thelma Schoonmaker). Lo nadie imaginaba era que el filme de Scorsese se convertiría en la película más ponderada en estos premios Oscar y la que más estatuillas iba a cosechar.
Otra vez, desde una perspectiva muy subjetiva, este hecho satisfacía una gala irregular, blanca, sin mucho aspaviento, con dosis de humor proporcionadas y, en definitiva, muy moderada en fondo y forma, por lo refrenado y por políticamente correcto de todo lo que se ha visto esta madrugada. Ellen DeGeneres lo tenía muy difícil. El año pasado Jon Stewart había conseguido obedecer a la brillantez y a la resolución cómica que requiere un ‘showman’ para que la gala triunfe en ese apartado. Por eso, la lesbiana más orgullosa del otro lado del charco ha preferido la discreción. Tanta, que apenas ha tenido juego en el escenario.
La maestra de ceremonias ha pasado desapercibida, cumpliendo su labor con una mesura poco menos que exagerada. Tras su correcta pero insulsa presentación vestida a lo ‘machorro’, como a ella le gusta, decantándose por esa introducción tipo “misa de domingo” (con coro de gospel incluido) tocando la pandereta, ubicada en la categoría de “nos hemos reunido aquí hoy…” y quitando algún que otro ‘gag’ bien resuelto (como entregarle un guión a Scorsese para que se lo dirija, pedirle a Spielberg que le hiciera una foto junto a Clint Eastwood o pasar el aspirador…), la DeGeneres ha pasado a ser la cómica que menos ha llamado la atención en los últimos años. Muy adecuada, pero excesivamente circunspecta para lo que se esperaba de ella.
Tan sólo habría que destacar esa apostilla al referirse a Al Gore, el ex futuro presidente de Estados Unidos, “el candidato que más votos consiguió, pero que… algo raro pasó”. Una frase que anticipó el exorbitante protagonismo que tendría ulteriormente el ex candidato demócrata y vicepresidente de la Era Clinton. Para su documental ‘An Inconvenient Truth’ fueron los dos Oscar a los que optaba, Mejor Largometraje Documental y Mejor Canción Original (algo inaudito, que una canción de un documental gane uno de estos premios). Pero no fue el único momento. Sin venir a cuento, el muy concienciado con estos rollos humanitarios Leonardo DiCaprio apareció en el escenario con Al Gore y ambos se marcaron un ‘speech’ sobre los peligros del calentamiento global y el ecologismo típicamente yanqui, pero incoherente en un espectáculo de este calibre.
Luego, el director David Guggenheim casi le gasta el traje a Gore con tanto énfasis y sobeteo en su dedicatoria y posterior entrega del premio, haciendo ver algo que todos sabemos; que Al Gore es la figura medular y material de este documental a modo de conferencia sobre un tema tan ‘verde’, el color metafórico elegido para esta noche. Una actitud ‘buenrrollista’ que se unió al Premio Especial Humanitario a la carrera filantrópica de la ex productora Sherry Lansing, mujer de armas tomar que presidió la 20th Century Fox, la Paramount Pictures y que, encima, es la mujer de William Friedkin. Dos actos muy afectados de compromiso y trascendente pompa. Hollywood también se preocupa por los problemas del mundo. Y hay que hacerlo saber. De cualquier manera.
La gala fue, en general, bastante proporcionada, sin nada que se saliera de su cauce. No fue ni larga ni corta, ni muy aburrida ni tampoco divertida. Ajustada a lo que se espera de una noche de los Oscar. Por supuesto hubo algunos instantes que cabe la pena destacar dentro de tanto premio, agradecimiento, diálogos pretendidamente ingeniosos, parejas con ‘glamour’ y rostros de alegría (simulada y real) y poses procurando que no se note la decepción o la mala hostia delante de la cámara. Por ejemplo, hay que recalcar esas fascinantes cortinillas del grupo coreográfico Pilobolus, que ha hecho auténticas maravillas con sus inverosímiles contorsiones para componer representaciones a modo de formas chinescas y visuales relacionadas con la gala.
También ha sido estimulante el coro de voces que han recreado todo tipo de efectos especiales de sonido con diversas secuencias cinematográficas de fondo. Sin olvidar a Sid Ganis, Presidente de la Academia, sintetizando su interesante discurso en unos ajustados 60 segundos que dejaron a los traductores hechos la picha un lío, sin esclarecer más del 70% del contenido del mismo. Casi igual que el de nuestra ‘espabilada’ Ángeles González-Sinde en los Goya.
También hay que señalar el número musical a tres voces de Will Ferrell (con peinado a lo Art Garfunkel), Jack Black y John C. Reilly, tirándole los trastos a la exquisita Helen Mirren o el afectuoso homenaje a Ennio Morricone que, en italiano, ha agradecido el Oscar Honorífico a su esposa María, mientras Eastwood traducía y recordaba sus inicios como protagonista de los imborrables ‘spaghetti westerns’. Igualmente se emocionó mucho Jennifer Hudson por su Oscar como Mejor Actriz de Reparto. Y no es para menos. Es como si aquí, en nuestras fronteras, Rosa “De España” aprendiera a hablar y a actuar para después, en un filme musical, se saliera con una brillante interpretación.
Por lo demás, lo de todos los años (que si muchos cortes publicitarios, muchas estrellas sobre el escenario del Kodak Teathre, algún ‘gag’ subrayable, alguna lagrimilla de emoción, el vídeo ‘In Memorian’ que recuerda a los fallecidos...). Aunque en esta edición los clips de vídeo no hayan estado a la altura que en otras ocasiones, por mucho que Giuseppe Tornatore y Michael Mann se hayan encargado del tema. Los instantes de bajón anímico (además de no ver tampoco a Javier Navarrete con su merecido Oscar), han sido los números musicales de ‘Dreamgirls’ (tres canciones consecutivas es demasiado), la grandilocuente canción de Celine Dion ‘I knew I loved you’ o los mencionados momentos de altruismo humanitario y ecológico. Eso sí, este año la traducción simultánea no ha fallado como en años anteriores. Algo sorprendente, ya que esta madrugada la traducción ha sido muy atinada a pesar de lo complejo de la empresa.
Con ese final con Scorsese abrazando primero a sus congéneres, luego a Jack Nicholson (que se ha afeitado al cero la chola), flanqueado por el ‘Wild Bunch’ de ases; Coppola, Spielberg y Lucas (faltaba Brian De Palma) mientras el productor Graham King subía flipando por haber conseguido el de Mejor Película de 2006 para ‘The Departed’, la Gala de los Oscar se despedía hasta 2008 dejando para el recuerdo el año en que el genial Marty rompía el maleficio y ganaba lo que, hace muchos años, le pertenecía por la basta e intachable filmografía que arrastra a sus espaldas.
LO MEJOR
- La elegancia de Penélope Cruz, que se unió a la belleza de Cate Blanchett, Beyoncé Knowles, Jada Pinkett-Smith, Kate Winslet o Gwyneth Paltrow, entre otras.
- Nicole Kidman que, emulando a Stallone en 1989 (año en que se sustituyó la frase que anticipa el ganador) soltó un “and the winner is…” para entregar a ‘El Laberinto del Fauno’ a la Mejor Dirección Artística y se quedó tan pancha.
- Ese ‘gag’ visual de DeGeneres junto a los Pilobolus recordando el logo de ‘Snakes on a Plane’.
.- Helen Mirren.
- El ‘gag’ de John Travolta, apareciendo en escena con Queen Latifah y soltando el comentario “me encanta que una mujer con curvas lo dé todo sobre el escenario…. Pero basta de hablar de mí” (en referencia a su papel como Edna Turnblad en el ‘remake’ de ‘Hairspray’).
- Jaume Figueras, cabreado porque en el clip de ‘In Memorian’ no se acordaran de Ivonne de Carlo.
- El emotivo discurso de Forest Whitaker.
- Que Tom Hanks haya recuperado, en parte, la normalidad capilar tras un año haciendo el ridículo con el peinado de ‘El Código Da Vinci’.
- Otra vez, Jack Nicholson, que se descojona y vive de una forma envidiable este tipo de saraos.
LO PEOR
- Muy representativo del ‘paletismo’ yanqui, que suele confundir a los españoles con los mexicanos, Ellen DeGeneres volvió a demostrar que hay artistas que necesitan clases básicas de geografía mundial.
- En cuanto a vestidos espantosos, los de Nicole Kidman y Naomi Watts (juntas parecían las Pili y Mili australianas).
- Que Cameron Diaz, con un realzado bronceado y un desafortunado maquillaje, pareciese Lydia Lozano. Igual es que su afición a la bebida está haciendo mella en la estrella de ‘Algo pasa con Mary’.
- La ‘plumaza’ y los comentarios insustanciales de Manu Bersategui para Canal +.
- Celine Dion.
- Que en el programa resumen que precede la gala, retransmitida por la ABC para Estados Unidos, no incluyera entre sus reporteras a Cynthia Garrett, la espectacular presentadora de la ‘red carpet’ que puso a cien a varios espectadores el año pasado.
- Como tantas veces, Reese Whiterspoon, que, consciente de que no es muy agraciada físicamente, ha optado por una sofisticación de ‘look’ sorprendente. Lo que no ha percibido en ello es que, con su nueva imagen, parece la hermana mayor que se hace la joven de las Olsen.
- Que Peter O’Toole se parezca cada día más al padre operado de Michael y LaToya Jackson.
ALGUNAS PREGUNTAS SIN RESPUESTA
- ¿Por qué nadie le dijo a Angels Barceló que Guillermo se apellida Del Toro y no su insistente y rechinante “De Toro”.
- ¿Por qué en el vídeo de Tornatore en homenaje a las películas de habla no inglesa premiadas a lo largo de 50 años no aparecieron ni ‘Volver a empezar’ ni ‘Belle Epoque’ y sí varias veces las de Almodóvar y Amenábar?
- ¿Por qué coño no le han dado el Oscar a Guillermo del Toro?
- ¿Qué hay que hacer para que un cortometraje español gane un Oscar?

viernes, febrero 23, 2007

Carrot Top de Mairena

El pasado sábado, viendo uno de los míticos episodios de ‘Padre de Familia’ en la FOX titulado ‘Petergeist’, homenaje cinéfilo y paródico al filme de Tobe Hooper que dirigió Steven Spielberg ‘Poltergeist’. En él aparecía como ‘invitado’ un cómico llamado Carrot Top, durante una de las hilarantes secuencias protagonizadas por Meter Griffin. Un día más tarde, tumbado en el sofá, viendo el partido de las estrellas del All Star Weekend, el mismo Top era enfocado durante uno de los tiempos muertos. Mi memoria, ipso facto, se retrotrajo a hace menos de un mes: “Además de estas dos veces consecutivas… ¿Dónde coño había visto yo a este tipo de pelo rojo?” La respuesta, como todas las incógnitas o preguntas de este mundo, estaba Internet. Indagando someramente descubrí que había aparecido dos veces en la serie ‘Scrubs’.
La pregunta era ¿Quién cojones es este Carrot Top? ¿Tan conocido es en USA? Pues por lo visto sí. Carrot Top es un fulano al que da bastante grima mirar durante más de cinco segundos seguidos. De apariencia anabolizada, cejas depiladas, pelo rojizo a lo Actor Secundario Bob y rostro que se asemeja temiblemente al de nuestra Carmen de Mairena, lleno de ‘botox’ y sin gesto concreto, Carrot es, porqué no decirlo, bastante incómodo de ver. Sin embargo, es un célebre cómico que ganó el American Comedy Award como mejor comediante de ‘stand up’ en 1994 y que ha dejado ver su desagradable jeta en programas como el de Jay Leno, varios anuncios publicitarios y que actúa, regularmente, en el Hotel Luxor de Las Vegas (de ahí que se acercara al All Star). Su humor se concibe como ‘prop comedy’, la modalidad del ‘stand up’ que utiliza diversos objetos cotidianos para su número y alternativas de ocio (como la magia), confiriendo siempre un sentido absurdo al espectáculo. También se dedica a poner voz a muchos ‘jingles’ radiofónicos y anuncios televisivos, como por ejemplo para AT&T.
El mundo está lleno de talentos desconocidos fuera de sus propias fronteras. Una vez visto Carrot Top, uno tiene la sensación de no olvidarlo nunca.

jueves, febrero 22, 2007

Envidia cochina

Esta madrugada, cerca de las 5:00 AM, recibo dos SMS casi de forma consecutiva. “Lakers Vs Posrtland, en vivo y en directo” se regodean en mensaje similar y común. Pertenecen a Borja Crespo (A..K.A. Infraser) y a Javier Alvariño, que me envían, además, esta extraña fotografía que deja intuir una experiencia común de diversión constante. Se han desplazado a Los Ángeles, como parte de la comitiva que acompaña a Borja Cobeaga a los Oscar y, parece ser, que no están perdiendo el tiempo.
Quedan tres días.
Se lo están pasando de puta madre, que es lo que importa. Pero todos estaremos pendientes la madrugada del domingo… ¿tocará este año?

miércoles, febrero 21, 2007

Pau Gasol: Nuevos aires o resignación

En unas horas se sabrá si Pau Gasol abandona los Grizzles o si la temporada transcurrirá para él como un suplicio de buen juego y sacrificio recompensado con derrotas que convierten a su equipo en el peor conjunto de las últimas temporadas regulares de la NBA. Desde que llegó, el español se hizo pronto con el liderazgo del equipo, muy por encima de James Posey o Jason Williams. Con el estrellato y la dinámica ganadora de Pau, había que confeccionar un equipo de ciertas garantías para convertir el potencial de Gasol en la médula para conseguir objetivos deportivos más altos que caer humillados en los Play-Offs. Jerry West cambió a Shane Battier por el rookie Rudy Gay y Stromile Swift y a pesar de ello, nada funciona en Memphis. Sólo Gasol, que va cogiendo la forma tras la lesión del mundial. La única opción de triunfo es el traspaso. Los Bulls y el jugador catalán se quieren. Mañana finalizan las operaciones de traspasos de este invierno. Sabremos si Gasol cambia de aires o tiene que esperar, con resignación, otro año, a ver si las cosas cambian.
Algo que en Memphis parece no ser muy factible.

lunes, febrero 19, 2007

Review 'The Pursuit of Happyness'

El dramático y duro esfuerzo del bienestar
Correcto drama con mensaje moral de fondo, el debut americano de Gabriele Muccino escapa a los mecanismos del ‘tear jerker’ por su apacible contención dramática.
En la Declaración de Independencia de Estados Unidos firmada el 4 de julio de 1776 por el presidente Jefferson se menciona dos veces la palabra felicidad. La felicidad es ese término difícil de definir. Sin embargo, algunos la señalan como un estado emocional activado por el sistema límbico, otros lo atribuyen a la significación de los hábitos, de los afectos o la tranquilidad emocional y vital. Esta esfera es la que persigue una película como ‘En busca de la felicidad’, cinta que atribuye una situación dramática que conlleva una implicación socio-política, la representada en la era Reagan, donde se subrayó el término “sueño americano” como designio primitivo de éxito, de escalar socialmente de los estratos más bajos a los triunfos que conllevan al prestigio. Un término que, a simple vista, pertenece al pretérito, como una noción voluble en el tiempo.
El debut en el cine comercial de Hollywood del italiano Gabriele Muccino bebe de ese pasado del sueño americano, del viejo mito que, sin embargo, América parece no haber olvidado. Un sentimiento cimentado en la inagotable esperanza de aquellos cuya voluntad y determinación personal hacen que lo imposible sea accesible si se acomete con ilusión, trabajo y esfuerzo. El mensaje moral está claro: Nunca hay que perder la fe, por muy mal que se pongan las cosas.
‘En busca de la felicidad’ es así un comedido drama a modo de ‘biopic’, que se centra en los inicios del ahora exitoso empresario Chris Gardner, un héroe anónimo que logró vencer la indigencia y sacar adelante a su hijo pequeño para dedicarse con lucimiento al siempre difícil negocio bursátil. Una película de humilde en cuanto a presupuesto e intenciones, que dilata e inserta el material melodramático articulando su desarrollo en ciertos episodios de la vida de Gardner, en sus miserias y denuedos por sobrevivir sin perder la dignidad, que tontea con el tremendismo y utiliza hábilmente los recursos genéricos sin estigmatizar ni exceder en la desventura del padre y el hijo avocados a la carencia, nunca afectiva, que han de sufrir a lo largo del metraje.
Concebida y ejecutada siguiendo los parámetros narrativos y estructurales del lenguaje puramente comercial, el filme evita caer en el sensacionalismo de la penuria y la pobreza, apelando a ellas en la epidérmica sensiblería con la que está contada la fábula, sin evitar los recursos típicos del drama (problemas de pareja, desempleo, escasez monetaria, lucha por la custodia –aunque no mucha-, cierto maniqueísmo situacional – la mujer es una zorra o en el curso el protagonista es el chico de los recados del formador-, infortunios constantes…), pero suavizándola con ciertos momentos de comedia, apuntando siempre a la complicidad romántica y sentimental del espectador.
Los elementos trágicos no se dirigen en este caso hacia el esperado tono adverso y amargo del ‘tear jerker’ (drama de ‘kleneex’ única y exclusivamente fabricado para hacer llorar al público), pues la dimensión social no importa, sino la dedicación a ese esfuerzo humano, la lucha por sobrevivir, donde se apela al fuerte sentimiento paternal y a la autosuperación de un hombre atrapado en una situación límite. Porque, en definitiva, el “sueño americano” era en los 80, sigue siendo y será, en Estados Unidos como en el resto del mundo, la consecución de un buen trabajo estable que reporte la anhelada seguridad económica y el bienestar. Y todo ello, desde la humildad de un producto rodado con inmediatez y naturalidad, evitando caer en el tono ‘telefilmico’ que se le podría achacar a un drama de este calibre.
Lo más destacado del filme, como no podía ser de otro modo, es el arrojo y el talento con el que un actor como Will Smith interpreta, desde la coherencia, a un personaje moldeado desde la sutileza, sin grandes demostraciones ni alardes interpretativos, pero que esconde una composición verdaderamente compleja en su transmisión de emociones, de dudas y de temores con una naturaleza dotada de una fuerza y una aptitud irreprochable. Logro al que ayuda su hijo en la ficción y en la vida real Jaden Christopher Syre Smith, niño actor que consigue ampliar con su natural encanto el trabajo de su padre.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007

domingo, febrero 18, 2007

32 Post-Cumpleaños

Haciendo un breve recuento, este trigésimosegundo cumpleaños ha sido categóricamente inmenso en cuanto a regalos se refiere. El estúpido motivo de fruición materialista al que conlleva este tipo de aniversarios funciona de maravilla si al lado tienes a alguien que te entiende, te quiere y te conoce. Como viene siendo habitual, Myrian ha vuelto a interpretar a la perfección el ideal de dádivas festivas que a uno le gustaría descubrir cuando desenvuelve con ilusión un montón de paquetes esperando ser abiertos. El nuevo piso se ha convertido, de súbito, en un incipiente relicario de coleccionismo nostálgico, algo ‘freak’, pero entrañable y fascinante a partes iguales si se suma a la gran cantidad de absurdas figuras y ornamento cinematográfico que puebla la casa.
Desde el mítico Marshmallow Man de ‘Ghostbusters’, pasando por el Conejo Frank de ‘Donnie Darko’ y la camiseta de los ‘Goonies’, hasta llegar a las ediciones especiales de ‘El precio del poder’ y ‘La Noche de los Muertos Vivientes’
Si a eso, sumamos algún que otro autoregalo, de esta manera, da gusto cumplir años.

sábado, febrero 17, 2007

La tapa de yogurt

Este yogurt caduca hoy mismo. Lo que me ha recordado, por la fecha, que hoy también es mi cumpleaños.
Se dice que el número de años vividos determina el número y calidad de las experiencias y hábitos que afectan de forma directa a nuestro modo y riqueza de cumplir años. Esta actividad es la primera de otras que irán programándose para abordar cómo podemos pensar, sentir y comportarnos, con el fin de lograr la calidad de vida deseable. La calidad de vida a cualquier edad del ciclo vital está asociada a aspectos normativos y no-normativos que inciden en la persona (físicos, psicológicos y sociales), por lo que debemos atender a todos ellos para afrontar el natural proceso de envejecimiento, saludablemente.
¿A quién le importa esta sarta de gilipolleces cuando a uno ya ha dejado de importarle cumplir años?
En este momento, en el momento de cumplir los 32, habiendo pasado la tercera década sin ningún atisbo de crisis, me he dado cuenta de que el tiempo parece haberse parado, poco menos que en los 25, pues aquello que rodea mi vida (en lo personal, en lo creativo, en lo vital y en lo físico) está encauzado en la tranquilidad e indiferencia que concede el desprejuicio. Todo ello, pese a tener menos pelo, más barriga, encontrar alguna que otra cana (sobre todo en la barba) y padecer algún achaque hace años imaginable. Como decía en este mismo Abismo el año pasado, lo verdaderamente importante es cumplir años con alegría, empezando a asumir que los cumpleaños son una fiesta, una progresión de peldaños hacia el conocimiento de uno mismo, hacia la sabiduría y el respeto por la vida y el acercamiento a la felicidad.
Tengo 32 años, pero estoy hecho un chaval que vive la vida como si tuviera 18, conservando la misma ilusión por todo y aprovechando los momentos de diversión como si fueran los últimos.
Resumido en una sola frase: “Me lo tomo con calma”.
Porque yo lo valgo.

viernes, febrero 16, 2007

Review 'The Backwoods (Bosque de Sombras)'

Incomunicación y violencia rural
‘The Backwoods’ es un impecable fresco a modo de intencional e ilustrativo ‘western’ de tintes crepusculares que supone una lección de cómo la incomunicación genera una incontrolable violencia.
AVISO: Esta crítica contiene información que desentraña momentos muy importantes dentro del filme. Así que se recomienda leer después de ver la película (por supuesto, en cine).
De todos es sabido que el cine español no anda muy sobrado de talentos ni de títulos lo suficientemente interesantes que hagan paliar la posición rácana y a veces esperpéntica en la que muchas veces la cinematografía patria incurre con películas de sonrojante mediocridad. Por eso, cuando aparecen películas como ‘The Backwoods (Bosque de Sombras)’, debut en la realización del premiado cortometrajista Koldo Serra, la esperanza de futuro parece reverdecer su sentido, aportando un ilusionante albor de calidad dentro del fétido túnel en que se ha convertido el cine español que tiene una generación de sabia nueva destinada a recolocarlo en un posición mucha más digna que en la que se encuentra sumida.
Y es que ‘The backwoods’ expele un talento reconocible y admirable por parte de su joven cineasta, que ha demostrado con esta primera muestra de su trabajo en el largometraje que sabe narrar historias de una forma convincente, con arrojo y riesgo, con una aguda capacidad técnica que va mucho más allá del gusto o no por esta historia ubicada en un caluroso verano de 1978, donde un matrimonio sumido en una crisis conyugal se adentra, buscando un respiro vacacional junto a una pareja amiga, en la espesura de un bosque donde tropezarán con la descortesía de los que allí habitan, encontrando un brutal enfrentamiento al descubrir el terrible secreto que éstos ocultan.
En esta opera prima es ineludible hacer mención de películas a las que Serra ha acudido conscientemente para sustraer la materia prima con la tejer su particular historia; ‘Perros de paja’, de Peckinpah, ‘Deliverance’, de Boorman, el cine de Sergio Leone, ‘La Caza’, de Saura, ‘Furtivos’, de Borau o el entorno paisajístico de ‘La fuga de Segovia’, de Uribe o ‘Tasio’, de Armendáriz. La historia de ‘The Backwoods’, en este caso, es una fábula universal, vista en otras muchas ocasiones, pero desde una nueva perspectiva; la de un diestro autor que aborda su historia sin miedo, sabiendo de lo complejo de la aventura, invitando al espectador a sumergirse sin preámbulos en esta fatídica historia sobre incomprensión e incomunicación, donde la alienación interna va deshumanizando a los personajes, encerrados en una ergástula metafórica como es el espacio abierto y natural de un bosque, un lugar que pone en cautividad sentimientos, secretos, odios y envidias.
Serra deja claro que sabe jugar sus cartas, crear ese ambiente opresivo llevado a la alta montaña. Ya en su inicio planeta esa diatriba matrimonial donde las miradas atraviesan, donde el rencor y el recuerdo de un hecho terrible destruyen el afecto. Serra encadena rápidamente su historia con una táctica que consiste en que los roles protagonistas rompan cualquier empatía con el espectador, guardándose la adjudicación del respeto y la afinidad para más adelante, cuando se descubra que no hay ni buenos ni malos, sino pobres diablos a los que el cansancio y el resentimiento ha hecho mella. Un cansancio asumido por todos sus personajes; en una relación acabada, en un secreto que esconder, en una derrota aceptada, en una muerte anunciada…
‘The Backwoods’ se empapa así del sentido del ‘western’ crepuscular, habitado por hombres sin tierra, familias adulteradas o defectos malsanos ocultos y menospreciados que se contraponen con esa vuelta a los ancestros de Paul, en este caso, al arcano lugar de origen donde uno se siente (y es) extranjero. Una historia de desterrados, de gente solitaria avocada al desarraigo. Personajes, en definitiva, hundidos antes de vivir su historia, como en las grandes tragedias clásicas. En ese orbe malsano, se encuentra la clave del filme, imperando constantemente en su discurso la confrontación de culturas, la eterna dicotomía entre los extranjeros llegados de la ciudad y las costumbres de los agrestes provincianos de campo, del progreso enfrentado a la tradición, que encuentra aquí una visceral expresión de choque, que lleva, consecuentemente, a aflorar de forma implacable la verdadera naturaleza del ser humano, destructiva y violenta, vengativa y sórdida.
La violencia, tan importante en las citadas películas de las que Koldo Serra ha tomado su trasfondo, emerge aquí en su extraña circunstancia de adulteración de la paz paisajística por una hostilidad latente que va ‘in crescendo’ hacia el clímax final, hacia un duelo bajo la lluvia que ha arrastrado víctimas de los errores humanos, de la misma manera en que Gordon M. Williams iba acrecentando el odio insostenible e imparcial de la trama en la novela ‘The Siege of Trencher’s Farm’, aludiendo a la popular frase hispánica en boca de Paco “pagan justos por pecadores”. Las acciones y mentiras obsesivas terminan por deformar la realidad, cristalizando la violencia generada por la venganza, el placer de autosuperación o el simple instinto de superviviencia. Todo ello en un contexto viciado por la ausencia de ley, que invita a reflexionar sobre el comportamiento moral y ético del ser humano.
Para Serra prima más el concepto de la derrota causada por la incomunicación y el fracaso que las propias motivaciones que llevan a los personajes a actuar de la manera en que lo hacen. Simplemente son perdedores frustrados, seres carcomidos por el miedo y la cobardía, por la poquedad moral con la que actúan, gentes que representan óbito de las relaciones humanas. ‘The Backwoods’ es, ante todo, un ‘western’ que bebe de las convenciones y recursos narrativos del género, desmitificando sus códigos a través de su atmósfera rural, de sus cánones temporales, de ese trasfondo de la España Profunda que sigue inmutable en el tiempo. Unas convenciones que confluyen en una mirada innovadora y firme, que sabe ensamblar todos sus elementos con una consistencia que supera, con mucho, el mero ejercicio de sincretismo especulativo. Un drama fronterizo e inaccesible, donde, a la hora de trazar sus retratos, Koldo Serra no ahorra los rasgos menos favorables de los personajes, bien sean principales como, sobre todo, secundarios. Lo que confiere a la acción esa condición de insalubre realidad contaminada por los defectos humanos.
A pesar de los lógicos errores de una ‘opera prima’, aquí apenas imperceptibles dada la perfecta orquestación de imágenes que exhiben el innegable talento narrativo de su autor, esta primera película representa un redaño de creación libre, que lleva consigo un sentimiento constante de escepticismo por lo narrado, enfriando hasta lo gélido los instantes de suspense (el momento de encuentro de Nerea, el intento de violación de Lechón a Lucy, la rendición de Paul ente la fría mirada de Paco, arrodillándose para ser ejecutado o el duelo final de miradas bajo la amenaza de una escopeta apuntando sendas cabezas de los rivales…), siguiendo siempre una digresión entre la creciente intensidad y la lenta progresión que desemboca en la tortuosa incursión hacia la alteridad violenta de un filme sobresaliente.
A pesar de presentarse como un ‘thriller’ y ser, en su fondo, un ‘western’, ‘The Backwoods’ conlleva en su celuloide una actitud voluntariamente lenta, a veces sofocante, cuya densidad es utilizada como metáfora de ese bosque palpitante, donde la violencia se sentirá mucho más intensamente por la calma que va incrementando la sensación de soledad y ahogo de los bosques. Con un tono seco, sobrio y con un tipo de ritmo (a veces desigual), el montaje utilizado por Serra prescinde de una función demostrativa dentro de la acción, porque para él lo importante, dentro del gran oficio demostrado por el joven autor, es conferir a la historia el ritmo necesario, tenue y apagado, que va parejo a la más que notable utilización del sonido, que aporta a ‘The Backwoods’ uno de sus más destacados logros dentro del conjunto de un filme en el que no hay que olvidar la lección fotográfica que vuelve a dar un inspirado Unax Mendía.
Por supuesto, no hay que olvidar la virtuosa destreza con la que Koldo Serra ha mimado la interpretación de los actores dentro de su presentación en el mundo del largo, pues absolutamente todo el ‘casting’ está estupendo; desde las sendas clases magistrales que dan Lluís Homar (hay que incidir en lo impresionante del actor catalán) y el resolutivo Gary Oldman, la frialdad antipática de la dulce Virginie Ledoyen, pasando por la corrección de Paddy Considine y Aitana Sánchez-Gijón hasta llegar a los secundarios que, gracias a lo granado de un guión con algún que otro contrapeso, importan tanto o más que los propios protagonistas. Por eso Jon Ariño, Kandido Uranga, Andrés Gertrudix, Yaiza Esteve, Álex Angulo y el entrañable cameo de Patxi Bisquert resultan inolvidables una vez vista esta película que supone otra muestra de que el riesgo, bien jugado, puede saldarse con una victoria.
‘The Backwoods’ es un impecable fresco a modo de intencional e ilustrativo ‘western’ de tintes crepusculares que supone una lección de violencia, rencores y cobardía, de quebradizas relaciones afectivas y de explosiva introspección al lado oscuro del ser humano. Un tortuoso y hábil periplo hacia el concepto de la derrota causada por la negación y el arrepentimiento, donde las miradas o los gestos son tan destructivas como las armas que provocan la muerte.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007

martes, febrero 13, 2007

Sí, sí, sí...'The Backwoods' ya está aquí

Hay días en los a uno le gustaría compartir las alegrías de tus amigos. Los logros de esa gente cercana que, con esfuerzo y sacrificio, va logrando paulatinamente escalar peldaños hasta llegar a lo más alto. Hay días en los que no se puede participar ni apoyar el mágico instante de las pequeñas glorias ajenas, tan inmensas en lo personal para esos camaradas. Hay días en los que múltiples trabas profesionales o provocadas por la distancia impiden disfrutar del jolgorio colectivo que supone un preestreno de cine, con todo lo que ello implica…
Me he perdido muchos de los mencionados eventos. Pero hoy… no toca.
Esta misma noche estaré en esos actos de reunión pública y amiguetil, en la celebración colectiva de la presentación en sociedad de un filme que, pese haberlo disfrutado ya hace unos meses junto a su creador, ya se ha ganado un hueco en mi corazón por lo osado de la empresa y el resultado final de la misma.
Esta noche se preestrena en Madrid ‘The Backwoods (Bosque de Sombras)’, el debut cinematográfico del genial Koldo Serra. El viernes 16 de febrero, toda España podrá juzgarla en su esperado estreno comercial.
Ya saben ustedes: desde ya, tienen una cita con el buen cine. Aunque, como en todos los casos, habrá gente que discrepe con esta afirmación. Eso sí, para emitir críticas, hay que ir a verla.
El próximo viernes, en este espacio abismal, la review del filme de Koldo.
TRAILER

lunes, febrero 12, 2007

Apunte cinematográfico: 'Zwartboek (El libro Negro)'

Desde hace mucho tiempo se hablaba del regreso detrás de las cámaras de Paul Verhoeven tras su dilatado paso por el cine norteamericano, donde ha vivido los éxitos y sinsabores del cine comercial, de culto y de serie B. Su último filme ‘Zwartboek (El libro negro)’, es la testimonial repatriación de un cineasta definido como provocador, visceral, exhibicionista visual, idólatra de la violencia sangrienta y excesivo hasta la médula.
El cineasta holandés, con una carrera salpicada por el énfasis de la alteración genérica, siempre dispuesto a diversificar su estilo en películas inclasificables, por muy exitosas que hayan sido, vuelve con ‘El libro negro’ a sus orígenes, al trabajo con el guionista Gerald Soeteman (con el que firmó algunos de sus mejores trabajos; ‘Delicias turcas’, ‘Eric, oficial de la guerra’ o ‘Los señores del acero’), a la reciedumbre de un autor acostumbrado a retratar una sociedad polarizada, en un entorno histórico o actual, donde las clases sufren una mutación que corrompe la jerarquía social en tortuosos viajes teñidos de sangre y mugre.
La vuelta de Verhoeven al cine holandés, veinte años después, se centra en las tácticas de la Resistencia holandesa para neutralizar el avance de las tropas de Hitler, cuando los judíos eran traicionados y asesinados en el parque de Biesbosch. Para ello, ubica la narración en la sinuosa vida de una indómita mujer que se mueve por adulterados sentimientos de supervivencia y venganza. Se trata de un filme de una fuerza inexpugnable, rodado con una conseguida atmósfera clásica y sin una excesiva y artera preponderancia visual, saltándose a la torera cualquier tipo de conformidad moral establecida.
Verhoeven enarbola así las miserias de la guerra, de las traiciones y el espionaje con el cine bélico, que bebe de una historia de espionaje en un drama asfixiante, donde las víctimas llegan a un punto en que son incapaces de separar la victoria y la venganza. ‘El libro negro’ es la necesaria rotación de un director incombustible que vuelve con ímpetu al cine crítico e histórico, que no ha olvidado ironizar sobre los extremismos políticos que representan la invariable insensatez de los gobiernos a lo largo de la Historia.

viernes, febrero 09, 2007

Una vida llena de excesos

"Anna Nicole Smith, 39, passed away Thursday at Joe Di Maggio Memorial Hospital in Hollywood, Florida. “Anna Nicole is deceased,” Smith’s attorney Ron Rale confirms to Us Weekly. “We do not know the cause".
Todo en la vida de esta ex conejita de Playboy fue exagerado; sus enormes tetas, sus subidas y bajadas de peso, su aspiraciones, su ingenuidad absurda, sus depresiones, sus escandalos, sus tragedias, su adicción a las drogas, sus desplegables y portadas en las revistas de la prensa rosa…
Siempre quiso ser la nueva Marilyn Monroe, pero fue demasiado chabacana para alcanzar tal honor. Camarera de restaurante perdido en Texas, madre adolescente de un hijo (Daniel Smith) que falleció el pasado septiembre a los veinte años y de una niña que cuenta hoy con apenas 6 meses, Anna Nicole se hizo famosa al ser elegida Playmate del Año por los lectores de la revista Playboy en 1992. Tras ser la imagen de la marca Guess, elegida por Paul Marciano y debutar en el cine con la comedia de Peter Segal ‘Agárralo como puedas 33 y 1/3’, la escultural mujerona rubia, provocadora y excesiva saltó a la palestra de todos los diarios norteamericanos al casarse con el multimillonario J. Howard Marshall II, cuando ella tenía 26 años y él 85. Catorce meses después, pasaría a ser la rica viuda negra y heredera de la fortuna del magnate, lo que desencadenó una batalla legal entre Smith y la familia Marshall que ha pasado a los anales como una de las guerras familiares con más artimañas y juegos sucios que se recuerdan en los USA.
Después de salir indemne de los numerosos juicios, Anna Nicole se creó un propio ‘reality show’ titulado ‘El show de Anna Nicole Smith’, que reflejaba el desmedido y casi ridículo modo de vida de la diva venida a menos. En 2005, se dejó ver borracha en los MTV Video Awards de Sydney y en los últimos tiempos ha vuelto a pasar por el juzgado por no pagar al forense que examinó el cadáver de su hijo. Ayer, la muerte de Smith fue la noticia más importante en Estados Unidos por la amplia cobertura que la prensa dedicó a la ex playmate.
Chica salvaje, sexoadicta compulsiva, obscena bisexual, alcohólica ocasional y toxicómana reincidente, Anna Nicole Smith deja una vida de película, llena de exuberancias y abusos.
Ha muerto una de las musas más recordadas durante mi adolescente frenesí onanístico.
Descanse en paz.

jueves, febrero 08, 2007

Review 'Apocalypto'

Salvajismo y antropología tribal
Mel Gibson propone un fascinante viaje a la cultura maya marcado por su desarrollo como trepidante ‘thriller’ de acción, cuya intensidad aumenta progresivamente en un filme de belleza sin adulterar.
Antes de su estreno estadounidense, ‘Apocalypto’, la última y controvertida película del director de ‘Braveheart’ y mito del cine comercial de los 90 Mel Gibson, ya había generado muchísima polémica. Primero, porque ser arrestado por conducir ebrio en una autopista de la costa del Pacífico, en el área de Malibú. Segundo, porque, también bajo los efectos del alcohol, al actor y director se le escapó una diatriba antisemita registrada por los ayudantes del sheriff del condado de Los Ángeles en las que señalaba a los judíos como los responsables de todas las guerras en el mundo. Por último, ante los preestrenos sudamericanos de este último filme, los comentarios orientaban sus críticas hacia un solo punto que la definieron como “sangrienta”, “adulterada” y “parcial”, lo que ha polarizado al público latinoamericano, cuyos habitantes suelen mostrar en algunas ocasiones un naturalizado patriotismo, especialmente cuando los foráneos hablan de su cultura y orígenes. También la extrema violencia de esta producción rodada íntegramente en idioma maya, ha levantado ampollas en países como Italia, centro del catolicismo e hipocresía internacional respecto a la religión y las buenas formas, donde se ha llegado a pedir a la distribuidora Eagle a invitar a las salas cinematográficas a desalentar o desaconsejar la presencia de menores de edad acompañados en las salas donde se proyecte ‘Apocalypto’.
Lejos de toda polémica, el verdadero espíritu de un filme como ‘Apocalypto’ se sitúa en la libertad a la hora de adoptar un material histórico que ningún otro cineasta estaría dispuesto a tratar dentro de una industria adulterada desde sus erróneos preceptos con los que se define el ‘cine de autor’. Gibson, como director, tiene un extraño prurito por las grandes producciones, por emprender colosales rodajes que dan rienda suelta a sus excesos, bien sean argumentales o presupuestarios.
Su empeño en centrarse en una civilización misteriosa y salvaje como la de los Maya y ambientarla como un ‘thriller’ trepidante, cuya intensidad aumenta progresivamente, fruto de la imaginería y de la pura emoción, aportan a Gibson una marginalidad casi homérica dentro del cine comercial actual. Por eso ‘Apocalypto’ es una película que no responde a ninguna independencia externa, una cinta de ‘autor’ que escapa a las pautas preconcebidas por Hollywood, eximiéndole esta actitud de cualquier atadura comercial, desafiando y provocando, infundiendo a su obra un toque romántico de libertad y fascinación.
Partiendo de esos términos, el filme se presenta como una experiencia cinematográfica insólita y extravagante, emplazada en plena decadencia de la cultura Maya, un periodo donde el hambre, las plagas y las incesantes guerras, hicieron que una de las civilizaciones más poderosas de la Época Precolombina se viera avocada al fracaso. En ese sentido, Gibson escarba en los motivos que llevaron a una sociedad de extraordinario poder a la autodestrucción, dejando a la colonización española en un lugar de privilegio ante aquella sociedad devastada. La visión de Gibson no se centra, por tanto, en la perspectiva antropológica de aquel mundo azteca, ya que combina libremente espacios, sucesos y tiempos de forma anacrónica, sino que da preeminencia a su obstinación por narrar una poderosa cinta de acción donde el frenesí y el enardecimiento de sus situaciones límite son capturadas en cada secuencia con una destreza sobresaliente, dejando que fluya en el subfondo de la historia de supervivencia, una representación social que, más allá de creencias o formas de vida antiquísimas, expone en qué medida se priorizan los intereses personales respecto a los colectivos.
Mediante la parquedad de diálogos (en versión original hablado en maya yucateco) y una estética naturalista y selvática fotografiada por Dean Semler, en la imaginería fantástica, aquella que sitúa la creencia por encima de los dogmas, es donde Gibson, junto a Farhad Safinia, ha pretendido narrar su particular visión de la tortuosa odisea de un hombre que se ve arrastrado a un viaje de terror motivado siempre por el amor a su familia, el instinto de supervivencia y el regreso a sus raíces.
Una historia en la que Gibson escapa en todo momento a la disertación existencialista, pero sin olvidar los aspectos biológicos y sociales del pueblo maya, su entorno brutal y salvaje. A pesar de las críticas negativas que apuntan al ensañamiento de la violencia por encima de las virtudes de los pobladores de aquel salvaje contexto, se da por hecho, en el momento en que se observa una sociedad organizada como la que muestra el cineasta, con sus jerarquías sociales (esclavos que excavan en las minas de piedras, comercian en mercados y tienen organigrama político) y su socialización manifiesta, que índoles como las matemáticas, la astronomía y la arquitectura, factores culturales por los que se caracterizó el pueblo maya, se complementaban con su sed de sangre, en una sociedad víctima de sus propias creencias.
De ahí, ese sacerdote en lo alto de una pirámide ofrece a Kuhkulkán el corazón de los prisioneros, mientras otro monje les corta la cabeza arrojándolas escaleras abajo, donde un gentío exaltado la recoge de forma coreográfica para posteriormente clavarla en lo alto de una pértiga. Un atroz ejercicio que simboliza la grafía tribal, donde el sacrificio humano era necesario para el equilibrio del universo que sólo es alcanzado cuando finaliza un eclipse solar sacia la sed de sangre de un pueblo atemorizado por sus dirigentes. Son los peligros de la veneración religiosa llevada al extremo, de la superstición, profundamente arraigada lo largo de la película (desde los rituales para paliar la infecundidad de uno de los protagonistas hasta la aparición de esa niña enferma que lanza un maleficio según pasan los invasores o la demostración de ‘Garra de Jaguar’ de su mimesis animal en el bosque).
El director australiano es un maestro a la hora de sistematizar en imágenes la violencia de una forma naturalista, cercana al dolor físico, capaz de atravesar el sufrimiento a través de la pantalla, como hiciera en ‘Braveheart’ y, sobre todo, en la más que fallida ‘La Pasión de Cristo’. En los filmes del director y actor australiano la violencia (sin escatimar en sangre, brutalidad y vísceras) se manifiesta en esta ocasión en un duelo donde los pueblos, a lo largo de la historia, son capaces de institucionalizar recompensas y puniciones mediante sus entidades políticas, religiosas y sociales, contra las cuales sólo existe la posibilidad proteger la propia vida y lo personal del modo que sea, como desfavorable testimonio de sacrificio e independencia, apelando con fuerza a nuestras vidas contemporáneas.
‘Apocalypto’ es una fábula visceral, de abrupta provocación y dolorosa belleza que aboga por el desagradable (pero poético) impresionismo de una acción que ofrece, de forma clara y explícita, la crueldad y falta de moral que imperaba en tiempos de relevo de civilizaciones, cuando la feroz decadencia humana se alimentaba de una y era sustituía por otra. Donde todo final es asimismo un nuevo comienzo no por ello mejor.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007

miércoles, febrero 07, 2007

Indy IV: Ya hay fecha de estreno

Vayamos marcando nuestros calendarios y nuestras agendas. Ése será el día en que desempolvemos la nostalgia. El día en que el cine del S. XXI vuelva a los 80. El día que todos los que creemos en los mitos nos dejaremos llevar por el subjetivo ensueño de un personaje que nos ha marcado...

Viggo Vs. Pedro

"La verdad es que me cuesta entender como un director con tanto talento y más premios ganados que Buñuel como es Almodóvar pueda consistentemente faltarle respeto a la Academia y al público español, que tanto cariño y reconocimiento le han dado a través de los años. En vez de volver ha elegido la mala educación. Los que tuvimos la suerte de poder y querer ir lo pasamos muy bien. Espero que Pedro, gran veterano internacional de tales ceremonias, también lo haya pasado bien en su fiesta privada, y que le haya complacido su más reciente triunfo".
Fragmento de la carta de Viggo Mortensen publicada en Percebal Press
Fuente: El País.

martes, febrero 06, 2007

FITUR y los que dominan el mundo

La semana pasada pude asistir, en calidad de visitante profesional, a la 27ª Feria Internacional de Turismo de Madrid (Fitur), uno de esos artilugios propagandísticos dentro de un medio tan arraigado a la economía mundial como es el turismo.
Estudiando la situación como visitante primerizo me llamó poderosamente la atención de qué manera funciona este magno acontecimiento. Si uno se fija bien, existen dos clases de personas que pueblan con Fitur los dos días dedicados al profesional; primero, están aquellos que van a trabajar, a dar el callo y a sudar con su esfuerzo y sacrificio, buscando una recompensa en forma de dinero extra que apoye sus humildes capitales domésticos. Todos los elementos humanos necesarios para que funcione como un engranaje de relojería. Paradójicamente, son las personas que poco o nada tienen que ver con el sector. Es decir, los operarios que montan los miles de ‘stands’, electricistas y técnicos, gente del servicio de limpieza, azafatas, modelos, agentes del orden público, de seguridad, los que reparten publicidad, cocineros, camareros… Es decir, esa multitud que da vida a la masiva logia turística internacional.
Luego existe el fenómeno que más llama la atención; todos esos hombres y mujeres que dominan el mundo, los directivos, los jefes de ventas, los comerciales, los sénecas del oficio… curtidos en mil batallas, habituados a dar mucho dinero a sus empresas y mover con cognición los hilos convenientes en el momento oportuno. Al fin y al cabo, son una fauna a estudiar. Al fondo de cada pabellón, estos dirigentes ríen a carcajadas, comen jamón, beben en cantidades similares a las de un ‘hooligang’ antes y después de un partido de Inglaterra, se funden en toda clase de abrazos institucionales y viven al máximo (y desde primera hora) toda clase de fiestas en ‘petit comitè’, donde no faltan lujosos canapés, ni excesos varios y que, a buen seguro (dado la sensible reducción de personas en su segundo y tercer día), acaban el día con salidas nocturnas, infidelidades matrimoniales y amaneceres faroleros.
Sin embargo, todas esas fiestas no son más que la excusa ideal y perfecta para cerrar negocios, para que patronatos y empresarios conciban nuevas concepciones y estrategias que reporten los acariciados beneficios corporativos. Así funciona el mundo. Mientras los dóciles empleados más humildes de estas empresas se aplican con esfuerzo en las maratonianas jornadas de la feria con la única finalidad de hacer relaciones públicas, otros, en la sombra del poder, se autocomplacen, divierten y sobrecargan su colesterol rubricando posibles negocios, consolidando así la imagen corporativa en una de las muestras turísticas más importes del mundo. Por supuesto, las inversiones en estas ferias se saldarán con cuantiosos éxitos por encima de los costes que genera montar un ‘stand’. Eso sí, no hay que olvidar que el contacto humano es y será parte importante del negocio y, sin duda, Fitur concentra muchas oportunidades por metro cuadrado.
Existe un tercer grupúsculo, aquellos que, incluso con su maleta en mano y cargados con bolsas de publicidad, excavan hasta el más recóndito rincón de Fitur para hacerse con todo tipo de souvenirs de la Feria. Ajenos al ajetreo empresarial, su propósito es llenar estas bolsas de recuerdos, de pasar un día en una feria de muestras; que si caramelos, que si llaveros, que si apilo unos cientos de catálogos, que si una camiseta, que si puedo arrimarme a ver si cae algún pincho de jamón o un vaso de finito… Si es gratis, consumible o en forma de regalo, ahí es donde se apiña un considerable número de personas, esperando su oportunidad, sintiéndose parte de este gran circo internacional donde el turismo es fundamental. En cualquier caso, ellos mismos representan a esos visitantes que peregrinan, que viajan a lugares del mundo, aunque sea a un mastodóntico recinto donde 170 países y regiones están presentes. Así, Fitur congrega a 149.791 profesionales exhibiendo, 63.389 profesionales visitando, 11.419 periodistas siguiendo las novedades, un total de 81.402 expositores y casi 100.000 visitantes no profesionales. Total: 246.212 participantes en esta gigantesca maquinaria de promoción y negocio.

lunes, febrero 05, 2007

Scorsese, cada día más cerca

Este pasado fin de semana Martin Scorsese ganaba por su filme ‘The Departed’ uno de los premios más importantes en cuanto a recompensa de un director de cine en Hollwyood. Nada menos que el reconocimiento de sus propios compañeros de profesión, el ‘Directors Guild of America’, un galardón que vaticina (aunque no siempre con precisión) quién puede ser el máximo candidato a llevarse el Oscar de ese año. Puede que sea la oportunidad del gran maestro para ganar una de estas estatuillas. Sería un acto simbólico, pues al bueno de Marty no le hace falta tal prestigio de cara a la galería para ser reconocido como uno de los grandes directores clásicos de la Historia del Cine, que ya ha demostrado su calidad de preceptor con estilo propio dentro de la industria.
A Scorsese se le achaca que, durante los últimos años, haya ido descaradamente a por el Oscar. Algo que no es más que una superchería del falso erudito que añora la antigua filmografía del director italoamericano. Scorsese, en esta última etapa de su carrera, ha demostrado sus dotes como cineasta todoterreno, capaz de apuntalar depurados ejercicios de estilo y absoluta pericia, entre el clasicismo, el riesgo y la modernidad. Un hecho que le convierte en uno de los directores más imprevisibles del cine moderno ante sus siempre anunciados puntos de inflexión en una filmografía trufada de importantes obras que han ido adquiriendo su trascendencia a través de los años, incluidas aquellas despreciadas por ciertos sectores críticos, que han menospreciado cintas como ‘Al Límite’, ‘Gangs of New York’ o ‘El Aviador’. Y es que este año parece, si nada lo remedia, el que definitivamente podría dejar a Scorsese el Oscar que tanto anhela y merece por un filme, ‘The Departed’, que exuda esa directa inmediatez que provoca la sensación constante de disposición con la que el público se reubica en las continuas rotaciones de una narración espontánea y perceptiva.
Por supuesto siempre existe el escepticismo que hace romper las expectativas positivas, ya que se sabe que esto de los Oscar, desde tiempos inmemoriales, es un simple escaparate tan vacuo como absurdo. Si no, que se lo digan a Aldred Hitchcock, Orson Welles o Stanley Kubrick, genios reconocidos que no gozaron de la simpatía de la Academia de Hollywood y jamás ganaron un Oscar ¿Scorsese seguirá el mismo camino o ‘The Departed’ romperá el maleficio? La respuesta, la noche del 25 de febrero.

domingo, febrero 04, 2007

Zas!

Desde hace unos días no puedo desengancharme de esta frase. Recurro a ella como absurdo apóstrofe, utilizado en cualquier situación; sea cómica, de tono serio, en discusiones, en charlas con compañeros e incluso a un nivel profesional.
Peter Griffin rige muchos de nuestros destinos. Sólo que nosotros no lo sabemos.
Y... "¡Zas! En toda la boca".