viernes, 29 de septiembre de 2006

'Scrubs', pequeña maravilla catódica

Recién terminado el pertinente visionado de ‘Deadwood’ (excepcional serie de la que habrá que explayarse un día de estos) y antes de comenzar la otoñal bizarría maratoniana de tragarme series de gran calado fenomenológico como la segunda temporada de ‘Lost’, la quinta de ‘24’, ‘Prison Break’, iniciarme en ‘The Shield’ y ubicarme como se merece en ‘Curb Your Enthusiasm’, de Larry David, ha captado toda mi atención el tardío descubrimiento de ‘Scrubs’, serie creada por Bill Lawrence para la NBC, donde ese subgénero de ‘hospitales’ se afronta desde una perspectiva distinta, en la que el humor negro se mezcla con las interrelaciones, la deontología profesional y algo de edulcorada moraleja a través de la voz en off de su principal bastión, el joven doctor interino, un médico residente llamado John Dorian (interpretado por Zach Braff –que ya sorprendió en su debut cinematográfico 'Garden State'-).
‘Scrubs’ juega en mucho terrenos, sabiendo operar dentro de los géneros en que podría clasficarse, lo que convierte a esta creación televisiva en una serie inclasificable. ‘Scrubs’ aborda sin complejos la genuina ‘sitcom’, el drama circunspecto, la seriedad de contenido clínico, el surrealismo alucinatorio y la excentricidad de muchos de sus personajes, que escapan al estereotipo con gran facilidad desde el primer episodio; el compañero de facultad, de trabajo y de piso, un cirujano llamado Turk, la dubitativa Elliot Reid (qué descubrimiento Sarah Chalke), el infame Dr. Bob Celso y ese anticipo de Jerry House que es el sarcástico y despreciativo Dr. Cox, sin olvidar a la sosa Carla y a un hosco encargado de la limpieza que odia al protagonista. La serie, dividida en capítulos que apenas alcanza los 20 minutos, transcurre con una perfecta cadencia diligente, que condensa sus tramas sin necesidad de alargarlas hasta la extenuidad ni buscar subterfugios trascendentales, como sucede en otras series de pretenciosa compostura argumental.
Conflictos entre ética y praxis, dudas médicas de comprometida respuesta, escatología, humor cabrón y cínico, planteamientos vitales de fondo humanista, una mirada delineada en la propensión a soñar despierto que tiene Dorian (algo que recuerda, indefectiblemente, a ‘Ally McBeal’) o la diatriba de los hospitales americanos entre el mercantilismo y la justicia moral son sólo algunos de los elementos que reúne esta serie que, en ningún momento, recurre a falsarias técnicas de guión o externas (como la utilización de risas enlatadas) para crear un submundo alucinógeno donde el divertimento y la reflexión tienen cabida.
Nunca es tarde para descubrir esta pequeña maravilla catódica.

jueves, 28 de septiembre de 2006

Review 'Clerks II'

Volver a una esencia perdida
Kevin Smith se ha visto obligado a regresar, sin conseguirlo, al mundo caótico y grosero de su opera prima ‘Clerks’ tras sus últimos fracasos como director.
La secuela de ‘Clerks’, película con la que uno de los directores generacionales más importantes de el cine moderno saltó a los círculos comerciales, era algo bastante previsible por parte de su autor después del meritorio fracaso de su penúltimo filme ‘Jersey Girl’, inconcebible giro edulcorado hacia algo tan incoherente en su filmografía como una película insípida con ínfulas de tragicomedia paternal y melancólica. ‘Clerks II’ es, por tanto, el lógico retorno a la ortodoxia de su cine basado en el diálogo, en la ocurrencia socarrona de la réplica, en la incorrección política, en esa conjunción de inconfundible humor charlatán y la cotidianidad transformada en un universo poco convencional. Si con ‘Clerks’ aludió, descaradamente, al planteamiento pseudoexistencial de recovecos y dudas de una generación de jóvenes veinteañeros como retrato genealógico, exponiendo las pequeñas miserias de personajes desorientados que buscan respuestas a preguntas que les sobrepasan, la lógica evolución era que Kevin Smith regresara a ese cosmos, forzando una historia para esta secuela que, aparentemente, puede verse como producto innecesario y oportunista.
‘Clerks II’ arranca con un plano en blanco y negro del ‘Quick Stop’, la tienda que sirvió de espacio vital para estos jóvenes más de una década, ardiendo en llamas coloreadas, prediciendo que la ilustración de aquella esfera de entelequia queda en el pasado y que, desde ese momento, la historia en color tramita su narración en otro tiempo y en distintas condiciones a las que se dieron con la creación de una de las películas de culto más importantes de los últimos años. Dante Hicks (Brian O'Halloran) y Randall Graves (Jeff Anderson) se buscan la vida como pueden, trabajando en una franquicia de comida basura, sintiendo de nuevo la insatisfacción laboral que se confabula con una falta de ambición rota por la inminente marcha de Dante a Florida para trabajar en un negocio de lavado de coches para su futuro suegro.
Por supuesto, Smith intenta recuperar su humor más acido y cabrón que describa la actual sociedad que decomisa las improbables aspiraciones de los protagonistas, treinteañeros que, paradójicamente, mantienen los mismos razonamientos que los de hace doce años. Una reincidencia en la que no podía faltar la pareja cómica de la que ha subsistido el cine de Smith hasta el momento; Jay y Bob, el silencioso. Que aquí no funcionan salvo en dos o tres afortunados ‘gags’. La intención es loable, incurrir sin embozos hacia ese característico humor sin límites, que aborda desde la sátira secular, los deslices obscenos, los ‘gags’ absurdos, diatribas respecto a la trilogía de ‘El Señor de los anillos’ frente a las de ‘Star Wars’, además de una retahíla de cínicos e hirientes monólogos sobre los ‘Transformes’, el puritanismo ‘freakie’, la filosofía ‘geek’, el racismo o la zoofilia (aquí señalado como erotismo entre especies).
Pero lo cierto es que toda la escatología y la mordacidad ya no funcionan como reclamo para quitar peso a temas de solidez y sensatez. Ya no persiste ningún tipo de vestigio de de brillante reflexión prosopoéica que sí abundaba en su antecesora. Bajo esa reiterativa posición de rechazo a toda ambición mundana, como previsible travesura humanista sobre la vida de personas inadaptadas, hay una intención moralizadora y desaborida que va más allá de los pensamientos existencialistas presentados con el inconfundible signo de la vulgaridad y la grosería. La incursión en la trama de una tentadora gerente a la que da vida la explosiva Rosario Dawson, que hace partícipe a Dante de un secreto confidencial, es la simple excusa para la verdadera finalidad de Smith, que no se soporta en la descompensada trama. Y es la de le retomar parte de los propósitos románticos de ‘Persiguiendo a Amy’ o ‘Jersey Girl’, abriendo una vertiente bastante pestífera sobre el amor romántico, la familia y, en último término, la fraternidad y la amistad.
Es entonces cuando deja de importar la presentación de un nuevo personaje como Elias (Trevor Freeman) y convertirle en el único centro de las crueles execraciones del deslenguado Randall con su imprecisión sobre Anna Frank y Helen Keller, de la “normalización” de un insulto racista como el hilarante ‘Porch Monkey 4 Life’, las alusiones de Jay y su encuentro con la Biblia en la que descubre ‘cosas raras’ como que Jesús era judío, el cameo de Jason Lee como el millonario webmaster apodado ‘follapepinos’ o el mejor de ellos, aquel en el que Jay baila el ‘Goodbye Horses’, de Q. Lazzarus & Garvey, imitando a Buffalo Bill de ‘El silencio de los corderos’.
Pese a recuperar parte de la frescura primigenia, esta segunda parte, lamentablemente, se ha marchitado por la ambición de una propuesta artificiosa, derivada de la necesidad de recobrar forzadamente muchos de los irrepetibles momentos de aquella obra de culto a la que siempre ha recurrido Smith cuando su filmografía ha pretendido dar erróneos giros hacia un cine inesperado y nuevo. Es decir, acudiendo a la conmovedora fidelidad de la ética de la original ‘Clerks’, rehusando a cualquier tipo de didactismo o dogmatismo, pero perdiendo mucha de la efectividad de aquélla. Lo que hace que esta secuela promueva en exceso la nostalgia hacia la primera aventura de Dante y Randall en la pequeña tienda de Nueva Jersey. Algo de lo que Smith, en teoría, ha sido consciente, al crear un final antológico para esta segunda parte, sin duda alguna lo mejor de la fallida cinta.
Como un círculo que se cierra, ‘Clerks II’ acaba con la misma frase que abría su debut cinematográfico en boca de Randall, con un travelling alejándose y degradando la imagen a blanco y negro, para dejar a estos héroes de la contracultura en su hábitat natural, del que no deberían haber salido, volviendo a la esencia que les hizo célebres. Parece que Smith quiere decir con este plano que ha tenido que volver, casi obligatoriamente, a un submundo personal del que no puede desprenderse, como salvaguardia de una carrera que desde aquella entrañable cinta ha ido, sin remisión, a peor.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2006

martes, 26 de septiembre de 2006

Tres muestras de cine 'indie' sobre incomunicación adolescente

En menos de dos semanas he visto tres películas denominadas genéricamente ‘indies’ con un punto de partida de idéntico calado, muy parecidas (por no decir exactas) en sus objetivos finales, con historias vinculadas entre sí por tramas cuyos argumentos profundizan, cada una a su manera, en el desabrigo adolescente y la pérdida de un destino derivado de la desubicación familiar y social que ampara a la actual juventud americana.
‘The Chumscrubber’, de Arie Possin, ‘Thumbsucker’, de Mike Mills y ‘United State of Leland’, de Matthew Ryan Hoge, son películas que abordan problemas adolescentes desde el frío análisis de una disección social donde el divertimento ‘teenager’ queda relegado para comedias de baja estofa. En estas tres muestras de cine que sigue los preceptos delimitados por la magistral ‘Donnie Darko’, de Richard Kelly, los caminos iniciáticos de los chavales protagonistas encuentran su unidad común en la abismal diferencia respecto a todo el mundo que les rodea. Microcosmos de adolescentes desplazados, extravagantes y misteriosos, ‘freaks’ en definitiva, que no entienden la sociedad que les circunda, sintiéndose desdeñados e incluso asediados, situación que termina por excluirles de la supuesta normalidad y falso sosiego sometiéndoles a un contraproducente contexto donde se da la consecuente incomunicación respecto a los demás.
Uno se chupa el dedo como infantil actitud que no es más que un refugio de sus miedos, el otro es un prematuro camello perseguido por el suicidio de su mejor amigo y el último de ellos ha propinado veinte puñaladas a un disminuido psíquico para la librarle de la displicencia social que le va a tocar vivir. ‘Outsiders’ que pululan en un mundo retraído y desequilibrado ante el albedrío de sus actos. En esa mirada de familias disgregadas, de adicciones, de miedos o de vicios improcedentes, el derecho filosófico de mantener una ideología ajena a cualquier norma se encuadra en el despertar de una adolescencia deteriorada ante rechazo, la ofuscación existencial, la manipulación, la problemática juvenil con el sexo opuesto o la indiferencia paternal, obstaculizada por el ascetismo generacional y salpicado por la trascendental importancia de la muerte o la drogadicción en los tres títulos, como metodología de escape ante el absolutismo apático en el que viven.
Los tres filmes puntualizan la tragedia desde una perspectiva de salvación colectiva, donde los sentimientos que rodean a los antihéroes de estos filmes están adormecidos, para revelarse cuando algo catastrófico sacude sus vidas o simplemente cuando ante los ojos de los demás se logra superar la invisibilidad de la adolescencia, cuando se alcanza la madurez de forma directa y cruel. El sentimiento de depresión ha quedado atrás en una juventud que ve cómo las cuestiones más significativas no pueden ser resueltas por el mundo adulto, obstinado con sus problemas, actuando los padres como extraños espectadores sin recursos para disipar los problemas que interfieren en la vida cotidiana de estos tres jóvenes.
‘The Chumbscrubber’, ‘The United State of Leland’ y ‘The Thumbsucker’ son tres películas que, pese a sus diferencias narrativas y argumentales, encuentran un inesperado maridaje en sus propósitos finales, la convertir la trivialidad juvenil de la ‘american way of life’ falsamente inventada en una inesperada incomodidad filosofal de inquietudes mucho más profundas, reflexionando sobre las cuestiones que verdaderamente importan, las deformaciones que emergen de la falsedad de una sociedad de apariencias, que encubre sus defectos y gira la cabeza ante cualquier problema. La América actual de Bush es como la América de Reagan, como la de Clinton, como la de todas las sociedades desarrolladas, que integran en su aparente calma un lado oculto donde la adolescencia malvive con las carencias afectivas y frustraciones ante una sociedad adulta que lleva toda una vida desatendiendo y reprochando a sus progenitores sus propios errores.
La adolescencia sigue siendo, al fin y al cabo, el reflejo de las miserias adultas. Aquellas que encuentran en la simulación y falsedad la forzada felicidad para disimular la, cada vez más habitual, desestructuración familiar. Tres películas que, de diversos modos, reflejan adolescentes capaces de vencer su destino y erigirse en dueños de sus propias vidas. Incluso si por ello hay que renunciar a los sueños o hay que morir por una filosofía mal entendida e incluso si hay que empastillarse para triunfar en la vida.

domingo, 24 de septiembre de 2006

'The Backwoods' se estrena en Donosti

Hoy es un día fundamental en la vida del gran Koldo Serra. Su opera prima ‘The Backwoods (Bosque de sombras)’ se estrena esta noche mundialmente en el Festival Internacional de San Sebastián.
El pasado martes tuve el excepcional privilegio de visionar en ‘petit comitè’ esta obra de íntegra suntuosidad y hay que reconocer que, de entrada, estamos ante una película muy especial, personal y honesta. ‘The Backwoods’ es un impecable fresco a modo de intencional e ilustrativo ‘western’, de tintes crepusculares (ofrenda al cine de Peckinpah o Leone, entre sus reconocibles influencias), en una inolvidable lección de violencia, rencores y cobardía, de quebradizas relaciones afectivas y de explosiva introspección al lado oscuro del ser humano. Un tortuoso y hábil periplo hacia el concepto de la derrota causada por la negación y el arrepentimiento, donde las miradas o los gestos son tan destructivas como las armas que provocan la muerte.
Esta noche se podrá disfrutar en Donosti del lustroso bautismo de un cineasta llamado a ser uno de los grandes de nuestro cine. Esta noche se podrán contemplar algunas de las mejores interpretaciones de los últimos años (Gary Oldman, Lluis Homar, Paddy Considine, Virginie Ledoyen o Aitana Sánchez Gijón), una eminente fotografía a cargo de Unax Mendía que logra sublimar las secuencias con un clímax que alcanza un nivel de maestría absorbente y una portentosa utilización del sonido (7 minutos de música en 93 de metrajes) que convierten a esta primera película en un referente del cine patrio en este 2006 y que se estrenará comercialmente el próximo diciembre.
Mucha suerte desde este Abismo a Koldo y a todo el equipo. Ellos se lo merecen.

sábado, 23 de septiembre de 2006

Rebelcom 2006: fin de semana 'starwarsiano' en Valladolid

Keny Baker, Jerome Blake o Richard LeParmentier son algunos de los míticos intérpretes secundarios de la Saga ‘Star Wars’ que pasarán este fin de semana por Valladolid, ya que la capital castellanoleonesa acoge el Rebelcom 2006, convención nacional de aficionados a las películas de las dos trilogías creadas por George Lucas.
Una reunión de ‘starwarsianos’, organizada por la asociación Fuerza Rebelde de Valladolid, se ubica en el recinto de la Feria de Muestras de Valladolid. Allí se podrá disfrutar de todo lo que uno espera de este tipo de eventos; presencia de actores que han participado en las películas, dibujantes, coleccionistas, frikies irredentos, curiosos agnósticos, religiosos de las epístolas cinematográficas de Lucas, cortos con temáticas galáctica y un Torneo Nacional de Miniaturas de la Guerra de las Galaxias.
Si alguno de los lectores del Abismo asiste a esta entrañable reunión, que se anime y nos cuente qué tal la experiencia.

viernes, 22 de septiembre de 2006

Nostalgia por el Zinemaldia

Estos días que se avecinan tendrán un residuo de melancolía añadida para mí. La razón: Ayer arrancó el Festival Internacional de Cine de San Sebastián en su 54ª edición y yo no estoy allí.
Desde que en 1997 llegara poco menos que de casualidad al festival, es la primera vez que no voy por segundo año consecutivo al certamen donostiarra. El año pasado opté por Sitges como elección festivalera, donde absorber la nutrida selección de películas que engullir como referencia cinematográfica de la temporada. La otra ocasión en la que no asistí a la Bella Easo fue en 2002, cuando coincidió con las fechas posteriores al rodaje de ‘El Límite’.
Atrás quedan los años en los que, junto a cómplices y amigos periodistas, profesionales y aficionados, disfrutaba de todo lo que se proyectaba en el Zinemaldia y del mágico ambiente que desprendía a su alrededor. Pero las ansias se han turbado y ahora lo que era una necesidad anual ha mutado en la apática indiferencia debido al notable descenso de calidad en la selección de títulos en sección oficial y paralelas que ha sufrido el festival en los últimos años. Es evidente que el que es considerado uno de los festivales más importantes del planeta se encuentra en un período de gran mediocridad. Si a eso, añadimos que el presupuesto fue recortado de forma considerable y los patrocinadores cada vez son menos, tenemos uno de los pocos acontecimientos cinematográficos internacionales de renombre poco menos que herido de muerte.
Ya el año pasado, muchos de mis colegas acreditados a lo largo de décadas me comentaban, entristecidos, el infortunio de una insufrible muestra de películas mediocres, de cine apátrida en sus propósitos, sin mucho que contar, en un ir y venir sin películas trascendentales de otros festivales que lucieran en Zabaltegi. Y lo que es peor, en su escaparate de oropel, sin estrellas que den, al menos, una pátina de comercialidad al festival.
Este año echaré de menos esas reuniones a la salida de la proyección del Kursaal, bajo el cubo de Moneo o después de una relajante sesión en la butacas tan cómodas del Teatro Principal. Echaré de menos los madrugones, las crónicas incesantes y guerrilleras para no perderme una de las seis sesiones a las que uno se acostumbra cuando lo único que importa es ver cine y disfrutar del enloquecedor maratón visual. Añoraré las fiestas interminables del Bataplán, los etílicos paseos a altas horas de la madrugada por el casco viejo, los cócteles y sillones del Hotel María Cristina, las ruedas de prensa y los saludos efímeros a rostros conocidos pero nunca ubicados.
Pero si algo echaré de menos es el vicio de ese prototipo de alimentación universal que es el bocadillo, abanderado en ese mítico bar llamado Juantxo, un trozo de Paraíso Alimenticio que anualmente me regalaba los mejores momentos de apetito básico, de ese que se disfruta sentado en cualquier parte cerca de la playa de La Concha. Ay… el Juantxo, amigos, ése pedazo de Cielo que conquistó para siempre mi endeble y venal voluntad hacia el cenagal más pantanoso de la tentación y la abundancia, con esos más que soberbios, insuperables bocadillos, con sus pinchos, con su presentación de refectorio divino.
El Festival donostiarra ha dado a mi memoria muchos de los mejores recuerdos tanto en a nivel cinematográfico, como en un entorno personal de diversión y pensamiento. Este año no me reencontraré con todos esos recuerdos. De momento. Sin embargo, reservando mi intención de regresar a la ciudad que tanto adoro, tengo pensado acercarme a la Semana de cine Fantástico y de Terror de San Sebastián, para volver con más fuerza que nunca a convergir con lo mejor de una pequeña metrópoli que ha dejado una huella tan profunda en mi vida.
De nuevo el monte Urgull servirá para inspirar nuevas ideas o el monte Igeldo para admirar la belleza de otro sueño que, de alguna manera, hace que cada año me reencuentre conmigo mismo, con mis deseos y con una de las ciudades más bonitas del mundo.

jueves, 21 de septiembre de 2006

Exclusiva abismal: Álex meets Elijah

Ni Gael García Bernal, ni Daniel Brühl. Ninguno de los dos será el protagonista de ‘Los Crímenes de Oxford’, la próxima película dirigida por Álex de la Iglesia. La nueva cinta del director de ‘Crimen Ferpecto’ contará con un protagonista de lujo y excepción; nada más y nada menos que Elijah Wood.
Tras el juego de intereses con su posterior negativa por parte de los dos primeros, el actor norteamericano, célebre por su rol de Frodo Bolsón en la Trilogía de ‘El Señor de los Anillos’ ha aceptado trabajar con el cineasta español en la adaptación al cine que llevarán a cabo De la Iglesia y su inseparable coguionista Jorge Guerricaechevarría de la obra del argentino Guillermo Martínez ganadora del Premio Planeta en el país austral. Wood, que está desarrollando una interesante filmografía posterior a la saga de Peter Jackson, se incorpora así a un elenco internacional en el que está asegurada la presencia del veterano John Hurt y la actriz española Leonor Watling.
El cineasta bilbaíno comenzará a finales de octubre el rodaje de esta ambiciosa coproducción entre España, Francia e Inglaterra que gira en torno a un joven estudiante de matemáticas que viaja a Oxford con fines académicos y se ve envuelto en la investigación de unos asesinatos en los que el lógica analítica es, más que una disciplina teórica, la clave para la búsqueda de la verdad sobre los crímenes. ‘Los Crímenes de Oxford’ se rodará íntegramente en la ciudad del título y durará nueve semanas. Es la segunda vez en su filmografía que De la Iglesia rueda en inglés y también la segunda vez que adapta un texto ajeno basado en una obra literaria. El precedente había sido 'Perdita Durango', de Barry Gifford.

ESCORTO '06: Crónica final

Ante cualquier evento de corte mínimamente extraordinario con algo que evoque tintes épicos, uno se inclina a glorificarlo todo con plétora de virtudes llenas de ostentosos epítetos que magnifiquen de un modo subjetivo lo vivido. Pero lo cierto es que ESCORTO ’06 ha dejado para la memoria tanta euforia, reciprocidad, ilusión, obsesión, diversión y cariño que es difícil no echar de menos cada minuto de los que se han pasado a lo largo de este certamen de intensidad ilusoria desde su nacimiento.
El I Festival de Cortometrajes de El Escorial ha nacido con estrella, con estigma de grandeza, debido, fundamentalmente, a su condición de concurso accesible y humilde, creado con trabajo, esfuerzo y esperanza. La organización, con Raúl Cerezo y Diego López Cotillo a la cabeza ha sido rotunda. Memorable diría yo. Nunca había asistido (y mira que van muchos a mis espaldas) a un festival donde todo el mundo riera tan amigablemente, charlara sin prejuicios, carente de envidias o recelos. ESCORTO ’06 ha sido la demostración tácita de que un festival de cine se puede ser ecuánime, disfrutar sin complejos de la fiesta y divertirse sin límites. Y que todo haya salido a pedir de boca, siguiendo un desarrollo envidiable que no es fruto de la suerte, sino del constante trabajo de todos los encargados de este promisorio concurso cortometrajístico.
Fueron cuatro días memorables, en los que todas y cada una de las situaciones apelaron, en mayor o menor medida, a la palabra diversión. En un constante tiovivo de emociones y sensaciones agradables, ESCORTO ’06 se lleva, a buen seguro, la merecida pátina de un consumado festival de intachable renombre, a pesar de que esta edición haya sido la primera.
Para el recuerdo, desde mi enloquecida perspectiva, han quedado momentos imprescindibles para el recuerdo, como esa primera toma de contacto con la placentera e idílica estampa de El Escorial, después de una aventura en plan ‘road movie’ con despistes varios haciendo las veces de emisarios con los ya célebres ‘spots’ que representan a este festival y que, a modo de profecía, serán imitados por otros muchos festivales de la península. Ésa primera cena en el antológico bar ‘Dos de Mayo’ con todos los miembros del jurado y organizadores, donde el ambiente fraternal y etílico se propagó sin remisión, ésas descomunales cogorzas que acabaron a altas horas de la mañana, nutridas de anécdotas y frases inolvidables, las copiosas comidas (donde abundó la paella como plato estelar), piscolabis, cañitas y cenas; las conversaciones sobre cine y temas varios, conocer a un cordial grupo de nuevos amigos, ‘bloggers’ y conocidos con los que reencontrarse en el futuro, una gala de clausura insuperable donde ni siquiera importó perder un simbólico premio del público por sólo dos votos si el ganador es un tipo entrañable, conocer a la futura musa de un proyecto tan deseado como ‘El Reencuentro’ y fortificar amistades imperecederas con ilustres (y no tan ilustres) cortometrajistas con los que he pasado uno de los mejores fines de semana de mi vida… Todo ha sido muy mítico.
Ahora sólo queda esperar a que el año que viene ESCORTO ’07 solidifique su posición dentro del panorama cortometrajístico y todos podamos repetir esta fantástica e perdurable experiencia.
LO MEJOR:
- Compartir el evento con todos y cada uno de los que allí asistieron.
- La energía y trabajo irrefrenable de los directores y su séquito con todos y cada uno de los asistentes al festival.
- La improvisada fiesta de la madrugada del viernes (sin contar las del jueves y la del sábado –también apoteósicas-), en la habitación que compartí con Iván Sainz-Pardo, donde la esencia del post con el que me despedí (el ‘Animal House’, de John Landis) tanto se identificó, con ‘katxis’ a dos manos, con un escándalo y delirio que no había visto desde las frenéticas juergas de universidad.
- Conocer a todos los ‘bloggers’, cronistas y cortometrajistas que se acercaron a compartir impresiones y anécdotas. Todos impresionantes, chicos.
- El reencuentro con el foro de la Bestia, el dúo Sainz-Pardo (que más que otro miembro del jurado es ya un amigo eterno) y Jim-Box y que se incluso Myrian no quisiera perderse el evento.
- La gala de clausura, donde, por diversos motivos del destino, me vi avocado a subir hasta en cuatro ocasiones al escenario.
- El concejal José Manuel Fernández Fau, un político que fascina. Algo improbable en los tiempos que corren.
- La ecuanimidad de los premios, repartidos con equidad y buena determinación.
- El resto del jurado, Aguilar, Haas y Batanero.
- Formalizar un futuro proyecto de largo de ilusorias aspiraciones con uno de los más reputados cortometrajistas de este país.
- La esencia misma de ESCORTO ’06.
LO PEOR
- Esto, que pedimos torpemente como segundo plato en la comida final de ESCORTO ’06 y nos recordó, con su espantoso olor y presencia, al mundo de la ‘Nueva Carne’ de Cronenberg o Burroughs
Para más información pasaron por la web oficial de ESCORTO, el Séptimo Vicio, la web de Álvaro Oliva, El escondite de Iván, las crónicas oficiales de J.P. Bango, La página 36 o el fotoblog de Isaac Berrocal.
Por supuesto, no podía faltar el imprescindible albúm de fotos del evento que se apuntala con este archivo de instantáneas oficiales.
Y como el amigo Raúl Cerezo quiere carnaza propia y ajena, a continuación unas cuantas fotos que nunca debieron salir de la cámara y que custionarán nuestras respectivas carreras y relaciones sociales a partir de ahora. Las dos primeras, pertenecen a los sendos momentos en que el director de 'Escarnio' ilustró con profusos comentarios a Jim-Box y a Sainz Pardo cómo será su próximo trabajo 'Los Simón' y sus posteriores consecuencias. El mítico vídeo (os aseguro que es magistral), tendrá que esperar a próximas ediciones del Abismo.

jueves, 14 de septiembre de 2006

Me voy a ESCORTO '06

Bueno, amigos.
Ha llegado el momento de desempeñar mi ejercicio de errónea subjetividad en un tribunal cortometrajístico en el que, de forma incomprensible, cuentan conmigo para sistematizar de forma unánime una opinión con respecto a los trabajos seleccionados y elegir los mejores del I Festival de Cortometrajes de El Escorial. Difícil empresa.
Pero lo que importa realmente es que ha llegado el esperado momento de ESCORTO ’06. Desde hoy jueves al próximo sábado día 16 estaré pululando por el tranquilo y hermoso entorno de El Escorial, disfrutando del ambiente de cordialidad y selecta cinematografía en pequeñas dosis que ofrecerá un festival perfectamente organizado y promocionado gracias al esfuerzo y tesón de Diego López Cotillo, Raúl Cerezo y todo su equipo. Un largo fin de semana que promete de todo y que hay que disfrutar al máximo con grandes amigos, conocidos y nuevas a amistades por fraguar.
Por cierto, que esta misma tarde, a las 19:45, aquellos que se acerquen al certamen, además de poder disfrutar del aire serrano y festivalero, podréis asistir a una nueva proyección de ‘El límite’, que se pasa junto a esa obra maestra que es ‘El laberinto de Simone’, del gran Iván Sáinz-Pardo. Todo un honor que me hace sentir como si yo fuera el representante de una orquesta de pueblo que actuara de teloneros de los Rolling Stones.
Así que os animo a pasaros por allí y degustar en primera persona todos los eventos y proyecciones que se darán durante estas jornadas, a buen seguro inolvidables.

'Animal House': Inolvidables juergas universitarias

Una de esas comedias descerebradas por la que nunca pasan los años es ‘Animal House’ o ‘Desmadre a la americana’, en español. Una comedia de John Landis escrita por Harold Ramis y producida por Ivan Reitman que ha pasado a las arcas de ese cine mítico e inolvidable de la comedia gamberra y paródica sobre el entorno universitario norteamericano. Galería innata de crueles novatadas, diversas y enloquecidas fraternidades, letanías etílicas sin sentido, imbecilidades juveniles y cáusticos apodos malintencionados típicos de estos contextos en un inframundo donde también habitan pijos de carácter especialmente clasista, inmutables becarios y animadoras con el cerebro vacío...
‘Animal House’ viene a ser una nostálgica visión de aquellos maravillosos años universitarios de aprendizaje vital, etílico y sexual que supone en el ámbito cinematográfico una alternativa a la empalagosa y algo gazmoña ‘American Graffiti’, de George Lucas, variando la melancolía del viaje iniciático al mundo adulto por una buena juerga donde no falta alcohol, ni chicas, ni astenia de estudios donde sólo rige la imposición de una ley basada en la rebeldía ante las normas establecidas, eje fundamental de esta comedia de culto.
Diversión, desenfreno y momentos de felicidad efímera que hay que vivir con frenesí, como hizo en su corta vida John Belushi, son los preceptos de un filme con ‘set pieces’ memorables; como la presentación de John “Bluto” Blutarsky, legendario personaje de extravagante conducta, el ritual de iniciación alcohólica de la Casa Delta, la fiesta de la toga, la cabalgata final o esa muerte equina con un plano congelado en el que un caballo, emblema de los Omega, muere de un infarto ante las gamberradas de “Bluto” y los suyos; Nutria, Boon, Pinto, Lenguado, ‘Día-D’, el profesor ‘porrero’ Dave Jennings o Katy, papel interpretado por Karen Allen años antes de ser la heroína de ‘En busca del Arca Perdida’.
Para los amantes de este clásico de la comedia americana, aquí tenéis la ‘ACME Animal House’, copioso tributo a la comedia de Landis. Un viaje al Faber Collage con regusto a nostalgia recomendado para aquellos que prefieran beberse una botella de whisky de un trago que está vetada a muchos otros que prefieren tomarse un intelectual ponche al lado de un afroamericano, un hindú, un ‘nerd’ y un ciego paralítico.

miércoles, 13 de septiembre de 2006

Ferias, fiestas y mierdas de Salamanca

Hace menos de un año, los alumnos de la Facultad de Educación de la Universidad de Salamanca propusieron celebrar sus fiestas sin la coacción de la Asociación de Hosteleros de Salamanca (auténtica mafia respaldada por el Ayuntamiento). Decidieron festejar su conmemoración estudiantil anual con el más característico de los homenajes etílicos que se puedan hacer. Es decir, un botellón multitudinario que convocó a cientos de estudiantes de otras facultades. Pero los estudiantes se encontraron de frente con un descomunal despliegue policial, con multitud de coches patrulla, furgonetas grilleras y otras cuantas motos. La policía, en lógica reacción ante un reducido grupo de jóvenes energúmenos que les provocaron, emprendieron golpes a diestro y siniestro contra la masa, sin pararse a comprobar a quién repartían su somanta de hostias.
Hace dos años, en este mismo blog, se contaba que el bar en el que esto suscribe pierde sus horas de ocio y eventuales momentos de embriaguez, el gran bohío para la diversión llamado Paniagua, permaneció cerrado tres meses por orden del Ayuntamiento, condenado a su cierre por la citada corporación comercial de tintes mafiosos, un grupúsculo de frustrados politiquillos de tercera que vieron su particular yacimiento de dinero fácil, las fiestas universitarias, usurpando y extorsionando con la máxima de impedir botellones y fiestas en lugares que ellos no acuerden con los estudiantes.
En estos días vivimos las fiestas patronales de la ciudad del Tormes. Además de matanzas de animales en foros públicos jaleadas por obtusos espectadores amantes del sinsentido cruel y sanguinario que supone la absurda ‘Fiesta Nacional’, sus típicas ferias en decadencia o sus pobres actuaciones de grupos de moda, se ha puesto de moda construir grotescas y rudimentarias casetas feriales. Infectos lugares donde hay cerveza, vino, alcohol y pinchos que representan a los bares de toda la ciudad, en pleno casco histórico, mal repartidos y peor ubicados. Han proliferado como setas, como caracoles tras un día de lluvia, invadiendo la ciudad con su ruido mareante, convirtiendo la estampa de la bella ciudad en un coliseo de basura en la vía pública, que acaba llena de vasos de plástico, restos de comida, grasa, cigarros e infinidad de porquería.
Es la deleznable hipocresía que se establece cuando la falsedad se alía con los intereses económicos, cuando los patronos del poder giran la cabeza ante las injusticias siempre y cuando les beneficien. Eso son las Ferias y Fiestas de Salamanca.

lunes, 11 de septiembre de 2006

Cinco años después

‘11-S’, la herida abierta
El 11 de septiembre de 2001 el terror se apoderó del mundo occidental. A las 8:45 de la mañana de aquella jornada, Estados Unidos veía horrorizada el impacto de un Boeing 767, el vuelo 11 de American Airlines, contra una de las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York. Era el primer ataque continental contra el país más poderoso del mundo desde la Guerra de Secesión. A las 9:05 otro Boeing 767, esta vez el vuelo 175 de United Airlines, era estrellado contra la segunda torre. El pánico asoló al mundo, que vivió en directo, a través de la televisión, el horror del atentado terrorista más espectacular y cruel que hasta entonces se había vivido en Occidente.
El planeta vivió en directo estos imborrables atentados suicidas que implicaron el secuestro de cuatro aviones de pasajeros para consumar el ataque, empleados como bombas aéreas para matar a un número indiscriminado de personas. Un tercer avión, un Boeing 757 de American Airlines, se abatía sobre el Pentágono (en Washington) cerca de las 9:40. La pesadilla de ataques concluyó su oleada de pánico cuando a las 10:10 una cuarta aeronave, el vuelo 93 de United Airlines, que presuntamente se dirigía a la Casa Blanca, se estrelló por circunstancias aún desconocidas en Pennsylvania, cerca de Pittsburg, en una zona rural.
Las Torres Gemelas de Nueva York reducidas a escombros y el Pentágono seriamente dañado fueron la consecuencia de la infamia que Al Qaeda consagró al terror mundial aquel día. El icono de poder económico norteamericano había sido reducido a cenizas y la efigie militar poliédrica parcialmente destruida. El resultado: más de 3.000 muertos. El cruel acto que encogió los corazones de todos los ciudadanos del mundo supuso un enorme golpe moral a la sociedad estadounidense que, por primera vez en su historia, se sentía vulnerable y conocía de primera mano el horror de la guerra y el terrorismo en masa. El por entonces alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, ordenó evacuar el sur de Manhattan, fuerzas militares fueron desplegadas por diversas capitales de Estados Unidos, que encendió la alerta roja ante la alerta de nuevas agresiones.
Mientras La ONU canceló de inmediato la apertura de su Asamblea General, en Bruselas, la OTAN ordenó el abandono de su cuartel general en la capital belga. Como en una superproducción catastrofista de Hollywood, las imágenes de las Torres Gemelas de Manhattan en llamas y su posterior derrumbamiento imprimieron una estampa televisiva imposible de olvidar. El peor atentado terrorista en la historia de la humanidad evidenciaba, una vez más, que la realidad supera a la ficción. El siglo XXI comenzaba con la confrontación entre el terrorismo de los movimientos fanáticos y las sociedades democráticas. La acción directa y la violencia indiscriminada evidenciaron aquel día 11 un descomunal poder destructivo que causó irreparables estragos en una civilización actual atenazada desde entonces por el miedo.
Inmediatamente se organizó una dispar coalición antiterrorista internacional, procedente de Washington, que comenzó el ataque contra el régimen talibán y las fuerzas de Al Qaeda en territorio afgano en busca del principal responsable de los atentados, Osama Bin Laden. Muchos aplaudieron la reacción de la superpotencia yanqui y a George W. Bush, un presidente ex alcohólico y bastante inepto en sus decisiones, que aprovechó la tragedia para desasirse de su puerilidad y tratar de convertirse en el líder indiscutible que nunca ha sido. Estados Unidos y Bush se habían mostrado sorprendentemente diligentes y resolutivos. Pero nada más lejos de la realidad. Bush, posteriormente, en colaboración con Blair y Aznar, a través del Pacto de Las Azores, utilizó su administración, las agencias de inteligencia y a una gigantesca maquinaria de relaciones públicas para convencer al mundo de la posesión de armas de exterminio en masa de un país instrumentalizado para una venganza poco menos que personal contra Sadam Hussein.
Ya cuando las Torres Gemelas cayeron fulminadas, las imágenes difundidas por la televisión norteamericana no fueron las de la catástrofe, censuradas por respeto a las familias de las víctimas y en beneficio de su campaña de terror. Las imágenes que se divulgaron fueron las de unos niños palestinos aplaudiendo el derrumbe del World Trade Center y de jóvenes quemando banderas de barras y estrellas. Fue la primera consecuencia de una política basada en la provocación entre los pueblos y el desprecio a los derechos humanos.
Mientras tanto, para Al Qaeda, el 11 de septiembre de 2001 fue una victoria y un desastre a partes iguales. Por un lado, la organización terrorista perdió su templo afgano y sus dirigentes fueron asesinados o capturados. Pero por otro, la masacre de Nueva York sirvió como iluminación fanática para los centenares de grupos extremistas que abundan en el mundo islámico. Sin el conocido mundialmente como ‘9/11’ nunca hubiera existido el trágico atentado del 11 de Marzo de 2004 en Madrid, ni el 7 de Julio de 2005 en Londres. Desde entonces, el mundo occidental no está seguro ante la desafiante mirada del terrorismo islámico.
Ficción y teorías conspiratorias
Por supuesto, unos acontecimientos como los del 11 de septiembre, dominados siempre por unos medios de comunicación manipulados por los políticos y los intereses que representan, saltó a la ficción y el docudrama realista por medio de todo tipo de teorías conspiratorias. Mientras hoy en día Nueva York se enfrenta al reto urbanístico de reedificar el hirsuto espacio que dejó el World Trade Center sin perder su uso comercial y económico y sirva como ofrenda a la memoria de las víctimas de los atentados, en el resto del planeta no se han dejado de hacer conjeturas alternativas a la oficial. Algunas de ellas proponen que fueron los agentes secretos de Israel y Pakistán los que estaban detrás de los ataques o directamente al gobierno de Estados Unidos como responsable de la masacre, ya que éste tenía conocimiento previo de la ofensiva y deliberadamente no hizo nada para prevenirlo e incluso que fue el propio gobierno americano quien orquestó los ataques movido por sus intereses en Oriente Medio.
En el libro ‘La gran mentira’, León Klein procura esclarecer algunos de los puntos más tenebrosos que rodearon a los atentados, desglosando un estudio sobre unos supuestos sistemas de control remoto que inhabilitaron los mandos del avión a los pilotos en los últimos minutos del vuelo y cortaron las comunicaciones con tierra, creando así un descomunal crimen de Estado para que el lobby petrolífero mejorara sus posiciones. Otra, apunta a que George Bush inicio su particular guerra global contra el terrorismo no como una lucha contra la amenaza terrorista, sino como una privativa venganza personal con una guerra contra el Islam.
Por supuesto, las conjeturas sobre la posible anticipación sobre los atentados no tardaron en saltar a la actualidad, cuando David Schippers, el fiscal de la acusación de Bill Clinton, declaró que había recibido advertencias de agentes del FBI seis semanas antes que incluían la fecha y los objetivos de los ataques. El periodista William Norman Grigg apoyó esta teoría en The New American, donde según tres agentes del FBI que había entrevistado afirmaron que la información proporcionada a Schippers era cierta. Tampoco faltan las que señalan que las Torres Gemelas fueron derribadas por cargas explosivas situadas estratégicamente justo en el punto de impacto de los aviones o aquella que señala que no fue un avión sino un misil el objeto que intentó demoler parte del Pentágono.
Finalmente, cabe destacar las que apuntan a que los atentados respondieron simplemente a una estrategia económica respaldada por el Gobierno, ya que tres días antes del fatídico día se disparó el movimiento de ‘stock options’ pertenecientes a sólo dos líneas aéreas; American Airlines y United Airlines, o que también se compraron grandes cantidades de opciones sobre Morgan Stanley Dean Witter, que ocupaba 22 pisos en una de las Torres Gemelas.
Por supuesto, Hollywood tardará tiempo en abordar con alguna controvertida película estas difíciles y conflictivas cuestiones. Pero son un hecho futuro. Hasta entonces, la industria cinematográfica recodará a través del cine aquella jornada de septiembre como el mes de los héroes, el dolor, las banderas y las proclamas de patriotismo a las que estamos acostumbrados, pero en un espinoso terreno para los yanquis: un atentado que dejó al descubierto la vulnerabilidad de un país acostumbrado a ser tildado de inquebrantable e inmune. Los ataques del 11-S habían convertido a la potencia hegemónica en blanco enemigo, al igual que sucedería después con el 11-M y el 7-J para Europa. Ningún país, cultura o persona está a salvo de la amenaza terrorista. Y eso, dada la universalidad del Séptimo Arte, no podía quedar sin imágenes filmadas. La cuestión es saber cómo y de qué forma Hollywood y el resto de países irán minando sus cinematografías con historias sobre estos acontecimientos a lo largo de los próximos años.
Grenngrass y Stone, los primeros.
El primero en abordar el funesto recuerdo de los atentados ha sido, paradójicamente, un británico. Paul Greengrass (experto en temas terroristas dentro del cine con ‘Bloody Sunday’ como director y ‘Omagh’, como guionista) se propuso narrar con veracidad y sin maniqueísmo ni estereotipos la jornada del 11 de septiembre que tuvo como protagonista al Boeing 757 que terminaría estrellándose cerca de Pittsburg (Pensilvania). A bordo iban 28 pasajeros y 7 tripulantes. La cinta recorre a tiempo real el seguimiento de este Boeing, desde el instante en que los controladores aéreos sospecharon que el primer vuelo que impactó contra la Torre Norte del WTC se trataba de un secuestro hasta su misteriosa caída en picado antes de alcanzar su objetivo, la Casa Blanca.
En ‘United 93’, estrenada hace un par de semanas en toda España se sugiere como hipótesis que las causas de la colisión apuntan a un posible enfrentamiento de los pasajeros con los secuestradores. Por supuesto, Greengrass cuenta con el apoyo y la colaboración de las familias de las víctimas de aquel vuelo. El director de ‘El mito de Bourne’ no dramatiza en ningún momento y aporta una meticulosa descripción de lo que pudieron ser los hechos, extrayendo conversaciones reales de los pasajeros con sus familias y desglosar así la vertiente dramática con la profundidad humana que los personajes requieren, sin atribuir, además, una satanización de los terroristas.
Si en ‘United 93’, una cuestión tan profunda como la violencia política es afrontada con cierta veracidad y respeto, no menos cuidadosa ha sido la segunda aportación del impacto terrorista en ‘World Trade Center’, de Oliver Stone, que se estrenará el día 29 de septiembre en nuestro país. Una película sensiblemente más costosa que la de Greengrass y que acepta, de lleno, las normas dramáticas narrativas del Hollywood más condescendiente con la tragedia. Oliver Stone, conocido por filmes controvertidos como ‘JFK’, ‘Asesinos Natos’ o ‘Platoon’, deja por una vez sus historias de complots políticos y confina su filme a otro de esos dramas “basado en hechos reales”. En esta ocasión a lo que vieron y sintieron sus dos protagonistas, sendos policías que, milagrosamente, fueron de los escasos supervivientes de los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York. Alejado de la controversia, Stone afirma: “no tuvimos un enfoque documental, sino un enfoque realista. Es decir, seguimos la historia de cuatro personas: dos policías, dos esposas y el equipo de rescate. Y filmamos la caída de los edificios desde dentro, donde estaban los hombres. Eso es aterrador”.
Tanto Stone como Greengrass han desgranado esta experiencia real desde un enfoque optimista y positivo, aunque terriblemente triste, sin remover visualmente la espantosa recreación de los impactos, ya que en ambas películas las imágenes más impactantes serán las que se vean en una pantalla de televisión. Y como no podía ser de otro modo, subrayan el heroísmo de aquellos que vivieron de cerca la masacre, bien sea en aire o en tierra, con un acentuado altruismo humano. Para ambos, sin duda, el 11-S es una cuestión moral, lanzada al público cinco años después para apelar al espectador a la profundad reflexiva, a las cuestiones que la sociedad no debe evitar responder. La pregunta es si el mundo, y en especial Hollywood, estaba preparado para abordar en imágenes de ficción aquellos hechos que lacraron la Historia de la Humanidad. Pero lo cierto es que parece que no es demasiado pronto para rememorar las distintas versiones de los atentados. Y esto, a simple vista, es un hecho categórico que apunta a que la herida emocional, aunque abierta con estos filmes, se va cerrando poco a poco.
El cine y el 11-S
Tras el 11 de septiembre, el entorno terrorista de maldad sin compasión fue uno de los temas más espinosos que podían tratarse en el cine. Como no podía ser de otro modo, en Estados Unidos, saltaron las alarmas y los ataques suicidas del aciago ‘Martes Negro’ hicieron resucitar la censura y optar por tramas más positivas y familiares. Era la consigna previsible de un país obligado a vivir con la ceguera social y, muchas veces, con la mentira de un público (extendido al espectador mundial) que vivió el 11-S como parte de una realidad que se pareció, en todo momento, a la ficción anticipadora a la que estaba acostumbrado a ver como relato ficticio. Hollywood se convulsionó ante la sensibilidad que algunos filmes podían levantar en aquel momento. Películas como ‘Daño Colateral’, 'El gran lío', ‘El Americano impasible’, la primera temporada de la soberbia serie de la FOX ‘24’, o el mítico trailer censurado de ‘Spiderman’ con el héroe arácnido atrapando un helicóptero en una red entre las Torres Gemelas, entre muchos otros, tuvieron la obligación de retrasar su estreno, de ser suavizadas e incluso recortadas.
Empezó entonces una campaña de miedo que se inició desde la oligarquía republicana encabezada por Bush, utilizando el pánico inducido artificialmente, un terror psicológico basado en especulaciones como poderosa arma de control político y aprovechándose del respeto de la industria del Cine por los atentados y el escrupuloso cuidado por no mostrar ninguna forma ni causas del terrorismo en su tratamiento fílmico, evitando recurrir en ningún momento a un terrorismo difuso en sus causas para elaborar argumentos de, por ejemplo el cine acción, género en el cual ha sido paradigmático en el uso de estos elementos de horror.
El Islam pasó enseguida a convertirse en un peligro y la cultura árabe en sinónimo de terrorismo suicida. Indudablemente, la intención era provocar un sentimiento panfletario, similar al creado a través de la televisión. Los personajes americanos debían ser inocentes héroes y los árabes, míseros y culpables traidores sin alma. Pero a Bush le salió mal la jugada. Muchos de los más importantes cineastas norteamericanos del momento, dejaron transcurrir el tiempo pertinente de respeto para empezar a dragar sus discursos temáticos contra esta despreciable actitud de la administración Bush y su utilización del 11-S como arma política. Michael Moore desgranó el germen de la estupidez americana con la necesaria ‘Fahrenheit 9/11’, donde expuso su envenenado axioma demoledores sobre la falsedad y la hipocresía con que se tratan frívolamente el terrorismo y el crimen en USA y su visión de un presidente genocida y estúpido como lo es George Bush. Otros directores como Spike Lee, Sean Penn, Wim Wenders, Michael Gaghan, George Lucas, Michael Winterbottom, John Sayles, Steven Spielberg, Trey Parker y Matt Stone, Jonathan Demme, Sam Mendes y un largo etcétera han enfocado algunas de sus últimas películas a la subversiva crítica contra la evidente paranoia post 11-S aprovechada con fines políticos.
Pero ahora, ha llegado el momento de enfrentarse a los atentados explícitamente. El complejo y delicado asunto se abordará desde múltiples perspectivas, presentando nuevos retos a Hollywood a la hora de llevar al cine tan escabrosa trama. La inédita en España ‘The Great New Wonderful’, de Danny Leiner, fue la primera de una serie de películas y programas de televisión sobre el 11-S para conmemorar el quinto aniversario de los hechos, a las que se has unido las de Greengrass y Stone. Pero no serán las únicas.
Columbia Pictures prepara ya la adaptación de ‘102 minutos’, un artículo de los reporteros Jim Dwyer y Kevin Flynn centrado en el choque del primer avión y la caída de las Torres Gemelas, mientras que el productor Scott Rudin ha contratado a un guionista para adaptar la novela ‘Extremely Loud and Incredible Close’, de Jonathan Safran, que está narrada desde el punto de vista de una niña de nueve años cuyo padre murió en los atentados u otro proyecto para llevar al cine que narra la historia del periodista de The Wall Street Journal Daniel Pearl, asesinado en Pakistán. Ahora que Hollywood ha abierto la herida para recrear el terrible suceso del 11 de septiembre de 2001, la Meca y la sociedad norteamericana se preparada para revivir la tragedia como telón de fondo en historias de ficción en la pantalla grande. El mundo parece preparado para revivir de nuevo aquella pesadilla.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2006