viernes, 31 de agosto de 2007

Review 'The Bourne Ultimatum'

La consolidación de un mito
Paul Greengrass cierra una excelente trilogía con un filme lleno de puro nervio, donde la acción prevalece sobre la trama, dejando la sensación de estar ante un espectáculo de excepcional calidad.
En el universo de este hierático espía llamado Jason Bourne, el sistema es corrupto, el brazo ejecutor y las altas esferas de poder no dudan en eliminar cualquier rastro si aparece una causa fortuita que suponga una mínima amenaza. Así concibió sus obras el autor Robert Ludlum, en éste caso, el de un hombre que, tras de ser sometido a un inhumano adiestramiento para convertirse en una máquina de matar, pasa a ser el objetivo más escurridizo de la CIA debido a su pérdida de memoria y las consecuencias que pueda traerles. El personaje de Ludlum, cerrando una de las trilogías más sugerentes de los últimos años, sigue con su perseverante búsqueda de su identidad, para saber quién es en realidad y quién le enseñó a matar. Es la trama diametral que sigue esta nueva entrega ‘El Ultimátum de Bourne’, la de un individuo que se enfrenta a un poderoso colectivo en un particular y personal rastreo por desvelar la incógnita que esconde su personalidad.
Esta lucha sirve como ‘macguffin’ ofrecido como excusa para un frenético juego de espionaje y ambigüedades como paradigma de cine de acción que ha supuesto una renovación, donde la genealogía de Bourne se arraiga con una nueva visión del género, evolucionando hasta la actualización de sus cánones y acomodándolos a la actualidad, donde las grandes corporaciones mundiales, fuerzas militares y organizaciones gubernamentales conspiran para reemplazar el status quo a su antojo, sin prever una temible colisión contra un factor creado desde su entorno que les desafía en busca de respuestas personales. En la mejor línea del ‘thriller’ político, la filosofía imparable de un proceder frenético y la fría inteligencia de los guiones de Tony Gilroy, modelados con proverbial interacción con respecto a sus elementos vitales, la saga de Bourne, incluida esta estupenda última entrega, es el ejemplo de ese cine inabordable e ilusorio con el que muy pocas veces Hollywood retribuye al espectador.
Tanto Doug Liman, con su estilo más clásico y austero, como el nervio rítmico de montaje sincopado de Paul Greengrass, la eficaz heterogeneidad narrativa con la se ha desplegado impetuosamente la acción en la pantalla a través de las aventuras de Bourne, suponen un modélico cine de insuperable cadencia que, apoyándose en su deliberado realismo y verosimilitud, sin levantar el pie del acelerador, invita al espectador a acompañar a un hombre en su angustioso viaje por conocer su identidad, desplegando un cuidado diseño de producción a lo largo y ancho del mundo, pero sin alardes de ningún tipo, respetando la idea de una estética genérica de los años 70, con ese toque de cine europeo que se ha fomentado hasta el momento, con cámara en mano e iluminación y montaje de ritmo vehemente. La Saga Bourne es, en su conjunto, un modelo intuitivo y frenético, donde prima la intensidad y la adrenalina por encima de todo.
Para ‘El ultimátum de Bourne’, la idea de la conspiración y doctrinas gubernamentales descontroladas siguen siendo más que relevantes. Treadstone, el programa de operaciones ultrasecretas que convirtió a este espía en un arma letal ya no existe. Fue absorbido por el programa Blackbriar del Departamento de Defensa, que lanzó a la calle una nueva generación de asesinos profesionales a disposición del Gobierno y cuya existencia es desconocida. Entre ellos, el primero de la generación de estos sicarios, Jason Bourne. En este nuevo episodio, la humanización de Bourne es trascendental, debido a que, en esa indagación sobre su personalidad, el espectador recupera la memoria del propio personaje junto a él, en un viaje personal por descubrir la verdad, exhibiendo sus defectos como persona y siguiendo las huellas de un pasado oscuro inmerso en un siniestro mundo dispuesto a hacer lo que sea por eliminarle. En este último filme, Paul Greengrass se convierte en dueño y señor de una función colérica, donde se prolonga su alterado ritmo demencial en ese estilo tan personal de la cámara en mano, un ‘modus operandi’ de narración sustentado en el constantemente movimiento, dentro de un delirio visual a medio camino entre el frenesí y el ‘cinèma veritè’. Greengrass no se modera ni un pelo a la hora de formular sus sacudidas de planos, con extrema rapidez y mucha movilidad, que logra su cometido: agilizar y confundir, consiguiendo ese efecto de imprecisión e incertidumbre que caracterizan al realizador británico. Sin embargo, no puede evitar que en muchas ocasiones resulte demasiado enardecido, con un montaje aturdidor, donde el desconcierto parece ser ofrecido como un efecto funcional de una trama que se transmite con la fugacidad con la que las imágenes pasan por la retina del público.
En su propósito de cambio, ‘El Ultimátum de Bourne’ es la cumbre de esa readaptación genérica que han ido desarrollando de sus predecesoras, con asombrosa innovación narrativa de referencias argumentales y visuales, olvidando los desgastados arquetipos del pasado y haciendo, de forma inteligente, que se considere más importante la forma respecto al fondo, prevaleciendo la impetuosa apoteosis del ‘thriller’, sin escatimar en constantes persecuciones a pie o en vehículo, combates a cuerpo o dialécticos, que terminan por ser el verdadero eje argumental del filme y que lo vincula a sus dos anteriores partes. Un filme dinámico, que sabe neutralizar la extensa geografía por la que se mueve, representando los diversos espacios transitados por el ex espía con una estupenda indefinición de territorio, sin olvidar de caracterizar cada una de las muchas ciudades (Londres, París, Berlín, Tánger, Madrid, Nueva York…) que aparecen en la película con breves retazos, sin recurrir al tópico, entre otras cosas, porque lo que prima aquí no es el detalle turístico, sino la preeminencia de las escenas de acción (algunas muy notables como la de la estación de Waterloo de Londres o la persecución por los tejados y balcones de Tánger o la parte final de Nueva York).
Tampoco faltan los indispensables secundarios al acecho, siempre en comunicación directa con Bourne, pero al que no pueden ni ver ni seguir, sin salirse de la invisibilidad con la que se mueve el espía, donde juega un papel importante la tecnología, sobre la que Bourne está por encima cuando se trata de su persecución por parte de la CIA. Si Chris Cooper, Brian Cox, Clive Owen o Karl Urban fueron sus anteriores perseguidores, ahora, además de los que repiten (Joan Allen o Julia Stiles), se incorporan David Strathairn y Albert Finney, que dan la réplica a un Matt Damon que no abandona su rictus circunspecto ni su genial corporeidad para poner su notable talento al servicio de un personaje para que el parece haber nacido. Tal vez se eche de menos más relevancia en personajes como los que interpretan Paddy Considine, Scott Glenn, Daniel Brühl o Edgar Ramírez, simples peones dentro del gran ajedrez de la saga.
‘El Ultimátum de Bourne’ completa así una trilogía de incuestionable calidad que tiene momentos de puro cine, de admirable frenesí, de complicidad directa con el público, como en el momento en que Bourne pronuncia una misma frase de ‘El mito de Bourne’ a Joan Allen desde la distancia, entendiendo ambos que pueden confiar el uno y el otro o la última persecución en manos de otro agente entrenado para matar que ni siquiera sabe porqué ese énfasis de destrucción ante la mirada de entendimiento de un Bourne a punto de saltar a su salvación final más humano que nunca. Ese acercamiento y concordia final, bajo las notas de una excelente partitura de John Powell (que ha variado su cadencia según haya requerido la situación lo largo de las tres películas) en encadenamiento con el tema ‘Extreme Ways’ de Moby, dejan el regusto de haber asistido a una ceremonia de acción y pasión muy difícil de repetir en los tiempos que corren dentro del fastuoso universo hollywoodiense. Y es que Bourne y sus aventuras son cine trepidante, de acción inmutable, pura esencia de gran y genuino cine.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007

jueves, 30 de agosto de 2007

NEXT COMING...

La próxima semana, coincidiendo con el estreno de ‘Death Proof’, este espacio abismal dedicará un dossier especial al cineasta Quentin Tarantino, consolidado, para bien o para mal, como uno de los cineastas más importantes del cine contemporáneo.
Estad atentos.

miércoles, 29 de agosto de 2007

Próximamente: 'Yo y sus geranios', de Paco Cavero

Si hay un trabajo audiovisual, independientemente del formato al que pertenezca, que promueva la curiosidad del que esto escribe, ese es ‘Yo y sus geranios’, de Paco Cavero. Ya he hablado alguna que otra vez de este reconocido ilustrador (creador del ‘Refotoon’ que ilustra el Abismo) y dibujante de cómics, uno de los mejores que tenemos en nuestro país y en parte del extranjero, que ahora se ha lanzado al demencial universo del cortometraje con esta obra debut protagonizada por Jordi Vilches, Ana Sáez y Álvaro Manso.
Una pieza corta que delimita sus objetivos en su enloquecida sinopsis: Vicente, un hombre dedicado en cuerpo y alma a su obsesión más profunda, la elaboración de esculturas con patatas, se verá metido en un lío de los que hacen historia al tener que cuidar los geranios de su vecina cuando ésta se va con el Imserso unos días...
Será, a buen seguro, uno de esos cortos llenos del cinismo y el humor corrosivo que caracterizan a su autor, una comedia inscrita en el costumbrismo deformado bajo el incisivo prisma de un joven creador que, con este cambio de disciplina artística, manifiesta su condición de artista todoterreno y su indiscutible ímpetu por narrar historias. Por eso, el corto de Cavero supone un esperado trabajo que verá su luz a mediados o finales de septiembre en Girona, ciudad donde Paco Cavero esgrime sus mordaces y personales fábulas.
Más información, en la página oficial del cortometraje.
Y, de regalo, como en los Phoskitos, el cartel a gran resolución, también concebido por su autor.

martes, 28 de agosto de 2007

El mal signo de la actualidad

Se desconecta uno un poco del mundo y la actualidad se vuelve loca con las inesperadas y tristes muertes de Emma Penella y Francisco Umbral o con el estado de salud del jugador del Sevilla Antonio Puerta y el intento de suicidio de la estrella hollywoodiense Owen Wilson.
De la primera, la actriz de voz áspera y semblante más bien hosco pero cercano, la eterna Carmen, la hija de Amadeo en 'El Verdugo', comenzó trabajando en el inalcanzable erial de maestría del cine español de los 50 y 60, con próceres como Juan Antonio Bardem, Luis Gª Berlanga o Ladislao Vajda, destacando en los 70 sus interpretaciones en filmes como ‘Fortunata y Jacinta’, de Angelino Fons y ‘La Regenta’, de Gonzalo Suárez. La hermana de Terele Pávez también dejó su pétrea impronta actoral de cintas del calibre de ‘La estanquera de Vallecas’, de Eloy de la Iglesia y una etapa televisiva que, desde los 80, con series tan míticas como ‘Juncal’, ‘La huella del crimen’ y sobre todo ‘Aquí no hay quién viva’ cerraron una vida dedicada a la interpretación y enluta el cine patrio con la muerte de uno sus rostros veteranos más icónicos.
De Owen Wilson… su acto es la demostración de que cuando se tiene todo en esta vida, cuando más invulnerable puede ser una persona que ha alcanzado aquello por lo que muchos luchan y que muy pocos podrán alcanzar, más débil e incoherente se deriva de su actitud por negarse a seguir adelante, sin enfrentarse a sus problemas y optando por una solución inesperada. La suerte es que Wilson opta a una segunda oportunidad para enmendarse y seguir perpetuando su excelente condición de cómico.
Con Umbral se va una de las plumas más trascendentales que ha tenido este país en el último siglo. Su prolífica carrera, su estilo directo y sarcástico, su apego por retratar y exteriorizar los usos y costumbres sociales con la facilidad de una conducta sediciosa, sin perder el rumbo de lo cotidiano han marcado una trayectoria envidiable, de intachable evolución hacia el privilegio de la divinidad literaria. Umbral ha sido y será uno de los escritores más importantes que ha tenido la historia reciente de las letras hispanas por la excelsitud renovadora con las que ha destacado en las diversas facetas en las que dejó su inolvidable huella como hombre de letras.
(Tras las últimas noticias, Puerta parece haber empeorado en su ya muy grave estado. Esperemos que se obre el milagro y el mundo del fútbol no tenga que llorar la pérdida de un miembro de sus filas tan joven).
Tras este vaticinio, la peor noticia no se hizo esperar y el fallecimiento de Puerta llenó de lágrimas y tristeza un deporte acostumbrado a aunar fuerzas y ánimos en las victorias y en las derrotas dentro de los campos, pero que nunca está preparado (como en ninguna otra disciplina) para estas trágicas noticias. La muerte del jugador sevillista debida a una displasia arritmogénica del ventrículo derecho ha truncado para siempre la brillante carrera de un jugador dotado con una elegancia especial, en pleno apogeo evolutivo de un lateral con una vida de éxitos por delante. Más allá de la repercusión de su adiós definitivo, quedará la imagen de un deporte acostumbrado al egoísmo, a la prevalencia de los invidualismos, roto y aunado en un sentimiento común. La unión del cosmos futbolístico en el dolor por la muerte del joven jugador de 22 años deja la impronta de una gran familia que ha perdido a uno de sus hijos más destacados, uniendo aficiones, hermando a amigos y enemigos en el sufrimiento a un deporte que es grande en los logros, pero, en este caso, también lo es en los momentos duros.

viernes, 24 de agosto de 2007

Review ‘Ratatouille’

Exquisitez para todos los gustos
‘Ratatouille’ prosigue con la ilimitada evolución de Pixar, en un apasionante filme donde lo clásico y la épica digital se fusionan ofreciendo otro de los mejores ejemplos de cine animado vistos en años.
Las expectativas sobre esta nueva película Pixar en asociación con Disney después del desconcierto suscitado antes del estreno de ‘Cars’, hacían de ‘Ratatouille’ un esperado regreso a la gran pantalla del estudio que transmutó la idea de animación clásica con el revolucionario estreno de ‘Toy Story’. La digititalización de los dibujos animados no fue sólo la única novedad introducida por Pixar, sino que las historias, los modelos anclados en el pasado y el clasicismo sucumbieron ante el vendaval creativo de esta empresa dedicada a la constante superación con el trabajo de un equipo que parece no tener fronteras a su inalcanzable capacidad evolutiva. Sin embargo, tras la última producción ‘Cars’, dirigida por el creador del emporio Pixar, John Lasseter, muchos fueron los que, erróneamente, cuestionaron ésa idoneidad fabuladora de la compañía creadora de ‘Bichos’, ‘Buscando a Nemo’ o ‘Monstruos Inc.’, ya que algunos percibieron una notable insuficiencia en ese universo donde el ritmo de unas historias se definen por su primoroso mecanismo, llenas de exultación y pasión, señas de identidad de esta afanosa factoría de animación.
En su octava película, Pixar deja claro que el desafío de superación no tiene límites. ‘Ratatouille’ es la demostración de que estamos ante una imponderable institución nacida para la creación de sueños animados que representan el auténtico delirio tecnológico y digital, sin perder el evidente gusto por lo clásico o la épica de los cuentos tradicionales con la actualización de cánones que gustan a los adultos y a los niños por igual. Pixar, sabe mostrar la realidad jugando al mismo tiempo con la animación y la aventura, sin perder un ápice en su ponderación satírica y crítica. Algo muy presente en esta impresionante muestra de talento y saber hacer que supone esta película.
La premisa sitúa al espectador ante Remy, una rata de campo con excepcionales dotes para el olfato, que gusta combinar especias e ingredientes, capacidades que lo convierten en un superdotado de la cocina gracias a los consejos televisivos de Aguste Gusteau, un chef de la alta cocina parisina autor de un libro que define la clave del filme “Cualquiera puede cocinar’. Por circunstancias del destino, Remy acaba en el restaurante del difunto Gusteau. Por supuesto, Pixar nunca ha desistido por evocar los valores tradicionales de la amistad y la superación, la búsqueda de un lugar en el mundo y, por consiguiente, la felicidad, pero con la humildad que satisfaga unos principios muy básicos. Por eso, cuando Remy conoce a Linguini, un joven friegaplatos muy patoso y sin talento, se produce una situación de intereses comunes que convierten a Linguini en la marioneta del roedor, pero a la vez en una revelación de la cocina gracias a la función invisible de Remy.
Brad Bird equilibra con envidiable armonía los elementos con la que va definiéndose su evolución argumental, en el filo de lo tópico, evitando con sutileza cualquier tipo de anfibología adulta a la hora de utilizar el humor sin ningún atisbo de pantomima cínica, interfiriendo el drama, la acción, el romanticismo y la aventura vital en una experiencia absoluta y cinematográficamente incorruptible. Desde ese paradoja que introduce a una rata como un genio de la cocina (cuando es el motivo directo de la liquidación de cualquier restaurante), de la ilusión de un zangolotino que llega a triunfar en la vida y en el amor por simples pero hermosos casualismos, hasta la afinidad encontrada en los villanos del filme (el napoleónico cocinero jefe Skinner y el crítico gastronómico Anton Ego que consiguió hundir el negocio de Gusteau)… Todo funciona como una máquina de cuidado engranaje.
Brad Bird sale airoso incluso en la rocambolesca tentativa de hacer que el espectador deje a un lado su reticencia al ver a una horda de roedores corriendo y posteriormente cocinan al unísono, para disfrutar de la historia de simbiosis entre el joven Linguini y la rata Remy y la superación de todo obstáculo posible para lograr sus recíprocos sueños personales. Pero ‘Ratatouille’ encuentra su virtud casi ascética en un mensaje providencial que convierte a la película de Bird en una ejemplificante muestra de cine con mayúsculas; y es esa fundamental reprensión a la crítica ejecutora que juzga sin contemplaciones, a los prejuicios que existen en la sociedad que impiden apreciar lo bueno de la vida por la precipitada acción de conceptuar a simple vista.
La película define su magnitud argumental en ese magistral momento en el que el estirado crítico Ego cuando prueba el plato típico de Niza y de la región de Provenza que da título al filme, en el regreso a la infancia que propone la entrañable creencia de que todo es posible en un mundo alejado de la perversidad de los tiempos que corren, pero sin repudiar la dureza del trabajo y sin mostrar la debilidad de la insubstancialidad moralista para revelar la perseverancia del genio y la victoria de la excelencia sobre la vulgaridad. ‘Ratatouille’ es una pieza de reposada cocedura, que no sólo propone la gastronómico pugna entre la cocina de siempre y la ‘haute cuisine’, sino que aporta elementos de discusión social y política impensables en el cine de animación, utilizándolos con gran inteligencia, en paralelismo con la ingenuidad de sus conceptos, para detallar la capacidad de sugestión de cada maniobra argumental o visual dentro del filme.
Hasta la llegada de Brad Bird a Pixar, ésta se había centrado fundamentalmente en humanizar juguetes o animales, sin despegarse de los cánones clásicos abordados en el pasado de Disney. Entre otras cosas, porque la animación digital aún no había conseguido el arquetipo necesario de perfección que Pixar ansiaba para sus películas animadas. Sin perder el aspecto de la animación caricaturizada en los cuerpos y personalidades, tanto en ‘Los Increíbles’ como en este nuevo filme, se ha logrado dotar a sus criaturas de una admirable credibilidad concordándolos a la idoneidad clásica, convirtiéndolos así con sus acciones y diálogos en personajes que trascienden su prosapia arquetípica gracias a sutiles matices, llevando las técnicas de CGI hacia lo corporal y utilizar ese ‘subsurface scattering’ (técnica empleada en ‘Los Increíbles’ para dotar a la piel y a los objetos de una apariencia naturalista) para que todo resulte profundamente humano, visiblemente real.
Con aparente facilidad, Pixar consigue en ‘Ratatouille’ proseguir con su genuina exquisitez, alcanzando unos niveles de superación impensables después de sus precedentes gestas tecnológicas, recreando un París de postal, de pulida iluminación imbuida en sensitivos colores, con lapidarias texturas digitales que hacen olvidar que el espectador se encuentra ante una película animada, debido sobre todo, al impecable realismo que desprende incluso la imposible empatía entre Linguini y Remy, donde paisajes y personajes acarician en ocasiones la realidad sin llegar a confundirse con ella por el estrato de fantasía que les ampara.
Bajo las cómplices notas del compositor Michael Giacchino, el último prodigio de Brad Bird y Pixar, es un filme de sentimientos y pensamientos, de sensaciones y emociones. Una película que hay que degustar lentamente, sin perder el sabor del buen cine que alberga esta delicia, donde prevalece su mensaje de sutil moralina, sin aditivos ni falsas coartadas, siendo capaz de complacer y conmover, al mismo tiempo, a adultos y pequeños. Y es ahí donde reside el potencial comercial de esta fábrica de sueños. Es en ese punto, donde ‘Ratatouille’ se convierte en una película excepcional.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007

miércoles, 22 de agosto de 2007

'Un ESpot de...' en ESCORTO'07

Como bien avanzaba hace unos días con un enloquecido ‘teaser’ del ESpot de este año presentado a concurso en su categoría para el II Festival de Cortometrajes de El Escorial ESCORTO 07, es de recibo que la dilación concluya una vez estrenado en la página oficial con el visionado de esta pequeña y divertida pieza que hemos llevado a cabo a largo del último mes.
Para poder verlo, podéis hacerlo de las siguientes maneras:
- Descargándolo de la página oficial ESCORTO’ 07 (recomendable por su mejor calidad en un archivo de 7 megas).
- A través de YouTube o Metacafe.
Como bien apuntaba hace un par de días a la página El Séptimo Vicio, la idea fundamental de llevar a cabo la filmación de este ESpot ha sido la de congregar a un grupo de amigos que adoran tanto como yo el Séptimo Arte como excusa perfecta de disfrutar de un rodaje cargado de risas y anécdotas. Después de la experiencia del año pasado en Escorto y el gran recibimiento que tuvo el anterior ESpot, era de débito intentar mejorar aquello y aprovechar la oportunidad para reunir al mismo grupo que lo hizo posible. Un sólo minuto para una idea descabellada, la de dar rienda suelta a tus filias y fobias cinematográficas y compartir esta sana afición del cine en un trabajo tan condensado.
Esta pieza titulada ‘Un ESpot de…’ es una sincera ofrenda, en clave de comedia, a todos esos géneros que me han marcado o que me han sorprendido en varios y múltiples niveles. Queríamos una pieza donde el desprejuicio, el sentido del humor y el ritmo frenético fueran los elementos que acompañan a ese ambiente de diversión que pretende contagiar al público. Si hemos conseguido eso, aunque sea un poco, ya es un éxito rotundo. Si no, al menos lo hemos intentado y nadie podrá quitarnos los inolvidables días de filmación.
También tenéis las votaciones del público, por si os sentís generosos a la hora de conceder vuestro voto al ESpot, así como al que más os guste dentro de la amplia gama de trabajos presentados este año entre los que destaca gente como Daniel Romero, Juanjo Iglesias, Jacinto Venaverme, Francisco Calvelo, Queco Ágreda o Alejandro Pérez, entre muchos otros.
Recordad ¡Número #29!
Una cosa más. Debido a las lógicas normas y exigencias de las bases del certamen tuvimos que recortar una versión final de 72 segundos a la que se ve estos días. Pero pronto tendréis a vuestra disposición la idea primigenia, en su plenitud, ofreciendo todo el trabajo desarrollado en estas últimas semanas y de la que sirve de anticipo esta antológica imagen.
Hasta entonces, y como finalización a este post de descarada y vergonzante autopromoción os enlazo también una entrevista que desvela algunas de las incógnitas del rodaje con motivo del estreno dentro de la sección de ESpots a concurso.
Gracias a tod@s por vuestra paciencia, fidelidad y vuestro voto.

martes, 21 de agosto de 2007

Muere Max Roach, la inigualable baqueta del jazz

1925-2007
Para los amantes del jazz, hoy es un día triste.
Ha muerto el gran genio Max Roach, uno de los pilares de este género musical que marcó la Época Dorada junto a otras divinidades como Miles Davis, Charlie Parker, Coleman Hawkins, Dizzie Gillespie, Clifford Brown o Duke Ellington, inmortales artistas con los que Roach propagó el estilo ‘be-bop’, aportando con sus innovaciones rítmicas una impresionante proporción de variaciones y revolucionarios compases que harían que el jazz pasara a ser considerado un arte.
Percusionista autodidacta, Roach, además de participar con algunos de los mencionados y célebres ‘jazzistas’, sería el fundador del The Birth of Cool, uno de los conjuntos más clásicos de este universo artístic. Se caracterizó, a lo largo de su vida, por ser uno de los mayores experimentadores musicales, adaptando gran variedad de movimientos con espectaculares variaciones de la métrica sonora, impulsando el jazz más allá de sus ‘tempos’ clásicos. Los solos de Roach destacaron por su facilidad para hacer del acompañamiento con sus tambores y sus platillos una auténtica inspiración de ritmo inclasificable.

El remedio definitivo contra el hipo

Uno de los efectos más importunos que genera nuestro organismo es el conocido hipo, ese espasmo diafragmático que se da en forma repetida a modo de contracciones espasmódicas, súbitas e involuntarias, de la musculatura inspiratoria, que suelen venir seguida de un cierre brusco de la glotis, lo que origina ése sonido tan peculiar y característico que puede convertirse en un momento terrible dentro de nuestras vidas cotidianas.
Muchos son las teóricos antídotos puestos en práctica que, debido a su inutilidad, suelen desesperar aún más al afectado por este insidioso mal trago; que si un susto bien dado, que si beber por el extremo opuesto al vaso un poco de agua, que si beber tragos cortos, tragar una cucharada de miel, comer pan duro, mantener la respiración, acordarse de algo que está perdido en la memoria, respirar dentro de una bolsa de papel… Casi todas ellas, pura pantomima.
Uno de los enigmas curativos infalibles que conozco desde hace tiempo para acabar en el acto con el incomodo efecto idiopático es cortar una rajita de limón y untarla en azúcar para, seguidamente, comer la parte del cítrico dejando la cáscara. Casi antes de que hayáis dejado ésta en el plato, el hipo habrá desaparecido. Solución de acreditada metodología. Palabra de abuela.
Respecto a la foto superior, no sabía exactamente muy bien qué plantar para acudir a este pequeño desarreglo que sufrí ayer mismo y que me ha llevado a escribir este post sin sentido, así que mejor qué Jelena Jensen para representar, mejor que nadie, ese tipo de mujer que también sería una solución ideal para quitar el hipo.

viernes, 17 de agosto de 2007

Review 'Planet Terror'

Excepcional y autoparódico exceso
Robert Rodriguez ha creado un filme de culto basado en la ofrenda, el absurdo y la ironía 'splatter' en un plausible ejercicio de escapsimo tan brillante como enloquecido.
‘Grindhouse’ era, en principio, la última gamberrada de terror dirigida por Robert Rodriguez y Quentin Tarantino estrenada el pasado 6 de abril en Estados Unidos. La jugada era simple; el filme se dividía en dos partes tituladas ‘Planet Terror’ y ‘Death Proof’, dirigidas por Rodriguez y Tarantino, respectivamente. Esta nueva aventura cinematográfica de dos de los más irreverentes y geniales cineastas de Hollywood no era más que un manifiesto homenaje a las películas de la década de los 70's, pertenecientes al género denominado ‘grindhouse’, que viene a rescatar aquellas películas de serie Z que basaban su éxito en el terror, el ‘splatter’, los vehículos o las chicas ligeras de ropa y que casi siempre se proyectaban en sesiones dobles y en pésimas condiciones, caracterizando un subgénero cinematográfico olvidado y olvidable, pero que, gracias al énfasis de ambos por resucitar viejos modelos fílmicos, llega a España y al resto de Europa con la controvertida disección del curioso díptico.
El estreno en Europa de ‘Grindhouse’, por tanto, se produce fragmentado en sus dos piezas, destrozando así con la lógica del producto y con su frase comercial más sugerente: “Two great movies for the price of one”. Algo alarmante, que ni los millones de fans de los directores de ‘Abierto hasta el Amanecer’ ni el espectador con un poco de consideración por el cine de culto llega a entender. La razón expuesta por sus productores es bien sencilla; en el estreno americano, estos ‘bad boys’ de la industria fueron víctimas de su propio baño de sangre en la taquilla norteamericana para ver cómo este extraño y original proyecto fracasaba estrepitosamente.
‘Planet Terror’ es la primera pieza que se estrena desunida del ‘Death Proof’ de Tarantino, perdiendo así varios de los ‘spots’ y trailers proyectados entre ambas. No obstante, esta primera película servida por Rodríguez comienza con un fake tráiler de ‘Machete’, un avance de una película que no existe (aunque se asegura que se rodará para el mercado de DVD como indicio de la actitud disoluta por rodar del director de 'El mariachi'). La introducción parte con los sugerentes créditos sobreimpresionados sobre el cuerpo de una curvilínea Rose McGowan que se monta un fabuloso numerito de baile de ‘night club’ evocando, indefectiblemente, a la Santanico Pandemonium de ‘Abierto hasta el amanecer’, personaje al que dio vida Salma Hayek. Tras una prosaica presentación de esta chica de barra americana, Cherry Darling, y advertir su insatisfecha labor profesional, la historia pone inmediatamente las cartas sobre la mesa cuando irrumpen unos soldados americanos en negociaciones con un científico mercenario para el intercambio del antídoto contra un gas químico que les mantiene vivos pero que, sarcásticamente, empieza a levantar a los muertos de sus tumbas.
A partir de ése momento, la cosa se descontrola; Bruce Willis da rienda suelta a su ironía más ruda en su papel del cínico Teniente Ludoon, el televisivo Naveen Andrews se regocija con su cazarecompensas que colecciona los testículos de sus enemigos en una bolsa de plástico para que, a partir de entonces, las historias se entremezclen y los sucesos y motivaciones de los personajes alcanzan niveles de refocilante absurdo. ‘Planet Terror’ se manifiesta desde su primer minuto como una gamberrada, un ejercicio de escapismo irreverente, a priori mostrenca y alejada de las convencionalidades modernas, con un plausible tono autoparódico que llega hasta el paroxismo del despropósito sin complejos, que Rodriguez utiliza honestamente en su brillante composición de violencia, ironía, humor, zombies y perversidad bizarra.
Un filme en el que lo primigenio es el humor y el divertimento sin cuartel. Por eso, en ésa hilaridad y violencia gratuita es donde encuentra su condición de entretenimiento de primer nivel. Rodríguez sabe maniobrar con las miserias de su particular mezcla de géneros, reconvirtiéndolas en un indomable y desmesurado exceso que termina sacando a la luz la vena más iconoclasta de un filme que ha alcanzado la instantánea definición “de culto” desde el momento que se estrenó. Por si fuera poco, el cineasta de raíces mexicanas sabe subjetivizar el furibundo terremoto de delirio descontrolado para dejar la impronta épica de una galería de personajes movidos por pretéritos romances, disertaciones sobre una salsa barbacoa, infidelidades y temores maritales, viejas rencillas, inconsecuente adicción por la destrucción y ese cliché necesario en el homenaje filmico que recurre a la supervivencia egoísta de todos ellos.
Pensada por y para el homenaje, ‘Planet Terror’ se define por su paranoica naturaleza de genialidad inagotable, capaz de descargar los impulsos cinéfagos de un director nacido para filmar como es Rodríguez, que sabe priorizar el entretenimiento enclavado en la truculencia y macabro sarcasmo (la protagonista con una ametralladora incrustada en su pierna recién amputada, los ‘gags’ a costa del torpe ayudante del sheriff del condado interpretado por Tom Savini, la desgraciada acción en la que una madre deja una pistola a un niño que, al instante, se vuela la tapa de los sesos accidentalemente…) con una brutal coherencia con el material que maneja, sin perder de vista la honestidad y el romanticismo nostálgico que estructura la película.
Acerca al puro nervio fílmico, dejando cualquier formalismo estético para obras de mayor envergadura comercial como ‘Sin City’, y abogando en todo momento por la imagen en movimiento, por el nervio arquetípico de la serie B, Rodríguez provoca con inspiración y picardía al espectador, buscando en todo momento la complicidad de éste, reconvertido en ‘gorehound’ sin escrúpulos, para embestir con furia y corrosivo humor contra la sintaxis y lenguaje cinematográfico del cine de género, en un explosivo cóctel de referencias infraculturales que van desde el género al que ofrenda, el ‘grindhouse’ de serie Z, las ‘double features’ con sangre, erotismo light y terror salpicado de vísceras hasta la memoria que despierta el clasicismo de referentes genéricos como George A. Romero, Wes Craven, John Carpenter o la vena italiana de Luccio Fulci, Bruno Mattei o Humberto Lenzi.
Para ello, Rodríguez no duda en utilizar todos los vicios e imperfecciones estéticas con el objetivo de mitificar su obra con la utilización de una fotografía quemada, con continuos ‘scratches’ de negativo, desenfoques, saturación de colores, sonido alterado, bozos que ensucian la imagen en un intencionado efecto de mala calidad… y esa delirante secuencia de sexo cercenada por una supuesta pérdida de una bobina que devuelve a la historia muy avanzada narrativamente, con la historia patas arriba sin ninguna explicación. Un golpe de efecto que aporta al conjunto otro dispositivo de diversión más, de vandalismo fílmico en conjunción con sus demás plétoras licenciosas.
‘Planet Terror’ es un producto tan habilidoso como emocionant,e que confiere a su particular irracionalidad una forma de vida donde el ‘splatter’ de ímpetu pretendidamente irreverente aprovecha el ‘exploit’ y todos los clichés del género para fomentarlos y desquiciarlos. Así, en una lograda atmósfera enrarecida y deudora de los clásicos de los 70, Rodríguez no duda en asentarse en la gratuidad de muchos de sus elementos; como la delirante persecución del héroe en una minimoto mientras masacra zombies o la sutil profundización en el recurrente sueño de la bailarina de la pierna amputada que quiere dedicarse al ‘stand up comedy’. Incluso no se priva de conseguir la repugnancia del público mostrando esa polla ‘tarantiniana’ descomponiéndose o una horda de zombies segmentados por las aspas de un helicóptero que concluye con un demencial ‘happy end’ de venenosa misticidad que afianza todos los propósitos extremos y enloquecidos de un filme creado para el divertimento sin límites.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007

martes, 14 de agosto de 2007

Coming soon: Spot ESCORTO '07

A lo largo de tres intensas semanas, en nuestros ratos libres y en puntuales citas pactadas que, en ocasiones, se han convertido en jornadas completas de trabajo, hemos llevado a cabo nuestra creación fílmica para la categoría de ESpots de la segunda edición del festival de ESCORTO ’07 (certamen donde el que el año pasado ejercí de jurado y presentamos esta pieza).
Este año no podíamos dejar la oportunidad de volver a reunir al mismo equipo y disfrutar como enanos rodando algo. Como reza el comentario de Youtube: “Si hay algo más estúpido que un ‘teaser’ es un ‘teaser’ de un spot que dura un minuto”.
Muy pronto. Estad atentos.

lunes, 13 de agosto de 2007

Récord de visitas abismales

Nunca antes tanta gente había entrado de golpe en este blog.
Ni en sus mejores momentos, el Abismo, absorbido por este universo que es la blogoesfera, de diversidad inagotable que va creciendo a cada segundo y olvidando unos blogs por otros, alcanzó el pasado jueves 9 de agosto un récord de visitas en un sólo día sin parangón por estos lares. El ‘meneo’ del amigo AxL revolucionó por completo el contador de Google en una nueva etapa de recapitulación abismal sobre estadísticas y baremos de difusión.
Una satisfactoria noticia que anima a seguir, este año sin vacaciones aunque con un descenso de post actualizados por culpa de otros menesteres profesionales, siguiendo con la publicación de entradas después de 1,178 y a punto de cumplir los tres años de existencia. Parece que fue ayer cuando, sin mucha idea de cómo enfocar este proyecto personal, unía palabras sin mucha coherencia, movía ideas inextricables, fusionando temas sin orden ni sentido, haciendo, en definitiva, lo que ha venido siendo hasta ahora este blog.
Gracias a todos una vez más por seguir confiando en el Abismo para llenar vuestros momentos de absurdo hastío en disposición de perder el tiempo con este desordenado weblog, aunque sea de pasada, aterrizando en este espacio unos segundos para ver qué se cuece.

jueves, 9 de agosto de 2007

Review 'The Simpsons'

Épica ‘simpsoniana’
Matt Groening y su equipo, liderado por David Silverman, han conseguido superar con creces las expectativas puestas en la difícil traslación de esta mítica serie de la televisión a la gran pantalla.
Cuando, en 1989, James L. Brooks, puso en marcha ‘Los Simpson’, serie creada por Matt Groening, la idea era muy simple: una familia que representara, mediante el humor, la desvergüenza y la originalidad, al modelo de clase media americana. Homer, Marge, Bart, Lisa y Maggie constituyeron lo que ninguna serie con personajes de carne y hueso se había atrevido a retratar hasta la fecha: la antítesis del prototipo de esta institución tan idealizada y de tono moralista en los años 80 (‘Enredos de familia’, ‘Los problemas crecen’, ‘Valerie’, ‘Padres forzosos’, ‘Cosas de casa’…), esgrimiendo un componente de ácida crítica a la sociedad y a la edulcorada cultura estadounidense. Todo ello, salpicado de unos diálogos explícitamente vulgares y corrosivos, acompañados de un cinismo y sarcasmo que se han ido disipando con el paso de los años, pero que siguen siendo las señas de identidad de la iconográfica serie.
El carácter subversivo de ‘Los Simpson’ se ha ido preponderando a lo largo de 400 episodios, exhibiendo todos los defectos velados durante tantos años en la pequeña pantalla. Sin embargo, es cierto que la irreverencia y profundidad de los personajes no es la misma, domesticados en exceso y más preocupados en autoparodiarse más que hurgar en las heridas de la sociedad y burlarse de las altas esferas. La película, en ése sentido, es un compendio de todo esto, de lo bueno y lo malo, pues posee el cinismo en su primera parte y va perdiendo la mala hostia según avanza la acción, cuando más melindroso y familiar se torna el argumento. Por eso, hay que preguntarse si era necesaria una adaptación de la familia de cromatismo ambarino al cine. La respuesta, a la vista del producto final, es más que afirmativa.
‘Los Simpson. La película’ comienza cuando Homer, como George Clooney, adopta como nueva mascota a un cerdo que va a desencadenar un desastre que sumirá a Springfield en un verdadero caos que separará a los Simpson y pondrá en contra a toda la furibunda ciudadanía en busca de venganza por las medidas que el Gobierno de Estados Unidos y la Agencia de Protección Medioambiental han adoptado para solucionar el problema: aislarlos del mundo con una cúpula indestructible. Una medida política que puede parecer extrema o ficticia, pero que no sería del todo grotesca viniendo de las últimas legislaturas de Estados Unidos y, por extensión, en el resto del mundo. En este contexto, la película entra de lleno en la diatriba política, sugiriendo que, llegado el caso, la autoridad estatal es capaz de lavarse las manos y olvidarse de los problemas reales que asolan a las naciones; con un tema muy actual de fondo como es la depauperación del medio ambiente. Pero pronto se descubre el verdadero argumento, la clave del filme, que no es otra que la defragmentación familiar, la pérdida de confianza, la amenaza de un pueblo encolerizado por la irresponsable acción de Homer y la consecuente redención final con tintes épicos. Son elementos narrativos que han formando parte de algunos de los capítulos que ya han visitado los guionistas de ‘Los Simpson’ a través de todas sus temporadas televisivas; la ineptitud de Homer que provoca la catástrofe, la progresiva desunión de su familia, su propósito de buena fe y la heroica acción que, bajo la irresponsabilidad o la aparición de una revelación, devolverá la normalidad a su relación familiar y al pequeño pueblo de Springfield.
La película está estructurada como un episodio de televisión y esto, dada la calidad de algunos célebres capítulos de las aventuras de la familia amarilla, hace que la película se desluzca en ocasiones y acentúe la evocación de muchos pasajes televisivos. Pero lo que hay que agradecer a David Silverman y sus guionistas es la disposición a ese gaudeamus intrascendente, de simple distracción y gratificante premura con la que se sucede el metraje, sin vacíos ni tiempos muertos. Aunque, el medido equilibrio que se ha buscado entre todos los factores comunes a la serie hace que ‘Los Simpson’ hace que se pierdan elementos reconocibles en la serie televisiva, sabiendo, en cualquier caso, compensarlos para que el resultado final no decepcione a sus seguidores, que no pierde en ningún instante la identificación con la serie. Ejemplo de algunas carencias, es el excesivo protagonismo de Homer sobre los demás personajes y secundarios de la serie, que apenas tienen voz en el largometraje y que, sin embargo, son los que han convertido, con sus pequeños matices en la reconocible idiosincrasia que han hecho de esta serie una de las más interesantes y reconocidas de todos los tiempos. Y eso, se nota en el filme, dejando una extraña sensación de vacío. Pero es comprensible dadas las exigencias que requería las traslación catódica al celuloide.
A cambio, ‘Los Simpson. La película’ se beneficia de la calidad de la propuesta, utilizando las más depuradas y novedosas técnicas para que el filme aporte ese toque de sofisticación que ha ido haciendo evolucionar la serie, pero nunca que ha llegado a esta perfección técnica mostrada en la gran pantalla. El filme de Silverman, Groening y su ‘troupe’ funciona como intachable ‘blockbuster’ veraniego, que no se desvirtúa como espectáculo visual ante cualquier antagonista comercial de este estío cinematográfico, pero al que se le podría criticar el exceso de concienciación social y cierta sensación de melifluidad en su mensaje. Algo, que no es ajeno a la serie. ‘Los Simpson’ ha conseguido, con creces, superar el reto de trasladar sus aventuras de la pequeña pantalla al cine. Una hazaña totalmente plausible si tenemos en cuenta que animación digital parece haber desplazado a este tipo de animación clásica.
Mientras que la sociedad y el mundo evolucionan hacia no sé sabe muy bien dónde, Homer seguirá simbolizando, desde su sofá, con una cerveza Duff de la mano y el mando a distancia en la otra, al hombre moderno, con sus defectos y apetitos hiperbolizados. Homer es, en último término, un glorificado e identificable personaje global que fusiona culturas por su inocente sencillez que posee el lado humano defectuoso que todos tenemos.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007

martes, 7 de agosto de 2007

La estrella de Michelle Pfeiffer

A finales de los 80 y durante la década de los 90, pasó a encarnar la pretérita y evocada prosapia de la grandeza actualmente marchita en las estrellas del cine de Hollywood, el clasicismo de una de las pocas actrices que, con el tiempo, pasará pasar a formar parte del cosmos clásico del universo del cine, convirtiéndose en un icono a reivindicar. Pese a que, desde hace años, Michelle Pfeiffer haya dejado de ser la estrella que era, no hay que olvidar, que la ahora madura actriz alcanzó con su carrera un hecho que parece imposible en el cosmos del oropel. Tras una apabullante filmografía, la felina actriz consiguió llegar a ser una de las intérpretes más carismáticas y hermosas que haya brindado la historia del celuloide en el cine contemporáneo.
Pfeiffer ha dejado con su presencia e idoneidad una huella imborrable, representando el exotismo subliminal de las grandes presencias, siendo la única heredera de una conjunción modélica de estilos que parecía extinguida. Con una imposible proximidad al potencial de Greta Garbo y a la dulzura de Grace Kelly, Pfeiffer dejó grabada en la memoria colectiva interpretaciones memorables como las de ‘El precio del poder’, ‘Las amistades peligrosas’, ‘Los fabulosos Baker Boys’, ‘Love field’ o ‘La edad de la inocencia’. Sus últimas gotas de éxito llegaron con ‘Un día inolvidable’ o ‘Lo que la verdad esconde’, para acabar dejándose ver en olvidables títulos como ‘Historia de lo nuestro’, ‘Yo soy Sam’ o ‘La flor del mal’, filmes sin mucha trascendencia que, sin embargo, no han debilitado su inextinguible talento dramático de poderosa ductilidad y profunda personalidad.
Esta semana ha vuelto a ser noticia por la concesión de una más que merecida estrella en el paseo de la fama en el Boulevard de Los Ángeles. El número 2.345, una posición que se antoja demasiado tardía para los méritos interpretativos de una actriz que, si bien no ha regresado al cine con el mejor de los aciertos (‘El novio de mi madre’), parece dispuesta a volver por sus fueros.
Sin embargo, parece lógico que hayan ninguneado a la actriz durante tanto tiempo si nos atenemos a que incluso en la estrella que sostiene en la fotografía superior han escrito mal su propio nombre.
Cosas de Hollywood, un mundo ingrato y olvidadizo.

domingo, 5 de agosto de 2007

Review 'Harry Potter and the Order of the Phoenix'

Redundante calvario ‘shakesperiano’
Esta nueva película del niño mago es un cúmulo de reiteraciones que la convierten en un filme de transición dentro de una saga que ha ido perdiendo su fascinación e interés.
Por quinta vez en seis años, el fenómeno comercial con éxito asegurado en taquilla llamado Harry Potter regresa a las pantallas dejando se ser tan niño y pasar a ser un traumatizado mago convertido en una celebridad de nuestro siglo. Un fenómeno literario y cinematográfico que sigue siendo la gallina de los huevos de oro, inagotable fuente de ingresos, para su multimillonaria autora, la escocesa J. K. Rowling. ‘Harry Potter y la Orden del Fénix’ es, así de entrada, la prevista muestra de decadencia de este imperturbable icono de la cultura lúdica contemporánea.
La consecuencia de que una saga tan extensa como es la de Potter haya ido perdiendo paulatinamente fuerza es la sensación que desprende el reiterativo y monótono del proceso de crecimiento y problemas de un protagonista cada vez más resentido y atormentado. La fantasía iniciada tras las cámaras por Chris Columbus ha frecuentando hasta la extenuación sus virtudes, pero también ha enfatizado los defectos y menoscabos de sus películas. La constante autoreferencia y la obstinación por ubicar en la historia del mago una perspectiva ensombrecidamente ‘shakesperiana’ han terminado por convertir a Harry Potter en una víctima de un dramón de dimensiones argumentativas redundantes y pretenciosamente trascendentes.
Para esta nueva película se ha recurrido a David Yates, un director sin apenas carrera cinematográfica que ha llegado del mundo televisivo para narrar este quinto libro adaptado a la gran pantalla por Michael Goldenberg la novela más extensa escrita por Rowling y, paradójicamente, la más sucinta en metraje de las llevadas a cine hasta la fecha. En ella, la aparición de Lord Voldemort ha abierto un debate entre los que creen en la profecía sobre su regreso y los que piensan que es una invención de Harry, que percibe un aislamiento por parte de casi todos. Además, deberá enfrentarse al gobierno del mundo mágico y a las autoridades de Hogwarts, que pasarán a manos de la suma inquisidora Dolores Umbridge, quien termina sustituyendo al mismísimo Dumbledore, la figura paterna de la saga.
Parece que ésta es la historia de transición de la saga, porque tras más de dos horas y media viendo al pobre Potter sufrir sin remedio, esperando su debilitado enfrentamiento a un cada vez menos apocalíptico y más cercano Voldemort, no pasa absolutamente nada nuevo que no hayan insinuado o sugerido en el pretérito de esta epopeya que ha agotado su fascinación e interés a pasos agigantados. Y eso, teniendo en cuenta que cada vez que aparece una nueva película, la venden como la más oscura y terrorífica, cosa que aquí podría suceder, si no fuera por el letargo con que va avanzando un filme que, sin ser torpe ni falto de calidad, sí adolece de ciertos elementos de fantasía que brillaron con acierto en algunos títulos precedentes.
El gran problema de ‘Harry Potter y la Orden del Fenix’ es que carece de tensión y misterio. Y no por falta del talento de Yates, que prolonga la estela de los grandes nombres a los que ha sucedido, exhibiendo una adecuación muy moderada sin apenas exuberancias técnicas y alejándose de cualquier ánimo de énfasis en su recreación de la mortecina atmósfera que invaden los recintos cerrados de Hogwarts, pues en este capítulo, los espacios abiertos apenas tienen cabida. La pena es que ese material argumental que gira en torno al espeluznante augurio de la amenaza que se cierne sobre el mundo mágico no posee ningún tipo de fascinación y fantasía. A ésa reiteración de estructuras, donde el destino de Potter parece siempre el mismo, hay que sumar que la saga ha perdido cualquier dote estilística, sobre todo, porque el mundo de Hogwarts y la nigromancia de los libros están definidos desde su primera parte, diseñados y prefabricados, virando tan sólo a tonos más sombríos y a temas un poco más ocres y, supuestamente, más adultos.
Empero, en esta ‘Harry Potter y la Orden del Fénix’ está muy presente la represión, la censura y el sometimiento de un régimen estricto que coarta a los alumnos de Hogwarts y hace débiles a los que se someten a las restricciones. De ahí que aparezca esa organización secreta estudiantil liderada por Harry que instruye a los escolares para combatir el mal. Sin embargo, todas las intenciones por conferir a la historia un cierto dramatismo y oscura gravedad no se cristaliza en nada concreto, lo que convierte a esta quinta entrega en la más infértil de todas. Incluso los personajes, empezando por Harry, Hermione y Ron (Daniel Radcliffe, Emma Watson y Rupert Grint), empiezan a resultar particularmente insufribles y antipáticos, sin gracia, que se mueven por los débiles impulsos de un guión mal dibujado que da exagerada preeminencia a la nueva incorporación de Imelda Staunton como Dolores Umbridge y amplifica tanto su espacio que termina por doblegar a otros personajes para dejarlos en simples cameos. Como es el caso de los roles de Maggie Smith, Alan Rickman, Robbie Coltrane, Fiona Shaw, Julie Walters, Robbie Coltrane, Jason Isaacs, David Thewlis, Brendan Gleeson, Emma Thompson e incluso Ralph Fiennes (aunque ese halo de misterio como antagonista del mago adolescente sea el culpable de su escaso tiempo en pantalla). Por supuesto, es más importante otorgar la supremacía protagónica al calvario de Harry, donde no se duda en recurrir a multitud de ‘flashbacks’ para explicar que el aprendiz de mago tiene pasado y la evolución de su personaje conlleva una responsabilidad que han hecho de él un sufridor víctima de su pasado, de su linaje y de aquellos que le rodean, convirtiéndole en un ser circunspecto y sin ningún sentido del humor.
Lo más llamativo de esta ‘Orden del Fénix’ está en una insinuación argumental que, a pesar de que en anteriores capítulos había permanecido inteligentemente disimulada en el fuliginoso crecimiento de Harry Potter, en esta quinta entrega se establece como tangible. Se trata un paralelismo respecto a ‘Star Wars’ casi sonrojante, sobre todo en la alusión a la parte oscura de Potter, cuando su ira y el “lado oscuro” están a punto de sucumbir a la seducción del Señor Tenebroso, de sus motivaciones y desasosiego vital por soportar el peso de su maldición y, sobre todo, a esas ridículas luchas de varitas mágicas como si fueran espadas láser o el combate final entre Dumbledore (el Obi Wan Kenobi particular del chaval) y Voldemort. Todas estas situaciones ya se han visto hasta la extenuación en las Trilogías de George Lucas. Sólo faltaría que en próximas películas se desvele que Voldemort es, en realidad, el propio padre de Harry.
En definitiva, esta última (hasta el momento) película de Harry Potter es un filme que entusiasmará al público habituado a los lances del héroe literario y dejará frío y decepcionado al espectador que ha seguido con interés las películas sin ser un ferviente lector. ‘Harry Potter y la Orden del Fénix’ es un cúmulo de situaciones reiterativas con graves carencias de hipnotismo, como ese el vuelo nocturno con las escobas por Londres (que tanto recuerdan a ‘Peter Pan’), el adiestramiento secreto del ejército de Dumbledore encabezado por Potter, los fuegos artificiales de los gemelos Weasly, el hermano gigante de Hagrid… Eso sí, al menos Yates ha rehuido del tan sofocante ‘quidditch’. Y es que la saga de Harry Potter ha pasado a ser un producto exclusivamente destinado a los fans de un libro que, por lo visto, va perdiendo interés y misterio en cada nuevo capítulo. En la actualidad, J.K. Rowling acaba de firmar la última novela con las aventuras de Potter. A ver si es verdad.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007

miércoles, 1 de agosto de 2007