viernes, 19 de agosto de 2005

Extra Verano (VII): Review 'Sin City'

Prodigiosa experiencia manierista
Rodríguez y Miller han conseguido reflejar con total libertad la violencia y el erotismo del cómic en la mejor adaptación cinematográfica de un tebeo hasta el momento.
En el actual Hollywood, embebido por la carestía de ideas, el ostracismo creativo y el recurso fácil reflejado en su último cine comercial, se ha dado un reincidente automatismo hacia el gran filón que han supuesto en el mercado las adaptaciones cinematográficas de cómics, doblegándose a la inercia, a la financiación de un alud de proyectos basados en las páginas de tebeo. Un atolladero como ‘Sin City’ proponía varias dudas ante su versión cinematográfica. La obra gráfica creada por Frank Miller suponía un desafío, debido en gran parte a su frenesí contracorriente, a su plétora de violencia salvaje y erotismo englobado en un mundo de corrupción, donde las divergencias y contrastes se originan entre inmorales personajes contaminados por la ambición y la lujuria y aquéllos que se obstinan ciegamente en mantener la moral y la esperanza en este espacio de corrupción. A priori, todos estos elementos han sido desdeñados una y otra vez por las grandes ‘majors’, que se ofuscan en infantilizar sus adaptaciones del Noveno Arte, por lo que llevar a la gran pantalla ‘Sin City’ era una ardua contradicción con el ‘target’ demandado.
Sin embargo, la primera gran cualidad que alberga la adaptación de Robert Rodríguez y el propio Miller es la acentuación del pábulo de desabrimiento, de lealtad con los lóbregos matices argumentales y narrativos del cómic, descubriendo una adaptación más que fiel, enfermiza en su metódico detallismo que reside en cada uno de sus planos. ‘Sin City’ es un ingenioso experimento, un honesto ejercicio de estilo, una cuidadosa y preciosista traducción en la que no se trata de adaptar un cómic, sino de reasentar la viñeta disponiéndola al mundo del celuloide desde un prisma que acaricia el manierismo. Y es donde ‘Sin City’ se desune de las habituales adaptaciones a las que Hollywood nos tienes acostumbrados. La cinta de Rodríguez y Miller es un trasvase literal de los cómics a la gran pantalla como nunca se ha hecho, la máxima expresión de estas adaptaciones que, con mayor o menor éxito, han pretendido proyectar del modo más detallado el alma de la obra original.
Remodelando los márgenes estéticos del estilo antiheroico, ‘Sin City’, la película, acomoda la particular visión ‘milleriana’ del ‘noir’ enardecido de un privativo postexpresionismo de la retórica literaria y visual, llevándolo a un terreno en el que los ariscos personajes se mueven entre el drama épico y la acción crepuscular. La traslación de los clichés ‘hard boiled’ al medio audiovisual y una más que arriesgada tentativa de reinventar el cine mediante el personalísimo filtro que se ha utilizado en la imagen (en su mayoría utilizando la técnica digital) son dos conceptos preeminentes en los designios de esta adaptación única en el cine moderno. Sin perder la apariencia de los personajes de las historietas y los ritmos de ‘staccato’, rescatando la materia prima de las ‘crook stories’ desde el punto de vista del criminal o del marginado en su traslación a la gran pantalla compartidos con la obra original, ‘Sin City’ florece como proyección conceptual llevada al extremo, donde se encuentra en imagen el apabullante empleo del blanco y negro salpicado de aislados fulgores coloristas que han hecho célebre el cómic, sin olvidar sus furibundas pasiones, su gruesa militancia ‘pulp’, la acción decididamente ‘manga’ y la acrimonia sin concesiones. En 'Sin City' no falta, por tanto, esa brusca diagramación llevada al cine, donde no importa que la narrativa sea muy densa, ya que toda la acción se sustenta en la simplicidad de sus propósitos.
Su experimentación cromática, la fallida pero simplona narración circunferencial y la ofrenda de la cosmología de la serie de cómics permiten a Rodríguez sacar el máximo partido a unos recursos narrativos más o menos artificiosos, devenidos en inesperado clasicismo en la tecnológica utilización de la postproducción. Como consecuencia de esto, el director de ‘El Mariachi’ explota el deslumbrante sortilegio digital (con el que ha experimentando en su saga de ‘Spy Kids’) para atrapar una atmósfera pretérita, la del cine negro, que se mixtura en una nostálgica mirada retrofuturista con influencias del cine de género de los años 50 y en la pura exaltación manierista que, traducida al cine, transita entre la necesaria artificiosidad para identificar el cómic a la pantalla y una imaginería visual jamás vista en el cine moderno.
Lo que han llevado a cabo Rodríguez ha sido escenificar con movimientos mediante imágenes reales (guarnecidas con efectos digitales geográficos) aquello que hace quince años Frank Miller trazó en su obra maestra tebeística. En este difícil tránsito el cómic ha servido a modo de ‘storyboard’ para la película, sin perder un obsesivo detallismo por la estética, virtuosismo expresivo y vigor narrativo del cómic. Y es tal vez ahí, en ese portentoso e inaccesible ejercicio de mimesis, donde se puede achacar la mayor imperfección de Rodríguez en su filmación de ‘Sin City’, en la excesiva sumisión narrativa del cómic, utilizando las viñetas como recurso, olvidando que son dos lenguajes diferentes, un hecho que lejos de aportar la buscada fidelidad, resta imaginación, imbuyendo a lo que se cuenta de cierta rigidez respecto al original. Aunque también es cierto que la utilización de los recursos pirotécnicos en cuanto a visualidad, lejos de añadir complejidad a la acción, la disimulen con su impoluta maquinaria escénica. Por ello ‘Sin City’, a pesar de caer en este exiguo error, propone un constante juego de paradigmática iconografía tonal y estética. Precisamente, el juego escrutado por Frank Miller en cada historia desarrollada en su ciudad del pecado.
Para la versión cinematográfica, Rodríguez y Miller tomaron como guión una amalgama de varios ‘cómic-books’ de Miller, el original ‘Sin City’, ‘That Yellow Bastard’ y ‘The Bif Fat Kill’ y la historia breve ‘El cliente siempre tiene razón’, configuradas como la piedra angular de esta esperada cinta. El mundo planteado por Miller es un cosmos lúgubre, corrompido, donde la procacidad moral se vincula los estamentos políticos, infectando a su vez a los clérigos, policías y demás custodios de la seguridad civil. Matones, prostitutas, asesinos a sueldo, políticos corruptos, gente de mal vivir, mafiosos de toda índole, locales con olor a fracaso y una orbe donde la fauna se caracteriza por su condición de ‘losers’ sin futuro en una ciudad llamada Basin City recoge las andanzas de unos personajes imbuidos por un entorno de pecado urbano, antihéroes y mujeres de armas tomar que buscan venganza y redención. Una ciudad donde sólo algunos inadaptados intentarán hacer su personal justicia.
‘Sin City’, reflejo una ciudad como destino y explicación de la vida de sus habitantes, apela a todos los condimentos que hicieron célebre los ‘cómics books’ de Miller, recuperando todos estereotipos del ‘hard boiled’ cimentados en los arquetipos nocturnales de la literatura de género negro creados Jim Thompson, Dashiell Hammett, Cornel Woolrich , Raymond Chandler, James Patterson, James Ellroy o el más significativo y referido cuando se habla de ‘Sin City’ Mickey Spillane y que encuentran su analogía visual en la ampulosa y omnipresente voz en off existencial tan propia del ‘noir’ que acapara la narración oral de la cinta. La película de Rodríguez no olvida en ningún momento el reto de narrar las historias de Miller, por eso, no duda en asumir que la historia tiene que excoriar en todo momento el paroxismo temático de sexo y violencia encontrado en los personajes creados por Miller, reclutados en un código moral que los sitúan en un perfil casi maniqueo, con unos valores equivalentes a los de un samurai ávido de venganza y justicia. En este aspecto, ‘Sin City’, enfoca sus objetivos a exteriorizar lo que hace años se definió como uno de los grandes defectos de la serie creada por Frank Miller, residente en el exceso de circunspección a la hora de homenajear al género negro, a esa estética pretérita. Y lo cierto es que Miller nunca buscó el ‘noir’ clásico, sino que lo reformuló en algo cruento, redundante, brutal capaz de combinar detalles tan absurdos como son gabardinas de detectives, katanas, esvásticas, voluptuosas chicas guerreras, pedófilos, bailarinas, asesinos caníbales y hampones casi ridículos.
Rodríguez ha salpicado su película codirigida con Miller (en realidad muestra de honestidad con lo que cuenta del realizador chicano) con la necesaria bestialidad, no es ironía ni sarcasmo, sino que fundamenta su atractivo en el cinismo, en la mala hostia con la que se exponen las diversas venganzas. ‘Sin City’ vendría a ser una película que constata que la libertad no concede ningún tipo de maniqueísmo, sino que se descubre en la expiación. Algo que Rodríguez lleva haciendo años hasta que ha llegar a esta genialidad de la cinematografía moderna. Por eso, al igual que su socio y amigo Quentin Tarantino (que aquí tiene su propia gloria al ser el ‘guest director’), Rodríguez no se corta a la hora plantear sus historias con sexo, violencia extrema no exenta de sadismo y de ese entrañable trasfondo de ‘white trash’ que irradian los habitantes de esta inmunda ciudad de impiedad en la que concurre una soterrada misoginia derivada de la estigmatización de la mujer vista como elemento sexual, haciendo de ella heroínas fundadoras de sus propias leyes más allá de los códigos establecidos, mostrándolas como efigies de las fantasías masculinas más primarias y umbrosas.
‘Sin City’ es, en definitiva, más allá de algunos errores puntuales derivados, por ejemplo, del desequilibrio entre las tres historias debido a la búsqueda de un forzado ‘crossover’ que la convierte en una innecesaria película de estructura fragmentaria que salta de una historia a otra, una cinta de escrupulosidad visual intachable que alcanza sin mucho esfuerzo la pretendida su atmósfera genérica, con una propensión intencional a la serie B no exenta de un embellecido anclaje en un pasado imaginario y cinéfilo, de puro cine espectacular, de genuino ‘Sin City’. Además de ese erotismo visual y su violencia gráfica y estilizada, cabe destacar un reparto coral lleno de estrellas, sobresaliendo un magnífico Mickey Rourke, cuyas profusiones con las drogas y el boxeo, unidos a su decadencia física, le han convertido en el perfecto Marv o Elijah Wood, Bruce Willis, Rosario Dawson o Benicio del Toro hacen de esta película toda una experiencia. ‘Sin City’ es la cumbre ejemplar de lo lejos que ha llegado el Séptimo Arte hasta el momento en su afán por adaptar una novela gráfica. Una exquisita obra de prodigioso virtuosismo que resulta irreprochable, contundente. ‘Sin City’ es, en definitiva, una experiencia que merece vivirse en el cine.
Miguel Á. Refoyo © 2005