domingo, 24 de junio de 2007

La (r)evolución de la Animación Digital

Cuando el píxel acabó con el lápiz
El estreno de ‘Shrek Tercero’ vuelve poner en la palestra la dilapidación que ha sufrido la animación tradicional en beneficio de la era digital, que se ha impuesto en un género en el que sólo se conciben los dibujos animados en tres dimensiones.
Hoy en día la animación ya no es, ni por asomo, lo que era hace unas pocas décadas. Parece que han quedado obsoletos aquellos trazos coloreados a mano con los que Walt Disney confeccionó el que sigue siendo el largometraje primigenio de un género que ha pasado por diversas etapas y crisis hasta llegar a la tecnológica y boyante situación actual. Corría el año 1937 cuando se estrenó ‘Blancanieves y los 7 enanitos’. Desde aquella célebre canción ‘Heigh-Ho’ y la vetusta tradición del dibujo animado enraizado a la memoria colectiva de varias generaciones hasta llegar a la revolución de Pixar de John Lasseter y su ardua y facultativa competencia por parte de Dreamworks y Blue Sky han pasado setenta años, donde la era digital ha terminado por vencer a la vieja escuela. La tecnología ha terminado de derrocar por completo a los dibujos animados conocidos hasta hace poco más de diez años. El píxel y la pantalla de ordenador se han comido, literalmente, a la tinta y al papel. Y parece que ya no hay vuelta atrás. Hoy en día, pocos parecen acordarse de los títulos que dieron a la factoría Disney la explotación de un triunfo constante en un terreno en el que nadie podía hacerle sombra: ‘La dama y el vagabundo’, ‘Peter Pan’, ‘El libro de la Selva’ y más tarde ‘La Bella y la Bestia’, ‘Aladdin’...
Una época dorada que se daría de bruces con la indiferencia de un público que cayó rendido ante las beldades tecnológicas de un camino alternativo en plena ebullición que despuntó con la llegada, en 1995, de la mano de la propia Disney, que apostó por Lasseter y su por entonces pequeño estudio Pixar, al conseguir llevar a buen puerto el primer largometraje de animación digital de la Historia: ‘Toy story’. Un éxito sin precedentes que cambiaría para siempre la animación, entendida como tal hasta ése momento. La animación tradicional había sido desplazada por la animación en tres dimensiones. Desde la notoriedad de las aventuras del vaquero Woody y Buzz Lightyear, los productores y distribuidores de Hollywood, dejaron de creer, al igual que el espectador, en las técnicas de dibujo de siempre para apostar por la novedad que arrasaba en taquilla. Gracias al Renderman, un software capaz de generar imágenes de alta calidad fotorealista, los técnicos de Pixar crearon un universo de experimentación en 3D, evolucionando hasta conseguir metas impensables. Desde entonces, Pixar ha sido la empresa hegemónica dentro de la lucha en la taquilla de la animación por ordenador; su alianza con Disney (que tuvo una ruptura de intereses solventada con la compra de la compañía de Lasseter por parte de la factoría del tío Walt) ha cosechado dieciséis Oscar, casi 3.000 millones de dólares y películas infalibles en el terreno comercial como ‘Bichos’, ‘Toy Story 2’, ‘Monstruos S.A.’, ‘Buscando a Nemo’, ‘Los increíbles’ y ‘Cars’. Pero el final de la Historia del papel y el lápiz dentro de la empresa que en el lejano pretérito se hizo famosa gracias a Mickey Mouse no ha caído en el olvido por parte de Lasseter. Una de las primeras decisiones que tomó Pixar tras la absorción de su compañía por parte de Disney fue la de reabrir su departamento de películas en dos dimensiones, cerrada tras el fracaso del filme 'Zafarrancho en el rancho', tendrá una esperanza de futuro en 'The Frog Princess', anunciada para 2009.
Por supuesto el suculento pastel de la animación no iba a ser cosa de una sola compañía. Steven Spielberg, el Rey Midas, se apuntó a la moda con su recién creada compañía Dreamworks y en 1994 ya tenía en plantilla a los especialistas digitales con más talento de Hollywood, que trabajaron en sus creaciones conservando el control comercial y creativo para no quedarse atrás en el evolutivo mercado de la animación, comenzando así una guerra comercial contra la todopoderosa Pixar. Sin embargo, los primeros títulos de Dreamworks no dieron los resultados esperados; ni ‘Hormigaz’ ni ‘Chicken run’ hicieron que Pixar viera peligrar su cetro de opulencia y demostración de saber hacer. También lo intentaron con la animación tradicional de toda la vida, en los fallidos intentos de ‘La ruta hacia el Dorado’ y ‘Spirit’, que sólo obtuvieron unos discretos resultados comerciales. Sin embargo, fue ‘Shrek’, un insolente ogro verde y bastante grotesco el encargado de reventar las taquillas hasta entonces reservadas a los filmes de Pixar. Nada menos que 479 millones de dólares a nivel mundial, popularizando a los personajes antiheroicos de un cuento que mezclaba ironía y tradición fabulesca subvertida, donde no faltaba mala baba y ataques humorísticos no sólo contra la Disney sino además contra la tradición popular de los cuentos infantiles. ‘Shrek’ que, obviamente, tuvo una secuela y que esta misma semana ha estrenado su tercera entrega, se ha convertido en la marca de la compañía y en el rival más temido de las producciones de Pixar.
La tercera compañía en discordia es Blue Sky Studios, fundada en 1987 por los encargados de los efectos especiales de ‘Tron’, convertida en un clásico por ser pionera en tratar el tema de la realidad virtual y que se ha unido al éxito cosechado por Pixar y Dreamworks gracias a la humilde fantasía prehistórica ‘La edad de hielo’ que, sin tantos medios como sus competidoras, ha logrado conseguir su mejor éxito hasta el momento con sus dos películas. Otros estudios como Columbia se dio de bruces con la impasibilidad del espectador cuando lanzó la espectacular y costosísima ‘Final Fantasy’. Paramount, por su parte, no llegó a los objetivos marcados con la menos ambiciosa ‘Jimmy Neutron’ o la Warner que dejó libertad absoluta a un peso pesado como Robert Zemeckis con ‘The Polar Express’, un reto que fusionó personajes reales convertidos en dibujos animados digitales gracias a la revolucionaria técnica del “performance capture” mediante la que la interpretación real de un actor captada por cámaras computerizadas para crear un personaje virtual, tampoco logró el éxito deseado.
Actualmente, nadie recuerda a Ken Knowlon, del Bell Laboratorios, que fue el pionero de este tipo de experimentos computerizados, desarrollando técnicas informáticas para producir películas animadas. En 1967 se daría a conocer ‘Cibernetics 5.3’, primer filme de animación por ordenador creado para UCLA Animation Workshop y Permutations de John Whitney. Es el germen de la perfección con la que se modelan en el presente las producciones digitales de animación, en un largo proceso en el que se establece el aspecto de cada personajes, decorados, colores, composición… desde el protagonista principal hasta una simple pluma de un pájaro. Así se pueden captar todos los movimientos y la sutileza de la expresión humana, hasta el más leve matiz, como la vibración de un párpado y, simultáneamente, movimientos faciales y corporales de múltiples actores en 3-D con una cobertura completa de 360º, lo que lleva a la animación a un resultado más realista y aún más capaz de transmitir todo tipo de emociones. Este verano, en una época que parece tener en la animación digital el único pilar para su éxito seguro, además de ese ‘Shrek Tercero’ que será la película familiar y uno de los ‘blockbusters’ seguros de esta temporada de estío, se estrenará, contra viento y marea, el día 27 de julio, ‘The Simpsons (The Movie)’, largometraje en 2D que reniega de las técnicas de animación en tres dimensiones para imponer su exitosa visión de los dibujos animados, en formato Cinemascope. Y, aunque esté coloreada digitalmente, sigue los patrones de la animación de siempre. La misma que ha seguido en su larga trayectoria televisiva y que la ha convertido en una de las series más inmortales y míticas de la Historia Catódica.
Una salvedad en un género que, exceptuando las producciones niponas del célebre estudio Ghibli, a manos de Hiyao Miyazaki (cuyo amplio estudio podéis seguir en la imprescindible 'El Cronicón Cinéfilo', de J.P. Bango), autor de obras como ‘La princesa Mononoke’, ‘El viaje de Chihiro’ o ‘El castillo ambulante’, entre otras, parece extinguido. Incluso en España también se producen, y con éxito, este tipo de filmes; como ‘El bosque animado’, por la empresa gallega Dygra Films y, de la mano de Filmax, ‘Pinocho 3000’ versión futurista del cuento de Collodi. “El ordenador ha supuesto una revolución, más que una evolución, en el campo de la animación. No cabe ninguna duda de que esta obra es lo más avanzado que se ha hecho jamás en animación por ordenador... hasta dentro de diez minutos… Con las herramientas digitales de que dispone, hoy en día en cine es viable hacer realidad todos los caprichos de la imaginación humana”, apuntaba uno de los productores de la saga ‘Shrek’ Jerry Katzenberg hace tiempo. Razón no le faltaba. Los avances en la creación de entornos orgánicos; vestuario en movimiento y la composición de texturas luminosas y verídicos, como el fuego, licuados de diversa densidad y demás entornos extraídos de la realidad han llegado a la recreación casi perfecta y parece no tocar techo a través, por ejemplo, del galardonado sistema de PDI llamado FLU (Fluid Animation System) por Dreamworks para que este ‘Shrek Tercero’ siga la línea evolutiva de su máxima competidora Pixar.
Las próxima paradas en esta frenética lucha de la animación digital llegarán, primero, el 3 de agosto con la nueva y esperada producción de Pixar ‘Ratatouille’, que dirige Brad Bird (‘Los Increíbles’) y que seguirá la vida de Remy, una rata que se pasa la vida en los ventanales de un restaurante francés de lujo y cuyo deseo en la vida es llegar a ser un gran chef. Después, el 17 de agosto, aterrizarán Raphael, Michelangelo, Donatello y Leonardo en la nueva versión de 'Teenage Mutant Ninja Turtles'. La batalla por saber cuál será la película de animación de 2007 está servida.