sábado, junio 30, 2007

Review 'Lonely Hearts (Corazones Solitarios)'

Infructuoso y anodino cine negro
Todd Robinson sigue los patrones del cine negro para ofrecer un paradigmático arquetipo de inoperancia con una historia de interés convertida en una aburrida cinta sustentada en los clichés y los tópicos del género.
‘Lonely Hearts’ cuenta las fechorías basadas en hechos reales de Raymond Fernández, un ladrón y asesino que actuó junto a su novia, Martha Beck en una truculenta serie de asesinatos llevados a cabo en los años 40. Los acontecimientos conmocionaron a la sociedad americana de entonces. Él, aficionado a la magia negra, sedujo a varias solteronas a las que estafó y abandonó en varios estados donde lograba persuadir a sus víctimas mediante el tradicional método de poner anuncios en la sección ‘Corazones Solitarios’ (de ahí el título) de los periódicos.
Ella, fue una de sus víctimas potenciales que cayó rendida antes los encantos de este criminal, haciéndose pasar por su hermana para seguir con el juego de embaucar a otras mujeres solitarias a las que empezaron a asesinar por una relación de obsesiva dependencia y celos. Es el argumento de este filme dirigido por Todd Robinson que supone una adaptación de estos hechos reales que ya plasmaron en la gran pantalla Leonard Kastle en ‘Los Asesinos de la Luna de Miel’ y más tarde Arturo Ripstein en ‘Profundo carmesí’ sobre los asesinatos de una de las parejas criminales más famosas de la crónica negra yanqui.
Las sórdidas andanzas de esta pareja disfuncional se inscriben bajo la mirada de Robinson en el más genuino cine negro y sus patrones. Lamentablemente, Robinson se limita en todo momento a entronizar el desgastado cliché y los tópicos más demoledores y rancios del género; desde la voz en off de un secundario –el talentoso James Gandolfini en un personaje sin ningún tipo de enjundia-, el seguimiento paralelo de los criminales y los detectives que siguen la investigación y el tono formal y visual con el que se ha reconstruido la época en la que se sitúa la acción. ‘Lonely Hearts’ es, con vergonzante énfasis involuntario, un inactivo telefilme de sobremesa con humos de sobrias virtudes.
Robinson podría haber profundizado de forma consecuente en la apasionante historia psicológica de esa pareja de asesinos que ejecutaban sus crímenes con inusual codependencia, pero prefiere desdoblar la atención en la decadencia psíquica y moral en la que cae el detective Elmer C. Robinson, dejando de lado algunos detalles de interés sobre la naturaleza insegura de Martha y sus enfermizos celos que truncan la carrera de estafas de la pareja, sustituyéndolos por un atemperado oscurantismo de sus acciones promovidas por la obstinación enferma romántica. Robinson abandona la perturbadora historia de dependencia de los amantes para centrarse en la historia del personaje de John Travolta que, cursiosamente, fue el abuelo en la vida real del cineasta, un hombre traumatizado por la violenta e inesperada muerte de su esposa que mantiene una infructuosa relación con su hijo rebelde en una subtrama que no hace más que entorpecer la ya de por sí inconsistente narración.
Todd Robinson ejerce su función sin muchas cualidades para captar la atención del espectador, sumido en todo momento en una apática actitud de funcionalidad, de vergonzante superficialidad a la hora de llevar a cabo sus pretensiones, desequilibrando la balanza al pretender operar en los entornos del clasicismo y mitificando sus líneas narrativas hasta seguir un deslucido ritual de gabardinas y sombreros, de iluminación y puesta en escena, consciente de su paupérrima visión de una clásica trama criminal que fundamenta su principal atractivo en encuadrar la espiral criminal y pasional. El cineasta es incapaz de transmitir interés en la explotación de la sanguinolenta demostración de amor ‘foo’ que golpea el contexto social y a aquellos a los que arrastra una investigación bastante accesible por la torpeza de los asesinos.
El problema fundamental de un filme tan olvidable como ‘Lonely Hearts’ es lo laxo de su conjunto, el desinterés con el que se narra la historia, el pobre guión disipado en la apatía de sus tramas, sus mediocres y forzadas interpretaciones y en ese olor a pútrido episodio de cualquier serie televisiva de nuevo cuño. ‘Corazones solitarios’ es un producto insípido y anodino, donde la credibilidad permanece ausente desde varios frentes; por ejemplo que Martha Beck era una enfermera, solterona, obesa y físicamente poco agraciada y, por arte de magia, Salma Hayek contonea su voluptuoso cuerpo y su dulzura latina sin lograr el objetivo de resultar peligrosa. También por lo arrítmico de los sucesos, por el tufo de sobriedad narrativa no fraguada y, por último, el festival de peluquines que brinda esta ridícula producción; los reales de James Gandolfini y John Travolta o el ficticio de Jared Leto.
“I’m no average killer!” dijo Raymond Fernández a los policías de Michigan que le arrestaron. Y esa mediocridad de la que renegó el asesino real es la que caracteriza esta insustancial y calamitosa película para olvidar.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007

miércoles, junio 27, 2007

La persona que más rápido habla del mundo

Hay personas de verbo fácil, de incontenible capacidad lenguaraz, fulminante en el manejo de la palabra… Todos conocemos a gente así.
Fran Capo es una secretaria y actriz capaz de soltar la sobrehumana cifra de 603 palabras por minuto.
Esto ya no es tan normal.

lunes, junio 25, 2007

'Blade Runner', 25 años después

Hoy se cumplen 25 años, nada menos, del estreno en cines de ‘Blade Runner’, una de las obras maestras de la Ciencia Ficción y de la Historia del Cine. Un cuarto de siglo de una pieza de culto, culmen del ‘cyberpunk’ en su perfecta adaptación de la novela de Philip K. Dick ‘¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?’.
La película de Ridley Scott (que también celebra el mismo aniversario sin hacer una película a la altura de aquélla), desplegó una coherencia irreprochable y una profusión de excelentes simbolismos impregnados en una atmósfera de sucia acuosidad, de sombríos tonos endurecidos por el fondo lúgubre de una existencia pesimista, empobrecida en una sociedad asolada por el ‘kippel’ dickiano que representan los desperdicios metafóricos que va dejando el hombre a través de su viciada evolución (o involución, según se estudie).
‘Blade Runner’ ha pasado a la memoria colectiva como una película irrepetible, construida sobre las bases del género policiaco, el clasicismo reinventado y el cine futurista anticipatorio y apocalíptico, a medio camino entre el realismo y las representaciones del ‘Metal Hurlant’ francés. Scott dejaría para la posteridad una lección de sobriedad y excelencia en la particular historia escrita por Hampton Fancher y David Webb Peoples que indaga de forma contundente en la diatriba entre lo humano y lo místico, para jugar con el espíritu emético de la ambigüedad de ambos conceptos.
Deckard (Harrison Ford) ha pasado a ser el símbolo del escepticismo nacido del alma de ese Philip Marlowe de Raymond Chandler, romántico y existencial, que sigue siendo un emblema del detective sumido en la amargura del conflicto interno que contrapone la impía ley que cumple y su ética condicionada por una aparente condición humana donde la realidad cotidiana es aborrecida sin atisbos de cambio. Tan sólo un resquicio de esperanza que reposa en el amor imposible con uno de sus objetivos a liquidar. ‘Blade Runner’ sigue ofreciendo en cada revisión ese imposible sentido lírico de la tragedia, cuestionando la evolución moral de una piedad aniquilada ante la naturaleza resignada de los Nexus-6, mucho más preocupados y temerosos por su longevidad, en buscar cuestiones afines a una condición humana más deshumanizada que nunca.
A modo personal, 25 años después, sigo teniendo una deuda pendiente; la de escribir un amplio dossier sobre este filme de trascendental influencia y entidad que marcó la vida de muchos cinéfilos que crecieron recordando con nostalgia toda la fuerza visual de aquélla inmortal historia de amor bajo las melancólicas notas de Vangelis.

domingo, junio 24, 2007

La (r)evolución de la Animación Digital

Cuando el píxel acabó con el lápiz
El estreno de ‘Shrek Tercero’ vuelve poner en la palestra la dilapidación que ha sufrido la animación tradicional en beneficio de la era digital, que se ha impuesto en un género en el que sólo se conciben los dibujos animados en tres dimensiones.
Hoy en día la animación ya no es, ni por asomo, lo que era hace unas pocas décadas. Parece que han quedado obsoletos aquellos trazos coloreados a mano con los que Walt Disney confeccionó el que sigue siendo el largometraje primigenio de un género que ha pasado por diversas etapas y crisis hasta llegar a la tecnológica y boyante situación actual. Corría el año 1937 cuando se estrenó ‘Blancanieves y los 7 enanitos’. Desde aquella célebre canción ‘Heigh-Ho’ y la vetusta tradición del dibujo animado enraizado a la memoria colectiva de varias generaciones hasta llegar a la revolución de Pixar de John Lasseter y su ardua y facultativa competencia por parte de Dreamworks y Blue Sky han pasado setenta años, donde la era digital ha terminado por vencer a la vieja escuela. La tecnología ha terminado de derrocar por completo a los dibujos animados conocidos hasta hace poco más de diez años. El píxel y la pantalla de ordenador se han comido, literalmente, a la tinta y al papel. Y parece que ya no hay vuelta atrás. Hoy en día, pocos parecen acordarse de los títulos que dieron a la factoría Disney la explotación de un triunfo constante en un terreno en el que nadie podía hacerle sombra: ‘La dama y el vagabundo’, ‘Peter Pan’, ‘El libro de la Selva’ y más tarde ‘La Bella y la Bestia’, ‘Aladdin’...
Una época dorada que se daría de bruces con la indiferencia de un público que cayó rendido ante las beldades tecnológicas de un camino alternativo en plena ebullición que despuntó con la llegada, en 1995, de la mano de la propia Disney, que apostó por Lasseter y su por entonces pequeño estudio Pixar, al conseguir llevar a buen puerto el primer largometraje de animación digital de la Historia: ‘Toy story’. Un éxito sin precedentes que cambiaría para siempre la animación, entendida como tal hasta ése momento. La animación tradicional había sido desplazada por la animación en tres dimensiones. Desde la notoriedad de las aventuras del vaquero Woody y Buzz Lightyear, los productores y distribuidores de Hollywood, dejaron de creer, al igual que el espectador, en las técnicas de dibujo de siempre para apostar por la novedad que arrasaba en taquilla. Gracias al Renderman, un software capaz de generar imágenes de alta calidad fotorealista, los técnicos de Pixar crearon un universo de experimentación en 3D, evolucionando hasta conseguir metas impensables. Desde entonces, Pixar ha sido la empresa hegemónica dentro de la lucha en la taquilla de la animación por ordenador; su alianza con Disney (que tuvo una ruptura de intereses solventada con la compra de la compañía de Lasseter por parte de la factoría del tío Walt) ha cosechado dieciséis Oscar, casi 3.000 millones de dólares y películas infalibles en el terreno comercial como ‘Bichos’, ‘Toy Story 2’, ‘Monstruos S.A.’, ‘Buscando a Nemo’, ‘Los increíbles’ y ‘Cars’. Pero el final de la Historia del papel y el lápiz dentro de la empresa que en el lejano pretérito se hizo famosa gracias a Mickey Mouse no ha caído en el olvido por parte de Lasseter. Una de las primeras decisiones que tomó Pixar tras la absorción de su compañía por parte de Disney fue la de reabrir su departamento de películas en dos dimensiones, cerrada tras el fracaso del filme 'Zafarrancho en el rancho', tendrá una esperanza de futuro en 'The Frog Princess', anunciada para 2009.
Por supuesto el suculento pastel de la animación no iba a ser cosa de una sola compañía. Steven Spielberg, el Rey Midas, se apuntó a la moda con su recién creada compañía Dreamworks y en 1994 ya tenía en plantilla a los especialistas digitales con más talento de Hollywood, que trabajaron en sus creaciones conservando el control comercial y creativo para no quedarse atrás en el evolutivo mercado de la animación, comenzando así una guerra comercial contra la todopoderosa Pixar. Sin embargo, los primeros títulos de Dreamworks no dieron los resultados esperados; ni ‘Hormigaz’ ni ‘Chicken run’ hicieron que Pixar viera peligrar su cetro de opulencia y demostración de saber hacer. También lo intentaron con la animación tradicional de toda la vida, en los fallidos intentos de ‘La ruta hacia el Dorado’ y ‘Spirit’, que sólo obtuvieron unos discretos resultados comerciales. Sin embargo, fue ‘Shrek’, un insolente ogro verde y bastante grotesco el encargado de reventar las taquillas hasta entonces reservadas a los filmes de Pixar. Nada menos que 479 millones de dólares a nivel mundial, popularizando a los personajes antiheroicos de un cuento que mezclaba ironía y tradición fabulesca subvertida, donde no faltaba mala baba y ataques humorísticos no sólo contra la Disney sino además contra la tradición popular de los cuentos infantiles. ‘Shrek’ que, obviamente, tuvo una secuela y que esta misma semana ha estrenado su tercera entrega, se ha convertido en la marca de la compañía y en el rival más temido de las producciones de Pixar.
La tercera compañía en discordia es Blue Sky Studios, fundada en 1987 por los encargados de los efectos especiales de ‘Tron’, convertida en un clásico por ser pionera en tratar el tema de la realidad virtual y que se ha unido al éxito cosechado por Pixar y Dreamworks gracias a la humilde fantasía prehistórica ‘La edad de hielo’ que, sin tantos medios como sus competidoras, ha logrado conseguir su mejor éxito hasta el momento con sus dos películas. Otros estudios como Columbia se dio de bruces con la impasibilidad del espectador cuando lanzó la espectacular y costosísima ‘Final Fantasy’. Paramount, por su parte, no llegó a los objetivos marcados con la menos ambiciosa ‘Jimmy Neutron’ o la Warner que dejó libertad absoluta a un peso pesado como Robert Zemeckis con ‘The Polar Express’, un reto que fusionó personajes reales convertidos en dibujos animados digitales gracias a la revolucionaria técnica del “performance capture” mediante la que la interpretación real de un actor captada por cámaras computerizadas para crear un personaje virtual, tampoco logró el éxito deseado.
Actualmente, nadie recuerda a Ken Knowlon, del Bell Laboratorios, que fue el pionero de este tipo de experimentos computerizados, desarrollando técnicas informáticas para producir películas animadas. En 1967 se daría a conocer ‘Cibernetics 5.3’, primer filme de animación por ordenador creado para UCLA Animation Workshop y Permutations de John Whitney. Es el germen de la perfección con la que se modelan en el presente las producciones digitales de animación, en un largo proceso en el que se establece el aspecto de cada personajes, decorados, colores, composición… desde el protagonista principal hasta una simple pluma de un pájaro. Así se pueden captar todos los movimientos y la sutileza de la expresión humana, hasta el más leve matiz, como la vibración de un párpado y, simultáneamente, movimientos faciales y corporales de múltiples actores en 3-D con una cobertura completa de 360º, lo que lleva a la animación a un resultado más realista y aún más capaz de transmitir todo tipo de emociones. Este verano, en una época que parece tener en la animación digital el único pilar para su éxito seguro, además de ese ‘Shrek Tercero’ que será la película familiar y uno de los ‘blockbusters’ seguros de esta temporada de estío, se estrenará, contra viento y marea, el día 27 de julio, ‘The Simpsons (The Movie)’, largometraje en 2D que reniega de las técnicas de animación en tres dimensiones para imponer su exitosa visión de los dibujos animados, en formato Cinemascope. Y, aunque esté coloreada digitalmente, sigue los patrones de la animación de siempre. La misma que ha seguido en su larga trayectoria televisiva y que la ha convertido en una de las series más inmortales y míticas de la Historia Catódica.
Una salvedad en un género que, exceptuando las producciones niponas del célebre estudio Ghibli, a manos de Hiyao Miyazaki (cuyo amplio estudio podéis seguir en la imprescindible 'El Cronicón Cinéfilo', de J.P. Bango), autor de obras como ‘La princesa Mononoke’, ‘El viaje de Chihiro’ o ‘El castillo ambulante’, entre otras, parece extinguido. Incluso en España también se producen, y con éxito, este tipo de filmes; como ‘El bosque animado’, por la empresa gallega Dygra Films y, de la mano de Filmax, ‘Pinocho 3000’ versión futurista del cuento de Collodi. “El ordenador ha supuesto una revolución, más que una evolución, en el campo de la animación. No cabe ninguna duda de que esta obra es lo más avanzado que se ha hecho jamás en animación por ordenador... hasta dentro de diez minutos… Con las herramientas digitales de que dispone, hoy en día en cine es viable hacer realidad todos los caprichos de la imaginación humana”, apuntaba uno de los productores de la saga ‘Shrek’ Jerry Katzenberg hace tiempo. Razón no le faltaba. Los avances en la creación de entornos orgánicos; vestuario en movimiento y la composición de texturas luminosas y verídicos, como el fuego, licuados de diversa densidad y demás entornos extraídos de la realidad han llegado a la recreación casi perfecta y parece no tocar techo a través, por ejemplo, del galardonado sistema de PDI llamado FLU (Fluid Animation System) por Dreamworks para que este ‘Shrek Tercero’ siga la línea evolutiva de su máxima competidora Pixar.
Las próxima paradas en esta frenética lucha de la animación digital llegarán, primero, el 3 de agosto con la nueva y esperada producción de Pixar ‘Ratatouille’, que dirige Brad Bird (‘Los Increíbles’) y que seguirá la vida de Remy, una rata que se pasa la vida en los ventanales de un restaurante francés de lujo y cuyo deseo en la vida es llegar a ser un gran chef. Después, el 17 de agosto, aterrizarán Raphael, Michelangelo, Donatello y Leonardo en la nueva versión de 'Teenage Mutant Ninja Turtles'. La batalla por saber cuál será la película de animación de 2007 está servida.

viernes, junio 22, 2007

Primera imagen de 'Indiana Jones IV'

Es el primero de los avances que llegarán a lo largo de este 2007 hasta mayo de 2008. También el post recurrente que hastiará por su multitudinaria exposición en millones de blogs. Muchas serán las fotografías, los teasers, las declaraciones, los trailers… en los próximos meses. Pero volver a ver en todo su esplendor a Harrison Ford con el atuendo del arqueólogo más célebre del cine invoca sensaciones de culto e idolatría que algunos parecían haber postergado para siempre.
Y es que, aunque Indiana se haya hecho mayor, sigue vestido con la ropa siempre, de cromatismo perenne, sombrero fedora y el látigo a la cintura. Como si no hubieran pasado los años, recuperando esa épica miasma visual que encontró por tres veces un equilibrio equitativo entre diversión, espectáculo, aventura, apoteosis y cine clásico.
Dieciocho años después se acerca la nostalgia convertida en héroe. En nuestro héroe favorito.

miércoles, junio 20, 2007

Review 'Ocean's 13'

Más de lo mismo, pero con estilo
Steven Soderbergh logra que el nivel de su saga con el grupo de atracadores de guante blanco más carismático de la actualidad siga rindiendo a un nivel más que aceptable.
No hay duda de que la banda de Danny Ocean es la más ‘cool’ de los últimos años y que para estar a la moda hay que seguir las tendencias comerciales de Hollywood. Por eso, era inevitable una tercera parte de las aventuras de este nuevo ‘rat pack’ capitaneado por el director Steven Soderbergh y el productor Jerry Weintraub, que se revela como principal responsable de aglutinar los rostros de George Clooney, Brad Pitt, Matt Damon y toda su ‘troupe’. ‘Ocean’s 13’ regresa con la vitola de facsímil de sus antecesoras, sin grandes aspavientos a la hora de ofrecer al espectador ese “más de lo mismo” que se sostiene perfectamente gracias a prolongar con cierta eficacia la misma fórmula que sus predecesoras, sin salirse de los objetivos, con el mismo estilo, mismos protagonistas, idéntico esquema argumental y una impecable exposición a la hora de explotar su receta cinematográfica. Y eso, en una temporada marcada por las delusorios y desastrosas terceras partes como ‘Spider-Man’ o ‘Piratas del Caribe’, es todo un logro. El secreto está en seguir las reglas preestablecidas, sin salirse de lo que se espera de todos y cada uno de ellos; de Soderbergh, su pasión por disfrutar con cada plano, de todos los momentos a los que atribuye una experimentación a modo de ejercicio de estilo con todo tipo de tonalidades, formatos y lentes. Los actores por su parte, vuelven a dejar claro la buena sintonía que tienen entre ellos, lo mucho que se divierten trabajando para el director de ‘Traffic’.
‘Ocean’s 13’ recurre así a un guión funcional, ajustado a unos propósitos básicos regidos por el simple entretenimiento, sin complicaciones de ningún tipo, basando su acción en la precipitación de los diálogos, en su medida sencillez donde lo de menos es desarrollar en exceso la trama ni personajes. Fundamentalmente, porque no importan. Aquí lo que importa realmente es pasárselo de puta madre. Si bien es cierto que el filme vuelve a aprovechar de forma sustancial la sofisticación, la elegancia y sentido del ritmo y el frenetismo de la acción o la indefinición de lo narrativo, también lo es que, a lo largo del metraje, estas nuevas aventuras de la banda de guante blanco más ‘glamourosa’ del cine actual, transmiten cierta sensación de reiteración en el espectador sobre todo lo que acontece en pantalla. Al igual que en la vida real, puede que el grupo que abrió esta saga haya madurado en exceso. Por eso, por mucho que esta tercera parte siga siendo una brillante evasión sin aspiraciones y la complicidad que han demostrado con anterioridad todos los integrantes de esta comparsa siga funcionando, no deja de resultar algo harto predecible.
Esta tercera función vuelve a las andanzas de la banda de Ocean, movida esta vez por la venganza, ya que el ambicioso dueño de un lujoso hotel y centro de juego de Las Vegas ha jugado una mala pasada a uno de sus componentes. Una película cuyo fondo argumental sigue exponiendo la fuerza de la camaradería masculina y la fidelidad entre amigos apoyada un reparto que no hace grandes ostentaciones ni aprovecha a sus ases comerciales como Pitt o Clooney, que no se lucen demasiado. Ni siquiera, las dos incorporaciones de la función, Al Pacino, ejerciendo de mezquino megalómano o Ellen Barkin, de metódica ayudante de éste, no aportan más que otra excusa argumental y de lujoso boato para el objetivo de distracción de tono ligero y despreocupado de la saga. La nueva película de Soderbergh y sus chicos, eso sí, han agotado el filón. Y lo han hecho con una inesperada decencia y dignidad, proporcionando otro combinado genérico, cínico y ágil, de deleitable consumo.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007

lunes, junio 18, 2007

Will Smith y el Cubo de Rubbik

Will Smith hace años que dejó de ser el célebre ‘Príncipe de Bel Air’. Pocos recordarán que su reconocimiento en el cine, más allá de su éxito televisivo, llegó con un filme dramático ‘Six Degrees of Separation’, donde interpretaba a un joven homosexual arribista y algo peligroso que irrumpía en la vida de un matrimonio de clase alta. Desde entonces, la carrera de Smith se encaminó hacia las altas esferas del cine comercial. ‘Dos policías rebeldes’ fue el primer taquillazo en el ‘box office’, pero no sería hasta ‘Independence Day’ cuando el bueno de Smith vería su nombre impreso al lado de las palabras ‘estrella de Hollywood’. Desde entonces, compaginando en un principio su carrera cinematográfica y musical (tiene dos Grammys como mejor cantante de hip-hop), comenzó a ser habitual en títulos principalmente de acción o en comedias. Ejemplo de ello son ‘Men in Black (I y II)’, ‘Enemigo público’, ‘Yo robot’ o ‘Wild Wild West’ y ‘Hitch’.
Pero a Smith siempre le han apasionado los retos interpretativos, como ese ‘caddy’ negro de ‘La leyenda de Bagger Vance’ y, sobre todo, los dos papeles por los que ha sido nominado a los Oscar como mejor actor principal ‘Ali’, de Michael Mann y ‘The Pursuit of Happyness’, de Gabriele Muccino. Dos roles en los que el actor afroamericano ha demostrado su valía y que ha abierto un nuevo camino para Will Smith hacia interpretaciones más complejas, que le han permitido alejarse de los papeles cómicos y de acción a los que había acostumbrado al espectador. Lo próximo se encuadra a los ‘blockbuster’ a los que está acostumbrado el bueno de Will: ‘Soy leyenda’, esa adaptación de la obra maestra de Richard Matheson que dirige Francis Lawrence que hace palidecer de terror y embargar en prejuicios a los aficionados al literatura y al cine de género.
Lo que pocos saben es que Smith es un excelente ‘rubbik’s cube maker’. Una gesta accesible para unos cuantos y perennemente imposible para otros. 55 segundos. No está nada mal.

domingo, junio 17, 2007

Conseguido: Nos quedamos en Primera

Por el suelo. Así he celebrado los dos goles del Athletic de Bilbao ante el Levante en uno de los partidos más agónicos (por lo espinoso de la situación si no se lograba la victoria) vividos en la Historia de un club que extenderá su perenne tradición en Primera un año más. El delirio y el desahogo se han vuelto a unir para constituir en comunión ese sentimiento de exaltación común, hermanando a los fieles seguidores de unos colores inomrtales desde los fastos del balompié español.
Como el año pasado, el Athletic se ha escapado del infierno de Segunda en el último instante. 109 años después, el equipo bilbaíno seguirá escribiendo sus páginas deportivas en la división de oro. La lectura de la temporada ha sido la misma que la pasada; la victoria de hoy supone la exultación final a un curso nefasto, en la que el pozo del fracaso siempre ha sido un engorroso aliado. Esta victoria que supone la permanencia ‘in extremis’ ha dejado otra gesta histórica. Sin embargo, abre, a su vez, otras cuestiones de cara a la siguiente campaña. En un histórico del fútbol como lo es el Athletic se recurre, por enésima vez, a una porofunda reflexión. A lo largo este desastroso itinerario, muchos han sido los que han coincidido en apuntar un necesario análisis de la situación del club y determinar las causas que han provocado otra temporada más para olvidar.
Como bien escribí en este blog el pasado año: “El Athletic vive un difícil equilibrio entre la tradición inalterable y el posible ‘aggiorgamieto’ de sus planteamientos como club. La nefasta gestión que tuvo Lamikiz, dentro del club, la discordia que existe entre algunos aficionados con los planteamientos del equipo y una división en cuanto a la posibilidad de incorporar jugadores foráneos sobrevuelan el momento actual del Athletic”.
¿Ha llegado la hora de poner en tela de juicio el viejo modelo del Athletic? Subjetivamente, me aferro a la tradición y a que todo siga como está. Si soy de este equipo es porque tiene unas señas de identidad inquebrantables y nostálgicas. Pero soy consciente de que en la actualidad es imposible pensar en una competición equitativa con posibilidad de títulos importantes en relación a los grandes equipos de la liga española. Tal vez la resistencia sentimental con la historia, con sus mitos y con el estilo de una ciudad refractaria con este tipo de cambios haya llegado a un necesario cuestionamiento que puede llegar en el mismo momento en que el colosal símbolo del Athletic, San Mamés, “La Catedral”, sea sustituida por el nuevo coliseo que sucederá al emblema del club, a un estadio que casi un siglo después ha visto lo mejor y lo peor (esta temporada) de un equipo de tradiciones como es el Athletic Club.
Se habla de cambios y de reflexión. Pero lo que está claro es que ningún aficionado a este club quiere repetir una experiencia tan traumática y desesperanzadora como la vivida en estas dos últimas campañas.
De momento, es hora de celebrar la salvación con unos buenos ‘katxis’ de kalimotxo, como he hecho yo esta misma tarde. Ya veremos lo que sucede el año que viene. Pero por siempre, y hoy más que nunca: ¡Aupa athletic!.

miércoles, junio 13, 2007

Review 'Half Nelson'

Entre el didactismo y la autodestrucción
Ryan Fleck debuta con un filme que evita el exceso de dramatismo para narrar una dura historia de desilusión y fracaso, de violencia y sufrimiento devenidos en un mundo de camellos y toxicómanos cercanos y llenos de humanidad.
Concebida, confeccionada y vendida como pieza nacida para ser denominada como “película independiente” y ser premiada y reconocida (como lo fue) en esa factoría desdibujada desde hace años que es Sundace, ‘Half Nelson’, debut de Ryan Fleck tras la cámara, recoge lo mejor y lo peor de esta definición que responde al constante esfuerzo por apartarse de la industria del cine. Por una parte, hay una intención manifiesta por desvincular su aparente típica historia de relación fraternal entre profesor y alumno para llevar la historia a un entorno de drogadicción, soledad, dependencia y dialéctica de fuerzas, sin dar cómodas explicaciones de sus motivaciones. Llevando sus situaciones al extremo. Empero, por otra parte, Fleck decide expresarse con un estilo impersonal a la hora de plasmar los sentimientos e inquietudes en pantalla, utilizando la cámara continuamente en acomodaticios y vibrantes movimientos, en inmutable desenfoque y primeros planos, producto de una corrompida finalidad con la que llegar al universo realista que analiza. Sin salirse, por supuesto, de los cánones imperantes en el esquematizado sistema de producción de este tipo de películas independientes.
‘Half Nelson’ es la historia de Dan Dunne, un profesor enganchado a las drogas que imparte clases de historia y entrena al equipo de baloncesto femenino en una ‘high school’ de barrio marginal. Dunne fue un idealista que no ha perdido su talento pedagógico, pero que ha equivocado el rumbo y se ha metido de lleno en la desmotivación y el nihilismo, en el asumido vacío existencial de un drogadicto que se aferra a su trabajo como único cimiento para soportar el día a día. Sin embargo, encontrará la complicidad y la empatía con una de sus alumnas que le sorprende en pleno ‘viaje’ de crack. Son elementos que podrían haber sido planteados desde la más descara simplicidad con la que muchas veces se abordan este tipo de dramas. En esos términos, no es una película original. Casi, todo lo contrario.
El guión del propio Fleck y Anna Boden entra en unos interesantes derroteros a la hora de indagar en su coherente reflexión sobre la imperfección, sobre el vicio al que avoca la soledad y el fracaso. La pérdida de motivación, la incomunicación, el fortuito encuentro con alguien a quién dar una lección vital se desliga de lo fácil para formular la brutal contradicción que supone la desesperanza de un hombre rendido ante el ‘crack’ que asume con lucidez que el único camino de coherencia es su adicción que se enfrenta cada mañana a la pretensión de un futuro mejor para sus alumnos gracias a los efectos benefactores de su educación de calidad. Una espinosa diatriba que contrapone la habilidad de instruir y el impedimento ilógico de emplear la enseñaza en beneficio propio.
Por eso, lo más destacado de un filme irregular, con problemas de ritmo (subsanados con narraciones por parte de cada alumno que cuenta a cámara un acontecimiento histórico que supuso una lucha triunfal de una minoría por la defensa de sus derechos civiles a lo largo del siglo XX), es la sutileza con la que el guión logra soterrar la violencia y sufrimiento devenidos en un mundo de camellos y toxicómanos, dos fuerzas contrapuestas como las que exhorta el profesor Dunne en sus clases de historia, su particular autodestrucción y la tentación fácil del mundo del tráfico a pequeña escala con el que coquetea esa alumna afroamericana que camina en la cuerda floja de su condición social. Personajes, en definitiva, que divagan el frágil equilibrio de la esperanza y el caos personal.
Pese a que podría haber aprovechado la subvertida concienciación política como imperativo moral, Fleck prefiere incidir en el drama, dejando a un lado la sensiblería trágica y mostrar una extraña historia amistad y enseñanzas propias y ajenas, donde los debilitados ideales han hecho de un perfecto ejemplo social un despojo que ni siquiera encuentra consuelo en una familia aparentemente normal (en otros tiempos también con inquietudes de cambio) que no sabe ver la espiral de soledad, falta de ilusión y carencia de fuerzas para enfrentarse a un futuro de dudosa oscuridad y angustia en la que se encuentra este profesor de instituto. Y todo ello, sin enjuiciar ni moralizar en ningún momento en su discurso narrativo desalentador y lúcido donde un ‘Half-Nelson’ es una llave inmovilizante de la que resulta imposible librarse.
Si todas las miradas han sido puestas en el talento del actor de moda, Ryan Goslin, que aquí profundiza a intervalos en el dolor interno del personaje, pero que se deja llevar por una excesiva énfasis y exposición de su tortura interior, es justo destacar, muy por encima del intérprete nominado al Oscar por este filme, a Shareeka Epps, dando vida a la alumna capaz de mover al profesor de su vacío, replantearse de sus ideales y vislumbrar con ello una fugaz esperanza de un hermoso final a tan traumática experiencia. Ellos son, con su lenguaje expresivo cargado de talento, el alma de un filme que, sin tener grandes dosis de brillantez, sabe transmitir aquello que se propone. Un hecho que honra a sus creadores y la hace merecedora de un obligado visionado.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007

lunes, junio 11, 2007

Papel higiénico, accesorio vital para la Humanidad poco reconocido

Esta misma mañana, cuando he acabado de hacer de vientre, llevado la curiosidad sobrevenida por una absurda pregunta que me he hecho en el váter, he investigado de dónde proviene el papel higiénico y en qué año se descubrió. Un tema escabroso por lo excrementicio de su funcionalidad, pero relevante por su importancia dentro de nuestras vidas.
Fue en 1890 y casualmente lo lanzó al mercado Scott, la empresa de los perritos esos tan monos que sirven de guía a los invidentes. También se comenta que en la Antigua Roma se utilizaba una esponja atada a un palo que se usaba para estos menesteres y luego se enjuagaba en un cubo de agua de mar. Debía ser una chabacanería escatológica porque, por supuesto, se compartía sin ningún pudor. Imaginadlo por un momento.
Escarbando en estos particulares anales (referido a la Historia, no vayamos a pensar mal), en 1391 los emperadores chinos ya ordenaron la fabricación de hojas especiales para el baño, de 0,5 x 0,9 metros de longitud, que iban aprovechando dependiendo de la cantidad evacuada y de los estigmas fecales adheridos al lugar donde la espalda pierde su nombre, mientras que los colonos norteamericanos prefirieron las mazorcas de maíz hasta bien entrado el siglo XVIII. Todo ello, muy lejos del papel actual fabricado con diversos tratamientos para obtener los tres tipos de pasta con los que se confeccionan; la química (tratamiento químico), la mecánica (desintegración/raspadura) y las intermedias o CTMP (tratamientos mecánicos, químicos y térmicos sucesivos).
Por eso, amigos, hay que pensar en lo venturosos que somos y la suerte que tenemos al contar con este importante accesorio para la higiene dentro de nuestro día a día. Un complemento de baño convertido en elemental, sí, pero relegado a la desatención por la regularización cotidiana que ha convertido al papel higiénico en otro pilar de comodidad asumida.
En el fondo, somos unos privilegiados y no nos damos cuenta.

jueves, junio 07, 2007

Review 'Pirates of the Caribbean: At World's End'

Tecnología digital, propósito comercial y anti-épica
Verbinski firma una tercera parte de estos piratas caribeños donde se ha perdido la frescura primigenia y sólo importa el espectáculo visual más allá de cualquier coherencia argumental y aventurera.
Cuando el todopoderoso productor Jerry Bruckheimer unió sus fuerzas al director Gore Verbinski con el inicio de la saga ‘Piratas del Caribe’, el género de aventuras de bucaneros y galeones se vio vivificado con un acertado tanteo postmoderno que mezclaba el más genuino clasicismo genérico con los preceptos de las superproducciones infalibles en taquilla. El resultado se saldó con una película contundente en sus propósitos y aspiraciones, de convencidas habilidades, en la que destacaró su categórica elocuencia y su imaginería, intrascendencia argumental, su inspirada cadencia rítmica y su desparpajo a la hora de actualizar los términos de aventura del pasado, sabiendo manejar sus defectos para transformarlos en virtudes. Por supuesto, el rotundo éxito, hizo que esta primera cinta se convirtiera, por arte de magia, en una saga formada por tres cintas uniéndose así a la desdeñable moda de las trilogías. Su segunda muestra, ‘El cofre del hombre muerto’ no fue todo lo desastrosa que uno podía esperar, ya que logró reunir algunos de los mejores elementos de su predecesora, como la comicidad física y el explosivo espectáculo que recurría a los efectos digitales para suplir las carencias argumentales y narrativas, pero sin la gracia de su primera función, aportando, eso sí, algunos instantes de júbilo aventurero sin ni siquiera justificar su propia existencia.
Siguiendo estos mismos cánones, su tercera (y esperemos que última) entrega titulada dentro del título originario ‘En el fin del mundo’ se rige por esa actitud de superflua continuación que prevaleció después de su estupendo origen de aportar, cuánto más mejor, un espectáculo lleno de fuegos de artificio. Tanto Verbinski como Bruckheimer eran conscientes de que había que rodar una tercera por encima de muchas cosas. Entre otras, de si había una buena historia o no. Y es que esta tercera entrega es una paradigmática muestra de reducción creativa al mínimo esfuerzo por parte de sus guionistas, Ted Elliott y Terry Rossio, cuyo esfuerzo es inapreciable en su reinvención del subgénero, dejándose llevar por las actuales directrices de las terceras partes; es decir la de la consecución de un paupérrimo producto de entretenimiento donde vale cualquier mecanismo si el resultado es la mínima eficacia en sus habilidades comerciales. Por ello, no dudan en surtir el nuevo episodio de aventuras con la esperada profusión de nuevos y viejos personajes, agotando el histrionismo de un rol principal que se ha convertido en una caricatura de sí mismo y donde no falten ni la tópica subtrama romántica, ni la titánica exuberancia de efectos digitales que aderecen todo tipo de carencias visible en una saga que, definitivamente, se ha perdido en sus ínfulas taquilleras.
Este final de fiesta en alta mar patentiza, de entrada, la creciente sensación de agotamiento que acompañan las aventuras de ese otrora sugestivo jeta vividor con amaneramiento llamado Jack Sparrow, al que acompañan la moralista y atrevida Elizabeth y el pazguato desaborido con complejo de huérfano llorón William Turner. Por supuesto, no se duda en recurrir al villano de la primera entrega, el Capitán Barbosa, que se une a la tripulación de Sparrow con el desesperado objetivo de salvarle del Limbo Infernal para reestablecer el orden marítimo de los piratas, amenazado por El Holandés Errante y Davy Jones, que actúan bajos las órdenes de la Compañía de las Indias. Es el pretexto de un argumento que se desenvuelve entre diversos caminos, sin un rumbo fijo, de forma acrobática y de serial piratesco, donde el énfasis por seguir los propios intereses de cada personaje hacen que el vaivén de posiciones en torno al cofre de Jones y la llave que lo abre, los correctivos contra maldiciones fraternas y traiciones varias acaben resultando, además de una maraña sin interés ninguno, un enloquecido guión determinado por sus excedencias de enmarañada exposición.
A lo largo de casi tres horas, donde caben todo tipo de ofrendas sin cohesión; desde el surrealismo psicodélico, a ese arranque ‘carpenteriano’ de tintes asiáticos de bajos fondos, al cine fantástico con aires mitológicos, al spaghetti-western descarado y sin complejos o la no menos inquietante recuperación de Jack Sparrow inmerso, poco menos, que en un purgatorio a medio camino entre ‘Matrix’ y ‘El Show de Truman’... Todo procura ser ofrecido al público como un espectáculo visual abrumante, determinado por el barroquismo al que se aproximan en esta ocasión las imágenes de un ostentoso producto de fastuosas pretensiones no tanto artísticas como comerciales. Pero en su desarrollo desmedido, Verbinski y sus guionistas lo único que consiguen es conferir a este mediocre filme un universo errático, sin atisbos de ningún soporte arquetípico o heroico que bien demostraron en la primera parte y en algunos instantes de la segunda, reiterando errores pasados y, lo que es peor, perdiendo la frescura y el carisma con que se concibió la saga.
Sólo en su último tramo, esta tercera parte de ‘Piratas del Caribe’ pone las cartas sobre la mesa y se destapa como lo que es; una superproducción de envidiable recreación digital en el que predomina el mismo histerismo tecnológico de un juego de ‘playstation’ (con esos planos imposibles recreados por ordenador en el duelo final de Jones y Sparrow), por encima de cualquier atisbo de congruencia épica, parodiando el género y olvidando, por momentos, la credibilidad de sus pilares primigenios. Un delirio en el que cabría destacar la extraordinaria partitura creada por Hans Zimmer (o sus ‘negros’, vaya usted a saber), el fantástico cameo de Keith Richards y la interpretación, a niveles muy superiores de los que le rodean, del mono de Barbossa que se llama Jack.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007

lunes, junio 04, 2007

Cuando Fritz desencontró a Marlene

“Esta película fue concebida para Marlene Dietrich. Ella me gustaba realmente. Quería escribir una película de ‘saloon’ con una historia sobre una mujer ya madura pero muy deseable y un viejo pistolero que no es tan rápido a la hora de desenfundar. Así que construí esta historia. Sin embargo, a Marlene le molestó pasar a una categoría de madurez que ella no asimilaba. Se creía la estrella de juventud que ya no era y se alió con actores para ir en contra de otros actores, de mí... hasta que el rodaje se hizo poco menos que insoportable. Estaba todavía bajo la influencia de Sternberg y decía “Oh mira, Josef hubieras hecho esto así” o “Esto Josef lo habría hecho mejor”. “Fantástico”, le decía yo, “pero yo soy Frizt Lang y ésta es mi película”. Quizá fue algo ambicioso al pretender trabajar con ella. Creo que nunca tuvo la suficiente confianza en mí… Y al acabar la película, jamás volvimos a cruzar una palabra”.
(Fritz Lang sobre su filme ‘Rancho Norotious (Encubridora)’, de 1952).

viernes, junio 01, 2007

El esperado regreso

La semana que viene... comienza el rodaje de la cuarta parte de las aventuras de Indiana Jones.