jueves, marzo 31, 2005

Review SAW

El ardid como entretenimiento
James Wan debuta con la sorpresa de la temporada, una ‘thriller’ moderno que utiliza la trampa y el engaño como sustento de una presuntuosa e inexistente innovación.
Los mecanismos del ‘thrillers’ de la última década y media se han homogenizado desde que en 1991 ‘El silencio de los corderos’, de Jonathan Demme y en 1995 ‘Seven’, de David Fincher, conjugaran un renovado estilo genérico con unas determinadas estrategias posmodernas apoyadas en la truculencia, su fuliginosa gama cromática con tonos desabridos, el impacto atmosférico y angustiantes contenidos ataviados con una narrativa innovadora hallada en argumentos donde el ‘psycho-killer’. El género se reconvirtió en un ‘serial-killer’ que se puso por encima de la omnisciencia de sus predecesoras, del atavismo que se había tanteado, pero que no encontró su paradigma hasta la llegada de estos dos filmes.
A partir de entonces, muchos han sido los simulacros a modo de facsímiles (‘El coleccionista de huesos’, ‘La hora de la araña’, ‘Copycat’, ‘El coleccionista de amantes’…), los que han proliferado dentro del ‘thriller’ mantenido en esos designios, difundiendo clonaciones con rara variación o cambios insignificativos. Estamos ante una época de miscelánea fílmica y de descarado pastiche, y ante esto lo cierto es que no debería despertar tanta sorpresa, y, sobre todo, tan apresurado preeminencia que productos como ‘Saw’ procuren redefinir todo lo expuesto hasta el momento. Hay que reconocer, de antemano, que la violencia de este tipo de filmes acumula cargas sucesivas sin ninguna intermisión al sentido argumental, ni al significado de la gradación, importunando al personal y regenerando lo que se procura como innovador en letárgico, precisamente lo que le sucede a la sobrevalorada ‘Saw’.
Cierto es que este primer trabajo de James Wan se adscribe descaradamente al subgénero de película de psicópatas y que no hay que tomarse en ningún momento muy en serio lo que en ella se ve. ‘Saw’ se inicia con un golpe de efecto (el primero de una larga sucesión), con dos hombres que despiertan encadenados a las cañerías de un mugriento servicio. Arranca de un modo eficaz e inquietante, ya que ninguno de ellos se conocen ni saben por qué están allí. En medio de ambos, el cadáver de un suicida con un arma y una grabadora en sus manos. Como la cosa no da para más, Wan y Leigh Whannell, firmantes del guión, recurren al ‘flash back’ como recurso que ilustre los hechos que den sentido a esta escena. Quince minutos después, curiosamente, saben perfectamente qué pasó el día antes y cómo han llegado allí. Es el primero de los volubles ardides que se van a utilizar a lo largo del metraje. Tras varios montajes paralelos, situaciones estrambóticas, tremebundos asesinatos, la policía sigue la pista a “Jigsaw”, el llamado “asesino del puzzle”, un psicópata que en vez de matar a sus víctimas prefiere situarlas en contextos llevados al extremo que deben superar para sobrevivir si no quieren morir. Por supuesto, aquí entran en juego móviles como la ética, la moral y los principios fundamentales del ser humano, porque el asesino ambiciona profesar una extraña condición de salvador y no de verdugo.
A lo largo de ‘Saw’, el espectador acude a una confusa elucidación sobre las personalidades de los roles (que se engañan entre ellos para despistar así al público –de repente, a mitad de la película sabemos que uno ha seguido un día entero a otro fotografiándole por causas de infidelidad no consumada-), sobre los motivos aparentes que ha utilizado el malvado asesino para crear sus macabras y elaboradas torturas para acabar con la vida de sus anteriores víctimas y de las reglas de un juego que interesa en mínimos intervalos. En la película, todas las víctimas deben afrontar una aterradora alternativa de la que depende su vida. Tal vez la pretensión de Wan era la de ofrecer un nuevo punto de vista del género, dando todo el protagonismo a las víctimas y dejando que la policía quede en un segundo plano, pero no desdeñándolo, no sea que haya que recurrir a ellos para crear subtramas que favorezcan el artificio y poder así jugar con el espectador al engaño.
También cierto tipo de crítica se ha empeñado en comparar este debut con el cine de Dario Argento, tal vez por esa directriz mórbida que despierta ciertas situaciones a partir de las cuales se origina el argumento, también porque su clave reside en la exasperación de un instinto de superviviencia angustioso, contrapuesto a la locura que envuelve a sus víctimas. No obstante, esta comparación es errónea e improcedente debido a que el distanciamiento se hace evidente cuando se define a Argento como un creador a medio camino de lo clásico y lo moderno, preceptor de una dramaturgia sustentada, eso sí, en el asesinato, pero buscando una brusca transgresión de las convencionalismos narrativas del ‘thriller’, cosa que en el filme de Wan no pasa, ya que el joven realizador se encuentra muy cómodo surtiendo de todo tipo de mixturas y argamasas genéricas su filme.
En su faceta artística, el guionista Leigh Whannell, un irreconocible Cary Elwes (que se ha puesto como una foca de gordo), Monica Potter y Danny Glover ejercen su función discretamente, sin ningún alarde que les haga destacar. Por su parte, la puesta en escena y la imaginería de James Wan se define en esos ‘flahsbacks’ de ida y vuelta, en la saturación de colores, en el montaje acelerado o ralentizado (según convenga o mezclados si hace falta), en la música atronadora que pretende incomodar al espectador por lo que él considera muy desagradable, psicológico y terrorífico. Pero no es así. A pesar de una atmósfera opresiva y los constantes alardes de una dirección carente de vigorosidad y eficiencia, este producto independiente (muy barato, gran virtud del filme, ya que no tiene nada que envidiar a cualquier gran producción) se basa en el engaño y que se sustenta en giros de guión que no resisten un mínimo análisis. Y una cosa es jugar a pasárselo bien y otra muy diferente es intentar tomarle el pelo al público.
El aficionado más versado en este tipo de cine está demasiado insensibilizado al cúmulo de exacerbaciones, homenajes sinsentido o los requiebros imaginativos de unos perspicaces guionistas que han tenido la suerte de que ‘Saw’ haya colado como la gran sorpresa del año. Este enésimo nuevo hallazgo del cine de género recurre a la pesadilla como eje de una trama en la que la claustrofobia y el ‘grand guiñol’ dejan un evidente regusto de reincidencia en segmentos de otras películas, donde el acervo visual y argumental es indescifrable en su desarrollo. Vaya, que todo lo que va sucediendo en esta película es inverosímil, como ese final sorpresa que ha desvelado, por imperativo de guión, un personaje (el de Dina Meyer) que se encarga de dar la clave (es previsible si sólo tiene una frase que dice “el asesino siempre se reserva un sitio de lujo para sus atrocidades”) a mitad de la película. La apelación al recuerdo por si el espectador se ha despistado entre tanta trampa, también se da en esta película de moda. Wan y Whannell lo intentan, pero yerran en sus propósitos.
Se dan dos preguntas cuando uno sale de ver el debut de James Wan: ¿‘Saw’ funciona como mero entretenimiento? Por supuesto, se pasan 100 minutos atento a la pantalla con interés ¿Es tan buen ‘thriller’ como se dice? Rotundamente, no.
Miguel Á. Refoyo © 2005

Esperando 'Sin City'

Tanta crítica positiva llegada del otro lado del charco y sobre todo las excelentes vibraciones e imágenes (no os perdáis esto) que nos están llegando, hacen que el día 22 de julio (fecha en la que se estrena en España) se vea excesivamente lejos para disfrutar de 'Sin City'.
El otro día un amigo, irreflexivo en sus palabras, me decía que se iba a bajar de internet la ansiada adaptación del cómic que han llevado a la pantalla Robert Rodríguez y el tío Frankie. Ha sido la gilipollez más grande que he oído en toda la semana.

Errores

Ayer fue una jornada aciaga en mi entorno tecnológico. Durante el día y en una inolvidable y apocalíptica jornada se me acabaron las pilas del reloj digital Casio, mi cadena de música parece que ya ha dicho ¡basta! y no acepta CD's (ni siquiera los originales), mi vídeo VHS del salón parece haber entrado en un constante 'stand by', la bombilla del frigorífico se ha fundido, un calambrazo saltó a mi mano derecha cuando manipulaba un flexo, provocando un susto no menos divertido, el blogger no funcionó en todo el día (al menos para el Abismo) y, por si fuera poco, Nedstatbasic no me ha contado las visitas en más de ocho horas...
Todo en un día.
¿Qué está pasando aquí?
Suena como cuando Murray Futterman (el gran Dick Miller) le advierte a Billy Peltzer sobre los 'gremlins' que existen en la tecnología.

Se acrecenta la fiebre 'Star Wars'

Quedan menos de dos meses para que se cierre la segunda trilogía de ‘Star Wars’. Menos de dos meses para que vislumbremos la ansiada transformación de Anakin en Darth Vader y su caída en el Lado Oscuro.
La enfervorecida curiosidad de todo el público mundial por saber cómo acaba esta fantasía de ciencia ficción llegará a su fin con ‘Episodio III: La venganza de los Sith’.
Este itinerario deja, como es habitual en el Imperio de George Lucas, pequeñas exquisiteces para los coleccionistas ávidos de novedades en el lustroso mundo comercial que origina la saga galáctica.
Primero fue Darth Tater. Ahora, los coleccionistas de los dispensadores PEZ (genuina excentricidad nostálgica) tienen su edición limitada consagrada a la odisea espacial.

HELLRAISER: Hellbound's Heart (y II)

El corazón de Hellbound. La mitología 'barkeriana'.
En el principio de los tiempos había un Orden Perfecto. El Leviatán no era una deidad monstruosa, sino todo lo contrario, una majestuosa fuerza que, a modo de laberinto, atestiguaba la perfección humana y el bien absoluto, la libertad y la esencia del ser. Una creación perfecta de modelo y lógica, como era él. Pero llegó un momento en que nuestro mundo, caótico y colmado de guerras y tentaciones, fecundó con semillas de maldad un odio imparable, creciendo exponencialmente y precipitando las fronteras de nuestras propias dimensiones. Al principio, el Leviatán pudo detener el ataque, pero no todo iba a ser tan fácil. Extendiéndose a su propia esencia, creciendo adulterado, el propio Leviatán puso a prueba a sus enemigos creando al hombre, un ser débil lleno de miedos y sueños, carente de fuerza y exánime ante las tentaciones del mal. En el sueño del Hombre habría una voz suave. Ésta se oyó y susurró los secretos de la Ciencia, los enigmas de Lógica y la llama de Prometeo.
El hombre recibió con los brazos abiertos todo este torrente de conocimiento y lo usó para dominar el pensamiento moderno, para convertirse en dueño y señor de aquello que le rodeaba. El mundo dejó de ser una amenaza para el hombre. Ni los más recónditos lugares de los pensamientos oscuros atemorizaban al ser humano, ni siquiera aquellas mentes retorcidas capaces de hacer el peor de los males en este mundo. En el cosmos se impuso la llamada edad de la Razón, donde las puertas ya no permanecerían cerradas para el miedo, descubriendo las mentiras del ‘Otro Lado’, cosa que aprovecharon para saber aún más, para trazar nuevos conceptos jamás explorados. Pero las puertas se cerraron y algunos enigmas nunca se resolvieron...

El mundo se volvió virulento por las Guerras, un hecho que favoreció el Orden de Leviatán, haciéndose cada vez más fuerte. La gran deidad visitó al Hombre una vez más en sus sueños. Encadenado por las leyes del Universo, limitó a éste a permanecer en su Laberinto, lleno de ilusiones y de visiones, haciendo de éstos su única realidad, lo que estaba a su alcance, como un ardid de todo lo que le rodea. Este Orden, a priori beneficioso para el ser humano, le inspiró para caminar, analizando y estudiando, el anverso de lo que otrora consideraron dioses. Es decir, las lunas y los planetas, las estrellas e inmensidad del espacio. Desde ese mismo instante, el hombre abrió los ojos y manifestó admiración, dejando para siempre de estar seguro del testamento de la Humanidad, de su propio conocimiento. Cada guerra necesita un ejército y esta guerra del Caos no era diferente. Era la culminación de la carne del Hombre y, desde ese mismo instante, los oscuros espíritus del mundo de Leviatán, obteniendo sus objetivos, empezaron a aparecer en la conciencia humana. Espíritus sin edad ni corazón. Y lo que era peor, inmortales. Condenados a ejercer su influencia en la mente humana, condenados a vagar por los pasillos del Laberinto. Estos diabólicos seres, estos entes serían llamados por el gran Leviatán los Cenobitas de su religión, con una misión muy clara: ayudarían a equilibrar y aplacar, de forma brutal e insana, el deseo y el dolor de la propia condición humana.
Sin embargo, los Cenobitas, no serían lo que en un principio podría pensarse de ellos. Recogiendo lo peor de todos los espíritus del Mundo de Leviatán, se unificaron en varios entes con un solo líder, un espíritu que guió a los Cenobitas por el camino de la justicia y el castigo, apoderándose de cada alma a la que tenían acceso. El adalid de todos ellos vino a ser llamado Pinhead, pero también, junto a su horda de componentes Cenobitas, se le asignaron varios nombres como Pontífice Oscuro del Dolor, Príncipe de la Dolencia y el Papa Negro del Infierno. Algunos lo llaman el Hijo del Favoured, Vasa Inquatitis o Xipe Totec, que vino a asemejarse al dios azteca conocido como “Nuestro Dios, el Desollado”. Aquellos que desconocen su existencia y se atreven a osar con la complacencia de la yuxtaposición de dolor y placer pasaran a formar parte del séquito de sus torturas, de la depravación más dolorosa que jamás imaginó el hombre, encerrado en una odisea de experimentación y libertinaje. La purgación de la carne es la misión de Pinhead, sujeto al Testamento de Leviatán, a las normas del Infierno.
“El placer es el Dolor y largo es su camino”, es el emblema del hombre con ‘alfileres en la cabeza’. Santo o impío, esta figura del Infierno sólo ejerce de preceptor a la hora de aplicar las normas que rigen Los Avernos, de dar la bienvenida a todo aquel que ose a abrir las puertas desde el mundo material, desde nuestro lado, en el que sólo el ser humano tiene la llave para acceder a los tártaros. Ésa llave es la tentación, la excitación y la búsqueda del placer en sus infinitas formas. El Leviatán utiliza como elementos de proselitismo las debilidades humanas como el deseo, la obsesión o la avidez. Aquellos que traspasen las puertas de lo prohibido en estos conceptos, aquellos que soliciten experimentar placeres del Más Allá nunca conocidos por el hombre, serán expiados de la forma más escabrosa posible por los Cenobitas. Esa forma accesible a los que no temen traspasarla, de explorar los placeres que van más allá de las maravillas oscuras y los milagros negros, trajo consigo un Guardián, una forma diabólica de imponer sus condiciones, de castigar a quien transfiriera los límites. Pero no necesariamente los Cenobitas, sino criaturas con el propósito de salvaguardar y proteger los enigmas infernales. Los enigmas, perfectamente ocultos, no entraron en el inicio de los tiempos como objetos físicos, sino que llegaron a nosotros como ideas, inspiraciones, sueños y visiones.
Una de estas visiones llegó en forma de escabrosa idea a un francés fabricante de juguetes que buscó durante toda su vida la forma de abrir las puertas de lo desconocido. Su nombre era Philip LeMarchand y fue el elegido infernal para dar a conocer el misterio de los misterios.
LeMarchand construyó una pequeña caja en forma de cubo en la que introdujo todas las respuestas innombrables, con unas instrucciones específicas para usarlo. Fue él quien trajo a nuestro mundo la ‘Caja de LaMarchand’ y sus contenidos conocidos como las ‘Configuraciones del Lamento’. La Caja fue reproducida de forma falsa varias veces extendiéndose a lo largo y ancho del mundo, confundiéndose y perdiéndose en los confines del Universo, extendiendo la Leyenda del Leviatán hasta convertirlo en una profecía del mal. La caja cayó en manos de un veterano de la Gran Guerra llamado Elliot Spencer, con una cicatriz interna que le marcó para siempre. Desprovisto de inquietudes en un mundo material que aborrecía, Elliot pensó en vivir su apática vida postbélica (repleta de graves problemas psicológicos y trastornos varios) descubriendo nuevos placeres, sintiendo su existencia forzado a experimentar otras alternativas de erudición antigua. Cuando llegó a sus manos la mítica caja de LeMecharnd, no tuvo problemas en descubrir el enigma que le abriría las puertas del Infierno, los secretos para introducirse en un mundo paralelo al nuestro, para fundir su alma con el espíritu de Xipe Totec, volviéndose ambos uno sólo. Pasó a llamarse Pinhead y se consolidó como el líder de la filosofía del Leviatán, pero con rasgos humanos y con ciertas gradaciones de incorruptibilidad a la hora de someter a juicio el alma que descubriera los secretos que un día hizo suyos. Una vez inmerso en el otro lado, una vez que traspasó las puertas, su carne se desgarró separándose su anterior personalidad y dejando la pureza de la ecuanimidad, la filosofía Cenobita, al emblema de la caja, a la consecuencia del Leviatán, del Amo.
Las almas que caen en la tentación y entran en el cosmos del Leviatán no siempre encuentran la expiación de dolor y placer. A veces, los propios humanos sufren hasta el infinito y sirven como juguetes de los Cenobitas, sometiendo a éstos a un padecimiento jamás imaginado, condenados a vagar por los pasillos del laberinto toda la Eternidad. Otros, por el contrario, logran hacer realidad sus propios infiernos personales mezclando tormento y dolor como catarsis a sus propios fantasmas. Entre todos estos espectros de dolor, el Levitan escoge a alguno de ellos para convertirlo en Cenobita. Pero muchos otros son absorbidos para licuar su sangre y sirva de componente del gran Diamante, del propio Leviatán.
Cuando un cuerpo humano se desgarra de este mundo, deja atrás una semilla. Un pequeño signo de su existencia, de la vida que ha perdido, pudiendo ser desde una gota de sangre o saliva, incluso de esperma... Una semilla que, si se nutre apropiadamente, es lo suficientemente lícita para devolver el alma del condenado. De la propia materia vital, el alma recobra su vida, alcanzando así un terrorífico nacimiento a partir de la esencia. Pero si esto sucede, si un alma escapa a los atrios del infierno, las leyes maléficos de los propios Cenobitas indican la posibilidad de acceder a nuestro mundo para dar caza y destruir a los prófugos de la maldad.

miércoles, marzo 30, 2005

HELLRAISER: Hellbound's Heart (I)

Casi dos décadas desgarrando almas
A punto de cumplirse las de dos décadas de su nacimiento este clásico del cine de terror sigue siendo una de las películas más influyentes del cine contemporáneo y sí, lo reconozco, es una de mis películas predilectas, a las que recurro constantemente, que más me han aportado como varias esferas de mi vida(personal, física e intelectualmente, como 'freak', como pobre diablo...).
Con el paso de los años, una obra como ‘Hellraiser’ se ha extendido a una cultura que vislumbra iconos pesadillescos y mitos capaces de estremecer conciencias desprovistas de emociones escalofriantes. Ahora mismo, nadie duda en determinar que esta cinta es una pequeña obra maestra del género. El luminiscente héroe ‘onírico-infernal’ de los clavos en la cabeza (el eterno Pinhead) nacido en una inolvidable década tan proclive para el terror como fueron los 80, ha engrandecido su efigie a lo largo de dos décadas para pasar a ser uno de los iconos fundamentales del cine apocalíptico y sangriento. En 1987, la New World Pictures trajo al mundo la ‘opera prima’ del que es uno de los genios más importantes de la literatura contemporánea, Clive Barker.
En aquélla se narraba la historia de Frank Cotton (Sean Chapman), un hombre que, aburrido de su vida cotidiana, viajaba a Oriente para conocer sus exquisiteces y perversidades. Allí, en lugar de nadie, un asiático le vendía una caja que, según la leyenda, le abriría las puertas del Infierno, ofreciéndole la posibilidad de disfrutar del placer y del dolor en una dimensión desconocida por el hombre. La curiosidad de Frank hace que resuelva el enigma de la caja con la consiguiente manifestación de los Cenobitas, seres infernales encargados de llevar la fruición del sufrimiento a quien los invoque. La casa desde la que Frank fuera llevado al Infierno, es habitada por su hermano Larry (Andrew Robinson), su hija Kirsty (Ashley Laurence) y su segunda esposa, Julia (Clare Higgins). Frank revivirá recobrando su humanidad gracias a la siniestra ayuda de ésta última, que fue su amante durante una época pasada. Renacido de entre los muertos, Frank no imagina que la inocente presencia de Kirsty iba a ser funesta para sus intenciones de regresar al mundo de los vivos, ya que la joven entregará a su tío a los Cenobitas para salvar su alma del enigma que reside en el misterioso receptáculo...
Este era el comienzo de la saga ‘Hellraiser’, un fascinante viaje a través de la transformación del cuerpo humano y el alma en su fase más salvaje, más dolorosa: placer y dolor en un solo concepto jamás experimentado por ningún hombre. Clive Barker estaba ya consolidado como uno de los herederos directos y a la vez congénere de Stephen King (quién llegó a decir “He visto el futuro del terror, y su nombre es Clive Barker”) cuando escribió esta inolvidable historia de horror, destinada a ser un clásico de dos ámbitos tan difíciles de vincular como son la literatura y el cine. El neófito realizador, al cual se le achacó en su momento su nula experiencia en el campo del celuloide, otorgó a la iconografía del fantaterrorífico (muy cerca del ‘gore’ –aunque nunca incluida en este subgénero-) una profundidad temática y estética revolucionaria, recreando una novedosa visión del terror basado en la insania fría, distante y en muchos momentos aberrante, en la que cada elemento que rodea la historia tiene algo de lúgubre y desagradable. Cada uno de los personajes se muestra de forma tenebrosa y sólo existe una cierta equidistancia del público con respecto a la cándida Kirsty (la hermosa actriz de culto, la musa de muchos sueños generacionales Ashley Laurence). Es cierto que el neófito director y novelista dirigió esta opera prima sin tener un conocimiento exacto del lenguaje cinematográfico, pero esto, si bien a veces evidencie una falta control de la acción visual sobre el argumento, sirve para ofrecer una perspectiva cristalina del espíritu global de ‘Hellraiser’ y su significado.
La aterradora serie supone un trayecto por el lado más oscuro hacia la esencia de la razón y de locura, para experimentar nuevas dimensiones del ser y del placer, personalizados en unos entes demoníacos (los legendarios Cenobitas) llamados para sobrecoger a las incautas e imprudentes almas ante lo que puedan descubrir. La transformación como producto directo de los más ocultos miedos humanos es el verdadero significado de ‘Hellraiser’. La saga (ocho entregas hasta la fecha), que tiene su mejor ejemplo en la fundadora de toda la leyenda, explora este miedo mostrando la consternación y la tribulación en momentos inolvidables gracias, en gran parte, a los excelentes efectos especiales de pura artesanía creados por Bobb Keen.
Clive Barker definió el Infierno en la serie ‘Hellraiser’ de una forma novedosa, más espiritual que fabulesca, muy diferente (pero a la vez paralela) a la creencia cristiana. En ‘Hellraiser’, aquellos que traen el averno destinan la voluntad humana a un caos de sufrimiento en el que la representación de las llamas eternas es sustituida por las torturas a las que someten los siniestros Cenobitas, descritos por el propio Barker como “demonios para algunos y ángeles para otros”. El extenso universo generado por el literato está dominado por Leviatán, un dios ávido de torturas y deseos, materializado en un octaedro punzante. Y la única forma posible de abrir las puertas del Infierno, de acceder al Leviatán oculto, el que se esconde en nuestro morbo más escabroso, es a través de la resolución de un puzzle, un enigma inscrito en una caja llamada la ‘Configuración del Lamento’ que descubrirá los Milagros Negros y las Maravillas de la Oscuridad. Clive Barker se acercó con el mito y la doctrina de aquella película a aspectos filosóficos hasta entonces poco abordados en el cine, basados más en la ideología de Jung –complejo entendido como constructor de los sueños y los síntomas- que en la factible teoría de Freud y su vertiente sexual, todo siguiendo una particular imaginería inscrita en las mitología sumeria.
‘Hellraiser’ explora la colectividad inconsciente, en la que los sueños tienen tanta importancia como la realidad que nos rodea. Gracias al ingenio del escritor británico, el ‘fantastastique’ se aproximó al terror de una manera virtuosa, ejecutando un análisis introspectivo de esperanzas y miedos, de sueños y realidades. A pesar de tratarse de un filme relativamente pequeño (debido a su escaso presupuesto –1 millón de dólares-), en su núcleo argumental esta obra cumbre incluye una deliberación de todo aquello que circunscribe los secretos de Ciencia, los enigmas de Lógica y la llama de Prometeo.
‘Hellraiser’ sirvió también para que muchos descubrieran una de las alegorías del género más carismáticas y menos conocidas de la tradición del terror. Reiterado el símbolo del ‘psycho-killer’ mesiánico y enajenado que cometía sus barbaries en un mundo real y cotidiano (Jason Voorhes, Michael Myers o Leatherface), Barker optó por un ser infernal, dinámico, de personalidad arrolladora y de estética fastuosamente cuidada. Pinhead (‘cabeza de alfiler’ en su traducción literal) embelesó a los amantes de un género necesitado del cambio que transfirió esta cinta clásica. Muchos conocen a Pinhead, pero pocos saben que en realidad Barker le dio un pasado enigmático, ya que se trata del Capitán Elliout Spencer, un soldado que luchó en la segunda Guerra Mundial. Después de la guerra, aburrido y en constante crisis, encontró la leyenda del Infierno, la caja que abre las puertas hacia la dimensión de placer y tortura. Con el paso de los años sería uno de los Cenobitas más carismáticos del Tártaro, pasando a ser conocido como Pinhead, pero también Pontífice Oscuro del Dolor, el Papa Negro de Infierno, Vasa Inquatitis o también Xipe Totec. Pero no es el único. En el Infierno de ‘Hellraiser’ hay más Cenobitas iconográficos que mortificarán las almas que osen descubrir el enigma de la caja: son The Chatterer (que bate sus mandíbulas constantemente, castañeando los dientes como si fuera una trituradora), Butterball, la Cenobita Ángel y el satánico Channard.
El caso es que no sólo estos iconos tienen una leyenda propia en las páginas del ensayista inglés, llegando a escribir sus nombres con letras de oro en el género del terror, sino que el propio Clive Barker tendrá su lugar como uno de los maestros más incorruptibles de la historia de la literatura y el cine.
Si no conocéis ‘Hellraiser’, es el momento de que abráis la ‘Configuración del Lamento’...
Y mañana más…

martes, marzo 29, 2005

Conservación animal

¿Qué se muere tu gato, perro, hámster, periquito, oso hormiguero o demás animales domésticos que ejerzan la función de devota mascota?
No te preocupes. Podrás tener presente a tu querido e inseparable amigo gracias al potencial inventivo de Jeanette Hall, una bella taxidermista de Spring Creeks (Nevada) que tan pronto te hace una figura disecada del difunto animal, embalsama una cabeza del ciervo que hayas cazado en el coto privado de tu jefe para que luzca en tu salón del chalet de la sierra, como conserva un pavo real de tal modo que parezca que siga entre nosotros. Pero la gran novedad es que también diseña cojines confeccionados con la piel de tu servil perrito o gatito, para que puedas acariciarlo y olerlo aunque ya no esté.
Sólo te cobra 65 dólares por una mascota doméstica y el sorprendente precio de 150 si quieres disecar tu caballo.
¿Qué os parece surreal y absolutamente delirante? Lo es, amigos, lo es.
Pero es que Jeanette lo vale.
Pensándolo bien, que lo más 'cool' sería tapizar el coche, en su exterior (por supuesto) con piel de animal. Pero claro, eso es ya imposible.

lunes, marzo 28, 2005

Adiós al pionero de la 'radiofórmula' española

“Gua... guaaa… guaaaa… Tú y yo lo sabíamos… Es lo más… 3, 2 o 1…”. Ya no volveremos a escuchar estas expresiones, ni esa curiosa palabra “musicine” que acuñó el hoy fallecido Joaquín Luqui cuando se refería a las bandas sonoras.
Viendo las noticias he recordado al catedrático que nos dio radio en la facultad de comunicación durante mis años universitarios. Se obstinó desde un principio (no os imagináis con qué desmedido fervor), en dejarnos bien claro que el original individuo con cara de buen amigo y pelo a lo ‘profesor chiflado’ Emmet Brown fue una figura fundamental, paradigma de la radio española. La radiofórmula nació con Luqui en nuestro país que importó una forma de contribuir a que la radio musical moderna entrara en la ‘Deep Spain’. Es el adiós de un astro de las ondas y de una de las personalidades más queridas del país. Me he preguntado ¿Hay alguien al que le cayera mal este ilustre hombre de radio? La respuesta parece clara.
Recuerdo haberlo visto hace un par de años con acompañado del Foro de la Bestia tras una cena de antología, alguien dijo: “Mira, JL, Joaquín Luqui en directo” (creo que fue el gran Suda Sánchez) y otro, mi memoria no alcanza a saber quién, gritó “¡Gato malo!”. Nada tenía que ver con su figura, ni con sus frases. Simplemente nos encontrábamos todos sobradamente ebrios. Luqui no dudó en girarse y saludarnos con el brazo en alto gritando un “Pasadlo bien, chicos”. Dos segundos después nos hicimos una triste foto cruzando un paso de cebra, intentando reproducir la del 'Abbey Road' de los Beattles. No lo conseguimos. Sé que es una historia mínima, absurda, improcedente a la grandeza del comentarista musical, pero es la única personal que tengo sobre él. Estoy convencido de que si hubiera sabido cuál era nuestra intención fotográfica, se hubiera unido al grupo.
El caso es que Luqui ha sido el más carismático, el hombre a contracorriente, la imagen heterogénea, rayana en el horterismo pero que le conferían un áurea de hombre al que se le adivinaba feliz. Más de 35 años en Los 40 Principales, aficionado a las ciencias ocultas (extravagante coincidencia que ayer muriera Jiménez del Oso), el más ‘fan’ del quinteto más grande de Liverpool (por el que se le conocía como “el quinto Beattle”), de Paul Anka, de Rolling Stone o de Bruce Springsteen, entre otros. O sus programas; ‘El Gran Musical’, ‘JL en FM’, ‘Radioshow’, ‘Fan Club’, ‘Fórmula weekend’, ‘Los mundos de Luqui'...
En fin, qué voy a contar yo en este espacio que no se haya dicho ya. Sólo quería dedicarle unas líneas a este entrañable personaje que nos ha dejado.
D.E.P el gran Luqui.

domingo, marzo 27, 2005

En busca de los Ummitas

Para ‘El círculo de las doncellas’, uno de los guiones de largometraje escrito con mi coguionista Chema Guevara, nos instruimos mucho acerca del mundo de la parapsicología y de los timos en este terreno. El personaje principal es Fermín Carrasco, un pobre diablo que se dedica a recrear psicofonías falsas y que admira, sobre todas las cosas, a Fernando Jiménez del Oso. Leímos bastantes números de las revistas ‘Más Allá’, ‘Espacio y tiempo’ y 'Enigmas’ (entre otras), las publicaciones de este psiquiatra experto en parapsicología que ha muerto hoy a los 64 años de edad.
Quién no recuerda ‘Todo es posible en domingo’, ‘La puerta del misterio’ o la versión televisiva ‘Más allá’, nuestros ‘Misterios sin resolver’ en versión cañí. Enigmas, contactos con muertos, ouijas, espiritismo, nigromancia, ciencias ocultas, adivinación y sobre todo el fenómeno ovnis rodearon la vida de este inquietante hombre que esperaba entrar en contacto desde 1979 con unos extraterrestres llamados Ummitas.
Lo último que supe de él fue su colaboración en el disco de Michel Huygen ‘Astralia’, una extrañeza musical definida en un viaje astral más allá de los confines entre lo terrenal de lo cósmico. Una rareza sonora donde Jiménez del Oso iba narrando experiencias paranormales que se escuchaba con su voz distorsionada. Y sí, daba mal rollo.

Del cómic a la pantalla: Más de lo mismo

Sony está en negociaciones con la Marvel para llevar a la gran pantalla ‘Killraven’, el cómic de 1973 creado por Roy Thomas y Neal Adams lanzado en su época como un ofrenda intencional de ‘La Guerra de los Mundos’, de H. G. Wells, que vio la luz por primera vez en el número 18 de la colección Amazing Adventures.
‘Killraven, el guerrero de los mundos’, narraba cómo en el Siglo XXI la tierra es asediada por alienígenas que se hacen con el control del planeta. Los últimos supervivientes son guerrilleros que luchan contra el régimen marciano en una batalla poco menos que apocalíptica. El líder del grupo es Jonathan Raven “Killraven”, un gladiador que combate en los circos Marcianos para regocijo de los nuevos conquistadores. A “Killraven” le acompañaba un séquito formado por los inolvidables M’Shulla, Carmilla, Skull y Hawk en su cruzada por devolver la libertad en la tierra.
Gerry Conway, Bill Mantlo, Gene Colan, Hert Trimpe o Howard Chaykin forjaron el mito, pero no fue hasta la llegada de Don McGregor a los guiones del cómic (en sintonía con los estupendos dibujos de Peter Craig Russell), cuando éste logró conocerse por el aficionado al noveno arte.
Un nuevo proyecto pasa del papel de cómic al cine, uniéndose a la monomanía por la traslación de algún superhéroe de las páginas tebeísticas al celuloide. No insistiré más en la carestía de ideas, el ostracismo creativo y el recurso fácil del último cine comercial que se perpetra Hollywood. El alud de títulos es inagotable: ‘Iron Fist’, ‘Sub-Mariner’, ‘The Hands of Shang-Chi’, ‘Werewolf by Night’, ‘The Black Widow’, ‘Deathlok’, ‘Iron Man’, ‘X-Men 3’, ‘Man-Thing’, ‘Luke Cage’, ‘Ghost Rider’, ‘Fantastic Four’...
Y lo curioso es que existe un responsable directo de todo esto, su nombre: Avi Arad (basta echar un vistazo a su filmografía para saber de qué pie cojea este productor que tiene los derechos de más 4.500 cómics de la Marvel -para algo es uno de sus 'peces gordos'-).
Yo ya me resigno. Como dice mi amigo Raymundo: “Habrá que verla ¿no?”.

¿Qué pasó ayer en el Abismo?

Aún no salgo de mi asombro, todavía estoy turbado con el desmedido número de visitas que se produjo ayer en este humilde blog. Desconozco si se trata de un error o de qué enlace (porque si no, no hay explicación) provino la avalancha de lectores ocasionales, curiosos o despistados que acabaron irrumpiendo en el Abismo, un hecho que me complace sobremanera. Ha sido un progreso paulatino el ascenso de audiencia internauta que se pasa por aquí de vez en cuando, pero lo de ayer (761 entradas) se me antoja desorbitado.
A todo el mundo le gusta que cuando promueve un cometido como el de crear un weblog la difusión sea lo más elevada posible. Es un incentivo más para seguir desarrollando el adeudo que tengo con vosotros, los verdaderos responsables de que cada día encuentre las ganas de redactar (a veces frenéticamente) y procurarle a este Abismo una cierta ralea con contenidos dispares, buscando siempre la calidad, pero por encima de esto, amenizar. Aún saboreando las mieles de este efímero auge y aceptación, la idea sigue siendo la misma con la que nació este weblog, que no es más que alcanzar una diversión bilateral entre el escribiente (que soy yo) y el lector (que eres tú).
Gracias a todos por seguir lo que acontece en este Abismo, de verdad.

sábado, marzo 26, 2005

Review 'Asalto al distrito 13'

Un asedio carente de emoción
Jean-François Richet lleva a cabo una insípida actualización del clásico de Carpenter, cuya esencia de tensión y claustrofobia se pierden en el camino de su modernización.
En esta irracional fiebre del ‘remake’, cada día más extendida en el cine norteamericano, corriente fílmica que manifiesta la anemia de ideas originales y el anquilosamiento por el que atraviesa la cinematografía yanqui, uno de los preceptos autoimpuestos para su entendimiento es, al menos, respetary mantenerse fiel al espíritu del original. Pues esta simple premisa, obtenida en no muchas ocasiones, parece ser que no es suficiente para que un 'remake' mantenga la coherencia que se le supone a este nimio ejercicio de reiteración. Un gran ejemplo de esta desvalorización en la duplicación de películas ya rodadas es ‘Asalto al distrito 13’, la nueva visión del clásico de serie B rodado en 1976 por John Carpenter ‘Asalto a la comisaría del distrito 13’. En esta nueva traducción actualizada, la idea conceptual y esquemática, sin concesiones a la narrativa malabárica, se mantiene e incluso se incrementa desde la perspectiva del francés Jean-François Richet, que toma la excusa argumental de la película de Carpenter: el asedio sufrido por los ocupantes de una comisaría a punto de cerrar por una mesnada exterior que hará todo lo posible por acabar con sus vidas.
Hasta aquí muy bien, el respeto y finalidad de lealtad cinematográfica hacia el maestro es innegable. Pero hay algo que no funciona, que distancia este redundante producto de su predecesor. Tal vez sea que esta revisión no suscita ningún tipo de desasosiego, de tensión claustrofóbica y de efectividad, debido a que el espectador sabe perfectamente dónde está, el entorno es demasiado familiar. Y es que aunque Richet no se aleje de las gélidas sombras y disparos, del contexto opresivo y estremecedor, en el que la irracional violencia del colectivo externo proviene de ‘La noche de los muertos vivientes’ (máxima referencia a la monumental novela de Richard Matheson ‘Soy Leyenda’), el realizador galo no encuentra el vigor y la actitud resolutiva para supeditar lo significativo a lo trivial, haciendo que las perfiladas relaciones interpersonales que forjan sus protagonistas, aislados y destinados a entenderse si quieren sobrevivir, ensombrezcan cualquier tipo de tratamiento de la soledad o los sepulcrales silencios de la original, rotos por esas ráfagas de tiros de la oscura amenaza. Hay un excesivo diálogo en sus esteriotipados personajes como para que funcione al nivel dramático del clásico de Carpenter.
De todos es conocida la adhesión de director de ‘Halloween’ al ideal de Howard Hawks y su infiltrada utilización de la consubstancialidad más auténtica del ‘far west’. En ese sentido, este nuevo ‘Asalto...’ poco ha cambiado de aquél western urbano con forma de thriller, donde los indios, reflejados en una pandilla juvenil llamada ‘El trueno verde’ en busca de venganza, han sido sustituidos por un grupo de policías corruptos que quieren acabar con el único testigo que puede delatarles. Asimismo, el fuerte a ocupar ya no es una solitaria y desértica dependencia policial de Anderson, en Los Angeles, sino una destartalada comisaría en pleno corazón de Detroit, ambas a punto de cerrar. Desde el principio, este ‘remake’ deja bastante claro cómo ha cambiado la sociedad actual respecto a la de los 70, idiotizándose deliberadamente bajo la hipocresía moral que nos rodea.
En ‘Asalto a la comisaría del Distrito 13’ (curiosa traducción, ya que se trataba de la comisaría 13 del distrito 9), de John Carpenter, la raíz del acoso procedía de las ansias de venganza del grupo juvenil hacia un padre que veía cómo éstos mataban a su hija de seis años sin motivo alguno, resarciéndose con un disparo que acaba con la vida de uno de ellos. En la actualidad que una inocente niña reciba un tiro a bocajarro con un helado de la mano, es una imagen inconcebible en Hollywood. La rebeldía de esta juventud encolerizada era lógica, teniendo en cuenta que seis componentes de su banda habían sido acribillados por la policía, situación en la que Carpenter propuso las relaciones entre las bandas y las fuerzas de orden público como una batalla fruto de la ineficacia política de la época. Para la versión de 2005 es mucho más fácil, sin tanto calado de violencia gratuita, haciendo que la trama gire en torno a los valores morales, acomodando a los sitiadores como una treintena de policías corruptos pretendiendo salvaguardar sus espaldas. En 1976 Bishop era el policía negro primerizo, el accidental héroe que en su infancia había coqueteado con la delincuencia. Ahora, Bishop se ha transmutado en el íntegro criminal que no duda en ponerse de parte de la ley, ya que esto le beneficia, perdiendo así la figura del socarrón y carismático Napoleón Wilson, un recluso que se regía bajo el instinto de supervivencia. La iniquidad de la propuesta actual de esa carcoma de estos agentes de policía deja mucho que desear si se confronta con aquel ‘cholo’ (una lucha a muerte) de Carpenter.
Son muchas las diferencias que hacen que este ‘Asalto…’ de 2005 esté muy por debajo de su progenitora, fundamentalmente en la exposición general de sus personajes. Mientras que Carpenter definió los caracteres de sus acorralados roles en una insubordinación a los cánones impuestos en el filme de Richet todos representan a un personaje típico del género. Los tres protagonistas de la cinta del maestro Carpenter, Leight (Laurie Zimmer) una secretaria impasible y tenaz, Bishop (Austin Stoker), el policía negro héroe a supesar y Wilson (Darwin Joston), un peligroso criminal que actúa al lado de la ley para sobrevivir no estaban a gusto en el tópico que se les imponía, insubordinándose a los preceptos genéricos. Ahora no, la pérdida de identidad del filme de Richet, además de claudicar ante lo común de una trama que pierde cualquier nivel de intención alegórica que poseía la película de 1976, tiene su peor enemigo en el guión de James DeMonaco (‘El negociador’) que se excede en la prototipificación de su fauna, iniciado con ese prólogo donde vemos a Roenick (en las facciones del cada vez más demacrado Ethan Hawke) fracasar en una operación antidroga en la que pierde a sus dos compañeros. Ya tenemos la excusa perfecta para conocer los fantasmas del heroico protagonista, de comprender su ‘modus operandi’ y sus reacciones ante el ataque policial de su comisaría.
La excesiva personalización no sólo se rotula en el personaje principal y en su forzoso acólito Bishop (Lawrence Fishburne, ejerciendo otra vez de Morpheo), el problema es que se despliega a los demás personajes secundarios, que toman más protagonismo del esperado; una secretaria deseosa de sexo con chicos malos (la muy ‘carpenteriana’ Drea de Matteo), un policía irlandés a punto de jubilarse (un envejecido Brian Dennehy), un drogadicto nervioso e irracional (histriónico como siempre John Leguizamo), y una incapaz psicóloga (una insulsa Maria Bello) adquieren un protagonismo desnivelado en función de la acción.
La originalidad se pierde por completo, la falta de recursos argumentales y la superposición de la acción en detrimento de la cadencia que significaba el hermetismo claustrofóbico de la original se unen al recursivo apego de Richet por el constante movimiento de cámara para encontrar el ritmo visual, último recurso utilizado por Carpenter en su segundo filme. También se desmejora el nuevo ‘Asalto…’ en el desarrollo lógico de la trama, apoyándose en un pretendido realismo (la justificación argumental de todo lo que pasa) que cercena cualquier intención de insinuación, de subversividad, incluso el enfoque dramático del angustioso encierro queda mutilado con ese final a campo abierto (ojo, en un bosque en medio de Detroit, en el centro de la ciudad) que descompone el clímax logrado por Carpenter con aquel atrincheramiento en el sótano de la comisaría con sólo ocho balas para frenar a la horda de agresores. Si a este escamoteo de intenciones le añadimos que en el filme de Richet la oscuridad es mucho menos sombría gracias a la ajustada fotografía de Robert Gantz, que empaña el asfixiante objetivo de claustrofobia y tensión que logró Carpenter, nos queda bien poco.
A cambio, Richet brinda un arsenal de secuencias de acción, de ráfagas de cine de género bien rodado, con buen pulso amparado en el alarde técnico, siempre en función de un espectáculo que termina siendo vacuo, enérgico y eficaz, eso sí, pero carente de emoción. Un producto de innegable capacidad para distraer, pero sin llegar a más. Se pierde, por tanto, el nivel de tensión del inquietante tratamiento de las tribus urbanas suplantado por un anodino policía con los rasgos del siempre fallido Gabriel Byrne en otra espeluznante interpretación, con lo cual, todos hemos salido perdiendo. Tampoco escuchamos los punteos sintetizados de Carpenter que dan esa peculiar energía a la acción, ni concurre en su interior una escéptica visión acerca de la aquiescente actitud de la sociedad americana, ni se ha mantenido el sentido del humor irónico que salpicaba el filme del maestro de la serie B, ni se percibe algún signo de inquietud por aportar nada nuevo a la historia. Por lo tanto, no existe un motivo claro y justificable para esta revisitiación cuya intrascendencia es identificable a estos tiempos de desabrimiento y oprobio ‘hollywoodiense’.
Miguel Á. Refoyo © 2005

¿Volverá?

"La arqueología busca el hecho y no la verdad. Si es la verdad lo que les interesa el profesor Daily da filosofía en la clase del fondo. Olvídense de ciudades perdidas y objetos exóticos. No hay mapas que lleven tesoros ocultos y nunca hay una equis que marque el lugar. No hay que seguir la mitología al pie de la letra".
Esperamos tu regreso. Stop. El cine te necesita.

viernes, marzo 25, 2005

Una secuencia al azar (II). 'First Blood'. A one man war

Nos situamos a principios de los años 80, subsiguientemente a la guerra de Vietnam. Una contienda que dejó secuelas en los marines que sobrevivieron a la barbarie; síntomas de aguda ansiedad, fuerte depresión o desorden de estrés postraumático... Atrás habían quedado el conflicto de Laos y Camboya, el intento de mantener la presencia francesa colonial en Indochina frente a las fuerzas comunistas del Vietminh, apoyando al régimen anticomunista de Vgo Dinh Diem o los bombardeos masivos y el uso de agentes químicos. Cuando el 17 de abril, Phnom Penh cayó en manos de los Khmers Rojos y poco tiempo después los comunistas tomaron Saigón, miles de soldados norteamericanos volvieron a casa con una sintomatología difícil de expeler. El tiempo no siempre lo cura todo. 58.000 muertos y 300.000 heridos devolvieron a centenares de miles de soldados con una amplia adicción a las drogas y con serios problemas de adaptación a la vida civil.
Un atribulado marine transita por una carretera de Estados Unidos cercana a la frontera con Canadá. ‘Wellcome to Holidayland’ es el marbete por el que pasa con su petate al hombro al llegar al apacible pueblecito de Hope. Acaba de descubrir que el último amigo de su escuadrón ha muerto víctima del cáncer debido al Napalm. La guerra le ha convertido en un inestable individuo a punto de estallar, estigmatizado por el afeamiento de un conflicto bélico sin sentido. Su nombre es John Rambo, un engranaje perfecto para la guerra desubicado en una sociedad que está a punto de desdeñarle.
El Sheriff Will Teasle sale de la comisaría afablemente, dando los buenos días a todo el mundo, hipócritamente feliz. Vislumbra cierta amenaza en el porte y aspecto de John. Le ordena subirse al coche. No tarda en culparle de mendicante y pordiosero.
- ¿A dónde te diriges?
- A Portland.
- Eso está al sur y no al norte como dijiste.
- Sólo quiero comer algo.
- Hay un parador a 45 Km. de aquí.
- ¿Existe alguna ley que me prohíba comer en este pueblo?
- Sí. Yo.
Teasle le repudia, ultrajándole y abandonando al pobre hombre en la otra punta del pueblo, insinuando que se vaya. Esto es el mundo y él una sola persona, todo lo demás llegó después, todos los sistemas siempre lo olvidan, que decía una canción de ‘La polla record’. El fascismo del poder. Rambo, porfiado y herido en su orgullo, reencauza sus pasos de nuevo hacia el pueblo. El Sheriff atisba la acción incrédulo y se dirige a él para detenerle.
Es el principio de una contienda que no podrá ganar.
Por cierto ¿sabíais que ‘Rambo’ en japonés significa ‘Violencia’?

Subversión

Ejemplo paradigmático de un erróneo concepto de algún malintencionado diseñador a la hora de crear un logo para un centro pediátrico de Virginia.

Nuevo proyecto de Shyamalan

A través de su mirada, M. Night Shyamalan ha encauzado la tradición filosófica y existencial hacia un excepcional pesimismo y fatalismo, desplegado en su vertiente más poética y sensible. Así ha podido recurrir a la diferenciación de sus propios designios para invertirlos y adoptar la manumisión a culquier regla impuesta, a lo que se esperaba de él tras ‘El Sexto Sentido’. Shyamalan ha sabido desplegar de este modo su fascinante cine cargado de quietud imperceptible, cristalizado en un tratamiento impecable acerca de la muerte, el amor, la soledad, la incomunicación y el sentido de nuestro propio destino.
Su próximo proyecto confirmado es ‘Lady in the Water’, una inquietante fábula sobre un portero de un edificio (nada que ver con el de “un poquito de por favor”) que encuentra una sirena en la piscina del edificio, según ha hecho saber Movieweb.
No esperéis una edulcorada y risueña arenga romántica homóloga a ‘Splash’, de Ron Howard, si no que Shyamalan atestigua, bajo un halo de misterio -el que rodea a sus películas-, que será un escabroso cuento sobre los mitos y las supersticiones. El guión está escrito por él mismo. Sam Mercer, bajo la productora Blinding Edge Pictures, será el productor de la nueva y esperada película de Shyamalan tras su fabulosa ‘The Village’.
Una nueva oportunidad para demostrar su facilidad con la que sabe bucear en los bellos y desolados mares de lo eterno.

jueves, marzo 24, 2005

Paganía alcoholizada

Hoy, Jueves Santo, la tradición católica celebra la muerte de Cristo, la pasión como bien ha dejado para la posteridad fílmica el ínclito rumí cristiano Mel Gibson. Pero hay otras conmemoraciones, en este caso paganas y heterodoxas, que avivan una afinidad para aquellos a los que la zambra y el embriaguez les motiva para profesar su dogma hacia la baraúnda tumultuosa, o lo que es lo mismo, la fiesta jaranera sin freno donde el alcohol es la deidad a venerar.
Esto es lo que sucede en la Semana Santa Leonesa, en esta noche de Jueves Santo, donde miles de leoneses y potenciales odres llegados de toda España invaden el casco antiguo de la ciudad, el popular Barrio Húmedo, para celebrar el Entierro de Genarín, una romería que se determina por ser estridente, picaresca y de carácter beodo en todas sus dimensiones. Una procesión desplegada a la gloria de Genaro Blanco, más conocido como Genarín, un personaje de principios de siglo que ejercía de pellejero y que vivió en León. Era conocido por ser bajito, caricaturescamente feo, tunante artero, diletante de los lupanares (es decir, un putero en toda regla), pero sobre todo ha pasado a la historia era un gran borracho. Así de fácil. Un buen día, mientras se acercaba dando tumbos hasta la Avda. de los Cubos (una de las calles más populares de la ciudad), el primer camión de la basura de la ciudad de León le atropelló y acabó con su bulliciosa vida en marzo de 1929.
Cada año, como manda el ceremonial, la comitiva se desplaza desde la Calle de la Sal (siguiendo la liturgia de los 30 pasos, oratorias de romances e ingestión de grandes cantidades de orujo de la tierra) portando en las espaldas de los cofrades (ya mamados) un paso que acarrea un barril de orujo con una corona de laurel y velas hasta la Plaza del Grano, donde se prosigue con los romances y los desmedidas degluciones de orujo hasta que el hermano colgador de la cofradía de Genarín se encarga de escalar la muralla y colocar en lo alto una botella de orujo, queso, pan de hogaza y dos naranjas, que simbolizan el alimento para el espíritu de Jenaro, el Genarín.
Entonces entona los siguientes versos:
Y antes de ser declamadas para gloria de este mundo,
siguiéndote en tus costumbres, pues nunca ganasteis lujos,
bebamos a tu memoria una copina de orujo,
que fue lo que más chupaste antes de ser difunto.
Y así termina esta vía-crucis, con todo el mundo ebrio, brindando con orujo.
Una entrañable fiesta, sin duda alguna, que muchos tachan de sacrílega e irreverente. Pero a los fieles de esta tradición “que les quiten lo bailao”. Si María Jiménez supiera de la existencia de esta romería, seguramente que no volvería a arrastrar el culo en el Rocío.

El 'remake' hasta en la TV.

Se estrena mañana en USA.
Qué decir.

Belleza Tangada

Este atractivo... perdón, esta atractiva señorita de vuestra izquierda es Verónica Hidalgo, Miss España 2005. A la que más de una persona le ha sacado un parecido razonable a Deborah Ombres, a vuestra derecha.
Con esos marcados rasgos varoniles, la joven más ‘guapa’ de este país según la elección de cuatro gatos dadivados y acuciosos (Concha Velasco –la del pis en las bragas a una determinada edad- quiso cobrar un cantidad desproporcionada por hacer de jurado) exuda hircismo de machote de pelo en pecho que muy bien podría encubrir con estrógenos y progesterona. Que parece un travelo, vaya.
¿Alguien le ha tocado la entrepierna para comprobarlo? Porque tengo mis sospechas.
Yo lo siento, pero que me digan que esta nueva Miss España es la más agraciada (porque guapa muy guapa, no había ninguna) de entre las 46 que había, es de echarse a reír y no parar.
Observando la deliberada superchería a la que se vio sometida la desheredada Mireia Verdú (Miss Girona), tal vez la más airosa de la gala, altiva y con cara de arrogante, expresando con su disimulado rictus la insufrible risa de lechuza que grazna de la cada día más execrable, aborrecible y repelente Rocío Madrid, uno se pregunta (ya hace años) cuál es el sentido de esta ridícula farsa de modelos desfilando, exhibiéndose con sus trajes regionales, en sugerentes bikinis y haciendo alarde de su superficialidad mental y pose de maniquíes y/o búcaros.

miércoles, marzo 23, 2005

Estimado señor crítico... es usted una mala persona

Con motivo del reestreno de 'La pasión', de Mel Gibson, otra vuelta de tuerca de olfato comercial, de mercantilización de una conmemoración sacra como es la Semana Santa, he recuperado de mi bandeja de entrada del Outlook uno de los mails más gloriosamente demenciales que recibí de un ultraconservador católico por mi crítica publicada en ‘La Butaca’ al filme del protagonista de ‘Arma Letal’ . He seleccionado el más elegante (y menos ofensivo) de la treintena que pude leer hace un año, el que me llevó a pensar que la gente; o bien vive en el absoluto hastío o bien se obstina en prescribir cuál debe ser la conducta social y la creencia común, coartando de esta manera cualquier libertad de expresión.
Recibí misivas electrónicas tildándome de apóstata, cismático, blasfemo, mala persona, hereje, sacrílego y algunos injuriosos adjetivos que me dejaron atónito por la ferocidad encarnizada mostrada por muchos benévolos civiles que acuden devotos y píos a la Iglesia cada domingo, que creen y quieren hacer creer en la figura del Señor, pero que son capaces, en el fondo, de disfrutar de un espectáculo tan sanguinolento como los ‘gorehounds’ lo puedan hacer viosinando ‘Sardú’ o ‘Basketcase’.
La acerba visión que este lector subvirtió bajo un halo de bondad y cordialidad ofrecida en esta arenga cogitabunda sobre un determinado credo, me hizo deliberar sobre la intransigencia ferviente a la que lleva tanta devoción.
Decía así...
Estimado señor crítico.
Se preguntará porque le escribo con dicho asunto, pero me parece importante intentar hacerle ver lo que me parece totalmente injusto, no ya como enamorado de la pantalla sino como persona que soy. Disculpe mi intromisión pero es un deber moral que ha surgido al leer su totalmente desacertada crítica de ‘La Pasión’, de Mel Gibson. He encontrado sus comentarios malintencionados, indignantes y desmedidos. Para quienes amamos a Cristo de verdad, no podemos compartir semejantes argumentos.
Con todos mis respetos, pero me parece que cuando usted vio la película se propuso intentar buscar algo con lo que afirmar todas las críticas infundadas que recaían sobre el film de Mel, en especial dos: el antisemitismo y la violencia (que usted tilda de ‘gore’) en esta portentosa pasión. Con respecto al antisemitismo, como puede serlo si el mismo Jesús era judío. Hasta en la película, un legionario le llama despreciativamente “judío”. Y respecto a la violencia, dos cosas, la primera que no hay la suficiente veracidad de las heridas que tiene Cristo en el film, es decir que deberían ser más todavía ya que eso es lo que muestra la sábana santa expuesta en Turín y científicamente probado que es de la época y perteneció a Jesús (y que seguro usted ni siquiera ha visto); y dos, no entiendo cómo le puede parecer violenta una película en la que sólo hay sangre de una persona (y que se ve claramente que es por AMOR) y mil veces menos cantidad de sangre que en películas que usted tilda de excepcionales y de “esplendorosa sinfonía de violencia”.
Con todo el respeto, he visto, por ejemplo, ‘Kill Bill’ por mi, dijéramos, “afecto cinéforo” a Tarantino y me parece una degeneración humana!!! No deberían dejar hacerle este tipo de película que SÍ fomentan la violencia entre los más jóvenes. Suerte que se trata de una película y no un hecho real como la Pasión, porque sino grandes asesinos de la historia se quedan cortos al lado de nuestro apreciado Quentin.
De ‘La pasión’, qué decir. Cabe destacar que es una película dura, muy dura, pero ¿ deja de ser realidad por ello? ¿Deja se ser verdad el desembarco de Normadía por muy terrible que fuere y nos lo cuente en la representación de Tom Hanks y Steven Spielberg? (Eso es violencia y gratuita puesto dudo que a uno se le vean los órganos en la batalla, aunque no dudo de todos los muertos y del hombre que sale, por ejemplo, cogiendo su propio brazo, etc etc). Eso es violencia fácil y no lo que nos muestra Gibson, ya que lo hace como un acto de Fe, para hacernos comprender que Cristo sufrió tanto o más de lo que nos muestra en la película por todos nosotros.
Finalmente, decirle, que yo no esperaba ver una gran película en ‘La pasión de Cristo’, pero sí una muy fiel visión de los hechos y la verdad es que me ha sorprendido demasiado. Sí, demasiado, puesto que tenía a un Caviezel no del todo elocuente en sus papeles como en “La delgada linea roja” o “Frequency” lo encontré (con mi total asombro, todo hay que decirlo) en el papel, es decir, ¡¡vi reflejado a Jesús plenamente!! En ningún momento me encontré al actor…. Cosa q no ocurrió con la tan afamada y admirada en la película Monica Belluci, encantadora actriz que actúa (nunca mejor dicho) pero no al nivel de otras de sus actuaciones, para mi gusto. Y destacar el papel de la Virgen, espléndida desconocida Morgenstein.
Muchas gracias por dedicarme unos instantes de su tiempo, si quiere, recibiré gustosísimo su respuesta.
Pd: Sinceramente, espero que se vuelva a ver la película e intente ver en ella, no a una película sobre Jesús con unos puntos y una crítica predeterminada, sino como una película, como una vida. Y le aseguró que verá lo que fue un hombre (que es Dios) que hace todo eso sólo porque ¡¡le AMA A USTED!! ¡¡Y sólo lo hace POR USTED!!! Verá que se siente mejor, le hará ver las cosas de una forma mucho más optimista y se encontrará consigo mismo. Pero lo más importante, le devolverá las ganas de volver a ser mejor persona. Que falta le hace.
Muchas gracias y espero que la vuelva a ver, como digo, sin complejos.
Espero ansioso su respuesta.
Definitivamente, los muy cristianos se aburren. Si tenéis tiempo, leed mi crítica en el enlace y pensad en las palabras de este descerebrado.

"Vente a la Costa. Estarás con los niños y lo pasaremos bien"

Parece ser que la nueva entrega ‘La jungla de Cristal’ va por buen camino para pasar a engrosar un nuevo título a la que sería tetralogía de uno de los héroes ‘ochenteros’ por excelencia: John McClane (sí, yo también lo quiero).
Bruce Willis está muy predispuesto gracias a la burrada de dinero que le van a pagar, pero asegura que intervendrá sólo con la condición de que Ben Affleck (muy necesitado de un título taquillero debido a su incapacidad interpretativa y sus invariables fiascos) esté presente en la trama. El motivo de este despropósito es la amistad que une al alopécico astro con el joven actor desde que rodaron ‘Armageddon’. Y es que en el nuevo guión de ‘Die Hard’ presenta como novedad a un crecidito hijo de John y Holly Genaro como pieza fundamental de la acción.
No se trata de especulaciones o rumores, ya que Willis está deseando volverse a meter en la piel del extravagante policía de Nueva York.
También, y atentos todos, se rumorea (ahora sí) que el actor también está en negociaciones para llevar ‘Moonlighting’ a la gran pantalla. Como lo leéis, ‘Luz de luna’ al cine después de casi dos décadas. Cybill Shepherd, como es lógico, también se hace querer. Imaginad a unos decadentes Maddie Hayes y David Addison Jr. metidos en algún nuevo caso. Sería impagable.
Lo que ya no sé es si Allyce Beasley dando vida a Agnes Topisto y Curtis Armstrong (al que hemos visto recientemente en ‘Ray’) como Herbert Quentin Viola también estarán en el filme.

martes, marzo 22, 2005

Yo digo salta... salta conmigo...

La gente se aburre.
De eso no hay ninguna duda. No hay más que verme a mí.
Lo que ya no es del todo convencional es la idea de congregar a 600 millones de personas para que a un tiempo definido salten al unísono con la finalidad de ¡¡cambiar la órbita del planeta!!
Se trata del World Jump Day.
No sé si esto es física y científicamente viable. Pero si quieres participar en esta necedad colectiva, el día 20 de julio de 2006, a las 12 horas, 39 minutos y 13 segundos (exactamente, porque si no, no sirve), puedes brincar con todas tus fuerzas en medio de la calle. A ver qué pasa.
Posiblemente observes alguna extraña reacción de los viandantes que te rodean. Posiblemente, te miren como si fueras gilipollas. Posiblemente, estén en lo cierto.

Vuelve la genialidad

A partir de mañana, estas zapatillas se pondrán de moda.
Que ya iba siendo hora ¿no?

lunes, marzo 21, 2005

Destierros televisivos

No me ha dado tiempo comentar nada sobre una de las previsibles evidencias que se dieron la semana pasada en el universo televisivo: la retirada de antena del programa ‘La azotea de Wyoming’. Y es algo que no quería pasar por alto en el Abismo. Supongo que a nadie le ha sorprendido la cesación en antena de este espacio. Estaba tan claro que nadie dudaba de que algo así se produjera, que hasta José Miguel Monzón, “El Gran Wyoming”, Guayo, era sabedor de su condena a la defenestración catódica. Y, vamos a decirlo ya, por propios méritos.
¿La causa? Sus contenidos, la falta de calidad, la carencia de alguna pretensión que despertará un mínimo interés, incentivos humorísticos, el cinismo y causticidad al que nos tiene acostumbrados el carismático presentador. Pero no ha sido así. Ya en su primer programa todo se intuía imperfecto, lleno de óbices para la consecución de un éxito perdurable. No se tenía muy claro cómo encauzar sus contenidos; un noticiario con una tal Notizia Ortiz, una hermosa joven sin muchos dotes para hablar, una rata de trapo con la voz de Moncho Alpuente necesitada de sentido y gracia, surreales monólogos de un descolocado Pedro Reyes, la incomprensible sección de Pepín Tre, los aburridos ‘sketchs’ protagonizados por el gran Tallafé y el hijo de Pepe Sacristán dejaron ver la carencia de gancho. Los ansiados cambios llegaron en seguida, pero no contribuyeron a la mejora, incluso se recurrió a la posterior contratación de Pablo Carbonell y Yup Barrera para dar un nuevo rumbo, un aire nuevo. También entró en juego la inclusión de un desmedido y algo cargante de gracia Flipy. Sin embargo, nada ha funcionado. Analizándolo, no se puede decir que sea inmerecida su supresión.
Guayo y Rafael Galán (el director del programa) quisieron lanzar un ‘late night’ diferente, comprometido, que acudiera a la actualidad con un humor intelectual, astuto, ácido y sarcástico a la vez, con un sedimento social y una buscada fascinación por la contravención substancial de sus contenidos. Pero les ha salido un producto totalmente antitético, en las antípodas de sus pretensiones, como diría mi amigo Pedro Miguel “un verdadero truño”.
El abuso de la libertad, de poder hacer lo que les diera la real gana, les ha llevado a convertir su programa nocturno en una constante tertulia de amigos, de camaradas idealistas, partidistas y politizados a los que se les ha visto el plumero político en unas entrevistas inscritas en la total indiferencia, desprovistas de incentivos de ningún tipo, con el único objetivo de dispensar aburridas arengas subversivamente políticas o reportajes rayanos en el ridículo, en el humor bizarro sin gracia. Como paradigma, ver a Flipy en Hollywood, realizando una crónica sobre los Oscar de una estolidez ofensiva. Wyoming, que aún después de este sonado traspié sigue siendo el mejor comunicador, showman y presentador que tenemos, no ha estado a la altura de sus propias posibilidades, no se le ha visto a gusto con su programa, y lo que es peor, ni brillante ni resolutivo. Se le ha visto en todo momento fuera de lugar.
Tampoco han valido las excusas, como la esgrimida por sus responsables escudando su baja audiencia en su día de emisión, cuya rivalidad les enfrentaba a 'Los Serrano' y ‘Aquí no hay quien viva’, las dos series con más audiencia de la televisión actual. Cuando lo han cambiado ha obtenido incluso una pésima audiencia. Quizá el problema reside en que esperábamos un nuevo ‘El peor programa de la semana’, uno de los mitos catódicos de los últimos años y nos hemos topado con un peor programa de verdad, en el sentido literal de la palabra. Una lástima que no haya aprovechado esta gran oportunidad.
Para finalizar, en otro contexto radicalmente diferente, también han vedado en Antena 3 la vacua propuesta 'La vida es rosa', un pretencioso intento de sofisticar la basura que supone este tipo de ejercicio profesional tan execrable como prescindible que es la prensa rosa, amarillismo depauperado, injurioso y ofensivo a cualquier mínima inteligencia. El tono 'light', amigable, respetuoso, de “mira qué ‘guays’ somos” que han mostrado la veteranísima (por no llamarla vieja) Rosa Villacastín y la petulante Olga Marset (esta chica salió del periodismo salmantino –quién te ha visto y quién te ve, mona-) ha sido sólo un broquel para encubrir los propósitos que encierra esta innoble rama informativa atañida a la mierda de personajillos risibles, de famosos de serie Z, de vulgares asesinos de toros, de copleras de tres al cuarto, subcultura barata y cutre, de la que se nutren estos espacios del corazón que tienen en ‘Aquí hay Tomate’, ‘Salsa Rosa’ y ‘¿Dondé estás corazón?’, el ejemplo de la deyección televisiva de este moderno bodrio periodístico que tanta audiencia recopila en su inagotable montaña de inmundicia visual.
Aún alegrándome por el mal de unas y sintiéndolo mucho por el mal de otro, como está estipulado en el ‘show business’ que es la actual Caja Tonta: “The Show Must go on”.

¿Me estás diciendo que has construido una máquina del tiempo en un DeLorean?

Pues sí, amigos. La frase del titular os tiene que sonar familiar. No hace falta decir de qué.
John DeLorean, el diseñador del coche de 'Regreso al Futuro', cuyo diseño despertó el sueño automovilístico de una generación familiarizada con ese bólido de singulares puertas y del que todos queríamos que incluyera entre sus prestaciones y condensador de fluzo, ha muerto a los 80 años el pasado 19 de marzo.
Tan sólo 9.000 unidades se fabricaron de este DeLorean DMC-12. No obstante, obtuvieron carácter de culto al ser adoptado como máquina del tiempo en la trilogía 'Regreso al Futuro', firmada por Robert Zemeckis. Como curiosidad, a Johnny Carson le pillaron en un DeLorean cuando conducía bajo los efectos del alcohol. Y es inmensa la lista de famosos y anónimos que tienen esta pieza de colección en su garage.
Según la prensa, DeLorean cayó en desgracia cuando fue arrestado en Los Angeles por intentar vender cocaína por valor de 24 millones de dólares (ahí es nada) para salvar a su empresa de la quiebra. Fue declarado inocente después de demostrar que los agentes le incitaron a cometer el delito.
Desde luego, en esta vida hay una película a lo ‘Confessions of a dangerous mind’.
No digáis que no.

domingo, marzo 20, 2005

Acojona, tronco, acojona

Dentro de la vorágine de bagatelas catódicas que se ven en la actual y virulenta televisión existen pequeñas joyas que merece la pena avivar, fomentando nomotéticos mitos que nacen para el regocijo colectivo. Espacios en los que la carcajada más grotesca puede brotar en el momento más inesperado. Desde hace varias semanas, en el canal 53, ese que acostumbra a emitir pornografía mientras cientos de números de teléfono y mensajes tipo chat inundan la pantalla, se produce a largo de las pausas de frenesí sexual, un acontecimiento glorioso: El carismático y divertido Rafa Basa, una de las más veneradas y veteranas bestias del rock radiofónico, anuncia el nuevo disco de los Judas Priest. Y de qué forma, amigos.
Gracias a ese weblog de recursos inacabables que es Viruete, pude llegar hasta el vídeo en cuestión y de disfrutar una y otra vez del ‘spot’ más acojonante que hemos tenido la oportunidad de ver en años. Nunca una promoción fue tan efusiva y rutilante.
No hay palabras para describirlo. Sólo hay que verlo para entender su grandeza.

Terror de clausura

El viernes, acompañado por mis más terroríficos recuerdos infantiles intrincados en mi memoria, tuve la oportunidad de reencontrarme con ‘La Residencia’, del menestral demiurgo, mayoral del cine de género fantástico en España, Chicho Ibañez Serrador. Volví a descubrir un filme impecable, armonioso, de una insultante sutilidad que maneja los hilos del terror con innovación y destreza con vocación de clásico, de cine inalcanzable. Tanto, que hoy resultan inaccesibles para los nuevos realizadores. Ahora somos meros discípulos que alumbramos rudimentarias menudencias al lado de ‘La Residencia’ y ‘¿Quién puede matar a un niño?’, los dos únicos filmes de nuestro propio tótem del escalofrío. Si los americanos tuvieron el placer de favorecer el talento de un gordo inglés pervertidamente oscuro apodado ‘el mago del suspense’ y una referencial serie, tenebrosa y escalofriante, sobre los instintos y miedos básicos con el nombre de ‘Twlight Zone’, en este país de decadencia icónica deberíamos venerar y exaltar la figura del gran Chicho.
En esta sociedad ibérica tan olvidadiza e ingrata en la que vivimos, habituada a encomiar la mugre y lo zafio, castrada de genialidades y necesitada de nuevos designios tanto artísticos como fílmicos, no valoramos en su justa medida estos dos testimonios históricos en nuestro cine, formalizados en dos prototipos de desgarradora fuerza y maestría plena, de un discernimiento de la narrativa enaltecida a un nivel superior. ‘La Residencia’, es una pesadilla gótica que, lejos de parecer una obra primeriza, un arriesgado debut de un genio en ciernes, se revela como una preceptora obra de contención, de una sutileza encontrada en la búsqueda por evitar la truculencia, asentada en su deliberada lejanía conceptual en cuanto a su indefinido origen geográfico que transporta al espectador a estado de tensión constante, acopiando el drama y el terror en un muestrario de depravaciones que van amplificar el estado de ésa angustia, atmosferizando lo insostenible. Todo está ahí; la mórbida perspectiva del lesbianismo, la crueldad sexual del sadomasoquimo, la necreofilia, la turbia e incestuosa tortura, la espeluznante represión moral y espiritual que sale al exterior en forma de iniquidad. Todo ello reflejado con una intencionalidad soterrada asombrosa.
Regresé a ese sueños de infancia, sentí cómo me recluían forzosamente en el Palacio de Comillas con la opresora Señora Fourneau (Lilli Palmer, siempre presente en el subconsciente colectivo), compartiendo espacio y tiempo con Irene, Theresa, Isabel, Pedro Baldie, Brecherd y el pervertido Luis. Volví a observar con afección lasciva a esas pobres chicas ducharse con el camisón puesto, con sus transparencias húmedas que tanto me perturbaron cuando era un crío de 6 años. Recuperé con un nuevo enfoque el asesinato en el invernadero, ese prodigioso ralentí en el corte antes de sesgar un cuello, subrayando el horrible instante o el castigo físico y las miradas cautivas de un cabrón salido. Sin golpes efectistas, sin sustos, haciendo que el clímax se alcance con un contexto enfermizo que va obstruyendo y asfixiando su insoportable atmósfera, sabiendo fusionar su fúnebre éter en contraste con la ingenuidad y candor que expelen sus jóvenes protagonistas.

sábado, marzo 19, 2005

ADAPTATION: Las contradicciones de un autor

Cómo ser Charlie Kaufman
El dúo Spike Jonze & Charlie Kaufman propusieron con ‘Adaptation’ una genial y transgresiva cinta sobre la dificultad de adaptar una novela imposible de llevar al cine.
El miedo al folio en blanco por parte de un escritor, de un guionista o de un artista, en definitiva, de un creador, es uno de los mayores infortunios que cualquier pluma pueda sufrir alguna vez. El vacio mental al que se somete la creatividad, el fracaso de la responsabilidad que desafía a las limitaciones de un autor junto al miedo inculcado al fracaso y el temor a soñar son los ejes de uno de esos extraños e inusuales trabajos totalmente libres, desconcertantes e inimaginables en un mundo tan exiguo de ideas como lo es Hollywood. En un campo creativo cultivado de remakes, superproducciones y formulismos baratos a favor de la taquilla nació ‘Adaptation’, un revolucionario producto de ese transgresor y preceptor de causas perdidas llamado Spike Jonze. Una incatalogable cinta de ilimitada inspiración donde el metalenguaje cinematográfico alcanza una insólita cima de innovación y eficiencia.
La historia comienza en el plató de la extravagante ‘Cómo ser John Malkovich’, anterior trabajo de Jonze, donde conocemos al guionista Charlie Kaufman, un hombre inseguro, tímido e incapaz de expresar todo su complejo mundo interior que está a punto de sufrir un bloqueo creativo. Este bloqueo se presenta justo en el momento en que su productora le presenta un nuevo libro para ser adaptado al cine, ‘El Ladrón de Orquídeas’, basado en la relación verídica de la escritora Susan Orlean con John Laroche, un entusiasta conocedor de orquídeas que busca la especie conocida como la ‘Orquídea Fantasma’. ‘Adaptation’ desarrolla la vida de un guionista que termina escribiendo su propia experiencia ante la imposibilidad de poder adaptar un libro, que es en realidad la cinta que deberíamos estar viendo.
Con una extraordinaria estructura en la que se aluden aspectos pocas veces tratados en un argumento, guionista y director proponen una historia en principio profusa debido a sus ejes temáticos, los cuales franquean las múltiples tramas que traza el enloquecido juego de realidad/ficción, pero simplificado en la idea de que la adaptación no sólo expone su sentido en la traslación de una novela a un guión de cine, sino que va más allá al tratar la teoría de Darwin sobre la evolución de las especies mediante su adaptación a las condiciones del medio ambiente, del proceso de ajuste a la vida que cada uno le toca vivir. ‘Adaptation’ revela, bajo su insólito y maravilloso núcleo, la necesidad de desenvolverse del ser humano con su propio medio, de ajustar sus deseos a lo que realmente se necesita, de trasformar (como bien dice uno de los gemelos Kaufman) lo que se quiere en lo que se es.
Charlie Kaufman juega a convertirse en su propio Doctor Jeckyll y Mr. Hyde (desdoblándose en un hermano gemelo llamado Donald) para transformar en ficción sus propios ideales creativos, aquello que se pretende como autor en lo factible que da dinero, una realidad que envuelve la falta de ideas originales en la disposición a la que conlleva la comercialidad en el cine. Una devastadora crítica inmersa también en el propio esqueleto del guión, con un insólito y grotesco final donde la historia de los gemelos Kaufman, la de Susan Orlean y la de John Laroche se fusionan en un demencial surrealismo en el que hace aparición la droga y el sexo, una persecución, una buena dosis de acción, un cocodrilo asesino y la muerte con lección moralizadora que conforman el prototipo de guión que Charlie Kaufman detesta en la descripción del prólogo y que ha escrito su hermano Donald.
En el fondo, ‘Adaptation’ no es más que una burla ácida e irónica a los finales a los que nos tiene acostumbrados la gran industria norteamericana, que siguen los roídos elementos de prehistóricos maestros del análisis del guión como Syd Field o el aludido en el filme Robert McKee. El guionista aboga con ello por una brutal y honesta autenticidad sobre algunos de los inconvenientes que conllevan la escritura y su esencia: la soledad, el sometimiento al que se doblega el autor al trasladar una obra inclasificable a la gran pantalla, la libertad del creador reducida a los designios del ‘mainstream’ para su comercialidad. Un enfrentamiento entre la inteligente desvergüenza creativa y el objetivo máximo de la industria, descubierto en los dos estrambóticos hermanos Kaufman, contrapuestos y unidos, separados y completados en ese desenlace donde todo toma sentido, donde las tres historias, las dos películas, se funden en una sorprendente y extraña resolución llena de sentido cinematográfico, de pura lucidez artística que resume que la vida no es arte y que los personajes del guión que están describiendo son sólo componentes narrativos.
Si bien es cierto que tanto Jonze como Kaufman recorren peligrosamente la línea que delimita la genialidad con la autocomplacencia exacerbada en su mordaz disertación sobre las circunstancias que determinan su angustia en medio del convulsionado entorno social (reflejado irónicamente en la afición onanística de Charlie, evasión perfecta del perdedor), el resultado es una enloquecida dicotomía de verdad e ilusión con flashbacks imposibles. Una obra de dimensiones trascendentales dentro de la innovación guionística del cine actual. Los personajes descritos por Kaufman y tan bien moldeados por Jonze están meticulosamente descritos en el ajuste a sus propias obsesiones dentro de un puzzle psicológico llevado al extremo, excediendo todo tipo de combinaciones narrativas.
La aportación de todos y cada uno de los intérpretes, desde el efectivo Nicholas Cage pasando por la siempre brillante Meryl Streep y sobre todo el descomunal talento de un ‘oscarizado’ Chris Cooper, reflejaron que el joven cineasta no sólo mueve a la perfección su ambición por narrar algo diferente y ambiguo, sino que demostró su talento por la dirección de actores. A pesar de que el reconfortante segundo trabajo de Jonze reformuló su género en delirantes momentos de comedia, ‘Adaptation’ no lo es.
La (hasta el momento) última genialidad del tándem Kaufman & Jonze fue una espléndida, hilarante, original, confusa, perspicaz e incisiva visión del universo del guionista creada como guiño a un espectador que, desde hace muchos años, fue tratado como público especulativo e inteligente.