lunes, 14 de enero de 2008

Review 'American Gangster'

Exceso de épica adulterada
Con voluntad y empeño, Ridley Scott filma su mejor película desde hace mucho tiempo con una historia que carece de originalidad, pero no de ritmo ni de esa operística fastuosa que tanto promulga su director.
‘American Gangster’ se une a películas como ‘Zodiac’, ‘El buen pastor’, ‘Michael Clayton’ o ‘We Own The Night’ en la lista de filmes con ese proyectado halo de restitución del género policiaco que tan buenos resultados generó en los años 70, en su intención de recuperar matices, temática (por la proximidad que existe con el actual panorama estadounidense), estilos y argumentos que rompieran el concepto de clasicismo dentro del orbe visual y argumental asentado en una mirada crítica a la época, a su pesimismo social, de apogeo y declive del crimen organizado, de la violencia, de la indocilidad en diversas categorías sociales, con la psicología pesadillesca de la Guerra de Vietnam de fondo. Aquí esos preceptos son cortados por el patrón de un director en franca decadencia, Ridley Scott, que utiliza un guión de Steven Zaillian, para procurar levantar el vuelo con un filme que adopte esta materia prima y así unirse a la moda de reactualizar los cánones policiacos y épicos tomando una historia que, pese a su gran empaque, nota en exceso la épica de sus antecesores, las fuentes de las que bebe Scott para su enérgico ‘thriller’ gangsteril.
La historia narra el auge y caída de Frank Lucas (Denzel Washington, corroborando por enésima vez que es uno de los mejores intérpretes de los últimos veinte años), un pequeño peón dentro de la mafia de Harlem que trabaja como chofer para un gran capo venerado por la comunidad negra. Con la muerte de éste, Lucas pasa a ser una respetable e intuitiva autoridad de poder y prestigio dentro de Nueva York, moviendo fichas y monopolizando el mercado de la heroína en el mercado para pasar a ser, en el silencio de su humildad, uno de los mayores traficantes de droga de la historia. Su antagonista será el agente Richie Roberts, un policía marginado a causa de su integridad y ética. Es la representación de la autoridad policial metida de lleno en la corrupción y la carcoma moral. Es el encargado de capturarle.
La diatriba del guión de Zaillian se centra en la consecución del sueño americano por parte de Lucas, en lo que se denomina el ‘made himself’ del villano, tratando al personaje como un hombre recto, cívico y sugestivo para el público en detrimento del policía interpretado sin mucho esfuerzo por Russell Crowe (ambos son muy varoniles, mujeriegos y sudorosos). La trama se bifurca así en las dos representaciones paralelas que irá progresando en función del prorrogado encuentro final, que se dilata hasta el último cuarto de hora. Desde esas dos perspectivas heroicas de ambos relatos, la película fluye con ritmo, sirviéndose de estos vasos comunicantes que nutren la divergencia argumental con dos tramas destinadas a encontrarse, dos bandos de la ley que representan ideas opuestas en sus respectivas vidas profesionales y personales; mientras el policía es un hombre de ley íntegro y honesto que no sabe cuidar de su familia como es debido y termina perdiéndola, el gangster, por el contrario, obtiene un rápido ascenso para acercar a los suyos, humildes campesinos que aprenden el oficio desde el anonimato y la salvaguardia del cabeza de la familia, pese a que los dos compartan un estricto código ético parecido.
Si bien son personajes que no logran desasirse del tópico, no se le puede reprochar a Scott su voluntad y empeño, en el discurso deductivo de un mafioso que proclama que sus maniobras criminales, su monopolio, no son más que un ‘modus operandi’ para llegara a conseguir ese ideal capitalista que apremia en América, en un mundo en el que el patriotismo es otra forma de hacer dinero y la corrupción la única vía de escape para alcanzar el Sueño Americano, utilizando el cambio y la modernización dentro unos cánones arcaicos cambiados de lleno por una mentalidad innovadora que conmuta las ilusiones personales en realidad y ésta en una pesadilla.
Sin embargo, ‘American Gangster’ sale perjudicada por su épica adulterada, que persevera en la búsqueda de la estela de otros nombres ilustres y clásicos dentro del subgénero, teniendo en cuenta todos los preceptos de ejecución de los grandes maestros, pero sin saber congregar el talento necesario para moldear con consecuencia todo el afectado armatoste mafioso. Es un producto que carece de originalidad por todos sus flancos, que se tambalea al amparo de las directrices de un guión resuelto con cierta capacidad por Steven Zaillian (muy apreciable el regreso de los soldados con la droga en los féretros de los militares muertos y la controversia que desata la investigación), pero que no consigue sacar lo mejor del mismo.
Se trata de una operística visual demasiado fastuosa, como si de amplificada y lujosa epopeya se tratara, dándole una importancia excesiva a todo lo que desfila por la pantalla, a sus subtramas, a la profundidad y peso de las acciones, cuando no son más que efectos cutáneos del capricho de una historia prevaricada en la sofisticafión y el autoembebecimiento de un director que, eso sí, no duda en convidar a un sesión de innegable elegancia y saber hacer. Hay algunos momentos de puro cine de género, como el asalto paralelo al centro de operaciones y la mansión del narcotraficante, desdoblando la sagacidad de los policías a ambos lados de la ley en contra de un mismo enemigo, que alarga la sombra de Tony Scott por la composición estética, de montaje y frenética acción inhabitual en su hermano Ridley, pero que recompone la visión personal en el desenlace de colisión entre sus protagonistas.
No obstante, ‘American Gangster’ no es una mala película, como se viene diciendo. El filme de Ridley Scott es una obra funcional, de ejecución perfecta (la fotografía envidiable a cargo de Harris Savides –también director de fotografía de ‘Zodiac’-), que opera con destreza en varios fragmentos de su metraje, sabiendo reflejar una maravillosa puesta en escena de alto calibre en su fastuosa reconstrucción histórica, construyendo la convulsa época que se vive, la derrota en la Guerra de Vietnam y la decadencia social coinciden con la caída de un gangster llevado a los altares por su humildad criminal que se derrumba en el mismo instante en que se traiciona a sí mismo por lucir un escandaloso abrigo de pieles regalado por el desabrido búcaro que representa su querida y guapa esposa lucido en un importante combate de boxeo.
Es, con toda contundencia, la mejor película de Ridley Scott en mucho tiempo, incluso se percibe una admirable moderación su enfático desequilibrio entre el ámbito estético y narrativo. Le falta cierto punto de riesgo para haber transgredido más en su odisea de enfrentamiento criminal y policiaca, pero se agradece su comedimiento y su fuerte apuesta por el dinamismo del montaje, algo parecido a lo que viene representando su hermano Tony desde hace muchos años. Y todo ello, echando un vistazo a la reciente filmografía de Ridley Scott, abre una puerta a la esperanza.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2008