lunes, febrero 28, 2005
Rápido, eficaz y sin gracia.
Fue la gala de la 77ª edición de los Oscar una de las más rápidas de la historia de los premios. Era el propósito primordial de los organizadores. Y los objetivos se cumplieron. Un espectáculo delimitado por la premura, por el adaptado miramiento a los plazos, al tiempo estricto, dispuesto en función del cronómetro, siguiendo un guión segundo a segundo, ejercitado para que el evento no se prolongara en exceso. Y así fue. Pero el resultado no fue el esperado, ya que si bien consiguieron que no se eternizara, la ceremonia sufrió una importante pérdida de la frescura y la espontaneidad de otras ediciones. Todo fue excesivamente sobrio, absortos en que nada se saliera fuera de lo previsto, que no superara los 180 minutos.
Para ello, hubo muchas novedades, como sacar algunos premios (los menores) del escenario principal y evitar así que los premiados hicieran el paseíllo hasta recoger su Oscar. Una idea que funcionó, pero dejó imágenes insólitas y extrañas. Algunos no tuvieron apenas que levantarse para recoger su Oscar y agradecerlo, porque el presentador de turno se lo concedía en el pasillo. Otros dieron una imagen nada convencional, en el prototipo de concurso de televisión, donde los nominados alienados en fila aguardaban en el escenario a oír su nombre. Algo que recordó al anuncio de ‘Viceroy’ de Julio Iglesias o a la ronda de nominados de OT, pero simbolizando a su vez lo que siguen siendo estos premios: una lotería en el que a uno le toca una estúpida providencia. También quisieron presentar algunos de los episódicos premios desde los palcos. Unos balcones que, anoche, por fin tuvieron su protagonismo (para algo el Kodak Teathre es un teatro). No obstante, esta nueva modalidad daba cierto aire a los entrañables Walford y Statler de ‘Los teleñecos’. Sobre todo cuando una (como siempre) arrebatadora Scarlett Johansson presentó unos premios Científicos a los que, por primera vez en mucho tiempo, se les dio la verdadera importancia que tienen.
La gala contó con Chris Rock como maestro de ceremonias. Mucho se había especulado con el papel del lenguaraz y sardónico cómico afroamericano, pero no pudo estar más circunspecto el humorista y actor, a pesar de la sorna con la que trató a Bush, aludiendo en el discurso a la omnipresencia de Jude Law en todas las películas en las que ha participado el actor este año y la puntilla para ‘La pasión’, de Mel Gibson. Eficaz, contenido y expedito en sus palabras, se echó de menos los habituales ‘clips’ de Billy Cristal o la vena irónica y espontánea de Whoopy Goldberg. Aunque Rock hizo lo que mejor sabe: soltar un ‘speech’ a lo ‘stand up comedy’ (me está pudiendo lo anglosajón) y hacer prevalecer su etnia y preconizarla a la mínima de cambio. Y es que si hace tres años fue el año del ‘black power’ con Halle Berry, Denzel Washington y Sidney Poitier como protagonistas, anoche la senda de gloria fue muy similar. Los momentos pretendidamente cómicos corrieron a cargo de diversos números consistentes en ver a Edna, la modista de ‘Los increíbles’, presentando el premio al mejor vestuario junto a Pierce Brosnan, a Adam Sandler (con un evidente problema de obesidad galopante) junto a Rock de cachondeo, aludiendo a Catherine Zeta Jones y, por último el genial Robin Williams (qué capacidad cómica posee el actor) realizando la mejor y más humorística presentación de la noche, donde pudo aprovechar sus dotes de imitador al recrear, de forma magistral, a míticos intérpretes como Marlon Brando o Jack Nicholson.
El premio de Sidney Lumet quedó algo empañado por un miembro de su familia. Bueno, en realidad se debería decir por dos, ya que una de las hijas de director de ‘Tarde de perros’ o '12 hombres sin piedad’, lució un escandaloso escote que escondía (a la vista estaba) dos de las tetas más descomunales percibidas en el auditorio en mucho tiempo desde que lo pisara hace años Dolly Parton. Y es que ver a una Barbie con semejantes ubres aglutina cualquier mirada. Una ‘playmate’ de calendario central en toda regla. La diosa de ébano, Beyoncè Knowles, se convirtió en la sugerente reina musical de la función al cantar tres de los cinco temas nominados, incluyendo una esperpéntica clase de dicción de francés en el tema de ‘Los chicos del coro’. Esto debió sentar mal a los franceses por su ininteligibilidad, pero lo cierto es que la estrella de las ‘Destiny Child’ justificó con sus apariciones el enérgico potencial de una de las mujeres más bellas del mundo. Su canción junto a Josh Groban fue de lo mejor de la noche. Siguiendo con los temas musicales, Antonio Banderas cantó de putísima pena (en bufidos melódicos alusivos al peor imitador de Raphael) el tema de Jorge Drexler ‘Al otro lado del río’ junto a Santana, evidenciando la injusticia cometida por la Academia al apostar por un rostro acreditado para cantar un tema que, a posteriori ganaría el Oscar con pequeña y archiconocida venganza incluida. Sean Penn corroboró que, además de un venal congeniado con la Academia, es bastante más gilipollas de lo que se pensaba, increpando a Chris Rock por alguno de sus chistes y exhibiéndose como un simulado gran compañero. Y por si fuera poco, políticamente correcto. Si la vida fuera justa, ayer a Hillary Swank le hubiera entregado el Oscar Bill Murray y no el pelele este, que todo lo que tiene de portentoso actor lo tiene de estúpido pretencioso.
Dentro de los premiados, hubo sorpresas y decepciones. La más grande, por supuesto, fue la nos llevamos todos cuando Nacho Vigalondo no pudo traerse a la dorada estatuilla (lo sé, tengo que tirar de tópico) a Madrid. Sólo por su gesto a lo Chiquito de la Calzada en el instante en que le nombraron como nominado merece el mejor de los aplausos. Que Martin Scorsese no ganara deja la sensación de castigo de uno de los grandes. Ya es habitual que el director de ‘Godfellas’ se quede con esa cabizbaja carita de desengaño sabiendo encajar las derrotas como nadie, pero a tenor de qué película resultó la gran ganadora, uno se plantea confirmar que, de vez en cuando, la Academia otorga sus premios con coherencia. Este año Marty tenía un competidor que había sido mejor que él. Y esto es algo que con lo que no se puede luchar. Aunque eso mismo debió pensar hace tres años David Lynch o Robert Altman y fue Ron Howard quien se llevó ilícitamente el Oscar.
‘Million dolar baby’ se mereció cada uno de los premios que se llevó y alzó a Clint Eastwood como el gran clásico que es; con cuatro Oscar incluidos que la encumbraron como la película ganadora de la noche. Resulta paradójico que desde que se le premiara con ‘Sin perdón’, una película no ha sido tan justa ganadora como en la gala de ayer. También fue gratificante ver esa sonrisilla cómplice de Morgan Freeman con su Oscar guiñando un ojo cuando Pacino entregaba el Oscar honorífico a Sidney Lumet. La gran sorpresa, más allá de la rivalidad entre ‘The Aviator’ y la cinta de Eastwood, recayó en el justo premio que fue a parar a ‘Eternal sunshine of the Spotless mind’ con la concesión del Oscar al mejor guión original a Charlie Kaufman por su prodigioso ‘script’, así como la equidad del mejor guión adaptado para Alexander Payne y Jim Taylor de ‘Sideways’. Y claro, Amenábar ganó. Pero esto no es una sorpresa para nadie.
Una gala aligerada que dejó pocos buenos momentos y cerró la 77ª edición como una de las más frías, sobrias y, por qué no decirlo, aburridas, de los últimos años.
DE HOLLYWOOD A MADRID.
Ahora, en un nivel subjetivo, me centro en la parte más divertida de la noche que, paradójicamente, no estuvo en Hollywood sino en Madrid, en el plató de ‘Lo + Plus’. Cada año, Anita García Siñeriz y Jaume Figueras suben un listón en un esperpéntico espectáculo sin el cual el acontecimiento más importante del oropel cinematográfico no sería lo mismo. Recuerdo hace pocos años cuando recluidos en una unidad móvil al lado de Kodak Teathre la pareja más consolidada en la retransmisión de este evento dejaron el más colosal proceder de sus carreras. Figueras se quedaba dormido, Anita se notaba inquieta, claustrofóbica, sin saber qué decir. Este año han fichado para seguir con su necesario y ridículo ‘tour de force’ a Antonio Muñoz de Mesa, el rostro más ‘picassiano’ de panorama español después de Rossi de Palma.
Bien, los incesantes chistes sin gracia, las acotaciones desprovistas de sentido, los chascarrillos sin trascendencia y la sensación de inocuidad en sus absurdos comentarios hicieron del debate del Plus lo más dramáticamente divertido de esta larga noche. Es impagable oír cantar a Antoñito ‘el Gorgoritos’ a un público que, por primera vez, dejó someterse a las estulticias de los presentadores a lo largo de seis horas sobrellevando en directo las ingeniosidades en forma de animación a lo ‘payaso de la tele’ y un continuo devenir de chorradas verbales que Terry Gilliam calificaría con aquella frase tan ‘brittish’ de “es tan jodidamente malo que resulta excelentemente bueno”.
Uno de estos muchos momentos fue oír cantar a Muñoz de Mesa la canción de Drexler a un público aletargado, somnoliento y sin ganas de seguir el autoengañoso jolgorio del presentador. Una actitud comprobada cuando al grito de “todos en pie” para celebrar el Oscar de Amenábar se levantó ¡¡una sola persona!!. Impagable. Comparar a Adam Duritz, cantante de Counting Crows con una de las efigies del Windsor en llamas, menospreciar desde la envidia el guión de Kaufman o dejarse llevar a contracorriente por sus absurdas e incompartidas opiniones fueron la aportación más pintoresca de este showman de lo zafio que sería la pareja televisiva ideal de Leticia Sabater. Figueras estuvo comedido y traspapelado como siempre. La mesa se animó en su comienzo con Javier Cámara y su desparpajo con mucha pluma. Pero si por algo se recodará esta gloriosa noche del absurdo es por la colección de frases estúpidas de la Siñeriz. Cada año se supera a sí misma, soltando chorradas que van ‘in crescendo’, ganándose el cetro de ‘Reina de la impericia’. Pero lejos de ser una afilada crítica, es de recibo reconocer que sin su presencia, la noche de los Oscar perdería todo su sentido. Desde el Abismo: ¡¡No cambies, Anita!!
He aquí algunas de sus antológicas perlas de la noche.
ANITA'S SHOW
.- “Deberían haber salido los niños dando vueltas, haciendo acrobacias, con más movimientos ¿os imagináis?” (Refiriéndose a la actuación de Beyoncè en el tema ‘Vois sur ton chemin’, un tema de coro).
.- “Giselle –corrigiendo a Muñoz de Mesa que dijo Michelle- es el nombre de la novia de Leonardo Di Caprio. Debe estar en Costa Rica haciendo surf” (Comentario segundos antes de enfocar al actor de ‘The Aviator’ y ver que Giselle Bündchen estaba a su lado).
.- “¿Qué podemos tomar? Un carajillo ¿Se puede un carajillo a estas horas?”. (Anita evidenciando lo que muchos sospechábamos).
.- “¡¡Paulino!!” (Uno de los gritos fuera de cámara más míticos de la noche).
.- “Ahí está… Leonardo Di Caprio, ‘El aviador’ himself”.
.- “Bueno, ya ha salido Chris Rock que está preparado… listo, ya”. (Ésta fue gloriosa).
.- “Qué podemos hacer para animar a ‘Mar Adentro’? ¿Hablar en gallego?” (Insuperable).
.- “Pues esta victoria podríamos titularla ‘España 1- Francia 0’ ¿no?” (Tras ganar Alejandro Amenábar el Oscar).
.- “A este público lo van a fichar en Hollywood para dar su opinión de los montajes. Ahora cuando salgan, vamos a tomar sus nombres y…”.
LO MEJOR
.- En el apartado de Glamour: Julia Roberts, Natalie Portman, Gwyneth Paltrow, Hillary Swank, Scarlett Johannson, Kate Winslet, Anette Bening, Beyoncè, Zhang Ziyi, pero sobre todo, las más asombrosas fueron, sin duda alguna, Salma Hayek y Charlize Theron que estaban impresionantes. Y claro, no me puedo olvidar de Raquel Sánchez-Silva, la gran musa de la sonrisa optimista.
.- Clint Eastwood, agradeciéndole el premio a su madre de 96 años.
.- La frase de los responsables de efectos especiales de ‘Spiderman 2’, “ha sido una suerte que no hayan hecho cuarta parte de ‘El señor de los anillos”.
.- El ‘Grandma moment’ de Jaime Foxx.
.- Jorge Drexler, por supuesto.
.- La declaración de amor profesional de Thelma Schoonmaker a Martin Scorsese.
LO PEOR
.- La mierda de traducción simultánea de Canal +, cada año peor y más chapucera, menos descifrable y, por si fuera poco, pisando los discursos sin dejar escuchar algo de lo original que se pueda captar. Horroroso. Sobre todo, en su voz masculina. Incompetencia pura.
.- El discurso asquerosamente patriotero del presidente de la Academia, Frank Pierson.
.- El discurso poco original, sin emoción y preparado de la Swank que recordó al de la Roberts pero sin la gracia y naturalidad de aquélla. Largo y tedioso.
.- Que la puta gorda rubia de ‘Wasp’ le usurpara el Oscar a nuestro Vigalondo.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 22:39 |


Peor película: CATWOMAN, de "Pitof" (Warner Bros.)
Peor actor: George W. Bush / FAHRENHEIT 9/11
Peor actriz: Halle Berry / CATWOMAN
Peor actor secundario: Donald Rumsfeld / FAHRENHEIT 9/11
Peor actriz secundaria: Britney Spears / FAHRENHEIT 9/11
Peor pareja: George W. Bush & Condoleeza Rice o con su puta mascota / FAHRENHEIT 9/11
Peor remake o secuela: SCOOBY DOO 2: MONSTERS UNLEASHED (Warner Bros.)
Peor director: “Pitof” / CATWOMAN
Peor guión: CATWOMAN de Theresa Rebeck y John Brancato & Michael Ferris y John Rogers
Peor musical de los últimos 25 años: FROM JUSTIN TO KELLY
Peor comedia de los últimos 25 años: GIGLI
Peor drama de los últimos 25 años: BATTLEFIELD EARTH
El peor actor más veces nominado de los últimos 25 años: Arnold Schwarzenegger.
Lo más destacado fue que Halle Berry, haciendo gala de su buen humor y reconociendo errores profesionales, se acercó a recoger su Frambuesa a la peor actriz del año. Algo que suele ser demasiado insólito para repetirse el año que viene.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 20:20 |


domingo, febrero 27, 2005
George Lucas se relaja meses antes de cerrar su segunda trilogía galáctica en compañía de Jedi Mickey. La fiebre 'Star Wars' de este año parece que no va tener competencia en un 2005 que tiene a la venganza de los Sith como uno de los únicos exitazos seguros.
Lo que ya no sé es si ese rostro a medio camino entre la preeminencia y el desdén de Lucas hacia el ratón del tío Walt significará algo o no.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 20:33 |


Tampoco quiero explayarme mucho sobre el palmarés, de hecho ni lo voy a reseñar, pero como todos preveíamos, no nos llevamos nada en el II Pata Negra de Guijuelo. Lógico, teniendo en cuenta que en el Jurado había gente que me tiene en desconsideración porque, para ellos, personifico a otro medio periodístico que me empuja a una rivalidad absurda y bastante cateta. U otros que, profesándose en indefinidos facsímiles de una pretendida redacción a lo Carlos Boyero o puretas cinéfilos de enraizados gustos clásicos que se ofuscan en su masturbatoria perspectiva de un tipo de cine arcaico, rancio y, en muchos casos, insoportable, no saben reconocer ni el riesgo, ni la intención y mucho menos la calidad de un producto innovador (y por supuesto, no me refiero a nuestro corto). Eso sí, ecuánimes son un rato. O ellos así se lo autoinculcaron.
Homenajear al gran Antonio Ozores queda fuera de toda duda a la hora de conceder una merecida retribución en forma de deferencia, el reconocimiento de un hombre prolífico y entrañable que ayer dejó el pensamiento de lo olvidado que tenemos a viejas y grandes glorias de nuestro cine. Un ilustre cómico ante el cual nos descubrimos en la gala de entrega de premios. Lo que ya no es tan excepcional es el concepto de artista famoso que deben tener el Guijuelo. Si durante toda la semana se han enorgullecido por traer a medio casting de la serie ‘Cuentame’, lo de ayer no tuvo parangón, amigos. Allí, berreando, gesticulando y dejando tras de sí una estela de patética francachela con pose de diva venida a menos, la mismísima Marujita Díaz (ojo a su página web) impuso los momentos más esperpénticos de la velada. “Viva la madre que te parió”, gritó al gran Ozores en un arranque de falsa espontaneidad, “este pueblo huele a sustancia, la del jamón que viene del cerdo que come bellotas” acertó a definir este icono del freakismo ibérico, símbolo de la impudicia más funesta de la carpetovetónica escena artística de la España cañí. Ridículo y tétrico, ambos conceptos remezcladas con en una batidora minipimer.
En fin. Como crónica improvisada, me gustaría señalar particularmente dos momentos álgidos de una gala demasiado larga, algo aburrida, pero con intenciones de no serlo. Pero sobre todo, opresivamente calurosa. Y no es por la sensación de presión del ambiente, si no por los 25 grados de calefacción que padecimos.
La primera alude al inexperto e improvisado presentador del evento, el director de ‘El chocolate del loro’, Ernesto Martín (gran tipo), que hizo lo que pudo para sacar adelante con dignidad todas las presentaciones, cuando concedió la mención especial a la mejor fotografía a un corto en vídeo (que a posteriori ganó el primer premio de la categoría), frunciendo el ceño en el momento en que el director del corto subió a por el jamón en miniatura diciendo “es una sorpresa porque la fotografía no tiene nada. Bueno, quiero decir, que no utilizamos ni focos ni nada. Bueno, esto… me refiero…”. Os juro que es trascripción pura y dura. Tras este insólito ‘speech’ sonrió y agradeció.
Lo segundo fue hacer subir a los participantes, ganadores y perdedores, al escenario dejando ver las caras de frustración de los que no se habían llevado premio en cabrona analogía con las de los sonrientes premiados. Y yo allí, entre todos, al lado de Ozores, detrás de Marujita Díaz y con la posibilidad de poder darle una patada a Zoe Berriatúa (agachado justo delante de mí) por perpetrar algunas de las peores interpretaciones vistas en este país, mirando a la nada y aprendiendo del enésimo descalabro en el mundo del cine. La conclusión positiva ha sido que hemos sido seleccionados entre más de 400 cortos y, sobre todo, la impresionante acogida del miércoles de ‘El límite’ por parte de los guijuelenses y salmantinos.
Eso, consecuentemente, es lo más importante.
Espero que esta madrugada Nacho Vigalondo tenga mucha más suerte con su '7:35 de la mañana' en la gala de los Oscar que, si todo va bien, podré disfrutar (o padecer) esta noche.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 15:33 |


sábado, febrero 26, 2005
Quedan apenas un par de horas para saber si ‘El límite’ ha ganado o no algún premio en el palmarés del II Pata Negra de Guijuelo. Siendo el único trabajo salmantino de la muestra, uno tiene esa estúpida sensación de expectativa, almacenando algo de optimismo ante un posible reconocimiento por parte de los miembros del jurado que, como el calvo de la lotería, repartirán mucho dinero esta noche. A unos, merecidamente (espero que a nosotros, ejem…) a otros, como en el mundo de los concursos del corto, injustificadamente ilícitos, espurios, vamos inmerecidos, para entendernos.
Ahora mismo podría coger el teléfono móvil y hacer una llamada para saber si nuestro trabajo ha sido reconocido en alguna de las categorías del festival. Así me ahorraría el viaje. Intuyo que no. Cuando te lanzas al vacío artístico con un proyecto arriesgado y heterogéneo, un signo contrario a ‘premiable’. Suele suceder que la suerte abraza a otro tipo de grupúsculos reiterativamente letárgicos. Y esta vez no será una excepción.
Aún a sabiendas de un profético “me vengo con las manos vacías”, iré a Guijuelo a participar y compartir aplausos, sin saber nada, como lo que deben sentir los nominados a cualquier premio y fingiré indiferencia. Pero sí, amigos, dentro de mí reconcome el ansía de un jodido premio para nuestro sacrificado esfuerzo. Me hace ilusión. No hicimos un cortometraje para ganar ningún premio. Es más, me atrevería a decir que es una pieza a contracorriente. Y si no nos laurean está vez, la excepcional ocasión en que se ha materializado que somos profetas en nuestra tierra, no lo será nunca. Crucemos los dedos.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 17:56 |


Juan suspende indebidamente a una alumna cuando escucha una frase que viene de la lectura del trabajo de la joven: “Muerte de un ciclista”, dice la chica durante su exposición.
Cuando no puede más, él acepta el error y decide dejar de ser profesor, desembocando esta decisión en su decisión de querer entregarse a la policía.
Un largo travelling sigue a Juan, que habla con la alumna, pero ambos separados por una reja. Esta reja está metafóricamente encerrando a Juan en su tortuoso sentimiento de culpabilidad.
Cuando termina de confesarle a su alumna su trauma, la reja se acaba.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 17:32 |


viernes, febrero 25, 2005
Mucho mejor de lo que parece
El hecho de que John McNaughton fuera el responsable de títulos tan sugerentes como ‘Henry, retrato de un asesino’ o ‘La chica de gángster’ antes de rodar ‘Wild things’, hacía evidente que su propensión hacia estas extrañas y (en principio) atrayentes películas procedía de un acerbo propósito de renunciar al encasillamiento y plantear desde su perspectiva historias que, en manos de cualquier otro director, hubieran caído en el más profundo de los abandonos.
El problema (o la virtud) que rodea a una película tan infravalorada como ‘Juegos salvajes’ es la complicación simplista incluida en un ‘thriller’ que si bien es cierto que flaquea en muchos de sus momentos claves, McNaughton se encarga de resolver mediante una dirección colmada de soltura y apoyándose en un guión que, exceptuando algún que otro tópico (decididamente preconcebido) resuelve la papeleta con agudos instantes dramáticos basados en un humor inhabitual, corrosivo y destructor de los cánones del ‘thriller’ con sabor a cine negro, en esta ocasión, más agridulce que nunca. Esta malintencionada historia sobre asesinatos, arribistas, policías corruptos, pintorescos picapleitos y ninfas sexuales saca a relucir su máximo esplendor en aquellos fragmentos (primordiales para la función) en los que se burla de ése cine ‘serio’ al que parece encaminado la intrincada y confusa trama policíaca.
Además, (y esta vez sí) uno de sus encantos más notables es el potencial sexual, ése voltaje erótico que recuerda implícitamente al ‘Fuego en el cuerpo’ de Kasdan. Las curvas de Denise Richards (una apabullante hembra siliconada reconvertida a mito sexual de pajeros irredentos), el encanto de un recuperado Matt Dillon y para cerrar el ‘menàge a trois’, la pícara mirada de la otrora musa del ‘softgore’ Neve Campbell, envolvieron a esta obra de McNaughton en un halo de atracción, de cierto aire ‘chic’, reforzado con el lujo que rodea la urbanización en donde se desarrolla el filme componen, en conjunto, una visión pervertida de su idea subliminal: la destrucción del hombre por el propio hombre.
Filme lleno de referencias, de juegos maliciosos (sobre todo los créditos finales) y con el gran y portentoso Bill Murray en un rol que le viene como anillo al dedo y un eficiente Kevin Bacon como inquietante policía, son elementos que conviven en una historia de celos, satírica, brillante y muy divertida (si se toma por esta orientación, claro está). Si bien no fue una película redonda, tampoco lo es que fuera una cinta banal, sin matices y sustentada en las tetas de la Richards o el morbo de la Campbell. Nos encontramos ante una de ésas películas que ha ganado con el paso del tiempo, llegando a ser una obra de culto, que sigue ofreciendo pequeñas sorpresas con cada relectura.
Lo cierto es que entre todas las luchas de clases, de sexos, de odio y traiciones se esconde un nihilismo desesperanzador que no decepciona a aquellos acostumbrados a mirar más allá de lo que han establecido terceros, que evidentemente, repudian esta grata muestra de ‘thriller’ erótico con grandes posibilidades. Además, y qué cojones, hay que destacar a una exuberante Denise casi todo el metraje en sujetador y semidesnuda. ¡Qué más se puede pedir!
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 22:34 |


‘Un poquito más cerca del borde, mi amor…’, ‘Por el amor del Escocés McMullet’, ‘El desfloramiento de Mary Osmond’, ‘Me casé con un maricón’, ‘Eres más alto que yo ¿eres feliz?’ o ‘El jinete ciego y descamisado’ son algunas de las traducciones que sólo tienen significado con el sentido del humor visual de Mark Longmire, que ha trasladado a las portadas de las novelas rosa creadas una particular transformación a su antojo modificando las ya ridículas y cursis ‘covers’ de este tipo de género literario en ocurrentes y particulares visualizaciones con un título humorísticamente ajustado a tan engomadas tapas.
Si queréis saber de qué va todo esto, entrad en su página web.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 18:40 |


jueves, febrero 24, 2005
Lamentable despropósito
Es curioso y triste, a su vez, pensar que esta horrorosa (con pretensiones de fidelidad a su origen para no levantar demasiadas suspicacias) adaptación del ‘Hellblazer’ creado por Alan Moore y llevado a la imaginativa extrema más reconfortante por autores como Jamie Delano, Garth Ennis, Paul Jenkins, Neil Gaiman o Warren Ellis me haya recordado a una concentrada trinidad de horrorosos filmes apocalípticos, visualmente impecables, pero con problemas de interés que van más allá del puro aburrimiento. ‘Constantine’ se emparenta, en esa reverberación de hastío y gilipolleces teológicas maniqueas encuadradas en el cine de terror moderno, a películas como ‘El fin de los días’, ‘Stigmata’ o ‘Poseídos’, tres cintas que, si bien recogían sugestivos aspectos fotográficos, no dejan de ser meros baturrillos tópicos del peor cine de género con un sedimento de sofisticación y pretenciosidad que las convirtieron, automáticamente, en olvidables productos, malogrados en todos sus designios.
‘Constantine’, de Francis Lawrence al igual que aquéllas, es un despropósito total, tan risible como luctuosa en su visión de uno de los personajes más carismáticos y oscuros de la Vertigo de DC Cómics. El exorcista que ha estado en el Infierno, John Constantine, nos introduce en un mundo de Magia y caos dimensional que rodea a nuestro universo, situando al espectador en un soporífero contexto donde los oscuros escenarios, pretendidamente lúgubres en la faceta emocional del rol torturado que interpreta el siempre hierático Keanu Reeves, transitan entre el estereotipo y el más reiterado ‘deja vù’ del reverso más execrable del terror actual.
Estamos ante una errónea y desangelada adaptación de una serie de ‘Hellblazer’, concretamente la que se extiende del número 41 al 46 en la edición USA, pertenecientes a la saga ‘Dangerous Habits (Hábitos Peligrosos)’, escrita por Garth Ennis, relatando cómo este atípico exorcista se ve obligado a realizar encargos ‘benévolos’ para evitar terminar en el Infierno debido a un cáncer de pulmón y salvar así su alma. Aquí no existe un trasfondo sin iestro en cuanto a imaginería judeocristiana se refiere y abusa en todo momento de una parafernalia satánica no justificada, pasando de puntillas en todo aquello que se insinúa. En una anodina y maniquea batalla entre el Bien y el Mal, entre el Cielo y el Infierno, toda la dimensionalidad del cómic, esa complejidad de los Híbridos (ángeles y demonios que conviven en la Tierra con el ser humano) y de los pactos duales entre ambos bandos, en esta película facturada por un insípido Lawrence se degrada hasta los términos de lo vulgar e irritante, basado en el golpe de efecto sonoro y visual (los jodidos sustitos de turno, harto previsibles, y los monstruos surgidos de los efectos digitales) que termina conformando un dispendioso artefacto tan nulo como forzado.
Se ha perdido cualquier toque de humor y cinismo, todo es neutro e inverosímil, apagado, desprovisto de fascinación que, en más ocasiones de las que uno se imagina, conllevan al bostezo. Ni siquiera la carnal Rachel Weisz, las grotescas e histriónicas interpretaciones (al borde del ridículo) de Tilda Swinton y Peter Stormare, ni el desaprovechado diseño de producción, espectacular y fastuoso, ni la persistente presencia tras la cámara del impersonal Lawrence(presente en cada plano), hacen que ‘Constantine’ evite caer en el más espantoso de los descalabros.
Tal vez lo único reseñable sea la presentación de Constantine y su primer exorcismo, así como esa metáfora de la araña en el vaso, atrapada como él en el humo que está destinado a quitarle la vida poco a poco, pero que, como en cualquier producción estadounidense, prescribe en un mensaje moral antitabaquista tan añejo como reprochable. Al fin y al cabo, ‘Constantine’ nace como un lúdico pasatiempo que aprovecha una mina de ideas para ofrecer una trivial película sobre lo bueno y lo malo, la redención y los pecados. Compostura absurda en estos tiempos de hipocresía que nos corroen.
Un producto del todo lamentable, pero olvidable al fin y al cabo.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 23:31 |


El irreflexivo ‘remake’ de ‘La niebla’, de John Carpenter (así como el de ‘Asalto a la comisaría del distrito 13’), está llegando a términos concretos para llevarse lamentablemente a la gran pantalla. Cinema Confidential ha revelado que los intérpretes de este paripé fílmico podrían ser Tom Welling (‘Smallville’) y Maggie Grace (‘Lost’). Dirigirá Rupert Wainwright, que es el perpetrador de esa inmundicia estética titulada ‘Stigmata’ y el guión se encargará de joderlo Cooper Layne.
La pregunta es: ¿Tenemos que esperar que, a partir de ahora, empiecen a crear nuevas e innecesarias versiones de los filmes de nuestro sacro tótem Carpenter?
Por otra parte y situados en el síncope de la estupidez, Michael Bay, que este verano nos deja su última y mastodóntica cinta ‘The Island’, con Ewan McGregor y la ummm… exuberante diosa de nuestros sueños más húmedos, Scarlett Johansson, no tiene suficiente con producir con su amiguete de estropicios Jerry Bruckheimer una precuela de ‘La matanza de Texas’ (pretenden desencantarnos con la familia de Leatherface antes de los asesinatos recreados por Tobe Hooper y vueltos a rehacer de mala manera por Alexander Nispel hace un año), si no que el novio de la conejita jamona Lisa Dergan tiene una férrea intención de dirigir un ‘remake’ de la intocable ‘The Hitcher’. Sí, amigos, los dos capullos quieren invertir una millonada para descuartizar nuestro clásico de culto ‘Carretera al infierno’, la única obra maestra de Robert Harmon protagonizada por Rutger Hauer y C. Thomas Howell.
Y luego decimos que el cine español está en crisis y va mal.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 20:34 |


No puedo pasar un tema que me llamó la atención en el día de ayer. Se dice que el Papa Juan Pablo II ha escrito un libro. Esta es una de las mejores ingeniosidades del último mes. Un consumido octogenario que apenas puede hablar, que da pena o convoca a la hilaridad (según quién lo vea) que ni se puede levantar ni puede hablar de forma descifrable dice haber escrito un libro: 'Memoria e Identidad'.
La farsa que le convierte en una Ana Rosa Quintana clerical, no tendría mayor importancia si no fuera por las equívocas deliberaciones que contiene esta cristiana publicación que llevan a comparar el Holocausto Nazi con el aborto. Una degradante idea que, por supuesto, Paul Spiegel, líder judío, ha revocado razonablemente.
Consecuencia: Dios le ha castigado y le ha metido otra vez en el Hospital.
Y a ver si sale de ésta.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 20:14 |


Ayer no pude asistir a la cita diaria del Abismo por motivos ajenos a mi persona. Aún no tengo muy perfeccionado el don de la ubicuidad, pero dadme un poco de tiempo. Sigo trabajando en ello. Lo cierto es que ayer me acerqué, entre el temporal de nieve, ventisca y frío, a presentar ‘El límite’ en el apacible pueblo de Guijuelo, tierra de buen comer, donde se manufactura el mejor jamón ibérico de bellota del mundo entero. Un placer incomparable y sensorial a todos los niveles y en una dimensión culinaria al alcance de unos cuantos privilegiados.
Ganarse al público de un atestado y enloquecido aforo charro cuando eres el único representante salmantino y tu corto representa a la región hace, desde el principio, que la gente se muestre enfervorecida con tu trabajo. Vimos ocho cortos, de entre los cuales destacó exclusivamente ‘6ª Convocatoria’, de Mikel Alzola, una extraña mezcla a medio camino entre el fantástico (muy logrado en intención y acabado en su condición de vídeo) y la comedia ‘teenager’. Realmente entretenido.
El único inconveniente fue el involuntario desacierto que tuvo el proyeccionista al dejarme, en un principio, sin mi rodillo de créditos finales. Tras mi enérgica protesta, se procedió a la recuperación de todos los nombres de mi venerado equipo técnico entre los aplausos y la comprensión de un público volcado con el corto. Todo un exitazo. Después, una charlita con los espectadores tras la proyección, el inesperado requerimiento de una más que sugestiva y hermosa chavala que me invitó, en nombre de su escuela audiovisual, a dar una charla sobre el proceso de creación del corto la semana que viene (sólo por volver a verla acudiré) y vuelta para casa a altas horas de la noche.
Ahora sólo queda, esperar hasta el sábado para saber si el Jurado de ‘Sabios’, asimilado al de los insignes y entendidos del medio audiovisual, consideran ‘El límite’ como uno de los ganadores de esta II edición del Festival Pata Negra de Guijuelo. Un proyecto que, en sólo dos años, llevado de la mano de unos ceremoniosos hermanos Nieto, se ha convertido en un punto de referencia para los cortometrajistas nacionales. Lógico, si tenemos en cuenta que en cine, el primer premio asciende a 7.500 €. Ahí es nada.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 12:24 |


miércoles, febrero 23, 2005
"¡Hola!, ¿qué tal, amigo?" con un acento texano y anormal le dijo hace dos jornadas George W. Bush a Zapatero en la cumbre de la OTAN celebrada en Bruselas. Hace un par de semanas vimos a Moratinos, con rictus de “qué gilipollas me siento” (con el de siempre) al intentar distinguirse ante esa aberración femenina que es Condoleezza Rice, ZP nos ilustró del alucinante funcionamiento del mundo del circo político cuando, rápido y avizor, se colocó a la vera de Blair y Chirac para que este encuentro se produjera.
Bush le saludó en el castellano que le enseñó su antaño podenco faldero Josemari, pero seguidamente el presidente estadounidense abarcó con sus brazos a Berlusconi, como lo hacía Don Vitto Corleone. Bush necesita a Europa, precisa de nuevos y serviles aliados. Por eso ahora Yanquilandia busca a los franceses, a los italianos y a los alemanes alos que odiaba hace poco menos de un año, pero que son irremediables para su imperialismo. A ZP le faltó rayar en la pose sumisa de Piqué, bajando la cabeza varias veces ante el mejor amigo de Michael Moore.
¿Podemos hablar de simpatías hipócritas? Noooo… ¿De intereses compartidos? Noooo… Estamos hablando de política, amigos. Nada más y nada menos.
Progresismo paleto de una España labriega al margen de la escena internacional.
Id preparando las pancartas para gritar todos juntos: “Americanos... os recibimos con alegría… olé tu madre…”. Ya veréis.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 13:00 |


martes, febrero 22, 2005
‘Cleopatra Jones’, de Jack Startett, ‘Shaft’, de Gordon Parks, ‘Cotton comes to Harlem’ y ‘Guerra de los Gordom’, de Ossie Davis, ‘Cinturón Negro’, de Robert Clouse, ‘Black Cobra’, de Stelvio Massi, ‘Foxy Brown’ y ‘Coffy’, de Jack Hill o ‘Los Demoledores’ y ‘Superfly’, de Gordon Parks Jr. son títulos que a todos nos suenan a algo en concreto. Sí, amigos, a pelo a lo afro, gabardinas de cuero y piel de cocodrilo, estética kitsh y, de fondo, música de William Hutch o Isaac Hayes, al genuino ‘Blaxploitation’, aquel movimiento subgenérico de los 70 protagonizado por enormes ‘negratas’ y llamativas señoritas de ébano. Una suerte de pelis de acción destinadas fundamentalmente al público de la comunidad afroamericana. Casi todas ellas, de bajo presupuesto, que se inscribían dentro del cine policíaco o de acción. Lo cierto es que surgió como vía de expresión reivindicativa en el cine de su etnia y la crisis económica de Hollywood. Este acojonante subgénero dejó un cine de culto indeleble para todos aquellos que lucharon con su cine y música por los derechos civiles de los afroamericanos.
Llevado por ese sobresalto nostálgico, hoy rescato del olvido a Dolemite como el gran negrazo de la ‘Blaxploitation’. El cómico, cantante y actor Rudy Ray Moore se dio a conocer con el álbum ‘Eat Out More Often’ que supuso una tragedia para los censores de los 70 (suponemos que a los de ahora lo califiarían poco menos que como un furúnculo), ya que se trataba de un vinilo guarrísimo, lleno de instigaciones, barrabasadas verbales, descarríos sexuales y un poquito de violencia contra los blancos; o lo que es lo mismo: un grito de rabia del ‘Black Power’. A Rudy Ray le salió este primer trabajo por unos (según cuenta él mismo) 249 dólares y lo cierto es que hasta hoy en día se sigue vendiendo como las rosquillas. En aquel disco incluyó un tema titulado ‘Dolemite’, que versaba sobre un impresionante negrata salido del ‘ghetto’ que, además de impartir justicia a base de patadas de kárate y hostia a puño cerrado, se autodefinía como una “máquina de follar”. Todo un titán.
Fortalecido por el éxito del disco, Rudy Ray Moore se atrevió a rodar una película de serie B, con estética de ‘caspa cinema’ que recogía las desventuras de este antihéroe en una película que si bien no aportó un aserto de calidad artística al subgénero del ‘Blaxploitation’ sí se pudo comprobar la agudeza irónica de su fondo y su exultante perspicacia, dejando para la galería a uno de los héroes afroamericanos más poderosos, lenguaraces, groseros y carnalmente enérgicos de cuantos se recuerden. Rudy Ray obsequiaría a sus leales seguidores con más títulos protagonizados por Dolemite: ‘The Disco Godfather’, ‘The Human Tornado’ y ‘Petey Wheatstraw’: the devil’s son-in-law’ son algunos ejemplos de su prolífica y particular mitología.
En los 90, el mundo del ‘Hip-Hop’ recuperó su figura homenajeando en forma de odas de rap este personaje. Dr. Dre, Eazy-E, Ice-T, Big Daddy Kane y sobre todo Snoop Doggy Dogg han sido los paladines de la figura de este ‘Big Nigga’ de la historia. Relegado por muchos estudiosos del subgénero que le discriminan y vapulean en cuanto tienen ocasión (en especial Fred Williamson –uno de los escritores de ‘blaxploitation’ más conocidos-), la efigie de ‘Dolemite’ perdura en aquellos que escuchamos sus rabiosos discos y crecimos viendo sus impertinentes películas. Y de ningún modo podremos postergar la gloriosa frase (a lo James Bond) que nos dejó como epítome de su personalidad: “Mi nombre es Dolemite, hijo de puta”.
Lo ultimo de Rudy Ray ha sido dar vida a Mr. Slippers, uno de los personajes de de la controvertida película de animación políticamente incorrecta 'Li'l Pimp', junto a Bernie Mac, Li'l Kim y William Shatner o su cameo precisamente como ‘Dolemite’ en el clip de los Cobra Verde del tema ‘Riot Industry’.
Desde este pequeño Abismo he querido desenterrar la fisonomía de Rudy ‘Dolemite’ Ray evocando tan denostado rol y postulando a favor de esta leyenda, glorificando la gesta de un negrata inolvidable y apoteósico. Pequeños dioses que son desconocidos hasta por los más entendidos en el tema y que ocupan, sin embargo, un lugar preferente en algunos de los pocos freakies que los veneramos.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 23:52 |


Puede que haya sido el día gris, oscuro, lluvioso y triste que había hoy en la ciudad. Todo parecía apagado, sin vida, desprovisto de importancia. Todo ha estado inmerso en una afonía de sonidos, de palabras, de substancia. Tal vez esta absurda entropía en la que estoy cayendo sea la culpable. Esta tarde me he acercado a ver ‘Sideways’, la última de Alexander Payne y ha fomentado dentro de mí una trascendencia que hacía tiempo no me transmitía un filme. Yo diría que nunca antes. Tampoco lo recuerdo. No digo que no me haya gustado. Todo lo contrario, me parecido increíblemente fascinante, verdadera, diáfana y simple, con varios dictámenes vitales que el cine rara vez te puede originar, pero que está ahí, en novelas o guiones (en este caso adaptados) delatados como preciosas gemas, descubiertas como la gran parte de la verdad que rodea nuestras vidas.
Me he sentido extraño y absurdo al verme reflejado en la pantalla. Payne ha descrito a un tipo como yo, con la misma personalidad, con el mismo sentido de vida, con los mismos miedos, con la misma realidad. Me he autodefinido… no, mejor, me he mimetizado en Miles Raymond (con el reemplazo de su pasión por el vino por el cine), ése entrañable tipo confuso, repleto de vacilaciones, que se sabe perdedor y ahoga sus miserias en el vino cuando algo no va bien. Me he sorprendido a mí mismo actuando de la misma manera en que Miles ha llevado a cabo su momento en soledad con Maya (cuánta belleza ha adquirido Virginia Madsen con los años), del mismo modo en el que me desenvuelvo cuando una chica me gusta y hay todo tipo de posibilidades, pero que, como en la película, resultan ser ilusorias certidumbres, siguiendo ese triste protocolo de nervios y sonrisas fingidas, de miradas sinceras devueltas en otros términos. Algo parecido a lo de Charlie Kaufman con Amelia Kavan en 'Adpatation'. Me he visto a mí mismo con esa inepta y refractaria esperanza infructífera que jamás se cumple, sabiendo a qué se refiere cuando alude a la insignificancia de la que habla a Jack mirando al horizonte del mar, en una hermosa y tranquila bahía. Me he delatado como cómplice de mentiras, como un irrisorio fulano susceptible de sí mismo, intimidado ante los grandes retos. También en ese cerco de vino en la camisa equivalente a la sangre de los errores de Jack, encubiertos en la mentira y la hipocresía. La dura realidad en cualquiera de los dos casos.
Esta tarde me he visto, desde hace mucho tiempo, reflejado en la gran pantalla.
Si alguien que está ahí, fuera del Abismo, quiere saber cómo soy, sólo tiene que acercarse a ver ‘Sideways’ y me reconocerá en el personaje que compone el prodigioso Paul Giamatti, ése tipo con barba, que se está quedando calvo y que aspira a ser escritor o ambiciona ser algo. Simétricamente exacto a mí. ‘Sideways’ es otra lección existencialista y real de la vida de algunos cuantos concedida por el maestro de la carcajada desabrida, desde la ominosa comedia que ahonda en la tribulación más insondable de cualquiera de nosotros, mostrándola como lo que es la vida: una puta comedia en la que hay que reírse de los fracasos y ubicar la vida con expectativas. Alexander Payne desciende al desencanto como nadie, esta vez sin tanta mordacidad, pero con ese poso agridulce de ironía frente a la vida.
No digo que esta cinta sea de lo mejor que he visto últimamente (aunque podría), sólo que esa extraña filiación con Miles me ha hecho y hará reflexionar sobre muchas cosas. Y eso, en el cine actual, es un logro impagable.
Por otra parte, mañana se presenta ‘El límite’ en el II Festival Patanegra de Guijuelo. Una ilusoria buena noticia, pero me he quedado sin mi trozo de fomento envanecido, mis cinco minutos de ridícula gloria ante los medios salmantinos. Ya ves tú. Todo porque el temporal ha impedido venir a más cortometrajistas al certamen a exponer sus trabajos. Y lo divertido de todo es que por la tarde no tengo a nadie que me suba al pueblo charro a presentarlo. Tenía previsto hacer una especie de ridículo breviario sobre un día en el festival. Si puedo acudir a presentarlo lo reflejaré aquí. Eso sí, ojalá que el sábado me provean con un grato mensaje devenido de la noticia de un premio. Aunque, siendo sinceros, lo veo muy difícil.
De todos los modos, seguiré informando.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 21:32 |


lunes, febrero 21, 2005

1939-2005
"I wouldn't recommend sex, drugs or insanity for everyone, but they've always worked for me."
Hunter S. Thompson.
He tenido que acudir a El Blog Ausente para enterarme. Ningún medio televisivo se ha hecho eco del suicidio de Hunter S. Thompson. Y eso me aflige. Porque somos muchos los que tenemos a este incendiario escritor como uno de nuestros iconos literarios y, porqué no decirlo, vitales y existenciales. Ayer el escritor creador del estilo ‘gonzo’ se ha voló la tapa de los sesos con una escopeta. Así de simple.
Sin ir más lejos, tuve la oportunidad de escribir aquí en el Abismo hace pocos meses sobre S. Thompson, sobre su particular forma de embarcarse en frenéticos viajes a medio camino entre la esplendidez y la demencia sin rehusar a ingentes bacanales de drogas, de ingestión sin freno de hachís, cocaína, marihuana, speed, hongos alucinógenos y, sobre todo, LSD. En noviembre leía ‘El diario de Ron’, último libro publicado por Anagrama de este bastardo incitador que tantos momentos gratificantes nos ha dado.
Realmente hoy es un día triste para el periodismo en general y para la contracultura en particular. Abanderado de la insurrección sarcástica, fue crítico desde la honestidad de aquel que no tiene pelos en la lengua a la hora de afrontar una columna crítica. Observador desde el delirio, preceptor de un estilo periodístico anexo al ‘Nuevo periodismo’ de Tom Wolfe (aunque algunos le atribuyen el movimiento al propio Thompson), pero más hiriente, asentándose en un inagotable talento auspiciado por sus inherentes dotes para la observación bajo un prisma trastornado que daba como resultado una visión más pura y ecuánime que la de aquel que analiza desde un posicionamiento ideológicamente partidista o personal. Hunter S. Thompson superó en intención a muchos de sus congéneres como Ken Kesey o Grant Morrison, difundiendo un periodismo temerario, caracterizado por el uso de la realidad distorsionada, el sarcasmo, la sorna, la exageración y muchas veces la blasfemia. El Dr. Thompson basó su estilo en la idea de William Faulkner "La ficción es a menudo la mejor realidad". Mientras aquello que reflejaba Thompson en sus libros y artículos se basaba en la veracidad, los dispositivos para llegar a ella pasaban por el filtro de la alucinación.
Considerado el gran tótem kamikaze de la literatura, comenzó a escribir bajo el influjo de la ‘Genereación Beat’, influido por autores fundamentales para entender el declive americano en tiempos de guerra; Burroughs, Cassady, Ginsberg… pero sobre todo Jack Kerouac y su novela ‘On the road’, una pieza que Thompson consideró como la gran obra de la literatura americana. Hunter Stockton Thompson utilizó la droga para enfocar una perspectiva periodística diferente, revolucionaria, sumida en una espiral de locura y lucidez pocas veces repetida en la historia del periodismo. Una insidiosa grafía que expió todos los fantasmas del malogrado ‘sueño americano’ desde el espíritu, de ideas y palabras. La droga, al fin y al cabo, no fue más que un medio para reforzar una posición con la que poder desprenderse de cánones sociales inmersos en prácticas automatistas conservadoras. Con ella, tanto él en función de narrador y el lector como espectador imaginativo eran arrastrados a una experiencia radical, transgresora, de choque, llegando a límites de alucinación extática, dando lugar, en palabras de Vaneigem, a la “realidad que cambia la vida y transforma el mundo”.
Fue el archiconocido creador del llamado periodismo ‘gonzo’, un sistema protocolario en el cual el cronista se convertía en lo que vivía, en primera persona, escrutando cada arista de una personalidad sugestionada por los narcóticos. Como todo en esta vida, Thompson lo atribuyó al azar, a la definición de un amigo de Oakland que utilizaba la palabra ‘gonzo’ para definir a aquellos que estaban tan zumbados o más que los desequilibrados mentales recluidos en psiquiátricos. La primera vez que denominó este tipo de escritura bajo el nombre de ‘gonzo’ fue en un artículo titulado ‘Kentucky Derby is Decadent and Depraved’ escrito para la revista ‘Scanlan's’ e ilustrado por Ralph Steadman. El ‘gonzo’ viene a ser una especie de ‘cubismo literario’ que profana todas las reglas periodísticas tradicionales para centrarse en la objetividad, sin caer en las limitaciones impuestas por la profesión.
Hunter S. Thompson nació en Louisville (Kentucky) en 1939. Fue delincuente juvenil, estuvo varias veces en prisión, tonteó con la heroína y se enganchó definitivamente a los alcaloides, teniendo éstos la culpa de sus brillantes y más recordados escritos en medios como el ‘New York Herald Tribune’, el ‘National Observer’, la revista ‘Esquire’, el ‘New York Times’, ‘Nation’, ‘Reporter’, ‘Harper’s’… hasta su llegada al reconocimiento cuando trabajó como redactor jefe de la revista ‘Rolling Stone’. Sus novelas más destacadas: el mencionado ‘Diario de Ron’, ‘La gran caza del tiburón’, ‘The Curse of Lono’, ‘The Highway’ y ‘Miedo y Asco en Las Vegas’, título reconocido por el gran público por la adaptación cinematográfica que hizo Terry Gilliam de esta historia, considerada la obra maestra del genio, que narra la autobiográfica extravagancia itineraria del propio Hunter S. Thompson en compañía de Oscar Zeta Acosta, reformulados en Raoul Duke y Dr. Gonzo en un viaje alucinógeno a Las Vegas. Aunque si bien todos reconocen la aportación tan coherente y fiel de Gilliam al mundo caótico y sensorial de Thompson, hay que destacar ese olvidado clásico del cine de los 80 que es ‘Where the Buffalo roam’, de Art Lison protagonizada por Bill Murray y Peter Boyle que describe el mismo periplo en los subterfugios de la alucinación narcótica, el tránsito lisérgico a la ciudad de los neones y el juego.
Como recuerdo, además de su irrepetible fraseología y narrativa, y como bien señala Absense en su blog, nos quedan influencias reconocidas de este autor maldito como en el cómic ‘Transmetropolitan’, de Warren Ellis y Darick Robertson donde su protagonista, Spider Jerusalem, es un periodista adicto a todo tipo de drogas, irascible, antisocial, malhablado que utiliza todo tipo de argucias para llegar al fondo de la investigación, como el mismo Thompson.
Ha muerto un mito, amigos. Y de qué forma.
D.E.P.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 17:30 |


domingo, febrero 20, 2005
Serie Z, ‘bimbo pics’, sangre y gamberrismo
A lo largo de dos décadas, el padre de las ‘scream queens’ Olen Ray ha acumulado una profusa e interesante obra perdida en las estanterías de los videoclubes.
Afín a la generación de cineastas desarraigados surgidos en la década de los 70 como Dave DeCocteau, Joseph Mercy, Grant A. Waldman, Jim Wynorsky o Michael Herz, el cineasta Fred Olen Ray ha subsistido a lo largo de casi tres décadas ofreciendo un cine que, si bien nadie logra situar en año y categoría, sí ha generado una horda de ‘fanfreaks’ que han hecho de su cine un objeto de culto lleno de matices nostálgicos y de gamberrismo en altas dosis visuales, tanto de forma indeliberada como delimitando el aspecto más sedicioso de su débil fondo argumental. Durante muchos años el ‘arte’ de Olen Ray, desdibujado por la serie Z, ha estado perdida en las sepulcrales estanterías de los videoclubes, extraviada entre polvo de carátulas llamativas y evocando una era de apogeo electromagnético en la que sus filmes eran el lapso recreativo de una generación descendiente de la enajenación de Burroughs.
Entretanto, este émulo de Ed Wood, quijotesco y eminente dinamitador del arte cinematográfico más refinado, ha permanecido escribiendo, produciendo y dirigiendo películas de carácter beneficioso no tanto para el cine como para él mismo. La revista Variety, en una ocasión, le describió como ‘el especialista de la fantasía mugrienta’, representando, junto a Wynorsky, la alegoría del lema fructuoso de Roger Corman al aplicar las principales bases creativas a las del peor Al Adamson. Es decir, hacer de lo radicalmente barato y risible un negocio rentable. Inagotable descubridor de nuevas perspectivas analíticas de toda la globalidad del cine fantástico y de terror, Olen Ray puede considerarse como uno de los progenitores de las ‘scream queens’, del cine cutre con evocación de los filmes de los 50, de las ‘bimbo pics’ voluptuosas ligeras de ropa, de los sustos en cadena o del triste monstruo de goma sujetado con hilos de pescar. Un compositor de una ironía y humildad constante que procede del puro escarnio con el que Olen Ray ha sabido impregnar sus películas.
Puede que su cine sea un mal ejemplo de arte insondable y reflexivo en el epítome cinematográfico, pero hay que dignificar la pretensión de su esquema narrativo, pleno de engarzados lugares de acción y de una reacción fílmica determinada por significativos momentos de esplendidez simplista. Catedrático del reutilizamiento, Ray ha sabido proteger en todo momento una línea fiel al fantástico, evitando contagiar sus alocadas e irregulares historias de cualquier moda transitoria con artes marciales o sexo explícito. También conocido con los pseudónimos Bill Carson, Roger Collins, Sherman Scott, Peter Daniels, Sam Newfield, Ed Raymond, Sherman Scott, Freddie Valentine y su ‘nick’ más utilizado, Nicholas Medina, Olen Ray debutaría en el cine como asistente de maquillaje en ‘Shock Waves’, una absurda historia de terror en la que los protagonistas eran unos zombies submarinistas. Su ópera prima ‘The Brian Leeches’ es una casposa película rodada en 16 mm. que recuperaba la tradición de babosas mutantes que germinaban en la cabeza de las personas para controlar la mente humana y en donde su didactismo fue la nota predominante del rodaje, abarcando casi todas las funciones posibles en una producción. Su segundo filme, ‘The alien dead’, perpetuó su estilo demencial recuperando la figura en declive del ‘Flash Gordon’ catódico Búster Crabbe, en la que la sobreinterpretación y unos efectos ciertamente patéticos provocaron una comedia enloquecida acicalada de un humor ‘camp’ nunca buscado. Aspecto éste que ha impregnado varios momentos inolvidables del cine de Olen Ray.
Este insigne agitador del cine de serie Z ha fundamentado una ejemplar mezcla de géneros (a veces sin sentido) que urde sus objetivos en un campo de interés que alude, por su generalidad, al cine ‘trash’, consciente de la imposibilidad de consecución de las líneas marcadas por el cine comercial masivo. La mayor virtud del cine de Olen Ray es ésa intensidad creativa que infiltra su providencia, la pasión cinéfaga y el desvergonzado divertimento basado en un estilo propio que no deja títere con cabeza. Elementos que serían la tónica de sus siguientes filmes: la obra de culto ‘Scalp’, la desgarradora ‘Biohazard’, ‘El tesoro de la tumba egipcia’, ‘Star Slammer’, ‘Command Squad’ y la apoteósica ‘Las Dreggs’, donde el protagonismo recayó en Michelle Bauer, la musa onanística de una generación habituada a babear y manipular con ciertos órganos con Linnea Quigley, Brinke Stevens y Monique Gabrielle, las ‘scream queens’ que Olen Ray lanzó (siempre en pelota picada) al éxito videográfico, al culto irrepetible. John Carradine, actor fetiche en los primeros años de la carrera de Ray afirmó en una ocasión: “yo no sé porque termino haciendo sus casposas películas. Son malas de cojones, pero siempre me convence”.
Filmes de acción, de mutantes del espacio, tramas de espionaje y pseudoproductos comerciales llenos de demencia le llevarían a realizar su gran obra maestra, ‘Hollywood chainsaw hookers’, la cinta que marcaría el signo de un cine inolvidable lleno de hermosas y lozanas chicas sin ropa portando una motosierra, en defensa del mismísimo Gunnar ‘Leatherface’ Hansen. A partir de entonces, con absurdos éxitos de taquilla y, sobre todo, en soporte videográfico, Olen Ray magnifica la caspa de su cine al amparo de la libertad creativa y la improvisación, sin seguir ninguna regla genérica y encontrando su grandeza en un ámbito del ente fílmico donde la fascinación, la emoción, el aburrimiento y el espectáculo dantesco se redimensionaban en un cúmulo de novedades y refritos de solemne casposidad. El cine de Ray, correlacionado con la ‘fast food’ de la esfera culinaria, dio a lo largo de los 80 títulos sin los que el videoclub no tendría sentido. ‘Warlods’, ‘Demon sword’, ‘Spirits’, ‘Bad girls from Mars’, ‘Terminal force’ o ‘Alienator’ son algunas de las míticas cintas en las que un guión exiguo y temible era camuflado con las constantes de su cine: chicas desnudas, desparpajo e irreverencia artística.
Con la llegada de los 90, Ray empezaría a caer en las redes de la TV. por cable metido en ‘thrillers’ policíacos subidos de tono en el que la estética cuidada enturbió sus propias tendencias, destacando de esta etapa ‘Inner sanctum’ y ‘Over the wire’. Sin perder la constante roña de su celuloide, Ray se ha unido al otro mago de la serie Z actual, Jim Wynorsky, para azotar a sus fans con su medicina favorita; más tetas, mutantes, tiroteos, sangre y sustos con ‘The Coven’, ‘Dinasour Island’ y la grandiosa ‘Scream Queen Hot Tub Party’, con las musas ochenteras contando historias de miedo en una bañera. El cine ceremonial, disonante e irregular, áspero y en constante búsqueda de un desequilibrio que se ajusta al ‘muzak’ visual que tanto atrae al público generalista, queda patente en sus algunos de sus últimos filmes de éxito ‘Mamá es invisible’ (con una recuperada Dee Wallace), ‘Bikini Drive-In’, ‘Inferno’ o ‘El profeta’.
Sus últimos trabajos han sido directamente distribuidos en vídeo/DVD con guarrerías cachondonas inscritas en el porno como ‘Emmanuelle’ y ‘Emmanuelle 2001’, con la espectacular actriz genérica Holly Sampson y cintas como ‘The Bikini Escort Company’, ‘Bikini Airways’ y ‘13 Erotic Ghosts’ destapando (literalmente) bombones de la talla de Regina Russell, Julie Strain, Jezebelle Bond, Beverly Lynne, Stacy Berk o la chica a la que todos querríamos tener en nuestra cama: Aria Giovanni. Hace un par de años, Olen Ray sorprendió a los seguidores de Waldemar Daninsky (habéis oído bien: Jacinto Molina, Paul Naschy al ataque) en esa extrañeza llamada ‘Tomb of the Werewolf’ y donde no podía faltar además del actor español recuperando el licántropo que le hizo famoso mundialmente, Jay Richardson, el actor fetiche de este enloquecido cineasta.
Fred Olen Ray continua, por ende, manteniendo su extraña dualidad de extrañeza y discontinuidad que dan como consecuencia enloquecidas paradojas visuales de cine basura, pero amparado siempre en el objetivo fundamental del género. En conclusión, cine dinámico y pretendidamente vacío que, paradójicamente, abre nuevas puertas a la profundidad abisal de un universo apasionante. Descontextualizador de los submundos eróticos, policíacos, científicos y sangrientos, ha conseguido con su cine, vilipendiado e insultado hasta la saciedad, la complacencia de aquellos que sólo quieren disfrutar de una buena ración de serie B, Z, o ‘trash’, como queráis llamarlo...
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 23:49 |



Como era previsible.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 21:22 |


Me estoy dando cuenta que de si me pasara cinco días conectado a Internet, estaría dos más de 48 horas esperando, perdiendo el tiempo hasta que todo se carga.
¿La razón?
Impresiona ¿eh?
Tardo...
… En bajar el correo de Outlook (media de 5 minutos)
… En abrir cualquier página normal (42 segundos)
… En abrir una página diseñada con Flash (más de 2 minutos)
… Abrir el blogger de Blogspot (50 segundos)
… Colgar un post en el Abismo (más de 1 minuto –cuando no tengo problemas-)
… Bajarse algún programita o archivo de más de 3 megas (más 1 hora y media)
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 20:56 |


sábado, febrero 19, 2005
Mañana se supone que hay que votar.
¿Y qué es lo que hay que votar? Pues según quién te lo dicte. El gobierno (y la oposición con la boca pequeña) te sugieren obligatoriamente que votes que “sí” ¿Por qué? Pues sencillo, porque la abstención y el voto negativo les vienen mal para su papel político en Europa.
Lo curioso de todo es que el referéndum de mañana no tiene más fuerza vinculante que el de hacer saber al pueblo que ellos ya han decidido que sí, visto en esos lúcidos eslóganes tipo “si no votas, no estás ejerciendo la democracia” ¿Democracia? ¿Intimidar a la ciudadanía para que se vote con un “sí” es democracia? También es curioso (y no por ello menos repelentes) los ‘spots’ creados para la ocasión con un grupo de famosillos, líderes de opinión que se arriman al sol que más calienta, ex futbolistas que marcaron época, intelectuales venidos a menos, famosillos (me hace gracia cómo han mezclado a los dos niños de las series más vistas en España), anuncios que pretenden convencer a los Españoles de que la Constitución Europea es el lenitivo sociopolítico a nuestras vidas como europeos.
Esta constitución europea está creada por una serie de tecnócratas encabezados por Giscard d´Estaing en beneficio de los intereses exclusivos de Francia y Alemania, que han logrado hacer que un tratado económico en beneficio de algunos cuantos dirigentes parezca una constitución que se preocupa por el pueblo. Una carta otorgada, vamos, que no una constitución. Pero esto da lo mismo, porque es igual lo que votemos porque no es vinculante. Pero no estaría mal abstenerse o votar no, ya que el referendum se está convirtiendo en un plebiscito. Se trata de una pregunta mal planteada y encuadrada en una cruzada tramposa que simula dar importancia a nuestra opinión en un asunto con praxis meramente moral. Que votemos mañana no es más que el último paso para que los gobernantes y oposición se queden a gusto, siguiendo su extendido despotismo ilustrado de “todo para el pueblo pero sin el pueblo”, consigna seguida en la política actual de todo el mundo. Sólo se acuerdan de los ciudadanos cuando a ellos les viene bien. Algo que todos conocemos históricamente como oligarquía.
Para ZP es muy importante que mañana salga “sí” como autoafirmación de que lo está haciendo bien, así el pueblo español respaldaría la gestión de su Gobierno. Yo voté en marzo por ellos, no voy a negarlo. Por eso mañana me a conceder el lujo de votar que “NO”. No estoy dispuesto a apoyar un proyecto exigido y en el cual se ha ejercido la desinformación. Un proyecto europeo del que se sabe apenas que es farragoso y lleno de despropósitos.
La partida se juega en la participación. Si vota mucha gente ganará el “Sí”. Si la abstención es alta aumenta el riesgo de un triunfo del “No”. Así que habrá que tocar los cojones un rato y dejar el “Sí” para el día que nos casemos, nos inviten a la segunda copa, una rubia espectacular nos proponga relaciones sexuales o nos pregunten por una subida de sueldo.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 18:29 |


Un colega mío del que no diré su nombre al que le gusta colocarse a todas horas fumando marihuana mientras ve la televisión disfrutando del cine más ‘freak’ y escuchando a todas horas rap, hip-hop, música 'gangsta' y cualquier otro grupo 'hardcore', una especie de Floyd (elegíaco y entrañable personaje de la película de culto ‘True Romance’, de Tony Scott), me dijo el otro día filosofando a su manera: “la gente está colgada, tío”. Esta frase no dejaría de ser como una especie de muletilla generalizada entre todos los devotos a todo tipo de alcaloides, si no fuera por noticias como esta que os narro a continuación.
Resulta que existe una mujer allende en Filipinas que está obsesionada con Ronald McDonald, el desagradable y aborrecible payaso de la cadena de ‘fast food’ McDonald’s (con esa execrable comida que tan reflejó Morgan Spurlok en ‘Super Size Me’). Tanto se ha traumatizado con el clown, que directamente se cree él. Esta irracional jovencita filipina (que su morbo tiene, porqué no decirlo) posee una esperpéntica página web explicando con todo lujo de detalles gráficos cada apasionante hora en su día en su día a día como Miss McDonald, clarificando que una desequilibrada, trastornada por la globalización, también lleva una vida cotidiana, normal, como la de cualquier payaso Ronald McDonald, claro está.
Es entonces, en el momento en que uno descubre estas incoherencias mentales (reafirmarse como mascota de una gran multinacional) cuando la frase de mi embelesado amigo adquiere el nivel de axioma. Y es que es cierto que, como bien dice, “la gente está colgada”.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 15:06 |


Hoy le voy a dedicar un hueco existencial a uno de los iconos mejor conservados gracias a su incandescencia sexual en la memoria colectiva del pajero, de aquellos que la hemos amado mirando la televisión a una sola mano. Me refiero, como no podía ser de otra manera, a la soberbia Traci Lords. Cuentan los rumores de la época que desde sus inicios tuvo un especial enfrentamiento con la otra gran diva del género porno, Ginger Lynn, una rivalidad y enemistad irreversible entre ambas actrices que se extendió durante toda la década de los 80, periodo tan proclive para este género de prosapia más bien encendida. Ambas, además de poder considerarse como dos de las más grandes divas del porno, han otorgado a la historia visual e indecorosa títulos imposibles de olvidar gracias a una fantástica química desplegada en la pantalla.
Mientras Ginger la iba llamando en cuanto podía “pequeña puta”, nuestra heroína, lejos de cortarse un pelo, le arrebataba al pavo con el que estuviera la diosa Ginger. Una lucha que duró toda la vida, a lo largo y ancho de sus respectivas carreras profesionales. Pero no es para echarse a llorar, ya que, como sabrán los grandes aficionados al X, ambas trabajaron juntas antes de que dejaran de ser ‘amiguitas’ para siempre. Todos recordamos ‘Those young girls’ (tal vez, la más rememorada de todos sus trabajos comunes) con el enorme Harry Reems viendo cómo tan preciadas damas rivalizaban por su kilométrico falo. Títulos como ‘New Wave Hookers’, ‘Miss Passion’ o ‘Girls on fire’ en los que coincidiría la ‘creme’ de la ‘creme’ pornográfica: léase Gina Carrera, Kimberly Carson, Peter North, Nina Hartley, Annette Haven... han hecho de esos roces el punto de diana ideal para los grandes mitómanos del género X.
A estas alturas sería una estulticia empezar a poner en duda la gran capacidad de esta mujer o de fluctuar a la hora de subirla a los altares del cine X porque ha sido, es y será la gran Diva del cine porno de los 80, la cual alcanzaría una fama demedida por el incidente que protagonizó y que hizo que ocupara portadas de medio mundo con su sorprendente caso. El publicitado hecho no fue otro que el juicio al que se vio sometida al descubrirse que filmaba sus productos hardcore y mega-guarros siendo una pequeña pícara, una lolita, vamos, una menor de edad. La inteligencia y belleza de Traci Lords parecía no tener límites, ya que el angelito les había mostrado a los productores de su primera etapa documentos de identidad falsos cuando ella aún no había cumplido dieciséis años. Traci nació un 7 de Mayo de 1968 en Steubenville, Ohio y de todos es conocida su evasión de la casa familiar para escapar de los abusos de su padre alcohólico. Un hecho que le llevó a partir rumbo a la costa oeste en 1983. “Nada mas ver una palmera me quedé extasiada. California era totalmente distinta al lugar de donde venía. Mi piel era tan blanca que parecía una extraterrestre. Jamás había tomado sol para ponerme morena. Esas cosas no se hacen en Ohio”, asegura.
Ya instalada en Los Angeles, se cambió el nombre y falsificó su fecha de nacimiento. Su primer escalón al estrellato: modelo para revistas masculinas. No hace falta decir que rápidamente fue nombrada playmate favorita de los lectores. El resto de la historia de su llegada al ‘mondo porno’ no tiene mayor rémora. “Empecé a posar desnuda para ganar dinero, pero me tenía acostar con tipos asquerosos para conseguir más sesiones fotográficas. Pronto decidí que era más rentable acostarse diariamente con tipos delante de una cámara de cine o de video y que me paguen por ello. Sin intermediarios”. Así, sin cortarse un pelo. Ella misma recuerda que una de las primeras veces que trabajó para la agencia de modelos de Jim South, la sesión de fotos de sexo simulado tuvo que interrumpirse cuando Lords dejó de simular para pasar a la acción. La entusiasta nueva actriz porno debutó con ‘What Gets Me Hot’ y ‘Joys of Erotica’, sus dos primeras películas de este género.
Para inaugurar su nuevo status laboral Nora Louise Kuzma decidió cambiar de nombre, así nació Traci Lords. Y aunque todo el mundo crea que se hizo llamar así por el personaje que interpreta Katharine Hepburn en ‘Historias de Filadelfia’, asegura no haber visto esa película por aquellos días. De esta manera se abrió paso en el mundo pornográfico. En sus primeras películas trataban de disimular su aspecto inocente con maquillajes recargados. De esta manera la pequeña lolita empezó a sonar en los ambientes obscenos visuales. Sólo en 1984 intervino en casi 20 películas, cifra que multiplicó al año siguiente consiguiendo imponerse como la número uno de la profesión. Se montó su propia productora ‘Traci Lords Company’ y se agenció una casa en Malibú al lado de las grandes estrellas de Hollywood.
El 11 de Junio de 1986, la policía interrumpió en su casa para llevársela a la comisaría, acusada de haber trabajado en el negocio pornográfico sin haber cumplido la mayoría de edad. Esto provocó uno de los procesos judiciales más notorios en la historia del cine X. Entre sus films porno rodados cuando era menor de edad se destaca ‘Lust in the Fast Lane’, en el que actúa otra estrella del hardcore de la época, la rival Ginger Lynn. Otros Títulos: ‘Those Young Girls’, ‘Night of Loving Dangerously’, ‘Hollywood Heartbreakers’, ‘Open Up Traci’ y ‘Sexy Traci’. Todas ellas realizadas entre 1984 y 1986.
Tras esta incómoda interrupción en su carrera pornográfica, en 1988 fue convocada al cine de clase B por Roger Corman en su producción ‘Not of This Earth (De Otro Mundo)’, que dirigió Jim Wynorski, rehaciendo el film homónimo del propio Corman de 1957. Wynorsky dejó de trabajar con ella porque decía que “la muy zorra no aceptaba papeles desnuda”. En 1990 hizo un pequeño papel en la comedia de John Waters 'Cry Baby’, interpretando un papel a su medida: el de Wanda Woodward, la chica más sexy del colegio, sacando pecho y adoptando poses provocativas con la ropa ceñida al cuerpo, a pesar de ser, en el fondo, una inocente virgen incomprendida. El rey del cine trash la volvió a llamar para una aparición en ‘Serial Mom’ (1994). Entre el puñado de films de bajo presupuesto en los que actuó se destaca el thriller clase B ‘As a Good As Dead (Amistad Fatal)’, dirigido por Larry Cohen.
A finales de los 90 Traci Lords se dedicó a la música pop editando varios trabajos: su talento como cantante se pudo apreciar también en las bandsa sonoras de ‘Cementerio Viviente 2’ y ‘Mortal Kombat’ y en el disco de Los Ramones ‘Acid Eaters’, donde hizo los coros en un cover del clásico hippie de Jeferson Airplane ‘Somebody to Love’. En cine, destacó en pequeños papales de alguna gran producción como ‘Virtuosity’, de Bret Leonard, ‘Nowhere’, de Greg Araki y ‘Blade’, de Stephen Norrington dando vida a la vampiresa Raquel. Tsui Hark la llamó para ‘Black Mask 2: City of Masks’ y lució palmito en la serie televisiva creada por Cynthia Saunders ‘Profiler’, pero Traci sigue teniendo un hueco en las tv-movies y cine de serie B con títulos desconocidos como ‘You are Killing me’, ‘Extramarital’, ‘Frostbite’, ‘The Chosen one’, con el actor de culto extraviado en los mismos círculos que Lords, Tim Curry. Lo último de esta musa sexual es una autobiografía en la que cuenta todos los pormenores de su agitada vida en la autobigrafía ‘Traci Lords: Unnerdneath in all’.
El caso es que nuestra pequeña gran Traci siempre persistirá en nuestra memoria como aquella ninfa menor de edad que gemía y gritaba de un modo tan peculiar que es imposible olvidar. Y hoy en día, incluso, sigue siendo la referencia de actriz porno de la que todo el mundo ha oído hablar alguna vez.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:13 |


jueves, febrero 17, 2005
El riesgo de vivir un sueño
Clint Eastwood propone una valiente, inquebrantable y enternecedora obra maestra que establece lo mejor del clasicismo cimentado en una sencillez y una pureza exultantes.
Parecía difícil que tras ‘Mystic River’, sombría y pesimista obra de sólidos pilares acerca de la más cruel y oscura naturaleza del ser humano y la violencia de la sociedad americana actual, Clint Eastwood volviera a arriesgar tanto en su nueva propuesta. Sólo un cineasta como él, consolidado como uno de los últimos clásicos del cine moderno, era capaz de atravesar el umbral dramático de la dureza y destemplanza que había situado con su anterior filme para explorar la amistad, el dolor y la muerte en un ámbito honesto y real con la propia condición humana como es su nuevo trabajo.
Eastwood lleva décadas componiendo con sus inmejorables cintas los capítulos de la gran tragedia americana, de lo doloroso de aquellos personajes a los que el cine de su país no dedica una sola mirada, ‘outsiders’ en continuo conflicto con los valores que le rodean. Y ‘Million DollarBaby’, no iba a ser una excepción. La emotiva historia presenta a Frankie Dunn, un preparador de boxeadores víctima de algunas decisiones vitales que le han convertido en un ser resentido y triste, debido a la pérdida de contacto de una hija que le desprecia hace tiempo. En su gimnasio, los únicos vínculos humanos que mantiene son un prometedor púgil que está a punto de dejarle para fichar con un gran manager y Eddie ‘Scrap’, un ex boxeador malogrado por la pérdida de un ojo que cuida y mantiene el recinto. En su vida irrumpirá Maggie Fitzgerald, una joven e inculta camarera dispuesta, pese al inicial desprecio de Frankie, a alcanzar su único sueño de lograr pelear por un título. Algo que Frankie nunca consiguió como entrenador.
Pero, al contrario de lo que pueda pensarse, ‘Million Dollar baby’ no es un filme centrado en el boxeo (muchos quieren compararla con los paradigmáticos clásicos de Rossen, Mark Robson, Robert Wise o John Huston), al igual que ‘Sin perdón’ no era un western. Ambos géneros (en este caso subgénero) son simples pretextos para ahondar en algo mucho más profundo, en aristas vitales, errores o estigmas pretéritos que endurecen toda una vida. Si en su ‘oscarizado’ western se adentraba en complejas cuestiones morales y sociales como la redención, el valor de la vida y la venganza, en su nueva y magistral película, Eastwood escarba en los sueños de la vida y los riesgos que se deben tomar para lograrlos, a modo de inigualable introversión sobre la muerte en un mundo de desarraigados unidos por imperfecciones y defectos comunes, donde la deuda de las ilusiones supera las frustraciones vitales en un entorno de fortaleza mental, representado en un cuadrilátero que delimita la vida de unos seres que solventan en él gloria y sufrimiento.
El contexto pugilístico sirve perfectamente para utilizar sus criterios, reglas, germanía y combates para metaforizar así la soledad humana, el amor, el dolor y la culpa de unos antihéroes clandestinos, fuera del contexto social cotidiano, pero que existen en el mundo real, persiguiendo sueños que se saben imposibles. Una atípica historia de superación sobre perdedores que se resisten a ser considerados como basura y que, con mucho sacrificio, muestran el triunfo humano en lo que para muchos es una vida de fracaso.
Apoyado en guión equilibrado y sobrio, Paul Haggis adapta un relato corto de Jerry Boyd (más conocido como F.X. Toole) que Eastwood aprovecha para ofrecer un recital de clasicismo, acomodando en este género utilizado como simple excusa para adentrarse en lo que de verdad el importa, en las tinieblas más oscuras y políticamente incorrectas de un drama universal como es el desamparo emocional, ejerciendo de cronista del ocaso y consagrando un estudio psicológico donde las decisiones trascendentes nunca fueron tan significativas para el destino de unos personajes que poseen la nobleza, integridad y constancia como único modo de vida. Y es ahí donde encuentra su armazón espiritual, en aquellas resoluciones que cambian la existencia. Ya en su primera secuencia podemos observar cómo Frankie no escapa al hecho de asumir riesgos, pero siempre desde la protección, haciendo que su mejor púgil salga al ring con el ojo destrozado aconsejándole que se deje golpear una sola vez para obstruir la herida. Un golpe más y tendrá difíciles consecuencias. Para Frankie asumir riesgos se ha convertido en un suplicio desde que su mejor amigo perdiera un ojo por no tirar la toalla a tiempo.
De este modo, se ha convertido en un ser huraño, poco comunicativo, derrotado y aislado en su incurable soledad que se ha propagado debido a la indiferencia de una hija que no le habla ni quiere saber nada de él. Posiblemente, por algo que el propio Frank hiciera en el pasado. Algo terrible, porque todas las cartas que ha enviado a lo largo de los años le han sido devueltas sin abrir (siempre con el membrete de “devolver al remitente”). Sin adoctrinar ni dramatizar, el dolor de Frankie se aprecia en su ajado rostro, por una punición incurable que no encuentra ninguna moralizante recompensa. Lo único que le queda es su modesto gimnasio, la lectura de Yeats y su autodidacta forma de aprender gaélico. El único contacto fuera del boxeo lo tiene con un pobre y paciente cura al que putea con preguntas bíblicas de enigmático esclarecimiento.
La aparición de Maggie va a cambiar su vida. Esta inculta y obstinada chica economiza y reserva todo su dinero para entrenarse y progresar como boxeadora, trabajando para ello como camarera y subsistiendo de las propinas y de las sobras de sus clientes. Una actitud que convencerá al viejo Frankie de que la ilusión y la ambición todavía pueden devolverle la esperanza de seguir entrenando a un nivel de primera. Dos mundos que chocan, pero que acabarán complementando sus carencias, compartiendo un espíritu en común y descubriendo el sentido de familia que habían perdido tiempo atrás.
‘Million Dollar Baby’ enuncia la determinación de una mujer por conseguir un reto que encuentra a la única persona que, no queriendo saber nada de ella y despreciando su empeño, acaba por darlo todo por esta luchadora en todos los sentidos de la vida en un poderoso y brutal acto de amor. Frankie pasará a simbolizar al amado padre que Maggie perdió siendo niña y el veterano entrenador encontrará una segunda oportunidad para exorcizar la herida emocional que tanto daño le está haciendo.
Clint Eastwood aborda lo arduo de la situación con una comprometida simplicidad del cine clásico que, en manos del director, consigue la sobriedad del más que difícil ejercicio de denotar lo profundo a través de lo sencillo, en una frontera realista en la que no existe la poética ni el lirismo y donde nada está embellecido, filmado con una elegancia y moderación que sólo puede darse desde la experiencia vital de quién ha vivido y sabe lo que es la vida, especulativo con todas las respuestas vitales que ofrece este maravilloso drama. Un ejercicio epistolar, donde su tenebroso realismo se alimenta del inescrutable dolor y sosegante serenidad que subliman unas imágenes cuyo ritmo parece contenerse en cada fotograma, haciéndolo progresar la historia silenciosamente, hacia una desgarradora tragedia.
Eastwood huye en todo momento de la artificialidad auspiciado en su autoridad narrativa e inspiración artística, con un virtuoso tratamiento de las emociones y situaciones, dotando a los personajes de voz propia, retratándolos sin evadir sus miedos, sus defectos o vestigios sentimentales, pero dejando espacio para la ironía y la sonrisa, capaz de pasar, en un solo cambio de plano, de la tragedia al toque de humor sin que se debilite el fondo de la película en la enésima lección de progresión dramática. Si algo destaca en ‘Million DollarBaby’ es la facilidad con la que el espectador se identifica con los personajes, con su situación y sus miserias, encaminados a una dolorosa resolución humana, a un imperecedero descenso a los infiernos morales más profundos que se puedan dar en esta vida. En este sentido, la película de Eastwood es una de las experiencias emocionales más intensas, dolorosas y asfixiantes que se hayan podido contemplar en una pantalla en la última década.
Eastwood, rehusando cualquier canon establecido, la impugnación de la moral y la fe hegemónica y sin coartadas esteticistas en lo más doloroso de una forma directa, asume una de las historias de amor paternofiliales más emotivas que se hayan visto en mucho tiempo. Un drama que, a pesar del desasosiego que llega a provocar, nunca cae en el sentimentalismo fácil, ni mucho menos en el maniqueísmo, mirando a sus personajes a un nivel humano cuando ejecutan sus actos o toman esas trascendentales decisiones. Una cinta de una belleza imponderable, reflejada en varias secuencias de dejan ver el calado de integridad de los caracteres y de Eastwood como director, simbolizado, por ejemplo, en el plano en que Maggie, después de ganar un importante título, recuerda lo único que la hizo feliz cuando observa a través de la ventana del coche a una niña que le sonríe, mientras, simbólicamente, Frank limpia los cristales del coche, que no son más que las lágrimas de la joven.
O el trato que se le da desde su guión al humanizado y comprensivo cura, el padre Horvak (Brian O'Byrne), de una forma positiva y amparadora del dolor, algo inusual en una sociedad moderna apóstata y peyorativa con la Iglesia. Otra lección de ‘Million Dollarbaby’, que no juzga una creencia sino a las personas. Incluso ahí, la película de Eastwood se muestra como una visión retroactiva a los mejores clásicos del cine. Todo funciona como un engranaje de insuperable magnificencia; el determinante claroscuro cinematográfico de la espléndida fotografía de Tom Stern (que comienza con el logo de la Warner en blanco y negro), los largos silencios, el lenguaje corporal de los actores (magnífico aquel plano en que Hillary Swank ensaya el juego de piernas mientras sirve como camarera), la utilización más que sutil y al mismo tiempo poderosa de la ‘Voz en off’, la dirección de producción austera y emocional de Henry Bumstead, hasta llegar a los acordes de guitarra y piano que el propio Eastwood ha compuesto para la ocasión.
Tal vez lo único innecesario sea esa prolongada subtrama que tiene como protagonista a la despreciable familia de Maggie, egoísta y estereotipada, que pesa en algún momento sobre un guión férreo, de construcción milimétrica. Una imprevisión que se encubre bajo las miradas cómplices de Frankie y Maggie, la admonición de ‘Scrap’ a favor de ese entrañable personaje retrasado llamado “Peligro” y el sentimiento de culpa que pesa sobre cada uno de estos pobres sufridores multiplican la dramaturgia con sus derrotas personales y albergan la esperanza de las segundas oportunidades.
En el apartado de reparto, Morgan Freeman aporta su habitual pátina de sabiduría interpretativa en un papel que por fin se corresponde a una altura actoral como la suya. Por su parte, Hilary Swank, apuntala con una inabordable solidez el alma de la película, acreditando una sublime miscelánea de fisicidad e interpretación que merece todos los elogios del mundo, increíble en su fusión de rudeza palurda y candidez inocente. Pero es Clint Eastwood quien merece una mención aparte, ya que en este terreno en el que empezó y se convirtió en estrella, es donde jamás estuvo tan estupendo, mostrando su parte más humana en un elogio a la vulnerabilidad, a la emoción contenida. Sin duda alguna, Eastwood ha creado la mejor interpretación de su carrera.
‘Million Dollar Baby’ acoge el existencialismo tratándolo con ecuanimidad el amor y de dolor, la compasión y el horror, hasta llegar al momento cumbre de solidaridad y despedida. Una de las películas más personales, heterodoxas y arriesgadas que han surgido durante la última década en Hollywood. Muchos la califican de obra maestra. Y no están muy lejos de acertar en sus muchos y merecidos ponderativos.
Miguel Á. Refoyo © 2005
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 22:57 |


Pues esta mañana me he levantado con un año más. Acabo de entrar en la treintena. Tres décadas. 10.950 días -restando los días correspondientes a los años bisiestos (ni por calcularlos)-. La verdad es que esto de cumplir años siempre es lo mismo. Ahora cada vez que pasa un año no significa que menos para pasártelo bien. Hoy en día, cuando uno se mira al espejo advierte a un individuo cada vez más gordo, con más barba, más calvo y más flemático. El otro día, sin ir más lejos, descubrí horrorizado que me había salido un pelo en la oreja ¿Qué coño significa esto ¿Pertenezco a algún macabro episodio de ‘En los límites de la realidad’? Me veo en breve jugando una partida de 'chinchón' con un grupete de abueletes aficionados a los toros.
Treinta años después de haber visto la luz, aquí estoy, delante de una pantalla escribiendo para quién sabe quién. Hablando conmigo mismo sobre qué escribir en esta demencial jornada. Un episodio más en este Abismo, otro día de indolencia y resignación vegetando en esta ridícula ‘sitcom’ de humor negro en que se ha transformado mi vida. Con tres décadas a mis espaldas lo lógico sería hacer un balance o un postulado, en este caso inverso. He llegado a un momento en el que me encuentro internamente estigmatizado, sin nada residual ni ímpetu vital. Por fortuna nunca me he dejado llevar por absurdos traumas y algún día de estos me propondré salir de esta espiral de apatía que me circunda diariamente las ganas de reconciliarme con el mundo. Leeré a L. Ron Hubbard a ver qué aconseja.
Y es que los cumpleaños ya no son lo mismo. Cuando eras un crío llevabas unos cuantos Sugus al colegio y todos te cantaban el cumpleaños feliz. Te hacían sentir especial; te consentían meter un gol en el recreo, la chica que te gustaba te sonreía, tu madre te hacía tu comida favorita, te regalaban ridículos pijamas de osos y alguna que otra novela de Dan Simmons o Dean Koontz. Vale, siempre estaba el típico hijo de puta que te tiraba de las orejas el número de veces que años cumplías o las postales ‘divertidas’ propensas a la arcada. Ahora no. La gente que se acuerda queda bien felicitándote con total autosatisfacción y las gracias agradeciendo el gesto (pero por dentro piensas “regálame algo, cabrón” –el materialismo es a lo que arrastra-). Una letanía centenaria. Sin embargo, yo creo que a todo el mundo, el cumpleaños, llega un momento en que le da lo mismo.
Estaría bien que alguien llegara el día de tu cumpleaños con un ‘cheque-regalo’ a la puerta de tu casa, felicitándote y entregándote 5.000 euros, por ejemplo. Eso estaría bien. Qué digo bien. Sería la hostia. O que una confitería de prestigio te enviara una tarta enorme de chocolate de la que saliera, por ejemplo Kyla Cole, lujuriosa y escandalosamente inmoral, con una copa de champán dispuesta a brindar por la conmemoración haciendo del día un ‘Cumpleaños especial y sexual’ que evocaras por siempre jamás (sí, vale, ya no sé qué excusas inventar para colocar una foto de una escultural señorita mostrando una vistosa y sexual complexión desnuda). Ahora recuerdo de qué forma tan sensual le cantó la epicúrea Marilyn el ‘Happy Birthday’ a Kennedy… Eso es un cumpleaños. Lo demás son gilipolleces.
¿A qué me lleva todo esto, amigos? A la irrefutable utilización de esta inconsecuente circunstancia anual para afianzar en mi cuerpo serrano la primera gran cogorza de la tercera década. Una fiesta acojonante dipsomaníaca me espera esta noche. Y mañana, la resaca.
Oye, que esto escrito así suena bien “La primera de la Tercera Década”, muy ‘Star Trek’.
Basta.
PD: Vaya un post tan deplorablemente ególatra me ha salido. Tomaré el comodín de “es mi cumpleaños” para excusarme.
PD2: Me estoy dando cuenta escribiendo este weblog de que soy un individuo bastante raro y mohíno.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 18:02 |


Vamos con la siguiente historia...
Peer Larson es un muchacho de Greenfield, Wisconsin. Tiene 17 años, le gusta la Coca Cola, los Menús Big Mac, masturbarse con la mano izquierda mientras oeja una Hustler de segunda mano que le ha conseguido Robby Barbs, un amigo ‘skater’ que fuma marihuana y le da caladas de vez en cuando. Peer también es fan de la trilogía de ‘El señor de los Anillos’ y le gusta perder el tiempo viendo la MTV. Está enamorado de Wendy Holmes, una niña pija fan de Brittney Spears que ni siquiera sabe que el chaval existe.
Hasta ahí muy normal en cualquier adolescente de USA y de cualquier lugar del mundo.
Pero Peer últimamente está muy contestatario y rebelde. Sus padres, preocupados, han acudido al pastor Henry Buttley, que les ha sosegado expresando que son cosas de la edad y que no le den importancia.
El año pasado, un día de frío invierno por la mañana, el hermano menor de los Larson llamó “puta” a una profesora del Whitnall High School. Fue un tremendo incidente que pudo haberle costado la expulsión. Pero lo peor (o mejor, en este caso) estaba por llegar. El profesor de cálculo de Larson, Aaron Bieniek, sabiendo de sus problemas con las matemáticas, decidió mandarle unos cuantos deberes durante las vacaciones para mejorara en esta asignatura.
Peer se volvió y le dijo: “Te va a caer un paquete por esto, cabrón negrero”.
La cosa es que… Peer Larson llevó a cabo su amenaza denunciándole en el primer juzgado que encontró de camino a casa, alegando que “le había arruinado las vacaciones, cuando se supone que cuando alguien está de vacaciones no tiene que hacer ningún tipo tarea”. Puede resultar absurdo, pero parece que el proceso sigue adelante, ya que la demanda legal apunta a circunscribir la tarea para el hogar a los 180 días que conforman el año escolar y terminó convirtiendo a Larson y a su padre, Bruce, en unos héroes para los chavales de su ciudad natal. Es otro ejemplo de la llamada “cultura de la compensación”, totalmente fuera de control en Estados Unidos. Lo divertido de todo es que hay posibilidades de que a Peer se le tenga que indemnizar con una cuantiosa suma de dinero que oscila entre 100.000 dólares y un millón por ello. “La mayoría de las escuelas están cubiertas por daños físicos, como por ejemplo si un chico se lesiona practicando un deporte, pero los seguros prácticamente no existen en los casos de acoso verbal, donde las indemnizaciones son potencialmente elevadas y las juntas escolares terminan atrapadas”, apunta el abogado Walter Olson.
Y no sólo eso. Hay ejemplos que apuntan a esa posible victoria, como sucedió en Nueva York, en el mes de enero un ex profesor disconforme que presentó 18 demandas legales contra la junta escolar de la ciudad desde 1987, pidiendo un resarcimiento de varios millones de dólares en concepto de daños y perjuicios, tuvo que pagar 3.000 dólares de multa y, además, se le impidió iniciar cualquier acción futura.
Esto me recuerda muchísimo al episodio 306 de ‘South Park’, el mismo que protagonizada el Panda del acoso sexual. Cuando esta mascota de ayuda al niño para que acuse a quien le pueda acosar, sirve de excusa para que de South Park comienzan a acusarse mutuamente de acoso y demás imputaciones (ilegítimas o no). Es cuando el padre de Kyle se aprovecha de la situación para engrosar su cuenta bancaria llegando un momento en que los niños de South Park acuden a la escuela totalmente desvalijada por pagar las demandas impuestas contra ella.
Una vez más, la realidad supera, de un modo más que naturalista, a la ficción.
Creo que mañana, sin pensarlo, pienso demandar a alguien. Quién sabe, igual tengo suerte y gano algo de dinero a costa de algún pardillo.
(Tararead conmigo)
¿Quién vive al este del bosque? El panda del acoso sexual! ¿Quién te lo explica a ti y a mí? El panda del acoso sexual.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:23 |


miércoles, febrero 16, 2005
Esta mañana me he comprado el número 342 de la excelente revista cinematográfica 'Dirigido por...'. Y en su portada, ya me ha extrañado comprobar cuál es el estudio al que se dedica la publicación este mes: un exhaustivo dossier sobre tres, a priori, estudios independientes de Hollywood. Pero claro, viendo a los tres directores que copan su anverso a uno le da por pensar qué es lo que se va encontrar en el interior de sus páginas.
El estudio es todo un curioso contrapunto al cine transgresor y autónomo de aquellas productoras que hacen pequeñas películas que no se estrenan a un nivel comercial sino en sintetizados círculos de festivales, Quim Casas, escruta a modo de exploración analítica e histórica el pasado y presente de tres productoras tan célebres e imperecederas como la Zoetrope de Coppola, la Amblin de Spielberg y la Lucas Ltd. del tío George.
La pregunta es ¿Qué es lo que lleva a una revista de este calibre a centrarse en un tema tan anacrónico como este? ¿Están de actualidad por alguna razón en concreto? ¿Es que esto es un claro ejemplo de contagio ‘ochentero’ del que muchos padecemos y se está extendiendo a los medios considerados ‘serios’?
Curioso, al menos, no deja de ser.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 22:40 |


"Nunca en mi vida he visto los Oscars. Me parece un ridículo desfile de moda. Además ¿Qué negro se sienta allí y los ve? Para mí estos premios son una puta gilipollez”.
Chris Rock
(Una semana y media antes de presentar la gala de los Oscars)
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 18:49 |


martes, febrero 15, 2005
Considerada como una de las mejores películas de la historia del Séptimo Arte, ‘Centauros del Desierto’ es, por derecho propio, una de esas piezas que agotan elogios y acaparan estudios, que permanece constante en nuestra memoria colectiva con su espléndida vivacidad y atemporalidad. Como se ha empeñado en reiterar en multitud de ocasiones ‘Centauros...’ es el western por definición pura, el género americano que incluye en sus fastos obras imborrables, indelebles.
El filme de John Ford puede ser considerado a estas alturas como "el western que se sitúa por encima de todos" (al igual que el rótulo que decoraba uno de sus carteles más memorables). Nos encontramos ante una obra terminante, de complejísima y consumada construcción, de la cual pocas cosas se pueden decir ya, debido a los exhaustivos análisis que se han extraído, interpretando cada secuencia y giro hasta el delirio. Esta película del Oeste representa la afirmación del arte, la emoción y el espectáculo como jamás nadie ha sabido exhibir en una pantalla de cine. Por eso, la constante revisión de la obra de Ford es una nueva oportunidad de engrandecer la más descriptiva cinta fordiana. En algún momento de la historia, Ford reflexionaba sobre ‘The Searchers’ (su título original) comentando que era “simplemente la tragedia de un hombre solitario. De un hombre que regresó de la Guerra de Secesión, probablemente se fue a México y volvió a casa convertido en un bandido que luchó para Juárez o Maximiliano, sabiendo que nunca hubiera podido ser realmente el miembro de su familia que hubiera querido...”. Este es el arranque, el prólogo, la sinopsis de la historia, el comienzo del rumbo que sigue una trama de dimensiones ciclópeas para perpetuar un sentido narrativo inusual y arriesgadamente envolvente.
La historia de Ethan (John Wayne), un tipo solitario obsesionado durante años con rescatar a su sobrina Debbie (Natalie Wood), raptada de pequeña por los indios cuando éstos asesinaron a toda su familia, trata sobre la búsqueda de los vínculos familiares que quedaron rotos en el mismo instante en que el Jefe Cicatriz los asesinó y se llevó a la pequeña. Pero lo hermoso de este clásico es todo el armazón de relaciones, analogías, parentescos, traiciones y simbología que alcanza un nivel de acopio excepcional en la larga carrera de Ford, destruyendo e redescubriendo a la vez, de forma soberbia, todas las bases de la narración clásica.
Desde el apoteósico comienzo con la llegada del hijo pródigo, del héroe atormentado a casa de su hermana Laura (Vera Miles) observamos hasta dónde puede llegar la amargura y el desencanto de un hombre, víctima de un existencialismo que marca uno de los personajes más logrados en la ‘época dorada’ del Hollywood más añorado, tal vez resultado del contraste revisionista con respecto a la película desde una óptica de escepticismo, de madurez en la perspectiva de Ford. Un aspecto éste excepcional con respecto al personaje de un John Wayne que marcará una disposición elegíaca en la posterior tradición de los (anti)héroes de la obra de uno de los genios más alabados de la historia del cine. Acumulando la línea narrativa de falsos aforismos (fugaces, efímeros, a veces incompletos) para que el espectador saque su propia conclusión, de forma interpelativa (¿cómo olvidar el célebre plano que abre y cierra la película?) para que entremos, como privilegiados asistentes, de un modo directo en la narración para captar el sentido total de los personajes y luego, al final, devolvernos a nuestra realidad.
Todo el viaje que realiza Ethan no se limita a ese rastreo en busca de su sobrina por todo el vasto Oeste, que bien podía ser la metáfora de la búsqueda homérica de su propia identidad, de autoexploración interior sumido en la soledad del territorio que le rodea y le cerca a la vez. También lo es para evidenciar la insociabilidad de un personaje oscuro, privado de hogar, con dificultad para amar. En este ámbito, la lectura que se extrae en su relación con su acompañante de viaje, el repudiado sobrino Martin (Jeffrey Hunter), otro ser herido debido a su mestizaje y el rechazo que sufre por parte de Ethan es la clave fundamental de ‘Centauros...’. Ya que Martin es una especie de sustento de la familia que quiere cerrar un círculo abierto para sentirse integrado en una comunidad a la que ya no pertenece nadie, a una familia que no tendría la oportunidad de sobrevivir como tal.
Narrativamente ‘Centauros del desierto’ (ahora mismo recuerdo las ridiculeces que soltó el bocazas de Amenábar sobre esta película en sus comienzos, dignas del más deficiente inculto cinéfilo) es uno de los escasos ejemplos de perfección, un modelo de majestuosidad, de excelencia. El uso reiterado de la célebre elipsis característica del filme da como consecuencia que el relato camine accesible hacia la magnificencia de un argumento épico, de naturaleza trágica y búsqueda moral, encontrando además un origen estructural de películas con personaje en búsqueda obsesiva y catártica, forzado a un destino de soledad y marginación (Paul Schrader fue durante años el paradigma más clarividente de esta connotación –sobre todo con su particular y duro homenaje en ‘Hardcore’).
A todo esto contribuye, conjuntamente, la espléndida utilización del tiempo, un tremolante tratamiento del paso de los seis años transcurridos en la búsqueda de Debbie, marcando con pequeños matices las personalidades de ambos protagonistas. Y también lo es el hecho de la nueva disposición con la que Ford incorpora la leyenda del sueño americano, nunca enjuiciado con una conducta tan distinta a las expuestas hasta aquel momento. Un personaje, Ethan, que alude a la idea de un itinerario hacia una esperanza que se torna en la pesadilla de sus propios temores, una pesadilla de la que no puede salir y en la que América idiosincrásica del ‘western’ está engañada por ella misma.
Remarcada con una percepción estética realmente maravillosa, un concepto de la luz revolucionario y una precisión y encuadres usados en torno a un uso dramático en el que las sombras y la captación del espacio son tan rotundas, encontramos un contenido emocional que evoca el más hermoso de los expresionismos. Un clásico que mantiene intacta su frescura y contundencia. ‘Centauros...’ es una obra (por definición y calidad) imprescindible, necesaria para entender la evolución del cine, de la imagen y de este arte que engloba sueños y realidad. Por eso, cada vez que se ve esta cinta de culto cinéfago se desentierran nuevos matices, nuevos motivos de reflexión que se hacen inagotables en la esencia de la perfección de aquello épico, pero a la vez sencillo y perentorio.
‘The Searchers’ es la aproximación más definitoria de lo sublime, de lo inalcanzable. Es una de las obras más carismáticas e inolvidables del cine que, con su narración y a pesar del paso de los años, sigue respondiendo de forma sutil y directa a preguntas y necesidades muy concretas. Indiscutiblemente, una película que marcó con letras de oro su propia leyenda en un arte que pocas veces encontró tan de cerca la corrección.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 23:31 |


Os dejo una interesante página con las fuentes de algunos grupos de rock míticos, de esos que han marcado generaciones enteras.
Simplemente, curioso enlace el de Rockrage.
Sin más.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 19:31 |


lunes, febrero 14, 2005
‘Jóvenes prodigiosos’ engloba en su fondo conceptual una búsqueda que se identifica con la indagación de Curtis Hanson a la hora de encontrar un proyecto a la altura de las circunstancias y salir, de paso, del núcleo dramático y solemne en el que se vio después de esa maravilla que es ‘L.A. Confidential’. Para su vuelta al cine antes de la injustamente infravalorada ‘8 millas’, Hanson escogió el espléndido guión de Steve Kloves, centrado en la patética vida de Grady Tripp (Michael Douglas), un profesor de inglés cincuentón que no publica desde su última novela considera una obra maestra, ‘La hija del pirómano’, sintiendo todo tipo de dudas respecto a su futuro como literato y a su vida en general. Sin embargo, el encuentro con James Leer (Tobey Maguire), uno de sus mejores alumnos, va a hacer que su vida se invierta de forma radical.
Partiendo de esta base, Kloves se volvió a adentrar, como ya lo hiciera hace casi una década con ‘Los fabulosos Baker boys’ (película clave en el cine contemporáneo –una de mis grandes favoritas-) en la figura del perdedor y de su necesidad de encontrar un sentido a una vida opaca. Un hecho al que muchos ya nos hemos acostumbrado y vemos como algo cotidiano e identificable. Esta fabulosa comedia, diligente y fértil con cada uno de las significaciones que se emprenden acerca de la soledad del autor, el fracaso, la necesidad y la creatividad imposibilitada, transita incólume por senderos de una negrura que alcanza su mayor virtud en la sencillez de cada término, en la simplificación de sus momentos cómicos provistos de una intensidad infrecuente.
Hanson moderó, de un modo cálido e impetuoso, la soterrada clave de la trama para llevar al espectador hacia un esplendoroso viaje a través del complejo proceso de reencuentro del desencantado profesor consigo mismo, de los valores que el genio encuentra en su ‘alter ego’, un joven embustero que le hace abrir los ojos mostrándole que, a pesar de su fama, vive también en una mentira constante. El escepticismo y la grávida funcionalidad de su fondo (la metáfora de las más de dos mil páginas de la nueva novela del maduro profesor hace evidente el propósito) hacen de ‘Jóvenes prodigiosos’ una insólita excelencia en la comedia americana, una perfecta combinación entre talento y sencillez, entre magistralidad y elementalidad.
A la magnificencia de esta pequeña joya no es ajeno un Michael Douglas colmado de una idoneidad que parecía perdida hace años (y que, por supuesto, no ha vuelto a recuperar), realizando aquí una de sus mejores aportaciones al mundo del celuloide, oscureciendo con su admirable composición de Grady las sensacionales intervenciones de Tobey Maguire, Robert Downey Jr., Frances McDormand y Katie Holmes (incluso ella está bien) que acaban por completar una obra que, si bien no es redonda, sí sitúa su altura al nivel de aquello que busca su propio protagonista: la genialidad.
‘Jóvenes prodigisos’ habla, en último término, del anhelo de madurar, de los sueños, de los miedos que aletargan nuestra esperanza de conseguirlos, de la necesidad de cambios vitales para conseguirlos... de ése amor responsable que acojona. Bajo las letras agridulces de una de esas bandas sonoras casi perfectas; desde Bob Dylan pasando por John Lennon, Van Morrison, Neil Young hasta llegar al desgarro de Leonard Cohen, Hanson despelgó una película que desborda talento y dignidad.
Un filme que, al menos a mí, se me antoja inolvidable.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 23:50 |


Como ya escribí y confesé en los principios del Abismo, no creo en el amor. Soy un misántropo que renunció hace tiempo a esperar que esa persona especial aparezca. No creo en la dualidad espiritual del amor. Por lo que hoy, día de los enamorados, San Valentín, es un día me la sopla de un modo espeluznante. Me es indiferente todo el sentido de esta jornada y la mercadotecnia hipócrita (como cada celebración multitudinaria y plural) que encierra. Eso que me ahorro.
Tampoco no soy un impío escéptico, un ascético suspicaz desalentado ante estas cuitas emocionales. Ni mucho menos. Siempre he optado por esa extraña y familiar forma de ‘pseudoamor’ que se ha dado en definir como amor sentimental, el cual recoge su esencia en un amor que sólo se experimenta en la fantasía, en la creación propia o ajena de este tipo de idolatría pasional y engañosa que algunos han dado en llamar amor. Imposible que nada salga mal. Todo es perfecto y existe cabida para un final feliz. Antepongo esa gratificación amorosa sustitutiva que experimenta uno cuando lee un libro, ve una película, disfruta un cómic (porque los cómics se disfrutan, no se leen) o escuchar alguna canción genérica (me refiero a las baladas, claro está). El aquí y ahora de la relación con otra persona lo dejo para el puro placer de una concordancia sicalíptica. Nada más. Puede que sea un síntoma arquetípico de mis deseos insatisfechos de unión, avenencia e intimidad, pero es lo que creo desde hace tiempo. Ya tendré tiempo de cambiar de perspectiva cuando irrumpa en mi vida ELLA.
Elijo, por tanto, ser un espectador del amor. Así de fácil.
Ahora que lo pienso... ¿Qué es lo que decía Tonino Carotone en su más célebre y escatológica canción de amor? Sí, ésa. Pues lo mismo.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 19:54 |


domingo, febrero 13, 2005
Las 10 claves de Clint Eastwood
Su última película ‘Million Dolar Baby’, supone otra obra maestra que se une a una filmografía tan personal como apasionante y ha terminado por definirle por enésima vez como ‘el último gran clásico del cine contemporáneo’.
Actor
Clint Eastwood durante bastantes años como limpiador de piscinas hasta que logró un minúsculo papel en una producción de bajo presupuesto llamada ‘Revenge of the criature’. Desde entonces, pasando por un curso de interpretación organizado por la Universal, Eastwood no cejó en su empeño hasta obtener su oportunidad en la serie televisiva de la CBS ‘Rawhide’, inspirada en el clásico ‘Río Rojo’ y emitida de 1958 a 1966. Sus primeros papeles fueron pequeñas apariciones en películas como ‘Lady Godiva’ o ‘Escapada en Japón’, ambas de Arhur Lubin. Hasta la fecha Eastwood ha protagonizado 47 títulos, significados, en su totalidad, por una heterogeneidad prolífica, siempre en busca de nuevos retos y aspectos que aportar a su ya de por sí magnánimo estilo. ‘El jinete pálido’, ‘Bronco Billy’, ‘El aventurero de medianoche’, 'Los violentos de Kelly' o ‘Joe Kidd’ son algunos de ellos. Eastwood ha sabido unificar títulos de gran recaudación como la extraña ‘Duro de pelar’ con producciones independientes como ‘En la cuerda floja’, de Richard Tuggle, conduciendo por un sendero de coherencia cada elección, cada intención, hermanando esa constante a su labor como director, conciliando a la perfección el cine personal y el comercial. Algo tremendamente difícil, pero que ha fomentado a lo largo de su carrera.
Sus antihéroes, personajes individualistas, atormentados y solitarios, han descrito gestas que, alejándose de la insensibilidad y la unidimensionalidad habituales en esta categoría, han dispuesto espacios inhabituales en la reflexión y el sentimiento. En esta perspectiva se sitúan sus títulos más notorios, cintas con la estirpe de ‘Infierno de cobardes’, ‘Brezzy’ o ‘Ruta suicida’ y preconizada en sus últimos trabajos como actor: ‘Poder Absoluto’ o ‘Deuda de sangre’ pero, sobre todo, sobresaliendo en su madura ‘Cazador blanco, corazón negro’ y la melancólica ‘Los puentes de Madison’. Su último trabajo a las órdenes de otro director fue dando vida al guardaespaldas Frank Horrigan en ‘En la línea de fuego’, de Wolfgang Petersen en 1993.
Director
Dotado de una exacerbada inteligencia cinematográfica vinculada a una cáustica sensibilidad ha conducido su carrera como sus personajes suelen conducir sus vidas: con fría determinación y férrea voluntad, fuera de cualquier convencionalismo. Desde que 1971 asumiera el gran reto de ponerse tras la cámara siguiendo los consejos y el aprendizaje impartidos por los maestros Siegel y Leone, se dejó llevar por la gran influencia de Brian G. Hutton en ‘Escalofrío en la noche’, donde se comprobó, por primera vez, la gran capacidad de Eastwood con un thriller con trasfondo intimista, de forma ajena a lo que venía siendo el género. Desde entonces, Clint Eastwood ha dirigido 24 cintas más y se ha consolidado definitivamente (aunque siempre lo haya sido) como un cineasta de incontestable categoría, sublime narrador de historias inolvidables, eternas, clásicos modernos.
Tras la llegada de su ‘oscarizada’ obra maestra ‘Sin perdón’, la obra filmográfica de Eastwood ha seguido, bajo el calor de la crítica y el público, hacia un horizonte que le ha consolidado como uno de los últimos clásicos de los fastos del cine. Una de las más bellas historias de amor jamás contadas como ‘Los puentes de Madison’, ‘Poder absoluto’, ‘Medianoche en el jardín del bien y el mal’, ‘Ejecución inminente’ y, sobre todo, ese portentoso trabajo que es ‘Mystic River’ auguran que el talento de este veterano ‘outsider’ seguirá fiel asimismo durante muchos años. Eastwood ha pasado a ser un visionario accidental, un preceptor que marcará a las nuevas generaciones que deben ver en él a un demiurgo con cine y jazz en sus venas, con vehemente poesía artística que le ha ido fundando un pináculo de maestría del que será imposible bajarle. Un cineasta movido por una especial sensibilidad fílmica en muchos aspectos del proceder de varios de los más grandes directores del séptimo arte que le han convertido en un referente necesario del cine moderno.
Influencias
Eastwood ha manifestado muchas veces su admiración hacia los grandes clásicos del cine: John Ford, seguramente, es uno de los referidos más claros cuando se habla de influencias. Al igual que Ford, ha ido edificando una obra de historias e imágenes privativas, que a su vez resultan cercanas, aparentemente fáciles de crear. Como tal vez sólo Ford lo hubiera hecho, es capaz de pasar, en un solo cambio de plano, de la tragedia al humor, sin que se debilite el fondo dramático de la película.
Eastwood filma lo sencillo como si fuera nuevo y su aspecto renovador lo obtiene con la impavidez de los grandes clásicos. Anthony Mann, Howard Hughes, Wellman y John Huston también son identificables como atribuciones al cine de este genio nostálgico, que sabe dosificar la emoción contenida en su sobria planificación, la violencia sin tapujos éticos y una hosquedad camuflada en una disfrazada ternura que han transformado su cine en una isla de pureza y corrección incomparables en el cine contemporáneo.
Maestros
De todos es sabido que Clint Eastwood dedicó su mayor obra maestra hasta el momento, ‘Sin perdón’, a dos de los cineastas menos reconocidos en su época, pero que hoy en día son considerados dos cineastas de relevancia intachable: Sergio Leone y Don Siegel. Una proclamación de influencias que Eastwood ha seguido en un modo conceptual a la hora de filmar y captar la esencia del cine clásico. Un método casi extinguido.
De Leone, Eastwood ha adquirido la consecución de lo creíble, de lo legendario y lo poético, logrando transmitir mediante la imaginación y la poesía una transgresión de la pantalla al espectador que asiste a través de la catarsis fílmica a la realidad, derivada de un creador capaz de dilucidar con una perspectiva artística lo más oscuro del ser humano.
Del cine de Siegel, Eastwood ha impregnado su obra con un ‘modus operandi’ dignificador de los grandes clásicos, con un estilo directo, sin circunloquios ni falsos mensajes. De forma directa y sencilla, ambos se han caracterizado por la economía de tiempo y dinero apoyándose en un estilo diligente y pausado, subrayando lo trascendente de la violencia, del amor y de la vida y la muerte, sin falsos mensajes subversivos.
Con Siegel Eastwood fue cómplice creativo en ‘La jungla humana’, ‘Dos mulas y una mujer’, ‘El seductor’, ‘Harry, el sucio’ y ‘Fuga de Alcatraz’, mientras que con Siegel, la impronta conjunta dejaría esa ‘Trilogía del hombre sin Nombre’, el génesis del ‘spaghetti western’.
Malpaso
Malpaso es el eterno nombre que irá asociado al actor y cineasta. Malpaso es la productora que dio sus primeros pasos a finales de los 60 creada Eastwood que, con sabia decisión y voluntad de aprendizaje en el mundo de la dirección, contrató para protagonizar sus primeros filmes como productor a directores reconvertidos en sus propios mentores. Ted Post, su antiguo director en ‘Rawhide’, fue el primero en dirigir una película producida por Eastwood: ‘Cometieron dos errores’, vehículo inspirado en el cine de Leone que sigue teniendo como gran valor ser una película de culto, un insólito híbrido entre el ‘western’ norteamericano y el europeo, tan oportunista como sugestivo.
Malpaso sentó unas bases productivas y fílmicas que nunca ha traicionado: películas baratas y humildes, casi artesanales, como un constante antagonismo al exceso de dinero de las grandes superproducciones. Para el sobrio Clint, Hollywood es un mundo obsceno. Aunque Eastwood es accionista de la Warner Bros. (que distribuye y confecciona los filmes que el actor y director quiere), su productora Malpaso sigue funcionando en un pequeño bungalow de los Burbank Studios de Hollywood.
Million Dolar Baby
Es otra de esas obras maestras tan difíciles de encontrar en el cine actual. Su reflexión sobre la vida y la muerte, en un mundo de desarraigados unidos por imperfecciones, defectos, donde la deuda con los sueños supera las frustraciones vitales en un entorno de fortaleza mental, a la que auxilia un recuperado sentido de la amistad, del sacrificio, de la superación y del triunfo humano en lo que para el mundo real es fracaso, es una delicia visual y emocional.
La historia de una chica que quiere boxear y necesita un preparador, encarnado por un reacio y duro Clint Eastwood, es una aparente historia de perdedores vista como un ejercicio epistolar, donde su tenebroso realismo se alimenta del inescrutable dolor y sosegante serenidad que subliman unas imágenes cuyo ritmo parece contenerse en cada fotograma, haciéndolo progresar silenciosamente. ‘Million dolar baby’ es una de las películas más personales, heterodoxas y arriesgadas que han surgido durante la última década en Hollywood. Muchos la califican de obra maestra. Y no están muy lejos de acertar en sus muchos y merecidos ponderativos.
Música
Clint Eastwood es un reconocido amante del jazz, con una pasión por el piano que le ha llevado a componer varias bandas sonoras al lado de su inseparable Lennie Niehaus, haciendo de las partituras de Eastwood verdaderas joyas musicales. Hace poco, el cineasta realizó un documental sobre leyendas vivas del género como Pinetop Perkins, Jay McShann, Dave Brubeck y Marcia Ball, donde indagaba en las influencias de estos artistas y qué les llevó a dedicarse a la música ‘blues’ para piano.
Filmes como ‘Bird’ y ‘El aventurero de medianoche’ muestra el gran respeto y admiración por una música que confiere a sus películas un ambiente que también recuerda a los mejores clásicos. Desde 1980 con ‘Bronco Billy’ ha compuesto algunas de las partituras de las películas que ha dirigido, incluyendo su último y gran ‘score’ en ‘Million Dolar Baby’. Destacan, además de la disposición jazzística de ‘Bird’, ‘Los puentes de Madison’ o ‘Medianoche en el jardín del bien y del mal’.
Política
La personalidad y el carisma de este insólito galán no pasaron desapercibidas para la población americana, ventaja que le llevaría a convertirse en 1986 en alcalde de la ciudad de Carmel (California). Un hecho que nunca recuerda con notable evocación. Más de una vez ha afirmado que su mayor aportación a la comunidad fue la regulación para la venta de helados. Eastwood, siempre ha declarado que sus puntos de vista en la política y en la vida tienden a la libertad, pero durante años la etiqueta de ‘fascista’ colgó en su endurecida imagen. ‘Harry el sucio’ levantó la ira de ciertos sectores progresistas yanquis, que vieron en Harry Callahan a un tipo identificable con Clint (algo ridículo); un tipo solitario, misógino y misántropo. Don Siegel decía de su filme: “Si hago una película sobre un asesino, no quiere decir que lo justifique, al igual que si hago una película sobre un agente de policía con métodos resolutivos”. Sus siguientes títulos con el duro policía, ‘Harry, el fuerte’, ‘Harry, el ejecutor’ e ‘Impacto Súbito’ corrieron la misma surte.
Con ‘El sargento de hierro’, también se repitió la polémica vertida en un malhablado militar Tom 'Gunny' Highway que insultaba constantemente a sus reclutas durante la instrucción. Un filme antiblecista que algunos quisieron ver como un alegato a la violencia. A pesar de que pudiera ser encasillado, Eastwood quiso desquitarse con ‘Sin perdón’ y, tras los reconocimientos, volvió a contribuir con otra joya para los fastos con ‘Un mundo perfecto’, obra de madurez con propósitos éticos que entroncó admirablemente con la esencia del clasicismo cinematográfico.
Premios y Oscars
1993, fue su gran año en este apartado. ‘Sin perdón’, obtuvo nueve nominaciones a los Oscar, de los que se llevó cuatro: mejor película, mejor director, mejor actor secundario y mejor montaje. Ese mismo año, también obtuvo el premio del ‘Director’s Guild’, el Globo de Oro al mejor director, el premio de la National Society of Film Critics a la mejor película, mejor director, mejor actor secundario y mejor guión y el Premio de la Crítica de Nueva York al mejor actor secundario. Eastwood es también un habitual en el Festival de Cannes, donde fue presidente del jurado en 1994 y presente en el Sección Oficial a concurso por ‘Cazador blanco, corazón negro’ en 1990, por ‘El jinete pálido' en 1985 y por ‘Bird’ en 1988 (que se llevó los premios al mejor actor y al mejor sonido).
Ya reconocido como uno de los grandes, recibió el prestigioso premio Irving G. Thalberg Memorial de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas y el premio a toda una carrera del American Film Institute en 1995 y1996, respectivamente.Este año también ha sido una excelente cosecha de galardones; con varios premios de la crítica a la mejor película, mejor director y para su reparto, los Globos de Oro al mejor director y a la mejor actriz dramática y siete nominaciones que pueden hacer de ‘Million Dolar Baby’ la gran triunfadora en la noche del 28 de febrero.
Western
"Me pareció que cuanto menos dijera el Hombre Sin Nombre, más potente se volvería en la imaginación del público. No se sabría quién era, de dónde venía o qué haría". Es la definición de Eastwood sobre el personaje que le daría la fama internacional gracias a esos filmes de serie B que Sergio Leone se sacó de la manga para que revolucionar el cine de género más característico de Estados Unidos: el ‘western’. La europeización genérica se entronizaría con ‘El Bueno, el Feo y el Malo’, ‘Por un puñados de dólares’ y ‘La muerte tenía un precio’, modélicas y paradigmáticas cintas de un Oeste alternativo, que supieron moldear el ‘dramatis personae’ con líneas argumentales sostenidas en tres pilares de la condición humana: la codicia escéptica, la venganza sediciosa y el crimen megalómano.
Una vuelta de tuerca que marcaría la aparición de Eastwood en títulos como la desmitificación de ‘Solo ante el peligro’, ‘Infierno de cobardes’, la antirracista ‘El jinete pálido’, la obra de culto ‘El fuera de la ley’ o la ya mencionada ‘Sin Perdón’, su obra maestra, la definición de un ‘antiwestern’ que utilizó el género con una mirada revisionista, diáfana y sombría a la vez, poética y antidualista sobre los mitos y héroes del antiguo oeste americano. En esa esfera clásica y lírica, ‘Sin perdón’ es una magna obra sobre complejas cuestiones morales y sociales como la redención, el valor de la vida, de la amistad y la muerte o el progreso sensible y emocional del individuo.
Miguel Á. Refoyo © 2005
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 20:59 |


Abismo: (Quizá del lat. vulg. *abyssimus, der. de abyssus, y este del gr. βυσσος, sin fondo).
1. m. Profundidad grande, imponente y peligrosa, como la de los mares, la de un tajo, la de una sima, etc. U. t. en sent. fig. Se sumió en el abismo de la desesperación.
2. m. infierno (lugar de castigo eterno).
3. m. Cosa inmensa, insondable o incomprensible.
4. m. Diferencia grande entre cosas, personas, ideas, sentimientos, etc.
5. m. Heráld. Punto o parte central del escudo.
6. m. Nic. Maldad, perdición, ruina moral.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 17:54 |


¿Por qué todos los medios han sido tan ‘originales’ de no dejar pasar la oportunidad de titular el impresionante incendio del Edificio Windsor como ‘El coloso en llamas’?
¿ Por qué todos los medios han sido tan ‘originales’ de no dejar pasar la oportunidad de comparar el Edificio Windsor con las Torres Gemelas de Nueva York?
Llevamos varias semanas con seísmos, hundimientos de adoquinado, meteorología muy inestable...
Como dijo el gran Fernando Arrabal puesto hasta arriba de droga antes de que la mesa venciera porque Bustillo no la sujetó: “El Apocalipsis va a llegar…”
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 15:00 |


sábado, febrero 12, 2005
Como su viajante Willy Loman, Arthur Miller ha muerto. Y como en su novela más aclamada, todo un símbolo del fin del sueño americano.
Recuerdo la primera vez que leí ‘Las brujas de Salem’, con sus pesquisas subversivas e interrogatorios inquisitoriales. No logro recordar cuántos años tenía. Pero yo por entonces estaba más interesado en el cine y en los cómics. Sin embargo, descubrí a un autor capaz de demostrar hasta qué punto podía llegar la perfección intencional, la inobediencia y transgresión llevada a los extremos de un alegato contra la ofuscación común y la hipocresía pluralista (en este caso, la anticomunista, pero también la religiosa). Un despiadado ataque al Comité de Actividades Antiamericanas del Senado que implantó unos poderes represivos llevados a la práctica por el senador Joseph McCarthy. Era una insurrecta y agitadora crítica a la intransigencia del odio hacia un elemento como era la URSS de entonces, pero que puede prolongarse a cualquier otro, incluso en la actualidad. Desde entonces, pocos autores han dejado tan claro su posicionamiento ideológico a la hora de criticar todo aquello que nos rodea, siempre comprometido con la sociedad, desde el conflicto del ser humano y el espíritu analista.
Al igual que Ibsen, en sus propósitos naturalistas, Miller nunca fue como Norman Mailer o J.D. Salinger, tampoco como Truman Capote y la generación perdida de Faulkner, Hemingway, Steinbeck y John Dos Passos. Pero a ellos se le entronca una característica común; la de reflexionar y enjuiciar uno de los mecanismos sociales que no se ha podido superar con el paso de los años: la intolerancia.
Antibelicista y especulativo con el ser humano, su literatura estaba cargada de una efectiva tendencia a mostrar las contradicciones sociales a través de la familia, del hombre cotidiano, sin alejarse en ningún momento de una perspectiva realista de la vida y de la sociedad.
‘Focus’, ‘Todos eran mis hijos’, ‘Después de la caída’, ‘Panorama desde el puente’ , ‘El precio’ y, sobre todo, ‘Muerte de un viajante’, fueron parte de un legado de una época de vencimiento de los malos tiempos, vistos desde el aislamiento y la desamparo, del ascetismo y los infortunios sobre los que también escribieron Tennessee Williams y Carson McCullers. Una literatura tan reflexiva y profunda como descorazonada, entristecida y lánguida. Como la que representa Willy Loman, su icono literario más reconocible. Atacó enérgicamente todo aquello que llevara hacia el sectarismo y exacerbación de falsas morales e ideologías, defendió siempre la libertad de expresión con notable repercusión pública por su intenso activismo político y social.
Y sí, amigos, fue uno de los hombres más envidiado del mundo cuando, en 1956, se casó con Marilyn Monroe y se divorcio en 1961, un año antes de la muerte de la actriz.
Se ha ido, por tanto, una de las figuras más importantes del S.XX.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 19:03 |


Ayer pudimos soportar y sufrir en el programa de Cayetana una de las películas más triviales y superfluas que se hayan realizado en la historia del cine español. Me refiero a la alevosa y repulsiva ‘Nadie conoce a nadie’, de Mateo Gil. Así de contundente.
Haciendo ‘zapping’ colisioné de frente con una de las secuencias más ridículas, incomprensibles e imbéciles del cine moderno. Me refiero a esa que todos recordamos. Sí, ésa. No penséis más. La escena a la que me refiero es la ubicada en pleno Barrio de Triana, donde el protagonista (interpretado por Eduardo Noriega) es perseguido por unos encapuchados malvados que le acosan y le ofrecen una pistolita en un bar de tapas. Cuando sale con la Verbeke metida en kilos y sin operar, comienza una situación surreal y patética: empiezan a disparar con unas pistolitas de juguete que emiten un sonido agudo y e irradian un puntero rojo por cada recoveco del barrio, persiguiendo a un Noriega que reacciona aterrorizado a este peligroso juego (ya me diréis) huyendo como si le fuera la vida en ello. Una secuencia interminable y, concluyentemente, desastrosa.
Mateo Gil, compañero de Amenábar al menos en algunos de sus guiones, debutó en la dirección con un thriller pretendidamente intelectual y parco de ideas que, por contra, se vendió como una película original y atractiva. Gil jugó a embaucar sin fundamentos, a proponer un carísimo juego de pirotecnia anquilosado, falto de alcance, moviéndose en el complicado espacio del ‘thriller’ y cayendo, en no pocas ocasiones e inevitablemente, en el puro ridículo. Saltándose a la torera cualquier evidencia de acercamiento a la realidad, Gil impuso sus reglas reinventando incoherentes jueguecitos de guerra y ya puestos, sin ningún pudor –rozando el desprecio-, perder el respeto a una tradición tan arraigada a Sevilla como es la Semana Santa (fue comprensible la negativa de la ciudad hispalense a rodar esta... esta... bueno, esto, en su ciudad).
En definitiva, que lo que nos dejo Mati fue un intento fallido de thriller capcioso e intrigante que no resultó más que una película tan horadada que no se mereció ni la posibilidad de ser. Uno de los más descarados insultos a la identidad que en algún momento, intentó crear nuestro cine. Ignominiosa, poco imaginativa y simuladamente diligente, lo que se vendía como un intrincado puzzle perspicaz queda poco menos que en un rompecabezas de cuatro piezas para párvulos.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 16:12 |


viernes, febrero 11, 2005
Acabo de leer en Moviehole un rumor/noticia que más que esto último me ha sonado a blasfemia cinematográfica, a inexactitud indigna, inconcebible e intolerable.
En estos tiempos de esterilidad creativa que demuestra Hollywood de ves en cuando, acaba de tocarme lo intocable (por no decir los cojones). Ya me ha escarnecido demasiado la absurda idea de sacarse de la manga una cuarta parte subtitulada ‘The begining’ (eso sí, procuraré ver el trabajo de Schrader). Pero traspasar lo nomotético, lo lógico del asunto, es ya otro cantar.
Jim Cash, un guionista presto al mejor postor que nos ha dejado películas como ‘Anaconda’, ‘Los Picapiedra en Las Vegas’ y ‘La semilla de Chucky’, está escribiendo un primer borrador del ‘remake’ de ‘El Exorcista’ de 1973. Sí, amigos, Chris MacNeil y su hija Regan, que era poseída por Belcebú y redimida por los sacerdotes Karras y Merrin… “El poder de Cristo te obliga”, “La cerda es mía”, “¿Has visto lo que ha hecho la cochina de tu hija?”… Un evangelio fílmico en sí mismo.
La mitología proferida por los ejecutivos más ominosos y usureros ha traspasado cualquier límite, mancillando ese intangible vértice de lo canonizado por los años como ‘Obra intocable’. Y parece que, a pesar de tratarse de un chisme, ya se habla de Dakota Fanning (no me veo yo a la pequeña Fanning clavándose un crucifijo en la vagina) para dar vida a Regan y Gary Oldman como el torturado Damien Karras.
Lo paradójico de todo es que ‘El exorcista’, 1973, sigue siendo una película con un céfiro de modernidad, que sigue acojonando, exponiendo una fábula realista y agónica que ahonda en nuestra mente para producirnos la peor de las pesadillas: cómo la candidez de Regan puede transformarse en el ser más terrorífico (real o no) que vive en nuestro miedo más interno, Satanás dentro de la niña, realizando en el fondo, una atroz parábola de la pérdida de la inocencia en su vertiente más brutal e inimaginable. Pero en su interior, este filme de culto, implica más posicionamientos ante temas que disecciona de forma impecable.
Este último fragmento lo he extraído de un reportaje que escribí hace años vertiendo un gran esfuerzo debido a la idolatría y veneración que le tengo a la cinta de William Friedkin. Esta semana que viene, lo postearé en el Abismo, como regalo de mi cumpleaños.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 23:53 |


Cuidado que hemos oído veces la frase materna: “te vas a destrozar la vista con tanta videoconsola”.
Pues lo que creíamos que era una incuestionable perogrullada, no es más que otro de esos minúsculos sofismas maternos para salvaguardar al menor del potente vicio audiovisual.
Hoy, nos hemos enterado en la prensa que la doctora en Optometría y directora del Centro de Optometría Internacional (COI), Marisol García Rubio ha informado que los videojuegos ayudan a ejercitar la visión y permiten desarrollar una agilidad y destreza visual "superior" a los que no los utilizan. Cierto es que la tensión ocular, la fatiga ocular (como a mí en este momento), el dolor de cabeza son otros de los efectos. Hace poco también pudimos leer que videojuegos pueden hacer a los niños gordos, y, en el caso de los juegos violentos populares entre adolescentes, pueden convertirlos en agresivos y criminales, según expertos suecos.
Conclusión: Estamos originando pequeños y obesos francotiradores con visión de águila dispuestos a cualquier cosa con tal de satisfacer sus libertinajes y descarríos.
Acojona ¿eh?
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 23:26 |


Admirable historia de perdedores rurales
Tras convertirse en un precoz cineasta gracias a su paternidad de la saga ‘Evil Dead’, una de las trilogías fundamentales dentro del cine ‘gore’, y pasar a ser un paradigmático ejemplo de preceptor de un ‘superproducción mainstream’ sin perder la dignidad, Sam Raimi ha evolucionado hasta llegar a convertirse en un cineasta consagrado y respetado por crítica y público. Antes de que la trilogía de ‘Spiderman’, Raimi recuperó el buen pulso con una película que es, ahora mismo, una de las referencias de culto más importantes de la anterior década. La magnífica ‘Un plan sencillo’, magnífica adaptación de la novela de Scott B. Smith, cuenta, de forma inestimable y a modo de thriller, la patética historia de dos hermanos (uno de ellos retrasado), una mujer y un amigo de los protagonistas que ven su vida alterada cuando encuentran una bolsa con cuatro millones de dólares en un avión siniestrado en medio de un espacio perdido y deshabitado.
Con este punto de partida Raimi, recreó con solvencia y profundidad dramática una dimensión cruel y oscura del ser humano, dotando al filme de una excelente serenidad que se contrapone con la angustia y el fondo de sus mediocres protagonistas. ‘Un plan sencillo’ es una película sobre perdedores rurales a los que la vida golpea brutalmente, escupiéndole el sueño y la esperanza de cualquier tipo miserable, ofreciéndoles la posibilidad de demostrar lo pueril de su existencia, la codicia como patente de su infelicidad. Raimi, mediante punzantes y agresivas imágenes y situaciones inquietantemente apaciguadoras, ofrece un magnífico retrato ‘socio-rural’ que desarrolla, en último término, una despiadada reflexión sobre las relaciones humanas, girando en torno a personajes antagónicos a los que la avaricia les lleva inevitablemente al instinto más primario de nuestra naturaleza: la violencia.
La frustración, el egoísmo y la fragilidad se alían en un sentimiento único formando una cotidianidad perversa, fría, en la conviven las emociones confundidos de amor y odio (el contraste entre los dos hermanos es fascinante, impresionante, tal vez lo mejor de esta pequeña joya). La cámara de Raimi recorre con acertada coherencia la América más profunda, en la que la serenidad de un paisaje sosegado, precioso y acrisolado, choca frontalmente con la profundidad compleja y resquebrajada de sus personajes, mezquinos y arrogantes. Todos ellos inmersos en una situación que se les escapa de las manos y hace que aflore lo peor de su sucia y anodina conciencia, tal vez así debido al tedio y desesperanza que corroe su cotidianidad. Con pinceladas de genialidad, el director de ‘Darkman’ aportó momentos irrepetibles, de perfecta armonía, de matices que engloban lo mejor de su cine (y también lo más gamberro, como la secuencia en que Hank Mitchell (Bill Pastón) dispara su escopeta contra la mujer de Lou (Brent Briscou).
Aunque por momentos la frialdad del entorno se extienda a secuencias puntuales de la trama (sobre todo en la relación entre Paxton y Bridget Fonda), en conjunto, ‘Un plan sencillo’ se consolidó como una de las obras más sobresalientes de finales de los 90. Rechazando cualquier tipo de estereotipo, la terrible historia se movió por cauces tenebrosos sostenidos con sobriedad, con una apabullante resolución y con una labor interpretativa más que notable en la que destacaba la sublimidad que aportó Billy Bob Thornton a su papel de deficiente mental. Por ello cabe destacar esta película como una composición rica en lecturas, que indaga en el lado más débil del ser humano y que concluye, de forma fatalista, con imágenes de espacios hermosos, en las que el único ser capaz de estropear su armonía es el hombre, metamorfoseado en los cuervos que comen ojos (como secuencia rememorativa del ‘gore’ de Raimi) y que depredan todo aquello que se les pone por medio. El hallazgo de Raimi como un espléndido artesano del cine de calidad es un hecho fehaciente que se apuntaló con la perspectiva más que interesante ofrecida en las dos primeras partes del superhéroe creado por Stan Lee.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 01:32 |


jueves, febrero 10, 2005
Supongo que no soy el único que ha visto a esos muchachos de esa extraña nueva generación. Adolescentes púberes y barbilampiños que llevan una gorra negra, varios piercings, tatuajes, anillos en sus dedos y van vestidos con ropas muy anchas, mirando por encima del hombro y profesándose insurrectos, que es lo peor que puede pasarle a un núbil novicio de la vida. Una de sus principales y risibles características es la de llevar tres tallas de pantalón más grandes que la suya, dejando ver su ropa interior. Calzoncillos de colores como símbolo de ‘vete a saber tú qué’.
Eso sí, yo mismo, siguiendo una estúpida identidad de naturaleza masculina, en el tema del vislumbramiento casual de un hermoso tanga femenino, soy más pródigo y tolerante. Aunque no siempre es así.
Para unos es una forma de expresión, para otros una moda o una descompostura en la vestimenta. Para casi todo el mundo, una horterada de aupa. Pues agarraos. En el país de la Esperanza y la Libertad, en cenagal hipócritamente moral y ético en que se está convirtiendo USA, este tipo de modalidad de indumentaria alumbrando o sugiriendo la ropa interior es UN DELITO. Así que los jóvenes que enseñen demasiado sus calzoncillos y las epicúreas chavalitas que dejen intuir sus tangas podrían recibir multas de hasta 50 dólares.
Esto ¿en qué se transcribe?
Imaginemos por un momento un coche patrulla de policía, con unos polis que se embuchan unos donuts en grandes cantidades y hablan de la Superbowl o de su próxima barbacoa el domingo por la tarde.
- Eh, Johnny, mira aquel ‘yogurín’. Está buena. Qué tanga más minúsculo lleva.
- Oh, sí, Paul. Y fíjate en ese tatuaje. Qué sugerente.
- Casi deja ver la hucha.
- Umm… quién la pillara...
- Estas muchachas de hoy en día…
- Son unas golfillas.
- Qué cosas dices Paul. Pero cuánta razón tienes.
Ambos ríen a la vez.
Pero en seguida avistan algo que les hace encender las sirenas.
¿Qué? Un jodido ‘hip-hopero’ negro, un puto ‘nigga’. Un pobre muchacho afroamericano que por llevar ropa ancha, quiera o no, abonará los 50 euros (o más) y seguramente se llevará una buena somanta de hostias.
En el sur de Estados Unidos, estas penas absurdas y aparentemente burlescas, no tienen ni puta gracia, ya que siempre son aplicadas sobre la población negra. Algie T Howell, el bastardo que propuso la ley, un reaccionario obcecado y retrógrado, dijo que “no se trata de un ataque a los pantalones holgados, sino que por la dignidad de un país con valores morales”. “La ropa interior se llama ropa interior por un motivo”, dijo por otra parte John Reid, un diputado republicano que, a buen seguro, nunca ha leído 'Superman'.
Un pequeño ejemplo de lo proverbial de un país que ha vuelto a elegir a Bush por segunda vez como presidente.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 21:37 |


miércoles, febrero 09, 2005
Alejado de la sencillez y el lirismo en ‘Hero’, Zhang Yimou, vuelve a la fábula romántica más poética y oriental con ‘Shi Mian Mai Fu (La casa de las dagas voladoras)’, otra exhibición del cineasta chino en su nueva etapa de épico estilo a la hora de llevar a cabo particulares visiones de la inagotable fuente que es el género de artes marciales, de luchas con catana y de espectáculo coreográfico. Elementos combinados perfectamente por Yimou con la filosofía oriental y una hermosa historia de amor que da como consecuencia un portentoso testimonio de buen cine.
Ni siquiera la autocomplacencia de la que en su conjunto hace gala esta nueva atávica leyenda china logra reprimir el fuerte efluvio del cine clásico de aventuras descubriendo como propósito final, al igual que en ‘Hero’, una auténtica delicia para los sentidos. La historia se centra en los tiempos en los que la dinastía Tang está en declive. Dos capitanes locales deben capturar al nuevo líder y poderoso enemigo que tiene su sede secreta de la 'Casa de las Dagas Voladoras'. Para llegar hasta ella, uno de ellos tendrá que engañar a una joven ciega que pertenece al clan. Pero, como en todo cuento que se precie, las cosas no van a resultar tan sencillas.
En ‘La casa de las dagas voladoras’ las pasiones no comprendidas, los toques de caligrafía escénica, amor, celos y heroísmo son de una fruición visual asombrosa, envolviendo la esencia romántica del filme con vistosos colores metafóricos y cambios de estación temporal cuando el momento argumental lo requiere. A pesar de todo, y aunque abuse del boato y el embellecimiento de los planos, Yimou sigue sabiendo brindar su mejor cine en este juego de símbolos evidentes y subrepticios, componiendo como una poética sinfonía su universo lleno de estética como apoyo natural, donde hasta su idea romántica del amor queda revelada en los imposibles y excelentemente coreografiados combates de unos guerreros que, bajo la pasión que sienten por la misma mujer, luchan por ella en un trágico final.
Tuve oportunidad de verla en el festival de Donosti y es una obra de arte en todas sus dimensiones. No os la perdáis. Aunque sólo sea por ver a esa deidad de mujer que es Ziyi Zhang (o Zhang Ziyi, como queráis) que hace aquí un papel inolvidable.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 23:58 |


Seguro que recordáis a Tonya Harding, aquella patinadora de hielo envidiosa, vírica y pérfida que levantó uno de los mayores escándalos protagonizado en unos Juegos Olímpicos de Invierno (concretamente, los del 1994), cuando, ni corta ni perezosa, hizo que su marido, Jeff Gillooly, pagara 6.500 dólares a unos matones para que le destrozaran la rodilla a la patinadora Nancy Kerrigan, su principal rival en la competición. Sin remordimientos, en plan vendetta, al más puro estilo mafia deportiva.
Por supuesto, fue retirada de la competición de por vida. Pero ahí, no acabó la historia, ya que cuando el matrimonio se vio envuelto en esta trama, Harding, cruel, egoísta y codiciosa, denunció a su marido como único responsable de los hechos. Como venganza, Gillooly, furioso, vendió un video pornográfico de su noche de bodas para que todo el mundo lo viera. Esperpéntico.
Un culebrón en toda regla.
Aunque Tonya dijo en el juicio que no conocía los planes de su marido, se declaró culpable para eludir la prisión y fue condenada a 500 horas de servicios a la comunidad y a una multa de 160 mil dólares.
¿Qué es de Tonya en la actualidad?
Pues desde hace dos años es ¡boxeadora! Como lo cuento. Y bastante mala, por cierto. Ya que suelen noquearla a las primeras de cambio. Eso sí, ella confiesa ser como ‘el conejito de ‘Energizer’ y asegura que mejorará para ser la campeona de su peso. Un dato para el recuerdo: la llamada ‘Ice Witch’ del ring batió en marzo de 2003 a Paula Jones, otra zorrilla famosa por haber acusado al ex presidente estadounidense Bill Clinton de acoso sexual. Las dos se zurraron vehementemente (a hostia viva) en una pelea de boxeo organizada por la cadena de televisión estadounidense Fox. Y luego dicen que la caja tonta no convida a eventos televisivos interesantes.
Es curioso saber dónde acaban jumentos como esta tipeja.
Por cierto ¿es cosa mía o ahora que está más gorda y desagradable se parece a Eugenia Martínez de Irujo?
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 22:55 |


martes, febrero 08, 2005
Recuerdos perdidos
Christopher Nolan logró con su segundo filme transgredir las bases del ‘thriller’ y ofrecer una cinta marcada por una sublime e inesperada narración retroactiva.
La memoria siempre ha sido un recurso infalible en el ‘thriller’, y su distorsión o pérdida un elemento alterador de una realidad que se vuelve agresiva ante el ser humano que la padezca. Elemento genuino y revisitado para géneros fílmicos enigmáticos e indescifrables. Jugando con este fundamento, el segundo filme de Christopher Nolan, ‘Memento’, indagó, de forma excepcional, en la dificultad que entrañan las diversas formas de inteligencia que tienden a dar la inalcanzable estructura personal que engloba la memoria y su ámbito más tenebroso.
La historia de este ‘thriller’ perturbador y original descompone la vida de Leonard Selby, un hombre que, sin poder recordar lo que ha hecho en sólo un cuarto de hora, vive para vengar la salvaje muerte de su esposa recordando su propósito mediante tatuajes y fotografías instantáneas. Como un verdadero puzzle de situaciones contrapuestas, jugando arriesgadamente en el filo, la que fue una de las sorpresas de 2001 enalteció su imprescindible visión con una capacidad de sorpresa inquietante, pocas veces vista en el cine moderno. Con una planificación argumental y narrativa de compleja construcción y portentoso efecto formal, Nolan subviertió los designios del género entrelazando los indicios descriptivos de su magnífico guión hacia atrás.
Por tanto, la entidad, la habilidad y la sorpresa de este excelente filme consistieron en detallar el final en su prodigioso prólogo para, mediante ‘flash-backs’ de corta duración (ajustada al tiempo que puede retener los recuerdos el protagonista), desvelar su extraño e inquietante ‘epílogo-comienzo’ de todo lo que el desconcertado espectador ha visto. Inaudita profundización en la fragmentación y desglose del guión, la gran condición que hace inmensa la perspectiva narrativa de Nolan es una experimentación llena de puntos de giros retroactivos (y a su vez progresivos), de una acción minada con un ingenio inquieto y amenazante, dejando el carácter y el pensamiento alterados por la efímera muestra real de lo que pasa por la vida del amnésico investigador. Yendo hacia atrás y hacia delante en alteraciones temporales de una limpieza abrumante.
‘Memento’ se construye bajo unos personajes ambiguos y enigmáticos, que son utilizados por Nolan para desvelar, de forma nihilista e inhumana, una reflexión sobre los oscuros dominios de la mente, inspirados, a pesar de la amnesia, por el egoísmo, la venganza, la violencia y la condición más lóbrega del ser humano. La estética enrarecida por una atmósfera y un ‘tempo’ narrativo inhabitual son utilizados para desarrollar la memoria perdida a través de los ojos de un espectador obligado a hacerse preguntas, a recolocar las piezas de este rompecabezas interactivo. ‘Memento’ es un ejercicio de estilo convertido en una expiación final de la culpa efímera de un personaje imborrable que Guy Pierce se encarga de hacer todavía más atractivo.
El juego de Nolan fue, en definitiva, una asombrosa conjunción de virtudes como nueva perspectiva del misterio que abarcan los sueños, los recuerdos, los deseos y una realidad transformada en onírica, circunscrita a una enfermedad que desvanece el pasado en unos minutos. De ahí que el protagonista utilice su cuerpo como libreta para apuntar aquello que es imprescindible. Para conseguir recordar su particular venganza, su objetivo vital a consumar. Como si su memoria viniera a ser una Polaroid con proceso invertido que tiene como fin un principio inesperado, para desenterrar que lo que Nolan ha contado ha sido un proceso circular que no tiene fin.
‘Memento’ fue, como conclusión (o presentación), una honesta y plausible experimentación genérica que da como resultado un ‘thriller’ innovador y revolucionario, en el que se propuso una nueva vuelta de tuerca a la modernidad argumental, basada en que el público se pregunte lo mismo que el personaje principal, para buscar el efecto, porque la causa se sabe desde el comienzo. Desde el final. Una imprescindible película que marcó desde su estreno, con su presencia, una de las grandes películas de culto de la década.
Y este 'spoiler' visual, clave de todo.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 23:59 |


Mientras José Luis Garci y sus encopetados acólitos, contertulios no siempre eruditos y a veces engreídos, acaban de cumplir una década en antena con su casi siempre interesante ‘Qué grande es el cine’, hoy se ha acabado el año chino del Mono. Y acaba de llegar uno de los días más esperados, porque comienza el año del Gallo, el número 4703 del calendario chino. Estoy por salir y celebrarlo. Seguro que esta noche si vas a cenar a un restaurante chino y te invitan a descomunales cantidades de ese asqueroso ‘sake’ que lleva una lagartija dentro y que pega de la hostia. Me encanta la cultura china. Me fascina esa idea de dejar que la reflexión y la búsqueda del Tao (que es la verdadera esencia del hombre) sea la vértebra que organiza la vida social y deja también que se imponga a cualquier patrón moral para que el poder central seas tú mismo e inculcar así tu propia esencia con éxito en la vida.
Suena bien.
Soy un fanático, amigos. Tanto, como Garci del boxeo, como Aznar del paddle, como Fran Rivera de los machos con cuero. Bueno, en definitiva, que me atrae irremediablemente la cultura oriental. Como arroz cada día para ver si así me estriño y consigo esos ojos rasgados tan exóticos. Envidio a los chinos porque casi nunca se quedan calvos. Vale, Pat Morita -el profesor Miyagi- sí. Total, que quiero llegar al fondo de la cuestión vital por medio de las oscuras doctrinas, o mejor aún, de las oscuras enseñanzas. Es decir, lo que los bajitos sin pestañas llaman el Xuan Xue. Llegados a este punto es cuando reflexiono acerca del tiempo invertido en esta absurda afición. Si no ha sido infructuoso leer y analizar a Confucio, desvelarme por conocer el Tai Chi Chuan o ser firme conocedor y defensor de las doctrinas llevadas a cabo por los Fangshi.
A veces pienso que lo único que soy es gilipollas. O al menos, que me he vuelto así, de tanto leer y ver películas asiáticas.
Pero vamos, que leyendo que otros proponen una masturbación global en Asia para dar buen rollo al mundo… creo pensar que sigo cuerdo.
Os dejo una tabla por si queréis saber a qué signo pertenecéis en el calendario chino.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 22:49 |


Hace una semana se me olvidó, lamentablemente, acudir a una noticia ineludible para todo buen ‘freak’ que se precie. Este 2005 aún no sabía qué había pasado en Punxsutawney, Pensylvannia, ni que había pasado con Phil, la marmota de las marmotas, el pronosticador de pronosticadores, cuando el presidente William Cooper le ha convocado para saber cuánto durará el invierno de este año.
Pues mal asunto, porque el pasado 2 de febrero, Phil también vio su sombra como el pasado año, por lo que el invierno durará 6 semanas más.
La tradición de la marmota como meteoróloga está arraigada en la festividad cristiana de la Candelaria y la creencia popular de que si un animal que hiberna ve su propia sombra, el invierno durará otras seis semanas. En Estados Unidos los granjeros observan a la marmota Phil para decidir cuándo plantar sus cultivos, aunque según la revista National Geographic, la marmota sólo ha pronosticado el final del invierno correctamente el 28% de las veces en 60 años.
Pero Phil, de Punxsutawney, a pesar de ser el más famoso internacionalemente (conocido gracias a esa magistral comedia de Harold Ramis con un ciclópeo Bill Murray), no es la única marmota a la que se atribuyen habilidades meteorológicas. Phil tiene un rival en Lilburn (Georgia), donde su contrincante es General Beauregard Lee que, como un inesperado ‘pichabrava’, salió de su madriguera acompañado de una sexy marmotilla que impidió que Beau Lee viera o no su sombra.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 18:15 |


lunes, febrero 07, 2005
Hoy he visto una de esas películas tan profundamente emocionales, tan perfecta, tan trágica y tan redonda que es imposible no conmoverse al pensar en ella. Pura emoción. CINE con mayúsculas.
Hacía mucho tiempo que no lloraba tanto en una sala como lo he hecho hoy. Hacía mucho tiempo que un filme no suscitaba en mí tantas preguntas y todas en el insondable terreno de la existencia humana, de una forma tan directa y cruel. Hacía mucho tiempo que unas imágenes como las de los personajes de Eastwood, Swank y Freeman no provocaban tanta piedad y, a su vez, una extraña inquietud, a medio camino entre la esperanza y el temor.
A buen seguro, estarán también mucho tiempo sin salir de mi cabeza, pensando en cada frase, en la sabiduría de cada plano, en su perfección.
Se me acumulan las críticas, pero la de ‘Million Dollar Baby’ tiene prioridad absoluta. Así que pronto la leeréis.
Sólo os pido una cosa si aún no la habéis visto y no es tarde: no echéis ese pequeño vistazo preliminar a la sinopsis, procurad no enteraos del argumento y, por supuesto, no leáis críticas. Id al cine como he ido yo, sin saber más que quién era el director y sus protagonistas.
De momento, tenéis una cita con una de las mejores películas del año.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 23:50 |


Todos pudimos ver en septiembre de 2000 cómo Mohamed al-Dura, se agarraba al cuerpo de su padre en medio de una lluvia de balas que lograron acabar con su vida. Esta desgarradora imagen nos dejó una muerte para la memoria colectiva bélica. En Egipto le han dedicado calles, sellos y todavía no se ha olvidado su sacrificio. Todo un icono de la Segunda Entifada. Pero tampoco se ha olvidado la gran duda que generó este crimen, ya que aún no se sabe si el disparo que acabó con la vida del niño salió de un arma israelí o palestina.
El caso es que Charles Enderlin, de France 2 capturó el momento cuando trabajaba como corresponsal en Jerusalén y pasó a la historia por su trabajo. Lo sorprendente ha sido la aparición esta semana de Daniel Leconte, un antiguo corresponsal la misma cadena, poniendo en duda la autenticidad de las imágenes. Y no es algo nuevo, porque desde su aparición varios investigadores han intentado probar la autenticidad del documento. Enderlin siempre afirmó que los israelíes fueron los culpables de su asesinato.Sin embargo todo parece apuntar a que se había alterado la realidad. Por ejemplo, Richard Landes, de la Universidad de Boston University, ha estudiado otras filmaciones de ese día, incluyendo varias en las que se observa al chavalín. Su conclusión es que existe una manipulación en las imágenes.
De nuevo, el periodismo se ha visto salpicado por otro caso de manipulación, de cambios orientativos en términos de mensaje, sin ‘gatekeeper’ ni filtros que valgan. Lecciones que no te enseñan en la Facultad pero que descubres años después en una profesión movida por la mentira y los intereses (sean del tipo que sean). El Cuarto Poder, como dijo Gustave Flaubert, se ha convertido en el síntoma de corrupción, la demostración de que la estupidez humana es la existencia y manejo de los lugares comunes. Y de que la manipulación, por muy honrada y desinteresada que sea, convierte al informador en dueño de lo que ocurre. Todo un peligro en nuestros días.
Siempre creí que debí haber hecho Bellas Artes o Filosofía. Y tiempo después estoy convencido de que me equivoqué al estudiar Periodismo. O tal vez no.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 20:29 |


domingo, febrero 06, 2005
Hace poco ha comenzado uno de esos eventos que en USA es sacrosanto, ineludible y adictivo para millones de personas que, entre cervezas, perritos calientes y banderitas nacionales, se aglutinan frente a la tele para ver la Superbowl. Aquí en España no tenemos ni idea de por qué esa adicción tan descomunal. Es más, ni siquiera sabemos un ápice de Football Americano. No sabemos las reglas, ni en qué se basa el juego, ni cuántos jugadores componen un equipo… Para los no iniciados y cayendo el tópico vendría a ser algo así como el ‘R. Madrid – Barça’ pero a un nivel tan superior que es imposible concebirlo, entender hasta dónde llega esta pasional fiebre por la NFL. Lo cierto es que parece que este año es en abierto, a no ser de que lo que esté viendo sea el previo y me quede con las ganas de ver el partido hasta las tantas de la madrugada.
En el Alltel Stadium de Jacksonville, en el soleado estado de Florida, Patriots e Eagles disputarán el trofeo Vince Lombardi. Los New Englad Patriots de Belichick sustentados en su ‘quaterback’, Tom Brady y los Philadelphia Eagles con el impresionante Donovan McNabb al frente pujaran por alzarse con un título que sigue una nación entera. Tipos gigantescos, armarios empotrados, voluminosos fulanos que acojonan con su espectacular fuerza física. Machotes yanquis en constante contacto por golpes, carreras y estratégicas jugadas para avanzar unas cuantas yardas. Todo en función de un solo objetivo: ganar la Superbowl.
¿Es divertido esto? La respuesta es evidente: NO.
La pregunta es… ¿por qué seguir con entusiasmo una ‘Superbowl’ de la NFL? Desde el año pasado la contestación tiene un claro exponente: por la Lingiere Bowl. Un espectáculo de ‘pay per view’ que se emite durante el descanso de la Super Bowl. Un prodigioso evento creado por las calenturientas mentes ávidas de belleza, dinero y audiencia. Como nos hemos quedado sin la teta de Janet y sin incentivos carnales (aunque hayamos tenido la espléndida presencia de Alicia Keys) debido al moralismo fulminante de los bienquistos norteamericanos, hay otro sector de yanquis que sabe erigir este tipo de espectáculos tan estimulantes para la vista.
¿Qué es la LFL? Os preguntaréis. Pues nada más y nada menos que docenas de hermosas y lozanas señoritas, modelos espectaculares con curvas mareantes, de esculturales cuerpos semejantes a esos tan sexualmente deseables que vemos en el ‘Playboy’. Agraciadas féminas que forman una liga de cuatro equipos, que participan en alta lencería fina y que muestran sus mejores jugadas semidesnudas, con toda la pasión que despierta el juego. Los Angeles Temptation, Chicago Bliss, Dallas Desire y Nueva York Euphorie son las cuatro escuadras de esta original y morbosa competición que deja a las Cheerleaders como simples objetos de contemplación. Aquí, las chicas más sexys están en el campo de batalla y sudan (para regocijo del que observa) por la consecución de otro premio más importante que la ‘Superbowl’: el desenfreno hormonal masculino.
Bellezas que competirán no por la exhibición deportiva exactamente, si no por otra exhibición que, si bien tiene un alto componente machista, aporta uno de los mejores momentos visuales del año. Como bien lo venden en la televisión por cable: “Una competición de belleza, de ligueros, lencería fina con las más hermosas deportistas del planeta en el Lingerie Bowl 2005. Un espectáculo en el que las mujeres juegan y los hombres ganan”.
Qué estúpida y libidinosa delectación deportiva, oiga. Todo un deporte de "contacto".
La página oficial de este esperada retransmisión anual Aquí.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 22:40 |


Autocomplaciente y nada comprometida con la parte oscura de esa leyenda americana que es Ray Charles, ‘Ray’, el débito fílmico de Taylor Hackford puede considerarse como un anodino ‘biopic’ que, en términos generales, no logra un aceptable interés ni trascendencia por lo ortodoxo de todos sus mecanismos intrínsecos (ya sean visuales o argumentales).
Con una inesperada anemia de fascinación, innecesariamente dilatada y lo que es peor, con pretensiones hagiográficas y épicas, ‘Ray’ a pesar de ser un filme correcto y bien manufacturado, es una sucesión de anticlimáticos fragmentos de la vida de esta leyenda americana que pasa por alto las fealdades de la oscuridad, su conocida faceta de artista atormentado y siniestro, para refulgir la parte amable y redentora de esta eminencia musical, uno de los mejores músicos de la historia.
Como una servicial visión a los éxitos del genial intérprete musical, estamos ante la antítesis de ‘Bird’, la descorazonadora obra maestra de Clint Eastwood basada en Charlie Parker, debido al insistente y absurdo hipnotismo por parte de Hackford y su guionista por la aburrida historia de superación personal tan eficaz para el Hollywood más simplón y moralista. Y es que ‘Ray’ abusa de todos los tópicos habidos y por haber; varios traumas infantiles (narrados como no podía ser de otro modo en torpes ‘flash backs’), la dura trayectoria de una vida marcada por las drogas y las infidelidades, el libertinaje con sentido moral y aleccionador, una madre protectora que sigue los patrones del personaje de Sally Field en ‘Forrest Gump’, la corrupción personal a la aboca la fama y el dinero… Errores que, por supuesto, gracias a su esfuerzo como heroico ser humano, el protagonista supera para convertirse en poco menos que San Ray Charles.
Si a esto le sumamos una evidente falta de pasión por la historia y su total insuficiencia dramática, la cinta de Hackford podría considerarse un fracaso descomunal, desaprovechando la oportunidad de haber creado una antológica visión del mito, aunque haya que reconocerle al director de ‘Prueba de vida’ su perfecto encadenamiento de las legendarias canciones de Charles con su menos interesante (al menos fílmicamente) itinerario personal y profesional.
Y sí, Jaime Foxx está a la altura de las circunstancias, convirtiéndose en el único pilar sobre el que se sostienen las más de dos horas y media de película. La dedicación del joven talento afroamericano es tal, que su majestuosa y elegante interpretación dejan la sensación de no haber desperdiciado el tiempo, de asistir a una sobresaliente composición de inconfundible gesticulación, progresivos movimientos drogodependientes y la esencia personal de Ray Charles en sus actuaciones. Tanto, que cuando él decae en su atinado esfuerzo, la película padece una soporífera astenia visual. Clifton Powell como el leal Jeff Brown y, sobre todo, Sharon Warren como madre del artista alcanzan un nivel de interpretación que dejan ver, una vez más, lo que pudo ser y no fue.
Una verdadera lástima.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 15:40 |


sábado, febrero 05, 2005
Como hace pocos días en El blog Ausente (necesaria weblog del gran Absense) hoy, 5 de febrero, se cumplen seis meses desde que naciera este ‘Mundo desde el Abismo’. Medio año, muchos posts (tantos, que he perdido la cuenta), algunos muy buenos, otros triviales, muchos de ellos malos y simples. No sé muy bien por qué me decidí a crear un blog, ni siquiera si tiene sentido seguir haciéndolo. Pero las más 16.000 visitas en este medio año me hacen albergar esperanzas de que sí lo es. Así que gracias a los que cada día entráis y leéis (o simplemente ojeáis el blog), a los que penetráis de vez en cuando, a los que pasaron al Abismo y se fueron pesarosos y a todos aquellos que, sin duda alguna, están por llegar.
Yo ni siquiera sabía lo que era un weblog hasta que entré en este enloquecido submundo gracias ese Midas de la diversión y gran amigo, mi padrino blogger que es rAfA Gil y su nopodemosmas. Luego, descubrí que el término weblog se atribuye a Jorn Barger, quien puso en marcha el primero en 1996, aunque también se adjudica a Evan Williams, fundador de Pyra Labs, la herramienta de autopublicación de bitácoras más popular.
He intentado tocar todos los palos, describir con subjetividad los temas menos trascendentes de la actualidad periodística (evitando caer en cualquier tipo de elocuencia demagógica en las pocas ocasiones en las que he escrito de política), también apuntes sobre mi patética vida de parado sin perspectivas, análisis culturales y del universo del ocio desde el rigor, siempre procurando aportar algo de humor y verter todos mis conocimientos cinematográficos (incluyendo mis dilatadas críticas) en un blog asentado en el desorden, donde el cine tiene prioridad, pero en el que ningún tema queda expedito. Todo está trastornado por la locura y precipitación con la nacen los posts, desde el arrebato y la inmediatez. De ahí que haya días en los que se hayan dado hasta cinco posts, como si mi mente y mis dedos se confabularan para escribir en ingentes cantidades, sin freno, oligofrénico escribiente sin remedio. Eso sí, lo que he procurado en todo momento ha sido mejorar el Abismo en todos sus aspectos y, de paso, aprender. Espero estar en el buen camino.
Por cierto, últimamente se está escribiendo en los ‘mass media’ de la proliferación cada vez más exorbitante de Blogs, de gente que vuelca sus paranoias vitales, inquietudes culturales o, simplemente, letras con contexto y sentido (o sin sentido, que de todo hay en la ‘blogesfera’).
Lo que me hace gracia es la actitud de ciertos expertos en comunicación, que debaten si los blogs son periodismo o no y si llegarán a competir algún día con los medios tradicionales. Yo no considero lo que hago como periodismo, aunque a veces lo haga, por deformación profesional (para eso he pasado cinco años en el bar de la Facultad de Periodismo). Pero si no tengo posibilidad de escribir remuneradamente, ningún medio me contrata y no me dan oportunidades, al menos poder tener la libertad de escribir sin coacciones ni cortes, haciendo lo único que sé hacer. Comunicación interactiva, amigos. Ésa es la clave. Aunque también el otro día alguien me contaba que tener un blog y escribir posts en él es equiparable a un náufrago que mete sus mensajes en una botella y después los lanza al océano, sin saber si alguien los leerá o no. Cuánta razón.
Cierto es que los blogs nacieron con vocación de intimidad, pero lo divertido de esta moda (cada vez más arraigada a nuestra lectura diaria) es contagiarlos e infectarlos con todo tipo de géneros. Por eso los weblogs ya no son dominios de aquellos que los crearon como diario de pensamientos, del día a día o simplemente de reflexiones. Ahora los bloggers pueden hacer con su página un foro propio de cualquier tema, sea cual sea. Por ejemplo, ‘Un mundo desde el Abismo’ nunca surgió con vocación egoísta, con la idea de escribir para mí mismo como si esto fuera un relato o un guión, sino que la erigí con una soterrada vocación de alcance, para dar a conocer mis puntos de vista acerca de muchos temas y de que la gente, en definitiva, me lea, me contradiga o dé la razón, valore mi esfuerzo diario o me ponga a parir. Y esa sigue siendo la práctica, aunque a veces plasme absurdas reflexiones personales o puntuales aspectos de mi vida privada.
Decía una reaccionaria y chocheante Carmen Rigalt, plumilla tramoyista y petulante donde las haya, que las blogs esconden en su mayoría “mucho pensamiento neocon, mucha derecha vergonzosa (y vergonzante), mucho enano infiltrado”. Para esta señora los bloggers sueltan paridas en un blog, amenazando la corrección periodística, intentado decir que cualquiera puede escribir cualquier gilipollez. Y de eso se trata, de libertad, señora Rigalt. Me hizo gracia lo que dijo acerca de que el lenguaje está en juego, de se está perdiendo “la delicadeza de palabras e ideas aseadas”. Descojonante. Fundamentalmente porque en muchas de las weblogs que habitualmente sigo tienen profesionales del periodismo, grandes talentos de la escritura, genios de la palabra que no tienen necesidad de un título para hacer disfrutar al lector con su escritura. Más acertado está el periodista José Cervera cuando considera que los ‘weblogs’ abren una nueva etapa en la comunicación. Y es así, en todos los sentidos. Con gran variedad de temática adecuada al lector.
Y así surgió ‘Un mundo desde al Abismo’, con un propósito de actualización constante como meta a la que se uniera el entusiasmo por escribir unos ciertos contenidos bien segmentados y orientados hacia un tipo de publico determinado, a vosotros, que pasáis por aquí y que, con vuestra presencia, me alentáis a seguir este arduo trabajo. No es fácil mantener una weblog y vosotros lo sabéis que, generalmente, tenéis una mucho mejor que esta.
Para terminar, estaba intentando haceros más fácil el poder participar en el Abismo, uniéndome a la familia de Haloscan. Algo que debería haber hecho hace mucho tiempo.
Bueno, pues el tema de los comments ya está arreglado. Incluso empiezo a saber alguna noción de HMTL. La única traba de Haloscan es haber perdido momentáneamente los ‘comments’ que habéis realizado hasta la fecha. Pero tranquilos, ya que para no perder las grandes reflexiones vertidas aquí, he optado por copiarlas e ir introduciéndolas poco a poco, con el nombre de cada uno y las glosas exactas, tal y como las escribisteis. Será muy duro. Pero os lo merecéis.
Un saludo y muchas gracias a tod@s.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 16:56 |


viernes, febrero 04, 2005
Pues sí, amigos. Ni Rhino, ni Misterio, ni Scorpion. Muy posiblemente el archienemigo de la tercera entrega de ‘Spider-Man’ será Venom. O esos son los más sólidos rumores sobre el nuevo antagonista del héroe arácnido.
Sam Raimi y los demás miembros de la trilogía quieren cerrar su compromiso con la Saga haciéndolo de la mejor manera posible, otorgando al fan del cómic y de las películas una última muestra de calidad y cerrar una trilogía que ha rebasado (por lo menos con las dos primeras partes) cualquier expectativa.
La historia de Venom: Eddie Brock era un empleado del Daily Bugle que perdió su empleo por un equívoco reportaje respecto a la identidad de un villano llamado el ‘Devorador de Pecados’, que resultó ser una farsa descubierta, como no, por ‘Spider-Man’. Con ese odio en común, la simbiosis (el ser simbiótico que es Venom) y Brock se fusionaron en un poderoso criminal que seria el veneno de la existencia de Araña: Venom, la perfecta némesis que encarna el propio potencial oscuro del hombre araña.
‘Spider-Man 3’ se estrenará en mayo de 2007.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 23:45 |


Espero que, si tenéis la oportunidad, no dejéis pasar ‘San Zimske Noci (Sueño de una noche de invierno)’, de uno de esos grandes cineastas europeos del momento, Goran Paskaljevic, descubrió una nueva genialidad en forma de oda a la necesidad de afecto, a la descomposición mental y humana que ha vivido la zona serbia desde la guerra y su lenta adaptación a la Europa actual. Paskaljevic formula la historia de Lazar, un veterano de la guerra balcánica que regresa a casa tras diez largos años de ausencia, libre y con la idea de liberarse de su pasado y comenzar una nueva vida en un país que también parece desear avanzar hacia un futuro mejor. Al llegar a su casa descubre que está ocupado por Jasna, una mujer que se encarga de criar y su hija Jovana, una niña autista de 12 años, ambas refugiadas bosnias.
Así, Paskaljevic motiva al espectador a meterse en una historia que bucea en el insondable caos de la soledad, del desconcierto y de la insuficiencia emocional de unos personajes heridos, desorientados y carentes de motivaciones, como la joven autista que, ajena, a todo, intenta ser feliz como bien puede. Un ácido y trágico cuento que descubre su fuerza en el compromiso con lo que está contando, componiendo una melancólica pieza naturalista en donde la contundencia de su mensaje y de sus imágenes está fuera de discusión. ‘San Zimske Noci’ alcanza a quien observa un filme con aureola de respeto y credibilidad en su extraña historia de amor, recuperación y pérdida.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 23:01 |


El otro día, cuando caminaba por la Plaza Mayor de Salamanca, que este año cumple 250 años desde su creación, me dio por detenerme y observar a la gente, esa masa informe e imprecisa que compone en su conjunto la sociedad actual, por lo menos, una mínima proporción de lo que representa el ser humano actual, el hombre moderno que han dado en llamar los filósofos. Caminando como autómatas, estudiantes legañosos por su autoengaño, pelafustanes funcionarios, ancianos prorrogando sus últimos años, parejas infelices, otras simulando serlo y yo, un malogrado artificio de la cultura, entre ellos, especulando sobre todos nosotros.
El hombre moderno está actualmente muy cerca de la imagen que Huxley describió en ‘Un mundo feliz’: estamos bien alimentados, bien vestidos, sexualmente satisfechos y no obstante sin una personalidad de proximidad con nadie, sin contacto alguno con los demás, salvo el más superficial, guiado por los lemas que Huxley formula tan sucintamente, tales como: "Cuando el individuo siente, la comunidad tambalea". Pensé: “¿Dónde está la felicidad?”. Sé que suena absurdo que uno se pregunte estas presuntuosas dudas existenciales sin venir a cuento, sin sentido alguno. Pero mi cabeza empezó a esgrimir posibles respuestas del tipo “la felicidad está en la diversión efímera” o “la felicidad, en su sentido determinante, no existe”. Algo lógico, por otra parte.
Es definitiva: La felicidad del hombre moderno consiste en divertirse. Divertirse significa la satisfacción de consumir y asimilar cualquier tipo de sensación transitoria que colme una serie de pretensiones momentáneas, bien sea disfrutar de un espectáculo, sucumbir a una buena comida, beber en gran cantidad para relegar (consciente o inconscientemente) la realidad que nos rodea o simplemente para perder la indecisión, fumar en cualquier de sus modalidades, hablar con gente de trivialidades cotidianas, ver la tele, libros, cómics, películas… Eso es la felicidad moderna. Pero mi pregunta me llevó más allá: ¿Cómo es posible que hayamos llegado a un punto en el que todo lo que produce bienestar se consume? Todo se ingiere. El mundo se ha convertido en un enorme objeto de nuestra voracidad; una gran pizza de pepperoni y anchoas (yo elijo porque escribo), un gran montadito de panceta, una gran botella de cerveza, una buena paella, un chuletón, una gran película, un buen cómic, una interesante obra de teatro, una apasionante exposición de arte… es decir, una gigantesca teta de la que todos succionamos, como aquella que aparecía en ‘Todo lo que usted quiso saber sobre sexo…’, del gran Woody Allen. Da igual cómo nos sintamos, nuestra individualidad egoísta nos hará ver el mundo de maneras tan heterogéneas como equivalentes. Ya puedes ser un optimista esperanzado, un integrado conformista o un apocalíptico desilusionado. Nuestro carácter está equipado para intercambiar y recibir, para traficar y consumir. Todo. Tanto los objetos materiales, como los espirituales, se convierten en objeto de intercambio y de consumo ¿A dónde hemos llegado?
Tras esto llegué a la conclusión de que pensar es malo para la salud psíquica. Por eso me adentré en un restaurante del centro y me dispuse a saborear un enorme chuletón con una gran cerveza para paliar cualquier inquietud que me hiciera salir de la norma, quería equipararme a toda esa gente que transitaba por la plaza; a dejar de pensar, en definitiva, en estos aspectos tan fútiles como los expuestos en esta reflexión que, como bien habéis podido comprobar, no lleva a ningún sitio y me convierte tan sólo en un ‘freak’ con demasiado tiempo libre como para no apreciar las pequeñas cosas que aportan realmente la felicidad. Aunque hay que reconocer que con mis dedos grasientos la cosa cambia. Luego llegué a casa y me estaba esperando esta weblog para verter estos intrascendentes pensamientos.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 14:21 |


jueves, febrero 03, 2005
Impresionante noticia que no alcanzo a entender, como todos los que la hemos visto o leído. Algo que supone una excepción tremendamente ilógica y triste o la noticia más cínicamente divertida de los últimos tiempos. No sé si la visteis ayer en Antena 3, pero no deja de ser burlesca. Hace dos días, los principales telediarios emitieron las imágenes de lo que parecía ser el último secuestro de un soldado marine norteamericano en Irak. “Nuestros muyaidines han conseguido capturar al soldado americano John Adam, publicaba en una página web del Esquadrón Muyaidín en la que amenazaban con degollarlo si no se liberaba a los presos iraquíes y esta información fue la que se reprodujo en varios medios de comunicación. La escena (con un fondo con bandera reivindicativa con un marbete árabe y un fusil apuntando a la cabeza del protagonista) parecía indicar que se trataba de un secuestro.
El ejército norteamericano aseguró que no daba por perdido a ninguno de sus hombres. Pasadas las horas, un grupo de élite de expertos analistas dio con la clave: el soldado era un ‘madelman’ en un fotomontaje. Pero AP, AFP y Reuters, lanzados en su voracidad de exclusivas, distribuyeron las imágenes del muñeco secuestrado que, según todos los indicios, moriría en 72 horas. Sin ir más lejos, Antena 3 fue una de las cadenas que dio la noticia. CNN+ no lo hizo ya que ha indicado que las imágenes no se emitieron por la cadena porque no se había obtenido la confirmación del secuestro por parte del Ejército de Estados Unidos". El País, ABC, El Mundo y La Vanguardia también se hicieron eco de la supuesta noticia.
Hoy, todo el mundo se justifica y mira hacia otro lado, dejando ver su poca veracidad y su poco rigor periodístico. Pero, amigos, los grandes periódicos no tienen la culpa. No. O eso aseguran. En las últimas horas hemos podido ir leyendo cómo todos los medios le han ido echando la culpa a las agencias. La pregunta es: ¿En qué se ha convertido el periodismo? ¿Para qué he perdido yo seis años estudiando una carrera en la que un fulano le atiza al ‘Ctrl + C’ y ‘Ctrl + V’ cuando cualquier enunciado llega a la redacción? ¿Qué consecuencias políticas, sociales, filosóficas y existenciales tendrá todo esto? Ahora que venga la infame Carmen Rigalt a decir gilipolleces, tachando a los bloggers de insidiosos nidos de falsos periodistas y escritores de tercera, considerados los weblogs dedicados a la información por esta señora como un refugio de enanos (trataré el tema a fondo en el aniversario del medio año del Abismo el próximo sábado) a decirnos qué es periodismo y qué no.
Este tema tan jocoso, de ridiculización de los medios, no es más que una peligrosa demostración del modo en que nos manejan los medios de información, haciéndose inconscientemente partícipes del terrorismo en su afán de vender más periódicos u obtener más audiencia. A eso se llama ‘primicia a toda costa’. Sí señor. Y luego disertan y hacen polémicos debates sobre la Telebasura, o la basura en general de los medios cuando este asunto es un paradigmático caso de manipulación.
Pero lo más importante, todos han hablado del montaje, de sus derivaciones mediáticas, pero nadie se ha preguntado qué ha sentido del muñeco, ahí, atado, sin poder decir nada. No sería extraño que fuera otro arma tecnológica del gobierno yanqui, como bien se pudiera ver en ‘Pequeños Guerreros’, de Joe Dante, dónde un Comando de Élite formado por una patrulla de muñecos militares muy arrogantes y agresivos cobraban vida y escapaban de sus cajas para acabar con los Gorgonitas, unos muñecos que ansían la libertad en la isla de Gorgon, un poco como los más pacíficos iraquíes, hasta los huevos de los invasores y la violencia.
Se trata del muñeco ‘Cody’, un pobre juguete que lleva el mismo uniforme de los soldados norteamericanos. Según el responsable de la empresa Dragon Models USA Inc, el fusil que aparece en la imagen es también idéntico al que viene como accesorio con este ‘madelman’. Otra versión podría ser que todo se trata una campaña de marketing de la empresa de juguetes para hincharse a vender estos pequeños soldados.
La empresa distribuye este muñeco, hecho a imagen y semejanza de los marines estadounidenses y varios de los objetos que acompañan al muñeco aparecen también en la fotografía, como las rodilleras o el chaleco antibalas son una fiel reproducción de estos juguetes. Sólo falta saber que también si esta misma empresa fabricarán aviones Apache con misiles aire-tierra, tanques con cañones de 560 mm, ametralladoras ILPF y misiles Pentaconta3. Con esto, unos cuantos marines de juguete y unos iraquíes a los que fusilar, todos los niños del mundo podrían tener su propia guerra ilegal y una sangrienta invasión autocrática como la de los americanos.
¿No es encantador y frívolo a la vez?
PD: No tener una conexión en condiciones me resta una inmediatez que es insultante de cojones. Ser pobre es una putada, amigos.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 18:21 |


La frialdad y el egoísmo del engaño
El veterano Mike Nichols incide en su visión de la pareja con una cinta que se basa en una perspectiva bastante misántropa, cínica e implacable para hablar del amor.
Lo primero que suele destacarse cuando se habla de ‘Closer’, es el regreso a la dirección cinematográfica del veterano Mike Nichols tras su exitosa etapa en televisión con un retorno al género que tantos buenos títulos ha dado al cine: las tortuosas relaciones de pareja confinadas al drama emocional en títulos como ‘¿Quién tema a Virginia Wolf?', ‘El Graduado’, ‘Conocimiento Carnal’ o ‘Armas de mujer’. Para su vuelta, Nichols ha elegido el drama teatral de Patrick Marber ‘Closer’, estrenada en Londres en 1997 y que cosechó excelentes críticas y varios premios que la encumbraron como uno de los montajes escénicos más importantes de la década. Dan es un escritor de necrológicas que está frustrado por no haber podido ser novelista. De repente un día entra en su vida Alice, una joven camarera que se ha ganado la vida como ‘strepteaser’, un encuentro que supondrá el descubrimiento de la musa que siempre soñó.
Tiempo después de emprender un idilio con la chica, Dan coincidirá con Anna, una fotógrafa con la que mantiene esporádicas pero intensas relaciones. El destino hace que Anna, gracias a una cruel burla internauta, conozca a Larry, un rudo dermatólogo con el acabará casándose. Es el principio de una compleja trama donde estas dos parejas padecerán una serie de encuentros y desencuentros, de uniones y rupturas, combinando en sus encrucijadas sexo, crueldad, engaños y una pasión que les arrastra, indefectiblemente, a descomponerse por culpa del adulterio. Pero más que un drama romántico, ‘Closer’ es una descarnada tesis acerca de la pareja en la actualidad, de sus debilidades, del egoísmo que precede a la tentación exterior que resquebraja aquello que parece sólido y estable, pero que en realidad es una mentira más para la corrupción sentimental, para dejarse llevar a la conformidad que proporciona la siempre simulada felicidad.
Cruda crónica de los complejos dispositivos que ejercen las relaciones sentimentales sobre el ser humano, la última película de Mike Nichols constituye un tentador ejercicio de voyeurismo fílmico que impone al espectador a observar desde primera línea todos los juegos amorosos y un cruel asalto a la privacidad del cuarteto protagonista.
Un certero retrato generacional, donde sus ambiguos personajes, neuróticos, necesitados de afecto pero a la vez adúlteros, enfocan sus miedos a la relación de pareja de un modo corrosivo, egoísta, en cierto aspecto desde una perspectiva de enfermizos idólatras de la farsa del amor estable, que se enamoran y se repudian como amantes frustrados. Una forma de pseudoamor que pierde al que lo padece y le aleja de la persona amada, en lugar de encontrarse con ella. En su postulado sobre la pasión, el matrimonio y la posesión, Patrick Marber aporta magníficos diálogos llenos de dureza, crueles y sexualmente duros, tan directos que parece mentira que estén protagonizados por grandes estrellas convertidos en actores bajo la experta batuta de un Nichols que sabe sacar todo el éxtasis dramático de sus mejores secuencias. Una sorprendente película que supone uno de los pocos prototipos de cine adulto y veraz, que despoja a sus personajes de cualquier artificio y representa el amor, el deseo y el sexo como elementos inherentes a la intensidad y la profundidad del amor, pero que termina por convertirse en una demuestra del vacío y la desesperación a las que conllevan la infidelidad, el duro pago a la traición y a los celos como parte de un individualismo que desmonta cualquier faceta romántica del sentimiento.
Un discurso lleno de cáustica agresividad que expresa sin tapujos y con dureza la confusión y el desorden emocional que el amor provoca en unos personajes que se hieren y se aman en la misma medida y con la misma facilidad. Anna, Dan, Larry y Alice son ególatras, inadaptados que establecen una conexión sometida a sus ansias sentimentales y lujuriosas, manifestadas con una perspectiva bastante misántropa, cínica e implacable, vistas con un deseo y egoísmo propias de la propia naturaleza humana, donde la alienación urbana les afecta en sus relaciones marcadas por la seducción, la felonía, la manipulación y la crueldad, derivando todo ello en una inevitable autodestrucción sentimental. Es la lógica evolución de una serie de idilios que, en su frágil equilibrio, son susceptibles de acusar los efectos de la inestabilidad afectiva. Nichols y Marber parecen querer evidenciar en todo momento que el hombre y la mujer nunca están conformes con lo que tienen, con la felicidad efímera que no saben disfrutar, como autómatas enajenados invadidos por el profundo sentimiento de inseguridad y de angustia.
Así, en un principio Dan escribe necrológicas y Alice aparece en su vida. Ella le sirve de inspiración para que escriba esa novela que tanto ansiaba. Cuando conoce a Anna, Dan decide dejar a Alice, olvidando su fuente de inspiración, destrozando a una joven necesitada de afecto a la que descubriremos poseedora de una fuerte personalidad cuando ejerza de bailarina en un prostíbulo. Anna, por su parte, propone un título para la novela que acaba siendo un fracaso para el periodista, como la vida de éste, volviendo a ser un necrologísta frustrado ante ambas relaciones. Y en ese desarrollo de un argumento enfocado a la crueldad y el sadismo en la pareja, de gente que es incapaz de querer pero expertos en odiar y hacer daño, la utilización del tiempo por parte de Nichols es el gran hallazgo de este excelente filme, dotando de una fascinante elegancia en el uso de sus elipsis temporales, sugiriendo que el tiempo no significa nada en absoluto en las relaciones de pareja.
El único obstáculo que impide considerar ‘Closer’ como una película ciertamente redonda, colmada de lucidez, es la dificultad que se establece a la hora de encontrar una necesaria empatía entre personajes y espectadores que nunca se produce de un modo dramático. El drama pasional planteado abusa en exceso del radicalismo en ciertos factores de la conducta de los protagonistas, llevando muchas veces las situaciones al extremo, desglosando una postura maniquea en la perspectiva de sus conflictos. Y mucha culpa de ello la tiene la persistente utilización de algunos diálogos que, buscando la provocación y la realidad sexual de su contenido, resultan algo inverosímiles. Tanto, como para caer en varias ocasiones en la abstracción teórica al abordar esos continuos intercambios de pareja.
Aunque bien es cierto que es necesario, ya que el sexo encuentra la forzosa importancia para definirse como único universo de las relaciones de pareja, de sus engaños, de la incomunicación y, sobre todo, de la desconfianza. Esto último puede parecer una traba en un drama romántico como es el que se propone, pero analizando la sociedad actual, donde cualquier deseo satisfecho provoca una felicidad perecedera que ambiciona nuevas experiencias, ‘Closer’ simboliza muy bien ese tipo de relación, el amor de la sociedad moderna, basado, fundamentalmente, en algo tan provisorio y mundanal como son las relaciones sexuales. Al fin y al cabo, como bien se explicita dentro del filme, el ser humano sigue siendo un animal. Sólo así es posible aseverar ese instinto final de los personajes masculinos, que acaban utilizando la violencia para dejar en un mínimo espacio a sus femeninos atrapados en una situación que no desean, como reflejo de su debilidad, pero también en la honestidad de sus decisiones y acierto de las mismas.
Historia de negligentes emocionales, incapaces de querer a la persona que les ama pero capacitados para destrozarlas siguiendo el instinto natural de sus deseos, ‘Closer’ alcanza sus mayores logros en la intensidad mostrada por su cuarteto de lujo, donde si bien el omnipresente Jude Law acapara el rol protagonista de idólatra, caprichoso y obsesivo y Julia Roberts se adapta perfectamente a su papel con una contención agradecida, la grandeza interpretativa recae en los dos secundarios (que no son tales) del cuarteto amoroso; por ello, Clive Owen y Natalie Portman se llevan la mejor parte con sus perfectas y complejas composiciones. El primero, dando vida a un hombre rudo e instintivo, sincero al fin y al cabo. Por su parte, Portman ofrece una dádiva interpretativa que mezcla la dulzura y la inocencia con la cognición de saber la gran oportunidad dramática que tiene entre manos. Y la joven Portman no la desaprovecha.
‘Closer’ compone un retrato urbano, perfilado en los ambientes londinenses donde se ubican los caracteres en su particular gradación sentimental, lánguida y pesimista, bajo un estilo narrativo encauzado a la decadencia emocional de los protagonistas que, aunque se excede en lo abrupto y frío de algunos de sus momentos más intensos, nunca decae en el ritmo de su despliegue de talento. En la cinta de Nichols, el amor llega bruscamente, en un accidente físico y se va del mismo modo, pero en una esfera pasional, de desengaño, de choque con la realidad, sin conducirse por un final discursivo ni ofreciendo el tan temido mensaje moral que suelen tener este tipo de dramas en su desenlace. Todo lo contrario, ‘Closer’ es un extraño ‘folie á deux’ a cuatro bandas sin duda interesante, atrevido, y, sobre todo, apasionante.
Miguel Á. Refoyo © 2005
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 01:17 |


miércoles, febrero 02, 2005
Esta mañana me he levantado con una buena noticia para nuestro cortometraje, ya que 'El límite' ha sido seleccionado como uno de los 14 finalistas, siendo seleccionado entre más 500 cortos para optar a los premios de la sección de Vídeo de la Segunda Edición del Certamen de cortos Patanegra que tendrá lugar en Guijuelo dentro de tres semanas.
Aún no se sabe día y hora fija. Pero sí que será proyectado entre el 21 al 26 de este mismo febrero en el cine de la localidad de Guijuelo, a la que asisteré personalmente a presentar este trabajo que tantas satisfacciones nos está dando. Espero que en nuestra región sí se reconozca el arriesgado trabajo del proyecto y nos den algún premio o, al menos, un jamón de esos que están considerados (con gran acierto dada su calidad extrema) como los mejores jamones del mundo.
Otro festival en el que este trabajo es finalista tras Murcia Joven, Latino Film Festival de Los Ángeles, Aguilar de Campoo y en el último Festival Internacional de Cinema de Catalunya (Sitges'2004).
Y estoy muy contento, amigos del Abismo. Una felicidad extendida a todos los miembros de mi equipo técnico y artístico.
Aupa!
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 16:32 |


Divertimento visualmente impactante
EJames Wong sorteó los errores prototípicos del cine de terror para ofrecer un cuidado enfrentamiento entre el ser humano y su destino.
No deja de ser sorprendente que una película de terror, sin grandes estrellas en su cartel y con un presupuesto que resulta irrisorio para la estructura presupuestaria del actual Hollywood se convirtiera en uno de los éxitos más rentables del año. ‘Destino final’ puede parecer, a simple vista, la enésima retrospección al ‘body count gore’ de un género tan desprestigiado como adorado. Cerca de los planteamientos que en su momento hicieran famosos a Cunningham, Hooper o Carpenter, el entonces debutante James Wong recreó un solvente guión directamente en contra del ostracismo genérico, ya que la virtud que se extrae de esta pequeña producción ‘fantaterrorífica’ no procede de su trascendencia argumental, sino de la disponibilidad de una trama por y para hacer pasar al público una hora y media divirtiéndose, sin respiro, en una historia llena de acción y suspense. Puede que ‘Destino final’ carezca de algunas virtudes de la saga ‘Scream’, pero es un filme que camina por cauces notoriamente destacables, aunque lo haga siguiendo la concepción del terror de la saga creada por Williamson/Craven y el espíritu de ‘The Frighteners’, de un pre-trilógico Peter Jackson.
Lo primero que hay que subrayar de este ‘thriller’ es su dinamismo, que recae en la muy eficaz dirección de un James Wong acostumbrado a la serie televisiva (pecando a veces de un excesivo uso del formato ‘Expediente X’ o ‘Millelium’), resolviendo con empuje la configuración de las impactantes imágenes que se nos muestran como una ráfaga incesable de diligencia y garantía de ocio. Ágil, diligente y hacendosa, la historia del joven Alex Browning y su clarividencia a la hora de ver la Muerte acechando a su alrededor y su inevitable enfrentamiento contra un personaje perfectamente omitido en pantalla (interesante novedad de atribuir a la muerte enigmatismo, sin encarnaciones con capuchas provistas de guadaña ) es un derroche de desenvoltura, de una intencionalidad irónica y humorística (sobre todo en su cuestionamiento acerca del destino), de un cine agradable y sugestivo.
Pero si la película de Wong no llega a ser aburrida en ningún momento del metraje y condiciona la crítica negativa, lo cierto es que Wong no ha podido evitar caer en muchos de los desaciertos prototípicos que caracterizan toda la horda de películas de terror juveniles que hemos visto en los últimos años. Lo cierto es que, a pesar de estar muy cerca del arquetipo marcado por Robert Rodriguez en ‘The Faculty’ (cinta a la que se asemeja en cantidad de referencias tanto formales como a personajes se refiere –chico inocente, chica rara, guaperas presumido, profesora acojonada...-), ‘Destino final’ sabe sortear todas las bases reiterativas de la charcutería cinematográfica, haciendo que lo que hemos visto una y otra vez parezca nuevo, concediendo alguna licencia al puro efectismo interno materializada en mangueras asesinas, trenes verdugos, anzuelos oxidados y señales rebanacuellos en detrimento de una coherencia.
En este aspecto es donde la película encuentra su defecto más destacable, ya que, aunque se agradece la idea de convertir a todo objeto y circunstancia en útil y mantener escenarios potenciales para eliminar a los miembros de la trama, Wong no está otorgando nada nuevo a un nivel narrativo y silogista, sino que el realizador innova en el terreno de planificación visual, de puesta en escena, de una prontitud mayor de la habitual. ‘Destino final’ no deja de ser una pequeña película de terror 'de culto', un meritorio gran divertimento lleno de impactante iconografía terrorífica sin más pretensiones que la de divertir.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 01:27 |


martes, febrero 01, 2005
No soy de esos que se enganchan a juegos adictivos ni en su pc, ni mucho menos en la Playstation 2. En éste último caso, porque carezco de ella más que nada. En los últimos años sólo me he dejado seducir por algunos juegos que, confieso, me han contagiado un entusiasmo adictivo fuera de lo común. Que yo recuerde: las dos partes de ‘Max Payne’ y esa historia fundamental que hay que vivir llamada ‘Mafia’. Alguno que otro también ha llamado mi atención como una prostituta de ébano a un septuagenario en la Casa de Campo, pero poco en una mínima medida. No suelo perder mi tiempo pegado a una pantalla sólo por el mero hecho del desenfreno por el ocio y la diversión pixelada.
Eso sí, una vez al año, arrastrando mi irrefrenable pasión por el baloncesto de élite, por el espectáculo de la NBA, caigo rendido ante el juego anual de EA Sports dedicado a la canasta yanqui. El NBA LIVE 2005 está en mis manos desde ayer y no he podido dejar de instalarlo y darme al vicio sano. Los deportes americanos, sea cual sea (NFLMadden-, NHL, NBA, Major League Baseball…) ofrecen una calidad fuera de lo común, tanto en sus juegos como en una realidad que ofrece verdaderas joyas de los deportes. Desde aquel mítico ‘Bird vs. Jordan: One on One’ soy un adicto al basket de monitor, al juego dinámico y espectacular que ofrece la compañía de ocio americana.
Este año, en la nueva versión, la cosa no ha cambiado mucho, pero sí ofrece una serie de mejoras paulatinas que hacen que el juego sea cada ves más atractivo. Por ejemplo; en la nueva edición de ‘NBA Live 2005’ tenemos algo que los ‘puretas’del juego añorábamos hace tiempo: el All Star Weekend. Y no me refiero al consabido partido de las estrellas, que lleva incluido hace años. No. Me refiero al Slam Dunk, el concurso de mates –con posibilidades asombrosas- y el nostálgico y siempre competitivo Concurso de triples. También han incluido un Freestyle que supone un reto competitivo y de aprendizaje, sobre todo en el concurso de mates, que alcanza unos resultados acojonantes. Y no sólo eso, si no que tenemos el partido entre los Rookies (novatos) y los Sophomore (jugadores de segundo año) que anualmente podemos disfrutar en Canal + que, como un acto de fe altruista, emite en abierto. Tampoco podía faltar un modo Dinasty que está bastante mejorado (incluye hasta un PDA para el cuarto de siglo que se va a tener en propiedad el club) y esa necesaria opción que atrae tanto a los ególatras como yo que permite crearte como jugador y formar parte en primera persona de los partidos, una iniciativa que transforma cada partido en toda una experiencia personal. Este año vuelvo a ser Michael Refo, un negrata de Brooklyn de casi dos metros, con rastas, profanado de tatuajes y de gran capacidad de tiro que juega junto a Gasol en los Grizzlies de Memphis. Puede parecer una frivolidad, pero sentirte parte del juego hace que todo esto tenga mucho más sentido y afección por el equipo.
En cuanto al acabado gráfico, como no podía ser de otra forma en los juegos creados por la empresa americana, vuelve a estar a la altura. Aunque, a priori, no existen diferencias entre los demás años, los chicos de EA siempre hacen que todo sea aún más perfecto. Este año, sin duda alguna, se aproxima de un modo más realista al juego en cancha real, convirtiendo la velocidad y los ataques en algo más creíble, con mejores defensas y una sincronizada organización para tener que trabajar el ámbito estratégico. Con el ‘Off-Ball Switch’ se puede controlar a los jugadores sin balón, haciendo que soliciten pases o ejecuten bloqueos. Los dribblings son más creíbles, hay una constante sensación de veracidad en el juego y todo, en conjunto, tiene un enfoque más objetivo en función a su ajuste a la realidad. Además se han mejorado también el sistema de control de los palmeos, los rebotes, los tapones, los Alley-Oops y los mates. Asimismo, se ha perfeccionado la técnica de reproducción de rostros y, sobre todo, de los movimientos de los jugadores en general, con lo que el juego adquiere un realismo que es de ponerse en pie, aplaudir y descorchar una botella de champán antes de jugar a este prodigio para los amantes de la NBA.
Como apunte que echábamos de menos: Kareem Abdul-Jabbar ya figura como All-Star de los 80, con lo que se puede disfrutar de su mitológico ‘sky-hook’.
Total, que podría estar viendo La 2 y escuchar beligerantes arengas verbales para estar al día en lo político, pero que, subjetivamente, me aburre; o seguir con un extenso análisis digno de revista dedicada a estos menesteres. Pero como no quiero aturdirme ni me pagan por escribir sobre juegos, directamente voy a darme una aparatosa e indigna sesión de NBA hasta que los ojos me hagan chiribitas y escuche de fondo órganos musicales con sintonías de ataque, público jaleando en cada jugada y que mis zapatillas de felpa suenen con ese chirrido perpetuo en el parqué como ultramodernas botas Nike.
Como diría el gran Andrés Montes (al que se le echa de menos en la versión española del juego –siempre prefiero los comentarios de la versión americana-): ¡¡I LOVE THIS GAME!!
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 18:26 |


‘Alone in the Dark’ es la adaptación del videojuego de los 80 que ha llevado a la pantalla Uwe Boll (‘House of Dead’), con Christian Slater, Tara Reid y Stephen Dorff como protagonistas.
Estas son algunas de sus primeras críticas.
“Esta película de terror, basada en un clásico del video juego de Atari, no es sólo un filme intensamente inepto a cualquier nivel, sino que uno se pregunta cómo el distribuidor no lo ha sacado directamente a DVD o, mucho mejor, lo ha tirado a la basura”.
Stephen Holden, NEW YORK TIMES.
“Tara Reid, la perpetua chica 'divertida' de las películas para adolescentes interpreta aquí a una arqueóloga. Sólo eso debe darnos una pista de lo excesivamente malo que es este filme”.
Bob Townsend, ATLANTA JOURNAL-CONSTITUTION.
“Hay muchas películas estúpidas que se pueden disfrutar si se desconecta el cerebro y no se quiere pensar. ‘Alone in the dark’ no llega ni a eso. Es demasiado infame como para llegar a entretener”.
Michael Wilmington, CHICAGO TRIBUNE.
“Es lo peor que se ha visto en mucho tiempo. Mucho más funesto que cualquiera de las peores películas que se hayan rodado últimamente. Slater y Dorff, bien… han actuado de un modo tan pésimo en peores películas. No, perdón. No lo han hecho. Esta es la peor”.
Frank Swietek, ONE GUY'S OPINION.
Y digo yo… con críticas como estas ¿quién quiere amigos?
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 01:04 |


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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