lunes, 28 de febrero de 2005

77ª Edición de los Oscars

Rápido, eficaz y sin gracia.
Fue la gala de la 77ª edición de los Oscar una de las más rápidas de la historia de los premios. Era el propósito primordial de los organizadores. Y los objetivos se cumplieron. Un espectáculo delimitado por la premura, por el adaptado miramiento a los plazos, al tiempo estricto, dispuesto en función del cronómetro, siguiendo un guión segundo a segundo, ejercitado para que el evento no se prolongara en exceso. Y así fue. Pero el resultado no fue el esperado, ya que si bien consiguieron que no se eternizara, la ceremonia sufrió una importante pérdida de la frescura y la espontaneidad de otras ediciones. Todo fue excesivamente sobrio, absortos en que nada se saliera fuera de lo previsto, que no superara los 180 minutos.
Para ello, hubo muchas novedades, como sacar algunos premios (los menores) del escenario principal y evitar así que los premiados hicieran el paseíllo hasta recoger su Oscar. Una idea que funcionó, pero dejó imágenes insólitas y extrañas. Algunos no tuvieron apenas que levantarse para recoger su Oscar y agradecerlo, porque el presentador de turno se lo concedía en el pasillo. Otros dieron una imagen nada convencional, en el prototipo de concurso de televisión, donde los nominados alienados en fila aguardaban en el escenario a oír su nombre. Algo que recordó al anuncio de ‘Viceroy’ de Julio Iglesias o a la ronda de nominados de OT, pero simbolizando a su vez lo que siguen siendo estos premios: una lotería en el que a uno le toca una estúpida providencia. También quisieron presentar algunos de los episódicos premios desde los palcos. Unos balcones que, anoche, por fin tuvieron su protagonismo (para algo el Kodak Teathre es un teatro). No obstante, esta nueva modalidad daba cierto aire a los entrañables Walford y Statler de ‘Los teleñecos’. Sobre todo cuando una (como siempre) arrebatadora Scarlett Johansson presentó unos premios Científicos a los que, por primera vez en mucho tiempo, se les dio la verdadera importancia que tienen.
La gala contó con Chris Rock como maestro de ceremonias. Mucho se había especulado con el papel del lenguaraz y sardónico cómico afroamericano, pero no pudo estar más circunspecto el humorista y actor, a pesar de la sorna con la que trató a Bush, aludiendo en el discurso a la omnipresencia de Jude Law en todas las películas en las que ha participado el actor este año y la puntilla para ‘La pasión’, de Mel Gibson. Eficaz, contenido y expedito en sus palabras, se echó de menos los habituales ‘clips’ de Billy Cristal o la vena irónica y espontánea de Whoopy Goldberg. Aunque Rock hizo lo que mejor sabe: soltar un ‘speech’ a lo ‘stand up comedy’ (me está pudiendo lo anglosajón) y hacer prevalecer su etnia y preconizarla a la mínima de cambio. Y es que si hace tres años fue el año del ‘black power’ con Halle Berry, Denzel Washington y Sidney Poitier como protagonistas, anoche la senda de gloria fue muy similar. Los momentos pretendidamente cómicos corrieron a cargo de diversos números consistentes en ver a Edna, la modista de ‘Los increíbles’, presentando el premio al mejor vestuario junto a Pierce Brosnan, a Adam Sandler (con un evidente problema de obesidad galopante) junto a Rock de cachondeo, aludiendo a Catherine Zeta Jones y, por último el genial Robin Williams (qué capacidad cómica posee el actor) realizando la mejor y más humorística presentación de la noche, donde pudo aprovechar sus dotes de imitador al recrear, de forma magistral, a míticos intérpretes como Marlon Brando o Jack Nicholson.
El premio de Sidney Lumet quedó algo empañado por un miembro de su familia. Bueno, en realidad se debería decir por dos, ya que una de las hijas de director de ‘Tarde de perros’ o '12 hombres sin piedad’, lució un escandaloso escote que escondía (a la vista estaba) dos de las tetas más descomunales percibidas en el auditorio en mucho tiempo desde que lo pisara hace años Dolly Parton. Y es que ver a una Barbie con semejantes ubres aglutina cualquier mirada. Una ‘playmate’ de calendario central en toda regla. La diosa de ébano, Beyoncè Knowles, se convirtió en la sugerente reina musical de la función al cantar tres de los cinco temas nominados, incluyendo una esperpéntica clase de dicción de francés en el tema de ‘Los chicos del coro’. Esto debió sentar mal a los franceses por su ininteligibilidad, pero lo cierto es que la estrella de las ‘Destiny Child’ justificó con sus apariciones el enérgico potencial de una de las mujeres más bellas del mundo. Su canción junto a Josh Groban fue de lo mejor de la noche. Siguiendo con los temas musicales, Antonio Banderas cantó de putísima pena (en bufidos melódicos alusivos al peor imitador de Raphael) el tema de Jorge Drexler ‘Al otro lado del río’ junto a Santana, evidenciando la injusticia cometida por la Academia al apostar por un rostro acreditado para cantar un tema que, a posteriori ganaría el Oscar con pequeña y archiconocida venganza incluida. Sean Penn corroboró que, además de un venal congeniado con la Academia, es bastante más gilipollas de lo que se pensaba, increpando a Chris Rock por alguno de sus chistes y exhibiéndose como un simulado gran compañero. Y por si fuera poco, políticamente correcto. Si la vida fuera justa, ayer a Hillary Swank le hubiera entregado el Oscar Bill Murray y no el pelele este, que todo lo que tiene de portentoso actor lo tiene de estúpido pretencioso.
Dentro de los premiados, hubo sorpresas y decepciones. La más grande, por supuesto, fue la nos llevamos todos cuando Nacho Vigalondo no pudo traerse a la dorada estatuilla (lo sé, tengo que tirar de tópico) a Madrid. Sólo por su gesto a lo Chiquito de la Calzada en el instante en que le nombraron como nominado merece el mejor de los aplausos. Que Martin Scorsese no ganara deja la sensación de castigo de uno de los grandes. Ya es habitual que el director de ‘Godfellas’ se quede con esa cabizbaja carita de desengaño sabiendo encajar las derrotas como nadie, pero a tenor de qué película resultó la gran ganadora, uno se plantea confirmar que, de vez en cuando, la Academia otorga sus premios con coherencia. Este año Marty tenía un competidor que había sido mejor que él. Y esto es algo que con lo que no se puede luchar. Aunque eso mismo debió pensar hace tres años David Lynch o Robert Altman y fue Ron Howard quien se llevó ilícitamente el Oscar.
‘Million dolar baby’ se mereció cada uno de los premios que se llevó y alzó a Clint Eastwood como el gran clásico que es; con cuatro Oscar incluidos que la encumbraron como la película ganadora de la noche. Resulta paradójico que desde que se le premiara con ‘Sin perdón’, una película no ha sido tan justa ganadora como en la gala de ayer. También fue gratificante ver esa sonrisilla cómplice de Morgan Freeman con su Oscar guiñando un ojo cuando Pacino entregaba el Oscar honorífico a Sidney Lumet. La gran sorpresa, más allá de la rivalidad entre ‘The Aviator’ y la cinta de Eastwood, recayó en el justo premio que fue a parar a ‘Eternal sunshine of the Spotless mind’ con la concesión del Oscar al mejor guión original a Charlie Kaufman por su prodigioso ‘script’, así como la equidad del mejor guión adaptado para Alexander Payne y Jim Taylor de ‘Sideways’. Y claro, Amenábar ganó. Pero esto no es una sorpresa para nadie.
Una gala aligerada que dejó pocos buenos momentos y cerró la 77ª edición como una de las más frías, sobrias y, por qué no decirlo, aburridas, de los últimos años.
DE HOLLYWOOD A MADRID.
Ahora, en un nivel subjetivo, me centro en la parte más divertida de la noche que, paradójicamente, no estuvo en Hollywood sino en Madrid, en el plató de ‘Lo + Plus’. Cada año, Anita García Siñeriz y Jaume Figueras suben un listón en un esperpéntico espectáculo sin el cual el acontecimiento más importante del oropel cinematográfico no sería lo mismo. Recuerdo hace pocos años cuando recluidos en una unidad móvil al lado de Kodak Teathre la pareja más consolidada en la retransmisión de este evento dejaron el más colosal proceder de sus carreras. Figueras se quedaba dormido, Anita se notaba inquieta, claustrofóbica, sin saber qué decir. Este año han fichado para seguir con su necesario y ridículo ‘tour de force’ a Antonio Muñoz de Mesa, el rostro más ‘picassiano’ de panorama español después de Rossi de Palma.
Bien, los incesantes chistes sin gracia, las acotaciones desprovistas de sentido, los chascarrillos sin trascendencia y la sensación de inocuidad en sus absurdos comentarios hicieron del debate del Plus lo más dramáticamente divertido de esta larga noche. Es impagable oír cantar a Antoñito ‘el Gorgoritos’ a un público que, por primera vez, dejó someterse a las estulticias de los presentadores a lo largo de seis horas sobrellevando en directo las ingeniosidades en forma de animación a lo ‘payaso de la tele’ y un continuo devenir de chorradas verbales que Terry Gilliam calificaría con aquella frase tan ‘brittish’ de “es tan jodidamente malo que resulta excelentemente bueno”.
Uno de estos muchos momentos fue oír cantar a Muñoz de Mesa la canción de Drexler a un público aletargado, somnoliento y sin ganas de seguir el autoengañoso jolgorio del presentador. Una actitud comprobada cuando al grito de “todos en pie” para celebrar el Oscar de Amenábar se levantó ¡¡una sola persona!!. Impagable. Comparar a Adam Duritz, cantante de Counting Crows con una de las efigies del Windsor en llamas, menospreciar desde la envidia el guión de Kaufman o dejarse llevar a contracorriente por sus absurdas e incompartidas opiniones fueron la aportación más pintoresca de este showman de lo zafio que sería la pareja televisiva ideal de Leticia Sabater. Figueras estuvo comedido y traspapelado como siempre. La mesa se animó en su comienzo con Javier Cámara y su desparpajo con mucha pluma. Pero si por algo se recodará esta gloriosa noche del absurdo es por la colección de frases estúpidas de la Siñeriz. Cada año se supera a sí misma, soltando chorradas que van ‘in crescendo’, ganándose el cetro de ‘Reina de la impericia’. Pero lejos de ser una afilada crítica, es de recibo reconocer que sin su presencia, la noche de los Oscar perdería todo su sentido. Desde el Abismo: ¡¡No cambies, Anita!!
He aquí algunas de sus antológicas perlas de la noche.
ANITA'S SHOW
.- “Deberían haber salido los niños dando vueltas, haciendo acrobacias, con más movimientos ¿os imagináis?” (Refiriéndose a la actuación de Beyoncè en el tema ‘Vois sur ton chemin’, un tema de coro).
.- “Giselle –corrigiendo a Muñoz de Mesa que dijo Michelle- es el nombre de la novia de Leonardo Di Caprio. Debe estar en Costa Rica haciendo surf” (Comentario segundos antes de enfocar al actor de ‘The Aviator’ y ver que Giselle Bündchen estaba a su lado).
.- “¿Qué podemos tomar? Un carajillo ¿Se puede un carajillo a estas horas?”. (Anita evidenciando lo que muchos sospechábamos).
.- “¡¡Paulino!!” (Uno de los gritos fuera de cámara más míticos de la noche).
.- “Ahí está… Leonardo Di Caprio, ‘El aviador’ himself”.
.- “Bueno, ya ha salido Chris Rock que está preparado… listo, ya”. (Ésta fue gloriosa).
.- “Qué podemos hacer para animar a ‘Mar Adentro’? ¿Hablar en gallego?” (Insuperable).
.- “Pues esta victoria podríamos titularla ‘España 1- Francia 0’ ¿no?” (Tras ganar Alejandro Amenábar el Oscar).
.- “A este público lo van a fichar en Hollywood para dar su opinión de los montajes. Ahora cuando salgan, vamos a tomar sus nombres y…”.
LO MEJOR
.- En el apartado de Glamour: Julia Roberts, Natalie Portman, Gwyneth Paltrow, Hillary Swank, Scarlett Johannson, Kate Winslet, Anette Bening, Beyoncè, Zhang Ziyi, pero sobre todo, las más asombrosas fueron, sin duda alguna, Salma Hayek y Charlize Theron que estaban impresionantes. Y claro, no me puedo olvidar de Raquel Sánchez-Silva, la gran musa de la sonrisa optimista.
.- Clint Eastwood, agradeciéndole el premio a su madre de 96 años.
.- La frase de los responsables de efectos especiales de ‘Spiderman 2’, “ha sido una suerte que no hayan hecho cuarta parte de ‘El señor de los anillos”.
.- El ‘Grandma moment’ de Jaime Foxx.
.- Jorge Drexler, por supuesto.
.- La declaración de amor profesional de Thelma Schoonmaker a Martin Scorsese.
LO PEOR
.- La mierda de traducción simultánea de Canal +, cada año peor y más chapucera, menos descifrable y, por si fuera poco, pisando los discursos sin dejar escuchar algo de lo original que se pueda captar. Horroroso. Sobre todo, en su voz masculina. Incompetencia pura.
.- El discurso asquerosamente patriotero del presidente de la Academia, Frank Pierson.
.- El discurso poco original, sin emoción y preparado de la Swank que recordó al de la Roberts pero sin la gracia y naturalidad de aquélla. Largo y tedioso.
.- Que la puta gorda rubia de ‘Wasp’ le usurpara el Oscar a nuestro Vigalondo.

Y antes de los Oscars... los Razzies

Peor película: CATWOMAN, de "Pitof" (Warner Bros.)
Peor actor: George W. Bush / FAHRENHEIT 9/11
Peor actriz: Halle Berry / CATWOMAN
Peor actor secundario: Donald Rumsfeld / FAHRENHEIT 9/11
Peor actriz secundaria: Britney Spears / FAHRENHEIT 9/11
Peor pareja: George W. Bush & Condoleeza Rice o con su puta mascota / FAHRENHEIT 9/11
Peor remake o secuela: SCOOBY DOO 2: MONSTERS UNLEASHED (Warner Bros.)
Peor director: “Pitof” / CATWOMAN
Peor guión: CATWOMAN de Theresa Rebeck y John Brancato & Michael Ferris y John Rogers
Peor musical de los últimos 25 años: FROM JUSTIN TO KELLY
Peor comedia de los últimos 25 años: GIGLI
Peor drama de los últimos 25 años: BATTLEFIELD EARTH
El peor actor más veces nominado de los últimos 25 años: Arnold Schwarzenegger.
Lo más destacado fue que Halle Berry, haciendo gala de su buen humor y reconociendo errores profesionales, se acercó a recoger su Frambuesa a la peor actriz del año. Algo que suele ser demasiado insólito para repetirse el año que viene.

domingo, 27 de febrero de 2005

La fiebre de 'Star Wars' en Disneyland

George Lucas se relaja meses antes de cerrar su segunda trilogía galáctica en compañía de Jedi Mickey. La fiebre 'Star Wars' de este año parece que no va tener competencia en un 2005 que tiene a la venganza de los Sith como uno de los únicos exitazos seguros.
Lo que ya no sé es si ese rostro a medio camino entre la preeminencia y el desdén de Lucas hacia el ratón del tío Walt significará algo o no.

Viviendo en directo la 'Deep Spain'

Tampoco quiero explayarme mucho sobre el palmarés, de hecho ni lo voy a reseñar, pero como todos preveíamos, no nos llevamos nada en el II Pata Negra de Guijuelo. Lógico, teniendo en cuenta que en el Jurado había gente que me tiene en desconsideración porque, para ellos, personifico a otro medio periodístico que me empuja a una rivalidad absurda y bastante cateta. U otros que, profesándose en indefinidos facsímiles de una pretendida redacción a lo Carlos Boyero o puretas cinéfilos de enraizados gustos clásicos que se ofuscan en su masturbatoria perspectiva de un tipo de cine arcaico, rancio y, en muchos casos, insoportable, no saben reconocer ni el riesgo, ni la intención y mucho menos la calidad de un producto innovador (y por supuesto, no me refiero a nuestro corto). Eso sí, ecuánimes son un rato. O ellos así se lo autoinculcaron.
Homenajear al gran Antonio Ozores queda fuera de toda duda a la hora de conceder una merecida retribución en forma de deferencia, el reconocimiento de un hombre prolífico y entrañable que ayer dejó el pensamiento de lo olvidado que tenemos a viejas y grandes glorias de nuestro cine. Un ilustre cómico ante el cual nos descubrimos en la gala de entrega de premios. Lo que ya no es tan excepcional es el concepto de artista famoso que deben tener el Guijuelo. Si durante toda la semana se han enorgullecido por traer a medio casting de la serie ‘Cuentame’, lo de ayer no tuvo parangón, amigos. Allí, berreando, gesticulando y dejando tras de sí una estela de patética francachela con pose de diva venida a menos, la mismísima Marujita Díaz (ojo a su página web) impuso los momentos más esperpénticos de la velada. “Viva la madre que te parió”, gritó al gran Ozores en un arranque de falsa espontaneidad, “este pueblo huele a sustancia, la del jamón que viene del cerdo que come bellotas” acertó a definir este icono del freakismo ibérico, símbolo de la impudicia más funesta de la carpetovetónica escena artística de la España cañí. Ridículo y tétrico, ambos conceptos remezcladas con en una batidora minipimer.
En fin. Como crónica improvisada, me gustaría señalar particularmente dos momentos álgidos de una gala demasiado larga, algo aburrida, pero con intenciones de no serlo. Pero sobre todo, opresivamente calurosa. Y no es por la sensación de presión del ambiente, si no por los 25 grados de calefacción que padecimos.
La primera alude al inexperto e improvisado presentador del evento, el director de ‘El chocolate del loro’, Ernesto Martín (gran tipo), que hizo lo que pudo para sacar adelante con dignidad todas las presentaciones, cuando concedió la mención especial a la mejor fotografía a un corto en vídeo (que a posteriori ganó el primer premio de la categoría), frunciendo el ceño en el momento en que el director del corto subió a por el jamón en miniatura diciendo “es una sorpresa porque la fotografía no tiene nada. Bueno, quiero decir, que no utilizamos ni focos ni nada. Bueno, esto… me refiero…”. Os juro que es trascripción pura y dura. Tras este insólito ‘speech’ sonrió y agradeció.
Lo segundo fue hacer subir a los participantes, ganadores y perdedores, al escenario dejando ver las caras de frustración de los que no se habían llevado premio en cabrona analogía con las de los sonrientes premiados. Y yo allí, entre todos, al lado de Ozores, detrás de Marujita Díaz y con la posibilidad de poder darle una patada a Zoe Berriatúa (agachado justo delante de mí) por perpetrar algunas de las peores interpretaciones vistas en este país, mirando a la nada y aprendiendo del enésimo descalabro en el mundo del cine. La conclusión positiva ha sido que hemos sido seleccionados entre más de 400 cortos y, sobre todo, la impresionante acogida del miércoles de ‘El límite’ por parte de los guijuelenses y salmantinos.
Eso, consecuentemente, es lo más importante.
Espero que esta madrugada Nacho Vigalondo tenga mucha más suerte con su '7:35 de la mañana' en la gala de los Oscar que, si todo va bien, podré disfrutar (o padecer) esta noche.

sábado, 26 de febrero de 2005

Extraño viaje a ninguna parte

Quedan apenas un par de horas para saber si ‘El límite’ ha ganado o no algún premio en el palmarés del II Pata Negra de Guijuelo. Siendo el único trabajo salmantino de la muestra, uno tiene esa estúpida sensación de expectativa, almacenando algo de optimismo ante un posible reconocimiento por parte de los miembros del jurado que, como el calvo de la lotería, repartirán mucho dinero esta noche. A unos, merecidamente (espero que a nosotros, ejem…) a otros, como en el mundo de los concursos del corto, injustificadamente ilícitos, espurios, vamos inmerecidos, para entendernos.
Ahora mismo podría coger el teléfono móvil y hacer una llamada para saber si nuestro trabajo ha sido reconocido en alguna de las categorías del festival. Así me ahorraría el viaje. Intuyo que no. Cuando te lanzas al vacío artístico con un proyecto arriesgado y heterogéneo, un signo contrario a ‘premiable’. Suele suceder que la suerte abraza a otro tipo de grupúsculos reiterativamente letárgicos. Y esta vez no será una excepción.
Aún a sabiendas de un profético “me vengo con las manos vacías”, iré a Guijuelo a participar y compartir aplausos, sin saber nada, como lo que deben sentir los nominados a cualquier premio y fingiré indiferencia. Pero sí, amigos, dentro de mí reconcome el ansía de un jodido premio para nuestro sacrificado esfuerzo. Me hace ilusión. No hicimos un cortometraje para ganar ningún premio. Es más, me atrevería a decir que es una pieza a contracorriente. Y si no nos laurean está vez, la excepcional ocasión en que se ha materializado que somos profetas en nuestra tierra, no lo será nunca. Crucemos los dedos.

Secuencia al azar

Juan suspende indebidamente a una alumna cuando escucha una frase que viene de la lectura del trabajo de la joven: “Muerte de un ciclista”, dice la chica durante su exposición.
Cuando no puede más, él acepta el error y decide dejar de ser profesor, desembocando esta decisión en su decisión de querer entregarse a la policía.
Un largo travelling sigue a Juan, que habla con la alumna, pero ambos separados por una reja. Esta reja está metafóricamente encerrando a Juan en su tortuoso sentimiento de culpabilidad.
Cuando termina de confesarle a su alumna su trauma, la reja se acaba.

viernes, 25 de febrero de 2005

'Wild Things', una obra maldita de McNaughton

Mucho mejor de lo que parece
El hecho de que John McNaughton fuera el responsable de títulos tan sugerentes como ‘Henry, retrato de un asesino’ o ‘La chica de gángster’ antes de rodar ‘Wild things’, hacía evidente que su propensión hacia estas extrañas y (en principio) atrayentes películas procedía de un acerbo propósito de renunciar al encasillamiento y plantear desde su perspectiva historias que, en manos de cualquier otro director, hubieran caído en el más profundo de los abandonos.
El problema (o la virtud) que rodea a una película tan infravalorada como ‘Juegos salvajes’ es la complicación simplista incluida en un ‘thriller’ que si bien es cierto que flaquea en muchos de sus momentos claves, McNaughton se encarga de resolver mediante una dirección colmada de soltura y apoyándose en un guión que, exceptuando algún que otro tópico (decididamente preconcebido) resuelve la papeleta con agudos instantes dramáticos basados en un humor inhabitual, corrosivo y destructor de los cánones del ‘thriller’ con sabor a cine negro, en esta ocasión, más agridulce que nunca. Esta malintencionada historia sobre asesinatos, arribistas, policías corruptos, pintorescos picapleitos y ninfas sexuales saca a relucir su máximo esplendor en aquellos fragmentos (primordiales para la función) en los que se burla de ése cine ‘serio’ al que parece encaminado la intrincada y confusa trama policíaca.
Además, (y esta vez sí) uno de sus encantos más notables es el potencial sexual, ése voltaje erótico que recuerda implícitamente al ‘Fuego en el cuerpo’ de Kasdan. Las curvas de Denise Richards (una apabullante hembra siliconada reconvertida a mito sexual de pajeros irredentos), el encanto de un recuperado Matt Dillon y para cerrar el ‘menàge a trois’, la pícara mirada de la otrora musa del ‘softgore’ Neve Campbell, envolvieron a esta obra de McNaughton en un halo de atracción, de cierto aire ‘chic’, reforzado con el lujo que rodea la urbanización en donde se desarrolla el filme componen, en conjunto, una visión pervertida de su idea subliminal: la destrucción del hombre por el propio hombre.
Filme lleno de referencias, de juegos maliciosos (sobre todo los créditos finales) y con el gran y portentoso Bill Murray en un rol que le viene como anillo al dedo y un eficiente Kevin Bacon como inquietante policía, son elementos que conviven en una historia de celos, satírica, brillante y muy divertida (si se toma por esta orientación, claro está). Si bien no fue una película redonda, tampoco lo es que fuera una cinta banal, sin matices y sustentada en las tetas de la Richards o el morbo de la Campbell. Nos encontramos ante una de ésas películas que ha ganado con el paso del tiempo, llegando a ser una obra de culto, que sigue ofreciendo pequeñas sorpresas con cada relectura.
Lo cierto es que entre todas las luchas de clases, de sexos, de odio y traiciones se esconde un nihilismo desesperanzador que no decepciona a aquellos acostumbrados a mirar más allá de lo que han establecido terceros, que evidentemente, repudian esta grata muestra de ‘thriller’ erótico con grandes posibilidades. Además, y qué cojones, hay que destacar a una exuberante Denise casi todo el metraje en sujetador y semidesnuda. ¡Qué más se puede pedir!

La novela rosa así, es otra cosa

‘Un poquito más cerca del borde, mi amor…’, ‘Por el amor del Escocés McMullet’, ‘El desfloramiento de Mary Osmond’, ‘Me casé con un maricón’, ‘Eres más alto que yo ¿eres feliz?’ o ‘El jinete ciego y descamisado’ son algunas de las traducciones que sólo tienen significado con el sentido del humor visual de Mark Longmire, que ha trasladado a las portadas de las novelas rosa creadas una particular transformación a su antojo modificando las ya ridículas y cursis ‘covers’ de este tipo de género literario en ocurrentes y particulares visualizaciones con un título humorísticamente ajustado a tan engomadas tapas.
Si queréis saber de qué va todo esto, entrad en su página web.

jueves, 24 de febrero de 2005

Review CONSTANTINE

Lamentable despropósito
Es curioso y triste, a su vez, pensar que esta horrorosa (con pretensiones de fidelidad a su origen para no levantar demasiadas suspicacias) adaptación del ‘Hellblazer’ creado por Alan Moore y llevado a la imaginativa extrema más reconfortante por autores como Jamie Delano, Garth Ennis, Paul Jenkins, Neil Gaiman o Warren Ellis me haya recordado a una concentrada trinidad de horrorosos filmes apocalípticos, visualmente impecables, pero con problemas de interés que van más allá del puro aburrimiento. ‘Constantine’ se emparenta, en esa reverberación de hastío y gilipolleces teológicas maniqueas encuadradas en el cine de terror moderno, a películas como ‘El fin de los días’, ‘Stigmata’ o ‘Poseídos’, tres cintas que, si bien recogían sugestivos aspectos fotográficos, no dejan de ser meros baturrillos tópicos del peor cine de género con un sedimento de sofisticación y pretenciosidad que las convirtieron, automáticamente, en olvidables productos, malogrados en todos sus designios.
‘Constantine’, de Francis Lawrence al igual que aquéllas, es un despropósito total, tan risible como luctuosa en su visión de uno de los personajes más carismáticos y oscuros de la Vertigo de DC Cómics. El exorcista que ha estado en el Infierno, John Constantine, nos introduce en un mundo de Magia y caos dimensional que rodea a nuestro universo, situando al espectador en un soporífero contexto donde los oscuros escenarios, pretendidamente lúgubres en la faceta emocional del rol torturado que interpreta el siempre hierático Keanu Reeves, transitan entre el estereotipo y el más reiterado ‘deja vù’ del reverso más execrable del terror actual.
Estamos ante una errónea y desangelada adaptación de una serie de ‘Hellblazer’, concretamente la que se extiende del número 41 al 46 en la edición USA, pertenecientes a la saga ‘Dangerous Habits (Hábitos Peligrosos)’, escrita por Garth Ennis, relatando cómo este atípico exorcista se ve obligado a realizar encargos ‘benévolos’ para evitar terminar en el Infierno debido a un cáncer de pulmón y salvar así su alma. Aquí no existe un trasfondo sin iestro en cuanto a imaginería judeocristiana se refiere y abusa en todo momento de una parafernalia satánica no justificada, pasando de puntillas en todo aquello que se insinúa. En una anodina y maniquea batalla entre el Bien y el Mal, entre el Cielo y el Infierno, toda la dimensionalidad del cómic, esa complejidad de los Híbridos (ángeles y demonios que conviven en la Tierra con el ser humano) y de los pactos duales entre ambos bandos, en esta película facturada por un insípido Lawrence se degrada hasta los términos de lo vulgar e irritante, basado en el golpe de efecto sonoro y visual (los jodidos sustitos de turno, harto previsibles, y los monstruos surgidos de los efectos digitales) que termina conformando un dispendioso artefacto tan nulo como forzado.
Se ha perdido cualquier toque de humor y cinismo, todo es neutro e inverosímil, apagado, desprovisto de fascinación que, en más ocasiones de las que uno se imagina, conllevan al bostezo. Ni siquiera la carnal Rachel Weisz, las grotescas e histriónicas interpretaciones (al borde del ridículo) de Tilda Swinton y Peter Stormare, ni el desaprovechado diseño de producción, espectacular y fastuoso, ni la persistente presencia tras la cámara del impersonal Lawrence(presente en cada plano), hacen que ‘Constantine’ evite caer en el más espantoso de los descalabros.
Tal vez lo único reseñable sea la presentación de Constantine y su primer exorcismo, así como esa metáfora de la araña en el vaso, atrapada como él en el humo que está destinado a quitarle la vida poco a poco, pero que, como en cualquier producción estadounidense, prescribe en un mensaje moral antitabaquista tan añejo como reprochable. Al fin y al cabo, ‘Constantine’ nace como un lúdico pasatiempo que aprovecha una mina de ideas para ofrecer una trivial película sobre lo bueno y lo malo, la redención y los pecados. Compostura absurda en estos tiempos de hipocresía que nos corroen.
Un producto del todo lamentable, pero olvidable al fin y al cabo.

Dos breves de poner los pelos de punta

El irreflexivo ‘remake’ de ‘La niebla’, de John Carpenter (así como el de ‘Asalto a la comisaría del distrito 13’), está llegando a términos concretos para llevarse lamentablemente a la gran pantalla. Cinema Confidential ha revelado que los intérpretes de este paripé fílmico podrían ser Tom Welling (‘Smallville’) y Maggie Grace (‘Lost’). Dirigirá Rupert Wainwright, que es el perpetrador de esa inmundicia estética titulada ‘Stigmata’ y el guión se encargará de joderlo Cooper Layne.
La pregunta es: ¿Tenemos que esperar que, a partir de ahora, empiecen a crear nuevas e innecesarias versiones de los filmes de nuestro sacro tótem Carpenter?
Por otra parte y situados en el síncope de la estupidez, Michael Bay, que este verano nos deja su última y mastodóntica cinta ‘The Island’, con Ewan McGregor y la ummm… exuberante diosa de nuestros sueños más húmedos, Scarlett Johansson, no tiene suficiente con producir con su amiguete de estropicios Jerry Bruckheimer una precuela de ‘La matanza de Texas’ (pretenden desencantarnos con la familia de Leatherface antes de los asesinatos recreados por Tobe Hooper y vueltos a rehacer de mala manera por Alexander Nispel hace un año), si no que el novio de la conejita jamona Lisa Dergan tiene una férrea intención de dirigir un ‘remake’ de la intocable ‘The Hitcher’. Sí, amigos, los dos capullos quieren invertir una millonada para descuartizar nuestro clásico de culto ‘Carretera al infierno’, la única obra maestra de Robert Harmon protagonizada por Rutger Hauer y C. Thomas Howell.
Y luego decimos que el cine español está en crisis y va mal.

El Papa mea fuera del tiesto

No puedo pasar un tema que me llamó la atención en el día de ayer. Se dice que el Papa Juan Pablo II ha escrito un libro. Esta es una de las mejores ingeniosidades del último mes. Un consumido octogenario que apenas puede hablar, que da pena o convoca a la hilaridad (según quién lo vea) que ni se puede levantar ni puede hablar de forma descifrable dice haber escrito un libro: 'Memoria e Identidad'.
La farsa que le convierte en una Ana Rosa Quintana clerical, no tendría mayor importancia si no fuera por las equívocas deliberaciones que contiene esta cristiana publicación que llevan a comparar el Holocausto Nazi con el aborto. Una degradante idea que, por supuesto, Paul Spiegel, líder judío, ha revocado razonablemente.
Consecuencia: Dios le ha castigado y le ha metido otra vez en el Hospital.
Y a ver si sale de ésta.

'El límite', en Guijuelo 2005

Ayer no pude asistir a la cita diaria del Abismo por motivos ajenos a mi persona. Aún no tengo muy perfeccionado el don de la ubicuidad, pero dadme un poco de tiempo. Sigo trabajando en ello. Lo cierto es que ayer me acerqué, entre el temporal de nieve, ventisca y frío, a presentar ‘El límite’ en el apacible pueblo de Guijuelo, tierra de buen comer, donde se manufactura el mejor jamón ibérico de bellota del mundo entero. Un placer incomparable y sensorial a todos los niveles y en una dimensión culinaria al alcance de unos cuantos privilegiados.
Ganarse al público de un atestado y enloquecido aforo charro cuando eres el único representante salmantino y tu corto representa a la región hace, desde el principio, que la gente se muestre enfervorecida con tu trabajo. Vimos ocho cortos, de entre los cuales destacó exclusivamente ‘6ª Convocatoria’, de Mikel Alzola, una extraña mezcla a medio camino entre el fantástico (muy logrado en intención y acabado en su condición de vídeo) y la comedia ‘teenager’. Realmente entretenido.
El único inconveniente fue el involuntario desacierto que tuvo el proyeccionista al dejarme, en un principio, sin mi rodillo de créditos finales. Tras mi enérgica protesta, se procedió a la recuperación de todos los nombres de mi venerado equipo técnico entre los aplausos y la comprensión de un público volcado con el corto. Todo un exitazo. Después, una charlita con los espectadores tras la proyección, el inesperado requerimiento de una más que sugestiva y hermosa chavala que me invitó, en nombre de su escuela audiovisual, a dar una charla sobre el proceso de creación del corto la semana que viene (sólo por volver a verla acudiré) y vuelta para casa a altas horas de la noche.
Ahora sólo queda, esperar hasta el sábado para saber si el Jurado de ‘Sabios’, asimilado al de los insignes y entendidos del medio audiovisual, consideran ‘El límite’ como uno de los ganadores de esta II edición del Festival Pata Negra de Guijuelo. Un proyecto que, en sólo dos años, llevado de la mano de unos ceremoniosos hermanos Nieto, se ha convertido en un punto de referencia para los cortometrajistas nacionales. Lógico, si tenemos en cuenta que en cine, el primer premio asciende a 7.500 €. Ahí es nada.

miércoles, 23 de febrero de 2005

Deep Spain (II)

"¡Hola!, ¿qué tal, amigo?" con un acento texano y anormal le dijo hace dos jornadas George W. Bush a Zapatero en la cumbre de la OTAN celebrada en Bruselas. Hace un par de semanas vimos a Moratinos, con rictus de “qué gilipollas me siento” (con el de siempre) al intentar distinguirse ante esa aberración femenina que es Condoleezza Rice, ZP nos ilustró del alucinante funcionamiento del mundo del circo político cuando, rápido y avizor, se colocó a la vera de Blair y Chirac para que este encuentro se produjera.
Bush le saludó en el castellano que le enseñó su antaño podenco faldero Josemari, pero seguidamente el presidente estadounidense abarcó con sus brazos a Berlusconi, como lo hacía Don Vitto Corleone. Bush necesita a Europa, precisa de nuevos y serviles aliados. Por eso ahora Yanquilandia busca a los franceses, a los italianos y a los alemanes, a los que odiaba hace poco menos de un año, pero que son irremediables para su imperialismo. A ZP le faltó rayar en la pose sumisa de Piqué, bajando la cabeza varias veces ante el mejor amigo de Michael Moore.
¿Podemos hablar de simpatías hipócritas? Noooo… ¿De intereses compartidos? Noooo… Estamos hablando de política, amigos. Nada más y nada menos.
Progresismo paleto de una España labriega al margen de la escena internacional.
Id preparando las pancartas para gritar todos juntos: “Americanos... os recibimos con alegría… olé tu madre…”. Ya veréis.

martes, 22 de febrero de 2005

"Mi nombre es Dolemite, hijo de puta".

‘Cleopatra Jones’, de Jack Startett, ‘Shaft’, de Gordon Parks, ‘Cotton comes to Harlem’ y ‘Guerra de los Gordom’, de Ossie Davis, ‘Cinturón Negro’, de Robert Clouse, ‘Black Cobra’, de Stelvio Massi, ‘Foxy Brown’ y ‘Coffy’, de Jack Hill o ‘Los Demoledores’ y ‘Superfly’, de Gordon Parks Jr. son títulos que a todos nos suenan a algo en concreto. Sí, amigos, a pelo a lo afro, gabardinas de cuero y piel de cocodrilo, estética kitsh y, de fondo, música de William Hutch o Isaac Hayes, al genuino ‘Blaxploitation’, aquel movimiento subgenérico de los 70 protagonizado por enormes ‘negratas’ y llamativas señoritas de ébano. Una suerte de pelis de acción destinadas fundamentalmente al público de la comunidad afroamericana. Casi todas ellas, de bajo presupuesto, que se inscribían dentro del cine policíaco o de acción. Lo cierto es que surgió como vía de expresión reivindicativa en el cine de su etnia y la crisis económica de Hollywood. Este acojonante subgénero dejó un cine de culto indeleble para todos aquellos que lucharon con su cine y música por los derechos civiles de los afroamericanos.
Llevado por ese sobresalto nostálgico, hoy rescato del olvido a Dolemite como el gran negrazo de la ‘Blaxploitation’. El cómico, cantante y actor Rudy Ray Moore se dio a conocer con el álbum ‘Eat Out More Often’ que supuso una tragedia para los censores de los 70 (suponemos que a los de ahora lo califiarían poco menos que como un furúnculo), ya que se trataba de un vinilo guarrísimo, lleno de instigaciones, barrabasadas verbales, descarríos sexuales y un poquito de violencia contra los blancos; o lo que es lo mismo: un grito de rabia del ‘Black Power’. A Rudy Ray le salió este primer trabajo por unos (según cuenta él mismo) 249 dólares y lo cierto es que hasta hoy en día se sigue vendiendo como las rosquillas. En aquel disco incluyó un tema titulado ‘Dolemite’, que versaba sobre un impresionante negrata salido del ‘ghetto’ que, además de impartir justicia a base de patadas de kárate y hostia a puño cerrado, se autodefinía como una “máquina de follar”. Todo un titán.
Fortalecido por el éxito del disco, Rudy Ray Moore se atrevió a rodar una película de serie B, con estética de ‘caspa cinema’ que recogía las desventuras de este antihéroe en una película que si bien no aportó un aserto de calidad artística al subgénero del ‘Blaxploitation’ sí se pudo comprobar la agudeza irónica de su fondo y su exultante perspicacia, dejando para la galería a uno de los héroes afroamericanos más poderosos, lenguaraces, groseros y carnalmente enérgicos de cuantos se recuerden. Rudy Ray obsequiaría a sus leales seguidores con más títulos protagonizados por Dolemite: ‘The Disco Godfather’, ‘The Human Tornado’ y ‘Petey Wheatstraw’: the devil’s son-in-law’ son algunos ejemplos de su prolífica y particular mitología.
En los 90, el mundo del ‘Hip-Hop’ recuperó su figura homenajeando en forma de odas de rap este personaje. Dr. Dre, Eazy-E, Ice-T, Big Daddy Kane y sobre todo Snoop Doggy Dogg han sido los paladines de la figura de este ‘Big Nigga’ de la historia. Relegado por muchos estudiosos del subgénero que le discriminan y vapulean en cuanto tienen ocasión (en especial Fred Williamson –uno de los escritores de ‘blaxploitation’ más conocidos-), la efigie de ‘Dolemite’ perdura en aquellos que escuchamos sus rabiosos discos y crecimos viendo sus impertinentes películas. Y de ningún modo podremos postergar la gloriosa frase (a lo James Bond) que nos dejó como epítome de su personalidad: “Mi nombre es Dolemite, hijo de puta”.
Lo ultimo de Rudy Ray ha sido dar vida a Mr. Slippers, uno de los personajes de de la controvertida película de animación políticamente incorrecta 'Li'l Pimp', junto a Bernie Mac, Li'l Kim y William Shatner o su cameo precisamente como ‘Dolemite’ en el clip de los Cobra Verde del tema ‘Riot Industry’.
Desde este pequeño Abismo he querido desenterrar la fisonomía de Rudy ‘Dolemite’ Ray evocando tan denostado rol y postulando a favor de esta leyenda, glorificando la gesta de un negrata inolvidable y apoteósico. Pequeños dioses que son desconocidos hasta por los más entendidos en el tema y que ocupan, sin embargo, un lugar preferente en algunos de los pocos freakies que los veneramos.

Identificación con Miles Raymond

Puede que haya sido el día gris, oscuro, lluvioso y triste que había hoy en la ciudad. Todo parecía apagado, sin vida, desprovisto de importancia. Todo ha estado inmerso en una afonía de sonidos, de palabras, de substancia. Tal vez esta absurda entropía en la que estoy cayendo sea la culpable. Esta tarde me he acercado a ver ‘Sideways’, la última de Alexander Payne y ha fomentado dentro de mí una trascendencia que hacía tiempo no me transmitía un filme. Yo diría que nunca antes. Tampoco lo recuerdo. No digo que no me haya gustado. Todo lo contrario, me parecido increíblemente fascinante, verdadera, diáfana y simple, con varios dictámenes vitales que el cine rara vez te puede originar, pero que está ahí, en novelas o guiones (en este caso adaptados) delatados como preciosas gemas, descubiertas como la gran parte de la verdad que rodea nuestras vidas.
Me he sentido extraño y absurdo al verme reflejado en la pantalla. Payne ha descrito a un tipo como yo, con la misma personalidad, con el mismo sentido de vida, con los mismos miedos, con la misma realidad. Me he autodefinido… no, mejor, me he mimetizado en Miles Raymond (con el reemplazo de su pasión por el vino por el cine), ése entrañable tipo confuso, repleto de vacilaciones, que se sabe perdedor y ahoga sus miserias en el vino cuando algo no va bien. Me he sorprendido a mí mismo actuando de la misma manera en que Miles ha llevado a cabo su momento en soledad con Maya (cuánta belleza ha adquirido Virginia Madsen con los años), del mismo modo en el que me desenvuelvo cuando una chica me gusta y hay todo tipo de posibilidades, pero que, como en la película, resultan ser ilusorias certidumbres, siguiendo ese triste protocolo de nervios y sonrisas fingidas, de miradas sinceras devueltas en otros términos. Algo parecido a lo de Charlie Kaufman con Amelia Kavan en 'Adpatation'. Me he visto a mí mismo con esa inepta y refractaria esperanza infructífera que jamás se cumple, sabiendo a qué se refiere cuando alude a la insignificancia de la que habla a Jack mirando al horizonte del mar, en una hermosa y tranquila bahía. Me he delatado como cómplice de mentiras, como un irrisorio fulano susceptible de sí mismo, intimidado ante los grandes retos. También en ese cerco de vino en la camisa equivalente a la sangre de los errores de Jack, encubiertos en la mentira y la hipocresía. La dura realidad en cualquiera de los dos casos.
Esta tarde me he visto, desde hace mucho tiempo, reflejado en la gran pantalla.
Si alguien que está ahí, fuera del Abismo, quiere saber cómo soy, sólo tiene que acercarse a ver ‘Sideways’ y me reconocerá en el personaje que compone el prodigioso Paul Giamatti, ése tipo con barba, que se está quedando calvo y que aspira a ser escritor o ambiciona ser algo. Simétricamente exacto a mí. ‘Sideways’ es otra lección existencialista y real de la vida de algunos cuantos concedida por el maestro de la carcajada desabrida, desde la ominosa comedia que ahonda en la tribulación más insondable de cualquiera de nosotros, mostrándola como lo que es la vida: una puta comedia en la que hay que reírse de los fracasos y ubicar la vida con expectativas. Alexander Payne desciende al desencanto como nadie, esta vez sin tanta mordacidad, pero con ese poso agridulce de ironía frente a la vida.
No digo que esta cinta sea de lo mejor que he visto últimamente (aunque podría), sólo que esa extraña filiación con Miles me ha hecho y hará reflexionar sobre muchas cosas. Y eso, en el cine actual, es un logro impagable.
Por otra parte, mañana se presenta ‘El límite’ en el II Festival Patanegra de Guijuelo. Una ilusoria buena noticia, pero me he quedado sin mi trozo de fomento envanecido, mis cinco minutos de ridícula gloria ante los medios salmantinos. Ya ves tú. Todo porque el temporal ha impedido venir a más cortometrajistas al certamen a exponer sus trabajos. Y lo divertido de todo es que por la tarde no tengo a nadie que me suba al pueblo charro a presentarlo. Tenía previsto hacer una especie de ridículo breviario sobre un día en el festival. Si puedo acudir a presentarlo lo reflejaré aquí. Eso sí, ojalá que el sábado me provean con un grato mensaje devenido de la noticia de un premio. Aunque, siendo sinceros, lo veo muy difícil.
De todos los modos, seguiré informando.

lunes, 21 de febrero de 2005

El silencioso suicidio de Hunter S. Thompson


1939-2005
"I wouldn't recommend sex, drugs or insanity for everyone, but they've always worked for me."
Hunter S. Thompson.
He tenido que acudir a El Blog Ausente para enterarme. Ningún medio televisivo se ha hecho eco del suicidio de Hunter S. Thompson. Y eso me aflige. Porque somos muchos los que tenemos a este incendiario escritor como uno de nuestros iconos literarios y, porqué no decirlo, vitales y existenciales. Ayer el escritor creador del estilo ‘gonzo’ se ha voló la tapa de los sesos con una escopeta. Así de simple.
Sin ir más lejos, tuve la oportunidad de escribir aquí en el Abismo hace pocos meses sobre S. Thompson, sobre su particular forma de embarcarse en frenéticos viajes a medio camino entre la esplendidez y la demencia sin rehusar a ingentes bacanales de drogas, de ingestión sin freno de hachís, cocaína, marihuana, speed, hongos alucinógenos y, sobre todo, LSD. En noviembre leía ‘El diario de Ron’, último libro publicado por Anagrama de este bastardo incitador que tantos momentos gratificantes nos ha dado.
Realmente hoy es un día triste para el periodismo en general y para la contracultura en particular. Abanderado de la insurrección sarcástica, fue crítico desde la honestidad de aquel que no tiene pelos en la lengua a la hora de afrontar una columna crítica. Observador desde el delirio, preceptor de un estilo periodístico anexo al ‘Nuevo periodismo’ de Tom Wolfe (aunque algunos le atribuyen el movimiento al propio Thompson), pero más hiriente, asentándose en un inagotable talento auspiciado por sus inherentes dotes para la observación bajo un prisma trastornado que daba como resultado una visión más pura y ecuánime que la de aquel que analiza desde un posicionamiento ideológicamente partidista o personal. Hunter S. Thompson superó en intención a muchos de sus congéneres como Ken Kesey o Grant Morrison, difundiendo un periodismo temerario, caracterizado por el uso de la realidad distorsionada, el sarcasmo, la sorna, la exageración y muchas veces la blasfemia. El Dr. Thompson basó su estilo en la idea de William Faulkner "La ficción es a menudo la mejor realidad". Mientras aquello que reflejaba Thompson en sus libros y artículos se basaba en la veracidad, los dispositivos para llegar a ella pasaban por el filtro de la alucinación.
Considerado el gran tótem kamikaze de la literatura, comenzó a escribir bajo el influjo de la ‘Genereación Beat’, influido por autores fundamentales para entender el declive americano en tiempos de guerra; Burroughs, Cassady, Ginsberg… pero sobre todo Jack Kerouac y su novela ‘On the road’, una pieza que Thompson consideró como la gran obra de la literatura americana. Hunter Stockton Thompson utilizó la droga para enfocar una perspectiva periodística diferente, revolucionaria, sumida en una espiral de locura y lucidez pocas veces repetida en la historia del periodismo. Una insidiosa grafía que expió todos los fantasmas del malogrado ‘sueño americano’ desde el espíritu, de ideas y palabras. La droga, al fin y al cabo, no fue más que un medio para reforzar una posición con la que poder desprenderse de cánones sociales inmersos en prácticas automatistas conservadoras. Con ella, tanto él en función de narrador y el lector como espectador imaginativo eran arrastrados a una experiencia radical, transgresora, de choque, llegando a límites de alucinación extática, dando lugar, en palabras de Vaneigem, a la “realidad que cambia la vida y transforma el mundo”.
Fue el archiconocido creador del llamado periodismo ‘gonzo’, un sistema protocolario en el cual el cronista se convertía en lo que vivía, en primera persona, escrutando cada arista de una personalidad sugestionada por los narcóticos. Como todo en esta vida, Thompson lo atribuyó al azar, a la definición de un amigo de Oakland que utilizaba la palabra ‘gonzo’ para definir a aquellos que estaban tan zumbados o más que los desequilibrados mentales recluidos en psiquiátricos. La primera vez que denominó este tipo de escritura bajo el nombre de ‘gonzo’ fue en un artículo titulado ‘Kentucky Derby is Decadent and Depraved’ escrito para la revista ‘Scanlan's’ e ilustrado por Ralph Steadman. El ‘gonzo’ viene a ser una especie de ‘cubismo literario’ que profana todas las reglas periodísticas tradicionales para centrarse en la objetividad, sin caer en las limitaciones impuestas por la profesión.
Hunter S. Thompson nació en Louisville (Kentucky) en 1939. Fue delincuente juvenil, estuvo varias veces en prisión, tonteó con la heroína y se enganchó definitivamente a los alcaloides, teniendo éstos la culpa de sus brillantes y más recordados escritos en medios como el ‘New York Herald Tribune’, el ‘National Observer’, la revista ‘Esquire’, el ‘New York Times’, ‘Nation’, ‘Reporter’, ‘Harper’s’… hasta su llegada al reconocimiento cuando trabajó como redactor jefe de la revista ‘Rolling Stone’. Sus novelas más destacadas: el mencionado ‘Diario de Ron’, ‘La gran caza del tiburón’, ‘The Curse of Lono’, ‘The Highway’ y ‘Miedo y Asco en Las Vegas’, título reconocido por el gran público por la adaptación cinematográfica que hizo Terry Gilliam de esta historia, considerada la obra maestra del genio, que narra la autobiográfica extravagancia itineraria del propio Hunter S. Thompson en compañía de Oscar Zeta Acosta, reformulados en Raoul Duke y Dr. Gonzo en un viaje alucinógeno a Las Vegas. Aunque si bien todos reconocen la aportación tan coherente y fiel de Gilliam al mundo caótico y sensorial de Thompson, hay que destacar ese olvidado clásico del cine de los 80 que es ‘Where the Buffalo roam’, de Art Lison protagonizada por Bill Murray y Peter Boyle que describe el mismo periplo en los subterfugios de la alucinación narcótica, el tránsito lisérgico a la ciudad de los neones y el juego.
Como recuerdo, además de su irrepetible fraseología y narrativa, y como bien señala Absense en su blog, nos quedan influencias reconocidas de este autor maldito como en el cómic ‘Transmetropolitan’, de Warren Ellis y Darick Robertson donde su protagonista, Spider Jerusalem, es un periodista adicto a todo tipo de drogas, irascible, antisocial, malhablado que utiliza todo tipo de argucias para llegar al fondo de la investigación, como el mismo Thompson.
Ha muerto un mito, amigos. Y de qué forma.
D.E.P.

domingo, 20 de febrero de 2005

FRED OLEN RAY, el rey de la serie Z

Serie Z, ‘bimbo pics’, sangre y gamberrismo
A lo largo de dos décadas, el padre de las ‘scream queens’ Olen Ray ha acumulado una profusa e interesante obra perdida en las estanterías de los videoclubes.
Afín a la generación de cineastas desarraigados surgidos en la década de los 70 como Dave DeCocteau, Joseph Mercy, Grant A. Waldman, Jim Wynorsky o Michael Herz, el cineasta Fred Olen Ray ha subsistido a lo largo de casi tres décadas ofreciendo un cine que, si bien nadie logra situar en año y categoría, sí ha generado una horda de ‘fanfreaks’ que han hecho de su cine un objeto de culto lleno de matices nostálgicos y de gamberrismo en altas dosis visuales, tanto de forma indeliberada como delimitando el aspecto más sedicioso de su débil fondo argumental. Durante muchos años el ‘arte’ de Olen Ray, desdibujado por la serie Z, ha estado perdida en las sepulcrales estanterías de los videoclubes, extraviada entre polvo de carátulas llamativas y evocando una era de apogeo electromagnético en la que sus filmes eran el lapso recreativo de una generación descendiente de la enajenación de Burroughs.
Entretanto, este émulo de Ed Wood, quijotesco y eminente dinamitador del arte cinematográfico más refinado, ha permanecido escribiendo, produciendo y dirigiendo películas de carácter beneficioso no tanto para el cine como para él mismo. La revista Variety, en una ocasión, le describió como ‘el especialista de la fantasía mugrienta’, representando, junto a Wynorsky, la alegoría del lema fructuoso de Roger Corman al aplicar las principales bases creativas a las del peor Al Adamson. Es decir, hacer de lo radicalmente barato y risible un negocio rentable. Inagotable descubridor de nuevas perspectivas analíticas de toda la globalidad del cine fantástico y de terror, Olen Ray puede considerarse como uno de los progenitores de las ‘scream queens’, del cine cutre con evocación de los filmes de los 50, de las ‘bimbo pics’ voluptuosas ligeras de ropa, de los sustos en cadena o del triste monstruo de goma sujetado con hilos de pescar. Un compositor de una ironía y humildad constante que procede del puro escarnio con el que Olen Ray ha sabido impregnar sus películas.
Puede que su cine sea un mal ejemplo de arte insondable y reflexivo en el epítome cinematográfico, pero hay que dignificar la pretensión de su esquema narrativo, pleno de engarzados lugares de acción y de una reacción fílmica determinada por significativos momentos de esplendidez simplista. Catedrático del reutilizamiento, Ray ha sabido proteger en todo momento una línea fiel al fantástico, evitando contagiar sus alocadas e irregulares historias de cualquier moda transitoria con artes marciales o sexo explícito. También conocido con los pseudónimos Bill Carson, Roger Collins, Sherman Scott, Peter Daniels, Sam Newfield, Ed Raymond, Sherman Scott, Freddie Valentine y su ‘nick’ más utilizado, Nicholas Medina, Olen Ray debutaría en el cine como asistente de maquillaje en ‘Shock Waves’, una absurda historia de terror en la que los protagonistas eran unos zombies submarinistas. Su ópera prima ‘The Brian Leeches’ es una casposa película rodada en 16 mm. que recuperaba la tradición de babosas mutantes que germinaban en la cabeza de las personas para controlar la mente humana y en donde su didactismo fue la nota predominante del rodaje, abarcando casi todas las funciones posibles en una producción. Su segundo filme, ‘The alien dead’, perpetuó su estilo demencial recuperando la figura en declive del ‘Flash Gordon’ catódico Búster Crabbe, en la que la sobreinterpretación y unos efectos ciertamente patéticos provocaron una comedia enloquecida acicalada de un humor ‘camp’ nunca buscado. Aspecto éste que ha impregnado varios momentos inolvidables del cine de Olen Ray.
Este insigne agitador del cine de serie Z ha fundamentado una ejemplar mezcla de géneros (a veces sin sentido) que urde sus objetivos en un campo de interés que alude, por su generalidad, al cine ‘trash’, consciente de la imposibilidad de consecución de las líneas marcadas por el cine comercial masivo. La mayor virtud del cine de Olen Ray es ésa intensidad creativa que infiltra su providencia, la pasión cinéfaga y el desvergonzado divertimento basado en un estilo propio que no deja títere con cabeza. Elementos que serían la tónica de sus siguientes filmes: la obra de culto ‘Scalp’, la desgarradora ‘Biohazard’, ‘El tesoro de la tumba egipcia’, ‘Star Slammer’, ‘Command Squad’ y la apoteósica ‘Las Dreggs’, donde el protagonismo recayó en Michelle Bauer, la musa onanística de una generación habituada a babear y manipular con ciertos órganos con Linnea Quigley, Brinke Stevens y Monique Gabrielle, las ‘scream queens’ que Olen Ray lanzó (siempre en pelota picada) al éxito videográfico, al culto irrepetible. John Carradine, actor fetiche en los primeros años de la carrera de Ray afirmó en una ocasión: “yo no sé porque termino haciendo sus casposas películas. Son malas de cojones, pero siempre me convence”.
Filmes de acción, de mutantes del espacio, tramas de espionaje y pseudoproductos comerciales llenos de demencia le llevarían a realizar su gran obra maestra, ‘Hollywood chainsaw hookers’, la cinta que marcaría el signo de un cine inolvidable lleno de hermosas y lozanas chicas sin ropa portando una motosierra, en defensa del mismísimo Gunnar ‘Leatherface’ Hansen. A partir de entonces, con absurdos éxitos de taquilla y, sobre todo, en soporte videográfico, Olen Ray magnifica la caspa de su cine al amparo de la libertad creativa y la improvisación, sin seguir ninguna regla genérica y encontrando su grandeza en un ámbito del ente fílmico donde la fascinación, la emoción, el aburrimiento y el espectáculo dantesco se redimensionaban en un cúmulo de novedades y refritos de solemne casposidad. El cine de Ray, correlacionado con la ‘fast food’ de la esfera culinaria, dio a lo largo de los 80 títulos sin los que el videoclub no tendría sentido. ‘Warlods’, ‘Demon sword’, ‘Spirits’, ‘Bad girls from Mars’, ‘Terminal force’ o ‘Alienator’ son algunas de las míticas cintas en las que un guión exiguo y temible era camuflado con las constantes de su cine: chicas desnudas, desparpajo e irreverencia artística.
Con la llegada de los 90, Ray empezaría a caer en las redes de la TV. por cable metido en ‘thrillers’ policíacos subidos de tono en el que la estética cuidada enturbió sus propias tendencias, destacando de esta etapa ‘Inner sanctum’ y ‘Over the wire’. Sin perder la constante roña de su celuloide, Ray se ha unido al otro mago de la serie Z actual, Jim Wynorsky, para azotar a sus fans con su medicina favorita; más tetas, mutantes, tiroteos, sangre y sustos con ‘The Coven’, ‘Dinasour Island’ y la grandiosa ‘Scream Queen Hot Tub Party’, con las musas ochenteras contando historias de miedo en una bañera. El cine ceremonial, disonante e irregular, áspero y en constante búsqueda de un desequilibrio que se ajusta al ‘muzak’ visual que tanto atrae al público generalista, queda patente en sus algunos de sus últimos filmes de éxito ‘Mamá es invisible’ (con una recuperada Dee Wallace), ‘Bikini Drive-In’, ‘Inferno’ o ‘El profeta’.
Sus últimos trabajos han sido directamente distribuidos en vídeo/DVD con guarrerías cachondonas inscritas en el porno como ‘Emmanuelle’ y ‘Emmanuelle 2001’, con la espectacular actriz genérica Holly Sampson y cintas como ‘The Bikini Escort Company’, ‘Bikini Airways’ y ‘13 Erotic Ghosts’ destapando (literalmente) bombones de la talla de Regina Russell, Julie Strain, Jezebelle Bond, Beverly Lynne, Stacy Berk o la chica a la que todos querríamos tener en nuestra cama: Aria Giovanni. Hace un par de años, Olen Ray sorprendió a los seguidores de Waldemar Daninsky (habéis oído bien: Jacinto Molina, Paul Naschy al ataque) en esa extrañeza llamada ‘Tomb of the Werewolf’ y donde no podía faltar además del actor español recuperando el licántropo que le hizo famoso mundialmente, Jay Richardson, el actor fetiche de este enloquecido cineasta.
Fred Olen Ray continua, por ende, manteniendo su extraña dualidad de extrañeza y discontinuidad que dan como consecuencia enloquecidas paradojas visuales de cine basura, pero amparado siempre en el objetivo fundamental del género. En conclusión, cine dinámico y pretendidamente vacío que, paradójicamente, abre nuevas puertas a la profundidad abisal de un universo apasionante. Descontextualizador de los submundos eróticos, policíacos, científicos y sangrientos, ha conseguido con su cine, vilipendiado e insultado hasta la saciedad, la complacencia de aquellos que sólo quieren disfrutar de una buena ración de serie B, Z, o ‘trash’, como queráis llamarlo...

Ha ganado el SÍ


Como era previsible.

Se me pone una mala hostia...

Me estoy dando cuenta que de si me pasara cinco días conectado a Internet, estaría dos más de 48 horas esperando, perdiendo el tiempo hasta que todo se carga.
¿La razón?
Impresiona ¿eh?
Tardo...
… En bajar el correo de Outlook (media de 5 minutos)
… En abrir cualquier página normal (42 segundos)
… En abrir una página diseñada con Flash (más de 2 minutos)
… Abrir el blogger de Blogspot (50 segundos)
… Colgar un post en el Abismo (más de 1 minuto –cuando no tengo problemas-)
… Bajarse algún programita o archivo de más de 3 megas (más 1 hora y media)

sábado, 19 de febrero de 2005

Pues yo voy a votar que NO

Mañana se supone que hay que votar.
¿Y qué es lo que hay que votar? Pues según quién te lo dicte. El gobierno (y la oposición con la boca pequeña) te sugieren obligatoriamente que votes que “sí” ¿Por qué? Pues sencillo, porque la abstención y el voto negativo les vienen mal para su papel político en Europa.
Lo curioso de todo es que el referéndum de mañana no tiene más fuerza vinculante que el de hacer saber al pueblo que ellos ya han decidido que sí, visto en esos lúcidos eslóganes tipo “si no votas, no estás ejerciendo la democracia” ¿Democracia? ¿Intimidar a la ciudadanía para que se vote con un “sí” es democracia? También es curioso (y no por ello menos repelentes) los ‘spots’ creados para la ocasión con un grupo de famosillos, líderes de opinión que se arriman al sol que más calienta, ex futbolistas que marcaron época, intelectuales venidos a menos, famosillos (me hace gracia cómo han mezclado a los dos niños de las series más vistas en España), anuncios que pretenden convencer a los Españoles de que la Constitución Europea es el lenitivo sociopolítico a nuestras vidas como europeos.
Esta constitución europea está creada por una serie de tecnócratas encabezados por Giscard d´Estaing en beneficio de los intereses exclusivos de Francia y Alemania, que han logrado hacer que un tratado económico en beneficio de algunos cuantos dirigentes parezca una constitución que se preocupa por el pueblo. Una carta otorgada, vamos, que no una constitución. Pero esto da lo mismo, porque es igual lo que votemos porque no es vinculante. Pero no estaría mal abstenerse o votar no, ya que el referendum se está convirtiendo en un plebiscito. Se trata de una pregunta mal planteada y encuadrada en una cruzada tramposa que simula dar importancia a nuestra opinión en un asunto con praxis meramente moral. Que votemos mañana no es más que el último paso para que los gobernantes y oposición se queden a gusto, siguiendo su extendido despotismo ilustrado de “todo para el pueblo pero sin el pueblo”, consigna seguida en la política actual de todo el mundo. Sólo se acuerdan de los ciudadanos cuando a ellos les viene bien. Algo que todos conocemos históricamente como oligarquía.
Para ZP es muy importante que mañana salga “sí” como autoafirmación de que lo está haciendo bien, así el pueblo español respaldaría la gestión de su Gobierno. Yo voté en marzo por ellos, no voy a negarlo. Por eso mañana me a conceder el lujo de votar que “NO”. No estoy dispuesto a apoyar un proyecto exigido y en el cual se ha ejercido la desinformación. Un proyecto europeo del que se sabe apenas que es farragoso y lleno de despropósitos.
La partida se juega en la participación. Si vota mucha gente ganará el “Sí”. Si la abstención es alta aumenta el riesgo de un triunfo del “No”. Así que habrá que tocar los cojones un rato y dejar el “Sí” para el día que nos casemos, nos inviten a la segunda copa, una rubia espectacular nos proponga relaciones sexuales o nos pregunten por una subida de sueldo.

Miss McDonald, ejemplo de absurdas frases axiomáticas

Un colega mío del que no diré su nombre al que le gusta colocarse a todas horas fumando marihuana mientras ve la televisión disfrutando del cine más ‘freak’ y escuchando a todas horas rap, hip-hop, música 'gangsta' y cualquier otro grupo 'hardcore', una especie de Floyd (elegíaco y entrañable personaje de la película de culto ‘True Romance’, de Tony Scott), me dijo el otro día filosofando a su manera: “la gente está colgada, tío”. Esta frase no dejaría de ser como una especie de muletilla generalizada entre todos los devotos a todo tipo de alcaloides, si no fuera por noticias como esta que os narro a continuación.
Resulta que existe una mujer allende en Filipinas que está obsesionada con Ronald McDonald, el desagradable y aborrecible payaso de la cadena de ‘fast food’ McDonald’s (con esa execrable comida que tan reflejó Morgan Spurlok en ‘Super Size Me’). Tanto se ha traumatizado con el clown, que directamente se cree él. Esta irracional jovencita filipina (que su morbo tiene, porqué no decirlo) posee una esperpéntica página web explicando con todo lujo de detalles gráficos cada apasionante hora en su día en su día a día como Miss McDonald, clarificando que una desequilibrada, trastornada por la globalización, también lleva una vida cotidiana, normal, como la de cualquier payaso Ronald McDonald, claro está.
Es entonces, en el momento en que uno descubre estas incoherencias mentales (reafirmarse como mascota de una gran multinacional) cuando la frase de mi embelesado amigo adquiere el nivel de axioma. Y es que es cierto que, como bien dice, “la gente está colgada”.

Traci Lords: la gran diosa del porno 'ochentero'

Hoy le voy a dedicar un hueco existencial a uno de los iconos mejor conservados gracias a su incandescencia sexual en la memoria colectiva del pajero, de aquellos que la hemos amado mirando la televisión a una sola mano. Me refiero, como no podía ser de otra manera, a la soberbia Traci Lords. Cuentan los rumores de la época que desde sus inicios tuvo un especial enfrentamiento con la otra gran diva del género porno, Ginger Lynn, una rivalidad y enemistad irreversible entre ambas actrices que se extendió durante toda la década de los 80, periodo tan proclive para este género de prosapia más bien encendida. Ambas, además de poder considerarse como dos de las más grandes divas del porno, han otorgado a la historia visual e indecorosa títulos imposibles de olvidar gracias a una fantástica química desplegada en la pantalla.
Mientras Ginger la iba llamando en cuanto podía “pequeña puta”, nuestra heroína, lejos de cortarse un pelo, le arrebataba al pavo con el que estuviera la diosa Ginger. Una lucha que duró toda la vida, a lo largo y ancho de sus respectivas carreras profesionales. Pero no es para echarse a llorar, ya que, como sabrán los grandes aficionados al X, ambas trabajaron juntas antes de que dejaran de ser ‘amiguitas’ para siempre. Todos recordamos ‘Those young girls’ (tal vez, la más rememorada de todos sus trabajos comunes) con el enorme Harry Reems viendo cómo tan preciadas damas rivalizaban por su kilométrico falo. Títulos como ‘New Wave Hookers’, ‘Miss Passion’ o ‘Girls on fire’ en los que coincidiría la ‘creme’ de la ‘creme’ pornográfica: léase Gina Carrera, Kimberly Carson, Peter North, Nina Hartley, Annette Haven... han hecho de esos roces el punto de diana ideal para los grandes mitómanos del género X.
A estas alturas sería una estulticia empezar a poner en duda la gran capacidad de esta mujer o de fluctuar a la hora de subirla a los altares del cine X porque ha sido, es y será la gran Diva del cine porno de los 80, la cual alcanzaría una fama demedida por el incidente que protagonizó y que hizo que ocupara portadas de medio mundo con su sorprendente caso. El publicitado hecho no fue otro que el juicio al que se vio sometida al descubrirse que filmaba sus productos hardcore y mega-guarros siendo una pequeña pícara, una lolita, vamos, una menor de edad. La inteligencia y belleza de Traci Lords parecía no tener límites, ya que el angelito les había mostrado a los productores de su primera etapa documentos de identidad falsos cuando ella aún no había cumplido dieciséis años. Traci nació un 7 de Mayo de 1968 en Steubenville, Ohio y de todos es conocida su evasión de la casa familiar para escapar de los abusos de su padre alcohólico. Un hecho que le llevó a partir rumbo a la costa oeste en 1983. “Nada mas ver una palmera me quedé extasiada. California era totalmente distinta al lugar de donde venía. Mi piel era tan blanca que parecía una extraterrestre. Jamás había tomado sol para ponerme morena. Esas cosas no se hacen en Ohio”, asegura.
Ya instalada en Los Angeles, se cambió el nombre y falsificó su fecha de nacimiento. Su primer escalón al estrellato: modelo para revistas masculinas. No hace falta decir que rápidamente fue nombrada playmate favorita de los lectores. El resto de la historia de su llegada al ‘mondo porno’ no tiene mayor rémora. “Empecé a posar desnuda para ganar dinero, pero me tenía acostar con tipos asquerosos para conseguir más sesiones fotográficas. Pronto decidí que era más rentable acostarse diariamente con tipos delante de una cámara de cine o de video y que me paguen por ello. Sin intermediarios”. Así, sin cortarse un pelo. Ella misma recuerda que una de las primeras veces que trabajó para la agencia de modelos de Jim South, la sesión de fotos de sexo simulado tuvo que interrumpirse cuando Lords dejó de simular para pasar a la acción. La entusiasta nueva actriz porno debutó con ‘What Gets Me Hot’ y ‘Joys of Erotica’, sus dos primeras películas de este género.
Para inaugurar su nuevo status laboral Nora Louise Kuzma decidió cambiar de nombre, así nació Traci Lords. Y aunque todo el mundo crea que se hizo llamar así por el personaje que interpreta Katharine Hepburn en ‘Historias de Filadelfia’, asegura no haber visto esa película por aquellos días. De esta manera se abrió paso en el mundo pornográfico. En sus primeras películas trataban de disimular su aspecto inocente con maquillajes recargados. De esta manera la pequeña lolita empezó a sonar en los ambientes obscenos visuales. Sólo en 1984 intervino en casi 20 películas, cifra que multiplicó al año siguiente consiguiendo imponerse como la número uno de la profesión. Se montó su propia productora ‘Traci Lords Company’ y se agenció una casa en Malibú al lado de las grandes estrellas de Hollywood.
El 11 de Junio de 1986, la policía interrumpió en su casa para llevársela a la comisaría, acusada de haber trabajado en el negocio pornográfico sin haber cumplido la mayoría de edad. Esto provocó uno de los procesos judiciales más notorios en la historia del cine X. Entre sus films porno rodados cuando era menor de edad se destaca ‘Lust in the Fast Lane’, en el que actúa otra estrella del hardcore de la época, la rival Ginger Lynn. Otros Títulos: ‘Those Young Girls’, ‘Night of Loving Dangerously’, ‘Hollywood Heartbreakers’, ‘Open Up Traci’ y ‘Sexy Traci’. Todas ellas realizadas entre 1984 y 1986.
Tras esta incómoda interrupción en su carrera pornográfica, en 1988 fue convocada al cine de clase B por Roger Corman en su producción ‘Not of This Earth (De Otro Mundo)’, que dirigió Jim Wynorski, rehaciendo el film homónimo del propio Corman de 1957. Wynorsky dejó de trabajar con ella porque decía que “la muy zorra no aceptaba papeles desnuda”. En 1990 hizo un pequeño papel en la comedia de John Waters 'Cry Baby’, interpretando un papel a su medida: el de Wanda Woodward, la chica más sexy del colegio, sacando pecho y adoptando poses provocativas con la ropa ceñida al cuerpo, a pesar de ser, en el fondo, una inocente virgen incomprendida. El rey del cine trash la volvió a llamar para una aparición en ‘Serial Mom’ (1994). Entre el puñado de films de bajo presupuesto en los que actuó se destaca el thriller clase B ‘As a Good As Dead (Amistad Fatal)’, dirigido por Larry Cohen.
A finales de los 90 Traci Lords se dedicó a la música pop editando varios trabajos: su talento como cantante se pudo apreciar también en las bandsa sonoras de ‘Cementerio Viviente 2’ y ‘Mortal Kombat’ y en el disco de Los Ramones ‘Acid Eaters’, donde hizo los coros en un cover del clásico hippie de Jeferson Airplane ‘Somebody to Love’. En cine, destacó en pequeños papales de alguna gran producción como ‘Virtuosity’, de Bret Leonard, ‘Nowhere’, de Greg Araki y ‘Blade’, de Stephen Norrington dando vida a la vampiresa Raquel. Tsui Hark la llamó para ‘Black Mask 2: City of Masks’ y lució palmito en la serie televisiva creada por Cynthia Saunders ‘Profiler’, pero Traci sigue teniendo un hueco en las tv-movies y cine de serie B con títulos desconocidos como ‘You are Killing me’, ‘Extramarital’, ‘Frostbite’, ‘The Chosen one’, con el actor de culto extraviado en los mismos círculos que Lords, Tim Curry. Lo último de esta musa sexual es una autobiografía en la que cuenta todos los pormenores de su agitada vida en la autobigrafía ‘Traci Lords: Unnerdneath in all’.
El caso es que nuestra pequeña gran Traci siempre persistirá en nuestra memoria como aquella ninfa menor de edad que gemía y gritaba de un modo tan peculiar que es imposible olvidar. Y hoy en día, incluso, sigue siendo la referencia de actriz porno de la que todo el mundo ha oído hablar alguna vez.