martes, 16 de noviembre de 2004

Miedo y Asco en Puerto Rico

“La popularidad de los psicodélicos se ha hundido tan drásticamente que la mayoría de los grandes traficantes ya no manejan siquiera ácido o mezcalina de calidad salvo como un favor a clientes especiales. Hoy el mercado es de los depresores. Lo que se vende es cualquier cosa que te machaque del todo, cualquier cosa que te cortocircuite el cerebro y lo bloquee durante el mayor tiempo posible".
Siempre me ha apetecido hacer una especie de ‘drug trip’ como los que hicieron famoso a Hunter S. Thompson, pero nunca me he atrevido. Sentir esa sensación de constante enloquecimiento, el creativo vértigo de no poder parar de ver cosas que no existen, de alucinar entre risas y perpetuar en el mayor tiempo posible la sensación de que cada segundo merece ser vivido con total intensidad y de que los momentos psicotrópicos están llenos de sorpresas.
La excéntrica, salvaje y personal esencia del ‘gonzo’ ha llegado a mis manos. El inimitable estilo imbuido en un excéntrico talento, sarcasmo y dotes para la observación bajo un prisma de conmociones irreales pero cercanas de un individuo peligroso, adicto a las drogas y, en cierto modo, el único kamikaze de la literatura contemporánea está entrando de nuevo en mi vida.
‘El diario del ron’ es la solución a cualquier problema. Empecé ayer y estoy de nuevo enganchado. Todavía no he terminado la monstruosamente extensa ‘Las aventuras de Kavalier y Klay’, de Michael Chabon, y ya estoy metido en una nueva aventura. De compartir mi lectura con dos primos creadores de un superhéroe postbélico para un cómic de renombre he pasado a estar en el Puerto Rico de los años cincuenta, concretamente en el ‘San Juan Daily News’, un periódico de mala muerte donde espero que reconozcan mi valía como cronista. En este momento de mi vida, me toca identificarme (cosa que no me resulta difícil habiéndome convertido en uno de ellos) con un miserable periodista sin futuro, en un mártir de su propio talento, en un ‘looser’ que tiene que convivir con una fauna de periodistas fracasados y desengañados en busca de una existencia mejor, pero sabedores de que su vida es una mierda y ahogan sus infortunios con un gusto compartido por el buen ron. Alcohol y demencia, evasión y aceptación de la puta realidad.
Una novela real y trágica escrita en 1959, pero enterrada y olvidada en hasta el año 1998 en que apareció publicada por primera vez.
Algún día prometo realizar una de esas bacanales de drogas, de ingestión sin freno de hachís, cocaína, marihuana, speed, hongos alucinógenos y, sobre todo, LSD. Seguiré las instrucciones vitales, experimentales y definitivas de Antonio Escotado, de Tom Wolfe, de Burroughs o de Grant Morrison y lo escribiré aquí, en este mundo desde el abismo. Sería una buena idea con recursos inagotables.