|
viernes, diciembre 31, 2004
|
El año que ha terminado deja, como cada temporada, un extenso muestrario de todo tipo de cine. Es, durante estos últimos días de 2004 y los primeros del (casi) recién inaugurado 2005, cuando llega la hora de hacer cábalas, cuando se propaga la reflexión personal sobre el balance y el análisis de otro año que ha dejado claro un tema palmario: el ridículo estado de nuestro cine español frente a un cine extranjero (la mayor parte, norteamericano) que ha superado a la material fílmica española en términos monetarios y de calidad. he aquí un extenso balance de lo mejor y peor, siempre en cuanto a cine se refiere. TOP 10 – 2004 10.- 'La joven de la Perla', de Peter Webber. El debutante Peter Webber, prestigioso documentalista, lleva a imagen el libro de Tracy Chevalier para develar el misterio que se esconde detrás este cuadro de Vermeer. La grandeza del filme proviene, sin embargo del fotógrafo Eduardo Serra, que sigue los postulados artísticos de Steen, Potter o los hermanos Van Ostade, obsequia al espectador con una película de frágil sensibilidad, donde la puesta en escena simboliza un universo pictórico de tonalidades y perspectivas sobre el fondo, hacia planos medios y más allá en la distancia, llenos de efectos de luz reflejados con sutileza, delicadeza y pureza de color. Un cosmos de arte y luz que el cineasta aprovecha para contar la historia a través de un mundo en que las cosas no se dicen pero se captan, como extraídas de la atmósfera doméstica evocadora del estilo genérico de Pietr de Hooch, otro maestro de la época. 9.- 'Los Increíbles', de Brad Bird. Brad Bird consigue para la Pixar su mejor filme hasta el momento basando su potencial en una perfección técnica absoluta y en el épico homenaje al cómic de los 50, invocando también a una reflexión sobre la anormalidad, la heterogeneidad a la conlleva ser un héroe y el rechazo que casi siempre la sociedad tiene ante esto. Pixar que arriesga con sutilidad e ingenio en un cine mucho más adulto, en un cine donde los protagonistas adquieren una perfección absoluta, no sólo a nivel técnico (extraordinaria, teniendo en cuenta sus atributos no demasiado naturalistas de la realidad) sino a nivel narrativo. Suntuosa obra de arte y artesanía, una fiesta de cine de animación clásico, Bird demuestra su devoción por el clasicismo de los años 50 y la estética retrofuturista, apostando en todo momento con un toque ‘pulp’ sesentero, donde no falta en ‘pop art’ estético y el ‘High Tech’ con un sincero homenaje a la serie de ‘James Bond’. 8.- 'Secretary', de Steven Shainberg. En ‘Secretary’, lo que para muchos resulta desagradable e intolerable, señal de hipocresía e intransigencia, es en realidad una muestra de belleza sensible en estado puro de dos personas que edifican, poco a poco, una personal y casi perfecta felicidad. Una cinta que reflexiona acerca de lo fácil que resulta que el placer y el dolor del castigo sexual y la zozobra amorosa se confundan, máxime cuando dos personas establecen una relación laboral cimentada en la práctica y la aceptación del poder. Los juegos de faltas y correctivos, de humillaciones y escarmientos son representados con absoluta taumaturgia por James Spader y Maggie Gyllenhaal. 7.- 'Etre er Avoir', de Nicolas Philibert. Es ‘Ser y tener’ una galería de pequeños fragmentos de vida, narrada de forma magistral por una mirada que se sitúa con bastante distancia para resultar cercano, paradoja ésta que le permite a Philibert explorar y contemplar al profesor y a los niños desde un prisma realista y a su vez nada complaciente. Un recorrido por la importancia de enseñar, inquiriendo en la esencia del fenómeno educativo, una oda al acto de amor que es iniciar al más pequeño en el proceso de aprender y crecer. Ése compromiso es tratado en todo momento con delicadeza y sensibilidad, mostrado con un perfecto montaje que se compromete con la emoción, pero que elude por completo la sensiblería. 6.- 'Amanecer de los muertos', de Zack Snyder. El debutante Zack Snyder recupera la pureza más genérica del ‘gore’ en un ‘remake’ que supera, con mucho, al original de George A. Romero. Una plétora de habilidades en la que predomina un intuitivo sentido visual que consigue con su perfecta planificación aprovechar al máximo el impacto de las múltiples escenas de acción a unos niveles de estética y violencia pocas veces apreciables del género. La gran virtud que convierte esta versión en una ‘rara avis’ dentro del cine de terror actual es su alto componente radical, disoluto y respetuoso con los dispositivos genéricos ricos en lecturas y camuflados en la sangre fácil y la acción de infrenable ritmo que arranca con uno de los más feroces y enérgicos prólogos vistos en muchos años y que concluye con uno de esos epílogos que dejan al espectador anclado en la butaca. 5.- 'Antes del atardecer', de Richard Linklater. Nueve años después de ‘Antes del amanecer’, Richard Linklater retoma su mejor película para continuar una de las historias más bellas y románticas de la historia del cine contemporáneo. La libertad y la inspiración confluyen en un necesario estilo de acercamiento a la pareja, donde el fluir temporal que añora un tiempo no vivido, llena su vacío con diálogos, reflexiones y sueños que cubren la ausencia de ambos en sus respectivas vidas. Una preciosa oda al amor que consta de un engranaje conceptual detallado en la delicadeza de sus frases, de sus réplicas, de sus silencios, de lo latente que empieza en las percepciones abstractas avanzando hacia las respuestas que tanto los personajes como el espectador quieren conocer. 4.- '2046', de Wong Kar Way. Wong Kar-Wai aborda una compleja historia sobre el amor no correspondido, sobre la memoria y el recuerdo, donde su dolor se produce en un futuro que retrocede al pasado. La multiplicidad de sentimientos, de juego con los tiempos y de pretendida confusión por parte del cineasta hacen de esta película una pieza excepcional, colmada de una especial belleza de indomable y lírica elocuencia, en búsqueda constante de una perfecta puesta en escena, donde los planos ralentizados, la hermosa fotografía y la adecuada utilización dramática de la música juegan un papel fundamental para su discurso reflexivo y substancialmente onírico. Lírica obra de talla excepcional, prodigio de composición musical de la imagen, su gran capacidad de hipnotismo convierten a esta joya en un filme de sensaciones. 3.- 'Eternal sunshine of the spotless mind', de Michel Gondry. Charlie Kaufman y Michel Gondry componen una magistral y compleja fábula romántica que tiene en el juego de tiempos su mayor virtud narrativa. Su gran probidad reside en que, en su intención no está la originalidad sino el propósito de contar una historia que muestra la verdadera naturaleza del amor, concibiendo su destino e inevitabilidad, su sentido de la injusticia y la predestinación. Es ‘Eternal Sunshine…’ una película de muchas lecturas que apela a continuidad espontánea a medida que la historia profundiza en su complejidad. Y es que nunca fue tan cierto que el sentido de una película está en los ojos del que mira, del que siente de una manera u otra lo que está viendo. Una película dedicada al eterno brillo de las mentes inmaculadas (las que evoca el título original), aquéllas que entenderán que no se puede esquivar el amor, aunque no se recuerde ni siquiera de quién se está enamorado o por qué se quiere estarlo. 2.- 'Kill Bill (Vol. 1 y 2)', de Quentin Tarantino. Tarantino ha realizado con su cuarta película la proeza de aleccionar sobre la dirección, la absorción de referencias y la composición de un salvaje chute de adrenalina. Cine libre en estado puro, un preciso y contundente cocktel de referencias temáticas sobre las que el cineasta es un experto conocedor. Los clásicos de serie B, los dogmas populares, las cintas orientales y sus expresiones genéricas más estandarizadas (como el ‘wuxia pian’, los filmes de yakuzas, el ‘anime’) o el ‘western’ (en sus versiones clásicas y ‘spaghetti’) desfilan en un imposible combinado genérico donde la fuerza del impacto y las analogías temáticas no sólo evocan simplemente el exceso y los aspectos más determinantes del cine de género, sino que esconden tras su apariencia un impresionante espíritu de rebelión subversiva que le confiere una intensidad emocional y un poder de fascinación infinitos. 1.- 'Lost in translation', de Sofía Coppola. La segunda película como directora de Sofia Coppola supone una obra maestra sobre las amistades no duraderas pero imborrables. Es tan extraordinaria debido a las reflexiones vertidas en esta prodigiosa película en torno a la soledad, la decadencia y el paso del tiempo en un viaje a la vida de dos personajes imposible de olvidar e interpretados por Bill Murray Y Scarlette Johansson. Coppola libera sus creaciones en una terminante y reconocible verdad, diáfana y sugestiva, que manifiesta en su fondo y forma un sincero alegato al romanticismo, al amor y las inquietudes de unos roles que viven por sí solos y que se necesitan para poder comprender un periplo de dudas existenciales, de crisis iniciáticas o maduras, ambas adultas, equiparables en sus preguntas sobre la vida y la felicidad. Y además... MEJOR DIRECTOR
QUENTIN TARANTINO por el díptico ‘Kill Bill’. Por ofrecer una asombrosa lección de estilo, un riguroso catálogo de material popular y un festival de guiños, homenajes, devociones y conmemoraciones cinéfilas. Lo de Tarantino no es, por tanto, una acomodaticia concepción del cine, sino un intenso ritual fruto de una convicción que es la columna vertebral de toda su obra: una fusión armónica entre cine y vida. MEJOR ACTOR BILL MURRAY por ‘Lost in Translation’. Murray ha demostrado un estado de gracia imposible de superar, comedido en un papel en el que podría haber explotado su vena histriónica, pero que sutiliza a favor de la emotividad y ternura necesaria, aprovecha con ello su gran oportunidad de reivindicarse como lo que siempre ha sido, uno de los mejores actores modernos. JIM CARREY por ‘Eternal Sunshine of the spotlees mind’. Con un embrujo fuera de lo común un Jim Carrey vuelve a demostrar su pulso dramático, su contención de gestos y muecas, para ofrecer una lección de interpretación, como ya lo hiciera en ‘The Majestic’ y ‘The Truman Show’. MEJOR ACTRIZ SCARLETT JOHANSSON por ‘Lost in translation’ y ‘La joven de la perla’. Scarlett Johansson, es una asombrosa actriz de talento inalcanzable y voz perturbadora, que indetermina una capacidad soberbia en papeles dotados de una madurez memorable. Pese a su juventud, Scarlett es un prodigio que sublima su talento con una emocionante galería de miradas comedidas, de poderosos mutismos adaptados a sus inmensos personajes que la actriz sabe moldear con interpretaciones (por lo menos estas dos) inalcanzables. UMA THURMAN por ‘Kill Hill Vol. 1 y 2’. Hay que destacar como lo mejor del año a la oda de amor de Tarantino a una actriz, a Uma Thurman (retrasando el proyecto cuando la actriz estuvo embarazada), que realiza no sólo un verdadero y plausible maratón físico, sino que sabe combinar este rasgo tan poco valorado con una intensidad actoral mostrada en esa escena en que La Novia cree haber perdido a su bebé manifestado en un llanto desgarrador. Thurman está increíble. PELÍCULAS DESTACADAS .- ‘Fahrenheit 9/11’, de Michael Moore. .- ‘Peter Pan’, de P.J. Hogan. .- ‘Hero’, de Zhang Yimou. .- ‘The kid stays in the picture’, de Breit Morgen y Manette Burstein. .- ‘The station agent’, de Tom McCarthy. .- ‘Seabiscuit’, de Gary Ross. .- ‘Big Fish’, de Tim Burton. .- ‘Hellboy’, de Guillermo del Toro. .- ‘Cold Mountain’, de Anthony Mingella. .- ‘Como una imagen’, de Agnès Jaoui. PELÍCULAS ESPAÑOLAS .- ‘Crimen Ferpecto’, de Álex de la Iglesia. .- ‘Inconscientes’, de Joaquín Oristrell. .- ‘El 7º día’, de Carlos Saura. .- ‘Héctor’, de Gracia Querejeta. PEORES PELÍCULAS .- ‘Blueberry’, de Jan Kounen. .- ‘Cold Creek Manor’, de Mike Figgis. .- ‘Secret Window’, de David Koepp. .- ‘Cellular’, de David R. Evans. .- ‘Bridget Jones 2’, de Beeban Kidron. .- ‘La asombrosa aventura de Borjamari y Pocholo’, de Enrique Lavigne y Juan Cabestany. PELÍCULAS MALDITAS (futuras ‘cult movies’) .- ‘Confessions of a dangerous mind’, de George Clooney. .- ‘The machinist’, de Brad Anderson. .- ‘The cooler’, de Wayne Kramer. .- ‘Stepford Wives', de Frank Oz. .- ‘Romasanta’, de Paco Plaza.
|
jueves, diciembre 30, 2004
 Me gustaría escribir más extensamente sobre el tema pero tengo que hacer cosas en la vida real, así que seré breve y escribiré sin pensar, sobre la marcha, en el plan en que se ha hecho la película de la que voy a hablar. Hoy he visto 'Ocean's Twelve' y, al contrario de los comentarios que he oído (todos negativos), me ha parecido la mayor macarrada vista en años. Ya no sólo porque llega un momento en el que el guión no da más de sí y se observa claramente que han improvisado sobre la marcha, que han realizado un final sin complicarse la vida o del 'buenrollismo' que traspasa la pantalla y se contagia, donde lo efímero de la diversión que desprende es la tónica general que se apodera del filme. Lo que más me ha llamado la atención, sin emabrgo, es la capacidad de ese 'director total' que es Steven Soderbergh para jugar con la cámara, para experimentar con formatos y lentes, para escudriñar nuevas vueltas de tuerca visuales y narrativas. Es genial. Hay un pequeño golpe de foco con un ligero 'zoom' en un plano en el que Matt Damon está hablando por teléfono (que no viene a cuento para nada) que vale toda la película. Soderbergh demuestra así de qué manera se puede uno divertir y formar parte de esta fiesta absurda (y yo diría que etílica y desmelenada) que ha sido una secuela tan innecesaria como solaz. Una cinta mayoritariamente 'cool'.
|
miércoles, diciembre 29, 2004
|
Ante tanto hablar del tema. Ante tanta polémica. Ante tanto desconocimiento de lo que sucede alrededor del usurpo catalán de los Archivos históricos de Salamanca, no me queda más remedio de tocar la cuestión, aunque sea de una forma transversal, sin profundizar demasiado, dando unas pequeñas pautas subjetivas de algo que, si os digo la verdad, es importante, pero no tanto, o sí. No sé. Todo viene de lejos, y era más que previsible que esto que está pasando sucediera, porque a lo largo de muchos años ha venido siendo una trama habitual entre políticos de cualquier partido y la Historia como tal. La polémica del Archivo General de la Guerra Civil lleva más de quince años dando que hablar. Pongámonos en situación y sepamos qué es lo que pasa: existe una cantidad determinada de papeles históricos, todos relativos a la Guerra Civil, que la Generalidad de Cataluña cree suyos y por contra, con una aplastante lógica cartesiana, los responsables del Archivo de Salamanca no comparten posturas, ya que consideran que forman parte del patrimonio histórico de todos los españoles. Al Archivo se le dio carácter general hace muy poco tiempo, en 1999. Al contrario de lo que se pueda pensar no está compuesto por legajos de la Guerra Civil, sino la documentación referente a partidos políticos, sindicatos y ayuntamientos. Y no es sólo en Salamanca, hay muchos más repartidos por toda España, como en Ávila, donde hay varios correspondientes al ejército republicano, por lo que empiecen a temblar los abulenses. El Archivo como tal está dispuesto no como posesión de una ciudad, ni como privilegio cultural, sino como un recinto abierto que desempeña pautas funcionales pensadas para el uso de estudiosos e historiadores. El problema en sí, lo que no es de recibo en un tema como este, es que la disputa no llega por el hecho del Archivo en sí, sino que es producto de una disputa política. Y es que la Generalidad catalana, apoyada en su fervor nacionalista, considera estos archivos como la consecución de un robo, de un expolio, la delirante idea de que la contienda fratricida desvalijó su Nación durante la guerra. Por supuesto, se trata de una interpretación nacionalista y no hay más vuelta de hoja. Considerar los legajos ubicados aquí como un triunfo de guerra es, categóricamente, una gilipollez.  Me hace gracia que el gobierno haya nombrado una comisión de ‘expertos’ vendidos al mejor postor, perteneciendo a la lucha activa de la recuperación injusta del gobierno de Maragall. Ahora, con la decisión de llevárselo, cualquier Comunidad Autónoma podrá llevarse su ración, por lo que el archivo desaparecería. Y eso ya sí que es grave. Una auténtica demencia de estupidez extrema. Decía el otro día uno de los mejores historiadores foráneos que el hecho de que Salamanca pierda el Archivo es impensable en un entorno de historia moderna, ya que para él “es más que extraño que documentos históricos puedan pertenecer a ciertas entidades políticas”. Y ahí está la clave, amigos. Los archivos pertenecen a España como nación, no al gobierno catalán, ni al central, ni a nadie. Son patrimonio de todos y su objeto es permanecer bien atendidos y conservados para que los historiadores puedan estudiarlos. Salamanca los acogió desde sus inicios, recopilándolos con gran esfuerzo para que se mantuvieran unidos y fomentando su expansión. Treinta personas, profesionales del historicismo (no como los que ha designado Carmen Calvo) lo atienden, manteniéndolo y cuidándolo para la investigación de la Guerra Civil, tiempo pasado al que se le está perdiendo el respeto, cagándose en su existencia con esta actitud de poder, de ‘a ver quién es más fuerte’, de capricho, en definitiva. Y no es una postura de defensa salmantina. Os aseguro que me da igual, pero entiendo a los historiadores que, como es lógico, no están a favor de esta pantomima. Si se los llevan, estarán desmantelando una realidad histórica, se estará rompiendo un pasado que simboliza la maquinaria represora de aquellos años. Por eso debería mantenerse íntegra, como homenaje a la memoria de las víctimas de la Guerra, que parece no importar a nadie con este traslado absurdo. La Historia se ha escrito por todo ese tipo de expolios, latrocinios y robos, por lo que ponerse a disgregar todos los legajos repartidos por España supondría la puerta abierta a seguir con este despropósito. Vamos a ver: exponiendo las ridículas bases expuestas por los catalanes ¿Por qué no traer a Salamanca las más de 120 obras de arte que se expoliaron y robaron a lo largo de la historia y que permanecen en Cataluña? ¿Por qué no nos las devuelven? Son nuestras también ¿O no? Pues lo mismo. O imaginad que el Islam quisiera recuperar su arte arquitectónica robada durante la Reconquista. Y lo que más me molesta de todo este entramado: el apoyo del ciudadano que se posiciona sin conocimiento de causa. Si soy catalán, me supedito a la frivolidad políticas de turno, pues reclamo también sólo por inercia. O en el ámbito contrario, en Salamanca, dedicarse a insultar a Cataluña cuando no saben muy bien qué coño conforma los puñeteros archivos, aunque vayan con más razón, a ciegas. Eso demuestra la precaria condición del intelectual español, del ciudadano de a pie, de todos nosotros. El pancartismo que tanto se ha dado en esta ciudad y que es totalemente baladí.Ya os digo que a mí me da igual que se lo lleven, pero me jode. Y mucho, porque no es normal que por ideales actualizadamente totalitaristas, se empiece a destruir la historia por empeñadas bufonadas nacionalistas o de cualquier otro signo político. Hay tantísimas cosas más importantes en Salamanca que por unos míseros papeles de la Guerra Civil que no vale la pena lamentarse. Es un pequeño granito de arena cultural en un vasto imperio. Así que por mí, que se los lleven. Aunque no es lógico ni normal, eso queda fuera de toda duda. Eso sí, si empezamos con esta ridícula postura de niños enfurruñados, que nos empiecen a restituir nuestra cultura charra repartida por toda España para que luzca en los museos e iglesias de aquí, de esta ciudad, capital cultural de Europa.
|
Buscando entre mis textos la puñetera crítica que hice de la película de Víctor Salva 'Jeepers Creepers' (por cierto, que no he encontrado en mi desordenada base de críticas), ya que ayer ayer noche la emitieron en Telecinco, sin avisar, estrenándola de soslayo, con nocturnidad y alevosía. Pues bien, cuando estaba al borde del conlapso ocular, he encontrado un texto que tal vez os pueda interesar. Pertenece a ese dómine de la crítica que, como buen humano -y más si se dedica a la escritura cinematográfica- desacierta y atina a partes iguales. Me refiero a Roger Ebert, el crítico de cine del Chicago Suntimes al que casi todos conoceréis (supongo). 21 COSAS QUE DEBERIAS SABER ACERCA DE IR AL CINE por Rogert Ebert 1. Cómo prepararte para una película: La vida es corta. Intenta evitar, siempre que se sea posible, perder dos horas de tu tiempo en una película que no vas a disfrutar. Nunca te fíes de los anuncios por dos razones: (1) Hasta el estreno, la mayoría de las citas de los críticos vienen de los publicistas que buscan vender a toda costa la película. (2) Las películas serias vienen frecuentemente con importantes campañas de publicidad que las hacen parecer como si fuera algo divertido y alegre para todos. 2. Cómo leer una crítica: Un buen crítico, debería dar una idea suficiente de la película para así poder decidir si te gusta independientemente de si le ha gustado a él o no. 3. Cómo escoger críticos: Como probablemente no vas a ver 9 de cada 10 películas, intenta encontrar algún crítico cuyas reseñas merezcan la pena (ejem, ejem...). Busca el estilo de escritura y la intuición. Nunca busques un crítico "objetivo". Toda crítica es subjetiva. 4. Si ya has leído la novela: Perfecto. Sólo recuerda que la única responsabilidad del director es hacer una buena película, no ser respetuoso con la novela. Las adaptaciones al cine no son matrimonios y no ser respetuoso con la novela no es un adulterio. 5. Si no has leído la novela: Probablemente no encuentres tiempo para leerla antes de que quiten la película del cine, así que adelante y vete a verla. Recuerda este frecuentemente acertado dicho hollywoodiense: mucho malos libros han hecho grandes películas... pero la mayoría de grandes libros son malas películas. 6. Si te encanta la película: Entérate quién la dirigió y trata de ver otras películas de él. El causante de la calidad en una película es más probable que sea el director que el actor que salga en ella. 7. Si miras las listas de películas más taquilleras: Alto. Las películas no son un deporte y la película más taquillera del fin de semana no ha ganado nada salvo mucho dinero. Desde el momento en que tu gusto probablemente es mejor que el de mucha gente, las películas que te gusten es posible que estén más abajo en la lista o que ni siquiera estén. 8. Si hablas cuando ves la película: Recuerda que todo el mundo en el cine ha pagado sus entradas igual que tú y que esperan oir la película y no a ti. Hablar durante una película es una de las mejores formas de comunicar a los otros tu estatus de ignorante patán. Si la gente habla detrás de ti pídeles que se callen. Si no funciona quéjate al acomodador y cambia de asiento. 9. A qué mirar: Las tomas se hacen hasta que el director está satisfecho con lo que ve. Pocas cosas en la pantalla está ahí de casualidad. Cada movimiento en un fotograma y el encuadre tienen su propósito. Si ves la película por segunda o tercera vez te preguntarás porque cada toma es de la forma que es. ¿Por qué un primer plano aquí, por qué un plano-contraplano? La respuesta habitualmente no es nada raro o especializado, sino que está basado en el sentido común. 10. ¿Qué es lo que hace un gran score?: Es una verdad en Hollywood que sólo hay dos tipos de grandes scores musicales: aquellos de los que te das cuenta y aquellos de los que no te das cuenta. Lo que hay en medio es sólo vulgar. Ejemplo de scores de los que te das cuenta: los de Nino Rotta para Fellini, especialmente 'Amarcord'; los de Bernard Herrmann para 'Ciudadano Kane', 'Psicosis' o 'Taxi driver'. Ejemplo de scores de los que no te das cuenta: el de Howard Shore para 'El silencio de los corderos'. 11. ¡Hey! ¡Puedo ver los micrófonos ahí arriba!: Es un fallo del proyeccionista al haber encuadrado incorrectamente la película. 12. Leyendo los créditos: Conviene quedarse a verlos al final de la película pese a su duración porque a veces esconden 'gags' al final o durante los mismos. 13. ¿Esperar al DVD?: Las películas entran en cuatro categorías: A: Películas que merece la pena ver en un cine. B: Películas que puedes esperar a que salgan en DVD o vídeo. C: Películas que quizás veas por la tele un día de estos. D: Películas que no merece la pena ver. La mejor regla es: nunca vayas al cine a ver una D y nunca vayas a ver una B o C si hay una A disponible. Se dice a menudo que "se debe" ver películas épicas o a gran escala como 'La lista de Schindler' o 'Star wars' en el cine, mientras que películas más "pequeñas" como 'Cuatro bodas y un funeral' mejor verlas en vídeo. Mi teoría es que es mejor ir por la calidad de la película indendientemente de que se desarrolle en una habitación cerrada, con impresionantes paisajes o salga mucha o poca gente. 14. Cuándo ir: La mayoría de los cines tienen precios rebajados en las sesiones matinales... que son las de menor afluencia de gente. Los fines de semana suelen estar llenos y a ciertas horas hay muchos niños que no hacen más que ruido. Planifícalo racionalmente. 15. Dónde me siento: Yo me siento dos veces más lejos que la anchura de la pantalla en el lado más alejado al de la entrada principal. También me gusta sentarme en el pasillo central si está aislado porque no hay nadie delante y se está más cómodo. 16. me gusta sentarme en la primera fila: Genial. Así dejas más sitio para el resto de nosotros. 17. Buscando simbolismos:A menudo me preguntan que simboliza una determinada imagen en una película. La respuesta es "¿para ti? Nada o sino no me lo estarías preguntando". Un símbolo es una imagen que crea una resonancia en la mente. ¿Qué simboliza" Depende de ti y de tu mente. Un signo del euro puede simbolizar salud para mí, avaricia para ti, seguridad para ella, un símbolo de precios para él. La clave a recordar es que nunca te puedes confundir acerca de un símbolo porque sabes lo que significa para ti. 18. ¿Dolby Digital, DTS o SDDS?: Da igual. Pero si una película ha sido rodada con un sonido de última generación intenta verla en un cine capaz de hacerle justicia. El sonido debería sonar magnífico y entonces deberías olvidarlo y sumergirte en la historia. Si todavía eres claramente consciente del espectacular sonido tras diez minutos de película, eso es una mala señal. Significa que el director no tiene nada que contar e intenta distraerte con el sonido a propósito. Si el viento en los árboles está tapando el diálogo quéjate. 19. Después de la película:Toda buena película inspira conversaciones, comentarios y discusiones. La mayoría de lo que he aprendido acerca del cine ha venido por discusiones con gente sobre películas que hemos visto. 20. Quejándose: Cuéntale al encargado cuál es el problema. Mientras te responde fíjate en la chapa con su nombre para poder citarle en una carta a la gerencia del cine si se considera necesario enviarla. 21. ¿Qué es lo que hace grande a una película?: Se dice que el cerebro humano divide sus funciones. La parte derecha está destinada a las impresiones sensoriales, emociones, colores, música... La parte izquierda al pensamiento abstracto, lógica, filosofía, análisis. Mi definición de una gran película es: mientras la estás mirando le gusta a tu parte derecha del cerebro; cuando se termina a tu izquierda. PD: Después de leerlo me parece una chorrada como la copa de un pino. Aunque reconozco que hay cosas (pocas) interesantes. Encima el tipo se intenta hacer el gracioso. De verdad...
|
|
"Intenté pensar en algo ingenuo, en algo de mi niñez. En alguien que jamás sería capaz de hacernos daño. Y pensé en el muñequito de los Marshmallows..."
|
|
Como cada año, además de promover las listas con lo mejor y lo peor del pasado año (caerá mi lista de las 10 mejores del año dentro de poco), suele afrontarse la nueva temporada esperando algún que otro título que marque las expectativas de títulos que, por diversas razones, atraigan la atención de los medios y del público, esperanzado por ver grandes superproducciones apoyadas en impresionantes campañas de publicidad y marketing que empiezan varios meses antes de que el celuloide vea la luz. Películas que esperan su lugar en una nueva temporada que repartirá su posición con ecuanimidad (o no) en lotes de películas llegadas de Hollywood y del resto del mundo. He aquí las 20 películas que darán mucho que hablar según la gran revista JoBlo.
|
martes, diciembre 28, 2004
Hace dos años, cuando todavía existían los Cines Bretón en Salamanca y eran un foro de culturetas y de cinéfilos amantes de la subcultura, el cine en versión original y las películas independientes, tuve la oportunidad de ver el mejor documental de los Sex Pistols gracias esa persona fundamental en esta vida como esa gran mujer llamada Iris ‘Watchwoman’. 'The Filth and the Fury’, de Julien Temple es una arriesgada y sugerente visión de uno de los grupos más míticos e imborrables de la música contemporánea, los polémicos Sex Pistols. Este realizador británico es un veterano detrás de las cámaras y lo del rollo musical no es nuevo para él, ya que su primera cinta, rodada hace más de una década, ‘Principiantes’, estaba ambientada en el ‘Swinging London’ de los años 70. Con ‘La mugre y la furia’ regresó a ese movimiento convulso que era el Londres de aquellos locos años 70 para reconstruir en clave documental la vida, éxito, ascenso y caída de los legendarios Sex Pistols. El documental empieza como una comedia de los Monthy Phyton para, poco a poco, exprimir todos y cada uno de los acontecimientos que tuvieron lugar en la vida de este polémico y rebelde conjunto musical. Además de dar de lleno en una explicación visual acojonante del ‘punk’, el documental va desgranando un movimiento musical que logró encontrar sus raíces en una Inglaterra en el que el paro era el tema de discusión de los primeros años de gobierno de la Tatcher y de los jóvenes sin futuro que pedían una oportunidad. Aquellos años de radicalismo y protesta tuvieron en los Pistols el eco de sus voces, de sus reivindicaciones y que provocó, con sus incendiarias letras, un estilo de vida. Es impresionante ver imágenes inéditas de esos iconos en que se han convertido Johnn Rotten y Sid Vicious.  Si tenéis la oportunidad de verlo, no lo dudéis, ya que se trata de un acertado intento de analizar un movimiento pocas veces entendido y la vida un grupo irrepetible. El documental tiene momentos míticos del grupo, como la entrevista que le hicieron al grupo en el programa más influyente de la época (imaginaros que un grupo de borrachos logra putear de primera mano a Sardá en su patético programa), la firma del contrato con la EMI o con A&M para ser despedidos al día siguiente o su mítico concierto en el barco el día de la fiesta nacional inglesa (The Jubilee Day) cantando la mítica 'God Save the Queen'. Julien Temple engancha con su forma de narrar, mucho antes de que entrara en escena Michael Moore y su ‘Bowling for Columbine’. 'The Filth and the Fury’ es diferente, ya que está realizado de una manera concisa, muchas veces seca y dilapidaria, en sintonía con las peculiaridades de los propios Pistols y todo lo que les rodeaba. Este es un documental para aquellos a los que la música es una forma de ver la vida. Y con material nuevo. Como entrevistas a Glen Matlock, uno de los primeros componentes y su sucesor, el infausto Sid Vicious, al que Temple hizo una amplia entrevista en 1978, antes de que muriera por una sobredosis de heroína. Lo bueno, además, es que cada uno de ellos habla con voz propia por primera vez. La película es verdadera historia de este importante grupo punk.  Algunas de las canciones que suenan en la peli son, entre otras el ‘God Save The Queen’, ‘Submission’, ‘No Fun’, ‘Bodies’, ‘Holidays In The Sun’, ‘Anarchy In The UK’, ‘Did You No Wrong’, ‘Seventeen’, ‘Don't Give Me No Lip Child’, ‘Road Runner’ todo adjunto a un vídeo-clip especial de dibujos animados hecho para el documental. Pero hay más, y lo bueno es que los meten para hacer ver lo ridículo que era el panorama musical, lo necesarios que eran los Sex Pistols para la época... Horteradas como ‘Chirpy Chirpy Cheap Cheap’, de los Middle Of The Road, el ‘Shang-A-Lang’, de Bay City Rollers, el ‘Hot Legs’, de Rod Stewart o el dinámico y flipante ‘YMCA’, de los Village People. También The Who, Alice Cooper, Roxy Music, David Bowie, Queen, New York Dolls... Destaco dos gilipolleces que me hicieron mucha gracia. La primera, la película que hizo uno de los componentes gastándose el dinero del grupo y que empieza con un cervatillo muerto y una ridícula niña gritando “¡¡¡Who Killed Bambi!!!” y en seguida suenan los Ten Pole Tudor con una estúpida canción (luego veremos a Sting hacer el ridículo), imágenes de la época de cuando los Pistols fueron a USA (destaco a Robert Aguayo, al que llamaban Mr. Funny, terriblemente divertido con su imagen de gilipollas) y la citada entrevista de Temple a Vicious en la que el pavo, puesto de heroína hasta las cejas, se quedaba dormido cada treinta segundos y Nancy despertándole en medio de la entrevista. O su última frase ante una cámara. Temple le pregunta "¿Dónde te gustaría estar ahora?" y él contesta, casi sin poder articular palabra, "Bajo tierra". Al día siguiente murió.
|
lunes, diciembre 27, 2004
|
Romántica ficción temporal Wong Kar-Wai aborda una compleja historia sobre el amor no correspondido, sobre la memoria y el recuerdo, donde su dolor se produce en un futuro que retrocede al pasado. En el cine moderno, pocos directores como Wong Kar-Wai han sabido imprimir a sus películas un signo estético, poético y narrativo tan personal y reconocible como este genio de nuestro tiempo. Pese a sus reconocidas influencias europeas (encabezadas por Antonioni), el cine de Kar-Wai dota a sus películas de unas características que se reconocen en su exclusividad plástica y en un ritmo pausado que se conjugan a la perfección con una personal apacibilidad encontrada en el Hong Kong de los años 60 y su estética, en los entornos cerrados y en la música latina, inundando con ellos un nostálgico estilo esteticista cuya preponderancia se enfoca hacia una temática de corte similar: el amor imposible, la soledad, la nostalgia y la necesidad vital de amar. Como un territorio inexplorado, un lugar común de recuerdos pasados y añorados, un presente extraño y doloroso y un futuro agónico y afligido que tiene por destino volver al pasado, retrotrayendo los duros recuerdos de un amor imposible de olvidar. Así podría definirse un filme a priori tan complejo como ‘2046’. El personaje Chow Mo Wan (interpretado por Tony Leung) es el mismo de la hermosa y solemne historia de amor imposible ‘In the mood for love’, recuerda, además del gran amor de su vida (interpretado en pequeños ‘flashbcks’ por Maggie Chueng), un amor pretérito del que sigue enamorado, a una balarina que es uno de los personajes finales de ‘Days of being wild’, cinta que finalizada con el señor Chow, jugando a las cartas cayendo en las redes de la sensual chica y a otra que le recuerda a la primera. En ‘2046’ confluyen demasiadas referencias anteriores que pueden llegar a dificultar el entendimiento del cruce de tiempos y romances que se desarrollan en ella, pero que acaban sucumbiendo a la belleza de la deconstrucción sentimental de un hombre al que, a lo largo de las dos últimas cintas de Kar Wai, hemos ido conociendo y delimitando ante él las desdichas emocionales y existenciales que vive en un periodo cercado por el tiempo (un lapso de seis años entre 1963 y 1969) en esferas geográficamente habituales, en contornos elípticos y direcciones discontinuas en la historia de un hombre solitario y abandonado, carente de motivaciones sentimentales.  El tren del futuro que avanza hacia 2046 no es más que un sortilegio imaginativo de todo lo que sucede en el pasado (en un retroceso temporal), como acepción de la vida que avanza que permite el regreso al pasado para lamentar amores perdidos y nunca consumados. Un espacio temporal imaginativo en el que Chow Mo Wan encuentra en su memoria el vehículo y el trayecto ideal para poder volver a revivir sus amores más distantes, pero a la vez tan cercanos en su memoria. Un espacio donde la realidad se transfiere a la mujeres a las que amó, no ama y desea pero no le corresponden. ‘2046’ es una quimera de un futuro en el que éste recupera lo doloroso de todas ellas en una novela con androides que representan a estas mujeres y un triste viaje hacia su recuerdo utópico. Al fin y al cabo, Kar Wai vuelve a hablar de una amplia su visión sobre un tema tan clásico como es el amor no correspondido. Las diferentes relaciones de Chow Mo Wan con mujeres son historias en las que una de las dos partes de la relación tiene un interés pasional que el otro no comparte. Así, el protagonista se enamora de una mujer que no le quiere (Faye Gong), se deja querer por una mujer que está enamorada de él pero a la que no quiere (extraordinaria Zhang Ziyi) y evoca el recuerdo de una persona (Gong Li) que a su vez le recuerda a otra con la que vivió una historia apasionada y de la que tuvo que separarse (Maggie Cheung).  En este inagotable laberinto de ficciones, realidades, sueños y espejos sentimentales que se reinventan a sí mismos, el director hongkonés vuelve a mostrar su soberbia capacidad de composición concentrada en su música, la importancia de las miradas y el deseo interior conseguido mediante una hermosa sencillez y calma, ataviada en una ambigua alegoría al infortunio sentimental que alcanza con su belleza un indescriptible éxtasis emocional. ‘2046’ está empapada de pesimismo. El que destilan las paredes de la habitación 2047, lugar donde Chow no deja de revisitar su contigua, la 2046, aquel lugar donde se alojó su amor frustrado y el año en el que transita el tren de su novela futurista, el año al que todos sus pasajeros se encaminan con el anhelo de recuperar su memoria perdida, pues se decía que allí nada cambiaría. Pero nadie sabía si eso era cierto, pues ningún pasajero había sido capaz de volver de allí excepto uno, el propio Chow, que eligió volver. Él quería cambiar, sin saber que es incapaz de amar como las mujeres a las que ha ido dejando en el pasado. Wong Kar-wai, al igual que hizo Alain Resnais en ‘El año pasado en Marienbad’, reconduce la historia hasta su visión subjetiva, en un entorno personal, donde el entendimiento por parte del espectador importa menos que la completa efusión de sensaciones y ritmo visual que ofrece la película en su enredado y nunca comprendido itinerario romántico. ‘2046’ es una película que si bien resulta algo compleja, es debido a que su tema central se centra más en la memoria y el recuerdo que en el momento que se vive en tiempo presente. La multiplicidad de sentimientos, de juego con los tiempos y de pretendida confusión por parte del cineasta hacen de esta película una pieza excepcional, colmada de una especial belleza de indomable y lírica elocuencia, en búsqueda constante de una perfecta puesta en escena, donde los planos ralentizados, la hermosa fotografía y la adecuada utilización dramática de la música juegan un papel fundamental para su discurso reflexivo y substancialmente onírico. Lírica obra de talla excepcional, prodigio de composición musical de la imagen, su gran capacidad de hipnotismo convierten a esta joya en un filme de sensaciones que se permite utilizar una miscelánea retrofuturista (del cine clásico oriental, pasando por el ‘kistch’ hasta llegar a una perfecta mezcla entre la arquitectura de ‘Metrópolis’ y de los cómics de François Schuiten y Benoit Peeters), combinando una serie de destellos argumentales, estrofas visuales y repeticiones redundantes de situaciones que no hacen sino convocar las sensaciones de melancolía, pasión, soledad, infelicidad y tristeza por la que pasan sus personajes en cada momento. ‘2046’ es, en definitiva, un placer contemplativo, la culminación de un minucioso trabajo que va en progreso, de un estilo y variantes estética y narrativa innovadoras e incomparables. Miguel Á. Refoyo © 2004
|
|
Cuando me da por pensar si la televisión puede dar más vueltas de sí a la basura humana, a la miseria que reconcome las conciencias televidentes y que aplacan cualquier atisbo de inteligencia idiotizando con sus ‘reality shows’, la historia catódica no deja de sorprenderme. Si hemos pasado del ‘Gran Hermano’ habitual y familiar, casi necesario en cualquier tertulia de café, las selvas de supervivencia, el show llevado al sexo explícito, encontrar a la mujer ideal a base de talonario, el sometimiento a dietas u operaciones de cirugía estética como reclamo para ofrecer carnaza al espectador más voraces de esta nueva (en realidad no tanto) tendencia, ahora llega la última moda, oiga. Y es que la temática de los ‘reality’ acaba de nacer, como quien dice. Tras una década dotando a la memoria colectiva de ideas totalmente maquiavélicas, la manipulación humana escudada en el ‘proyecto de investigación sociológica’ no ha hecho más que exponer sus primeras y siniestras perspectivas. Si hace unos meses se supo que una cadena alemana buscaba concursantes para entrar en un ‘Gran Hermano’ para el resto de sus vidas (imaginad qué fantástico ver fracasar a una panda de ‘losers’ cada día), haciendo realidad la ficción de la película de Peter Weir, ‘El show de Truman’, la última y criticada propuesta tiene como protagonistas a los hijos adoptados. La cadena norteamericana Fox no deja de recibir quejas mientras prepara el estreno de un programa en el cual una mujer, adoptada cuando era niña, ganará 100.000 dólares, si identifica a su padre biológico entre varios candidatos. Han grabado seis episodios del programa “¿Quién es tu padre?”, que comenzará a transmitirse el próximo tres de enero. Esperemos que sea un sosías de Darth Vader, pero alcohólico, violento y con tendencias homicidas e incestuosas. Por ponernos en el morbo más desatado que no quede. ¿Qué será lo próximo? ¿La identificación del asesino de un familiar con el premio de verlo en la Silla Eléctrica retransmitido todo por TV.? Yo, flipo.
|
domingo, diciembre 26, 2004
|
La furibunda y nostálgica subversión del ‘marmitako-western’ Llena de furia y de ritmo, ‘800 balas’ es una tragicomedia sobra la gente anónima que se dedicaba al mundo del cine que desmitifica los conceptos genéricos del ‘western’. El universo de Álex de la Iglesia, siempre delirante e ineludible, diligente e inconformista se ha perfilado, a lo largo de sus seis películas, bajo unos conceptos artísticos enfáticos, definidos por una calculada estética procedente de las múltiples y novedosas influencias que construyen un mundo propio, una forma de ver cine más personal que transgresora. En su nueva y esperada cinta, el cineasta promueve nuevamente todos estos paradigmas para ofrecer la que es su obra más personal y arriesgada. Posiblemente, su mejor película hasta la fecha. ‘800 Balas’ toma como génesis el ‘spaghetti western’ para narrar la vida de unos especialistas de aquél subgénero que malviven en el desierto de Tabernas, Almería, con un espectáculo del Oeste para turistas. Es la excusa perfecta para que De la Iglesia vuelva a poner de manifiesto su imponderable intencionalidad llena de furia y de ritmo, en la que el resultado final es un producto a medio camino entre el cine de género y cine de autor. En este espacio, el realizador desmitifica los conceptos genéricos del ‘western’ y los subvierte a su antojo para recrear una particular visión del débil fondo que permanece oculto en el ser humano, como la traición, la amistad, el desafío y la muerte de personajes que son fruto de la nostalgia, del triste recuerdo del cine del Oeste que se hizo en nuestro país en los años 60 y 70. Un entorno aplicado nunca como homenaje aquel cine que hizo famoso Sergio Leone, sino para entronizar al antihéroe, al perdedor que determina el protagonista favorito del cineasta. Como viene siendo habitual en su filmografía, el potencial de la película reside de nuevo en un sólido guión (compartido con su inseparable Jorge Guerricaechevarría) en el que los personajes se anteponen a la acción, formando una nueva y entrañable galería de ‘freaks’ que pasan a engrosar la mítica colección de perdedores de un director que aborda los dramas humanos como comedias del absurdo, con un humor negro descarriado, aprovechado en esta ocasión para nacionalizar y escarnecer el heroísmo y la preeminencia del ‘western’ clásico por un propósito de ruptura, de libertad absoluta. La nueva y apoteósica comedia de Álex de la Iglesia es una falta de respeto a la circunspección, a las formas establecidas, una brutal metáfora sobre la diversión como actitud ante cualquier problema y de supervivencia ante el fracaso ante la máxima de que ‘cualquier norma está para transgredirla’. En esta actitud de rebeldía, De la Iglesia juega a transformar un drama humano lleno de oscuridad y desdicha en una divertidísima comedia dónde lo épico y legendario se anticipa a la terrible realidad que viven unos seres entrañables y llenos de vida.  ‘800 Balas’ es, por tanto, el furibundo recorrido a través de las vidas de pequeños tipos, condicionalmente miserables, que se subsisten en una cotidianidad anacrónica, anclados en un pasado que les descubre ridículos, pero que extrapola su condición de mezquinos para divertirse y romper los esquemas, para vivir de la única forma en que fueron felices. El capitán de esta espléndida aventura es Julián Torralba, un antiguo especialista que sustituyó a Clint Eastwood en 'La muerte tenía un precio' o a George C. Scott en 'Patton' y que vive de recuerdos que le sirven para vivir ajeno a la realidad, relegando con ello su trauma por la muerte de su hijo en un rodaje. Para dar vida a este ‘outsider’, Sancho Gracia concierta una de las mejores interpretaciones de su vida, erigiéndose con su portentosa actuación en el gran estandarte de esta maravillosa aventura. En este apartado, el oficio de un grupo de intérpretes como Ángel de Andrés López, Carmen Maura, Terele Pávez, Manuel Tafalle, Yoima Valdés, Eduardo Gómez o el debut del niño Luis Castro componen un catálogo de maestría actoral, llena de viveza. Sobre este inexorable soporte, ‘800 Balas’ es una insondable síntesis de solemnidad y picaresca, de ritualidad e ignominia, de fatalismo y escepticismo, de exaltación y desengaño, pero sobre todo, de farsa y tragedia. Conceptos antagónicos que otorgan la necesaria maestría de una destacada ofrenda a la gente anónima que se dedica al difícil mundo del celuloide. Un sincero y honesto homenaje a los buenos, feos y malos que un día vivieron la gloria de Almería. Con un inicio un tanto esquemático e irregular, ‘800 Balas’ va elevando su espectáculo a lo largo de un metraje que incrementa su ritmo hasta construirse en una sólida obra llena de un ingenio que Álex de la Iglesia dilata con una desbordante honestidad hasta alcanzar un final lleno de espectacularidad, donde el director puede desplegar sus habituales arsenales de estruendosa potencial visual, allí donde la narrativa fílmica se vuelve prodigiosa. Tal vez se pueda echarle en cara a De la Iglesia su extenso e insubsistente final duelístico, pero es necesario para concluir una historia sobre enfrentamientos, debilidades, envidias. En dos palabras, miseria humana.  Bajo la portentosa partitura del imprescindible Roque Baños y la necesaria mirada de Flavio M. Laviano en un esplendoroso ‘scope’, ‘800 Balas’ es, indudablemente, una película de autor, que divierte porque no busca conceptuar ni esgrimir nuevas formas de estereotipar un género que, por primera vez, se dispone para describir un oscuro viaje la España más profunda. Álex de la Iglesia ofrece así, con esta obra, otra divertida, pero a la vez triste, historia impregnada de un sentimiento que combina, a partes iguales, acrimonia y comedia, acción y drama. Por cierto, que en '800 balas', hay una frase que considero vital, necesaria, imprescindible en cualquier álbum de frases antológicas. Me refiero al momento en que Carlitos acaba de sacar a su abuelo de la cárcel y el niño le dice que cómo van a hacer una fiesta sin los indios (que han quedado encerrados por posesión de hachís). Julián dice: "En la vida hay momentos jodidos, pero jodidos de verdad. Muchos más de los que tú te puedes imaginar. Eso no hay Dios que te lo quite. Hay que aprovechar los intervalos entre putada y putada. No divertirse cuando uno puede es el peor pecado que existe en este mundo".
|
|
Kenji Kawai: el cyberpunk y la ontología futurista de la gran obra maestra de Mamoru Oshii. 'Ghost in the shell II: Innocence', he estado escuchando la banda sonora de su primera parte, de ese obra maestra del anime y me he puesto raudo y veloz a preparar un nuevo análisis de una partitura, incumbiéndome en una composición sonora que ha marcado una época dentro de las bandas sonoras del género en toda su historia. ‘Ghost in the Shell’, de Mamoru Oshii se ha convertido, con el paso de los años, en un clásico intocable, en una obra maestra a la altura del ‘Akira’, de Otomo. En un futuro cercano Redes Corporativas han llegado más allá de las estrellas, la luz y electrones fluyen a través del Universo. A pesar de ello, el avance en la computerización todavía no ha hecho a un lado a los grupos étnicos y a las naciones... Con este párrafo impreso y un magistral fundido en verde la bella protagonista de esta joya del anime contemporáneo, Motoko, una joven que se descubrirá como un sofisticado cyborg, observa desde una azotea esperando recibir ordenes para comenzar una misión que se está produciendo desde el operativo policial en Newport City por parte de la Sección 6. Mientras un diplomático de Gavel le esta ofreciendo asilo político a uno de los programadores mas buscados por las autoridades internacionales, algo interrumpe súbitamente el encuentro por la entrada a la sala de agentes de la policía, pero estos no pueden hacer nada contra el funcionario de la embajada debido a su inmunidad diplomática. En ese momento las ventanas del rascacielos vuelan en añicos por unos disparos que provienen de afuera del edificio. Ante el asombro de todos, el diplomático de Gavel es asesinado acribillado a tiros. Cuando uno de los agentes de la Sección 6 se dirige a la ventana lo único que logra ver es cómo el contorno de Motoko se disipa entre los edificios gracias a un camuflaje termo-óptico.  Tras esto comienzan unos créditos que son la fuente de inspiración de la codificación de ‘Matrix’, de los hermanos Wackowski y donde da comienzo el recital de talento de Kenji Kawai con su magnifico ‘leit motive’ que sonará durante los innovadores títulos. La canción que abre ‘Ghost in the shell’ es una de esas piezas destinadas a ser recordadas a lo largo de la historia, no sólo ya de las adaptaciones del noveno arte nipón a la gran pantalla, sino como una entidad propia circunscrita a un distintivo musical sempiterno con matices sobrados para convertirse en un clásico del ‘score’ cinematográficos. Kenji Kawai desarró un estilo particular y en una línea muy similar con cada partitura que ha compuesto, como en los OVA's ‘Patlabor’, ‘Ranma’ o la excelente composición musical para ‘Vampire Princess Miyu’, en creaciones de tonalidad siempre lánguida y postmoderna. La banda sonora de este clásico de la animación nipona tiene, además de ese ‘leit motive’ de cadencia ‘in crescendo’ hacia una especie de magistral miscelánea entre la tradición de los coros, la cultura musical tradicional, el componente espiritual y los evidentes sonidos mecánicos que contraponen lo anterior con el buscado efecto futurista constituyen un arranque impactante e inolvidable. A lo largo de la banda sonora incidental podemos disfrutar de los pausados bombos que, de repente, se anexionan en una fusión magnífica con el sonido de sintetizador siempre presente en esta sorprendente partitura.  Kawai consiguió que la calma transmitida en muchos de los cortes del ‘soundtrack’ fueran componiendo una extraña inquietud basada en la frialdad y el acercamiento al mundo futurista de ‘Ghost in the Shell’. Una tenebrosidad y lobreguez que devienen del gusto del compositor por unos ecos metálicos que se mueven a medio camino entre la nostalgia o el atavismo y el ímpetu por crear atmósferas del futuro. Destaca, por encima de cualquier corte efectista, el que corresponde al corte 'M07 Nightstalker' que recupera uno de los mejores momentos musicales de la soberbia historia cuando Motoko Kusanagi y con 'M09 Ghostdive' comienzan la búsqueda del Gran Maestro, imponiéndose la partitura sobre el diálogo. Impresionante la manera en que Kenji Kawai crea ambientes sin pretender alejarse de la cultura japonesa. ‘Ghost in the Shell’ juega con esa vertiente ‘cyberpunk’ que se desarrolla en el 2029. La inquietante historia en la que el bloque asiático domina gran parte del mundo, las redes computacionales se extienden por toda la faz de la Tierra y se han convertido en una parte indispensable de la vida diaria, provocando un cambio radical en la sociedad y en los individuos, es aprovechado por Kawai para obtener un objetivo fundamental para la historia que Oshii llevó a los límites de la perfección: la obtención de una orquestación que invoca a los clásicos para anexionarlos a la postmodernidad, a las ráfagas mecánicas netamente cyberpunks. La tecnología cibernética incrustada en cuerpos humanos para que éstos sean sustituidos enteramente por componentes sintéticos para lograr una mayor eficiencia, tanto en el espacio físico, como en la Red hacen que ‘Ghost in the Shell’ planteen interpelaciones y axiomas mucho más trascendentes de lo que uno se espera. Una pregunta: ¿qué pasaría si los avances de la ciencia hicieran posible programar el alma humana como si fuera una computadora? La historia fue escrita por Shirow Masamune en forma de Manga, y luego adaptada al Anime en forma de una película. Yoshimasa Mizuo y Ken Iyadomi, dos de los productores, también participaron en la producción de 'Akira'. ‘Ghost In The Shell’ es una de las mejores películas de ciencia ficción que se han visto a lo largo de la historia del cine y su banda sonora es una delicia que está a la altura de las circunstancias en forma de disco imprescindible para cualquier amante del arte nipón y de las buenas partituras para filmes. Kenji Kawai, digámoslo para concluir, creó una obra maestra para uno de los filmes más inmortales de los fastos del celuloide.
|
|
La red te ofrece la posibilidad de poder acceder a momentos ridículamente inolvidables, a nacimientos de estrellas y de 'ciberfreakies' que pasarán a la historia por haber conseguido su momento privativo dentro de la historia de tecnología binaria. Bien, aquí tenemos a un chavalón entrado en kilos escenificando un tema de Dragostea Din Te consciente de su ridículo. Desacomplejado, sin prejuicios y en búsqueda de su momento de fama. Y lo ha conseguido. Es demasiado mítico como para no aparecer en el Abismo. Impagable.
|
sábado, diciembre 25, 2004
Ayer tuve en mis manos el premio que el gran Javier Alvariño obtuvo a la mejor dirección artística en el festival Sitges. Es inverosímil la percepción que sientes en una situación de este calibre. Te dan ganas de, una vez con la estatuilla facsímil de Brigitte Helm o Maria, el robot de ‘Metropolis’ en tu poder, agradecer algo a alguien. No se sabe muy bien qué, pero es totalmente demencial. Luego, la ronda de fotos estúpidas e innecesarias con el premio en todo tipo de poses. El caso es que es un orgullo poder contar con amigos que ganen premios en festivales internacionales. Y más, si se lo merecen tanto como este genio de nuestro tiempo. También leí el destacado comentario al trabajo de Javier y Daniel Izar en ‘The Birthday’ escrito por el inigualable Antonio Trashorras en el Fotogramas de este mes. Cuánta razón encierran sus líneas en su crónica del festival. Pasé la tarde con Javi, Mikel y Ángel (un tipo encantador y, según el mayor de los Alvariño, “hardcoreta y straight edge hasta la médula espinal”) entre absurdas disquisiones sobre todo tipo de temas. Un momento determinante en la reunión fue el visionado del trailer de ‘Sin City’, la gran incógnita de 2005 creada al alimón por Robert Rodríguez y Frank Miller. Tiene toda la pinta de ser una verdadera gozada visual, donde las ‘crook stories’ desde el punto de vista del criminal o del marginado serán el modelo a seguir en su traslación a la gran pantalla. Aunque reconozco que Marv ( Mickey Rourke) está excesivamente caracterizado con un aspecto casi limítrofe al ‘Hellboy’ de Del Toro, la estética del claroscuro respetada y rota por colores básicos que dan personalidad a ciertos personajes (impresiona ver a Nick Stahl caracterizado como Junior/Yellow Bastard), las impactantes dosis de violencia y un aire de filme revolucionario son alicientes suficientes para que la espera hasta marzo sea tensa y expectante. Por cierto, investigando en la red he encontrado una página dedicada a este cómic que merec la pena ser vista.  La Nochebuena es un lapso terriblemente extraño. De entrada, el mensaje del Rey Juan Carlos siempre es el mismo, cuyo peor defecto es su constante referencia a los tópicos pertinaces, los mismos propósitos y la esencia fugaz de palabras mil veces oídas. Frases para definir a España como "nación labrada durante siglos por nuestros antepasados" y adornando el discurso localista y populachero con "la tierra a la que pertenecemos y el hogar común que, progresivamente, hemos ido mejorando. Una tierra que encierra un cúmulo de riquezas históricas, artísticas, culturales y lingüísticas, así como tradiciones y valores que debemos proteger y promover". Para tararear el himno nacional abrazado a la bandera bicolor. Tampoco faltaron, como es costumbre anualmente, esos giros estudiados, hablándole a diferentes cámaras. El multiángulo nació para que el Rey pareciera más dinámico. Una curiosidad: este año, para darle otro aire de sofisticación al plano estático del inmutable monarca, han colocado una foto de los reyes con el príncipe y la Leti. Emocionante, sin duda alguna. Durante la cena familiar tuvo lugar una de las discusiones más extrañas a las que he tenido la oportunidad de asistir en familia, cuyos encuentros empiezan a ser de lo más esperpénticos y entretenidos. En la celebración del nacimiento de Jesús (permutado en algunos villancicos de corte flamenco como Manuel), comenzó una inverosímil discusión sobre la existencia de Dios, filosofando sobre teorías teológicas de lo más apasionantes. A modo de pequeños émulos de Nietzsche, a pesar de la apología de Massino Desiato, allí, una familia convertida en posmodernista sin quererlo. Posiciones paralelas a las de Heidegger, a punto de llegar a la desvalorización misma de todos los valores, recapacitando hacia la creencia, pero brotando desde un alegato de una posible divinidad. Se puede renegar de la lógica. Se puede pensar que lo divino escapa de las capacidades cognoscitivas del cerebro humano, como defienden los agnósticos. En fin, de película buñuelesca. Lo cierto es que Occidente ha terminado imponiendo a la Navidad su espíritu laico fundacional, el que nos emancipó de las teocracias, basadas en el temor supersticioso al castigo, en lo sacral como coartada, y decretó que el derecho a la felicidad era aquí y ahora. Eso es la Navidad.  Por la noche, desprovisto de cualquier prejuicio laico y sumiso a la fiesta y a la diversión en todas sus aristas, disfruté de la primera Nochebuena fuera de casa con tequila, cerveza y champán en casa de Álex Zúñiga, donde compartimos risas a costa de Danny Show, el incombustible cantante salmatino de ‘cutrefama’ nacional (se merece un post aparte) con Álvaro "Vodka", Nacho "Natas", Koke "Fistfuck", Álex "Pelos", Jazz y Vero y Jorgito "Conciertos" y su atractiva sobrina. La verdad es que no difirió mucho de cualquier otra noche. Y no estuvo mal. Espero que vosotros también lo pasarais bien. Feliz Navidad, chicos y chicas. Un última pregunta: ¿Hay algo más horroroso que el anuncio de Cruzcampo con los SFDK cantando un tremebundo ‘rap’ de Navidad?
|
viernes, diciembre 24, 2004
|
Navidad en el cine: guirnaldas... y pesadillas Llena de tópicos y sorpresas, la Navidad extiende su iconografía en un género cinematográfico propio. Para muchos, esto de la Navidad es sólo cuestión de fechas. Para otros, sin embargo, es una época de predisposición hacia los buenos sentimientos, la bondad, la fiesta y la algarabía o la tristeza, según convenga. Las luces, el árbol, Papá Noel, Los Reyes Magos, la Nochebuena, la ilusión y la familia son algunos de los términos presentes a la hora de celebrar la fiesta más tradicional y especial de todas las que, como ésta al fin y al cabo, se han convertido en un artefacto de fecundidad para las grandes superficies comerciales. En el cine, la Navidad no es muy diferente. Hay filmes con trineos, regalos, arbolitos con guirnaldas, villancicos, buenas intenciones o enamorados dándose el lote bajo el muérdago. Títulos y personalidades que se equiparan con gran facilidad a estas fechas navideñas, perpetuando su presencia cada año en las pantallas del recuerdo. Pero como tanta bondad puede resultar un tanto empalagosa, también hay Navidades cinematográficas (y a buen seguro reales) que producen monstruos, calamidades, desastres familiares, sufrimiento y maldad camuflados en instintos y ademanes fantasmagóricos. Tanto es así, que cuando llega el momento de hacer un pequeño viaje alrededor del Belén cinematográfico, caemos en la cuenta de lo efectiva que resulta una historia centrada en estas fechas que se avecinan.  En estas fechas se celebra el nacimiento del Mesías, del hijo de Dios, por lo que no es de extrañar que algunas de las superproducciones sobre la vida de Jesús invadan la pantalla catódica en estos días, como ‘Rey de reyes’, ‘Ben-Hur’, ‘Jesucristo Superstar’, ‘La última tentación de Cristo’ o la espléndida ‘La vida de Brian’. Pero si una película inunda estas fechas, un filme es estandarte de los buenos sentimientos, representación del verdadero espíritu de la Navidad, ésa es ‘¡Qué bello es vivir!’, de Frank Capra. ¿Quién no ha visto una y otra vez la (en el fondo terrible) historia de George Bailey? Una preciosa y amable proclamación de buenos propósitos, con una hondura y emoción que, más allá de cualquier crítica sobre su posible repleción edulcorante (algo que se desmentía en el post comparativo de hace dos días), representa una de las mejores películas de todos los tiempos. Así como la imagen de Harry Bailey brindando por su hermano "el hombre más rico del pueblo", en España lo es la revolución infantil alrededor de Pepe Isbert de toda la prole de ‘La gran familia’, de Fernando Palacios, un clásico incorruptible en la que Críspulo, el padrino, el abuelo y la pérdida de Chencho marcan nuestro propio clásico dentro del Christmas en el Séptimo Arte. También lo es, adaptado de la literatura, el mejor clásico de todos los tiempos a este respecto. La historia de Dickens 'Cuento de Navidad’ ha visto varias adecuaciones para la gran pantalla. Ejemplo de ello son ‘Una Navidad con Mickey’, de Disney, ‘Los teleñecos y el cuento de Navidad’ y la imborrable ‘Los fantasmas atacan al jefe’ con el inmenso Bill Murray interpretando al antipático Scrooged, sin olvidarnos del subjetivo y políticamente correcto ‘Juan Nadie’, otro manifiesto del ‘americanismo’ más optimista en contra del New Deal, personificado en la bondad de un Quijote moderno vital y entrañable (Gary Cooper).  Pero esta galería da para mucho más. Si en todas estas historias el tono entrañable y la buena fe son el objetivo para lograr el enternecimiento del espectador, también existen otras que han utilizado la Pascua para desarrollar pesadillas en forma de thriller o dramas psicológicos que pueden, de una manera u otra, identificarse con la postal de Navidad en el cine más afín a la realidad. Historias como ‘¿Qué paso anoche?’, que impone la Navidad como excusa para la ruptura de una pareja aparentemente feliz, la incomprendida y ocluida ‘Feliz Navidad Mr. Lawrence’, de Nagisa Oshima y un clásico del cine contemporáneo que se revela en la fantástica ‘Los Gremlins’, de Joe Dante, donde el mensaje realista y demoledor queda reflejado en la secuencia en que Zag Galligan y Phoebe Cates expían sus temores y recuerdos antes de matar al líder Stripe.  O, por otra parte, servir oscuras pesadillas navideñas presentando a un psycho-killer con ganas de aguar la festividad, es el caso de ‘Noche de paz, noche de muerte’, la francesa ‘Game over’, la clásica visión del genio Siodmak en la injustamente olvidada ‘Luz en el alma’ o el clásico de John Ford ‘La taberna del irlandés’ con una atípica Navidad entre puñetazos y un insoportable calor. Y no es posible postergar una de las grandes producciones acerca de un sentido navideño propio de una ópera de terror como lo es la maravillosa ‘Pesadilla antes de Navidad’, de Henry Selick, la obra maestra, en realidad, de Tim Burton. Todo un museo navideño aterrador, que tiene su propio terreno en el basto imperio del cine. Muchas películas existen alrededor de una figura que se ha acabado imponiendo en nuestro continente, encarnada en ese tipo gordo, bienquisto y con gafas que es Santa Claus, o Papá Noel, que para el caso es lo mismo. Un personaje que parece surgido de la campaña de ‘merchandaising’ de una empresa dedicada a ‘americanizar’ las culturas. Películas como ‘Santa Claus. El film’, de Jeannot Schwartz, ‘Milagro en la calle 34’, de Les Mayfield o ‘Vaya Santa Claus’, de John Pasquin. El caso es que, a menos que intentemos recordar, no existe película alguna sobre la función, un tanto más fácil que la del señor Claus, de los Tres Reyes Magos, a no ser de la versión animada española o esa metafórica crítica sobre ellos que dio David O. Russell en 'Tres Reyes'. En cualquier caso las Navidades están tan aferradas a la cultura moderna y tienen tanto gancho comercial, que incluso se han aprovechado para encuadrar memorables filmes de acción filmes de la década de los 80, como ‘Arma letal’, de Richard Donner o la nunca bien ponderada ‘Jungla de Cristal’, de John McTiernan.  La Navidad es también una época familiar, sin duda alguna. Y como en toda reunión con los más allegados, sirve como pretexto perfecto para descargar las paranoias y problemas que durante todo el año han sacudido nuestras vidas. O al menos para eso son empleadas las excelentes ‘A casa por vacaciones’, de Jodie Foster, ‘Ni un pelo de tonto’, de Robert Benton o la brutalmente despiadada ‘Aflicción’, de Paul Schrader. Pero no siempre es así, ya que incluso se puede imbuir de espíritu familiar una comedia típica de Navidad con familia ausente, como en el caso de la curiosa y encantadora ‘Solo en casa’, de Chris Columbus, con la presencia de un simpático Macaulay Culkin antes de darse a la mala vida de alcohol y drogas. Pero de entre todo este recorrido existe una película paradigma de lo que son las verdaderas Navidades, del sentido que envuelve a toda esta tradición. Fue un español, Luis García Berlanga el que dejó para la posteridad la obra menos pretendidamente entrañable y bondadosa que, muy al contrario de lo que pueda parecer, sirve como obra maestra para reverberar el mensaje navideño. ‘Plácido’ expone una de las historias más indelebles que se recuerden con la simple premisa de un pobre hombre que sufre lo indecible para pagar la letra de su carricoche y que, en el fondo, quiere lo que todos nosotros durante estas fechas, cenar en paz con su familia y poder ser feliz, aunque se sea pobre. La genial obra de Berlanga vendría a ser nuestro ‘¡Qué bello es vivir!’ particular. Nuestra película navideña por excelencia. Y si bien en la mencionada ‘La gran familia’ se desplegaba una comedia popular marcada por la búsqueda de Chencho por todo Madrid, no lo es menos la fabulosa ‘El día de la Bestia’, de Álex de la Iglesia, en la que se sustituye al rechoncho niño por la figura del Anticristo. Aún así, no deja de ser sorprendente el espíritu navideño que encierran las correrías de Cavan, el padre Berriartúa y el ‘heavy’ José Mari.  En cualquier caso, y a pesar de que los estrenos navideños disten mucho de lo que en la década pasada suponía estrenar durante Navidad, esta festividad viene marcada por un colorido especial lleno de luces y de aparente felicidad. Una época de indolente ventura y tiempo para mostrar la mejor cara que todos sabemos poner. Puede ser la hora de que cada uno de nosotros nos ganemos un trozo de Cielo actuando de forma afable y conseguir, como James Stewart, unas alas para nuestro Clarence exclusivo, el ángel de la guarda que se manifiesta en este periodo de paz, alegría y gastos opulentos que hacen felices, sobre todo, a los comercios (verdaderos entusiastas de la Navidad). Sé que me he olvidado de muchas, pero... no soy una enciclopedia. ¿No escucháis ya las campanillas? Yo tampoco.
|
jueves, diciembre 23, 2004
|
Registrar un guión es un proceso que, por lo menos aquí en Salamanca, es una aventura totalmente surreal, una experiencia por la que Dalí hubiera registrado sus grabados con más habitualidad que otra cosa. Formalizar algo en el departamento de Propiedad Intelctual puede ser, a veces, una pesadilla. Eso sí, bastante entretenida a la vez que desagradable. Esta mañana he quedado con mi coguionista para registrar un par de tratamientos (uno sobre perdedores que apuestan todo lo que tienen y vuelven a perder, el añorado 'The legend', sobre vampiros y las primeras notas de estructura sobre nuestra obra de teatro) y un mediometraje llamado 'Melisa', la historia de una súcubo, es decir, de una mujer de hoy en día. Antes de nada, mi coguionista Chema Guevara es una especie de ‘Increíble Hulk’ metarfoseado en un escritor de pluma clásica y talento inarbodable. Bien, con semejante mamotreto de cultura y fuerza repartida en sus más de cien kilos de músculo, nos hemos dirigimos a ese antro de indeterminados trabajadores con un sueldo de por vida que es La Junta de Castilla y León, donde la calma y la placidez residen en un ambiente sosegado, lleno de quietud y descanso. No es que se trabaje bien, es que directamente no se da ni golpe. Subimos al nuevo departamento que ha pasado de llamarse Propiedad Intelectual a Acción Cultural, supongo que para darle un poco más de dinamismo a tanta vaguería. Y allí nos recibe ‘Ella’, y no precisamente Laraña, sino algo mucho peor. Una de las dos ‘superfreaks’ que te registran el original es un espectáculo digno de ver. Muchas veces vejeta allí una anciana muy amable que no se entera de nada. Como claro ejemplo recuerdo cuando al recocer a Carlos "Manowar", el montador de mis anteriores cortos ‘Abyecto’ y ‘El código...' que me acompañó a registrar algún guión de corto o algún relato (no recuerdo bien), le preguntó por tercera vez en un año que qué tal sus padres, cuando éstos hace ya muchos años que no están entre nosotros, algo que Carlos le dejó muy claro la primera vez. Pero la tipa sigue insistiendo. Viendo que la ineptitud de la señora era reincidente, Carlos me miraba indignado. Con esta tipeja suelen ser 45 minutos en realizar una taera que una persona normal tardaría 10. Encima le va a echando un ojo al escrito dándote su opinión: “No está mal”, “¿Es de miedo?” y congratulándote por tus cualidades literarias, “Escribes muy bien ¿lo sabías”. Es desesperante. ¡¡Señora, déjeme en paz y haga su trabajo rápido que tengo prisa!!, te dan ganas de espetarle. La última vez que fui Álvaro "Vodka", aburrido de su letanía, mangó delante de sus narices dos fluorescentes, unos clips, un matasellos institucional y unas tijeras aerodinámicas y la tía ni se enteró preguntando “¿habéis visto unas tijeras?”, mientras Álvaro se descojonaba yo no sabía muy bien de qué. Cuando me enseñó su botín, comprendí.  Para los dos largos que hemos registrado nos ha correspondido en suerte no esta venerable e inepta señora, no. Cuando voy con Chema siempre nos toca toca ELLA, la más repelente y agobiante de los engendros de este mundo. Una especie de Jabba, the Hutt con verrugas y muy desagradbale. A su rugosa y desagradable faz le acompaña además un visible mostacho de pelos negros debajo de su nariz. Es, con todo esto, similar a la Mamá Fratelli de ‘Los Goonies’. Os juro que es clavada a Anne Ramsey, igual de desagradable, pero en joven. Chema la mira con cara de querer matarla porque no acierta con nada. Se equivoca, escupe al hablar, pregunta las cosas dos veces, escribe lento y nos da un recital de la incompetencia humana. Yo ya le he dicho a mi coguionista muchas veces la verdad: “¡Es funcionaria! ¿Acaso esperas eficacia?”. Intento decirle a Chema con la mirada que no pasa nada, tratando de aplacar sus ganas de coger la grapadora que está encima de la mesa y clavársela en la cabeza. Una papeleta ciertamente triste, y eso que a mí no me gusta criticar. En cualquier caso, nuestras obras ya forman parte de los archivos de la propiedad intelectual del Ministerio de Cultura. Es legalmente nuestra. Nadie nos la puede quitar, ni plagiar o copiar parcial o íntegramente. Algo es algo. Como esta nimia y absurda historia.
|
 Hoy estaba nostálgico, como siempre, y he cogido en el videoclub una película que vi en su día y que no recordaba tan interesante y entretenida. O al menos, tan deudora de aspectos y referencias que han sublimado una época que todos echamos de menos. Me refiero a ‘Héroes fuera de órbita’ (Galaxy Quest)'. Y es que se percibe en este filme algo similar a algo parecido a estar ante una película de culto, una de las escasas muestras en un ámbito tan distinguido y trascendente como lo ha sido hasta el momento el arte de la Ciencia-Ficción. Fenómeno, ya que ‘Héroes fuera de órbita’ representa una de las pocas e insatisfactorias comedias dignas que se recuerden al abordar este género. La cinta dirigida por Dean Parisot es, por ende, una deleitada parodia inteligente, nostálgica y fagocitadora de los iconos de los que bebe a la hora de homenajear este ámbito televisivo basado en un humor constantemente hilarante, exagerado, al fin y al cabo, enérgico. No sólo por la indudable ofrenda a ‘Star Trek’ sino por las constantes referencias (tanto argumentales como formales) a series míticas de la época dorada como ‘Los invasores’, ‘Perdidos en el espacio’, ‘El túnel del tiempo’ e incluso la reconocible apariencia de los malvados enemigos de la rememorada ‘V’. ‘Héroes fuera de órbita’ mantiene constantemente momentos de lucidez humorística gracias, sobre todo, a un guión de estructura implacable, que sustenta a lo largo de su desarrollo la máxima del acatamiento a las normas básicas del género catódico. La historia narra las aventuras de unos veteranos actores de una derogada serie, ‘Galaxy Quest’, que se dedican a vivir del pasado en galas y convenciones sobre la serie, organizadas por grandes almacenes como reclamo publicitario. En uno de esos lamentables actos, los Thermians, aliens reales, imploran la ayuda de estos acabados actores para que les ayuden a acabar con Sarris, el líder de las fuerzas que pretenden conquistar el planeta Thermian. Toda la trama está repleta de situaciones llenas de humor ‘naif’, de elementos en los que la parodia se hace entrañablemente sarcástica y evocadora de una tradición imposible de imaginar en la actualidad televisiva.  Partiendo de una estética logradamente ‘kistch’, en la que se impone la reconstrucción de iconos del género catódico, muy por encima a su pronosticable cutrez, ‘Héroes fuera de órbita’ atribuye sus propias reglas de reedificación histórica, teniendo como ventaja unos visibles efectos especiales (nada ostentosos) y un primordial hacer del siempre fantástico Stan Winston. El filme de Parisot (muy cerca del espíritu del magistral Joe Dante y su filmografía) busca, en su intención más subjetiva, exhumar todo el folklore que existe alrededor de los ‘freakies’ divinizadores de la Ciencia-Ficción más casposa y elemental, de la relación que surge, y se mantiene a lo largo de toda una vida, por parte del espectador y su mitología particular (extensible a la todopoderosa ‘Star Wars’). A todo ello hay que añadir las peculiares interpretaciones autoparódicas y desmitificadoras de sus tres protagonistas. Tanto Tim Allen, Alan Rickman, el por entonces desconocido pero curtido Sam Rockwell y, sobre todo, Sigourney Weaver se burlan de todo aquello por lo que han sido, de una forma u otra, encasillados en ciertos roles reiterativos en sus respectivas filmografías. ‘Galaxy Quest’ es, por tanto, una perspicaz visión del ‘culto’ a los mitos con un aire agradecidamente infantil. Lo que nos deja una hermosa pieza reminiscente de la tradición del cine comercial juvenil de los 80. Ahí es nada.
|
miércoles, diciembre 22, 2004
|
La Navidad desde un punto de vista aparentemente divergente ‘¡Qué bello es vivir!’ y ‘Plácido’ son las dos películas navideñas más representativas de dos mundos tan disímiles como el americano y el español. En unas fechas como las que vivimos estos días, es inevitable tratar el cine navideño. A lo largo de la historia del Séptimo Arte se han desarrollado cierto tipo de películas ambientadas en Navidad; unas, de predisposición hacia los buenos sentimientos, otras, de tristeza o cinismo, según convenga. Todas ellas acondicionadas a un contexto visual en el que no faltan las guirnaldas, lucecitas, el árbol, Papá Noel, la Nochebuena, la ilusión y la familia. Elementos utilizados para diversos fines argumentales en cualquiera de los géneros que ofrece la cinematografía. Impregnados por una globalización norteamericana que impone iconos y prescribe conductas y directrices en cualquier campo, en los últimos años se ha puesto de moda acudir como representación fílmica navideña a la gran película de Frank Capra ‘¡Qué bello es vivir!’, inspirada en un cuento de Philip van Doren, cinta que los norteamericanos (y más de medio mundo) revisita anualmente para asistir a un recorrido por la vida de un buen hombre, altruista sin límites, llamado George Bailey. Si bien es cierto que Capra dio al cine las más preciosas y amables proclamaciones de buenos propósitos, con trabajos de una hondura y emoción que, más allá de cualquier crítica sobre su posible repleción edulcorante, representan cine irrepetible, también lo es la necesidad de reivindicar la película española navideña más importante de todos los tiempos, esa obra maestra del cine ‘azconaiano’ como es ‘Plácido’, admirable celuloide que, con el paso de los años, está empezando a encontrar su importancia en un zócalo genérico navideño donde las producciones americanas parecen querer decir que esto de la Navidad es cosa de yanquis.  ‘¡Qué bello es vivir!’ acopia en su metraje unos valores humanos y espirituales donde la amistad, el amor, la generosidad y la solidaridad empapan un cine de corte fantástico, fabulesco y moral. La situación de Estados Unidos durante la época hace pensar que el mensaje subvertido de la historia de los Bailey era una excusa para lanzar una crítica al ‘New Deal’ de Roosevelt, ya que tras el aparente simplismo con que está contada esta tierna historia, podemos apreciar la oscuridad fantástica de un Capra que transcribe sus verdaderas intenciones bajo el más puro cuento de Dickens para hablar entre líneas de una filosofía individualista, de un hombre cuya generosidad ha convertido su vida individual en un fracaso. Por su parte, Luis García Berlanga, apoyado en un prodigioso guión de Rafael Azcona, apuesta por una historia adherida a la realidad de una etapa donde la hipocresía es el arma caritativa que diferencia los estratos sociales del momento. Berlanga purga aquí cualquier atisbo de trasfondo amable, conciliador, que había caracterizado su cine hasta el momento para dedicarse, desde esta joya de nuestro cine, a recrear (en palabras de Román Gubert) “un sainete con cianuro”. En ‘Plácido’ no hay espacio para la bondad, ni para camuflar los buenos sentimientos en una oda a la misericordia navideña. Todo es una proclamación de la falsedad de estas fechas. La represiva sociedad clasista de la época está reflejada en un entorno cotidiano y localista, que tuvo por título ‘Siente un pobre en su mesa’. Una campaña real que sirve para abrir los ojos a un microcosmos social que obliga a los ricos a tener un acto de buena fe con los más desfavorecidos. El ejercicio de caridad, a diferencia de en ‘¡Qué bello es vivir!’ está forzado, como acto exigido de cara a la galería, un vendaval de apariencia que arrastra al pobre Plácido, un pobre hombre al que utilizan con su recién adquirido motocarro que paga no sin esfuerzo letra a letra.  En ambas películas está muy arraigada una ambivalencia capciosa. Capra defendía unas ideas y aportaba sus argumentos para demostrar sus tesis políticas y Berlanga ofreció en su mejor etapa una hábil manera de camuflarse con ficticios sainetes costumbristas en los que se podía apreciar una subversiva crítica a la sociedad del momento. Ambos realizadores confluyen en el prototipo de obras inofensivas y amables, pero en el fondo suponen sendos ejercicios de funambulista para hablar de otros problemas sociales más importantes. En esa combinación de intereses es donde se ensamblan las personalidades de George Bailey y Plácido, dos personalidades parejas que sirven de beneficio para la comunidad que les rodea, ya que ambos representan a antihéroes anónimos e historias de progresión de sacrificio en pos de los demás. A pesar de ello, la película de Capra se antoja como una ilusión alegórica, utópica, irreal, excesivamente moralizada para un ‘happy end’ que en ‘Plácido’ consiste en irse a casa con la familia a comer lo que bien se pueda. Si Capra sofistica su pueblo, su doble juego de pasado y presente alternativo en el que el conformismo natural de la comunidad, tampoco varía mucho la vida de un George Bailey que hubiera nacido en Bedford Falls o en el siniestro Pottersville, Berlanga borda un tono coral de la narración donde no falta la ironía, la mala hostia, la presencia de la muerte y su preferencia por las clases medias.  La abismal diferencia entre ambas visiones de la Navidad está en que mientras en ‘¡Qué bello es vivir!’ utiliza la festividad como entorno de comprensión y expiación de los errores, ‘Plácido’ la delimita, con su rechazo a lo fantástico y ornamental, a una realidad fiel y rigurosa confinada a la incomunicabilidad aterradora del español medio de los 60. Un aspecto que concuerda con la segunda parte de la cinta de Capra, convertida en una aparatosa pesadilla de corte expresionista y de impacto humano. Compostura que, en manos de Berlanga no puede por menos que convertirse en una comedia negra llena de cínico sarcasmo. Dos películas que nada tienen que ver entre sí, pero que merecen un visionado en estas fechas como comprobación de todas las aristas posibles del periodo navideño. Miguel Á. Refoyo © 2004
|
|
Atentos a esta historia. Empieza con la tortuosa vida de Lovecraft. No sé si sabéis que la infancia y juventud del jovial Howard Phillips la pasó rodeado de sus indulgentes tías y abuelos que eran, como se dice en un lenguaje tosco y directo, unos hijos de la gran puta. Cuenta la leyenda que Lovecraft no dormía durante la noche y que escribía sin parar hasta el amanecer, que es cuando el buen escritor dormía y así, se ahorraba que aguantar a las brujas y los viejos. Es entonces cuando acontece lo que iba a ser la fuente de inspiración del gran genio. Lovecraft contaba que escribía lo que soñaba. El escritor se refería a los sueños (y pesadillas) que el creador de ‘Los Mitos de Cthulhu’ experimentaba noche a noche. En ellos vivía, según palabras del propio Lovecraft "una extraña sensación de expectación y aventura, relacionada con el paisaje, con la arquitectura y con ciertos efectos de las nubes en los cielos, donde sólo había mosntruos y bestias inmunes". Pues bien, esto que todos conocíamos, fue algo que provocó el indirecto enfrentamiento a Sigmund Freud y sus teorías del psicoanálisis. Lovecraft siempre se negó a creer las teorías y el psicoanálisis de Freud. Por su parte, éste siempre negó que los escritos H.P. fueran producto de una influencia de sus pesadillas. Freud aseguraba que se lo inventaba, que no lo soñaba, cosa que a Lovy le tocaba mucho los cojones. Como Freud no sabía otra cosa que reducir sus disquisiciones al plano sexual, tomó a HP como un degenarado por este tipo de lóbregos y angustioso sueños, mientras que H.P. dejó constancias a lo largo de su obra el desprecio que tenía al psicoanalisis de Freud. Desde sus primeros escritos, inspirados en Poe, pasando por las narraciones derivadas de Dunsany, hasta los catorce cortos relatos de 'Los Mitos Cthulhu', hace apreciar un elemento subversivo hacia esta antipatía mutua.  También hubo una disputa teórica en las conjeturas que ambos tenían sobre el miedo, Freud lo achacó a una ruptura del inconsciente, al ‘uncanny’, ligado al efecto de lo ‘unheimlich’, es decir, aquello que no es familiar, que nos resulta extraño. El resultado psicológico puede ser experimentado en mayor o menor grado, según la experiencia individual y única de la lectura fantástica. Mientras, H.P. Lovecraft, señaló que lo fantástico precisamente, radica en la experiencia del lector, en el elemento psicológico que imparte su carácter fantástico. Lovecraft sostuvo que el horror absoluto es lo desconocido absoluto, mientras Freud nos decía que el horror definitivo es aquel que nos conduce hasta lo más familiar e íntimo. Lovecraft sabía que sus analogías con lo conocido para describir lo desconocido eran el arma natural de su cerebro, algo que no compartía Freud. Es más, la segunda antología monumental de la obra ‘lovecraftiana’ editada por ‘Arkham House’ hacía ver que sus sueños chocaban con el conocimiento de los profesores de idiomas y de economía política de la universidad Miskatonic o de los palurdos de Catskill Mountain, que eran una metáfora de la incredulidad (en el fondo envidia de Freud a la gnosis moféica de Lovecraft). Todas las tumbas ancestrales, la legendaria y encantada Rrkham envuelta en sudarios de niebla y los monstruos creados por el genio literario fueron tan acojonantes que Freud no quiso analizarlos. No porque no quisiera, sino por el hecho de que escapaban al intelecto y al análisis del mejor psiquiatra de todos los tiempos (con permiso de Jung). Y como diría un Creepy de tercera fila como soy yo: “Amiguitos, esta ha sido la legendaria historia de hoy. Mirad debajo de la cama antes de dormir…”.
|
martes, diciembre 21, 2004
|
Hoy hemos visto en Telecinco una noticia que, además, ha recorrido la blogesfera como un inevitable post del que hay que hacerse eco. Y como yo no tengo mucha personalidad que digamos, pues también le hago un hueco en este desordenado Abismo. La noticia hace referencia a Jennifer Shiman, una animadora que trabaja con ‘Flash’ y que se ha hecho célebre por sus creaciones sintetizadas de películas históricas de la meca del cine. Esta dibujante estadounidense propone las mejores películas de los fastos cinematográficos en 30 segundos y con conejos como protagonistas. Condensación es su clave, epítome de largas horas de cine comprimido en medio minuto. Os aseguro que muchos de ellos son tremendamente divertidos y ágiles, mucho más que su película original. Lecciones de síntesis y de cómo simplificar una historia de tres horas como hace, por ejemplo, con 'Titanic'. Maravilloso. También podemos disfrutar en 30 segundos de ‘Alien’, ‘El Resplandor’, ‘¡Qué bello es vivir!’ (es acojonante), ‘Tiburón’, ‘La matanza de Texas’ , ‘El Exorcista’ o 'Pulp Fiction' entre otros. Por cierto, que estos conejos me recuerdan bastante al protagonista de ‘Genre’, la obra maestra de la animación barata creada por ese genio que se merece aquí un post cuanto antes, el maestro y uno de mis cineastas favoritos: el prodigioso Don Hertzfeldt.
|
|
Amigas por delante y... ¡amigas por detrás! El hecho tuvo lugar durante la presentación de la película 'Bandidas', película escrita y producida por el cineasta francés Luc Besson y que dirigen los noruegos Espen Sandberg y Joachim Roenning. Penélope Cruz dijo de Salma Hayek (que había recibido alguna que otra crítica por hablar en inglés a los periodistas hispanos) "Esta mujer es una de las personas más humildes que yo conozco, es muy inteligente y con un corazón de oro, y con una humildad como he visto pocas". Y ya que estaba destacando lo positiva de la minúscula actriz azteca siguió dándole coba "es una persona con un talento enorme, que tiene 'muchas cualidades' que se ven 'a la legua". Y no contenta con eso, prosiguió como si de su novia se tratara: "Es transparente y a veces a la gente es bueno demostrarle, darle cariño y buena energía, no sólo dardos", dijo la española. Claro, tanto elogio y halago despertó el lado lésbico de Pe y no pudo resistir los encantos de la diva mexicana y le dio, como bien señaló, cariño y buena energía.
|
|
‘Este rodaje es la guerra (Sangre, sudor y lágrimas en el plató)’, de Juan Tejero (T&B Editores) es la segunda parte de un libro que vuelve a indagar en la cara más oscura del Hollywood y que sale a la venta coincidiendo con la Navidad. Peleas, lesiones, celos y borracheras son sólo algunos de los incidentes y accidentes que han marcado de alguna de las películas más mitológicas de la historia del cine. Pero no creáis que se cuenta nada nuevo. Como que Hitchcock era un obsesivo déspota que, por ejemplo, en ‘Rebeca’, ejerció un dominio tan absoluto sobre Joan Fontaine que la pobre actriz quedó traumatizada y tuvo que acudir a varios psicólogos ras el rodaje. O su consabida atracción hacia Tippi Hedren, a la que mandaba seguir para averiguar con quién andaba y adónde iba. En 'De aquí a la eternidad' rodada en Honolulu, Frank Sinatra y Montgomery Clift se reunían todas las noches para competir bebiendo alcohol, adentrándose en la noche hawaiana hasta que se desplomaban con unas cogorzas descomunales. Judy Garland y su adicción a los tranquilizantes y excitantes constituyó una fuente de problemas para sus productores. Durante ‘El pirata’, de Vincent Minnelli, Judy, atiborrada de anfetaminas, hacía esporádicas apariciones a lo Massiel de media hora en el rodaje y, después de quedar en ridículo como hizo María Jiménez en el Rocío, se marchaba sin haber hecho trabajo alguno. Eso sí, con un subidón de campeonato. Y la última, con Bette Davis y Errol Flynn como protagonistas. Flynn se llevaba tan bien con Davis que durante el rodaje de ‘Elizabeth y Essex’, en una secuencia en que tenía que abofetear a ‘la loba’ según el guión, el colega Errol le soltó tal hostia que la pobre Davis perdió el conocimiento. Como digo, nada que no supieramos.
|
|
Pogámonos en situación. Imaginad que estáis escuchando el tema de Nawjajean que se ha hecho famosilla por el programa 'Versión Española' ¿Vale? ¿Estamos? Muy bien. Entonces que sirva como música de fondo mientras leéis esto. La, la, lala, la, la, la, lala... Tengo una anécdota, amigos, que versa sobre la simpar Cayetana Guillén Cuervo, esa pequeña gran actriz de nuestro cine español. Corría el año 97 y yo estaba realmente emocionado, expectante, en los aledaños del Hotel María Cristina durante la 44ª edición del festival de cine de Donosti ¿El motivo? Además de que era la primera vez que iba acreditado, esa misma mañana habíamos visto ‘Perdita Durango’, entregándonos a la mejor película de Álex de la Iglesia. Por la tarde, el amiguete Óscar "Patxi" llega con una fantástica noticia: había conseguido una entrevista con Barry Gifford. Acojonante. Era (y soy -aunque reconozco que he perdido algo de interés-) un lector compulsivo de la obra de este peculiar individuo con una apasionante imaginería de frontera y una literatura asequible y entretenidísima. Una entrevista con Barry es algo que merece la pena. Os lo aseguro. Bien, subimos en ascensor (realmente la habitación estaba en el primer piso, pero nunca había subido en un ascensor de hotel de cinco estrellas; el ‘snobismo’ del provinciano, supongo) y llegamos a la planta de habitaciones para entrevistas de la peli del día. Vimos entre la puerta a Javier Bardem responder las preguntas de una atractiva señorita de algún conocido medio. En el pasillo, Jorge Guerricaechevarría solicitaba la atención de Álex que, raudo, pasó ante nosotros con bastante agobiado y, según decía, “con una resaca que no era ni medio normal”. Un tipo alto nos dijo que esperáramos, echó un vistazo a una hoja y nos comunicó que no, que no teníamos hora. Patxi le dedicó un gran monólogo discutiendo que sí, que había hablado con una fulana que le había confirmado la audiencia. El responsable de prensa nos dijo que volviéramos a esperar, que iba a solicitar un traductor.  En ese momento fue cuando llegó el petardeo de las chicas de los Menkes-Albacete: Bibi Andesen, Loles León y la pizpireta pequeña de los Guillén Cuervo (ojo a ese parrús peludo). Llegó dando saltitos y emocionada buscando a alguien. Nos preguntó realmente excitada “¿está aquí Michael?”. No sabíamos muy bien a qué se refería, y menos con ese enajenamiento pasional. "¡Michael!", volvió a repetir. Al decirle que no, le explicamos que allí, en aquella habitación, estaba el gran Barry y, ante nuestra cara de entusiasmo, ella contestó “¿y quién coño es ese? ¿dónde está Michael? ¿no lo sabéis?”. Mi amigo y yo nos quedamos acojonados, ya que habíamos hablado alguna vez de ese ramalazo intelectual de actriz culta y preparada, cuyo efecto en nosotros era puramente sexual. Qué paradojas. Pero no. Dedujimos que todo le que habíamos pensado sobre ella, era un bulo. Y así fue. Su caída a los Infiernos de la imperfección. A mí Cayetana me parece una gran profesional, pero antes de este suceso me gustaba mucho más que ahora. Entre el desconcierto y los nervios del momento entramos en la habitación. Y allí estaba el gran Gifford, dispuesto a perder 20 minutos con nosotros. Un día inolvidable y una entrevista apasionante. ¿El Michael por el que preguntaba como una colegiala que pierde los papeles ante su ídolo? Pues no era otro que Michael Douglas, que presentaba 'The Game', de David Fincher y recogía un premio Donostia por su toda su carrera.
|
lunes, diciembre 20, 2004
|
Aterrador viaje a los infiernos de un hombre atormentado Brad Anderson consigue el mejor filme de la ‘Filmax International’ con un drama a modo de thriller en el que destaca la soberbia interpretación de Christian Bale. No es extraño que la novela de Fedor Dostoievski ‘El idiota’, sea uno de los referentes visuales que aparecen en pantalla como expiación de Trevor Reznik, el protagonista de la última película de Brad Anderson. Ya en ‘Session 9’, los protagonistas eran víctimas del pasado, de una culpa sin mitigar que acaba, literalmente, con ellos. La novela del escritor ruso inicia su narración con un personaje mesiánico, concebido por el autor como el paradigma del hombre bueno, el príncipe Mishkin, que a pesar de irradiar sinceridad, compasión y humildad, era derrotado finalmente por sus propios odios en su cara más oscura. Un paradigma de culpabilidad, de la recuperación del pasado para enmendar los errores; en definitiva, la enmienda de los pecados. En un marco tan alejado como limítrofe a esa sensación de caer en la desgracia siendo un ser apocado y aparentemente inofensivo con un pasado oscuro se circunscribe ‘The Machinist’, la que es, hasta el momento, la producción más lograda de la 'Filmax International', de Julio Fernández, nueva divisón encargada de producciones más 'serias' para Castelao. La angustiosa cinta de Anderson relata la insufrible vida de Trevor Reznik (Christian Bale), un fresador de una oscura fábrica que vive sumido en la realidad más asfixiante y se consume en una enfermiza delgadez unida a un desmedido insomnio que dura un año entero. Su existencia ha pasado a ser una auténtica pesadilla. Un día, Trevor conoce a Iván, un misterioso hombre que llega a la fábrica, de envenenado ambiente por un desafortunado accidente culpa de Trevor. Su única vía de escape son la prostituta Stevie (Jennifer Jason Leigh) y la camarera Marie (Aitana Sánchez Gijón) que pronto se verán afectadas por el extraño mundo que rodea a Reznik. Si por si esto fuera poco, alguien deja una nota en el frigorífico de su casa con un siniestro juego de ‘el ahorcado’ para resolverlo. Con esta propuesta, ‘The Machinist’ se presenta como una película aparentemente lenta y angustiosa que, mediante su oscuro fondo y desarrollo, se convierte en una desoladora pesadilla. Es precisamente ése ritmo agónico la mayor de las bazas de un filme incómodo, que contagia al espectador su desequilibrio emocional en un lánguido ambiente a través de los ojos de un protagonista que observa atónito como su vida se transforma en una alucinación, en pura paranoia, en un vacío existencial que le va anulando poco a poco.  En este manido juego de disfuncionalidad mental es donde el riesgo del filme de Anderson tiene sus mejores atractivos, ya que a pesar de que las posibilidades de este tipo de narración están casi agotadas, dado el número de películas contemporáneas que han ofrecido una y otra vez esa temática de memoria quebrada e imposible diferenciación de la realidad y la ficción, el experimento de imagineria de ‘The Machinist’ ennoblece sus propósitos al dibujar un drama introspectivo que brinda un fascinante contraste. Por un lado, una historia naturalista, ajustada a la realidad de un drama visible, de un hombre que pierde la capacidad de recordar el pasado y, como consecuencia, de vivir aturdido y desorientado, sin un presente sosegado en el que las dudas y el terror se han apoderado de su día a día. Por el otro, es una lóbrega alegoría sobre el recuerdo, su valor y lo catastrófico que puede llegar a resultar perderlo, terreno donde se inscribe el género fantástico, en esa tendencia genérica donde no se diferencia la dualidad entre real y lo imaginado. Por supuesto, es en este ámbito donde Trevor empezará a cuestionarse si lo que le rodea es auténtico o sólo forma parte de una imaginación trastornada por la falta de sueño. La dignidad con que aborda el género ‘The Machinist’ se encuentra, posiblemente, en ese análisis especulativo sobre la locura, forjada en el lugar en el que se unen la verdad y la invención, allí donde nacen las decisiones, en un espacio de la mente que sirve como escondite a los pecados, allí donde se encuentra la respuesta de esta sugerente película.  Es la última cinta de Brad Anderson un interesante thriller psicológico a modo de drama que sustenta el interés de su trama en extraños elementos alegóricos: ya sea la reiterada bifurcación, un contexto que se reitera una y otra vez con caminos (metafóricos o reales) que divergen hacia la salvación, hacia la luz de la verdad y hacia el caos y donde Trevor siempre elige la oscuridad, como también lo es la duplicidad de caracteres, no sólo en el propio Reznik o en su mundo dividido en la fantasía y lo terrenal, sino en la opción de protección y redención con los personajes femeninos, uno existente (la prostituta que está enamorada de él) y otro un tanto difuso (la camarera Marie, a medio camino entre el deseo y el recuerdo maternal). Rasgos que apuntalan la humanización de un muerto viviente que asiste intranquilo a su extenuación por unos motivos que se intuyen, pero se desconocen. Por eso, el retrato de las alucinaciones, los episodios de ‘de déjà vu’, los recuerdos defectuosos y un profético viaje en una atracción del pasaje del terror, van aportando pequeños jeroglíficos en un filme que sabe ocultar hasta el final lo sencillo de su misterio. Aunque tal vez éste sea escollo que se le podría achacar a ‘The Machinist’: la utilización de este fácil recurso de ‘factor sorpresa’ en su última parte (que empieza a ser el cáncer del cine fantástico contemporáneo). En esta historia todo se presupone desde su inicio, llevando al espectador por incógnitas bien encubiertas para consumar las convenientes explicaciones en una conclusión de inocencia disculpable, donde abunda la trascendencia inocente e idealismo sin pretensiones. Además, es de agradecer la ausencia de cualquier sinapismo típico del género, donde solamente esa explicación (que no giro) final se hace necesaria, filtrada perfectamente tras un sólido entramado donde todo se va revelando gradualmente, sin prisas y bien construido, dejando que el espectador vaya descubriendo la trama en un asfixiante viaje a los infiernos de un hombre carcomido por la culpa y el aturdimiento vital. Por tanto, la sorpresa no sirve como coartada, ni supone un instrumento que pretenda descubrir con asombro la clave de la historia.  Es admirable así, que la intención del guionista Scott Alan Kosar haya sido la de explorar una continua sensación de asfixia, esa sensación de sentirse vigilado, perseguido y no conocer sus motivos, en hacer creíble la mortuoria pesadumbre de Trevor. Un aspecto que sublima Brad Anderson con su portentosa capacidad para la imagen, utilizándola para transportar al espectador a una atmósfera claustrofóbica, magníficamente diseñada para proyectar un deficiente estado mental. El diseño de producción destaca especialmente si tenemos en cuenta que ‘The Machinist’ sigue siendo una película realizada con dinero español, que no tiene nada que envidiar a las grandes producciones yanquis. A ello contribuye una espléndida fotografía de Xavier Giménez, premiada en Sitges, y la música de ese genio de la partitura que es Roque Baños, un compositor que ha llevado su talento a unos extremos jamás explorados por ningún músico nacional. Esa importancia de la atmósfera va encontrando su efecto lentamente, sin asfixiar, jugando y formulando con un sentido del miedo que emerge contrapuesto con el resto en un simbólico y memorable viaje a la pesadilla de un hombre que ya no sabe distinguir lo real de lo ficticio, utilizando la imagen y su efecto plástico para imbuir al espectador de la sensación de angustia que provocan las reacciones de ese individuo en perpetuo estado de desconfianza.  Obviamente, en todo este ‘tour de force’ climático, estético y argumental, el poder de la interpretación es el elemento más destacado de ‘The Machinist’, ya que Christian Bale no sólo ha logrado una de las más asombrosas recreaciones físicas de la historia del cine al perder 28 kilos de peso para asemejarse a un desnutrido y esquelético fresador, transfigurado en escalofriante saco de huesos que se pasea por cada una de las escenas de la película, sino que la composición del personaje está fuera de todo calificativo ponderativo, brindando una escalofriante interpretación llena de matices psíquicos, lo que hace que no se entienda que la mejor actuación en muchos años no esté nominada ni a los Goya ni a los Globos de Oro (algo que ratifica la imbecilidad y partidismo de estos premios). Y Anderson tiene que ver en este logro como director, ya que Jennifer Jason Leigh y Aitana Sánchez-Gijón, pese a sus breves papeles, consiguen darle una excelente réplica a la cadavérica presencia de un admirable Bale. ‘The Machinist’ se destapa así como film de terror obsesivo, un drama en el fondo, que hace pensar que Brad Anderson está en camino de ser un maestro en ciernes dado su manejo de un suspense tan íntegro como despiadado, exento de la intencionalidad comercial de los grandes estudios, demostrando su erudición a la hora de no caer en lo fácil y saber prolongar la tensión durante mucho más tiempo sin caer en el formulismo. Una consistente historia de culpas y penitencias, adecuadamente encubierta entre su aparente aspecto de película de género fantástico, pero en realidad concedida con un plausible realismo de frialdad y causticidad turbadores. Miguel Á. Refoyo © 2004
|
|
Aquí os dejo una entrevista de uno de los talentos más prodigiosos que he tenido la suerte de conocer en mi vida. Uno de mis grandes y mejores amigos, un gran creador, una de las grandes personas que hay en este mundo y de uno de esos genios que pocas veces tienes la oportunidad de encontrarte en esta vida. Una charla que tuvo lugar en agosto de este mismo año en la que uno de mis mejores y más queridos amigos nos ofrece una lección de humildad y maestría, catequizando y aleccionando desde el conocimiento de un currante de la creatividad. ENTREVISTA MIKEL ALVARIÑO, co-guionista de 'The Birthday' “Estoy muy satisfecho porque hemos hecho una película honesta” El joven guionista estrenará en la Sección Oficial del próximo Festival de Sitges ‘The Birthday’, su primer largometraje como escritor cinematográfico. Muchos son los guionistas que intentan que sus trabajos se lleven a la gran pantalla. Muy pocos lo consiguen. Mikel Alvariño (1975), vasco de nacimiento pero salmantino de adopción, ha convertido ése sueño en realidad con ‘The Birthday’, un largometraje que ha escrito junto al director de la cinta, la joven promesa del cine patrio Eugenio Mira. Una película que, mezclando ‘thriller’, terror, comedia negra y drama, promete ser uno de los éxitos más rutilantes de la próxima temporada en lo que a cine español se refiere. Alvariño ha trabajado en series televisivas de éxito como ‘Médico de familia’ y ‘Ciudad Sur’, en algún concurso emitido a nivel nacional y ha dirigido el cortometraje ‘Ruido’. Un hombre cercano y accesible, pero a la vez un fascinante creador de universos que creció al amparo del cine de la década de los 80. Un trascendental período que ha marcado profundamente a toda una generación y que tendrá su ofrenda en una de las películas más esperadas del año dentro de la apática situación de nuestro cine. .- Empecemos con una pregunta tópica pero ineludible ¿Cuándo empezaste a escribir guiones? A los 18 años escribí mi primer guión de largometraje, sin tener mucha idea de cómo se hacía y dejándome llevar por el instinto. Pero yo no pretendía ser guionista. Lo escribía porque necesitaba contar una historia en forma de película. Era algo visceral que surgió de mi pasión romántica y enfermiza por el cine. .- ¿Recuerdas cuál fue la primera vez en que sentiste que necesitabas contar una historia? Siempre me ha gustado escribir. Escribí muchos cuentos durante mi infancia, teniendo una necesidad de contar historias pasadas por el filtro de la imaginación. Es algo que me ha acompañado desde entonces. También me gustaba mucho contar historias improvisadas con mis hermanos. .- ¿Tenías amigo imaginario? Inventé un monstruo para asustar a mi hermano pequeño, aunque nunca llegamos a hacernos amigos. .- ¿Cuándo decides probar suerte como guionista? El cine ha sido algo que me ha enamorado desde que era niño. No puede decirse que es algo que haya descubierto de repente y me haya seducido. No recuerdo en qué momento ni cuándo, pero en todo momento ha estado ahí. Mucha gente cree que saber de cine es ser como ser una enciclopedia viviente. Luego descubres porqué se hacen las películas de una forma u otra, los mecanismos que la componen y si quieres dedicarte a ello tienes que aprenderlo poco a poco. Creo que el punto clave está en el rodaje de ‘1492’, de Ridley Scott, donde trabajé de extra y me di cuenta dentro del rodaje que yo quería hacer algo dentro de este mundo. No sabía exactamente qué, pero por mi vocación de contar historias supuse que lo mejor era ser director. Como entonces aquí no había Comunicación Audiovisual, elegí Físicas porque mis padres querían que tuviese una carrera, pero se dieron cuenta de que iba a estar unos cuantos años haciendo una carrera cuando podía hacer algo en lo que iba a darlo todo para volcarme en ello. Y me fui a Madrid, sin ninguna duda ni ningún conflicto. De hecho ahora, cuando lo pienso, me da vértigo cómo han ido las cosas y cómo podían haber ido.  .- Y en Madrid ¿Qué es lo que haces? ¿Cuál es tu primer trabajo? Estudié cine, pero en la rama de dirección. Lo que aprendí de guión lo he aprendido por mí mismo; escribiendo, trabajando, contrastando, basando todo en la autocrítica y muchas tertulias. Y con todo eso sacas conclusiones. Hice mi primer corto ‘Ruido’ y quedé lo bastante satisfecho como para saber que quería dedicarme a esto. Junto a Eugenio Mira y Javier Asenjo empezamos a mover un guión que estuvo circulando por muchas productoras hasta que una se interesó. Pero no acabó de cuajar, como suele pasar tantas veces en el mundo del cine. Como no pasaba nada con aquel proyecto, decidí que tenía que buscarme un trabajo remunerado para poder subsistir. Hice una prueba para ‘Médico de familia’ y me seleccionaron. Pero nunca me había planteado ser guionista de televisión, como un medio de vida. En ‘Médico de familia’ lo que aprendí es que no existe la autoría dentro del mundo televisivo. Es decir, que los guionistas no hacen unas cosas mejores que otras. No puedes ser mejor de lo que te piden. Ni peor. Lo que tienes que hacer es adaptarte. La parte creativa está disminuida y, al estar todo tan medido, aprendes a sintetizar al máximo lo que cuentas. Luego llegaron otros trabajos que me sirvieron para curtirme. .- ¿Cuál es la diferencia en la escritura de guiones en estos dos medios? En el cine tienes toda la libertad del mundo a la hora de escribir. Otra cosa es que llegues a ver realizado tu proyecto. En televisión te tienes que adaptar a las normas argumentales y narrativas que te dicten en la productora para la que trabajes. .- ¿Qué es ‘The Birthday’? Es mi primer guión de largometraje co-escrito con Eugenio Mira que se ha llevado al cine. Y la realización de uno de mis sueños. Es una película que se desarrolla en los 80, situada en Estados Unidos y que es honesta con el cine que marcó nuestra infancia y adolescencia. Es especial por muchas razones. Transcurre en tiempo real, en otro país, en otra época, dentro de un hotel, sigue todo el tiempo al protagonista, y mezcla muchos géneros. El objetivo de esto es que cuando la vean en USA no noten nada raro. A pesar de que el cine español tiene una política y unos cánones propios, nos planteamos hacer algo diferente porque hemos intentado que parezca en todo momento un filme americano, cuando es español. ‘The Birthday’ empieza como una comedia romántica que se va haciendo incómoda a través de una serie de eventos cruciales que llevarán al protagonista a una situación límite en la que tendrá que tomar las decisiones más importantes de su vida. Todo en menos de dos horas.  .- Como has dicho, la película es un homenaje al cine comercial de los 80 ¿Por qué quisisteis evocar esta etapa cinematográfica? Hay una serie de películas determinantes y comunes a una generación que vivió de forma intensa el cine en aquella época. Cuando tienes conversaciones nostálgicas siempre hay referentes muy arraigados a un tipo de cine que todos disfrutamos por aquel entonces. Títulos como ‘Gremlins’, ‘Los Goonies’, la saga de ‘Indiana Jones’, la de ‘Regreso al futuro’, ‘Cazafantasmas’ y muchas otras. Entonces si tienes la oportunidad de hacer una película, procuras ser lo más honesto posible con todo esto. Nosotros hemos tenido la suerte de poder llevarlo a cabo. Y por esta razón estamos muy satisfechos. .- ¿Cómo llegas a conocer a Eugenio Mira? Le conocí cuando estudié cine y nos hicimos amigos en seguida. Desde entonces hemos trabajados en muchos proyectos conjuntos y ‘The Birthday’ es el cúlmen de todos estos años de trabajo. .- ¿Qué método seguisteis para llegar al guión definitivo? Hay muchas formas de trabajar. Todo partió de la oportunidad que tuvimos de escribir un guión que podíamos vender. Con unas pautas muy concretas que nos marcamos (rodar en decorados, en inglés, toda la acción en un solo espacio) nos pusimos a trabajar. La historia surgió en una tarde y escribimos un tratamiento que es lo que tuvimos como referente durante mucho tiempo. Cuando Eugenio rueda su cortometraje ‘Fade’, tiene la oportunidad de afrontar su primer largo, que entonces era ‘The Answer’, un proyecto que se frustró, por lo que rescatamos ‘The Birthday’ para convertirlo en un guión. Solemos trabajar hablando mucho, leyendo lo que escribimos, discutiendo y contrastando lo que vamos haciendo. En el momento de escribir lo hacemos con dos ordenadores en la misma habitación, haciendo lecturas con el estilo y coletillas típicas del doblaje, porque como se iba a rodar en inglés, teníamos la mentalidad de escribirla como si ya fuera una traducción. Frases como “Déjalo ya, ¿quieres?” o “Bueno, ya sabes…”. Nadie las dice en castellano, pero para doblar se ven obligados a usarlas. Curioso. .- ‘The Birthday’ es una película que transcurre en tiempo real ¿Fue difícil ajustar la escritura a este difícil objetivo? ¿Tomasteis alguna referencia especial? En un primer borrador del guión teníamos unas 400 páginas y lo fuimos reduciendo y tratando, porque al ser en tiempo real el desarrollo de la acción llegó hasta la obsesión de cubrir todas las capas de visión. En cierta medida escribimos un guión muy técnico. Trabajar con el director sobre el guión facilitó mucho todo el trabajo. La cinta es la evolución de una fiesta, así que podemos apreciar el desarrollo de cada personaje, por pequeño que sea y controlar mucho los tiempos muertos del protagonista. Pero sí que hubo que eliminar cosas por una cuestión logística. Es difícil plantear una película de este tipo en que sigues minuto a minuto al personaje principal. Películas de referencia: por ejemplo, ‘La Soga’ de Alfred Hitchcock, ‘Solo ante el peligro’, de Fred Zinnemann , 'A la hora señalada’, de John Badham. La serie de TV. ‘24’ salió después, pero va por ése camino, aunque en nuestra película nosotros seguimos todo el tiempo al protagonista. .- ¿Cómo fue el rodaje? Como en todos los rodajes se pasa muy bien, pero también hay momentos de tensión. En ‘The Birthday’ hemos tenido una situación privilegiada porque gran parte de los puestos importantes del equipo estaba formado por un grupo de amigos de hace tiempo y habíamos trabajado alguna vez juntos. Por eso todos, en nuestro terreno, hemos hecho la película que queríamos hacer. Desde el guión, hasta Eugenio en la dirección, Unax Mendía en la fotografía, David Acereto en la cámara y mis hermanos, Javier (junto a Daniel Izar) en la dirección artística y Jorge en la foto fija. Así que hubo un ambiente muy familiar. .- ¿Cómo fue el trabajo con un icono generacional como es Corey Feldman? Todo viene de un proyecto anterior llamado ‘The Welcoming Committee’, en el que teníamos en mente su participación. El espíritu de aquél era también hacer un sincero homenaje al cine de los 80 y recuperamos la idea para ‘The Birthday’, aunque ésta sí transcurre en aquélla década. Que Corey Feldman aceptara participar fue una sorpresa, porque el presupuesto de la película es bastante ajustado. Que él esté en ella nos alegró enormemente. Como uno de los máximos iconos de los 80, era perfecto como protagonista. Es un gran actor que muchos pensábamos que estaba retirado y que en ‘The Birthday’ demostrará que está en plena forma. .- ¿Y quién más protagoniza ‘The Birthday’? Pues además de Feldman, que interpreta Norman, un joven perdedor que evoluciona y se supera, podremos ver a Erica Prior, una joven promesa del cine internacional que trabajó con Paco Plaza en ‘Second Name’ y que da vida a Alison, novia de Norman y típica reina del baile de fin de curso. Los dos protagonistas son estereotipos del cine de esa época en una situación en la que nunca se les había puesto antes. También está Jack Taylor, que es un maravilloso actor veterano y de culto gracias a sus trabajos con Jess Franco y Roman Polanski. .- Ya has visto la película acabada ¿Cuál fue tu primera impresión al verla? ¿En qué fase de la postproducción se encuentra? La película está en postproducción de sonido. Falta grabar la música con la orquesta que ha compuesto el propio Eugenio Mira y luego hacer las mezclas. Pude ver la película acabada con sonido directo. Es difícil asimilarla con distancia, ya que todo te recuerda algo. Pero estoy contento, porque a pesar de estar muy involucrado me he dejado llevar y lo he pasado francamente bien viendo ‘The Birthday’. Es muy entretenida y espero que a la gente le guste. Eso sí, hasta que no se estrene no podemos saber cómo funcionará. .- ¿Cuándo la podrá disfrutar el público? Su estreno internacional será en la Sección Oficial del Festival Internacional de Cine de Cataluña, en Sitges, a finales de noviembre. Su estreno en España está previsto para principios de 2005. .- ¿Cómo ves el actual cine español? Lo veo bastante mal, porque que es un hecho que aunque la gente vaya al cine a ver películas españolas, sigue asistiendo en masa a ver cine americano, que se reparte la mayoría de las salas. Es muy triste, pero, en parte, esto está causado por la calidad de las películas que se hacen en este país. Desde luego que se hacen buenas películas, pero en la mayor parte de los casos no es así. Si a eso, añadimos los famosos ‘pakcs’ de las ‘majors’ en los cuales por cada película americana buena te venden doce mala, la cosa no pinta muy bien. Yo lo que creo de verdad es que en el cine español lo que hace falta es ser un poco más ambiciosos en sus propuestas y su temática. .- ¿Y el panorama cinematográfico en Salamanca? Además de aquellos que tienen un lugar de privilegio en el mundo del cine como son Basilio Martín Patino, Antonio Hernández o Chema de la Peña, creo que hay mucho movimiento de gente salmantina que llega a hacer cine, diversificada en muchos campos del medio como guionistas televisivos, integrantes importantes en equipos técnicos de rodaje o gente que está a punto de dar el salto al largo como Rodrigo Cortés. También existen muchos buenos cortometrajistas que están haciendo grandes trabajos y que merecen estar en esta profesión. .- ¿Qué consejo darías a aquellos jóvenes que empiezan a escribir sus primeros guiones? Lo primero es tener muy claro qué es lo que se quiere contar con un guión. Como sugerencias yo diría que hay que saber moverse, utilizar bien los contactos y saber venderse. Hay que tener claro que para vivir de la escritura de guiones, la televisión es la mejor forma para poder vivir con algo de estabilidad. Lo del cine es una aspiración que se puede mantener o no. Eso sí, no hay que rendirse nunca. Cuando dejas leer un guión, hay que olvidarse del orgullo y escuchar atentamente las críticas y opiniones de los demás, y luego valorarlas. No sirve de nada pensar “es que no han entendido el guión”. .- ¿Consideras que son necesarios unos estudios previos para ser guionista? Yo creo que no. Para mí lo fundamental es ver mucho cine. En el cine es donde están las mejores lecciones. Hay que aprenden a fijarse en cómo se construyen las historias. Eso es fundamental. No me parece necesario por tanto pasar por ninguna escuela. Lo que está claro es que en estos cursos se conoce gente y los profesores te pueden enseñar cosas a partir de sus experiencias, pero lo que hay que tener muy claro es que, por muchos cursos que se hagan, lo que vale finalmente es lo que hace uno mismo. .- ¿Cuáles son tus próximos proyectos? Después de haber estado tan sometido a la escritura cinematográfica, creo que ha llegado el momento de dirigir mi propia historia que, si todo sale bien, dirija un cortometraje en 35 mm. titulado ‘Palabras de Amor’ o más posiblemente otro cortometraje antes en 16 mm con el título de 'Corrientes Circulares'. De todos modos, estoy esperando al estreno de ‘The Birthday’ para ver las consecuencias tiene sobre mí. Pero aún así, ya estoy hablando con Eugenio Mira para empezar a escribir un nuevo largometraje.
|
domingo, diciembre 19, 2004
La Cultura Basura se caracteriza por posibilitar la recolección de lo que otros desahucian y convertirlo en objeto de culto, en disfrutar de su índole de condenación cultural y proponiendo una nueva vertiente de libertad. Esto es lo que rige esta denostada primera película de los creadores de la soberbia serie de culto ‘South Park’. Siguiendo el espíritu de ésta (basada en la incorrección política, el cinismo y la crítica contra la hipocresía social que nos rodea) Trey Parker incidió en su posicionamiento liberador de todo tipo de complejos, otorgando con ‘Orgazmo’ un manual de irreverencia, de polémica y de la mala hostia en un sincero y emotivo homenaje no sólo a la serie B (con las peleas de ‘kung-fu’ mal coreografiadas intencionalmente y la estructura de cómic que lleva inmersa), sino que es una película impregnada de un estilo ‘casposo’ en pretendida ofrenda a la serie Z (todo el nostálgico porno – Ron Jeremy incluido-, esencia Ed Wood por cada plano...). ‘Orgazmo’ juega con la insolencia, cebándose con la falsedad de la religión, el racismo (ése camarero chino ‘rapero’ –orientales y afroamericanos en uno sólo-), el reaccionarismo y la hipocresía del puritanismo que se ha instalado en la Meca del Cine y la falsa moral (o doble moral, se podría decir), Trey Parker (junto a su compinche inseparable Matt Stone, que tiene aquí un papel inolvidable), como el más aclamado John Waters, realiza con una evidente carestía de medios un cómic burlón que cuenta las peripecias de Joe Young, un inocente siervo mormón que evangeliza en Los Ángeles mientras espera reunir el dinero suficiente para casarse con su ‘estrecha’ novia de siempre, hasta que un buen día se convierte en la estrella más aclamada del cine porno: el Capitán Orgazmo. La agilidad de esta pequeña comedia es la gran virtud de Parker, que logra con ingenio y golpes de humor corrosivo darle cuerpo a una película en principio un tanto vacua. Por ello, las aventuras de Orgazmo y Choda Boy (excelente Dian Bachar) contribuyen a dar un cine de entretenimiento ‘trash’ que mira en el espejo del ‘cine basura’ con respeto, sentando una ruptura con lo establecido, con la moda, aproximándose con acierto al antidogmatismo del mensaje y descuartizar, de paso, la intransigencia de las gazmoñas almas sensibles.  Momentos impagables como el descubrimiento del verdadero Orgazmatator, la retahíla de pollas falsas, el inimitable Sancho, el sublime ‘happy end’ y la aparición estelar de Chasey Lain (la mejor e impresionante ‘porno star’ de entonces) configuran esta película de culto destinada a ser el festín ineludible de todo ‘gorehound’, ‘porno adicto’ y amante de películas de serie B. Una concesión gamberra que Parker ofrece a los que cómo él aman de verdad el cine, por muy ‘trash’, ‘explotaition movie’ o underground que sea. Y es que como dijo el maestro Waters “hay que tener muy buen gusto para saber apreciar el mal gusto”.
|
sábado, diciembre 18, 2004
|
Lejos de estar en las descomunales cifras de la 'Superbowl' en los USA, Televisión Española ya ha contratado los anuncios que se emitirán -simultáneamente por La Primera y por La 2, antes y después de las campanadas que dan la bienvenida al año 2005 (sí, por el culo te la hinco). Pues bien, a diferencia de otros años, la compañía que ha contratado el último spot de 2004 -el más caro, que se paga a 7.800 euros por segundo, con una duración mínima de 20- ha pedido a la cadena pública que mantenga su identidad en secreto. Como si nos importara mucho. Imaginaos en Nochevieja, en familia, deseando que todo termine para irte de fiesta con los amigos, con las uvas de la mano, esperando atentamente a ver qué empresa ha sido la elegida para ser el último spot de este año. Imaginad a todos haciendo apuestas (que si Rolex, que si Renault, que si Iberia...). Me parece ridículo ¿Qué incógnita quieren mantener? ¿Acaso ése halo de misterio nos hace despertar algo de curiosidad? Madre de familia: ¡Ahí, qué emoción, ha llegado el momento! Hijo: ¿El de las uvas?. Padre: Carlitos ¿qué estás diciendo? ¡Ha llegado el momento del 'último anuncio del año'! En cualquier caso, sabemos que el penúltimo será el de Iberdrola, que abonará a la cadena gran parte del sueldo del Gran Wyoming con los 6.100 euros por segundo, por detrás de Coca-Cola, que soltará 5.150 euros. Después de la retransmisión de las campanadas desde la Puerta del Sol, a la que este año vuelven Ramón García y Ana García Obregón (sic), se anunciará, como va a venir siendo habitual dando la coña hasta la extenuación, el proyecto olímpico de Madrid 2012 (que pagará 5.800 euros de todos los madrileños), un spot realizado por Mediapro al que seguirán una promoción contratada por el Gobierno vasco (3.500 euros que pagarán todos los vascos de su bolsillo) y el banco ING (con 2.000 euros). Lo apasionante de todo sería lo siguiente: Recuperando el tema de la 'Superbowl' ¿No digáis que no sería impagable ver a Ramón García en plan Justin Timberlake arrándole un cazo de remaches a la Obregón y que le dejara una teta deforme al aire como hiciera el cantante con Janet Jackson? Imagino que más de un español moriría atragantado por lo desagradable y 'freak' de la situación. Aún si esto no sucediera (que es lo más probable), todos a gritarles a la bióloga y al paleto de la capa: ¡¡POR EL CULO TE LA HINCO!!
|
|
Frases como “cada vez llega más pronto”, “la Navidad es un invento de las grandes superficies”, “odio estas putas fechas”, “papá ¿compramos un jamón?” y “estoy deseando que pasen las fiestas de una vez” forman parte de una tradición inquebrantable que todos tenemos que pasar, queramos o no, entre el primer fin de semana de diciembre y el día de Reyes de enero, más o menos. La Navidad se caracteriza por ser un acontecimiento que sirve de excusa para todo; para salir de fiesta, para emborracharse, para tirarle los trastos a la compañera de trabajo, para proponerse sin éxito ser mejor persona, para cenar en familia, para aburrirse, para sonreír sin ganas, para comer de todo sin control. Durante varios días de fiesta, alternamos todo cenas y comidas con compañeros del curro, con amigos y familiares, nochebuena con Navidad, nochevieja con Año Nuevo, comida de la empresa, cena de antiguos compañeros. Fiestas arraigadas a las guirnaldas, al muérdago, a las luces de colores, a lo belenes, a un pequeño pino talado violentamente, a la predisposición a los buenos sentimientos convertidos a la mínima en mala hostia. Eso es la Navidad. No pretendo desnaturalizar la Navidad, ni arremeter contra una serie de ritos que poco o nada importa lo que a mí me parezca. Para eso está esa canción tan desmadradamente cierta de los Soziedad Alkoholica referente a esta cuestión. No voy a caer en el error de posicionarme en una actitud desmitificadora que enuncie una imprecisión disfrazada de individualismo, de puro egoísmo, del “no me gusta la Navidad porque es una mierda”. Es más, hasta puedo preconizar estas fiestas, aunque sea por la estética, por la citada preferencia a la algarabía, a las ridículas cestas con embutido del barato, champán sin marca y turrón del duro, a los Niños de San Ildefonso cantando la pedrea y el gordo el día 22. Por ver ‘Plácido’ y ‘Qué bello es vivir’ en una sola sesión. Parece que celebrar la Navidad se ha convertido en una actividad infamada y apática. Así que debo ser de los pocos gilipollas a los que les gusta la Navidad. En otras palabras: los que no saben tomar parte del rito se confortan atacándolo. Ante la imposibilidad de optar por un enfoque personal apacible, eligen por refutar a los que nos gusta la Navidad.  Eso sí, cuando hay que celebrarlas, que te regalen cosas y apreciar el ambientecillo resplandoroso de las calles iluminadas, de salir de fiesta hasta altas horas, todos se apuntan. Todo el mundo sale, se emborracha e intenta pasarlo bien. El concepto de Navidad está más allá de la parafernalia consumista. Y es que la confusión atávica ante el inexorable ciclo vital, del invierno y del verano (con las vacaciones familiares –la otra gran diatriba del español moderno-), ha creado celebraciones de solsticios para todos los gustos. Lo divertido de todo es ser cínico, socarrón y disfrutar de todo con divertimento. La Navidad es la época ideal para reírse con más fuerza de aquellos a los que no le gustan. Algo así, como el mensaje de esa más que interesante película de Terry Zwigoff que es 'Bad Santa', donde un Santa Claus borracho, pendenciero, ladrón e hijoputa encuentra el espíritu de las Pascuas en un niño 'loser' gordo, medio imbécil cuyo máximo deseo es tener un jodido elefante violeta como regalo. O a una joven ninfómana que disfruta del sexo navideño si Santa lleva el gorro de la borla roja por un complejo infantil. La Navidad es cojonuda, amigos. Y quien diga lo contrario es que no sabe disfrutar de las cosas buenas de la vida. Próximamente, el cercano 25 de diciembre postearé un extenso e inolvidable dossier sobre la Navidad en el cine. Desde diversas perspectivas. De cómo el cine, es decir, la vida, la ficción de la realidad, observa una tradición universal y ancestral. Yo, por mi parte, he decorado este ‘Mundo desde el Abismo’ para la ocasión, dándole así una absurda pero vistosa pátina navideña. Incluso he colgado una ridícula instantánea de ese ‘otro yo’ que escribe en la red con un simpático gorrito de Papá Noél, o Santa Claus, o Kris Kringle, o San Nicolás… Da lo mismo. Otra cuestión a debatir sería si las efigies mágicas de nuestra Navidad española han dejado dilapidarse por imágenes anglosajonas, los Reyes Magos dilapidados por Santa Claus. Pero ya no me queda más que decir: FELIZ NAVIDAD a todos y a ser felices como podáis. Por lo menos, en estas fechas… tan ‘señaladas’.
|
viernes, diciembre 17, 2004
|
La película X más grande de todos los tiempos sigue vigente a lo largo del tiempo Gerard Damiano consiguió una admirable gesta tan reivindicativa como genérica para el X, género desvirtuado con el paso de los años. Es un hecho fehaciente que el cine porno goza en la actualidad de una divulgación que hace algunas décadas no tenía. Cierto es que, allá durante principios de los 80, con la aparición del soporte electromagnético (es decir, el vídeo), muchos de los clásicos del género se prodigaron con profusión en muchas de las numerosas cintas que durante la época se multiplicaban. Hoy en día, el DVD primero y, sobre todo, las bandas anchas de internet, permiten un escandaloso flujo de porno que se ha multiplicado en un elevadísimo porcentaje en la última década. Pero si tenemos que remitirnos al clasicismo de este X, del cine porno, de las maravillosas e insidiosas pasiones que siempre han requerido de nuestra curiosidad para ser descubiertas, la película clásica del X por tradición y convicción, nos tenemos que rendir ante ‘Garganta Profunda’, la joya de la corona de la historia de este tipo de cine tan denostado hipócritamente, la más aplaudida por el erotómano más romántico. Este mítico filme de culto dirigido por Gerard Damiano y protagonizado por la musa de diversas generaciones de onanistas recalcitrantes Linda Lovelace revolucionó a principios de los setenta todo el género, la concepción que se tenía de este tipo de cine y toda su iconografía, cambiando para siempre el género y otorgando al cine pornográfico una aura de magnificencia, de dignidad y creando un mito que permanece vigente a lo largo de los años, inalterable, eterno...  Cuando llegó la era del liberalismo hippie, la Guerra de Vietnam, el amor libre y la reivindicación de la libertad corrían los locos y excesivos años 70. Fue entonces cuando se pasó de proyectarse cortometrajes muy subiditos de tono a realizarse películas en formato de cine, con argumentos más o menos cuidados y con un determinante común: explícitas y cuidadas raciones de sexo. Es entonces cuando se estrena una de las películas más célebres de la historia del cine, ya no marginado al ámbito porno, sino que es uno de los pocos títulos que el público generalizado conoce (al menos porque lo han oído mencionar alguna vez). No se exagera cuando se alaba esta película engrandeciéndola hasta la divinidad, ya que contando con un reducido presupuesto de apenas 250.000 dólares llegara a estrenarse en casi todo el mundo, recaudara en un solo año 6 millones y haya amasado desde entonces una fortuna de más de cien millones de dólares, ahí es nada. Dejando la estética ‘beatnik’ y underground a un lado, Damiano abordó el género dotando sus secuencias con el tono ‘hardcore’ y atrevido que antes no habían conseguido sus congéneres, convirtiéndose así en el que se puede considerar como padre del X moderno. Es cierto que las películas posteriores de Damiano son las que de verdad interesan conocer debido al fondo reflexivo y argumental de la historia, como ‘El diablo y Mr. Jones’ o ‘Historia de Joanna’, historias llenas de angustia y consternación que narraban de un modo magnífico y certero la soledad e incomunicación del ser humano. Puede parecer un análisis artificiezazo, pero lo cierto es que si las películas de Damiano son grandes son, porque como el espíritu que imbuía a ‘Tras la puerta verde’, de los polémicos hermanos Mitchell (habrá que dedicar un estudio blogero a estos dos sediciosos), incluían en sus argumentos una línea dramática progresiva, en el que el sexo explícito siempre estaba a disposición de la trama y no al contrario, que es lo que suele suceder en la mayoría de los sucedáneos de X que aparecen en la actualidad.  Una joya entre la basura ‘Garganta profunda’ es una ágil película que sirvió (y sirve) como sano ataque a la hipocresía que rodea a la siempre melindrosa sociedad americana. Este mítico filme de Damiano es una embestida gamberra y hippie, que pese a que no es ni mucho menos una obra maestra, sí que sirve de reivindicación de lo que representa y es en realidad: el primer porno de la historia del cine en solventar un género que sigue hoy en día en la sombra de la ranciedad más humana, pero que es el hacedora de las posteriores obras que se han ganado un hueco en nuestros corazones. ‘Deep Throat’, su tílulo en inglés, es una película dinámica, ágil, con una estructura de guión que aporta un ritmo ilógico en lo habitual de una película de género, manteniendo esa frescura con la que Damiano rodó, con la presteza con la que Lovelace engulle miembros y un silogismo de lo que debe ser la diversión cinematográfica más políticamente incorrecta. La historia se centra en la vida de Linda, una joven hippie liberal y sexualmente activa que tiene un grave problema que le impide disfrutar a tope de su ninfomanía y de su libertad sexual. Su problema: no alcanza el orgasmo. A pesar de buscar al hombre que la puede hacer gozar del amor libre, la compañera de piso de Linda, otra voluntariosa folladora nata, le anima a que visite al Doctor Young, un trastornado médico que descubre el gran secreto de Linda, que no es otro que el poseer un extraño defecto físico de nacimiento: no tiene el clítoris en la entrepierna, sino que el punto erógeno reside en su faringe, por lo que si quiere alcanzar el éxtasis sexual deberá profundizar en mejorar su ‘garganta profunda’, es decir, experimentar con las felaciones, para lo que el avispado doctor la contrata como enfermera de su clínica.  Resulta inolvidable el torrente de desparpajo que incluyen muchas de sus escenas (acopiadas en su mitad casi todas las secuencias con ‘materia’; como la Coca-Cola tan mítica) sobre todo aquellas en las que la Lovelace consigue sus orgasmos precedidos de fuegos artificiales y campanas celestiales. Lo más reivindicativo y más destacable como valor cinematográfico, que marcará una gesta dentro del cine de género, es la gran labor como director del propio Damiano, ya que conjuga unas bases que se escapan a la imaginación de cualquier depravado que pretende hacer los (casi siempre) patéticos pornos de diversos ámbitos con el despreciable objetivo de prostituir el cine a favor de un propósito económico tan deleznable como espeluznante. Damiano explora un terreno de montaje cargado de dinamismo, de ritmo y de brío, que hace que todas las secuencias que conforman una historia absurda, pero divertida, se encaminen acuciosas hacia un final lleno de color y profanidad, de pura transgresión.  La leyenda Mucho se habló de la financiación de esta obra de culto dentro del Séptimo Arte, aunque sea en una vertiente que es totalmente disfuncional y basurera. Cuenta la leyenda ‘negra’ del filme de Damiano que la película surgió de apaños de blanqueo de dinero con respecto a la mafia más arraigada a la tradición ‘padrinesca’ (los productores fueron Lou Perry, Terry Levene y Phil Parisi) que sufragaron los gastos de ‘Deep Throat’ y negaron el sueldo a Damiano, que acabaría trabajando gratis. Estrenada en marzo de 1972 en un pequeño cine de Times Square con el consabido revuelo social y la inmediata acción de los sectores más conservadores y ñoños de la sociedad norteamericana. Aún así, los jóvenes de los Estados Unidos respondieron a la idea de Damiano y ante la curiosidad y el descubrimiento del género ‘Garganta Profunda’ llegaría a convertirse en una de las películas más vistas de aquel año, 1972, cosecha cinematográfica que dio al cine títulos como ‘El Padrino’, ‘Cabaret’ o ‘El candidato’. En España, dominada siempre por la rusticidad más aplastante y por aquel entonces un fascismo absolutista con tintes nazis, ‘Garganta profunda’ se estrenó pasados ya los 80 y con un éxito fulgurante que le hizo rebasar con creces los 50 millones de pesetas de recaudación (toda una proeza hablando del género del que se habla). ‘Deep Troat’ queda, por tanto, como una de las películas de culto de todos los fastos de este noble arte que es el cine. No sólo por la libertad y tolerancia que lleva implícita entre líneas, sino por la maravillosa y noble labor de utopía artística (adyacente a la admirable idea del arte conceptual y loable del mítico Ed D. Wood Jr.) como es la de creer en lo que se hace y llevarlo hasta el último extremo, sin concesiones a la reprobación o circunscripción. Linda Lovelace, la inolvidable diosa sexual Es una de las musas del cine porno, una de esas mujeres que han marcado con su personalidad una era irrepetible dentro del género. Cansados muchas veces de tanta modelo que nos llevan a imaginar entelequias sexuales totalmente fantasiosas se echa de menos la era de las grandes inspiraciones, las chicas con gancho, arrebatadoras, como las auténticas y reverenciadas Marilyn Chambers, Georgina Spelvin y Terry Jones. De entre todas destaca la ‘X queen’ del momento, la mejor, la más cercana a cualquier humano, pero con la personalidad y carácter suficiente para pasar a la historia como la verdadera autócrata del género. Linda Lovelace era de aquellas chicas que un buen día se autoconfirió la etiqueta de rebelde para, cansada de la estúpida actitud social ante la insostenible situación de un país en ciernes, decidir llevar una vida liberal. Entre progre y cultureta, la Lovelave acudió al casting de Damiano sabiendo lo que hacía, convencida de autosuficiencia y sexualidad, con el sueño de ser actriz metido en la cabeza, esperando que, algún día, un productor de películas ‘serias’ le diera la oportunidad de ofrecer su talento al arte. Pero empezó por el porno. Cierto es que aquella chica de 21 años ya había tenido devaneos con el género, pero también lo era que la chica protagonizó algún que otro corto de marcado corte ‘serie B’. Aunque durante el rodaje de ‘Deep Throat’ la Lovelace muestra una capacidad insuperable para las escenas dramáticas (es un decir, dentro de lo que cabe), la carrera posterior de esta pionera, de esta sencilla mujer de belleza arrebatadora, natural y sin necesidad de recurrir a un maquillaje espectacular para resultar hermosa, nunca fue lo que sus fans generacionales esperaban. Si bien ‘Garganta Profunda’ fue todo un éxito, las dos siguientes películas de ‘ambiente’ no fueron lo que se dice profusas en gloria. Ejemplos de esta vertiente de decadencia fueron títulos como ‘Las confesiones de Linda’, su interesante ‘Linda Lovelace for president’ o la autobiográfica ‘Ordeal’ que llevaría definitivamente a esta mujer al más rotundo fracaso. La Lovelace acabaría desencantada de la vida, descubriendo lo que es en realidad el cine porno, otro método de prostitución que engloba una mafia de dinero e intereses y, paradojas de la vida, acabaría en una asociación ultra-católica en contra del sexo filmado dando una imagen que no queremos recordar. Lo que si es digno de mantener vivo en la memoria colectiva es el descaro y las habilidades que mostró en el clásico que nos ocupa en esta ocasión, ya que el dominio en escenas de salón y su magnificencia a la hora de mamar príapos (su heredera ha sido, hasta hace poco, la inigualable Jeanna Fine) hicieron de ella un mito que se ha engrandado con los años. Por aquella empresa de Damiano cobró tan sólo 1.200 dólares y dejó en el recuerdo una de las mejores sensaciones que se recuerden. Linda Lovelace es un icono, un mito, una reina que siempre permanecerá en el corazón de los aficionados.
|
jueves, diciembre 16, 2004
Nuestro gran amigo Antonio Trashorras "Trashi" en su weblog 'Un toque de azufre', la definía con una certera frase: "Raquel Sánchez-Silva, la tipa con la mirada y la sonrisa más perversas e inteligentes del momento". Y es cierto, esta chica tiene una de los rostros más canallas, atractivos y magnéticos de la televisión. Su sonrisa pícara y cómplice, esa voz medio tomada pero altamente femenina y unos ojos negros de intensidad inacabable son el reclamo para echarle un ojo cada día por las tardes en Canal +. Raquel es como una catódica de flequillo mal recortado, una ninfa fascinante, una mujer a la que todos nos gustaría conocer muy profundamente. Eso sí, el amigo Trashi se quedó a gusto dejando clara su combativa posición ante ese programa, para mí inocuo e intrascendente, como es ‘La hora Wiki’ de la siguiente manera: “es el típico revoltijo escatofágico para jóvenes sin referencias ni criterio, puro estiercol periodístico hecho de entradillas sin gracia ni contenido, reportajes apresurados a cargo de redactores incultos y/o desconocedores de las materias tratadas, y tonillo informal-enrrollado que no hace sino insultar a cualquier posible espectador no oligofrénico”. El caso es que resulta curioso apreciar el abismal cambio de imagen que ha sufrido nuestra heroína desde los tiempos en que presentaba el telediario en TVE y la morbosa hembra de sueños húmedos en la que se ha convertido. La metamorfosis ha sido de lo más vivificante. Raquel Sánchez-Silva es, posiblemente, la chica más insinuante y tentadora de la tele actual.
|
Comentaba el otro día con Daniel "Stratocaster" (a él preferiría que le llamase ‘'Gibson Les Paul', pero no es plan) hablando de música, sobre cuáles creía que habían sido algunos de los revolucionarios de la música y me contaba que uno de esos grupos que marcarán una época trascendental, según este muchachote del norte, eran los Beastie Boys. Y pensándolo bien, tal vez sea verdad, ya que la genialidad de estos ‘freakies’ neoyorquinos revolucionó el mundo de la música cuando se les ocurrió quedarse con el ‘nigga rap’ para samplearle enloquecidas guitarras eléctricas y mezclarlos con diversos ritmos de toda clase y condición sonora. Y es que, como decía Ramón, los Beastie Boys habían recogido en su estilo más de tres décadas de pop, rock, soul, disco, jazz y rap, confluyendo en la acelerada propuesta de estos blancos de Nueva York considerados los mejores y mayores ladrones que hayan existido en mucho tiempo. Incluso en la evolución tecnológica, desde la primera guitarra eléctrica, el primer sintetizador y el primer DJ que inventara el ‘scratch’ puede entrar en el saco este grupo. Siguiendo las pautas marcadas de Lautréamont, los Beastie Boys son a la música lo que Tarantino al cine (esto último es mío, aunque no es muy brillante). Ad Rock, Mike D y MCA, desde su primer LP, ‘License to ill’, pasando por sus grandes y míticos ‘Ill Communications’, ‘Hello Nasty’ o la recopilación ‘The sound of Science’, llegando a su último trabajo ‘To the 5 boroughs’ son el reflejo de una carrera dinamitadora, establecida en la furia rítmica y la alteración con que rapean y zahieren (o vilipendian, como queráis) con sus letras, utilizando como arma imprescindible el Hip Hop, el funky, el jazz y el punk más macarra e irreverente. Creo que mi canción predilecta está en su primer disco, y es el ‘Fight for your right (to party)’, que considero un himno de intenciones que luego han ido puliendo a temazos como ‘Sabotage’, ‘Angli e Olio’ o el ‘Ch-Check it Out’ de su último disco. Tras seguir hablando un ratito de grupos como ‘House of Pain’, ‘Rage’ y acabando por ‘Portishead’, seguimos pidiendo litros de cerveza y disfrutando alegremente de la vida con estas insustanciales temas de (des)interés general mientras mirábamos a una espectacular chica que, sentada en la barra e intencionalmente, dejaba ver su sugerente tanga de color rosa con rallitas balncas. Algún día habrá que tratar en este weblog un post acerca de la función ornamental y las supuestas ventajas de esta minúscula prenda que le ha quitado el puesto a las bragas, una prenda inetrior que hay que reivindicar, por auténticas e inigualables. Esto… ya, sí, también me pregunto si necesito terapia.
|
|
Vientos estelares Es cierta hora de la penumbra crepuscular, casi siempre en otoño, cuando el viento estelar se derrama por las calles altas de la colina, que están desiertas, pero muestran luces tempranas en cómodes habitaciones. Las hojas muertas se precipitan con giros fantásticos, raros y el humo de las chimeneas se arremolina con gracia extraña, siguiendo geometrías del espacio exterior. Mientras, Fomalhaut vigila a través de las nieblas del sur. Esta es la hora en que los poetas lunáticos saben qué hongos brotan en Yuggoth y qué perfumes y matices de flores llenan los continentes de Nithon, tales que no se propagan en los pobres jardines terrestres. Pero por cada sueño que estos vientos nos traen, barren otra docena de los nuestros.
|
miércoles, diciembre 15, 2004
 Cansado: Por cierto, esta mañana, Me he comprado el periódico. Faemino: Joder, estás sorprendente, macho. No hay quien te conozca, tío. Tú no eres de medias tintas. A meterme el periódico... ¡con un par! C: No, he tenido un día intelectual, hoy. No, pero he comprado un periódico de esos de números, de esos de cuentas y tal ¿no? Que entiende cualquiera, que dice dos mas tres cinco, y no hay mas huevos ¿no? F: Bah, eso no tiene... bah. C: Sí, estaba leyendo, venga lee cuentas y números, cuánto cotiza la libra, nosecuanto y tal, y de pronto leo así, en pequeñito, en un de esto, así, un titular pequeñito, y ponía: "SE HA MUERTO EL FARY". F: ¿QUIÉN, EL FARY? Ese insigne y polifacético cantante de tonadilla españoooooooo?! C: ¡¡No hombre, no!! ¡¡El científico!! F: Ah… Que le den por el culo!! Me habías... joder… Me habías asustado, macho! Buah... C: 32 años tenía. F: Bueno, pues ya ha vivido bastante ¿no? C: Iba a pasar un paso de cebra, sin mirar... y lo atropella un coche. ¡¡Será gilipollas!! F: Y seguro que ha sido un Renault 4 ¡¡amarillo y abollao!! ¡Tú no tienes ni dignidad ni vergüenza! C: "No..." - dice - "...es que yo soy licenciao por la Universidad de Berkeley..."… ¡¡Tú eres gilipollas!! F: A ver ¿Para qué te han servio tantos estudios, gilipollas? Míranos a nosotros, sin estudios pero ¡¡VIVOS!! coño. Primero hay que mirar y después cruzar, joder!! C: No, y luego además decía: "Yo cuando me muera no quiero que me entierren, no, no, no, quiero que me incineren y que esparzan mis cenizas por la naturaleza, para hacerme uno con el cosmos..." F: ¡Maaaaricón!
|
|
Cine maldito: las películas que nunca existieron A lo largo de la historia del cine, algunas películas que se empezaron a rodar nunca se estrenaron. Otras, ni siquiera llegaron a comenzarse. He aquí una muestra. En los archivos de los fastos del cine existen películas malditas, superproducciones catastróficas, cintas rodadas que nunca nadie se atrevió a terminar y proyectos que, por una u otra causa, se promocionaron, se preprodujeron y, finalmente, jamás vio su rodaje hecho realidad. Existen dos tipos de películas malditas; aquéllas que tras rodarse e invertir auténticas fortunas (casi siempre con rodajes traumáticos) fueron despreciadas por el público y por la crítica y las películas con guiones definitivos, con un casting ajustado a sus posibilidades y el equipo técnico al completo que no se llegaron a concluir o ni siquiera empezar a filmar. Es un hecho no exento de dramatismo que tiene muchos ejemplos a lo largo de la historia del Séptimo Arte. El más reciente, ‘The Man who killed Don Quixote’, de Terry Gilliam, ambiciosa producción marcada por la fatalidad de un clima torrencial y despiadado, una enfermedad que impidió montar a caballo a Jean Roquefort y la toda la adversidad reflejada en el documental ‘Lost in La Mancha’. Detener una producción siempre es un drama, aunque a veces sea necesario debido a los costes que puedan arruinar una gran productora. ‘La puerta del cielo’, de Michael Cimino, arruinó a la United Artist por su elevado coste. Es un caso ilustrativo de la megalomanía de algunos directores que, hambrientos de épicas aventuras, se embarcan en un viaje sin retorno hacia superproducciones que difícilmente recuperaron su inversión. Paradigmático es el caso de ‘Cleopatra’, de Mankiewicz, que hundió a la Fox durante algunos años y ‘Apocalypse Now’, de Coppola, macabro viaje a los infiernos reales de Joseph Conrad que tienen su funesta extensión tragicoeconómica en ‘Fitzcarraldo’, de Werner Herzog, rodaje donde se tuvieron que sufrir casi los mismos contratiempos y obstáculos para acabar su film que el personaje central de esta epopeya. Por ejemplo, Einsenstein fue despedido por el millonario Upton Sinclair del costoso proyecto ‘Que viva México’, perdiéndose el control sobre el material rodado y utilizado después en un documental tras las acusaciones de Stalin al cineasta de traición y desviacionismo. Un hecho que se repetiría después en ‘El prado de Bejin’, otro proyecto inacabado. ‘Titanic’ de James Cameron, estuvo a punto de deambular por productoras por su elevado coste que tuvo que unir, por primera vez en la historia, a dos grandes ‘majors’ como Paramount y a la Fox para culminarla y ‘Forrest Gump’, de Robert Zemeckis, que se quedó sin capital para la promoción, son otros dos ejemplos.  Posiblemente si alguien en la historia del cine supo la verdadera tragedia que supone interrumpir una película sin finalizarla, ése era Orson Welles, un cineasta de genialidad inalcanzable que nunca supo terminar sus gestas artísticas. Si el cine no hubiera sido industria, la obra de Welles hubiese avanzado límites insospechados. Pero la cruda realidad es que Welles jamás pudo acabar ‘El Quijote’, un ambicioso proyecto que varios años después intentó acabar Jess Franco sin mucha fortuna. ‘It’s all true’, ‘The Deep’ y ‘The other side of the wind’, con John Huston como protagonista, son cintas que Welles comenzó, dándoles forma de celuloide, pero que desgraciadamente nunca vieron la luz. También es célebre el drama epopéyico que vivieron Joseph Von Sternberg como director y Chaplin como productor en ‘La golondrina’, por la negativa del director alemán a darle favoritismos a Edna Purviance o ‘Yo, Claudio’, mitológica producción que cayó en el vació por la meticulosidad de Sternberg y los caprichos de su estrella Charles Laughton. Y es que ni los grandes maestros del cine se han visto librados de este mal que, muy de vez en cuando, dejan a medias el rodaje de una película. Alfred Hitchcock también trató de rodar dos obras que no tuvieron el esperado final feliz. Una, con Audrey Hepburn, sobre una abogada que defiende a su padre acusado de la muerte de una prostituta, donde la protagonista de ‘Desayuno con diamantes’ fue la causante del desastre por negarse a interpretar una secuencia de violación y otra, la más conocida, ‘Kaleidoscope’, un ejercicio de cambio de ‘Hitch’ al más puro estilo Antonioni en ‘Blow up’ arriesgando con secuencias muy subidas de tono que la Universal se negó a seguir produciendo debido a su alto voltaje sexual y violento.  David Lean nunca pudo ver hecho realidad ‘Nostromo’, carísimo proyecto que nadie quiso producir, ‘Los 900 días’ fue el sueño más preciado de Sergio Leone (en su tiempo costaba 70 millones de dólares) que firmó para rodar dos días antes de su muerte. John Ford tampoco pudo comenzar ‘The White company’, adaptación de una novela de Arthur Conan Doyle o ‘The first deadly sin’, la película que dejó preproducida Roman Polanski con De Niro como protagonista antes de que tuviera que escapar de Estados Unidos por violar a una menor. En el caso de ‘Something’s got to give’, George Cukor se quedó contemplando una y otra vez a Marilyn saliendo desnuda del agua porque la gran estrella de Hollywood moriría sin poder consumar su actuación y despedida de la película. Existen también proyectos que se han anunciado a bombo y platillo para, con el paso del tiempo, terminar como sólidos rumores en los que localizaciones, arriendos y demás eventos contractuales quedaron en un amago de comenzar gestas fílmicas inconclusas. Así Verhoeven se quedó sin ‘Las cruzadas’, Stanley Kubrick murió antes de anunciar el rodaje de la película de su vida ‘Napoleón’, el ‘Taj Majal’, de Fritz Lang se fue de presupuesto, el mito de Hergé ‘Tintín’ llevado a imagen por Spielberg no cuajó o la ‘opera prima’ abominada de Tarantino ‘My best friend’s birthday’ son casos de trabajos que, por razones diversas, no fueron estrenadas. Un caso extendido a nuestras lindes con el regateo de Andrés Vicente Gómez y su constante recorte de presupuesto que llevó a Álex de la Iglesia a renegar de su guión ‘Fú Manchú’.  Un somero recorrido por algunos de los casos subrayados con una desgraciada providencia que hizo de su comienzo, desarrollo o finalización, una utopía no realizada. Un cine maldito, inmaterializado e inédito a los ojos del espectador. Un cine perdido como consecuencia de los mecanismos logísticos de un arte que echa en falta muchos de estos proyectos inacabados para engrosar su extensa lista de posibles, quién sabe, grandes obras maestras. Miguel Á. Refoyo © 2004 Lista de películas inacabadas o proyectos frustrados .- ‘Il Gatopardo II’, de Mauro Bolognini. .- ‘Appointment with precedent’, de John Ford. Historia del primer official negro del West Point. .- ‘Don Quijote’, de Howard Hawks. Con Cary Grant y Cantiflas como el hidalgo y Sancho Panza. .- ‘El caballo de Troya’ o ‘Memorias de una geisha’, de Steven Spielberg. .- ‘Cortez’ (con guión de Nicholas Kazan y Williem Dafoe como Cortés) e ‘Irangate’, ambos de Oliver Stone. .- ‘The crimson pirate’, de Sergio Leone. ‘Remake’ del filme de Siodmak con Sean Connery, Roger Moore y Peter Falk. .- ‘Dune II y III’ y ‘Ronny Rocket’, de David Lynch. Ésta última concebida como una mezcla de ‘terror, ciencia ficción, comedia y misterio. Escrita por el director en la época de ‘Cabeza borradora’. .- ‘Marco Polo’, de Christian-Jaque con Alain Delon como protagonista. .- ‘Road Show’, de Martin Ritt con Jack Nicholson y Timothy Hutton. .- ‘Salomón y la reina de Saba’ no se terminó porque Tyrone Power murió en Madrid de un infarto. .- ‘Crisis in the hot zone’, de Ridley Scott que no puedo comenzar porque Jodie Foster le dejó tirado. .- ‘The Big Brass Ring’, de Orson Welles, con Welles y Warren Beatty de protagonistas. .- ‘The day the clown cried’, de Jerry Lewis, que se empezó a rodar y no acabó. .- ‘Instinto básico 2’, con Paul Verhoeven/David Cronenberg como directores en sendos intentos en los que iba a repetir Sharon Stone. Y seguro que más que vosotros aportaréis a este reportaje que me han pedido que escriba para un suplemento de cultura.
|
|
No sé por qué razón, pero cada día más, 'Nosferatu' está en mi cabeza, como un referente inevitable, como un pensamiento que acude a mí intentando decirme algo. Ya lo fue durante la planificación de 'El límite', de su concepción visual. El film de Friedrich Wilhelm Murnau es una de las obras maestras del cine, del expresionismo alemán, y probablemente de las que marcarían la obra posterior de este genio germánico que tanto ha dejado como legado a la tradición terrorífica dentro del cine. Impregnada en una luz surreal inquietante y mortecina, la historia describe un tema realista pero lejano, fabulesco... Como narraría después en ‘Amanecer’. 'Nosferatu' tiene como sentido único expresar de forma genuina la lucha de una pareja por conquistar la plenitud amorosa, su lenta ascensión a la luz, desde la oscuridad dialéctica que determina la carrera de Murnau. Siempre se ha hablado de este filme como una obra trascendental del género fantaterrorífico, contribuyendo a ello y en gran parte, la utilización de planos con pelicula en negativo y el acelerado de la imagen. ‘Nosferatu’ influyó ya no sólo en el trabajo ulterior del cineasta, si no en el cine europeo y en la Historia del Séptimo Arte. Lo grande de todo, es que se ha convertido en una película que no ha perdido fuerza, ni un solo ápice de encanto, permaneciendo hoy día como uno de los clásicos del cine fantástico y en su concepción cinematográfica global.  Adaptado por Henrik Galeen, según la obra de Bram Stoker ‘Drácula’, en ‘Nosferatu’ la historia vampírica, en todo el sentido coneptual y ragumental, experimenta un giro radical pero (y ahí radica la maestría de esta narración ejemplar) manteniendo el espíritu de Stoker. Murnau inviste a la imagen con el poder de horrorizar, no por los artificios escénicos y ligeramente sofísticos de ‘El gabinete del Dr. Caligari’, de Robert Wiene, sino por el realismo de lo inenarrable. la cinta de Murnau es una ofrenda a la poesía del horror con una sorprendente simplicidad de medios. En el Murnau posterior de ‘Fantomas’ y ‘El último’, los efectos especiales toman más protagonismo, los movimientos de cámara tradujeron las visiones en el mundo real, todo ello extraído del espíritu de ‘Nosferatu’. Al igual que en ‘Tabú’ está marcada por la limpidez de su escritura, por las capas más oscuras de las viejas obsesiones del hombre romántico. Derivada de esa fuente cultural se podrá apreciar más tarde a esta película como precursora de un género inalterable y genuino. Muerto al final del cine mudo, Murnau permanece como uno de los primeros autores más grandes de la historia del cine, tanto por lo que presagiaba como por una obra ejemplar. En las imágenes de 'Nosferatu', acumulando ataúdes en un coche fúnebre, la procesión mortuoria en la ciudad, la epidemia de ratas o la muerte del vampiro enamorado llevándose su mano al corazón se vierten cristalinas en la retina de todos los que han disfrutado de un clásico que, como la mayoría de las obras inmortales, posee una vigencia que lo mantiene actual a pesar de las décadas transcurridas desde su estreno comercial.
|
martes, diciembre 14, 2004
|
Pues aunque no os lo parezca, aquí tenemos a Maggie O’Connell. A muchos les sonará el nombre del personaje o el rostro del 94 de la actriz porque evocarán con emoción ‘ Northern Exposure’ (o como tuvieron a bien llamarla aquí ‘Doctor en Alaska’), aquella serie que aún perdura en nuestra memoria colectiva como una experiencia irrepetible. No sé a vosotros, pero mis recuerdos me hacen acudir constantemente a Cicely, un pequeño pueblo perdido cerca de Alaska para no postergar jamás la presencia de sus personajes, sus vecinos, convertidos por su trascendencia en mi vida en personas a las que quise y admiré como a mucha gente que realmente conozco. Algún día explicaré en estas páginas virtuales la importancia que tuvo Chris Stevens en mi forma de pensar y de ser. Pero a lo que vamos, cuando he visto el rostro angelical de Janine Turner totalmente transformado en una década de decadencia (como apuntaron los ‘Mötley Crue’), no he visto a Janine, si no a algo cercano a un cruce entre Tamara y Carmen de Mairena. La visión me ha provocado, además de un ligero susto, un sentimiento de incomprensión, repulsión y estupor. ¿Qué es lo que ha pasado para que una las actrices más hermosas, dulces y preciosas que han pasado por la televisión se haya deformado de tal manera? Puedo comprender que la carrera de todos y cada uno de los intérpretes de ‘Doctor en Alaska’ se haya visto avocada hacia los alimenticios telefilmes baratos e infectos que no vemos ni siquiera en la sobremesa de Antena 3. Puede ser que ni los tótems Wynorsky u Olen Ray se hayan acordado de la personalidad femenina de O’Connell, de su mirada sosegada, de sus rasgos exóticos, de su pelo andrógino a lo ‘garçon’ o de aquel lunar en el lateral de su sien izquierdo que tanta sensualidad despertaba. Puede que tras 'Cliffhanger', de Renny Harlin, la bella Turner se diera a las drogas o a la mala vida. Todo es posible. No he lo investigado, ni quiero hacerlo. Pero verla ahora, así con esa cara de plástico y esos bezos siliconados, ha dinamitado cualquier visión de deseo que pudiera quedar como resquicio de aquella heroína que pilotaba y que ejercía de alcaldesa de nuestros amigos ‘cicelyanos’. Una verdadera lástima, amigos. Para paliar este trago, apunto como deber navideño añadir a mi agenda un reportajillo homenaje, siempre nostálgico y analítico, a aquel monumento catódico al que tanto echo de menos. Eso sí, cuando escriba de la serie creada por Josh Brand y John Falsey que empezaba con un arce entrando en el Jocelyn Pook bajo las notas de David Schwartz, recordaré los rostros y los caracteres que todos guardamos con tanto cariño.
|
lunes, diciembre 13, 2004
|
Ayer hablaba con Jorge ‘Smoke’ de una de nuestras películas favoritas, ‘El club de la lucha’, del gran visionario moderno que es David Fincher. Tras estar varios minutos con loas de todo tipo y lisonjeando el trabajo del director de ‘The Game’, entre ambos empezamos a sacar conclusiones de todo tipo acerca de esta obra de culto. Más allá de departir sobre el materialismo que nos condena en esta época de consumismo, nos tiraniza y ello sirviera de excusa a Chuck Palahniuk para revelar nuestra personalidad más profunda, para utilizar nuestra libertad personal y colectiva (algo manifiesto en el filme) y para negar una sociedad que nos maneja y nos putea, desglosamos también un filón que yo había pensado sutilmente, pero no había concluido en la manera en que lo hicimos ayer. Gran parte del misterio de esta obra maestra de nuevo cuño está en una posibilidad abierta de cómo a pesar de ser una historia formalmente y narrativamente heterosexual, la historia de Jack y/o Tyler Durden incorpora a su ambivalente filosofía y a su turbulenta iconografía algunos elementos que algún tipo de subcultura gay. Veamos, el tema está en que Edward Norton y su ‘otro yo’ Brad Pitt, luchan junto a otros hombres medios desnudos en sótanos urbanos. También es cierto que el club, a modo de regla social, es “sólo para hombres”, donde sacan al exterior la violencia que les ahoga, que surge de un trabajo sumiso, aburrido, de burócratas frustrados y yuppies sin éxito o, en el reverso, pobres tipos que carecen de personalidad o que no han encontrado solución a sus problemas en los grupos de autoayuda. Todos ellos rezuman masculinidad y encuentran la libertad catártica a través de la lucha cuerpo a cuerpo. Para Jack/Durden la violencia y el placer se manifiestan estrechamente unidos incluso entre estos hombres que parecen querer reafirmar su hombría y su atavismo en un perímetro mucho más sucio e inmundo que los más convencionales gimnasios para ejecutivos.  Fue entonces cuando surgió la figura del necesario filósofo Michel Foucault, del cual se ha comentado en algún artículo que escribió sobre experiencias en clubes de sadomasoquismo de San Francisco. Para Foucault, el descubrimiento del placer a través de las relaciones de poder y dolor físico supuso una importante revelación sobre la que no pudo resistirse a escribir, a pesar de no hablar demasiado sobre su homosexualidad. Comenzó así una apasionante charla sobre gente como Gayle Rubin, Jeffrey Weeks o Leo Versan, escritores que teorizaron acerca de los desafíos teóricos planteados por Focault a raíz de sus viajes sexuales a las oscuras subculturas del cuero en garitos de mala muerte. Algo que, a buen seguro inspiró a Palahniuk para escribir su novela. La idea del sadomasoquismo como un circo de las relaciones de poder existentes en la sociedad moderna puede resultar algo simple, pero sin duda gran parte de la fascinación, el temor y aversión que produce el sadomasoquismo tiene su origen en esa puesta en evidencia a través de una visión arcana de las relaciones humanas, donde todas ellas encuentran un toque de erotismo presidido por la dominación, el control, el intercambio de roles, el castigo y la humillación.  No concluimos que la cinta de Fincher fuera subversivamente gay (nada extraña si aludimos a la condición sexual de Palakniuk), si no que nos hicimos, con muchas neuronas de menos, algunas preguntas como: ¿Y si ‘El club de la lucha’ no es una disyuntiva a muchas preguntas que debería hacerse el ser humano, es una respuesta a las inmundicias que rodean a nuestra cultura popular, sino que es un manifiesto que aboga por el sadomasoquismo como vía de escape, como sometimiento a diversas formas de libertad que alivian el dolor de vivir? ¿Por qué unas cuantas (bastantes) cervezas de ese mitológico Steine (imprescindible en Salamanca) conllevan a estas profundas reflexiones? ¿Qué vierten en ellas? ¿Sabiduría, embriaguez, ataques de efímero lucimiento? Quién sabe.
|
domingo, diciembre 12, 2004
|
Insufrible comedia sin gracia Enrique López Lavigne y Juan Cavestany han creado un producto zafio, carente de ideas y sin un planteamiento lógico que tenga razón de ser. Asistiendo a una película de este tipo, uno sale de la sala boquiabierto cuando ha asistido al bochornoso nuevo espectáculo que nos regala el señor Santiago Segura en su último bombazo en taquilla como productor y actor, 'El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo', que dirigen al alimón <Enrique López Lavigne y Juan Cavestany. La historia ya avanza por dónde van los tiros de este irrazonable producto que demuestra el rumbo que está tomando el cine español en estos tres últimos años. Pocholo y Borjamari tienen ahora treinta y tantos. Su vida está circunscrita a seguir siendo pijos y ‘supercanallas’ como en los años ochenta, cuando eran unos pijos que intentaban ligar en la discoteca de moda al son de Mecano con una táctica escatológica que repiten hasta la saciedad. Ahora, dos décadas después, siguen igual que entonces, sólo que se han convertido en el hazmerreír de todo el mundo dada su anacronía. Su primo Pelayo, ahora un mujeriego triunfador, les anuncia un próximo concierto de Mecano en las afueras de Madrid. Es la experiencia vital que necesitan para su gran aventura. Pues bien, este subproducto, ínfimo y grotesco donde los haya, no hay por dónde cogerlo. Estamos ante una comedia sin gracia, estéril de ideas, sin nada que ofrecer, errando desde su nulo planteamiento un desarrollo insostenible, lleno de chistes carentes de significado, de ‘gags’ absurdos y machacantes, intentando un esperpéntico y triste remedo de cintas de ‘nerds’, de inútiles que hacen de su idiotez la mejor de sus virtudes, como ‘Dos tontos muy tontos’, ‘Kingpin’, ‘Movida en el Roxbury’ o ‘¿Colega, dónde está mi coche?’. Y es que todo hace aguas en esta incomprensible comedia. Ya no es que sus personajes sean graciosos o entrañables, sino que tampoco llegan a ser patéticos, sencillamente porque López Lavigne y Juan Cavestany ni siquiera han llevado su película a sobrepasar el límite de la crueldad para con sus protagonistas. Estos debutantes directores hacen un trabajo plano, sin recursos, sin estilo, basando su nulo humor en la reiteración de una insufrible risita a dúo, en el inevitable lenguaje de ‘pijo’ redundante del tipo “O sea…”, “Superfuerte”, etc… y una sucesión de escenas mal planteadas y peor hilvanadas, desprovistas de justificación de ningún tipo, necesitadas de algo de ingenio extinguido en una cinta totalmente olvidable.  Se trata de una (anti)comedia absurda, mal realizada y peor interpretada (aunque este apartado negativo lo acapare en solitario un Segura que jamás había estado peor), donde su superficialidad y mimetismo acaban por aburrir. No hay nada que ofrecer, dejando patente la sequía de divertimento con sus constantes referencias a la parte más superficial de los 80, con dos pijos con nombres muy propios para su condición de ‘nerds’, cuya máxima ilusión en esta vida es recuperar su antigua cátedra en un espectro social sin definir como son los pijos. Estúpida, muy deficiente en su consecución, tan manida y tan conjeturalmente crítica como una guía de teléfonos, ‘El asombroso mundo…’ es una de las peores películas que se han visto en mucho tiempo. Y lo peor de todo es que su inexplicable éxito (rayano en la poca eficacia discursiva de ‘Días de fútbol') está haciendo que el cine patrio busque repetir éxitos con un cine tan zafio, cutre e inadmisible como esta insufrible muestra de la peor cara de la cinematografía nacional. Miguel Á. Refoyo © 2004 La pequeña historia de unos extras muertos de hambre Una de las historias mínimas que rodearon el rodaje de esta peliculilla fue, precisamente, que unos amigos y yo estuvimos haciendo de extras. Mi segunda experiencia como tal en este año 2004 que acaba. En febrero hice de payaso en ‘Crimen Ferpecto’ de Álex de la Iglesia. Y en marzo Álvaro Manso (el genuino "A Man") nos llamó para ver si queríamos pasar un par de noches en el Warner Bros. Park de Madrid. Y así fue. Fui con un par de amigos y allí, en Madrid, nos reunimos con otros varios con los que sufrimos una experiencia que, aunque fue dura y mal pagada, nos dejó un par de recuerdos míticos. Recuerdo mirar todos absortos el despliegue de medios que tenían para una película filmada en Alta Definición (ESCORPIO y todo tipo de ‘dollys’ y cabezas calientes incluidas), del saqueo atroz que le dimos a una furgoneta de catering mangando cervezas, de entrar y salir del teatro chino cada vez más borrachos y de llevarme junto a Álex "Bickle" la friolera de 13 cervezas Estrella Galicia de una tacada, de mosquear a una ayudante de dirección con rasgos de macho alemán, nada femenina, de voz desagradable. También de la hostia que se dio Ana Campoy "Quemi" en la estampida, de las imitaciones que hice de Segura y que no parecían hacerle gracia (curiosamente a los demás miembros del cast sí se reían con ganas) y, sobre todo, de compartir momentos fantásticos con Iris "Watchwoman", Dani "Lebowski", Eva, los mencionados Álvaro, Ana y Álvaro junto a Camino, Rafa Tavera y Taber. La experiencia valió la pena, pero porque la hicimos nosotros, no porque aquello fuera divertido. Lo mejor: la experiencia y las risas. Lo peor: los raquíticos bocadillos tercermundistas que el cabrón de Segura dispuso para que cenáramos. Algo impresentable y vergonzoso, de verdad. Ya sabemos cómo se las gasta Segura como productor. Y sí. En ‘El asombroso mundo…’ aparezco como extra en tres ocasiones. Dos de ellas muy reconocibles. A ver si puedo hacer unas capturas algún día de estos.
|
|
Parece sacado de una novela de John Le Carré. Todos lo hemos visto en la televisión, pero no deja de resultar inquitante lo que le han hecho al candidato opositor a la presidencia de Ucrania, Viktor Yushchenko, siendo envenenado con dioxina, que le fue administrada por terceras personas durante el transcurso de una comida. Un 'thriller' político podría comenzar perfectamente con esta trama. Es más, tiene todos los elementos para que fuera un éxito. La de un político envenenado para quitarle de encima de unas elecciones, al más puro estilo conspiración, con malvados y corruptos políticos rodeando a este opositor. Es una de las demostraciones de esa frase tan manida del "la realidad supera muchas veces con creces la ficción".
|
Ayer hablando con un amigo, estuvimos echándole un vistazo al 'art work' que están creando para el lanzamiento de lo que promete ser un auténtico fenómeno de culto o, directamente, un bodrio infumable. Me refiero a la adaptación a la pantalla grande que se ha llevado a cabo 'Sin City', la joya del Noveno Arte creado por el genio Frank Miller que marcó el cómic durante los 90. Bien, pues mientras ojeaba uno diseñado para la imagen de John Hartigan, al que da vida Bruce Willis, me di cuenta de que me reslutaba tremendamente familiar. Al principio no recordaba el nombre de la película a la que me sonaba tanto el poster. Intentando evocar el recuerdo de una película cuya única pista era el recuedo de su procedencia: Bélgica, me dispuse a realizar unas sesudas indagaciones en IMDB, localizándola no sin ciertas dificuktades. 'Ocurrió cerca de tu casa (Man Bites Dog)', de Rémy Belvaux y André Bonzel, una película belga de culto que ya no me acordaba de que la había visto. Como podéis observar, las diferencias entre un cartel y otro no son muchas. Sólo que el de la cinta belga es de hace doce años. Ay... Robertito Rodriguez ¿qué es lo que habrás hecho con la obra magna de Frankie?
|
sábado, diciembre 11, 2004
Hace unos días pudimos leer una de las noticias más enloquecidas y extrañas de los últimos años. Venía a decir que el secreto de la ‘eterna juventud’ del héroe del cómic creado por el belga Georges Rémi ‘Hergé’, Tintín, se esconde, según Claude Cyr, profesor de medicina de la Universidad Sherbrooke de Québec, los innumerables golpes en la cabeza y pérdidas de conocimiento que el jovial (¿y tal vez gay?) personaje sufrió durante su interminable carrera como intrépido periodista a lo largo y ancho del mundo. Según el profesor (vamos a imaginarlo con una bata blanca mugrienta, larga cabellera nacarada, gafas con varias dioptrías y enganchado al klosidol), durante los viajes de Tintín, éste sufrió en sus cómics medio centenar de pérdidas de conocimiento, un hecho que provocó en él una deficiencia hormonal y de la glándula pituitaria. No sólo sufrió la reducción de hormonas del crecimiento a causa de los prolongadas hostias en la mollera, sino también su apetito sexual fruto del retraso de la pubertad y, de ahí, que parezca un poco de la otra acera. Esto nos suena mal, pero al enterarme de que tales efectos tienen un nombre específico: hipogonadismo hipogonadrotópico (una dolencia de la glándula pituitaria también denominada síndrome de Kallmann) me ha parecido un auténtico delirio. Al saberlo, aquejado de una nostalgia y un temor repentino por mi cada vez más cercano cumpleaños, en el que entraré en la tercera década de vida, y sin pensarlo dos veces, he corrido raudamente hacia una pared bien sólida intentando que el golpe fuera lo más eficaz y fuerte posible. En suelo, desconcertado, tras unos minutos similares a los que uno experimenta cuando bebe ingentemente alcohol, medio inconsciente, he intentado reincorporarme con un rúbeo goteo por mi rostro. Cuando me he mirado en el espejo y he observado que seguía igual, que no he rejuvenecido en absoluto, he decidido abandonar esta terapia de lesión pituitaria traumática para rejuvenecer. Tendré que aceptar que me hago mayor. Ahora entiendo muy bien por qué, por ejemplo, Raúl González, el jugador del Real Madrid, como adalid de la mayoría de los jugadores, habla torpemente como un lego infantil que no ha utilizado en su vocabulario más de 100 palabras distintas o por qué todos los boxeadores parecen niños que aparecen en una película y no se enteran de nada.  A este paso, si siguieramos este Diario de la Asociación Médica Canadiense que ha hecho pública la noticia acabaríamos trastornados con graves problemas neurasténicos. Hace poco, esta prestigiosa revista publico una sesuda investigación sobre las perturbaciones mentales de los personajes del cuento infantil ‘Winnie the Pooh’; donde el tierno osito al que le gusta la miel se convierte en un puto hiperactivo, obsesivo, obeso, con síndrome de Tourette y ‘tics’ propios de un esquizofrénico, Eeyore está sumamente deprimido a consecuencia de su traumática amputación de su cola y Christopher Robin padece una incurable crisis de identidad sexual porque está desatendido y pasa tanto tiempo hablando con animales. No quiero imaginarme qué dirían de Heidi, Marco o, lo que es peor, Espinete. Si hiciéramos caso a este tipo de investigaciones, todos acabaríamos convertidos en consumidores compulsivos de Ritalin, Prozac, Paroxetine… acabando enganchado a la heroína y encerrado en un psiquiátrico con una camisa de fuerza en una habitación acolchada.
|
Una serie de fotografías de Marilyn Monroe sacadas hace 50 años durante una pausa del rodaje del filme 'The Seven Year Itch' y nunca antes publicadas, aparecieron entre los objetos de un fotógrafo internado en un asilo de ancianos. Se cuenta que un fotógrafo llamado Joe Coudert se las hizo hace muchos años. 72 imágenes que Coudert, especialista en fotografías deportivas, tomó en Nueva York durante el rodaje de la cinta de Billy Wilder. Cuentan que los negativos fueron encontrados por su la hija de Coudert, Sharon, en un viejo sobre, durante el traslado de su padre -que actualmente tiene 81 años y está muy débil- a un asilo de ancianos en Austin, Texas. Pero también es cierto que estos hechos no se han producido de esta manera. La cruda realidad es bien distinta, ya que en el asilo sabían perfectamente de la existencia de las fotos. Durante muchos años, estos viciosos abuelitos utilizaron este material de la antológica actriz para su apego onanista geriátrico, para chanchullos chantajísticos, para recordar viejos y prósperos años de juventud y, sobre todo, para traficar dentro del recinto con tabaco, puros, viagra y demás productos prohibidos por Edna, la rechoncha enfermera de mal carácrter a la que todos temen. El vicio corroe hasta los más encantadores viejecillos. O eso creo, porque la verdadera historia de este importante descubrimiento se encuentra en esta página. En cualquier caso, hay que destacar que Marilyn, sea como fuere, sigue despertando en todas las generaciones una atracción magnética e hipnótica y el hallazgo nos hace recordar que ninguna mujer ha sido como ella. Norma Jean siempre estará en nuestras vidas, de un modo u otro.
|
Qué sorpresa y alegría me he llevado esta mañana cuando al coger ese aparato del Demonio que es el teléfono móvil y mirar varios sms (Short Message Service) felicitándome por el triunfo de ayer, he podido observar con asombro y alegría, que Mikel Alvariño me había hecho llegar una noticia que me ha llenado de júbilo: su hermano, el gran Javi Alvariño, uno de los pocos genios reales que conozco, se ha llevado el premio en el Festival de Sitges 2004 a la mejor dirección artística (junto a su inseparable alma gemela creativa Daniel Izar) por su impresionante trabajo en 'The Birthday', de Eugenio Mira, una película que ha suscitado una división de opiniones como nunca antes se había visto en el certamen catalán. Javi, además de un tipo sencillo y humilde, es un portento del arte, un hombre de ilimitada omnipotencia y genialidad que concibe sus ideas como obras magnas. Un hombre que, sin duda alguna, logrará grandes gestas en el mundo del cine. Felicidades Javi, de todo corazón.
|
viernes, diciembre 10, 2004
|
Un éxito rotundo. Así se podría definir el primer estreno oficial de ‘El límite’ en Salamanca. Alrededor de 175 personas, todas invitadas por un servidor que ha demostrado un importante y reconocido poder de convocatoria, asistieron risueños y expectantes a la proyección de este cortometraje que necesitaba del público charro para ir aumentando su vida pública (aunque esta semana me tengo que volver a poner manos a la obra y volver a reactivar el movimiento del corto por festivales). Más tranquilo (y gordo) que nunca, con la sensación de que todo estaba saliendo a la perfección, la ilusión afloró en mi persona porque la reacción de la gente fue impresionante. La aceptación por parte de todos y cada uno de los presentes en el auditorio de la Filmoteca de Castilla y León demostró que, más allá del colegueo y el halago, un trabajo arriesgado como ‘El límite’ también puede ofrecer la complacencia de un público que en la noche de ayer se entregó a nuestros designios creativos. Lo más bonito de todo fue evidenciar la gloria del momento, la admiración popular, en los muchos y largos aplausos que dedicaron al trabajo que nos hizo sentir (hablo en mayestático debido al trabajo colectivo) protagonistas por un día, una noche especial en la que, a pesar de que faltaron los chicos y chicas del equipo técnico que están en Madrid –incluido Raúl Prieto, representado por sus padres-, ‘El límite’ vio la luz en los ojos de unos espectadores ávidos de emociones audiovisuales disímiles y heterogéneas, un público conocido que apoyó el corto, se fascinó por la espléndida factura de nuestro proyecto y con el que me sentí cómplice de una tarde inolvidable.  Después de presentar el cortometraje y, pese a unos problemas iniciales que me hicieron temer lo peor, os juro que me sentí como si un elfo navideño me estirara un testículo hasta arrancármelo, el teaser, el trailer, el cortometraje (insisto, grandes aplausos y ovaciones –bueno, lo de las ovaciones igual no fue real, pero yo las escuché en mi cabeza-) y el magnífico ‘Making of’ de Álex Zúñiga resultaron un total y absoluto triunfo colectivo. Tras la proyección, Refo (es decir, yo) y Ángel González Quesada departimos con el personal charlando y contando anécdotas, historias y curiosidades de la pesadilla que ha sido llegar hasta este momento de ‘premiere’, lujo y oropel. Mis ‘gags’ improvisados también dejaron un sano ambiente de diversión y esparcimiento que llenaron, durante una hora, la sala de proyección de un entorno tan destacado como una Filmoteca que se ha portado muy bien conmigo. Así que, desde aquí, me gustaría mandarle un fuerte abrazo y mi gratitud eterna a Juan Antonio Pérez-Millán, todo un encanto de persona. Por la noche, después de una enloquecida y estresante rueda de saludos al más puro estilo ‘jerk style’, agradecimientos, comentarios, reencuentros, chismorreos sobre mi prominente barriga, miradas perdidas de admiración al gran maestro Quesada y un par de cañas, una cena en el Gema (el Steine estaba cerrado) consistente en un enorme bocata de panceta y una ración enorme de patatas a 1 €, comenzó la bacanal de alcohol, mezcla absurda de champán y cerveza, en el Paniagua, con los chicos de la Fistfuck Supershow y muchos amigos, familiares y conocidos (y desconocidos que se apuntaron a beber de forma gratuita) brindando por una cantidad indecible de gilipolleces, terminamos no sé muy bien dónde ni con quién sin dar abasto de una eufórica sensación de reconfortante felicidad . Un día mítico del que os dejo aquí algunas instantáneas de una jornada que nunca olvidaré.
|
Me he quedado impactado con el asesinato de Darrell Abbott, el ex guitarrista de mi grupo predilecto, Pantera. En el suceso ocurrió este miércoles, cuando un fulano con capucha se encaramó al escenario y disparó varias veces al guitarrista de la banda Damageplan y a otras tres personas. Un policía que llegó poco después mató al agresor. Murieron el guitarrista, "Dimebag" Darrell Abbott y dos hombres más: Nathan Bray y Erin Halk, dijo la portavoz policial Sherry Mercurio. El incidente ocurrió cuando apenas comenzaba a tocar el grupo de rock en el club nocturno Alrosa Villa. El atacante arremetió primero contra Abbott, con varios disparos a quemarropa y, con el objetivo logrado, procedió a atacar al público, llegando a disparar contra él. Abbott, de 38 años, ha sido de los guitarristas más reconocidos del género de 'hard rock'. Fue junto con su hermano Vinnie Paul Abbott (batería también de los 'Damageplan') miembros de Pantera, uno de los grupos más importantes del historia de la música, de las mejores canciones que hicieron descargar la adrenalina de varias genreaciones y un ejemplo fundamental para el 'trash metal'. Pantera ganó varios premios Grammy y que fue la pionera de un movimiento tan estruendoso como acojonante. En mi memoria Abbott siempre estará con un guitarra junto a Phil Anselmo, Rex Brown y hermano Vinnie Paul Abbott. D.E.P
|
jueves, diciembre 09, 2004
|
Bien, pues ha llegado el momento, amigos y amigas. Esta tarde se proyectará, por primera vez, 'El Límite' en Salamanca. No hay nervios, ni preocupación. Tan sólo un pequeño resquicio de expectación. En menos de dos horas amigos, familiares, conocidos, chicas guapas traídas por amigos y algún que otro extraño que se cuele con intrusa curiosidad tendrá el placer de asistir a la presentación charra de nuestro cortometraje más serio y acabado hasta el momento. Ese trabajo que tanto nos ha costado sacar adelante y que, por fin, compartiremos. Me entristece un poco el hecho de que se haya proyectado en Valladolid, en Murcia, en Los Ángeles y en Sitges antes que aquí, en mi ciudad. Pero la satisfacción de tener a todos (o casi todos –porque en realidad el 90% del equipo técnico no estará esta tarde-) compartiendo este momento me hace, por lo menos, estar contento. ¡Ah! Y por supuesto, esta noche será una de las antológicas fiestas de dipsomanía desatada. Es decir, que nos vamos a coger una cogorza de las que no se olvidan. Mañana, desde la resaca más abisal, os contaré qué tal fue todo.
|
|
2."Y si no lo quisieres dejar ir, he aquí yo castigaré con ranas todos tus territorios..." Ante el aluvión de aburrimiento que circula por la televisión, la apatía que provoca el desazón de encender la 'caja tonta' para comprobar su nociva bagatela, he visto de nuevo un clásico del cine moderno como 'Magnolia', de Paul Thomas Anderson. Como fauna desarraigada en busca de una felicidad que les da la espalda. Así son los personajes que Paul T. Anderson creó para una de las películas corales más impagables y hermosas del cine contemporáneo. Anderson, se consolidó con ‘Magnolia’ como uno de los cineastas más importantes del nuevo cine yanqui, explorando minuciosamente unos seres necesitados de afecto, de comprensión, con dudas respecto a unas vidas que rodean una existencia más o menos optimista, pero en el fondo colmadas de una tribulación originaria de problemas ordinarios, translúcidos y contiguos a los de cualquier persona a la que le asalten las dudas más vitales del pensamiento humano (el amor como piedra angular). Todo el repertorio de magistrales roles que componen ‘Magnolia’ no encuentran una vía de escape que les haga aceptar unos sentimientos confinados en la soledad, en la incomprensión y en la mala suerte. Las nueve historias que Anderson entrevera de forma magistral devienen de una dirección decididamente ‘scorsesiana’ por definición para hablar del azar, de la contrición sentimental, de la necesidad de afecto y de una catarsis que encuentran todos los maravillosos personajes de esta película, en la verdad, en la revelación de aquello que nos hace ser infelices y nos persigue: “uno puede acabar con su pasado, pero el pasado nunca acabará contigo” se repite en tres ocasiones. Anderson explora los sentimientos de sus criaturas acercándose a ellos, mostrando al espectador el porqué de la tristeza: la incomprensión (William H. Macy, Jeremy Blackham), del rencor (Melora Walters, Tom Cruise) la falta de amor (John C. Reilly), la decrepitud paralela e insalvable (Baker Hall, Jason Robards) o de las dudas existenciales (Julianne Moore).  Cada personaje (magistrales todas las composiciones interpretativas) invoca a su sentido común para, en un final apoteósico y metafórico (imposible desvelar el contenido bíblico de éste) encontrar un recoveco para la esperanza, para pretender conseguir lo imposible, esperando un día en el que suceda lo que al final sucede sobre San Fernando Village. De ahí el mágico instante final, compuesto por una hermosa y fugaz sonrisa del personaje más castigado por la vida de cuantos aparecen en esta enorme obra. Del encuentro entre el hijo prepotente y el padre agonizante, de la (des)unión materno-filial, de la aceptación de los errores, del sentido del paso del tiempo... ‘Magnolia’ es pues, poesía cinematográfica, una bella fábula que expone vidas cruzadas entre personas que se necesitan, se odían, se mueren y viven con la necesidad de amar. Paul T. Anderson elevó una dirección de actores y de cámara a cotas insospechadas para un cineasta entonces tan precoz, en la senda de la celebridad, demostrando (como en sus dos anteriores obras maestras) que la vida es como una purga incidental de aquello por lo que nos preguntamos, que añoramos y tememos, que acabamos dejando a una providencia que responde siempre a un destino marcado por los hechos. Una memorable cinta que eleva su condición de película hermosa con su intención... cristalina, pura, plausible...
|
miércoles, diciembre 08, 2004
|
Era lo que me faltaba por ver. Me levanto esta mañana, me preparo un desayuno rico en calorías (huevos, bacon, tortitas y zumo y un donut con un vaso de leche) y cuando miro la última de un periódico local que, curiosamente, no es en el que trabajo, porque ni siquiera tienen la deferencia de entregarme diariamente un ejemplar del diario, leo una de las noticias más absurdas del año. En el museo de figuras de cera londinense de Madame Tussaud (donde las figuras se parecen asombrosamente a sus análogos), han montado el Belén más esperpéntico de la historia de la Navidad. La polémica se ha destapado debido al Nacimiento de un niño Jesús que tiene como progenitores a David Beckham y su esposa, la ex Spice Girl Pija de la Muerte, Victoria Adams. Pero es sólo la punta del iceberg, ya que como Ángel anunciador han situado a la cantante pop australiana Kylie Minogue, los pastores son la estrella de Hollywood Samuel L. Jackson, el actor británico Hugh Grant y el comediante irlandés Graham Norton. Lo mejor del carnaval navideño son Tony Blair, George W. Bush y el Duque de Edimburgo apareciendo como los Reyes Magos. Un error garrafal que se les haya olvidado a José María Aznar (aunque hubiera sido como Paje Faldero de Bush). ¿Es esto un pesebre normal? Evidentemente, no. ¿Lo hacen por polemizar? Por supuesto, pero también con cierta intención crítica. Viendo semejante adefesio, en un cruce entre ‘La semilla del diablo’ y ‘El día de la bestia’, uno casi no tiene que imaginar que este Portal de Belén tiene un signifcado con tales personajes: El nacimiento del Anticristo. El sentido crítico de los británicos no es tan polémico contra Iglesia como una crítica dedicada a la frivolidad del mundo británico y, por extensión, al resto del mundo. La verdad es que puede parecer una gilipollez, pero no es así, porque si la estupidez domina sobre la racionalidad, entre otras cosas, porque la estupidez carece de sentido crítico, esta puesta en escena no lo es, ya que es más crítica de lo que pocas veces se le va a ocurrir a los ingleses.
|
martes, diciembre 07, 2004
|
Un prodigio digital y narrativo Brad Bird consigue para la Pixar su mejor filme hasta el momento basando su potencial en una perfección técnica absoluta y en el épico homenaje al cómic de los 50. Con cinco largometrajes (las dos ‘Toy Story’, ‘Bichos’, ‘Monstruos S. A.’ y ‘Buscando a Nemo’) John Lasseter ha podido erigir una productora capaz de volar sin una Disney que ha vivido estos años como sanguijuela de Pixar, quedando como una incógnita el futuro de la casa del tío Walt. ‘Los Increíbles’ y la próxima ‘Cars’, son las dos últimas producciones compartidas por ambas compañías. Todo es debido a la supremacía que Pixar ejerce en el mundo de una animación que aboga por la tridimensionalidad de lo digital que ha impugnado, como marcan lo tiempos, a la animación clásica del 2-D. Pero no sólo los avances técnicos de un género revolucionado con la progresiva tecnología digital es el centro del éxito de una productora de éxito como la Pixar. Al igual que la que fue ambición del genial marionetista Jim Henson (el creador de ‘Los teleñecos’), John Lasseter ha creado a su alrededor un estilo de cine y de animación familiar que, sin perder una soterrado mensaje de sutil moralina, sin aditivos ni falsas coartadas, es capaz de contentar y conmover, al mismo tiempo, a adultos y pequeños. Y es ahí donde reside el potencial comercial de esta fábrica de sueños. Para su nueva y esperada película, Pixar se ha dejado contagiar por la fiebre de superhéroes que arrasa Hollywood. Pero como no podía ser de otro modo, no ha fusilado ningún cómic, sino que ha tratado de llevar el género a su terreno, donde buena parte de su eficacia reside en su propio carácter desmitificador, especialidad en la cual no se concibe el espectáculo sin dotarlo de un admirable estilo y exquisitez técnica. Sin perder ni una brizna de su esperado humor e imaginación, ‘Los increíbles’ vuelve a ser una demostración de preponderancia, continuación progresiva de la evolución de la animación por ordenador. ‘Los Increíbles’ cuenta las aventuras de Bob Parr (Mr. Increíble) y Helen Parr (Elastic Girl), otrora superhéroes que tuvieron que dejar de ejercer de salvadores del mundo para adoptar identidades civiles y llevar una vida normal, rutinaria y familiar, con tres maravillosos hijos (Violet, Dash y Jack-Jack). Cuando Parr recibe un misterioso comunicado al que acude llevado por su vocación heroica, introduce sin querer a sus familia en una nueva aventura dentro de una isla perdida para cumplir con la misión que tanto echaban de menos: salvar al mundo de un perverso villano.  Brad Bird, responsable del clásico maldito de la animación ‘El Gigante de Hierro’ (y de varios episodios de ‘Los Simpsons’) ha tenido libertad total para llevar a cabo esta prodigiosa cinta de animación. Desde su fantástico prólogo de clarividente presentación de los personajes, donde los héroes son retirados por el Gobierno de su actividad debido a las crecientes demandas de daños materiales y psíquicos que causan sus acciones heroicas, Bird no intenta reproducir o clonar actores de carne y hueso, sino que cuida con detallismo cada aspecto de la animación caricaturizada en los cuerpos y personalidades, dotándolas de credibilidad y de una vena clásica, convirtiéndolos así con sus acciones y diálogos en personajes que trascienden su prosapia arquetípica gracias a sutiles matices que los hacen profundamente humanos. Como si una ‘krytonita’ particular de Parr fuera dada por la propia sociedad en forma de vida aburrida, que le ha castigado por hacer el bien (que cada uno saque su subversiva conclusión social), se presentan personajes obligados a vivir dentro de los estrechos límites del ‘american way of life’, unos márgenes en los que, más allá de su condición de superhéroes caídos en desgracia, tienen que enfrentarse a problemas perfectamente reconocibles por todo tipo de públicos. Una lúcida y mordaz llamada contra la mediocridad de la vida en los suburbios rutinarios, no exenta de cinismo, donde subyace la lectura humanista de la película. Como en casi todos los cómics y exploración reconocida en películas como ‘Spiderman’, recientemente en ‘Hellboy’ y en la saga de ‘X-Men’, ‘Los increíbles’ también invoca a una reflexión sobre la anormalidad, la heterogeneidad a la conlleva ser un héroe y el rechazo que casi siempre la sociedad tiene ante esto. En todos los casos, esa diferencia debe ocultarse, ya que indefectiblemente no son bien vistos por una sociedad que desprecia a los héroes, obligándolos a una vida de cotidianidad mediocre. En el mejor cómic de todos los tiempos, ‘Watchmen’, de Alan Moore, se situaba ‘Under the hood’, pequeña historia donde Hollis Mason es un antiguo superhéroe que en su retiro monta un taller de reparación de vehículos. Algo reconocible en ‘Los increibles’, que supone la primera película de Pixar que arriesga con sutilidad e ingenio en un cine mucho más adulto, en un cine donde los protagonistas adquieren una perfección absoluta, no sólo a nivel técnico (extraordinaria, teniendo en cuenta sus atributos no demasiado naturalistas de la realidad) sino a nivel narrativo. Y es que, imperan el pasado, sus problemas presentes, sus sentimientos de frustración, de pesar por una vida gris. Algo que permite al espectador entender en todo momento el modo en que se enfrentan a sus problemas y responden ante ellos. Bird ha creado una joya de la progresión, donde el ritmo endiablado de la aventura deja espacios para la reflexión y el humor, para dejar su tono y estilo exacto, confeccionando una historia de rigurosa exactitud, donde la fuerza de sus diálogos y de la trama imponen la entrega total del director y su equipo de animadores a una historia que atrapa desde el primer momento y no suelta a un público rendido a las vicisitudes de lo que quiso ser ‘Spy Kids’, de Robert Rodriguez y no pudo, pero que Bird logra con creces en una línea narrativa colosal e hiperbólica. El ingenio se hace patente en la sutilidad con la que se expone la metaforización de los superpoderes llevados a la normalidad, representados en la ruda tosquedad de un padre con buen fondo, en una madre inteligente y flexible con los problemas de casa, en la timidez enfermiza de su hija mayor, la hiperactividad de un travieso hijo pequeño y la incógnita de un bebé de pocos meses. O en esa presentación totalmente culminante del malvado de la función que quiere convertirse en un superhéroe admirado por el público, acomplejado por el rechazo que sufrió por Mr. Increíble en su niñez, en la divertida sumisión a la que está sujeto Frozone (el inseparable amigo de aventuras) por su mujer en una secuencia maravillosa en la que el superhéroe negro no encuentra su traje tras muchos años y Edna, émulo del ‘Q’ de Ian Fleming, en un ‘gag’ sobre las capas que evocan el infortunio de Isadora Duncan y su bufanda.  Todo ello con ese citado sedimento de madurez en sus conceptos al introducir elementos de riesgo como antes no había probado Pixar; el sometimiento al que conlleva la pérdida de libertad, la posibilidad de la infidelidad que la esposa que llega a intuir que su marido la pueda estar engañando con otra, pero por encima de todo, del uso de la violencia, de la tortura, de la maldad sin concesión a la burla, de malvados esbirros sin nombre ni rostros que mueren en explosiones, sin que a nadie parezca importarle mucho, logrando asimismo un pretendido afecto y admiración con que se trata a la familia, concebida como algo indestructible, con un mensaje explícito: el ‘dumasiano’ “uno para todos y todos para uno”, sin perder su humor cómplice, familiar, pero en ningún caso ingenuo. ‘Los increíbles’ es, además, una suntuosa obra de arte y artesanía, una fiesta de cine de animación clásico, donde Bird demuestra su devoción por el clasicismo de los años 50 y la estética retrofuturista (que evoca al Metropolis de ‘Superman’), apostando en todo momento con un toque ‘pulp’ sesentero, donde no falta en ‘pop art’ estético y el ‘High Tech’ que hace recordar a Steranko y su ‘Nick Fuira’ con la utilización de alta tecnología y ‘gadgets’, lugar común para enfurecidos robots asesinos y aparatos con las más insospechadas utilidades. Componentes que se subrayan en un sincero homenaje a la serie de ‘James Bond’ (aunque también de ‘Flint’ o ‘Matt Helm’) más tradicional, de sus aventuras circunscritas a parajes que van desde el refugio volcánico del malo, los centros de operaciones, salones y salas metalizadas de torturas, los corredores con naves deslizantes o la selva exótica y tropical. Ambiente en el que no podía faltar una banda sonora compuesta por Michael Giacchino y Tim Simonec en claro homenaje a aquellas composiciones que hicieron célebres Henry Mancini y John Barry.  Pero si por algo destaca ‘Los Increíbles’, además de esa capacidad de contar su historia, es por la revolucionaria perfección de sus imágenes, por el inigualable modelado de los personajes, por un diseño de producción con una calidad de la imagen sintética totalmente ilusoria que ha desplegado la desbordante creatividad de los integrantes del equipo capitaneado por Brad Bird. En este sentido, asistimos a un completo catálogo de las técnicas de animación más recientes y complejas, creando para la ocasión nuevos programas elaborados exclusivamente para ‘Los increíbles’; como el ‘Goo’, el ‘Atmos’, el ‘Subsurface scattering’, que permiten apreciar con mayor definición y realismo los músculos faciales y corporales, la piel y sus texturas y, principalmente, los efectos de un filme de aventuras introduciendo realistas explosiones, fuego, secuencias marinas o subacuáticas. Una joya de imágenes, una de las experiencias audiovisuales más perfeccionistas que se recuerden en los fastos de la animación. Dentro de este delirio tecnológico y digital, el evidente gusto por lo clásico, la épica del cómic y las miserias cotidianas de la vida en familia, ‘Los Increíbles’ es, posiblemente, el mejor filme animados de los últimos tiempos, debido a que, como en todo lo que hace Pixar, sabe mostrar la realidad jugando al mismo tiempo con la animación y la aventura, sin perder un ápice en su ponderación satírica, por muy fantástica que sea la trama. Esta es la primera vez que la Pixar sólo usa personajes humanos en una historia y también es la más larga realizada por ordenador, y eso no resta para expresar, abiertamente, que estamos una de las grandes obras del cine de entretenimiento del cine actual. Miguel Á. Refoyo © 2004
|
lunes, diciembre 06, 2004
Entristecido por no poder compartir este día con la familia de 'The Birthday', hoy se estrena en Sitges esta fantástica película que ha dirigido mi gran amigo y cineasta visionario Eugenio Mira. Allí están todos, los hermanos Alvariño al completo, Ade, Fulton, Corito Feldman, la impresionante Erica Prior, Rafa Gil, Isra "Tigretón", amigos y conocidos comunes, todos acudiendo a la presentación de uno de esas películas que cambiará la concepción de 'cine español'. Yo sólo espero que tenga la mejor de las suertes porque Eugenio, Mikel y todos los demás se merecen que esta película arriesgada y fantástica sea un exitazo sin precedentes. Espero, de todo corazón, que así sea. Desde aquí y en los medios en los que colaboro, me encargaré, personalmente, de promocionar y vender como se merece a este filme revolucionario. Aquí os dejo un reportaje sobre este milagro llamado 'The Birthday'. The birthday’: Un sueño hecho realidad Eugenio Mira presenta su ‘opera prima’, una película a medio camino entre el ‘thriller’ y el homenaje al cine de los 80.. “Por el hilo musical suena la canción ‘It’s my party’. La decoración indica que es un hotel de los años cincuenta. Suena una campanilla y las puertas del ascensor se abren. De él sale Norman. Tiene 26 años, es delgado y viste con un esmoquin barato…”. Así comienza el que está destinado a ser uno de los estrenos más esperados del cine español de 2005. Su director, el joven alicantino Eugenio Mira, ha rodado durante dos meses y medio ‘The Birthday’, un largometraje que narra la historia de Norman, un joven perdedor enamorado de su novia Alison. En un extraño hotel al que ha sido invitado a la fiesta de cumpleaños del padre y del tío de la joven, él acepta sugestionado porque puede ser una buena oportunidad para consolidar su relación con la chica. Pero lo que no sabe Norman es que en el hotel están sucediendo extrañas y terroríficas situaciones que superarán todo tipo de expectativas de lo que, a priori, iba a ser una aburrida fiesta familiar. Tras un apagón en el que unos extraños entran en el edificio, la pesadilla comienza para el sorprendido Norman. Eugenio Mira ofrece con esta inquietante historia su particular ofrenda al cine generacional que le ha formado como cineasta: el cine de los 80. La escuela creada al amparo de míticos directores como Steven Spielberg, George Lucas, Robert Zemeckis, Richard Donner, John Hughes, Joe Dante y John Landis es la referencia que ha llevado a Eugenio Mira y a su habitual coguionista, Mikel Alvariño, a contar una historia que reúne un sorprendente ‘cocktail’ de ‘thriller’, terror, comedia negra, ‘screwball comedy’ y drama. Todo un reto.  Eugenio Mira rodó hace cuatro años aquí en Salamanca (en La Salle, ubicación de 'El límite'), su ambicioso cortometraje ‘Fade’, un proyecto arriesgado y complejo que tenía como objetivo crear una tonicidad tenebrosa para narrar una historia donde el desafío antagónico de contraponer realidad y ficción se fusionaba con lo concerniente a la muerte, el destino y el establecimiento de mundos ocultos que se mueven en el filo entre lo real y lo imaginario. Un cortometraje que traspasó fronteras convirtiéndose en una obra de culto internacional y que le dio la oportunidad a su director de embarcarse en ‘The Birthday’, un proyecto que se ha hecho realidad tras la imposibilidad económica de llevar a la gran pantalla su oscuro y tenebroso proyecto ‘The Answer’, un filme que, a buen seguro, verá la luz en los próximos años. Al igual que en ‘Fade’, Eugenio Mira descubrirá su clave esencial en unas poderosas imágenes obra del prodigioso fotógrafo Unax Mendía y en una estética aprovechada para dotar de ambigüedad los diálogos de la historia. Sugerente y provocador, el primer largo de Mira buscará hipnotizar a un espectador que se dejará atrapar ante el grandioso espectáculo al que será sometido. Un universo oscuro que encuentra algunas sinecuras referenciales a obras de autores contemporáneos como pueden ser David Lynch y David Cronenberg, autores siempre presentes en las historias de este joven creador.  El rodaje, que finalizó con el pasado 26 de abril, ha tenido lugar en su totalidad en el antiguo Hospital del Tórax de Terrassa (Barcelona), donde el excepcional Javier Alvariño en la dirección artística, junto al diseño de producción de Daniel Izar, ha construido hasta once decorados para recrear el interior del hotel de Baltimore en el que tiene lugar la acción argumental. También ha estado presente Jorge Alvariño, que ha tenido una doble función; la foto fija y el ‘video assist’. Si por algo llama la atención del reparto de esta esperada película es por su protagonista, el actor norteamericano Corey Feldman, que para el papel de Norman luce un traje negro, camisa con chorreras y calcetines blancos. Todo un mito del cine ‘ochentero’ presente en algunas de las producciones juveniles más destacadas de aquella época, entre las que destacan 'Los Goonies', 'Gremlins' y 'Cuenta Conmigo'. Junto a él, la actriz Erica Prior (vista en ‘Second Name’, de Paco Plaza), que realiza su segundo papel protagonista. El veterano Jack Taylor, Rick Merrill, Dale Douma, Craig Stevenson o Robert Long completan el reparto. ‘The Birthday’ está producida por la empresa catalana Infinity Films, creada por Ibón Cormenzana y Angel Durández y que en su corta trayectoria ha producido títulos como ‘Jaizkibel’, dirigido por el propio Cormenzana. Con un presupuesto cercano a los dos millones de euros, la característica fundamental de la narración del filme es el respeto de la unidad espacial y temporal que se pudo ver en ‘A la hora señalada’, de John Badham y que combina su fondo intencional con el estilo narrativo de ‘La soga’, de Hitchcock. Un fragmento de la vida de un personaje. Una serie de eventos cruciales le llevarán a una situación límite en la que tendrá que tomar las decisiones más importantes de su vida. En ‘The Birthday’ nada es casual y todos los elementos, por aparentemente insignificantes que parezcan, son necesarios para crear la experiencia que supone para el espectador seguir en tiempo real a un personaje, sin que este abandone en ningún momento la pantalla. Está en todos y cada uno de los planos de la película. De forma que el espectador no puede anticiparse a los eventos más allá del conocimiento del protagonista.  ‘The Birthday’ se estrenará a principios de 2005. Estuvo presente en el pasado festival de Cannes con un pequeño adelanto que sirvió como reclamo para vender el producto en el mercado internacional. Un objetivo fundamental, ya que aún siendo una película española está rodada en inglés y con reparto foráneo. Eugenio Mira ha logrado su sueño. El de muchos jóvenes que quieren sacar al cine español de una constante apatía ofreciendo un cine diferente y valeroso que promete demostrar cómo con menos dinero del habitual se puede maravillar al espectador con una película digna del más puro cine americano. A Mira le espera, por tanto, un futuro lleno de reconocimientos, premios y éxitos. Una merecida recompensa para este precoz visionario, creador de fantasías visuales arriesgadas y que supone la confirmación de un desbordante talento lleno de brillantes ideas en una filmografía que comienza con una obra de la cual se espera que sea debidamente apreciada por todo el público español y, porqué no, del de fuera de nuestras fronteras. Miguel Á. Refoyo © 2004
|
|
En una de las veledas impagables en ese santuario del buen comer y el buen beber que es el Steine, Mariajo, la novia de mi amigo Alvarito "Vodka", nos desvelaba una de esas anécdotas curiosas que desconocemos y que resultan de lo más enigmáticas, tal vez ciertas, pero siempre interesantes de comprobar. Una pequeña incógnita arcana sobre lo que esconde algo que todos tenemos en esta vida: el D.N.I. Bien, en la sucesión de números identificativos del reverso del documento nacional de identidad se dice que el número que, tomando como ejemplo el mío propio, está destacado en un círculo rojo, pertenece al número de personas que hay en España con el mismo nombre. Es decir, que si tenéis un 3, hay tres personas que comparten nombres y apellidos con vosotros, si hay 5, pues lo mismo. En mi caso puedo sentirme satisfecho, ya que en nuestro país sólo estoy yo como exclusivo Miguel Á. Refoyo. Soy genuino y el único (como Jet Li). En cualquier caso, sigue siendo una hipótesis sin contrastar, seguramente un bulo para que gente aburrida eche mano de otro entretenimiento más para compartir en su próxima reunión familiar. Pero no deja de resultar, cuanto menos, curioso.
|
domingo, diciembre 05, 2004
|
'The Sacristan' - John Santerineross Con esto de pensar constantemente en ideas, en referencias, en concepciones visuales que absorber para llevar a cabo mis próximos proyectos, me acerco a mis inquebrantables mitos, a los recurrentes nombres que me han hecho ir concibiendo un extraño mundo interior. Pues bien, en esta espiral de tentación artística, me he dedicado durante este fin de semana a volver a analizar a dos mitos modernos de la fotografía en su aspecto más siniestro y provocador, más nauseabundo y fascinante. Me refiero en este momento de clarividencia, amigos, a John Santerineross y a Joel Peter Witkin. El tono, la composición y el carácter pavoroso y sublime en su conjunto son los elementos que destacan en las fotografías de John Santerineross, un fotógrafo que bebe de la fuente inspiradora del gran Joel Peter Witkin, buscando, bajo esa impronta de goticismo visual, la dicotomía de la vida, el contraste entre la luz y la oscuridad, el bien y el mal, y la rigurosa austeridad adicionada que, sin embargo, mantenía unos intereses siniestros y oscuros implícitos, los cuales se abrían subsiguientemente de las más insólitas formas. El arte de Santerineross consigue su excelencia no una estética provocadora, si no en el engranaje de sus piezas, de un arte que juega con el erotismo, los fetiches religiosos y disolutos montados sobre la base de una imaginería artificialmente real y simbólica. En ambos artistas, destaca el contraste de claroscuros, donde se produce una exclusión de las sombras y las siluetas se escinden violentamente a la oscuridad, lo que visualmente se aprecia como una perdida de la profundidad. 'Motherchild' - Joel Peter Witkin Para Joel Peter Witkin la humanidad se perfila en la deficiencia, en los defectos humanos, incluyendo en su obra fotografía hermafroditas, enanos, cuerpos mutilados, mujeres de belleza andrógina, cadáveres de animales, el espectáculo humano, el ‘freak show’ nacido en Connie Island influenciado por la vena orgánica de Ballard. En ambos artistas sus obras enfrentan al público a su propio sentido de la normalidad y la decencia, en un choque psíquico de lo más oscuro del ser humano. Las constantes referencias para sus pinturas están en la historia del arte, incluyendo las obras de El Bosco, Goya, Velázquez, Miró, Botticelli o Picasso. Artistas arriesgados, difíciles en sus objetivos de lobreguez visual. Morgues, manicomios, sacristías son algunos de los recintos que unen y separan a los dos artistas, dejando inquirir algo siniestro, tremendista, en sus universos no tanto aterradores como fascinantes, cuando tratan de reflejar una visión extraña y diferente sobre la sexualidad y la belleza física. A través de su imagen metafórica, adquirimos un pacto sobre la diferencia humana y la tolerancia. A pesar de que tanto ambos artistas compartan las mismas tonalidades, intenciones y modos semejantes de componer sus fotografías, hay ciertas diferencias. En primer lugar difieren en temática, mientras la imperfección es el eje de la estética ‘freak’ de Witkin, en Santerineross descubrimos un acercamiento más fetichista a lo religioso y lo perverso. Así como el fundamento, Santerineross no abandona la fotografía, a diferencia de Witkins que acerca con sus arreglos a posteriori en sus fotografías a un tipo de pintura visual. A lo que hay que añadir el entorno, para Witkins el modelo impera sobre el marco espacial, en tanto Santerineross sume a sus personajes en la oscuridad y cambia el ambiente por la disposición de elementos.
|
sábado, diciembre 04, 2004
|
A raíz de la exposición de Chris Cunningham, descubrí entre sus vídeos, uno llamado ‘Second Bad Vilbel’, del dúo británico Autechre y algo me dijo que ese estilo furioso, en absoluto orgánico pero sí muy robótica era algo potencialmente asombroso para ‘La sombra en el espejo’. Lo épico, en esta ocasión se sustenta en su binaria, que va creciendo hasta saturar todos los sentidos. Un tipo de música que, en un principio, no me gustaba, pero a la que he acabado rendido. Su frialdad mecánica, desprovista de toda intervención humana, su suntuoso designio ‘glitch’, despega su música de la electrónica tradicional, adoptando una esencia electrónica, atmosférica, experimental y, por su puesto, realmente ‘techno’. Autechre es algo diferente, innovador, provocativo y atrayente. Sean Booth y Rob Brown, sus dos componentes, comenzaron influenciados por grupos como LFO y 808 State y han ido adquiriendo una importancia perentoria dentro de ese tipo de música. 'Incunabula', 'Amber', 'Tri Repetae','Chiastic Slide', 'LP 5', 'Confield' y 'Draft 7.30' son discos llenos de fuerza, manteniendo un nivel muy difícil de conseguir en el panorama musical moderno, explorando cada arista y textura del sonido, en un bucle de perfecta armonía en la cual dinamitar todo lo electrónico y equilibrar la furia hasta una orientación más rítmica y concreta, del enérgico rugido electrónico al mejor y más acabado ‘low fi’.  Autechre me han llamado poderosamente la atención, con ese fondo abstracto e introspectivo, despegado de cualquier redundancia y chirrido disonante al que yo pensaba que se circunscribía el ‘techno’, encontrándome un magistral grupo hacedores de sonidos irrepetibles y creando atmósferas con ciertas resonancias oscuras, paradójicamente artificiales y futuristas a la vez.
|
|
Pensando y pensando, haciendo que mis malrechas neuronas dejen fluir su dinamismo atascado tras una noche de alcoholismo moderado, he estado haciendo un repaso vital, NO sé a cuento de qué, de algunas cuestiones que me han afectado a lo largo de la vida. Y he llegado a la conclusión de que uno de los aprendizajes vitales más importantes ha sido el del NO. O si NO, pensad en unos cuantos ejemplos de carácter general, que a buen seguro serán comunes a todo el que lea estas líneas: "NO matarás", "NO mentirás"; "¿Quedamos para salir?: NO", "NO bebas", "¿Bailamos?: NO", "¿Me das tu teléfono: NO", "NO, mejor como amigos", "Esta noche NO, que me duele la cabeza" y un largo y extenso etcétera. Así son las cosas. Pero NO todo en el NO es malo, hay cierto grado de sugerencia en la negación. Fijaos si NO en cómo se curvan los labios, constituyendo un círculo casi perfecto, al decir ‘NO’; observad en la sonoridad del vocablo, en el eco de la "o", mayor o menor según el énfasis del hablante. Es más, fijémonos en la armonía del dedo índice levantado a la altura de los ojos, moviéndose rítmicamente de izquierda a derecha, como negativa, o en el balanceo elegante de la cabeza de un lado a otro al negar. ¿Acaso NO es este post una chorrada? Puede que sí, o tal vez NO.
|
viernes, diciembre 03, 2004
|
A lo largo de todos estos años me he sentido atraido, cada vez más, por las obras esotéricas que analizan lo ‘real’, el verdadero vértice oscuro de nuestra propia naturaleza. Autores como Aleister Crowley, por su dinamismo a la hora de componer la angustia en sus páginas, con sus leyendas reales y acontecimientos escalofriantes nos da las pautas para distinguir o no lo que tenemos ante nosotros. Sus exposiciones en la ‘Qabalah mágica’ y, sobre todo, ‘Los Secretos del Universo’ o ‘El libro de la ley’ trataron, bajo esa primera intención que esconde algo de hedonismo y anarquía con su máxima de que uno debe hacer lo que quiera, la intencionalidad de unos libros que han marcado muchos de los matices de mi forma de pensar. Aleister Crowley fue, después de Austin Osman Spare, una de las personas que más influenció a la Magia del Caos. Tenía una especie de sistema ‘thelemita’, derivado de la más radical tradición caoísta con la consigna “No hay ser, todo es hacer”. Pero en el fondo era un tío más coherente y sincero, mucho más allá de todas las cosas de las que se le ha acusado.  Hay iconoclastas que, con su forma de la vida, nos han abierto la vida a nuevos cnocmientos, a perspectivas sin las cuales todo sería muy aburrido, como la mala hostia de Gurdieff, que manipuló a sus lectores durante toda su vida con historias que ponían los pelos de punta. O la figura de Anton LaVey (del que llevo siempre una chapita en la cazadora), el ya célebre Papa Negro y su iconografía e historia llena de sucesos lóbregos y truculentos, con un sentido literario gnóstico extravagante, tendiendo siempre hacia el satanismo más radical con aquella religión inventada por él y que se adscribía a todo el constructo esotérico de la época.
|
El ‘funk metal’ llegó a mi vida de muchas maneras, con los Faith No More, Living Colour, Urban Dance Squad, Primus o Fishbone. Pero todo el mundo, o casi todos los que yo conozco señalan al albúm de Red Hot Chili Peepers 'Blood Sugar Sex Magic' como clave en este movimiento del ‘funk-metal’. El grupo compuesto por Flea, Anthony Kiedis, John Frusciante y Chad Smith supusieron para el mundo del rock un grupo revelación con su fórmula única y personal que acabaron enterrando su vena más agresiva, experimental e impactante, para decantarse por medios tiempos melódicos listos para las ‘radioformulas’. Pues bien, hay un excelente grupo de funk metal llamado los ‘FistFuck Supershow’ que está ahí, siguiendo sus pasos, forjando su camino, mejorando, haciéndose un nombre dentro del panorama musical. Son cojonudos. Y son de aquí, de Salamanca, de la tierra y han optimizado su estilo hasta alcanzar una cota de calidad muy por encima de lo que estamos acostumbrados a escuchar. Las estructuras de sus potentes canciones, la forma de componer, donde el rock se surte de la base, haciendo especialmente importante el ritmo que la distorsión. Una banda ecléctica y una de las mejores que he escuchado en directo en los últimos años. Antonio, Manu, Álex y Koke son los cuatro componentes de un grupo nacido para la gloria. Simplemente fascinantes. La noticia que me va a emparentar a estos chavalotes llenos de ilusión y un futuro prometedor es la licencia y libertad que me han dado para crear una delicia audiovisual para alguno de sus temas, a elegir (exceptuando la obra de precisión montada por Álex Zúñiga en ‘Music of Fistfuck’, proporcionándome uno de mis sueños más terrenales (no, no es poder mantener relaciones sexuales con Leonor Watling): poder dirigir un ‘videoclip’. Mi cabeza ya ha empezado a dar vueltas a lo Regan MacNeil en una posible historia situada, como no podía ser de otra manera, en La Salle, lugar y santuario donde se rodó ‘El límite’. Otro proyecto que llevaré a cabo con mucho gusto. Por cierto, y hablando del hombre de confianza del grupo, el meteórico Álex Zúñiga ha creado (en tiempo récord) para el jueves 9, día del estreno del corto, un ‘making of’ que se sale de cualquier expectativa, una obra de orfebrería que no he podido parar de ver. Y ya hemos hablado de DVD. Qué demencialmente agradable es tener amigos artistas que hagan las cosas con pulcritud e imaginación. Por primera vez en años estoy lleno de ilusionantes proyectos: ‘La sombra en el espejo’, el corto experimental ‘cyberpunk’ de corta duración, ‘El reencuentro’, la odisea de un corto en 35 mm., una obra de teatro de terror, el guión de largo que sigo escribiendo y ahora, un ‘videoclip’. Todo esto sin cobrar un duro. Por supuesto. PD: Por cierto, y hablando de amigos musicales, acabo de escuchar el disco 'Having a bath', de Apnea, el grupo de Sil, una de las voces más hermosas que he podido escuchar en mi vida. Hablaré del disco y de ella, por supuesto.
|
jueves, diciembre 02, 2004
|
Je t’aime jusqu'à la mort El trabajo de Alexandre Aja se ha convertido en un fenómeno del nuevo cine del terror europeo. Es una lástima que su inabordable final de al traste con sus excelentes logros. El cine ‘gore’ no está en crisis. Al contrario de lo que se pueda pensar, a pesar de su reiteración argumental, sigue siendo, de un modo implícito y preponderante, un referente a la hora de abordar el género de terror. Un cine definido por la imperiosa y morbosa necesidad de mostrar sangre, vísceras y mutilaciones. Tendencia que ha salpicado las pantallas de todo el mundo a lo largo de más tres décadas para deleite de los llamados ‘gorehounds’. En este corrosivo esquema demasiado irreverente y nada convencional, si se tiene en la desmedida cantidad de hemoglobina que suele particularizar este llamativo género de culto, es donde se incluye el nuevo fenómeno de terror del cine francés ‘Alta tensión’. Si bien el trabajo debut de Alexandre Aja transita entre la delgada línea que ensambla el género de terror psicológico con los momentos de ‘splatter’ mejor logrados por una cinta europea en los últimos años, ‘Alta tensión’ construye sobre sí una sólida muestra de gran cine que tiene como objetivo único sumergir al espectador en una auténtica pesadilla de supervivencia, en una experiencia aberrante y angustiosa que no deja cabida a ningún tipo de guiño ni fina ironía. Estamos ante una furioso y violento modelo de cine arriesgado, de un auténtico ejemplo de cine de ‘autor’ llevado a un terreno tan desabrido como lo es el terror que, en muchos momentos, se hace sugerentemente incómodo debido a la depurada forma de rodar de Aja, a su puesta en escena, a la utilización de sonidos y música, de suspiros y miradas furtivas que desasosiegan desde su prólogo, un sueño de una de las protagonistas que, como avance, va poniendo al espectador sobre una pista que nunca hay que perder. La historia de ‘Alta tensión’ no es que sea del todo original. Casi, todo lo contrario. María y Alex son dos jóvenes estudiantes que viajan (con la canción de ‘Sarà perché ti amo’, de Ricchi e Poveri de fondo) a una casa aislada donde vive la familia de esta última con intención de encontrar la soledad necesaria para estudiar los exámenes finales. Rodeados de campos de maíz, la tranquilidad se vuelve frágil cuando cae la noche. Un asesino al que hemos visto de soslayo de forma bastante falsaria a tenor de los acontecimientos que están a punto de suceder, irrumpe en el lugar asesinando salvajemente a cada uno de los miembros de la familia exceptuando a Alex. La supervivencia es la necesidad primordial y Marie, que ha visto todo en una narración subjetiva que lleva al espectador a seguirla donde vaya, se lanza a salvar a su amiga, enfrentándose al asesino, superando sus miedos y comenzando un viaje sin retorno hacia la locura.  Lo realmente fascinante de ‘Alta tensión’ es la capacidad de Aja para la dirección de suspense, logrando con su metodismo clásico y modernista a la vez un extraordinario dominio de los recursos del suspense, capaz de crear secuencias prototípicas del género de manera que resulten tan efectivas y angustiosas llevándolas al máximo nivel de tensión con una conjunción de engranaje maquinal en sus secuencias violentas y utlización de la intriga, acentuada por su pretensión la realista con la que está tratada la mayor parte de una trama que refleja nuestro miedo a todo aquello que provoca miedo; el temor a lo desconocido, el miedo a la oscuridad, la claustrofobia, la importancia de la muerte, incluso el desconocimiento de la propia condición sexual (ingrediente que no falta en la película con una provocativa masturbación femenina). Todo ello manifestado en un ‘huis clos’ asfixiante, dotado de un cierto halo del cine de los 80 que utilizaron con extrema habilidad fórmulas, efectismos y grandiclouencia sanguinaria mediante una interesante artesanía fílmica (títulos como ‘Maniac’, ‘La matanza de Texas’, ‘La última casa a la izquierda’, ‘Nervios rotos’ o ‘Pánico en el bosque’). Lo curioso de todo esto es qué manera Aja y su coguionista Grégory Levasseur han adaptado a la perfección la concepción del ‘splatter de redneck’ rural, del goticismo americano, trasladando los paisajes de la reaccionaria América profunda por los de la campiña francesa, más apacible y extraña, pero igual de peligrosa. Como en toda buena película de género, el terror es físico, la violencia es extrema y real, sin concesiones al sarcasmo. El macabro juego de Aja, camuflado en un ‘thriller’ de terror nada convencional, busca impresionar al espectador, hacerle partícipe de la oscura perturbación imbuida en el filme, estableciendo una inesperada recopilación de instantes terroríficos como esa secuencia a la luz del día presentando al asesino, que utiliza una cabeza decapitada para una felación necrófila.  Sin abandonar en ningún momento la pauta verista de la propuesta, algo subyuga a la baje en ‘Alta tensión', una película que, hasta que la cámara deja de acompañar a Maríe, ha sido un fantástico patrón sin filtros ni efectismos absurdos, con un amenazador sentido de la tensión, la persecución que lo sucede pero no un desenlace que es una de las peores decepciones vistas en el cine moderno. Y es que, por desgracia, cuando todo parece terminar en otro ‘happy end’ lésbico y morboso, sabiendo que el aseisno muere varias veces antes de dejar este mundo, la película ya está contagiada por ese cáncer del cine fantástico contemporáneo reutilizado hasta el paroxismo. Es, como no podía ser de otro modo, el final sorpresa. Un desenlace inverosímil, embustero y, debido a que los mecanismos de la trama no necesitaban de su aparición, totalmente innecesario. Un hecho que hace que la sensación que deja esta gran película en un frustrado y ejemplar cine de género, paradigmático, en el momento en que Aja y Levasseur se les ocurre, no se sabe muy bien por qué, cerrar su brillante desarrollo con un final de justificación inconcebible. No obstante, a pesar de un final endeble y prescindible, ‘Alta tensión’ es mucho más que una simple película de serie B ‘gore’ a la francesa, ya que si por algo es del todo loable el producto de Alexandre Aja es por no perder de vista su deliberada recuperación de la radicalidad de las obras que les han servido de referencia. Destaca, además de su espléndida factura técnica, el cuidado trabajo de François Eudes en la banda sonora, los efectos especiales de maquillaje de Giannetto de Rossi y la sorprendente labor en el terreno interpretativo de la sugerente Cécile de France (fantástica en su doble papel de ángel y demonio) y Maïenn Le Besco, dos actrices que hacen alarde de un verdadero trabajo de composición de personajes en un género en el que esta faceta es bastante escasa. Sin pretensiones estéticas o narrativas más allá que la de provocar inquietud en el espectador, ‘Alta tensión’ es una película tan contundente como renovadora que, alejándose y variando sus propósitos, es tan recomendable como olvidable, si no hubiera sido por la pérdida de la sencillez en su último tramo. Miguel Á. Refoyo © 2004
|
Sé que suena frívolo amplificar un tema tan baladí a una esfera de dramatismo trágico, pero lo cierto es que este pasado lunes sucedió algo que deja un gran vacío en nuestras vidas. Por lo menos, hasta el próximo septiembre de 2005. Ya me extendí en un aplaudido dossier sobre ella, en uno de los temas fundamentales que me llevaron a empezar a escribir este weblog (de hecho en el segundo post ya aparecía mi reivindicación pasional por el tema). ‘24’, la serie de culto más superlativa de la historia moderna de la televisión desde ‘Twin Peaks’ cerró su tercera temporada dejándonos huérfanos de emoción, sin la intriga semanal que, dada su supremacía, ha pasado a ser un alcaloide visual, una droga adictiva sin la que poder pasar. Ayer asistí con lágrimas en los ojos a un momento que pasará a los anales catódicos. Jack Bauer, el héroe inquebrantable, el miembro destacado de la UAT, finalizaba su tercer día más largo en su trabajo de una forma que me llegó al alma. Un tipo hierático, que jamás sonríe y tan profesional y entregado a su trabajo como antes nadie había demostrado en una serie deja salir la tensión acumulada de la manera más humana posible. Cuando el virus de Sanders es neutralizado y su último contacto es detenido. Tras 24 horas en las que está superando su adicción a la heroína, ha estado a punto de morir varias veces, se ha vengado de la mujer que asesinó a su esposa y ha matado a uno de sus superiores, Jack se retira a su coche y se viene abajo, llorando, destrozado por tanto desasosiego y pérdida de adrenalina. Ese momento de humanidad, de cercanía e identificación con el personaje ha sido una de las instantáneas que permanecerá a fuego en mi memoria a lo largo de mi laberíntica vida de convulso espectador televisivo.  Reconozco que algunas de las subtramas de esta temporada estuvieron a punto de hacerme creer que tanta magnificencia no era posible, pero no ha sido así. Tanto los productores de la Fox, Joel Surnow y Robert Cochran, como John Cassar, director de esta obra de precisión, deben estar satisfechos y orgullosos de haber parido la mejor serie de la década, contribuyendo a instantes de estimulante acción sin freno, de calculados giros inesperados, de acción inusual en la apática parrilla de televisión. Simplemente, ‘24’ es una lección magistral de teleserie. Una obra maestra de nuestros días. El cierre de la tercera temporada ha sido una de las experiencias más impresionantes y agónicas que he tenido la suerte de vivir, como los últimos capítulos de las dos primeras temporadas, como toda la serie. Lo que ha pasado en esta con Tony Almeida, Michelle Dessler, Ryan Chapelle, Chase Edmunds, los demás componentes de la UAT y, sobre todo, con un ejemplar presidente Palmer retirado con las manos manchadas por la corrupción y las presiones políticas no tiene precio. Espero con impaciencia a que llegue septiembre de 2005, a que los mandamases de Antena 3 sigan creyendo que hay muchos espectadores que necesitamos nuestra dosis privativa de una potente droga llamada ‘24’.
|
miércoles, diciembre 01, 2004
|
Cuarenta años ha cumplido esta película. 'Mary Poopins' no sólo ha sido un hito cinematográfico por seguir manteniendo el éxito tras más de cuatro décadas, también fue la primera película en la que los actores compartían plano con dibujos animados. La pregunta que os haréis que es ¿Por qué a la mínima que se cumplen 20, 25, 36, 42 o 48 años se celebran este tipo de acontecimientos? ¿Que hay del clásico veinticinco aniversario o de las carismáticas bodas de oro? La respuesta es fácil: la Disney está en horas bajas y necesita revender sus viejas y productivas películas paa mantenerse a flote. De ahí que tengamos cumpleaños de los arcaicos Disneys (y no tan viejos, sino mirad el lanzamientos de DVD's como 'El Rey León' y 'Aladdin') cada dos por tres. Malos tiempos para la factoría de dibujos animados más famosa de la historia.
|
El fútbol no es algo que me llame mucho la atención, pero si me tengo que adscribir a algún equipo de fútbol y caer en la incuria nacional por un deporte prosituido desde su base, me quedo con el Athletic de Bilbao, club del que, desde pequeño, soy seguidor. Fundamentalmente porque mi abuelo, tío y primos eran y siguen siendo fervientes hinchas de 'los leones'. Reconozco que los domingos pongo algo de interés para saber el resultado de este equipo de férreas tradiciones y que nunca ha bajado, junto al R. Madrid y Barcelona, a Segunda División. Pues bien, hoy es un día triste en el club de mis amores (por decir algo). Y es que, tras 106 años con la elástica incorruptible a la maquinaria publicitaria, el Athletic ha caído en las redes del dinero por anunciar sea cual fuere el motivo en su camiseta. El presidente de la entidad, Fernando Lamikiz ha anunciado el acuerdo y ha dejado muy claro que llevar el nombre de Euskadi en la camiseta no es publicidad. Hay que ser cínico e hipócrita para declarar esto y poner la mano para cobrar 350.000 euros por los dos partidos de UEFA que le restan al equipo en esta segunda fase y seguir cobrando si el club continúa en la competición europea. En fin. Yo seguiré siendo acérrimo a los colores de este gran equipo de fútbol. Pero estas cosas, me sientan mal. Como aficionado del Athletic que soy. Supongo que muchos bilbáinos y simpatizantes estarán de acuerdo de acuerdo con la medida. Yo no. Y es mi opinión, tan sólo eso. ¡¡Athletic, Athletic, Geuria!!
|
|
Cuando lo zafio y lo exquisito se dan la mano, la combinación suele ser de lo más esperpéntica, a veces inquietante e incluso divertida. Hoy en 'Lo + Plus' esta situación se ha dado con creces. Resulta, cuanto menos, curioso ver juntos a la pareja de gaditanos Andy & Lucas en la misma conversación y mesa que un tótem del cine épico como Jean-Jacques Annaud. Ha sido todo tan extraño e insólito, que las gracias insustanciales de Lucas (Andy está para afirmar todo lo que diga su compañero de voz) han sido compartidas con el cineasta francés, que ha caído en un demencial ridículo al que no han sido ajenos Manu Carreño y la cada vez más ‘superpija’ por autodefinición Ana Gª Siñeríz, entrando todos en una espiral de patetismo creciente, casi insostenible. Un opulento circo de Grand Guiñol que hasta este momento no habíamos tenido la oportunidad de disfrutar en la televisión. Siempre he creído que cuando un andaluz tiene gracia, es el rey de la fiesta, el que más capacidad tiene para levantar el aburrimiento de funeral, el dómine de los chistes e historias bien contadas. Eso sí, cuando un sureño español nace soso y sin gracia natural, por mucho acento que tenga y, lo que es peor, se crea que sólo por ser andaluz tiene ese ‘aje’ de arrojo humorístico delimitado a unos pocos, resulta un ser completamente grotesco, paupérrimo y definitivamente bastante triste. Pues bien, es lo que le pasa a este tal Lucas, un tipo que va de gracioso, que se lo cree y se engrandece a cada estupidez que dice sin tener ni puta gracia. Eso sí, parecer, parece buen chaval.  Lo fascinante de todo es que el director de ‘El nombre de la Rosa’, ‘El Oso’ o ‘Enemigo a las puertas’ haya llegado con exceso de júbilo al programa (y bastante tarde), visiblemente con tres vinos de más situándose al nivel de incongruencia hilarante a la que ha llegado el programa de hoy. Hasta estos dos colegas de Cádiz se han marcado un ‘rap’ que es al ‘hip hop’ lo que Aznar a la coherencia, han sacado un parecido físico de Annaud con ‘Harry Potter’ (sic) y han contado historias menos interesantes que las conversaciones que tenían los Ropper. Y en esta batalla de disparate contra la inteligencia de ‘a ver quién dice la parida más grande’, mi gran amigo Eli Wood Jr. (cortometrajista ‘gore’ de culto en Salamanca) de espectador. Ahí, detrás de la Siñeríz, aguantando el tipo y sin mirar a cámara ni una sola vez, que es a lo que se dedican las fans (y casi todos en general) cuando van a hacer bulto al programa más blanco de la tele. Como diría Papuchi, de lo más "raro, raro, raro…".
|
|
Bueno, pues otro cómic de esos que marcan infancias que Hollywood va a fusilar llevándolo a la gran pantalla. En esta ocasión es ‘Iron Man’, uno de mis cómics predilectos, verá mancillada su imagen con su traslación a imagen real. Esta conjunción de hombre y máquina creada por los siempre geniales Stan Lee y Jack Kirby en marzo de 1963 para ‘Tales of Suspense’ narra la historia de un pobre tipo que, en sus comienzos pasó por un trasplante, una fase de alcoholismo sin remedio para pasar a ser tetraplégico debido la locura de celos de una zorra trastornada que le disparó a bocajarro. Aquel hombre murió de cáncer. Años después, volvió de la hibernación convertido en Tony Stark, un playboy millonario, fabricante de armas, seductor y misógino que una vez se construyó una armadura de acero indestructible con varios componentes de alta tecnología que le hicieron infranqueable. ¿Existe mejor superhéroe? Desde mi más tierna infancia he pensado que Tony era el mejor, el más caradura, el más macarra y esa la sensación de no saber cómo ni por qué un tipo tan cabrón pudo ser un superhéroe le hacen más admirable si cabe. Nunca conocí tal incorrección política en un héroe de la Marvel. Por eso me aflige que Hollwood lo adapte, porque le quitará el sedimento canalla del original. Pues bien David Hayter, Alfred Gough y Miles Millar han sido los encargados del guión que se producirá en 2005. Nick Cassavetes, el hijo del gran John, que ha dirigido ‘Atrapada entre dos hombres’, sí, pero que ha perpretado cintas como ‘John Q’ y ‘El diario de Noa’. ¿Nos jugamos algo a que joden el mito metálico?
|
|