viernes, 31 de diciembre de 2004

Resumen del año 2004 desde el ABISMO

El año que ha terminado deja, como cada temporada, un extenso muestrario de todo tipo de cine. Es, durante estos últimos días de 2004 y los primeros del (casi) recién inaugurado 2005, cuando llega la hora de hacer cábalas, cuando se propaga la reflexión personal sobre el balance y el análisis de otro año que ha dejado claro un tema palmario: el ridículo estado de nuestro cine español frente a un cine extranjero (la mayor parte, norteamericano) que ha superado a la material fílmica española en términos monetarios y de calidad.
he aquí un extenso balance de lo mejor y peor, siempre en cuanto a cine se refiere.
TOP 10 – 2004
10.- 'La joven de la Perla', de Peter Webber.
El debutante Peter Webber, prestigioso documentalista, lleva a imagen el libro de Tracy Chevalier para develar el misterio que se esconde detrás este cuadro de Vermeer. La grandeza del filme proviene, sin embargo del fotógrafo Eduardo Serra, que sigue los postulados artísticos de Steen, Potter o los hermanos Van Ostade, obsequia al espectador con una película de frágil sensibilidad, donde la puesta en escena simboliza un universo pictórico de tonalidades y perspectivas sobre el fondo, hacia planos medios y más allá en la distancia, llenos de efectos de luz reflejados con sutileza, delicadeza y pureza de color. Un cosmos de arte y luz que el cineasta aprovecha para contar la historia a través de un mundo en que las cosas no se dicen pero se captan, como extraídas de la atmósfera doméstica evocadora del estilo genérico de Pietr de Hooch, otro maestro de la época.
9.- 'Los Increíbles', de Brad Bird.
Brad Bird consigue para la Pixar su mejor filme hasta el momento basando su potencial en una perfección técnica absoluta y en el épico homenaje al cómic de los 50, invocando también a una reflexión sobre la anormalidad, la heterogeneidad a la conlleva ser un héroe y el rechazo que casi siempre la sociedad tiene ante esto. Pixar que arriesga con sutilidad e ingenio en un cine mucho más adulto, en un cine donde los protagonistas adquieren una perfección absoluta, no sólo a nivel técnico (extraordinaria, teniendo en cuenta sus atributos no demasiado naturalistas de la realidad) sino a nivel narrativo. Suntuosa obra de arte y artesanía, una fiesta de cine de animación clásico, Bird demuestra su devoción por el clasicismo de los años 50 y la estética retrofuturista, apostando en todo momento con un toque ‘pulp’ sesentero, donde no falta en ‘pop art’ estético y el ‘High Tech’ con un sincero homenaje a la serie de ‘James Bond’.
8.- 'Secretary', de Steven Shainberg.
En ‘Secretary’, lo que para muchos resulta desagradable e intolerable, señal de hipocresía e intransigencia, es en realidad una muestra de belleza sensible en estado puro de dos personas que edifican, poco a poco, una personal y casi perfecta felicidad. Una cinta que reflexiona acerca de lo fácil que resulta que el placer y el dolor del castigo sexual y la zozobra amorosa se confundan, máxime cuando dos personas establecen una relación laboral cimentada en la práctica y la aceptación del poder. Los juegos de faltas y correctivos, de humillaciones y escarmientos son representados con absoluta taumaturgia por James Spader y Maggie Gyllenhaal.
7.- 'Etre er Avoir', de Nicolas Philibert.
Es ‘Ser y tener’ una galería de pequeños fragmentos de vida, narrada de forma magistral por una mirada que se sitúa con bastante distancia para resultar cercano, paradoja ésta que le permite a Philibert explorar y contemplar al profesor y a los niños desde un prisma realista y a su vez nada complaciente. Un recorrido por la importancia de enseñar, inquiriendo en la esencia del fenómeno educativo, una oda al acto de amor que es iniciar al más pequeño en el proceso de aprender y crecer. Ése compromiso es tratado en todo momento con delicadeza y sensibilidad, mostrado con un perfecto montaje que se compromete con la emoción, pero que elude por completo la sensiblería.
6.- 'Amanecer de los muertos', de Zack Snyder.
El debutante Zack Snyder recupera la pureza más genérica del ‘gore’ en un ‘remake’ que supera, con mucho, al original de George A. Romero. Una plétora de habilidades en la que predomina un intuitivo sentido visual que consigue con su perfecta planificación aprovechar al máximo el impacto de las múltiples escenas de acción a unos niveles de estética y violencia pocas veces apreciables del género. La gran virtud que convierte esta versión en una ‘rara avis’ dentro del cine de terror actual es su alto componente radical, disoluto y respetuoso con los dispositivos genéricos ricos en lecturas y camuflados en la sangre fácil y la acción de infrenable ritmo que arranca con uno de los más feroces y enérgicos prólogos vistos en muchos años y que concluye con uno de esos epílogos que dejan al espectador anclado en la butaca.
5.- 'Antes del atardecer', de Richard Linklater.
Nueve años después de ‘Antes del amanecer’, Richard Linklater retoma su mejor película para continuar una de las historias más bellas y románticas de la historia del cine contemporáneo. La libertad y la inspiración confluyen en un necesario estilo de acercamiento a la pareja, donde el fluir temporal que añora un tiempo no vivido, llena su vacío con diálogos, reflexiones y sueños que cubren la ausencia de ambos en sus respectivas vidas. Una preciosa oda al amor que consta de un engranaje conceptual detallado en la delicadeza de sus frases, de sus réplicas, de sus silencios, de lo latente que empieza en las percepciones abstractas avanzando hacia las respuestas que tanto los personajes como el espectador quieren conocer.
4.- '2046', de Wong Kar Way.
Wong Kar-Wai aborda una compleja historia sobre el amor no correspondido, sobre la memoria y el recuerdo, donde su dolor se produce en un futuro que retrocede al pasado. La multiplicidad de sentimientos, de juego con los tiempos y de pretendida confusión por parte del cineasta hacen de esta película una pieza excepcional, colmada de una especial belleza de indomable y lírica elocuencia, en búsqueda constante de una perfecta puesta en escena, donde los planos ralentizados, la hermosa fotografía y la adecuada utilización dramática de la música juegan un papel fundamental para su discurso reflexivo y substancialmente onírico. Lírica obra de talla excepcional, prodigio de composición musical de la imagen, su gran capacidad de hipnotismo convierten a esta joya en un filme de sensaciones.
3.- 'Eternal sunshine of the spotless mind', de Michel Gondry.
Charlie Kaufman y Michel Gondry componen una magistral y compleja fábula romántica que tiene en el juego de tiempos su mayor virtud narrativa. Su gran probidad reside en que, en su intención no está la originalidad sino el propósito de contar una historia que muestra la verdadera naturaleza del amor, concibiendo su destino e inevitabilidad, su sentido de la injusticia y la predestinación. Es ‘Eternal Sunshine…’ una película de muchas lecturas que apela a continuidad espontánea a medida que la historia profundiza en su complejidad. Y es que nunca fue tan cierto que el sentido de una película está en los ojos del que mira, del que siente de una manera u otra lo que está viendo. Una película dedicada al eterno brillo de las mentes inmaculadas (las que evoca el título original), aquéllas que entenderán que no se puede esquivar el amor, aunque no se recuerde ni siquiera de quién se está enamorado o por qué se quiere estarlo.
2.- 'Kill Bill (Vol. 1 y 2)', de Quentin Tarantino.
Tarantino ha realizado con su cuarta película la proeza de aleccionar sobre la dirección, la absorción de referencias y la composición de un salvaje chute de adrenalina. Cine libre en estado puro, un preciso y contundente cocktel de referencias temáticas sobre las que el cineasta es un experto conocedor. Los clásicos de serie B, los dogmas populares, las cintas orientales y sus expresiones genéricas más estandarizadas (como el ‘wuxia pian’, los filmes de yakuzas, el ‘anime’) o el ‘western’ (en sus versiones clásicas y ‘spaghetti’) desfilan en un imposible combinado genérico donde la fuerza del impacto y las analogías temáticas no sólo evocan simplemente el exceso y los aspectos más determinantes del cine de género, sino que esconden tras su apariencia un impresionante espíritu de rebelión subversiva que le confiere una intensidad emocional y un poder de fascinación infinitos.
1.- 'Lost in translation', de Sofía Coppola.
La segunda película como directora de Sofia Coppola supone una obra maestra sobre las amistades no duraderas pero imborrables. Es tan extraordinaria debido a las reflexiones vertidas en esta prodigiosa película en torno a la soledad, la decadencia y el paso del tiempo en un viaje a la vida de dos personajes imposible de olvidar e interpretados por Bill Murray Y Scarlette Johansson. Coppola libera sus creaciones en una terminante y reconocible verdad, diáfana y sugestiva, que manifiesta en su fondo y forma un sincero alegato al romanticismo, al amor y las inquietudes de unos roles que viven por sí solos y que se necesitan para poder comprender un periplo de dudas existenciales, de crisis iniciáticas o maduras, ambas adultas, equiparables en sus preguntas sobre la vida y la felicidad.
Y además...
MEJOR DIRECTOR
QUENTIN TARANTINO por el díptico ‘Kill Bill’.
Por ofrecer una asombrosa lección de estilo, un riguroso catálogo de material popular y un festival de guiños, homenajes, devociones y conmemoraciones cinéfilas. Lo de Tarantino no es, por tanto, una acomodaticia concepción del cine, sino un intenso ritual fruto de una convicción que es la columna vertebral de toda su obra: una fusión armónica entre cine y vida.
MEJOR ACTOR
BILL MURRAY por ‘Lost in Translation’.
Murray ha demostrado un estado de gracia imposible de superar, comedido en un papel en el que podría haber explotado su vena histriónica, pero que sutiliza a favor de la emotividad y ternura necesaria, aprovecha con ello su gran oportunidad de reivindicarse como lo que siempre ha sido, uno de los mejores actores modernos.
JIM CARREY por ‘Eternal Sunshine of the spotlees mind’.
Con un embrujo fuera de lo común un Jim Carrey vuelve a demostrar su pulso dramático, su contención de gestos y muecas, para ofrecer una lección de interpretación, como ya lo hiciera en ‘The Majestic’ y ‘The Truman Show’.
MEJOR ACTRIZ
SCARLETT JOHANSSON por ‘Lost in translation’ y ‘La joven de la perla’.
Scarlett Johansson, es una asombrosa actriz de talento inalcanzable y voz perturbadora, que indetermina una capacidad soberbia en papeles dotados de una madurez memorable. Pese a su juventud, Scarlett es un prodigio que sublima su talento con una emocionante galería de miradas comedidas, de poderosos mutismos adaptados a sus inmensos personajes que la actriz sabe moldear con interpretaciones (por lo menos estas dos) inalcanzables.
UMA THURMAN por ‘Kill Hill Vol. 1 y 2’.
Hay que destacar como lo mejor del año a la oda de amor de Tarantino a una actriz, a Uma Thurman (retrasando el proyecto cuando la actriz estuvo embarazada), que realiza no sólo un verdadero y plausible maratón físico, sino que sabe combinar este rasgo tan poco valorado con una intensidad actoral mostrada en esa escena en que La Novia cree haber perdido a su bebé manifestado en un llanto desgarrador. Thurman está increíble.
PELÍCULAS DESTACADAS
.- ‘Fahrenheit 9/11’, de Michael Moore.
.- ‘Peter Pan’, de P.J. Hogan.
.- ‘Hero’, de Zhang Yimou.
.- ‘The kid stays in the picture’, de Breit Morgen y Manette Burstein.
.- ‘The station agent’, de Tom McCarthy.
.- ‘Seabiscuit’, de Gary Ross.
.- ‘Big Fish’, de Tim Burton.
.- ‘Hellboy’, de Guillermo del Toro.
.- ‘Cold Mountain’, de Anthony Mingella.
.- ‘Como una imagen’, de Agnès Jaoui.
PELÍCULAS ESPAÑOLAS
.- ‘Crimen Ferpecto’, de Álex de la Iglesia.
.- ‘Inconscientes’, de Joaquín Oristrell.
.- ‘El 7º día’, de Carlos Saura.
.- ‘Héctor’, de Gracia Querejeta.
PEORES PELÍCULAS
.- ‘Blueberry’, de Jan Kounen.
.- ‘Cold Creek Manor’, de Mike Figgis.
.- ‘Secret Window’, de David Koepp.
.- ‘Cellular’, de David R. Evans.
.- ‘Bridget Jones 2’, de Beeban Kidron.
.- ‘La asombrosa aventura de Borjamari y Pocholo’, de Enrique Lavigne y Juan Cabestany.
PELÍCULAS MALDITAS (futuras ‘cult movies’)
.- ‘Confessions of a dangerous mind’, de George Clooney.
.- ‘The machinist’, de Brad Anderson.
.- ‘The cooler’, de Wayne Kramer.
.- ‘Stepford Wives', de Frank Oz.
.- ‘Romasanta’, de Paco Plaza.

jueves, 30 de diciembre de 2004

Menuda macarrada, oiga!!

Me gustaría escribir más extensamente sobre el tema pero tengo que hacer cosas en la vida real, así que seré breve y escribiré sin pensar, sobre la marcha, en el plan en que se ha hecho la película de la que voy a hablar. Hoy he visto 'Ocean's Twelve' y, al contrario de los comentarios que he oído (todos negativos), me ha parecido la mayor macarrada vista en años. Ya no sólo porque llega un momento en el que el guión no da más de sí y se observa claramente que han improvisado sobre la marcha, que han realizado un final sin complicarse la vida o del 'buenrollismo' que traspasa la pantalla y se contagia, donde lo efímero de la diversión que desprende es la tónica general que se apodera del filme. Lo que más me ha llamado la atención, sin emabrgo, es la capacidad de ese 'director total' que es Steven Soderbergh para jugar con la cámara, para experimentar con formatos y lentes, para escudriñar nuevas vueltas de tuerca visuales y narrativas. Es genial. Hay un pequeño golpe de foco con un ligero 'zoom' en un plano en el que Matt Damon está hablando por teléfono (que no viene a cuento para nada) que vale toda la película. Soderbergh demuestra así de qué manera se puede uno divertir y formar parte de esta fiesta absurda (y yo diría que etílica y desmelenada) que ha sido una secuela tan innecesaria como solaz.
Una cinta mayoritariamente 'cool'.

miércoles, 29 de diciembre de 2004

El conflicto del Archivo Histórico es bien sencillo

Ante tanto hablar del tema. Ante tanta polémica. Ante tanto desconocimiento de lo que sucede alrededor del usurpo catalán de los Archivos históricos de Salamanca, no me queda más remedio de tocar la cuestión, aunque sea de una forma transversal, sin profundizar demasiado, dando unas pequeñas pautas subjetivas de algo que, si os digo la verdad, es importante, pero no tanto, o sí. No sé.
Todo viene de lejos, y era más que previsible que esto que está pasando sucediera, porque a lo largo de muchos años ha venido siendo una trama habitual entre políticos de cualquier partido y la Historia como tal. La polémica del Archivo General de la Guerra Civil lleva más de quince años dando que hablar. Pongámonos en situación y sepamos qué es lo que pasa: existe una cantidad determinada de papeles históricos, todos relativos a la Guerra Civil, que la Generalidad de Cataluña cree suyos y por contra, con una aplastante lógica cartesiana, los responsables del Archivo de Salamanca no comparten posturas, ya que consideran que forman parte del patrimonio histórico de todos los españoles.
Al Archivo se le dio carácter general hace muy poco tiempo, en 1999. Al contrario de lo que se pueda pensar no está compuesto por legajos de la Guerra Civil, sino la documentación referente a partidos políticos, sindicatos y ayuntamientos. Y no es sólo en Salamanca, hay muchos más repartidos por toda España, como en Ávila, donde hay varios correspondientes al ejército republicano, por lo que empiecen a temblar los abulenses. El Archivo como tal está dispuesto no como posesión de una ciudad, ni como privilegio cultural, sino como un recinto abierto que desempeña pautas funcionales pensadas para el uso de estudiosos e historiadores.
El problema en sí, lo que no es de recibo en un tema como este, es que la disputa no llega por el hecho del Archivo en sí, sino que es producto de una disputa política. Y es que la Generalidad catalana, apoyada en su fervor nacionalista, considera estos archivos como la consecución de un robo, de un expolio, la delirante idea de que la contienda fratricida desvalijó su Nación durante la guerra. Por supuesto, se trata de una interpretación nacionalista y no hay más vuelta de hoja. Considerar los legajos ubicados aquí como un triunfo de guerra es, categóricamente, una gilipollez.
Me hace gracia que el gobierno haya nombrado una comisión de ‘expertos’ vendidos al mejor postor, perteneciendo a la lucha activa de la recuperación injusta del gobierno de Maragall. Ahora, con la decisión de llevárselo, cualquier Comunidad Autónoma podrá llevarse su ración, por lo que el archivo desaparecería. Y eso ya sí que es grave. Una auténtica demencia de estupidez extrema. Decía el otro día uno de los mejores historiadores foráneos que el hecho de que Salamanca pierda el Archivo es impensable en un entorno de historia moderna, ya que para él “es más que extraño que documentos históricos puedan pertenecer a ciertas entidades políticas”. Y ahí está la clave, amigos. Los archivos pertenecen a España como nación, no al gobierno catalán, ni al central, ni a nadie. Son patrimonio de todos y su objeto es permanecer bien atendidos y conservados para que los historiadores puedan estudiarlos.
Salamanca los acogió desde sus inicios, recopilándolos con gran esfuerzo para que se mantuvieran unidos y fomentando su expansión. Treinta personas, profesionales del historicismo (no como los que ha designado Carmen Calvo) lo atienden, manteniéndolo y cuidándolo para la investigación de la Guerra Civil, tiempo pasado al que se le está perdiendo el respeto, cagándose en su existencia con esta actitud de poder, de ‘a ver quién es más fuerte’, de capricho, en definitiva.
Y no es una postura de defensa salmantina. Os aseguro que me da igual, pero entiendo a los historiadores que, como es lógico, no están a favor de esta pantomima. Si se los llevan, estarán desmantelando una realidad histórica, se estará rompiendo un pasado que simboliza la maquinaria represora de aquellos años. Por eso debería mantenerse íntegra, como homenaje a la memoria de las víctimas de la Guerra, que parece no importar a nadie con este traslado absurdo. La Historia se ha escrito por todo ese tipo de expolios, latrocinios y robos, por lo que ponerse a disgregar todos los legajos repartidos por España supondría la puerta abierta a seguir con este despropósito. Vamos a ver: exponiendo las ridículas bases expuestas por los catalanes ¿Por qué no traer a Salamanca las más de 120 obras de arte que se expoliaron y robaron a lo largo de la historia y que permanecen en Cataluña? ¿Por qué no nos las devuelven? Son nuestras también ¿O no? Pues lo mismo. O imaginad que el Islam quisiera recuperar su arte arquitectónica robada durante la Reconquista.
Y lo que más me molesta de todo este entramado: el apoyo del ciudadano que se posiciona sin conocimiento de causa. Si soy catalán, me supedito a la frivolidad políticas de turno, pues reclamo también sólo por inercia. O en el ámbito contrario, en Salamanca, dedicarse a insultar a Cataluña cuando no saben muy bien qué coño conforma los puñeteros archivos, aunque vayan con más razón, a ciegas. Eso demuestra la precaria condición del intelectual español, del ciudadano de a pie, de todos nosotros.

El pancartismo que tanto se ha dado en esta ciudad y que es totalemente baladí.
Ya os digo que a mí me da igual que se lo lleven, pero me jode. Y mucho, porque no es normal que por ideales actualizadamente totalitaristas, se empiece a destruir la historia por empeñadas bufonadas nacionalistas o de cualquier otro signo político. Hay tantísimas cosas más importantes en Salamanca que por unos míseros papeles de la Guerra Civil que no vale la pena lamentarse. Es un pequeño granito de arena cultural en un vasto imperio. Así que por mí, que se los lleven. Aunque no es lógico ni normal, eso queda fuera de toda duda. Eso sí, si empezamos con esta ridícula postura de niños enfurruñados, que nos empiecen a restituir nuestra cultura charra repartida por toda España para que luzca en los museos e iglesias de aquí, de esta ciudad, capital cultural de Europa.

El cine, por Robert Ebert

Buscando entre mis textos la puñetera crítica que hice de la película de Víctor Salva 'Jeepers Creepers' (por cierto, que no he encontrado en mi desordenada base de críticas), ya que ayer ayer noche la emitieron en Telecinco, sin avisar, estrenándola de soslayo, con nocturnidad y alevosía. Pues bien, cuando estaba al borde del conlapso ocular, he encontrado un texto que tal vez os pueda interesar. Pertenece a ese dómine de la crítica que, como buen humano -y más si se dedica a la escritura cinematográfica- desacierta y atina a partes iguales. Me refiero a Roger Ebert, el crítico de cine del Chicago Suntimes al que casi todos conoceréis (supongo).
21 COSAS QUE DEBERIAS SABER ACERCA DE IR AL CINE por Rogert Ebert
1. Cómo prepararte para una película: La vida es corta. Intenta evitar, siempre que se sea posible, perder dos horas de tu tiempo en una película que no vas a disfrutar. Nunca te fíes de los anuncios por dos razones:
(1) Hasta el estreno, la mayoría de las citas de los críticos vienen de los publicistas que buscan vender a toda costa la película.
(2) Las películas serias vienen frecuentemente con importantes campañas de publicidad que las hacen parecer como si fuera algo divertido y alegre para todos.
2. Cómo leer una crítica: Un buen crítico, debería dar una idea suficiente de la película para así poder decidir si te gusta independientemente de si le ha gustado a él o no.
3. Cómo escoger críticos: Como probablemente no vas a ver 9 de cada 10 películas, intenta encontrar algún crítico cuyas reseñas merezcan la pena (ejem, ejem...). Busca el estilo de escritura y la intuición. Nunca busques un crítico "objetivo". Toda crítica es subjetiva.
4. Si ya has leído la novela: Perfecto. Sólo recuerda que la única responsabilidad del director es hacer una buena película, no ser respetuoso con la novela. Las adaptaciones al cine no son matrimonios y no ser respetuoso con la novela no es un adulterio.
5. Si no has leído la novela: Probablemente no encuentres tiempo para leerla antes de que quiten la película del cine, así que adelante y vete a verla. Recuerda este frecuentemente acertado dicho hollywoodiense: mucho malos libros han hecho grandes películas... pero la mayoría de grandes libros son malas películas.
6. Si te encanta la película: Entérate quién la dirigió y trata de ver otras películas de él. El causante de la calidad en una película es más probable que sea el director que el actor que salga en ella.
7. Si miras las listas de películas más taquilleras: Alto. Las películas no son un deporte y la película más taquillera del fin de semana no ha ganado nada salvo mucho dinero. Desde el momento en que tu gusto probablemente es mejor que el de mucha gente, las películas que te gusten es posible que estén más abajo en la lista o que ni siquiera estén.
8. Si hablas cuando ves la película: Recuerda que todo el mundo en el cine ha pagado sus entradas igual que tú y que esperan oir la película y no a ti. Hablar durante una película es una de las mejores formas de comunicar a los otros tu estatus de ignorante patán. Si la gente habla detrás de ti pídeles que se callen. Si no funciona quéjate al acomodador y cambia de asiento.
9. A qué mirar: Las tomas se hacen hasta que el director está satisfecho con lo que ve. Pocas cosas en la pantalla está ahí de casualidad. Cada movimiento en un fotograma y el encuadre tienen su propósito. Si ves la película por segunda o tercera vez te preguntarás porque cada toma es de la forma que es. ¿Por qué un primer plano aquí, por qué un plano-contraplano? La respuesta habitualmente no es nada raro o especializado, sino que está basado en el sentido común.
10. ¿Qué es lo que hace un gran score?: Es una verdad en Hollywood que sólo hay dos tipos de grandes scores musicales: aquellos de los que te das cuenta y aquellos de los que no te das cuenta. Lo que hay en medio es sólo vulgar. Ejemplo de scores de los que te das cuenta: los de Nino Rotta para Fellini, especialmente 'Amarcord'; los de Bernard Herrmann para 'Ciudadano Kane', 'Psicosis' o 'Taxi driver'. Ejemplo de scores de los que no te das cuenta: el de Howard Shore para 'El silencio de los corderos'.
11. ¡Hey! ¡Puedo ver los micrófonos ahí arriba!: Es un fallo del proyeccionista al haber encuadrado incorrectamente la película.
12. Leyendo los créditos: Conviene quedarse a verlos al final de la película pese a su duración porque a veces esconden 'gags' al final o durante los mismos.
13. ¿Esperar al DVD?: Las películas entran en cuatro categorías:
A: Películas que merece la pena ver en un cine.
B: Películas que puedes esperar a que salgan en DVD o vídeo.
C: Películas que quizás veas por la tele un día de estos.
D: Películas que no merece la pena ver.
La mejor regla es: nunca vayas al cine a ver una D y nunca vayas a ver una B o C si hay una A disponible. Se dice a menudo que "se debe" ver películas épicas o a gran escala como 'La lista de Schindler' o 'Star wars' en el cine, mientras que películas más "pequeñas" como 'Cuatro bodas y un funeral' mejor verlas en vídeo. Mi teoría es que es mejor ir por la calidad de la película indendientemente de que se desarrolle en una habitación cerrada, con impresionantes paisajes o salga mucha o poca gente.
14. Cuándo ir: La mayoría de los cines tienen precios rebajados en las sesiones matinales... que son las de menor afluencia de gente. Los fines de semana suelen estar llenos y a ciertas horas hay muchos niños que no hacen más que ruido. Planifícalo racionalmente.
15. Dónde me siento: Yo me siento dos veces más lejos que la anchura de la pantalla en el lado más alejado al de la entrada principal. También me gusta sentarme en el pasillo central si está aislado porque no hay nadie delante y se está más cómodo.
16. me gusta sentarme en la primera fila: Genial. Así dejas más sitio para el resto de nosotros.
17. Buscando simbolismos:A menudo me preguntan que simboliza una determinada imagen en una película. La respuesta es "¿para ti? Nada o sino no me lo estarías preguntando". Un símbolo es una imagen que crea una resonancia en la mente. ¿Qué simboliza" Depende de ti y de tu mente. Un signo del euro puede simbolizar salud para mí, avaricia para ti, seguridad para ella, un símbolo de precios para él. La clave a recordar es que nunca te puedes confundir acerca de un símbolo porque sabes lo que significa para ti.
18. ¿Dolby Digital, DTS o SDDS?: Da igual. Pero si una película ha sido rodada con un sonido de última generación intenta verla en un cine capaz de hacerle justicia. El sonido debería sonar magnífico y entonces deberías olvidarlo y sumergirte en la historia. Si todavía eres claramente consciente del espectacular sonido tras diez minutos de película, eso es una mala señal. Significa que el director no tiene nada que contar e intenta distraerte con el sonido a propósito. Si el viento en los árboles está tapando el diálogo quéjate.
19. Después de la película:Toda buena película inspira conversaciones, comentarios y discusiones. La mayoría de lo que he aprendido acerca del cine ha venido por discusiones con gente sobre películas que hemos visto.
20. Quejándose: Cuéntale al encargado cuál es el problema. Mientras te responde fíjate en la chapa con su nombre para poder citarle en una carta a la gerencia del cine si se considera necesario enviarla.
21. ¿Qué es lo que hace grande a una película?: Se dice que el cerebro humano divide sus funciones. La parte derecha está destinada a las impresiones sensoriales, emociones, colores, música... La parte izquierda al pensamiento abstracto, lógica, filosofía, análisis. Mi definición de una gran película es: mientras la estás mirando le gusta a tu parte derecha del cerebro; cuando se termina a tu izquierda.
PD: Después de leerlo me parece una chorrada como la copa de un pino. Aunque reconozco que hay cosas (pocas) interesantes. Encima el tipo se intenta hacer el gracioso. De verdad...

Recuerdos

"Intenté pensar en algo ingenuo, en algo de mi niñez. En alguien que jamás sería capaz de hacernos daño. Y pensé en el muñequito de los Marshmallows..."

Las películas más esperadas de 2005

Como cada año, además de promover las listas con lo mejor y lo peor del pasado año (caerá mi lista de las 10 mejores del año dentro de poco), suele afrontarse la nueva temporada esperando algún que otro título que marque las expectativas de títulos que, por diversas razones, atraigan la atención de los medios y del público, esperanzado por ver grandes superproducciones apoyadas en impresionantes campañas de publicidad y marketing que empiezan varios meses antes de que el celuloide vea la luz. Películas que esperan su lugar en una nueva temporada que repartirá su posición con ecuanimidad (o no) en lotes de películas llegadas de Hollywood y del resto del mundo.
He aquí las 20 películas que darán mucho que hablar según la gran revista JoBlo.

martes, 28 de diciembre de 2004

¡¡God save The Pistols!!

Hace dos años, cuando todavía existían los Cines Bretón en Salamanca y eran un foro de culturetas y de cinéfilos amantes de la subcultura, el cine en versión original y las películas independientes, tuve la oportunidad de ver el mejor documental de los Sex Pistols gracias esa persona fundamental en esta vida como esa gran mujer llamada Iris ‘Watchwoman’. 'The Filth and the Fury’, de Julien Temple es una arriesgada y sugerente visión de uno de los grupos más míticos e imborrables de la música contemporánea, los polémicos Sex Pistols. Este realizador británico es un veterano detrás de las cámaras y lo del rollo musical no es nuevo para él, ya que su primera cinta, rodada hace más de una década, ‘Principiantes’, estaba ambientada en el ‘Swinging London’ de los años 70.
Con ‘La mugre y la furia’ regresó a ese movimiento convulso que era el Londres de aquellos locos años 70 para reconstruir en clave documental la vida, éxito, ascenso y caída de los legendarios Sex Pistols. El documental empieza como una comedia de los Monthy Phyton para, poco a poco, exprimir todos y cada uno de los acontecimientos que tuvieron lugar en la vida de este polémico y rebelde conjunto musical. Además de dar de lleno en una explicación visual acojonante del ‘punk’, el documental va desgranando un movimiento musical que logró encontrar sus raíces en una Inglaterra en el que el paro era el tema de discusión de los primeros años de gobierno de la Tatcher y de los jóvenes sin futuro que pedían una oportunidad. Aquellos años de radicalismo y protesta tuvieron en los Pistols el eco de sus voces, de sus reivindicaciones y que provocó, con sus incendiarias letras, un estilo de vida. Es impresionante ver imágenes inéditas de esos iconos en que se han convertido Johnn Rotten y Sid Vicious.
Si tenéis la oportunidad de verlo, no lo dudéis, ya que se trata de un acertado intento de analizar un movimiento pocas veces entendido y la vida un grupo irrepetible. El documental tiene momentos míticos del grupo, como la entrevista que le hicieron al grupo en el programa más influyente de la época (imaginaros que un grupo de borrachos logra putear de primera mano a Sardá en su patético programa), la firma del contrato con la EMI o con A&M para ser despedidos al día siguiente o su mítico concierto en el barco el día de la fiesta nacional inglesa (The Jubilee Day) cantando la mítica 'God Save the Queen'. Julien Temple engancha con su forma de narrar, mucho antes de que entrara en escena Michael Moore y su ‘Bowling for Columbine’. 'The Filth and the Fury’ es diferente, ya que está realizado de una manera concisa, muchas veces seca y dilapidaria, en sintonía con las peculiaridades de los propios Pistols y todo lo que les rodeaba. Este es un documental para aquellos a los que la música es una forma de ver la vida. Y con material nuevo. Como entrevistas a Glen Matlock, uno de los primeros componentes y su sucesor, el infausto Sid Vicious, al que Temple hizo una amplia entrevista en 1978, antes de que muriera por una sobredosis de heroína. Lo bueno, además, es que cada uno de ellos habla con voz propia por primera vez. La película es verdadera historia de este importante grupo punk.
Algunas de las canciones que suenan en la peli son, entre otras el ‘God Save The Queen’, ‘Submission’, ‘No Fun’, ‘Bodies’, ‘Holidays In The Sun’, ‘Anarchy In The UK’, Did You No Wrong’, ‘Seventeen’, ‘Don't Give Me No Lip Child’, ‘Road Runner’ todo adjunto a un vídeo-clip especial de dibujos animados hecho para el documental. Pero hay más, y lo bueno es que los meten para hacer ver lo ridículo que era el panorama musical, lo necesarios que eran los Sex Pistols para la época... Horteradas como ‘Chirpy Chirpy Cheap Cheap’, de los Middle Of The Road, el ‘Shang-A-Lang’, de Bay City Rollers, el ‘Hot Legs’, de Rod Stewart o el dinámico y flipante ‘YMCA’, de los Village People. También The Who, Alice Cooper, Roxy Music, David Bowie, Queen, New York Dolls...
Destaco dos gilipolleces que me hicieron mucha gracia. La primera, la película que hizo uno de los componentes gastándose el dinero del grupo y que empieza con un cervatillo muerto y una ridícula niña gritando “¡¡¡Who Killed Bambi!!!” y en seguida suenan los Ten Pole Tudor con una estúpida canción (luego veremos a Sting hacer el ridículo), imágenes de la época de cuando los Pistols fueron a USA (destaco a Robert Aguayo, al que llamaban Mr. Funny, terriblemente divertido con su imagen de gilipollas) y la citada entrevista de Temple a Vicious en la que el pavo, puesto de heroína hasta las cejas, se quedaba dormido cada treinta segundos y Nancy despertándole en medio de la entrevista. O su última frase ante una cámara. Temple le pregunta "¿Dónde te gustaría estar ahora?" y él contesta, casi sin poder articular palabra, "Bajo tierra". Al día siguiente murió.

lunes, 27 de diciembre de 2004

Review 2046

Romántica ficción temporal
Wong Kar-Wai aborda una compleja historia sobre el amor no correspondido, sobre la memoria y el recuerdo, donde su dolor se produce en un futuro que retrocede al pasado.
En el cine moderno, pocos directores como Wong Kar-Wai han sabido imprimir a sus películas un signo estético, poético y narrativo tan personal y reconocible como este genio de nuestro tiempo. Pese a sus reconocidas influencias europeas (encabezadas por Antonioni), el cine de Kar-Wai dota a sus películas de unas características que se reconocen en su exclusividad plástica y en un ritmo pausado que se conjugan a la perfección con una personal apacibilidad encontrada en el Hong Kong de los años 60 y su estética, en los entornos cerrados y en la música latina, inundando con ellos un nostálgico estilo esteticista cuya preponderancia se enfoca hacia una temática de corte similar: el amor imposible, la soledad, la nostalgia y la necesidad vital de amar. Como un territorio inexplorado, un lugar común de recuerdos pasados y añorados, un presente extraño y doloroso y un futuro agónico y afligido que tiene por destino volver al pasado, retrotrayendo los duros recuerdos de un amor imposible de olvidar. Así podría definirse un filme a priori tan complejo como ‘2046’.
El personaje Chow Mo Wan (interpretado por Tony Leung) es el mismo de la hermosa y solemne historia de amor imposible ‘In the mood for love’, recuerda, además del gran amor de su vida (interpretado en pequeños ‘flashbcks’ por Maggie Chueng), un amor pretérito del que sigue enamorado, a una balarina que es uno de los personajes finales de ‘Days of being wild’, cinta que finalizada con el señor Chow, jugando a las cartas cayendo en las redes de la sensual chica y a otra que le recuerda a la primera. En ‘2046’ confluyen demasiadas referencias anteriores que pueden llegar a dificultar el entendimiento del cruce de tiempos y romances que se desarrollan en ella, pero que acaban sucumbiendo a la belleza de la deconstrucción sentimental de un hombre al que, a lo largo de las dos últimas cintas de Kar Wai, hemos ido conociendo y delimitando ante él las desdichas emocionales y existenciales que vive en un periodo cercado por el tiempo (un lapso de seis años entre 1963 y 1969) en esferas geográficamente habituales, en contornos elípticos y direcciones discontinuas en la historia de un hombre solitario y abandonado, carente de motivaciones sentimentales.
El tren del futuro que avanza hacia 2046 no es más que un sortilegio imaginativo de todo lo que sucede en el pasado (en un retroceso temporal), como acepción de la vida que avanza que permite el regreso al pasado para lamentar amores perdidos y nunca consumados. Un espacio temporal imaginativo en el que Chow Mo Wan encuentra en su memoria el vehículo y el trayecto ideal para poder volver a revivir sus amores más distantes, pero a la vez tan cercanos en su memoria. Un espacio donde la realidad se transfiere a la mujeres a las que amó, no ama y desea pero no le corresponden. ‘2046’ es una quimera de un futuro en el que éste recupera lo doloroso de todas ellas en una novela con androides que representan a estas mujeres y un triste viaje hacia su recuerdo utópico.
Al fin y al cabo, Kar Wai vuelve a hablar de una amplia su visión sobre un tema tan clásico como es el amor no correspondido. Las diferentes relaciones de Chow Mo Wan con mujeres son historias en las que una de las dos partes de la relación tiene un interés pasional que el otro no comparte. Así, el protagonista se enamora de una mujer que no le quiere (Faye Gong), se deja querer por una mujer que está enamorada de él pero a la que no quiere (extraordinaria Zhang Ziyi) y evoca el recuerdo de una persona (Gong Li) que a su vez le recuerda a otra con la que vivió una historia apasionada y de la que tuvo que separarse (Maggie Cheung).
En este inagotable laberinto de ficciones, realidades, sueños y espejos sentimentales que se reinventan a sí mismos, el director hongkonés vuelve a mostrar su soberbia capacidad de composición concentrada en su música, la importancia de las miradas y el deseo interior conseguido mediante una hermosa sencillez y calma, ataviada en una ambigua alegoría al infortunio sentimental que alcanza con su belleza un indescriptible éxtasis emocional.
‘2046’ está empapada de pesimismo. El que destilan las paredes de la habitación 2047, lugar donde Chow no deja de revisitar su contigua, la 2046, aquel lugar donde se alojó su amor frustrado y el año en el que transita el tren de su novela futurista, el año al que todos sus pasajeros se encaminan con el anhelo de recuperar su memoria perdida, pues se decía que allí nada cambiaría. Pero nadie sabía si eso era cierto, pues ningún pasajero había sido capaz de volver de allí excepto uno, el propio Chow, que eligió volver. Él quería cambiar, sin saber que es incapaz de amar como las mujeres a las que ha ido dejando en el pasado. Wong Kar-wai, al igual que hizo Alain Resnais en ‘El año pasado en Marienbad’, reconduce la historia hasta su visión subjetiva, en un entorno personal, donde el entendimiento por parte del espectador importa menos que la completa efusión de sensaciones y ritmo visual que ofrece la película en su enredado y nunca comprendido itinerario romántico.
‘2046’ es una película que si bien resulta algo compleja, es debido a que su tema central se centra más en la memoria y el recuerdo que en el momento que se vive en tiempo presente. La multiplicidad de sentimientos, de juego con los tiempos y de pretendida confusión por parte del cineasta hacen de esta película una pieza excepcional, colmada de una especial belleza de indomable y lírica elocuencia, en búsqueda constante de una perfecta puesta en escena, donde los planos ralentizados, la hermosa fotografía y la adecuada utilización dramática de la música juegan un papel fundamental para su discurso reflexivo y substancialmente onírico.
Lírica obra de talla excepcional, prodigio de composición musical de la imagen, su gran capacidad de hipnotismo convierten a esta joya en un filme de sensaciones que se permite utilizar una miscelánea retrofuturista (del cine clásico oriental, pasando por el ‘kistch’ hasta llegar a una perfecta mezcla entre la arquitectura de ‘Metrópolis’ y de los cómics de François Schuiten y Benoit Peeters), combinando una serie de destellos argumentales, estrofas visuales y repeticiones redundantes de situaciones que no hacen sino convocar las sensaciones de melancolía, pasión, soledad, infelicidad y tristeza por la que pasan sus personajes en cada momento. ‘2046’ es, en definitiva, un placer contemplativo, la culminación de un minucioso trabajo que va en progreso, de un estilo y variantes estética y narrativa innovadoras e incomparables.
Miguel Á. Refoyo © 2004

To 'Big Brother' and beyond!!!

Cuando me da por pensar si la televisión puede dar más vueltas de sí a la basura humana, a la miseria que reconcome las conciencias televidentes y que aplacan cualquier atisbo de inteligencia idiotizando con sus ‘reality shows’, la historia catódica no deja de sorprenderme. Si hemos pasado del ‘Gran Hermano’ habitual y familiar, casi necesario en cualquier tertulia de café, las selvas de supervivencia, el show llevado al sexo explícito, encontrar a la mujer ideal a base de talonario, el sometimiento a dietas u operaciones de cirugía estética como reclamo para ofrecer carnaza al espectador más voraces de esta nueva (en realidad no tanto) tendencia, ahora llega la última moda, oiga.
Y es que la temática de los ‘reality’ acaba de nacer, como quien dice. Tras una década dotando a la memoria colectiva de ideas totalmente maquiavélicas, la manipulación humana escudada en el ‘proyecto de investigación sociológica’ no ha hecho más que exponer sus primeras y siniestras perspectivas. Si hace unos meses se supo que una cadena alemana buscaba concursantes para entrar en un ‘Gran Hermano’ para el resto de sus vidas (imaginad qué fantástico ver fracasar a una panda de ‘losers’ cada día), haciendo realidad la ficción de la película de Peter Weir, ‘El show de Truman’, la última y criticada propuesta tiene como protagonistas a los hijos adoptados. La cadena norteamericana Fox no deja de recibir quejas mientras prepara el estreno de un programa en el cual una mujer, adoptada cuando era niña, ganará 100.000 dólares, si identifica a su padre biológico entre varios candidatos.
Han grabado seis episodios del programa “¿Quién es tu padre?”, que comenzará a transmitirse el próximo tres de enero. Esperemos que sea un sosías de Darth Vader, pero alcohólico, violento y con tendencias homicidas e incestuosas. Por ponernos en el morbo más desatado que no quede.
¿Qué será lo próximo? ¿La identificación del asesino de un familiar con el premio de verlo en la Silla Eléctrica retransmitido todo por TV.?
Yo, flipo.

domingo, 26 de diciembre de 2004

'800 Balas (800 Balas)', de Álex de la Iglesia

La furibunda y nostálgica subversión del ‘marmitako-western’
Llena de furia y de ritmo, ‘800 balas’ es una tragicomedia sobra la gente anónima que se dedicaba al mundo del cine que desmitifica los conceptos genéricos del ‘western’.
El universo de Álex de la Iglesia, siempre delirante e ineludible, diligente e inconformista se ha perfilado, a lo largo de sus seis películas, bajo unos conceptos artísticos enfáticos, definidos por una calculada estética procedente de las múltiples y novedosas influencias que construyen un mundo propio, una forma de ver cine más personal que transgresora. En su nueva y esperada cinta, el cineasta promueve nuevamente todos estos paradigmas para ofrecer la que es su obra más personal y arriesgada. Posiblemente, su mejor película hasta la fecha. ‘800 Balas’ toma como génesis el ‘spaghetti western’ para narrar la vida de unos especialistas de aquél subgénero que malviven en el desierto de Tabernas, Almería, con un espectáculo del Oeste para turistas. Es la excusa perfecta para que De la Iglesia vuelva a poner de manifiesto su imponderable intencionalidad llena de furia y de ritmo, en la que el resultado final es un producto a medio camino entre el cine de género y cine de autor. En este espacio, el realizador desmitifica los conceptos genéricos del ‘western’ y los subvierte a su antojo para recrear una particular visión del débil fondo que permanece oculto en el ser humano, como la traición, la amistad, el desafío y la muerte de personajes que son fruto de la nostalgia, del triste recuerdo del cine del Oeste que se hizo en nuestro país en los años 60 y 70. Un entorno aplicado nunca como homenaje aquel cine que hizo famoso Sergio Leone, sino para entronizar al antihéroe, al perdedor que determina el protagonista favorito del cineasta.
Como viene siendo habitual en su filmografía, el potencial de la película reside de nuevo en un sólido guión (compartido con su inseparable Jorge Guerricaechevarría) en el que los personajes se anteponen a la acción, formando una nueva y entrañable galería de ‘freaks’ que pasan a engrosar la mítica colección de perdedores de un director que aborda los dramas humanos como comedias del absurdo, con un humor negro descarriado, aprovechado en esta ocasión para nacionalizar y escarnecer el heroísmo y la preeminencia del ‘western’ clásico por un propósito de ruptura, de libertad absoluta. La nueva y apoteósica comedia de Álex de la Iglesia es una falta de respeto a la circunspección, a las formas establecidas, una brutal metáfora sobre la diversión como actitud ante cualquier problema y de supervivencia ante el fracaso ante la máxima de que ‘cualquier norma está para transgredirla’. En esta actitud de rebeldía, De la Iglesia juega a transformar un drama humano lleno de oscuridad y desdicha en una divertidísima comedia dónde lo épico y legendario se anticipa a la terrible realidad que viven unos seres entrañables y llenos de vida.
‘800 Balas’ es, por tanto, el furibundo recorrido a través de las vidas de pequeños tipos, condicionalmente miserables, que se subsisten en una cotidianidad anacrónica, anclados en un pasado que les descubre ridículos, pero que extrapola su condición de mezquinos para divertirse y romper los esquemas, para vivir de la única forma en que fueron felices. El capitán de esta espléndida aventura es Julián Torralba, un antiguo especialista que sustituyó a Clint Eastwood en 'La muerte tenía un precio' o a George C. Scott en 'Patton' y que vive de recuerdos que le sirven para vivir ajeno a la realidad, relegando con ello su trauma por la muerte de su hijo en un rodaje. Para dar vida a este ‘outsider’, Sancho Gracia concierta una de las mejores interpretaciones de su vida, erigiéndose con su portentosa actuación en el gran estandarte de esta maravillosa aventura. En este apartado, el oficio de un grupo de intérpretes como Ángel de Andrés López, Carmen Maura, Terele Pávez, Manuel Tafalle, Yoima Valdés, Eduardo Gómez o el debut del niño Luis Castro componen un catálogo de maestría actoral, llena de viveza.
Sobre este inexorable soporte, ‘800 Balas’ es una insondable síntesis de solemnidad y picaresca, de ritualidad e ignominia, de fatalismo y escepticismo, de exaltación y desengaño, pero sobre todo, de farsa y tragedia. Conceptos antagónicos que otorgan la necesaria maestría de una destacada ofrenda a la gente anónima que se dedica al difícil mundo del celuloide. Un sincero y honesto homenaje a los buenos, feos y malos que un día vivieron la gloria de Almería. Con un inicio un tanto esquemático e irregular, ‘800 Balas’ va elevando su espectáculo a lo largo de un metraje que incrementa su ritmo hasta construirse en una sólida obra llena de un ingenio que Álex de la Iglesia dilata con una desbordante honestidad hasta alcanzar un final lleno de espectacularidad, donde el director puede desplegar sus habituales arsenales de estruendosa potencial visual, allí donde la narrativa fílmica se vuelve prodigiosa. Tal vez se pueda echarle en cara a De la Iglesia su extenso e insubsistente final duelístico, pero es necesario para concluir una historia sobre enfrentamientos, debilidades, envidias. En dos palabras, miseria humana.
Bajo la portentosa partitura del imprescindible Roque Baños y la necesaria mirada de Flavio M. Laviano en un esplendoroso ‘scope’, ‘800 Balas’ es, indudablemente, una película de autor, que divierte porque no busca conceptuar ni esgrimir nuevas formas de estereotipar un género que, por primera vez, se dispone para describir un oscuro viaje la España más profunda. Álex de la Iglesia ofrece así, con esta obra, otra divertida, pero a la vez triste, historia impregnada de un sentimiento que combina, a partes iguales, acrimonia y comedia, acción y drama.
Por cierto, que en '800 balas', hay una frase que considero vital, necesaria, imprescindible en cualquier álbum de frases antológicas.
Me refiero al momento en que Carlitos acaba de sacar a su abuelo de la cárcel y el niño le dice que cómo van a hacer una fiesta sin los indios (que han quedado encerrados por posesión de hachís). Julián dice: "En la vida hay momentos jodidos, pero jodidos de verdad. Muchos más de los que tú te puedes imaginar. Eso no hay Dios que te lo quite. Hay que aprovechar los intervalos entre putada y putada. No divertirse cuando uno puede es el peor pecado que existe en este mundo".

BSO 'Ghost in the shell'

Kenji Kawai: el cyberpunk y la ontología futurista de la gran obra maestra de Mamoru Oshii.
'Ghost in the shell II: Innocence', he estado escuchando la banda sonora de su primera parte, de ese obra maestra del anime y me he puesto raudo y veloz a preparar un nuevo análisis de una partitura, incumbiéndome en una composición sonora que ha marcado una época dentro de las bandas sonoras del género en toda su historia. ‘Ghost in the Shell’, de Mamoru Oshii se ha convertido, con el paso de los años, en un clásico intocable, en una obra maestra a la altura del ‘Akira’, de Otomo.
En un futuro cercano Redes Corporativas han llegado más allá de las estrellas, la luz y electrones fluyen a través del Universo. A pesar de ello, el avance en la computerización todavía no ha hecho a un lado a los grupos étnicos y a las naciones...
Con este párrafo impreso y un magistral fundido en verde la bella protagonista de esta joya del anime contemporáneo, Motoko, una joven que se descubrirá como un sofisticado cyborg, observa desde una azotea esperando recibir ordenes para comenzar una misión que se está produciendo desde el operativo policial en Newport City por parte de la Sección 6. Mientras un diplomático de Gavel le esta ofreciendo asilo político a uno de los programadores mas buscados por las autoridades internacionales, algo interrumpe súbitamente el encuentro por la entrada a la sala de agentes de la policía, pero estos no pueden hacer nada contra el funcionario de la embajada debido a su inmunidad diplomática. En ese momento las ventanas del rascacielos vuelan en añicos por unos disparos que provienen de afuera del edificio. Ante el asombro de todos, el diplomático de Gavel es asesinado acribillado a tiros. Cuando uno de los agentes de la Sección 6 se dirige a la ventana lo único que logra ver es cómo el contorno de Motoko se disipa entre los edificios gracias a un camuflaje termo-óptico.
Tras esto comienzan unos créditos que son la fuente de inspiración de la codificación de ‘Matrix’, de los hermanos Wackowski y donde da comienzo el recital de talento de Kenji Kawai con su magnifico ‘leit motive’ que sonará durante los innovadores títulos. La canción que abre ‘Ghost in the shell’ es una de esas piezas destinadas a ser recordadas a lo largo de la historia, no sólo ya de las adaptaciones del noveno arte nipón a la gran pantalla, sino como una entidad propia circunscrita a un distintivo musical sempiterno con matices sobrados para convertirse en un clásico del ‘score’ cinematográficos. Kenji Kawai desarró un estilo particular y en una línea muy similar con cada partitura que ha compuesto, como en los OVA's ‘Patlabor’, ‘Ranma’ o la excelente composición musical para ‘Vampire Princess Miyu’, en creaciones de tonalidad siempre lánguida y postmoderna.
La banda sonora de este clásico de la animación nipona tiene, además de ese ‘leit motive’ de cadencia ‘in crescendo’ hacia una especie de magistral miscelánea entre la tradición de los coros, la cultura musical tradicional, el componente espiritual y los evidentes sonidos mecánicos que contraponen lo anterior con el buscado efecto futurista constituyen un arranque impactante e inolvidable. A lo largo de la banda sonora incidental podemos disfrutar de los pausados bombos que, de repente, se anexionan en una fusión magnífica con el sonido de sintetizador siempre presente en esta sorprendente partitura.
Kawai consiguió que la calma transmitida en muchos de los cortes del ‘soundtrack’ fueran componiendo una extraña inquietud basada en la frialdad y el acercamiento al mundo futurista de ‘Ghost in the Shell’. Una tenebrosidad y lobreguez que devienen del gusto del compositor por unos ecos metálicos que se mueven a medio camino entre la nostalgia o el atavismo y el ímpetu por crear atmósferas del futuro. Destaca, por encima de cualquier corte efectista, el que corresponde al corte 'M07 Nightstalker' que recupera uno de los mejores momentos musicales de la soberbia historia cuando Motoko Kusanagi y con 'M09 Ghostdive' comienzan la búsqueda del Gran Maestro, imponiéndose la partitura sobre el diálogo. Impresionante la manera en que Kenji Kawai crea ambientes sin pretender alejarse de la cultura japonesa.
‘Ghost in the Shell’ juega con esa vertiente ‘cyberpunk’ que se desarrolla en el 2029. La inquietante historia en la que el bloque asiático domina gran parte del mundo, las redes computacionales se extienden por toda la faz de la Tierra y se han convertido en una parte indispensable de la vida diaria, provocando un cambio radical en la sociedad y en los individuos, es aprovechado por Kawai para obtener un objetivo fundamental para la historia que Oshii llevó a los límites de la perfección: la obtención de una orquestación que invoca a los clásicos para anexionarlos a la postmodernidad, a las ráfagas mecánicas netamente cyberpunks. La tecnología cibernética incrustada en cuerpos humanos para que éstos sean sustituidos enteramente por componentes sintéticos para lograr una mayor eficiencia, tanto en el espacio físico, como en la Red hacen que ‘Ghost in the Shell’ planteen interpelaciones y axiomas mucho más trascendentes de lo que uno se espera.
Una pregunta: ¿qué pasaría si los avances de la ciencia hicieran posible programar el alma humana como si fuera una computadora? La historia fue escrita por Shirow Masamune en forma de Manga, y luego adaptada al Anime en forma de una película. Yoshimasa Mizuo y Ken Iyadomi, dos de los productores, también participaron en la producción de 'Akira'. ‘Ghost In The Shell’ es una de las mejores películas de ciencia ficción que se han visto a lo largo de la historia del cine y su banda sonora es una delicia que está a la altura de las circunstancias en forma de disco imprescindible para cualquier amante del arte nipón y de las buenas partituras para filmes. Kenji Kawai, digámoslo para concluir, creó una obra maestra para uno de los filmes más inmortales de los fastos del celuloide.

Momento NERD

La red te ofrece la posibilidad de poder acceder a momentos ridículamente inolvidables, a nacimientos de estrellas y de 'ciberfreakies' que pasarán a la historia por haber conseguido su momento privativo dentro de la historia de tecnología binaria.
Bien, aquí tenemos a un chavalón entrado en kilos escenificando un tema de Dragostea Din Te consciente de su ridículo. Desacomplejado, sin prejuicios y en búsqueda de su momento de fama. Y lo ha conseguido. Es demasiado mítico como para no aparecer en el Abismo.
Impagable.
Watch this movie
(Without subtitles)

sábado, 25 de diciembre de 2004

Buena noche de Nochebuena

Ayer tuve en mis manos el premio que el gran Javier Alvariño obtuvo a la mejor dirección artística en el festival Sitges. Es inverosímil la percepción que sientes en una situación de este calibre. Te dan ganas de, una vez con la estatuilla facsímil de Brigitte Helm o Maria, el robot de ‘Metropolis’ en tu poder, agradecer algo a alguien. No se sabe muy bien qué, pero es totalmente demencial. Luego, la ronda de fotos estúpidas e innecesarias con el premio en todo tipo de poses. El caso es que es un orgullo poder contar con amigos que ganen premios en festivales internacionales. Y más, si se lo merecen tanto como este genio de nuestro tiempo. También leí el destacado comentario al trabajo de Javier y Daniel Izar en ‘The Birthday’ escrito por el inigualable Antonio Trashorras en el Fotogramas de este mes. Cuánta razón encierran sus líneas en su crónica del festival.
Pasé la tarde con Javi, Mikel y Ángel (un tipo encantador y, según el mayor de los Alvariño, “hardcoreta y straight edge hasta la médula espinal”) entre absurdas disquisiones sobre todo tipo de temas. Un momento determinante en la reunión fue el visionado del trailer de ‘Sin City’, la gran incógnita de 2005 creada al alimón por Robert Rodríguez y Frank Miller. Tiene toda la pinta de ser una verdadera gozada visual, donde las ‘crook stories’ desde el punto de vista del criminal o del marginado serán el modelo a seguir en su traslación a la gran pantalla. Aunque reconozco que Marv (Mickey Rourke) está excesivamente caracterizado con un aspecto casi limítrofe al ‘Hellboy’ de Del Toro, la estética del claroscuro respetada y rota por colores básicos que dan personalidad a ciertos personajes (impresiona ver a Nick Stahl caracterizado como Junior/Yellow Bastard), las impactantes dosis de violencia y un aire de filme revolucionario son alicientes suficientes para que la espera hasta marzo sea tensa y expectante. Por cierto, investigando en la red he encontrado una página dedicada a este cómic que merec la pena ser vista.
La Nochebuena es un lapso terriblemente extraño. De entrada, el mensaje del Rey Juan Carlos siempre es el mismo, cuyo peor defecto es su constante referencia a los tópicos pertinaces, los mismos propósitos y la esencia fugaz de palabras mil veces oídas. Frases para definir a España como "nación labrada durante siglos por nuestros antepasados" y adornando el discurso localista y populachero con "la tierra a la que pertenecemos y el hogar común que, progresivamente, hemos ido mejorando. Una tierra que encierra un cúmulo de riquezas históricas, artísticas, culturales y lingüísticas, así como tradiciones y valores que debemos proteger y promover". Para tararear el himno nacional abrazado a la bandera bicolor. Tampoco faltaron, como es costumbre anualmente, esos giros estudiados, hablándole a diferentes cámaras. El multiángulo nació para que el Rey pareciera más dinámico. Una curiosidad: este año, para darle otro aire de sofisticación al plano estático del inmutable monarca, han colocado una foto de los reyes con el príncipe y la Leti. Emocionante, sin duda alguna.
Durante la cena familiar tuvo lugar una de las discusiones más extrañas a las que he tenido la oportunidad de asistir en familia, cuyos encuentros empiezan a ser de lo más esperpénticos y entretenidos. En la celebración del nacimiento de Jesús (permutado en algunos villancicos de corte flamenco como Manuel), comenzó una inverosímil discusión sobre la existencia de Dios, filosofando sobre teorías teológicas de lo más apasionantes. A modo de pequeños émulos de Nietzsche, a pesar de la apología de Massino Desiato, allí, una familia convertida en posmodernista sin quererlo. Posiciones paralelas a las de Heidegger, a punto de llegar a la desvalorización misma de todos los valores, recapacitando hacia la creencia, pero brotando desde un alegato de una posible divinidad. Se puede renegar de la lógica. Se puede pensar que lo divino escapa de las capacidades cognoscitivas del cerebro humano, como defienden los agnósticos. En fin, de película buñuelesca. Lo cierto es que Occidente ha terminado imponiendo a la Navidad su espíritu laico fundacional, el que nos emancipó de las teocracias, basadas en el temor supersticioso al castigo, en lo sacral como coartada, y decretó que el derecho a la felicidad era aquí y ahora. Eso es la Navidad.
Por la noche, desprovisto de cualquier prejuicio laico y sumiso a la fiesta y a la diversión en todas sus aristas, disfruté de la primera Nochebuena fuera de casa con tequila, cerveza y champán en casa de Álex Zúñiga, donde compartimos risas a costa de Danny Show, el incombustible cantante salmatino de ‘cutrefama’ nacional (se merece un post aparte) con Álvaro "Vodka", Nacho "Natas", Koke "Fistfuck", Álex "Pelos", Jazz y Vero y Jorgito "Conciertos" y su atractiva sobrina.
La verdad es que no difirió mucho de cualquier otra noche. Y no estuvo mal.
Espero que vosotros también lo pasarais bien. Feliz Navidad, chicos y chicas.
Un última pregunta: ¿Hay algo más horroroso que el anuncio de Cruzcampo con los SFDK cantando un tremebundo ‘rap’ de Navidad?

viernes, 24 de diciembre de 2004

ESPECIAL Nochebuena: La Navidad en el cine

Navidad en el cine: guirnaldas... y pesadillas
Llena de tópicos y sorpresas, la Navidad extiende su iconografía en un género cinematográfico propio.
Para muchos, esto de la Navidad es sólo cuestión de fechas. Para otros, sin embargo, es una época de predisposición hacia los buenos sentimientos, la bondad, la fiesta y la algarabía o la tristeza, según convenga. Las luces, el árbol, Papá Noel, Los Reyes Magos, la Nochebuena, la ilusión y la familia son algunos de los términos presentes a la hora de celebrar la fiesta más tradicional y especial de todas las que, como ésta al fin y al cabo, se han convertido en un artefacto de fecundidad para las grandes superficies comerciales. En el cine, la Navidad no es muy diferente.
Hay filmes con trineos, regalos, arbolitos con guirnaldas, villancicos, buenas intenciones o enamorados dándose el lote bajo el muérdago. Títulos y personalidades que se equiparan con gran facilidad a estas fechas navideñas, perpetuando su presencia cada año en las pantallas del recuerdo. Pero como tanta bondad puede resultar un tanto empalagosa, también hay Navidades cinematográficas (y a buen seguro reales) que producen monstruos, calamidades, desastres familiares, sufrimiento y maldad camuflados en instintos y ademanes fantasmagóricos. Tanto es así, que cuando llega el momento de hacer un pequeño viaje alrededor del Belén cinematográfico, caemos en la cuenta de lo efectiva que resulta una historia centrada en estas fechas que se avecinan.
En estas fechas se celebra el nacimiento del Mesías, del hijo de Dios, por lo que no es de extrañar que algunas de las superproducciones sobre la vida de Jesús invadan la pantalla catódica en estos días, como ‘Rey de reyes’, ‘Ben-Hur’, ‘Jesucristo Superstar’, ‘La última tentación de Cristo’ o la espléndida ‘La vida de Brian’. Pero si una película inunda estas fechas, un filme es estandarte de los buenos sentimientos, representación del verdadero espíritu de la Navidad, ésa es ‘¡Qué bello es vivir!’, de Frank Capra. ¿Quién no ha visto una y otra vez la (en el fondo terrible) historia de George Bailey? Una preciosa y amable proclamación de buenos propósitos, con una hondura y emoción que, más allá de cualquier crítica sobre su posible repleción edulcorante (algo que se desmentía en el post comparativo de hace dos días), representa una de las mejores películas de todos los tiempos.
Así como la imagen de Harry Bailey brindando por su hermano "el hombre más rico del pueblo", en España lo es la revolución infantil alrededor de Pepe Isbert de toda la prole de ‘La gran familia’, de Fernando Palacios, un clásico incorruptible en la que Críspulo, el padrino, el abuelo y la pérdida de Chencho marcan nuestro propio clásico dentro del Christmas en el Séptimo Arte. También lo es, adaptado de la literatura, el mejor clásico de todos los tiempos a este respecto. La historia de Dickens 'Cuento de Navidad’ ha visto varias adecuaciones para la gran pantalla. Ejemplo de ello son ‘Una Navidad con Mickey’, de Disney, ‘Los teleñecos y el cuento de Navidad’ y la imborrable ‘Los fantasmas atacan al jefe’ con el inmenso Bill Murray interpretando al antipático Scrooged, sin olvidarnos del subjetivo y políticamente correcto ‘Juan Nadie’, otro manifiesto del ‘americanismo’ más optimista en contra del New Deal, personificado en la bondad de un Quijote moderno vital y entrañable (Gary Cooper).
Pero esta galería da para mucho más.
Si en todas estas historias el tono entrañable y la buena fe son el objetivo para lograr el enternecimiento del espectador, también existen otras que han utilizado la Pascua para desarrollar pesadillas en forma de thriller o dramas psicológicos que pueden, de una manera u otra, identificarse con la postal de Navidad en el cine más afín a la realidad. Historias como ¿Qué paso anoche?’, que impone la Navidad como excusa para la ruptura de una pareja aparentemente feliz, la incomprendida y ocluida ‘Feliz Navidad Mr. Lawrence’, de Nagisa Oshima y un clásico del cine contemporáneo que se revela en la fantástica ‘Los Gremlins’, de Joe Dante, donde el mensaje realista y demoledor queda reflejado en la secuencia en que Zag Galligan y Phoebe Cates expían sus temores y recuerdos antes de matar al líder Stripe.
O, por otra parte, servir oscuras pesadillas navideñas presentando a un psycho-killer con ganas de aguar la festividad, es el caso de ‘Noche de paz, noche de muerte’, la francesa ‘Game over’, la clásica visión del genio Siodmak en la injustamente olvidada ‘Luz en el alma’ o el clásico de John Ford ‘La taberna del irlandés’ con una atípica Navidad entre puñetazos y un insoportable calor. Y no es posible postergar una de las grandes producciones acerca de un sentido navideño propio de una ópera de terror como lo es la maravillosa ‘Pesadilla antes de Navidad’, de Henry Selick, la obra maestra, en realidad, de Tim Burton. Todo un museo navideño aterrador, que tiene su propio terreno en el basto imperio del cine.
Muchas películas existen alrededor de una figura que se ha acabado imponiendo en nuestro continente, encarnada en ese tipo gordo, bienquisto y con gafas que es Santa Claus, o Papá Noel, que para el caso es lo mismo. Un personaje que parece surgido de la campaña de ‘merchandaising’ de una empresa dedicada a ‘americanizar’ las culturas. Películas como ‘Santa Claus. El film’, de Jeannot Schwartz, ‘Milagro en la calle 34’, de Les Mayfield o Vaya Santa Claus’, de John Pasquin. El caso es que, a menos que intentemos recordar, no existe película alguna sobre la función, un tanto más fácil que la del señor Claus, de los Tres Reyes Magos, a no ser de la versión animada española o esa metafórica crítica sobre ellos que dio David O. Russell en 'Tres Reyes'. En cualquier caso las Navidades están tan aferradas a la cultura moderna y tienen tanto gancho comercial, que incluso se han aprovechado para encuadrar memorables filmes de acción filmes de la década de los 80, como ‘Arma letal’, de Richard Donner o la nunca bien ponderada ‘Jungla de Cristal’, de John McTiernan.
La Navidad es también una época familiar, sin duda alguna. Y como en toda reunión con los más allegados, sirve como pretexto perfecto para descargar las paranoias y problemas que durante todo el año han sacudido nuestras vidas. O al menos para eso son empleadas las excelentes ‘A casa por vacaciones’, de Jodie Foster, ‘Ni un pelo de tonto’, de Robert Benton o la brutalmente despiadada ‘Aflicción’, de Paul Schrader.
Pero no siempre es así, ya que incluso se puede imbuir de espíritu familiar una comedia típica de Navidad con familia ausente, como en el caso de la curiosa y encantadora ‘Solo en casa’, de Chris Columbus, con la presencia de un simpático Macaulay Culkin antes de darse a la mala vida de alcohol y drogas. Pero de entre todo este recorrido existe una película paradigma de lo que son las verdaderas Navidades, del sentido que envuelve a toda esta tradición. Fue un español, Luis García Berlanga el que dejó para la posteridad la obra menos pretendidamente entrañable y bondadosa que, muy al contrario de lo que pueda parecer, sirve como obra maestra para reverberar el mensaje navideño. ‘Plácido’ expone una de las historias más indelebles que se recuerden con la simple premisa de un pobre hombre que sufre lo indecible para pagar la letra de su carricoche y que, en el fondo, quiere lo que todos nosotros durante estas fechas, cenar en paz con su familia y poder ser feliz, aunque se sea pobre. La genial obra de Berlanga vendría a ser nuestro ‘¡Qué bello es vivir!’ particular. Nuestra película navideña por excelencia. Y si bien en la mencionada ‘La gran familia’ se desplegaba una comedia popular marcada por la búsqueda de Chencho por todo Madrid, no lo es menos la fabulosa ‘El día de la Bestia’, de Álex de la Iglesia, en la que se sustituye al rechoncho niño por la figura del Anticristo. Aún así, no deja de ser sorprendente el espíritu navideño que encierran las correrías de Cavan, el padre Berriartúa y el ‘heavy’ José Mari.
En cualquier caso, y a pesar de que los estrenos navideños disten mucho de lo que en la década pasada suponía estrenar durante Navidad, esta festividad viene marcada por un colorido especial lleno de luces y de aparente felicidad. Una época de indolente ventura y tiempo para mostrar la mejor cara que todos sabemos poner. Puede ser la hora de que cada uno de nosotros nos ganemos un trozo de Cielo actuando de forma afable y conseguir, como James Stewart, unas alas para nuestro Clarence exclusivo, el ángel de la guarda que se manifiesta en este periodo de paz, alegría y gastos opulentos que hacen felices, sobre todo, a los comercios (verdaderos entusiastas de la Navidad). Sé que me he olvidado de muchas, pero... no soy una enciclopedia.
¿No escucháis ya las campanillas? Yo tampoco.
Os dejo, además, una listilla con películas navideñas.