viernes, 24 de octubre de 2014

Telecinco y sus espectaculares atracos de película

Estamos acostumbrados a que las campañas promocionales de las películas de Mediaset sean un constante bombardeo publicitario llevado hasta el extremo. Nada que objetar, porque es lo que deberían hacer todos los medios cuando el objetivo es que ése producto audiovisual sea un éxito. Con ‘Ocho apellidos vascos’ o ‘El Niño’ se ha puesto de manifiesto que este tipo de agresivas estrategias funcionan. Sólo hay que echarle un vistazo a los números. La legitimidad de esta modalidad de maniobras televisivas debería ser tomada como ejemplo por las demás cadenas como continuismo en la labor clave de promoción de audiovisual para que llegue como primera opción al espectador. Sin embargo, no estamos aquí para eso. Así que vamos con el siguiente vídeo emitido dentro del parte diario (que diría mi padre) de Telecinco en el día de ayer.
¿Habéis notado algo? Exacto, la incesante espectacularidad al vender algo se les ha ido de las manos. tanto es así, que empaña hasta el noble oficio de trasmitir una noticia. Vamos al caso concreto. En Informativos Telecinco de sobremesa, presentado por David Cantero e Isabel Jiménez, avanzan una noticia “de impacto”, de esas que reúnen todos los alicientes para llamar la atención del espectador. ‘Una detención de película’, lo titulan. Ya en el avance uno se ve obligado a pensar que el susodicho impulso cinematográfico no existe por ningún sitio. Observamos a un hombre vestido de blanco paseando tranquilamente por el paseo marítimo de La Coruña, cuando un policía ¡¡en bicicleta!! le sujeta y el fulano, sin oponer resistencia alguna, accede a ser reducido, pese a que se acerquen varios agentes policiales armados y corriendo. Subrayamos el titular ‘Una detención de película’.
La situación es la siguiente; en el día de ayer se produjo un robo a mano armada en una conocida y céntrica joyería coruñesa. Se llevaron del establecimiento un botín valorado de unos 150.000 euros. Tres tipos encapuchados, a punta de pistola se hicieron con algunos objetos de lujo. Según narran los medios locales, los policías persiguieron a dos de los atracadores por algunas calles de la ciudad. Nada de esto se menciona en la noticia. Aquí se centran en el tercer delincuente, que fue en dirección a la playa del Orzán con una bolsa y un maletín que escondió en el arenal. Bien, las imágenes son tildadas de “espectaculares”, como si de una superproducción se tratase. Cuando, nada más lejos de la realidad, resulta de lo más apático. Un ladrón baja unas escaleras, sube sin la bolsa negra que portaba y no opone resistencia al alto policial. Según ellos “las cámaras de seguridad grabaron toda la persecución”. Y claro, uno se imagina un despliegue digno de cualquier circo mediático norteamericano, de ésos con helicópteros y varias unidades móviles en busca y captura de un peligroso maleante con pistola que amenaza la seguridad de los viandantes mientras escapa como puede a toda velocidad. Lo que pasó en La Coruña debía ser como esa larga y coreografiada secuencia de la gran película ‘Heat’, de Michael Mann. Mada más lejos de la realidad.
El ladrón, de nacionalidas estonia, oculta una treintena de relojes de Cartier y de otras marcas bajo la arena y no puede evitar que le detengan. Sin embargo, para Telecinco: “lo llamativo y que pocas veces se puede ver, es cómo un ladrón que se da a la fuga intenta disimular y pasar desapercibido ante la gente” ¡Claro que sí! De todos es sabido, que los amigos de lo ajeno que saquean, instantes después del acto delictivo, van gritando a los cuatro vientos que acaban de robar y alardean ante todo el que pasa frente a él. Hay que estar muy loco y jugar con el riesgo para intentar encubrir el atraco y hacer como si nada hubiera sucedido ¿A quién se le ocurre? Solamente a un temerario que se enfrenta a una espectacular detención con tres agentes de la ley ¿Se rebela? ¿Intenta escapar? Qué va. Aun así, vamos a transgredir los límites valorativos del peligro para enunciar la noticia con el adjetivo “espectacular”. Al fin y al cabo, es lo que estamos diciendo cada día para vender productos ¿Por qué no hacer lo mismo con una noticia sobre un atraco a una joyería?
Vamos a imaginar a Michael Bay haciendo zapping y observando el desarrollo de esto para descolgar el teléfono y encargar un guión que adopte este asombroso acontecimiento y rodar una superproducción con este atraco de película. Hollywood debería ver estos telediarios en los que en cada noticia hay un pelotazo taquillero dispuesto a generar una suculenta taquilla. Pura emoción. “Un hombre cruza la calle de cualquier manera y deprisa”. Lo dicho. Si alguna vez presenciáis una infracción así, sospechad que se acaba de cometer un atraco espectacular a punta de pistola.
Bueno, no sé vosotros. Pero yo es ver el vídeo y subirme la adrenalina que se me sale el corazón por la boca.
PD: Por cierto, la calidad del vídeo y de su sonido es directamente lo que uno se encuentra cuando quiere ver online un programa de esta cadena. Así que pido disculpas por ello.

jueves, 23 de octubre de 2014

El cómic más caro de la Historia

Los aficionados al cómic conocen muy bien la primera aportada en la que apareció Superman. Por supuesto, es el primer número del Action Cómic, considerado el génesis del género de superhéroes y presentado al mundo por Jerry Siegel y Joe Shuster. Algo histórico, por otra parte. Lanzado en junio de 1938 (aunque publicado en abril) por la National Allied Publications, que luego pasaría a formar parte de la todopoderosa DC Comics, aquél primigenio icono del noveno arte presentó al mundo a un personaje que estaba llamado a ser una efigie iconográfica de la cultura contemporánea.
Por entonces, aquélla imagen casi futurista mostraba a un ser extraordinario levantando un coche a punto de estrellarlo contra una roca. Aquélla portada no incluía ningún título referencial al superhéroe, ni a su identidad, tan sólo se preocupó de exponer el espíritu del cómic: la aventura y la acción. Tres tipos aterrados huyen y gritan despavoridos ante la figura de un hercúleo héroe que asustaba con su enérgico dominio extraordinario. Superman venía a ser el primer y definitivo superhéroe destinado a marcar con su signo los gloriosos tiempos venideros del tebeo norteamericano.
El número inicial del Action Cómic ha ido convirtiéndose en una pequeña joya de una valía que roza lo extravagante. Sus escasas muestras se venden a precio de oro y su leyenda forma parte de los fastos del lujo inalcanzable del género. Todo arte tiene un precio. Y este cómic nada tiene que envidiar a grandes obras maestras de otras disciplinas. No es extraño que excéntricos personajes millonarios como Nicolas Cage llegara a albergar una copia en su casa (hasta que le fue sustraída como si fuera una joya de incalculable valor) y que los precios hayan aumentado según su calidad de conservación.
Cuando un desaprensivo ladrón conocedor del noveno arte le robó el ejemplar al actor, éste había pagado unos 150.000 dólares por él. Corría el año 1997. Hoy en día, se han superado todos las expectativas habidas y por haber. Aquel cómic se vendió por casi dos millones de euros, pero recientemente se ha superado el récord. El pasado mes de agosto, se pagaron 2,4 millones de euros en una copia vendida a través de Ebay. Lo adquirió Darren Adams, el propietario de West Coast Sports Cards y Pristinecomics.com. La razón de esta descomedida valoración se debe a un estado de nueve sobre diez en la certificación CGC.
En este vídeo se explica el porqué de ese suspirado estado de conservación de un cómic tan antiguo. La razón es porque el propietario primigenio, que pagó esos 10 centavos que costó en 1938, al igual que otros 200.000 aficionados y curiosos, vivió a gran altitud en las montañas de Blue Ridge de Virginia Occidental y cuando terminó de leerlo, lo guardó como oro en paño en un cofre de cedro donde ha permanecido intacto durante cuatro décadas. El ambiente fresco, oscuro y seco de la caja de cedro congeló la calidad inaugural del tebeo en el tiempo y ha logrado que sea considerado como el cómic más caro de la historia.
Si quéreis echarle un vistazo al cómic entero, podéis hacerlo aquí.

miércoles, 22 de octubre de 2014

IKEA Halloween: entre el homenaje y la realidad

Hay que reconocerlo. Cualquier enlace relacionado con ‘El Resplandor (The Shining)’, de Stanley Kubrick, comienza a ser un reclamo ineludible para este blog. Esa capacidad de fascinación que sublima la cinta del maestro del cine en la adaptación de la novela homónima de Stephen King resucita símbolos cinematográficos que anidan a través de la pesadilla acontecida en el Hotel Overlook; su complejidad laberíntica de vínculo sobrenatural y psicológica atribuyeron ciertos signos reconocibles en un esquema genérico convertido en referente icónico.
Una de las secuencias más recordadas del filme es aquella en la que Danny recorre los pasillos a lomos de un triciclo sobre una moqueta caracterizada por un emblemático mosaico modular. IKEA ha tomado la idea de esta secuencia con motivo de la inminente celebración de Halloween. En ella, un pequeño niño juguetea a circular también por los sinuosos pasillos de uno de estos grandes centros comerciales dedicados a la venta de muebles, menaje y accesorios de hogar. La similitud de esa percepción de un espacio siniestro compone la escenografía quijotesca e irracional que transmitía la naturaleza apócrifa del mencionado hotel maldito.
Este anuncio invita a un itinerario de espacios y estructuras que todos hemos recorrido y conocemos de primera mano. Sin embargo, en el fondo, recuerdan involuntariamente al mensaje que Kubrick quería transmitir por medio de aquel hotel en medio de la nada. Y es que los centro de IKEA son de por sí aterradores, capaces de propagar cierta insania y un componente de locura a todo el que entra en ellos. Imaginaos por un instante que tuvierais que quedaros al cargo de una de estas superficies durante un par de meses sin ningún tipo de comunicación con el exterior. Efectivamente, acabaríais como Jack Torrance, bloqueados, padeciendo un turbador trastorno de personalidad con tanta denominación sueca y escribiendo en un catálogo con esos lapiceros de madera “All work and no plays makes Jack a dullboy”.

lunes, 20 de octubre de 2014

Piratería y paralelismos

En un país en el que el sector audiovisual carece de incentivos para la inversión de producción extranjera, que sufre una vergonzosa ausencia de política cultural adecuada y el ultraje absurdo con el que se ha visto sometido con esa aplicación envenenada del 21% de IVA en los espectáculos que ha beneficiado únicamente al Ministerio de Hacienda que ha generado ganancias con su tropelía, el panorama del cine se tambalea y malvive en un ambiente de enrarecido pesimismo. También está demostrado que las películas de gran presupuesto apoyadas por televisiones y con grandes campañas de ‘marketing’ y lanzamientos adecuados suelen recuperar sus millonarias inversiones en la taquilla, el claro objetivo de este arte. Pero eso es algo muy extraño hoy en día. Otro de los focos, bastante reiterativo a la hora de exponer la problemática dentro de los círculos del cine español, apunta al albedrío con el que las descargas ilegales de contenidos se unen al cúmulo de elementos que afectan a la exhibición cinematográfica. Se trata de un valor contextual que, a veces, se escuda en un enmohecimiento de quejas redimensionadas que encuentran su respuesta en cifras de filmes españoles un claro patrón del negocio patentizándose en el hecho de que el público puede respaldar al cine patrio y acudir en masa a los cines.
En un artículo de entrevistas de El País titulado ‘Alegrías y miserias del cines español’ realizadas a algunos de los directores cuyas películas han sido auténticos exitazos dentro de este año, el popular Santiago Segura, a raíz de este tema, lanza una interesante reflexión a modo de anécdota sobre ese libertinaje respecto a la piratería con una anécdota muy bien traída al caso: “El cinismo de la cosa es que hace poco me llevó un taxista en Madrid y va y me dice: “Soy muy fan suyo, señor Segura, me he descargado todas sus películas”. Yo le expliqué al tío que hombre, que si era tan fan mío podría... Y me dice: “¡Pero qué más le da a usted si ya gana usted en el cine!”. Fue imposible convencerle. A las cuatro semanas volví a coger el mismo taxi y era justo cuando lo de Uber. “Hombre, ¿qué tal, cómo ve eso de Uber?”, le digo. “Hay que matarlos a todos”, dice él. Fue entonces cuando empezó a entenderme”.
Leer ‘Alegrías y miserias del cines español’ (El Páis. 19 de octubre 2014).

viernes, 17 de octubre de 2014

Review 'Perdida (Gone Girl)', de David Fincher

La gran farsa de un matrimonio diseccionado
David Fincher recupera ese fatalismo oscurantista de anteriores filmes con una fascinante adaptación de la novela de Gillian Flynn que, más allá del juego laberíntico de géneros como el ‘thriller’ y el drama, explora los conflictos maritales llevados al extremo de la degeneración.
Es muy complicado realizar un análisis en profundidad sobre ‘Perdida’ sin cometer el indebido error de desvelar algunos temas básicos que suceden a lo largo del filme que pueden descubrir ciertos giros para el espectador que no haya visto la último película de David Fincher. Es lo que se viene llamando 'spoilers'. Si esto es así, un consejo: no sigas leyendo.
Con este oportuno y obligado advertimiento, el último y esperado filme del director de ‘La red social’ presenta sus cartas con una circunstancia que exonera uno de sus habituales recursos y diferencia el proceder del cineasta. Se trata de esas secuencias de créditos iniciales, cuya aportación reforzaban con impacto ciertas pistas argumentales para transferir esa sensación de extensión minimalista y gusto estético del cineasta. En este aspecto, a diferencia de memorables inicios como los de ‘Se7en’, ‘The Game’, ‘El Club de la Lucha’, ‘Panic Room’ o ‘Zodiac’, se ajusta a la presentación de North Carthage, una pequeña ciudad suburbial y residencial que será la ubicación principal, con unos créditos acelerados, apenas imperceptibles, como si el cineasta de Denver quisiera empezar cuanto antes a describir lo que va a acontecer en ‘Perdida’, sin revocar su gusto por la retórica de la imagen como atractivo y riguroso trazo, eso sí.
La nueva propuesta no es otra que la adaptación homónima del ‘best seller’ de Gillian Flynn, que supone su reicidencia en una adaptación literaria, como reto sinuoso en el que la autora enfrascó al lector en una variante de constantes cambios de voz entre sus protagonistas. La traslación por parte de la autora (también del guión) es tan extraordinaria que apenas hay divergencias entre el texto literario y su análogo cinematográfico. ‘Perdida’ aborda la desaparición de una mujer desaparecida en el quinto aniversario de su boda. Tras los evidentes signos de violencia y la falta de preocupación y actitud distante de su marido, éste se convierte en el principal sospechoso de su desaparición, levantando las suspicacias de su vecindario, de la policía y de los medios de comunicación que cubren el suceso.
A partir de ese momento, la narración se ocupa de ir escarbando en la relación de este matrimonio, el de una rica escritora de éxito, Amy Dunne (Rosamund Pike) que ha basado su vida en un personaje que simboliza una infancia perfecta que nunca tuvo titulada ‘Asombrosa Amy’ y Nick Dunne (Ben Affleck), columnista de una revista masculina de tendencias y moda. Un contexto en el que se suceden diversos factores que van desgranando las verdaderas intenciones omniscientes de los autores; desde ese cuento de hadas invertido en el que unos intelectuales construyen un amor perfecto que se transforma con el tiempo en una pesadilla, hasta la definición del engranaje que mueve la historia, que no es otra que la de captar una intensidad atmosférica asfixiante y retorcida para llevar al espectador donde ellos quieren. El envite hace necesario al público para que entre sin concesiones en ese juego de jeroglíficos argumentales que irán desglosando la sucia turbiedad que se desprende con cada secuencia, haciéndole cómplice en el requerimiento de desmenuzar el aparente ‘whodunwhat’, como si de una ardid se tratase.
En ese camino al infierno del lujo pijo de Manhattan se traslada a la serenidad de un pueblo Missouri, se entrevé una metáfora de la crisis económica en Estados Unidos después de 2008, como detonante de la infelicidad y la ruptura de los sueños, del americano concretamente, aludiendo a una América rota por la recesión que ha entrado, además, en bancarrota moral. A partir de ese punto, la sensación de opacidad se apodera poco a poco del relato, haciendo cuestionar lo que estamos viendo y a través de qué ojos lo estamos percibiendo. El interés que sublima la construcción del filme se sustenta en el equilibrio de esas dos perspectivas que se van alterando en la subjetividad de una mentira escrita en un diario ficticio y el testimonio investigativo que adopta el engranaje de un ‘thriller’ policiaco mediante la detective Rhonda Bonie (Kim Dickens). Un intercambio de puntos de vistas que confiere ese contraste entre las apariencias y la realidad, a medio camino entre la película de suspense y una oscurísima comedia negra.
Cuando la finalidad narrativa se va descubriendo a modo de giros inesperados, se inicia otro juego mucho más siniestro y cruel de traición y venganza, donde el espectador es sometido a una maraña de acontecimientos capciosos bajo la invisible tutela de un guión con grandes dosis de perversidad que roza lo inmoral. No es el develamiento de un adulterio con una joven alumna (Emily Ratajkowski) lo que provoca la acción y reacción, si no que el relato va más allá al dibujar a un hombre que ha perdido toda motivación para hacer feliz a su perfecta esposa y que responde a un estereotipo de debilidad masculina, atrapado en las redes de una mujer araña que finge su victimismo.
La víbora que escupe veneno, por supuesto, es el verdadero incentivo de todo el relato, como paradigma del cine ‘noir’ en el que un hombre apagado en su apatía y autoasumida condición de ‘loser’, que es guiado por una hermana melliza (Carrie Coon) que es la voz de su conciencia, será víctima de una función que se transforma en, poco menos, que una sátira que evoca la venganza mortífera de las ‘femme fatale’ hasta un extremo de un paroxismo tóxico y enfermizo inimaginable.
Fincher y el paradigma de la tragedia satírica
No es difícil entender qué es lo que ha llamado la atención a Fincher para abanderar la adaptación de Flynn. ‘Perdida’ es un acercamiento entomológico, trazado con escalpelo, a una tragedia mostrada desde una maldad vampirizadora como parábola de una sociedad contagiada por el miedo. Un elemento siempre constante en la filmografía del cineasta. Con la diferencia de que aquí dicha problemática se describe desde el cauce conflictivo que encierran casi todos los matrimonios bien y mal avenidos y los recelos que puedan anidar en las llamadas “almas gemelas”.
Lo importante es diseccionar, mediante un corrosivo retrato y generado en las expectativas desvanecidas en un hipnótico juego de mentiras, las relaciones sociales y afectivas de una pareja desmontada por la falsedad y conformismo forjadas por el tiempo. Es paradójico que, desde varios flancos, se haya tachado a la película de misógina, algo que se revoca con la adulteración manipuladora que da a entender que la imposibilidad de una vida plena requiere de apariencias para fingir la idoneidad.
Más allá de eso, el discurso de ‘Perdida’ se basa en la concepción de una sociedad que se mueve en base a los valores materiales y la búsqueda de unos sueños que se dan de bruces con la realidad, aquí con una devastación conyugal y con los límites de la indiferencia. En este punto, Fincher y Flynn rehúsan posicionarse con cualquier signo de machismo o misandria camuflados en una sociopatía psicótica que no es capaz de asumir los roles dictados por la sociedad. Estos patrones de comportamiento perturbado, de ‘outsider’, podrían articular algunos de los roles de anteriores películas de Fincher, bien sea John Doe, Tyler Durden, el asesino del Zodiaco, Mark Zuckerberg o la mismísima Lisbeth Salander. Aquí es Amy, un personaje infectado por la misantropía a un nivel mucho más frío y calculador que sus predecesores, una perturbada en busca de un albedrío antisistema que oculta una oscura personalidad cuyo desquiciado propósito es el de cultivar un sentido de control que la vida le ha negado. Algo que le obliga a utilizar una máscara de absorción social con tal de encajar y fingir modelos genéricos sin responder a una ambición real más que la de sobrellevar el conformismo fragmentando violentamente en la delgada línea que separa el amor y el odio.
Por si fuera poco, es también un examen cínico sobre la nueva era de la información, los ‘mass media’, las redes sociales y la telebasura sensacionalista fascinada con el terror que puede llegar a provocar la difusión de contenidos sobre abusos domésticos, adulterios y crímenes, capaces tanto de erigir un falso perfil capaz de dinamitar la imagen de cualquier persona como su instantánea redención mediática. De nuevo, Fincher no deja de advertir sobre el tejido emocional que está dibujando una sociedad actual fraccionada entre el miedo y la paranoia, convirtiendo en espejismos nuestra percepción de la vida.
Por lo demás, ‘Perdida’ recupera la oscuridad fatalista de un director que ya no requiere de malabares técnicos o CGI para superarse a sí mismo, sino que prefiere mantener y pulir sus rasgos estilísticos llevados hacia un estrato mucho más clásico, sin rehúsar a reconocibles estilemas su impronta de autor identificable como su meticulosa metodología narrativa. ‘Perdida’ es uno de los mejores trabajos de un director con un imaginario visual y autoral que continúa en el evolutivo ascenso hacia una intensidad puesta al servicio de la historia, con una visión particular como medio de expresión en el que los mecanismos fílmicos de composición están al servicio de una puesta en escena estilizada y perfeccionista. Con ‘Perdida’, Fincher vuelve a evidenciar la agudeza de su estilo, adoptando textos ajenos para transmutarlos a sus obsesiones personales y aportar así una dosis de malicia y subversión, llevándola a su habitual atmósfera sombría, sobre todo en la capacidad tecnológica que alcanza el cromatismo digital captado por la inmensa fotografía de Jeff Cronenweth y punteado por la magistral asociación musical con Trent Reznor y Atticus Ross.
Sería injusto no referirse a la eficacia impuesta por Ben Affleck en su rol, ofreciendo el equilibrio adecuado entre la condición de galán y su torpe actitud y vacuidad que suponen el mejor trabajo desde ‘Hollywoodland’. Se ve apoyado por un elenco fuera de serie, Carrie Coon, Kim Dickens, Tyler Perry, Neil Patrick Harris, Patrick Fugit, Missy Pyle o Casey Wils. Sin embargo, la maravilla interpretativa es la propuesta por Rosamund Pike, en una compleja condensación de rostros y actitudes, fríamente etérea y antipática belleza rubia con la que Hitchcock hubiera soñado.
La onda expansiva de este ‘thriller’ psicológico cínico y sombrío está destinada a despertar violentamente diversas reacciones encontradas entre el público. Bajo un ojo clínico y con la precisión de un cirujano, Fincher vuelve a construir una ambiciosa película llena de talento tanto en términos creativos como precisa en sus designios. Una inteligente, divertida y fascinante fábula sobre la destrucción de la pareja perfecta, al menos desde el exterior, que se ve obligada a simular su felicidad, como en casi todos los casos, en la corrección política de un circo montado en favor de dos almas gemelas destinadas a torturarse hasta el fin de sus días, reparado por un ritual catártico de engaños y mentiras, de hipocresía y repudio, como sucedía en ‘Eyes Wide Shut’, de Stanley Kubrick.
No hay mejor símbolo que ese plano cíclico de su prólogo y epílogo en el que los dedos de Nick acarician suavemente el cabello rubio de Amy, que conceptualiza en su doble vertiente un viaje complejo y desconcertante. “Me gustaría fracturar su cráneo y descubrir qué es lo que está pensando” advierte. Y esa ambigüedad, lo imprevisible de todo el caos de sus personajes y recovecos es lo que provoca un reconfortante escalofrío a la hora de valorar la fruición con una de las películas más brillantes de este ejercicio 2014.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2014

jueves, 16 de octubre de 2014

El regreso de las 'reviews' abismales

Mañana viernes, por fin, regresa a este blog uno de los emblemas que lo ha caracterizado a lo largo de su década de existencia. Se trata de las míticas y extensas 'reviews', que esta vez acapara su atención en una de las películas más brillantes y comentadas de lo que va de año, 'Perdida', de un David Fincher que continúa hurgando en las obsesiones, los miedos y la fragilidad humana a través de la adaptación de otro pelotazo multiventas de Gillian Flynn en el que ambos se encargan de producir escalofríos con la intención narrativa de profundizar en el lado más oscuro y desconocido de los matrimonios. No os la perdáis.

Lo mejor a cámara lenta

Slow motion, ralentí o cámara lenta es un efecto visual que permite retrasar artificialmente una acción con el fin de aumentar el impacto visual o emocional. La cámara lenta se obtiene rodando una escena con un número de imágenes por segundo superior a la velocidad de proyección. Al pasar el registro con un número de imágenes por segundo normal, la escena, más larga, da la impresión de desarrollarse lentamente.
El austríaco August Musger inventó este método en 1904. Se utiliza generalmente en producciones cinematográficas como películas o videos musicales (en particular, en las escenas de acción, románticas, suspenso o combate), en retransmisiones deportivas para enumerar una acción (objetivo al fútbol, salto de altura, llegada de un curso, etc.) comerciales de televisión, y en aplicaciones científicas (por ejemplo en balística o para estudiar fenómenos naturales dividiendo su formación).
El efecto visual comúnmente llamado Bullet time es una técnica derivada de la cámara lenta. Ésta es más compleja de obtener y permite nuevas posibilidades visuales.
La aceleración es la técnica opuesta, que permite aumentar artificialmente la velocidad de una acción o precipitar movimientos. (Vía Wikipedia).
He aquí un interesante TOP TEN con los mejores 'slow motion' de la historia, según siempre las filias de los chicos de la recomendable CineFix.

martes, 14 de octubre de 2014

Tributo a Hayao Miyazaki en 8 bits

La noticia de la jubilación de Hayao Miyazaki y el cierre temporal de su carismático Studio Ghibli de Tokio, hizo que el mundo de la animación y del cine se consternara. No sólo por la importancia trascendental que han suscitado sus obras maestras, sino por la gran influencia tenido en la raigambre del género animado. Sin él, no existirían series ‘manga’ conmemoradas por más de una generación que le venera por aquéllas tardes de felicidad catódicas; ‘Mazinger Z’, ‘Calimero’, ‘Heidi’, ‘Marco’, ‘Candy Candy’, ‘Sherlock Holmes’ o ‘Bola de dragón’, entre muchas otras. El maestro de la animación tradicional, renovó una y otra vez el panorama internacional con sus filmes de culto, obras magnas que van desde ‘Nausicaä, el valle del viento’, hasta la consolidación del Ghibli con ‘Laputa, el castillo del cielo’, ‘Mi vecino Totoro’, ‘Porco Rosso’, ‘La princesa Mononoke’, ‘El viaje de Chihiro’, ‘El castillo ambulante’ o su última maravilla ‘El viento se levanta’.
A través de ellas ha ido componiendo un universo de poesía visual bajo un lirismo imaginativo tan rico en matices como innovador en cuanto a imaginería narrativa, desde su sentimental perspectiva al abordar la infancia, la naturaleza como fuente de vida, el anti belicismo, la magia y la fantasía o la bondad del alma humana. Miyazaki constituye una figura imprescindible para entender en toda su dimensión el cine de animación, haciendo prevalecer su inquietud rupturista con los prejuicios y estereotipos, generando héroes incomprendidos y sin perder de vista la atención al público infantil con discursos articulados en la pedagogía extensible al público adulto. Un clásico inmortal del arte contemporáneo cuyas películas representan auténticos elogios a la vida y la esperanza.
Como homenaje, pixelfantasy.com ha realizado un estupendo corto en 8 bits que rememora los personajes y la legendaria figura de Miyazaki.
Echadle también un vistazo a 8-bit Ghibli.
Ilustración: c3nmt.

viernes, 10 de octubre de 2014

La eterna influencia de 'Al final de la escapada (À bout de souffle)', de Jean-Luc Godard

Contaba François Truffaut que, durante el rodaje de ‘Al final de la escapada’, Jean-Luc Godard no se sintió a gusto dirigiendo una película de gánsteres. Tardó tiempo en asumir su autoría, incluso avergonzándose se ella. Sin embargo, en su empeño por hacer cine, no cejó en filmar de forma traslucida una visión que mostrara lo auténtico como inimitable y lo falso en términos incambiables. Aquélla opera prima, aquel filme refrescante que Luis Buñuel definió como “una idealización de lo moderno, de la eterna juventud que sabe lo que quiere y cómo conseguirlo”, se transformó a través de los años en un punto de inflexión cinematográfico que auspició la evolución de esa nueva ola que constituyó la Nouvelle Vague compuesta, además de por Godard, por otros jóvenes talentos como el mencionado Truffaut, Claude Chabrol, Jacques Rivette, Alain Resnais o Eric Rohmer.
‘Al final de la escapada’ ha perdurado como la más paradigmática ejemplificación de este impulso vanguardista, la obra que rompió formalmente con las reglas de la gramática cinematográfica, abogando por una estética libre, saltándose cualquier pauta del cine convencional. Antinaturalista, con saltos de ‘raccord’ intencionados, ruptura de montaje funcional, saltos de eje, miradas a cámara para recibir órdenes visuales, improvisación sin tiempos y un grado de afectación disoluta son los elementos que Godard impuso a unos espectadores que asistieron a nuevas formas de lectura fílmica, consolidando su contenido en la discordia con la ficción basada en la grandeza del error o la simplicidad que adulteraba lo establecido y superaba cualquier tipo de virtuosismo impostado. Era la hora no responder ante el esteticismo académico o clasicismo y abordar la semántica fílmica con una concepción formal y expresiva opuesta y diferente.
La obra de culto narra la relación que se entabla entre Michel Poiccard (Jean-Paul Belmondo), también conocido por Laszlo Kovacs, un ladrón de coches que acaba de asesinar a un policía y Patricia Franchini (Jean Seberg), una joven norteamericana que quiere ser periodista . Un bello relato de tono ‘semi-documental’, filmado con la cámara al hombro, con quiebres narrativos y diálogos improvisados que rendía un sentido tributo al cine negro americano, como una especie de europeización de los ‘films noir’ con aroma a serie B. Si bien sus referencias de tono pedante y literario aluden a Faulkner o Dylan Thomas, axiomas existencialistas (ilustradas en Parvulecso, cineasta al que da vida el maestro Jean Pierre Melville) y cierta grandilocuencia, la ‘opera prima’ del director francés es una declaración de principios del movimiento transformado en un sublime canto a la libertad tan espontáneo como necesario en su época. La falta de justificaciones dramáticas en un entorno de albedrío artístico era la justificación implícita de la constante búsqueda de libertad creativa. Esa fotografía del maestro Raoul Coutard también incurría en ciertas licencias que iban en contra de la coherencia de un rodaje convencional, exprimiendo el negativo hasta el límite una sensibilidad por encima de lo recomendado hasta llegar hasta los 800 ASA con el único objetivo de ahorrarse la iluminación durante casi todo el rodaje.
Ese final con los neones avanzando su desenlace, las miradas entre los dos protagonistas, ese proceso de nihilismo en contraposición con la dulzura, el conflicto interna entre el sentimiento y la prudencia, la razón y el corazón. La historia de amor entre los personajes de Belmondo y Seberg en pantalla, bajo la pegadiza partitura de Martial Solal, despierta una amoralidad crispada de pudor, de franqueza y de sensibilidad. ‘Al final de la escapada’ es una película de visión obligada que, hoy en día, sigue generando un fuerte debate y confrontación entre adeptos y detractores. Uno de los filmes que más influencia ejercieran sobre todo el cine realizado con posterioridad, es hoy un clásico imprescindible en la historia del cine.
Filias personales
Concluyendo y a modo íntimo y personal, este clásico despertó desde muy pequeño una filia de la que siempre he sido consciente y que no es más que el eterno influjo hechizador que ha tenido sobre mí la figura de Jean Seberg. Desde mi infancia, procedente del embrujo de esta actriz de destino trágico, suscitan mi atención las mujeres con el cabello muy corto. Atribuido a ello, encuentro en el cuello la parte femenina más erótica. La perfección de una fémina, subjetivamente hablando, se encuentra en esa pequeña y sensual hendidura que se forma en la cerviz. Si no tienen un determinado tipo de cuello, ya puede ser una belleza modélica que jamás podrá colmar mis fantasías. Más allá de esta absurda filia fetichista, ‘Al final de la escapada’ sigue perdurando como una obra de desvergüenza inextinguible e imperecedera.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Los libros favoritos de los famosos

A todo el mundo (o a casi todo el mundo) le gusta un buen libro, sumergirse en el placer de compartir y empatizar la narración de los protagonistas del texto, la identificación o el poder de sugestión y de viajar a través de las páginas como una necesidad psicológica y ancestral. Un libro implica una relación especial entre el lector y el escritor, fundamentada en la empatía con la historia, retroalimentando la imaginación y conceptualizando una visión más amplia de un mundo que sin lectura no tendría sentido. Todos tenemos nuestras predilecciones, ese libro especial que ha sometido nuestro interés a un proceso cognitivo de sensaciones y filias, de miedos o pasiones, de luchas y conocimientos que han contribuido con sus páginas a redimensionar nuestra propia personalidad lúdica y personal.
El magazine online Flavorwire ha acopiado la opinión de cincuenta rostros e iconos de las artes o el espectáculo que reflexionan sobre sus autores y libros predilectos; desde Bill Murray y su favoritismo por ‘Huckleberry Finn’, pasando por el recientemente fallecido Robin Williams y su pasión por la Saga de la Fundación de Asimov, J.K Rowling apunta a ‘Woman who Walked into Doors’, de Roddy Doyle, Muhammad Ali se decanta por el Corán, Emma Watson se debate entre Antoine de Saint-Exupéry y Roal Dahl, George R.R. Martin no duda en afirmar que la trilogía de ‘El Señor de los Anillos’ o Louis C.K. se queda con ‘El Gran Gatsby’. Will Smith, George Clooney, Lady Gaga, Woody Allen, Michelle Obama, Dan Borwn, Bill Gates o David Bowie son sólo algunos de los rostros conocidos que desnudan su pasión lectora y revelan sus preferencias literarias en una LISTA DE 50.