jueves, 30 de octubre de 2014

1995: Phoskitos y su terrible verdad

¡Qué recuerdos! ¿Os acordáis de aquella canción “Phoskitos… regalos y pastelitos”?
Ay… cómo ha pasado el tiempo. No podemos evitar que la memoria se retrotraiga a nuestra infancia en la que aquel pastelito de chocolate y nata enrollado proporcionaba un doble y estúpido placer; por un lado, el de un sabor de bollería industrial compuesta por una densa cantidad de grasas hidrogenadas y azúcares refinados tan adictivos como deliciosos. No vamos a negarlo. Por otro, los cromos sorpresa que anidaban en su interior requiriendo el deseo de los niños. Cromos que, al fin y al cabo, estaban protagonizados por superhéroes, personajes de moda en la parrilla catódica del momento o incluso sobre una ridícula catalogación de epítetos cotidianos radiografiados con humor en pequeños rótulos explicativos (el chulo, el hincha, el obrero, el patoso...) Éstos últimos son los que protagonizaban en el año 1995 la incógnita dentro de la bolsa del pastelito.
Sin embargo, este post, más allá de esa delicia de complacencia pueril o su aglomeración energética que continúa en venta como uno de los grandes reclamos de éxito del Grupo Nutrexpa, va a analizar de forma breve aquel anuncio televisivo del citado año. Ese “amigo enrollado que está siempre a tu lado” parece que no atribuía nada nuevo a las expectativas del mensaje sobre el pastelito: un dulce de chocolate en espiral como excelente merienda que ya venía precedido de cierta fama y prestigio. El final del anuncio pretendía ser el señuelo de venta que captara la atención del más pequeño, ya que, a través del Phoskito, se podían conseguir unos alucinantes ‘salti-flash’ luminiscentes (ojo, "directamente de los Estados Unidos") que brillaban en la oscuridad. Algo muy de moda por entonces que obtenía el propósito de la campaña publicitaria que haría recuperar la inversión publicitaria. Todos los niños iban a querer estos ‘salti-flash’ tope molones. Y eso fue una realidad.
No obstante, entre medias había algo inquietante, que no procedía del ‘marketing’ aparentemente directo y que escapaba al ‘target’ estratégico. Una asimetría publicitaria que, de repente, era el tema de conversación en los colegios e institutos ¿Era cierto que el pastelito de animación introducía el dedo en su propio ano y comía de él con un simbólico alarde de coprofagia saludable? En ese instante, el Phoskito ya no parecía una alternativa tan delectable para las meriendas ¿Qué clase de mensaje estaban lanzando los de Nutrexpa? Viendo el spot por segunda vez parece que está clara esta teoría, el dibujo animado de un pastelito se mete el dedo en el culo y se come su contenido. Aquel confite que lanzaban como “enrollado y sabroso amigo de verdad” promulgaba un testimonio involuntario sobre el verdadero concepto que expone en términos alimenticios la bollería industrial y sus consecuencias sobre la infancia. Estaban diciendo, sin querer, que este tipo de alimentación, en el fondo y sin moderación, es una mierda como un templo que puede estropear la salud y el crecimiento de los más pequeños.

miércoles, 29 de octubre de 2014

El desencanto del Nuevo Milenio

Quedan apenas un par de meses para acabe 2014 y nos metamos de lleno en 2015. Los años se suceden a una velocidad vertiginosa y el tiempo parece acelerado. Haciendo cálculos y números, no nos damos cuenta de que llevamos escrita una porción, aunque sea muy pequeña, del Tercer Milenio. Llevamos casi tres quinquenios viviendo dentro el Siglo XXI. Lo estamos viviendo a base de palos, de crisis acrecentada por un sistema democrático bipartidista que ido destruyendo la esperanza de la sociedad que recaído en la recesión de una caída estructural. Caídas y desplomes del consumo, bajadas de producción, descenso de la importación y exportación, masiva emigración y falta de puestos de trabajo, así como un sonrojante desprecio de las fuerzas políticas hacia el ciudadano. Este es el futuro que tenemos. No el que imaginábamos ¿Acaso hace dos o tres décadas no soñábamos con un mundo mejor? ¿Recordáis cuando en vuestra infancia fantaseábais con algo muy diferente a lo que estamos viviendo? No voy a incidir en la trágica situación sociopolítica. Me refiero a otro tipo de desengaño.
Me explico. Todas aquellas cávalas y profecías que plantearon una vez los grandes escritores de Ciencia Ficción; Philip K. Dick, Van Vogt, Ray Bradbury, Robert A. Heinlein, Philip J. Farmer o Arthur C. Clarke fueron representadas en un futuro que hoy es presente y dentro de muy poco, quizá ya lo sea, será pasado. De momento habrá que esperar, al menos, a medio plazo, para ver las utopías tecnológicas y espaciales de los grandes visionarios hechos realidad. Hasta entonces vamos a hacernos a la idea que nos sigue tocando algo no tan fascinante como aquellos mundos llenos de avances para vivir la monotonía de nuestra vida cotidiana, cada vez más contemplativa e inerte. Lo que sí ha cambiado ha sido el hecho de que todas las lecturas que se han extraído de un siglo y milenio han ido girado en torno a inferencias apócrifas e historias apocalípticas en las que la ciencia-ficción, sirviendo como punto de partida para soñar con que el Tercer Milenio, nos traería narraciones extraordinarias concebidas por los grandes soñadores avanzados a su tiempo hayan perdido el sentido, en cierta medida, que tuvieron durante décadas.
Porque la decepción de no encontrarnos naves espaciales encima de nuestras cabezas, de no poder atisbar cosmos con dos lunas y no poder comprobar, entre otras cosas, qué es exactamente la criogenización o el ‘tele transporte’ impone la dura realidad que se aleja en exceso aquel futuro imaginado que nunca llegará, que parece haberse concebido como una leyenda irrealizable, un invento del hombre que ha surtido a la literatura y al cine con inolvidables novelas y películas de un género siempre infravalorado por aquellos que han sido incapaces de mirar más allá de las esplendorosas épocas artísticas pretéritas y vetustas, en realidad presentes, pero en la capacidad imperturbable del que cree que el futuro está muy lejos.
Ya hace una década y media, aquel ya pasado “efecto 2000” evidenció que la ilusión de aquellos que creyeron ver hace tiempo un nuevo mundo tecnológico y próspero se encontraron con la desilusión de lo frecuente, en que la única novedad añadida a nuestro día a día fue el avance de los teléfonos móviles, 'las tablets' o consolas de última generación. Ni siquiera la llegada de la estereoscopía al cine comercial en 3D (hoy también obsoletas) sirvió por convencer de la integración del ser humano en las nuevas tecnologías, nunca tan fantásticas como las que nos prometieron la literatura y el cine. Tal vez porque lo realmente válido de todo esto haya sido la imaginería y talento de unos extraordinarios genios que tuvieron el privilegio de soñar más allá que el resto de los mortales, que pudieron ver mundos extraterrestres y utopías colmadas de fantasía, épocas en las que androides creados por hombres a imagen y semejanza de Dios pudieran sentir y tener más fe en la vida que el propio creador...
Llegados a este punto, uno se pregunta si todas estas proyecciones de un tiempo futuro no han sido más que otra promesa incumplida, de otro sueño deshecho por el inevitable paso del tiempo, como si en la oscura soledad de la esperanza aquello por lo que se vislumbra sólo fuera un invento malvado para aplacar las ansias de conocimiento humano. Apuntaba un amigo, Saberius, que ahora la propia ciencia-ficción ha pasado a ser Historia, pero no de una forma positiva, sino todo lo contrario. Ahora el hombre sabe que lo representado sólo es eso, una quimera que no llegaremos a vivir, como un brutal desengaño para aquellos chiflados con pájaros en la cabeza aventajados a sus generaciones coetáneas que sentieron, soñaron o viajaron por universos paralelos y ulteriores que nadie podía imaginar. Todo ése afán especulativo que ha hecho grande al ser humano, ése impulso creador con suficiencia y afán de ensartar la cotidianidad que nos rodea para componer viajes excitantes y ficticios, no es más que una actitud por transformar y adelantar el espacio en el que vivimos. Pero sin llevarnos a engaño, toda esta cavilación sobre el género, sobre el presente y el futuro encuentra su piedra angular en el cine, en la representación de los sueños, en lo imposible, en la escenificación de todo el futuro imaginado, en el ansia del hombre por llevar a cabo algo que ahora comprendemos inalcanzable.
El cine ha ayudado a componer las imágenes que soñaron los grandes genios de la ciencia-ficción, abasteciéndose de títulos que han conseguido acercar al espectador más visionario a los deseos de ver un futuro incierto, pero visualmente emocionante. El cine ha contemplado la posibilidad de darle a la retina colectiva una serie de filmes que ayudaron a ver al hombre el mañana que tantas veces soñó y que, hoy por hoy, se ha tornado en espectacular, como si el futuro fuera producto del Séptimo Arte. Así cuando Fritz Lang creó la fastuosa ‘Metrópolis’, George Lucas vislumbró la saga ‘Star Wars’ o Christian Nyby perfiló sus fantasías en ‘El enigma... de otro mundo’ ese futuro se hizo un poco más cercano y cotidiano, como si lo que viéramos en pantalla fuera la promesa de lo inviable pero a la vez real e imprevisible. Que Ridley Scott compusiera la obra maestra ‘Blade Runner’ atendiendo a una estética más adyacente a la realidad que nos rodea, impone la idea de ese símbolo factible, que hace posible tener una utópica certidumbre en el género más apasionante que ha inventado el ser humano. Como si Kubrick hubiera intuido qué significaría este nuevo milenio que dio como consecuencia el cambio de siglo. Como si con ‘2001: Una Odisea del Espacio’ nos dijera lo que puede pasar en estos primeros decenios del Siglo XXI: la involución del hombre. El conocimiento desalmado y ascético de confirmar que todo en lo que el hombre creía, que el futuro, no es más que un nuevo nacimiento en la ignorancia por descubrir lo inenarrable y lo desconocido.
Títulos claves que van desde ‘Le Voyage dans la Lune’, de Georges Méliès, pasando por ‘La guerra de los mundos’, ‘El planeta de los Simios’, ‘Viaje alucinante’, ‘Ultimátum a la tierra’, ‘Forbidden Planet’, ‘La invasión de los ladrones de cuerpos’, ‘Atmósfera Cero’, ‘Viaje al centro de la tierra’, ‘Alien’, ‘1997: Rescate en Nueva York’, ‘E.T’, ‘Star Trek’, especialmente la segunda entrega de ‘Regreso al futuro’, los ‘Terminator’ hasta llegar a la trilogía de ‘Matrix’ o ‘Avatar’… Todo estos títulos han hecho posible que el sueño se hiciera realidad, al menos durante una proyección cinematográfica. Probablemente, la única forma que vamos a tener nosotros de ver cómo es el futuro ilusorio que desde siempre nos han hecho fantasear. Instaurados en este Milenio, no queda más que inventar un futuro para el año 3000, dentro ya del Siglo XXII, con toda esa idiosincrasia tecnológica más avanzada, con los adelantos espaciales que permitan viajar al hombre a otros planetas y remodelar hasta el paroxismo técnico la nueva evolución del hombre. De ahí que surja esta proclama melancólica y realista. En este momento, sabemos (y comprendemos) que todo por lo que nos hicieron soñar dentro de la literatura y el cine fantástico nos queda demasiado lejos como para vivirlo. Entonces nos damos cuenta de que el cine sigue siendo la única vía para visualizar nuestros sueños futuros. La célebre frase de Roy Batty en ‘Blade Runner’ es clarividente, lo que el mismo hombre reflejado en un androide siempre soñó tener, el don de la inmortalidad para ver la evolución, para descubrir lo que ahora es utopía, para ver cosas que nosotros jamás imaginaríamos.
Esa es la verdad del Siglo XXI, de la pirotecnia y fantasía que se ha montado alrededor de unos años que fueron simbólicos y que han dejado de serlo. Aún así, debemos sentirnos satisfechos por estar aquí y ahora, en lo que no hace mucho fue el mañana. Sabemos que tenemos que empezar de cero, como bien predijo Kubrick. El año 2000 hace tiempo que pasó. Aprendamos a soñar ahora con 3001 y con un futuro que no conoceremos...

martes, 28 de octubre de 2014

La poesía de Alfonso Gatto grafiteada por Alice Pasquini

“Chi non è stato vano / una sera di gloria? / Chi non è stato morto / una sera di pianto? / Chi non ha visto al porto / salpare la sua nave / verso il cielo lontano?”
Alfonso Gatto(1909-1976).
Alfonso Gatto, uno de los poetas más importantes del Siglo XX, es considerado un abaluarte  representativo entre los autores del llamado hermetismo existencial, que promulgó a través de sus versos con la belleza sonora de unas palabras llenas de sentido y profundidad. Su caraterística fue una melodía cadente y lírica en sus palabras, que supo yuxtaponer con sabiduría en sus célebres endecasílabos quedando como un legado de influencia junto a grandes poetas de la época como Ungaretti, Betocchi, Luzi o Montale.
La artista Alice Pasquini aceptó un encargo de la Fundación Alfonso Gatto para crear un mural ubicado en unas escaleras de la ciudad natal de Gatto, Salerno, que reflejara su espíritu expresivo a través de la pintura urbana para celebrar la vida y la obra del poeta. Mediante la técnica del graffiti, Pasquini constituye una serie de grabados coloristas y figurativos que inspiran aquellos versos y el lenguaje emocional por medio del arte.
También hay espacio para reflejar en sus peldaños algunos de los versos más importantes de Gatto con el significativo mensaje de su obra. Esta obra que sigue el habitual proceso de la artista, con plumones y pintura acrílica, recoge el testigo del maestro italiano con el fin de hacer sentir lo mismo que el poeta, representar la emoción humana y explorar las emociones desde un punto de vista diferente.
Para ver la galería completa del mural de Pasquini, así como el resto de su obra, en su página web oficial.

viernes, 24 de octubre de 2014

Telecinco y sus espectaculares atracos de película

Estamos acostumbrados a que las campañas promocionales de las películas de Mediaset sean un constante bombardeo publicitario llevado hasta el extremo. Nada que objetar, porque es lo que deberían hacer todos los medios cuando el objetivo es que ése producto audiovisual sea un éxito. Con ‘Ocho apellidos vascos’ o ‘El Niño’ se ha puesto de manifiesto que este tipo de agresivas estrategias funcionan. Sólo hay que echarle un vistazo a los números. La legitimidad de esta modalidad de maniobras televisivas debería ser tomada como ejemplo por las demás cadenas como continuismo en la labor clave de promoción de audiovisual para que llegue como primera opción al espectador. Sin embargo, no estamos aquí para eso. Así que vamos con el siguiente vídeo emitido dentro del parte diario (que diría mi padre) de Telecinco en el día de ayer.
¿Habéis notado algo? Exacto, la incesante espectacularidad al vender algo se les ha ido de las manos. tanto es así, que empaña hasta el noble oficio de trasmitir una noticia. Vamos al caso concreto. En Informativos Telecinco de sobremesa, presentado por David Cantero e Isabel Jiménez, avanzan una noticia “de impacto”, de esas que reúnen todos los alicientes para llamar la atención del espectador. ‘Una detención de película’, lo titulan. Ya en el avance uno se ve obligado a pensar que el susodicho impulso cinematográfico no existe por ningún sitio. Observamos a un hombre vestido de blanco paseando tranquilamente por el paseo marítimo de La Coruña, cuando un policía ¡¡en bicicleta!! le sujeta y el fulano, sin oponer resistencia alguna, accede a ser reducido, pese a que se acerquen varios agentes policiales armados y corriendo. Subrayamos el titular ‘Una detención de película’.
La situación es la siguiente; en el día de ayer se produjo un robo a mano armada en una conocida y céntrica joyería coruñesa. Se llevaron del establecimiento un botín valorado de unos 150.000 euros. Tres tipos encapuchados, a punta de pistola se hicieron con algunos objetos de lujo. Según narran los medios locales, los policías persiguieron a dos de los atracadores por algunas calles de la ciudad. Nada de esto se menciona en la noticia. Aquí se centran en el tercer delincuente, que fue en dirección a la playa del Orzán con una bolsa y un maletín que escondió en el arenal. Bien, las imágenes son tildadas de “espectaculares”, como si de una superproducción se tratase. Cuando, nada más lejos de la realidad, resulta de lo más apático. Un ladrón baja unas escaleras, sube sin la bolsa negra que portaba y no opone resistencia al alto policial. Según ellos “las cámaras de seguridad grabaron toda la persecución”. Y claro, uno se imagina un despliegue digno de cualquier circo mediático norteamericano, de ésos con helicópteros y varias unidades móviles en busca y captura de un peligroso maleante con pistola que amenaza la seguridad de los viandantes mientras escapa como puede a toda velocidad. Lo que pasó en La Coruña debía ser como esa larga y coreografiada secuencia de la gran película ‘Heat’, de Michael Mann. Mada más lejos de la realidad.
El ladrón, de nacionalidas estonia, oculta una treintena de relojes de Cartier y de otras marcas bajo la arena y no puede evitar que le detengan. Sin embargo, para Telecinco: “lo llamativo y que pocas veces se puede ver, es cómo un ladrón que se da a la fuga intenta disimular y pasar desapercibido ante la gente” ¡Claro que sí! De todos es sabido, que los amigos de lo ajeno que saquean, instantes después del acto delictivo, van gritando a los cuatro vientos que acaban de robar y alardean ante todo el que pasa frente a él. Hay que estar muy loco y jugar con el riesgo para intentar encubrir el atraco y hacer como si nada hubiera sucedido ¿A quién se le ocurre? Solamente a un temerario que se enfrenta a una espectacular detención con tres agentes de la ley ¿Se rebela? ¿Intenta escapar? Qué va. Aun así, vamos a transgredir los límites valorativos del peligro para enunciar la noticia con el adjetivo “espectacular”. Al fin y al cabo, es lo que estamos diciendo cada día para vender productos ¿Por qué no hacer lo mismo con una noticia sobre un atraco a una joyería?
Vamos a imaginar a Michael Bay haciendo zapping y observando el desarrollo de esto para descolgar el teléfono y encargar un guión que adopte este asombroso acontecimiento y rodar una superproducción con este atraco de película. Hollywood debería ver estos telediarios en los que en cada noticia hay un pelotazo taquillero dispuesto a generar una suculenta taquilla. Pura emoción. “Un hombre cruza la calle de cualquier manera y deprisa”. Lo dicho. Si alguna vez presenciáis una infracción así, sospechad que se acaba de cometer un atraco espectacular a punta de pistola.
Bueno, no sé vosotros. Pero yo es ver el vídeo y subirme la adrenalina que se me sale el corazón por la boca.
PD: Por cierto, la calidad del vídeo y de su sonido es directamente lo que uno se encuentra cuando quiere ver online un programa de esta cadena. Así que pido disculpas por ello.

jueves, 23 de octubre de 2014

El cómic más caro de la Historia

Los aficionados al cómic conocen muy bien la primera aportada en la que apareció Superman. Por supuesto, es el primer número del Action Cómic, considerado el génesis del género de superhéroes y presentado al mundo por Jerry Siegel y Joe Shuster. Algo histórico, por otra parte. Lanzado en junio de 1938 (aunque publicado en abril) por la National Allied Publications, que luego pasaría a formar parte de la todopoderosa DC Comics, aquél primigenio icono del noveno arte presentó al mundo a un personaje que estaba llamado a ser una efigie iconográfica de la cultura contemporánea.
Por entonces, aquélla imagen casi futurista mostraba a un ser extraordinario levantando un coche a punto de estrellarlo contra una roca. Aquélla portada no incluía ningún título referencial al superhéroe, ni a su identidad, tan sólo se preocupó de exponer el espíritu del cómic: la aventura y la acción. Tres tipos aterrados huyen y gritan despavoridos ante la figura de un hercúleo héroe que asustaba con su enérgico dominio extraordinario. Superman venía a ser el primer y definitivo superhéroe destinado a marcar con su signo los gloriosos tiempos venideros del tebeo norteamericano.
El número inicial del Action Cómic ha ido convirtiéndose en una pequeña joya de una valía que roza lo extravagante. Sus escasas muestras se venden a precio de oro y su leyenda forma parte de los fastos del lujo inalcanzable del género. Todo arte tiene un precio. Y este cómic nada tiene que envidiar a grandes obras maestras de otras disciplinas. No es extraño que excéntricos personajes millonarios como Nicolas Cage llegara a albergar una copia en su casa (hasta que le fue sustraída como si fuera una joya de incalculable valor) y que los precios hayan aumentado según su calidad de conservación.
Cuando un desaprensivo ladrón conocedor del noveno arte le robó el ejemplar al actor, éste había pagado unos 150.000 dólares por él. Corría el año 1997. Hoy en día, se han superado todos las expectativas habidas y por haber. Aquel cómic se vendió por casi dos millones de euros, pero recientemente se ha superado el récord. El pasado mes de agosto, se pagaron 2,4 millones de euros en una copia vendida a través de Ebay. Lo adquirió Darren Adams, el propietario de West Coast Sports Cards y Pristinecomics.com. La razón de esta descomedida valoración se debe a un estado de nueve sobre diez en la certificación CGC.
En este vídeo se explica el porqué de ese suspirado estado de conservación de un cómic tan antiguo. La razón es porque el propietario primigenio, que pagó esos 10 centavos que costó en 1938, al igual que otros 200.000 aficionados y curiosos, vivió a gran altitud en las montañas de Blue Ridge de Virginia Occidental y cuando terminó de leerlo, lo guardó como oro en paño en un cofre de cedro donde ha permanecido intacto durante cuatro décadas. El ambiente fresco, oscuro y seco de la caja de cedro congeló la calidad inaugural del tebeo en el tiempo y ha logrado que sea considerado como el cómic más caro de la historia.
Si quéreis echarle un vistazo al cómic entero, podéis hacerlo aquí.

miércoles, 22 de octubre de 2014

IKEA Halloween: entre el homenaje y la realidad

Hay que reconocerlo. Cualquier enlace relacionado con ‘El Resplandor (The Shining)’, de Stanley Kubrick, comienza a ser un reclamo ineludible para este blog. Esa capacidad de fascinación que sublima la cinta del maestro del cine en la adaptación de la novela homónima de Stephen King resucita símbolos cinematográficos que anidan a través de la pesadilla acontecida en el Hotel Overlook; su complejidad laberíntica de vínculo sobrenatural y psicológica atribuyeron ciertos signos reconocibles en un esquema genérico convertido en referente icónico.
Una de las secuencias más recordadas del filme es aquella en la que Danny recorre los pasillos a lomos de un triciclo sobre una moqueta caracterizada por un emblemático mosaico modular. IKEA ha tomado la idea de esta secuencia con motivo de la inminente celebración de Halloween. En ella, un pequeño niño juguetea a circular también por los sinuosos pasillos de uno de estos grandes centros comerciales dedicados a la venta de muebles, menaje y accesorios de hogar. La similitud de esa percepción de un espacio siniestro compone la escenografía quijotesca e irracional que transmitía la naturaleza apócrifa del mencionado hotel maldito.
Este anuncio invita a un itinerario de espacios y estructuras que todos hemos recorrido y conocemos de primera mano. Sin embargo, en el fondo, recuerdan involuntariamente al mensaje que Kubrick quería transmitir por medio de aquel hotel en medio de la nada. Y es que los centro de IKEA son de por sí aterradores, capaces de propagar cierta insania y un componente de locura a todo el que entra en ellos. Imaginaos por un instante que tuvierais que quedaros al cargo de una de estas superficies durante un par de meses sin ningún tipo de comunicación con el exterior. Efectivamente, acabaríais como Jack Torrance, bloqueados, padeciendo un turbador trastorno de personalidad con tanta denominación sueca y escribiendo en un catálogo con esos lapiceros de madera “All work and no plays makes Jack a dullboy”.

lunes, 20 de octubre de 2014

Piratería y paralelismos

En un país en el que el sector audiovisual carece de incentivos para la inversión de producción extranjera, que sufre una vergonzosa ausencia de política cultural adecuada y el ultraje absurdo con el que se ha visto sometido con esa aplicación envenenada del 21% de IVA en los espectáculos que ha beneficiado únicamente al Ministerio de Hacienda que ha generado ganancias con su tropelía, el panorama del cine se tambalea y malvive en un ambiente de enrarecido pesimismo. También está demostrado que las películas de gran presupuesto apoyadas por televisiones y con grandes campañas de ‘marketing’ y lanzamientos adecuados suelen recuperar sus millonarias inversiones en la taquilla, el claro objetivo de este arte. Pero eso es algo muy extraño hoy en día. Otro de los focos, bastante reiterativo a la hora de exponer la problemática dentro de los círculos del cine español, apunta al albedrío con el que las descargas ilegales de contenidos se unen al cúmulo de elementos que afectan a la exhibición cinematográfica. Se trata de un valor contextual que, a veces, se escuda en un enmohecimiento de quejas redimensionadas que encuentran su respuesta en cifras de filmes españoles un claro patrón del negocio patentizándose en el hecho de que el público puede respaldar al cine patrio y acudir en masa a los cines.
En un artículo de entrevistas de El País titulado ‘Alegrías y miserias del cines español’ realizadas a algunos de los directores cuyas películas han sido auténticos exitazos dentro de este año, el popular Santiago Segura, a raíz de este tema, lanza una interesante reflexión a modo de anécdota sobre ese libertinaje respecto a la piratería con una anécdota muy bien traída al caso: “El cinismo de la cosa es que hace poco me llevó un taxista en Madrid y va y me dice: “Soy muy fan suyo, señor Segura, me he descargado todas sus películas”. Yo le expliqué al tío que hombre, que si era tan fan mío podría... Y me dice: “¡Pero qué más le da a usted si ya gana usted en el cine!”. Fue imposible convencerle. A las cuatro semanas volví a coger el mismo taxi y era justo cuando lo de Uber. “Hombre, ¿qué tal, cómo ve eso de Uber?”, le digo. “Hay que matarlos a todos”, dice él. Fue entonces cuando empezó a entenderme”.
Leer ‘Alegrías y miserias del cines español’ (El Páis. 19 de octubre 2014).

viernes, 17 de octubre de 2014

Review 'Perdida (Gone Girl)', de David Fincher

La gran farsa de un matrimonio diseccionado
David Fincher recupera ese fatalismo oscurantista de anteriores filmes con una fascinante adaptación de la novela de Gillian Flynn que, más allá del juego laberíntico de géneros como el ‘thriller’ y el drama, explora los conflictos maritales llevados al extremo de la degeneración.
Es muy complicado realizar un análisis en profundidad sobre ‘Perdida’ sin cometer el indebido error de desvelar algunos temas básicos que suceden a lo largo del filme que pueden descubrir ciertos giros para el espectador que no haya visto la último película de David Fincher. Es lo que se viene llamando 'spoilers'. Si esto es así, un consejo: no sigas leyendo.
Con este oportuno y obligado advertimiento, el último y esperado filme del director de ‘La red social’ presenta sus cartas con una circunstancia que exonera uno de sus habituales recursos y diferencia el proceder del cineasta. Se trata de esas secuencias de créditos iniciales, cuya aportación reforzaban con impacto ciertas pistas argumentales para transferir esa sensación de extensión minimalista y gusto estético del cineasta. En este aspecto, a diferencia de memorables inicios como los de ‘Se7en’, ‘The Game’, ‘El Club de la Lucha’, ‘Panic Room’ o ‘Zodiac’, se ajusta a la presentación de North Carthage, una pequeña ciudad suburbial y residencial que será la ubicación principal, con unos créditos acelerados, apenas imperceptibles, como si el cineasta de Denver quisiera empezar cuanto antes a describir lo que va a acontecer en ‘Perdida’, sin revocar su gusto por la retórica de la imagen como atractivo y riguroso trazo, eso sí.
La nueva propuesta no es otra que la adaptación homónima del ‘best seller’ de Gillian Flynn, que supone su reicidencia en una adaptación literaria, como reto sinuoso en el que la autora enfrascó al lector en una variante de constantes cambios de voz entre sus protagonistas. La traslación por parte de la autora (también del guión) es tan extraordinaria que apenas hay divergencias entre el texto literario y su análogo cinematográfico. ‘Perdida’ aborda la desaparición de una mujer desaparecida en el quinto aniversario de su boda. Tras los evidentes signos de violencia y la falta de preocupación y actitud distante de su marido, éste se convierte en el principal sospechoso de su desaparición, levantando las suspicacias de su vecindario, de la policía y de los medios de comunicación que cubren el suceso.
A partir de ese momento, la narración se ocupa de ir escarbando en la relación de este matrimonio, el de una rica escritora de éxito, Amy Dunne (Rosamund Pike) que ha basado su vida en un personaje que simboliza una infancia perfecta que nunca tuvo titulada ‘Asombrosa Amy’ y Nick Dunne (Ben Affleck), columnista de una revista masculina de tendencias y moda. Un contexto en el que se suceden diversos factores que van desgranando las verdaderas intenciones omniscientes de los autores; desde ese cuento de hadas invertido en el que unos intelectuales construyen un amor perfecto que se transforma con el tiempo en una pesadilla, hasta la definición del engranaje que mueve la historia, que no es otra que la de captar una intensidad atmosférica asfixiante y retorcida para llevar al espectador donde ellos quieren. El envite hace necesario al público para que entre sin concesiones en ese juego de jeroglíficos argumentales que irán desglosando la sucia turbiedad que se desprende con cada secuencia, haciéndole cómplice en el requerimiento de desmenuzar el aparente ‘whodunwhat’, como si de una ardid se tratase.
En ese camino al infierno del lujo pijo de Manhattan se traslada a la serenidad de un pueblo Missouri, se entrevé una metáfora de la crisis económica en Estados Unidos después de 2008, como detonante de la infelicidad y la ruptura de los sueños, del americano concretamente, aludiendo a una América rota por la recesión que ha entrado, además, en bancarrota moral. A partir de ese punto, la sensación de opacidad se apodera poco a poco del relato, haciendo cuestionar lo que estamos viendo y a través de qué ojos lo estamos percibiendo. El interés que sublima la construcción del filme se sustenta en el equilibrio de esas dos perspectivas que se van alterando en la subjetividad de una mentira escrita en un diario ficticio y el testimonio investigativo que adopta el engranaje de un ‘thriller’ policiaco mediante la detective Rhonda Bonie (Kim Dickens). Un intercambio de puntos de vistas que confiere ese contraste entre las apariencias y la realidad, a medio camino entre la película de suspense y una oscurísima comedia negra.
Cuando la finalidad narrativa se va descubriendo a modo de giros inesperados, se inicia otro juego mucho más siniestro y cruel de traición y venganza, donde el espectador es sometido a una maraña de acontecimientos capciosos bajo la invisible tutela de un guión con grandes dosis de perversidad que roza lo inmoral. No es el develamiento de un adulterio con una joven alumna (Emily Ratajkowski) lo que provoca la acción y reacción, si no que el relato va más allá al dibujar a un hombre que ha perdido toda motivación para hacer feliz a su perfecta esposa y que responde a un estereotipo de debilidad masculina, atrapado en las redes de una mujer araña que finge su victimismo.
La víbora que escupe veneno, por supuesto, es el verdadero incentivo de todo el relato, como paradigma del cine ‘noir’ en el que un hombre apagado en su apatía y autoasumida condición de ‘loser’, que es guiado por una hermana melliza (Carrie Coon) que es la voz de su conciencia, será víctima de una función que se transforma en, poco menos, que una sátira que evoca la venganza mortífera de las ‘femme fatale’ hasta un extremo de un paroxismo tóxico y enfermizo inimaginable.
Fincher y el paradigma de la tragedia satírica
No es difícil entender qué es lo que ha llamado la atención a Fincher para abanderar la adaptación de Flynn. ‘Perdida’ es un acercamiento entomológico, trazado con escalpelo, a una tragedia mostrada desde una maldad vampirizadora como parábola de una sociedad contagiada por el miedo. Un elemento siempre constante en la filmografía del cineasta. Con la diferencia de que aquí dicha problemática se describe desde el cauce conflictivo que encierran casi todos los matrimonios bien y mal avenidos y los recelos que puedan anidar en las llamadas “almas gemelas”.
Lo importante es diseccionar, mediante un corrosivo retrato y generado en las expectativas desvanecidas en un hipnótico juego de mentiras, las relaciones sociales y afectivas de una pareja desmontada por la falsedad y conformismo forjadas por el tiempo. Es paradójico que, desde varios flancos, se haya tachado a la película de misógina, algo que se revoca con la adulteración manipuladora que da a entender que la imposibilidad de una vida plena requiere de apariencias para fingir la idoneidad.
Más allá de eso, el discurso de ‘Perdida’ se basa en la concepción de una sociedad que se mueve en base a los valores materiales y la búsqueda de unos sueños que se dan de bruces con la realidad, aquí con una devastación conyugal y con los límites de la indiferencia. En este punto, Fincher y Flynn rehúsan posicionarse con cualquier signo de machismo o misandria camuflados en una sociopatía psicótica que no es capaz de asumir los roles dictados por la sociedad. Estos patrones de comportamiento perturbado, de ‘outsider’, podrían articular algunos de los roles de anteriores películas de Fincher, bien sea John Doe, Tyler Durden, el asesino del Zodiaco, Mark Zuckerberg o la mismísima Lisbeth Salander. Aquí es Amy, un personaje infectado por la misantropía a un nivel mucho más frío y calculador que sus predecesores, una perturbada en busca de un albedrío antisistema que oculta una oscura personalidad cuyo desquiciado propósito es el de cultivar un sentido de control que la vida le ha negado. Algo que le obliga a utilizar una máscara de absorción social con tal de encajar y fingir modelos genéricos sin responder a una ambición real más que la de sobrellevar el conformismo fragmentando violentamente en la delgada línea que separa el amor y el odio.
Por si fuera poco, es también un examen cínico sobre la nueva era de la información, los ‘mass media’, las redes sociales y la telebasura sensacionalista fascinada con el terror que puede llegar a provocar la difusión de contenidos sobre abusos domésticos, adulterios y crímenes, capaces tanto de erigir un falso perfil capaz de dinamitar la imagen de cualquier persona como su instantánea redención mediática. De nuevo, Fincher no deja de advertir sobre el tejido emocional que está dibujando una sociedad actual fraccionada entre el miedo y la paranoia, convirtiendo en espejismos nuestra percepción de la vida.
Por lo demás, ‘Perdida’ recupera la oscuridad fatalista de un director que ya no requiere de malabares técnicos o CGI para superarse a sí mismo, sino que prefiere mantener y pulir sus rasgos estilísticos llevados hacia un estrato mucho más clásico, sin rehúsar a reconocibles estilemas su impronta de autor identificable como su meticulosa metodología narrativa. ‘Perdida’ es uno de los mejores trabajos de un director con un imaginario visual y autoral que continúa en el evolutivo ascenso hacia una intensidad puesta al servicio de la historia, con una visión particular como medio de expresión en el que los mecanismos fílmicos de composición están al servicio de una puesta en escena estilizada y perfeccionista. Con ‘Perdida’, Fincher vuelve a evidenciar la agudeza de su estilo, adoptando textos ajenos para transmutarlos a sus obsesiones personales y aportar así una dosis de malicia y subversión, llevándola a su habitual atmósfera sombría, sobre todo en la capacidad tecnológica que alcanza el cromatismo digital captado por la inmensa fotografía de Jeff Cronenweth y punteado por la magistral asociación musical con Trent Reznor y Atticus Ross.
Sería injusto no referirse a la eficacia impuesta por Ben Affleck en su rol, ofreciendo el equilibrio adecuado entre la condición de galán y su torpe actitud y vacuidad que suponen el mejor trabajo desde ‘Hollywoodland’. Se ve apoyado por un elenco fuera de serie, Carrie Coon, Kim Dickens, Tyler Perry, Neil Patrick Harris, Patrick Fugit, Missy Pyle o Casey Wils. Sin embargo, la maravilla interpretativa es la propuesta por Rosamund Pike, en una compleja condensación de rostros y actitudes, fríamente etérea y antipática belleza rubia con la que Hitchcock hubiera soñado.
La onda expansiva de este ‘thriller’ psicológico cínico y sombrío está destinada a despertar violentamente diversas reacciones encontradas entre el público. Bajo un ojo clínico y con la precisión de un cirujano, Fincher vuelve a construir una ambiciosa película llena de talento tanto en términos creativos como precisa en sus designios. Una inteligente, divertida y fascinante fábula sobre la destrucción de la pareja perfecta, al menos desde el exterior, que se ve obligada a simular su felicidad, como en casi todos los casos, en la corrección política de un circo montado en favor de dos almas gemelas destinadas a torturarse hasta el fin de sus días, reparado por un ritual catártico de engaños y mentiras, de hipocresía y repudio, como sucedía en ‘Eyes Wide Shut’, de Stanley Kubrick.
No hay mejor símbolo que ese plano cíclico de su prólogo y epílogo en el que los dedos de Nick acarician suavemente el cabello rubio de Amy, que conceptualiza en su doble vertiente un viaje complejo y desconcertante. “Me gustaría fracturar su cráneo y descubrir qué es lo que está pensando” advierte. Y esa ambigüedad, lo imprevisible de todo el caos de sus personajes y recovecos es lo que provoca un reconfortante escalofrío a la hora de valorar la fruición con una de las películas más brillantes de este ejercicio 2014.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2014

jueves, 16 de octubre de 2014

El regreso de las 'reviews' abismales

Mañana viernes, por fin, regresa a este blog uno de los emblemas que lo ha caracterizado a lo largo de su década de existencia. Se trata de las míticas y extensas 'reviews', que esta vez acapara su atención en una de las películas más brillantes y comentadas de lo que va de año, 'Perdida', de un David Fincher que continúa hurgando en las obsesiones, los miedos y la fragilidad humana a través de la adaptación de otro pelotazo multiventas de Gillian Flynn en el que ambos se encargan de producir escalofríos con la intención narrativa de profundizar en el lado más oscuro y desconocido de los matrimonios. No os la perdáis.

Lo mejor a cámara lenta

Slow motion, ralentí o cámara lenta es un efecto visual que permite retrasar artificialmente una acción con el fin de aumentar el impacto visual o emocional. La cámara lenta se obtiene rodando una escena con un número de imágenes por segundo superior a la velocidad de proyección. Al pasar el registro con un número de imágenes por segundo normal, la escena, más larga, da la impresión de desarrollarse lentamente.
El austríaco August Musger inventó este método en 1904. Se utiliza generalmente en producciones cinematográficas como películas o videos musicales (en particular, en las escenas de acción, románticas, suspenso o combate), en retransmisiones deportivas para enumerar una acción (objetivo al fútbol, salto de altura, llegada de un curso, etc.) comerciales de televisión, y en aplicaciones científicas (por ejemplo en balística o para estudiar fenómenos naturales dividiendo su formación).
El efecto visual comúnmente llamado Bullet time es una técnica derivada de la cámara lenta. Ésta es más compleja de obtener y permite nuevas posibilidades visuales.
La aceleración es la técnica opuesta, que permite aumentar artificialmente la velocidad de una acción o precipitar movimientos. (Vía Wikipedia).
He aquí un interesante TOP TEN con los mejores 'slow motion' de la historia, según siempre las filias de los chicos de la recomendable CineFix.