jueves, 26 de marzo de 2015

Pedro Reyes y el humor de los dioses


(1961-2015)
Con la prematura muerte de Pedro Reyes perdemos a uno de los más grandes cómicos españoles de todos los tiempos. Hubo una época en la que la destrucción del humor convencional se ligó a este genio nacido en Tánger pero onubense de corazón que propagó la diversión con un espíritu insobornable, ajeno a cualquier catalogación o etiqueta y que supuso una sorpresiva muestra de acto de trascendencia a la hora de hacer reír con una inteligencia por encima de lo común. Muchos fuimos los que crecimos reproduciendo sus frases e imitando esa genuina expresividad que revitalizó el humor televisivo marcando a toda una generación de telespectadores y referencia ineludible para muchos de los cómicos posteriores. Desde sus inicios con la creación con el grupo de teatro Centuria en 1977 junto a su gran amigo Pablo Carbonell, con el pasó de actuar en el madrileño parque de El Retiro (como Faemino y Cansado) a dar sus primeros pasos televisivos en el primigenio ‘El carro de la farsa’, hasta llegar al crisol referencial para una generación que aprendió la grandeza de la cultura y de la rebeldía ante los estigmas de la desgana infantil y juvenil gracias al antológico ‘La bola de cristal’ o más adelante a ‘Pero, ¿esto qué es?’.
Sin embargo, sería con un incomprendido formato catódico de culto del cariz incoherente de ‘No te rías que es peor’ donde Reyes explotaría su vena más conocida del desquiciado y característico humor sinsentido. Su entrañable y desgarbada apariencia con bigote amable, pelo alopécico y largo, vistiendo fúlgidas americanas fue el mejor visado para dar rienda suelta a un especial ingenio descabellado, ilógico y poco ortodoxo en su expresión corporal exagerada a la hora de hacer llegar un sentido del humor que justificaba su diferencia en la novedad y la sorpresa.
Pedro Reyes trabajó su humilde grandeza en la frescura de la insensatez esperpéntica en contra de la razón y el logos, con anécdotas estudiadamente improvisadas en un corolario inesperado de una narración constituida como solemnidad del absurdo, desde aquel Librovisor, los 200 millones de la quiniela, chistes imposibles de abuelos y nietos, la mitológica historia de amor de la vaca, la entrevista a Barragán como extraterrestre, la desestructuración del cuento de los tres cerditos o su legendaria narración taurina y muchos otros instantes que han quedado en los fastos de la televisión.
Siempre honesto con una forma alternativa y genuina de hacer humor, de recrear con imaginación absurdas historias con final descabellado, ilógico ante en los preceptos del modelo más clásico de la comedia, este titán de la risa convirtió su afición por la carcajada en una profesión en la que abarcó una trayectoria de monólogos y chistes, obras de teatro como ‘La curva de la felicidad’, ‘El cielo es infinito, pero un poco estrecho’, ‘Full de Reyes’, ‘Las hermanas Wuachosky’ o ‘Sapore di Amore’ y participó en algunas producciones cinematográficas como ‘El año de las luces’, el díptico de ‘Makinavaja’, ‘Sé infiel y no mires con quién’, ‘La duquesa roja’, en el debut como director de Carbonell en ‘Atún y chocolate’ o como una de las voces de la cinta de animación ‘La crisis carnívora’.
El absurdo existencial constató el carácter irracional de una forma de transmitir una vitalidad inexpugnable, aludiendo a lo contradictorio y a lo surreal con el objetivo de involucrar al espectador en un extraño juego de complicidad innata. Pedro Reyes supo como nadie reinterpretar la hipérbole gestual y el lenguaje esperpéntico acercando con sus historias a un humor donde lo inverosímil se transformaba una simplificación de códigos con cabida para todos los públicos. Se dice que el humor es patrimonio de los dioses y este genial humorista representó al auténtico cómico absolutamente diferente a lo conocido.
Te echaremos de menos, gran ídolo.

viernes, 20 de marzo de 2015

Bababadalgharaghtakamminarronnkonnbronntonnerronntuonnthunntrovarrhounawnskawntoohoohoordenenthurnuk

En ‘Finnegans Wake’, el gran James Joyce experimentó como nadie con las posibilidades del idioma inventando vocablos y expresiones impronunciables componiendo palabras con raíces lingüísticas a base de calambures o dilataciones y estiramientos terminológicos en clave de desafío a la hora de acometer su lectura. Tanto es así, que en lengua castellana nadie se ha atrevido a traducirla. El reto es una reinterpretación del lenguaje inglés demasiado complejo como para devolverlo con sentido a la comprensión hispana. La manipulación del glosario anglosajón y la utilización de éste para confeccionar un nuevo idioma imposible hacen que esta oda a una conocida canción de taberna irlandesa siga siendo una incógnita para aquel que no se atreva a leerlo en la lengua de Shakespeare.
En este cómputo políglota y polisémico que supone esta esperpéntica reinvención léxica, Joyce destacaba una de esas palabras inverosímiles para describir el sonido de un trueno con el término “Bababadalgharaghtakamminarronnkonnbronntonnerronntuonnthunntrovarrhounawnskawntoohoohoordenenthurnuk” o la más asequible ‘Peloothered’ que se usa en Irlanda para denominar a alguien que se ha excedido en la ingestión de alcohol y se ha cogido buena cogorza.
He aquí (en inglés) 17 palabras inventadas por el genial escritor de ‘Ulises’.
Si queréis saber más de esta sugerente obra literaria, echadle un ojo a la Wikipedia.

martes, 17 de marzo de 2015

St. Patrick's Day o Lá Fhéile Pádraig

Hoy, como cada 17 de marzo, se celebra en todo el mundo el día de Lá ’le Pádraig or Lá Fhéile Pádraig. Lo que se está popularizando como el ‘St. Patrick’s Day’ o hispanizando el concepto, la festividad de San Patricio. Es la ceremonia donde se rememora la figura del Patrón de Irlanda, del Santo que logró explicar la Santísima Trinidad por medio de un trébol, definiendo la católica hipóstasis como una misma unidad pero con tres elementos distintos. También que fue el encargado de reunir a todas las serpientes del país y expulsarlas. O eso dicen, porque, como todo lo religioso se fundamenta en las leyendas y creencias hipotéticas. Pero más allá de eso, el núcleo de esta conmemoración viene dado por la algazara y la francachela dipsómana que se riega con considerables cantidades de cerveza ‘stout’ y todo tipo de gaudeamus irlandeses esta celebración anual que cada año congrega a más adeptos.
Hoy es un día donde se impone esa vistosidad tinturada de color verde, que exhibe su preeminencia junto a emblemas reconocibles como los Leprechauns, figura mágica de la mitológica de la tradición irlandesa o los Shamrocks, los tréboles identificativos de la nación irlandesa. Las típicas tabernas son el centro de reunión para la población a través de ese espíritu irlandés que se ha extendido más allá de las fronteras celtas. Por mucho que se aúlle el ancestral “Erin va Bragh” que corrompe la disquisición patriótica “Éirinn va Brach”, que viene a significar algo así como “Irlanda para siempre”, el sentimiento del St. Patrick’s Day parece haber calado hondo en los contornos foráneos.
Para tener presente algo de conocimiento acerca de esta festividad ecuménica, hay que saber algunas cosas que suelen desconocerse; como que, originalmente, el color oficial de este día era el azul, cambiando al identificativo verde esmeralda sólo después de vincularse la tradición con el movimiento de independencia irlandés en el Siglo XVIII. Por otra y mal que pese en el sentimiento irlandés, San Patricio no nació en Irlanda, si no que su nacionalidad se sitúa, depende las fuentes históricas, en Escocia o en el País de Gales. Desde 1762 también se celebra en Estados Unidos, siendo muy célebre el desfile que tiene lugar en la Quinta Avenida y se procede siempre a pie, estando prohibidas las carrozas, los coches y demás símbolos mecanizados y contemporáneos. También es tradicional que en Chicago se tiña cada año el río de verde en el que se utilizan 40 toneladas de colorante. Aunque es un día en el que la cerveza ‘stout’ es la gran protagonista de la fiesta y el primordial reclamo que ha hecho proliferar la celebración de forma mundial, en Irlanda, durante gran parte del Siglo XX, los pubs estaban cerrados por respeto a la sacra religiosidad de la jornada. Desde 1970, se abrió la veda y la exultación pasó a ser el principal motivo de la conmemoración. Otro dato que se suele desconocer según la tradición irlandesa es que el día de San Patricio debería llamarse el Día de Maewyn Succat, el verdadero nombre de este religioso que pasó a bautizarse como Patricio una vez ordenado sacerdote.
Este 17 de marzo es, por tanto, el día oficial en el que preconizar el sentimiento irlandés por todo el mundo. La zambra, los desfiles, la cerveza, el whisky irlandés y la algarabía se entremezclan con el folklore y las tradiciones ancestrales. En comunión con el Gran Céili, el Skyfest de Docklands sobre el río Liffey, el carnaval callejero en el corazón del Dublín Georgiano y la parranda de la Verde Erin, hoy es un día para dejarse llevar y cantar al unísono el ‘An Irish Lullaby’ mientras engullimos un rico “corned beef and cabbage”.
Pasadlo bien y no os olvidéis brindar como es bebido al grito de “SLÁINTE!”.

martes, 10 de marzo de 2015

La ilustraciones de Álex Muñoz

¿A qué mola? Se trata de una creación de Álex Muñoz, un dibujante madrileño que se ha curtido en el mundo de la ilustración, el cómic, el diseño gráfico y la infografía a través de muy diversos trabajos; desde sus comienzos en revistas de toda índole, su paso por agencias de publicidad donde realizó trabajos para televisión y algunas páginas web y publicaciones de prestigio como ‘El Jueves’, ‘Siete’, ‘Qué!’ o ‘20minutos’ entre muchas otras.
Uno de sus trabajos más reconocidos es la creación del mítico ‘Spooky’, un pequeño lagarto cabezón cuyo humor socarrón e insolente que paseó su figura por la red con un cómic online a lo largo de ocho temporadas y que dio origen incluso a un proyecto de largometraje. También puso su talento al servicio de ‘Mika, diario de una PornoStar’ y ‘Kakofonias’, junto a Guzmán López.
También es el responsable de una serie de reconocibles y maravillosas ilustraciones con retratos de todo tipo de personalidades cinematográficas y del mundo de la televisión que podéis encontrar en su cuenta de Instragram (echadle un vistazo, merece la pena). Yo no me voy a incluir en ese apartado, porque Muñoz también las crea por encargo para cualquiera que se ponga en contacto con él como regalo ideal para una personalización diferente de banners en redes sociales o páginas web o eventos como cumpleaños, aniversarios, bodas…
Un crack, el amigo Álex.
Su Twitter.
Su Facebook.

martes, 3 de marzo de 2015

Un mar de algoritmos

Durante años, la creación fluidos acuáticos y simulación dinámica del agua ha sido como uno de los santos griales de los efectos especiales en el cine. La búsqueda del control y visualización del comportamiento de líquidos y su interacción con un entorno llevó a gente como Ignacio Vargas y Víctor GonzáIez, a través de su empresa Next Limit, a crear el software Real Flow, con el que hicieron realidad este tipo de efecto en la saga de ‘El Señor de los Anillos’ y películas como ‘300’, ‘X-Men 3 (The Last Stand)’, ‘Robots’, ‘Ice age 2 (The Meltdown)’ o la impactante secuencia inicial de ‘Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres’.
La generación de un agua realista a través de propiedades físicas que permitieran controlar su comportamiento y poder interactuar en un contexto concreto ha sido un largo proceso en el que se han invertido varios millones de dólares y millones de horas dedicadas renderizar este efecto. Sin embargo, actualmente, utilizando tan sólo 185 líneas de código JavaScript WebGL es posible componer de un modo asombroso ese reto digital. Lo ha creado Alexander Alekseev (a.k.a. TDM) y se trata de un interfaz de programación de aplicaciones para javascript que permite usar la implementación nativa de OpenGL ES 2.0 y que habilita un módulo de gráficos 3D acelerados por hardware. De este modo, se pueden conseguir las olas del mar hiperrealistas en cualquier navegador con 60 frames/seg.

lunes, 23 de febrero de 2015

87ª Edición de los Oscar

Una noche de reivindicaciones y aburrimiento
La noche de la 87ª edición de los Oscar había abierto una doble incógnita. Primero, la expectación que había suscitado Neil Patrick Harris como maestro de ceremonias de la gala. Segundo, saber si ‘Boyhood’ sería coronada como la gran triunfadora que apuntaban todas las quinielas. Vayamos por partes; el actor que ha dado vida a Barnie Stinson durante las ocho temporadas del fenómeno televisivo ‘Cómo conocí a vuestra madre’ y gran conocedor de este tipo de eventos mediáticos al ser uno de los reclamos de los dos últimos años dentro de los premios Emmy, deslumbró con un número inicial increíble, haciendo lo que mejor sabe, que es combinar su faceta musical con humor, realizó una actuación soberbia con la canción ‘Moving picture’, compuestas por los creadores del ‘Let it go’ de ‘Frozen’, en la que se homenajeó al cine clásico y en el que la réplica la dieron Anna Kendrick y el cómico Jack Black (que a buen seguro que si algún día presenta este sarao, lo peta).
El cuatro veces presentador la de los teatrales Tony emergió como una promesa de amenidad en la sustitución de una siempre eficaz Ellen DeGeneres. Pero tan sólo fue un fugaz instante de genialidad. Sus apariciones se fraguaron entre la desidia y la neutralidad de un humor tropezado en la entropía autosuficiente, con un persistente ‘running gag’ con una caja de metacrilato en el que supuestamente escondió su quiniela con los ganadores en complicidad con una Octavia Spencer que no sabía muy bien dónde estaba la gracia. No fue la única. Patrick Harris tuvo momento para homenajear a ‘Birdman’ en un número que reproducía una de las secuencias más comentadas de la cinta de Alejandro González Iñárritu en la que se paseó por las bambalinas del Dolby Theatre de Los Ángeles en calzoncillos para terminar dando paso a los siguientes invitados. Y ese fue el punto álgido de una presentación que pasó muy desapercibida y que, en términos globales, decepcionó en su función de animador de la fiesta y anfitrión. Su carisma y cinismo da para más. No cabe duda. Sin embargo, se quedó en una inesperada insipidez que dejó una sensación de desinterés y aburrimiento. Máxime, cuando la gala duró más de media hora más de duración sobre lo previsto.
Sobre el papel, la película que se ha constituido como un nuevo fenómeno cinematográfico del año, ‘Boyhood’ venía con la vitola de favorita. Había arrasado en los Globos de Oro, en los Bafta, en premios de los del sindicato de actores y los de la crítica, por lo que era de esperar que su nombre sonara al final de la ceremonia. Pero no fue así. La valoración de una película como 'Birdman', mucho más arriesgada y desacorde con el resultado final de estos premios, cogió a casi todos por sorpresa al hacerse con los premios más importantes de la noche. Finalmente acumuló cuatro estatuillas (mejor película, mejor director, mejor guión original y mejor fotografía), avalando la buena posición de los cineastas mexicanos en Hollywood (el año pasado, Alfonso Cuarón también logró el de mejor director por ‘Gravity’) con Iñárritu y el segundo Oscar consecutivo del director de fotografía para Emmanuel Lubezki.
Cuando Sean Penn apareció para leer el nombre de la mejor película de 2014, ya estaba claro que Richard Linklater y su experimento de doce años iba a ser la gran derrotada de la noche. “¿Quién le ha dado a este hijo de puta su ‘green card’?”, dijo exhibiendo esa insolencia tan peculiar del ex marido de Madonna. La pregunta es ¿hubiera accedido a entregar el premio más importante del noche si el ganador hubiera sido Linklater? Posiblemente no. En cualquier caso, “el Negro”, el apodo con el que es conocido el cineasta mexicano, no dejó de escapar la reclamación de derechos a los inmigrantes mexicanos que residen en Norteamérica.
‘Boyhood’ se fue con tan sólo un único Oscar, el de Patricia Arquette, que en su emocionado discurso apeló a la reivindicación por la igualdad de salarios y derechos para las mujeres en los Estados Unidos, enfocando su mirada a la siempre machista industria de Hollywood. Y ahí se acabó el protagonismo de un filme que acarició la gloria de los Oscars pero que cedió las miradas hacia la que es una película más audaz y compleja. La Academia de Hollywood optó por determinar esas cualidades y premió el arrojo de ‘Birdman’ y su paradoja crítica sobre la falta de sentido de la vida contemporánea entre la ficción y la realidad. Sin embargo, cuando llega la hora de variar el sentido en las categorías interpretativas, la cosa cambió y siguió el patrón al que nos tiene habtuados esta fiesta del cine y oropel.
Por eso, todo el mundo esperaba que Eddie Redmayne que da vida al científico Stephen Hawking en ‘La teoría del todo’ le ganara la partida a Michael Keaton. Cuando subió a recoger el Oscar, requirió en su discurso una concienciación por la esclerosis lateral amiotrófica. A Keaton le sucedió lo mismo que a Bill Murray en 2003, cuando su papel en ‘Lost in Translation’ no mereció el reconocimiento de esta institución en favor del mencionado Penn en ‘Mystic River’. Una vez más, un actor cómico que merece el premio se va de vacío. En Hollywood los personajes como los de Redmayne adquieren una proporción ganadora que va subscripta a esa directriz lacrimógena y dramática de roles imposibilitadas. Del mismo modo, y sin restar méritos interpretativos a ambos actores, Jualianne Moore, también confirmó los pronósticos y se llevó el de mejor actriz protagonista por su conmovedora interpretación en ‘Siempre Alice’. Por supuesto, entre la respiración entrecortada, no olvidó dedicar unas palabras a los enfermos de Alzheimer. No había rival. Como sucedió con K.J. Simmons, que se hizo con el de mejor actor secundario al dar vida al draconiano e intimidatorio profesor de música Terrence Fletcher en ‘Whiplash’. El actor se puso sentimental y recordó a sus hijos y familia y la película de Daniele Chazelle abracaría un total de tres Oscar, añadiendo al de Simmons el de mejor montaje y mejor mezcla de sonido.
Uno de los momentos musicales más esplendorosos llegó con la canción de ‘Selma’ ‘Glory’, interpretada por Common y John Legend y Common, que provocó las lágrimas de la familia hollywoodiense (sobre todo la gran Oprah) entregada a una actuación que interpeló con su letra sobre un episodio clave de la lucha por los derechos civiles de la población afroamericana hace cinco décadas un discurso que recordó que viven en el país “con más gente encarcelada del mundo”. Otra de las grandes favoritas era ‘El Gran Hotel Budapest’ y aunque no se llevó los premios gordos, salió como otra de las ganadoras de la noche. La cinta de Wes Anderson acaparaba nueve candidaturas y se acabó llevando los de vestuario, maquillaje, diseño de vestuario y banda sonora original para Alexander Desplat, que suma en su haber cuatro de estos premios.
También la película polaca filmada en blanco y negro de Pawel Pawlikowski ‘Ida’ fue elegida como mejor cinta de habla no inglesa, algo que dejó fuera del palmarés a la coproducción hispanoargentina ‘Relatos Salvajes’. Siendo coherentes, lo tenían muy complicado. Por lo demás, no hubo nada destacable de una gala para el olvido en la que la reivindicación social y política que se dilató en un bucle de previsibilidad e insustancialidad sin sorpresas y carencia de humor donde cantó Lady Gaga homenajeando el medio siglo de ‘Sonrisas y lágrimas’, todo el mundo acabó con un Oscar de LEGO en la mano entregados en la canción nominada ‘Everything is Awesome’, de 'La Legopelícula' y Benedict Cumberbatch ascó la petaca insinuando de forma involuntaria el tostón de noche que estaba por venir. Esperemos que el año que viene esto mejore.
LO MEJOR
- Los geniales grafismos en todas sus facetas.
- La voz de Lady Gaga.
- Lupita diciendo de forma accidental “And the actor goes to...”.
- Jessica Chastain, Cate Blanchett, Gwyneth Paltrow, pero ayer, sobre todo, Zoe Saldana.
- El agradecimiento de Graham Moore, ganador al mejor guión adaptado por ‘The Imitation Game’, del noruego Morten Tyldum, incidió en una anécdota personal que puso la piel de gallina a todo el mundo. Aseguró haber intentado suicidarse a los dieciséis años por culpa de su homosexualidad. Fue entonces cuando instó a todos aquéllos chavales que se sientan diferentes a seguir manteniéndose extraño. Una hermosa loa a la heterogeneidad y libertad en cualquiera de sus condiciones “stay weird, stay different”.
- Patricia Arquette, que fue a la gala acompañada por su mítica hermana Rosana. En la gala, nadie puede decir que no fuera la gran protagonista de la velada con su inspirador y contundente discurso. Estuvo soberbia.
- El discurso de la Presidenta de la Academia de Hollywood Cheryl Boone Isaacs que, de forma elegante y ágil, defendió la libertad de expresión en un año en el que se intentó sabotear el filme ‘The interview’ y la amenaza terrorista se cobró doce personas que trabajaban para la revista satírica francesa Charlie Hebdo.
LO PEOR
- Que ni la actriz cómica Joan Rivers, una celebridad del género ni la actriz Elaine Stritch, no estuvieran incluidas en el emotivo vídeo ‘In memorian’ que recuerda a los miembros de la comunidad que han fallecido durante el pasado año. Inaceptables olvidos.
- Que un personaje como Sonia Monroy fuera Trending Topic mundial por su espérpentico show. Dijo asistir los Oscar sin invitación y ataviada con una bandera de España a modo de vestido. Aseguró que la largaron del recinto. Hoy se ha sabido que se preparó todo un día antes.
- El niguneo con el que se han pasado a despachar los Oscars honoríficos al animador japonés Hayao Miyazaki y la veterana actriz Maureen O'Hara en una gala celebrada en noviembre y que resumen en dos pinceladas y un par de vídeos.
- La excesiva obstinación con los números musicales, que hacen que otros instrumentos más eficaces en estas veladas como son los montajes de vídeo y el humor se hayan relegado a la nada, al ostracismo que se deriva de la falta de agilidad e ideas.
- Eddie Murphy, otrora uno de los actores cómicos más brillantes del cine, presentó las categorías de guión original y guión adaptado como quien lee una lista de la compra. Sin ningún tipo de gracia o aparente interés. También hizo lo mismo Terrence Howard.
- La actitud de un Sean Penn que parece estar por encima del mundo entero y dejó una de las frases más lamentables y reprochables de la Historia de los premios. De vergüenza ajena.
- Los guantes de fregar de Lady Gaga en la alfombra roja. Si no llama la atención y hace el ridículo parece no estar a gusto.
- La falta de humor de una de las galas más anodinas e insípidas que se recuerdan.
- Las redes sociales explotaron una vez que John Travolta quiso acaparar la atención. Primero, forzando un beso en la mejilla a una Scarlett Johansson incómoda con la situación. Después, en el escenario, para revivir un ‘gag’ forzado con la equivocación de Travolta al llamar a Idina Menzel “Adele Dazeem”, les volvió a reunir para que el protagonista de ‘Pulp Fiction’ le sobara la cara en una incomprensible acción de un actor cuyo pelo de moqueta también fue muy comentado.
- Que Michael Keaton no ganara el Oscar al mejor actor.
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martes, 17 de febrero de 2015

Y llegaron los 40 y… ¿qué crisis?

He cumplido los cuarenta, cuatro décadas, el XL… Lo que se dice media vida. Vamos, que tengo ya una edad ¿Y ahora qué? Pues nada del otro mundo. No existen respuestas que diluciden una solución a la negación de la lógica de cumplir años. Un año más es un año más. Así de simple. Descifrar el sentido de tanto tiempo y vivencias hacinadas en una vida supone, de entrada, establecer un valor relevante a un simple número considerado, porque así lo ha dicho algún lumbreras o estudio psicológico de medio pelo, que debe afectar al modo de cumplirlo. Y eso… queridos amigos, es un coñazo tremendo. Lo primero es asumir que estás más cerca del hoyo, se tiene más pelo en el rostro que en la cabeza, empieza a aflorar pelaje en zonas de tu cuerpo insospechadas y se descuelgan las gónadas. Esto es así. Sin embargo, hay algo fundamental que es naturalizar tal circunstancia. Debemos que ser conscientes de las consecuencias del paso del tiempo y hay que dejar a un lado esos estúpidos consejos de revista de peluquería que intentan orientar tu vida porque ni la edad te cambia las perspectivas o la forma de enfocar las cosas en tu día a día.
Con cuarenta palazos te dirán que hay que gestionar un balance sobre lo más positivo, procurando desestigmatizar todo lo negativo hacia una actitud más adulta. Lo han designado como “crisis de mitad de la vida” ¿Crisis? Crisis no es cumplir años, no. Crisis es ver como unos cuantos hijos de puta están hundiendo este país y las esperanzas de sus ciudadanos. Yo no quiero replantearme la vida porque sé perfectamente cuáles son mis prioridades y objetivos. Otra cosa es muy diferente que tenga la oportunidad de llevarlos a cabo. Pero seguiré luchando por ello; tenga veinte, cuarenta o setenta años. Maduramos con los daños, no con los años. Tenemos que ser conscientes de esta gran verdad. La ansiedad y la insatisfacción no deben ser la excusa y el motivo para sentirse mayor. O no querer serlo, tampoco. El natural proceso de envejecimiento decreta algo tan simple como seguir caminando en la vida y tener la oportunidad de disfrutar de lo que hay y de lo que vendrá, echando alguna miradita de reojo hacia el pasado y dejarse embargar por la nostalgia. También se dice que pasados los cuarenta comienza un paulatino declive creativo y de productividad que se supone que va aquejando a los que nos dedicamos a escribir o cualquier otra disciplina artística. Chorradas.
Te obligan a un constante e imperceptible estado de cuestionamiento de las cosas ¿Por qué? Pues os digo algo: ni no lo sé, ni me interesa. Obviamente, nadie con dos dedos de frente, llegados a esta edad se plantea como propósito hacerse un injerto de pelo, ir a un gimnasio, salir a ver en qué punto se encuentra su ‘sex appeal’ con el fin de echar una cana al aire, apuntarse a practicar algún deporte de riesgo, cambiar de estilo de vestir o comprarse un coche. Seguro que hay ‘monguers’ que, atendiendo a su autoestima, llevan a cabo algunas de estas pautas para reivindicar su ego y aceptar su edad. Son los mismos que se preguntan y convierten en suyos aquellos preceptos que leen: ¿Dilemas asociados a la edad? ¿Negación evolutiva de carácter físico o emocional? ¿Un cambio de perspectiva vital con nuevos retos? ¿Abordar nuevos objetivos o metas? ¿Conflictividad con el hecho de querer volver a los tiempos perdidos? ¿Existe una variación en los neurotransmisores relacionados con el bienestar como la serotonina o la dopamina? ¡JA!
Sinceramente, no sé qué va a pasar mañana, ni que es lo que haré. Haciendo oídos sordos al tiempo que pasa inexorablemente, mi rostro y mi alma parecen acompañarme en esta disputa ganada a la edad de forma efímera, asumiendo con coherencia que queda menos. Sin embargo, persisto en mi ideal de intentar disfrutar de todo pese a todo. Nunca he tenido ganas de tener una segunda juventud porque nunca he abandonado la primera. Según dicta la experiencia, no hay que sucumbir al paso del tiempo, ni dejarse consumir por él, ni que nos consuma. Es la ventaja de desconocer qué pasará con tu vida a corto plazo, que sigues siendo como aquel joven recién salido de la universidad preguntándose por el devenir de los acontecimientos. Sigo siendo una ridícula y pequeña historia errática dentro de una zozobra endémica, llena de obstáculos por superar, que admite lo reconfortante y sugestivo que es participar en este emocionante juego de misterios que es la vida. Y más si ello comporta un desconocimiento total del porvenir.
De forma inminente tendré que acatar un cambio de rol que exige una irrevocable transición biológica como es la paternidad y habrá que ajustar las prioridades necesarias a esa otra nueva vida que dependerá de mis decisiones y esfuerzos. Es la evolución personal en otro compromiso apasionante que contraigo con toda la emoción de una aventura de desafíos y pruebas. De momento, comenzaré a jugar desde cero con un nuevo aliado y amigo al que veré crecer y al que procuraré transmitirle ese pensamiento infantil e inocente que nunca hay que perder y que sigo como seña vital: por muy mal que vaya todo, siempre hay un motivo para sonreír y divertirse. Si no sabemos hacer prevalecer estos conceptos, estamos perdidos.
En definitiva, la crisis de los 40 no deja de ser una gilipollez que abraza una gran cantidad de tópicos establecidos de un modo falsamente homogéneo para definir un año concreto en el periodo de la vida de la gente. Yo, por el momento, voy a abrirme una cerveza sin pensar en los cuarenta. Es más, me voy a entregar al alborozo que requiere de una inquebrantable subordinación en la que no hay lugar para plantearse existencialismos y sí para celebrarlo con las personas que quieres, amigos y la familia.

lunes, 16 de febrero de 2015

All Star Nueva York–Brooklyn 2015: La noche de los Gasol y de la fulminación de récords

Definitivamente, los tiempos han cambiado. Tal vez demasiado. Pongamos de ejemplo un All Star que despierte la nostalgia del público: domingo 7 de febrero de 1988, en el Chicago Stadium ante 18.403 personas, el equipo del Este liderado por Michael Jordan (que sería elegido MVP), gana al combinado de estrellas del Oeste por 138-133. En aquel partido el Este de los Bird, Thomas, Ainge, Barkley, Ewing… lanzó 6 triples en todo el partido, entraron la mitad. Por su parte, el Oeste de Magic, Malone, Drexler, Worthy y Olajuwon anotó uno de cinco desde la línea de tres, consiguiendo sólo uno. En total, entre los dos equipos se intentaron once triples. Con un juego colectivo constituido en la anotación a media distancia y en el poste. El espectáculo, con Jordan anotando cuarenta puntos, todavía hoy se recuerda.
La noche de ayer en el Madison Square Garden, sólo fijándonos en este porcentaje desde la línea de tres, el Oeste lanzó nada menos que la friolera de 65 triples, de los que sólo 25 se transformaron en puntos. Por su parte, el Este no quiso ser meno y asumió la noche de las estrellas como su contrario, intentando 68 lanzamientos desde la línea de 7,25 convirtiendo 23 en canasta. 133 triples en la estadística combinada. Estos fríos datos dan la pauta de cómo y de qué manera ha cambiado la perspectiva del All-Star. Ya el año pasado, en el Smoothie King Center de Nueva Orleans, los equipos de las estrellas más rutilantes de la NBA hicieron gala de esa actitud basada en el abandono de la defensa para dedicarse al show anotador y dilatar los números con una tendencia casi obsesiva en el contraataque y, como se ha demostrado, en el lanzamiento compulsivo de triples. Russell Westbrook acabaría con 41 puntos en su casillero, James Harden con 29, Lamarcus Aldridge con 18 o Stephen Curry con 15 para el Oeste. En el Este, LeBron con 30, Kyle Korver con 21 (7 de 12 en triples), John Wall con 19 y Carmelo Anthony y Jeff Teague con 14.
Cambios de formatos
En búsqueda de introducir novedades que procuren cierto aire moderno al espectáculo que traen consigo los célebres concursos y desafíos del sábado por la noche. En el desafío de las Estrellas, Chris Bosh, Swin Cash y el legendario Dominique Wilkins ganaron su tercer título consecutivo en el concurso al derrotar en la final en 57,6 segundos (con canasta desde medio campo de Wilkins) a Westbrook, Anfernee Hardaway y Tamika Catchings. En el concurso de triples, se ha optado por la introducción de un carro con cinco balones tricolor que se dispone donde elija entre los cinco puntos de lanzamiento. Esto, hace que el más inspirado en este carro sea el que más posibilidades tenga de ganar. El ‘Foot Locker Three Point Contest’ reunía a cuatro pesos pesados de la liga en esta disciplina; Harden, Korver y los ‘splash brothers’ Curry y Klay Thompson. Curry enchufó trece lanzamientos seguidos, 27 puntos sobre un máximo de 34.
Los aficionados en el Barckeys Center de Brooklyn también vivieron otra novedad en el Slam Dunk Contest con los mejores ‘matadores’ del momento. Se ha optado por regresar al modelo de antaño de los concursos de mates evidenció una exigencia de hacer más ágil lo que años atrás había dilatado en exceso la noche. Cuatro participantes para conseguir el título de un concurso que viene siendo un quebradero de cabeza por la progresiva languidez debido a la poca innovación que ofrece, fundamentalmente porque todos los mates posibles ya se han hecho. Al menos, eso parecía, hasta que Victor Oladipo y el joven Zach LaVine arrancaron el concurso alucinando al personal. Parecía que iba a ser una noche memorable. Oladipo salió de esmoquin cantando el célebre tema de Sinatra ‘New York, New York’ y cuando se dispuso a machacar el aro lo hizo con una perfecta ejecución de giro de 360 grados en el aire. 50 puntos y el aplauso general. Lavine le dio la réplica con otro fabuloso ‘dunk’ tras pasarse el balón por debajo de una pierna y un cambio de mano del balón. Ahí quedó todo. La final entre estos dos nuevos bastiones del vuelo hacia canasta supuso una serie de reiteraciones vistas una y mil veces y fue éste último el que se llevó el galardón por no fallar en su tentativa del mate final. La NBA tendrá que replantearse estos concursos que padecen la ausencia de brillantez de su pasado más nostálgico.
Destrozando récords, provocando bostezos
La pugna deportiva o el juego colectivo aquí parecen estar enfocados al lucimiento individual, como si de una exhibición de Globetrotters se tratara, sin ningún sentido de la competición más allá de ir sumando puntos de forma ingente. Y eso es en lo que se tradujo el arsenal de tiros desde todos puntos de la pista que ayer se dio. Ante la nulidad de las defensas y la permisividad de todos los jugadores, este All Star de 2015 estaba destinado a pulverizar todos los récords que ya se alcanzaron el año pasado por esa pasividad. Entonces, el marcador final fue de 163-155 en la victoria del Este. Se había logrado superar un récord establecido en 1987, cuando Tom Chambers obtuviera el MVP en Seattle y, tras una prórroga, los combinados de ambas conferencias saldaron el partido con 303 puntos (154-149). El nuevo récord ha durado exactamente 364 días. Menos de un año. Fue la noche en que también se establecieron nuevos récords que, visto lo visto, no serán difíciles de asumir en 2016; A sumar a esa mayor anotación combinada (321 puntos), se unió la de mayor anotación entre los dos equipos al llegar al descanso (165 puntos), el Este intentó 68 triples (otro récord), el Oeste convirtió 25 triples (sí, récord). Obviamente, tanto triple supuso la mayor anotación combinada de triples (48) y el de mayor número de triples intentados entre los dos equipos (133).
¿Por lo demás? En un partido de esta índole brilló (porque le dejaron) Russell Westbrook, que se quedó a un punto de batir el mítico récord de Wilt Chamberlain en un cuarto de All-Star con sus 27 puntos en el segundo cuarto. De este modo, el de los Thunder dejó en la cuneta los 24 puntos de Glen Rice en 1997 y la misma suma de Kyrie Irving el año pasado. Y sólo por un punto, no batió el de máxima anotación en manos también de Chamberlain con 42 puntos anotados en el All Star de 1963. LeBron, con una extraña cicatriz en una zona capilar concreta que apunta a que ha decidido trasplantarse pelo antes de quedarse más cartón, superó ayer a los legendarios Michael Jordan y Kareem Abdul-Jabbar como máximo anotador de este espectáculo anual, quedándose a dos puntos de Kobe Bryant para ser el primero, como a él le gusta. Aunque las circunstancias sean diametralmente opuestas.
El partido fue lo que viene siendo los últimos años, convertido en una ‘gymkana’ de mates consentidos, con ‘alley hoops’ de todas las clases y condiciones y, de forma enfatizada, de triples sin oposición. En un visto y no visto (14 minutos) el marcador estaba 36-56 para los del Oeste, pero entre canastas, triples y malabares, el descanso dejó un 82-83 que abría la puerta a un segundo periodo más disputado y ajustado. El desorden, la apatía, la dejadez ante los tiros, entradas y mates fue la tónica de un partido de locura en el que la anarquía tomó el poder hasta el último cuarto, que empezó con un empate a 122 y algo de coherencia por parte de ambos conjuntos pareció llegar al parquet. En el minuto 44, volvió el empate, haciendo sobrevolar la sombra de una posible prórroga. Menos mal, que Westbrook y Harden se empeñaron en que no fuera así. El primero de ellos se llevó el MVP y el marcador en Manhattan se fijaba en el final 158 – 163 a favor del Oeste. La reflexión es la siguiente ¿sería una manera de motivar a los jugadores que la Conferencia que ganara este choque se hiciera con el factor cancha en los Play-Offs? Es algo que se ha sugerido, pero que será difícil que se adopte. El año que viene… más de lo mismo.
La noche de Marc y Pau
Dejando el poco baloncesto serio que se vio, la noche tenía dos nombres propios. Pau y Marc Gasol eran los primeros hermanos en enfrentarse cara a cara en este tipo de acontecimiento como titulares elegidos por votación popular. También los primeros extranjeros en protagonizar un duelo fratricida de estas características. Algo impensable hace décadas. Los Gasol lograron anoche una de las gestas más memorables en la Historia de nuestro deporte. Un sueño para los aficionados a este hermoso juego y el reconocimiento de la extraordinaria carrera y temporada de estos dos elegidos de la canasta. La realidad de los Gasol está superando todo lo inimaginable, que alcanzó el zenit de lo emotivo en el instante en que se fundieron en sendos abrazos sobre el escenario de presentación de los equipos y justo antes de producirse ese histórico salto que cayó de parte del mayor de los de Son Boi.
Lo que representa este salto va más allá de una estampa para la eternidad. Significa la superación sin techo de dos hermanos que construyeron un ideal utópico materializado en la visualización del legado baloncescístico español que fue subiendo escalones; desde la medalla de plata de Los Ángeles, la irrupción de >Fernando Martín como primer español en la NBA hasta llegar a esa generación de oro abandera por los Gasol que ha suscitado gestas inspiradas en una actitud ganadora sin fin, creciendo y logrando objetivos. El de ayer es otro de los pináculos espectaculares, la guinda a un sueño del que no queremos despertar. Ayer, como aquel programa televisivo que nos descubrió un universo en el que vivir felices, estuvimos, más que nunca, cerca de las estrellas. La imagen sin parangón erizó el vello de los aficionados que asistió a este episodio familiar inolvidable emocionados con la cercanía y la sencillez de estos gigantes del basket. Marc y Pau escribieron ayer una hermosa página épica de nuestro deporte. El instante de ese salto, de ese momento congelado en la retina colectiva, pertenece a nuestros la entelequia que pasará a la eternidad.

domingo, 8 de febrero de 2015

XXIX Premios Goya: Una gala interminable y la sombra de la censura

Es paradójico que el mejor año en cuanto a cifras del cine español, evaluado en 123 millones de euros de recaudación y una cuota de mercado del 25,5% y 21 millones de espectadores que eligieron una cinta nacional, nos dejara, posiblemente, la gala más aburrida de los últimos años. Dani Rovira es el humorista y el actor de moda. Nadie lo va a negar. Su participación en la supertaquillera ‘8 apellidos vascos’ han disparado la presencia del andaluz y le ha otorgado un crédito que le hacían el candidato ideal para presentar un evento que requería de una renovación e impulso después del rácano espectáculo que supuso un siempre desafortunado Manel Fuentes.
Primer desacierto: hacer hincapié cada año en meter con calzador números musicales ¿Pero por qué? En esta ocasión, la voz de Ana Belén se vio acompañada por una comparsa que produjo una especie de karaoke colectivo del cine español repentino que bordeó el ridículo; Eduardo Noriega, Lolita, Hugo Silva, Fran Perea, Antonio Resines, Loles León, Miguel Poveda, Blanca Suárez, Asunción Balaguer… todos cantando en un popurrí que acabó con un ‘Resistiré’ cargado de simbología ante la presencia del infame ministro de cultura José Ignacio Wert, presente en el Centro de Convenciones y Congresos Príncipe Felipe. Minutos antes, el Ministro se vanaglorió de los buenos números del cine español este año, cuando es el principal artífice de ese 21% del IVA y de la luctuosa situación de la educación y crisis cultural del país.
Obviamente, Rovira comenzó su presentación recordándoselo con en su mejor ‘gag’ acerca de la gran cantidad de millones que el cine ha dejado a los “orcos del estado”. Obviamente, TVE evitó en su paupérrima realización mostrar el contraste del rostro del ministro cuando se le aludía y el ambiente generalizado. Algo que sucedió apenas en un par de planos (por no decir ninguno) seguramente por una imposición de guión censor y castrante con este tema. De hecho, ya se han hecho públicas las amenazas de la cadena pública con los presentadores que no se ajustaran al guión estricto para evitar cualquier aspecto crítico con el ministro o el Gobierno. Tan sólo Pedro Almodóvar, que despreció a la figura del mandatario con bastante poco tacto. “Amigos de la cultura y del cine español. Señor Wert, usted no está incluido”. Sin formas, pero con toda la razón del mundo. Igual que el tema pertinente al lazo naranja, que es otra jugada que demuestra hasta qué punto hemos llegado con la libertad de expresión.
Rovira quiso utilizar el arma que mejor delata su éxito: la naturalidad. Otra cosa es que sus intervenciones estuvieran a la altura de lo esperado. Al estar tan sujeto al guión, la cosa no fructificó. Muy mal su comienzo, dándole importancia a las películas favoritas de la noche y obviando a ‘Magical Girl’, destacando sólo su admiración por José Sacristán o especialmente al referido a ‘Loreak’, que fue bochornoso. Durante la gala, afianzó un humor críptico que descolocó a los invitados y telespectadores que asistieron atónitos a sus referencias a Jim Carrey, Mike Tyson, Magneto de los X-Men (se supone por un “parecido” entre sacristán e Ian McKellen, insisto, se supone), los ‘trailereses’, la altura de Javier Gutiérrez, Ryanair y sus chistes que siempre funcionan… menos cuando los contó él. Desastroso. Salió en calzoncillos, intentó elevar el nivel con humor sacado de monólogos, pero no fue posible. Es más, uno de sus escenas de humor fue ejemplarizar cómo se agradece un premio en menos de un minuto, pero cuando le tocó recoger el Goya al mejor actor revelación, no recordó su monólogo de guión y se pasó del tiempo establecido.
Un número de claqué incomprensible y fuera de lugar, una actuación de Poveda que convirtió la gala en un sucedáneo de ‘Murcia, qué hermosa eres’, el discurso de tres hojas del presidente de la academia González-Macho o el muy emotivo pero alargado de Antonio Banderas incrementaron la duración de la noche hasta límites insospechados. Por no hablar de ridículos sonrojantes como el de Álex O'Dogherty, que encendió las redes sociales e hizo que muchos espectadores se preguntaran estupefactos qué demonios estaba pasando. La ceremonia debía haber acabado a las 0:45. Cuando se entregó el Goya a la mejor película el reloj bordeaba las dos de la mañana. Una hora por encima de lo previsto. Con este dato, poco hay que comentar. Una de las galas más largas y más soporíferas que se recuerden. Parecía que la organización había aprendido de los errores, pero está visto que hay mucho que demostrar.
Respecto al palmarés, pocas sorpresas. Se esperaba que la mejor película de este año, ‘La isla mínima’, acaparaba el mayor número de premios, con diez estatuillas. Alberto Rodríguez subió dos veces, como ganador del mejor guión original junto a Rafael Cobos y como director. A ellos se unió Javier Gutiérrez, que ganó como mejor actor protagonista, Julio de la Rosa como mejor partitura original, Nerea Barros como actriz revelación y los correspondientes a mejor fotografía, dirección artística, montaje, vestuario y mejor película. ‘El Niño’, de Daniel Monzón, acumuló cuatro de las dieciséis candidaturas a las que optaba (dirección de producción, sonido, efectos especiales y canción) y ‘8 apellidos vascos’ tres a mejor actor revelación, Rovira y mejor actor y actriz de reparto, para Karra Elejalde y Carmen Machi respectivamente.
También ‘Relatos salvajes’ se llevó el esperado de mejor película iberoamericana, ‘Mortadelo y Filemón contra Jimmy, cachondo’ los correspondientes a mejor películas de animación y guión adaptado o Barbara Lennie que fue la única representante en la platea evitando que ‘Magical Girl’ se fuera de vacío. Emocionó un Banderas con un conmovedor discurso en el que recordó sus comienzos e hizo un repaso a su bagaje y trayectoria volcada en una vida de vocación y trabajo, sin olvidar lanzar mensajes acerca de la actual mediocridad en el arte y la necesidad de ayudar a los que empiezan para recuperar el empuje y dedicarle el premio a su hija Stella del Carmen. “Esta noche comienza la segunda parte del partido de mi vida” fueron sus últimas palabras. Y acabó con lágrimas en los ojos. Fue una de las imágenes de la noche, como que el actor malagueño compartiera butaca con la internacional Penélope Cruz, que fue la que entregó el premio más importante de la noche a ‘La isla mínima’, a unas horas intempestivas que hacen dudar del cambio de día de emisión de este sarao.
La gala retransmitida con cierta desidia por TVE ha logrado unos números envidiables de un 24,7 por ciento de cuota de pantalla en la noche del sábado. La cuestión es si un evento que dura innecesariamente casi cuatro horas (sin cortes publicitarios, recordémoslo), cambia su día de emisión por no coincidir con el fútbol dominguero o por tomarse la licencia de alargar su duración en función de una noche tan suculenta para el ‘prime time’ del fin de semana. La de ayer fue una gala adulterada por el control del guión, evidenciando un acto de censura de escándalo, así como la invisibilidad de los acontecimientos de los aledaños del Hotel Auditórium de Madrid relacionados con las protestas de los afectados por falta de tratamientos para la hepatitis C. Hace un año fueron los trabajadores de Coca-Cola afectados por el ERE, activistas de 'Stop Desahucios' y figurantes de cine mal pagados los que se aglutinaron en la misma ubicación.
Este año desde TVE pensaron que la llegada de los invitados sólo se retransmitiría desde dentro del recinto, haciendo opaca la molesta presencia de cualquier reivindicación, algo que se extendió dentro de una de las más sofocantes y extensas fiestas del cine español que tuvo su mejor momento cuando se dio por finalizada la entrega de los Goya ante el bostezo generalizado de un público que merece mucho más de este tipo de tinglados. En vez de una fiesta, lo de ayer pareció un castigo. Veremos qué sucede el año que viene, con el devenir de nuestro cine y con la próxima gala de los Goya.
LO MEJOR
- El abrazo de Almodóvar y Banderas para un discurso inolvidable por parte de una estrella tan cercana y querida como lo es el actor malagueño.
- Carlos Vermut, haciendo el gesto de Chiquito de la Calzada, tal vez en homenaje a Nacho Vigalondo que realizó el mismo ademán cuando fue nominado a los Oscars en 2004.
- La alegría desbordada de Marques-Marcet al recoger su Goya como mejor director novel por ’10.000 kilómetros’ mostrándose muy feliz de compartir compartir una generación de nuevos cineastas prometedores. Su forma de hablar, muy “o sea…”, le hizo convertirse inmediatamente en Trending Topic en Twitter.
- Javier Fesser, que ya demostró en los Premios Feroz que podría ser un candidato ideal a presentar un acontecimiento de este calado y salir airoso.
- La sugerente presencia de Blanca Suárez, Manuela Vellés, Bárbara Lennie, Aura Garrido...
- La inclusión especial en el agradecimiento de Carmen Machi a Amparo Baró.
- Los comentarios jocosos sobre barras libres y ‘Juego de Tronos’ que incentivó Massiel con su llegada a los Goya.
- Daniel Guzmán haciendo una pequeña y sutil crítica a la imposibilidad de improvisar en el guión, precisamente, improvisando un error.
LO PEOR
- José Ignacio Wert, todo él. Como personaje, como político, como persona, como concepto.
- Ni Elejalde, ni Machi, ni Rovira se acordaron de agradecer el Goya a los máximos impulsores del éxito de ‘8 apellidos vascos’, que no son otros que los guionistas de la película Borja Cobeaga y Diego San José, ya ninguneados por la Academia, pero anoche también desde su propias filas.
- Que el espectador no se lo pasase tan bien como Clara Lago en esta gala. Se rio a carcajadas, disfrutó cada minuto de la noche y protagonizó el beso más comentado de la noche. Ser la orgullosa pareja de Dani Rovira es la clave de ello.
- La siempre anodina Ángeles González-Sinde exhortando, sin venir a cuento, el 4-0 que le endosó el Atlético de Madrid a su gran rival capitalino. “Atleeeeeeti…”. En fin.
- La falta de ‘sketchs’, de ‘gags’, de vídeos, de humor, de reivindicaciones, de agilidad, de ritmo, de alma, de todo…
- La “alfombra roja” cada año es de cualquier color menos roja. Este tocaba fucsia.
- La realización de TVE. Un auténtico despropósito en todos los aspectos que puede ofrecer una retransmisión. uan Luis Iborra, hay que ser coherentes y lo de anoche fue de vergüenza ajena.
- Dejar para el final del vídeo de ‘In memorian’ a Paco de Lucía. Se sobrentiende que el que acapara esa posición suele ser una de las figuras más relevantes de nuestra filmografía. El guitarrista lo ha sido a un nivel musical y nacional, pero algunos echamos de menos algo más de protagonismo de Álex Angulo, tan querido por la familia del cine español y que tuvo su recuerdo en el discurso de Elejalde.
- Los secundarios de ‘8 apellidos vascos’, Alfonso Sánchez y Alberto López, en un conato de imitación sin gracia de Faemino y Cansado. Uff…
- O'Dogherty, sin palabras.
- Resines no cantó un rap. Al menos hubiera habido algo que destacar y comentar en el día de hoy.
- En el montaje de instantes para el recuerdo dentro de la carrera cinematográfica de Antonio Banderas se olvidaron de incluir algún corte de ‘Spy Kids’.
- Que el mítico Chico Santamano este año no haya ido escribiendo sus impresiones en la web Bloguionistas. Se ha echado de menos.
- Sobre todo, el tuit de Pedro Sánchez. Insultante, populista y hasta repugnante.
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lunes, 2 de febrero de 2015

XLIX Super Bowl: un partido épico y la leyenda de Tom Brady

La noche de la XLIX Super Bowl de ayer tardará mucho tiempo en repetirse. En muy pocos años, este evento deportivo considerado el más importante y trascendente del planeta, se había llegado a un final tan ajustado y emocionante como el de una velada histórica disputada en el University Stadium de Phoenix, en Glendale (Arizona). Después de un partido con un par de alternancias en el marcador y de que los Seahawks empezaran a ganar enteros como favoritos para la llevarse el título. El marcador era 28-24 después de que Edelman hubiera adelantado a los Patriots. Dos minutos y tres tiempos muertos parecía suficiente para que a los de Pete Carroll lograran un ‘touchdown’. Cuando quedaban 51 segundos para el final del choque Jermaine Kearse realizó una recepción acrobática y con mucha fortuna tras un pase de 33 yardas. Increíble ‘catch’. Todos tenían en mente una recepción similar en 2008 para los Giants por medio de Tyree. En Seattle se daba por hecho el afianzamiento del gran trofeo Vince Lombardi por segundo año consecutivo. Primera y gol con la confianza de completar un pase que parecía hecho.
El ‘quaterback’ Russell Wilson, que hasta entonces había cuajado un gran encuentro a pesar de ceder un balón fundamental para su desenlace, con el balón en la mano, decidió pasar en corto a Lockette sin que nadie esperara que un ‘cornerback’, un jugador de segunda fila como Malcolm Butler interceptara en la ‘end zone’ y decidiera el partido para los Pats. A veinte segundos del final el destino de la Super Bowl había cambia de dueño. Por si fuera poco, un ‘offside’ de la defensa de Seattle les hizo retroceder cinco yardas y dar por concluida una final para el recuerdo. Con la frustración y los nervios del momento, un golpe a Rob Gronkowski desató una monumental tangana de puñetazos y pañuelos volando. Triste final para un encuentro memorable, de esos que permanecerán en la memoria de los aficionados al fútbol americano como una gesta histórica dentro de los fastos de la NFL.
A lo largo del partido, la igualdad fue marcando el protagonismo para los Patriots hasta el final de la segunda parte, en el que un pase final de Tom Brady a Gronkowski con un segundo ‘touchdown’ en un drive de 80 yardas en minuto y medio que dobló la ventaja en el marcador. Sin embargo, los Seahakws, comandados por su quarterback Wilson y por una poderosa defensa, logró en tres acciones en menos de medio minuto con ‘facemask’ incluido llegar con opciones de ‘touchdown’ que tradujo Matthews tras pase completo de 11 yardas de manos de Wilson. Los de azul imponían el desafío y la lucha empatando a 14 para una segunda parte en la que pudieron sentenciar a los de Bill Belichick. Después de una serie de errores ejecutados por Brady, Seahawks los establecían el ritmo del partido y se fueron de 10 puntos gracias a un ‘touchdown’ de pase de Wilson Baldwin después de avanzar yardas cómodamente y llegar hasta la seis. Era el momento de los Patriots. O reaccionaban o el partido estaba acabado.
La moral de Brady y el orgullo patriota determinó el devenir de la final. La feroz defensa de Seattle fue perdiendo empuje. Pese al ‘holding’ en la jugada entre Brady y Edelman, el tercer cuarto fue recomponiendo las aspiraciones de los Patriots que pudieron frenar la ofensiva de su rival y construir un sistema de defensa muy eficaz. Con la llegada del último periodo, el reloj estaba de parte de los Seahawks con dos posesiones de ventaja, sin embargo, los acontecimientos desequilibraron la balanza hacia los de Nueva Inglaterra, con sendos ‘touchdowns’ de Gronkowski y Edelman protagonizados por un inspirado Brady. 28-24 y balón para los halcones marinos a dos minutos de ese final que no movería el marcador y concretaría uno de los términos de partido más míticos de la competición.
Las páginas de oro de esta competición recordarán el partido de la consagración de Brady como una de las leyendas más grandes de la NFL. Terminó la noche Brady terminó la noche con 37 de 50 en pases para 328 yardas, con cuatro envíos de ‘touchdown’, dos intercepciones y un índice pasador de 101,1. El cuarto título de los Pats (después del ‘three-peat’ de 2001, 2003 y 2004) también iguala el palmarés de Brady al de célebres clásicos como Terry Bradshaw y Joe Montana. Además, del lógico MVP de la noche, dejó un nuevo récord de pases de ‘touchdowns’ en las finales, con trece, arrebatándoselo precisamente a Montana. Por su parte, el head coach Belichick, unió su nombre al del legendario entrenador de los Pittsburg Steelers Chuck Noll, al adjudicarse su cuarto anillo de Super Bowl. Las lágrimas de Butler en la banda tras lograr la intercepción que le convirtió en el inesperado héroe de la noche y un final de infarto pocas veces visto en la tradición de este gigantesco sarao deportivo, hicieron de este encuentro uno de los más épicos de la Historia.
El otro ‘show’ de la Super Bowl
La Super Bowl va mucho más allá del encuentro deportivo que representa. Congrega delante de la televisión a una audiencia estimada en los 115 millones de personas que la siguen en una esfera mundial. La voluptuosa Katy Perry había sido la elegida para ser la estrella musical del llamado ‘halftime show’, que se destaca por ser uno de los más espectaculares del año. La puesta en escena no defraudó. Ostentosa y señorial, la cantante apareció en el estadio montada a lomos de un gigantesco león dorado evidenciando un flagrante ‘playback’ que pone en evidencia que el show mediático está por encima de los valores artísticos de una artista que protagonizó el dispendio entre espectaculares ‘mappings’ de luz y de color, tiburones, ambientes surfs y palmeras bailarinas primas hermanas de los Fruitis y Lenny Kravitz, cuya presencia fue bastante ridícula debido al ínfimo espacio de tiempo que compartió escenario con la estrella californiana simulando tocar la guitarra y uniéndose a la simulación vocal del tema ‘I Kissed A Girl’.
También apareció por allí Missy Elliot. Con ‘Firework’, su tema más conocido, comienza lo que pareció su voz en directo con micrófono que más bien parecía el ‘numchuck’ de la wii y se despliega con una explosión de fuegos artificiales, con la cantante volando en una estrella que parecía el cometa Halley de guió, según cuenta la leyenda católica, a los Reyes Magos en su periplo hasta Belén. Con el recuerdo hace dos años de una de las mejores y más apoteósicas actuaciones que se recuerden en la mitad del partido como fue la de Beyoncé, Perry no estuvo mal, pero sin más concesiones.
Otro de los eventos es, como no podía faltar en esta cita, esos anuncios publicitarios que se emiten antes, durante, en el descanso y al final. Como uno de los escaparates más influyentes del mundo por su gran repercusión popular, cada treinta segundos el coste por emisión alcanza los 4.5 millones de dólares. En la edición de ayer, destacaron las habituales marcas con lujosos ‘spots’ como los de Budweisser, Mercedes, Microsoft, McDonald’s, Lexus, Coca-Cola, Pepsi, los siempre divertidos de los snacks Doritos, Euserance, los teleñecos y su aparición con Toyota, T-Mobile con Kim Kardashian, los ángeles de Victoria’s secrets o la espectacular Charlotte McKinney anunciando hamburguesas naturales de comida rápida Carls Jr. Podéis verlos todos aquí mismo.
Por supuesto, hubo espacio para lanzar los tráilers cinematográficos que marcarán la taquilla de este 2015; ‘Jurassic World’, ‘Tomorrowland’, ‘Minions’, ‘Terminator: Genisys’, ‘Furious 7’, ‘Ted 2’, ‘50 sombras de Grey’, ‘Avengers: Age of Ultron’ o la saga ‘Divergente: Insurgente’ fueron algunos de los que captaron la atención de un acontecimiento como no existe otro en el deporte global. Y la Super Bowl de anoche no decepcionó en ninguno de sus aspectos.
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