viernes, 21 de noviembre de 2014

La luz

Sabía que un día llegaría, que la historia de su vida no dejaría que el olvido le hiciera desparecer. No sabía dónde se encontraba. Miraba a su alrededor percibiendo que todo era ajeno a su concepto del mundo.
- ¡Le han dado!- gritó una voz de ultratumba.
Recomponiéndose, echó un vistazo a su bolsillo y descubrió bajo su mano una luz pequeña, un haz de incandescencia esperanzadora, surgida de la explosión de dos planetas en el oscuro cosmos. En un instante, una explosión le devolvió al suelo con un fuerte golpe. De nuevo, bajo la inconsciencia del impacto, soñó que era feliz y que la guerra nunca se produjo.

jueves, 20 de noviembre de 2014

La muerte de Mike Nichols nos deja el sonido del silencio

Es un día triste para el mundo del cine. Ha fallecido el director de cine Mike Nichols, que compartió generación con símbolos del cambio cinematográfico norteamericano de los años 70 como Sidney Pollack, Francis Ford Coppola, Peter Bogdanovich, Brian De Palma, Roman Polanski, Martin Scorsese, Sydney Lumet, Steven Spielberg… Tal vez Nichols no fuera tan célebre como algunos de los mencionados maestros del celuloide, pero sí simbolizó con su dirección algunas de las convulsiones más radicales de una época que vio cómo su versatilidad incitaba a crítica y público a la reflexión con una intención claramente enfocada a una crítica social más cáustica de lo debido. De lo que no hay duda, es que uno de los baluartes que contribuyó al despegue de la última gran edad de oro del cine americano que abarcó una gran dosis de creatividad, riesgo y experimentación.
Nichols debutaría en el cine siendo un reconocido director teatral de Broadway. Y lo hizo con una obra de Edward Albee con la que había triunfado, la adaptación de ‘¿Quién teme a Virginia Wolf?’. Con ella, expuso al espectador las miserias, frustraciones y anhelos de dos parejas de la clase burguesa con unos diálogos tan realistas y abruptos que iniciaron una apertura rupturista a un concepto dramático que agitó las conciencias del Hollywood de la época. Además, Nichols también saboreó las mieles del éxito musical con una pequeña discografía junto a Elaine May con el dúo cómico musical Nichols and May, con el que popularizaron un género muy poco auscultado basado en la música y los 'sketchs' que se prolongó hasta cinco discos en cinco años (1957-1962), el periplo que duró la pareja artística.
El cineasta caracterizó su cine inscrito en esa generación movida por la insubordinación temática con su siguiente filme y posiblemente su mayor legado como director: ‘El graduado’, donde la rebelión en una cultura de consumo se confundía en un entorno de incertidumbre, de desconfianza hacia la autoridad y en el que se dejaba entrever un mensaje crítico acerca de la voluntad de asumir riesgos experimentados por una generación perdida. Un filme de culto que incluso hoy sigue manteniendo su vigencia. El ingenio feroz de Nichols se cohesionaba dentro de elementos comunes encauzados a la disección de las más tortuosas relaciones humanas confinadas a un drama emocional no exento de cierta turbiedad cínica hacia sus personajes.
El realizador de origen bávaro aportó un signo de inteligencia en su exposición de prototipos de cine adulto y veraz, muy astuto a la hora de despojar a sus personajes de cualquier artificio y extrayendo de sus actores y actrices sorprendentes interpretaciones naturalistas para escarbar así en la profundidad psicológica de la fauna que pobló su carrera cinematográfica. Para Nichols las películas siempre fueron un vehículo para el lucimiento de sus estrellas, nunca para transmitir un sello personal de autoría. Su cine apenas deja ver su figura como un director omnipresente en cada plano. Todo lo contrario, su estilo, clásico y silencioso, se asentó en la fluidez casi invisible de los movimientos de cámara, sin perder de vista su propósito de control de la imagen como metáfora del concepto intrínseco de la película. Algo muy difícil de conseguir y, por supuesto, de reconocer.
La innovación devenida en proclama de la liberación sexual y rebeldía a los cánones de censura de la época en ‘Conocimiento carnal’, películas de cierto corte reivindicativo o político denunciando la corrupción corporativa o los riesgos del activismo político con ‘Silkwood’ o ‘Primary colors’, sutilizando la masculinidad en crisis de ‘A propósito de Henry’ y ‘Lobo’, la idealización de la fuerza y libertad femenina en un mundo arbitrario bajo yugo del hombre con ‘Armas de mujer’ o ‘Postales desde el filo’ en incluso esa fiesta de malentendidos que cuestionaban los valores de la familia moderna de ‘Una jaula de grillos’ son sólo algunos ejemplos de su herencia como narrador. Sin olvidar sus dos últimas contribuciones al mundo del celuloide, la sugerente ‘Closer’ y en menor medida ‘La guerra de Charlie Wilson’.
Tampoco le fue ajeno el éxito televisivo, donde destacan, como ejemplos destacados, ‘Family’ para la ABC o ‘Angels in America’ para la HBO. Su carrera como director teatral fraguó su fama entre bambalinas como uno de los grandes; desde ‘Descalzos por el parque’, ‘La extraña pareja’, ‘La loba’, ‘Tío vanía’, ‘Comedians’ ‘Annie’, ‘Hurlyburly’ hasta ‘La muerte y la doncella’, ‘Spamalot’ junto a los Monty Python o ‘Muerte de un viajante’. Se ha ido un maestro de la observación acerca de las relaciones humanas, un inspirador que supo ver mejor que nadie el proceso por el cual los individuos y los grupos interactúan sobre una idea, una rutina, una ideología y que conviven entre la ficción y la realidad, entre lo doméstico y lo complejo de la vida. Y lo hace dejando un palmarés espectacular a sus espaldas: un Grammy, un Oscar, cuatro Emmys y ocho Tonys. Ahí es nada.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Diez años de textos abismales (IX): Homenaje John Belushi (06/03/2012)

Como la de Jesucristo, la vida de John Belushi se apagó con 33 años. Después de casi dos meses de plétoras tóxicas continúas desde que aterrizara en Los Angeles procedente de Nueva York, aquel 5 de marzo de 1982 el cuerpo del actor dijo basta. Esa misma noche estuvo en los aledaños del Roxy, en un club llamado On The Rox, cuando Cathy Smith, conocida ‘groupie’ de gente como Gordon Lightfoot o Rick Danko y a la que apodaban “Silverbag”, porque llevaba en un bolso de plata toda la droga demandada por las estrellas de primer orden, le tuvo llevar y dejar en la puerta de su bungaló del Château Marmont, ese lujoso complejo hotelero que preside la parte más lujosa del centro de Hollywood. Después de echar la raba, volvió a tomarse unas copas, ésta vez acompañado de amigos ilustres que iban y venían, como Robin Williams (de aquélla época vino la afición del recientemente fallecido actor) y Robert De Niro, que estuvieron con a eso de las tres de la madrugada junto a él. El último en abandonarle se fue preocupado porque al bueno de John le había empezado a sangrar la nariz. Según él, no pasaba nada. Era algo normal. Belushi siguió metiéndose alcohol y cocaína hasta altas horas de la madrugada.
Después de una noche de duchas, tiritonas y convulsiones varias. “Silverbag” acudiría en su ayuda. Sin embargo, Belushi quería más. Y llegó a la conclusión que sus ansias de desenfreno culminarían con la magnífica idea de hacerse un “viaje” de ‘speedball’, lo que viene siendo una mezcla de cocaína y heroína. Al menos, es lo que confesaría dos meses después de aquello Smith en un artículo titulado ‘I Killed Belushi’, en el National Enquirer del 29 de junio de 1982. El cómico tenía fobia a las agujas y obtuvo en esta mujer a su aliada perfecta para ese último contacto con la droga, la perdición de su vida. Cuando su preparador físico William Wallace llegó por la mañana para su sesión diaria, John Belushi ya había fallecido. La promesa consolidada de la comedia americana se iba justo cuando estaba punto de eclosionar comenzado los años 80. Entró con mucha fuerza en el mundo de la comedia.
Fue una de las voces del programa radiofónico ‘National Lampoon’s Radio Hour’ y en seguida fue contratado nada menos que para ser la nueva pieza indispensable e icono generacional del clásico programa de televisión estadounidense ‘Saturday Night Live’, donde su desvergüenza, humor salvaje e irreverente dejarían algunos de los momentos imprescindibles en los fastos del ‘show’. Imitaciones de Elvis Presley, William Shatner, Franklin Roosevelt, Elizabeth Taylor, Marlon Brando, Edward Asner, Joe Cocker o Roy Orbison y sus míticos personajes Samurai Futaba, Steve Bushakis y Jake Blues, la mitad oligofrénica de los Blues Brothers, junto a su gran amigo y socio Dan Aykroyd, definirían su paso por el programa hasta que decidió marcharse (con un Emmy como guionista debajo del brazo) a probar fortuna en el mundo del cine.
Sus excéntricas improvisaciones, su inesperada espontaneidad y un carisma fuera de lo común hacían de Belushi un terremoto dentro y fuera de los platós. El telefilme paródico ‘The Ruttles’, ridiculización de ‘Los Beatles’ a cargo del Monthy Pyton Eric Idle serviría de vehículo de presentación para la que sería una de sus grandes gestas: el John “Bluto” Blutarsky de ‘Animal House (Desmadre a la americana)’, de John Landis. El ente universitario como galería innata de crueles novatadas, diversas y enloquecidas fraternidades, letanías etílicas sin sentido e imbecilidades juveniles reflejaban asimismo la forma de ser del actor, excesivo y peligroso cuando había una fiesta de por medio. Compartió pantalla con Jack Nicholson en ‘Camino del Sur’ y Steven Spielberg le ofreció su capacidad enloquecida en ‘1941’ con el kamikaze piloto “Wild” Bill Kelso. Sus actuaciones con los Blues Brothers no habían cesado en todos aquellos años junto a Aykroyd (el disco ‘Briefcase Full of Blues’ fue un pelotazo de cuidado), hasta que Landis les reunió en una película protagonizada por el dúo donde dieron lo mejor de sí mismos. Aquí se tituló ‘Granujas a todo ritmo’ y en todo el mundo fue el éxito que encumbraría a Belushi y a Aykroyd. ‘Continental Divide’, de Michael Apted y ‘Mis locos vecinos’ de John G. Avildsen fueron sus siguientes pasos en el universo del Séptimo Arte. También sus últimos trabajos antes de morir.
Como bien apuntaba el dossier recopilatorio ‘Como una moto’, de Bob Woodward, uno de los periodistas que destaparon el caso Watergarte, la autodestructiva esencia de Belushi estrechó el cerco de su hedonismo hasta unos límites de alucinación y paranoia aplacadas por el consumo ingente de farlopa. Era el Hollywood del exceso, el zoológico de las estrellas enganchadas, de las fiestas locas, de aquellos últimos años trastornados y frenéticos que Peter Biskind también definiría como la época de los “moteros tranquilos y los toros salvajes”.
El diagnóstico de Belushi como payaso triste y final adverso alcanza a ver de qué forma muchas veces la grandeza esconde la debilidad del mito. Michael O’Donoghue, uno de los impulsores del éxito de los primeros SNL y editor del National Lampoon’s dijo que Belushi podría esnifarse el mundo entero. Acertó de pleno. Belushi dejó para la posteridad la imagen de un cómico excepcional que era un ciclón y una fuerza de la naturaleza. Nunca sabremos las cotas de maestría que podría haber alcanzado. El exceso fue su vida, en todos los ámbitos.

Día Mundial del Inodoro

Hoy, día 19 de noviembre se conmemora de forma internacional el Día Mundial del Inodoro. Se trata de una iniciativa creada por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para concienciar al mundo sobre la importancia del acceso a servicios básicos de saneamiento. Una celebración que, más allá de su sentido escatológico, promulga la divulgación de datos sobre la sensibilización de un tema bastante significativo y alarmante.
Y es que mientras la gran mayoría de la civilización de la población mundial tiene acceso a las ventajas de la tecnología y basa su bienestar en los adelantos como las redes sociales y los teléfonos móviles otro un tercio de la humanidad, en torno a 2,5 millones de personas, ni siquiera tiene acceso a un saneamiento adecuado. Por eso, hoy cuando visitemos al Sr. Roca, el retrete, el wáter, el escusado, el mingitorio, el cagadero, el asiento de marfil, la poceta, el Trono… como queráis llamarlo, tengamos en cuenta que 1,1 millones de personas todavía hacen sus necesidades al aire libre sin otra opción más higiénica.
Por eso cuando fabriquemos un muñeco de barro, hagamos un Phoskito, liberemos a Willy, calculemos el Producto Interior Bruto, soltemos lastre, descomprimamos archivos, echemos Avecrem al caldo, cisquemos o Sauron nos pida paso no olvidemos pensar, por unos instantes, en que existe gente menos privilegiada y castigada por la pobreza que ni siquiera se puede permitir ese lujo.

sábado, 15 de noviembre de 2014

La duplicidad de carátulas en los VHS de los 80

Como buena rata de videoclub, en mi adolescencia siempre estaba entre cintas de VHS, descubriendo películas y avizorando cualquier novedad en las estanterías de mi establecimiento favorito. Los locales de moda a mediados y finales de los 80 suponían un nuevo reto de aprendizaje. Y fue voraz todo lo que pude ver en aquellos años. Por entonces, recuerdo el poco cuidado que se tenía en los diseños a la hora de lanzar un videoestreno para el formato doméstico. Había auténticas barbaridades que no se correspondían con el contenido de la cinta, remixes absurdos y diseños descartados que no dudaban en lanzarlos como reclamo para que el videoadicto se fijara en el exterior del estuche y alquilara la cinta. Sin embargo, una de las tendencias de aquéllos estropicios con las carátulas era el del plagio o el facsímil de dos cintas totalmente heterogéneas ¿Qué una carátula funcionaba en su momento? ¿Por qué no lanzar una película que nada tuviera que ver sin ni siquiera que correspondiera a la misma época con tal de aprovechar el tirón?
Éste que veis arriba es uno de ejemplos más claros ¿Cuál salió primero? Exacto, 'Conexión Tequila', de Robert Towne de 1988. 'El Gran Guardaespaldas', de Bob Rafelson se estrenó más de una década antes.

viernes, 14 de noviembre de 2014

'Idiots and Angels' y la contundencia cínica de Bill Plympton

No es un director muy conocido, pero su incesante carrera en el mundo de la animación le han hecho granjearse el aplauso de la crítica y la admiración de sus incondicionales seguidores que le consideran un referente en el sector. Bill Plympton es un artesano cuya genial capacidad creativa le ha convertido en un genio ultrajante y ofensivo, un ‘outsider’ que camina por senderos de oscuridad crítica y extravagante a los que el gran público no está habituado. Cortometrajes de culto como ‘Your face’ (por el que estuvo nominado al Oscar), ‘Cómo hacer el amor a una mujer’, ‘Plymptoons’, ‘Nose Hair’, ‘Sexo y violencia’, ‘Guard Dog’ (otra nominación) y ‘Santa, the Fascist Years’, entre muchos otros o la aportación de largometrajes como ‘J.Lyle’, ‘The Tune’, ‘Me casé con un extraño’, ‘Mutant Aliens’ o el más reciente ‘Cheatin’ reflejan un punto de vista muy particular de acrimonia e infamia, de rebeldía pareja a la idea de otro genio como es Gary Larson. Un hombre que tan pronto trabaja para ‘Los Simpsons’ como se lanza a la dirección del segmento ‘H is for Head Games’ dentro de la película de terror colectiva ‘The ABCs of Death 2’, sin perder su cauce con cada dibujo y con cada nueva producción animada hacia ese trasfondo sobre las penurias existenciales del ser humano, de su mezquindad y de su falta de recursos mentales a la hora de expresar cualquier tipo de sentimiento.
Plympton ha conseguido con su dibujo de trazo violento y colorido de lápiz extraer el ‘slpastick’ y el ‘gore’ que el cine de animación actual parece haber olvidado con sus ciudades y perfectas producciones generadas a golpe de clic, como si este rebelde tuviera la ocasión de sacarle los ojos a la entrañable idea del tío Walt y su concepto de animación y orinara en sus cuencas. El surrealismo feroz que empapa cada creación conlleva en su interior una dosis agria de verdad, de apoteósica crueldad, en definitiva, de autenticidad. Un buen ejemplo de ello es ‘Idiots and Angels’, película de 2008 apadrinada por, ni más ni menos, que Terry Gilliam, que supone un arquetipo imprescindible para analizar la caustica dimensión de su arte y propósitos como maestro de la animación. En ella cuenta la vida de un hombre mezquino y egoísta que vive a gusto su misantropía e intolerancia en una rutina gris y sin futuro. Sin embargo, de forma repentina, un buen día se levanta notando dos bultos en su espalda. Lo que en un principio parece una extraña enfermedad, van tomando la forma de dos alas seráficas que le incitan a realizar buenas acciones en contra de su voluntad. Desalentado por el dolor y la vergüenza de su nueva condición, este pobre diablo hará lo posible por luchar contra esa situación.
A lo largo de esta historia de un antihéroe a su pesar, Plympton expone todo un catálogo de situaciones que identifican su estilo salvaje y políticamente incorrecto, salpicando la cinta con un grado de surrealismo que esconde ese cinismo sangriento que no deja lugar para la indiferencia, como las secuencias en las que el sexo es material de referencia para relacionarse con mutilaciones o las relaciones con el mundo como una excusa para sacar a flote su causticidad hiriente que no deja títere con cabeza. Los sombríos personajes de ‘Idiots and Angels’ pululan por una ciudad suburbana sumergida en un caos de tintes grises y fantasmales. Esta hostilidad bebe claramente de los efluvios del cine ‘noir’, atento siempre a los contrastes casi expresionistas para estipular, mediante un lirismo áspero, la ambigüedad moral de esta fauna. Esa inmunda ciudad de impiedad y recelo se despliega bajo las notas musicales de Didier Carmier, Tom Waits, Pink Martini, Corey A. Jackson o 3 Pierna Torso, rehusando al diálogo en todo su metraje. Una estrategia que encuentra paralelismos intencionales al cine de David Lynch.
La brutalidad de la humanidad es un hecho y la bondad vendría a ser una aberración, parece querer decirnos. Y lo hace como en él es habitual, con una imaginación sin límites, recreándose en una diversión basada en la manipulación de la forma física o jugando con las expectativas de un espectador al que no se le impone un juego cruel para luego enviarle un mensaje de redención y moraleja. Aquí es todo lo contrario, ‘Idiots and Angels’ es una oscura fábula sobre la bondad de la humanidad, sí, pero también sobre su ausencia irracional en la forma más monstruosa. Plympton aboga siempre por el desacato moral y se rubrica con cintas como ésta como un artista que con cada nuevo trabajo traspasa fronteras y se supera. Por muy difícil que parezca. Así es Bill Plympton, al que el Festival de Cine de Gijón le dedica un ciclo con algunas de sus producciones más reconocidas.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

La verdad de Houellebecq

"Nietzsche, Schopenhauer y Spinoza no serían aceptados hoy. Lo políticamente correcto, con la magnitud que ha adquirido, hace inaceptable casi toda la filosofía occidental. Hay cada vez más cosas sobre las que es imposible pensar. Es aterrador".
(Michel Houellebecq).
Caricatura: Jean-Claude Morchoisne.

lunes, 10 de noviembre de 2014

25 años de la caída del Muro de Berlín

Una de las noticias del día es la conmemoración de un cuarto de siglo desde la caída de aquel coloso llamado ‘El Muro de Berlín’, el punto de giro de un país dividido por la diferencia impuesta, de una nación obligada a la escisión que fraccionó a dos Alemanias radicalmente desiguales, en lo político, en lo económico y en lo social. Fue la reunificación de un pueblo tras 28 años de separación. El baluarte de la represión cayó y las puertas se abrieron en el mismo instante en que Gunter Schawobski, miembro del Politburó de la RDA, aclaró de improviso en una conferencia de prensa televisada desde Berlín Oriental que la frontera interalemana había dejado de estar vigente de forma inmediata.
Los berlineses se habían congregado a ambos lados del muro para hacer posible un sueño acariciado durante muchos años. La retención de plusvalía y la alienación procedente de ambos lados del muro simbolizaban las dos particularidades congénitas al capitalismo. Llegaba la hora de marcar los ideales de la globalización neoliberal, pero también de demostrar cómo totalitarismos del siglo XX habían perdido su sentido. Fue la destrucción de un sistema, el derrumbamiento del espacio comunista. Desde ese momento, se llevó a cabo la creación de un nuevo orden mundial que instauraba la globalización en el mundo occidental. Un poder fue sustituido por otro y hoy el sentimiento de metamorfosis parece lejano, imbuido por una celebración que tiene que ver con la memoria de un cambio que hoy en día se mira con ambivalencia por los protagonistas de aquél día memorable.

viernes, 7 de noviembre de 2014

El sello Podemos y la marca Bugaboo

¿A alguien se le ha ocurrido establecer el sugerente paralelismo conceptual que tienen en común el logotipo del grupo político de moda, Podemos, y la marca de carritos para bebé Bugaboo? ¿Ese extraño desorden esférico comparte algún tipo de analogía? ¿Ha querido decir Podemos que ha nacido un nuevo partido y que, pese a su edad párvula, crecerá con un sello de calidad similar de la marca de moda y costosa marca de cochecitos adaptables y convertibles o por el contrario se insinúa que esos aros intricados podrían también ser como los de los magos y es simplemente un truco de ilusionismo que fructuará en la farándula despótica que siguen los demás partidos?
Veremos.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

El verano 2015 ya tiene un nombre propio: 'Minions'

Qué tendrán lo minions que nos suscitan esa afinidad inmediata hacia estas pequeñas criaturitas amarillas con forma de gragea que, no obstante, son serviciales y trabajadores constantes en servidumbre a su amo o maestro, caracterizado por ser un villano de altos vuelos. Estos seres llenos de humor y cinismo, con lenguaje propio y voz estridente han enamorado a todo el mundo aficionado a la animación con sus dos apariciones en la saga de ‘Gru. Mi villano favorito’. Su protagonismo en la secuela fue tal, que no era difícil imaginar que tuvieran una película propia. Y así ha sido.
Universal Pictures e Illumination Entertainment han creado un proyecto erigido únicamente a la gloria de estos simpáticos secuaces que prometen romper las taquillas a partir del 10 de junio de 2015, día en que se estrenará esta nueva fábula de gancho amarillento. La película, titualda como era obvio, 'Minions', está dirigida por Kyle Balda y Pierre Coffina y gira en torno a las aventuras de tres de estos minions (Kevin, Bob, y Stuart), a través de un viaje lleno de diversión en busca de un nuevo amo villano.
Todo comenzará con el origen de la raza, a partir de organismos unicelulares amarillos que evolucionan en su inocente maldad a través de las edades históricas, perpetuamente al servicio de los más despreciables malignos que han poblado la Tierra. Sin encontrar un villano a la altura, desembarcan en el Nueva York de finales de los 60, donde encontrarán a Scarlet Overkill (con la voz de Sandra Bullock), una potencional villana a la altura de las exigencias de estos divertidos empleados del Mal.