jueves, 18 de diciembre de 2014

La reforma de la LPI y las claves para seguir viendo series en Internet

Primero fue MegaUpload, luego SeriesYonkis. Hace poco han caído como moscas páginas de enlaces gratuitos y ‘streaming’ como Seriespepito, Peliculaspepito, Series.ly, The Pirate Bay, AllinMega y Magnovideo… Y van por el camino otras  tantas como Sintonizzate, Cuevana, Seriesid y Peliculasid o Seriesdanko ¿Significa esto que no vamos a volver a ver series y películas vía online? Es la consecuencia de la entrada en vigor a partir del primer día de 2015 de la controvertida reforma de la Ley de Propiedad Intelectual. Una ley que basa sus principios en el desconocimiento del medio, limitando el acceso a la cultura, restringiendo el derecho a la información y que operará basada en el beneficio de unos pocos.
Es la cruda realidad que nos rodea: el alejamiento y entorpecimiento del acceso a la cultura es el objetivo. La destrucción del complejo entramado de conocimientos, de artes o de costumbres, de cultura, en definitiva, hace factible la eliminación del factor litigioso que conlleva consigo la libertad. Y eso, a los que gobiernan, independientemente del color de su partido, les encanta. El resultado, no podría ser más satisfactorio: la anulación de la voluntad y convertir el juicio disconforme en un dócil prosélito de básicos principios. Un prototipo ideal para el sometimiento, un ciudadano sin voz y circunscrita a la imposición y servicio de unos pocos.
Más allá de esa realidad, en mi segunda colaboración con VICE, propongo una serie de alternativas legales (y no tanto) para seguir ejerciendo nuestra libertad de navegación y continuar disfrutando de nuestras series y películas favoritas.
Enlace al artículo (con el miedo de si la nueva Ley de Propiedad Intelectual me cobraría por un enlace en el que escribo yo mismo).

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Los mejores posters y portadas de libros de 2014

Cuando llegan estas fechas navideñas se acostumbra a compendiar lo mejor y lo peor del año, a la injusta e inevitable subjetividad de listas enumerativas que ofrecen un examen a modo de ejercicio recapitulativo de todo lo acontecido a lo largo del curso en las diversas disciplinas socioculturales que hacen una idea de lo más destacado. Por supuesto, el último post del año, como viene siendo habitual desde hace una década este blog dará protagonista a lo que viene siendo una tradición irreemplazable y fundamental dedicada al TOP TEN y lo más subrayable de 2014.
Existe una amplia diversidad de listas que, como curiosidad, no está de demás repasar como vistazo atrás a aspectos a los que no dedicaríamos nuestra atención.
La primera de ellas es la de la selección de posters cinematográficos que ha hecho Adrian Curry para la página Mubi, en el que destacan los de ‘Frank’, ‘Pulp’ o especial hincapié en ‘Under the skin’. Sin embargo, habrá que esperar unos días que la magnífica Impawards, web por excelencia en lo que se refiere a carteles publica sus premios anuales, que lleva repartiendo desde hace ya quince años.
Por otra, The New York Times dedica un espacio a una selección con las portadas más creativas y sugerentes en el contexto literaria, con las doce cubiertas de las novelas que más le han llamado la atención a Nicholas Blechman.
Listas, tops, lo mejor… La Navidad ya está aquí, ammig@s.

martes, 16 de diciembre de 2014

'Centauros del Desierto (The Searchers)', el icono del 'western' de John Ford

Considerada como una de las mejores películas de la historia del Séptimo Arte, ‘Centauros del Desierto’ es, por derecho propio, una de esas piezas que agotan elogios y acaparan estudios, que permanece constante en nuestra memoria colectiva con su espléndida vivacidad y atemporalidad. Como se ha empeñado en reiterar en multitud de ocasiones se trata de un western por definición pura, el género americano que incluye en sus fastos obras indelebles.
El filme de John Ford puede ser considerado a estas alturas como "el western que se sitúa por encima de todos" (al igual que el rótulo que decoraba uno de sus carteles más memorables). Nos encontramos ante una obra terminante, de complejísima y consumada construcción, de la cual pocas cosas se pueden decir ya, debido a los exhaustivos análisis que se han extraído, interpretando cada secuencia y giro hasta el delirio. Esta película del Oeste representa la afirmación del arte, la emoción y el espectáculo como jamás nadie ha sabido exhibir en una pantalla de cine. Por eso, la constante revisión de la obra de Ford es una nueva oportunidad de engrandecer la más descriptiva cinta fordiana. En algún momento de la historia, Ford reflexionaba sobre ella comentando que era “simplemente la tragedia de un hombre solitario. De un hombre que regresó de la Guerra de Secesión, probablemente se fue a México y volvió a casa convertido en un bandido que luchó para Juárez o Maximiliano, sabiendo que nunca hubiera podido ser realmente el miembro de su familia que hubiera querido...”. Este es el arranque, el prólogo, la sinopsis de la historia, el comienzo del rumbo que sigue una trama de dimensiones ciclópeas para perpetuar un sentido narrativo inusual y arriesgadamente envolvente.
La historia de Ethan (John Wayne), un tipo solitario obsesionado durante años con rescatar a su sobrina Debbie (Natalie Wood), raptada de pequeña por los indios cuando éstos asesinaron a toda su familia, trata sobre la búsqueda de los vínculos familiares que quedaron rotos en el mismo instante en que el Jefe Cicatriz los asesinó y se llevó a la pequeña. Pero lo hermoso de este clásico es todo el armazón de relaciones, analogías, parentescos, traiciones y simbología que alcanza un nivel de acopio excepcional en la larga carrera de Ford, destruyendo e redescubriendo a la vez, de forma soberbia, todas las bases de la narración clásica.
Desde el apoteósico comienzo con la llegada del hijo pródigo, del héroe atormentado a casa de su hermana Laura (Vera Miles) observamos hasta dónde puede llegar la amargura y el desencanto de un hombre, víctima de un existencialismo que marca uno de los personajes más logrados en la ‘época dorada’ del Hollywood más añorado, tal vez resultado del contraste revisionista con respecto a la película desde una óptica de escepticismo, de madurez en la perspectiva de Ford. Un aspecto éste excepcional con respecto al personaje de un John Wayne que marcará una disposición elegíaca en la posterior tradición de los (anti)héroes de la obra de uno de los genios más alabados de la historia del cine. Acumulando la línea narrativa de falsos aforismos (fugaces, efímeros, a veces incompletos) para que el espectador saque su propia conclusión, de forma interpelativa (¿cómo olvidar el célebre plano que abre y cierra la película?) para que entremos, como privilegiados asistentes, de un modo directo en la narración para captar el sentido total de los personajes y luego, al final, devolvernos a nuestra realidad.
Todo el viaje que realiza Ethan no se limita a ese rastreo en busca de su sobrina por todo el vasto Oeste, que bien podía ser la metáfora de la búsqueda homérica de su propia identidad, de autoexploración interior sumido en la soledad del territorio que le rodea y le cerca a la vez. También lo es para evidenciar la insociabilidad de un personaje oscuro, privado de hogar, con dificultad para amar. En este ámbito, la lectura que se extrae en su relación con su acompañante de viaje, el repudiado sobrino Martin (Jeffrey Hunter), otro ser herido debido a su mestizaje y el rechazo que sufre por parte de Ethan es la clave fundamental de ‘Centauros...’. Ya que Martin es una especie de sustento de la familia que quiere cerrar un círculo abierto para sentirse integrado en una comunidad a la que ya no pertenece nadie, a una familia que no tendría la oportunidad de sobrevivir como tal.
Narrativamente ‘Centauros del desierto’ (ahora mismo recuerdo las ridiculeces que soltó el bocazas de Amenábar sobre esta película en sus comienzos, dignas del más deficiente inculto cinéfilo) es uno de los escasos ejemplos de perfección, un modelo de majestuosidad, de excelencia. El uso reiterado de la célebre elipsis característica del filme da como consecuencia que el relato camine accesible hacia la magnificencia de un argumento épico, de naturaleza trágica y búsqueda moral, encontrando además un origen estructural de películas con personaje en búsqueda obsesiva y catártica, forzado a un destino de soledad y marginación (Paul Schrader fue durante años el paradigma más clarividente de esta connotación –sobre todo con su particular y duro homenaje en ‘Hardcore’).
A todo esto contribuye, conjuntamente, la espléndida utilización del tiempo, un tremolante tratamiento del paso de los seis años transcurridos en la búsqueda de Debbie, marcando con pequeños matices las personalidades de ambos protagonistas. Y también lo es el hecho de la nueva disposición con la que Ford incorpora la leyenda del sueño americano, nunca enjuiciado con una conducta tan distinta a las expuestas hasta aquel momento. Un personaje, Ethan, que alude a la idea de un itinerario hacia una esperanza que se torna en la pesadilla de sus propios temores, una pesadilla de la que no puede salir y en la que América idiosincrásica del ‘western’ está engañada por ella misma.
Remarcada con una percepción estética realmente maravillosa, un concepto de la luz revolucionario y una precisión y encuadres usados en torno a un uso dramático en el que las sombras y la captación del espacio son tan rotundas, encontramos un contenido emocional que evoca el más hermoso de los expresionismos. Un clásico que mantiene intacta su frescura y contundencia. ‘Centauros...’ es una obra (por definición y calidad) imprescindible, necesaria para entender la evolución del cine, de la imagen y de este arte que engloba sueños y realidad. Por eso, cada vez que se ve esta cinta de culto cinéfago se desentierran nuevos matices, nuevos motivos de reflexión que se hacen inagotables en la esencia de la perfección de aquello épico, pero a la vez sencillo y perentorio.
‘Centauros del Desierto’ es la aproximación más definitoria de lo inalcanzable trazado por la mirada privilegiada de un cineasta prodigioso y supone una de sus obras más carismáticas que, con su narración y a pesar del paso de los años, sigue respondiendo de forma sutil y directa a preguntas y necesidades muy concretas. Indiscutiblemente, una película que marcó con letras de oro su propia leyenda en un arte que pocas veces encontró tan de cerca la corrección.

viernes, 12 de diciembre de 2014

George Carlin y la gran paradoja

La gran paradoja, el contrasentido de nuestro tiempo, es que tenemos edificios más altos, pero nuestro rumbo es más bajo. Tenemos autopistas más grandes, pero puntos de vista más pequeños. Gastamos más y tenemos menos. Compramos más, pero disfrutamos menos. Tenemos casas más grandes, pero familias más pequeñas, más comodidades, pero menos tiempo. Tenemos más estudios, pero menos raciocinio. Más conocimiento, pero menos crítica, más expertos, por lo tanto más problemas, más medicamentos que de nada valen porque tenemos menos salud. Bebemos mucho, fumamos mucho, somos imprudentes, nos reímos poco, conducimos muy rápido, nos enfadamos mucho, nos levantamos muy tarde y muy cansados, leemos poco, vemos mucha televisión y pensamos menos. Hemos multiplicado nuestras posesiones, pero reducido nuestros valores. Hablamos mucho, amamos poco y odiamos más y habitualmente.
Hemos aprendido como ir viviendo, pero no a vivir. Hemos agregado años a nuestra vida, pero no vida a los años. Hemos ido hasta la luna y hemos vuelto, pero tenemos problemas para cruzar la calle y conocer al vecino. Hemos conquistado el espacio exterior, pero no así nuestro espacio interno. Hemos hecho cosas tan grandes, pero no cosas mejores. Hemos limpiado el aire, pero contaminado nuestras almas. Hemos conquistado el átomo, pero no nuestros prejuicios. Escribimos más, pero aprendemos menos. Planeamos más, pero cumplimos menos. Aprendimos a tener prisa, no a esperar. Hemos construido ordenadores que almacenan más información para producir más copias, desarrollando en el camino tecnologías de transmisión, pero nos comunicamos cada vez menos.
Estos son los tiempos de la comida rápida y la digestión lenta, grandes hombres de pequeño carácter, excesivas ganancias y mínimas relaciones. Son los días de dos sueldos, con más divorcios, casas lujosas con familias disfuncionales. Son los días de los viajes rápidos, pañales y hasta moral desechable, relaciones de una noche, cuerpos obesos y pastillas que lo hacen todo; desde aliviar, alegrar, tranquilizar y matar. Es una época donde hay tanto en la despensa y poco en el almacén. Un tiempo donde la tecnología puede enviar un mail y donde tú puedes decidir si quieres compartirlo o simplemente borrarlo.
Recuerda, utiliza más tiempo con los seres a los que quieres, porque no estarán junto a ti para siempre. Recuerda decir algo amable a quien te mira desde abajo, porque pronto crecerán y dejarán de estar a tu lado. Recuerda darle un abrazo a tu gente más cercana, porque será el único tesoro que puedas darle desde el corazón y no cuesta dinero. Recuerda decir “te quiero” a tu pareja y a las personas que quieres. Y sobre todo dilo en serio. Un beso y un abrazo pueden aliviar el dolor cuando vienen desde dentro. Recuerda sujetar las manos y compartir los momentos, porque algún día esa persona no estará aquí. Dale tiempo al amor, date tiempo para hablar. Y date tiempo para compartir tus pensamientos. Y recuerda siempre: la vida no se mide por la cantidad de veces que respiramos, sino por las veces que nos quedamos sin aliento.
(George Carlin).

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Diez años de textos abismales (XI): El maletín de los Coen (05/03/2008)

Si uno vuelve a ver ‘Fargo’ (después de muchos años, como ha sido mi caso) podrá encontrar alguna pequeña analogía entre esta gran obra de los hermanos Ethan y Joel Coen y su última y ‘oscarizada’ cinta ‘No Country for Old Men’. Más allá de sutilezas argumentales, de preponderancia del paisaje y demás, hay un tema que hermana a ambos filmes. Se trata de ese obsesionante maletín lleno de dinero. Un elemento que planea casi como dispositivo cardinal del final de ‘Fargo’, así como lo es en el comienzo de ‘No Country…’.
En ‘Fargo’, la broma macabra es un acierto de guión absolutamente magistral. Cuando Carl Showalter (Steve Buscemi) acaba de asesinar al heroico abuelete Wade Gustafson (Harve Presnell), no sabe que los 80.000 dólares prometidos por secuestrar a la mujer de Jerry Lundegaard (William H. Macy) por orden de éste se han convertido en un millón de dólares. Tampoco que horas después, su socio, el brutal Gaear Grimsrud (Peter Stormare) acabará con su vida por no querer compartir el coche que se les proporcionó Lundegaard para cometer el secuestro. Antes, movido por la codicia, ha enterrado todo el dinero bajo la nieve en un acto de imbecilidad e inepta ingeniosidad que ya ha venido mostrando a lo largo del filme. Como le sucede a Jerry Lundegaard (William H. Macy), cabeza pensante del enredo, en su despropósito para obtener una gran suma de dinero y montar así un aparcamiento como negocio de futuro. Es el efecto de la miseria humana perfectamente definida en estos caracteres por los Coen.
En ‘No Country…’, Llewelyn Moss (Josh Brolin) encuentra dos millones de dólares al descubrir la dantesca vendetta entre dos bandas de narcotraficantes mexicanos. Su acto de estupidez viene dado por el remordimiento al no dar de beber a un moribundo en el lugar de los hechos. Una decisión que conlleva directamente al descontrol del azar y del destino. Es la consecuencia de la inopia que también personifica Showalter, Lundegaard o Grimsrud.
Lo que pocos recordarán es que se trata de un maletín idéntico, exacto, con la misma simetría en la colocación de su contenido. Será también el mismo que entregará vacía el mísero millonario de ‘El Gran Lebowski’, en un acto mucho más ruin y codicioso que la de estos pobres diablos. Son personajes, en definitiva, que, a través de esos fajos perfectamente ordenados en bloques de 10.000, personifican la teoría del caos de René Thom, donde los factores equivalentes a los fenómenos naturales discontinuos no pueden ser descritos ni calculados.
Por supuesto, no es lo único que las equipara. Tanto Lundegaard, como sus antagonistas Showalter y Grimsrud, se mueven por el dinero en diferentes esferas de ambición y mezquindad, como en ‘No Country…’, la mayoría de los personajes; desde el orgulloso Llewelyn Moss, pasando por los mexicanos, Carson Wells (Woody Harrelson) hasta llegar al mefistofélico Anton Chigurh (Javier Bardem) se determinan por ese apego a un dinero que no es suyo. Todos, de alguna forma, están hermanados, malditos, infectados por la avaricia que esconden los maletines de los Coen.
Por último, una última reflexión a modo de pregunta acerca del lado utilitario de la ley que contrarresta el oscuro e imperfecto mundo de incoherencia y violencia que sacude las tranquilas vidas de la embarazadísima agente Marge Gunderson (Frances McDormand) y Ed Tom Bell (Tommy Lee Jones): ¿Acaso no son equidistantes los sueños y anticlímax final del viejo sheriff desencantado con el mundo moderno que ese pesimista plano final de Marge entrando en la cama con su aburrido marido que pone de manifiesto un futuro gris para su futuro bebé? En cualquier caso, los dos expresan claramente no entender porqué se precipitan los acontecimientos de una manera tan irracional. Sin embargo, a pesar del mazazo al idealismo de esas autoridades que, hasta ese momento han seguido las reglas a rajatabla, Marge puede preguntárselo a la cara a Grimsrud, mientras que Bell ni siquiera logra capturar a Chigurh. Los tiempos han cambiado. Y los Coen, como ellos, se han vuelto aún más sombríos en su pesimismo.
En otro momento habrá que entrar de lleno en esas digresiones argumentales que no conllevan a nada en la historia, maravillosos sinsentidos a los que este duplo han conferido una genialidad fuera de toda lógica. En ‘Fargo’, definidos en la secuencia en la que un ex compañero de Universidad de Marge, Steve Park (Mike Yanagita), acomete con nostalgia a la agente con una triste historia que levante su lástima para seducirla torpemente sin éxito.

lunes, 8 de diciembre de 2014

'Cuenta Conmigo': Lugares de rodaje antes y ahora

Pocas películas han sabido transmitir la importancia nostálgica que supone el paso de la infancia a la adolescencia como ‘Cuenta Conmigo’, de Rob Reiner, un profundo estudio a la desmitificación de la muerte a través de la vida y la experiencia hacia la madurez. La cinta de culto es una mirada al universo infantil que pervive en la memoria perdida, que resucita los miedos, las dudas y los recuerdos de una etapa imposible de olvidar. Basada en el relato de Stephen King, ‘The Body’, se convirtió de inmediato en un vehículo de identificación sobre una edad concreta desde una mirada que concita un poso entrañable hacia el viaje iniciático desde el enriquecimiento vital metaforizado en una vía de tren que conlleva pruebas y desafíos hacia un objetivo de tenebrosa fascinación como es un cadáver de un adolescente desaparecido. Un relato con voz propia sobre la amistad infantil que mantiene la pureza incondicional del respeto compartido por Gordie Lachance, Chris Chambers, Teddy Duchamp y Vern Tessio, esos cuatro chavales con los que siempre compartiremos la empatía y añoranza de una película capaz de abarcar el interés de tantas generaciones. “Nunca he vuelto a tener amigos como los que tuve a los 12 años. Dios mío, ¿alguien los tiene?”, decía la voz en Off de Richard Dreyfuss. Palabras llenas de sentido y verdad.
Aquel pueblo imaginario se llamaba Castle Rock y exprimía el ambiente suburbial de una pequeña población de los años 50. En realidad se rodó casi en su totalidad en el estado de Oregón, concretamente en Brownsville, Cottage Grove, Junction City y Veneta. La página ‘Then and Now Movie Locations’ supone un agradecido hallazgo que rememora el pasado y el presente de localizaciones de películas míticas con un lujoso detallismo sobre la ubicación exacta y que definen el paso de los años en el contexto de filmación. Una web que depara recuerdos imborrables sobre algunos lugares que muchos tenemos muy presentes.
‘Cuenta Conmigo’ en Then And Now Movie Locations.

domingo, 7 de diciembre de 2014

El tiempo

Hablemos del tiempo... ¿El tiempo pasa? ¿Transcurre? ¿Sucede? El tiempo también se invierte. Pero invertir, en términos económicos, se relaciona con el ahorro. Entonces si ahorramos tiempo ¿Al final no estamos empleándolo en otra cosa? Por ejemplo, cuando dices “voy a ahorrar tiempo”. Bien, normalmente ése periplo en el que has economizado la acumulación de minutos u horas está destinada a perderse en otra cosa, aunque sea más satisfactoria. Cuando el tiempo es malo, sueles quedarte en casa, aprovechando para leer u organizar tareas pendientes. Sin embargo, cuando el tiempo es bueno, sales al parque a pasear, a dar una vuelta, a disfrutar del sol y que te dé el aire. También aprovechas para tomarte una jarra de cerveza fría en una terraza mientras ves pasear a gente cuyo tiempo es compartido en una comunión idealizada y colectiva. Y pides otra. Y te preguntas si en realidad estás fructificando en algo el tiempo libre y la percepción de rendimiento del mismo es la adecuada. Y pides otra, dudando si el consumo temporal está mal gestionado o no, porque sonríes y todo parece darte igual. Y pides otra. Y otra más. Porque ya todo te da igual. Y pides otra, porque sabes que es cuestión de tiempo que pidas unas cuantas más y acabas cambiando de establecimiento y te pasas a las copas, uno de esos gin-tonics modernos y llenos de abusrdas especias, extrañas hojas y cáscaras de frutas, porque todavía no es muy tarde. Y cambias de opinión. Ya estás animado. Total… ¿Por qué no bajar al centro?
Y todo se empieza a diluir entre miradas con mujeres que te observan con desdén, sumido en efluvios noctámbulos y conversaciones con algún conocido. Pierdes el metro por no haber calculado bien el tiempo. Te retas a ti mismo, corrompido por la noche. Te acercas a otro bar y pierdes la cuenta de cuántas llevas y de la hora. Cuando sales es de día y llueve. Vuelves a casa. Y miras el reloj para comprobar que el valor disponible de tu tiempo ha disminuido de un modo atroz. Aunque lo dudas, porque tu estado de ánimo no está para reflexionar. Sin embargo, el día siguiente se cristaliza en un punzante dolor de cabeza que dilapida los planes de todo un día, entre remedios caseros y la aceptación del trance post-dipsomanicaco. La indiferencia por la meteorología se aplica al detrimento proporcional de recuperación y la duración de ésta. Y así pasan las horas. Y a la mañana siguiente, te encaminas a tu trabajo dispuesto a vender tu tiempo con el propósito de poder recuperar parte de esa inversión y así volver a perderlo dependiendo de si llueve o hace sol, como un hábito. Y así, de forma cíclica.

viernes, 5 de diciembre de 2014

30 años del estreno español de 'Cazafantasmas'

Exactamente hoy hace tres décadas se estrenaba en nuestro país una película destinada a revivir la memoria colectiva por su trascendencia en una época de nostalgia que prevalece latente en una generación que perpetúa su fidelidad a las filias que erigieron los iconos socioculturales de los años 80. Se trata, como no podía ser de otra forma, de ‘Cazafantasmas (Ghostbusters)’, de Ivan Reitman, un título de culto que resucita esa pasión común por el cine comercial de aquellos tiempos y que sitúa al espectador de entonces en un marco melancólico y evocador. Esto no es más que un recordatorio conmemorativo. Habrás más. Mucho más. Esa emoción común e intocable tendrá una merecida extensión en este blog. Como viene siendo habitual cada Navidad, ‘Un Mundo desde el Abismo’ dedicará un extenso dossier a una película clásica de esta índole.
Si el año pasado le tocó el turno a ‘Jungla de Cristal’, este año lo será para esta producción que supuso un paradigma imprescindible de la comedia y el cine de ciencia ficción ochentera. En él, tendremos la oportunidad de profundizar en su génesis, su rodaje, en sus curiosidades con un estudio de campo como viene siendo habitual en esta modalidad de textos. No os perdáis este viaje analítico a las aventuras de los doctores Peter Venkman, Raymond Stantz y Egon Spengler acompañados de irrepetibles personajes como Winston Zeddmore, Dana Barrett, Janine Melnitz, el pequeño Louis Tully, Gozer la “gozeriana”, las dos bestias Vinz Clortho y Zuul, el fantasma Slimer y, por supuesto, el Hombre de los Marshmallow…
Estad atentos a este blog, porque será un regalo para todos aquellos que se quieran dar un festival de nostalgia con una película que sobrevive inmune a las modas en la memoria colectiva.
Who ya gonna call…

jueves, 4 de diciembre de 2014

Keele Christmas Tree Farm: un concurso de lanzamiento de árboles de Navidad

Se abre la veda de post y textos navideños, al cúmulo de efusión consumista desnortada por la época de alegría estética de guirnaldas e iluminación hipnótica, de calles iluminadas, de fiestas intempestivas, de cenas de empresa (quien trabaje, claro), de cogorzas semanales aprovechando la coyuntura y de esa máxima que casi obliga a la gente a esforzarse por exhibir una impostada actitud fraternal y tradicional. Es lo que exige estas entrañables fiestas.
Y qué mejor forma de dar el pistoletazo de salida con el concurso de lanzamiento de árboles de Navidad que se ha celebrado en Staffordshire, Inglaterra. Como lo leéis, una competición cuyas reglas son muy elementales; los participantes tienen que lanzar un pino tradicional que pese alrededor de 20 kilos y mida más de 1,80 m. en dos modalidades de prueba; una, la de establecer la mejor marca de altura proyectando el abeto hacia arriba para procurar rebasar un listón y otra, la típica de longitud que consiste en arrojarlo cuanto más lejos mejor. La suma de estas dos categorías otorgan el título de ganador, que este año ha sido un ex infante de la marina de 26 años de edad llamado Owen Davis, con una distancia de 27 metros de largo y una altura de 6,7 metros de altura, proclamándose el mejor lanzador de árboles de Navidad del Reino Unido. Davis, que actualmente está estudiando medicina, se llevó a casa un trofeo, 100 libras, y una botella de champán. Ahí es nada.
La cita, bajo la denominación Keele Christmas Tree Farm, congregó a varios concursantes y a más de mil quinientas personas que no se perdieron este acontecimiento en sus dos jornadas de competición. Su organizador es un joven de 19 años llamado Charlie Reynolds y la recaudación total del evento está destinada con fines benéficos para la asociación militar Help for Heroes, dedicada a ayudar a los soldados británicos discapacitados y con problemas. Por cierto, que esta tradición es algo bastante común en Alemania y parece que se está extendiendo a todo el mundo. En breve (y si no, al tiempo) a buen seguro que la tendremos por estos lares, porque… ¿qué hay más navideño que lanzar con fuerza un pino a tomar por culo?
Aquí podéis ver unas fotos del evento.

Homenajes cinéfilos

'El quimérico inquilino (Le locataire)', de Roman Polanski (1976).
'Magical Girl', de Carlos Vermut (2014).