domingo, 20 de julio de 2014

Desconexión 2.0: Fin de temporada abismal

A lo largo de lo que llevamos de este año, este blog está batiendo récords de actividad y regularidad que se remiten a las épocas doradas, cuando la demanda que congregaba casi dos mil quinientas visitas únicas diarias, allá por 2005, 2006 o 2007, hacía necesaria tal intensidad. Tanto es así, que en siete meses de este 2014 se han superado con mucho la totalidad de las entradas de 2013 y va camino de doblar las de 2012. Y claro, esta locura sin retribución alguna debe frenar para no cauterizar ni el mecanismo de escritura ni provocar un colapso mental o un síncope de pesimismo venidero.
En cualquier caso, llega el momento de detener, como casi todos los veranos, la actividad de este blog. Y, sobre todo, tanta saturación de redes sociales. Hay que saber cercenar esa abducción a la que nos vemos sometidos con este paraíso falsamente reconfortante llamado comunicación 2.0 que nos arrastra y consume paulatinamente como una droga cualquiera. Esta vez no me tomo vacaciones precisamente. Tampoco se trata de sugerir el abandono del blog, como estuvo a punto de suceder hace dos años. Aunque es algo que sigue latente, aunque aletargado en espera de acontecimientos.
Se trata de esa despedida momentánea, sin embargo no bajo el concepto de “merecidas vacaciones” o de cierre de una maravillosa temporada que el Abismo no vivía hace años. La servidumbre hacia el trabajo sin tregua seguirá su curso, enfocando este intervalo de tiempo de ausencia hacia otros derroteros, otros proyectos que requieren de este tiempo y que fundamentan su trascendencia en la inversión del ánimo y el esfuerzo al servicio de ellos. Tampoco voy a ver un euro de todo. Llevo más de cuatro años sin un contrato laboral, pero a su vez cada día de esos cuatro años me he acostumbrado a arrastrar poco menos de una media de seis horas de sueño para abordar cada jornada del día escribiendo, creando proyectos e insistiendo estérilmente en encontrar un hueco en los diversos sectores en los que me he especializado y desarrollado mis aptitudes, que son muchas y variadas.
Forma parte del juego de supervivencia cabrón y despótico al que me humillo a cada hora, a cada día, a cada mes y a cada año. La facundia escrita se encauza hacia otra forzosa evasión por sacar adelante otros planes. En síntesis: voy descansar para trabajar. Por tanto, seguiré dejándome la piel para intentar emerger de este lodazal de desesperanza que consume el espíritu en la carestía laboral y que deriva en tantos problemas y ahogos, procurando que no diluyan las expectativas puestas en los diversos frentes, para que algún día la estabilidad se transforme en realidad. Sin respiro.
Regresaré si algún suceso trascendente impera como post en el histórico del blog. Y sobre todo para celebrar como es debido un par de cumpleaños; el del aniversario del estreno de una película legendaria a finales de agosto y, posteriormente, el de este espacio que celebra una década desde su nacimiento el día 5 de septiembre de 2004, mes en el que la actividad regular del blog volverá a su cauce. Una década ya, quién lo diría. Diez años en los que habéis ido y venido, habéis descubierto el blog u os habéis asomado a este Abismo del absurdo. Y, por supuesto, los que siempre habéis estado ahí para leer o echa un vistazo a las 2.216 entradas que se han acopiado con los años.
Hasta entonces, bebed cerveza helada, disfrutad de la vida y nunca bajéis las escaleras con las manos en los bolsillos. Os deseo un feliz verano a todos y gracias, de todo corazón.

El cine español llora la muerte del gran Álex Angulo

(1953-2014)
Uno tarda en asimilar el impacto que supone entender que una persona como Álex Angulo haya muerto. Un duro golpe que ha sacudido a toda la familia del cine español, que llora su muerte como la de un familiar. Y es que Álex era una persona extraordinaria que se había ganado el cariño de todos los que le habíamos conocido con su afabilidad y cercanía, con dulzura y sencillez. Tuve la gran suerte de conocerle a través de mi amigo y socio Asier Guerricaechebarría y de trabajar con él en ‘3665’, donde puso la voz que narra la odisea apocalíptica que contamos en él.
Una sugestiva experiencia que me dio la oportunidad de colaborar con alguien tan especial, entregado y profesional, con un sentido del humor inconmensurable que despertaba un afecto tan inmediato como espontáneo. Todo el mundo quería a este grandísimo actor con una dimensión interpretativa que transmitía una normalidad muy difícil de conseguir, desprendiendo una ternura extraordinaria, una vis cómica innegable o el porte dramático apoyado en su voz enérgica, según fueran sus roles. Siempre al servicio del personaje, la presencia de Álex reforzaba cualquier reparto con su aportación.
Su trayectoria se fragua dentro de los términos de ese tan poco valorado rol de actor de reparto, nunca secundario, capaz de cautivar al público con esa mirada que transformaba según fuera el género que abordara. Desde 1981, con ‘La fuga de Segovia’, de Imanol Uribe, fue ennobleciendo el cine español y la profesión en algunas de las más trascendentales películas de nuestro cine al lado de los mejores cineastas nacionales; ‘Tu novia está loca’ y ‘Todo por la pasta’, ambas de Enrique Urbizu, ‘El anónimo’, de Alfonso Arandia, ‘El Rey pasmado’, de nuevo con Uribe, ‘Acción Mutante’, de Álex de la Iglesia (que le convirtió en un talismán desde su cortometraje ‘Mirindas asesinas’ y con se encumbraría como protagonista de ‘El día de la bestia’ –el padre Ángel Berriatúa pasará como una de las mejores creaciones de la historia de nuestro cine- y posteriormente en ‘Muertos de risa’ y ‘La habitación del niño’), ‘Hola ¿estás sola?’, de Icíar Bolláin, ‘Así en el cielo como en la tierra’, de José Luis Cuerda, ‘Matías, juez de línea’, de La Cuadrilla, ‘Sólo se muere dos veces’, de Esteban Ibarretxe, ‘Carne trémula’, de Pedro Almodóvar, ‘Los años bárbaros’, de Fernando Colomo, ‘El coche de pedales’, de Ramón Barea, ‘Bosque de sombras’, de Koldo Serra, ‘El Gran Vázquez’, de Óscar Aibar, ‘El laberinto del Fauno’, de Guillermo del Toro o ‘Los muertos no se tocan, nene’, de José Luis García Sánchez, entre muchas otras. Tres nominaciones al Goya y premio de la Unión de Actores se antoja un escaso palmarés para la valía de uno de nuestros mejores actores.
Su paso por televisión tampoco pasó desapercibido; desde sus primeros pasos en ETB, ‘El peor programa de la semana’, ‘Villarriba y Villabajo’, ‘Periodistas’, ‘Aquí no hay quien viva’, ‘14 de abril. La República’, ‘Toledo’ o ‘Gran Reserva’ también contaron con Angulo. Se nos va un magnífico actor, que se comprometió con el cine vasco y con directores noveles con sueños dentro de en un mundo tan difícil como el cortometraje, en el que Álex se volcaba si creía en el proyecto, ofreciendo su rostro y su gran talento para la causa. En esta faceta, se acumulan en su filmografía infinidad de trabajos de corta duración que hicieron de su rostro todavía un reclamo familiar en la comunidad de cineastas noveles y circuitos festivaleros. Con su fallecimiento prematuro, nos deja una tristeza que aúna el sentimiento de un cine español que echará de menos a este entrañable hombre y gran persona. Después de conocerle, supe que en mis siguientes proyectos tenía que contar con él, fuera como fuera, para seguir conociéndole y disfrutar de ese espíritu alegre y pacificador. No podrá ser posible. Álex, estés donde estés, te echaremos de menos.
D.E.P.
Foto: Ana B. Robles.

viernes, 18 de julio de 2014

‘El quimérico inquilino (The Tenant)’, de Roman Polanski: Conspiración y locura

Un hombre permanece sentado en una corroída silla del Jardín del Palacio de Luxemburgo, bajo el frío de invierno de París. Observa a unos niños que juegan con unos barcos junto al estanque. Uno de ellos comienza a llorar desconsoladamente porque, a simple vista, su barco se ha alejado mucho de la orilla. Una joven que parece su madre llega para consolarle, hablándole y tratando de que el infante se calme. El hombre se estremece, vigilando atento la situación. La chica desaparece de plano, mientras el hombre se levanta directo al pequeño. Éste le mira absorto. Inesperadamente, el hombre le increpa: “Filthy litlle brat! (¡Pequeño y sucio mocoso!)”. Y sin más, le propina una terrible bofetada y se marcha por donde ha venido, dejando al niño llorando ante lo bizarro de la situación. Es el punto de no retorno de la locura de un hombre en pleno proceso de paranoia y conflicto de personalidad. Roto y confuso por los acontecimientos que se le han venido encima en los últimos días.
¿Quién es este hombre? Se trata de Trelkovsky, el protagonista interpretado por Roman Polanski en ‘El quimérico inquilino (The Tenant)’, la que es, hasta el momento, su mayor obra maestra como director. Trelkovsky es un joven empleado de banca que busca un apartamento de alquiler en la céntrica Rue des Pyrénées. En el momento de echarle un vistazo al piso, la portera le cuenta que la antigua inquilina, Simone Choule, es una mujer que permanece en coma al haber intentado suicidarse saltando al vacío por la ventana. Interesado en la salud de la misteriosa mujer, cuando entra a vivir en el apartamento los sucesos se precipitan hacia un aparente complot del propietario y los vecinos para que él también siga los pasos que lo llevarán a un demencial suicidio siguiendo los pasos de Choule.
‘El quimérico inquilino’ comienza con un planteamiento social, en el que Polanski presenta un problema que se repite a lo largo de los años, el de la difícil búsqueda de una vivienda de alquiler céntrica y en condiciones, para transformarla rápidamente en una progresiva pesadilla claustrofóbica y malsana. Su estilo grotesco, directo y sucio provoca el imaginario desasosiego de una angustia atmosférica opresiva y turbia gracias al ojo fotográfico de Sven Nykvist, que es perfecta para exhibir un sádico e incómodo humor negro, donde lo surreal y macabro es introducido en un marco realista que termina por incitar a la confusión y al terror.
El mejor filme de Polanski se perpetúa a lo largo de su metraje con una trastornada excentricidad, que tiene su inicio en el modo en que la portera del inmueble, interpretada por la gran Shelly Winters, se descojona al mostrarle a Trelkovski las consecuencias en el mobiliario vecinal que ha dejado la caída de Choule en su intento de suicidio y sacudiendo la retina del espectador la primera vez que vemos la momificada figura de Choule lanzando un desgarrador grito de pavor ante la visión de Trelkovski y la que será la personificación de la sexualidad carnal y sugerente en el rostro de la hermosa Stella (Isabelle Adjani), mujer con la que Trelkovski no puede terminar de consumar el acto sexual, por mucho que ambos lleven la situación al extremo. Todo resulta turbador dentro del marco progresivo de sus encuentros, desde ese primer contacto, con la incursión de un fragmento de ‘Operación dragón’, protagonizada por Bruce Lee, que incluye esa secuencia tan febril como erótica en la que Stella calienta a Trelkovski ante la mirada lasciva de un voyeur accidental hasta el clímax que pone punto y final a su relación, con el pequeño polaco perdiendo la razón y destrozando el apartamento de la joven absorbido por la locura de su oscura y terrible metamorfosis.
Polanski es capaz de transmitir la enfermedad con desequilibrada maldad, zarandeando el filme con un humor negro insostenible, lleno de desequilibrada psicología que evoluciona hacia la perturbación más abyecta. El mórbido ambiente va arrastrando al espectador a través de imágenes imborrables, como ese diente escondido en un agujero de la pared tras un armario, en continuo aumento hacia la demencial psicopatía que va empapando su esencia con un sugerente éter venenoso, la visión amenazante de los vecinos, intimidantes y “normales” a la vez, que llevan al aprensivo Trelkovski a meterse en una obsesiva espiral de identificación con la antigua inquilina del piso. Un personaje incorpóreo que se alza como la gran protagonista de la función.
Una presencia constante, espectral y enigmática llamada Simone Choule, haciendo que su espíritu se apodere de él en un proceso de pérdida de identidad que termina por asumir su personalidad ficticia para travestirse física y psicológicamente con esta desconocida mujer, llegando hasta unas consecuencias totalmente insanas y fatales. Trelkovski comienza a caer en sus redes con la fascinación de un fetiche como es una bata de raso, a la que sigue el fisgoneo de sus enseres personales, comenzando la locura identificativa en la extraña visión de aquellos hombres y mujeres que utilizan el baño común, detenidos en el tiempo, mirando congelados hacia ningún sitio.
En el bar de la esquina, a Trelkovski parecen imponerle las mismas costumbres que seguía Choule, sustituyendo sus habituales cigarrillos Gauloises por los Marlboro que fumaba la difunta inquilina en un cambio de hábitos sutil y terrorífico. Polanski sabe invertir muy pronto la normalidad de Trelkovski en un descenso a los infiernos, que nace en una Iglesia, la del funeral de su futuro ‘alter ego’, cuando se escucha subjetivamente un sermón acusatorio del cura que despierta el sentimiento de culpa de Trelkovski. Va creando insólitas visiones que se dan en el edificio, como la basura que va cayendo por las escaleras para luego, en su regreso, descubrir que ha desaparecido, el ruego que le hace una vecina con su hija discapacitada para evitar que la desahucien, esa portera le entrega la correspondencia de Choule y sobre todo la temible Sra. Dioz que, llegado un momento de paroxismo mórbido, le intenta estrangular en el rellano del portal cuando es él mismo quien se agarra el cuello.
Pero si algo llama la atención del entramado críptico de ‘El quimérico inquilino’ es ese inquietante trasfondo de civilización egipcia, en el trance onírico de Trelkovski hacia el aterrador baño común, en el que descubre inscripciones y jeroglíficos de esta ancestral cultura y desde dónde se puede ver a él mismo observándose desde su habitación. Pero también en la figura de ese ex novio llorica que le confiesa que no pudo decirle a Choule que la amaba o el otro conocido que le prestó el libro ‘El Romance de la Momia’ y que aparece en casa de unos amigos de Stella durante una fiesta. Es el engranaje perfecto para el devenir en paranoia de Trelkovski, en el alcance contemplativo de la locura del nuevo y quimérico inquilino con imágenes que perturban por lo lóbrego y atractivo, como esa cabeza que bota como un balón apareciendo y desapareciendo en la ventana o las manos que intentan sujetarle entre el armario y la ventana. Un entramado perfecto, un guión paradigmático sobre la conspiración imaginaria y que ayudan a entender un pilar básico en la obra de Polanski: la pérdida de la identidad, que va dejando una sucesión de hechos que termina por desembocar en la obsesión que distorsiona un entorno corregido por el espejismo de una mente enferma. Cuando la claustrofobia mental abre al subconsciente la posibilidad confundir realidad y la locura. Una cinta memorable en la que la transformación psíquica del personaje evoluciona hacia una transformación morbosa y peligrosamente atractiva.
‘El quimérico inquilino’ es una magnífica composición de miedos y temores, realmente intemporal que traduce mediante la alineación de un individuo el comportamiento humano normal en una pesadilla apócrifa, mediante la sutilidad con la que se exagera y se transforma la realidad en insana fantasía de locura y complot, asedio y la locura. En el fondo, una crítica mordaz de una sociedad parisina profundamente conservadora e hipócrita, donde la apariencia esconde monstruos dispuestos a acabar con aquel que no cumpla las normas. Una visión siniestra del ser humano que tiene su mejor aliado en la música angustiosa de Philippe Sarde. Una película que se cierra con la incógnita de la reencarnación estimulada por la perspectiva conspiratoria, de cómo Simone Choules pudo tomar el cuerpo de Trelkovski para volver a suicidarse, de cómo una posible metempsicosis ha transmigrado el alma de la suicida para sumirle en un laberinto pesadillesco del que el protagonista no podrá salir jamás.

jueves, 17 de julio de 2014

‘Francesca Da Rimini’: robótica y proyección por mapeo

Con los más sofisticados avances técnicos audiovisuales de última generación, puestos al servicio de un arte tan estético y bello como es el ballet, se produce un milagro como el que ha conseguido el director Tarik Abdel-Gawad, especializado en tecnología creativa que se confabula en un híbrido entre el arte y la ciencia al servicio del desarrollo de la imagen en movimiento. De este modo, combinando la robótica y proyección por mapeo, ha logrado mediante la utilización de una cámara robótica filmar concienzudamente la pieza de danza ‘Francesca Da Rimini’, coreografiada por Yuri Possokhov en la que Abdel-Gawad utiliza este tipo de estudio de captura de movimiento para trazar de forma exacta los pasos de los bailarines Maria Kochetkova y Joan Boada y con esta información informatizada, sincronizar la cámara para lograr el objetivo de esa visualización perfecta del baile. El resultado es un cortometraje hermoso titulado como la obra musical creada por el gran Pyotr Ilyich Tchaikovsky y que refleja la manifestación máxima de los cuerpos en movimiento bailando como forma de expresión universal. En el pequeño ‘making of’ ‘Ballet Meets Robotics’ se puede apreciar una perfecta definición de su desarrollo y praxis.
No es la primera vez que este visionario desafía el séptimo arte con esta técnica; ya lo hizo con ‘Box’, en el que utilizó la proyección por mapeo en superficies en movimiento para desdibujar la línea entre el espacio bidimensional y tridimensional y crear una ilusión de composición de objetos que se cruzan, se elevan y transforman en una misma esfera. También es uno de los responsables de la utilización del ‘Bot and Dolly’ en ‘Gravity’, de Alfonso Cuarón, que divulgó hacia el cine comercial la evolución de esta plataforma de control de movimiento basado en el hardware de la robótica industrial con la integración con Autodesk Maya y que propició, a su vez, el desarrollo del revolucionario ‘Lightbox’ utilizado por Emmanuel Lubezki en la película del director mexicano.

miércoles, 16 de julio de 2014

‘Viaje de Poo’: wáteres, toboganes, zurullos y concienciación

El Museo Nacional de Ciencias Emergentes e Innovación de Tokyo, también conocido como Miraikain, recoge una curiosa instalación artística interactiva centrada en un gigantesco wáter bajo el lema ‘Journey of Poo (Viaje de Poo)’. En ella, el visitante puede acceder a la gran taza del inodoro por unas escaleras e iniciar un trayecto deslizante a través de un tobogán de más de cinco metros. Eso sí, cada uno que quiera disfrutar de esta atracción, deberá ir ataviado con un simpático gorro en la cabeza que representa un característico mojón bien evacuado. Es la estrategia para disfrutar de un evento tan artístico como sensibilización con el medio ambiente.
El objetivo no es hacer sentir al público como una defecación humana, aunque aquí en España sí tendría más sentido con lo identificativo que puede llegar a ser esta simbología de la sociedad para la clase política, sino que nace con la pretensión de alertar y educar sobre de la canalización, la salud y los residuos. Y es que mientras la gran mayoría de la civilización de la población mundial tiene acceso a las ventajas de la tecnología y basa su bienestar en los adelantos como las redes sociales y los teléfonos móviles otro un tercio de la humanidad, en torno a 2,5 millones de personas, ni siquiera tiene acceso a un saneamiento adecuado.
De ahí, que se promulgue esta exposición con el fin de concienciar y divulgar sobre un tema tan serio como es el problema de las heces y el medio ambiente a través de una actividad más divertida e interesante para los más pequeños y también para los adultos, que pueden completar la visita a este ‘Viaje de Poo’ escuchando un coro de tazas de inodoro cantarinas o moldear un buen zurullo de plastilina. La instalación artística permanecerá abierta hasta el próximo 5 de octubre de 2014.

Putokrío: la gran obra de Jorge Riera

Es imposible separar la figura de Jorge Riera de la de Putokrío. Lleva décadas tan apegado a su alter-ego que este cómic-book supone la profundización de los fantasmas creativos de este enloquecido guionista y escritor. Siempre radicalmente transgresor, Riera se ha labrado una consolidada fama de provocador y aquí traduce sus obsesiones personales como un creador que asume valiente la vena más macarra y políticamente incorrecta de su mimesis caricaturesca. En este tomo imprescindible, se autodefine bajo la máscara de un personaje que representa la tradición de esa actitud desarraigada e irónica, de las miserias transmitidas desde una perspectiva con esencia de cómic ‘underground’.
“Jorge nació en una botella de mezcal y nunca pudo salir de ella” se apunta en una de sus páginas. Se podría definir como una radiografía de la propia vida de este autor a través de pequeñas historias sin esconder sus cartas, con un chorro de descaro multidireccional mediante una fórmula que involucra, con gran habilidad, diversas facetas de la decadencia humana que, pese al patetismo cínico que desprenden sus páginas, aporta un carácter reconocible e identificable que no es ajeno al mundo diario en el que vivimos. ‘Putokrío’ atesora un catálogo entrañable de anécdotas autobiográficas (sin renunciar al poso desobediente y gamberro) de manías, poses, despropósitos y dogmas llevados a la hilaridad y la reflexión.
Una madre con cáncer, un padre aficionado al culturismo, la primera corrida al masturbarse, la loca del quinto, el cine quinqui y su influjo nocivo, las relaciones de pareja llevadas al extremo, la identificación de un guionista psiconauta con un abuelo maltratador, necrofilia absurda, fenómenos paranormales pasados por el filtro cañí, las reglas de la amistad, el alcoholismo y diversas vías de escape…  son filtradas desde una extraña y sugestiva honestidad insana hacia el lógico tamiz de esa divertida inmadurez, ruindad y ‘macarrismo’ que se adecúa a las aventuras de un Putokrío que deja su mejor y más completa obra, reflejo de ese aprendizaje cruel y enfermizo dentro de un contexto generacional identificativo de una época de confusión, fracaso y frustración.
De la tinta de algunos de los mejores dibujantes nacionales (por no decir que están todos), Riera exhibe la falsedad de muchos prejuicios ridículos de este mundo en el que subsistimos de forma tan miserable desde su personaje más carismático, llegando al punto cumbre y desnudándose (nunca mejor dicho) en las páginas de un volumen desinhibido, que somete al lector a dejarse llevar por este demencial universo salpicado de sutiles matices en un alud creativo que aceleran el interés de sus episodios autoconclusivos. ‘Putokrío’ es la obra más ambiciosa de este personaje de bigote que ha encontrado en este cómic el medio de comunicación ideal para propagar la esencia de su más representativa creación.

martes, 15 de julio de 2014

La asombrosa reparación de unas gafas de pasta

En diciembre de 2012, con motivo de la presentación del videoclip ‘It’s Alright’ en una radio local junto a mis amigos de Call Me John, dentro del programa ‘Tres Acordes Rock Show’ de Paco Jiménez, tuvo lugar una de las entrevistas más locas y divertidas en las que he participado (a partir del minuto 37:50). Después de aquello, tuve un percance a modo de involuntaria caída que acabó con mi rostro en el empedrado de una calle céntrica con un espeluznante y salvaje golpe que a punto estuvo de dejarme sin un ojo. De aquel incidente me ha quedado una cicatriz de cuatro puntos de sutura y otros tantos de aproximación que tuvieron que aplicar a la herida.
Sin embargo, lo que más me dolió no fue el trompazo, aunque no voy a negar que me asusté por lo aparatoso del golpe y por lo que podría haber sucedido. Lo que más me dolió fue que unas de mis gafas favoritas sufrieron las consecuencias del impacto tanto como yo. Tanto es el aprecio que les tenía, que incluso pregunté en la óptica donde las adquirí con la esperanza de que quedara algún modelo idéntico de montura en los restos de alguna temporada pasada. No hubo suerte. Así que me resigné y asumí la pérdida. En multitud de ópticas pregunté sobre una posible reparación, certificando en todas ellas la imposibilidad de reparo. Imposible. Pero ahí no acaba la historia.
Indagando en la red, pasados estos dos años, descubrí un comercio oftalmológico cuyo reclamo era, precisamente, la posible restauración de este tipo de monturas en su propio taller. Este blog no se caracteriza por publicitar ningún establecimiento ajeno a la temática multimedia que profesa. Esto es diferente. “De todos los trabajos de taller posibles (soldaduras en monturas de metal, reparaciones de varillas…), hay uno en el que somos especialistas: la soldadura de las monturas de pasta. En muchas ocasiones el resultado es espectacular y tu gafa de pasta parecerá como nueva”, se puede leer en su página web.
¿Qué tenía que perder? A tenor de las fotos de algunos ejemplos de arreglos, el resultado parecía casi un milagro. Siguiendo las indicaciones de la web, determinaron el posible remedio y envié mis gafas pagando un precio bastante asequible y con una rapidez fuera de toda duda. Con una gran comunicación con ellos, me enviaron las gafas totalmente reparadas. Como por arte de magia, volvía a tener la montura como si nada hubiese sucedido, a pesar de que en el golpe se perdió un pequeño fragmento de la parte superior derecha.
La óptica se llama Sanluis Óptico y está ubicada en A Coruña.
Desde aquí, amigos, os vuelvo a dar las gracias por vuestro pequeño “milagro” y devolverme mis gafas como si nada de lo narrado hubiera sucedido.

lunes, 14 de julio de 2014

Mundial Brasil 2014: Cuando la “Mannschaf” recuperó el cetro

Finalmente fue la selección alemana de Joachim Löw la que se llevó este Mundial de Brasil 2014, el primero en que una escuadra europea gana un título internacional fuera en América, rompiendo así un maleficio que se había instaurado en la Historia desde sus comienzos. Ha sido posiblemente el desenlace más lógico, atribuido a esa raigambre dominadora que ha encontrado en esta generación de futbolistas una compacta consecuencia del trabajo bien hecho, sustentado en un fútbol solvente que reposa en una variante del mediocentro del campo, con dos pivotes y una línea de tres mediaspuntas, apostando por la verticalidad de una estructura que ha ido en progresión en este mes de fútbol mundialista. De ahí que ayer, cuando Philipp Lahm levantó la Copa del Mundo, nadie podía reprochar la valía y el mérito de esta selección que necesitaba un título de este calibre como testimonio de tantos años de trabajo y en el que sólo la España del triplete pudo ganarle la pugna. Löw atesora una meticulosidad detallista que transmite a sus jugadores y que ha ido variando lentamente hacia un esquema que acentúa el control del balón y el toque en el medio campo y garantiza la estabilidad de unos jugadores comprometidos y correosos con el único fin de ofrecer la imagen que se ha dado en Brasil. La Mannschaf ha sido, desde su inicio, la gran candidata a ganar el Mundial.
La final fue un partido de fuerzas, con Argentina mostrando en los primeros compases un hambre por sorprender a Alemania que hizo presagiar con esos contragolpes desequilibrantes de Messi y Lavezzi que podía haber sorpresas sobre lo esperado y que llegó a su culmen del suspense con un disparo cruzado de Higuaín tras un error de Kroos, pero se perdió por la derecha de la portería de Neuer por muy poco. Cuando Alemania se recompuso, la final empezó a ofrecer un gran duelo de poderes, con alternativas para ambas selecciones, como ese gol bien anulado al “Pipa” que lo celebró como con él hubieran ganado el partido. Y fue en ese punto, donde el juego se fue diluyendo y se acabó Argentina. Alemania siguió a lo suyo, aferrado a su guión y fue recuperando el mando del choque. Incluso estuvo a punto de evitar la prórroga cuando Howedes cabeceó con voluntad y orientación un balón que se estrelló en el palo. La prórroga sirvió de nuevo para alargar el sufrimiento albiceleste, que buscó los penalties a toda costa, como último recurso para ganar la ansiada Copa. Lo hizo templando el partido y esperando un posible contragolpe que llegó en las botas de Palacios en una opción de picar el esférico que malogró de forma catastrófica.
Fue entonces cuando Mario Götze, el hombre sacrificado en el esquema de Löw en la primera fase con la colocación de Lahm como lateral y dando espacio a Klose, ejerció de héroe tras bajar con el pecho un pase medido de Schurrle y remató a la red para inscribir su nombre con letras de oro en la historia de los mundiales. Era el minuto 113, tres menos que cuando Iniesta hiciera lo propio con Holanda hace cuatro años. El fútbol había sido justo con los méritos de los bávaros y esa falta desperdiciada por Messi en los últimos compases, definió al gran derrotado y devolvió la gloria al combinado germano. Veinticuatro años después volvían a levantar la Copa que acredita a esta selección como la campeona del Mundo.
La sorpresa llegó acabado el encuentro, cuando la FIFA le entregó a Messi un balón de oro como mejor jugador del torneo. Sorpresa porque no responde a valoración cabal, porque "la pulga" ha fracaso cuando más se esperaba de él y su presencia ha ido menguando según iban pasando los partidos. Cierto es que el argentino había sido el baluarte clave con algunos goles que decidieron partidos y algún pase que hizo que Argentina haya llegado a la final, pero en Brasil no ha estado a la altura. Más bien todo lo contrario para el que está considerado como el mejor jugador del mundo y que sale muy cuestionado de esta competición.
Instantes para el recuerdo y nombres propios.
Este Mundial ha dejado sensaciones encontradas con equipos que no se consideran grandes y que supieron competir con prestigio y buen juego, desbordando a su rival y mereciendo incluso más suerte de las que el destino les devolvió a la realidad. Selecciones como Colombia, México, Costa Rica, Estados Unidos, Chile, Bélgica… incluso Argelia, Suiza o Nigeria pusieron muchas trabas a las selecciones veteranas que, con el factor de calidad y bastante fortuna, impusieron la circunstancia de ese injusto silogismo que justifica el prestigio de los grandes.
Nombres propios como James Rodríguez, Keylor Navas, Cuadrado, Joel Campbell o David Ospina han brillado por encima de estrellas mediáticas como Cristiano Ronaldo, Diego Costa, Balotelli, Rooney o Neymar, que se han ido por la puerta de atrás dejando una dudosa imagen. Hay otros, por contra, que sí avalan con su presencia la eficacia futbolística; Kross, Neuer, Schweinsteiger, Robben, Benzema… Brasil 2014 además nos dejó los dos goles de Miroslav Klose, que le convertían en el mayor goleador de los mundiales (cuatro disputados y dieciséis dianas) por delante de Ronaldo (quince) y de Gerd Müller (catorce) o con el mismo número de paradas en un sólo partido por parte del guardameta estadounidense Tim Howard, que pasa a la Historia superando un récord que data de 1966 durante el partido de octavos de final contra Bélgica.
También será recordado este campeonato por el lamentable incidente del mordisco de Luis Suárez a Chiellini, un incomprensible gesto del ídolo charrúa que le ha valido una ejemplar sanción de cuatro meses alejado de los campos y nueve partidos sin jugar con Uruguay.  Eso sí, parece inconcebible e ilógico que hayan ejemplificado una multa tan ejemplar con un hecho que queda casi en surreal anécdota si lo comparamos a la acción de Matuidi cuando lanzó una entrada salvaje a Onazi, fracturándole la tibia y el peroné al jugador nigeriano durante el partido entre Francia y Nigeria. Así mismo y en menor medida por la incógnita de la voluntariedad, el tremendo rodillazo de Zúñiga a Neymar que le costó la rotura de una vértebra. Recordaremos la sangre fría de Van Gaal a la hora de sustituir a Cillesen, su portero titular, un minuto antes del lanzamiento de penalties en los cuartos de final contra Costa Rica y convertir al suplente Krul en el héroe insospechado de la noche. Contra Argentina en semifinales no pudo repetir. Y así le fue.
Respecto a la selección española de Vicente del Bosque se puede decir muy poco, tanto como el juego triste y apático que desplegaron en una primera fase para olvidar, donde cayeron estrepitosamente, dramatizando una situación de fin de ciclo ante una Holanda que despertó del sueño a una generación de futbolistas que hicieron vibrar a un país entero. O contra Chile, que se ganó el derecho a ser reconocida como la auténtica y genuina selección llamada “la Roja”. Sin embargo, si por algo recordaremos este mes de fútbol, además de por el sistema GoalControl-4D para evitar los goles fantasmas y la espuma evanescente en aerosol 9.15 para la correcta colocación de las barreras ante una falta, si hay un instante que pasará a los fastos de la memoria colectiva ésa es la hazaña que la selección de Joachim Löw gestó en el estadio Mineirao de Belo Horizonte durante la primera semifinal.
El 1-7 de la humillación brasileña supone el mayor oprobio futbolístico a una anfiatriona dentro de los anales de este campeonato, ensombreciendo y sepultando con esta paliza aquel “Maracanazo” de 1950. El combinado dirigido por Luis Felipe Scolari fue un muñeco en manos de la Mannschaf, que destrozó sin piedad a la ‘canarinha’ para dejar en evidencia todas las debilidades del rival, marcando cinco goles en la primera media hora de encuentro (cuatro de ellos en sólo seis minutos -del 23 al 29-) y dejando esos desarticulados rostros de los aficionados y jugadores ante el desconcierto como la imagen de una severa derrota, del fracaso entre lágrimas de un modelo de fútbol que se vino abajo con pasmosa facilidad, arrasado con crueldad para abrir una herida nacional y deportiva cuyas consecuencias no se pueden prever.
Brasil 2014 ha finalizado emergiendo como un evento global capaz de silenciar a esas manifestaciones de protesta que generó un clima de violencia contra los gastos que el Gobierno del país había destinado al evento deportivo que beneficia a un solo licitador como es la FIFA, ese oscuro espectro salpicado por la corrupción, que compra y vende Mundiales y opera como una auténtica mafia. Un ejemplo que evidencia esas argucuias se vio ayer, cuando por un interés publicitario se le concedió a Messi el Balón de Oro del Mundial, máxime cuando ni siquiera haya sido nombrado en el once ideal del campeonato. Esto es otra historia, quedémonos con esta sobredosis de fútbol que deja un lapso muy corto de descanso de cara a la próxima liga que comienza el mes que viene.
Adeus Brasil, tem sido um prazer.
- Crónica resumen del Mundial de Alemania 2006.
- Crónica resumen del Mundial de Sudáfrica 2010.

domingo, 13 de julio de 2014

Análisis: Pau Gasol y su fichaje por los Bulls

N oLa noticia saltó a última hora de ayer en España. Pau Gasol se había convertido en nuevo jugador de los Chicago Bulls, despejando así todas las incógnitas sobre su futuro en la NBA. Se había hablado de un posible interés en el jugador español por los actuales campeones del campeonato, los San Antonio Spurs. No han quedado muy claros los términos de este traspaso. Se habla de una doble variable; que el ex LA haya sellado un “sign and trade” que le reportaría un contrato multianual que se acercaría a los 10 millones de dólares por año o bien haya firmado de forma unilateral para empezar a cobrar con un rango inicial situado sobre los 6,5 millones de dólares. En las próximas horas se desvelará este condicionante que impide hacer una valoración definitiva sobre el rol del ala-pívot en esta nueva etapa.
De cualquier modo, la llegada de Gasol a los Bulls permite un salto cualitativo para el equipo de Tom Thibodeau. Gasol permitirá un desglose de profundidad idóneo a un conjunto caracterizado por su fuerza defensiva, confiriéndolo un punto de calidad a su faceta más intimidadora en el poste. El 16 será un referente tanto en defensa como en ataque y si funciona y hay ‘feeling’ con Joakim Noah pueden convertirse en el ‘frontcourt’ más potente de la liga ¿Lo que ofrecerá Gasol a los Bulls? Es un buen pasador en el poste medio y bajo, maneja el balón con inteligencia y es un experto en jugar de espaldas y de cara al aro además de ser muy eficaz en el juego estático y de transición. Todo esto atribuirá al equipo una mejora en la productividad de juego, mejorando uno de los puntos débiles de los Bulls, que es la falta de empuje en el contraataque y que permitirá avanza la línea ofensiva. Con la llegada de Gasol se condiciona la continuidad de Carlos Boozer dentro del equipo y se da por hecho que deberá abandonar la franquicia mediante una cláusula de amnistía o si ha entrado en el citado “sign and trade” en el que podría entrar Mike Dunleavy, que ya ha dicho que no acepta verse envuelto en la operación.
Una de las resoluciones que deberá gestionar el cuerpo técnico de Thibodeau es cómo encajar y alternar la posición que venía ocupando Taj Gibson, uno de los jugadores de mayor progresión del equipo (la integración de los tres jugadores; Gasol, Gibson y Noa podría ser letal) y que invalida, en cierta medida, esa elección segunda ronda de los Bulls por un hombre de poste como es el australiano Cameron Bairstow. A lo que se condiciona el futuro de estos Bulls es al regreso y estado físico y mental de su estrella Derrick Rose, de su trascendente acoplamiento paulatino a la competición y de la incógnita que supone a su regreso de dos graves lesiones. Si Rose recupera las sensaciones y une sus fuerzas a la efectividad de Jimmy Butler y al aumento de protagonismo de Tony Snell, que está cuajando un Summer league bastante notable, el equipo encontrará muchas bazas de mejora en sus aspiraciones al anillo. También faltará por cerrar el traspaso de un Nikola Mirotic que ha bajado su cotización y esperanzas después de un final de liga bastante lamentable en el Real Madrid y su posición y rol en los Bulls y en el ‘rookie’ Doug McDermott, que llega como una promesa con un tiro certero desde fuera del perímetro.
Veremos qué sucede en esta nueva etapa de Gasol y si los Bulls cierran esta de reconstrucción y apuntalan su condición de equipo dispuesto a regresar por sus fueros a lo más alto de una competición tan exigente como es la NBA.

sábado, 12 de julio de 2014

Es mejor con Batman

Nadie va a negar que Batman es un icono de la cultura popular, más trascendente incluso que el mismísimo Superman. Los nuevos tiempos han otorgado al Caballero Oscuro ese céfiro paradigmático de héroe solitario convertido en superhéroe gracias a su inteligencia, astucia y un gran poder adquisitivo que le otorgan el privilegio de tener al alcance las más sofisticadas armas, gadgets y vehículos de revolucionaria tecnología. Bruce Wayne perfila las bases del bien y de la moral como consecuencias de sus actos, con una capacidad de identificación respecto al espectador basada en la extensión de un grado de control sobre lo inexorable que suele determinar cierta simpatía y comprensión. Es por ello que, aun aproximándose en cierta medida a los arquetipos típicos de los héroes del cómic, prevalezca la lacónica figura de un hombre sin superpoderes que además de combatir el mal es capaz de lidiar con los dilemas éticos en ese orbe lóbrega y sin ley reducida a un estado primitivo que es Gotham City.
Dejándonos de teorizaciones acerca del héroe quiróptero y de su alcance dentro del subconsciente colectivo, Batman lo “peta” fuerte dentro del imaginario colectivo. Es un hecho. Y tanto es así, que el héroe creado por Bob Kane y Bill Finger, podría ser un reclamo permanente en cada película que se ha estrenado en el cine contemporáneo. Es lo que se ha ideado dentro del Tumbrl ‘It's Better With Batman (Es mejor con Batman)’, en el que se nutren de divertidos montajes con películas en las que el Cabellero Oscuro aporta un plus positivo y mejorando con su presencia la cinematografía moderna.