jueves, 24 de abril de 2008

Review 'Rebobine, por favor (Be Kind Rewind)'

Renovación visual, bajo los designios de lo ‘freak’
Gondry elabora un homenaje a la cinefilia a través de una ‘buddie movie’ con grandes ideas, talento e incendiario discurso. Pero también con alguna carencia de mitología cinematográfica.
Después de tres películas como ‘Human Nature’, ‘Olvídate de mí’ o ‘La Ciencia del Sueño’ y una carrera más que fructuosa dentro del mundo del videoclip, Michel Gondry sigue persistiendo con su cuatro largometraje en otro reconocible evento surrealista de inspiración melancólica y poética, esta vez como enloquecido ejercicio de cinefilia, alejado de sus dos anteriores melodramas obsesivos sobre el amor y el romanticismo. El cineasta galo abandona la temática del corazón para recrear otro tipo de pasión; la del cine dentro del cine, la idealización creativista de dos personajes que se ven avocados a dar rienda suelta a su vena cinematográfica y creadora cuando, por culpa de una descarga eléctrica, uno de ellos se transforma en un desmagnetizador humano, borrando todas las cintas de vídeo de un viejo videoclub a punto de ser demolido del que el otro queda al cargo. El original punto de partida hará que ambos tengan que rehacer (en una suerte de ‘remakes’ de serie Z) las películas que piden los clientes, tan sólo armados con grandes dosis de imaginación y los pocos medios de los que disponen. El resultado es lo que se de denominará como ‘suecadas’, condensación personal y sintetizada de las cintas que mantienen el espíritu original, pero vueltas a rodar con el único afán de la necesidad y el divertimento.
El mundo hipertrofiado de ensoñación de Gondry sigue caminando entre el naturalismo, la estética feísta y un personal e íntimo surrealismo, que funciona a la perfección en el melodrama y en la comedia, como es el caso, en su manifestación provocadora sobre el destino incierto del cine al amparo de los nuevos modelos audiovisuales (como Youtube y el fácil acceso a cámaras domésticas de gran calidad), allí donde Gondry especula e invita al espectador a la intrusión ilusoria de los sistemas cinematográficos actuales.
‘Be Kind Rewind’ basa su fuerza, su vida y su comicidad en la imperturbable ilusión por crear, por rodar sin ningún tipo de formalismo, donde impera la imaginación vinculada a la creatividad de trabajo manual que remite a sus habituales medios de fantasía; algo tan sencillo como el cartón, la pintura, los hilos, la plastilina o el dibujo. Es el enfrentamiento a la digitalización del cine que impone el autor francés, remitiendo en intención a la ficción rústica de la inventiva, como lo hicieran Meliès o Segundo de Chomón en los orígenes del Séptimo Arte.
Con ello, Gondry está reivindicando la necesidad de que cada uno cuente sus ideas con los medios que existen, afirmando libremente la utópica idea de que todo el mundo puede ejercer de cineasta y exhibidor, como una preciosa oda a la democratización del acto creativo y cinematográfico que postula a favor del vídeo y el énfasis por rodar como medio de aprendizaje y de progreso artístico. Cuando Jerry (Jack Black) y Mike (Mos Def) se ven obligados a crear su propia película, lo hacen a sabiendas de estar pariendo un cine cutre y sin complejos, pero al alcance de todos los públicos, como concepto descentralizador y participativo, aquél que hace más amplio el acceso al medio audiovisual, en este caso, a todo un barrio enganchado a las ‘suecadas’ de los dos protagonistas. Supone así un nuevo vistazo a la tipología cómica de la patafísica, renovada bajo los designios de lo ‘freak’, del ente cinematográfico hecho con el gusto y la añoranza por los clásicos comerciales de los 80. Un cine que ha marcado a toda una generación de cineastas y que, incluso hoy en día, sigue sin estar reconocido por la crítica más versada.
Gondry expone con melancolía el cine como un sueño que vivir, una voluble ilusión utilizada como escapismo a la vida real. Sin embargo, ésa realidad, como consecuencia, destruye los sueños que sirven como catalizadores de los deseos que son inalcanzables. Es la diatriba entre esta idea de la democratización del cine y el conflicto que se da entre la calidad y las oportunidades. Lo que está haciendo Gondry, a través de la anacronía del VHS, es metaforizar con el presente y futuro del cine, donde por mucho que las ‘suecadas’ funcionen como una coartada intelectual de lo más estimulante, choca de lleno con el cine “de verdad”. A fin de cuentas, con la todopoderosa industria de Hollywood.
Gondry cuestiona así la industrialización comercial del cine, simbolizado en los arquetípicos especuladores de terrenos que destruyen la nostalgia y el pasado o los tiburones y abogados de los grandes estudios que acusan a los héroes cotidianos de plagio, cuando en realidad lo que están haciendo es cercenar una esperanza utilizando las leyes de piratería en su propio beneficio. El mensaje, visto de este modo, no deja de ser incendiario, puesto que se plantea un cine visto como tal por las multinacionales, porque, queramos o no, es la única vía para crear una película con aspiraciones comerciales. Incluso ‘Be Kind Rewind’ entraría en esta catalogación. Y Gondry lo sabe. Y no deja la oportunidad de potenciarlo con el talento subversivo que le caracteriza, idealizando la necesidad de narrar historias con un ímpetu romántico, sin atender a condicionamientos ni presupuestos.
Es la nostalgia por la expedición, un viaje por la memoria, a través de los títulos que los protagonistas ‘suequean’ (‘Cazafantasmas’, ‘Robocop’, ‘Carrie’, ‘2001: Una Odisea del Espacio’, ‘Hora Punta II’ (sic)… y todas las películas que no han podido mostrarse por culpa, precisamente, de los derechos tan férreos de las grandes ‘majors’), la reivindicación de las VHS de toda la vida, en un acto de amor al cine y a la películas de vídeo con las que muchos han crecido. Aunque ahí esté su peor defecto. Precisamente, en que esas parodias de las películas son simples anécdotas, recursos delirantes pero sin profundización o brillante síntesis. Tan sólo algunos planos reconocibles o la sobreimpresión de los títulos de las películas hacen reconocibles los homenajes. Es la gran traba de este inocuo divertimento.
La ensoñación idealista viene dada, empero, por la singular relectura del metalenguaje aplicado a la fábula sobre el cine dentro del cine y su fragmentación de mecanismos genéricos divulgados a través de los títulos que se ‘remakean’. A pesar de que ‘Be Kind Rewind’ es la más descarada apuesta por la comercialidad por parte de su director, también es cierto que sigue siendo, aunque con menos frescura que sus antecedentes, cine creado con la artesanía de un maestro a la hora de llevar a cabo la realidad conferida con un extraño y sugestivo toque de naturalismo y fantasía; bien sea en la recreación rústica de las películas que desfilan por la pantalla, como por esa fascinación de un entorno de barrio del pequeño Passaic, en Nueva Jersey, captando el tono suburbial, punto de unión en la subhistoria de "Fats Waller", uno de los primeros grandes pianistas de la historia del jazz. Recurso que opera como testimonio de la nostalgia, de la memoria común, para deducir que el cine es un acto de paganismo que enlaza y une a una comunidad.
Es, en definitiva, una hermosa ‘buddie movie’ que funciona como comedia y, en varios de sus segmentos, como película emotiva, de tesis o de acción, en una falsa concordancia populista que llegue a todos los sectores del público. La ilusión, para Gondry, es lo último que hay que perder, como viene a representarse en la historia paternofilial del viejo Elroy Fletcher (Danny Glover) y Mike, engañado toda su vida con la única esperanza de mantener la esperanza. Ésa es la médula espinal sobre la que sustenta un filme que tiene en Jack Black a su mejor embajador. Un actor inmerso en su salsa de excesos, desbordante en su peculiar y poco reconocido histrionismo en el que sólo él sabe dar rienda suelta a sus tics cómicos y aspavientos estrafalarios que aquí funcionan como nunca.
‘Be Kind Rewind’ podría haber sido obra catedralicia de la cultura popular, de los años 80, de la memoria cinéfila de unos cuantos que muestra con sutileza que su interés y vigencia tiene que va más allá de la interesante trama de su divertida sinopsis, incluso de ese emotivo final que no pretende moralizar ni dejar una moraleja optimista. Pero lo cierto es que Gondry parece dejarse llevar por la epidérmica sensación de sentimentalismo propio de los grandres ‘blockbusters’ a los que homenajea y no al verdadero espíritu que podría haberle atribuido a tan honrosa ofrenda fílmica.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2008