lunes, 11 de febrero de 2008

Review 'Monstruoso (Cloverfield)'

La democratización de ‘YouTube’
El producto de J.J. Abrams, más allá de su historia sobre monstruos y superviviencia, es un ejemplo de evento comercial e innovación extracinematográfica que utiliza los nuevos medios de comunicación generacionales y culturales.
Detrás de ‘Cloverfield’ se encuentra uno de los términos que componen el presente y futuro de la cinematografía comercial, del llamado marketing viral utilizado como movimiento de una idea o concepto proveniente de la publicidad ‘on-line’ basada en la explotación de la red para provocar un incremento exponencial de un ‘brand awareness’ o conocimiento de un determinado producto o marca. Ése énfasis de “contagio”, de perpetuación en cadena espontánea, fue el origen de la asombrosa campaña que J.J. Abrams, el célebre nombre tras series como ‘Alias’ y ‘Perdidos’, lanzó como ‘pre-promoción’ del filme en Internet. Un simple vídeo, alguna imagen, varias teorías sobre el monstruo y otros tantos rumores alimentaron el interés colectivo por esta producción que, siguiendo los pasos de la publicidad utilizada por la película ‘Snakes on a Plane’, lograron obtener un ‘target’ que, definitivamente, ha funcionado paradigmáticamente en taquilla, abriendo una nueva puerta al cine comercial y adaptando la dialéctica comercial en la red de redes para su democratización en el cine.
La fórmula es simple; una serie de descubrimientos científicos, una famosa bebida imaginaria llamada Slusho, un monstruo con sed de destrucción, los perfiles y relaciones de unos jóvenes que utilizan los nuevos medios de interrelación (tipo MySpace) y muchas otras posibilidades que engloban términos como Tagruato, TIDO Wave, la fecha del estreno en USA (1-18-08), el naufragio de una estación petrolífera e incluso una página de corte romántico llamada jamieandteddy.com… Todo ello es necesario para seguir la película antes y después de su visionado. El filme de Matt Reeves es sólo una pieza importante dentro del laberíntico misterio que ha promulgado este golpe de efecto promocional que lleva una película de Hollywood más allá de lo conocido hasta el momento.
Es necesario seguir pensando en “qué ha pasado” y “por qué” cuando el espectador ha salido del cine. Las respuestas: en Internet. Es el particular juego que propone este visionario producto comercial, anticipación a modo de augurio generacional y cultural. Tanto es así, que ‘Cloverfield’ se nutre en su totalidad del efecto ‘Youtube’ en nuestra sociedad, la necesidad de inmediatez y visualización de todo lo acontece, provocando que objetividad se ofrezca coartada por la perspectiva del suceso desde múltiples ángulos. Es la esencia de este experimento visual y narrativo en el que impera la fórmula del ‘shaky-cam’ o filmación subjetiva en primera persona, seguido por la reciente ‘[REC]’ (antes ‘The Blair Witch Project’ y el arcaico ‘género Mondo’) o que pronto podrá verse en el nuevo Opus terrorífico del maestro George A. Romero en ‘Diary of a Dead’.
No se trata tanto de divulgar esa ‘hiperrealidad’ sensacionalista que busca la supuesta autenticidad, aunque por ello nunca se renuncie a la verosimilitud, tampoco se impone la necesidad de mostrar y recrearse en lo terrorífico, ya que el monstruo apenas se ve (desde que irrumpe permanece sin una posible evasión en las venas del filme). Lo importante es el efecto de espectáculo y entretenimiento al que someten Reeves y Abrams al espectador, en un parque de atracciones sumido en pleno Manhattan, que bebe de todos los tópicos del cine catastrófico, pero sabiendo rehusar de todo lo preconcebido. ‘Cloverfield’ está, en ése sentido, mucho más cerca de los videojuegos o la televisión que del cine de terror. Y es lo que funciona a la perfección dentro de la cinta.
Abrams sabe que, desde una perspectiva de cimentación ideológica fundamentada en el capitalismo del éxito, hay que pasar por el automatismo indiscriminado que se perpetúa en la actualidad por las nuevas tecnologías. Eso es perceptible dentro de la cinta, no sólo en el concepto de su narrativa visual, sino en muchos casos en la idea de obligatoriedad a la hora de recoger testimonios en cualquier formato. Basta con observar el instante en que irrumpe la cabeza cercenada de la Estatua de la Libertad en plena calle después del impacto de unas sacudidas sísmicas. Cuando el pavor colectivo se disipa, en unos segundos el terror se convierte en estúpida curiosidad de los testigos por capturar el momento en su móvil o sus cámaras digitales esta dramática imagen. También lo es el autoconvencimiento del cámara amateur por estar rodando parte de la historia. Para comprender nuestro tiempo, para llegar al fondo de ‘Cloverfield’, hay que estar al tanto del entramado que vincula Internet con el cine, la publicidad y la televisión.
Por eso, aquí la historia es lo de menos. J. J. Abrams propone un ‘Godzilla’ visto desde el ángulo de visión humana, como un documento “no profesional” que pervierte la necesidad de mostrar el monstruo desde el ojo humano (en todo momento bajo la elipsis), anexo a la realidad y a la atmósfera opresiva que va avanzando en función, eso sí, del espectáculo de una ficción, de gente huyendo buscando una salida y que, aún así, la trama pase a percibirse fraccionada por los segmentos clásicos de la narración en tres bloques. Además, sin desechar la posibilidad de adscribirse a ese modismo dramática que consiste en soterrar bajo una actitud nihilista la significación conceptual de la historia de terror colectivo, el reiterado retrato de confusión y pánico que rememoran la ansiedad post-11S. Aunque esto sea ya un argumento monopolizado cada producción de Hollywood que llega a nuestras pantallas.
Lo paradójico de todo es que, más allá del monstruo de espíritu ‘lovecraftiano’, del ‘kaiju eiga’ como excusa, ‘Cloverfield’, contra todo pronóstico, se muestra como una aventura romántica que sólo se entiende si se obvia la lógica y se apela a la pasión. Por poner un ejemplo; aquí sucede lo antitético a ‘28 semanas después’, donde, siguiendo el instinto de supervivencia, el personaje interpretado por Robert Carlyle huída dejando a su mujer en manos de los infectados para salvar su propio pellejo. Aquí Rob (Michael Stahl-David), uno de sus jóvenes protagonistas, supera todo tipo de obstáculos y se mete en la boca del lobo para rescatar al amor de su vida.
En definitiva, estamos ante la eterna historia de un fulano al que sólo le importa estar junto a la chica de la que está enamorado mientras el mundo se descompone, pese a quien pese. ‘Cloverfield’ es un filme subversivo e inteligente, que superpone el entretenimiento a cualquier otra cosa y que está realizada con absoluta maestría a la hora de confabular realización, efectos especiales, sonido y demás aspectos técnicos con una clara apuesta por el riesgo que no esquiva el recurso de los lugares comunes propios del género.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2008