lunes, abril 30, 2007

La secuela

La segunda hija de los príncipes de Asturias se llamará Sofía, en honor de su abuela, la Reina. La pequeña nació ayer por cesárea a las 16.50 horas en la clínica Ruber Internacional de Madrid, cuatro horas y media después de que su madre ingresara en el centro médico con contracciones. Pesó 3.310 gramos y midió 50 centímetros, un poco más delgada que su hermana cuando nació y un poco más alta.

jueves, abril 26, 2007

Review 'The Reaping'

‘La Cosecha’, más allá de su argumento, que invoca una extravagante miscelánea de ominoso discurso apocalíptico y esencia de iluminación ‘místicoterrorifíca’, reúne, a priori y sobre el papel, suficientes elementos para resultar, cuanto menos, coherente en su producto final. Veamos; su director es Stephen Hopkins, un cineasta que se ha hecho popular gracias a ser uno de los baluartes de la mediática serie televisiva ‘24’, amén de dirigir algunas producciones de interés (pero sin llevarnos las manos a la cabeza) como ‘Under Suspicion’ o la poco conocida ‘The Life and Death of Peter Sellers’, por otra parte, su actriz, el irrefutable zócalo sobre el que pivota el filme es Hillary Swank, una excepcional intérprete que aglutina en sus vitrinas dos Oscar, pero que, más allá de esa lujosa condición, ha demostrado que es una de las mejores figuras de la cinematografía norteamericana actual. Sin embargo, en la ‘La Cosecha’, ni su realizador ha conseguido aportar ninguna atmósfera que dé al filme una personalidad propia, ni la actriz de ‘Million Dollar Baby’ está a la altura. El primero, carece de cualquier energía onírica o arresto a la hora de llevar a cabo su función, dejando contemplar en contadas escenas alguna escena impactante, cayendo en el error de la profusión artificiosa, de afección descompensada. La segunda, tampoco aporta gran cosa a un personaje sin sustancia. Sólo su presencia, que está muy buena sí, pero también con un buen hacer. Eso sí, sin mucho esfuerzo.
Con estas dos desacertadas piezas de ‘marketing’ para un proyecto de laxo empaque, poco queda decir del resto de un guión endeble, que abusa de los recursos a modo de ungüento genérico en los que cae una y otra vez, sin ideas nuevas que aportar. Esta historia de renacimientos espirituales ostenta una narración donde subyace un recargado maniqueísmo que contrapone dogmas, crisis de fe, raciocinio y ciencia, donde ateos y creyentes se enfrentan con la Biblia, como pauta de juego en el que el Apocalipsis, el bien y el mal y las demoníacas plagas ejercen de alicientes en una película que recurre al ‘flashback’ como lógico modismo para tanto despropósito. Por si fuera poco, su desenlace resulta, además, irrazonable y disparatado. El golpe de efecto como exclusivo procedimiento con el que sobrecoger al espectador tampoco funciona, ya que éste, consciente de los mecanismos del cine de terror tópico (como es el caso) y de sus limitaciones, encuentra antes el letargo que cualquier muestra de estremecimiento, por mucho que los efectos especiales, sin grandes ostentos, cumplan su discreta función (como la secuencia del río de sangre y la estupenda plaga de langostas).
En definitiva, un reiterativo catálogo de ‘sustos’ vendido como un ‘thriller’ sobrenatural que, a pesar de su pretensión mustia disertación sobre los prejuicios y supersticiones de la América Profunda, cae en la indolencia por la asombrosa falta de convicción con la que ha sido confeccionada.

martes, abril 24, 2007

Noche de fútbol

Hay instantes en la vida (pocos, casi contados), en los que expresar que te fascina el fútbol es casi una necesidad.
Esta noche ha aflorado esta sensación.

viernes, abril 20, 2007

Review 'The Good Shepherd'

La impasible frialdad del espionaje
De Niro escarba en los cimientos de la CIA con un drama de espías que apunta con saña a unos valores americanos dinamitados, paradójicamente, por la apología del patriotismo.
Bien se podría equiparar Calogero, el personaje protagonista del debut de Robert De Niro tras las cámaras ‘Historia del Bronx’, con este hierático y sórdido Edward Bell Wilson de la segunda incursión como realizador que supone ‘El Buen Pastor’. El primero, un joven fascinado por la celebridad de un doctrinario gángster al que salva de ir a la cárcel se equipara al segundo en el deslumbramiento por una jerarquía (la mafia por un lado, la CIA, por el otro) que escapa a la supuesta normalidad de los progenitores de ambos, percibidos como cobardes y débiles ante unas onerosas vidas de otros padres que sustituyen a los consanguíneos, bien sea por dinero y respeto o por lealtad y patriotismo, según convenga. Lo que está claro es que a De Niro le atrae la representación antagónica de dos figuras paternas, la real y la social, enfrentadas en un mundo de creciente crisis, donde el humanismo se relega a un segundo plano en el que los valores humanos, la genealogía y la moral alteran su sentido ante la hegemonía del poder, el dinero, el trabajo o la reputación.
Para su esperado regreso como director tras catorce años alejado de la dirección, De Niro ha escogido, inteligentemente, el libreto de Eric Roth ‘El Buen pastor’, la historia de Edward Wilson (con ecos biográficos del espía James Jesus Angleton), reclutado por la OSS, agencia del gobierno encargada de captar agentes secretos, debido a su clarividencia e indestructible fidelidad a los valores americanos. Una vida desarrollada desde 1939, en los sumideros intelectuales y universitarios de Yale (la logia masónica Skull & Bones), el origen de la todopoderosa CIA estadounidense, hasta 1961, periodo crucial en el panorama internacional para Estados Unidos con la II Guerra Mundial y las tensiones posteriores con la Unión Soviética y el desastre de Bahía Cochinos en Cuba. Un lapso, donde hay que subrayar la pésima caracterización de los personajes en sus diversos tiempos, un escollo imperdonable dentro de la pulcritud con la que De Niro ha mimado cada detalle de su corta obra como cineasta.
A lo largo de 167 minutos, De Niro indaga en la ética instituida única y exclusivamente a la lealtad por los valores patrióticos de un personaje reservado, antipático, hermético y autosuficiente, que es capaz de sacrificar todo aquello que simboliza la felicidad humana para salvaguardar a su país. Desde un prisma desmitificador e impasible con el subgénero de espionaje, Roth y De Niro, presentan, en primera estancia, a un hombre rutinario de aparente vida gris que, en el fondo, está podrido de secretos y mentiras, sumido en un sórdido mundo de apariencias, de archivos secretos e información clasificada. Una vida críptica que logra traspasar la pantalla con solemne frialdad, delimitada a saltos constantes de tiempo que transportan al espectador a la juventud de Wilson y a los años 60, donde la paranoia y obsesión por el trabajo bien hecho le han convertido poco menos que un monstruo sin entrañas de impávida displicencia. De hecho, Matt Damon (que realiza una labor interpretativa encomiable) recuerda considerablemente a su rol Jason Bourne, con la que la película de De Niro tiene algún punto en común, por el carácter sombrío e impasible con el que se enarbola la trama de espionaje dentro del conspirador entorno de la política internacional.
‘El Buen pastor’ se recrea en la terrible composición de un personaje sin alma, frío y calculador, capaz de postergar cualquier tipo de dilema moral y familiar en función del enfrentamiento que surge entre las organizaciones y sus relaciones geopolíticas, encubriendo coacción y violencia. A De Niro le interesa más el drama intimista, pero a la vez sórdido y sucio, de un hombre con un código de honor incorruptible, incapaz de ofrecer reciprocidad a la mujer que ama (una Tammy Blanchard que se sitúa muy por encima de la gran labor de Angelina Jolie, que interpreta a la mujer con la que el agente se casa porque la deja embarazada, respondiendo así a una cuestión de honor) y que labra una única amistad con un agente de la KGB que actúa como confidente. Único estribo donde la verdad hace acto de presencia en la vida de un hombre cuya paranoia y crueldad se acrecienta cuanto más profesional se vuelve.
Cierto es que en muchas partes de la película, De Niro dilata en exceso esa profusión de quietud y parsimonia con la que se narra la historia, deteniéndose en un licencioso detallismo centrado la intimidad del personaje en relación al corrupto mundo que le rodea (sobre todo, en su parte final y en las secuencias de drama familiar y juventud), pero que exige este demorado ritmo, ineludible para que la maquinaria escénica y narrativa mantenga la pauta clasicista y traslúcida del actor y director.
Si bien es verdad que De Niro, bajo el gélido acercamiento a la vida de este impertérrito espía esconde una intención de épica y solemnidad, también lo es su invisibilidad a la hora de ponerse tras la cámara, esquivando cualquier percusión grandilocuente para dejar que la narración se exhiba con su pureza narrativa, manteniendo una agradecida visión hiperrealista de la historia, desde una posición disyuntiva, sin maniqueísmos ni rémoras morales, donde cada personaje (excelentes Alec Baldwin, Michael Gambon, William Hurt, John Turturro, Joe Pesci…), por mínima aparición que tenga, es vital en el transcurso de la historia.
Construida con grandes dosis de eufemismo, ‘El buen pastor’ descubre sus mejores cualidades en esa crudeza inhumana de un discurso que desbarata la jerarquía sobre la que se sustenta ese ente patriótico que es ‘american way of life’ (y más en la época en la que transcurre el filme); la familia, un término arcaico desmantelado y despreciado que no es más que un estorbo dentro de la poderosa organización que simboliza la CIA, el padre protector que sustituye a la figura paterna de un cobarde y débil traidor a la patria cuya poderosa y alargada sombra golpea la conciencia de un personaje que logra eliminar el único recuerdo que humanizaba su persona.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007

martes, abril 17, 2007

Publicidad inédita

He aquí 50 anuncios publicitarios a modo de 'advertisements' que nunca veremos.
Curioso.

La 2, con el cine de culto

La 2, cautelosa con casi todas sus emisiones, muchas veces pretenciosa y adherida a esa impronta de abogar por el cine de culto, revisó el pasado domingo ‘Donnie Darko’, la obra de referencia de Richard Kelly que aglutina atacantes y valedores a partes iguales.
Y lo hizo de la peor manera en que se puede menospreciar y deslucir un filme. La copia que emitieron fue una de las más escandalosas muestras de negligencia absoluta, pasando la cinta con una ínfima calidad que hicieron que antes que una emisión televisiva pareciese un ‘screener’ mal grabado, con su doblaje castellano espantoso, con colores disipados y una sensación de estigma visual como hace años que no se veía en televisión.
Un acto de incuria de lo más insultante para con los que admiran esta película y para aquellos que se dispusieran a descubrir las bondades de una ‘cult movie’ irrepetible.

viernes, abril 13, 2007

Se retrasa 'Zodiac' hasta julio

Me las prometía muy felices cuando, hace algunas semanas, aprecié, en todo su esplendor un enorme ‘display’ (esos cartelones que anuncian un filme de próximo estreno) que anunciaba el estreno de ‘Zodiac’, en el que se subrayaba una fecha concreta: 20 de abril. Haciendo cábalas, mis ansias han ido creciendo con el paso de los días, martirizándome por las ganas de ver el último trabajo de David Fincher.
Pues llega la temible (por otro lado, y no sé porqué, predecible) noticia. Así, en los morros. ¡ZAS! En toda la boca. La adaptación basada en los dos libros del periodista Robert Graysmith, ‘Zodiac’ y ‘Zodiac Unmasked’, que tuvieron como objetivo al Asesino del Zodiaco, un psicópata que frecuentó el área de la bahía de San Francisco cometiendo asesinatos al azar y enviando cartas a la policía y al FBI entre 1966 y 1974 y que, al día de hoy todavía sigue sin cerrarse, tendrá que esperar hasta el 27 de julio. Nada menos. Con todo el calorazo de la canícula.

jueves, abril 12, 2007

Primera imagen de 'Iron Man'

Ya hay primera instantánea de ‘Iron Man’, adaptación del cómic creado por los siempre geniales Stan Lee y Jack Kirby en marzo de 1963 para ‘Tales of Suspense’ que llevará al cine el actor y director Jon Favreau. Primera toma de contacto en forma de avance de esta conjunción de hombre y máquina que Paramount estrenará el 2 de mayo de 2008.
Hasta entonces, habrá que ir esperando más demostraciones de marketing dosificado como esta. Los escépticos, como es mi caso, tampoco esperamos gran cosa de esta enésima traslación de un cómic a la gran pantalla. Por mucho que el elenco esté formado por Robert Downey Jr., Terrence Howard, Gwyneth Paltrow, Jeff Bridges, Shaun Toub y Leslie Viv.

miércoles, abril 11, 2007

Santiago Segura y su lamentable 'telebasura'

‘Sabías a lo que venías’ es un título muy adecuado debido al objetivo del nuevo programa de Santiago Segura. A nadie pilló por sorpresa este falso debut televisivo (“nunca había tenido un programa de televisión”, afirmó el actor y director, queriendo olvidar así su penoso paso por Antena 3 con ‘Dobles parejas’ junto a Raquel Meroño). Segura bordó y perfeccionó lo que mejor saber hacer desde hace años: reírse del espectador. Y lo hizo a lo grande. Con un bochornoso ‘show’. Un lamentable espectáculo que podría definirse como el mayor bodrio televisivo vista en muchos años. Ya la cabecera avanzó una manifiesta finalidad de Segura; la de ser el protagonista omnipresente del paupérrimo ‘late night’ que se ha sacado de la manga, desplegando su egocentrismo hasta el infinito del ridículo. Sin su gracia y desparpajo habituales, sin la improvisación que ha hecho de él un ‘crack’ mediático, se mantuvo rígido, sujeto a un guión de estructura atropellada y expeditiva, pero vacía en contenido y virtudes. Torpes secciones carentes de comicidad, ‘sketchs’ de baja estofa, ramplonería en ingentes cantidades y el despropósito como arma de fuego arrojadiza al indolente público televisivo han hecho de este primer programa de ‘Sabías a lo que venías’ una de las más vergonzosas muestras de categórico fracaso, de grotesco descalabro que lleva a la pregunta: “¿quién coño paga esta tomadura de pelo?”.
Su agarrotamiento inicial, memorizado, falto de lucidez, sin la ironía o la mala hostia que tan bien sabe pregonar Segura, quedó en una presentación de número cómico de instituto, dando paso a un sinfín de dislates catódicos; su idea de aglutinar contexturas pretéritas de la televisión más ‘freak’ se saldó con inconvenientes apartados y nocivos a la vista. El siempre entrañable Tony Leblanc hizo un breve ‘speech’, que a la postre fue lo único que respeto Segura, manteniéndose en segundo plano, sin hacer alarde de su inoportuno acaparamiento. Un tal Crispi Castellanos (con el mejor peinado de los últimos tiempos. Muy mítico) salió a no se sabe muy bien qué para acompañar al director de ‘Torrente 3’ en la entrevista más nefasta e ignominiosa de la última década (superando en desatino al mismísimo Buenafuente). La víctima: un Iker Casillas que se definió nada más empezar como “buena gente y muy majete”, lo que le puso a la altura de una retahíla de inconsecuentes preguntas que concluyeron en un lamentable exhibición dándole patadas a unas naranjas.
Tras esto, el vendaval de afrentoso absurdo, de gilipollez supina y de deshonesta muestra de obscenidad para con el espectador; que si Paula Melievo (otro búcaro de terso ombligo con piercnig, muy atractiva, pero que no sabe vocalizar) como futura reportera, que si ‘El noticiario de El Jueves’, imitando sin gracia las figuras de ‘cutout animation’ al estilo 'South Park', que si el Profesor Castillejo, mezcla de experto paranormal y erudito entendido de los pelotaris vascos, que si unos monologuistas con apáticos nombres con afán de diversión llamados Chuchi Carraspillas, Enrique ‘El Grande’ y Oswaldo Lorido… Personajes esperpénticos, momentos olvidables y eméticos, como el propio Segura dentro de este circo de continua irracionalidad. Recordó, en muchos momentos, a los peores inicios de Tele 5 de las Mamma Chicho, a la decadencia del ‘Un, dos, tres…’ con fútiles personajes estrambóticos a los que sólo les faltó dejar una tarjetita que escondiera el regalo que sorteaban como otro fallido ‘gag’: una gallina y un DVD.
Por si fuera poco el desastre, se presenta Gustavo Biosca, pretendiendo aportar el tono gamberro y macarra del programa, reivindicando la pose ‘JackAss’, con un reportaje en el que se introducía vestido con la camiseta de Ronaldinho en un local atestado de madridistas durante el choque Real Madrid-Barça, portando un megáfono y procurando enardecer a los aficionados merengues con una patética actitud de insustancialidad que dejó una pobre sensación acorde con un programa al que le quedaba aún ese ‘Operación Rescate’, con un jurado de lujo; Cañita Brava, Luixi Toledo y Leonardo Dantés. Pero Segura, perdido en su individualismo egoísta, dejó pasar la oportunidad para rescatar la poca dignidad que le quedaba al espacio televisivo y en vez de ceder el momento de gloria a estos tres fenómenos del ‘bizarrismo’ nacional, hizo lo que se esperaba de él; tomar la iniciativa con sus chistes a costa de los demás, sin dejar que el ‘show’ de estos tres músicos (o como se les quiera llamar) fluyera en semejante pugna de extravagancia. Y lo que es peor… todavía quedaba lo más degradante. A excepción de un Javier Jurdao de extraña e inhabitual semblante (apenas sin cejas y con un estiramiento facial con saturado maquillaje) que hizo lo que pudo contando alguna anécdota con algo de gracia, llegó el momento de ese espécimen llamado Natxo Allende, conocido por todos como “Torbe”, procurando a la platea y al público en sus casas una muestra de ridículo casi paradigmático, de macilento y hediondo humor basado en la grosería y la enajenación mental de un perturbado sexual que se cree gracioso. La guinda a la incoherencia, a la necedad de un programa que se merece todos los adjetivos sucedáneos de “infame”. Tras la entrevista a Casillas, Segura dejó bien claro su finalidad con este ‘show’; “No tengo palabras para describir la entrevista que te he hecho”. Es lo que casi todos los que nos tragamos y sufrimos ‘Sabías a lo que venías’ pensamos. Nos quedamos sin palabras ante lo visto.
Santiago Segura ha logrado superar a su más mítico personaje y ha traicionado a los que, ya más escépticos en los últimos años con su estilo y personalidad, esperaban que este programa aportara algo de originalidad al apagado panorama televisivo. Pero no. Segura ha conseguido llevar a cabo, seguramente, el peor y más infecto programa de todos los que se han estrenado en la historia de la Televisión reciente.
Si ésa era la intención, enhorabuena, Santiago.

Retransmisión del Valencia - Chelsea: Querer no es poder

A veces, el afán localista por creer en el triunfo a toda costa conlleva una subjetividad que no se corresponde en absoluto con la realidad que acontece.
Min. 50. Comentaristas de A3 (después de mostrarle la tarjeta a Albelda): “…Albelda no podrá jugar la semifinal…”.
Min. 51. Gol de Shevchenko.
Min. 87. Comentaristas de A3: “…ahora sólo queda que el Valencia meta un gol que clasifique al equipo para la semifinal o que vayamos a la prórroga…”.
Min. 89. Gol de Essien.
¿Quién tiene la culpa de todo esto? Por supuesto, el Athletic de Bilbao y Mejuto González.

lunes, abril 09, 2007

Review 'Notes on a scandal'

Entre el elegante ‘thriller’ y el perverso drama
La profesora Barbara Covett lleva una solitaria existencia hasta que entra a trabajar en el instituto Saint George. Allí conoce a Sheba, una compañera, y entabla amistad con ella y su familia. Pero Sheba tiene un secreto: mantiene una relación apasionada con un alumno menor de edad. Cuando llega el inevitable escándalo mediático, Barbara ofrece a su amiga un siniestro e incondicional apoyo. Es la sinopsis de un filme que, sin grandes alardes, propicia una película de lo más sugerente, donde subyace una meritoria valentía en los tiempos de corrección política y falsa y maniquea moral que nos rodea. Richard Eyre y su guionista el dramaturgo Patrick Marber disponen de forma perversa y calculada, bajo la normalización de su contenido, una temeraria historia donde se coquetea con pederastia consentida, con la obsesión lésbica y malsana, con la culpa del adulterio y el denominador común que une todos estos elementos: la soledad y la frustración de personajes abnegados, que buscan una excusa para escapar a la medrosa monotonía de sus vidas.
El filme de Eyre fluctúa entre el melodrama de personajes y el ‘thriller’ psicológico, sin perder de vista en ningún momento su oscuro intimismo, el odio y la intensidad que degenera en un sentimiento de traición elaborado con enferma sordidez. Por eso, todos los caracteres son disformes. Procuran esconder sus mentiras y secretos, sin poder evitar que se desgranen en la retrospectiva y subjetiva voz off cruel y devastadora de Barbara, junto con los ‘flashbacks’ que evocan la culpa y el presente distorsionado por lo séptico que reside en la visión de esa vieja solitaria capaz de intoxicar con su maldad un alma inocente, encerrada en una mujer decepcionada con una vida que oprime su libertad interior, pero que a la vez satisface su naturaleza altruista. Para ello, Eyre desglosa su habitual y elegante del estilo narrativo, asentado en la equilibrada disposición con la que plantea una dramática historia que flirtea constantemente con el arduo género del suspense psicológico, bajo una narrativa simple, que mira a sus personajes a los ojos y deja que sean ellos los que contribuyan al avance de la acción, como un silencioso testigo que no juzga, sino que únicamente muestra. El cineasta deja en todo momento que sea el guión de Marber el que exponga su discurso sobre los límites humanos que ocasiona la venenosa disociación del término amistad y lealtad, esquivando a su vez el sensacionalismo y la gratuidad con la que se podría haber narrado la historia.
‘Diario de un escándalo’ encuentra, sin embargo, su punto fuerte en las maravillosas interpretaciones de Judi Dench y Cate Blanchett. Conscientes el director y el guionista de que la apuesta segura reside en el portentoso ‘tour de force’ de dos de las mejores actrices del mundo actual, la película no desaprovecha el juego de miradas y de solemnidad interpretativa a unos niveles de tensión pocas veces vistos en el cine actual por parte de las dos maravillosas actrices. Por eso, en este apartado, la cinta emerge arrolladora, basando su efecto y estrategia en esta contienda interpretativa que, para suerte del espectador, luce incandescente con dos portentos de actrices exprimiendo sus papeles al máximo. Un filme sórdido en esencia, obsceno en contenido (no tanto sexual como emocional) y comedido en ese conseguido equilibrio, siempre complejo, de los antitéticos conceptos interiorizados en el ser humano que delimitan la bondad y la maldad.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007

El debut de un director con medio siglo de carrera

martes, abril 03, 2007

Review '300'

El salvajismo de la épica
Ágil combinación entre mitología, historia, cómic y cine, la cinta de Snyder encuentra su mayor virtud en su arriesgado discurso apologético sobre la guerra y el honor en una época de actual de excesiva corrección política y censura.
Los pilares sobre los que se apoya un género tan olvidado como el ‘peplum’ residen en elementos comunes; como la representación del héroe imbatible, hercúleos mitos implicados en epopeyas fantásticas y homéricas, la búsqueda de la libertad colectiva, el hiperbólico enfrentamiento entre el héroe y un enemigo de inverosímiles proporciones… Todo ello, con la tribulación sensorial de un ‘exploit’ de antítesis visual cimentado en el claroscuro, donde prevalece la desbocada exaltación y la vehemencia de las segregaciones hormonales llevadas al extremo. En definitiva, la gloria de la guerra con sobredosis de épica. ‘300’, la versión cinematográfica del venerado cómic de Fran Miller, llevado a la gran pantalla por la promesa consolidada en que se ha convertido Zack Snyder tras ‘Amanecer de los Muertos’, no renuncia a ninguno de esos cánones, permitiéndose ir mucho allá en su aspiración de convertir el aparente filme que abdica sus aspiraciones históricas por alcanzar un panegírico de violencia salvaje y heroicidad extrema en un valiente divertimento que asume riesgos en su grafía y en su trasfondo.
‘300’ narra las vicisitudes bélicas de los espartanos, regidos por su Rey Leónidas allá por el año 489 a.C, cuando apenas tres centenares de hoplitas cuya negativa a someterse al Emperador con ínfulas de deidad Jerjes lucharon contra el poderoso ejército persa en la áspera orografía de las Puertas de Fuego de las Termópilas, estrecha angostura situada entre dos solemnes escarpas en los acantilados del Adriático. Una última epifanía que les llevaría a dar sus vidas para no terminar siendo una satrapía del Imperio de Jerjes. Dejando a un lado si el filme contiene una glorificación de la concepción eurocéntrica por encima de una visión orientalista de las guerras médicas y de aquel acontecimiento en particular, tanto la obra tebeística de Miller como la película de Snyder suponen una ágil combinación entre mitología histórica y cómic/cine de aventuras épicas y bélicas, que encumbra sin complejos, y a priori, la simplicidad de pensamiento y de acción sobre la Historia o su narración trascendentalista.
Sin embargo, la gran virtud de ‘300’ es el discurso que encierra de modo subversivo la historia de la batalla que libraron, con inspiración estratégica y temeridad, un pequeño grupo de arrogantes soldados espartanos que se enfrentaron a la superioridad numérica del imperio aqueménida, convencidos de su obligación de morir matando. Como ‘kamikazes’ de su época por la libertad. Un filme que puede ser tildado de reaccionario, homófobo y demás calificativos que encuentren una oposición a la impuesta corrección política que parece haber adulterado el concepto de la batalla y la violencia.
Dentro de ‘300’ hay, por supuesto, una manifiesta apología al honor, a la conflagración que conlleva el estipendio moral y físico que se paga con una muerte otorgada por la defensa de la libertad y la democracia, a pesar de hacer ver que las sociedades libres dependen de sus dictaduras internas para protegerse. Un mensaje, sin duda, que resulta, cuanto menos, incómodo y mal visto en los tiempos de falsedad moral que atentan contra la ortodoxia actual. Y es que el filme de Snyder (y por extensión, el cómic de Miller), bajo su engañosa superficialidad de producto renovador y digitalizado, defiende su propuesta hasta las últimas consecuencias. Como lo hacen los monolíticos guerreros espartanos con esa autoafirmarción a través del sacrificio ejemplificante para salvaguardar la civilización occidental de la subordinación de las hordas de Jerjes.
En su extrema fidelidad formal al cómic, como sucediera en ‘Sin City’, de Robert Rodríguez y el propio Miller, la cinta se vale de un prodigioso ‘story board’ previamente publicado, lo que en muchos fragmentos del filme coartan de forma considerable las autonomías del medio fílmico sobre el cómic, buscando una detallada adaptación del tebeo a la pantalla, como un facsímil que funciona unas veces, pero otras no. Dentro de ese desequilibrio, ‘300’ procura plasmar (no siempre con fortuna pero de manera modélica) el movimiento de las viñetas traducidas de un modo plástico y suntuoso donde la utilización de los colores de Lynn Varley es fundamental para el tono de la narración. Así como su poderosa puesta en escena, el ambicioso acabado estético, la plasticidad que envuelve toda la película e incluso la continua saturación de estímulos sanguinolentos, de sangre digitalizada que adultera la violencia a favor de la funcionalidad del cómic exagerado. Snyder sabe lo que hace, consiguiendo la impronta antinaturalista de esta controvertida propuesta épico-digital. Lo que sigue sin funcionar, en ambos terrenos, es la voz en off preponderante y subjetiva de Dilios, guerrero espartano y narrador tanto en la novela gráfica como en su reproducción audiovisual.
‘300’ es también una película trufada de menoscabos, de carencias que no son cubiertas por el vendaval de voluntad e inteligencia con la que está rodado el filme. Ni siquiera en su potencial de atrapar y entretener al espectador. La historia se ciñe a un descarado esquematismo, donde algunas subtramas (los entresijos palaciegos de Esparta con la lealtad extrema de la reina Gorgo y la felonía de Theron o la infértil traición de ese espartano deforme llamado Ephialtes en las odaliscas, así como el final adormecido y estético del campo de trigo que recuerda tantísimo a la insuficiente ‘Gladiator’) desvirtúan muchos de los logros de la visión épica de Snyder.
Existe además, una extraña sensación de opresión dentro de las secuencias bélicas, planteado desde los planos cortos y medios, evitando ver en su totalidad el esplendor de la batalla, demasiado digitalizado en croma, sin recursos que recreen, como hubiera sido de recibo, la enardecida épica de multitudes contra los trescientos espartanos. Queda la impresión de estar ante una planificación ajustada a un estilizado cromatismo y celeridad en su ritmo (ese juego de énfasis en ralentí y aceleración), que a veces resulta insuficiente para que la emoción bélica traspase la pantalla. En el cómic de Miller esa atmósfera opresiva del arte en viñeta tiene su empuje e intención. En su traslación cinematográfica pide a gritos más amplitud, más espectáculo abierto a algo más que ver salpicones de sangre, desmembramientos y lujosas y estilizadas coreografías de sangre.
‘300’, lejos de las trazas históricas de mitos como Hércules, Ursus o Maciste, presenta esa pequeña hagiografía de Leónidas, dramatizado y algo petulante en sus disertaciones marciales de férrea disciplina impregnada de testosterona, que fundamenta su grafía en una estética violenta y violentista, de paroxistico color tratado por ordenador que le da esa buscada posmodernidad donde domina un cierto telurismo a la hora de componer la influencia geográfica con la que los espartanos defienden Esparta. Unos espartanos de cuerpos esculpidos en gimnasios, sin ápice de grasa. Pura perfección corporal que supura hedonismo y arrogancia. La misma que se utiliza para desfigurar y exagerar la realidad histórica con claro objetivo: el de abrumar al público con un producto cuya fuerza reside, casi en su totalidad, en su energía visual y narrativa.
Zack Snyder, en ese sentido, confunde en ocasiones espectacularidad con grandilocuencia a la hora de abordar la praxis de un ejercicio de demostración de habilidad cinematográfica, donde el cineasta hace gala de una ambición que no por ostentosa debe ser tildada de insustancial. Poético espectáculo de horror y brutalidad, iracunda y ampulosa, ‘300’ es un prontuario que proscribe cualquier atisbo de sentimiento o emoción al frío estatismo de sus retocados fotogramas, pero también es la demostración de que el riesgo, la brutalidad y el compromiso con lo narrado prevalece por encima de cualquier defecto, de cualquier consideración que lastre todo el potencial de una obra contracorriente.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007