sábado, 30 de abril de 2005

Pin Up World

George Petty fue uno de los dibujantes de ‘pin ups’ más importantes del panorama internacional allá por los años 30 con sus dibujos para la revista ‘Esquire’.
Disfrutad de su vida y obra én este link y en este otro.

Premios ATV: ridículo televisivo

Con una gripe fulminante y drástica, medio aletargado y aturdido por esta circunstancia, ayer abandoné mi habitual concupiscencia nocturna para quedarme en casa, febril y destemplado. Intermitente acudí a la licenciosa devoción por el ‘zapping’, cuando accidentalmente asistí a una ignominiosa gala, un acontecimiento de lo más patético que se haya podido ver en mucho tiempo en la caja tonta. Me refiero, por supuesto, a la lamentable VII edición de los premios de la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión (ATV).
Una realización deplorable, atroz y lastimosa, con fallos constante de sonido, donde los vídeos no entraban cuando tenían que entrar, donde el guión adolecía de cualquier originalidad o gracia, lindante en lo ramplón e inelegante, en el puro sonrojo de un evento de más de tres horas, mal conducido y que, como resultado, dejó la manifestación de uno de los ridículos más descomunales y risibles vistos desde hace años. Ni siquiera los Goya presentados por la infame Antonia San Juan fueron tan calamitosos y tristes. El triste 11,4% con 1.355.000 espectadores para la gala manifiesta lo funesto de la noche.
En cuanto a los premios, 'Aquí no hay quien viva' fue la justa ganadora al obtener cuatro de los principales galardones. Lo único destacable fue el momento de homenaje al gran Miguel de la Quadra Salcedo, que recibió el homenaje de la Academia con el premio a toda una vida a pesar de no estar presente para recogerlo.
Como curiosidad, a lo largo de la ceremonia, los presentadores (muchos de los cuales salían vestidos con el uniforme de los operarios de la limpieza - barrenderos y basureros -) echaban a un alegórico basurero todo aquello que se deseaban excluir de este mundo.
El último de los galardonados, el enloquecido pero brillante José Corbacho, ganador del premio al mejor programa de entretenimiento por 'Homo zapping' protagonizó un acto de dignidad y coherencia al tirar a la basura de forma simbólica la propia y vergonzosa gala aludiendo a que, de vez en cuando, hay que hacer un poco de ‘autocrítica’. Cuánta razón llevaba.
Lo de ayer no tiene nombre.
Una gala fundamentalmente emética que suscitó, en muchos momentos, la náusea y la vergüenza ajena.

Review 'The interpreter'

Tópico panegírico a la palabra y la diplomacia
Sydney Pollack desaprovecha una interesante trama de ‘thriller’ político para sustituir la acción e investigación por una historia de amor imposible, algo en lo que es un experto.
En un tiempo en que la ONU está tan desacreditada, donde los Derechos Humanos sufren violaciones cada día y la pérdida de confianza se engrandece derivada de una indiferencia ante una reciente guerra ilegal contra Irak sin que poder hacer nada por evitarla, la institución que vela por la integridad pacífica en el mundo necesitaba, aunque fuera en un entorno ficticio, lavar su imagen de cara al mundo. De ahí que Cofi Annan haya fiado las instalaciones de la organización internacional para que un veterano como Sydney Pollack rodara su última película, ‘The Interpreter’, dentro de ellas. La organización ha conseguido un suculento cheque de la productora y Pollack ha ganado en credibilidad al narrar una historia que supone su aparente regreso al ‘thriller’ político, género en el que cabe subrayar sus obras ‘Los tres días del Cóndor’, ‘Ausencia de malicia’ y ‘La tapadera’.
Nicole Kidman es Silvia Broome, una intérprete de la ONU que accidentalmente escucha una conversación en la que alguien planea matar al dictatorial y genocida jefe de Estado africano de Matobo (país y lengua inventada para no levantar aprensiones) durante la Asamblea General. Cuando se da cuenta de que se ha convertido en objetivo de los asesinos que la amenazan, intenta frustrar la conspiración con la ayuda de Tobin Keller (Penn), el agente federal encargado de protegerla. Pero la trama se desdobla en dos frentes; además de esta trama principal, que nos va a proveer de una línea de pulsión sexual no resuelta (el primero de sus muchos tópicos), la acción se fracciona ante las sospechas del agente por el oscuro pasado de Broome, que ha nacido en el mismo país africano de donde deriva la amenaza y ha sido activista contra el régimen de un presidente corrompido por el poder hasta convertirse en un autócrata.
Tópicamente definida como un ’thriller político’, la nueva película de Pollack tiene tan poco de político como de ‘thriller’. Pero no es el veterano director el infractor de tal infortunio, sino que en este caso el peso de lo más execrable de este (vayamos avanzándolo) correcto filme de intriga recae en Charles Randolph, Scott Frank y Steven Zaillian, guionistas que han cimentado el mayor despilfarro del filme en la profundidad ética de sus personajes principales, restando acción a la trama y anulando una más que viable funcionalidad del género en el que se quiere inscribir esta película. Y es que ‘The Interpreter’ se precipita desde su principio intercediendo por un relato de personajes idealistas que topan con la cruel realidad de la violencia. Broome cree en la eficiencia e inmunidad de la palabra, mientras Séller es un cínico analista que define a una persona con una sola mirada. Por si fuera poco, ella es una huérfana desabrida que desconoce el paradero de su hermano, una mujer que tuvo que huir del hombre al que oído que van a matar y él es un torturado marido recién enviudado por el accidente de su mujer con su amante. Todo este ‘dramatis personae’ hace que la cinta caiga en una rémora sin interés que desatiende los elementos del ‘thriller’ al uso. Durante gran parte de las dilatadas tramas y subtramas parece más importante enfrentar dos posturas irreconciliables que apelar a la acción. Así, la doble secuencia en la que Broome se sube a un autobús para preguntarle al opositor político del amenazado por su hermano supone, en un prodigioso y dinámico montaje paralelo, lo mejor de esta película que cae en demasiados tópicos como para realzar la excelente labor de Pollack como director.
En todo momento Pollack no se desliga de su intencionalidad como cineasta de género, rodando con oficio un (a veces forzado) sosiego clásico, renunciando a cualquier tipo de disonancia formal y procurando que no decaiga el juego corrosivo y activista que hubiera necesitado sobre el espionaje, el suspense y las conspiraciones políticas. Algo, que en los tiempos que corren se antoja difícil. En vez de ello, Pollack se inclina hacia un territorio que domina y que ha terminado por infectar su cine: las anémicas historias de amores imposibles. La conspiración ‘hitchcockiana’ de ese atentado en las Naciones Unidas queda en un segundo término para ajustarse a la intimidad de una romántica y comprensiva conversación a distancia (cada protagonista en una ventana), de miradas cómplices o de confesiones que gravitan en un silencio fraterno. Excesiva preeminencia de esta aburrida relación de esa bipolaridad de pensamiento ante determinados conflictos que se aúnan hacia el final de la cinta con el objetivo de salvaguardar la dignidad de los pueblos a través de la justicia, donde la validez de las palabras y la diplomacia en lugar de la violencia es lo que defiende en su modélico y vergonzante desenlace.
Aún así, la cinta tiene sus virtudes, como esa sobria y fría puesta en escena, cargada de una elegancia y moderación digna de un veterano como Pollack, desviada de efectismos formales que se sustenta en un ejemplar estilo de ciertos recursos clásicos por parte del cineasta. Pero sobre todo (algo que viene siendo habitual) ofrece la posibilidad de evidenciar otra portentosa interpretación de una pletórica Nicole Kidman que lo compensa todo en una actuación comedida, sutil, llena de matices, un logro que a Sean Penn se le escapa por momentos, ya que el injusto ganador del Oscar por ‘Mistyc River’ ofrece un trabajo descompensado, a pesar de su innegable capacidad para dotar a los personajes torturados de una veracidad intachable. Es una pena ver, eso sí, a la espléndida Catherine Kenner dignifica un personaje innecesario que no aporta nada a la trama.
‘The interpreter' no ofrece más que un conato de ‘thriller’ escondido en un drama melancólico, elaborado con certera seriedad y corrección formal, pero que tiene como mayor enemigo un guión que no consigue insuflar ningún incentivo, ya sea algo de desasosiego (si exceptuamos la citada secuencia del autobús), ni hondura o emoción a una historia previsible y artificiosa con unos personajes poco creíbles incluidos en un entorno real que es desaprovechado en lo que podría haber sido una oportunidad inmejorable por recuperar la zona oscura y clásica de un género bastante quebrantado.
Miguel Á. Refoyo © 2005

viernes, 29 de abril de 2005

Feet Me

Link a una extraña galería fotográfica decicada a los pies de varios componentes del orbe musical más célebre.

Cosas varias

En un día en que México ha superado por primera vez en número de lectores del Absimo a Estados Unidos. En un día en que nos hemos sentido desolados porque unos infames desalmados han quemado ‘El grito’ y ‘La Madonna’ de Münch y un vídeo de Cannavaro ‘chutándose’ un ungüento médico ha dado la vuelta al mundo. En un día en que Tom Cruise dice que tiene nuevo pretexto para acallar su supuesta homosexualidad. En un día en que Brad Pitt y Angelina Jolie están ‘arrejuntaos’ y que ha muerto Mason Adams, el estricto jefe de ‘Lou Grant’ (serie por la que siempre quise ser periodista), ha emergido en el mundo ‘freak’ un nuevo ser que vive a 10 metros del suelo, como si de un pájaro se tratara, en un nido de construcción básica situado en el centro comercial de Soho de Jianwai, el área de la empresa más próspera en Beijing. Y con todos los lujos reunidos (cama, radio con mp3, teléfono móvil). Todo en 4 metros cuadrados.
Es, sin duda alguna, una iniciativa muy adecuada como idea para el plan de vivienda (in)digna de María Antonia Trujillo.
Y encima Pe se arrepiente tremendamente de esto.

jueves, 28 de abril de 2005

Momento nostálgico: 'Oh, Wicked Wanda'

Mi padre era y es gran erotómano coleccionista que nunca me censuró el sexo visual, de ahí mi afición a revistas que algunos tienen por impúdicas y mi prematura afición al onanismo. Por eso, una de las imágenes matrices que mi memoria alcanza a recordar de un cómic erótico, con la ignorancia e inexperiencia de la cual uno hace gala cuando tiene cuatro o cinco años, es el de las aventuras de ‘Oh, Wicked Wanda’ que protagonizaron las páginas de Penthouse allá por los finales de los 70 y principios de los 80.
Me fascinaba aquella mujer trazada con una destreza sexual perfecta, de una diligencia femenina muy atractiva, lúbrica y tenaz. Muy de la época. Wanda Von Kreuss es una de mis musas iniciáticas, la mujer incorpórea que todos ambicionamos o soñamos cuando somos impúberes pardillos con absurdas quimeras ilusorias.
Ella siempre emplazó mi atención infantil mucho más que los pictoriales de espectaculares y libidinosas féminas con hirsutos rasgos púbicos.
En este monumental link tenéis acceso a todos los cómics de Wanda publicados en la mítica Penthouse.
Una auténtica mina de oro que permite rememorar a la lasciva German Grrr, líder del ‘Puss International Forces’, al bárbaro J. Hoover Grud, al libidinoso Walter Von Kreuss, el salido padre de Wanda, a la inseparable amiga de ésta Candyfloss o al ingenioso inventor de todo tipo de ‘gadgets’ sexuales para Wanda Homer Sapiens.
Espero que la disfrutéis.

Carmen Calvo: en busca del gato Jinx

Lo último (aunque date del 9 de febrero de 2005) de nuestra Ministra de Cultura es antológico. Esperanza Aguirre y sus infortunios provocados por la ignorancia, la inhabilidad y el afán de ‘graciosismo’ (como bien definió mi amigo, el gran guionista RL) han pasado a la historia. Tenemos una humorista mucho más ocurrente, original e infame en nuestra queridísima Carmen Calvo.
Tras su éxito 'la fraila', llega su rotundo 'Pixie & Dixie', que será (como diría el gran Luqui) "Tres, dos o uno".
Por lo visto, el senador del PP Juan Van-Halen (nada que ver con el mítico grupo de los 80), en un discurso que indagaba en el número de los espectadores del cine español en uno y otro gobierno, debió decir algo que a nuestra heroína de lo gracejo indocto le resultó intolerante.
¿Qué fue? Veámoslo
Senador Juan Van-Halen Acedo (PP): "Centrándonos en el período negro, Calvo «dixit», en el año 2000 dos filmes, «La comunidad» y «Año mariano», superaron cada uno de ellos el millón trescientos mil espectadores. En 2001, año negro también, Calvo «dixit», las cifras fueron de asombro --el mejor año, con mucha diferencia, del cine español--: «Los otros» consiguió 6.242.330 espectadores (...)".
Tras estas palabras de Van-Halen, le tocó el turno a Calvo, que demostró una vez que la jocosidad andaluza que ella posee está tizanada de esterilidad de latín y muchos otros conceptos y materias. Eso sí, con gran memoria televisiva. Confundir el término 'dixit', con uno de los pequeños roedores que perseguía el gato Jinx no tiene desperdicio.
Carmen Calvo, ministra de Cultura: "Señoría, usted para mí nunca será Van-Halen «Dixie» ni «Pixie»; será su señoría, el senador Van-Halen, precisamente porque estamos en una Cámara de representación democrática en nuestro país, precisamente porque estamos en el Senado.Y desde ahora le adelanto que ese modelo de intervención, con alusiones pretendidamente ingeniosas acerca de las personas, en este caso de mi persona, si quiere, se las puede ahorrar, porque no voy a contestarlas."
Impagable documento.
He leído a propósito del garrafal disparate ministerial unas palabras de Ionesco que señalaban “La comicidad de un autor es, a menudo, la expresión de cierta confusión. Uno hace reír al explotar su propio absurdo” al comentar su obra maestra de teatro cómico ‘La cantante calva’. Todo acierto y concomitancia con lo aquí expuesto, en argumento y patronímico.
Mis amigos andaluces ya me advirtieron de que las risas con esta mujer estaban aseguradas.
¿Por qué no nombran ministro a Arévalo o a Manolito Rollo?
Pensándolo bien, que siga el circo. The show must go on...

Review 'Be Cool'

Fallida e inoperante reiteración de elementos
Un ineficaz F. Gray Gray recurre al calco de ‘Cómo conquistar Hollywood’ con una evidente falta de dinamismo proveniente de un insustancial guión de Peter Steinfeld.
Decepcionante puede ser el adjetivo que mejor defina con la nueva película de F. Gary Gray. No es algo justificable que el corpus literario de Elmore Leonard se haya visto agraviado con una adaptación tan superficial como esta ‘Be Cool’, culpa del guionista Peter Steinfeld. Toda la ironía revestida de esa vena cínica que congregara las aventuras de Chili Palmer con gracia y buen hacer el veterano Barry Sonnenfeld con ‘Cómo conquistar Hollywood’ ha perdido toda pujanza en una secuela donde predomina en todo momento una evidente falta de inspiración y donde sus elementos resultan del todo artificiosos, buscando en todo momento una ironía que nunca acaba de cuajar. El guión repite el esquema que emplaza a esa necesaria caterva de ‘freaks’ heterogéneos surgidos de la pluma de Leonard y, de entrada, por los planteamientos formulados, parece que ‘Be Cool’ aprovisionará otra ración del fantástico Chili (ese extorsionador mafioso que amedrentaba a la peña con esas cuatro célebres palabras “Mírame a la cara”). Pero todo es una falsa promesa.
La historia plantea una simple base: Chili está desencantado con la industria del cine, por lo que decide cambiar de aires yendo a parar al no menos fullero mundo de la música. Tommy Athens (James Woods en cameo de lujo) da vida a un propietario de un sello musical independiente que es asesinado por un ajuste de cuentas a primeras de cambio. Es la excusa perfecta para que Chili visite a su viuda, Eddie Athens, para tantear junto a ella el negocio musical y lanzar a una prometedora y joven artista llamada Linda Moon. Pero como no podía ser de otro modo, Chili tendrá que enfrentarse al agente de la joven, sus dos esbirros (un blanco que se cree afroamericano y un aspirante a actor ‘gay’), a la mafia rusa y a un parlanchín productor musical negro y su banda de ‘gangstas’ raperos. Parece que no falta nada en el combinado ‘elmoreiano’, pero esta vez el mundo de absurdos individuos que habitan en el universo del autor están ridiculizados en exceso, con un opulento embalaje de sátira que no sabe utilizar ese ‘hooptedoodle’ que ha caracterizado la obra de uno de los autores actuales más importantes dentro de la novela norteamericana contemporánea. F. Gary Gray tampoco domina la conexión de permanentes referencias a la cultura pop norteamericana, perdiendo el ritmo cómico desde su inicio.
Y es que ni Peter Steinfeld es Scoot Frank (el guionista de la primera parte), ni Gary Gray es Sonnenfeld. Su desafortunado tono de parodia del negocio musical y su pretensión de ofrecer diversión al recrear el anagrama de mafia/industria que tan bien funcionó en su predecesora se advierte en esta secuela muy forzado, en un filme carente de cualquier dinamismo, sin gracia en sus principales caracteres y un notorio descuido de agilidad en las escenas cómicas, musicales y lo que es peor, en las de acción. La extravagancia y ludibrio de la primera han sido sustituidos por la burda clonación. Por eso, en ‘Be Cool’ se exprime hasta el exceso los guiños musicales, cinéfilos e incluso deportivos en una trama que acaba supeditada a fáciles alusiones al macarrismo del personaje interpretado histriónicamente por Vince Vaughn, a la condición sexual del rol al que da vida Dwayne 'The Rock' Johnson (que se convierte en lo más destacado de la función), a las interrupciones verbales y cargantes de Andre 3000, al cameo de Steven Tyler y los Aerosmith e incluso a la insipidez de Cedric The Entertaiment. Ni siquiera un ajustado John Travolta, contenido, en su salsa y unas atinadas Christina Milian (gran voz y presencia) y Uma Thurman (qué decir) en sus inicuos roles de hermosos búcaros logran salvar el despropósito. Tampoco Harvey Keitel sirve de paliativo.
Lo más colérico de todo ha sido la forma en que se ha vendido este ínfimo producto en referencia al encuentro cinematográfico más de una década después de ‘Pulp Fiction’ de Travolta y Thurman que, comprometidos por el guión, se marcan un baile con regusto nostálgico, pero tan mal rodado que supone casi un insulto a Tarantino y a ambos actores. ‘Be Cool’ es simple y fallida, con unas sencillas pretensiones básicas que no alcanzan en ningún momento, terminando por caer en una errada tosquedad y sirviéndose, por ende, de una extraña inoperancia procedente de un director que ha demostrado que dentro del cine acción está su futuro. Fuera de él, evidentemente, merma mucho sus virtudes.
Miguel Á. Refoyo © 2005

miércoles, 27 de abril de 2005

Won Ju Lim: la importancia estructural de la luz

El otro día me acerqué con mi amigo Jimbo a disfrutar de varias exposiciones artísticas al DA2, uno de los mejores y más sofisticados museos de arte contemporáneo que tenemos en nuestra comunidad. Hay una en concreto que abarcará un espacio considerable en el Abismo, su título es ‘Video Killed the radio star (I)’. Sencillamente impresionante. Pero habrá tiempo de explayarse más adelante.
Hay otras varias muestras encuadradas en el mismo recinto, pero hoy quiero centrarme brevemente en ‘Longing for Wilmington’, la perteneciente a la asiática Won Ju Lim, una escultora y artista de instalaciones con obvias influencias arquitectónicas que sustenta su obra en híbridas estructuras que escrutan de modo equitativo la luz, el reflejo, el espacio y la equidad de la era posmoderna.
Su virtuosismo de la iluminación interactiva (el movimiento del espectador es primordial para determinar la intensidad de sus obras) y su minimalismo geográfico disponen un universo anamórfico, utilizando todos los ángulos de visión junto a proyecciones que recogen el industrialismo moderno contrapuesto a sus transparentes edificaciones artísticas y dando así como consecuencia una multiplicidad de prismas que aportan las esenciales y hábiles diferencias en sus trayectorias parciales. Un interesante juego de visiones armonizadas en formas cúbicas y etéreas cuadrículas que se unifican en un claroscuro misceláneo para obtener un efecto óptico absorbente.
‘Longing for Wilmington’, ‘California dreaming’ y ‘Elysian field nortn’ son las tres piezas de la sugerente Ju Lim que se pueden ver en esta exposición.

Game Boards

Otro interesante y nostálgico link, esta vez sobre portadas de juegos de mesa yanquis de todos los tiempos.

Jodie Foster y su próxima pesadilla aérea

Un avión a 40.000 pies. Kyle Pratt se enfrenta a la peor pesadilla que una madre pueda sufrir cuando Julia, su hija de 6 años, desaparece sin dejar rastro a mitad de vuelo. Kyle luchará por demostrar que no está perdiendo el juicio ante una tripulación que no encuentra ningún signo de vida de la pequeña, ni siquiera su nombre en la lista de pasajeros. Todos vislumbran que la mujer puede estar volviéndose loca. Nadie la cree. Sólo ella puede descubrir qué es lo que está pasando y qué le ha sucedido a su hija.
Es la sinopsis de ‘FlightPlan’, la última película protagonizada por la excepcional Jodie Foster que está dirigida por Robert Schwentke y acompañada en el reparto por Peter Sarsgaard, Erika Christensen y Sean Bean.
El trailer denota buenas sensaciones. Ahora cabe esperar que:
1. Sea un dinámico y sorpresivo ‘thriller’ que aprovechará las claustrofóbicas dimensiones de un avión, que reducen las posibilidades del género, pero que puede ensalzarla si se produce una ejemplar utilización del espacio.
2. Resulte un fiasco anodino, pretencioso y nulo en su condición de hacendosa cinta de acción redundando en los tópicos del género. En nuestra memoria perdura 'Pasajero 57'.
Jodie Foster repite en un papel, a priori, similar al de ‘Panic Room’ ¿Saldrá bien avenida del reto?
La respuesta: en otoño.

martes, 26 de abril de 2005

El autosecuestrador de dedos

“Quiero que emplees un minuto en pensar cómo sería tu vida sin el pulgar de una de tus manos. Soy diestro y uso mi pulgar en casi todo que hago. Por ejemplo, cuando escribo, cuando como, cuando toco la guitarra e incluso cuando me hago una pajilla. Imagina mi vida sin mi pulgar derecho”.
He aquí la dramática página de un trastornado fulano que pide 50.000 $ por cortarse su propio dedo en una salvaje autosección.
Pide una pequeña donación antes del 1 de diciembre de este año. Si logra conseguir el dinero, amenaza con amputarse su falange y colgar una foto en su página.
¿Soy yo o este tío es gilipollas?
Su desconsolada historia en Cutt of my thumb.
Voy a ver si ceno.

La violencia que nos viene

Hay quórum. Todos estamos deseando ver ‘Sin City’. De eso no hay duda. Pero no es el único cómic (o novela gráfica) que está captando el interés y esperanza de los aficionados que patentizan cómo el cine destroza crónicamente las adaptaciones que lleva a cabo de los cómics.
‘Sin City’ tiene como estreno europeo el lujoso (y cada vez más venal al ‘glamour’ de Hollywood y la intrascendencia comercial) festival de Cannes. Pero no es el único cómic llevado a la gran pantalla que aguardamos con expectativas y que pasará por La Croisette. En Cannes se podrá ver ‘A history of violence’, la última obsesión del canadiense David Cronenberg que significa el ajuste cinematográfico de la novela gráfica del mismo título creada por John Wagner y Vince Locke en la línea de la DC Cómics ‘Paradox Graphic Mystery’, la misma sección que edito ‘Road to Perdition’, de Max Allan Collins, la cual se encargó de saturar con estridente suntuosidad Sam Mendes.
Lo cierto es que hay mucha curiosidad por saber qué ha hecho Cronenberg tras ‘Spider’ y después de abandonar la secuela de ‘Instinto Básico’. La historia gira en torno a un hombre que vive con su familia en aparente felicidad, hasta que un inesperado suceso violento devuelve a tranquila existencia una parte de su pasado que tenía completamente enterrada.
Cronenberg y el guionista Josh Olson pueden devolverle a John Wagner la película que se merece de una traslación al cine de una de sus obras después de la delusoria experiencia que sufrió con ‘Juez Dredd’.

Morir de Internet

Un pobre hombre llamado Childress H Wanamaker, ejecutivo neoyorquino de 54 años, murió de inanición en su oficina. La muerte fue causada debido a su intemperante adicción a Internet.
Según han podido conocer los investigadores que han seguido su caso, el hombrito estaba tan viciado a Internet, suscrito a tantos foros y pasaba tanto tiempo pegado a la pantalla que la salud pudo con él.
El macilento cadáver de Wanamaker fue encontrado por Loraine, su esposa de 26 años, que a pesar de llevarle comida a su marido a la oficina ni siquiera se molestaba en comer.
24 horas al día, 7 días a la semana, todo el mes… Wanamaker estaba diariamente en contacto a través de foros y mails con 15.250 miembros de comunidad internauta. También contribuyó con sus comentarios en más de 375 blogs.
¿Realidad? ¿Ficción?
La noticia está aquí.
No deja de invocar el espíritu del macabro filme de Chicho Ibañez Serrador ‘El televisor’. Eso sí, modernizada a nuestros días.

lunes, 25 de abril de 2005

Postermania: 1950's science fiction

Aquí os dejo una estupenda página con posters originales de Ciencia Ficción de los 50.

Una de las últimas grandes cintas de Frankenheimer

Cuando ‘Panytú’ quiere decir magnífico
John Frankenheimer consiguió salir vencedor de un complejo ‘thriller noir’ que incluía, bajo su experta batuta , grandes momentos de acción argumental.
Hasta el momento de su fallecimiento en 2002, no dejó de sorprender la sediciosa juventud del veteranísimo John Frankenheimer, uno de los integrantes de la vetusta ‘Generación de la Televisión’, compuesta por cineastas que definieron su identidad cinematográfica a lo largo de los años 50 y 60 encuadrando sus espléndidas historias en 625 líneas, dando al cine americano grandes obras maestras. Aunque fueran en versión catódica. Pese a su aparente vejez, la dinámica virtuosa de Frankenheimer, llena de matices modernistas, constituyó un marco privativo, enraizado en el más puro ‘thriller’ policíaco, complejo y tramposo, bebiendo abiertamente de las fuentes del más clasicista cine ‘noir’ y su mágica impiedad visual.
En 'Operación Reno', el ritmo frenético y diligente impuesto por la excepcional perspectiva del curtido director procede de la sagacidad del maestro al enseñar sus cartas en un magnífico prólogo que desvela un final que no es tal, dejando entrever la progresión evolutiva que toma un relato ladino y gratificante, en el que no falta el engaño con sorpresa en el desenlace incluida. La historia de Rudy, un presidiario que se hace pasar por su compañero de celda muerto para poder conocer a la bella chica con la que aquél tuvo relación por carta, sirve como inicio de la que es una telas de araña urdida en una cinta que tiene en el engaño uno de sus principales atractivos. Entre cauces de interés impetuoso, llena de subtramas que se desvelan en inesperados puntos de giro, ‘Operación Reno’ impone una cadencia gradual que la enaltece en el decadente género de acción. El gran atractivo de la cinta reside en los pilares sobre los que se fundamenta el gran Frankenheimer. Primero, en el gran guión de Ehren Kruger, que repite la fórmula de ardid utilizada en su magnífico libreto para la última película de la saga ‘Scream’, adaptada en este caso al cine negro. Y segundo, en la capacidad narrativa del experimentado cineasta, logrando apuntalar con su talento una cinta que franquea las pretensiones definitorias del género para, por medio de los citados golpes de efecto, dotar a la película de una intriga continua que acaba por convertir a ‘Operación Reno’ en una interesante muestra de honestidad para con el espectador.
En este punto, es donde Frankenheimer arraiga y resuelve los artificios de una cinta conceptualmente farragosa, superponiendo el ambiente frío y sosegado para llevar la historia a un terreno armónico y violento, de fundamento sorprendente e innovador. Los criminales son neófitos inexpertos, pero bestias que sobreviven a cualquier elemento, el protagonista se mueve por interés, bajo cualquier concepto y la dulzura de la chica enamorada son sólo falsas apariencias que llevan al entregado espectador hacia el terreno que el director dicta. El estilo de Frankenheimer, con el granulado frío y constante, deja intuir la intencionalidad que provocan los blancos paisajes, símbolo de la inexperiencia de cada uno de los roles. Con este particular ‘cuento’ de Navidad sangrienta, el viejo zorro Frankenheimer dio a entender lo que el epílogo ‘capriano’ era sólo una consumación de la ironía que empapa la trama resistente en la idea de libertad, de riesgo y de aventura que siempre movió al director de la también estupenda ‘Ronin’.
Al brillo de ‘Operación Reno’ no son tampoco ajenos Ben Affleck, que tuvo su única aquí oportunidad para demostrar su condición de primera estrella, Charlize Theron, que consumó su figura como una de las más provocativas promesas y un musculoso Gary Sinise, que entra en el encasillamiento con su desagradable camionero y delincuente. Todos ellos aportan una especial química que hacen de este llamativo filme una diferente propuesta cuya diferencia estriba en la constante del cine de su autor. Es decir, la sencillez de unos objetivos basados en el entretenimiento y la acción encuadrados en la búsqueda de un clímax de tensión que ‘Operación Reno’ obtiene desde un principio. Una de las últimas cintas de uno de los grandes clásicos del cine contemporáneo. Una pena que muriera cuando todo parecía indicar que el bueno de Frankenheimer estaba entrando en una dinámica de actividad muy productiva.

domingo, 24 de abril de 2005

La nueva moda de mujeres para verano

Bajo el título “La nueva tendencia de verano para las chicas”, nos llegan estas escalofriantes imágenes de la nueva y más enrollada moda llamada ‘Corset Piercing’.
Cuando Focault definió el corsé como ejemplo de la disciplina corporal del siglo XIX aludiendo más que una prenda de vestir a un símbolo vinculado a la moralidad y a la opresión social de las mujeres, no imaginaba qué itinerario histórico iba a tomar la prenda en cuestión.
El corsé nació allá por el año 1700 A.C., cuando las mujeres lo utilizaban para reducir su cintura y exagerar las curvas naturales de su cuerpo. Después en el S. XV reaparició hasta la época Victoriana.
Eso era antes. La cosa ha cambiado bastante. Como veis, en la actualidad se enfilan unos ganchos en la espalda a modo de ‘piercings’. Después, con estos singulares estribos desgarrando la carne, se puede colocar el corsé.
¿No digáis que no es ‘cool’?
Más aquí.

sábado, 23 de abril de 2005

El día del libro

Hoy ha sido el día del libro. Pero no debe ser únicamente una distintiva fecha en la agasajar con un ejemplar de la novela más vendida del año, del ‘best seller’ multiventas a la persona querida y quedar así bien. La lectura conviene disfrutarla por placer, por el simple hecho de deleitarse con las páginas de un buen libro, como el acto de comer bien, de ir al cine a ver una buena película, de yacer o aparearse (sexo sin compromiso aconsejado), catar un buen vino, contemplar la belleza en sus más variados ámbitos y formas. El reconstituyente vicio cultural con el cual complacerse a través de una propuesta literaria alimenta de palabras la condición humana, fomenta una fructuosa subvención para alcanzar la extraordinaria posibilidad del enriquecimiento, de amplitud y libertad personal.
La lectura, queridos amigos, es un horizonte de diversión, de albor irradiado que nos permite acercarnos poco a poco a mundos imaginarios, a vidas ajenas, a historias heterogéneas, a una mínima erudición frente a la trivialidad de lo consabido, de las extravíos mentales a los que nos sometemos diariamente. Se dice que la persona que no se introduce en la cultura de la letra queda ineludiblemente incomunicada, por eso debemos abrirnos a la lectura para salir del reducto que supone dejarnos llevar por los mensajes manufacturados que llegan cada día a nuestros ojos u oídos. Las letras de la literatura entran en nosotros como un universo que, sin su consorcio, jamás habríamos llegado a descubrir. Las palabras componen la enjundia de la que el raciocinio se abastece. Y son esos vocablos los que vienen engarzados en la original sintaxis de la literatura.
Vivimos en una sociedad donde se está perdiendo la batalla y el respeto hacia la cultura y la literatura a favor de la estética y la indisciplina, de la necedad y de lo soez, sin elementos realmente interesantes para nuestra vida. Estamos ante una era de ostracismo cultural bastante insatisfactorio. Cierto es que ya no existe ese país que nació literariamente con el mester de clerecía o la literatura aljamiada, que no hay grandes libros como los surgidos en el novecentismo, la comedia benaventina, el existencialismo o en la poesía social, incluso de la literatura de posguerra, pero sigue perdurando esta tradicional literatura y los nuevos y viejos clásicos foráneos y autores actuales que se merecen nuestra atención. Los libros están ahí, al alcance de nuestra mano. Sólo debemos interesarnos por ellos.
Hay que buscar el placer de leer, de descubrir libros que nos sumerjan en un mundo del que no podamos salir hasta acabar de leer. Hay que ejercitar el disfrute de la lectura, no crear una obligación de hacerlo. Se tiene que revalorizar la acción de leer por la pura delectación, para estimular la imaginación y formar un pensamiento independiente y crítico.
Y hoy es un buen día para interpelar por ello.
Mi autoregalo ha sido ‘El castillo de Otranto’, de (autor del que intento ser estérilmente un epígono), un libro que pensé saquearle al familiar que me lo facilitó hace años y que he terminado por comprar y devolvérselo, quebrantando uno de los hábitos más pretéritos de los libros prestados.

Concursos en la 'blogoesfera'

Después del fastidio que ha ocasionado la forma de conducir la segunda fase del concurso de Bitárocas.com, donde el Abismo quedó finalista, se ha puesto en marcha con casi un mes de retraso el período para las segundas votaciones tras dejar una bochornosa imagen.
¿Y de qué manera? Pues mal, como ha venido siendo habitual en la gestión de un concurso que se les ha ido de las manos a las primeras de cambio. La desatención ha sido absoluta, el sistema de funcionamiento grotesco y el cuidado por quedar bien ante los participantes nulo.
En cualquier caso os he dejado el botón donde podéis votarme si queréis. Aunque la displicencia ante este concurso, en mi caso, se ha hecho más que evidente con el paso de los días. El método de votación como comprobaréis es bastante ridículo, ya que además de votar este u otras weblogs (porque hay que hacerlo mediante una página distinta –no vale con darle al botón como antes-), hay que señalar cinco bitácoras entre todas las categorías existentes.
El resultado será que ante el desconocimiento de las páginas de las restantes categorías, si se vota (que lo dudo), se realizará, en su mayor parte, de una forma aleatoria, con lo que la votación quedará envenenada por el azar y obteniendo como consecuencia que los resultados no sean verídicos ni tengan interés alguno.
Yo, por si acaso, desde mi escéptica actitud ante los siempre prosaicos premios “al mejor”, me he inscrito en otro concurso de weblogs que parece tomado más en serio que el de Bitácoras.com. Me refiero al que ha organizado 20minutos.es, un certamen de weblogs aparentemente serio y bien llevado en el que ‘Un mundo desde el Abismo’ participa en seis categorías (cuatro elegidas -Mejor blog de actualidad, Mejor blog sobre cultura y de tendencias, Mejor blog personal y Mejor blog inclasificable- y otras dos por votación popular -Mejor Blog 2005 y Mejor Blog-).
Sea como sea, y siguiendo la máxima de Pierre de Cubertain, "Lo importante es participar".

Richard Kelly vuelve tras las cámaras

Todos nos hemos preguntado más de una vez qué sería lo próximo de Richard Kelly como director tras dirigir y escribir ‘Donnie Darko’, una de las cintas de culto más significativas de los últimos años. Un enigma que se ha disipado con el anuncio de ‘Southland Tales’, el retorno tras las cámaras de este precoz nigromante visual que dejó sorprendidos a propios y extraños con una película que ya forma parte de las reliquias del novísimo cine moderno.
Para ‘Southland Tales’ el portentoso Kelly contará con más capital y medios. La película tendrá como protagonista a Dwayne “The Rock” Johnson, Seann William Scott y Sarah Michelle Gellar en los tres roles protagonistas. La historia gira en torno a Boxer Santaros, una estrella del cine de acción con problemas de pérdida de memoria. Gellar, y aquí viene lo bueno, interpretará a una estrella del mundo del porno que tiene su propio ‘reality show’. El tercero en discordia, el inolvidable Stifler recreará a un oficial de policía de Hermosa Beach que cree que tener la clave de una conspiración.
Se anuncia como una extraña mezcla entre comedia y complejo ‘thriller’. El propio Richard Kelly ironiza al avanzar su nueva y esperada película como “una mezcla de espíritus entre Andy Warhol y Philip K Dick". También que la historia acontecerá en un futuro inmediato: 4 de julio de 2008 en la ciudad de Los Angeles.

viernes, 22 de abril de 2005

Del ostracismo al freakismo creativo

Que uno se aburre, que el tedio monopoliza la avivada existencia del hastío, que no se sabe muy bien qué hacer para llenar el vacío del tiempo libre.
Eficacia probada.

Jodo con la Truji

Como a todo el que haya echado un vistazo a la portada de 'El Mundo' esta mañana, se me ha levantado una sonrisa cínica, proseguida de un bufido sarcástica para provocar en mí cierto recelo.
"Tiene una superficie de 77 m2 –tres veces superior a los «minipisos »– y por órdenes de la propia ministra ha sido decorado en el «estilo zen» inspirado por ZP. Para ello se arrancaron los paneles de nogal que recubrían las paredes y se sustituyeron por otros más claros de abedul. Y, aunque la factura total asciende a bastante más, sólo en muebles de diseño se gastaron casi 37.000 euros –5.000 de ellos en alguien que los escogiera–. Con todo, ahora resulta que la mayoría de estas piezas no son del gusto de la ministra, por lo que están siendo recolocadas entre sus colaboradores".
Como el alcalde de Salamanca, Julián Lanzarote, que se compró con nuestro dinero un equipo de música de alta tecnología para su cochazo, como Álvarez Cascos que invirtió 240.000 euros de las arcas públicas en la galería de arte de su fulana, ahora le toca a la cada vez más emponzoñada ministra de Vivienda, María Antonia Trujillo. Dando ejemplo, demostrando que la fauna política no distingue de ideologías.
Si la semana pasada nos sorprendió a todos con su propuesta de crear madrigueras de 25 m² como solución a la vivienda digna, hoy nos asombra con su nuevo “despachazo”. No sé vosotros. Yo ya tengo Ministra favorita dentro de este ‘talentoso’ gobierno. Ahora queda esperar que lo anuncie o desmienta, confirme o desautorice. Como con lo de las ‘miniviviendas’.
Y mira que hay que ser hortera. "Ornamentación Zen", no te jode.

'Traffic', un gran Soderbergh

La libertad de un cine en estado puro
En su portentosa capacidad de ‘cineasta total’, Steven Soderbergh magnificó su labor con una arriesgada obra centrada en el narcotráfico.
Steven Soderbergh ha demostrado, a lo largo de una irregular pero intachable trayectoria, que es uno de los cineastas más interesantes del cine actual hollywoodiense. ‘Traffic’ es, hasta el momento, su última genialidad. Una cinta que vino a testimoniar un estado de gracia que abrumó con la fuerza de una dirección y talento inauditos en su proclive generación. En ‘Traffic’ Soderbergh recuperó su inextinguible pulso narrativo para, bordeando en todo momento la genialidad, imponer algunos de los mejores momentos del cine actual y atribuir con su visión un ritmo y estética que revelaron un verdadero sentido de independencia que traspasó cada plano de esta magnífica y acabada obra, la mejor de su fructuoso cineasta.
El director de ‘Sexo, mentiras y cintas de vídeo’ constató su labor de gran creador de imágenes confiriendo al filme una dirección antológica, mayestática, fusionando dos estilos para narrar esta historia de narcotráfico, como metáfora de los dos mundos opuestos y subsidiarios, consiguiendo para los Estados Unidos una tonalidad gélida y azulada y para México un color sepia y ocre que delimitara dos universos unidos por la droga, hermanados por el tráfico y los cárteles. ‘Traffic’ se centra en el poderoso imperio del contrabando, exponiendo un apabullante y cercano análisis desde un punto de vista diversificado en cuatro historias entrecruzadas, inscritas en una intención objetiva y descriptiva, en el que el objetivo no es tanto buscar el lado oscuro y triste de la droga y su comercio, sino la génesis, la maquinaria, el desarrollo y las consecuencias de un mercado en continuo ascenso e imparable auge. Soderbergh mantiene el pulso de las subfábulas apuntalando una denuncia insólita hacia el vértice rentable del emporio narcótico, actitud que aprovecha para llevar al espectador a un viaje a través de una realidad paralela, sin necesidad de recurrir a ningún tipo de efectismo, para promulgar la autenticidad existente en una frontera de México y Estados Unidos veteada de cocaína y del futuro imperturbable de ésta.
Soderbergh recurrió al escapismo de toda ley fílmica impuesta por el sistema de las ‘majors’ para extraer de su postura la libertad de un cine en estado puro, de simetría perfecta y pulso frenético, de constante acción narrativa. Valiente y decidida, la cámara nerviosa del cineasta antepuso su autonomía para componer una brutal sinfonía de poderosas imágenes, de genuino cine de autor. Asombroso es el reparto que dio vida a los personajes de esta gran obra encabezados por Michael Douglas, Catherine Zeta-Jones, Don Cheadle o Luis Guzmán, que hicieron de su aportación uno de los inagotables apéndices que complementaron una de las grandes cintas de 2001. Mención aparte recibe el trabajo de un Benicio del Toro inmenso, profundo y multidimensional en el papel de policía mexicano comprometido con sus raíces y la lucha contra los narcos, dos causas contrapuestas en los cárteles aztecas. De espíritu transgresor y pulcritud cinematográfica ‘Traffic’ fue, a todas luces, el reencuentro con uno de los genios del cine contemporáneo. Fue la reconciliación con el visionario que ganó la Palma de Oro con sólo 25 años.

jueves, 21 de abril de 2005

'Psycho' por partida doble

En 1960, Alfred Hitchcock dirigió una de las obras maestras del terror, ‘Psicosis’.
En 1998, Gus Van Sant cometió la infame proeza de realizar uno de los ‘remakes’ más vergonzosos de la historia del cine.
Aquí (botón derecho y bajar) podemos ver la escena de la ducha en ambas películas, simultáneamente.
Un documento curioso.

Jan Saudek: El antogonismo de los cuerpos

Jan Saudek es uno de los pocos y más reconocidos fotógrafos checoslovacos que ha traspasado fronteras y ha obtenido un reconocimiento en Europa y es admirado internacionalmente.
Su inquietante mirada se caracteriza por una estética donde el multipanel ejerce como fondo a cuerpos que simbolizan los antagonismos del ser humano en su perfil físico; la desnudez contra el atuendo, la delgadez frente a la obesidad, la asimetría y la perfección, la fealdad y la belleza, la juventud y la vejez, contrariedades expuestas desde un prisma sexual que confluyen en una original amalgama de sortilegio, realismo, impudor, afección y ternura.
Una imaginería onírica corrompida por sus texturados fondos de estudio. De lo sentimental a lo tosco, peculiaridad congénita a su vida, ya que Saudek estuvo a punto de morir en los campos de concentración del ‘experimentador’ genocida Josef Méngüele y ha crecido influenciado por una juventud de miseria, cercado de acuosos silos, putas de saldo sumidas en un patógena peligro y la impúdica y sebácea degradación comunista.
Sus fotos y más información aquí.

Por extensión, 'Panic Room'

Claustrofobia y lobreguez cotidiana
A pesar de no alcanzar las cotas de ‘Fight Club’, Fincher constató su condición de genio de la puesta en escena con esta cinta de suspense psicológico
Tras convertirse en uno de los cineastas visionarios más importantes del cine contemporáneo debido a una corta trayectoria cinematográfica en la que su personal estilo visual y narrativo han sido elementos definitorios de un universo intransferible y sorprendente, David Fincher ofreció su última película con ‘Panic Room’. Una cinta que, de entrada, puso de manifiesto la constatación de un talento fílmico y artístico en el que su destreza visual y la ejemplar artesanía han hecho de él un artista de la puesta en escena. Alejándose por completo de la purgativa y magistral ‘Fight Club’, obra maestra ilustrativa del materialismo que condena esta época de consumo e intolerancia en la que vive el hombre moderno, Fincher se unió al guionista David Koepp para narrar la historia de Meg y Sarah, madre e hija que se trasladan a vivir a una casa con una particular habitación que esconde un gran secreto. En su primera noche, unos ladrones deciden poner a prueba los nervios y el valor de la familia.
La intención de director y guionista fue alcanzar el desafío de lograr el mayor realismo posible, circunscribiendo la acción por completo a una sola localización, adecuando su ritmo a una perfecta utilización del espacio cinematográfico, como algo que no se revela neutro, sino como centro del drama. Algo que en ‘Panic Room’ se logra, en gran parte, a la angustiante y decadente atmósfera patentizada como distintivo del director de ‘Se7en’. El predomino de las tonalidades lóbregas y tétricas, negativas y apagadas, volvieron a inquirir en beneficio de un guión que, pese a más de algún problema de languidez, cumplió correctamente con el buscado suspense psicológico, de una manera simple y eficaz.
Para ello, Fincher volvió a dejar la actitud ascética del discurso moral, esta vez bastante más evidente que en sus anteriores cintas, para apostar por su excepcional punto de vista cinematográfico, un mundo de compleja planificación formal en el que ofreció una nueva lección de opulencia visual donde la visceralidad se sosegó y aceleró en función del suspense y del terror. Un perfeccionismo visual reconocido en Fincher que en ‘Panic Room’ brilla, por esta vez, en los pequeños detalles con los que dota de empuje a un guión que, si bien adolece de un complejo de trasgresión que no consigue, sí se ajusta a los requisitos de un director difícil como lo es él. La búsqueda metafórica del carácter trágico de la vida sigue siendo la inmutable constante a definir. En este caso, representada en una mujer al cuidado de su hija enfrentada a una amenaza exterior que pondrá a prueba su fortaleza y tenacidad.
Una excelente ejemplificación de la sordidez cotidiana que, llena de intenciones naturalistas para hurgar en los miedos y la fragilidad humana, envuelve la obra de David Koepp (equivalente a su gran ‘El efecto dominó’) y la del propio Fincher (‘The Game’). La acción es el objetivo, la tónica sobre la que se sustentan los pilares de la edificación modélica de Fincher, acentuando la oscuridad en un escenario sórdido, acuoso y oscurantista que representa, en realidad, la intención narrativa de profundizar en el lado más oscuro y desconocido de todos sus personajes en el que ese ‘castle keep’ tecnológico, esa habitación del pánico, implica el aislamiento emocional y la consecuente decadencia familiar, símbolo manifiesto de la era preservadora que se nos viene encima.
El cineasta retornó así a sus digresiones narrativas (perceptible en ese largo plano secuencia digitalizado), en el ‘photogrammetry’, pero esta vez definiendo su objetivo visual en función de la acción argumental y no de la espectacularidad. ‘Panic Room’ se asemeja a una partida de ajedrez, donde se muestra un tablero (la casa) y unas piezas personalizadas en unos personajes situados en dos extremos (el bien y el mal). Una partida en la que, una vez que la acción les enfrenta, cada uno de ellos juega su estrategia para ganar esta agobiante partida a vida o muerte. Pero en contraposición de aquellos que tachan a Fincher como ‘vendedor de humo’, el director muestra todas sus cartas, sin reservas, sin guardar esta vez un efecto final que confunda.
La gran virtud de ‘Panic Room’ es su grafía traslúcida. Una vez que son presentados los personajes y los ángulos de la mansión, el diagrama se revela simple y sin trabas. Tanto el ‘modus operandi’ de la madre y la resistencia de la hija, como el contraste de personalidades entre los ladrones que origina un enfrentamiento en la disposición metódica de cada uno de ellos, es expuesto con una limpieza alineada y solvente para que los roles lleguen hasta el extremo sus intenciones, reaccionando todos como se espera de ellos (incluido el final). Mucho se habló de la renuncia de Nicole Kidman comenzado por una lesión producida en ‘Moulin Rouge’ por un esguince de rodilla durante el rodaje de esta película, pero lo cierto es que Jodie Foster realizó gracias al abandono un ejercicio de interpretación física y dramática intachable, lleno de matices interpretativos, que la sitúan de nuevo en el pináculo de su carrera. Efecto al que no son ajenos la joven Kristen Stewart, Forest Whitaker y, sobre todo, un irreconocible Jared Leto, secundarios que demuestran que Fincher es también un buen director de actores.
Llena de buenos momentos de una tensión sugerentes, endurecidos por el dominio y el mecanismo utilizado por Fincher desde sus ejemplares créditos, ‘Panic Room’ justificó que, empero de la historia, nos encontramos ante un director llamado a ser uno de los indiscutibles genios del cine moderno.
Por eso esperamos ‘Zodiac’ como agua de mayo.
Por cierto, que dada mi admiración a este director, en breve, en el Abismo, habrá un desglose de sus más famosos 'spots' publicitarios que podréis bajar junto a un análisis más que suculento.

miércoles, 20 de abril de 2005

Zé do Caixão, las uñas más largas de la serie Z

Otro mito oculto en el olvido
Desconocido en buena parte del público y creado por el cineasta José Mojica Marins, Zé do Caixão es uno de los iconos del cine de terror brasileño y del género.
No resulta nada extraño que en nuestro país pocos conozcan una figura tan inquietante como es Zé do Caixão. Al igual que el Santo Enmascarado de Plata, Zé es uno de esas figuras imprescindibles en la cinematografía sudamericana, uno de esos iconos irrepetibles que han marcado con su presencia una parte de la historia del celuloide, en este caso de Brasil. El público conoce y teme a casi todos los arquetipos del cine de terror comercial, elevados al altar por los entusiastas del género. Drácula y Frankenstein, el Hombre Lobo, Pinhead, Jason, Freddie, o más recientemente Ghostface en la saga ‘Scream’ son algunos de ellos.
Lo curioso de este fenómeno carioca es su trasgresión de fronteras, al tratarse de un personaje fundamentalmente localista, restringido a la creencia de una zona que no representa ni mucho menos todo el país. En este ámbito, Brasil supone el marco perfecto para un mito terrorífico como Zé do Caixão, ya que toda inflexión nigromántica que envuelve la religión brasileña está influenciada por la magia negra afrocubana, el catolicismo y la creencia ciega en lóbregas fábulas que imponen su dogma por encima de la realidad. Esta figura aterradora tradicional proviene, como casi toda efigie, de las leyendas lugareñas. Zé era en realidad Josefel Zanatas (por su origen griego ‘muerte’) un patrón oscuro y siniestro que se dedicaba a vender féretros. Se caracteriza por vestir sempiternamente de negro, ocultar su lóbrego rostro bajo una enorme capa y un sombrero de copa y cabalgar en una oscura galera tirada por caballos. Otra de sus sangrientas características es la de poseer una enormes y desgarradoras uñas con las que suele atacar a sus víctimas.
La tradición habla de un hombre poco agraciado, pero bueno y bondadoso, que fue sanguinariamente asesinado junto a su bella y joven esposa Sara a manos de unos mercenarios. Josefel vuelve a la vida, bajo una apariencia demoníaca y umbría, para imponer la justicia y castigar a todas las almas infames (extendiéndose después al crimen sin motivo aparente) que se crucen en su camino, buscando, de paso, una mujer ideal que sustituya a Sara, la perfección femenina hecha carne. ‘A sina do aventureiro’, realizada en 1958 se puede considerar la primera aparición en la gran pantalla de este clásico brasileño. Una película en la que, si bien Zé no tenía una reseñable labor, si impondría las bases de un cine rural, limitado a la creencia nacional, a las pobres gentes analfabetas que creían a pies juntillas una superstición que evoca al popular ‘hombre del saco’.
El debut oficial del enigmático agente de decesos se produce con ‘À Meia Noite Levarei a sua Alma’, la cual fue un auténtico fenómeno de taquilla en varios puntos de la geografía brasilera, ocasionando un inesperado éxito que conllevó a abundantes y sangrientas secuelas, canciones de moda con sus cruentas hazañas como estribillo, su propio ‘quadrinho’ o cómic y hasta un programa de televisión considerado un ‘boom’ catódico. Transmutado en ídolo de masas, Zé do Caixão pasó a la historia con letras de oro bajo el curioso designio del cine marginal y de bajo presupuesto.
El gran creador de todo el tinglado mítico-religioso fue el director y guionista José Mojica Marins, padre de la funesta figura de negro. Marins asegura que su creación proviene de un mal sueño de verano en el que era secuestrado por una bruna figura que le sujetaba la cabeza delante de su propia tumba para que viera qué día moría. Como toda buena idea de terror, el guión pasó de mano en mano sin que ningún productor viera productividad en un bosquejo lleno de sangrientas escenas con un personaje enlutado como protagonista. Creyendo ciegamente en el proyecto, el cineasta carioca se endeudó hasta las cejas y produjo ‘À Meia Noite...’ de forma individual. Incomprensiblemente, tampoco encontró a ningún actor que quisiera dar vida a Zé, así que se envolvió en su capuz negro y rodó, al estilo más cercano de Edward D. Wood Jr., el debut de la impía quimera brasileña.
Encuadrada en la serie Z, esta obra de culto incluía en su interior muchas de las secuencias que marcarían la tradición del cine ‘gore’ más aberrante y desprovisto de circunspección que se haya visto en la historia del género. En ella se narraban los primeros pasos delictivos de Zé do Caixão y su terrible fábula como brujo, justiciero y psicópata sanguinario, ofuscado en su propósito de hallar a la mujer perfecta, capaz de dar a luz a un hijo que pueda continuar con el legado de su padre. Películas como ‘Esta Noite Encarnarei no Teu Cadáver’, ‘Finis Hominis’ y su filme más conocido (si es que alguien lo conoce), ‘El extraño mundo de Zé do Caixão’, imponen una desgarradora visión del mito que introduce imágenes nada habituales en la época (con varios problemas con la censura) con las atrocidades que allí se mostraban: asesinatos, violaciones, necrofilia y canibalismo entre otras barrabasadas provistas de sangre e insania.
Zé do Caixão determina un cine ‘gore’ y ‘splatter’ oculto en la historia del cine, suponiendo un auténtico hallazgo genérico dentro de la orbe de la infracrítica cinematográfica. José Mojica Marins se define por su cine bizarro, impúdico, lleno de sublecturas, muchas de ellas en referencia a la droga y su fomentación por parte del gobierno de la época. Hecho que, por supuesto, hacia que las ‘tijeras’ censoras se cebaran en obras de Mojica como ocurrió en ‘El despertar de la bestia’, filme cargado de escenas lisérgicas que hicieron del cine de Zé do Caixão un auténtico catálogo de ironía surreal y glorificación de lo absurdo. El esperpéntico director, de un modo paralelo, pero fingido, a la monomanía de Bela Lugosi con ‘Drácula’, se metió tanto en su personaje que acabó paseando su personaje a lo largo de todos los festivales del mundo vestido como Zé, dejándose unas largas uñas de 20 centímetros cual Florence Griffith-Joyner en las Olimpiadas del 88.
Pocos conocen la figura de Zé, pero fue Wes Craven el que reconoció públicamente en 1984, durante la promoción de ‘Pesadilla en Elm Sreet’, la influencia de este mito sudamericano para crear las garras de Freddie Krueger. Versado en temeridades imposibles, el director y personaje se sometió durante la vida de Zé a todo tipo de frenesíes físicos como comer gusanos vivos, chupar arañas venenosas, acariciar víboras y descargar compulsivamente en su cuerpo más de 110 voltios (conocidos en México como ‘toques’). Pero Zé do Caixão fue perdiendo interés y en la década de los 80 dejó de agradar a la población brasileña, quedando en la más oscura miseria fílmica. Mojica Marins se cortó las uñas, se afeitó la barba y recaló en el cine porno, donde realizaría un ‘hito’ sicalíptico al rodar la primera película zoofílica de Brasil, lo que le llevó indefectiblemente al descrédito y retiro definitivo de la dirección.
Una década después el tótem del ‘splatter’ norteamericano Frank Hennelotter le destacó como uno de los cineastas más importantes de la historia en la prestigiosa revista ‘Cult movies’, donde se le subrayó como una de las máximas influencias en el cine de terror, que sirvió al propio Marins para reeditar sus obras en USA bajo el seudónimo de Coffin Joe para volver a rodar algún título e incluso cortometrajes, esta vez como actor que carecen de cualquier interés que tuvieran sus primeros trabajos; ‘O Gato de Botas Extraterrestre’, ‘Tortura Selvagem’, la demencial pieza corta ‘Lasaña Asesina’ y su última cinta que data del año pasado 'Un show de Verao' son algunos de estos ejemplos.
Sitges, Amsterdam, Fantasporto... son algunos de los festivales que le han dedicado retrospectivas a un hombre que, si bien ha sido descalificado por un crítica que desconoce su obra, ha sabido ganarse a todos los amantes del cine bizarro y convertirse, con el paso de los años, en un verdadero cineasta de culto.

'Zodiac', lo nuevo de Fincher se consolida

La noticia de hoy es que definitivamente está en marcha la preproducción de un esperado rodaje.
Como anuncié en el Abismo ‘Zodiac’ será la nueva película del gran David Fincher.
Jake Gyllenhaal y Robert Downey Jr. ya han firmado con el director de ‘Seven’ para el nuevo thriller que rodará a finales de año. ‘Zodiac’ se basa en los dos libros del periodista Robert Graysmith ‘Zodiac’ y ‘Zodiac Unmasked’ que tuvieron como objetivo al Asesino del Zodiaco, un psicópata que frecuentó el área de la bahía de San Francisco cometiendo asesinatos al azar y enviando cartas a la policía y al FBI, retándoles y amenazando con matar a más gente. Actuó entre 1966 y 1974 y al día de hoy todavía sigue sin cerrarse el caso.
Ahora mismo están en negociaciones para que Mark Ruffalo interprete a un inspector de homicidios al que acompañará Paul Avery, el periodista que cubre el caso y que interpretaría Gyllenhaal. Desconozco si Downey Jr. sería el asesino.
Lo más reconfortante de todo es que en 2006 tendremos la necesaria dosis de Fincher que algunos tanto echábamos de menos.

martes, 19 de abril de 2005

Habemus Papam


Ah, que no... que no es este. Este es otro Papa.
A las 17:50. La fumata blanca aparece en la Plaza de San Pedro, lo que denota que han fumado poco para saber quién es el nuevo Papa.
Al 4º Intento el conservador alemán Joseph Ratzinger, llamado desde hoy Benedicto XVI, es el ganador de este breve cónclave. Un hombre criticado y polémico que ha suprimido la discusión y silenciado a los disidentes dentro de la iglesia, poco dado a la apertura. Un fulano que, posiblemente, abra una gran distancia entre el liderazgo eclesiástico y la fe de los católicos.
El Papa 265 de la historia de la Iglesia ha sido escogido. A ver si ahora nos dan un poco de tregua y de respiro a tanta extenuación mediática religiosa. Que ya está bien.
¿Qué hará a partir de la semana que viene Telecinco?

Este es Dirk Benedicto XVI.
Este es el Papa de transición. Ya que por mucho que digan que goza de excelente salud, se le ve cascado al hombrito.

La seducción del Lado Oscuro al alcance de la mano

He aquí tenemos otro de esos juguetes que hubieran hecho (y hacen) felices a cualquier integrante de aquella progenie que vivió al escudada en su filiación a la primera trilogía de ‘Star Wars’. Todos nosotros solemos tener problemas de madurez y la mesura no forma parte de nuestras vidas. Por eso cuando vemos un juguete de este tipo, nos retrotraemos a la puericia fílmica para ansiar estas chorradas de intrascendente ocio.
Sí, amigos, es el mismísimo casco negro de Lord Darth Vader, con su característico sonido de resuello cancerígeno de abuelo a punto de espicharla. E incluida, por supuesto, su peculiar resonancia metálica que adjunta frases de la trilogía (“Don´t make me destroy you” o “The force is with you”). Ya no hace falta ser James Earl Jones para sentirnos Vader.
Y no es todo. El casco lleva unas correas para que se adapten a todo tipo de melones y un micrófono que reactiva la opción de modificador de voz, adaptándola a las características de locución sonora de Lord Vader con la posibilidad de decir lo que quieras con la típica y archiconocida voz. Con esta modalidad, podrás coger a cualquier mindundi del cuello y decir aquello de “Su falta de fe resulta molesta” y, cómo no, “Soy tu padre”.
Antes no existían este tipo de juguetes.
¿Es demasiado tarde para comprarse un chisme de estos?
Su precio: 69 €.
Aquí lo tenéis.

La homosexualidad en el cine de Hitchcock, por Izaguirre

Hace ya muchos años que prestigioso crítico Robin Wood salió del armario prorrumpiendo a los cuatro vientos su homosexualidad. Esto trajo consigo que el cineasta al que había dedicado sus mejores estudios a lo largo de su vida, Howard Hawks, fuera el centro de una nueva revisitación de sus códigos cinematográficos desde el punto de vista ‘gay’, analizando toda su filmografía en base a esta tendencia sexual. Su brillante indagación pasó a convertirse en una soterrada perspectiva desde un enfoque en el que en cada película del maestro Hawks extraía unos excedentes dispositivos abiertos a la homosexualidad. Wood transformó con su renovado y enorgullecido enfoque cualquier elemento de simple amistad entre dos hombres (incluida en la magistral ‘Río Bravo’) en apócrifas relaciones que iban más allá, suscitando todo tipo de alusiones homosexuales en las películas de Hawks.
Ayer por la mañana, el ínclito Álex de la Iglesia ha presentado ‘El armario secreto de Hitchcock’, el nuevo libro de Boris Izaguirre (ojo a su página), ése carismático animal de la fauna letrinera que anida en el inefable ‘Crónicas Marcianas’. En él, Boris retoma la idea de Wood establecida en la grafía homosexual de algunas escenas del mago del suspense que el propio autor define no como una reivindicación del maestro británico sino como una forma de ver el universo Hitchcock desde otra geometría. De la Iglesia ha descrito la nueva obra del venezolano como “un libro frívolo que se acerca a un personaje frívolo de una forma rigurosa. Se acerca a la profundidad de Hitchcock a través de lo efímero”.
Supongo que dentro de este periplo a lo largo y ancho de los ‘momentazos homo’ de Hitchcock, Boris habrá subrayado algunos de incuestionable perentoriedad, ya que, pese que el ‘Maestro del suspense’ era un católico victoriano convencido siempre, y esto es algo bastante irrebatible, sintió curiosidad por el mundo ‘gay’, pero de un modo bastante rudo y retrógradamente delicioso, cercano al entorno homofóbico y no al fulgor metódico que pueda contemplar Izaguirre. Así, tenemos ‘La Soga’, con protagonistas fehacientes ‘gays’, personajes interpretados por Farley Granger y John Dall, en esa ambigua relación de secretismo y dependencia de ambos asesinos. O en ‘Extraños en un Tren’, donde se ofrecía un retrato de la homosexualidad descrita en la juventud que auspicia sofisticadas dosis de inteligencia, riqueza, diletantes de lo ‘snob’ y, rebatiendo el tópico, una madre posesiva, como la de Norman Bates en ‘Psicosis’.
También el lesbianismo latente y subvertido de ‘Rebeca’, cuando la pérfida ama de llaves, la señora Danvers (Judith Anderson), enseña a su nueva señora la lencería de la difunta que da nombre a la película. Tampoco se puede olvidar la atracción que siente en el joven Leonard (Martin Landau) por su jefe Philipp Vandamm (James Mason) en ‘Con la muerte en los talones’. Y, por supuesto, espero que no se haya olvidado la pluma del cronista marciano de incluir en su itinerario homosexual por el cine de Hitchcock la británica ‘Asesinato’, en la que uno de los personajes, en sus secuencias principales, se suicida vestido de mujer debido a la contrición de una naturaleza no aceptada o que los dos aficionados al críquet eran igualmente homosexuales en ‘Alarma en el expreso’. A pesar de sus pretensiones, las páginas de este libro no ofrecen nada nuevo. Boris afirma que Alfred Hitchcock no era misógino, si no que, muy al contrario, trazó una mujer fría cuando ser fría era un ejemplo al que aferrarse para ser una mujer independiente. Una aserción que a los amantes y estudiosos del maestro se nos antoja bastante equívoca.
Habrá que echarle un vistazo a este nuevo compendio ‘hitchcockiano’ para ver si Boris acepta los límites que propugna su objetivo o exagera sus finalidades con la proliferación de una posible fallida ponderación. No he leído ‘Morir de glamour’ ni ‘1965’, pero reconozco que sí he profundizado en algún que otro libro del señor Izaguirre. No me cae particularmente bien este autor. Personalmente me parece un ‘autoproclamado’ erudito de lo elegante y ‘glamouroso’, cuando adolece de estos epítetos con sus esperpénticas exhibiciones de lamentable gusto. Sin embargo, he de reconocer que en ‘Fetiche’ y, sobre todo, en ‘La verdad alterada’ el showman consiguió sorprenderme con un agudo cinismo, desarrollado bajo su ironía y una escritura de lectura ágil y amena en sus excelentes crónicas que tienen como factor común una buena dosis de inteligencia y atracción.