sábado, abril 30, 2005
George Petty fue uno de los dibujantes de ‘pin ups’ más importantes del panorama internacional allá por los años 30 con sus dibujos para la revista ‘Esquire’.
Disfrutad de su vida y obra én este link y en este otro.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 20:49 |


Con una gripe fulminante y drástica, medio aletargado y aturdido por esta circunstancia, ayer abandoné mi habitual concupiscencia nocturna para quedarme en casa, febril y destemplado. Intermitente acudí a la licenciosa devoción por el ‘zapping’, cuando accidentalmente asistí a una ignominiosa gala, un acontecimiento de lo más patético que se haya podido ver en mucho tiempo en la caja tonta. Me refiero, por supuesto, a la lamentable VII edición de los premios de la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión (ATV).
Una realización deplorable, atroz y lastimosa, con fallos constante de sonido, donde los vídeos no entraban cuando tenían que entrar, donde el guión adolecía de cualquier originalidad o gracia, lindante en lo ramplón e inelegante, en el puro sonrojo de un evento de más de tres horas, mal conducido y que, como resultado, dejó la manifestación de uno de los ridículos más descomunales y risibles vistos desde hace años. Ni siquiera los Goya presentados por la infame Antonia San Juan fueron tan calamitosos y tristes. El triste 11,4% con 1.355.000 espectadores para la gala manifiesta lo funesto de la noche.
En cuanto a los premios, 'Aquí no hay quien viva' fue la justa ganadora al obtener cuatro de los principales galardones. Lo único destacable fue el momento de homenaje al gran Miguel de la Quadra Salcedo, que recibió el homenaje de la Academia con el premio a toda una vida a pesar de no estar presente para recogerlo.
Como curiosidad, a lo largo de la ceremonia, los presentadores (muchos de los cuales salían vestidos con el uniforme de los operarios de la limpieza - barrenderos y basureros -) echaban a un alegórico basurero todo aquello que se deseaban excluir de este mundo.
El último de los galardonados, el enloquecido pero brillante José Corbacho, ganador del premio al mejor programa de entretenimiento por 'Homo zapping' protagonizó un acto de dignidad y coherencia al tirar a la basura de forma simbólica la propia y vergonzosa gala aludiendo a que, de vez en cuando, hay que hacer un poco de ‘autocrítica’. Cuánta razón llevaba.
Lo de ayer no tiene nombre.
Una gala fundamentalmente emética que suscitó, en muchos momentos, la náusea y la vergüenza ajena.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 12:48 |


Tópico panegírico a la palabra y la diplomacia
Sydney Pollack desaprovecha una interesante trama de ‘thriller’ político para sustituir la acción e investigación por una historia de amor imposible, algo en lo que es un experto.
En un tiempo en que la ONU está tan desacreditada, donde los Derechos Humanos sufren violaciones cada día y la pérdida de confianza se engrandece derivada de una indiferencia ante una reciente guerra ilegal contra Irak sin que poder hacer nada por evitarla, la institución que vela por la integridad pacífica en el mundo necesitaba, aunque fuera en un entorno ficticio, lavar su imagen de cara al mundo. De ahí que Cofi Annan haya fiado las instalaciones de la organización internacional para que un veterano como Sydney Pollack rodara su última película, ‘The Interpreter’, dentro de ellas. La organización ha conseguido un suculento cheque de la productora y Pollack ha ganado en credibilidad al narrar una historia que supone su aparente regreso al ‘thriller’ político, género en el que cabe subrayar sus obras ‘Los tres días del Cóndor’, ‘Ausencia de malicia’ y ‘La tapadera’.
Nicole Kidman es Silvia Broome, una intérprete de la ONU que accidentalmente escucha una conversación en la que alguien planea matar al dictatorial y genocida jefe de Estado africano de Matobo (país y lengua inventada para no levantar aprensiones) durante la Asamblea General. Cuando se da cuenta de que se ha convertido en objetivo de los asesinos que la amenazan, intenta frustrar la conspiración con la ayuda de Tobin Keller (Penn), el agente federal encargado de protegerla. Pero la trama se desdobla en dos frentes; además de esta trama principal, que nos va a proveer de una línea de pulsión sexual no resuelta (el primero de sus muchos tópicos), la acción se fracciona ante las sospechas del agente por el oscuro pasado de Broome, que ha nacido en el mismo país africano de donde deriva la amenaza y ha sido activista contra el régimen de un presidente corrompido por el poder hasta convertirse en un autócrata.
Tópicamente definida como un ’thriller político’, la nueva película de Pollack tiene tan poco de político como de ‘thriller’. Pero no es el veterano director el infractor de tal infortunio, sino que en este caso el peso de lo más execrable de este (vayamos avanzándolo) correcto filme de intriga recae en Charles Randolph, Scott Frank y Steven Zaillian, guionistas que han cimentado el mayor despilfarro del filme en la profundidad ética de sus personajes principales, restando acción a la trama y anulando una más que viable funcionalidad del género en el que se quiere inscribir esta película. Y es que ‘The Interpreter’ se precipita desde su principio intercediendo por un relato de personajes idealistas que topan con la cruel realidad de la violencia. Broome cree en la eficiencia e inmunidad de la palabra, mientras Séller es un cínico analista que define a una persona con una sola mirada. Por si fuera poco, ella es una huérfana desabrida que desconoce el paradero de su hermano, una mujer que tuvo que huir del hombre al que oído que van a matar y él es un torturado marido recién enviudado por el accidente de su mujer con su amante. Todo este ‘dramatis personae’ hace que la cinta caiga en una rémora sin interés que desatiende los elementos del ‘thriller’ al uso. Durante gran parte de las dilatadas tramas y subtramas parece más importante enfrentar dos posturas irreconciliables que apelar a la acción. Así, la doble secuencia en la que Broome se sube a un autobús para preguntarle al opositor político del amenazado por su hermano supone, en un prodigioso y dinámico montaje paralelo, lo mejor de esta película que cae en demasiados tópicos como para realzar la excelente labor de Pollack como director.
En todo momento Pollack no se desliga de su intencionalidad como cineasta de género, rodando con oficio un (a veces forzado) sosiego clásico, renunciando a cualquier tipo de disonancia formal y procurando que no decaiga el juego corrosivo y activista que hubiera necesitado sobre el espionaje, el suspense y las conspiraciones políticas. Algo, que en los tiempos que corren se antoja difícil. En vez de ello, Pollack se inclina hacia un territorio que domina y que ha terminado por infectar su cine: las anémicas historias de amores imposibles. La conspiración ‘hitchcockiana’ de ese atentado en las Naciones Unidas queda en un segundo término para ajustarse a la intimidad de una romántica y comprensiva conversación a distancia (cada protagonista en una ventana), de miradas cómplices o de confesiones que gravitan en un silencio fraterno. Excesiva preeminencia de esta aburrida relación de esa bipolaridad de pensamiento ante determinados conflictos que se aúnan hacia el final de la cinta con el objetivo de salvaguardar la dignidad de los pueblos a través de la justicia, donde la validez de las palabras y la diplomacia en lugar de la violencia es lo que defiende en su modélico y vergonzante desenlace.
Aún así, la cinta tiene sus virtudes, como esa sobria y fría puesta en escena, cargada de una elegancia y moderación digna de un veterano como Pollack, desviada de efectismos formales que se sustenta en un ejemplar estilo de ciertos recursos clásicos por parte del cineasta. Pero sobre todo (algo que viene siendo habitual) ofrece la posibilidad de evidenciar otra portentosa interpretación de una pletórica Nicole Kidman que lo compensa todo en una actuación comedida, sutil, llena de matices, un logro que a Sean Penn se le escapa por momentos, ya que el injusto ganador del Oscar por ‘Mistyc River’ ofrece un trabajo descompensado, a pesar de su innegable capacidad para dotar a los personajes torturados de una veracidad intachable. Es una pena ver, eso sí, a la espléndida Catherine Kenner dignifica un personaje innecesario que no aporta nada a la trama.
‘The interpreter' no ofrece más que un conato de ‘thriller’ escondido en un drama melancólico, elaborado con certera seriedad y corrección formal, pero que tiene como mayor enemigo un guión que no consigue insuflar ningún incentivo, ya sea algo de desasosiego (si exceptuamos la citada secuencia del autobús), ni hondura o emoción a una historia previsible y artificiosa con unos personajes poco creíbles incluidos en un entorno real que es desaprovechado en lo que podría haber sido una oportunidad inmejorable por recuperar la zona oscura y clásica de un género bastante quebrantado.
Miguel Á. Refoyo © 2005
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:40 |


viernes, abril 29, 2005
Link a una extraña galería fotográfica decicada a los pies de varios componentes del orbe musical más célebre.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 20:22 |


En un día en que México ha superado por primera vez en número de lectores del Absimo a Estados Unidos. En un día en que nos hemos sentido desolados porque unos infames desalmados han quemado ‘El grito’ y ‘La Madonna’ de Münch y un vídeo de Cannavaro ‘chutándose’ un ungüento médico ha dado la vuelta al mundo. En un día en que Tom Cruise dice que tiene nuevo pretexto para acallar su supuesta homosexualidad. En un día en que Brad Pitt y Angelina Jolie están ‘arrejuntaos’ y que ha muerto Mason Adams, el estricto jefe de ‘Lou Grant’ (serie por la que siempre quise ser periodista), ha emergido en el mundo ‘freak’ un nuevo ser que vive a 10 metros del suelo, como si de un pájaro se tratara, en un nido de construcción básica situado en el centro comercial de Soho de Jianwai, el área de la empresa más próspera en Beijing. Y con todos los lujos reunidos (cama, radio con mp3, teléfono móvil). Todo en 4 metros cuadrados.
Es, sin duda alguna, una iniciativa muy adecuada como idea para el plan de vivienda (in)digna de María Antonia Trujillo.
Y encima Pe se arrepiente tremendamente de esto.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 15:56 |


jueves, abril 28, 2005
Mi padre era y es gran erotómano coleccionista que nunca me censuró el sexo visual, de ahí mi afición a revistas que algunos tienen por impúdicas y mi prematura afición al onanismo. Por eso, una de las imágenes matrices que mi memoria alcanza a recordar de un cómic erótico, con la ignorancia e inexperiencia de la cual uno hace gala cuando tiene cuatro o cinco años, es el de las aventuras de ‘Oh, Wicked Wanda’ que protagonizaron las páginas de Penthouse allá por los finales de los 70 y principios de los 80.
Me fascinaba aquella mujer trazada con una destreza sexual perfecta, de una diligencia femenina muy atractiva, lúbrica y tenaz. Muy de la época. Wanda Von Kreuss es una de mis musas iniciáticas, la mujer incorpórea que todos ambicionamos o soñamos cuando somos impúberes pardillos con absurdas quimeras ilusorias.
Ella siempre emplazó mi atención infantil mucho más que los pictoriales de espectaculares y libidinosas féminas con hirsutos rasgos púbicos.
En este monumental link tenéis acceso a todos los cómics de Wanda publicados en la mítica Penthouse.
Una auténtica mina de oro que permite rememorar a la lasciva German Grrr, líder del ‘Puss International Forces’, al bárbaro J. Hoover Grud, al libidinoso Walter Von Kreuss, el salido padre de Wanda, a la inseparable amiga de ésta Candyfloss o al ingenioso inventor de todo tipo de ‘gadgets’ sexuales para Wanda Homer Sapiens.
Espero que la disfrutéis.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 21:44 |


Lo último (aunque date del 9 de febrero de 2005) de nuestra Ministra de Cultura es antológico. Esperanza Aguirre y sus infortunios provocados por la ignorancia, la inhabilidad y el afán de ‘graciosismo’ (como bien definió mi amigo, el gran guionista RL) han pasado a la historia. Tenemos una humorista mucho más ocurrente, original e infame en nuestra queridísima Carmen Calvo.
Tras su éxito 'la fraila', llega su rotundo 'Pixie & Dixie', que será (como diría el gran Luqui) "Tres, dos o uno".
Por lo visto, el senador del PP Juan Van-Halen (nada que ver con el mítico grupo de los 80), en un discurso que indagaba en el número de los espectadores del cine español en uno y otro gobierno, debió decir algo que a nuestra heroína de lo gracejo indocto le resultó intolerante.
¿Qué fue? Veámoslo
Senador Juan Van-Halen Acedo (PP): "Centrándonos en el período negro, Calvo «dixit», en el año 2000 dos filmes, «La comunidad» y «Año mariano», superaron cada uno de ellos el millón trescientos mil espectadores. En 2001, año negro también, Calvo «dixit», las cifras fueron de asombro --el mejor año, con mucha diferencia, del cine español--: «Los otros» consiguió 6.242.330 espectadores (...)".
Tras estas palabras de Van-Halen, le tocó el turno a Calvo, que demostró una vez que la jocosidad andaluza que ella posee está tizanada de esterilidad de latín y muchos otros conceptos y materias. Eso sí, con gran memoria televisiva. Confundir el término 'dixit', con uno de los pequeños roedores que perseguía el gato Jinx no tiene desperdicio.
Carmen Calvo, ministra de Cultura: "Señoría, usted para mí nunca será Van-Halen «Dixie» ni «Pixie»; será su señoría, el senador Van-Halen, precisamente porque estamos en una Cámara de representación democrática en nuestro país, precisamente porque estamos en el Senado.Y desde ahora le adelanto que ese modelo de intervención, con alusiones pretendidamente ingeniosas acerca de las personas, en este caso de mi persona, si quiere, se las puede ahorrar, porque no voy a contestarlas."
Impagable documento.
He leído a propósito del garrafal disparate ministerial unas palabras de Ionesco que señalaban “La comicidad de un autor es, a menudo, la expresión de cierta confusión. Uno hace reír al explotar su propio absurdo” al comentar su obra maestra de teatro cómico ‘La cantante calva’. Todo acierto y concomitancia con lo aquí expuesto, en argumento y patronímico.
Mis amigos andaluces ya me advirtieron de que las risas con esta mujer estaban aseguradas.
¿Por qué no nombran ministro a Arévalo o a Manolito Rollo?
Pensándolo bien, que siga el circo. The show must go on...
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 15:00 |


Fallida e inoperante reiteración de elementos
Un ineficaz F. Gray Gray recurre al calco de ‘Cómo conquistar Hollywood’ con una evidente falta de dinamismo proveniente de un insustancial guión de Peter Steinfeld.
Decepcionante puede ser el adjetivo que mejor defina con la nueva película de F. Gary Gray. No es algo justificable que el corpus literario de Elmore Leonard se haya visto agraviado con una adaptación tan superficial como esta ‘Be Cool’, culpa del guionista Peter Steinfeld. Toda la ironía revestida de esa vena cínica que congregara las aventuras de Chili Palmer con gracia y buen hacer el veterano Barry Sonnenfeld con ‘Cómo conquistar Hollywood’ ha perdido toda pujanza en una secuela donde predomina en todo momento una evidente falta de inspiración y donde sus elementos resultan del todo artificiosos, buscando en todo momento una ironía que nunca acaba de cuajar. El guión repite el esquema que emplaza a esa necesaria caterva de ‘freaks’ heterogéneos surgidos de la pluma de Leonard y, de entrada, por los planteamientos formulados, parece que ‘Be Cool’ aprovisionará otra ración del fantástico Chili (ese extorsionador mafioso que amedrentaba a la peña con esas cuatro célebres palabras “Mírame a la cara”). Pero todo es una falsa promesa.
La historia plantea una simple base: Chili está desencantado con la industria del cine, por lo que decide cambiar de aires yendo a parar al no menos fullero mundo de la música. Tommy Athens (James Woods en cameo de lujo) da vida a un propietario de un sello musical independiente que es asesinado por un ajuste de cuentas a primeras de cambio. Es la excusa perfecta para que Chili visite a su viuda, Eddie Athens, para tantear junto a ella el negocio musical y lanzar a una prometedora y joven artista llamada Linda Moon. Pero como no podía ser de otro modo, Chili tendrá que enfrentarse al agente de la joven, sus dos esbirros (un blanco que se cree afroamericano y un aspirante a actor ‘gay’), a la mafia rusa y a un parlanchín productor musical negro y su banda de ‘gangstas’ raperos. Parece que no falta nada en el combinado ‘elmoreiano’, pero esta vez el mundo de absurdos individuos que habitan en el universo del autor están ridiculizados en exceso, con un opulento embalaje de sátira que no sabe utilizar ese ‘hooptedoodle’ que ha caracterizado la obra de uno de los autores actuales más importantes dentro de la novela norteamericana contemporánea. F. Gary Gray tampoco domina la conexión de permanentes referencias a la cultura pop norteamericana, perdiendo el ritmo cómico desde su inicio.
Y es que ni Peter Steinfeld es Scoot Frank (el guionista de la primera parte), ni Gary Gray es Sonnenfeld. Su desafortunado tono de parodia del negocio musical y su pretensión de ofrecer diversión al recrear el anagrama de mafia/industria que tan bien funcionó en su predecesora se advierte en esta secuela muy forzado, en un filme carente de cualquier dinamismo, sin gracia en sus principales caracteres y un notorio descuido de agilidad en las escenas cómicas, musicales y lo que es peor, en las de acción. La extravagancia y ludibrio de la primera han sido sustituidos por la burda clonación. Por eso, en ‘Be Cool’ se exprime hasta el exceso los guiños musicales, cinéfilos e incluso deportivos en una trama que acaba supeditada a fáciles alusiones al macarrismo del personaje interpretado histriónicamente por Vince Vaughn, a la condición sexual del rol al que da vida Dwayne 'The Rock' Johnson (que se convierte en lo más destacado de la función), a las interrupciones verbales y cargantes de Andre 3000, al cameo de Steven Tyler y los Aerosmith e incluso a la insipidez de Cedric The Entertaiment. Ni siquiera un ajustado John Travolta, contenido, en su salsa y unas atinadas Christina Milian (gran voz y presencia) y Uma Thurman (qué decir) en sus inicuos roles de hermosos búcaros logran salvar el despropósito. Tampoco Harvey Keitel sirve de paliativo.
Lo más colérico de todo ha sido la forma en que se ha vendido este ínfimo producto en referencia al encuentro cinematográfico más de una década después de ‘Pulp Fiction’ de Travolta y Thurman que, comprometidos por el guión, se marcan un baile con regusto nostálgico, pero tan mal rodado que supone casi un insulto a Tarantino y a ambos actores. ‘Be Cool’ es simple y fallida, con unas sencillas pretensiones básicas que no alcanzan en ningún momento, terminando por caer en una errada tosquedad y sirviéndose, por ende, de una extraña inoperancia procedente de un director que ha demostrado que dentro del cine acción está su futuro. Fuera de él, evidentemente, merma mucho sus virtudes.
Miguel Á. Refoyo © 2005
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:37 |


miércoles, abril 27, 2005
El otro día me acerqué con mi amigo Jimbo a disfrutar de varias exposiciones artísticas al DA2, uno de los mejores y más sofisticados museos de arte contemporáneo que tenemos en nuestra comunidad. Hay una en concreto que abarcará un espacio considerable en el Abismo, su título es ‘Video Killed the radio star (I)’. Sencillamente impresionante. Pero habrá tiempo de explayarse más adelante.
Hay otras varias muestras encuadradas en el mismo recinto, pero hoy quiero centrarme brevemente en ‘Longing for Wilmington’, la perteneciente a la asiática Won Ju Lim, una escultora y artista de instalaciones con obvias influencias arquitectónicas que sustenta su obra en híbridas estructuras que escrutan de modo equitativo la luz, el reflejo, el espacio y la equidad de la era posmoderna.
Su virtuosismo de la iluminación interactiva (el movimiento del espectador es primordial para determinar la intensidad de sus obras) y su minimalismo geográfico disponen un universo anamórfico, utilizando todos los ángulos de visión junto a proyecciones que recogen el industrialismo moderno contrapuesto a sus transparentes edificaciones artísticas y dando así como consecuencia una multiplicidad de prismas que aportan las esenciales y hábiles diferencias en sus trayectorias parciales. Un interesante juego de visiones armonizadas en formas cúbicas y etéreas cuadrículas que se unifican en un claroscuro misceláneo para obtener un efecto óptico absorbente.
‘Longing for Wilmington’, ‘California dreaming’ y ‘Elysian field nortn’ son las tres piezas de la sugerente Ju Lim que se pueden ver en esta exposición.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 16:35 |


Otro interesante y nostálgico link, esta vez sobre portadas de juegos de mesa yanquis de todos los tiempos.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 15:14 |


Un avión a 40.000 pies. Kyle Pratt se enfrenta a la peor pesadilla que una madre pueda sufrir cuando Julia, su hija de 6 años, desaparece sin dejar rastro a mitad de vuelo. Kyle luchará por demostrar que no está perdiendo el juicio ante una tripulación que no encuentra ningún signo de vida de la pequeña, ni siquiera su nombre en la lista de pasajeros. Todos vislumbran que la mujer puede estar volviéndose loca. Nadie la cree. Sólo ella puede descubrir qué es lo que está pasando y qué le ha sucedido a su hija.
Es la sinopsis de ‘FlightPlan’, la última película protagonizada por la excepcional Jodie Foster que está dirigida por Robert Schwentke y acompañada en el reparto por Peter Sarsgaard, Erika Christensen y Sean Bean.
El trailer denota buenas sensaciones. Ahora cabe esperar que:
1. Sea un dinámico y sorpresivo ‘thriller’ que aprovechará las claustrofóbicas dimensiones de un avión, que reducen las posibilidades del género, pero que puede ensalzarla si se produce una ejemplar utilización del espacio.
2. Resulte un fiasco anodino, pretencioso y nulo en su condición de hacendosa cinta de acción redundando en los tópicos del género. En nuestra memoria perdura 'Pasajero 57'.
Jodie Foster repite en un papel, a priori, similar al de ‘Panic Room’ ¿Saldrá bien avenida del reto?
La respuesta: en otoño.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:08 |


martes, abril 26, 2005
“Quiero que emplees un minuto en pensar cómo sería tu vida sin el pulgar de una de tus manos. Soy diestro y uso mi pulgar en casi todo que hago. Por ejemplo, cuando escribo, cuando como, cuando toco la guitarra e incluso cuando me hago una pajilla. Imagina mi vida sin mi pulgar derecho”.
He aquí la dramática página de un trastornado fulano que pide 50.000 $ por cortarse su propio dedo en una salvaje autosección.
Pide una pequeña donación antes del 1 de diciembre de este año. Si logra conseguir el dinero, amenaza con amputarse su falange y colgar una foto en su página.
¿Soy yo o este tío es gilipollas?
Su desconsolada historia en Cutt of my thumb.
Voy a ver si ceno.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 21:49 |


Hay quórum. Todos estamos deseando ver ‘Sin City’. De eso no hay duda. Pero no es el único cómic (o novela gráfica) que está captando el interés y esperanza de los aficionados que patentizan cómo el cine destroza crónicamente las adaptaciones que lleva a cabo de los cómics.
‘Sin City’ tiene como estreno europeo el lujoso (y cada vez más venal al ‘glamour’ de Hollywood y la intrascendencia comercial) festival de Cannes. Pero no es el único cómic llevado a la gran pantalla que aguardamos con expectativas y que pasará por La Croisette. En Cannes se podrá ver ‘A history of violence’, la última obsesión del canadiense David Cronenberg que significa el ajuste cinematográfico de la novela gráfica del mismo título creada por John Wagner y Vince Locke en la línea de la DC Cómics ‘Paradox Graphic Mystery’, la misma sección que edito ‘Road to Perdition’, de Max Allan Collins, la cual se encargó de saturar con estridente suntuosidad Sam Mendes.
Lo cierto es que hay mucha curiosidad por saber qué ha hecho Cronenberg tras ‘Spider’ y después de abandonar la secuela de ‘Instinto Básico’. La historia gira en torno a un hombre que vive con su familia en aparente felicidad, hasta que un inesperado suceso violento devuelve a tranquila existencia una parte de su pasado que tenía completamente enterrada.
Cronenberg y el guionista Josh Olson pueden devolverle a John Wagner la película que se merece de una traslación al cine de una de sus obras después de la delusoria experiencia que sufrió con ‘Juez Dredd’.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 14:00 |


Un pobre hombre llamado Childress H Wanamaker, ejecutivo neoyorquino de 54 años, murió de inanición en su oficina. La muerte fue causada debido a su intemperante adicción a Internet.
Según han podido conocer los investigadores que han seguido su caso, el hombrito estaba tan viciado a Internet, suscrito a tantos foros y pasaba tanto tiempo pegado a la pantalla que la salud pudo con él.
El macilento cadáver de Wanamaker fue encontrado por Loraine, su esposa de 26 años, que a pesar de llevarle comida a su marido a la oficina ni siquiera se molestaba en comer.
24 horas al día, 7 días a la semana, todo el mes… Wanamaker estaba diariamente en contacto a través de foros y mails con 15.250 miembros de comunidad internauta. También contribuyó con sus comentarios en más de 375 blogs.
¿Realidad? ¿Ficción?
La noticia está aquí.
No deja de invocar el espíritu del macabro filme de Chicho Ibañez Serrador ‘El televisor’. Eso sí, modernizada a nuestros días.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:10 |


lunes, abril 25, 2005
Aquí os dejo una estupenda página con posters originales de Ciencia Ficción de los 50.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 13:45 |


Cuando ‘Panytú’ quiere decir magnífico
John Frankenheimer consiguió salir vencedor de un complejo ‘thriller noir’ que incluía, bajo su experta batuta , grandes momentos de acción argumental.
Hasta el momento de su fallecimiento en 2002, no dejó de sorprender la sediciosa juventud del veteranísimo John Frankenheimer, uno de los integrantes de la vetusta ‘Generación de la Televisión’, compuesta por cineastas que definieron su identidad cinematográfica a lo largo de los años 50 y 60 encuadrando sus espléndidas historias en 625 líneas, dando al cine americano grandes obras maestras. Aunque fueran en versión catódica. Pese a su aparente vejez, la dinámica virtuosa de Frankenheimer, llena de matices modernistas, constituyó un marco privativo, enraizado en el más puro ‘thriller’ policíaco, complejo y tramposo, bebiendo abiertamente de las fuentes del más clasicista cine ‘noir’ y su mágica impiedad visual.
En 'Operación Reno', el ritmo frenético y diligente impuesto por la excepcional perspectiva del curtido director procede de la sagacidad del maestro al enseñar sus cartas en un magnífico prólogo que desvela un final que no es tal, dejando entrever la progresión evolutiva que toma un relato ladino y gratificante, en el que no falta el engaño con sorpresa en el desenlace incluida. La historia de Rudy, un presidiario que se hace pasar por su compañero de celda muerto para poder conocer a la bella chica con la que aquél tuvo relación por carta, sirve como inicio de la que es una telas de araña urdida en una cinta que tiene en el engaño uno de sus principales atractivos. Entre cauces de interés impetuoso, llena de subtramas que se desvelan en inesperados puntos de giro, ‘Operación Reno’ impone una cadencia gradual que la enaltece en el decadente género de acción. El gran atractivo de la cinta reside en los pilares sobre los que se fundamenta el gran Frankenheimer. Primero, en el gran guión de Ehren Kruger, que repite la fórmula de ardid utilizada en su magnífico libreto para la última película de la saga ‘Scream’, adaptada en este caso al cine negro. Y segundo, en la capacidad narrativa del experimentado cineasta, logrando apuntalar con su talento una cinta que franquea las pretensiones definitorias del género para, por medio de los citados golpes de efecto, dotar a la película de una intriga continua que acaba por convertir a ‘Operación Reno’ en una interesante muestra de honestidad para con el espectador.
En este punto, es donde Frankenheimer arraiga y resuelve los artificios de una cinta conceptualmente farragosa, superponiendo el ambiente frío y sosegado para llevar la historia a un terreno armónico y violento, de fundamento sorprendente e innovador. Los criminales son neófitos inexpertos, pero bestias que sobreviven a cualquier elemento, el protagonista se mueve por interés, bajo cualquier concepto y la dulzura de la chica enamorada son sólo falsas apariencias que llevan al entregado espectador hacia el terreno que el director dicta. El estilo de Frankenheimer, con el granulado frío y constante, deja intuir la intencionalidad que provocan los blancos paisajes, símbolo de la inexperiencia de cada uno de los roles. Con este particular ‘cuento’ de Navidad sangrienta, el viejo zorro Frankenheimer dio a entender lo que el epílogo ‘capriano’ era sólo una consumación de la ironía que empapa la trama resistente en la idea de libertad, de riesgo y de aventura que siempre movió al director de la también estupenda ‘Ronin’.
Al brillo de ‘Operación Reno’ no son tampoco ajenos Ben Affleck, que tuvo su única aquí oportunidad para demostrar su condición de primera estrella, Charlize Theron, que consumó su figura como una de las más provocativas promesas y un musculoso Gary Sinise, que entra en el encasillamiento con su desagradable camionero y delincuente. Todos ellos aportan una especial química que hacen de este llamativo filme una diferente propuesta cuya diferencia estriba en la constante del cine de su autor. Es decir, la sencillez de unos objetivos basados en el entretenimiento y la acción encuadrados en la búsqueda de un clímax de tensión que ‘Operación Reno’ obtiene desde un principio. Una de las últimas cintas de uno de los grandes clásicos del cine contemporáneo. Una pena que muriera cuando todo parecía indicar que el bueno de Frankenheimer estaba entrando en una dinámica de actividad muy productiva.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:26 |


domingo, abril 24, 2005
Bajo el título “La nueva tendencia de verano para las chicas”, nos llegan estas escalofriantes imágenes de la nueva y más enrollada moda llamada ‘Corset Piercing’.
Cuando Focault definió el corsé como ejemplo de la disciplina corporal del siglo XIX aludiendo más que una prenda de vestir a un símbolo vinculado a la moralidad y a la opresión social de las mujeres, no imaginaba qué itinerario histórico iba a tomar la prenda en cuestión.
El corsé nació allá por el año 1700 A.C., cuando las mujeres lo utilizaban para reducir su cintura y exagerar las curvas naturales de su cuerpo. Después en el S. XV reaparició hasta la época Victoriana.
Eso era antes. La cosa ha cambiado bastante. Como veis, en la actualidad se enfilan unos ganchos en la espalda a modo de ‘piercings’. Después, con estos singulares estribos desgarrando la carne, se puede colocar el corsé.
¿No digáis que no es ‘cool’?
Más aquí.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 16:22 |


sábado, abril 23, 2005
Hoy ha sido el día del libro. Pero no debe ser únicamente una distintiva fecha en la agasajar con un ejemplar de la novela más vendida del año, del ‘best seller’ multiventas a la persona querida y quedar así bien. La lectura conviene disfrutarla por placer, por el simple hecho de deleitarse con las páginas de un buen libro, como el acto de comer bien, de ir al cine a ver una buena película, de yacer o aparearse (sexo sin compromiso aconsejado), catar un buen vino, contemplar la belleza en sus más variados ámbitos y formas. El reconstituyente vicio cultural con el cual complacerse a través de una propuesta literaria alimenta de palabras la condición humana, fomenta una fructuosa subvención para alcanzar la extraordinaria posibilidad del enriquecimiento, de amplitud y libertad personal.
La lectura, queridos amigos, es un horizonte de diversión, de albor irradiado que nos permite acercarnos poco a poco a mundos imaginarios, a vidas ajenas, a historias heterogéneas, a una mínima erudición frente a la trivialidad de lo consabido, de las extravíos mentales a los que nos sometemos diariamente. Se dice que la persona que no se introduce en la cultura de la letra queda ineludiblemente incomunicada, por eso debemos abrirnos a la lectura para salir del reducto que supone dejarnos llevar por los mensajes manufacturados que llegan cada día a nuestros ojos u oídos. Las letras de la literatura entran en nosotros como un universo que, sin su consorcio, jamás habríamos llegado a descubrir. Las palabras componen la enjundia de la que el raciocinio se abastece. Y son esos vocablos los que vienen engarzados en la original sintaxis de la literatura.
Vivimos en una sociedad donde se está perdiendo la batalla y el respeto hacia la cultura y la literatura a favor de la estética y la indisciplina, de la necedad y de lo soez, sin elementos realmente interesantes para nuestra vida. Estamos ante una era de ostracismo cultural bastante insatisfactorio. Cierto es que ya no existe ese país que nació literariamente con el mester de clerecía o la literatura aljamiada, que no hay grandes libros como los surgidos en el novecentismo, la comedia benaventina, el existencialismo o en la poesía social, incluso de la literatura de posguerra, pero sigue perdurando esta tradicional literatura y los nuevos y viejos clásicos foráneos y autores actuales que se merecen nuestra atención. Los libros están ahí, al alcance de nuestra mano. Sólo debemos interesarnos por ellos.
Hay que buscar el placer de leer, de descubrir libros que nos sumerjan en un mundo del que no podamos salir hasta acabar de leer. Hay que ejercitar el disfrute de la lectura, no crear una obligación de hacerlo. Se tiene que revalorizar la acción de leer por la pura delectación, para estimular la imaginación y formar un pensamiento independiente y crítico.
Y hoy es un buen día para interpelar por ello.
Mi autoregalo ha sido ‘El castillo de Otranto’, de (autor del que intento ser estérilmente un epígono), un libro que pensé saquearle al familiar que me lo facilitó hace años y que he terminado por comprar y devolvérselo, quebrantando uno de los hábitos más pretéritos de los libros prestados.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 22:04 |


Después del fastidio que ha ocasionado la forma de conducir la segunda fase del concurso de Bitárocas.com, donde el Abismo quedó finalista, se ha puesto en marcha con casi un mes de retraso el período para las segundas votaciones tras dejar una bochornosa imagen.
¿Y de qué manera? Pues mal, como ha venido siendo habitual en la gestión de un concurso que se les ha ido de las manos a las primeras de cambio. La desatención ha sido absoluta, el sistema de funcionamiento grotesco y el cuidado por quedar bien ante los participantes nulo.
En cualquier caso os he dejado el botón donde podéis votarme si queréis. Aunque la displicencia ante este concurso, en mi caso, se ha hecho más que evidente con el paso de los días. El método de votación como comprobaréis es bastante ridículo, ya que además de votar este u otras weblogs (porque hay que hacerlo mediante una página distinta –no vale con darle al botón como antes-), hay que señalar cinco bitácoras entre todas las categorías existentes.
El resultado será que ante el desconocimiento de las páginas de las restantes categorías, si se vota (que lo dudo), se realizará, en su mayor parte, de una forma aleatoria, con lo que la votación quedará envenenada por el azar y obteniendo como consecuencia que los resultados no sean verídicos ni tengan interés alguno.
Yo, por si acaso, desde mi escéptica actitud ante los siempre prosaicos premios “al mejor”, me he inscrito en otro concurso de weblogs que parece tomado más en serio que el de Bitácoras.com. Me refiero al que ha organizado 20minutos.es, un certamen de weblogs aparentemente serio y bien llevado en el que ‘Un mundo desde el Abismo’ participa en seis categorías (cuatro elegidas -Mejor blog de actualidad, Mejor blog sobre cultura y de tendencias, Mejor blog personal y Mejor blog inclasificable- y otras dos por votación popular -Mejor Blog 2005 y Mejor Blog-).
Sea como sea, y siguiendo la máxima de Pierre de Cubertain, "Lo importante es participar".
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 14:17 |


Todos nos hemos preguntado más de una vez qué sería lo próximo de Richard Kelly como director tras dirigir y escribir ‘Donnie Darko’, una de las cintas de culto más significativas de los últimos años. Un enigma que se ha disipado con el anuncio de ‘Southland Tales’, el retorno tras las cámaras de este precoz nigromante visual que dejó sorprendidos a propios y extraños con una película que ya forma parte de las reliquias del novísimo cine moderno.
Para ‘Southland Tales’ el portentoso Kelly contará con más capital y medios. La película tendrá como protagonista a Dwayne “The Rock” Johnson, Seann William Scott y Sarah Michelle Gellar en los tres roles protagonistas. La historia gira en torno a Boxer Santaros, una estrella del cine de acción con problemas de pérdida de memoria. Gellar, y aquí viene lo bueno, interpretará a una estrella del mundo del porno que tiene su propio ‘reality show’. El tercero en discordia, el inolvidable Stifler recreará a un oficial de policía de Hermosa Beach que cree que tener la clave de una conspiración.
Se anuncia como una extraña mezcla entre comedia y complejo ‘thriller’. El propio Richard Kelly ironiza al avanzar su nueva y esperada película como “una mezcla de espíritus entre Andy Warhol y Philip K Dick". También que la historia acontecerá en un futuro inmediato: 4 de julio de 2008 en la ciudad de Los Angeles.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:53 |


viernes, abril 22, 2005
Que uno se aburre, que el tedio monopoliza la avivada existencia del hastío, que no se sabe muy bien qué hacer para llenar el vacío del tiempo libre.
Eficacia probada.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 19:28 |


Como a todo el que haya echado un vistazo a la portada de 'El Mundo' esta mañana, se me ha levantado una sonrisa cínica, proseguida de un bufido sarcástica para provocar en mí cierto recelo.
"Tiene una superficie de 77 m2 –tres veces superior a los «minipisos »– y por órdenes de la propia ministra ha sido decorado en el «estilo zen» inspirado por ZP. Para ello se arrancaron los paneles de nogal que recubrían las paredes y se sustituyeron por otros más claros de abedul. Y, aunque la factura total asciende a bastante más, sólo en muebles de diseño se gastaron casi 37.000 euros –5.000 de ellos en alguien que los escogiera–. Con todo, ahora resulta que la mayoría de estas piezas no son del gusto de la ministra, por lo que están siendo recolocadas entre sus colaboradores".
Como el alcalde de Salamanca, Julián Lanzarote, que se compró con nuestro dinero un equipo de música de alta tecnología para su cochazo, como Álvarez Cascos que invirtió 240.000 euros de las arcas públicas en la galería de arte de su fulana, ahora le toca a la cada vez más emponzoñada ministra de Vivienda, María Antonia Trujillo. Dando ejemplo, demostrando que la fauna política no distingue de ideologías.
Si la semana pasada nos sorprendió a todos con su propuesta de crear madrigueras de 25 m² como solución a la vivienda digna, hoy nos asombra con su nuevo “despachazo”. No sé vosotros. Yo ya tengo Ministra favorita dentro de este ‘talentoso’ gobierno. Ahora queda esperar que lo anuncie o desmienta, confirme o desautorice. Como con lo de las ‘miniviviendas’.
Y mira que hay que ser hortera. "Ornamentación Zen", no te jode.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 17:03 |


La libertad de un cine en estado puro
En su portentosa capacidad de ‘cineasta total’, Steven Soderbergh magnificó su labor con una arriesgada obra centrada en el narcotráfico.
Steven Soderbergh ha demostrado, a lo largo de una irregular pero intachable trayectoria, que es uno de los cineastas más interesantes del cine actual hollywoodiense. ‘Traffic’ es, hasta el momento, su última genialidad. Una cinta que vino a testimoniar un estado de gracia que abrumó con la fuerza de una dirección y talento inauditos en su proclive generación. En ‘Traffic’ Soderbergh recuperó su inextinguible pulso narrativo para, bordeando en todo momento la genialidad, imponer algunos de los mejores momentos del cine actual y atribuir con su visión un ritmo y estética que revelaron un verdadero sentido de independencia que traspasó cada plano de esta magnífica y acabada obra, la mejor de su fructuoso cineasta.
El director de ‘Sexo, mentiras y cintas de vídeo’ constató su labor de gran creador de imágenes confiriendo al filme una dirección antológica, mayestática, fusionando dos estilos para narrar esta historia de narcotráfico, como metáfora de los dos mundos opuestos y subsidiarios, consiguiendo para los Estados Unidos una tonalidad gélida y azulada y para México un color sepia y ocre que delimitara dos universos unidos por la droga, hermanados por el tráfico y los cárteles. ‘Traffic’ se centra en el poderoso imperio del contrabando, exponiendo un apabullante y cercano análisis desde un punto de vista diversificado en cuatro historias entrecruzadas, inscritas en una intención objetiva y descriptiva, en el que el objetivo no es tanto buscar el lado oscuro y triste de la droga y su comercio, sino la génesis, la maquinaria, el desarrollo y las consecuencias de un mercado en continuo ascenso e imparable auge. Soderbergh mantiene el pulso de las subfábulas apuntalando una denuncia insólita hacia el vértice rentable del emporio narcótico, actitud que aprovecha para llevar al espectador a un viaje a través de una realidad paralela, sin necesidad de recurrir a ningún tipo de efectismo, para promulgar la autenticidad existente en una frontera de México y Estados Unidos veteada de cocaína y del futuro imperturbable de ésta.
Soderbergh recurrió al escapismo de toda ley fílmica impuesta por el sistema de las ‘majors’ para extraer de su postura la libertad de un cine en estado puro, de simetría perfecta y pulso frenético, de constante acción narrativa. Valiente y decidida, la cámara nerviosa del cineasta antepuso su autonomía para componer una brutal sinfonía de poderosas imágenes, de genuino cine de autor. Asombroso es el reparto que dio vida a los personajes de esta gran obra encabezados por Michael Douglas, Catherine Zeta-Jones, Don Cheadle o Luis Guzmán, que hicieron de su aportación uno de los inagotables apéndices que complementaron una de las grandes cintas de 2001. Mención aparte recibe el trabajo de un Benicio del Toro inmenso, profundo y multidimensional en el papel de policía mexicano comprometido con sus raíces y la lucha contra los narcos, dos causas contrapuestas en los cárteles aztecas. De espíritu transgresor y pulcritud cinematográfica ‘Traffic’ fue, a todas luces, el reencuentro con uno de los genios del cine contemporáneo. Fue la reconciliación con el visionario que ganó la Palma de Oro con sólo 25 años.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 13:11 |


jueves, abril 21, 2005
En 1960, Alfred Hitchcock dirigió una de las obras maestras del terror, ‘Psicosis’.
En 1998, Gus Van Sant cometió la infame proeza de realizar uno de los ‘remakes’ más vergonzosos de la historia del cine.
Aquí (botón derecho y bajar) podemos ver la escena de la ducha en ambas películas, simultáneamente.
Un documento curioso.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 22:56 |


Jan Saudek es uno de los pocos y más reconocidos fotógrafos checoslovacos que ha traspasado fronteras y ha obtenido un reconocimiento en Europa y es admirado internacionalmente.
Su inquietante mirada se caracteriza por una estética donde el multipanel ejerce como fondo a cuerpos que simbolizan los antagonismos del ser humano en su perfil físico; la desnudez contra el atuendo, la delgadez frente a la obesidad, la asimetría y la perfección, la fealdad y la belleza, la juventud y la vejez, contrariedades expuestas desde un prisma sexual que confluyen en una original amalgama de sortilegio, realismo, impudor, afección y ternura.
Una imaginería onírica corrompida por sus texturados fondos de estudio. De lo sentimental a lo tosco, peculiaridad congénita a su vida, ya que Saudek estuvo a punto de morir en los campos de concentración del ‘experimentador’ genocida Josef Méngüele y ha crecido influenciado por una juventud de miseria, cercado de acuosos silos, putas de saldo sumidas en un patógena peligro y la impúdica y sebácea degradación comunista.
Sus fotos y más información aquí.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 17:57 |


Claustrofobia y lobreguez cotidiana
A pesar de no alcanzar las cotas de ‘Fight Club’, Fincher constató su condición de genio de la puesta en escena con esta cinta de suspense psicológico
Tras convertirse en uno de los cineastas visionarios más importantes del cine contemporáneo debido a una corta trayectoria cinematográfica en la que su personal estilo visual y narrativo han sido elementos definitorios de un universo intransferible y sorprendente, David Fincher ofreció su última película con ‘Panic Room’. Una cinta que, de entrada, puso de manifiesto la constatación de un talento fílmico y artístico en el que su destreza visual y la ejemplar artesanía han hecho de él un artista de la puesta en escena. Alejándose por completo de la purgativa y magistral ‘Fight Club’, obra maestra ilustrativa del materialismo que condena esta época de consumo e intolerancia en la que vive el hombre moderno, Fincher se unió al guionista David Koepp para narrar la historia de Meg y Sarah, madre e hija que se trasladan a vivir a una casa con una particular habitación que esconde un gran secreto. En su primera noche, unos ladrones deciden poner a prueba los nervios y el valor de la familia.
La intención de director y guionista fue alcanzar el desafío de lograr el mayor realismo posible, circunscribiendo la acción por completo a una sola localización, adecuando su ritmo a una perfecta utilización del espacio cinematográfico, como algo que no se revela neutro, sino como centro del drama. Algo que en ‘Panic Room’ se logra, en gran parte, a la angustiante y decadente atmósfera patentizada como distintivo del director de ‘Se7en’. El predomino de las tonalidades lóbregas y tétricas, negativas y apagadas, volvieron a inquirir en beneficio de un guión que, pese a más de algún problema de languidez, cumplió correctamente con el buscado suspense psicológico, de una manera simple y eficaz.
Para ello, Fincher volvió a dejar la actitud ascética del discurso moral, esta vez bastante más evidente que en sus anteriores cintas, para apostar por su excepcional punto de vista cinematográfico, un mundo de compleja planificación formal en el que ofreció una nueva lección de opulencia visual donde la visceralidad se sosegó y aceleró en función del suspense y del terror. Un perfeccionismo visual reconocido en Fincher que en ‘Panic Room’ brilla, por esta vez, en los pequeños detalles con los que dota de empuje a un guión que, si bien adolece de un complejo de trasgresión que no consigue, sí se ajusta a los requisitos de un director difícil como lo es él. La búsqueda metafórica del carácter trágico de la vida sigue siendo la inmutable constante a definir. En este caso, representada en una mujer al cuidado de su hija enfrentada a una amenaza exterior que pondrá a prueba su fortaleza y tenacidad.
Una excelente ejemplificación de la sordidez cotidiana que, llena de intenciones naturalistas para hurgar en los miedos y la fragilidad humana, envuelve la obra de David Koepp (equivalente a su gran ‘El efecto dominó’) y la del propio Fincher (‘The Game’). La acción es el objetivo, la tónica sobre la que se sustentan los pilares de la edificación modélica de Fincher, acentuando la oscuridad en un escenario sórdido, acuoso y oscurantista que representa, en realidad, la intención narrativa de profundizar en el lado más oscuro y desconocido de todos sus personajes en el que ese ‘castle keep’ tecnológico, esa habitación del pánico, implica el aislamiento emocional y la consecuente decadencia familiar, símbolo manifiesto de la era preservadora que se nos viene encima.
El cineasta retornó así a sus digresiones narrativas (perceptible en ese largo plano secuencia digitalizado), en el ‘photogrammetry’, pero esta vez definiendo su objetivo visual en función de la acción argumental y no de la espectacularidad. ‘Panic Room’ se asemeja a una partida de ajedrez, donde se muestra un tablero (la casa) y unas piezas personalizadas en unos personajes situados en dos extremos (el bien y el mal). Una partida en la que, una vez que la acción les enfrenta, cada uno de ellos juega su estrategia para ganar esta agobiante partida a vida o muerte. Pero en contraposición de aquellos que tachan a Fincher como ‘vendedor de humo’, el director muestra todas sus cartas, sin reservas, sin guardar esta vez un efecto final que confunda.
La gran virtud de ‘Panic Room’ es su grafía traslúcida. Una vez que son presentados los personajes y los ángulos de la mansión, el diagrama se revela simple y sin trabas. Tanto el ‘modus operandi’ de la madre y la resistencia de la hija, como el contraste de personalidades entre los ladrones que origina un enfrentamiento en la disposición metódica de cada uno de ellos, es expuesto con una limpieza alineada y solvente para que los roles lleguen hasta el extremo sus intenciones, reaccionando todos como se espera de ellos (incluido el final). Mucho se habló de la renuncia de Nicole Kidman comenzado por una lesión producida en ‘Moulin Rouge’ por un esguince de rodilla durante el rodaje de esta película, pero lo cierto es que Jodie Foster realizó gracias al abandono un ejercicio de interpretación física y dramática intachable, lleno de matices interpretativos, que la sitúan de nuevo en el pináculo de su carrera. Efecto al que no son ajenos la joven Kristen Stewart, Forest Whitaker y, sobre todo, un irreconocible Jared Leto, secundarios que demuestran que Fincher es también un buen director de actores.
Llena de buenos momentos de una tensión sugerentes, endurecidos por el dominio y el mecanismo utilizado por Fincher desde sus ejemplares créditos, ‘Panic Room’ justificó que, empero de la historia, nos encontramos ante un director llamado a ser uno de los indiscutibles genios del cine moderno.
Por eso esperamos ‘Zodiac’ como agua de mayo.
Por cierto, que dada mi admiración a este director, en breve, en el Abismo, habrá un desglose de sus más famosos 'spots' publicitarios que podréis bajar junto a un análisis más que suculento.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:35 |


miércoles, abril 20, 2005
Otro mito oculto en el olvido
Desconocido en buena parte del público y creado por el cineasta José Mojica Marins, Zé do Caixão es uno de los iconos del cine de terror brasileño y del género.
No resulta nada extraño que en nuestro país pocos conozcan una figura tan inquietante como es Zé do Caixão. Al igual que el Santo Enmascarado de Plata, Zé es uno de esas figuras imprescindibles en la cinematografía sudamericana, uno de esos iconos irrepetibles que han marcado con su presencia una parte de la historia del celuloide, en este caso de Brasil. El público conoce y teme a casi todos los arquetipos del cine de terror comercial, elevados al altar por los entusiastas del género. Drácula y Frankenstein, el Hombre Lobo, Pinhead, Jason, Freddie, o más recientemente Ghostface en la saga ‘Scream’ son algunos de ellos.
Lo curioso de este fenómeno carioca es su trasgresión de fronteras, al tratarse de un personaje fundamentalmente localista, restringido a la creencia de una zona que no representa ni mucho menos todo el país. En este ámbito, Brasil supone el marco perfecto para un mito terrorífico como Zé do Caixão, ya que toda inflexión nigromántica que envuelve la religión brasileña está influenciada por la magia negra afrocubana, el catolicismo y la creencia ciega en lóbregas fábulas que imponen su dogma por encima de la realidad. Esta figura aterradora tradicional proviene, como casi toda efigie, de las leyendas lugareñas. Zé era en realidad Josefel Zanatas (por su origen griego ‘muerte’) un patrón oscuro y siniestro que se dedicaba a vender féretros. Se caracteriza por vestir sempiternamente de negro, ocultar su lóbrego rostro bajo una enorme capa y un sombrero de copa y cabalgar en una oscura galera tirada por caballos. Otra de sus sangrientas características es la de poseer una enormes y desgarradoras uñas con las que suele atacar a sus víctimas.
La tradición habla de un hombre poco agraciado, pero bueno y bondadoso, que fue sanguinariamente asesinado junto a su bella y joven esposa Sara a manos de unos mercenarios. Josefel vuelve a la vida, bajo una apariencia demoníaca y umbría, para imponer la justicia y castigar a todas las almas infames (extendiéndose después al crimen sin motivo aparente) que se crucen en su camino, buscando, de paso, una mujer ideal que sustituya a Sara, la perfección femenina hecha carne. ‘A sina do aventureiro’, realizada en 1958 se puede considerar la primera aparición en la gran pantalla de este clásico brasileño. Una película en la que, si bien Zé no tenía una reseñable labor, si impondría las bases de un cine rural, limitado a la creencia nacional, a las pobres gentes analfabetas que creían a pies juntillas una superstición que evoca al popular ‘hombre del saco’.
El debut oficial del enigmático agente de decesos se produce con ‘À Meia Noite Levarei a sua Alma’, la cual fue un auténtico fenómeno de taquilla en varios puntos de la geografía brasilera, ocasionando un inesperado éxito que conllevó a abundantes y sangrientas secuelas, canciones de moda con sus cruentas hazañas como estribillo, su propio ‘quadrinho’ o cómic y hasta un programa de televisión considerado un ‘boom’ catódico. Transmutado en ídolo de masas, Zé do Caixão pasó a la historia con letras de oro bajo el curioso designio del cine marginal y de bajo presupuesto.
El gran creador de todo el tinglado mítico-religioso fue el director y guionista José Mojica Marins, padre de la funesta figura de negro. Marins asegura que su creación proviene de un mal sueño de verano en el que era secuestrado por una bruna figura que le sujetaba la cabeza delante de su propia tumba para que viera qué día moría. Como toda buena idea de terror, el guión pasó de mano en mano sin que ningún productor viera productividad en un bosquejo lleno de sangrientas escenas con un personaje enlutado como protagonista. Creyendo ciegamente en el proyecto, el cineasta carioca se endeudó hasta las cejas y produjo ‘À Meia Noite...’ de forma individual. Incomprensiblemente, tampoco encontró a ningún actor que quisiera dar vida a Zé, así que se envolvió en su capuz negro y rodó, al estilo más cercano de Edward D. Wood Jr., el debut de la impía quimera brasileña.
Encuadrada en la serie Z, esta obra de culto incluía en su interior muchas de las secuencias que marcarían la tradición del cine ‘gore’ más aberrante y desprovisto de circunspección que se haya visto en la historia del género. En ella se narraban los primeros pasos delictivos de Zé do Caixão y su terrible fábula como brujo, justiciero y psicópata sanguinario, ofuscado en su propósito de hallar a la mujer perfecta, capaz de dar a luz a un hijo que pueda continuar con el legado de su padre. Películas como ‘Esta Noite Encarnarei no Teu Cadáver’, ‘Finis Hominis’ y su filme más conocido (si es que alguien lo conoce), ‘El extraño mundo de Zé do Caixão’, imponen una desgarradora visión del mito que introduce imágenes nada habituales en la época (con varios problemas con la censura) con las atrocidades que allí se mostraban: asesinatos, violaciones, necrofilia y canibalismo entre otras barrabasadas provistas de sangre e insania.
Zé do Caixão determina un cine ‘gore’ y ‘splatter’ oculto en la historia del cine, suponiendo un auténtico hallazgo genérico dentro de la orbe de la infracrítica cinematográfica. José Mojica Marins se define por su cine bizarro, impúdico, lleno de sublecturas, muchas de ellas en referencia a la droga y su fomentación por parte del gobierno de la época. Hecho que, por supuesto, hacia que las ‘tijeras’ censoras se cebaran en obras de Mojica como ocurrió en ‘El despertar de la bestia’, filme cargado de escenas lisérgicas que hicieron del cine de Zé do Caixão un auténtico catálogo de ironía surreal y glorificación de lo absurdo. El esperpéntico director, de un modo paralelo, pero fingido, a la monomanía de Bela Lugosi con ‘Drácula’, se metió tanto en su personaje que acabó paseando su personaje a lo largo de todos los festivales del mundo vestido como Zé, dejándose unas largas uñas de 20 centímetros cual Florence Griffith-Joyner en las Olimpiadas del 88.
Pocos conocen la figura de Zé, pero fue Wes Craven el que reconoció públicamente en 1984, durante la promoción de ‘Pesadilla en Elm Sreet’, la influencia de este mito sudamericano para crear las garras de Freddie Krueger. Versado en temeridades imposibles, el director y personaje se sometió durante la vida de Zé a todo tipo de frenesíes físicos como comer gusanos vivos, chupar arañas venenosas, acariciar víboras y descargar compulsivamente en su cuerpo más de 110 voltios (conocidos en México como ‘toques’). Pero Zé do Caixão fue perdiendo interés y en la década de los 80 dejó de agradar a la población brasileña, quedando en la más oscura miseria fílmica. Mojica Marins se cortó las uñas, se afeitó la barba y recaló en el cine porno, donde realizaría un ‘hito’ sicalíptico al rodar la primera película zoofílica de Brasil, lo que le llevó indefectiblemente al descrédito y retiro definitivo de la dirección.
Una década después el tótem del ‘splatter’ norteamericano Frank Hennelotter le destacó como uno de los cineastas más importantes de la historia en la prestigiosa revista ‘Cult movies’, donde se le subrayó como una de las máximas influencias en el cine de terror, que sirvió al propio Marins para reeditar sus obras en USA bajo el seudónimo de Coffin Joe para volver a rodar algún título e incluso cortometrajes, esta vez como actor que carecen de cualquier interés que tuvieran sus primeros trabajos; ‘O Gato de Botas Extraterrestre’, ‘Tortura Selvagem’, la demencial pieza corta ‘Lasaña Asesina’ y su última cinta que data del año pasado 'Un show de Verao' son algunos de estos ejemplos.
Sitges, Amsterdam, Fantasporto... son algunos de los festivales que le han dedicado retrospectivas a un hombre que, si bien ha sido descalificado por un crítica que desconoce su obra, ha sabido ganarse a todos los amantes del cine bizarro y convertirse, con el paso de los años, en un verdadero cineasta de culto.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 13:27 |


La noticia de hoy es que definitivamente está en marcha la preproducción de un esperado rodaje.
Como anuncié en el Abismo ‘Zodiac’ será la nueva película del gran David Fincher.
Jake Gyllenhaal y Robert Downey Jr. ya han firmado con el director de ‘Seven’ para el nuevo thriller que rodará a finales de año. ‘Zodiac’ se basa en los dos libros del periodista Robert Graysmith ‘Zodiac’ y ‘Zodiac Unmasked’ que tuvieron como objetivo al Asesino del Zodiaco, un psicópata que frecuentó el área de la bahía de San Francisco cometiendo asesinatos al azar y enviando cartas a la policía y al FBI, retándoles y amenazando con matar a más gente. Actuó entre 1966 y 1974 y al día de hoy todavía sigue sin cerrarse el caso.
Ahora mismo están en negociaciones para que Mark Ruffalo interprete a un inspector de homicidios al que acompañará Paul Avery, el periodista que cubre el caso y que interpretaría Gyllenhaal. Desconozco si Downey Jr. sería el asesino.
Lo más reconfortante de todo es que en 2006 tendremos la necesaria dosis de Fincher que algunos tanto echábamos de menos.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 01:45 |


martes, abril 19, 2005

Ah, que no... que no es este. Este es otro Papa.
A las 17:50. La fumata blanca aparece en la Plaza de San Pedro, lo que denota que han fumado poco para saber quién es el nuevo Papa.
Al 4º Intento el conservador alemán Joseph Ratzinger, llamado desde hoy Benedicto XVI, es el ganador de este breve cónclave. Un hombre criticado y polémico que ha suprimido la discusión y silenciado a los disidentes dentro de la iglesia, poco dado a la apertura. Un fulano que, posiblemente, abra una gran distancia entre el liderazgo eclesiástico y la fe de los católicos.
El Papa 265 de la historia de la Iglesia ha sido escogido. A ver si ahora nos dan un poco de tregua y de respiro a tanta extenuación mediática religiosa. Que ya está bien.
¿Qué hará a partir de la semana que viene Telecinco?

Este es Dirk Benedicto XVI.
Este es el Papa de transición. Ya que por mucho que digan que goza de excelente salud, se le ve cascado al hombrito.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 18:20 |


He aquí tenemos otro de esos juguetes que hubieran hecho (y hacen) felices a cualquier integrante de aquella progenie que vivió al escudada en su filiación a la primera trilogía de ‘Star Wars’. Todos nosotros solemos tener problemas de madurez y la mesura no forma parte de nuestras vidas. Por eso cuando vemos un juguete de este tipo, nos retrotraemos a la puericia fílmica para ansiar estas chorradas de intrascendente ocio.
Sí, amigos, es el mismísimo casco negro de Lord Darth Vader, con su característico sonido de resuello cancerígeno de abuelo a punto de espicharla. E incluida, por supuesto, su peculiar resonancia metálica que adjunta frases de la trilogía (“Don´t make me destroy you” o “The force is with you”). Ya no hace falta ser James Earl Jones para sentirnos Vader.
Y no es todo. El casco lleva unas correas para que se adapten a todo tipo de melones y un micrófono que reactiva la opción de modificador de voz, adaptándola a las características de locución sonora de Lord Vader con la posibilidad de decir lo que quieras con la típica y archiconocida voz. Con esta modalidad, podrás coger a cualquier mindundi del cuello y decir aquello de “Su falta de fe resulta molesta” y, cómo no, “Soy tu padre”.
Antes no existían este tipo de juguetes.
¿Es demasiado tarde para comprarse un chisme de estos?
Su precio: 69 €.
Aquí lo tenéis.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 17:35 |


Hace ya muchos años que prestigioso crítico Robin Wood salió del armario prorrumpiendo a los cuatro vientos su homosexualidad. Esto trajo consigo que el cineasta al que había dedicado sus mejores estudios a lo largo de su vida, Howard Hawks, fuera el centro de una nueva revisitación de sus códigos cinematográficos desde el punto de vista ‘gay’, analizando toda su filmografía en base a esta tendencia sexual. Su brillante indagación pasó a convertirse en una soterrada perspectiva desde un enfoque en el que en cada película del maestro Hawks extraía unos excedentes dispositivos abiertos a la homosexualidad. Wood transformó con su renovado y enorgullecido enfoque cualquier elemento de simple amistad entre dos hombres (incluida en la magistral ‘Río Bravo’) en apócrifas relaciones que iban más allá, suscitando todo tipo de alusiones homosexuales en las películas de Hawks.
Ayer por la mañana, el ínclito Álex de la Iglesia ha presentado ‘El armario secreto de Hitchcock’, el nuevo libro de Boris Izaguirre (ojo a su página), ése carismático animal de la fauna letrinera que anida en el inefable ‘Crónicas Marcianas’. En él, Boris retoma la idea de Wood establecida en la grafía homosexual de algunas escenas del mago del suspense que el propio autor define no como una reivindicación del maestro británico sino como una forma de ver el universo Hitchcock desde otra geometría. De la Iglesia ha descrito la nueva obra del venezolano como “un libro frívolo que se acerca a un personaje frívolo de una forma rigurosa. Se acerca a la profundidad de Hitchcock a través de lo efímero”.
Supongo que dentro de este periplo a lo largo y ancho de los ‘momentazos homo’ de Hitchcock, Boris habrá subrayado algunos de incuestionable perentoriedad, ya que, pese que el ‘Maestro del suspense’ era un católico victoriano convencido siempre, y esto es algo bastante irrebatible, sintió curiosidad por el mundo ‘gay’, pero de un modo bastante rudo y retrógradamente delicioso, cercano al entorno homofóbico y no al fulgor metódico que pueda contemplar Izaguirre. Así, tenemos ‘La Soga’, con protagonistas fehacientes ‘gays’, personajes interpretados por Farley Granger y John Dall, en esa ambigua relación de secretismo y dependencia de ambos asesinos. O en ‘Extraños en un Tren’, donde se ofrecía un retrato de la homosexualidad descrita en la juventud que auspicia sofisticadas dosis de inteligencia, riqueza, diletantes de lo ‘snob’ y, rebatiendo el tópico, una madre posesiva, como la de Norman Bates en ‘Psicosis’.
También el lesbianismo latente y subvertido de ‘Rebeca’, cuando la pérfida ama de llaves, la señora Danvers (Judith Anderson), enseña a su nueva señora la lencería de la difunta que da nombre a la película. Tampoco se puede olvidar la atracción que siente en el joven Leonard (Martin Landau) por su jefe Philipp Vandamm (James Mason) en ‘Con la muerte en los talones’. Y, por supuesto, espero que no se haya olvidado la pluma del cronista marciano de incluir en su itinerario homosexual por el cine de Hitchcock la británica ‘Asesinato’, en la que uno de los personajes, en sus secuencias principales, se suicida vestido de mujer debido a la contrición de una naturaleza no aceptada o que los dos aficionados al críquet eran igualmente homosexuales en ‘Alarma en el expreso’. A pesar de sus pretensiones, las páginas de este libro no ofrecen nada nuevo. Boris afirma que Alfred Hitchcock no era misógino, si no que, muy al contrario, trazó una mujer fría cuando ser fría era un ejemplo al que aferrarse para ser una mujer independiente. Una aserción que a los amantes y estudiosos del maestro se nos antoja bastante equívoca.
Habrá que echarle un vistazo a este nuevo compendio ‘hitchcockiano’ para ver si Boris acepta los límites que propugna su objetivo o exagera sus finalidades con la proliferación de una posible fallida ponderación. No he leído ‘Morir de glamour’ ni ‘1965’, pero reconozco que sí he profundizado en algún que otro libro del señor Izaguirre. No me cae particularmente bien este autor. Personalmente me parece un ‘autoproclamado’ erudito de lo elegante y ‘glamouroso’, cuando adolece de estos epítetos con sus esperpénticas exhibiciones de lamentable gusto. Sin embargo, he de reconocer que en ‘Fetiche’ y, sobre todo, en ‘La verdad alterada’ el showman consiguió sorprenderme con un agudo cinismo, desarrollado bajo su ironía y una escritura de lectura ágil y amena en sus excelentes crónicas que tienen como factor común una buena dosis de inteligencia y atracción.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:40 |


lunes, abril 18, 2005
Movieweb confirma lo que ya apareció aquí hace algún tiempo; Platinum Dunes ha llegado a un acuerdo con Focus Features para llevar a cabo el remake de la película ‘Carretera al infierno (The Hitcher)’, un clásico de los 80 dirigido por Robert Harmon y que tiene como principales soportes en esta innecesaria actualización a Michael Bay, Andrew Form y Brad Fuller.
El cómic ‘The Darkchylde’ puede ser llevado a la gran pantalla. Lo ha confirmado el propio creador de la serie tebeística, Randy Queen, que confirma que tiene un guión excelente lleno de terror y buenos sustos. Estará en la producción Dark Horse, sigue probando suerte en la adaptación de cómics con la exitosa ‘Hellboy’. ‘The Darkchylde’ cuenta la historia de Ariel Lynn Chylde, una joven de oscuro pasado que, debido a una maldición, convierte las bestias de sus pesadillas en realidad.
Por último, el violento ex-futbolista y actor ocasional Vinnie Jones podría dar vida a Juggernaut, uno de los villanos que aparecerá en la tercera parte de ‘X-Men’.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 21:06 |


Hoy comienza el famoso cónclave del que saldrá el sucesor de Juan Pablo II (te quiso todo el mundo). Los cardenales más jóvenzuelos (los menores de 80 años) podrán elegir con su voto a la nueva cabeza de la Iglesia Católica en un proceso planificado al milímetro.
Imagen extraída de La Fragua.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 13:04 |


domingo, abril 17, 2005
La manipulación de la vida que imita al arte
Neil LaBute recuperó su mejor cine crítico con una cruel visión sobre la manipulación y la superficialidad que encierra el amor y el arte en la sociedad moderna.
Como escribió Oscar Wilde en ‘El retrato de Dorian Gray’ “Detrás de todas las cosas exquisitas que existieron hubo algo trágico”. Es aquí donde podríamos situar el núcleo existencial de una cinta que pasó injustamente desapercibida por nuestras pantallas hace menos de un año como es ‘Por amor al arte’, la última película del insurrecto Neil LaBute, un hiriente autor que, junto a cineastas como Alexander Payne, Wes Anderson y Todd Solondz, se empeña en hacer ver lo oscuro y cínico de la sociedad actual, donde las apariencias de felicidad esconden el lado más funesto y agónico de la verdad que nos rodea. LaBute ha proporcionado lo mejor de su corta carrera con dos títulos como ‘En compañía de hombres’, donde dos ‘yuppies’ se planteaban, a modo de juego, hacer sufrir a una atractiva mujer sorda y ‘Amigos y vecinos’, dura visión sobre la infidelidad y la amistad como fuga a los problemas de pareja. Alejado de experimentos ‘normalizadores’ en las irregulares ‘Persiguiendo a Betty’ y ‘Posesión’, el realizador americano vuelve a enfocar su perversa mirada hacia una particular antítesis de la felicidad y el desengaño.
‘Por amor al arte’ no se entendería sin esta nueva tendencia de la sociedad moderna por la perfección, inculcada de valores que se proyectan desde los medios de comunicación hacia la obsesión por la imagen, por el exterior, donde el físico es lo fundamental. Una sociedad donde el culto al hedonismo y al narcisismo son valores en alza y donde las carencias afectivas y de personalidad se subsanan con la manipulación. El hombre moderno se ha convertido en un metafórico caramelo de envoltura sugerente e irresistible que esconde una golosina hedionda con sabor a mierda. En este espinoso terreno, ‘Por amor al arte’, se consuma como una hiriente comedia negra y una sátira sobre la carencia de personalidad, la sumisión amorosa, la amoralidad del proceder artístico y el egoísta y desalmado manejo emocional en favor de la satisfacción personal, donde se subjetivizan sentimientos y arte. Y no es el manifiesto misógino que se podía esperar de LaBute, sino que, dentro del campo estético e íntimo, es una proclama sobre la bulimia emocional, la anorexia moral y la vigorexia social que envuelve a una sociedad que mendiga belleza y perfección como justificación de la felicidad que proponen los patrones modernos. En definitiva, que estamos encerrados en la aterradora superficialidad de la sociedad del marketing, de los axiomas de la tele, del mensaje único e institucional que esclaviza a una feligresía mediática mediocre, convirtiéndola en feliz aglomeración de ignorantes.
En este ejercicio de misantropía digna de Kohler o Milstein, LaBute envuelve de ironía amarga la historia de amor Adam y Evelyn, dos jóvenes que se conocen en una galería de arte e inician una relación de pareja que no ven con muy buenos ojos Jenny y Phillip, los amigos de Adam. Todos se verán envueltos en una evolución emocional y física de consecuencias inesperadas. Bajo ese halo de comedia de enredo, LaBute aprovecha para indagar en el enfrentamiento de los conflictivos deseos humanos afines a las ansias de libertad y de correspondencia, a la pretensión de amor que deviene de la siempre peligrosa noción de toda seducción que, en su fondo, es egoísta y muchas veces cruel. Un juego de lleno de maldad, proveedor del dolor más impío que se pueda llegar a pensar. Con esta premisa, LaBute imbuye de desesperanza y pesimismo una historia que tiene como centro de atención el sofisma que es, en realidad, el amor. La manipulación que comporta el cambiar los hábitos, los gustos e incluso la personalidad para satisfacer a la pareja, arrebatando así lo más importante de la esencia humana: la libertad.
En ‘Por amor al arte’, se utiliza el arte, la obsesión de los creadores por la perfección y la belleza, por la forma de entender las diversas disposiciones artísticas, para trazar una atroz hipótesis sobre las frágiles estructuras de la mentira, del horror del vacío solapado por el automatismo de una relación aparentemente perfecta que se destapa como una disertación sobre la humillación, como lectura emocional basada en las apariencias, dando a entender que la obtención de los deseos que se hacen realidad convierten a las personas en arrogantes y estúpidas, sumergiéndolas en una burbuja de falsedad que algunos dan en llamar felicidad. LaBute dictamina así el amor como refugio de las inseguridades personales, que terminan por exterminar la autonomía individual para someter al individuo a la manipulación. La eficacia de esta sugerente película no reside tanto en el contenido como en la forma, ya que tras la cáscara de comedia romántica se esconde una terrible y angustiosa declaración de hasta dónde llega la mediocridad actual residente en la superficialidad de las cosas, del hombre moderno, de la pareja y el inexistente bienestar que encuentra su verdad en la realidad cruel y hiriente que coloca al hombre en un rol de marioneta utilizado por muchos y diversos factores. El arte es la apreciación subjetiva de algo, a priori, objetivo, que más allá de su representación estética tiene un significado. Como la acertada visión de LaBute sobre las relaciones humanas. Por eso, esa forma de las cosas del título original, la grafía de su arte, se torna utilitarista al tomar como cimentación de su ‘obra’ al propio hombre en manos de una mujer que utiliza sus pretensiones intelectuales e inspiración en la metáfora que supone la cotidianeidad de tres vidas aburridas y sin pasión (el modelo que la sociedad tiene como ‘normales’), cuya esencia final destapa la verdad interior de todos y cada uno de ellos ante la perversa prepotencia de una persona que habla de amor, pero que lo utiliza como praxis experimental en la que todo vale por demostrar que en la investigación pasional cuasicientífica también existe arte.
Toda la película no tendría su devastadora relevancia sin sus extraordinarios cuatro y únicos intérpretes, encabezados por la carnal Rachel Weisz, que encauza el mejor rol de su reducida filmografía a momentos de soberbia actoral, a la que no son ajenos un extraordinario Paul Rudd, la dulce Gretchen Mol y el cínico Paul Webber. Pero no todo podía ser perfecto, ya que en la adaptación de la propia obra de teatro del director, la carencia escénica y unificación geográfica que sólo entrecruza a las dos parejas proporciona a su versión cinematográfica un excesivo aire de claustrofobia, sólo rota por las canciones de Elvis Costello a modo de transición entre escenas (un punto característico en el cine de LaBute) y que conlleva muchas veces a la apatía y la monotonía de ciertos diálogos que se hacen largos. Un aspecto que si se une a la excesiva y habitual frialdad de La Bute como director, resta vigor al ritmo y a lo mejor de unos diálogos sencillamente sobresalientes.
Y ésa desacertada propuesta teórica y distante del mundo real, encerrada en un entorno teatral, es el principal lastre que no deja a ‘Por amor al arte’ transformarse en una obra maestra del cinismo humano y la confusión de la utilizada sociedad que, sin embargo, alcanza su apoteosis de bestialidad en un desenlace lleno de mala hostia venenosa, de violencia verbal enfocada a la estupidez y al enamoramiento humano, al manejo recíproco (o unifocal) al que se entregan las parejas de novios, a la superioridad en las relaciones de amistad que esconden bajo su apariencia de estabilidad y felicidad el auténtico sentido del cinismo e hipocresía.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 23:28 |


Inconsciente paradigma de la deletérea miscelánea entre rock y heroína, representación de la insubordinación y la desidia, dignatario del ‘black power’ en los 70 y otro de esos ídolos caídos que dejaron un exquisito cadáver muy joven, habiendo vivido rápido pasando a ser otro mártir de un período convulso. Jimmy Hendrix, transgresor y mitológico, se ha convertido con el paso de los años en un emblema de la música revolucionaria y uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos.
La devoción por esta ‘bestia parda’ se materializa en un nutrido catálogo de cantautores, bluesmen, jazzistas y hasta folclóricos, partidarios de la excepcionalidad de una obra musical al margen de su portentoso virtuosismo que dio al mundo de la música algunas las técnicas de grabación que Hendrix empleó en sus álbumes, más revolucionarias si cabe que las de los Beatles en ‘Sgt. Pepper's’.
Esta mañana me he levantado al son de ‘The ultimate experience’, y tras ello, la resaca parece haber disminuido. No he podido por más que seguir consumiendo más Hendrix y tararear sus míticas ‘Hey Joe’, ‘Voodoo Chile’, ‘All Along The Watchtower’, ‘Foxy Lady’, ‘The wind cries Mary’, ‘Fire', ‘Little wing', ‘Crosstown Traffic’ o ‘Manic Depression'.
El rock psicodélico, el blues ácido enfurecido en las cuerdas de su Fender Estratocaster, de contagioso ritmo lisérgico originado en la simbiosis entre blues, jazz y rock; explosivo cóctel de referencias con alma de soul.
¿Hay algo mejor que levantarse un domingo de resaca con la música de Jimmy?
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 16:33 |


sábado, abril 16, 2005
Los rayos de una esperanza quebrada
Manuel Martin Cuenca se presentó con una adaptación de Lorenzo Silva en la que destacaron Luis Tosar y el portentoso debut de la joven María Valverde.
Curiosa historia de vidas cotidianas, por la que fluye un sutil arte que expresa conceptos perentorios y simples estructurados sobre una idea naturalista de sólidos pilares, con un argumento identificable y cercano. Algo tan cotidiano como lo pueda ser un silogismo existencial con el que todos y cada uno de los espectadores se pudiera sentir identificado. Franqueza, delicadeza, profundidad e intrepidez son algunos de los adjetivos que podrían concederse a este pequeño filme sin pretensiones más allá que la de contar una hermosa fábula de amor y amistad diseñada en diversas escalas narrativas y sentimentales. La cinta de Manuel Martín Cuenca empieza siguiendo a Pablo, un ejecutivo de banca desilusionado, abatido vitalmente pese a tener un empleo seguro y una vida acomodada. Tras un pequeño accidente de coche en plena Cibeles con Sonsoles, una pija madrileña, la vida del joven cambia cuando comienza a hacerle llamadas anónimas. Un juego que parece divertirle hasta que, de manera casual, conoce a María, la hermana de la mujer, una chica de quince años que hará que su vida empiece a descubrir señales evidentes de necesidad y afecto, de desubicación ante su aburrida vida de ‘yupie’ egoísta que utiliza su conocimiento de las técnicas administrativas solamente para el lucro personal.
'La flaqueza del bolchevique' plantea así una inteligente visualización de la novela homónima de Lorenzo Silva narrando un hermoso poema romántico sobre el amor, la luz afectuosa que experimenta un hombre ante una adolescente que no deja ver tras de sí el prototípico modelo de ‘lolita’ al que ha acostumbrado la literatura y el cine, sino que, según el autor de la novela, es una extraña metáfora de la niña Olga, hija del zar Nicolás II y su relación con el 'Mujik' que la ha de matar durante la revolución rusa. Manejando este tipo de metáfora soviética, el cineasta y el literato hacen que la evolución emocional y argumental que rodea el papel de Pablo solidifiquen el instante de flaqueza del bolchevique en una inmensa glorificación emocional, en el verdadero sentido de la vida, aquél que alienta a la chiquilla a mirar con interés y curiosidad el estado anímico y gris de su nuevo camarada, mucho más mayor, pero análogo en la necesidad de condescendencia y amistad verdadera.
Un relato idealista y grisáceo, nunca dramático, pero sí triste, muy triste, que brinda la belleza de la imperfección de un primer trabajo que se enaltece por la trascendencia de esa pequeña (en realidad grandiosa) tragedia cotidiana fundamentada en la caída de las ambiciones materiales a favor del sentimiento. Una entusiasta historia que habla, en su fondo, del imprevisible azar, de la providencia que extingue el destello de la esperanza y lo devuelve a su original crepúsculo. En definitiva, una amarga y sombría película que desglosa una de las más bellas historias de amor del actual cine español a través de los ojos de víctimas carentes de deseos que encuentran su destino en la persona más inesperada. Historia moral de vidas vendidas, de sueños malogrados y de ilusiones frustradas que son la clave para que el debutante Martin Cuenca despliegue una solvente capacidad para desarrollar un vigoroso ritmo, ágil y cadente, impregnado de pequeños detalles colmados de sencillez, utilizados con perspicacia para moverse con igual destreza en la comedia, la intriga y el melodrama y que convergen en una cinta difícil de olvidar. En este fluido retrato del ‘ganador-perdedor’, antihéroe por excelencia, donde los adinerados ejecutivos han perdido su vida a cambio de una existencia gris y muy bien pagada, sin ilusión y renunciando a todas y cada una de sus convicciones personales, renace la vida con la riqueza expositiva de la historia de un flechazo, primero visual, después emocional, con una joven adolescente que no es otra cosa sino el propio reflejo de la juventud perdida.
Una historia con nínfula, sin concesiones a los más degenerados y malentendedores de Nabokov, alusión a un romanticismo puro desprovisto de un erotismo manifiesto, basado en el afecto y en la lucidez emocional que envuelve todo el periplo argumental no exento de cierto pesimismo. En esta saciedad de calidad y filantropía cinematográfica que dota a la película debut de Martín Cuenca con todos los mejores calificativos que se le puedan otorgar a un primer largometraje, hay una admirable obra encubierta en la sencillez y simplicidad, pero también una maravilla de complejas superficies narrativas que encuentran las piezas básicas para la identificación y la ponderación de ‘La flaqueza del Bolchevique’ en el talento de Luis Tosar y la debutante María Valverde. Tosar, formidable, volvió a demostrar que es uno de los actores más capacitados de la última hornada de intérpretes nacionales sublimando su personaje con su profuso talento, a la altura de cualquier papel de los muchos que han venido a darle la merecida fama (‘Los lunes al sol’ o ‘Te doy mis ojos’). María Valverde, por su parte, se configuró con este portentoso papel de adolescente enamoradiza como el descubrimiento actoral más esperanzador de los últimos años de nuestro cine (Goya incluido). Una actriz quinceañera que, gracias a un prodigioso control interpretativo basado en la efectividad y la naturalidad de réplica imposible, hace inolvidable su presentación en la gran pantalla creando unas expectativas más que alentadoras. Valverde es lo más satisfactorio en esta película imborrable, llena de frescura y dotada de esas pequeñas cualidades con las que las películas pasan a ser, al cabo de los años, pequeñas obras de culto.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 23:04 |


Indicaciones:
Es la única bebida de calidad probada que elimina, de forma absoluta y taxativa, una resaca de tres pares de cojones. Quien no haya aprendido a disfrutar de los buenos dolores de cabeza y el regustillo a arcada que deja una buena cogorza y quiera eliminar este mal menor, esta su bebida y solución.
Ingredientes:
Vodka (4 partes).
Zumo de tomate (5 partes).
Limón (depende lo que guste, pero es necesario).
Hielo.
Salsa inglesa (al gusto).
Pimienta blanca (al gusto).
Sal de apio (al gusto).
Salsa Tabasco (al gusto).
Preparación:
Primero se coloca hielo en una jarra de vidrio, luego el vodka, después las especias (si gustan, que es lo mejor, si no queda muy soso y tu resaca se te pasa, pero no con fantasía degustativa).
Se revuelve todo al son de la brutal resaca con una cuchara de metal o palillo mezclador que todos hemos mangado alguna vez. Una vez removido, nos queda la mezcla principal.
Al final agregaremos el zumo de tomate y el limón (una rodaja de limón, como un 'dash' o para que nos entendamos ‘un toque’).
Por último y para que esté de vicio, se puede colar (con un colador, claro).
Se sirve en el vaso y adiós resacón matutino. Para hacer el gilipollas al estilo Arguiñano cabe la posibilidad de decorar con una rama de apio.
Observaciones:
Este es un aperitivo, una solución paranormal al vicio de perder neuronas a lo bobo, de evitar levantarte por la mañana como si te hubieran aplastado la cabeza con un yunque. El 'Bloody Mary' tiene una gran ventaja, y es que, debido a la mezcla del tomate y las especias, genera apetito. Es decir, que se acabaron las caras de asco en la mesa familiar o levantarse y tumbarse todo el día esperando a que se pase el malestar postetílico.
Una cosa, siempre debe ir igual cantidad de hielo hasta donde luego se servirá el cóctel. Es mejor servirlo en un vaso largo y ancho. A mayor cantidad, mayor efecto.
Y no olvides la regla básica: "Dos veces hielo". Es decir, el hielo con el que se bate el sabroso cóctel no es el mismo que va luego en el vaso. Ése hielo es otro y lo colocamos en el vaso segundos antes de servir para que no se forme agua que cambie el sabor o cuerpo del cóctel.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 16:10 |


viernes, abril 15, 2005
Chris Cunningham lo ha vuelto a hacer. Ha vuelto a crear una nueva pieza de culto, amigos.
Todo surgió como una promo para la canción ‘Afx. 237 v.7’ del álbum de Aphex Twin ‘druqks’. 30 segundos que se han convertido en 6 minutos de otro intenso cortometraje para la galería de este genio de nuestro tiempo.
De su quinta colaboración con Richard D James ha salido otro de esos trabajos que están encumbrando al británico a lo más alto del panorama audiovisual. Otra historia oscura, luctuosa, donde lo abominable es estudiado por Cunningham como realidad deforme del mundo en el que vivimos. Se titula ‘Rubber Johnny’, la historia de un solitario personaje deforme y repulsivo encerrado en sótano junto a su perro. Un mutante confinado en su propia soledad, alienado por necesidad, cuya única compañía es él mismo y sus pensamientos. Su única evasión es un perro al que somete a su propia locura. Un ente desagradable, físicamente análogo a John Merrick, que se ve desdeñado por sus padres, unos ‘rednecks’ adictos a la televisión que le alimentan de vez en cuando.
Otra oscura reflexión de este compositor de imágenes, de un ensimismado analista del cuerpo humano, la anatomía imperfecta, del rechazo de la sociedad al cuerpo deforme.
El corto se estrenó ayer mismito en el Garage Stadio de San Siro, dentro TDK Dance Marathon 2005. Saldrá a la venta con un libro de 40 páginas sobre el proceso de creación de la inquietante historia el próximo 23 de mayo publicado por Warp Films.
Os dejo la interesante entrevista al gran Chris.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 20:57 |


El rumor se consolida según pasan los días: ‘Watchmen’, la obra maestra de Alan Moore y Dave Gibbons, que estaba en proceso de preproducción con Paul Greengrass al frente, se va a cancelar. Chris Kenny y Nic Korda, los productores británicos de la Paramount ya habían presagiado el infortunio cuando avanzaron hace un par de semanas las dificultades que estaban sufriendo para ajustar el presupuesto al rodaje que se exige en los míticos Pinewood Studios.
Era más que predecible. La razón es bien sencilla: la ineficacia de un director que, aclimatado a la temática irlandesa y del conflicto del IRA y tras su desastroso paso por la secuela del personaje de Robert Lundlum Jason Bourne, no ha estado a la altura de las circunstancias.
La ambición y complejidad de la novela gráfica, plagada de subtextos y líneas narrativas, la ardua grafía simbólica y el procedimiento con que se analiza y critica sin piedad la sociedad occidental contemporánea, e incluso el sistema político-social en el que se circunscribe, han terminado por comerse a un director que se antojaba desde su principio bastante mediocre para tal empresa.
Es sólo un rumor, pero esperemos que se confirme y se deje para otra ocasión esta odisea aún inalcanzable para ser llevada a la gran pantalla.
Los amantes de ‘Watchmen’ respiramos un poco más a gusto.
El comediante, el Dr. Manhattan, Rorscharch, Adrian Veidt, Dan Dreiberg y la bella Laurel Juspeczyk se quedarán donde deben estar, en las pàginas de un cómic que cambió en Noveno Arte cuando más lo necesitaba.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 14:18 |


John Sayles estrenó hace meses ‘Silver City’, de la cual no escribí nada por entonces. Hoy he vuelto a recuperarla, viéndola en condiciones aceptables, sin el cansancio narcótico del trabajo y la presión festivalera allá por Donosti. Volviendo a la sátira política de Sayles, el cineasta independiente compone un curioso panegírico sardónico y crítico con tintes de cine negro que, a su vez, es descubierto como advertencia sobre el estado actual de la democracia americana.
Sayles, consciente de la importancia de su discurso, comienza la película sometiendo a un candidato a senador a una ridiculización homóloga de la visión de George W. Bush en sus patéticas y bufonescas (ya históricas) apariciones televisivas, para pasar a lo que el cineasta plantea en realidad: un ‘thriller’ político en el que el jefe de campaña del gobernante contrata los servicios de un periodista para investigar posibles relaciones de un cadáver anónimo que encuentran mientras el presidente rueda un anuncio para la campaña en un apacible lago y que levanta las sospechas en relación con la posible corrupción de los enemigos de la familia del aspirante.
El arranque cínico y cómico de Sayles sigue mostrando su más heterogénea alianza entre inteligencia para la observación y un agudo sentido del humor hiriente, pero también para enramar una compleja trama de conspiración y manipulación de los entornos políticos y un certero análisis de aquellos que, tras la figura visible del gobernante, constatan la clave evidente de los manejan el mundo, es decir, el equipo de gobierno, los encargados de lavar la imagen de cualquier situación que ponga en peligro la figura del mandatario.
Con ello, Sayles vuelve a demostrar que es, por encima de uno de los directores más independientes del actual panorama cinematográfico, un espléndido guionista. Característica que le confiere el mayor de sus intereses a todas sus creaciones. Pero tal vez es ahí, paradójicamente, donde la película de Sayles le lleva a no conseguir la genialidad que se podía haber esperado de esta tesis de ridiculización de los gobiernos que mueven el mundo, por su insistente apego a la dispersión y a la complejidad de la intriga que entrecruza personajes (todos los actores están fantásticos) en una historia coral excesivamente aviesa. La descripción psicológica y ética de un puñado de personajes que conforman un excelente reparto coral y el modo en que se relacionan en un entorno de corrupción y falsedad, suponen en ‘Silver City’ la piedra angular de un filme que, en su concepto, alcanza el nivel de sus últimos trabajos, buscando renunciar en todo momento a la complacencia del espectador e imputar así su compromiso con la toma de conciencia de la historia.
Mediante su estilo tan personal y distintivo basado en un realismo reposado y un profunda examen del entorno que juzga y recrea, en ‘Silver City’ no hay extremos, aunque las situaciones sean extremas, no hay manipulación gratuita de las acciones o un maniqueísmo evidente, sino una exposición honesta y cercana que adosa a la narración específicos detalles y contradicciones que impulsan a sus personajes a actuar de una u otra manera.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:07 |


jueves, abril 14, 2005
Jules y Vincent están dentro del coche limpiando todos los rincones manchados con los sesos de Marvin que están esparcidos por el vehículo. Vincent limpia las ventanas y los espejos en el asiento delantero, mientras Jules está atrás, recogiendo los pequeños pedazos de cráneo de los asientos. Los dos están empapados de sangre.
JULES
Aaaaauu-- tío, jamás te perdonaré este puto rollo.
Esta mierda es repugnante.
VINCENT
Jules ¿has oído la filosofía de que cuando un hombre
admite que se ha equivocado, de inmediato se
le perdonan todos sus pecados? ¿habías oído eso?
JULES
¡Vete a tomar por culo con esa mierda!
El cabrón que dijo esa gilipollez nunca
tuvo recoger pedacitos de cráneo por tu puta culpa.
VINCENT
Tengo un límite Jules. Hay un tope en
la cantidad de abusos que puedo aguantar.
Ahora mismo estoy como un coche de carreras
y tú me estás forzando y solamente digo--
sólo digo que es peligroso forzar demasiado
un coche de carreras. Sólo eso. Podría estallar.
JULES
(riendo)
Ohhh-- ¿tú vas a estallar?
VINCENT
Voy a estallar, sí.
JULES
Pues yo me parezco a la puta bomba atómica
cuando estalló, cabronazo, cada vez que mis manos tocan
cerebro soy 'Supermosca TNT', soy los ‘Cañones de Navarone’.
De hecho ¿qué cojones hago yo aquí detrás?
El cabrón que recoge cerebro tendrías que ser tú.
Cambiemos, joder. Yo limpio los cristales y
tú te ocupas de los sesos de ese negro.
Dan ganas de volver a verla ahora mismo ¿eh?
¿Cuántas veces se habrá visto esta película y siempre que se ve parece la primera vez aunque uno se la sepa de memoria?
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 18:50 |


Más o menos este de la foto es el nuevo modelo de casa que nos espera con la propuesta de ‘minipisos’ de Vivienda de Protección Oficial (VPO) avanzada por la ministra <María Antonia Trujillo. Este es su famoso plan de vivienda que prometió cuando llegó al Ministerio. Ahora sí es factible llegar a la absurda promesa de conceder 180.000 viviendas en su falsario y ridículo “Plan de Medidas Urgentes en Materia de Vivienda”. Estamos prosperando, amigos. Por eso ahora contamos con una milagrosa componenda habitacional que equipara nuestro futuro a la forma de vida a las casas flotantes de Hong Kong (donde se duerme en literas en plan comuna), a las corralas, a las chabolas o mejor aún, a los zulos de secuestrados. Todo un lujo. ‘Minipisos’, ‘Minisueldos’, ‘Miniderechos’… Va a llegar un momento en que acabaremos siendo Pitufos y el Estado, que ya lo es, el infable Gargamel.
Pero no hay que ponerse en lo peor. No hay que ser fatalistas ni indignarse ante esta medida. Todos estos ‘miniedificios’ tienen considerables 'macroventajas' además “de seguir el modelo de países avanzados como los nórdicos”, según Trujillo. Ventajas como la de poder enseñar de un vistazo la casa a las amistades, soplar para limpiar todo el polvo de la casa, que la televisión de 14” parezca más grande, se puede orinar desde el salón al baño sin perderse el partido de fútbol, no se tiene que invitar a comer a nadie porque no cabe, ni limpiar después de una fiesta imposible de fraguarse, no hay problemas con la moda porque se carece espacio para los armarios… Todo sinecuras, vaya.
Se quiere fomentar el alquiler, pero sin modificar la Ley de Arrendamientos Urbanos que preserve al arrendador. Eso ni de coña. La Ley (ese concepto tan difuso y sórdido) no está con él. Tampoco se quiere frenar la especulación, porque así no se liberalizan los terrenos, para proseguir con sus inasequibles precios. Aquí los únicos que salen ganando, como siempre, son el Gobierno, los bancos, las constructoras, las inmobiliarias y los ayuntamientos. No han querido darse cuenta de que lo que se necesita realmente es que baje el precio de la vivienda, no los metros habitables. El ciudadano es el último mono de feria de la nación.
Lo paradójico de todo es que esta señora Trujillo vive en un chalet contiguo al Ministerio de la Vivienda de más 500 metros cuadrados que comparte con la ministra de Cultura, la infame Carmen Calvo, que ya está trabajando en su particular y sectaria lucha contra la piratería que nos afectará impidiendo que paguemos más por nuestro trabajo y ocio en la red.
Acaban de socializar la ignorancia, han vendido armas a decadentes países, ahora ridiculizan la vivienda.
¿Qué será lo próximo?
Tanto antes como ahora, España va bien.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:58 |


miércoles, abril 13, 2005
Cuando uno asiste irracionalmente (y a menudo en familia) a un parque temático, se corre el riesgo de que esté masificado. Y uno de los principales inconvenientes de estos escenarios son las kilométricas colas que acaban por suscitar una mala hostia reflejada, por ejemplo, en el careto del pobre hombre de la foto de arriba que por su semblante debe haber estado esperando en la fila varias horas. Lo normal en estas eventualidades. Acudir en familia a un parque de atracciones se ha convertido en uno de los masoquismos modernos más diseminados por todo el mundo.
Aquí tenéis unas impagables instantáneas de cómo se pierden los nervios en los instantes de espera de las largas colas de Disney World, paradójicos intervalos infortunados en un entorno de esparcimiento y exultación de unas ya de por sí exiguas ganas de divertirse.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 23:54 |


Según Ananova, Mel Gibson ha anunciado que su próxima película, prolongando el catolicismo místico y devoto que parece haberle absorbido tras la sanguinaria ‘La pasión’ el actor de ‘Arma letal’ (qué tiempos aquéllos), será un ‘biopic’ sobre la vida de Juan Pablo II (te quiere todo el mundo) que pretende recrear los detalles sobre los supuestos milagros que se le atribuyen al Papa recién fallecido.
El New York Post afirma que no se trata de un rumor, ya que Gibson se desplazó la semana pasada a Roma para filmar el sepelio y la peregrinación de millones de fieles que acudieron en masa al funeral del Santo Padre. Y es que Gibson era un ferviente admirador del Papa, además de un católico defensor de la tradición más conservadora de la Iglesia. De ahí tal identificación.
Nos acecha por tanto una ornamentada y empalagosa biografía llevada a la gran pantalla sobre Karol Wojtila escudada en la de vida de un hombre que fue actor, esquiador, sabio, filósofo, poeta, escritor, víctima de un atentado cometido en 1981 por Alí Agca y émulo en sus últimos días del personaje televisivo Pozí.
Si no hemos tenido suficiente con una semana monográfica dedicado al Pontífice, Gibson se encargará de glorificarlo aún más si cabe.
Dios nos pille confesados.
PD: Por cierto, en la instantánea vemos a un Gibson al que la alopecia galopante ha dejado de esta guisa. Una foto impactante, sin duda alguna.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 14:21 |


Barton Fink (John Turturro) acepta el reto de pasar de ser un prometedor dramaturgo neoyorquino a verse envuelto en la holgura monetaria que supone escribir para un estudio de Hollywood.
Recluido en la habitación del hotel Earle, Barton se compromete a escribir una película de lucha libre con Wallace Beery de protagonista. Un pasillo empapelado con marchitas formas florales se extiende a lo largo de un corredor maléfico que lleva hacia la habitación 620, el particular tártaro del guionista, angustiosa abnegación del cautivo inerme ante el vacío mental, el símbolo del miedo al folio en blanco. El asfixiante calor provoca que hasta el papel revestido de la habitación, humedecido por las hendeduras que producen las goteras, se despegue.
Charlie Meadows (John Goodman) irrumpirá en la vida de Fink porque éste se ha quejado de que oye ruidos en la habitación anexa. No es más que la excusa del reclamo de alguien en quien confiar, tal vez un espectral ángel demoníaco, tal vez un vendedor de pólizas de seguros o lo que es peor, un asesino sanguinario llamado Madman Mundt.
La secuencia al azar pertenece al momento en que Audrey (Jude Davis), la ayudante de W.P. Mayhew (John McHoney como la reencarnación de William Faulkner) que acude a auxiliar a Fink, le confiesa que ha sido ella la autora de sus dos últimos libros por la impericia fruto del alcohol del célebre literato. Él entra en cólera. Pero lejos de perder los nervios, ella le sosiega y le besa dulcemente, dando su palabra de que al día siguiente él podrá enunciar una gran sinopsis a Jack Lipnick (Michael Lerner), el productor de la película que tiene que escribir.
La cámara se desvía de la acción amatoria entre Audrey y Barton para dirigirse directamente a la tubería del lavabo del cuarto de baño, no como una metáfora sexual, si no perdiéndose en los abismos que harán oír los ruidos que tanto importunan y perturban a Charlie, el motivo por el que éste apareció en la vida de Fink.
Al día siguiente, un mosquito (tal vez la propia conciencia del escritor) aletea para descansar en el torso desnudo de Audrey. Fink golpea sobre la espalda de la mujer, dejando un cerco de sangre en su piel. Pero Audrey ni se ha inmutado. Cuando el guionista destapa a la secretaria, ésta yace muerta. La hemoglobina fluye empapando las níveas sábanas.
Es el principio de una imperecedera pesadilla críptica, la que nos hará sospechar si realmente el Hotel Earle es el Infierno, si Charlie existe o es la excusa mental de Fink para eludir de sus problemas, si Charlie es el Demonio y si todo lo que está padeciendo el guionista ha sucedido por el reemplazo de su verdadera musa (un grueso hombre que apaga alegremente su soledad en el alcohol) por otra, esta vez, una figura femenina que es la clave del éxito del escritor favorito de Fink, un viejo fracasado y alcohólico en quien tal vez él se esté convirtiendo por su carencia de ideas.
“Are you in pictures?”
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:18 |


martes, abril 12, 2005
Esta es la moto de 'Ghost Rider'. Y tiene el motor y las llamas preparadas. Mark Steven Johnson (el perpetrador de la versión cinematográfica de 'Dardevil') es el encargado de que Nicolas Cage, Wes Bentley y Eva Mendes triunfen este verano con esta enésima (y las quedan) adaptación de un cómic de la Marvel.
Habrá que ver qué han hecho con el acrobático John Blaze.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 19:52 |


‘The best page of Universe’, así de contundente presenta Maddox su divertida página nutrida de los análisis más ‘freaks’ de la red (eso sí, en inglés).
En este caso nos presenta portadas de cómics visiblemente subversivas, relativas todas ellas a depravadas malinterpretaciones sexuales.
Podemos ver como a SuperBoy le iba eso del ‘spanking’, un atenuado sucedáneo del sado. A Tarzán, su inolvidable mona Chita le hacía algo más que compañía, Rifleman ocultaba un secreto equiparable al de John Holmes o se puede apreciar que en ‘Moon Pilot’ el Capitán Richmond Talbot tenía una particular querencia malsana hacia el primate explorador que le acompañaba.
Demencial.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 16:49 |


Después de la gran noticia de ayer, hoy hay más. Esto es una erial de satisfacciones, un páramo de absurda y constante alegría.
Hoy, el Abismo también tiene un hueco en el Blog Zone del imprescindible y necesario Periodista Digital.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 12:13 |


Nostálgicos ‘freaks’ sumergidos
La cuarta película de Wes Anderson es una extraña fábula marina que esconde bajo su humor surreal un drama coral de relaciones familiares y soledad.
Lo primero que hay que decir de ‘Life Aquatic’ es, de entrada, que es una película arriesgada y muy diferente a cualquier fenómeno fílmico visto últimamente en Hollywood, no tanto por el hecho de afrontar una historia desde un punto de vista subjetivamente surreal o extravagante, ni de aportar un universo propio creado desde la más absoluta ambigüedad, incapaz de inscribirse en un género concreto, sino precisamente porque no se ajusta a ningún parámetro analítico, descolocando los criterios que se puedan tener hacia ella a priori e incluso después de haberla visto. Una de las grandes virtudes que tiene esta película, así como el cine de Wes Anderson en general, es que el cineasta reta al público y a la crítica más angosta a replantearse continuamente qué es lo que se está viendo en pantalla.
Como en sus respectivos movimientos artísticos, salvando las distancias, lo hicieran Bretòn, Cocteau, Tzara o Artaud, Wes Anderson destruye lo preconcebido, desformalizando los criterios discurridos, experimentando con el cine, con el arte gráfico, con el drama y la comedia, con todo aquello que pueda hacer delimitar sus películas a un cualquier concepto estipulado. Anderson es un dinamitador, un gamberro que a base de una extraña y innovadora miscelánea está logrando una interesante evolución artística sujeta a un progreso de reafirmación, advirtiendo en todo momento el afianzamiento de un estilo propio y diferente. Su cine expone una de las formas narrativas más transformadoras que han surgido en la cinematografía actual, desarrollando historias que nada tienen de humorístico, pero que reviste de un ingenioso sentido del humor basado en unos personajes desubicados, perdidos en el mundo que les rodea. Un mundo que no les entiende y que, de repente, se vuelve contra ellos. Algo parecido a lo que en más de una ocasión le ha sucedido a este joven cineasta dentro del mundo del cine. Sus tres anteriores filmes, ‘Bottle Rocket’, ‘Rushmore’ y ‘The Royal Tenenbaums’ eran ejemplos de rarezas, de un submundo poblado por una maravillosa fauna alejada de la norma, que luchan y hacen lo posible para que se les comprenda y se les escuche.
El principio de ‘Life Aquiatic’ expone esa lucha honesta de Anderson; en un cine italiano se estrena el último documental de Steve Zissou, un apático oceanógrafo que presenta el documental sobre su último viaje, una expedición que terminó con una terrible tragedia al morir Esteban, su mejor amigo, devorado por lo que parece ser una nueva especie de tiburón. Al término de la proyección, Zissou plantea la técnica de su trabajo ante un número reducido de público (el restante ha abandonado la sala) y afirma que volverá al mar para encontrar y matar a ese “tiburón-jaguar” que acabó con la vida de su colega. Nadie parece creer en su capacidad para volver a sorprender al público, pero el oceanógrafo no está dispuesto a perder la confianza que le ha convertido en un iconoclasta, siendo honesto con su trabajo y su estrambótica metodología. Para ello necesitará la ayuda de su inseparable equipo, su millonaria ex mujer, una periodista que va a cubrir la aventura, un supuesto hijo ilegítimo, un veterano alemán de las expediciones marinas, un brasileño que hace versiones de David Bowie y una aventurera con querencia al ‘top less’, además del resto de la tripulación y los becarios que le acompañan a bordo del Belafonte, una mixtura a modo de ofrenda del Calypso, de Jacques-Yves Cousteau (del que Zissou es un perfecto émulo surrealista) y del célebre Nautilus, de Julio Verne (con el que la búsqueda quimérica de lo inexplorado tiene tanto en común con '20.000 leguas de viaje submarino').
Algo tiene ‘Life Aquatic’ de los dos últimos trabajos de Anderson; si en ‘Rushmore’ Max Fisher (Jason Schwartzman), que al igual que Steve Zisoou, aparece como un genio fracasado por el que se siente inevitablemente compasión, quería construir un descomunal acuario con el presupuesto del colegio en el que estudiaba por conseguir infructuosamente el amor de la profesora Miss Cross (Olivia Williams) y en ‘The Royal Tenenbaums’ la trama giraba en torno a la edificación de una familia sustentada en el patriarca, figura que desempeña aquí el flemático oceanógrafo, sin perder de vista en ningún momento alta carga irónica sobre los sueños frustrados, en ‘Life Acuatic’, Wes Anderson adiciona a su particular cosmos una involuntaria asimilación del metalenguaje fílmico, rodando un filme que se centra en la filmación de otra película ficticia, variante genérica que ha dado un pequeño subgénero dentro del cine. Consciente de que sus personajes transitan por un mundo en el que asumen la irrealidad de sus acciones (paradigmática es la situación en la que Zissou se lía a tiros con los piratas filipinos), la extravagante expedición acuática no es más que la excusa del cineasta para aportar con su subjetividad un mundo propio que desvela a través de una mirada diferente, la de los protagonistas del Belafonte, que sufragan el difícil reto de alcanzar esos acuciosos contrastes sin desistir de esa comicidad esperpéntica y triste, configurada como distinción indisoluble de su devastador estilo.
No nos encontramos ante una película de fracasados, aunque en primer momento pueda parecerlo, sino que con ‘Life Aquatic’ hallamos un melodrama suavizado donde el desencanto de la vida y los objetivos malogrados se ponderan con ese humor absurdo, las insólitas situaciones que rodean la tragedia y el ánimo a partes iguales, despertando éstas la búsqueda de respuestas a ese desaliento y superándolas para descubrir una nueva etapa más esperanzadora de la vida. Los personajes de Anderson no aceptan su condición de perdedores, revelándose contra el amor, la muerte y el fracaso, sin conciliarse con la vida. Y en su posición de resentidos demostrar su ira con una característica infantil propia del crío que reniega ante los problemas, incapaces de afrontarlos, pero que en su final asumen su madurez y recelan de lo insustancial, dando prioridad a cosas vitales más significativas (Zissou entregándole el anillo del 'Club Zissou' al sobrino de su tripulante alemán). Una característica que ha perdurado en la obra de este insurrecto cineasta.
Que la historia de ‘Life Acuatic’ nazca por unas palabras de Seymour Cassell manifestadas en el show de Dan Tana afirmando que le gustaría morir en las fauces de un extraño escualo dan la pauta de hasta qué punto Anderson concibe sus historias. Esta extraña película se origina en el sarcasmo y el delirio personal, pero transitando no sólo en la comedia, sino en el cine de acción más extático, el drama humano sensible, el melodrama perturbador, el documental de naturaleza acuática y el musical más extravagante que tiene como protagonista a Seu Jorge cantando todos los clásicos de David Bowie, como ocurría con las apariciones de Jonathan Richman en ‘Algo pasa con Mary’.
Todo ello bajo esa nostalgia melancólica que se rompe imprevistamente por un humor distante, por momentos muy elegante, en otros socarrón y recurriendo al ‘gag’ (como el ‘humor animal’ con delfines imbéciles y perros tullidos) que vuelve a abandonar para irrumpir de nuevo en el drama familiar, atentando a las imprevistas vacilaciones de unos personajes contradictorios, que no esconden su soledad. ‘Life Aquatic’ es un producto artesanal y emocional, aunque haya acoplado un toque colorista, ‘naif’ e irreal con extraños seres acuáticos creados con la ayuda del gran Henry Selick. Un hecho visible en el Belafonte (diseccionado en homenaje a Fellini), que muestra a un grupo de optimistas marinos los cuales carecen de tecnología (sólo hay que ver el material científico del barco) y que tienen que los robar avances técnicos para llevar a cabo sus investigaciones sobre el ‘tiburón-jaguar’. Pero sigue siendo un pretexto, ya que los descerebrados propósitos del grupo encabezado por Zissou contrasta, no obstante, con el arruinado y nulo panorama familiar que le castiga fuera de los límites sumisos de las labores marinas en un barco que tiene un único apoyo: su admiración al capitán y la nostalgia (consideran que salvar a una marmota en plena Antártica era emocionante) como motor de continuidad en su aventura marítima.
Tal vez lo menos acertado de ‘Life Aquatic’ sea que esa intención de innovar de Anderson determine en alguna ocasión el funcionamiento de todo el engranaje recursivo y, sobre todo, el notable deterioro interpretativo de Owen Wilson, que no está a la altura de sus compañeros. Aunque tampoco es de extrañar. Bill Murray vuelve a demostrar porqué es uno de los mejores intérpretes del cine contemporáneo, ensalzable adjetivo también ajustable a unas excelentes Cate Blanchett y Angélica Huston, siendo extensible tanto a Williem Dafoe como, por ende, a los secundarios de esta tragicomedia coral. Por último hay que destacar la fotografía de Robert D. Yerman que aporta a la puesta en escena de Anderson un reconocible homenaje a las series documentales de divulgación científica de los setenta, estéticamente deudora de ‘Mundo submarino’, la maravillosa serie creada por Jacques Costeau que sirve para presentar a sus roles como parte de esa extraña fauna que va mostrando a lo largo del filme, incluidos en un barco como un hábitat más cercano a un acuario que a un embarcación al uso.
Rareza inclasificable, epatantemente gamberra, melancólica y sombría en ocasiones, repleta de detalles ingeniosos, ‘Life Aquatic’ destila ambigüedad y una extraña belleza que la perfilan como uno de los títulos más sugerentes e incatalogables de este año.
Miguel Á. Refoyo © 2005
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:07 |


lunes, abril 11, 2005
Ya no sé qué que me queda por ver en televisión. Cada día que pasa me sorprende y desazona adosarme de una forma totalmente apática a la caja tonta. A veces, para no padecer y ahorrarme sufrimiento, me trago esos programas de ‘Zapping’ que tanto proliferan en cualquier cadena y que originó Canal + hace más de una década. En uno de éstos recibí uno de los impactos visuales más ignominiosos que he podido atisbar a través de las 625 líneas, vergüenza ajena que lo llaman algunos: Carlos Pumares, aquel demiurgo de la radio nocturna, el sagrado gruñón cinéfilo, sabio y cínico creador del mitológico ‘Polvo de estrellas’, apareció en el albañal que es ‘Crónicas Marcianas’ travestido de ‘Drag Queen’, descaminando su imagen hacia la ridiculez más carpetovetónica.
Puede que responda a un ejercicio probatorio de su liberación más gamberra o un evidente signo de aburrimiento, también un testimonio de que es capaz de reírse de sí mismo, pero lo cierto es que este versado tipo en el Séptimo Arte que ha proporcionado a su audiencia las veladas radiofónicas más memorables no es digno de tal espectáculo.
Pumares ha dejado de ser el excelso y sardónico ídolo radiofónico para convertirse en un integrante más del submundo de ‘infraseres’ instaurados por ese ‘Mad Doctor’ de la mugre que es Sardá y descubiertos por su Igor partilcular, Javier Cárdenas.
Ahora Pumares ya es como Pozí, Carmen de Mairena o Joan Antoni Estades de Moncaire.
Que lo del Monolito tenía gracia, pero esto...
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 18:44 |


Esta mañana me he levantado con una sorpresa más que confortable: ‘Un Mundo desde el Abismo’ ha sido uno de los weblogs finalistas en el concurso de Bitácoras.com, consecución de vuestra confianza y de vuestros votos que han colocado a este espacio internauta en un hueco de excepcional regalía entre más de 18.000 bitácoras inscritas en el concurso.
Tras más de medio año dando la tabarra con mi proliferación de posts ha llegado el primer triunfo reconocido que, si bien tampoco es señal muy destacable (entre los seleccionados echo de menos muchas bitácoras de excelente calidad que se merecen estar ahí), sí supone una satisfacción poder participar en la segunda fase del concurso e intentar ganar. Sin embargo esto es secundario. Ser finalista es un éxito, ya que alzarse como la mejor se me antoja muy difícil debido a los experimentados rivales de la sección donde se participa: nada más y nada menos que en Arte y Cultura.
Toca celebrarlo, si bien no son horas de empezar a etilizarse con júbilo.
Muchas gracias a todos por vuestro aliento, apoyo y confianza.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 11:38 |


domingo, abril 10, 2005
La tristeza melancólica en clave de terror
Es cierto que ‘El sexto sentido’ ha envejecido mal. Pero el recuerdo del primer pase que al que asistí hace un lustro es indeleble. Recuerdo encontrarme con una inolvidable película que irrumpió en un género tan irregular y mortecino como el fantástico. Allí, sentado en la sala compartiendo la sala con cinco personas, sin saber nada del argumento, guardando celosamente mi ignorancia ante este filme, advertí sensaciones que pocas veces he percibido en un cine.
La historia del psicólogo infantil y el muchacho retraído y angustiado que puede ver muertos a todas horas del día sigue teniendo muchos atractivos, como esa buscada ausencia de efectismos y artificios propios del género. Es verdad que el ardid narrativo interviene sustentándose en la imagen, guardando en su final el golpe de efecto, pero más allá del citado declive temporal, ‘El sexto sentido’ sigue siendo un hermoso epítome sobre la muerte, abordándola de cerca, explorando de una forma inconmensurable el amor, la soledad, la incomunicación y el miedo en sus diversas formas y ámbitos, para aportar una concepción temática doliente, angustiosa, en la que la magnificencia de cada plano, de cada gesto de sus personajes (Bruce Willis nunca estuvo mejor) deviene de una innovación que surge de la simplicidad con la que Shyamalan cuenta su relato, colmado de misterio, de melancolía, de temor, nunca de la pretensión de transgredir.
‘El sexto sentido’ me sigue gustando tanto porque discurre en una desidia existencial que la convierte en un drama donde los remordimientos, la desilusión o el desaliento, dejan paso al tema fundamental de la cinta: la muerte, el sentimiento que evoca la tradición filosófica y existencial hacia el pesimismo, el fatalismo que nos ahoga en vida. El personaje del pequeño e impresionante Haley J. Osment encuentra su pesadilla en la capacidad de poder ver muertos que se creen vivos, muertos que vagan por las calles y las casas sintiendo que se han ido dejando algo que hacer, precisamente donde encuentra la clave para zanjar sus miedos y el de los demás, donde está el final más imprevisible de los últimos años.
El filme de Shyanalan, incluso hoy en día, sigue mostrando, eso sí, una envidiable atmósfera mortecina unida a esa actitud ascética que se desenvuelve en un guión que, desde la distancia, se antoja mejorable, pero con ese sedimento de hermoso y estremecedor cuento ‘fantástico-existencial’ eficaz, ejemplar en el fondo y en la sencillez con la que se expone una narración sorprendente, llena de sensibilidad poética (la relación maternofilial es conmovedora), sin renunciar en ningún momento al cine de entretenimiento cargado de recurrentes imágenes escalofriantes que envuelven y aterrorizan al espectador (valga de único ejemplo al esquizofrénico que, desnudo, reprocha al psicólogo su abandono).
La película que lanzó a Shyamalan a la fama es una odisea de tristeza melancólica que expone una particular reflexión sobre el sentimiento trágico de la vida. Es un filme al que le tengo mucho cariño, que siempre me ha costado mucho defender porque a los ojos de los demás está llena de demasiadas irregularidades. Y tal vez sea ahí, en ésa imperfección, donde resida la clave del afecto que tengo por esta cinta que he vuelto a disfrutar esta noche.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 23:57 |


A Ridley Scott no le parece suficiente con aseverar que rodará una secuela de ‘Gladiator’, para apuntalar su condición de sicario fílmico afirmando que también podría filmar una nueva película dentro de la Saga ‘Alien’.
Y el tío convencido de sus palabras: “Si el material que me ofrecen es bueno, por supuesto que lo haré”.
La pregunta es: ¿Si es tan bueno cómo? ¿Como ‘G.I. Jane’, como ‘Hannibal’ o ‘Black Hawk Derribado’?
Que se deje de tanta ínfula megalómana y ruede películas más asequibles como ‘Matchstick Men’, su mejor trabajo desde ‘Thelma & Louise’.
Eso sí, a ver qué tal ‘Kingdom of Heaven’ después de la expectación que ha levantado con su espectacular trailer.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 16:08 |


sábado, abril 09, 2005
La bella esencia de aprender
El documentalista Nicolas Philibert otorga al género un emotivo y espléndido filme sobre la vida en una escuela única situada en un entorno rural.
Lo extraño y meritorio en el cine de Nicolas Philibert es una insólita autenticidad en su diáfana mirada para crear documentales con auténtica maestría. Su concienzudo metodismo a la hora de abordar el género recuerda en sus raíces a maestros como Agnés Vardá, Jose Luis Guerín o Basilio Martín Patino, versados artistas de un tipo de cine que desgraciadamente es difícil disfrutar tan a menudo como se debería. Pero hay una diferencia que separa el cosmos visual y temático de Philibert de estos virtuosos de la representación del realismo en imagen y es la tendencia a admirar con una portentosa sutilidad y sencillez las pequeñas cosas de la vida que hacen reflexionar al espectador sobre nuestra propia naturaleza, basada siempre en la hermosura de la aparente y aburrida cotidianidad, haciendo de ésta un universo de trascendencia vital.
Desde su primer trabajo, ‘La ciudad Louvre’, inclusión en el universo del silencio, la vida secreta y eterna del mítico museo francés, su excepcional ‘El país de los sordos’, visión del mundo a través de los ojos de millones de personas que desde su nacimiento viven en silencio y sobre todo ‘La ínfima cosa’, entusiasta viaje a la clínica psiquiátrica ‘La Borde’, donde se presenciaba la preparación por parte de personal sanitario y pacientes de una obra teatral anual, la obra documentalista de Philibert es definitoria de la idea fundamental del género: exponer temas que aviven el interés del espectador por la realidad que le rodea y le ayude a generar una propia opinión sobre el mundo en el que vive. El realizador francés explora así, recibiendo por los expertos el calificativo de ‘maestro de lo invisible’, los valores humanos que nos rodean, el análisis de lo más intrascendente de la comunidad y la sociedad que potencia el verdadero sentido de la vida.
En ‘Ser o tener’, los valores más esenciales para el ser humano encuentran su verdadero protagonismo cuando menos nos damos cuenta de adoptarlos, cuando se conciben y aprecian. Es decir, durante la niñez. Inscritos en la educación que todos recibimos. Como apreciación, cabe resaltar que esta magna obra genérica surgió mientras el director investigaba el mundo rural para realizar un documental ajeno a la hermosa temática que rodea el filme. El documento que propone Philibert se centra en la pequeña localidad francesa de Saint-Etienne sur Usson (Puy-de-Dôme), en un pequeño centro escolar de las llamadas ‘clases únicas’, donde el preescolar y la escuela primaria comparten el mismo recinto.
En un entorno rural de pobreza y aislamiento de las grandes urbes, el documental se acerca a un curso completo en la clase de Georges López, un maestro con unas innegables dotes pedagógicas a punto de jubilarse y de sus alumnos, pequeños con edades que van desde los cuatro a los diez años. Sin efectismos, directamente encauzado a lo que Philibert quiere mostrar, ‘Ser y tener’ aborda los pormenores que afectan a las personas que son estudiadas por la cámara, de su humildad y humanidad, en los pilares que confluyen en la educación infantil: el maestro, los alumnos y los padres. Todo ello en un clima rural, frío y pobre, que no impide mostrar a pesar de las limitaciones de los campesinos la implicación en el proceso educativo de sus hijos (descubierto en la familia que intenta resolver un problema matemático sin llegar a resolverlo).
Dejando a un lado cualquier atisbo de protesta testimonial sobre el estado de la educación en Francia, la base de la historia está en la vida diaria de los niños y el profesor López, deteniéndose en la vida de cada uno (sobre todo en los chicos más inseguros). A lo largo de un documental convertido en historia de ‘semi-ficción’ (con personajes) gracias a la cercanía y ternura que desprenden los niños y el educador, cada momento, cada pequeña historia que se desenvuelve en esta preciosa película, tiene ese imposible factor de humanidad, de emoción gratificante que coloca al espectador ante la realidad de una situación que conmueve, la de la enseñanza pedagógica impartida por un maestro modélico.
A pesar de lo que parezca, la gran virtud de este magnífico trabajo no se encuentra en el profesor López, ni en los sacrificados padres, ni en los propios niños (atención al pequeño Jojo y a la asiática Mariè), ni siquiera a las metafóricas estaciones del año que rodean a la región de Auvernia, si no que la importancia radica en las propias situaciones suscitadas por el día a día de todos ellos; en las pequeñas excursiones a la nieve, en las disputas de dos compañeros que se pelean, en la tristeza de un chico con su padre enfermo, en el aislamiento de una niña poco sociable o las primeras nociones morales y vitales que va aprendiendo el más pequeño y más rebelde de todos ellos. Un recorrido por la importancia de enseñar, inquiriendo en la esencia del fenómeno educativo, una oda al acto de amor que es iniciar al más pequeño en el proceso de aprender y crecer. Ése compromiso es tratado en todo momento con delicadeza y sensibilidad, mostrado con un perfecto montaje que se compromete con la emoción, pero que elude por completo la sensiblería.
Es ‘Ser y tener’ una galería de pequeños fragmentos de vida, narrada de forma magistral por una mirada que se sitúa con bastante distancia para resultar cercano, paradoja ésta que le permite a Philibert explorar y contemplar al profesor y a los niños desde un prisma realista y a su vez nada complaciente. La cámara se mantiene respetuosa con en la distancia al niño, sin abusar de su fragilidad, manteniéndose alejada cuando el dramatismo se apodera de los chavales al confesar alguno de sus problemas y miedos. Es en esa actitud, sólo rota por una pequeña entrevista a López y un par de secuencias preparadas para dar ritmo, dónde figura el éxito de un resultado que es la pura emoción. Aquí no se trata de demostrar, sino de mostrar. Lejos de cualquier posición militante, el cineasta galo deja al espectador que salga con su propia reflexión de una cinta conmovedora, sugestiva y reconfortante.
Estéticamente llena de fuerza, Philibert consigue una visión de la realidad que destila sensibilidad, poesía, belleza y ternura, que propone un tipo de cine alternativo con un documental estimulante y espontáneo que acapara en su final un regusto nostálgico de tristeza en el fin del curso escolar, con el profesor López despidiéndose hasta el próximo curso de sus alumnos. Algunos para siempre, debido a su inmediata incursión al burocrático mundo de la secundaria. Un final cargado de sentimientos y de ideas que enriquece la comprensión y aflige el corazón de un profesor que nunca prepara sus propias emociones. De obligada visión para padres, hijos y cualquier espectador con ganas de aprender a ver la vida con pureza, ‘Ser y tener’ es uno de los mejores documentales vistos en los últimos años. Un verdadero ejemplo a seguir y una obra de trascendental calidad.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 23:32 |


Ni la humillación insultante de la Reina Madre, ni las burlas a las que se han visto sometidos, ni la objeción popular, ni la repugnancia que despierta la futura soberana, ni las impugnaciones de Chippenham y Cirencester, ni la indeferencia de las Casas Reales ante el enlace, ni que Ernesto de Hannover no vaya a ser la alegría de la fiesta con sus habituales y descomunales cogorzas...
Nada importa. El amor ha triunfado.
Sólo hay que echar un vistazo a la enternecedora (o estremecedora, según cómo se mire) parejita para pensar aquello de: “Dios los cría y ellos se juntan”.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 12:23 |


viernes, abril 08, 2005
La violencia de la imagen
El segundo trabajo del británico Guy Ritchie reptió el planteamiento estilístico de ‘Lock & Stock’ ampliando horizontes en el thriller sazonado con excelentes ‘gags’.
Hace pocos años, el cine británico nacido al arrimo de la ideología crítica de Ken Loach bifurcó su planteamiento en varios conceptos de denuncia social, jugando muchas veces con la ironía y el sarcasmo para plantear interesantes tramas en diferentes ámbitos genéricos. El thriller policiaco, desde un prisma original y renovador, fue el espacio del realizador Guy Ritchie, que con esta incursión en el género reinventó (tras su interesante ‘Lock & Stock’) una irreverente forma de trazar tramas situadas en los ambientes gangsteriles de los bajos fondos londinenses.
Ritchie, ajeno a cualquier nueva proclama estética, encontró una innovadora perspectiva del clima social y humano británico en el mundo del hampa barriobajero, componiendo su fascinante ‘Snatch’ dentro una compleja historia de robos, apuestas clandestinas, boxeo, cerdos, gángsteres y un diamante de 84 quilates, sabiéndola afrontar en todo momento con un aire desenfadado, imbuido de sorna y planteado desde una posición de rebeldía que incluyó en todas sus líneas un admirable humor disoluto y subversivo. El realizador británico aprovechó su imponderable y sedicioso guión para pulir las pequeñas carencias que dejó ver en su ‘opera prima’, dinamizando un concepto de comedia negra ensamblado a la perfección en esta frenética fábula inscrita en un universo delincuente casi surreal, que le sirvió para prodigar con eficacia un estilo propio, enérgico y diligente, enardecido y desequilibrante, buscando una nueva vuelta de tuerca al juego visual.
Planteada como un análisis ‘hobbesiano’ de la vida, delimitado en la agresividad y en la venganza que rodea a un ser humano destructivo con sus semejantes, ‘Snatch’ impuso su fuerza narrativa servida en la multiplicidad de una acción englobada en el cine negro bajo un fondo entrecruzado por medio de sus múltiples personajes para terminar componiendo un fastuoso puzzle coral de dinamismo desenvuelto y espontáneo. Al igual que en la primera obra de este personal creador de espacios caóticos, Ritchie se amparó en el movimiento endiablado del montaje con la utilización de planos acelerados, ralentís y giros imprevistos de cámara que dio como consecuencia un ritmo fulminante, contenido sólo por una funcionalidad que el director ajustó a su designio fílmico. Mucho más trascendente y aplicado que las pretenciosas obras posmodernistas del cine de hace un lustro, este filme, gamberro y sugerente, apuestó por la vivacidad de sus propósitos, sujetos a unos personajes que son presentados como pobres diablos enquistados en un mundo que les queda demasiado grande. Guy Ritchie propuso, por tanto, una lúcida invitación a su particular ‘thriller’ en el que las claves genéricas fructificaron gracias a un humor desvergonzado que terminó por engarzar una magnifica visión cómica del submundo caótico del crimen (des)organizado.
Revisitada ayer mismo, ‘Snatch’ encuentra verdaderos momentos de puro espectáculo cinematográfico asentados en su impresionante violencia visual, deslumbrante y efectiva, en sus ‘gags’ desternillantes (el ‘mcguffin’ del perro es magistral) y en un fantástico reparto coral en el que destaca, por derecho propio, un Brad Pitt insolente y magnífico. ‘Snatch’ llegó sin hacer mucho ruido para convertirse en una comedia ineludible dentro del cine-denuncia británico.
Imprescindible para aquellos cinéfilos hartos de tanto cine pretendidamente trascendente.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 23:18 |


David Catalina, el creador de ese necesario concepto cultural y de ocio que es Adultolescente, uno de los mejores weblogs de la red, nos deja un funesto mensaje: se retira de la blogoesfera.
Durante un año y un mes su página ha sido (y es) una de esas imprescindibles referencias que ha sabido concertar diversión, talento y sabiduría a partes iguales, siempre desde un tono ineludiblemente solaz utilizado para aproximarse con conocimiento a los temas que ha tratado desde una perspectiva versada y aguda. Es una pena, por tanto, que esta voraz boga por las webglos se quede sin uno de sus más destcados y originarios paladines.
Esperando que este insospechado adiós sea un circunstancial “hasta luego”, esperamos su vuelta a nuestras pantallas. Yo, desde un contexto personal, sólo puedo darle las gracias por todo lo David me ha respaldado, seguido y recomendado a la mínima ocasión en la que ha podido.
Deseamos que este cierre de Adultolescente no suponga también la clausura de su weblog hermano bastardo, la asiática One Armed Adultolescente. Aunque me temo que en este caso, también es definitiva.
Suerte y hasta pronto, amigo.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 18:39 |


No he venido para deciros cómo acabará todo esto. Al contrario, he venido a deciros cómo va a comenzar. Voy a colgar el teléfono y luego voy a enseñarles a todos lo que vosotros no queréis que vean. Les enseñaré un mundo sin vosotros. Un mundo sin reglas y sin controles, sin límites ni fronteras. Un mundo donde cualquier cosa sea posible. Lo que hagamos después, es una decisión que dejo en vuestras manos.
Desde esta mañana tengo conexión ADSL.
Por fin estoy dentro...
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 16:50 |


Estoy desconcertado con el despliegue que se está dando en relación a la muerte del Papa, vertiendo, a su vez, una profusa y deliberada hipérbole hacia el Santo Padre, con un desmedido exceso mediático (sobre todo Telecinco) glorificando su figura que nos ha condenado casi a un suplicio televisivo. La reincidencia en los discursos, las mismas palabras difundidas en cada información, la repetición de imágenes, la urdida taumaturgia a la que se elevado la figura del Papa impregnada en lo rayano al paroxismo del fundamentalismo cristiano.
El mero espectáculo de la concentración católica se ha dilatado desde aquellos pocos fieles que asistieron a la sacrificada exhibición de Woijtila, asomado agonizante a la ventana del Vaticano, a los millones de cristianos que esperan días enteros por permanecer menos de dos segundos y hacerle una foto al Pontífice disecado con su cámara digital. La imagen equivalente de toda la masa religiosa, subrayada hasta el hastío, el séquito de prosélitos enfervorecidos, la partidaria muchedumbre atiborrando Roma, los periodistas desplazados relatando su monótona perorata, el tiempo dedicado al mortuorio evento... Todo, desde un dosel de despliegue exorbitante, incomprensible. La liturgia católica llevada a un circo mediático de populismo contemporáneo. Es impresionante, pero a la vez grotesco.
Hemos soportado todo tipo de hagiografías postulantes del encomio, a la magnificación de la figura papal que ha llegado, lamentablemente, hasta el tedio. Espero no resultar blasfemo o anticlerical, pero no entiendo esta predisposición hacia la secularización evangelizadora escondida en la muerte del Papa. No obstante, analizándolo fríamente, todo es mucho más fácil de lo que aparenta. El prominente despliegue de los medios no es más que la búsqueda de audiencia camuflada de respeto a los católicos, que son muchos millones y que ven la televisión. Es el único argumento que se puede esgrimir ante este inmoderado (y bastante irritante) desbordamiento sobre el fallecimiento del Papa.
Hoy, el sepelio. Mañana más peregrinaciones. Y lo que nos queda hasta la ‘Fumata blanca’ que nos desvele quién ocupará el Pontificado.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 10:42 |


jueves, abril 07, 2005
Y toda terciana cinéfaga comienza por el inalcanzable coleccionismo de figuras varias.
Preparénse para el aluvión 'Sin City'.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 18:13 |


miércoles, abril 06, 2005
Existen filmes que, lejos de ser propicios para una buena o mala crítica, más allá de sus bondades artísticas o interés cinematográfico, reúnen ciertas particularidades que despiertan a la subjetividad del espectador, en este caso a mí, una especial atracción. Películas que, en definitiva, aúnan un inusitado engarce con el espectador. También depende del día de cómo se acerque uno al cine. No hay nada establecido para conectar con un filme, simplemente se produce una entrega del público que se deja llevar, exonerándose a una historia insólita, cómplice de lo que sucede en la pantalla. Historias en las que, por norma, aparentan, bajo su desabrimiento, una percepción de que no pasa nada. Aún así, la película te cautiva, a sabiendas de estar viendo un producto minoritario que ni el resto de la sala no capta, ni comulga con sus valores, situándote en un concilio genérico de la tragicomedia llena sencillez, sinceridad y cercanía tan difíciles de ver hoy en día.
Esta tarde he visto ‘Garden State’ (aquí titulada ‘Algo en común’), de Zach Braff. Ni siquiera tenía pensado ver esta película. Ha sido fortuito, un incidente visual imprevisto. He entrado porque ‘Hierro 3’, de Kim Ki-Duk se proyectaba en una sesión posterior. Así que me he dejado llevar sin reservas por la incógnita de no saber muy bien qué iba a acontecer en la pantalla. Y me he encontrado con una película cautivadora y extraña desde el primer momento; presentando personajes inconsistentes, mentirosos, 'freaks' fracasado, adictos a todo tipo de sensaciones y fñarmacos, necesitados de amor, un drama extrañamente divertido, ajeno a una estructura narrativa comprensible. Todo pasa porque sí, sin ninguna explicación, dilatando instantes intrascendentes y soslayando aquellos primordiales.
Hay películas sobre las que no me gusta escribir críticas, sencillamente porque pasan a formar parte del descolocado arcón de mis recuerdos fílmicos, obras que intuyes impropias, pero a la vez privativas, tuyas, como si hubieran escrito el argumento pensando en que te va a gustar. Sabiendo, además, que por mucho que pase el tiempo, seguirán vivas en tu memoria. Por lo general, no suelen ser grandes películas. Me atrevería a decir que todo lo contrario. Sin embargo, uno siente afinidad hacia ellas. Ni siquiera respondiendo a ningún criterio de identificación.
Hoy he sentido una extraña filiación como la que advertí cuando vi películas más o menos reconocidas como son ‘In the soap’, de Alexander Rockwell, ‘Mizu no naka no hachigatsu (Fishes in August)’, de Yoichiro Takahashi, ‘Box of Moonlight’, de Tom DiCillo, ‘Niagara, Niagara’, de Bob Gosse, ‘Gas, Food Lodging’, de Allison Anders o la reciente ‘Station Agent’, de Tom McCarthy. Obras pequeñas que, independientes o no, sin una distribución adecuada, se adhieren en la retentiva personal de cada uno.
Hoy, viendo a la dulce Sam (la cada vez más superlativa Natalie Portman) y su delirante y progresiva historia de amor con Andrew Largeman (interpretado con solidez por el director y guionista de la cinta Zach Braff), he constatado cómo una película que deambula sin rumbo fijo puede ser clarividente y lúcida, melancólica, extravagante, pero a la vez poco convencional sensible y cómica.
Realmente sorprendente.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 23:08 |


Tanto intérprete ha sonado para da vida al agente con licencia para matar más célebre del Séptimo Arte (Robbie Williams, Val Kilmer, Ewan McGregor, Jude Law, Clive Owen o el reciente Gavin Carlys como máximos aspirantes según la rumorología) que cada día surge una nueva noticia respecto a la nueva película de James Bond. Y seguimos sin aclararnos qué es lo que está pasando alrededor de la inminente 'Casino Royal', lo último del espía al servicio de su Majestad.
Según el Ireland Online, la Sony estaría dispuesta a que Pierce Brosnan reanudara su más que correcto papel en la piel de 007. No es algo muy común anunciar hace un par de años que el irlandés no volvería a ser Bond para luego requerir su imagen en esta nueva aventura. Pero parece que Eon (la productora de la saga Bond) está dispuesta a negociar con Brosnan después de haberle suplido antes de tiempo. Algo parecido pasó con Roger Moore hace más de dos décadas, al que destituyeron como 007 para luego volver a contratarle.
Hay que recordar que Tarantino aseguró que no dirigía ‘Casino Royal’ porque no se contaría con Brosnan para personificar a Bond, por lo que si se abre la vía del regreso del protagonista de ‘Remington Steel’, Quentin tendría alguna posibilidad de ponerse tras las cámaras. Aunque esto se antoja más difícil, ya que se encuentra inmerso en la finalización del guión de ‘Inglorius Bastards’.
¿Se tratara de habladurías o significará el regreso de Pierce Brosnan a su talismán interpretativo? Otras cuestiones son: ¿Quién la dirigirá? ¿Será finalmente Martin Campbell o no? ¿Por qué tanta especulación? ¿Por qué esta fiebre por Bond?
Pero hay más sobre ‘Casino Royal’, porque también podría convertirse en el enésimo regreso de Demi Moore tras la secuela de ‘Los ángeles de Charlie’, donde lucía un enviable palmito a golpe de visturí. Se habla de la materialización de su fichaje para la nueva aventura de James Bond. Interpretaría a Daisy Scarlett, la perturbadora villana de la cinta.
Y esto no acaba aquí, porque si hay algo seguro, aparte de los rumores que rodean a ‘Casino Royal’, es que Sean Connery volverá a ser James Bond. Eso sí, esta vez virtualmente. Electronic Arts prepara un juego en el que el veterano actor escocés refrendará su rol más carismático prestando su magnética voz en la que será versión arcade de ‘Desde Rusia con amor’. Eso sí, se echará de menos las voces de algunos de los miembros que protagonizaron junto a Connery una de las más entretenidas cintas del agente 007; Q (Desmond Llewelyn), Donald "Red" Grant (Robert Shaw), Rosa Klebb (Lenya de Lotte), Tatiana Romanova (Daniela Bianchi), Kerim Bay (Pedro Armendariz) y la inolvidable Señorita Moneypenny (Lois Maxwell).
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 20:50 |


La gran sorpresa del pasado Festival de San Sebastián, la película que destacó y emocionó a partes iguales por lo transgresor de su intención, la radicalidad y desgarro de su guión y la ignífuga temática sobre la que gira fue la contundente ‘Turtles Can Fly’, de Bahman Ghobadi, una extraña película que cerró la Sección Oficial, proyectándose el último día del certamen, cuando ya estaban las quinielas hechas. La película de Ghobadi ganó la Concha de Oro. Y con todo merecimiento. Un desesperanzador día a día que se desarrolla en un pueblo del Kurdistán iraquí, en la frontera entre Irán y Turquía, donde un grupo de chavales, capitaneados por un joven instalador de antenas televisivas sobreviven como pueden en un ambiente amenazador, cubierto de incertidumbre y miedo, pero afrontando con confianza su deplorable situación dentro del mundo. ‘Turtles Can Fly’ es una fábula oscura y desesperanzadora que recrea la amistad de unos niños (actores infantiles debutantes y extraordinarios todos ellos), cómplices de una esperanza a pesar de su realidad, contrapuesta a la violencia de la que son víctimas. El drama, sustentado en la amenaza bélica, recorre un arduo camino de penalidades en busca de un mensaje devastador, fortaleciendo la historia con pequeños toques de humor para que nada resulte excesivamente crudo.
La incomunicación, la necesidad de saber qué pasa exactamente en la frontera de Irán e Irak, la cotidianidad con las minas antipersonas que los niños no dudan en vender, sus trabas físicas y el cáustico contexto en el que se mueven sus personajes dan al filme un tono retrospectivo casi trágico, que aprovecha Ghobadi, organizando todo con un admirable sentido del plano, del espacio y de la narración, para activar el engranaje de una historia aciaga, utilizando para ello la cultura popular y la memoria reciente que deja ver un Kurdistán donde el mercado de cambio, las enfermedades y mutilaciones, la necesidad de medios de comunicación y las armas conviven para afrontar un futuro incierto. Tanto, que con la llegada de los yanquis al final del filme, tras la guerra, impone la gran duda por medio de una profecía que augura que lo peor está por llegar.
Sin ninguna alusión religiosa y sí existencial, esta joya es un grito de paz en tiempos de guerra que azota a un país que, tras sufrir siglos de agonía, se ha acostumbrado injustamente a la conflagración constante. Y es que la franqueza y tratamiento por parte de Ghobadi en lo que sucede en su país merece toda ponderación posible.
La tensión del clima de violencia que se avecina, el hambre y el frío de los pequeños y la devastadora subtrama sobre un niño bastardo y ciego que representa las penurias que ha vivido en su historia la zona, como biosfera del pesimismo, nunca condiciona una maravillosa película en la que, a pesar de la violencia y las mutilaciones que sufren aquellos que merecen una digna infancia, dan una lección de esperanza a pesar de las tragedias.
‘Turtles Can Fly’ es, sin duda alguna, una gran película que supone de lo mejorcito de este 2005.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:58 |


martes, abril 05, 2005
Saleh Khalaf salió de su habitación y requirió a una enfermera un papel y un boli para poder dibujar. Elaboraron un rústico dispositivo para que el imposibilitado chaval pudiera ilustrar algo.
En el dibujo podemos evidenciar cómo el niño pretende dibujar un avión bombardeando la zona en la que él jugaba.
Saleh es otra infeliz víctima de la Guerra de Irak.
La foto pertenece a Deanne Fitzmaurice (aquí tenéis más).
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 19:48 |


Hay una secuencia en la inolvidable ‘Los Goonies’ en la que nuestros protagonistas encuentran un pozo de los deseos lleno de monedas. En un primer momento, creen que es el tesoro que no encontró Chester Copperpot. Todos comienzan a llenar sus bolsillos y 'Stef' Steinbrenner (Martha Plimpton) les recrimina su acción asegurando cada moneda simboliza un deseo de todas las que han lanzado su moneda al pozo. Clark “Bocazas” Devereaux (Corey Feldman –pronto en nuestras pantallas con ‘The birhtday’-) coge una al azar y confiesa que ésa precisamente era su deseo y no se ha cumplido, así que por eso se las queda todas. Sus absortos compañeros de aventuras miran cómo ambos hostilizan en una pugna que se detiene con la aparición de Troy (Steve Antin), que les muestra la posibilidad de renunciar a su peligrosa búsqueda del tesoro de Jack “El tuerto”. Es cuando Mikie (Sean Astin) les abre los ojos para porfiar en su afán por salvar Groondock con uno de los monólogos más entrañables y evocados de nuestra generación (aquello de “...cuando miremos al cielo, será el de otra ciudad. Cuando hagamos un examen, será en otro colegio…”, “Aquí abajo está nuestro momento y todo eso acabará en el instante en que subamos al cubo de Troy”). Qué nostalgia.
Bien, me contaba hace poco Mikel Alvariño que esa secuencia fue rodada por Steven Spielberg, que echó una mano a Richard Donner en unos de sus más recordados trabajos. Es sabido por todos la afición de Spielberg por filmar alguna secuencia de las películas que ha producido; conocemos la leyenda que insinúa que fue el director de ‘E.T’ quien filmó gran parte de ‘Poltergeist’, de sus pequeños escarceos tras la cámara en filmes como ‘El secreto de la pirámide’, ‘Gremilns’ o la gran secuencia de los dinosaurios voladores en ‘Parque Jurásico 3’, la secuela de ‘Jurassic Park’ dirigida por Joe Johnston.
Todo esto viene a cuento de un fragmento de la entrevista que saldrá publicada en el libro de J.W. Rinzler, ‘The Making of Star Wars, Episode III - Revenge of the Sith’ sobre el rodaje de la clausura de la saga galáctica, donde el propio George Lucas ha desvelado que Steven Spielberg ha rodado algunas de las secuencias más difíciles de la esperada película de su amigo Lucas, como un segmento de la lucha de Mustafar y algunos planos (se rumorea que es la secuencia entera) del duelo entre el Emperador y el maestro Yoda.
Ahora, la noticia que todos esperamos es que ambos unan sus fuerzas y la cuarta parte de ‘Indiana Jones’ vea la luz.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 12:20 |


lunes, abril 04, 2005
Fiesta, jarana, algaraza y una buena cuota de zambra como evasiva para no trabajar. Nepotismo español por excelencia, elevado a la categoría de costumbre. Hoy se celebra en Salamanca un extraño gaudeamus bajo la denominación de ‘Lunes de aguas’. ¿Qué coño es el ‘Lunes de aguas’? Pues se trata de una celebración pagana (como no podía ser de otro modo) cuyas raíces históricas se encuentran en el siglo XVI y que actualmente se presenta convertida como fiesta única y exclusiva de esta ciudad charra.
El 12 de noviembre de 1543 Felipe II, con tan sólo dieciséis años, llegó a Salamanca para a desposarse con la princesa María de Portugal. En esta celebración católica y austera, la ciudad aprovechó el enlace y sus celebraciones de un modo excedente, llegando al cúlmen de la bacanal, el ocio y la diversión sin límites, dándose cita una plétora de vicios en la ciudad del Tormes en aquellos días posteriores. Fue cuando Felipe II comprobó que la ciudad luminaria del cristianismo europeo, el dogma y la palabra era también el mayor burdel de Europa, la Sodoma y Gomorra occidental. En aquellos tiempos, además de las escuelas mayores, las bibliotecas, los patios de lectura y el ambiente cultural y académico que ha caracterizado al orbe salmantino, coexistían insanas tabernas, bares de beodos sin cierre, lujuriosas casas de putas y un submundo de amancebamiento de toda índole. Un tiempo de ocultistas, buhoneros y feriantes, lavanderas, amas de llaves, ciegos enviciados, alcahuetas, de estudiantes noctámbulos, de ricos herederos y, por encima de todos, el mejor foco de prostitución del país.
Ante tanto libertinaje e impudicia, el estirado Felipe II dictó unas ordenanzas según las cuales las libidinosas mujeres públicas de moral distraída, que habitaban en la Casa de Mancebía de Salamanca, debían ser trasladadas, durante la Cuaresma, fuera de los confines de la ciudad. A partir del Miércoles de Ceniza, las prostitutas abandonaban su residencia habitual y eran reasentadas al otro lado del Tormes. El Padre Putas, el cabezudo más famoso de la ciudad, era el encargado de amparar, custodiar y atender a las putillas, siendo el responsable de éstas. A partir de este edicto, las prostitutas de Salamanca dejaban la ciudad antes de comenzar la Cuaresma y desaparecían de manera temporal, recogiéndose en algún lugar al otro lado del río. Pasada la Semana Santa, y con ella el periodo establecido, las rameras volvían a la ciudad el lunes siguiente al Lunes de Pascua. Este mítico día era una jornada de celebración, ya que los estudiantes disponían una fiesta descomunal, en la que el alcohol en sus diversas variantes y la alegría que éste produce en el cuerpo hacían que todos salieran a recibirlas a la ribera del Tormes con gran júbilo y ansias carnales inhibidas durante el recogimiento. El Padre Putas (que se llamaba Lucas ¡Te da cuen!) era el encargado de concertar el momento del advenimiento lúbrico y lascivo de los estudiantes y las doctoras de la cátedra del placer.
Lo más insólito de todo, es que en cuanto llegaban las meretrices exiliadas, el descontrol, derivado del éxtasis etílico junto a la liviandad carnal y la carnalidad, hacía que los estudiantes acometieran ‘in situ’ todo lo que sus cohibidos instintos necesitaban. En efecto, amigos, una inmensa orgía (con ‘gang bangs’ incluidos) a orillas del río que culminaba con un baño colectivo, todos ebrios y como decía José Manuel Parada “follaos y desfogaos”.
Lamentablemente hoy no ejercemos esta entrañable y sana costumbre, pero seguimos celebrando el día en comuna, reuniéndonos con amigos y/o familiares, supuestamente en un entorno rural (un “día de campo”, vaya), comiendo el típico hornazo salmantino, titánico nutriente condimentado a base de huevos, aceite, harina, levadura y un relleno de jamón, chorizo, lomo adobado y huevos cocidos, uno de las exquisiteces tradicionales y exclusivas de esta ciudad que aportan una buena dosis de colesterol y ayuda a atenuar las excesivas ebriedades que se producen en un día como hoy. La excusa perfecta para emborracharse y divertirse con los amigos.
Y a eso voy, queridos ‘abismeros’. A disfrutar del hornazo que aparece en la instantánea superior (obrado por mi señora madre) y a engullir varios litros de alcohol como celebración de una festividad que acarrea el exceso como memoria a esta absurda tradición.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 18:34 |


Crudo descenso a los infiernos de la locura
Cronenberg ofreció en 'Spider', con su personal e inquietante estilo, uno de los más angustiosos ejercicios sobre una mentalidad aturdida por el sentimiento de culpa.
El sombrío mundo de la esquizofrenia, de la sensación de irrealidad, de vivencia en mundo paralelo y de la condición de mero espectador ante la representación teatral del mundo es el punto de partida de la tormentosa ‘Spider’. Partiendo de esta dura enfermedad mental, la película de David Cronenberg, muy cercana a los conceptos vitales de su obra maestra ‘Inseparables’, se centró en los miedos de un ser acomplejado, un marginal psíquico que vive en un mundo de caos emocional que complica con su trastorno un enigmático caos, confundiendo percepción objetiva e invención.
Desde una perspectiva triste y lóbrega, tal vez demasiado fría, se narra el tortuoso descenso a los infiernos de la locura de Dennis Cleg, un esquizofrénico débil y mortificado por un sentimiento de culpa ante el recuerdo del asesinato de su madre a manos de su padre y una prostituta de barrio. Dado de alta en el manicomio y alojado en un hospicio de tránsito en el East End londinense, Cleg volverá a su pasado para enfrentarse a la verdad de su propia paranoia. Con este desapacible comienzo, ‘Spider’ trata con brío y dureza una obsesión enfermiza, la disfunción de un personaje ambiguo y frágil que vive angustiado con síntomas de un tortuoso complejo de Edipo confuso, en el que el odio y el miedo se mezclan con su propia y privativa realidad. La fragilidad del personaje creado por Patrick McGrath se concentra en el desvarío de una aprehensión de desdoblamiento exterior en las mujeres que amenazan su quebradizo mundo, simbolizando en esa sostenida tela de araña que representa la película, los miedos y la inconsistencia de su mente. Un laberinto que representa una vida rota por el sentimiento de culpa en un tiempo fragmentado por la búsqueda de un atroz suceso.
Cronenberg abandonó de este modo su sempiterna obsesión por lo orgánico y la ‘Nueva Carne’, pero sin desligarse de la característica metamorfosis que adoptan sus enfermizos e inquietantes personajes. ‘Spider’ es un perturbador puzzle de fantasmas del pasado que siguen aterrorizando en el presente, donde la memoria enferma de los propios errores concibe un cenagoso y oscuro mundo imaginario en el que la realidad alternativa sirve para ocultar terribles secretos. Un puzzle representado en un cristal fraccionado, semejante a la tela de un arácnido, al que le falta una pieza, un recuerdo que no es más que la clave encubierta de la demencia y que es necesario para asumir la propia alineación.
Narrada desde una turbulenta perspectiva en primera persona, la dualidad de Cleg/Spider nos ofrece uno de los más angustiosos ejercicios sobre una mentalidad aturdida, cercenada por la alteración de una memoria incomprendida. A través de los ojos del ‘niño-adulto’ asistimos a una extraña insubordinación edípica donde el elemento maternal adopta el rostro de cualquier amenaza. La ambigüedad con la que el cineasta canadiense altera los tiempos en la historia confluye en una agobiante y nebulosa fantasía de irrealidad y enfermedad, uno de los rasgos distintivos de la obra de este creador. Dejándose llevar por un fondo existencial lleno de dudas que adoptan un protagonismo definido por la debilidad mental, en ‘Spider’ la turbiedad y la metáfora materna de la araña y sus huevos se vincula a un problema de identidad, donde el miedo y la locura confunden pasado y presente.
Bajo una estética depauperada con tonos ocres y marrones creada por Peter Suschitzky que imponen un ambiente sórdido y triste, mísero y sucio, Cronenberg tejió uno de sus filmes más inaccesibles, un filme sobre la existencia y pérdida de la cordura en un mundo desequilibrante y amenazador en el que su contexto mugriento y desidealizado no es más que la representación de una vida alineada en la locura provocada por la culpa no reconocida. En estos dominios de repulsa y amargura, acompañado por la indispensable y tétrica música creada por Howard Shore, brilló con luz propia el talento y la difícil composición de un Ralph Fiennes que logró su mejor y más portentosa interpretación en un personaje abrupto al cual supo dotar de austeridad y introspección contrapuesto con la magnífica creación de unos Miranda Richardson y Gabriel Byrne deliciosamente repulsivos. ‘Spider’ es, en todo caso, otro paso adelante, otra extraña y críptica aportación a una de las carreras más personales e incómodas del cine contemporáneo.
PD: Por cierto, hay una anécdota personal que me llamó la atención cuando fui a verla. Imaginad que un abuelo se deja llevar al cine por su nieto de unos seis años. El niño quiere ver 'Spiderman', de Raimi y su venerable viejo se equivoca, introduciendo al chavalín, que esperaba ver una de superhéroes, al infernal mundo de Cronenberg con esta oscurísima película.
Quiero pensar que erraron y fue involuntario, porque nieto y abuelo se quedaron incluso a ver los créditos. Imaginad que el pequeño cinéfilo era un fan absoluto de Cronenberg. Da miedo sólo pensarlo. Aunque, echando la vista atrás, recuerdo haber visto 'Videodrome' con ocho años en el Coliseum, un cine ya desaparecidos de Salamanca.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:31 |


domingo, abril 03, 2005
La primera vez que oí hablar de Ramón Melendi Espina fue cuando me relataron una leyenda urbana que manejaba la viabilidad de que el cantante asturiano hubiera permanecido confinado como preso en la cárcel salmantina de Topas por un delito concerniente al tráfico de drogas. Tanto su confusa y viciada crónica como sus indicios sugieren que se trata de una superchería. Pura invención.
La primera vez que escuché una canción de Melendi mi impresión fue “coño, este tío imita a Estopa”. Cuando lo volví a escuchar ratifiqué mis dudas. Igual, lo mismo, un duplicado musical sin mucho sentido.
La primera vez que vi a Melendi el instinto me empujó a juzgarle como un macarra de barrio, sin una personalidad concretada, un cruce de tópicos ramplones anexos en un mismo individuo. Sus tatuajes, las rastas, cortarse parte de una ceja, los piercings, la barba... Un tipo urdiéndose a sí mismo con cada frase, con esa acentuación colgada, de barriobajero chungo.
Lo que no me imaginaba era ver a este producto lanzado por una canción de ‘La vuelta a España’ a expensas de diversos movimientos musicales anunciando un chocolate. Hemos pasado de ver a Isabel Preysler anunciando Ferrero Rocher, aristocrática y diva, a ver a Melendi vendiendo barritas de chocolate fabricadas con componentes transgénicos Tokke dirigido por Javier Ruiz Rojo, el director del más que sobrevalorado cortometraje ‘Diez minutos’ (una de las peores piezas cortas rodadas en 35 mm. del último lustro), ganador del Goya en su categoría.
Vamos a dejar de litigar y proceder al análisis de esta sección abismera SMP: Aparece Melendi ensayando con su banda el tema ‘Caminando por la vida’, cuando se distrae viendo una preciosa chica morena que sale en la televisión. La primera pregunta es “¿quién coño ensaya viendo la televisión?”. Pongamos que es su particular liturgia: mezclar su música con su vicio catódico. Melendi se queda abstraído del mundo, mirando a la portentosa fémina de la pantalla. Le da un vahído (no sabemos el motivo) y uno de los músicos que está con él le dice a otro que ‘le dé un Tokke’. Seguidamente le tira la chocolatina que Melendi coge lanzando uno de los eslóganes más audaces y subversivos que se han visto en los últimos años: “Este es el chocolate... que más me pone”.
Vayamos por partes: ¿Un cantante con evidentes signos de ‘macarrismo’ haciendo un divertido encomio al hachís? Ésa pausa enfática tras “chocolate”… luego “que más me pone”… Y no sólo eso. Cuando muerde la chocolatina, la chica morena de la tele aparece en carne y hueso junto a él. Así de fácil. Mágicamente ¿Qué quiere decir esto?
Todos felices comiendo chocolate. La cosa es que si no se come y se fuma ¿también saldría de la tele la escultural modelo? ¿O es esa la causa?
Ignasi Ricou, Consejero Delegado de Cadbury España, afirma que “esta es la mejor manera de acercar nuestros productos a los jóvenes ya que Melendi, además de ser un personaje carismático, representa perfectamente sus valores e inquietudes”. Un cachondo en toda regla.
Esto lo digo porque el jueves de madrugada unos chavalotes de unos 20 años se hacían un ‘petardo’ y ante el acto de quemar el 'pedrolo' su frase fue… ¡Hombre, claaaaaroooo!
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 16:35 |


sábado, abril 02, 2005
“Templo civil, sin otra bóveda que el cielo”
(Miguel De Unamuno)
Una de las joyas más importantes del barroco en todo el mundo.
Construida entre los años 1729 y 1755 por Alberto Churriguera.
El Ayuntamiento fue proyectado por Andrés García de Quiñónes.
Las doce casas del lado oriental denominado Pabellón Real, se concluyeron en 1733. En el lado norte se edificó el Ayuntamiento desde 1728 a 1755.
88 arcos de medio punto erigidos sobre estoicos pilares. En las enjutas hay 57 medallones que inmortalizan figuras de la historia de España; reyes (desde Alfonso IX hasta Carlos III), santos, escritores, descubridores y conquistadores, distribuidos en dos de sus flancos, mientras que en los otros dos figuran los escudos de la Universidad, Colegios Mayores, Catedral y nobles linajes.
Una de las Plazas Mayores más bonitas del mundo (subjetivamente, la mejor).
Hoy se cumplen 250 años.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 23:32 |


A las 21:37.
Preparémonos para recibir al Papa Negro. Preparémonos para el Fin del Mundo.
Nostradamus anunció el Holocausto Final cuando esto sucediera. El único cardenal de color que posee las cualidades para llegar al papado es el nigeriano Francis Arinze. Es el actual prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.
Aferraos a lo que podáis porque esto es el FIN, amigos.
D.E.P. Karol Wojtyla, Juan Pablo II.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 22:16 |


Una de las cosas que más nos suele irritar es que una persona vaya “de guay”, que pretenda reflejar cualquier tipo de atractivo, carisma o dádiva forzando una artificial e inexistente simpatía que acaba por resultar, muchas veces, bochornosa.
También existe esa gente que en cuanto le echas un vistazo por encima, te cae mal. Sin ningún motivo aparente. Simplemente porque te desagrada, despertando desde el primer momento una aversión irreconciliable.
Cuando estos casos se dan, hay dos opciones; o es que eres un imbécil nauseabundo sin remedio o es que te llamas Avril Lavigne.
Hay que ser cenutria para salir a un escenario de Hong-Kong con una frase en clara grafía asiática para ser la más ‘cool’ y enrollada del momento cuando llega la hora de dar un concierto. Pero lo triste es que la traducción que lleva en el brazo significa “Japón es lo mejor”. Un objetivo más que nomotético porque la escritura de la frase es perfecta, si no fuera porque está luciéndolo en un país equivocado.
¿Se trata del Síndrome Trillo (recordemos su glorioso “Viva Honduras” en El Salvador) o simple gilipollez de la ex-zorrilla más insulsa del ‘pop’?
Más, aquí.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 18:56 |


No... es Superman, en el primer 'teaser' póster de la película dirigida por Bryan Singer 'Superman Returns'.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 12:37 |


Bella historia de amor surreal
Paul T. Anderson reinventó la comedia romántica en una espléndida cinta donde el absurdo, el exceso y la psicodelia impusieron una particular perspectiva genérica.
La obra de Paul Thomas Anderson, compuesta hasta el momento por cuatro trabajos tan heterogéneos pero a su vez conciliadores de una mirada personal y trascendente como son ‘Hard Eight’, ‘Boogie Nights’, Magnolia’ y 'Punch Drunk Love' es el paradigma de un espléndido y prematuro especialista analítico de microcosmos humanos capaces de exponer, de una forma libre y disímil, detallistas radiografías de la sociedad actual norteamericana. Una sociedad que en manos de Anderson no tiene tanta importancia como los personajes que la pueblan, mostrándolos frágiles y débiles ante un mundo que les amenaza emocionalmente. Como en todos sus filmes, se deja ver en la muy extravagante ‘Punch Drunk Love’ una corrosiva finalidad de ofrecer una revitalización de géneros, entrando de lleno esta vez en la comedia romántica. Alejado de cualquier patrón y estilismo genérico, Anderson abordó la comedia como un nuevo reto en el que su visión conceptual se alejara de lo visto hasta el momento, creando como es habitual en él un universo propio, genuino y mágico. Un logro que consiguió con esta deliciosa y extraña cinta inclasificable.
Si muchos han sido los que han comparado el estilo de este autor con el de Martin Scorsese, sería lo correcto abordar este proyecto como el particular ‘Afterhours’ de Anderson. La historia se centra en un solitario hombre llamado Barry Egan, un pequeño empresario que tiene una compañía de menaje para baño (atentos al ‘gag’ del ‘diverchupa’). Su vida viene marcada por la inevitable soledad del incomprendido y de un excesivo sometimiento a siete hermanas que le tienen dominado y ridiculizado desde su infancia. Una llamada a un número erótico que trae como consecuencia las amenazas por parte de una mafia regida por un miserable vendedor de colchones y su encuentro con Lena, la mujer de su vida, cambiarán y desestabilizarán el anodino universo de Barry, un tipo tranquilo que esconde bajo su apocado carácter una bestia incontrolable. En este infrecuente entorno, Anderson brinda un historia de amor concentrada no tanto la acción y el lugar, sino en una granítica y soberbia forma de indagar en los personajes, único mundo de ‘Punch Drunk Love’, acompañado en todo momento por su habitual ritmo fluido y apasionante.
Planteada sin pretextos desde el absurdo, esta original muestra de cine independiente y de autor se proclamó como un bello manifiesto de escapismo y fragilidad donde el amor es el referente para superar lo adverso. Un surreal romance que culmina en un metafórico final donde se asimila la fragilidad y la forzosa necesidad del amor para el triunfo de los perdedores. Un contexto que Anderson aprovechó para volcar toda su dedicación a sus criaturas y no a las surreales situaciones que les rodean. De nuevo, como ya había demostrado en ‘Boogie Nights’ y ‘Magnolia’, en ‘Punch Drunk Love’ hay matices de un brío percutante, que dan como resultado de este ejercicio cinéfilo una lección de ritmo narrativo. Una cadencia visual que precisa de la delirante música de John Brion y un exceso de color, situaciones y saturación en sus fundidos psicodélicos, buscando producir con ello el impacto en el espectador y olvidar, intencionalmente, la propia integridad narrativa del filme. Histerismo ascendente que sólo se pacifica con la dulce mirada del personaje de Lena Leonard, papel ajustado a los ojos y dulzura de una irregular actriz como Emily Watson, que aquí modera su interpretación y ofrece su perfil más romántico y contenido en un rol análogo a la delicada Reba McClane de ‘Red Dragon’.
Pero sin duda alguna, uno de las mejores y más sorprendentes aportaciones de la película llegó con la excelente composición interpretativa de Adam Sandler el cual, con el respaldo de Anderson, consiguió abandonar sus ‘tics’ ‘made in Saturday Night Live’ para confirmar lo que ya había dejado intuir en ‘Big Daddy’: su capacidad para darle a Barry un fondo humano; exteriorizando el enojo, la tristeza, la timidez y la desesperación de este frágil sujeto que necesita el amor para controlar su descolocada y peligrosa actitud ante la vida. La pasión del director por las comedias de Sandler son fiel reflejo de un rol escrito expresamente para el histriónico cómico americano. Así, Barry Egan no está tan lejos de los personajes, en realidad ‘freaks’, de ‘The Wedding Singer’, ‘The Waterboy’ o ‘Little Nicky’, sinónimos en esa opresión y sometimiento de los que le rodean, ocultando una hostilidad enmascarada tras su cara de sonrisa estúpida. Toda esa violencia heredada del ‘slaptick’, de la típica comedia ‘sandleriana’, es mostrada en ‘Punch Drunk Love’ como la exteriorización del arrebato frustrado.
El humor con el que se encubre esa mala hostia se transforma en amor bajo la cálida mirada de Paul T. Anderson. Un amor violento demostrado en la grotesca y brillantísima declaración de amor con frases ‘ultra-gore’ que la pareja utiliza para decirse lo mucho que se atrae. Basta esa secuencia inicial en la que un camión deja un harmonio en plena calle, símbolo de la serenidad, que llega justo en el momento en el que un coche tiene un espectacular y brusco accidente en un contexto impropio, pero necesario para entender el miedo inocente de un personaje por la vida, por el amor y por su apertura a un mundo amenazante. Con la llegada a esta insólita vida de la chica, del elemento conciliador, Anderson descoloca al espectador en una de las historias de ‘amor fou’ más hermosas y reconfortantes que ha dado el género en estos últimos años. Paul T. Anderson demuestra así que es un maestro de la manipulación donde cada elemento es un símbolo, como el laberinto que lleva al primer beso, como el piano catártico, como la lucidez subvertida en la estúpida idea de las millas de vuelo de la promoción de las natillas y de la integridad de un buen hombre en sus viajes para decir a la cara lo que siente y piensa.
Oscura, obsesiva y agresiva ‘Punch Drunk Love’ es una fábula moderna, absurda y genial, en la que el manierismo de la cámara vuelve a ser la mejor y más rotundo ejemplo de que estamos ante un director de perspectiva diáfana, preponderante de irreconocibles modelos que se apartan de lo ordinario, de lo obvio, deteniéndose en los sentimientos, en las miradas, en los gestos... Anderson justificó con ello su condición de autor capaz de reconvertir géneros para su propia e individual visión del cine.
Habrá que seguir atentos ese 'Oil', que prepara con Daniel Day Lewis como protagonista.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:03 |


viernes, abril 01, 2005
Definitivamente,David Bisbal y Chenoa lo han dejado. Se acabó el amor, cuando parecían más felices que nunca.
Estoy destrozado anímicamente ante esta inesperada noticia. Creo que esta noche no podré dormir.
En fin.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 19:52 |


Ayer regresé al mítico bar ‘Paniagua’ y reabierto desde el martes después de más de 100 días clausurado. Ayer fue el reencuentro con esos fulanos a los sólo conoces por empinar el codo junto a ellos y acabas creando un vínculo común, a los que contarles tus penalidades y recurrir a ellos como oyentes y colegas cuando te quedas sólo. Hablo, por supuesto, de los “amigos de la barra”. 'El Paniagua' es obligado punto de encuentro de freaks salmantinos, de intelectuales, creativos, beodos, niñas monas, hembras de escándalo, rockeros malogrados, fotógrafos, artistas, insólitos ideólogos, personas normales y, sobre todo, lugar en el que destilo mis neuronas a base de cervezas Mahou y la bebida nacional más burda y reconfortante del país, el DYC. El ‘Pani’, mi Sancta Santorum individual, la enloquecia esfera a la que recurrir si se me quiere encontrar, sabiendo con certeza dónde está mi territorio. Mi segundo hogar, mi nirvana de dipsomanía sin fin.
Este bar, un bohío para la diversión, ha permanecido tres meses condenado al cierre por parte de una corporación comercial de tintes mafiosos llamada ‘Asociación de Hosteleros Salmantinos’, un grupúsculo de frustrados politiquillos de tercera que han visto su particular yacimiento de dinero fácil: las fiestas universitarias. Sí amigos, su aspiración es usurpar el peculio procedente de los viajes de fin de curso de los estudiantes salmantinos. Para ello, extorsionan a las facultades e imponen a los chavalines a practicar sus festejos donde ellos dicten. Pues bien, la Fiesta de Medicina, gran celebración por antonomasia (no os imagináis hasta qué punto), se sublevó contra este despótico sistema y alquiló los cinco bares que han clausurado durante estos largos meses. Por supuesto, con el silenciado respaldo del Ayuntamiento (liderado por el alcalde, baldío hombre jurisperito del Archivo Histórico), que de forma hipócrita gira la cabeza cuando las grescas y altercados, escándalo público, provienen de las fiestas pactadas.
Ejemplo 1: Sacas un vaso de plástico al exterior del local en una multitudinaria fiesta donde no cabe un alma, disfrutando sin molestar a nadie y compartiendo una tarde de celebración en comuna de futuros matasanos y al dueño del bar le cierran el garito tres meses.
Ejemplo 2: Montas una fiesta de barra libre auspiciada por el consistorio charro en plan ‘botellón’ (de ‘alto standing’, claro, porque todo cuesta el doble), destruyes lo que encuentras a tu alrededor y dejas la Plaza Mayor llena de vidrios, regurgitaciones o devastación y no pasa nada, porque lo ha organizado la asociación de hosteleros.
¿Para qué os he soltado esta proclama apóloga hacia un bar tan cochambroso como el Paniagua? Fácil. Para preveniros. En caso de que algún día visitéis Salamanca y se os antoje pasáoslo en grande, beber alguna copa barata (e incluso emborracharos), disfrutar del verdadero ambiente universitario, de esa gente que vale la pena conocer, evitad y prescindid de célebres nombres de discotecas como ‘Camelot’, ‘Morgana’, ‘Cum Laude’, ‘Irish Rover’... ¡Bullshits!
Os recomiendo que si os acercáis a esta hermosa ciudad preguntéis por la Plaza de San Justo y os divirtáis vilmente en tradicionales fondas como ‘El Paniagua’, ‘La Imprenta’, ‘El Ciao’, ‘Zona Centro’, ‘El Lado Oscuro’, 'Rivendel', ‘Piper’, ‘Esperpento’ y acabéis la noche saboreando un tremendo bocadillo merecedor del mejor olimpo culinario que es ‘El Yunque’.
No os arrepentiréis. Fiesta y diversión garantizada. Hacedme caso, que si el Neng conoce cada rincón del Castelfa, yo hago lo propio con Salamanca.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 18:39 |


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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