jueves, 14 de abril de 2005

'Macroventajas' de los 'minipisos'

Más o menos este de la foto es el nuevo modelo de casa que nos espera con la propuesta de ‘minipisos’ de Vivienda de Protección Oficial (VPO) avanzada por la ministra <María Antonia Trujillo. Este es su famoso plan de vivienda que prometió cuando llegó al Ministerio. Ahora sí es factible llegar a la absurda promesa de conceder 180.000 viviendas en su falsario y ridículo “Plan de Medidas Urgentes en Materia de Vivienda”. Estamos prosperando, amigos. Por eso ahora contamos con una milagrosa componenda habitacional que equipara nuestro futuro a la forma de vida a las casas flotantes de Hong Kong (donde se duerme en literas en plan comuna), a las corralas, a las chabolas o mejor aún, a los zulos de secuestrados. Todo un lujo. ‘Minipisos’, ‘Minisueldos’, ‘Miniderechos’… Va a llegar un momento en que acabaremos siendo Pitufos y el Estado, que ya lo es, el infable Gargamel.
Pero no hay que ponerse en lo peor. No hay que ser fatalistas ni indignarse ante esta medida. Todos estos ‘miniedificios’ tienen considerables 'macroventajas' además “de seguir el modelo de países avanzados como los nórdicos”, según Trujillo. Ventajas como la de poder enseñar de un vistazo la casa a las amistades, soplar para limpiar todo el polvo de la casa, que la televisión de 14” parezca más grande, se puede orinar desde el salón al baño sin perderse el partido de fútbol, no se tiene que invitar a comer a nadie porque no cabe, ni limpiar después de una fiesta imposible de fraguarse, no hay problemas con la moda porque se carece espacio para los armarios… Todo sinecuras, vaya.
Se quiere fomentar el alquiler, pero sin modificar la Ley de Arrendamientos Urbanos que preserve al arrendador. Eso ni de coña. La Ley (ese concepto tan difuso y sórdido) no está con él. Tampoco se quiere frenar la especulación, porque así no se liberalizan los terrenos, para proseguir con sus inasequibles precios. Aquí los únicos que salen ganando, como siempre, son el Gobierno, los bancos, las constructoras, las inmobiliarias y los ayuntamientos. No han querido darse cuenta de que lo que se necesita realmente es que baje el precio de la vivienda, no los metros habitables. El ciudadano es el último mono de feria de la nación.
Lo paradójico de todo es que esta señora Trujillo vive en un chalet contiguo al Ministerio de la Vivienda de más 500 metros cuadrados que comparte con la ministra de Cultura, la infame Carmen Calvo, que ya está trabajando en su particular y sectaria lucha contra la piratería que nos afectará impidiendo que paguemos más por nuestro trabajo y ocio en la red.
Acaban de socializar la ignorancia, han vendido armas a decadentes países, ahora ridiculizan la vivienda.
¿Qué será lo próximo?
Tanto antes como ahora, España va bien.