martes, 22 de noviembre de 2005

¡Qué grande es el programa de Garci!

Ayer por la noche, sin ganas de ver ningún ‘late night’, ni programa cultural, ni idiotizante o debates políticos de menos de un minuto, volví a revisar ‘Memento’, de Christopher Nolan, que pudimos ver en un pase que se ofreció en el imprescindible programa de José Luis Garci ‘¡Qué grande es el cine!’, extraña convocatoria de una película bastante reciente en un programa muy dado al debate exegeta y erudito de añejos y trascendentales clásicos.
No voy a inquirir de nuevo en la laberíntica estructura de la obra de Nolan, ni a abordar otra vez esta soberbia muestra del ‘maze-cinema’ de cronología inversa. Eso ya lo hice en la crítica aparecida en el Abismo. Es mejor y más fructífero analizar el divertido ejercicio de análisis y evaluación del filme que se marcaron Garci y sus contertulios. Rápidamente se fraguaron dos imprecisos bandos; los que sabían cómo funciona ‘Memento’ (Oti Rodríguez Merchante–que dio ejemplo de cognición acerca del filme- y un dubitativo Torres Dulce –ambiguo pero resolutivo-) y los que no se habían enterado muy bien de la articulación invertida, del ‘rewind’ argumental del filme (José Luis Garci y ese accidental animador que es Antonio Giménez-Rico).
Durante unos instantes Oti fue patentizando las procedencias y consecuencias de la cinta, señalando el porqué de los recuerdos súbitamente borrados, de la realidad transformada, evidenciando una comprensión exacta de la finalidad experimental de los puntos de giros retroactivos que el cineasta impone a la lógica narrativa clásica, dando lapidarias claves para entender el significado de la película. Torres Dulce también esclareció algunas con su habitual elocuencia, pero poniendo siempre en tela de juicio la ambigua regresión de la historia.
Lo más bufenesco, como siempre, llegó con las intervenciones del charlatán Giménez-Rico y sus antológicas frases que vienen siendo habitual en sus autocomplacientes dislates asumidos como erudición de tercera. El hombre que llama “Pepsy” al personaje de Jodie Foster en ‘Taxi Driver’ exhortó varias veces en contra de ‘Memento’, oponiéndose a que Nolan hubiera bordado un puzzle interactivo donde las piezas encajan finalmente en un minucioso rompecabezas, haciendo hincapié en que todo era un sortilegio intrascendente donde sólo prima el impacto visual y no importa el narrativo. “La historia a este tío le importa un pimiento, ya que todo es un pretexto para crear un clima desasosegante”, decía todo convencido el director de ‘Las Ratas’. Una disertación tan baladí como habitual, ya que invoca al recurso atmosférico y ambiental cuando no entiende muy bien una película. Mientras Oti seguía ofreciendo evidentes indicios de discernimiento hacia los postulados intencionales de ‘Memento’ en constante oposición con sus compañeros de debate, la cosa se les empezó a ir de las manos. Torres Dulce aludía a las trampas de guión (que las hay), Giménez-Rico persistía en su nula astucia ambiental y mediocres subterfugios intelectuales y Garci terminó perdiéndose ante tanto dato.
Fue entonces cuando el ex de Cayetana Guillén-Cuervo sentenció con una pregunta que tanto él como su mal informado adlátere necesitaban hacer: “Pero vamos a ver ¿entonces qué pasa en la película?”, inquirió Garci. Y llegó un momento magistral. A medio debate, entre todos fueron poco a poco componiendo la película por los testimonios que iba brindando Oti . “A ver que me entere. Este señor está casado y tiene una mujer que ha sido violada, pero no la matan y él recibe un golpe que le deja amnésico… ¿Y el policía?”, preguntaba curioso Garci. Comenzó así una esperpéntica diatriba sobre el contextos, los tiempos, los efectos, las causas, Sammy Jankis, Natalie, los engaños, la manipulación, los tatuajes recordatorios, la insulina, la preciosa frase de Leonard Shelby (“No me acordaré de olvidarte”) y la persecución del inicio de la película.
Seguidamente, disolutos en su pérdida, todos menos Oti empezaron a desvariar en su propia omnisciencia fílmica, desgranando ‘Marienbad’, de Alain Resnais, filme que no venía mucho a cuento, pero del que Torres Dulce, Rico y sobre todo Garci sabían más que del filme que acabaron de ver. Para apuntillar tan brillante (y porqué no decirlo entretenida) noche, la frase de “Sweet Towers” a Oti dejó claro porqué ‘¡Qué grande es el cine!’ debe seguir en su proyección de imperturbables clásicos y no de filmes actuales (por muy clásicos que sean): “Bueno, Oti, tú que estás más metido en el cine moderno ¿no había una película llamada ‘Pi’ con una estructura similar?”. A lo que el crítico de ABC rebatió con un “Ah, sí, el Aronofsky este”. Tras eso, con el programa ya a al deriva, comenzaron a intentar modernizarse departiendo sin mucho atino sobre ‘Insomnio’ (que ni Garci ni Rico habían visto), ‘Batman Begins’ y el ‘Batman’ de Tim Burton con un Giménez–Rico ensimismado en su naufragio especulativo e ignorancia negligente.
Fue otra de esas inolvidables veladas cinematográficas en un programa decano ya en esto del cine. Una noche fantástica.