martes, 8 de noviembre de 2005

Noche de estrenos televisivos

CUATROº empezó con mucha suntuosidad alrededor, bastante apariencia y contenidos que, a priori, no anuncian nada nuevo que lo ofrendando a la audiencia por las restantes televisiones generalistas. Iñaki Gabilondo apareció rodeado de todos los rostros de la nueva cadena, que sonreían como si alguien les estuviera apuntando con un arma automática. Todo lo contrario que el célebre periodista que, muy serio en todo momento, fue pasando el testigo a Raquel Sánchez-Silva (y su flequillo), Boris Izaquirre o Michael Robinson, entre otros. Todo bastante fingido, producto de los nervios, posiblemente. Eso sí, las cabeceras y los logos de CUATROº siguen siendo tan simples y mohínos que resultan de lo más cutre. Mala imagen de lanzamiento para la pretendida idea innovadora de esta etapa catódica en la televisión nacional.
Gabilondo abrió la programación con su informativo nocturno, demostrando que es hombre de radio, que la tele no es su entorno natural. Permaneció hierático y agarrotado, con excesiva austeridad y exceso de protagonismo, sumido en un plató titánico que empequeñece al periodista, sentado en una descomunal mesa en la que se ubica tras haber ofrecido los contenidos delante de una gran pantalla que proyecta pésima infografía y presentaciones a lo ‘powerpoint’. A esto, se sumaron varias disgregaciones subjetivas por gente especializada (algo que, subjetivamente, siempre he odiado) sobre diversos temas de actualidad, un reportaje de investigación llevado a cabo por el propio Gabilongo ( que se fue a Francia, nada menos) y muchas cuestiones sin resolver lanzadas al espectador con la pretensión de hacerle partícipe del informativo. Fueron las pautas que tuvieron como puntilla, primero, a la Ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, como reportera de campo (con micrófono y desplazada al lugar de los hechos ¡y en directo!) y, después, una entrevista de lo más surreal e inacabada a Pascual Maragall y Esperanza Aguirre.
La posterior gala dejó una desigual interpretación de lo que serán los programas que van a componer la parrilla de la nueva cadena; cutrez disfrazada de ‘glamour’ y esnobismo en el hediondo ‘Channel 4’ de Boris (que con guión está perdido), una irritante Siñeriz y el reiterativo pero brillante Juan Carlos Ortega, el humor improcedente y cogido con pinzas de Carlos Latre en ‘Maracana 5.0’, donde está excluido de las opiniones deportivas de Paco González y Michael Robinson, con imitaciones que no vienen a cuento y que sólo entorpecen el espacio ayer avanzando (aunque si algo sobra es esa mujer con apariencia de madura calentorra llamada Connie Quintero), el augurio de arriesgada variedad por parte de la siempre estimulante Raquel Sánchez-Silva en la noche de los viernes con ‘Noche Cuatro’, una esperpéntica serie que, bajo el título de ‘Suárez y Mariscal, caso cerrado’, aporta una temeraria originalidad en forma de investigación criminal con dos funcionarios de policía en excedencia y algún que otro espacio que deberá divulgar esa frescura y compromiso jovial del que tanto se ha hecho gala en su lanzamiento. Adjetivos que no aportarán ‘Rompecorazones’ (que estoy viendo en estos momentos y deja mucho que desear), conducido por Deboarh Ombres, el imposible remedo de ‘Locos por la tele’ que llevará Nico Abad con ‘Soy el que más sabe de TV. del mundo’ o la manida fórmula de ‘Pack 6’, con varios jóvenes intentando consumar proezas urbanas, como colgar un cartel en pleno centro de Madrid.
La esperanza, no obstante, se reserva para algún que otro evento televisivo como ‘Noche Hache’ que, por lo menos ayer, prevaleció en interés sobre sus acólitos programas de emisión. La duda está en saber si Eva Hache, excelente colaboradora y mejor humorista, podrá soportar sobre sus hombros un ‘late night’ con ella como maestra de ceremonia. Esta noche, lo sabremos. También siembra interés la actualidad en manos de un todoterreno del cinismo como es Pablo Carbonell, que estará al frente de ‘1 equipo’, con Antonio Muñoz de Mesa, Antonia Moreno y Maria Julia Oliván y sus cuatro formas de encontrar una noticia.
Todo son especulaciones. Aunque ‘Cuatroesfera’, presentado Manuela Velasco, Víctor Masán, Kira Miró, Frank Blanco y Johann Wald despide un aroma rancio de fárrago bastante pernicioso y chungo, una miscelánea entre ‘Club Megatrix’, ‘Los 40 principales’, ‘Nosolomúsica’… y cualquier programa ya visto dedicado a las series, la música y las nuevas tendencias. De ésos en los que tienes que soportar las chorradas impuestas por sus petulantes protagonistas si quieres ver un espacio medianamente interesante. Ayer prometieron todo lo mítico que ofrendaba CUATROº. La contrariedad se cristaliza en que, para volver a disfrutar de ‘Comando G', ‘La Pantera Rosa’, ‘South Park’, ‘Treinta y tantos’, ‘Más allá del límite’, ‘Los Roper’, ‘Twin Peaks’ o ‘El gran héroe americano’ hay que madrugar a las 7:30 de la mañana y trasnochar hasta las 4:00. Y, por si fuera poco, aguantar a unos presentadores con ganas de hacerse los graciosos y destacar. En cuanto a series en horario “normal”, muchas reposiciones (‘Friends’, ‘Buffy’ o ‘Alias’), alguna novedad llamativa (‘Alerta Cobra’, ‘Anatomía de Grey’ o la comprometida ‘Matrioshki’) y esa ‘Medium’ protagonizada por Patricia Arquette que ya avanzaba Woed como algo destacable.
Habrá que darle tiempo, como a todo.
Mientras tanto, Carolina Ferré, la que fuera novia de Buenafuente, colocada estratégicamente la noche de los lunes para no coincidir con su ex-maromo (que también produce con El Terrat), intentaba solazar al personal como bien podía a la (me temo) poca audiencia que tuvo su estreno de su nuevo ‘Plan C’, que incluyó una alicaída mesa de debate con invitados que, extrañamente, en vez de insultarse y hacer el ridículo, hablaron de actualidad con discreta corrección. Juan Luis Cano (lo mejor, como siempre), Rosario Pardo, Pedro Reyes y la menos trascendental Esther Arroyo fueron los protagonistas. Aún así, sus disquisiciones tampoco fueron nada del otro mundo.
Luego, una entrevista a Miguel Bosé, un clásico dentro de un programa de estreno, en una sección llamada ‘El preguntón’ y a seguir aguantando ‘sketchs’ chabacanos y sin gracia que tuvieron su punto nefastamente álgido en ‘El dossier’, donde una impasible colaboradora sin gracia (de la que ni me molesté en quedarme con su nombre) presentó un reportaje donde se llamó Anticristo al jugador del Barça Eto’o bajo una supuestamente teoría cómica apocalíptica. El programa acabó, con nocturnidad, descubriendo a un famoso ‘tunneado’, en esta ocasión la modelo Martina Klein disfrazada de pirata. Todo muy pobre y sin refulgencia de ningún tipo.
Un deficiente comienzo en su nueva oportunidad televisiva de esta presentadora tan insulsa como postiza.