viernes, 21 de octubre de 2005

¿Se desinfla Buenafuente?

No cuaja, no aprovecha las oportunidades únicas que se le ofrecen y Buenafuente empieza a cansar, a porfiar en un humor que se ha ido tornando con el paso del tiempo en insustancial, partidariamente ideológico e incluso, por momentos, algo tedioso. Poco ha durado la fascinación novedosa de un ‘show-man’ que se las prometía muy felices con la retirada de su máximo rival. La marcha de ‘Crónicas Marcianas’ dejaba vía libre para el rotundo éxito de ‘Buenafuente’. Pero no está siendo así. Lidera algunas franjas horarias de la noche, pero su ‘late-show’ está desinflándose paulatinamente. La austera estructura de un programa inmutable, que ofrece una y otra vez lo mismo, inalterable en su contenido y nula tentativa de innovación han hecho que el presentador catalán y su programa vayan perdiendo adictos e interés. Una fórmula que ha funcionado durante un periodo de tiempo demasiado corto.
Ya lo decía el otro día Ferran Monegal en El Periódico señalando la ineficaz deficiencia del bueno de Andreu a la hora de entrevistar a una estrella de Hollywood tan rutilante como Jodie Foster, dejando claro que, aunque buen humorista y ocasionalmente excepcional comunicador, a Buenafuente le falta ese “algo” que trascienda, esa magia que llene la pantalla, ese carisma que se ha ido desvaneciendo en un breve lapso de tiempo. Para Buenafuente es divertido apelar a un personaje tan abominable como Palomino, luciendo en su rostro la máscara de Hannibal Lecter o jugar al despiste con el ingenio de Santi Millán, en una descarada maniobra de escamoteo debido a la ausencia de ideas. Señalaba Monegal que tal vez esto se deba a las imposiciones de los agentes de prensa que rodean a este tipo de estrellas, que coartan, en cierto modo, a los presentadores para que se centren en promocionar su última película (en este caso, ‘Flightplan’). Pero no es disculpable.
¿Por qué? Porque tan sólo unos días después, Andréu tenía ante sí a Isabel Coixet, Tim Robbins y Sarah Polley. Y volvió a pasar lo mismo, ya que tampoco fraguó una buena entrevista. Todo lo contrario. Fue deplorable. La Coixet, desalentada por las nimias preguntas un tanto imprecisas del presentador sobre la última película de la directora, ‘La vida secreta de las palabras’, mostró la innumerable cantidad de estúpidos ‘tics’ que ha ido adquiriendo desde que hiciera el ridículo en los pasados Goya, intentando salir del trance (no se le ve a gusto delante de una cámara) como bien podía. Coixet es una excepcional directora, pero de cara al público deja bastante que desear.
Buenafuente, inoperante, sólo se limitó a decir lo guapa que estaba una Sarah Polley descolocada ante la ineficacia del ‘show-man’, más pendiente sonsacarle a Robbins su archiconocido activismo político cuando previamente le espetó “estará cansado de que se le pregunte por su posicionamiento político...” y terminar con una voz en off con la rimbombante imitación que hace de De Niro casi sin querer. Muy mal, Buenafuente. Muy mal. Una entrevista insípida que pone de manifiesto no sólo que Buenafuente ha bajado su nivel como profesional, también que su tono y humor no fluidifica. Ha dejado de hacer gracia.
Tan sólo Buenafuente parece tener un apoyo salvador en Jose Corbacho, el gran genio de El Terrat. Lástima que sea en la sección de ‘La Venda’, otro bloque prematuramente caduco, al igual que el anfetamínico ‘Neng’ y su reiterativa letanía de frase monomaníaca.
¿Esperamos a ver qué hace Pepe Navarro?