viernes, 10 de diciembre de 2004

Éxito rotundo en el estreno salmantino de EL LÍMITE

Un éxito rotundo.
Así se podría definir el primer estreno oficial de ‘El límite’ en Salamanca. Alrededor de 175 personas, todas invitadas por un servidor que ha demostrado un importante y reconocido poder de convocatoria, asistieron risueños y expectantes a la proyección de este cortometraje que necesitaba del público charro para ir aumentando su vida pública (aunque esta semana me tengo que volver a poner manos a la obra y volver a reactivar el movimiento del corto por festivales).
Más tranquilo (y gordo) que nunca, con la sensación de que todo estaba saliendo a la perfección, la ilusión afloró en mi persona porque la reacción de la gente fue impresionante. La aceptación por parte de todos y cada uno de los presentes en el auditorio de la Filmoteca de Castilla y León demostró que, más allá del colegueo y el halago, un trabajo arriesgado como ‘El límite’ también puede ofrecer la complacencia de un público que en la noche de ayer se entregó a nuestros designios creativos. Lo más bonito de todo fue evidenciar la gloria del momento, la admiración popular, en los muchos y largos aplausos que dedicaron al trabajo que nos hizo sentir (hablo en mayestático debido al trabajo colectivo) protagonistas por un día, una noche especial en la que, a pesar de que faltaron los chicos y chicas del equipo técnico que están en Madrid –incluido Raúl Prieto, representado por sus padres-, ‘El límite’ vio la luz en los ojos de unos espectadores ávidos de emociones audiovisuales disímiles y heterogéneas, un público conocido que apoyó el corto, se fascinó por la espléndida factura de nuestro proyecto y con el que me sentí cómplice de una tarde inolvidable.
Después de presentar el cortometraje y, pese a unos problemas iniciales que me hicieron temer lo peor, os juro que me sentí como si un elfo navideño me estirara un testículo hasta arrancármelo, el teaser, el trailer, el cortometraje (insisto, grandes aplausos y ovaciones –bueno, lo de las ovaciones igual no fue real, pero yo las escuché en mi cabeza-) y el magnífico ‘Making of’ de Álex Zúñiga resultaron un total y absoluto triunfo colectivo. Tras la proyección, Refo (es decir, yo) y Ángel González Quesada departimos con el personal charlando y contando anécdotas, historias y curiosidades de la pesadilla que ha sido llegar hasta este momento de ‘premiere’, lujo y oropel. Mis ‘gags’ improvisados también dejaron un sano ambiente de diversión y esparcimiento que llenaron, durante una hora, la sala de proyección de un entorno tan destacado como una Filmoteca que se ha portado muy bien conmigo. Así que, desde aquí, me gustaría mandarle un fuerte abrazo y mi gratitud eterna a Juan Antonio Pérez-Millán, todo un encanto de persona.
Por la noche, después de una enloquecida y estresante rueda de saludos al más puro estilo ‘jerk style’, agradecimientos, comentarios, reencuentros, chismorreos sobre mi prominente barriga, miradas perdidas de admiración al gran maestro Quesada y un par de cañas, una cena en el Gema (el Steine estaba cerrado) consistente en un enorme bocata de panceta y una ración enorme de patatas a 1 €, comenzó la bacanal de alcohol, mezcla absurda de champán y cerveza, en el Paniagua, con los chicos de la Fistfuck Supershow y muchos amigos, familiares y conocidos (y desconocidos que se apuntaron a beber de forma gratuita) brindando por una cantidad indecible de gilipolleces, terminamos no sé muy bien dónde ni con quién sin dar abasto de una eufórica sensación de reconfortante felicidad .
Un día mítico del que os dejo aquí algunas instantáneas de una jornada que nunca olvidaré.