martes, 7 de junio de 2011

Review 'Sin identidad (Unknown)', de Jaume Collet-Serra

Amnesia en Berlín
El español Collet-Serra reincide en su filmografía con otra obra de espíritu comercial que, pese a lo previsible e inverosímil de su trama y desarrollo, logra dignificar con gran agilidad y oficio, aunque todo acabe siendo bastante decepcionante.
Tras cintas como ‘La casa de cera’, ‘¡Goool 2! Viviendo el sueño’ y ‘La huérfana’, el cineasta español Jaume Collet-Serra se ha consolidado como un cineasta capaz de resolver con crédito cintas comerciales que empiezan a caracterizar un cine más que convencional y previsible, pero no por ello falto de interés y capacidad creativa. La breve filmografía de Collet-Serra va asumiendo ciertos puntos en común que aúnan una nada incómoda sensación de ‘dejá vù’ de sus películas, armonizados en muchos de los prototipos del cine industrializado al combinar elementos y dispositivos más que reiterados dentro del cine actual. Las tramas y los planteamientos siempre vienen de encargo gracias al todopoderoso Jon Silver detrás de la producción. Es un cine directo, sin embelecos decepcionantes. Efectivo. La visión del director catalán tiene un objetivo muy claro: adaptarse a un cine ‘mainstream’, pero sin salirse de los edictos de unas cotas calidad autoimpuestas, que se traduzcan en una habilidosa táctica que se aferre al estilo Hollywood que no pierde de vista cierto tono europeísta y evita caer en sucios trucos de reiteración constante, con brillante agilidad narrativa. Para el realizador lo esencial prevalece sobre lo fútil.
‘Sin límites’ tampoco se anda por las ramas para plantear su periplo argumental que juega al engaño y las apariencias. El Doctor Thomas Harris es un doctor biotécnico que acude a Berlín acompañado de su mujer a dar una conferencia. Una serie de contratiempos provocados por el olvido de su maletín termina en un aparatoso accidente de tráfico que termina con un vehículo en el río Spree del que despierta sin recordar nada. Al llegar al hotel donde se alojaba, su mujer no le conoce y un hombre parece haber adquirido su personalidad. Con la ayuda de Gina, una taxista bosnia y un agente de la Stasi de Alemania Oriental iniciarán las pesquisas del porqué de todo el entramado.
Se trata de cine conspiratorio que toma como premisa la máxima ‘hitchcockiana’ por excelencia; la de un hombre aparentemente normal metido en una situación que no controla y que le supera donde tampoco falta el continuo ‘mcguffin’. Con ello, Collet-Serra no se molesta en encubrir los defectos de ese constante modelo de ‘thriller’ que acusa un progresivo desaliento, puesto que lo importante es que la celeridad, el divertimento y la acción preponderen por encima de lo demás. Inscrita dentro de un modesto seguimiento de las huellas de suspense del Maestro del Suspense, tampoco esconde su deuda con el guión de Roman Polanski y Gérard Brach de ‘Frenético’, de la que absorbe mucho de su base argumental, fundiéndola con el arquetipo, sustituyendo el viaje a los fondos parisinos del polaco por un vistazo al Berlín más turístico y estético.
La cuarta película de Collet-Serra, que fue número 1 en el ‘box-office’ es un ‘thriller’ que se alimenta retroactivamente de sus giros inverosímiles, de su simplicidad a la hora de esbozar las dudas de un personaje desmemoriado y dirimirlas con nuevos artificios que provoquen un nuevo movimiento hacia la obviedad de lo previsible. Aún así esta historia de un hombre que se busca a sí mismo o la verdad de una identidad que parece haber olvidado y por la que quieren eliminarle de una ecuación de la que ni siquiera es consciente podría ser visto incluso con percepción crítica a la hora de hablar de un fulano que termina en una sociedad de inmigrantes ilegales que metaforizan su propia situación en un país desconocido, la de un individuo desubicado y perseguido que sobreviven en una sociedad que les vigila.
Pero no es así. Desde sus primeros compases, cualquier atisbo de sutileza existencial se anula por las brillantes escenas de acción, eso sí, que atesoran una gran fuerza narrativa, con peleas agónicas y brutales como la que tiene lugar en el apartamento de Gina o las imprescindible persecuciones de coches, aflorando esa tensión desbordante cuando un sicario disfrazado de doctor intenta poner fin a la vida de Harris y éste logra zafarse de él mientras ve cómo arrastra a una enfermera alemana que ha intentado ayudarle. ‘Sin identidad’ pervive sin caer en el ostracismo por ser un cine referencial de influencias cinematográficas que insufla con sus códigos visuales y genéricos la reminiscencia del éter policíaco de los años setenta y ochenta que logra simplificar su gradación hacia terrenos más actuales de condición extraídos del personaje de Robert Ludlum Jason Bourne y su traslación a la gran pantalla. Se apunta con ello a un proceso de transformación interior de un amnésico que construye su personalidad desde el existencialismo de alguien sin memoria que pasa a un nivel de heroicidad, a un ‘actioner’ dispuesto a todo por descubrir la verdad y que desenmascara, obviamente, que no era quien él pensaba.
Es lo que articula una película, en el fondo, demasiado axiomática, que prevalece más allá de su indiferencia por la inmensa figura de Liam Neeson. Si hubiera sido otro actor el que diera vida al Dr. Harris se podría enfocar la percepción de ‘Sin identidad’ de otra forma bien diferente, porque el actor irlandés le da un empaque y personalidad elegante inigualable, ya no sólo a su personaje, sino a la credibilidad de esta montaña rusa sin ‘loops’ que va perdiendo adrenalina muy fácilmente.
‘Sin identidad’ cautiva más por su planteamiento que por su desarrollo o esclarecimiento con un doble final que cubre las exigencias de un ‘thriller’ de tensión prescrito con unas dosis determinadas que busca, sin encontrarla, la casualidad de toda la orquestación de fondo en la que falta algo de paráfrasis o acotaciones que definan y constaten todo el cúmulo de improcedencias que se suceden para desgranar una desenlace que, en otras manos, posiblemente habría destruido su espíritu de cine comercial de calidad. Lo bueno es que Collet-Serra es capaz de transformar una obra de segunda fila con una plausible identidad propia.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2011
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