lunes, 31 de enero de 2011

Review 'Monsters (Monsters)', de Gareth Edwards

Amar en tiempos de aliens
El debut de Gareth Edwards se construye voluntariamente como un pequeño drama ‘indie’ e intimista donde la ciencia ficción es un contexto y una circunstancia para desarrollar una historia de amor entre los dos personajes protagonistas.
Los cauces del nuevo cine independiente se inscriben en una tipología de cine accesible y barato, alejado de las productoras y vendido como una elaboración de marketing que mercantiliza una película hecha con cuatro duros y que, a raíz de virales y sobre todo de renombre promovido por festivales que destacan su presencia, hace del término ‘numblecore’ un efecto rentable. ‘Monsters’ es la última muestra de esta corriente estrenada en España. Se trata de otro de esos compuestos de neorrealismo digital capaz de distanciarse de los estereotipos con ejemplo de revisión poco ortodoxo de cine de género. En esta ocasión, y no es la primera ni será la última, inscrito en el fantástico, ‘Monsters’ se propone desde un prisma divergente, poco convencional. Aquí México ha sido invadido por bestias exóticas con la fisonomía de unos cefalópodos que han aterrizado a bordo de una sonda de la NASA que se estrelló en la selva sudamericana. Una zona que está en cuarentena y en la que se ha construido un muro para salvaguardar la zona infectada. Entre el tumulto y el miedo, un reportero gráfico pretende regresar a casa con la misión de escoltar a la hija de su editor por ese antipático y extrapolado Tercer Mundo que muestra su director, el joven Gareth Edwards.
Por supuesto, no se trata de una historia de extraterrestres, aunque se plantee como tal. Lo importante aquí es relativizar la amenaza y hacer de la subjetividad al acontecimiento el motor de la historia. La ciencia ficción no tiene hueco. Es un contexto, una circunstancia para intimar con los dos personajes protagonistas, para observar de cerca sus sentimientos y una emergente historia de amor entre una chica que duda sobre si seguir adelante con una inminente boda y un hombre solitario que echa de menos a su hijo. Todo ello se antepone al falso núcleo con el que se incita el interés del espectador a través de una ‘road movie’ que deja el señuelo fuera de campo, dirigiendo la historia romántica hacia un paisaje paralelo y a la vez inscrito en esa esfera apocalíptica.
Es por tanto un viaje introspectivo al comienzo de un afecto, de una pasión que nace desde el antagonismo y va creciendo en sinceridad, que tiene como aliada una situación de constante terror y temor, relación donde los defectos y las virtudes van creando la querencia. ‘Monsters’ se construye voluntariamente como un pequeño drama ‘indie’ e intimista, en el que juegan un papel fundamental los contrastes de conflictos y desencuentros, primero de rechazo, luego existencial o familiar para llegar a la antítesis del temor por los temibles e incorpóreos aliens y la comprensión sobre lo que está sucediendo a su alrededor. La amenaza inminente no es más que otro subterfugio para hacer emerger el verdadero sentido de la historia.
De este modo, Edwards encuentra un marco ideal para doblegar esa historia de invasión alienígena a una de corte dramático, de búsqueda y huidas de los propios personajes, que acaban encontrándose y necesitándose. Su estilo documental y granulado aporta una atmosfera que no coarta el riguroso enfoque con el que el cineasta evita mostrar a los visitantes de otro mundo. Le bastan los sonidos, la inquietud y una biósfera selvática llena de enigmas para ir dibujando a sus protagonistas dentro de una intimidad silenciosa y concisa, a la cual contribuye con gran importancia la partitura de Jon Hopkins, muy necesaria para llenar los vacíos tanto emocionales como argumentales a lo largo de este éxodo hacia la falsa libertad que simboliza el regreso al país de origen. Hay algunas secuencias de poderosa atracción, donde ‘Monsters’ ofrece lo mejor de su decrecido y dudoso presupuesto, como ése amanecer observando el muro de contención desde la ruina de una pirámide azteca, la tensión que se despierta en el río a bordo de una embarcación tripulada por sicarios (que a la larga son elementos rehusados cuando podrían haber dado otro signo al filme) o esa extraña poesía que despierta el momento de cópula entre dos extraterrestres que digitaliza el sentido final de la trama.
Es una lástima que los matices ideológicos y subversivos sobre la inmigración, concretamente la que tiene lugar en la frontera de México y Estados Unidos como zona infectada esté descrita de una forma tan torpe. La descripción de esa gente que abusa de los precios a la hora de facilitar el viaje de la zona azteca a la yanqui o la visión de podredumbre que se lanza de México tampoco ayudan a la credibilidad del conflicto, por mucho que la química de la pareja formada por Whitney Able y Scoot McNairy. Lo mismo sucede en ese simbolismo de brocha gorda que se refiere a la utilización de un arsenal militar de alta tecnología ansioso por lanzar misiles contra unos enemigos casi invisibles y que abre otra reflexión acerca del cuestionamiento sobre si la respuesta militar de Estados Unidos y el terror y autoridad es más nociva que la propia contaminación alienígena.
Edwards presenta así un ejemplo de evidente simplicidad y falta de pretensiones, pero a medio camino se va dejando llevar por la obviedad en los puntos de partida y elementos narrativos que maneja. Su historia de amor en tiempos de Apocalipsis narrado en clave documental destila artesanía y signo autoral y encuentra su alcance más allá de la ‘monster movie’ de arte y ensayo, en esa historia de relaciones, donde miedo y sobre todo amenaza invisible se convierten en un tránsito de supervivencia emocional. Sin embargo, aunque la estética ‘vérité’ y objetivos se acerquen comparativamente a ‘Cloverfield’ y ‘District 9’, se deja ver una falta de propósitos puestos por encima de un contexto que hubiera funcionado como un exquisito cortometraje que como largometraje. A pesar de ello, se deja ver con complacencia y demuestra que con poco se puede lograr un producto competitivo y ejemplar.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2011
PRÓXIMA REVIEW: 'Red (Red)', de Robert Schwentke.