martes, 8 de junio de 2010

Viviendo de cerca la pasión de un rodaje de "guerrilla"

Durante estos días ha tenido lugar en diversas localizaciones de Gijón y alrededores el rodaje del último trabajo cinematográfico de esa terna de talento formada por Iván Sáinz-Pardo, “Jim-Box” y Dirk Soldner. Hace algunos años sorprendieron de forma muy gratificante con ‘La marea’, producción totalmente independiente, de presupuesto más que limitado y con una conjunción que abarcaba con gran ambición este formato “guerrilla”, del cual el realizador “Jim-Box” es un dómine y peculiar adalid de esa forma de vida y rodaje consistente en filmar bajo mínimos con una inspirada emoción que da como resultados piezas y cortometrajes de ejemplar calidad. Para este nuevo trabajo, ‘La mirada circular’, estos tres artistas de la imagen han materializado algo que parecía imposible: llevar las trincheras un corto complejo, con multitud de localizaciones, un buen puñado de secuencias perfectamente definidas, gran astucia y con una producción trabajada desde el límite hasta el agotamiento físico y mental que queda muy lejos del espíritu de esos cortos hechos con “nada”.
Los tres han unido sus fuerzas y pasión por el cine para hacer realidad un sueño inverosímil a lo largo de diez días de duros esfuerzos, de jornadas maratonianas y un despliegue de equipo que se reduce a tres personas. Una locura. El dato curioso, lo que hace del cometido fílmico una gesta es que, en condiciones habituales, para la gestión de un proyecto de tal envergadura, se necesita, al menos, un equipo de quince o veinte personas. Por lo menos. A lo largo de las dos últimas semanas, Sáinz-Pardo, “Jim-Box” y el alemán Soldner han puesto la carne en el asador y han dejado un paradigma que acrecentará lo que ya exhibieron, con evidente destreza y delicadeza, en el sensacional y mencionado corto ‘La marea’; que el entusiasmo, sabiduría y esfuerzo pueden llevar a buen puerto cualquier proeza, por muy difícil que ésta pueda parecer.
Es una pena que mi incorporación al proyecto, que ha sido trastocada por un evento familiar ineludible, se haya producido tan a deshora, demasiado tarde, cuando todo estaba más que encarrilado. Ello ha provocado que me haya perdido lo más instructivo de todo el entramado, la tensión de un rodaje que todos recordarán como uno de los más asfixiantes y complejos de sus futuras y prometedoras carreras. Donde, sin embargo, el ánimo nunca ha flaqueado, por mucho que las condiciones se hayan vuelto adversas, por las múltiples trabas que han amenazado el plan de rodaje y que las contrariedades pronosticadas se hayan amplificado. La tempestad ha sido superada con el denuedo y el temple de aquellos que están destinados a escribir leyendas. Viéndoles trabajar, sufrir e incluso discutir, uno sabe ver en este trabajo conjunto que el cine es más que un modo de vida, es un alcaloide inoculado que describe a la perfección ese fervor por vivir rodando, que trasmite y contamina la exultación de rodar.
Aún así he tenido la oportunidad de aportar un pequeñísimo grano de arena durante dos jornadas imborrables junto a tres directores que, además de grandes amigos, despiertan con su trabajo una admiración que va más allá de la loa. ‘La mirada circular’ es fruto de la voluntad, del esfuerzo y del riesgo que supone hacer tanto con tan poco. Habrá que esperar algo de tiempo para ver en imagen esta historia de la no se puede avanzar mucho de su argumento por expreso deseo de sus creadores. Pero lo cierto es que, a buen seguro, valdrá mucho la pena. Y lo que es mejor, este corto ha logrado despertar viejas ínfulas y deseos creativos que han oscilado en los últimos años entre el más rotundo entusiasmo y el vencimiento de un sueño que, como el Ave Fénix, vuelve a resurgir gracias a esa ilusión transmitida por estos tres directores llamados a ser grandes.
Muchas gracias chicos por estos días históricos en nuestras vidas. Os quiero. Nos vemos en breve en las trincheras. O al menos, eso espero.