lunes, 21 de septiembre de 2009

Eurobasket 09: Otra exhibición de los 'Golden Boys'

El 29 de Junio de 2008, la selección española de fútbol ganaba una de las dos Eurocopas que tiene en su haber. El gol de Fernando Torres fue celebrado por todo el país como si de un acontecimiento más categórico que histórico se tratara. En cierta forma lo era. Todos salimos a la calle para celebrar la gesta. La gente se saludaba sin conocerse, se abrazaba al son de unos cánticos unificados, las bocinas de los coches repicaban con el convulso sonido del triunfo y todos, en congregación multitudinaria, saltaban con una consigna común de conmemoración deportiva. Unas mil personas se reunían en el habitual centro de celebraciones deportivas de Salamanca. Ayer, con un logro similar (incluso más encomiable) resultante de la consecución de la medalla de Oro en el Europeo de Polonia promovida por esa generación de jugadores denominados ‘Golden Boys’, nos aglutinábamos la friolera de ¡cuatro personas!. Así de triste.
Ya lo dijo Pepu Hernández bien alto y claro en aquélla explosión de júbilo de Plaza de Castilla en Madrid hace tres años cuando esta misma selección ganó el Mundobasket de Japón. Sólo una palabra: “!Baloncesto!”. Con ella reivindicó la merecida repercusión mediática de un deporte que ha entregado a la afición española los mejores y más recordados logros de la historia reciente del deporte español. La generación capiteneada por ese coloso imponderable que es Pau Gasol sigue suscitando con gestas como la de ayer el impulso de este apasionante y esplendoroso deporte, inspirado en una actitud sin fin de seguir creciendo y lograr objetivos tan importantes como el conseguido ayer. Por medio de unos reconocidos valores sustentados en la profesionalidad, el sacrificio, la generosidad, la confianza y el respeto, esta selección enorgullece a un deporte que lleva siendo un referente primordial del deporte nacional.
Ajenos a las críticas de los primeros encuentros, donde la selección decreció en sus expectativas, el equipo ha ido recomponiéndose y superando sus errores hasta recuperar las cualidades de adalides estratosféricos, emprendiendo cada partido con una escala de juego envidiable que ha terminado por ofrecer un vendaval de sensaciones, de júbilo, de espectáculo y furia imparable. La intensidad y el compromiso de estos chicos siguen siendo sus señas de identidad, las mismas que les han llevado a convertirse en uno de los mejores equipos de baloncesto de la Historia y una carrera de éxitos inabordable. La progresión de este Europeo ha sido del todo meritoria. Desde las primeras impresiones negativas y alguna derrota que trufaron de incertidumbre la opinión popular y cuestionó la supremacía de este equipo, hasta la sensación de poder a base de recitales de juego, de la misma energía y tesón que lleva definiendo a esta selección desde hace años. España es Campeona del Mundo y de Europa de Baloncesto. Eso es algo incuestionable.
Sus valores técnicos, estratégicos y, sobre todo, progresivos de sus últimos choques evidencian que las dudas se superan con reflexión y esfuerzo, los que han concretado paulatinamente a lo largo del Europeo. Su progresión responde a las ganas de mejora inextinguibles, a los retos que se superan con victorias y determinan la actitud de esta generación admirable. Cualquier desajuste, mal día o fallos por parte de alguno de ellos, han sido corregidos por el ímpetu común en dirección a una única consecuencia: la medalla de Oro. Y así ha sido. Pau y Marc Gasol, Ricky Rubio, Juan Carlos Navarro, Felipe Reyes, Rudy Fernández, Jorge Garbajosa, Álex Mumbrú, Carlos Cabezas, Raúl López, Sergio Llull y Víctor Claver han ido de menos a más, sin dar el brazo a torcer, llegando a una final en plena forma, imparables. El resultado ha sido otra lección de maestría, sin dar opción a los serbios, que sucumbieron ante la apisonadora española.
En la final de ayer, Pau Gasol, MVP y máximo anotador del torneo, demostró una potestad fuera de lo normal, de auténtica estrella dotada de una autoridad incontestable, a la que se unieron el resto de compañeros que muy pronto se fueron en el marcador ante la mirada atónita de los Krstic, Perovic, Tripkovic o Tepic, que fueron anulados con una facilidad pasmosa. En la memoria colectiva queda el recuerdo de aquélla final de Japón en 2006, donde la selección destruyó con un juego similar las expectativas de Grecia. España era la España de siempre, aquélla que nos ha malacostumbrado a la victoria, a los paseos triunfales que ha transformado este tipo de difíciles gestas en éxitos asumidos como cotidianos.
ESPAÑA, 85 - SERBIA, 63. Otra cifra imposible que demuestra que esta generación con un futuro sometido a las bajas de sus grandes figuras, seguirá imponiendo su ley, creciendo en estado de ánimo, el mismo que se recuperó la segunda semana de Europeo y despejó cualquier duda respecto a esta selección histórica que estamos viviendo y disfrutando como locos. En el Spodek de Katowice se escribió otra página de éxito, otra demostración de capacidad de trabajo, de unidad, de sacrificio y de superación. Nos estamos acostumbrando fácilmente a la gloria. Y es un sueño que no queremos que acabe nunca.